miércoles, 29 de junio de 2011

Una noticia que no encontrará publicada en InfoCatólica, Zenit y cía.

Francesa demanda al Opus Dei y alega lavado de cerebro
Paris (AFP) -- Una mujer francesa, alegando haber sufrido un lavado de cerebro por el Opus Dei, está demandando a esta sociedad por haberla mantenido ilegalmente como sirvienta doméstica, según dijo a AFP el pasado martes 28 de junio de 2011.
Catherine T., que pidió no dar su apellido para evitar ser identificada, dijo haberse inscripto en una escuela de hotelería en el nordeste francés en 1985, a los 14 años, que, posteriormente, descubrió era administrada por socios del Opus Dei.
Dice haber sido forzada a tomar votos y trabajar como empleada doméstica en forma casi gratuita.
El Opus Dei respondió con una declaración de que "no está involucrada en los cargos presentados" y que "no tiene nada por lo cual sentirse culpable".
Será éste el primer juicio al que será sometida esta organización, considerada sectaria por algunos, que ha sido ficcionada en el bestseller, como novela y filme cinematográfico, "El Código Da Vinci".
"Me asignaron una especie de 'tutor' que era, en realidad, una especie de instructor de conciencia", dijo Catherine a AFP. "Ingresé al sistema... Se te prohíbe hablar de ello con tus padres."
Dice que el grupo la obligó a tomar votos de obediencia, pobreza y castidad, y durante los siguientes trece años trabajó para organizaciones que, según su abogado Rodolphe Bosselut, están vinculadas al Opus Dei.
Alegó haber trabajado hasta catorce horas por día, siete días a la semana, limpiando y sirviendo. El staff le pagaba un salario pero le hacía firmar cheques en blanco para pagar, supuestamente, su habitación y la matrícula de la escuela.
Agregó que el staff de la institución la acompañaba a donde sea que fuese, incluyendo a las visitas al médico. En estas ocasiones, era llevada a un doctor miembro del Opus Dei, que le prescribía tranquilizantes que la dejaban "sin sentido".
Catherine pesaba tan sólo 39 kilogramos cuando fue rescatada por sus padres en 2001. Los abogados de la familia denunciaron "manipulación mental" ese mismo año. Y se abrió una investigación policial que ya lleva nueve años.
Los días 22 y 23 de septiembre próximos se presentarán ante la Corte Criminal de París dos líderes del Opus Dei para responder por delitos relativos a las leyes laborales, por castigos indignos y por no declararla como empleada.
La demanda también se dirige contra la Asociación Cultural Universitaria y Técnica (ACUT) que dirigía la escuela de hotelería. Aunque dicha asociación alega no tener más que un "vínculo cultural" con el Opus Dei.
"No hay argumentos para tomar en serio este caso", dice Thierry Laugier, abogado de la ACUT, insistiendo en que Catherine T. "recibió un salario acorde con el trabajo que ella realizó".

Veremos si, esta vez, finalmente, la Obra responde o si, como de costumbre, llega a un acuerdo. Próximamente iremos publicando un excelente trabajo sobre la Prelatura que hemos tomado "prestado" de los archivos de Internet, puesto que, como suele suceder, fue borrado del lugar (un foro) donde se encontraba originalmente.

San Pedro Damián y los gomorrianos

Ofrecemos a nuestros lectores la traducción de un extracto del LIBER GOMORRHIANUS (Cap. VI), de san Pedro Damián.

Pero, ¡oh crimen inaudito! ¡Oh delito merecedor de toda una fuente de lágrimas! Si aquellos que permiten a los otros cometer estos pecados merecen la muerte, ¿qué suplicio se podría pensar para aquellos que cometen con sus hijos espirituales estas torpezas castigables con la condenación eterna? ¿Qué frutos se podrá encontrar el pueblo si el pastor ha caído tan profundamente en el vientre del diablo? ¿Quién permanecerá bajo el imperio de aquél, del que no ignora que es tan hostilmente enemigo de Dios? ¿Quién de un penitente hace un amante, y a quien había engendrado como hijo espiritualmente para Dios, con el férreo imperio de una tiranía diabólica por la inmundicia de su carne somete como siervo? Si alguno viola a una mujer, que sacó de la fuente bautismal, ¿acaso no está previsto por los sagrados cánones que, sin perplejidad alguna, se manda que sea privado de la comunión y forzado a pública penitencia? Pues está escrito: es más importante la generación espiritual que la carnal.

En consecuencia, el mismo castigo sea infligido a quien ha corrompido a la hija carnal como al que ha contaminado al hijo espiritual mediante una unión sacrílega a menos que en este caso no se distinga la cualidad del pecado, porque en ambos casos aunque son considerados incestuosos, el que pecó con la mujer pecó naturalmente; pero el que cometió el sacrilegio contra su hijo espiritual incurrió en crimen de incesto contra alguien de sexo masculino, alteró las leyes de la naturaleza. Se crea una situación miserable, donde de tal modo la ruina del primero pesa sobre el segundo, que mientras el primero se extingue, el segundo le sigue necesariamente a la muerte.

domingo, 26 de junio de 2011

Hay que definirse (II)



Las declaraciones del Cardenal José da Cruz Policarpo, Patriarca de Lisboa (Portugal) han sido ya comentadas en diversos sitios. Una vez más, es un caso ante el que «hay que definirse». La «prensa católica» debe animarse a criticar a las altas instancias romanas que, hasta el momento, no han dicho, ni hecho, absolutamente nada con el escandaloso purpurado.


No vamos a contradecir al cardenal con las habituales citas del magisterio hodierno sobre la imposibilidad de que las mujeres reciban el orden sagrado. Nos ha parecido de mayor interés tomar un breve texto de Francisco de Vitoria. Porque el maestro salmantino muestra un modo «tradicional» de reflexión teológica:


«Las mujeres ni pueden ser sacerdotes ni recibir orden alguna ni tener potestad eclesiástica; y esto de derecho divino.


Lo que a mi más me convence es que en tantos años y habiendo habido en la Iglesia tal abundancia de santísimas y sapientísimas mujeres, nunca la Iglesia confirió a alguna potestad para el ministerio eclesiástico. Para mí es grande argumento éste en esta y parecidas causas, que lo que nunca se hizo, habiéndose presentado numerosas ocasiones de poderlo hacer, es que, ni fue lícito ni se puede hacer.


Y así opino, que no es lícito ordenar a mujer alguna; y si se ha hecho alguna vez, ha sido nula la ordenación.»


Contrastad el peso que otorga Vitoria a la reiteración secular como signo de la Tradición con el «magisterialismo» tan frecuernte en el modo de discurrir de los neocones.

viernes, 24 de junio de 2011

Theodor Haecker

El Carlista, una amable lector de esta bitácora, ha dejado un comentario que merece un post aparte. Contemplata ha dado una respuesta aquí.

Redacción:


No creo que sea yo quien mejor pudiese lograr resumir tan medulosa obra en pocas palabras, pero ahí va mi intento sin antes dejar de recomendar que lo mejor sería acceder al libro (Ed. Rialp. 1959):

En la Metafísica del Sentimiento Theodor Haecker afirma que el sentimiento no representa ni desea objeto alguno, pues su campo se agota en el fuero interno. Hace referencia a un estado de ánimo que siempre es interior.

La inteligencia va en busca de la verdad y la voluntad tiende al bien. Pero el sentimiento no tiende a nada. Luego no está en la voluntad. Y ni discusión hay que tampoco en la inteligencia.
Para este alemán el sentimiento es facultad independiente del espíritu.

Entonces, a diferencia de lo que nos habían contado antes tendríamos tres potencias diferentes: inteligencia – voluntad – sentimiento (y ya no dos: inteligencia y voluntad).

La potencia psíquica se especifica por su objeto. Si se encontrase un objeto propio del sentimiento se podría demostrar su autonomía (ya sabemos que el objeto de la inteligencia es la verdad y el de la voluntad el bien).
El alemán considera que el objeto del sentimiento es la felicidad. Mientras la volición y el pensamiento parecen referirse al mundo y los objetos, el sentimiento es interioridad. Arraiga en la intimidad.

