jueves, 31 de marzo de 2011

¡Gracias!


Sobre las nueve de la noche (hora española) de hoy, 31 de marzo de 2011, ha llegado a este rincón la visita nº 10.000. ¡Todo un éxito para tan sólo 19 días de vida!

El visitante promedio pasa no menos de 6 minutos y medio leyéndonos. ¡Otro récord para un medio como Internet caracterizado por la fugacidad!

Sería falsa modestia decir que no tiene importancia. Porque no es así. No creemos que haya ninguna página en la Península Ibérica y en América sobre cuestiones que hacen al tradicionalismo (o filo-lefebvrianismo, utilizando la jerga iraburiana de rigor) que se acerque ni de lejos a esto. Y de momento sigue creciendo.

Un tema que parecía ínfimo, como sería el tradicionalismo según dice el “neocon” promedio, interesa muchísimo. Y es evidente que a personas, salvo alguna excepción, de notable nivel. Porque esto se lee en palacios episcopales, en universidades pontificias, en seminarios, en conventos… tanto en España como en Hispanoamérica, ¡y hasta en la Santa Sede! Evidentemente no en todos los lugares con gusto. Hay pruebas fehacientes de ello. Como las hay también de declarada simpatía.

Había una voz en la Iglesia que no se oía. Por las razones que fueren. Entre otras, porque no se la dejaba hablar. Hoy se la escucha. Y muchísimo. Seguramente ésa es una de las razones del odio que algunos manifiestan. Pues esto ya es imparable. Aunque nos callásemos, otros muchos seguirán el camino. Por amor a nuestra Santa Madre Iglesia. Que con esto no caen recompensas materiales. Y tal vez sea ésa una de las razones del éxito. Aquí no se busca el medro o la canonjía. Aunque este blog nos haya gratificado con muchos y ya queridísimos amigos.

Si hemos llegado a esto sin duda es por vosotros, lectores asiduos de esta hojita. Algunos desde las partes más insospechadas del mundo. En los cinco continentes. Y también por los comentarios de excelente nivel que aquí se ventilan, un día sí, otro también.

A todos los desconocidos amigos toda nuestra gratitud. Desde ya nos sentimos en deuda con quienes nos apoyaron desde un comienzo, en particular The Wanderer, pero también Panorama Católico Internacional, Santa Iglesia Militante, Núcleo de la Lealtad, Voluntad, entre otros. También a la propia infoCatólica que desde “La Caverna” quiso burlarse de nosotros —tal vez así reconociendo su propia limitación para debatir en este tema—.

Y a los que les revienta esta voz pues a aguantarse. Les esperan todavía muchos berrinches.


Querido Miki




Dilecto Miki:

Consta que eres buen chico, por lo que voy a alterar mi costumbre de no tener en cuenta quién lo dice, sino lo que se dice. Y estimo tu buena voluntad en el último post que has colgado (con perdón) en el blog de nuestros vecinos. Buena voluntad de pacificación, de eludir enfrentamientos, de buscar la equidistancia. Sin embargo me has dejado estupefacto, sobrecogido y asombrado. En cierto momento incluso me ha parecido ver sobrevolar sobre tu escrito el espíritu erasmiano que te impelía a reproducir un novísimo moiras enkomion, o quizás un redivivo don Matías Martí dirigiéndose al siempre académico conato don Ibrahim de Ostolaza en alguna nueva ocurrencia léxica. No pensaré que es una petición de indulto al director de Infocatólica. En cualquier caso, estamos en una democracia, unusquisque ad sua.

Tras la polémica -¿es malo debatir?- en la que no has participado buscas la pacificación de los espíritus en la nota publicada por la página web “una voce malaga”. Si tanto te gusta Málaga y Una Voce Málaga, lo más prudente hubiera sido no traerla a colación y ponerla por delante en lugar de exponer tu propia versión del asunto. Todo este barullo está orientado a la descalificación de los fieles tradicionales que no están adscritos a la Hermandad de San Pío X, carecen de situación canónica irregular alguna, y no se caracterizan por ser unos “dinamiteros anti-romanos” quedando excluidos por ello de las argumentaciones habituales empleadas con la FSSPX. De ahí que todo el ámbito “neo-con” precise de una nueva y sutil argumentación que nos asimile a éstos últimos. Eso es claro. Pero ¿tú has comprendido lo que quería decir la nota de Una Voce Málaga? A mi juicio es bastante clara, pero dice cosas muy interesantes. En primer lugar, constatan lo que nosotros también hemos dicho por activa, por pasiva y por perifrástica : “francamente no nos interesa el tema porque nada tiene que ver con nosotros”. Efectivamente, y con nosotros tampoco. Lo que estamos haciendo es defendernos –y a quienes son englobados en tal categoría- de una acusación grave, extraída de unos criterios que nos parecen –como hemos expuesto-arbitrarios, malintencionados, y en parte fruto de la desinformación. Si hay a quien le sobra tiempo para -mientras el Papa levanta las excomuniones a los obispos lefebvristas- ponerse a justificar estas excomuniones, allá cada cual. La alusión es directamente referible a aquellos bloggers de Infocatólica que so pretexto de las excomuniones de 1988, alinearse con todos aquellos que exigen profesiones de fe a quienes no canten las alabanzas de la situación creada tras el concilio Vaticano II, por mucho que se estrujen los sesos en argumentarlo racionalmente. Un ámbito en el que caben cardenales, arzobispos, obispos –y algún Papa- que jamás han tenido relación alguna con el movimiento creado por monseñor Lefebvre, del cual, es menester decirlo, no han leído absolutamente nada. . Como muestra el deplorable titular de una página en principio seria como Religión en Libertad: “Tradicionalistas publican una declaración de reservas sobre la beatificación de Juan Pablo II". Entra uno en la noticia con alarma, creyendo que hay un tumulto en la sede de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei o que se ha levantado de la tumba el cardenal Siri, y resulta que es una estupidez de noticia. Tratar de vincularnos con opiniones de algún blog en internet es más que mezquino, pero así se funciona. Lo que están criticando los malagueños justamente es la forma retorcida de traer a colación estas noticias. La alusión al cardenal Siri no es irrelevante, teniendo en cuenta de que fue uno de los eclesiásticos que públicamente se refirió al encuentro de Asís de 1986 como “un escándalo para los fieles” y cuya posición sobre la comunión en la mano fue desarrollada de tal modo, que sólo hasta la muerte del cardenal de Génova, la admitió la Conferencia Episcopal Italiana. Hasta aquí lo dicho por Una Voce Málaga. A partir de este momento tus comentarios son más que sorprendentes, nos dices:

Más que la polémica (totalmente artificial, comparto lo dicho), comparto la preocupación por una “veda anti-tradicional". En Infocatólica estoy tranquilo. Si hay que dar capones a los progresaurios, no me hacen falta voluntarios (ya con ver a Luis Fernando salen corriendo), y si alguno, enarbolando la bandera de la “tradición” (la que ellos digan que es, porque ellos saben más), intentan dictar el magisterio de la Iglesia, pues también les repartirán lo suyo.

Dices que compartes lo dicho. Y te refieres a una polémica totalmente artificial. ¿?¿. ¿Y eso donde lo ha dicho tal nota? Precisamente está diciendo lo contrario, que hay a quien le sobra el tiempo para dedicarse a justificar las excomuniones de Lefebvre y los suyos, y que algunos portales lo están utilizando para abrir la veda del ámbito tradicional que no comparte la situación actual de la FSSPX. Una veda que se ha abierto precisamente en Infocatólica, a la que indirectamente se refiere la nota, y en la que dices estar seguro. Esta palabra, “seguro”, a qué se refiere? A que estás seguro de que no te van a echar? A que estás seguro porque piensas que escribiendo estas cosas no participas de todo ese ámbito bautizado (con perdón) como filo-lefebvriano? Tengo mis dudas de que progresaurios salgan corriendo con ver al director de Infocatólica, ya que las críticas que se hacen diariamente son sólo peticiones de excomunión o de suspensión a algunos abates sostenidos por obispos y por facultades de teología, o por órdenes religiosas, sobre las que no hay ninguna apreciación crítica. Y justamente, cuanto más sanciones pidan, menos las va a haber, y el que tal lo piense, es que no sabe cómo funciona la Iglesia por dentro. Incluso las sanciones no son para “ejemplo público”, por más que al director de Infocatólica le deleitase que las hubiera, incitando así a pensar en la gran repercusión de sus sesudas críticas. Por otra parte, en el estado actual de la Iglesia, hacen falta tantos neo-cones denunciadores como progresaurios, eso mantiene una cierta dialéctica que desocupa del fondo del problema. Y sin tales progresaurios seguramente Infocatólica no existiría o carecería de mayor interés. Nosotros en cambio, tendríamos que estar en el mismo sitio en el que estamos.

Y es que el riesgo siempre es el mismo: tomar a una parte ruidosa, molesta y siempre desagradable por el todo. A los que buscan que una forma del Rito sea reconocida de acuerdo al Motu Proprio que la rige, sin que nos llamen lefebvristas, porque la entendemos en igualdad con la forma ordinaria del mismo.

