miércoles, 30 de noviembre de 2011

De preámbulos y ruidos



Et exoritur procella magna venti, 
et fluctus se mittebant in navem, 
ita ut iam impleretur navis. 


Como dice el bueno de Isaac, hay algunos que hacen ruido, mucho ruido. Entonces, para intentar poner un poco las cosas en orden, entresacamos lo que creemos es fundamental de la tan cacareada como poco leída entrevista que el obispo Fellay concedió a la agencia DICI:

Resulta que el Preámbulo doctrinal que se nos entregó es un documento que, como indica la nota que lo acompaña, puede recibir aclaraciones y modificaciones. No es un texto definitivo. Dentro de poco vamos a entregar una respuesta a este documento…

Es verdad que no podemos avalar este Preámbulo doctrinal, aunque se prevea un margen para una «legítima discusión» sobre ciertos puntos del Concilio. ¿Cuál es la extensión de ese margen? La propuesta que voy a hacer en estos días a las autoridades romanas y su respuesta nos permitirán evaluar las posibilidades que nos dejan. Y sea cual sea el resultado de estas conversaciones, el documento final que se haya aceptado o rechazado se dará a conocer públicamente.

Como la nota que lo acompaña prevé la posibilidad de hacer aclaraciones, me parece necesario pedirlas en lugar de rechazarlas a priori, lo cual no constituye prejuicio alguno sobre la respuesta que vamos a dar.

Para nosotros, hijos espirituales de Mons. Lefebvre –que siempre se negó a hacer una Iglesia paralela y que quiso siempre permanecer fiel a la Roma eterna–, no hay dificultad alguna en adherir plenamente a todos los artículos del Credo.

…El propio Papa está experimentando la disidencia de varias conferencias episcopales sobre este tema [el pro multis] entre otros muchos, cosa que puede permitirle entender fácilmente la feroz oposición que habrá indudablemente contra la Fraternidad San Pío X por parte de los obispos en sus diócesis. Se dice que Benedicto XVI desea personalmente una solución canónica; pues tendrá que querer igualmente adoptar los medios que la hagan realmente eficaz.

Por su parte, ya Mons. Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei” y, por tanto, uno de los pocos capacitados para hablar con propiedad de las negociaciones de la Santa Sede con la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, dijo en otra entrevista hace casi dos meses respecto al Preámbulo doctrinal:

Ellos [la FSSPX] siempre tienen la posibilidad de pedir algunas precisiones o aclaraciones, que, de nuestra parte, proveeremos ciertamente dentro de un tiempo razonable. [02:01]

Bueno, justamente es lo que dice el obispo Fellay que hará: pedir aclaraciones y precisiones.

Entonces, ¿por qué el empeño de tantos en hacer tanto ruido como hacen InfoCatólica o ACI Prensa confundiendo y engañando con textos sacados de contexto y “hervidos” junto a comentarios que sólo buscan provocar escándalo y perplejidad en los fieles de a pie que no tienen porqué estar enterados de los pormenores de negociaciones que llevan ya más de 35 años?

Será que, como dijo el obispo Fellay,

…La Fraternidad San Pío X ya no es la única que ve los problemas doctrinales que plantea Vaticano II. Este movimiento se va extendiendo y ya no se va a detener.

A vueltas con la teoría del carisma



El redentorista norteamericano Joseph Tobin es el secretario de la Congregación para la Vida Religiosa. En una entrevista publicada en ReL reconoce la perplejidad que le provocan determinados casos. Si bien no cuestiona la muy discutible teoría del carisma, no deja de ser digno de mención la honestidad con la que reconoce su perplejidad y la falta de respuestas para algunos interrogantes. Es nuestro humilde deseo que, partiendo de la experiencia, se logre superar la perplejidad y se someta a sana  crítica una explicación teológica (la “teoría del carisma”) cuya validez parece cuanto menos discutible y no pertenece al Magisterio definitivo de la Iglesia. 
 Se han dado casos de fundadores disciplinados o apartados: Maciel en la Legión de Cristo, Gerard Croissant en Bienaventuranzas, Alfonso María Duran en Miles Iesu... ¿quién supervisa a los supervisores? ¿Qué aprendemos de estos casos? 