Lo que llevó a Haecker a estas reflexiones fue, entre otras experiencias, leer en el diario de Kierkegaard del 19 de Mayo de 1838, lo siguiente: “Hay una alegría indescriptible que envuelve misteriosamente en llamas nuestro interior, como cuando resuena de improvisto la palabra del Apóstol: ¡Regocijaos, os digo! Y os lo vuelvo a decir: ¡Regocijaos!”. Es una alegría sin motivos que surge de su interior: “de mi alegría y en mi alegría me alegro: por mi alegría, con mi alegría y cabe mi alegría. Celestial ritornelo que irrumpe súbitamente nuestros cánticos: alegría que refriega y apacigua como el suave aliento de la brisa, un soplo del alisio que, desde el valle de Mambre, se elevase como una ola a las moradas eternas”.
Y es llamativo, pues no era Kierkegaard precisamente un hombre rebosante de alegría (tema que profundiza Haecker en otra obra). Sin embargo cuenta que le surgió del interior.

Manuel Garrido, cuando desde los fueros del tomismo hace la crítica de esta Metafísica del Sentimiento, afirma que éste pertenece a la voluntad: “la inclinación a la propensión del apetito es tal, que no se agota en tender a la búsqueda del bien ausente, sino que incluye el gozo y el descanso en la posesión del bien presente. Apetecer es tanto desear lo que no se tiene como gozar de lo que se tiene”. Este “gozar” como coronamiento del apetito es fruición y sosiego que versa en ambos casos sobre el mismo objeto: el bien.
Así como en el orden de la inteligencia tenemos la duplicidad “entendimiento y razón”, también en el de la voluntad tendríamos la dupla “voluntad de fines (sentimiento) y voluntad de medios (“voluntad”)”.

Es bueno aclarar que Haecker advierte del riesgo del panteísmo “que es la religión natural del sentimiento”. Sería un error confundirlo con en sensiblero a lo católico moderno.

Echa varios ejemplos durante la obra para justificar su tesis. Afirma que “el sentimiento no es un órgano de la inteligencia, pero es una conditio sine qua non del conocimiento del valor. Lo cual es algo distinto”. “Como sentimiento puro no conoce, pero combinado con la inteligencia crea un conocimiento específico de valores estéticos, éticos y religiosos”. Habla de cosas que ni siquiera pueden ser pensadas sin el sentimiento, en particular el sentimiento de “amor”.

El Carlista.


jueves, 23 de junio de 2011

De aquellos barros, estos lodos (IV)

Penúltima entrega de la serie de textos del Cardenal Gomá.

6. DILETANTISMO LITÚRGICO.- Es un formidable adversario del espíritu de la Liturgia católica. Con dificultad se le define, y aun cuesta más a veces darse de él cuenta; pero le señalamos como un escollo, no tanto del pueblo, como de ciertos espíritus selectos que llegan a sentir el encanto de la Liturgia, mas no quieren doblegarse a sus fundamentales exigencias. Huysmans nos habla de los "morfinómanos de la Liturgia", de los que han bebido el "regalado veneno" de sus funciones, delatando con estos motes gráficos el peligro del diletantismo cultual.


Para el diletante la religión es cosa de imaginación y de ensueño, no exigencia entrañable del espíritu; nada impone de normativo en orden al pensamiento o a la vida, y sí sólo es campo donde halle delicado placer la fantasía, pábulo abundante la emoción. El diletante es capaz de sentir el estremecimiento de lo sublime ante las magnificencias de una Catedral o la pompa de nuestras ceremonias; pero no penetrará en el misterio del simbolismo o de las funciones litúrgicas para aprender, y menos practicar, las lecciones de vida cristiana que encierran.


Deriva de aquí un mal grave: ya no es la Liturgia verdad, ley, ascesis, forma social obligatoria del culto a Dios, medio poderoso de perfección personal y colectiva; es espectáculo, fin, goce, pasatiempo, estímulo de la vida emocional; vendrá la fatiga o la hartura, que no tardan en hartarse y sentir cansancio los humanos instintos, aunque no sean los menos nobles, y se abandonarán unas prácticas que no han podido adentrarse en la región serena del espíritu.


Son variadas sus formas, desde la beata fruición del lugareño pretencioso, para quien, con mal acuerdo, se organizan fiestas religiosas con números de moda, predicador “grandilocuente”, música “clásica”, teatralismo antilitúrgico, etc.; hasta los éxtasis de los espíritus refinados, si alguno hay, para quienes la Liturgia, legítimamente ejercida, es el opio que les introduce en la región de los sueños seudoespirituales y seudomísticos. No es sueño la religión, ni suave ponzoña el culto; aquélla es espíritu y verdad, luz y fuerza, atadura con Dios, centro de gravedad del alma; y el culto no es más que la práctica de la religión, con las exigencias, a veces bien duras, que nos impone. Es la manducatio ad Deum, un vasto sistema de orden externo en que, si halla pábulo delicioso el sentido estético, es para llevarnos a la total aceptación de la verdad y de la ley. Lo demás no es religión, sino religiosidad; ni sentimiento, sino sentimentalismo; ni Liturgia, sino estetismo y blanduchería cultual.


7. LA RUTINA RITUAL. - Podríamos llamarla "hábito desdoblado", en cuanto es hija del mismo, pero vacía de su elemento espiritual. El hábito del rito importa la repetición de los actos de atención, voluntad y sentimiento, al tiempo que se repite el acto externo que es como la floración del estado íntimo del alma. Para la plenitud del acto litúrgico se requiere la fusión de ambos elementos, que son como la materia y forma del culto.


En cuestión de Liturgia es funestísima la rutina; aquélla es esencialmente externa, en cuanto es culto social, pero no puede llamarse Liturgia si no arranca del espíritu, porque en este caso no es “servicio de Dios” prestado por el hombre entero, sino por un mecanismo extrínseco, especie de psitacismo en que no hay vibración de alma humana.


Gran parte del descrédito e ineficacia de la Liturgia viene de este divorcio de alma y cuerpo que produce la rutina. (…) La rutina dispersa la atención y deja la fantasía suelta, al tiempo que afloja su tensión la voluntad, se seca la fuente de los apuros afectos e invade cuerpo y alma el tedio y el cansancio.


Entonces es cuando el cuerpo, emancipado del poder del espíritu cae, por propia inercia, en todos los vicios que son característicos de la rutina: gestos litúrgicos rudimentarios, desdibujados, maquinales; canturreo soñoliento en que se masculla, no se pronuncia, el texto; y en que no aparece esfuerzo en dar relieve, ajuste y arte a palabras y frases según las personales condiciones del ejecutante; desgarbadas actitudes e indolentes poses; movimientos atropellados; la falta, en fin, de esa aureola semidivina que circunda al ministro de Dios cuando alma y cuerpo se agitan, solidariamente según el ritmo de las cosas divinas que los informan.


Lo mismo cabe decir, en la proporción debida, del pueblo que asiste a la Liturgia. iQué impresión de “religión”, es decir, de espiritual comercio con Dios, se sacaría si fuese inteligente, no rutinaria, la celebración de la santa Liturgia!...


martes, 21 de junio de 2011

¿Cristo Rey?... Er... Emmm...

Mientras preparamos algo acerca del affaire del Father Corapi, uno de los puntales del canal EWTN, protagonista de un verdadero escándalo en el mundo neocon yanqui, pero que (aparentemente y hasta el momento) no existe para nuestros amigos de InfoCatólica, nos permitimos compartir el siguiente vídeo de uno de sus programas: "The World Over".

Lamentablemente no hemos podido conseguir una versión traducida o subtitulada del mismo, pero, a continuación presentamos una breve síntesis.


Vemos en el estudio en Washington DC a Raymond Arroyo (conductor) y a George Weigel (columnista bien conocido en el mundo hispano por su biografía de Juan Pablo II, además de otros de sus libros). Desde Nueva York, Joseph Bottum, editor de First Things, está recordando al fallecido Padre Richard Neuhaus (junto con el laico Michael Novak, el impulsor del neoconservadorismo católico y que dirigía esa revista).

El oyente que se comunica por teléfono se pregunta (de una forma bastante ingenua, casi tonta, pero no es éste el caso) si sería posible una enmienda constitucional que declarase a Cristo Rey de los Estados Unidos.

Desde la "Gran Manzana", Bottum, dice que el "Father Richard" hubiese considerado esa propuesta como algo totalmente inaceptable y "no americano" (un-American, anti-estadounidense, digamos), "precisamente porque los Estados Unidos no son un país católico". Jesucristo "es Rey"... pero sobre todos nosotros "como individuos", algo que -de acuerdo con el editor de esta tan prestigiosa revista neocon- está "más allá de la nación". Y reitera que la sola idea de que el Estado declare que Cristo es Rey es un-American.