¿Parte ruidosa y desagradable por el todo? ¿A quién te refieres?¿A los lefebvristas?¿A nosotros? Si tan claro lo tienes, deberías poner algún ejemplo real de filo-lefebvrista. O más al grano: La gente con la que sueles asistir a la Misa tradicional ¿Son filo-lefebvristas? ¿Hay algún filo-lefebvrista? ¿Son anti-filo-lefebvristas? Está bien por otra parte eludir complicaciones. Y haces bien. Al menos en el día a día de la Iglesia, lo mejor es recurrir al derecho y dejarse de Teologías, pero ya que estamos, el Motu Proprio no ha caído del cielo, y cualquier fiel que asista a la Misa tradicional es calificado –o al menos sospechoso- de excomulgado, cismático, anti-romano y todas esas lindezas. Una vez que les explicas tu posición suelen decir: si ya, escurrir el bulto, para que no se os vea el plumero. “Le plumoire”, que queda más fisno.

Qué tranquilidad que uno confía plenamente en la Sede de Pedro para llevar la nave de la Iglesia, y no en improvisados timoneles exaltados que mancillan en algunos casos los símbolos de una nación, con tal de decir “la tradition c’est moi!”, cual mal émulo de Luis XIV.

Si de eso se trata, de que el Papa lleve la nave de la Iglesia, y no las ocurrencias del párroco de turno, la vicaría diocesana de juventud y catequesis, o que nos dicte lo que hayamos de pensar el rector de la Pontificia Universidad Rahneriana de turno. ¿Quedó muy filo-lefebvrista? Quizás. Ya decía Chesterton, cuando entramos en la iglesia, nos quitamos el sombrero pero no la cabeza. Con la conciencia de que a la iglesia no vamos a “examinar” sino a encontrarnos con Dios. Pero a veces es muy difícil, viendo lo que se ve. Es que no todos vivimos en Madrid ni tenemos una Misa tradicional al lado de casa que la celebren sacerdotes no sospechosos de filo-nosequévaina. Es algo que la Sede de Pedro ha querido asegurar para todo fiel, pero por lo que se ve, no somos todos iguales. ¿O será que los obispos si que lo son? Vete tú a saber. Y Luis XIV podía decir lo que quisiera, pero el Estado no lo era él, sino más bien Colbert y Richelieu. Nihil novum sub sole, Qohelet dixit.

Permíteme una broma. Yo creo que tú no eres neo-con, sino que estás en la órbita del “tradicional-pardillismo”; puedes hacer un trabajo de campo. Un día no vayas a Misa al tercer monasterio de la Visitación, y acude a la parroquia más cercana. Si puede ser a la Misa del catecismo. Repítelo unas cuantas veces, y acércate al párroco para –no pedirle, por Dios- hablarle de la Misa tradicional. A cualquiera. Después ya hablamos.

P.D. Cuidado con lo que escribes. Que el director de Infocatólica te haya tenido que corregir afirmaciones de tu post no es buena señal.



Affmo.

PERSONAJES «La filantropía es el más noble sentimiento neocon»

El estremecedor testimonio del sargento Mernabo.  

Nuestro Movimiento laical se compone de personas que ejercitan las más variadas tareas y oficios. Abierto a personas de toda clase y condición, cuenta con una Rama Castrense, a la que pertenecen hombres y mujeres de profesión militar, pero que están en plena sintonía con los signos de los tiempos.

El seminarista árabe Enrique Jorge Acimuj al Mnasiel es asesor teológico de nuestro Movimiento. Responsable del Departamento de Ecumanía, Interconfesionalidad y Colusión con el Mundo, Enrique ayuda a nuestros militares en práctica de la filantropía interconfesional. 

-¡Subordinación y valor! – les grita Enrique Jorge.

-¡Para la filantropía! – responden nuestros militares.


El sargento Mernabo besando el Corán en Iraq.
Un gesto de filantropía interconfesional. 
El que obedece nunca se equivoca. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

EL CUARTO ARTICULETE DE DON IRABURU (II)


La Redacción ha hecho un esfuerzo por no dormirse para terminar la glosa del articulete de D. Iarburu. 

Credo in Ecclesiam. La Iglesia católica, la que permanece en plena comunión con sus Obispos y el Papa, guarda siempre la verdad y los medios de santificaciónNo es preciso distanciarse de la unidad de la Iglesia con actos cismáticos para reafirmar las verdades católicas y combatir los errores y abusos que en ella puedan darse, pues Ella misma tiene poder en el Espíritu Santo para vencerlos. Muy al contrario sucede fuera de la Iglesia católica: los errores monofisitas, por ejemplo, del abad Eutiques (+454) pueden perpetuarse durante siglos, hasta hoy, en confesiones cristianas separadas de Roma. Pero eso no puede suceder en la Iglesia católica, porque ella es «la Iglesia del Dios vivo, la columna y el fundamento de la verdad» (1Tim 3,15). Podrá quizá tardar la Iglesia un tiempo largo o corto en vencer errores y abusos –el arrianismo, la simonía–, pero siempre, auxiliada por Cristo, su Esposo, acaba por vencerlos. Podrá guardar silencios alarmantemente prolongados –como hoy, por ejemplo, sobre la doctrina política católica (97-98, 100-105)–; pero ya el Señor de la historia le dará palabras cuando Él lo quiera. Oremos y esperemos con paciencia. La Iglesia enseña cuando habla, no cuando calla.
D. Iarburu vuelve a la carga con el tema del cisma. Ya nos ocupamos en glosas anteriores y nuestro vecino no ha contestado a nuestras objeciones.
Ahora introduce en su argumentación al Espíritu Santo. ¿Acaso Monseñor Lefebvre ha negado la asistencia del Paráclito a la Iglesia durante el post-concilio? Leemos en su Carta a los católicos perplejos: “Tenemos pues éste consuelo y esta confianza de sentir que el Espíritu Santo no nos ha abandonado. Se puede decir que el arca de la fe, apoyándose en el concilio Vaticano I, torna a encontrar un nuevo punto de apoyo en la profesión de fe de Pablo VI.”
Pero así como la gracia supone la naturaleza, el Espíritu Santo actúa en la Iglesia por medio de sus hombres: pontífices, obispos, doctores, etc. ¿Olvida Iraburu el papel de un Atanasio en el combate contra el arrianismo?
En el tiempo postconciliar los errores doctrinales y los abusos disciplinares, morales y litúrgicos han sido denunciados desde dentro de la Iglesia católica, aunque no tanto, ciertamente, como fuera de desear. Hacer una lista de nombres para demostrar lo que digo resulta prácticamente imposible; pero citaré solo algunos ejemplos, los primeros que me vienen a la mente. Autores laicos, como Von Hildebrand, Maritain al final de su vida, Francisco Canals, Messori, Weigel, Ricardo de la Cierva, Woods, han dado con gran fuerza testimonio de la verdad, frente a herejías y abusos: y nunca faltarán a la Iglesia hombres como ellos. También han hecho lo mismo Obispos y teólogos como Siri, Ottaviani, González Martín, Fabro, Mondin y tantos más: y nunca faltarán a la Iglesia hombres como ellos. Incluso teólogos católicos, que en algunas cuestiones se habían mostrado anteriormente próximos a tesis progresistas, como el P. Henry de Lubac, S. J., ya estaban dando voces de alarma dos años después del Vaticano II:
(…)
Dice D. Iraburu: “Ese vigor de Cristo, de los apóstoles y de los santos para proclamar la verdad, denunciar el error e impugnar a los maestros del error –y en general para gobernar la Iglesia–, aparece hoy sumamente debilitado.”  ¡Ipsissima verba!
Pero han sido siempre los Papas del postconcilio los testigos más firmes de la verdad católica, y quienes han combatido con más fuerza los errores y males de la Iglesia presente. Podemos apreciarlo, por ejemplo, en algunas graves cuestiones.
–La verdad católica de la Eucaristía, (..)
–La santidad del matrimonio y la lucha contra la anticoncepción, tal como la enseñaron Pío XI (…)
–Las misiones de la Iglesia y la unicidad de Cristo como Salvador universal han sido también verdades de la fe que los Papas últimos han defendido con gran fuerza contra innumerables herejías difundidas dentro de la Iglesia (Evangelii nuntiandi, 1975; Redemptor hominis, 1979; Redemptoris missio, 1990; Dominus Iesus, 2000).
(…)
Monseñor Lefebvre no dudó en reconocer, por ejemplo, el valor de Pablo VI cuando realizó la solemne profesión de fe conocida como Credo del Pueblo de Dios:

“…en medio de todo este tumulto ha brillado una luz que puede reducir a la nada los esfuerzos del mundo para terminar con la Iglesia de Cristo: el 30 de junio de 1968 el Santo Padre proclamó su profesión de fe. Éste es un acto que, desde el punto de vista dogmático, es más importante que todo el concilio. Ese Credo, redactado por el sucesor de Pedro para afirmar la fe dé Pedro, asumió una solemnidad absolutamente extraordinaria. Cuando el Papa se puso de pie para pronunciarlo, los cardenales también se levantaron y toda la multitud quiso imitarlos, pero el Papa hizo sentar a todo el mundo; quería estar sólo él de pie como vicario de Cristo; para proclamar su Credo, y lo hizo con las palabras más solemnes en nombre de la Santísima Trinidad, ante los santos ángeles, ante toda la Iglesia. Por consiguiente, el Papa llevó a cabo un acto que compromete la fe de la Iglesia.”