- Nuestro dicasterio, para aprobar un instituto, juzga que el carisma sea un don auténtico del Espíritu Santo y que el instituto tenga madurez para desarrollar el carisma. Pero hay casos (no hablo de estos en concreto) en los que pienso que engañaron al dicasterio, con datos falsos, igual que engañaron a sus co-hermanos de comunidad. Además, el Concilio Vaticano II, en el decreto "Perfectae Caritatis", pide siempre volver a "la inspiración originaria de los Institutos", y el ejemplo del fundador. Pero ¿cómo es que un fundador que tuvo una vida desordenada puede seguir siendo punto de referencia? Yo no tengo respuesta a esta perplejidad. 

martes, 29 de noviembre de 2011

Tradicionalismo pretridentino


La bitácora Liturgiae Causa es representativa de una forma un tanto singular de tradicionalismo, que podríamos denominar tradicionalismo pre-tridentino, radicalmente antimoderno o “primomilenista”. Por lo que nos parece conveniente hacer algunas aclaraciones sobre esta forma de tradicionalismo: dogmáticamente, es imposible  prescindir de los concilios tridentino y Vaticano I. No obstante, sería posible, y deseable, que la teología –sin afectar los dogmas definidos por los concilios- redescubriera el valor de la Tradición, sobre todo en el testimonio de los Santos Padres, y volviera a jerarquizar lugares teológicos devaluados por esa magisterialista, en virtud de la cual la tarea del teólogo pareciera reducirse a encadenar fragmentos de documentos oficiales y glosarlos sin mayor atención a la Paradosis. Litúrgicamente, sería muy provechosa una restauración litúrgica de todas las formas tradicionales del rito latino, sin imponer de modo uniforme el rito romano de 1962. Por último, en cuanto al ejercicio de la autoridad jerárquica, nos parece muy discutible que la superación de la actual crisis eclesial pudiera llevarse a cabo mediante un simple retorno al modo de gobernar de los tiempos de Pío XII y el cardenal Ottaviani. Con las aclaraciones precedentes, ofrecemos nuestra traducción de la entrada de Patricius, animando como siempre a tomar lo verdadero y desechar lo falso.
El P. Chadwick en English Catholic ha escrito una entrada muy relevante, advirtiendo a los anglicanos papistas en contra de la comunión con Roma; o, al menos, así lo leí yo. El mensaje principal de la entrada es que no existe lugar para ninguna clase de tradición (o “patrimonio”) anglicano en la Iglesia romana; sólo obedecer ciegamente la nueva ortodoxia definida y mandada por el Magisterio contemporáneo (expresado en las filias y fobias del Santo Padre), como ser, formas ordinaria y extraordinaria del rito romano, etc. Y uno no puede contener la risa. Del mismo modo que yo, como tú, querría algo más que una cotta ordinaria cada domingo; y uno se vuelve sospechoso, hasta que algo menos conveniente aparezca y uno sea expulsado.
Actualmente soy de la opinión de que los neoconservadores son más peligrosos que los “tradis”. Los tradicionalistas, al menos, tienen cierto grado de distanciamiento con Roma; muchos quieren ver al “viejo rito” en cualquier forma más o menos reconocible, otra vez in situ, incluso si los ornamentos y las rúbricas son más bien modernos.Algunos expresan en forma privada su frustración ante Summorum Pontificum, viéndola como una medida temporaria, un medio para un fin, una mano tendida hacia la SSPX, etc. Algunos son peligrosos y quieren un regreso a 1962.
Para los neoconservadores, sin embargo, para quienes las expresiones forma ordinaria y forma extraordinaria son como su segunda naturaleza, la Tradición no significa nada. Para ellos la obediencia al Magisterio es lo primero, la consciencia y el conocimiento de la Verdad, lo segundo, es decir, son irrelevantes. Que la Tradición pueda tener una auctoritas independiente al Papa reinante es un concepto que no penetra en sus pequeñas mentes, encantados con un Papa totalitario y su entorno de obsecuentes en el Vaticano.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Curas felices