Por su parte, Weigel agrega que "Neuhaus diría, como Juan Pablo II diría, como el Concilio Vaticano II diría, que ése no es asunto del Estado; que el Estado es incompetente para hacer tal clase de juicios... El Estado es incompetente para hacer juicios teológicos", termina. "Hermenéutica de la ruptura", bah, versión neocon.

Y, luego, todos se ríen y hacen bromas sobre la misma idea de Cristo Rey.

Illudebant autem ei et milites accedentes, acetum offerentes illi
et dicentes: “Si tu es rex Iudaeorum, salvum te fac!”.


[Un comentario en inglés en el blog de Philip Blosser.]

lunes, 20 de junio de 2011

¿De qué váis, muchachos?

A vueltas con don Orugario e Infocatólica. Desconozco el motivo que ha llevado a convertir a don Orugario en el centro de una polémica absurda; no hace falta demasiado esfuerzo para interpretar la vida y obra de don Orugario. Don Orugario ha sido uno más de los muchos oportunistas que en la época del postconcilio escrutaron los nuevos aires que venían de Roma y supieron girar el timón oportunamente y las veces que hiciera falta para hacerse con un nombre y una posición. Y cuando los vientos parecieron cambiar, también su timón se fue reorientando progresivamente, para así poder ser la sal de todos los platos eclesiásticos y poder vivir de la sopa boba. No hace falta demasiado análisis. En otras épocas sus obras habrían sido reducidas a pavesas en una hoguera de vanidades, y él condenado por proposiciones luciendo el sambenito; o más bien inquisidor general, y al mismo tiempo judaizando en privado, que nunca se sabe. Más bien lo último.

No hay mucha tela que cortar. Pretendía titular esta entrada ¿De qué vais muchachos de Infocatólica? Me pareció demasiado colectivo ese “muchachos” pues no son todos los que están. El tedio, aburrimiento y predecibilidad que caracterizan las entradas del director de Infocatólica me libraron ya ha tiempo de seguir leyéndolo. Sin embargo, de vuelta al tiempo ordinario, he cuadrado con mi director espiritual como mortificación mental el leer alguna de sus disquisiciones. Y ya recuerdo por qué deje de leerle. Las vindicaciones contra don Orugario González von Kardedal no comenzaron en ningún foco infecto de filo-lefebvristas herejes. En este sitio, no. Tampoco he visto reseña alguna en Panorama católico. Ni en los blogs que se anuncian en este humilde blog. Sólo Infocatólica arremetió contra el teólogo castellano por sus declaraciones de esa “persecución” a que se veía sometido por el Opus, Sayés e Iraburu, conspicuo programador mental de Infocatólica. No podían quedar callados. Quizás más por la mención a Iraburu que por la recepción del susodicho premio. La primera reacción es de estupor, un “yo no he sido” colegial, precisando que las críticas contra Iraburu debieran desviarse hacia Sayés. Sin valorar nada de la pertinencia o no de las críticas de Sayés. Quizás Sayés debiera comentar algo sobre Iraburu e Infocatólica. No lo hará; no somos todos iguales. En fin. El siguiente capítulo es el artículo del director de Infocatólica sobre el tema. Como siempre, superficial, ayuno de ideas y echando mano de expresiones tópicas tomadas del estilo “cigoñista” que sólo tienen efecto cuando van acompañadas del conocimiento de los temas que se tratan, como es el caso del columnista de La Gaceta. Que si la Cristología, que si el premio, que si se da a teólogos no católicos o disidentes. Qué se yo. Todo muy secundario. A lo que invito es a repasar detenidamente lo que dice el director de IC, sobre la conveniencia del premio, quien lo recibe (Orugario) y quien lo da y justifica (La fundación Joseph Ratzinger, a través del cardenal Ruini). La argumentación está repleta del miedo de no tocar más teclas que las imprescindibles, caricaturizar a don Orugario como un teólogo que ha evolucionado hacia posiciones más “conservadoras” (conservaduras diría yo) en base a su “enfrentamiento” (no hicieron falta los hospitales) frente a “teólogos” como Queiruga o Pagola, y muy centrado en la paranoia de Orugario sobre sus detractores. En estos casos se puede ver un miedo atenazante a pasar un límite infranqueable: todo lo que haga referencia al “entorno” del Romano Pontífice. Justamente, sería de un cabeza buque identificar al Papa con su entorno vaticano. Sin embargo al neocon le resulta difícil distinguir. Pareciera que cuando uno se va acercando al entorno vaticano hay una mayor presencia de teofanías del Espíritu Santo. A saber. No será tan simple como pensar que los “juanpablistas” veteranos –como Ruini- siguen campando a sus anchas y reivindicando sus fueros cada vez que pueden. ¿Es criticable lo que hacen? Parece que no. Desde Pío XII ningún Pontífice empleó la fórmula de la definición dogmática. Este entorno en cambio parece que sus actos, palabras, eructos y ensoñaciones están amparados por un aura sacra. Con sus tomaduras de pelo, todos los caraduras, trepas y pelotilleros que rondan esos mundos. Eso es lo que el neocon no ve, ni tampoco el director de Infocatólica. Y lo que es peor, se acaban creyendo que cuanto más ahonden en esa actitud, profundizan en el genuino catolicismo restaurado por Infocatólica.

Pero para evitar sospechas, y no podía ser de otro modo, y un servidor no esperaba menos, por algún lado tenía que salir el filo-lefebvrismo. El director de IC – no es cosa sólo de don Orugario- ha expresado que no va a tolerar a filo-lefebvristas “herejes” con el siguiente argumento: quien pone en duda la “hermenéutica de la continuidad” en relación al Vaticano II, niega la autoridad de un Concilio ecuménico, luego la de la Tradición. Podría haber añadido, luego la Revelación, luego la existencia de Dios [suspiro prolongado]. Esta es una argumentación falaz bautizada en otra época con el término de “sorites”: la falacia del montón de arroz. Si decimos que tres mil granos de arroz componen un montón, ¿sería un montón si le restamos cien? Lo sería ¿otros cien? Lo seguiría siendo. Llegaría un momento en que unos pocos granos de arroz se considerarían un montón por ignorar cuál es el número exacto de granos de dividen el “montón” y lo que no lo es. Algo así. Un ejemplo análogo: si se critica el premio dado a don Orugario, se critica por lo tanto a los que se lo han dado, se critica a quienes han tenido responsabilidad en dicho premio, se critica por lo tanto el procedimiento para nombrar a dichas autoridades, se pone en duda que el gobierno de la Iglesia no está asistido por el Espíritu Santo, se pone en duda la asistencia divina a la Iglesia, se pone en duda la sucesión apostólica, el origen divino de la Iglesia y la existencia de Dios. ¿Os vale así? ¿Sabéís donde estáis? ¿Qué decir de santos y doctores de la Iglesia como San Pedro Damián y Santa Catalina de Siena, cuyo tono en sus descripciones de la corte pontificia ruborizarían hasta a los más conspicuos filo-lefebvristas lectores de este blog? No, sr. Director de Infocatólica, no eche balones fuera para desmarcarse de una posible crítica a algunos colaboradores del Papa por sus objeciones ante lo que rodea el premio a don Orugario, con rautos anti-filo-lefebvrianos. Asuma su propia responsabilidad y razone un poco más sus escritos. Todos se lo agradecerán. Y tenga unidad de criterio. Probablemente si el premio se hubiese concedido en una de esas diócesis a las que ustedes son tan amigos de criticar, nos encontraríamos con titulares como éste: “Como director de Infocatólica exijo la destitución inmediata de los organizadores del premio”, como si fuese el subsecretario del ministerio de Industria. ¿Y ahora? Ni tanto ni tan calvo. Presumo problemas de formación católica de base. El catolicismo no es una confesión evangélica donde para que las cosas funcionen bien el pastor ha de tener un control omnímodo sobre sus fieles, que pueden bramar si existe algún sector que ponga en duda la palabra del pastor, produciendo una nueva confesión. El problema es que en algunos lugares, como esos reductos juanpablistas en el Vaticano, se resisten a las nuevas praxis que el Romano Pontífice –en continuidad con la fe católica- trata de fomentar y que no les hace ninguna gracia. Sería reconocer su fracaso y se morirán con las botas puestas, mientras los neocons los admiran con inusitada admiración dando carnets de herejes a quienes pongan en duda esos turbios manejos de los que nunca sale nada bueno.


English version:


What on earth ate they thinking?