Sin embargo…

La Iglesia católica, también después del Vaticano II, ha florecido en maravillas de gracia y de santidad. No solo ha conocido la proliferación de errores y horrores, en los que me he fijado especialmente para responder a los filolefebvrianos acusadores. Por el contrario, cuántos Obispos y párrocos, desbordados con frecuencia por situaciones de abrumadora descristianización, han seguido entregando sus vidas con amor incesante al servicio de Cristo y de su Iglesia, “gastándose y desgastándose por las almas hasta el agotamiento” (2Cor 12,15). Cuántas personas consagradas han vivido clausuradas en ofrenda permanente de alabanza y de súplica. Cuántas obras de heroica beneficencia multiforme han florecido en el árbol de la Iglesia. Cuántos institutos religiosos y movimientos de laicos se han renovado o han nacido en estos decenios… Cito solamente algunos, no los más grandes, que me son especialmente conocidos y queridos, Schola Cordis Iesu, Siervos del Hogar de la Madre, Instituto Mater Dei, Siervos de los Pobres del tercer mundo, Miles Christi, Schola Veritatis…
¿Y quién niega posibles frutos de santidad en medio de semejante crisis? ¿Es que no hubo un Atanasio en plena crisis arriana? ¿Qué quiere probar con este párrafo?
Es de agradecer que no mencione entre los buenos ejemplos a fundadores considerados “modelos de la juventud”, a superiores fabricantes de vocaciones inexistentes, a laicos primaverales que regalaron su vida con “generosidad” y “humildad”, a cofundadoras vitalicias que declaran que desde el Vaticano se persigue a sus movimientos, etc. Nos ahorra la tarea de hacerle ver el absurdo.
Cuántas personas y obras santas he conocido yo en medio siglo. Carmelitas descalzas… Se diría que, por una misteriosa correspondencia, a los abismos del mal que el Señor permite responde levantando montañas de gracia y santidad. ¿Quién podrá convencerme de que ésta no es ya la Iglesia católica? ¿Y que la Misa que celebramos cientos de miles de Obispos y sacerdotes, según el Novus Ordo promulgado por Pablo VI, es herética, o al menos conducente a la herejía, y ciertamente vitanda?… Dan ganas de llorar, de pena y de gratitud.
¿Y quién le ha dicho a Iraburu que para Lefebvre la Iglesia se ha extinguido? ¿Acaso no sabe que la Hermandad San Pío X no niega validez al Novus Ordo de Pablo VI?
Jamás debe contraponerse una «Roma eterna» y una «Roma temporal», la de hoy. Jamás debe condenarse a la Iglesia como «apóstata y adúltera». Jamás es lícito distanciarse de ella por actos cismáticos, como si éstos fueran imprescindibles para poder salvar «la continuidad de la Iglesia» en la verdad y la santidad. Jamás debemos contraponer a la Iglesia de Cristo –a esta Iglesia, no hay otra–, una «Roma eterna», que no tiene más realidad que la de un ectoplasma. Hacerlo es absolutamente contrario a la Tradición eclesial de los Padres y de los santos. Jamás debemos volver la espalda a nuestra madre la Iglesia, a pesar de sus heridas infectadas y las suciedades de su túnica. Ella es la fuente inagotable de la verdad y de la gracia. Jamás debemos avergonzarnos de la Iglesia existente, porque es el único Cuerpo de Cristo, integrado por santos y pecadores (LG 8c; GS 43f). Jesús nos dice, refiriéndose también a su propio Cuerpo: «¡bienaventurado aquel que no se escandalice de mí!» (Mt 11,6).
–Mons. Lefebvre, por el contrario, con ocasión de los errores y horrores postconciliares se fue escandalizando cada vez más del Concilio, de los Papas, de la Liturgia renovadaY dijo cosas terribles, que sus seguidores siguen difundiendo en libros y sitios de internet: «la Roma eterna condena la Roma temporal. Por eso preferimos la eterna» en la FSSPX (Tissier 494)… «Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía» (577)… «No se puede seguir a esa gente, es la apostasía… Procedamos a la consagración» de Obispos (578). «La Chaire de Pierre et los postes d’autorité de Rome étant occupés par des antichrists, la destruction du Règne de Notre-Seigneur se poursuit rapidement» (578) [1]… «La situation de la papauté depuis Jean XXIII et ses successeurs pose des problèmes de plus en plus graves… Ils fondent une Église conciliaire nouvelle… Cette Église est-elle encore apostolique et encore catholique?… Devons-nous encore considérer ce pape comme catholique?» (569) [2].
Ha dicho Monseñor Fellay que la Hermandad San Pío X “…siempre ha estado y seguirá estando ligada a la Santa Sede, Roma Eterna.” ¿Para Iraburu la Santa Sede es un ectoplasma?
¿Si Benelli emplea la expresión “Iglesia conciliar” se puede salvar al personaje mediante la interpretación? ¿Pero si Lefebvre en un momento de oscuridad u ofuscación utiliza otra metáfora, Iraburu lo condena sin el menor esfuerzo hermenéutico? ¿Doble rasero?
Ya se ve que, con el favor de Dios, tendré que añadir otro artículo.

martes, 29 de marzo de 2011

EL CUARTO ARTICULETE DE DON IRABURU (I)