   Recientemente ha sido dada a conocer una encuesta según la cual los curas y los bomberos son las personas que se sienten más felices con su trabajo. A una mente despierta y un poco atenta -y que sepa algo tanto de la vida de los sacerdotes, como de la situación de la Iglesia- le tiene que resultar, al menos, sorprendente. Sorprendente no porque la vida sacerdotal lleve ímplicita una vida triste y tediosa, sino porque la situación actual de los fieles, del ambiente eclesiástico y de la agresividad institucional contra el clero sólo pueden provocar satisfacción en un tonto, un inconsciente o un secuestrado con el síndrome de estocolmo. Lógicamente, tal noticia ha sido el solaz y regocijo de algunos blogs inconscientes y "medios de comunicación oficialistas", pues la noticia vendría a confirmar lo que nos transmiten simbólicamente las JMJ´s: todo está como debe estar, y el que no esté de acuerdo -como diría algún vecino nuestro- pues ¡Que lo echen, ya escribiré a la autoridad competente! Tras buscar en la red, nos encontramos con el blog -un tanto peculiar ciertamente- de un sacerdote valenciano que introduce algunas variables que explican un poco mejor el significado de dicha encuesta. Este es el articulete. Muy pertinente:

 "Se ha publicado recientemente un estudio de la revista Forbes (con datos del NORC) que dice que la de sacerdote es la profesión que hace más feliz de todas.

La gente se ha tirado de cabeza a sacar pecho en este asunto, aprovechando, como es habitual, esta especie de globos de oxígeno que a algunos les hace "levantar cabeza", respirar, decir "¿véis?".

En fin: no es por meterle el dedo en el ojo a nadie, pero señalaré que en este proceso falla un pequeño detalle.

El estudio ha entrevistado a sacerdotes NORTEAMERICANOS, y lo ha hecho según criterios objetivos de una encuesta laboral. Es decir: un contenido fundamental del estudio han sido las condiciones de trabajo.Y son los sacerdotes NORTEAMERICANOS los que han acabado ocupando el primer puesto de "felicidad".

PERO ese estudio no es en absoluto aplicable a los sacerdotes españoles, porque, aunque la vocación es la misma, las condiciones laborales son muy diferentes y, por tanto, no está tan claro que el nivel de felicidad laboral de unos sea el mismo que el de otros.

Y daré unos cuantos datos concretos y materiales (aunque habría otros asuntos, como los límites legales al abuso de poder etc...):

-Los sacerdotes americanos cobran un salario equivalente al de personas con la misma cualificación laboral. Vienen a ser unos tres mil dólares mensuales.

-Los sacerdotes americanos tienen una jornada laboral de ocho horas. Ni una más, ni una menos. Con horarios claros y establecidos que todo el mundo comprende.

-Los sacerdotes americanos tienen un mes de vacaciones al año, que es intocable, y no necesitan ir por ahí a suplicar que alguien les supla. Esa es tarea de los obispos.

-Los sacerdotes americanos tienen un día libre a la semana, caiga lo que caiga. Y nadie les llama vagos por ello.

Si alguno piensa que las condiciones laborales de un sacerdote español son equiparables a las de uno norteamericano... es que no tiene ni idea.

Así que, francamente, no sé lo que A NIVEL LABORAL respondería un sacerdote español en esta encuesta.

Otra cosa es la plenitud personal, el gozo de servir de modo gratuito y, sobre todo, de saber que empeñas tu vida en cumplir la voluntad de Dios, que son todas cosas importantísimas que no se pagan con dinero. Uno no es sacerdote por las ventajas económicas o laborales. Además: todos sabemos que con un plato de arroz al día se puede se muy feliz si "el corazón arde".

Pero, limitándonos a las condiciones laborales, en España, en comparación con los EEUU, el horizonte laboral de los sacerdotes no da la talla en absoluto. Y eso que en EEUU el estado no colabora de ningún modo (ni siquiera en el proceso recaudatorio) con las finanzas eclesiales y todo sale de la responsabilidad de los fieles. Ni me puedo imaginar lo que pasaría en España si se abandonara ese feudalismo paterno estatalista del que nos seguimos valiendo.

La entrega pastoral, la ilusión, el deseo de servir, el poner la vida y los bienes al servicio de los demás... de eso no digo nada. Supongo que americanos y españoles vamos a la par o, en cualquier caso, podemos ponernos a la par con tal de rezar lo mismo. Pero, suponiendo el mismo ímpetu vocacional, ciertamente es posible que uno duerma más tranquilo si no tiene que preocuparse por cómo obtener el dinero para pagar la factura del mecánico si tiene un sueldo de ...COMPROBADLO AQUÍ(no digo ya lo que se puede llegar a sufrir si se tiene uno que cambiar el coche, que, por otro lado, es un instrumento necesario en el trabajo de muchos curas)."