Once again they are going on about Don Orugario (Olegario González de Cardedal) Infocaolica. I don’t know what is the motive that has converted Don Ouriaga into a center a absurd argument, it doesn’t take much digging up to interpret the life and woks of Don Orugario. Don Orugario was one of the many opportunists who too advantage of the post- II Vatican council studying the wind which blowing from Rome and to be able change direction as many times as it took to gain recognition and a position. When it seemed the the winds were changing he would also change course to be able to be continue to live the life of Reilly. It doesn’t take much analysis, in other periods his works would have been burnt in the bonfire of the vanities and he would have been condemned to wear the sanbenito by the Inquisitor general while privately being a crypto- Jew, who knows possibly the second.

One doesn’t have to look to far. I was going to tittle this article “what are the guys in Infocatolica thinking about?” but I thought guys was to wide ranging. The tedium, boredom and lack of originality have meant that I wouldn’t read any more. But since were are back in ordinary time I have decided with my spiritual adviser as a mental mortification to read his ideas. The vindications against Orugario Gonzqalez Von Kardenal didn’t start in filo-lefevrist focal point: neither in this place. Neither in Catholic panorama or in any of the blogs which are announced in the humble blog. Only Infocatolica launched itself int the fray against this Spanish theologian for his declaration of a persecution directed by opus against Sayes and Irriburu conspicuous mental programmer of Infocatolica. They just couldn’t be quiet. Maybe more because of the mention Irriburu than his prize. The first reaction was of stupor followed by it wasn’t´t me saying that the criticism directed against Irriburu should be against Sayes. Maybe Sayes should say something about Irriburu in Infocatolica but he will not. We are not all the same. The next matter is the article by the director of Infocatolica concerning the matter, its superficial, famished for ideas and using expressions “cigoñistas” which are only matter when they are accompanied by the knowledge of the matter that the columnist of “la Gaceta “has. Whether its christology, should the prize be given to Catholics theologians or dissidents. What do I know. It´s all secondary. I invite people to read what the director of IC has said about convenience of the prize, who has received it (Orugario) and who presents the prize (Foundation Joseph Ratzinger by Cadinal Ruinl). His argument is full of fear of pushing the wrong buttons, characterizing Ouriaga as a theologian who has moved to more conservative ideas by ways of his fights (no hospitals were needed) of “theologians” like Queiruga or Pagola centering on the paranoia of Ouriaga against his detractors. In the cases we can see a Rubicon which he does not want to cross, anything that refers to the environment the surround the Pope. It would obviously be a lead vessel to identify the Pope with those who surround him. However a neo-con can’t distinguish. It seems the closer one gets to the Vatican there is more theophanies of the Holy Spirit. Who knows? Could if be that veteran john paulist like Ruini who have been around re vindicating their privileges. Is it wrong? Probably not. No Pope since Pious XII has used a dogmatic formula. Yet these so round themselves in such a way that their acts words are surrounded by a sacred aura. With their mockeries etc this is what the neo-con cannot see and neither can the director of Infocatolica, a whats worse they believe that living in this attitude is the real Catholicism proposed by Infocatolica.

To avoid suspicions, and I am no surprised, somewhere filo-lefrevist have to appear. The director of IC- its not only Ouriaga who does it – has stated that he will not tolerate filo-lefevrists “heretics” with the following argument whoever pus in doubt the “continuation of hermeneutics” in relation to the II Vatican council is denying the authority of the Ecumenical Council, the tradition we could also add the revelation and the belief in God himself (profound sigh). This is a false argument which has been called (Polysyllogism) the fallacy of the mound of rice. If we say three thousand grains is a mountain of rice, and we removed hundred grains would it still be a mound of rice? It would. And another hundred? It would. There would be a moment when a few grains of rice is a mountain of rice because because what is the exact number of grains for a mountain and what isn’t. Lest take this analogy further. If we criticize the presented to Don Ouriaga we criticize those who gave it to him, those who are responsible for said prize, we criticize the procedures by which they were appointed, we criticize that the church is not guided by the holy spirit, we place in doubt the assistance of God the apostolic succession, the divine origin of the church and the existence of God. Hows that feel? Do you know were you are? What can we can say about Saint and Doctors of the Church Like Saint Pedro Damian and Saint Catlaina of Siena? Whose descriptions of the papal court would make even the mos lefevbrist reader of the blog blush? No Mr. Director of Infocatolica don’t play coy so that you can avoid criticizing papal collaborators because of your objections concerning the prize to Orugario with anti- lefebvre rants. Assume your position and reason your arguments better. We would all appreciate it, and have unity of criteria. Maybe the prize should have been given to one of those dioceses which you are so fond of criticizing, with headlines such as “the director of Infocatolica demands the immediate dismissal of the organizers of the prize” as if you were a minister of industry. I assume that what we have is bad formation in what it means to be catholic, Catholicism is not something evangelical were the pastor has to control everything who can shout if anyone doubts his word thereby forming a new confession. The problem resides in the places where the john paulists hang on in the Vatican, they resist the new praxis which the Pope – in continuity with the catholic faith- is trying to promote and they are no amused. It would mean recognizing their faults and they will die fighting while the neo-cons watch with undiminished admiration handing out heretic cards to anyone who doubts these murky going on of which nothing good will arise.

domingo, 19 de junio de 2011

Procul, de die in diem....