La Redacción ha decidido glosar el cuarto articulete de Don Iraburu en dos partes. Estamos ante una cortina de humo. 
–A ver por dónde seguimos ahora… Ay, madre.
–Tranquilo. La verdad debe ser afirmada con paz, alegría y fortaleza. Y con paciencia.
Una breve evocación de la historia de la Iglesia en su último medio siglonos ayudará a entender mejor la posición de Mons. Lefebvre, de la FSSPX y de aquellos que hoy están más o menos de acuerdo con ellos.
Una historia de la Iglesia que selecciona los hechos de modo tal que sirvan para favorecer la posición neoconservadora de Iraburu y sus seguidores. Una novela rosa para el período conciliar y posconciliar.
El sagrado Concilio Vaticano IIconvocado por el Beato Juan XXIII, fue una inmensa gracia de Dios para su Iglesia (1962-1965), como todos los Concilios anteriores. En él Nuestro Señor Jesucristo reunió en asamblea eclesial a 2.500 Padres. Fué con gran diferencia el Concilio más numeroso de la historia. Y partiendo de los Concilios anteriores, muchos de ellos dogmáticos, trató con una finalidad predominantemente pastoral y renovadora las grandes realidades de la Iglesia católica.
 Los datos cuantitativos que aquí trae Iraburu pueden impresionar al lector no versado en Teología haciéndole olvidar que ninguna de las novedades del Vaticano II pertenece a la categoría del magisterio infalible. En cuanto a la finalidad pastoral del Sínodo, el pasado y el presente muestran los resultados. ¿Se los quiere ver en todas sus dimensiones? ¿O es mejor refugiarse en el optimismo compulsivo de los baluartes neoconservadores?
Es bien sabido que había entre los Padres conciliares, como en tantos otros Concilios anteriores, tendencias doctrinales y pastorales fuertemente contrapuestasEl grupo liberal, conducido por algunos Cardenales, como Bea, Alfrink, Willebrands, estaba apoyado principalmente por Obispos centroeuropeos y franceses. Y del otro lado, el grupo tradicional, dirigido por Cardenales como Siri y Ottaviani y por el Coetus internationalis Patrum, presidido por el Arzobispo Lefebvre, tenía el apoyo de Italia, España e Hispanoamérica, así como de no pocas Iglesias de reciente nacimiento. El primer grupo era minoritario, pero sumamente organizado y apoyado por teólogos progresistas de renombre y por la prensa mundial. El segundo, poco organizado y mucho menos eficiente en los medios, pero sumamente lúcido y valiente, consiguió sin embargo el apoyo de la mayoría de los Padres. Y en algunos casos fue el Papa Pablo VI el que, con intervenciones personales, «confirmó en la fe» a sus hermanos. Demos gracias a Dios.
El Concilio se promulga finalmente con un gran acuerdo de los PadresTodos los documentos, incluso los más discutidos, como el de la libertad religiosa, son firmados por la Asamblea conciliar, también por Mons. Lefebvre, con unanimidad casi total. Es evidente que todos los Padres conciliares están convencidos de que el XXI Concilio ecuménico guarda plena fidelidad y continuidad con la doctrina de los XX Concilios anteriores. No lo hubieran firmado si no lo creyeran así. Y todos saben bien que si la enseñanza conciliar en alguna cuestión concreta diera lugar a una interpretación dudosa, ésta habrá de dilucidarse ateniéndose siempre a las enseñanzas ya anteriormente establecidas con mayor claridad y firmeza por la Santa Madre Iglesia. Hago notar también que los Padres aprobaron unánimes las enseñanzas del Vaticano II, no las falsificaciones doctrinales que en seguida se difundirían en su nombre.
Iraburu repite aquí el tan trillado como superficial argumento de que Lefebvre firmó los documentos del Vaticano II. Sobran explicaciones sobre el punto, por lo que no lo trataremos.
El consenso entusiasta inmediato al Vaticano II  no dice nada sobre su estatuto magisterial. ¿Pensará el autor que la verdad depende del número? ¿Creerá que la amplia recepción de una doctrina la vuelve ortodoxa?
Cabe anticipar que la falsificación comenzó durante el desarrollo del Concilio y que contó con muy altas complicidades.
Conviene tener en cuenta, por otra parte, que en la historia de la Iglesia el Concilio Vaticano II es el único que ha producido como documento final un grueso libro de 700 o 1.000 páginas. Y en un escrito tan sumamente largo no faltan ciertos textos nacidos como resultantes de fuerzas conciliares duramente contrapuestas. Esta circunstancia real, y el uso de un lenguaje a veces más literario y retórico que teológico y preciso, da lugar a algunas expresiones confusas, imprecisas e incluso falsas, si se toman en su literalidad y fuera de contexto –lo que no debe hacerse– (Reforma o apostasía 24), y que necesitan ser aclaradas en actos posteriores del Magisterio apostólico, como así ha sucedido, concretamente en discursos pontificios y Encíclicas postconciliares. En seguida vuelvo sobre esto.
La falsificación de las doctrinas del Vaticano II comenzó durante su misma celebración, y se multiplicó grandemente en el postconcilio. La minoría liberal aludida, a través de muchos teólogos progresistas y con la complicidad de casi toda la prensa mundial, difundieron durante el Concilio y aún más después de él una versión neo-modernista de los documentos conciliares, que muchos católicos –sin haber leído los textos conciliares o habiéndolos leído– recibieron como la auténtica doctrina conciliar. De hecho, teólogos como Küng y Schillebeeckx, teniéndose a sí mismos por los teólogos realmente fieles al Vaticano II, difundieron en su nombre no pocas herejías.
Durante el desarrollo del Concilio, renombrados peritos conciliares, comenzaron a publicar las falsificaciones. Lo que silencia Iraburu es que se trató de peritos designados por los mismos padres conciliares. Omite mencionar, asimismo, que sus publicaciones recibieron el nihil obstat de los obispos, padres conciliares, y que en muchas iglesias particulares llegaron a desempeñar el papel de interpretación auténtica.
El error radical de Mons. Lefebvre y de sus seguidores fue acusar al Concilio Ecuménico Vaticano II y a los Papas que le siguieron como causantes principales del resurgimiento muy fuerte, sobre todo en el Occidente descristianizado, de un neomodernismo extremo, que difunde en el pueblo cristiano justamente lo contrario de lo que el Concilio ha enseñado: «Roma ha roto con la Tradición, ha caído en la herejía y en la apostasía»…
El error radical de Iraburu es tomar expresiones extremas de una biografía para exponer una posición doctrinal. Textos desconectados de las circunstancias vitales que los explican.
El método correcto sería que Iraburu fundase sus críticas en escritos doctrinales y no que los tomase de una obra biográfica. Podría utilizar, por ejemplo, las “dubia” que Monseñor Lefebvre presentó a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y para ponerse al día, debería consultar el libro de D. Álvaro Calderón “La Lámpara bajo el Celemín” (Ed. Río Reconquista, Buenos Aires, 2009), que es representativo de la posición de la Hermandad San Pío X.
Es cierto que los errores y horrores habidos dentro de la Iglesia después del Concilio, sobre todo en el Occidente descristianizado, fueron y son innumerables. Muchos de ellos han sido señalados y combatidos en este mismo blog Reforma o apostasía, todavía inacabado. Señalo a continuación entre paréntesis el número de algunos artículos de este blog.
Pero acusar al Concilio Vaticano II de esos enormes males es una gran falsedad, una calumnia, y es una ofensa al Espíritu Santoque asistió con su luz y su gracia al Papa y a los 2.500 Padres conciliares, como había ayudado en los XX Concilios anteriores. Muchas veces es falso el adagio post hoc, ergo propter hoc: esto ha sucedido después de aquello, luego aquello es causa de esto.
Iraburu previene contra una falacia conocida genéricamente como post hoc, en virtud de la cual se afirma una relación causal a partir de una coincidencia o sucesión temporal. Pero olvida otra regla complementaria: el abuso no prohíbe el uso. Que sea más o menos frecuente la confusión entre sucesión temporal y causalidad no prohíbe la indagación acerca de la causas. La denominada demostración quia, parte del efecto para remontarse a la causa. Negarse a la indagación acerca de las causas es poco científico.
Es falso acusar al Concilio auténtico de ser la causa de su falsificación. Pero también es una falacia cubrir las posibles deficiencias de los textos conciliares con la cortina de humo de sus falsificaciones más burdas. Cuando no se quiere afrontar un problema es fácil echar culpas a los demás: a los modernistas que falsifican el Concilio y a los tradicionalistas que lo critican con amargura.
La apostasía del Occidente rico se inicia mucho antes del Vaticano II, con el Renacimiento, el protestantismo, la Ilustración, el liberalismo, la Revolución francesa, la masonería, el catolicismo liberal, el modernismo, el comunismo, la revolución sexual, mayo de 1968, y se acentúa fuertemente cuando las naciones de Occidente, habiendo alcanzado una prosperidad y riqueza estables, y ya en gran parte recuperadas de los enormes estragos producidos por la II Guerra Mundial, deciden «adorar a la criatura, en lugar de al Creador, que es bendito por los siglos» (Rm 1,25). Y al paso de los años, esta apostasía secularista se difunde más o menos por las otras Iglesias hermanas del mundo.
Ya desde entonces se inicia el derrumbe de no pocas Iglesias del Occidente rico. La inmensa mayoría de los bautizados se mantienen lejos de la Eucaristía, lejos, pues, de Cristo y de la Iglesia. Ya la gran mayoría de los matrimonios católicos admite la anticoncepción sin problemas de conciencia, y la practica siempre que lo estima conveniente. Ya en estas naciones apenas hay vocaciones. Ya los pensamientos y caminos del mundo son los pensamientos y caminos de la mayor parte de los bautizados. Todos éstos son datos ciertos, objetivos, comprobables. Pero atribuir al Concilio Vaticano II este arruinamiento tan grave de la Iglesia en Occidente es un enorme error.
Iraburu imputa a sus contradictores lo que no sostienen. Los efectos pueden obedecer a múltiples causas concurrentes y  señalar una de ellas no es lo mismo que dar una explicación monocausal.
Los errores modernos de los últimos cincuenta años no se han derivado de los textos conciliares. Miren, por ejemplo, los errores reprobados por la Congregación de la Fe mediante severas Notificaciones –Küng, Schillebeeckx, De Mello, Vidal, Haight, Sobrino, etc.– y nunca hallarán fundamento para ellos en textos del Vaticano II. Éstos y tantos otros maestros del error se autocalifican con desvergüenza como los teólogos verdaderamente fieles «al Concilio»; pero curiosamente no lo citan nunca: se atienen al «espíritu del Concilio», que no está «editado» todavía, y que consiste solo en sus propias ideas. Por el contrario, los escritores católicos tradicionales, es decir, los católicos, no hemos cesado de citar miles de veces durante medio siglo los textos del Vaticano II y las encíclicas de los Papas postconciliares.
No albergamos dudas de que existe un conjunto de interpretaciones heterodoxas tan ajenas a los textos conciliares aprobados que pueden considerarse una falsificación. Lo denominamos para-concilio.
Pero Iraburu usa el para-concilio como cortina de humo. Un planteamiento demodé, puesto que la Santa Sede considera legítima la crítica seria y constructiva de los textos del Concilio mismo. Se reconoce, además, que hay pasajes mal formulados y poco claros, como ha dicho recientemente Monseñor Guido Pozzo.
Además, al concentrar la atención en la heterodoxia dura la desvía de la heterodoxia blanda de amplísima difusión: las lecturas semi-ortodoxas, nebulosas, la heterodoxia criptógama (los errores están más en lo que se silencia que en lo que se dice), etc. Heterodoxia blanda que goza de notable aceptación entre los obispos y que también se promueve desde unos movimientos eclesiales neoconservadores que Iraburu elogia con fruición y jamás critica en su bitácora.
La hermenéutica de la continuidad tradicional de la doctrina católica viene a ser un tema central de la predicación de Benedicto XVI desde el comienzo mismo de su pontificado (22-XII-2005, 26-V-2009). Y en ella había ya insistido Juan Pablo II, concretamente en la ocasión muy grave del motu proprio Ecclesia Dei (2-VII-1988).
¿Qué entiende Iraburu por hermenéutica de la continuidad? Lo ignoramos. Nos gustaría saber si se trata de algo ya realizado y a disposición de toda la Iglesia o de un proceso que recién se inicia.
Desde su condición de teólogo Iraburu podría responder algunos interrogantes fundamentales sobre el Vaticano II: ¿cuál es su verdadera naturaleza magisterial? Su pastoralidad  -de la cual se debe precisar su noción- ¿qué relación guarda con su posible su carácter dogmático? ¿Se concilia con él? ¿Lo presupone? ¿Lo contradice? ¿Lo ignora? ¿Es posible definir como dogmático al Vaticano II? ¿Y luego remitirse a él como dogmático? ¿Fundar sobre él nuevas afirmaciones teológicas? ¿En qué sentido? ¿Con qué limitaciones? ¿Se trata de un "acontecimiento", en el sentido de los profesores de Bolonia, que rompe los vínculos con el pasado, e instaura una era nueva en todos los aspectos? ¿O todo el pasado vive otra vez en él "eodem sensu, eademque sententia”?
A suivre...

domingo, 27 de marzo de 2011

PROTOLEFEBVRIANO



- ¿Qué opináis de la última entrega de Iraburu?
- Ya os diremos algo sobre el tema en los próximos días. Hoy queremos recordar la desobediencia de san Cipriano de Cartago vista por san Roberto Bellarmino. Para contrastar eso de la "obediencia extrema".