En ocasiones, pudiera parecer que nuestras reflexiones están envueltas en un escepticismo que se jacta de verificar sus propias tess a través de las patéticas situaciones en que -más de lo que deseamos-contemplamos envuelta nuestra macilenta Iglesia; al modo del resarcido médico que a través del agravamiento de los síntomas reitera lo acertado de un diagnóstico suyo puesto en duda. O incluso como la postura del sabio pretencioso que enarbola su escepticismo como medio de segregación de un vulgo que no atiende sino a aquello que le produce satisfacción.
Nada más lejano de nuestra actitud; porque el escéptico no puede ser nunca bienaventurado ni sabio, pues renuncia a la posibilidad de encontrar esa verdad que es lo que colma la dicha, esa condición que ha de excluir todo temor a perder los bienes de la verdad y que aporta la suficiencia de la que el hombre por su propia constitución ontológica carece. Sin olvidar aquello que en su "De vita beata" recomendaba San Agustín : "¿Qué otro monte han de evitar y temer lo que aspiran a entrar en la filosofía sino el orgulloso afán de vanagloria, porque es interiormente tan hueco y vacío que a los hinchados que se arriesgan a caminar sobre él, abriéndose el suelo, los traga y absorbe, sumergiéndoles en unas tinieblas profundas, después de arrebatarles la espléndida mansión que ya tocaban con la mano?". Justamente, la otra cara del escéptico es la del fideísta, pues renuncia al análisis de las causas que pueden mostrar esa verdad que cree inalcanzable; el voluntarista que se orienta a aquello que pueda producirle satisfacciones sin describir el camino que lleva a ello. Una JMJ conceptual, vaya. Asi pues, cabeza fría y corazón caliente, para que nos entendamos. Yo creo que nos entendemos.
En la anterior entrada, se indicaban algunas dificultades que hallábamos en la instrucción "Universae Ecclesiae", en virtud de motivos contradictorios -a juicio del que esto escribe- a la intención general a la que parecen orientarse la praxis y documentación relativos a la liturgia dictados por el Romano Pontífice, que podríamos situar en un triple nivel: a) La renovación general de la vida litúrgica del pueblo cristiano, mostrando la esencial conexión entre lex orandi y lex credendi; b) Enfatizar la hermenéutica de la continuidad en su doble plano litúrgico y teológico;c) Desestimar una visión evolucionista del desarrollo litúrgico -contraria a la idea de desarrollo armónico- así como el encuadramiento de la forma extraordinaria en una dialéctica diacrónica e historicista.
Es obvio afirmar la importancia de los documentos emanados de la Santa Sede o las disposiciones jurídicas que regulan la vida de la Iglesia; sin embargo, el correcto funcionamiento de la vida ordinaria de la Iglesia presupone todo un conjunto de elementos que ha de presuponer el mismo ordenamiento jurídico y que al mismo tiempo permiten su eficacia.
El mismo CIC exige una eclesiología, una teología y una pastoral que va a determinar los diferentes elementos regulativos, de modo que la instauración de aquéllas va a allanar la eficacia de éstos. Todos esos elementos: liturgia, teología, pastoral, espiritualidad, filosofía, constituyen la "forma mentis" de los pastores y fieles que van a facilitar la puesta en marcha de los diversos elementos regulativos, que no se asientan -en la Iglesia- en la mera capacidad de coacción o en la necesidad como sociedad de "darse" un código legal. Ésto último a veces se olvida. Esta dialéctica permite entender las disfunciones que encontramos en la recepción de ciertos documentos -y no de otros documentos, o praxis festivas eclesiásticas- como son los que nos ocupan desde ha tiempo. Concedamos un axioma: que el Papa emplee la noción de "hermenéutica de la continuidad" como principio formal de sus diversas disposiciones, no implica que tal principio formal esté presente de modo evidente en la teología, pastoral, espiritual, vida ordinaria de la Iglesia. Más bien, parece que no lo está. Esta incongruencia acompaña de modo permanente las permanentes contradicciones de los antedichos documentos. Bajemos un momento a la realidad de los pastores de la Iglesia y del pueblo cristiano; desde hace ya bastantes años se ha valorado la nueva liturgia, teología, pastoral y espiritualidad precisamente como "renovación" -un eufemismo de la "sustitución"- de lo anterior. Tendremos que cualificar dicha "renovación". La tesis que desarrolla esa idea de "renovación" se asentaría en lo siguiente (y diametralmente contraria a la "hermenéutica" de la que el Papa habla): se valora la teología anterior (dichoso método histórico-crítico), la espiritualidad anterior, la pastoral anterior como algo conveniente, lícito, incluso digno de elogio, pero por corresponder a un tiempo y época determinado. Su valor viene determinado exclusivamente por su incardinación en una época que "exigía" ese modo de hacer. [ llevaría tiempo desarrollar una interesante idea: este criterio implica extrapolar un criterio histórico-eclesiológico muy moderno, el de la necesidad de acoplamiento de la Iglesia a la cultura del momento, que sólo se ha dado de la Ilustración hasta ahora. Extrapolar ese criterio de "fidelidad al momento presente" en otras épocas llevará a resultados incongruentes y absurdos, a no ser con complicadísimos malabarismos]. La "modernización" litúrgica, pastoral, teológica, espiritual obedecería a un determinado principio de "encarnación" que obliga a la Iglesia a modificar determinadas formas consideradas accidentales. [el modo más sencillo de cambiar algo es covertirlo en "accidental", sin precisar excesivamente su relación con lo "substancial" que también se re-elabora para convertir en "accidente" lo que no lo es]. La justificación de la pertinencia de lo "actual" suele centrarse en la descalificación "a se" o "per accidens"(por su inadecuación) de lo anterior por ser obsoleto como instrumento pastoral. Incluso la insistencia en tal tesis puede llevar a abrigar la sospecha de "ritornello" estilo terapia psicoanalítica que desemboque en un "autoconvencimiento por agotamiento" de que aunque lo "actual" no funcione o sea mucho más ineficaz que lo anterior, no es posible una "vuelta atrás". En ocasiones se llega a argumentar que las disfunciones de esa "nueva Iglesia" se deben o bien a que las reformas no han sido lo suficientemente radicales o bien que la mentalidad "tradicional" está demasiado incrustada en clérigos y laicos. El planteamiento que resumida, sintética y simplificadamente acabo de exponer no constituye una simple tesis a la que se le puedan oponer otras, sino que implica una determinada estructuración de la mente, una "forma mentis", tabla de categorías kantianas (con perdón), o el objeto formal "quo" tomista en que desde hace muchos años se estudia la teología, se practica la pastoral, se fomenta la espiritualidad. Llamémosle un "paradigma". En el NT cuando se habla de conversión, el término griego es "metanoia", literalmente "cambio de pensamiento", no mera reordenación de los elementos de la estructura cognoscitiva y moral. Se trata de algo parecido. En este "paradigma" justamente se inscriben las corrientes "progresista" y "neoconservadora", que no lo ponen en duda, sino que más bien lo aceptan como fundamental. La diferencia entre ambas corrientes sería que para el progresista no existe una "substancia tradicional" que deba irse adaptando históricamente, y para el neoconservador tal substancia metafenoménica se despliega en variados epifenómenos que pueden ser incluso contradictorios entre sí, con la única referencia a ese "ser lo de siempre, pero ahora", convirtiendo esa nouménica "substancia tradicional" en un conglomerado de ideas relativamente recientes sobre la moral personal, la adhesión a las autpridades eclesiásticas y su papel sobre el pueblo cristiano, y un acusadísimo pragmátismo pastoral de nefastas -y comprobadas- consecuencias, con un notable "olvido de lo esencial" como diría el bueno de Guitton. En este paradigma, llevan años formándose sacerdotes, obispos y fieles. ¿Puede un documento con prescripciones jurídicas desmontar sin más todo ese paradigma? Lo lógico es que no haya modo de asumir tal documento, y aceptarlo de manera tácita. ¿Es extraño que los clérigos y seglares que lo acojan con interés sean escasos? Lo raro sería lo contrario, teniendo en cuenta lo anterior. La perplejidad por parte de gran número de obispos con respecto a estos documentos y praxis pontificias recibe su explicación, no de una obediencia fingida o de una desobediencia latente, sino que no es posible desandar lo andado dejando una iniciativa litúrgica en manos de grupos de seglares -que no están exentos de ese proceso re-formador- obviando que la responsabilidad litúrgica en las diócesis, en última instancia, es de los pastores.

P.S. Quizás algunos de nuestros sucintos lectores esperen ansiosos algún tipo de recensión/crítica/auto de fe de don Orugario González von Cardedal. No hay demasiado que contar. Volvió con la teología alemana bajo el brazo demasiado pronto como para que le prestasen atención; y cuando es las facultades de teología se puso de moda la teología alemana, el ya estaba un tanto caduco. Eso sí, gurú de la Conferencia Episcopal, la Cope y el Abc. La lectura que hace Ex orbe es más que suficiente como bálsamo que alivie las calenturas que nos produce la entrega a don Orugario de ese premio que pueden recibir teólogos católicos, no católicos y disidentes. Par bleu!

viernes, 17 de junio de 2011

Retrorsum ambulamus


En las últimas semanas hemos podido apreciar diversas lecturas e interpretaciones hechas al hilo de la última instrucción Universae Ecclesiae, referente como es sabido, a la aplicación del motu proprio “Summorum Pontificum” que regula el uso de los libros litúrgicos anteriores a la reforma de 1970. Son comentarios hechos al pie de la letra del texto, que tratan de echar luz sobre su relación con otros textos semejantes, así como una interpretación de la valoración que del rito tradicional debe hacerse en la Iglesia según la mente del Romano Pontífice. Como no podía ser menos, también en nuestro blog se ha procedido a comentar el documento, desarrollado con una precisión jurídica y teológica muy notable, y merecedora de ser citada en cuantos lugares se han preciado de revisar tal documento. Sin embargo, el que escribe esto concibe que sería preciso –ya a unas semanas de su promulgación- precisar algunas sombras que son consecuencia de las luces que emanan de la instrucción, y que han sido glosadas en el comentario que se ha hecho a tal efecto. Ahora se trata de describir la otra parte del retrato, sin la pretensión de que esta lectura sea todo el retrato, y que necesariamente ha de cotejarse con el comentario al que aludimos. Destacar los contrastes no implica poner de manifiesto una oposición, pues como dice San Agustín en la Ciudad de Dios, “Contrarium oppositione saeculi pulchritudo componitur”, la belleza del mundo se compone del contraste entre los contrarios.

Más que una glosa, aquí procuraremos sacar a la luz, los quicios en los que pivota la valoración del documento al rito tradicional, los motivos que suscita la instrucción misma, los principios prácticos, y las dificultades que veo que brotan de algunas expresiones del documento.

1. El documento se inicia con una descripción histórica que muestra cómo la organización de la liturgia que compete a la Sede Apostólica obedece a la necesidad de la expresión de la misma fe, asentada en el principio según la cual la ley de la fe ha de establecer la ley de la oración. Asimismo, se mencionan los documentos que han permitido la celebración del rito tradicional tras las reforma de 1970, con una expresión enfática en el punto número seis, a modo de sumario, que pretende mostrar el espíritu de la instrucción y que ha provocado muy diversos elogios en los comentarios que han aparecido: “Por su uso venerable y antiguo, la forma extraordinaria debe ser conservada con el honor debido”. Sin embargo, no olvidemos que esta es una afirmación tiene un alcance meramente desiderativo, y que puede empañar otras que son mucho más expresivas de las causas de los diversos documentos citados sobre la liturgia tradicional. En efecto, el motivo aducido como causa de la conservación de la litrugia tradicional, no es el carácter “venerable y antiguo” del rito de San Pio V, sino lo expresado en un párrafo anterior, cuyo olvido en los diversos comentarios me desconcierta. Quizás el olvido sea motivado por la euforia del reconocimiento de que el rito tradicional deba ser “conservado”. La expresión es ésta: “Muchos fieles, formados en el espíritu de las formas litúrgicas anteriores al Concilio Vaticano II, han expresado el vivo deseo de conservar la tradición antigua. Por este motivo…”. No deja de llamar la atención que sea precisamente éste el único fragmento de la instrucción que hace relación a las causas de la regulación actual de la liturgia tradicional. El motivo está desarrollado en dos ejes: a) La formación en ciertas formas litúrgicas; b) que son anteriores al Concilio Vaticano II. Obsérvese que no se hace referencia a la posible estima por parte de generaciones posteriores a la reforma litúrgica, y que aquí la referencia no es propiamente la reforma litúrgica, sino el Concilio Vaticano II. Tal estima por lo tanto, estaría de más en generaciones formadas en la liturgia posterior al Concilio Vaticano II. Evidentemente, la mente del legislador no se puede reducir a ésta aserción y más bien la expresaría en el punto 7: “No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del ‘Missale Romanum’. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser de improviso totalmente prohibido o incluso perjudicial” . Precisamente, el Sumo Pontífice ha puesto reservas a la concepción de un determinado “evolucionismo histórico-litúrgico”, al considerar los modos ordinarios y extraordinario como dos formas de un mismo rito, poner de relieve ciertas prácticas (misa ad orientem, comunión de rodillas, etc) que pertenecen de suyo al rito romano, y mostrando como no hay ruptura sino una armoniosa continuidad. Una continuidad que parece oscurecerse por el párrafo de la instrucción que citamos. Un párrafo que no se ve contradicho por valorar el carácter “antiguo y venerable” de la liturgia tradicional, algo que, por otra parte, nunca se ha puesto en duda. Lo que se ha puesto en duda es si lo que valía para generaciones pasadas pueda valer para las presentes, hasta tal punto, que quienes impugnan esto último no dejan de reconocer el altísimo valor que el rito tradicional ha tenido en la Iglesia, pero enmarcado en una época marcada por una teología, pastoral y sensibilidad determinadas, cuyo vigor cesa en los tiempos modernos. Del mismo modo que un automóvil antiguo que debe ser conservado, por su valor histórico, y que en alguna ocasión pueda ser utilizado para rememorar tiempos pretéritos, pero que carecería de sentirlo el emplearlo como modo ordinario de transporte, congrua congruis. En cualquier caso, esa conservación a la que se refiere el documento carecerá de sentido si le faltase la eficacia a los principios prácticos de aplicación a los que el documento propiamente se refiere. Sería un mero ornato desiderativo.

2. La parte decisiva del documento se detiene en las facultades y derechos del obispo diocesano, el coetus fidelium y el sacerdos idoneus. De la lectura de esta parte, una primera conclusión es ésta: la iniciativa para la conservación de la liturgia tradicional no sería tarea propia del obispo (que se limita a garantizar un derecho, indicando la remisión a la comisión Ecclesia Dei en caso de conflicto) ni del sacerdote (cuyo adjetivo “idoneus” ya indica que su mención es simplemente para indicar las circunstancias en que un sacerdote está capacitado para celebrar el rito) sino de los fieles. En ningún caso, la iniciativa para celebrar el rito tradicional puede partir del párroco, el cual en efecto sólo tiene capacidad para celebrar la misa tradicional de modo “privado” si bien con el concurso de los fieles. Esto es algo que también ha pasado desapercibido para algunos comentarios “eufóricos” de la instrucción. Lo que esto implica es que en una parroquia donde no existe un grupo estable para la celebración de la Misa tradicional, el párroco carece de autoridad para iniciar una celebración pública con el objetivo de formar un grupo estable. La consecuencia es que estas celebraciones se van a ceñir a los lugares donde ya existía un grupo estable o a los lugares donde existen congregaciones “ecclesia Dei”. Incurriendo en una contradicción notable: si hay personas formadas en la liturgia anterior al Vaticano II, tras cuarenta años de ser instruidos en las nuevas formas litúrgicas, ¿a cuento de qué ahora van a solicitar una celebración por el usus antiquior si el párroco no puede promoverla, ni siquiera tiene facultad de suscitarla o sugerirla? Algunos consideran que es irrelevante, pues por poder, puede hacerlo exactamente igual. Sí y no. Porque finalmente la responsabilidad sobre dicha celebración no recaerá sobre el legítimo responsable de la parroquia, que es el párroco, sino sobre los fieles. Algo que puede resultar muy problemático, pues deja sin control pastoral el pretendido “coetus fidelium” en el que finalmente puede haber de todo. Y sobre todo, hay una dejación de responsabilidades pastorales, convirtiendo la función santificadora de la Iglesia –en donde se inscribe el deseo de “conservación” del rito tradicional- en una apetencia subjetiva –y por lo tanto prescindible- de un grupo de fieles. Está clara una cosa, por lo tanto, que la conservación del usus antiquior, más que un don que el Papa oferta a toda la Iglesia –que parecía ser el espíritu del Summorum Pontificum- el documento lo que da es cobertura jurídica a los grupos y congregaciones “ecclesia Dei”, indicando a los obispos y párrocos que no les afectará en lo más mínimo, siempre y cuando carezcan de un grupo estable, hipótesis improbable, habida cuenta de que o bien asistirán a las celebraciones de grupos ecclesia Dei o bien a los grupos existentes desde la promulgación de Summorum Pontificum, blindándose de este modo las parroquias a la introducción del usus antiquior, con lo que esa posible renovación de la vida litúrgica de los cristianos no implicados en determinados grupos cae en saco roto.

3. Por lo anterior, no resulta demasiado sorprendente lo que se indica en el número 31 de la instrucción “Sólo en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica que dependen de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y en aquellos donde se mantiene el uso de los libros litúrgicos de la forma extraordinaria se permite el uso del Pontificale Romanum de 1962 para conferir las órdenes menores y mayores.” No hace falta ser demasiado malévolo para ver como ha sido una sorpresa el inusitado interés de jóvenes seminaristas y una serie de obispos por el rito tradicional. Alguno, como el caso de Dominique Rey, en Toulon, acometió una propuesta pastoral birritualista, llegando a ordenar sacerdotes diocesanos por la forma extraordinaria, y encomendándoles apostolados de tipo tradicional, para aquellos que así lo deseasen. Otra prueba más del blindaje de la Misa tradicional fuera de lo que sean congregaciones Ecclesia Dei. Estas congregaciones, debido a su particular situación, no han visto sino bondades en el documento, dado que les afecta casi exclusivamente a ellos. Un documento con el que se ha acotado todavía más el usus antiquior en la Iglesia. Todo esto debiera llevarnos a una seria reflexión. La función de santificar es un munus de la Iglesia, esencial a su propia substancia, derivado del mismo mandato de Cristo, y las ordenación sobre la liturgia son competencia del obispo para cada diócesis en base a las directrices emanadas de la Santa Sede. Sin embargo, aquí nos encontramos con un “afán de conservación” del rito tradicional, pero cuya iniciativa se encuentra en manos de los seglares. Curioso modo de conservación del rito tradicional, habida cuenta de que los seglares, por su propia naturaleza no tienen como cometido la extensión y propagación de ritos multiseculares, máxime cuando es la misma Santa Sede la que enfatiza la necesidad de la conservación. ¿No sería más normal –pocas cosas son normales en nuestra Iglesia- que se determinase que los obispos imperasen una misa usus antiquior al menos en las principales ciudades de su diócesis, amén de las posibles peticiones que pudiesen suceder? Es que en la Iglesia es así como siempre han funcionado las cosas. El problema que yo detecto es que este documento va orientado a solventar las fricciones de los “grupos” tradicionales con otros posibles grupos eclesiales, obispos y párrocos, en una situación ya característica de la Iglesia, en la que parece que la autoridad jerárquica tiene una misión fundamentalmente arbitral de los distintos grupos eclesiales, asegurando derechos que preserven su seguridad jurídica. Y este documento se inscribiría en esa corriente, siendo la liturgia tradicional como una especie de “carisma” entre otros grupos, poseedor de una legislación particular al respecto. La Iglesia como un caleidoscopio heterogéneo de grupos dispares en que la disparidad jurídica expresa la opacidad de esos grupos entre sí, como los radios de una bicicleta.