Nuestro protolefebvriano de hoy es san Cipriano de Cartago. Nos interesa aquí singularmente la polémica que lo enfrentó al papa Esteban I sobre la eficacia del bautismo administrado por herejes. Un conflicto que ha dado ocasión en todos los tiempos a discusiones muy enconadas. 
Cipriano consideraba a los bautismos realizados por herejes nulos, y bautizaba de nuevo a los que se incorporaban a la Iglesia. Era la práctica común en la iglesia africana. Como existían algunas vacilaciones, en el año 256 se reunió un sínodo en Cartago, y en él se proclamó el principio de la repetición del bautismo a los conversos herejes. A continuación se informó al papa Esteban de las conclusiones del sínodo. El papa mandó la célebre respuesta a las decisiones sinodales del África, que, aunque no se ha preservado, se sabe era extraordinariamente severa. En ella prohibía decididamente la repetición del bautismo. La reacción de san Cipriano aparece en la correspondencia: contra la disposición del papa siguió practicando lo decidido en los sínodos africanos. Convencido Cipriano de que el papa estaba en un error, envió un diácono de toda su confianza, Rogaciano, al obispo de Cesárea, con el fin de obtener más luz en tan intrincado asunto. Pero el conflicto no hizo más que escalar. Finalmente, el nudo gordiano se deshizo de la manera más inesperada. Desterrado Esteban de Roma en 257, murió poco después. Dos años después, en 259, le siguió también Cipriano, muriendo como mártir de Cristo en la persecución de Valeriano. El sucesor de san Esteban, Sixto II (257-258), de carácter conciliador, entabló de nuevo relaciones con Cipriano y la iglesia de Cartago. Sin embargo, en África siguieron algún tiempo la práctica de la repetición del bautismo a los conversos herejes, que no desapareció por completo hasta el tiempo de san Agustín.
Ningún cristiano duda hoy de la falsedad del principio en que se basaba la práctica defendida por Cipriano, pues el bautismo obra ex opere operato. Pero, ¿cómo juzgar la conducta de san Cipriano? ¿Qué decir sobre su oposición al papa? Acostumbrados a no pensar, nuestros queridos neocons no tardarían en gritar: ¡cisma! ¡herejía! Allá ellos con sus fobias. 
Nos interesa ahora el juicio de san Roberto Bellarmino sobre la desobediencia de Cipriano a las órdenes del papa. Porque el santo doctor no evade el análisis de cuestiones delicadas, ni las resuelve con argumentos falaces aderezados con diatribas. 
En primer lugar, Bellarmino se pregunta acerca la naturaleza del acto del papa Esteban. Y responde: el papa no había definido como punto de fe que los herejes no debían ser rebautizados, sino que sólo ordenó abolir la práctica (bajo pena de excomunión). Por lo que Cipriano no fue hereje en su desobediencia. Notemos la diferencia con nuestros neocons: Bellarmino tiene claro que el papa no es infalible en todos sus actos y no confunde la disciplina con el magisterio.
Luego, se aplica el santo doctor a considerar la desobediencia de Cipriano. Si fue un pecado grave, lo considera una cuestión discutible: an autem pecaverit Cyprianus mortaliter non obediendo pontifici, non est omnino certum. También considera discutible si hubo un pecado venial y estima posible que la buena fe excusara de pecado a Cipriano. De manera concisa, Bellarmino contrasta opiniones divergentes, pondera los argumentos a favor y en contra, no realiza afirmaciones apodícticas en materias que no lo consienten. Una distancia abismal lo separa de nuestros apologetas neocons.
En todo caso, concluye Bellarmino, la gloria del martirio purificó a Cipriano. 

viernes, 25 de marzo de 2011

¡QUEMA ESA FOTO!



Nuestro vecino de Infocatolica, Miguel Vinuesa publica una entrada una para explicarnos su posición en la polémica en torno a los filolefebvrianos. Cosa que nos parece muy bien. No estamos de acuerdo con él cuando nos dice que la forma ordinaria es igual a la forma extraordinaria, pues el novus ordo es una “liturgia fabricada” y no fruto de una “maduración orgánica” (Ratzinger, dixit).

Pero ha sido grande nuestra sorpresa al ver que Vinuesa cuelga en su bitácora una foto del P. Philippe Laguérie. Gracias al dato que nos suministra un atento lector podemos leer la última entrega de la bitácora del P. Laguérie: Pour Monseigneur Lefebvre, merci mon Dieu!. Se cumplen veinte años del fallecimiento del Arzobispo y este filolefebvriano de paladar negro agradece a Dios por el fundador de la Hermandad San Pío X y se encomienda a su intercesión.

Un consejo amistoso para Vinuesa: ¡quema esa foto!


P.S.:  La conspiración de los filolefebrvianos es de extrema peligrosidad. La agencia secular de noticias EFE, de ahora en más, se llamará LEFE pues recuerda en las efemérides el fallecimiento del Arzobispo rebelde: 


http://www.youtube.com/watch?v=lDH4VyBa_tc



CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD


Se espera que los comentaristas hagan un ejercicio responsable de su libertad de expresión.
Infocaótica procura evitar la censura irrazonable de sus lectores. 
Los comentarios publicados no expresan necesariamente la opinión de la Redacción y podrán ser aceptados, contestados o eliminados. 
La Redacción declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.

jueves, 24 de marzo de 2011

Censura

  


 Al parecer, en nuestra vecina Infocatólica se prohíbe firmar con el nick "Infocaótico". Es normal que cualquier blog, portal, edición digital o escrita tenga su propia política de control de opiniones. Evidentemente, el límite estará marcado por los gustos, filias y fobias de su editor. Curioso que un "nick" sea ocasión de censura. Lo que llama la atención es que este blog tan simple, con unos redactores tan iluminados y desinformados -illi dixerunt- pueda provocarles tanto malestar a algunos. Quizás hayamos pasado de ser motivo de las burlas de E.O. a motivo de preocupaciones de L.F. A estos nuevos catones de la información eclesial en el ámbito virtual les recomendamos el "elogio al diálogo" glosado por el Padre Guillermo Juan Morado en su portal infocatólico "La puerta de Damasco". Y no es lícito el recurso a la descalificación; pueden repasarse las entradas de este blog para descubrir que la referencia personal o la agresión verbal está ausente, siendo las opiniones vertidas en algunos blogs infocatólicos el centro de las contraargumentaciones que aquí se han hecho. El elemento burlesco nunca ha sido objeto de argumentación, y mucho menos las descalificaciones o los prejuicios sobre los individuos, cosa que sin embargo ha abundado en las últimas semanas en el portal al que nos referimos, sobre todo en algún blog que no se muestra tan sarcástico cuando se ve caricaturizado.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Correo de un lector

Publicamos a continuación el correo que nos envía  un lector junto con una captura de pantalla que colocamos en la parte inferior. La Redacción os pide  moderación en los comentarios. 

Addendum: si Luis Fernando solicita derecho a réplica no se lo vamos a negar. 

Estimados:

Desde que la polémica sobre los “filo lefebvrianos” fue planteada por el Padre Iraburu el 5/03/11 en el ya famoso post “Filo-lefebvrianos -I”, seguido de sus secuelas II y III, algunas de las preguntas que varios se plantean son “¿y esto por qué?, ¿a qué viene este post y la persecuta posterior”. Pues, aunque ud. no lo crea, la respuesta está… en la mismísima Infocatólica.

El 21/02/11, el blogger Miguel Vinuesa (fundador de Juventutem Madrid), del blog Epístolas Matritenses, publicó el artículo “Intrigas curiales y 'conspiranoia'”, en el que comentaba los temores sobre la emisión de un documento “explicativo” sobre el MP Summorum Pontificum que, según algunos, sería más restrictivo que explicativo. Terminaba ese artículo comentando que, de ser eso cierto, entendería reacciones negativas por parte de la FSSPX. Aclaraba que “no las justificaría, pero las entendería”.

En los comentarios, Vinuesa se trenzó en una discusión con otro blogger de la casa, Daniel Iglesias (del blog Razones para nuestra esperanza), en una discusión sobre si los lefes son herejes, cismáticos o qué. Luego de un par de escarceos (y, al parecer, algún mail), apareció “El Jefe”: Luis Fernando dejó, a las 4.10 PM del 04/03/11, el siguiente comentario:

“Dos cosas:

1- Como bien sabéis los dos, en breve el P. Iraburu va a publicar una serie de artículos sobre la cuestión del lefebvrismo, que reflejarán la postura editoral de InfoCatólica sobre esta cuestión. Dicha postura, con todos los matices que se quieran, deberá ser asumida por todos los bloguers que aborden la polémica lefebvrista.

2- Aunque la libertad de expresión es querida y deseada por la Iglesia, siguiendo los criterios marcados por Pío XII, no es recomendable que dos bloguers de este portal os enzarcéis en una polémica pública de alto voltaje. Con mucho gusto os pongo en contacto al uno con el otro para que aclaréis lo que creáis oportuno aclarar. Si así lo deseáis, hacédmelo saber.”

Ese comentario de Luis Fernando deja en claro que la postura del P. Iraburu deberá ser asumida por todos los bloguers. Creo que huelgan los comentarios.



martes, 22 de marzo de 2011

Religionenlibertad, Jorge Enrique Mújica y los fobo-lefebvrianos


Tras haber leído el artículo solidario del panfleto infocatolico, no puedo dejar de manifestar mi tristeza con lo expresado por Jorge Enrique Mújica. Son reflexiones risibles, que anestesian la conciencia, y se desvían de la ortodoxia respecto de la única Iglesia de Cristo.

La carencia de datos, los argumentos sofísticos y la pobreza misma del vocabulario empleado en la redacción, le dan un valor que bien se puede calificar de lectura prescriptiva para estar en sintonía con la descomposición del pensamiento católico. Personalmente, además, me recuerdan el modo de discurrir de la cúpula de la Legión de Cristo.

Es de esperar que el autor no realice debate alguno: cuando la verdad lo interpela no se adhiere a ella, sino que la elude con sofismas baratos, censura sistemática y consideraciones piadosas.

Dicho esto, enlazo a los tres artículos de Petrus Hispanus que suscribo totalmente:



GALERIA DE FILOLEFEBVRIANOS (I)


Comenzamos con nuestra galería de filolefebvrianos. El personaje de hoy es el P. Philippe Laguérie, superior del Instituto del Buen Pastor, al que la Santa Sede le ha reconocido el derecho a una crítica seria y constructiva del Concilio Vaticano II. 

«A propos de certains points enseignés par le Concile Vatican II ou concernant les réformes postérieures de la liturgie et du droit, qui nous paraissent difficilement conciliables avec la Tradition, nous nous engageons à avoir une attitude positive d’étude et de communication avec le Siège Apostolique, en évitant toute polémique. Cette attitude d’études veut participer, par une critique sérieuse et constructive, à la préparation d’une interprétation authentique de la part du Saint Siège de ces points de l’enseignement du Concile Vatican II, ainsi que de certains éléments de textes et disciplines liturgiques et canoniques qui en découlent ».

Un filolefebvriano de tomo y lomo, de acuerdo con los criterios iraburianos, pero no a juicio de la Santa Sede.


P.S.: gracias a un lector podemos apreciar que al menos el sacristán del I.B.P. no ha abjurado de su filolefebvrismo:



lunes, 21 de marzo de 2011

EL TERCER ARTICULETE DE DON IRABURU

LA ESTRATEGIA DEL CALAMAR.



[La Redacción recomienda la lectura de religionenlibertad y exorbe. Y desde este humilde blog, procede a glosar la última pieza del discurso iraburesco:

La imagen que mejor podría resumir la última entrega de D. Iraburu es la del calamar que lanza tinta para cubrir su retirada. Un articulete plagado de razonamientos circulares, falacias ad populum, ad hominem y ad consequentiam. Parece que a D. Iraburu no se le ocurría de qué hablar, y el artículo que nos ha obsequiado se orienta a presentarse como alguien que es vilipendiado tras haber expuesto, cándidamente, con calma y tranquilidad  argumentos contrastados con los datos que dice aportar. Esto sería digno de análisis, pero vamos a seguir el principio escolástico: de emotionibus non est disputandum, aunque su último artículo esté plagado de emotivismo. En cualquier caso hay una serie de afirmaciones que sería interesante contrastar]

–¿Y ahora, después del tremendo barullo que ha armado usted con lo de los filolefebvrianos, qué hacemos?
Ad primum: el barullo no lo he armado yo, sino ellos, que yo escribí con orden y paz, con datos y argumentos, y sin mencionar ni insultar a nadie. Ad secundum: conviene pensar y escribir con calma, y eso exige ahora esperar unos cuantos días o semanas a que pase la tormenta.
Este artículo de ahora viene a ser, pues, un descanso reflexivo, una pausa. Relajémonos un poco, en el mejor sentido del término.
Yo he descrito en dos artículos, sin nombrar a personas o grupos concretos, un catolicismo vinculado más o menos a Mons. Lefebvre, que adolece de graves desviaciones en algunas importantes cuestiones. Y algunos, auto-identificándose con la descripción, se han sentido ofendidos, han protestado en diversos medios de internet con gran energía y agresividad, publicando una avalancha de argumentos y documentos contra mis artículos.
Se sienten muy dolidos. Y se comprende perfectamente. Los filo-lefebvrianos están acostumbrados a ser impugnados por los progre-modernistas, en una palabra, por los herejes; pero no por católicos tradicionales como yo.
A los ataques de los progresaurios ya están acostumbrados; pero quedan totalmente descolocados y perplejos cuando reciben de pronto la impugnación de uno que, como yo, describe exactamente sus errores, después de haber escrito en este mismo blog más de un centenar de artículos en los que denuncio los abusos e infidelidades que se producen frecuentemente en las Iglesias del Occidente descristianizado, y en los que critico a Marciano Vidal, Anthony De Mello, Olegario, Borobio, Flecha, Schillebeeckx, Haight, Sobrino, Rahner, Küng, Pagola, etc.; y en los que, más aún todavía, rechazo los errores de los luteranos, de los quietistas y, lo que ya es el colmo, de toda la piadosa corte aparentemente correcta de semipelagianos, que hoy quizá son mayoría entre los buenos católicos. Puede repasarse el Índice de Reforma o apostasía para comprobar que digo la verdad.