P.D. Un párrafo a meditar es el 19: “Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la Santa Misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor Supremo de la Iglesia universal”. Diría bastantes cosas sobre este punto, en concreto sobre el concepto de “legitimidad”. Apunto que la indicación me parece una obviedad, pero ya que se trae a colación en el documento me voy a permitir una reflexión. Evidentemente, lo que vale para lo menos (grupos concretos que asisten a la liturgia tradicional), debiera valer para lo más (misas en parroquias y catedrales, por la forma ordinaria). ¿Se podría aplicar este criterio a las misas celebradas por la forma ordinaria? Me explico. ¿Podríamos aplicar el mismo criterio e impedir la celebración de misas a los fieles que nieguen la validez de determinados sacramentos o la autoridad del Romano Pontífice? Porque en las misas celebradas por el modo ordinario, si se hiciese una encuesta, veríamos un altísimo porcentaje de fieles que no creen en el sacramento de la penitencia y por consiguiente en el pecado mortal; tampoco en el infierno, y más allá de disquisiciones teóricas, muestran una completa indiferencia –cuando no oposición- a la doctrina del magisterio pontificio sobre cuestiones de fe y de moral. En un porcentaje menor, se aceptan prácticas contrarias al magisterio de la Iglesia, como el aborto en ciertos casos, la anticoncepción, o algunos dogmas básicos, como la Resurrección de la carne, la pena de sentido en el purgatorio, o la necesidad del Bautismo para la salvación. ¿Aplicamos el mismo criterio? Si así fuese, el clero quedaría muy desocupado. Esa sospecha permanente de disidencia sobre los fieles tradis, debiera ser un poco más ecuánime y debiera fijarse en el propio gallinero.


jueves, 16 de junio de 2011

¿Están todos los que son?

Reunión de cardenales que trabajan en los dicasterios romanos, celebrada el lunes en la Santa Sede, presidida por el Santo Padre Benedicto XVI. No hay información oficial sobre los temas tratados. De acuerdo con la información que proporciona Andrea Tornielli, se ha nombrado el caso de Marcial Maciel y su congregación.

Nos digno de mencionar tres puntos que, se habrían tratado en la reunión:

1º. La necesidad de distinguir bien entre vida religiosa consagrada y vida laical.

2º. Los laicos responsables de un movimiento o asociación no deben ejercer jurisdicción sobre sacerdotes y religiosos.

3º. La obediencia a los superiores corre el peligro de vincular a los miembros de una institución a su fundador por encima de la pertenencia a la Iglesia y de la adhesión al magisterio de la Iglesia.

Además de los Legionarios de Cristo, ¿se aludió a otros movimientos? Parece que ni son todos los que están, ni están todos los que son.

martes, 14 de junio de 2011

Hay que definirse


Caras largas en la vecina Infocatólica. Se infiere de algunos comentarios...

A pesar de las señalaciones de D. Iraburu, al teólogo mallorquín Luis Ladaria Ferrer, le hicieron Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y ahora, la «Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI» premiará al abulense Olegario González de Cardedal. El premio será entregado por el propio Benedicto XVI el próximo 30 de junio.

No sabemos si nuestros vecinos están dispuestos a sacar las conclusiones que surgen de ambos ejemplos de «disidencias privilegiadas». Lo que nos parece claro es que si fuesen honestos deberían reconocer que la crisis de la Iglesia no puede explicarse acabadamente recurriendo al expediente iraburrita de denunciar una «autoridad apostólica debilitada» en su función de cuidado de la ortodoxia, aunque limitando los alcances de su denuncia al nivel de los obispos.

Parafraseando a Largo Caballero: don Iraburu, hay que definirse. ¿Tiene Vd. certeza de que Ladaria y González de Cardedal son teólogos de dudosa ortodoxia? Pues deberá criticar a las altas instancias romanas que les han premiado, por más que ello implique que le encasillen en algún sector eclesial del que quiere desmarcarse. Y si no se atreve ahora con Ladaria, bueno sería que dijera alguna cosa, por ejemplo, acerca de los graves errores doctrinales sobre la Eucaristía de los que se acusa desde hace décadas a Carmen Hernández.


domingo, 12 de junio de 2011

De aquellos barros, estos lodos (III)


5. EL ARTE MODERNO.- Históricamente, la religión fue siempre madre de las artes: de ninguna puede afirmarse como de la nuestra. Pero, por esta solidaridad de todos los factores de la vida social, arte y religión se influyen mutuamente, hasta el punto de que pueda llamarse el arte el resonador de la vida espiritual social, y de que la religión se intensifique por el tributo del arte legítimo, o mengüe por sus aberraciones.

Por esta ley, que ha condicionado nuestro arte religioso, desde las Catacumbas al Renacimiento, el arte religioso moderno está decadente. Causa primera de ello es la falta de vida vigorosa en el orden religioso; sólo la fe, recia y profunda, como el patriotismo y el amor, puede dar adecuada visión del ideal y entusiasmo para realizarlo. Es el arte hijo del pensamiento; pero no frío y árido, sino incorporado a toda la vida. Vaciase el artista en su obra, tanto o más que el orador o el escultor; y aun cuando domine la técnica, no podrá infundir en su obra de arte un sentimiento de que carece.

Nuestros artistas no sólo no sienten las emociones del ideal religioso que se vive, condición esencial de su reproducción artística; tal vez empiecen por desconocer el dogma, la historia, la tradición del arte cristiano en los casos concretos.

Júntase la falta de sentimiento y de idea en nuestros artistas, y como consecuencia de ello, que sus obras son hijas no de la inspiración, sino del impresionismo y del convencionalismo. No sale la obra artística del fondo lleno de un alma saturada de ideal, robusta de convicción. Despáchanse las obras "de encargo" poniendo en ellos el esmero de los buenos oficiales, no el espíritu enamorado del artista. Es la sensación y las facultades ejecutivas lo que produce la obra, no el espíritu que avasalla y domina. De aquí lo baladí y "mercantil" de las obras de arte moderno. Todo un mundo las separa de las obras de los tiempos clásicos, a través de las cuales se adivinan los horizontes claros, anchurosos, en que se movió el espíritu de los artistas.

Diremos en disculpa de los artistas, que la decadencia del arte, no sólo del religioso, es mal de los tiempos. El pensamiento se ha hecho positivista, y el arte no puede desenvolverse sino en un ambiente de misterio, en la región, llena de luz y de enigmas, de lo ultramundano. Renán ha dicho que "no es posible la epopeya con la artillería"; antes que él, Chateaubriand, comentando a Pascal sobre nuestras contradicciones íntimas, veía al hombre en esta alternativa: "Si brilla por las ciencias, su imaginación se extingue; si es poeta, pierde su pensamiento". El racionalismo y la crítica, el análisis y el cálculo, han dejado al genio del arte un sector muy reducido en el campo de la vida espiritual moderna; en él no puede el artista moverse con holgura; ni se sustraen fácilmente los hombres a la universal corriente de su época.

La misma vida popular es causa del arte decadente: el artista no es más que un intérprete de los estados de la colectividad en la cual vive: ni siendo intensa la vida religioso-popular, falta la tierra en que arraigue la concepción del artista, y las mejores disposiciones se malogran.

viernes, 10 de junio de 2011

De aquellos barros, estos lodos (II)

Continuamos con la descripción del ambiente litúrgico que hiciera el cardenal Gomá.

3. LOS LIBROS DE PIEDAD. Hablando Huysmans de los prosistas piadosos del siglo XVI, los llama “tartajeadores de oraciones pálidas”: puede la metáfora correrse un par de siglos y aplicarse a la moderna mercadería del libro piadoso. No los condenamos en bloque, pero son raros los buenos. Adolecen casi siempre de dos capitales defectos: falta de pensamiento y sobra de sensiblería; ni nutren la fe, ni producen la expansión, noble y recta, del elemento emocional.

No bastan, para escribir libros piadosos, el celo y la buena intención, y sobran los cálculos de carácter editorial. Quien escribe de piedad debe fundarse en el saber teológico, claro, preciso; y debe tener el don, no concedido a toda pluma, de dar plasticidad y transparencia al estilo, que permitan ver el nervio del pensamiento que lo sostiene. Hay que dar a la prosa piadosa la cualidad característica de la literatura evangélica y litúrgica, que lo es asimismo de la piedad cristiana: la unción; y hay que hermanar, en forma natural y suave, pensamiento y corazón, hasta el punto de poder decirse que es la inteligencia amorosa, o el corazón iluminado, quien ha dictado la reflexión piadosa o la plegaria.