[Iraburu considera que algunos estamos dolidos por recibir la desautorización de católicos tradicionales como él. Aquí hay una nueva tergiversación semántica. Después de haber incluido en el “filo-lefebvrismo” todo ese sector de católicos no vinculados -por distintas razones- a la Hermandad de San Pío X pero que mantienen la duda si acaso las reformas postconciliares se hayan desarrollado en ruptura con eso que Benedicto XVI llama “hermenéutica de la continuidad”, que no es sino un principio heurístico derivado de la substancia de lo que es la Tradición en la Iglesia. Habrá quien repita como un loro que nosotros confundimos entre la Tradición (con mayúscula) y tradiciones eclesiales (con minúscula). No; nos referimos a la Tradición cuyo sujeto es la misma Iglesia y cuyo promotor es el Espíritu Santo, movimiento que se refleja en los llamados “testimonios de la Tradición” que llegan desde la primera Iglesia hasta nuestros días: los Padres de la Iglesia, las doctrinas de los teólogos, la Liturgia, las creencias del pueblo de Dios (el sensus fidei y el consensus  fidelium), el derecho canónico, los libros penitenciales antiguos, las devociones populares, las doctrinas de santos y místicos, el arte cristiano, las reglas de vida monástica y religiosa, etc. Evidentemente los testimonios de la Tradición no tienen todos el mismo valor, pero proporcionan una visión de conjunto de la fe y del sentir de la Iglesia. Una armonía que expresa esa hermenéutica de la continuidad de la que habla el Papa. Pues bien, decir que la situación que se produce tras el Concilio Vaticano II, en cuanto a su aplicación práctica, ha producido disonancias que un sector de católicos ha percibido, sin necesidad de leerse a Rahner y a Schillebeeckx, y que es lo que permite explicar el surgimiento de eso que se llama “tradicionalismo”, pero que no surge de una deficiente comprensión de la Tradición, sino de la sospecha de que muchas de las reformas posconciliares se alejan notablemente de esa Tradición. Pues bien, si Iraburu consiente en incluir a quienes con distintos matices han percibido esa ruptura hermenéutica y la han expresado en la categoría de “filo-lefebvrianos”, tendrá que incluir en ese sector a Romano Amerio -que nunca fue lefebvriano- al mismo cardenal Ratzinger que en su prólogo a “La reforma de la liturgia romana” de Klaus Gamber decía esto : “Lo que ha ocurrido tras el Concilio es algo completamente distinto: en lugar de una liturgia fruto de un desarrollo continuo, se ha introducido una liturgia fabricada. Se ha salido de un proceso de crecimiento y de devenir para entrar en otro de fabricación. No se ha querido continuar el devenir y la maduración orgánica de lo que ha existido durante siglos, se la ha sustituido, como si fuese una producción industrial, por una fabricación que es un producto banal del momento”; habría que incluir al cardenal Stickler, al cardenal Oddi, al cardenal Siri o el mismo monseñor Gherardini que en últimamente en su obra "Concilio Vaticano II:Una discusión abierta dice cosas como las que siguen : "   Si alguien me preguntase si el modernismo finalmente entró en la misma estructura de los documentos del Concilio, al punto de que los mismos Padres estuvieran infectados por él, mi respuesta sería sí y no. No, porque el espíritu sobrenatural no está ausente del Concilio, gracias a su abierta profesión de fe en la Trinidad, en la Encarnación, en la redención universal del Verbo, junto con la profunda convicción del llamado universal a la santidad, la aceptación y la fe en el efecto santificador de los Sacramentos, su consideración particularmente elevada del culto litúrgico y eucarístico, el rol santificador de la Iglesia y una devoción teológicamente nutrida a María. Pero mi respuesta es también sí, porque pueden encontrarse ideas modernistas en varios documentos del Concilio, notablemente en Gaudium et Spes, y porque un grupo de pocos pero prominentes Padres Conciliares eran abiertamente favorables a los antiguos y a los nuevos modernistas. Ellos deseaban tener una Iglesia en peregrinación hacia la Verdad, como cualquier otro peregrino, un amigo y un aliado de todo investigador, aprobando incluso en el área de los estudios sacros, la misma metodología crítica aplicable a las demás ciencias. En breve, su Iglesia era un tipo de laboratorio de investigación, en lugar de ser una dispensadora de Verdades de lo alto". Incluso habría que incluir algunas expresiones de Pablo VI que en ocasiones se lamentaba de ciertos cambios habidos en ciertos sacramentos (que al mismo tiempo, paradójicamente, él había firmado). Se podrían multiplicar  los ejemplos al respecto, pero no es menester.
Junto a esta posición encontramos otras dos: la innovadora y la neoconservadora. En la que se instala Iraburu es la neoconservadora, que consiste en hacer abstracción de las contradicciones, tratando de dotar una forma mentis tradicional a estructuras y aplicaciones que van transformándose de “abusos” en “usos” cotidianos, eludiendo pragmáticamente las posibles contradicciones que pudieran darse con la Tradición de la Iglesia.
Iraburu cree haber descubierto el mar mediterráneo: y no, el mar Mediterráneo ya hace mucho que se descubrió. Le tocaría ahora descubrir el Cantábrico, pues los ataques más virulentos y las oposiciones más radicales a todo el género llamado “tradicionalista” no ha venido del ultraprogresismo, sino de los ambientes y movimientos neoconservadores. La razón es que el neoconservador pretende presentarse como lo que hoy en día sería  “tradicional” u “ortodoxo” en la Iglesia y, dada esa compleja abstracción sintética entre reformas y prácticas contradictorias con la Tradición de la Iglesia, y una forma mentis conservadora, cuando se les indica que el destino va a ser el mismo que el del progresismo eclesiástico, no lo pueden soportar, y tienen que eludir la cuestión haciendo complicados razonamientos sobre la obediencia debida (o extrema en el caso de Iraburu). Ha mencionado diversas congregaciones afectas a la Liturgia tradicional con el visto bueno de la Santa Sede. Podría Iraburu dirigirse a ellos y preguntarles de qué sectores reciben el peor trato. Curiosamente no son los ultraprogresistas los que suelen ponerles mil trabas y recovecos canónicos para limitarlos al máximo, sino las autoridades de línea neoconservadora, que no quieren en la Iglesia a nadie “su derecha”, porque quieren seguir presentándose como el modelo de católico a imitar. “Católicos tradicionales como yo”. Pues eso.]
Los contradictores de mis artículos parecen no entender que una cosa es ser tradicional y otra ser lefebvriano o filolefebvriano. Los católicos, para ser católicos, hemos de ser todos tradicionales, como también hemos de ser al mismo tiempo bíblicos y fieles al magisterio apostólico de todos los Concilios y del Papa. «Tradición, Escritura y Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros» (Vaticano II, DV 10). Por eso de ningún modo criticamos a los lefebvrianos o filolefebvrianos por su amor a la Tradición católica, sino porque, actuando y pensando contra ella, –admiten las ordenaciones episcopales cismáticas, realizadas contra la Ley de Iglesia y la voluntad expresa del Papa, –mantienen durante varios decenios, y todavía hoy, «reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal [del Papa] y a la del Concilio» (Benedicto XVI, 10-III-2009), –y resisten contra la Liturgia católica en su forma ordinaria actual, que es la renovada en 1970 por Pablo VI, como si fuera inconciliable con la liturgia antigua.
Entendemos los sufrimientos de Mons. Lefebvre y de sus seguidores ante las infidelidades doctrinales, disciplinares y litúrgicas habidas en la Iglesia, y participamos del mismo dolor. Éste es el tema del presente blog, Reforma o apostasía. Pero no aceptamos aquellos aspectos del lefebvrismo que, como dice Benedicto XVI en la carta citada, necesitan «arrepentimiento y la vuelta a la unidad. Por desgracia, veinte años después de la ordenación [causa de las excomuniones hace poco levantadas] este objetivo no se ha alcanzado todavía».
Ha habido muchos comentarios favorables a Filo-lefebvrianos -I y -II, y me han alegrado especialmente aquellos que proceden de mis compañeros más próximos.
(…)
Pero también son muchos los que en sus comentarios han combatido fuertemente contra estos artículos sobre el filolefebrismo y contra su autor.Y también, por el mismo precio, han cargado algunos muy duramente contra InfoCatólica. Comienzo por citar algunos de los comentarios a los artículos Filo-lefebvrianos-I (138) y –II (150), que estuvieron abiertos unos tres días cada uno. Recojo algunas frases más significativas.
Cipitria: «Está disparando usted contra molinos de viento, refugiándose en adversarios que no existen, para argumentar con pereza… Decepcionante infoCatolica y muy hábil diviendo a la Iglesia. Eso es muy grave».
In diebus illis: «Denos soluciones porque esto se derrumba, usted guarda la ropa y el resto nos toca bregar contra los frutos del modernismo implantado y consentidos desde la cabeza de la Iglesia Romana». «Usted… intentaría justificar que se puede ser tradicionalista adminitiendo una misa bastarda. ¿Por qué no hace un examen comparativo del nuevo happening protestante con la verdera misa católica?». Misa bastarda y verdadera Misa católica…
Lucas: «Sigue usted sin aclarar cuál es el motivo que le ha llevado a publicar su serie sobre los filo-lefebvrianos, ni sin definir lo que es un filo-lefebvriano. La Santa Sede lleva años en un proceso de acercamiento con los cuatro Obispos de la FSSPX ¿y va usted y publica este artículo?».
Lautaro: «Padre Iraburu: Lo he seguido durante años; he repartido sus obras entre mucha gente, por el bien que hacía Ud. … Déjeme Ud. decirle que lo considero un hipócrita y un cobarde. Romperé todas sus obras y las reemplazaré por las de alguna persona que no se parezca tanto a los fariseos de los tiempos de N. Señor… Me confirman que ha hecho Ud. todo esto como un “servicio” bien remunerado, precisamente por ser quién es, y que ha partido más de su soberbia que de su entendimiento».
Fernando: «Me pregunto qué busca el padre Iraburu con este ataque frontal, extemporáneo e inicuo contra la Fraternidad… ¿Debía algún favor que tuvo que pagar?»
Longinus, Lefebvrista: «Los últimos eventos de la Iglesia justifican plenamente las acciones de Msr. Marcel Lefebvre, ergo la beatificación de Juan Pablo II, la reunión de Asís… oro porque NO se llegue a la plena comunión, si es que el resultado va a ser la demolición o emasculación de la Fraternidad de San Pío X, lo que ya ha pasado repetidas veces con otros institutos Tradicionales».
Piel de Toro, en referencia a un texto en que yo había citado al «sagrado Concilio Vaticano II», comenta: «Don José María, solo decirle que casi me desmayo leyendo lo del “sagrado” CVII. “Sagrado»? Por favor, nos lo puede explicar lo de “Sagrado”?!!!!!!!»
un sacerdote catolico: «Es evidente, los hechos y muchos textos lo prueban, que los papas desde Juan XXIII están imbuidos de un espíritu liberal, progresista. Desde Juan XXIII la Francmasonería tiene los papas que esperaba. No solamente los papas, sino también buena parte de la jerarquía. Los últimos y próximos hechos de Benedicto XVI lo prueban ampliamente (libro “Luz del mundo” con una posición dudosa sobre el preservativo, anuncio del próxima beatificación de JP II el papa más escandaloso de la historia de la Iglesia, y el anuncio de la próxima reunión de Asís, insulto supremo a NSJC único salvador). El padre Iraburu esta de acuerdo que existe modernistas progresistas al interior de la Iglesia. Pero por una ceguera voluntaria se niega a considerar que también el papa puede ser modernista».
Les invito a explorar también aquellos otros sitios de internet que han combatido mis artículos sobre el filo-lefebvrismo. Sus artículos, y algunos de los comentarios que los refuerzan, pueden ayudarles a conocer mejor, en vivo, la realidad real, no fingida, no inventada, del mundo lefebvriano y filo-lefebvriano, así como la variedad multiforme de sus modalidades. Mientras yo descanso y rezo, reflexiono y preparo con calma mi Filo-lefebvrianos-IV, pueden ustedes asomarse, si el tema les interesa, a los lugares que paso a indicarles.
Don Angel David Martín Rubio publica en su blog deReligión en libertad dos artículos de un tal Petrus Hispanus, autor anónimo muy próximo a él, por lo visto: Filo-lefebvrianos. Una respuesta a D. José María Iraburu y El espléndido aislamiento de D. José Mª Iraburu. No los comento, porque tienen una argumentación muy pobre. Sí, en cambio, conviene destacar la imagen que ilustra el segundo artículo, y que he reproducido en este mío: Pablo VI, quejoso de que «el humo de Satanás está entrando en la Iglesia», es quien realmente lo está fomentando al haber promulgado el Novus Ordo litúrgico postconciliar, «la Misa bastarda» de que hablaba aquel comentarista ya citado.
No entiendo bien en qué sentido Don Ángel David Martín Rubio alude al espléndido aislamiento de D. José Mª Iraburu. De un lado, son numerosos los que han apoyado mis artículos; y de otro lado, mucho más importante, gracias a Dios, estoy en comunión plena con unos 4.000 Obispos católicos unidos al Papa, y tengo muchos amigos. ¿Cómo explica Don Ángel David mi aislamiento?… Esto me recuerda a un locutor inglés que, hace cuarenta años, anunció por la radio: «en el canal de la Mancha un gran banco de niebla mantiene aislado al continente europeo».
In diebus illis reproduce esos dos artículos, indicando su origen, y cambiándoles título e imágenes:Adversus Iraburu: o cómo se arría la bandera y Adversus Iraburu II: o como la burra vuelve al trigo. Los introduce diciendo que yo soy como «caña agitada por el viento» (Lc VII,24)», que ataco al «hombre que salvó la doctrina, la Tradición, el sacerdocio católico y el Santo Sacrificio frente a la ruina que se cebaba en el resto de la Iglesia. Con la complicidad de grandes cardenales y grandes obispos y teólogos que callaban y se tragaban el sapo. Estos cómplices, línea media, cobardes, que destilan los textos del CV2 para intentar hacerlos compatibles con la verdadera ortodoxia católica [desvergonzados], son los que más daño hacen a la Iglesia».
La imagen que he puesto –la CEE nos quita la fe– está tomada de este blog, que como se ve, es sumamente primario. Al final de los dos artículos que reproduce, da los enlaces a infoCaótica que indico a continuación.
infoCaótica es un blog nacido para combatir mis artículos sobre los filolefebvrianos y, me figuro, que contra InfoCatólica en general. InfoCatólica comunicó el nacimiento de infoCaótica en su blog La Caverna, con un artículo deArqueológicus Brutote, eminente cavernícola, titulado Se amplía el negocio. Este nuevo sitio comenzó su andadura publicando Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (I), Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (II) yGlosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (III).
Hay que confesar que estos infocaóticos son eruditos, discurren mucho, aunque no bien, y argumentan con una sofisticada dialéctica, que recuerda a aquellos rabinos que interpretando el Talmud «colaban un mosquito y se tragaban un camello» (Mt 23,24). Son capaces de contarle los pelos a un conejo, pero no distinguen un toro de una vaca. Bruno Moreno los retrata muy bien en De perdices mareadas, cismas y lefebvrianos.
Estos infocaóticos justifican, por supuesto, las ordenaciones episcopales de Mons. Lefebvre, y no ven en ellas desobediencia alguna. Apoyan sus argumentaciones en los más sólidos pilares. –Santo Tomás de Aquino enseña que la ley injusta no obliga, y que puede ser obligatorio resistirla en conciencia (STh I-II, 96,4). La obediencia, si cae en el exceso, se hace servil (II-II, 104,2). –San Roberto Bellarmino dice que «a aquel que tratase de destruir la Iglesia, es lícito resistirle, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad» (De Romano Pontifice II, 29). –El Card. Charles Journet: «Uno puede imaginar la realización de un acto canónico, con toda buena fe, que en realidad sea contrario a la ley natural o evangélica. En tal caso, la obediencia será imposible, y será mejor aceptar la excomunión con fe y humildad».
Los infocaóticos aplican estos altos y nobles principios al caso extremo de Mons. Lefebvre, que ordena Obispos viendo necesaria la Fraternidad de San Pío X para asegurar «la continuidad de la Iglesia». Empeñados los Papas postconciliares en la destrucción de la Iglesia, y exigiendo la ley canónica y el mandato del Papa un acto contrario a la ley evangélica, supo Lefebvre resistir los mandatos injustos, también el del Papa, y evitando una obediencia servil, hizo lo que exigía el bien de la Iglesia, aceptando la excomunión humildemente. Una excomunión, que al ser radicalmente injusta, era inválida… Qué esfuerzos formidables realizan estos grandes ingenios infocaóticos, tan dignos de ser empleados en mejores causas.
[Iraburu hace uso de los comentarios dejados en su blog por supuestos “filo-lefebvrianos” y después glosa los lugares en los que se ha criticado su artículo. Si nosotros tuviéramos que poner ejemplos tomados de comentaristas anti-filo-lefebvristas –Iraburu incluido- no acabaríamos nunca con las barbaridades que ahí se han vertido, tanto desde la Teología como desde la racionalidad más simple. Pero sería arrastrarse a un campo demasiado bajo.
La tosquedad de la exposición o la actitud adoptada para exponer un argumento no  sirve para negar la validez del mismo, máxime cuando lo que hay que refutar es el argumento mismo, y sería demasiado demagógico acudir a actitudes individuales extremistas o desubicadas como forma de argumentación. De nuevo, de emotionibus non est disputandum. Sin embargo, Iraburu nos reprocha que razonamos mal. Eso sólo puede querer decir una de estas dos cosas: a) que haya detectado en nuestra argumentación pasos ilegítimos, según las leyes de la inferencia; b) que desarrollamos mal la “epiqueia” de los principios. En el primer caso, debería tener la amabilidad de indicarlo. En el segundo, los principios que hemos aducido de diversos teólogos como Santo Tomás o San Roberto, Iraburu nos tiene que conceder al menos, que en cuanto tales principios deben querer referirse a situaciones reales. En el caso de la resistencia a la autoridad eclesiástica en ciertos casos, no podemos sino remitirnos al consenso de los teólogos al respecto y los ejemplos que ellos aducen. Aquí D. Iraburu tendrá que mostrar su posición: o bien son principios innecesarios, que vagan en el plano de la abstracción porque es imposible una situación en la que deba darse esa actitud de resistencia; o bien que la haya, y en tal caso, podría poner un ejemplo al respecto. Esto no es dejar pasar un mosquito y tragar un camello, es simplemente acudir a la doctrina de los teólogos al respecto  y plantear su aplicabilidad en determinadas circunstancias, sobre todo aquellas que afectan a la actual crisis de la Iglesia. De nuevo, don José María Iraburu confunde dos planos, el de una defensa cerrada de monseñor Lefebvre, y el de la argumentación crítica relativa a las sucesivas reformas y praxis postconciliares, en donde cualquier argumentación ha de tener como referente material el "Status Ecclesiae", un debate que Iraburu pretende evadir, y es justamente el real "Status Ecclesiae" desde donde pueden entenderse los procesos habidos en la Iglesia tras el concilio así como para deshacer las contradicciones en que el pensamiento neocon pretende embarcarnos.
Iraburu, como buen neoconservador, no tiene ningún problema en aceptar la situación actual, a la cual, según él, le harían falta simplemente perfeccionar algunos detalles accidentales. Pone como ejemplo sus críticas a diversos teólogos del ámbito progresista. Quizás, desde su torre de marfil no se haya dado cuenta de que esa crítica, que sin duda es pertinente, no es causa de los problemas que “ad intra” tiene la Iglesia. El neoconservador habitualmente mantiene sus posiciones cuando se dedica a atar “perros con salchichas”.  D. Iraburu debiera salir de la torre de marfil en la que vive, y darse un paseo por las iglesias. Analice los textos empleados en la mayoría de las parroquias para el sacramento de la confirmación. Escuche unas cuantas homilías de funerales y entierros. Dése una vuelta por Europa, por Austria, por Suiza, por Holanda, y asista a una Misa dominical. Contemple la liturgia, la participación de los fieles, la doctrina que se escucha, y luego díganos si el gran problema de la Iglesia son los libros de Schilebeecx. No; el problema es más hondo y se puede percibir en el pueblo de Dios. Muchos fieles han acogido y asumido perfectamente todas las reformas postconciliares: se alegran de que todas las religiones sean iguales, de que en determinadas circunstancias las celebraciones se adapten a la asamblea y sus caracteres locales, les entusiasma la secularización del clero, indicando que debieran ir más allá, y tomar esposa o permitir el acceso de las mujeres al sacerdocio. Este tipo de gente, es la que llena los despachos parroquiales en forma de consejos pastorales, de economía y de catequesis. Se dirá que es un problema de formación de tales seglares. Pero debe pensarse que esas asunciones sobre el catolicismo no han precisado excesivos problemas de cabeza para sus promotores: la praxis eclesial derivada del modo con que se desarrollaron las reformas postconciliares ha producido su fruto. Lo decía Santo Tomás : "Intellectus speculativus in extensione fit practicus". Después hay otro sector de católicos, que intuye que todo eso no está bien, aunque esté incrustado en la autoridad eclesiástica misma. Algunos de éstos se han incardinado en movimientos neoconservadores, en los que más allá de “espiritualidades” lo que han buscado es un catolicismo con el mayor parecido posible al tradicional. Craso error por su parte, por supuesto. Y el resto se podrían calificar filo-lefebvrianos de tomo y lomo. Esta situación no es casual, y la perplejidad de muchos fieles que no están ilustrados en Teología ante esa vorágine de aplicaciones hechas en nombre del Concilio se podría interpretar también como expresión del sensus fidei, que también pertenece a la Tradición.]