Habría que convencer a ciertos autores de libros piadosos de que resistan al prurito de la pluma; y a los editores católicos de que no publicaran manuscrito alguno, por razones extrañas a su valor, con tal que nada les cueste y tengan la seguridad de su venta...

4. LA POBREZA DEL CULTO. Alguien ha dicho que el dinero no "califica" a nadie; pero, no tenerlo, hasta cierto punto “descalifica”. Tiene la riqueza su prestigio, y cuando bien se la maneja, tiene fuerza de atracción irresistible; ella sabe vestirse, como de manto rozagante, de cuanto puede cautivarnos.

Acusan espíritus frívolos a la Iglesia por el fausto de su culto. Dejemos la parte moral de la respuesta a esta objeción de los “avaros con Dios”. Una Liturgia pobre, cuando abunda la riqueza, no es digna de un Dios magnífico. Así lo han entendido todas las religiones que han dedicado a sus dioses la flor del arte y de la riqueza de los pueblos. Ésta, siguiendo un curso natural, debe devolverse, en cierta medida, al Dios que la da.
Pero es que al dar la Iglesia pompa magnífica a su Liturgia, ha demostrado su profundo sentido humano. No podía ella adorar a Dios en casa pobre, con pobre menaje, con arte escuálido o grosero, sin renunciar a una razón de respeto y a un gran factor de apología y apostolado. Los hombres son así: admiran al pobre voluntario; ven una marca de divinidad en nuestra religión, en cuanto consagra el valor de la pobreza en el mundo; pero saben que sin oro y sin arte no hay culto digno de Dios. Porque las ideas y sentimientos sociales, cuando se viven con fuerza, tienen su natural expresión en el despliegue de todos los recursos que pueden darles un valor de representación social. Y esto no se logra sin la riqueza.

Por un fenómeno también natural, pero inverso, el esplendor y belleza del culto son fuertes estimulantes del sentimiento religioso social. Tal vez la reducción de las ceremonias y la casi aniquilación del elemento plástico del culto hayan sido, en los países protestantes, la causa más poderosa de la laicización racionalista.

Nuestra Liturgia sufre hoy gran penuria: el presupuesto de Culto no llega a cubrir los gastos normales de entretenimiento del ajuar de nuestros templos, relúcense más cada día las ofrendas de los fieles; los ministros son menos que pobres; desaparecieron fundaciones piadosas que eran pan y prestigio para la Parroquia, arte para nuestros templos, vida exuberante de las funciones litúrgicas. Es caro el culto, porque a Dios se le ofrenda lo mejor, y porque vivimos aún bajo un régimen de tradicional opulencia. ¿Cómo sustituir, sin caudal copioso, la orfebrería, tapices, ornamentos, retablos, imágenes, decorado, cuando apenas si hay para el sacrificio? Aun así, cabe a veces el caso de una administración menos sabia, del gusto pervertido, de “exacciones” que son abusos que malogran las generosas dádivas, de la tacañería vil que, a pretexto de recortar lo superfluo, cierra las manos que aun soltaban para lo necesario...


Nota: a pedido del P. Ernesto hemos modificado la imagen del post.

martes, 7 de junio de 2011

De aquellos barros, estos lodos (I)

De aquellos barros, estos lodos. La degradación de la Liturgia es hoy una catástrofe eclesial. Suele decirse que sus causas están en el Vaticano II y el período posconciliar. Sin embargo, ya en 1918, Isidro Gomá, en su obra El valor educativo de la liturgia católica, daba una acertada descripción de "la crisis del ambiente litúrgico", que no ha perdido vigencia. Comenzamos hoy con unas entregas que nos ayudarán a ver mejor las causas mediatas de la presente catástrofe litúrgica.

1. INCOMPRENSIÓN DEL MINISTERIO LITÚRGICO. No hallamos otro epígrafe para concretar el desmedrado concepto que de su "situación" en el funcionalismo litúrgico puede tener la clerecía, y tiene casi siempre el pueblo.

Respecto a los ministros de la Liturgia, el último de ellos, que admira y venera a todos sus hermanos de ministerio, se atreve a puntualizar los principios y hechos siguientes:

a) El sacerdote está en el pueblo, ante todo, como liturgo: todos los demás oficios, sin ser secundarios, están subordinados al principal ministerio de las funciones sagradas, ejercidas en nombre de la Iglesia: él prolonga ante todo, la misión santificadora de Jesús: Sicut misi me Pater… A este principio, que es constitucional en la Iglesia, responde el hecho esplendoroso de la Liturgia católica, que es tan grande porque traduce esta realidad tan profunda. ¿Responde el saber sacerdotal a la doble exigencia de este principio y de este hecho? Cierto que la infusión de la vida de Dios ex opere operato, y la unión de la acción sacerdotal a la intención de la Iglesia, salvan lo sustancial de la acción litúrgica, que es su eficacia íntima; pero tal vez domine en la actuación ministerial litúrgica, en lugar del saber teológico, histórico y artístico, único que puede dar plenitud, gravedad y belleza a la acción litúrgica, el mecanismo rubricista, árido y pobre. De él a la rutina no hay más que un paso: ni la piedad impedirá salvarlo.

b) El culto social de la Iglesia es su mayor prestigio a los ojos del pueblo. Él es obra sintética de tradición, autoridad, verdad, santidad y belleza .

Este prestigio real debe ir a la par con el prestigio personal. Y no nos referimos al prestigio de las virtudes sacerdotales, que es indudable, sino al que resulta del rítmico acorde entre la grandeza del culto y la del ministro en sus funciones. "Un militar de uniforme, un magistrado con su toga, ejercen siempre su prestigio" , dice Le Bon; con más razón lo ejerce el sacerdote; pero es a condición de que no desentone en esta armonía maravillosa del culto; él es, cuando en su persona encarna el hecho litúrgico, quien da su sentido al templo, canto, objetos , ritos y textos. El liturgo es un artista, en el sentido más espiritual de la palabra: cuando comprende bien la Liturgia, puede darle todo su valor "sinfónico"; pero puede achicarlo y desconcertarlo todo si no se pone al nivel de los elementos que conjuga.

c) El liturgo es el ejecutor, oficial y público, de una ley que es la concreción de un derecho fundamental de la Iglesia : el ius liturgicum. Este derecho emana de la potestad legísfera del gran Liturgo, Cristo –Jesús. El lema del clérigo, en sus funciones litúrgicas, debe ser el Decet sanctitudo…; porque continúa la acción litúrgica de Jesús, concretada en una ley rituaria por la autoridad de su santa Iglesia. Contraponemos a este principio el hecho de la incuria y de la ignorancia, que podrían frustrar los altos fines de la autoridad en esta obra, secular laboriosa, de la legislación litúrgica.

Con respecto al pueblo, nótese estas ideas:

El Bautismo nos obliga a vivir la vida sobrenatural de la sociedad de que somos miembros. Esta vida se manifiesta por el servicio de Dios; por ello, dice Dom Moreau, la Liturgia es parte esencial de nuestra vocación cristiana.

La Liturgia es sobrenatural, en sí mima, por su origen, por su fin: nuestro pueblo ha perdido este concepto fundamental de la Liturgia.

Las funciones litúrgicas, dice el Tridentino, son "de disciplina y tradición apostólica"; por ellas entroncamos con las viejas generaciones cristianas. La Liturgia es el espejo de la vida íntima de la Iglesia, un medio eficacísimo de cristianización. Es prejuicio corriente, dice Gillet, considerar el culto como cosa "accesoria" a la organización de la conducta cristiana: nada más falso.

2. EL PARTICULARISMO EN EL CULTO. La Liturgia es el culto de la Iglesia, y, por lo mismo, es esencialmente social; es la manifestación externa de la vida social cristiana, y tiene un fin social que es la edificación del cuerpo de la Iglesia (…)

Pero la piedad popular la ha destrenzado en cien distintas hebras, invenciones más o menos efímeras que nutren la particular devoción, debilitándose con ello la fuerza juniculus caritatis, que es la Liturgia. Causa de esta situación, según unos, es el espíritu individualista de la época moderna, opuesta al espirilu "católico", es decir, social-cosmopolita; según otros, es el romanticismo y el sentimentalismo que dominaron el siglo pasado [s. XIX] en todas las formas de la vida. De todo hay: pero atendiendo sólo al mal, sin analizar sus causas, hemos de lamentar la decadencia actual de la "piedad de la Iglesia" por efecto de este desmenuzamiento de la piedad cristiana.