Vosotros diréis...

sábado, 26 de noviembre de 2011

Texto clásico: "Los dos poderes" (Jean Ousset) IV

No solamente el poder temporal del laicado cristiano es irrisorio en cuanto tal, sino que se encuentra como aplastado entre dos totalitarismo.

Totalitarismo… en tanto son poderes estrictamente unitarios tendientes a apoderarse del hombre por entero.

***

Dicho de otro modo: si quedan todavía hoy dos grandes poderes, se presentan bajo la siguiente forma:

De una parte: el poder clerical. Pero privado de ese complemento, de ese contrapeso que para él constituía un poder temporal cristiano distinto; suficientemente autónomo a su nivel y en su esfera. (Así el orden cristiano no se considera como si dependiese únicamente del poder eclesiástico. De ahí el reflejo bien conocido y tan característico de querer tildar de sospechoso, ilegítimo, todo lo que ose llamarse “católico” en lo temporal sin estar autorizado.)

De otra parte: el totalitarismo de los poderes no cristianos, incluso anticristianos, que no solamente son temporales, sino espirituales. Cesarismo del Estado moderno, convertido en principio absoluto de todo derecho. Monopolizador de aquello mediante lo cual se hace dueño de los espíritus y de las almas: espectáculos, propaganda, “información”, Universidad, cultura, etc.

Ahora bien, por lo menos, es con este totalitarismo con el que el poder espiritual católico debe mantener relaciones. Relaciones que parecen prolongación de aquellas que en la cristiandad unían en su fe común: el sacerdocio y el imperio.

La verdad es que si bien aún existe un poder espiritual del laicado cristiano en tanto este laicado participa, bajo la autoridad eclesiástica, en el apostolado de la jerarquía (definición de la Acción Católica oficial), por el contrario nada serio existe para expresar cualquier poder temporal del laicado cristiano.




***

Digamos que parecía que éste iba a nacer cuando se formó la Federación Nacional Católica (F.N.C.) por el general De Castelnau, quien, sin ser “el emperador”, era evidentemente un “feligrés” difícil de eludir.

Se pudo creer, por consiguiente, que iba a hacerse real la distinción de un poder espiritual (cristiano) y de un poder temporal, de un laicado (no menos cristiano). Pero, poco después de la muerte del general, la transformación de su obra en “Federación Nacional de la Acción Católica” (F.N.A.C.) (considerado por algunos como una promoción) manifestaba, por el contrario, sin equívocos, la confiscación de la organización por la autoridad eclesiástica exclusivamente.

Fin del justo poder que en lo temporal habría podido ejercer un laicado cristiano, calificado de adulto.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El obispo Müller y la virginidad de María


En el blog de Andrés Beltramo en la vecina Infocatólica se menciona una muy delicada cuestión teológica en torno al dogma de la virginidad en el parto de la Theotokos. Y en la bitácora de Joan Antoni Mateo, en su respuesta a algunos comentarios, se defiende la ortodoxia de las opiniones del obispo Gerhard Müller. Siendo una cuestión compleja pero muy importante por el dogma con el que se encuentra relacionada, nos parece que puede ser de interés de nuestros lectores transcribir los fragmentos de un trabajo que se ocupa de exponer opiniones coincidentes con las de Müller, y someterlas a una confrontación crítica. 


"Algunos teólogos católicos pretenden precisar, tomando en consideración las tesis de Mitterer sobre la virginidad en el parto, el alcance de esta verdad afirmada durante quince siglos en la Iglesia. Parten de que el Magisterio, aun afirmando en María una virginidad perfecta en el alumbramiento de su Hijo, no ha especificado en qué consiste el contenido de esa virginidad.
Para ello comienzan distinguiendo dos aspectos en la virginidad. Por una parte la virginidad espiritual, que supone la abstención de todo placer sexual, y por otra la virginidad corporal, consistente en la integridad física.
El resumen de su pensamiento es el siguiente: no es necesario apelar a un nacimiento prodigioso para defender la virginidad corporal. Para defender esta interpretación dan diversas explicaciones:
A) Unos acuden, en primer lugar, al testimonio de la Escritura. Analizan de modo especial los versículos lucanos y piensa que, de acuerdo con esos textos, se puede deducir que al evangelista no le parecía que causara un perjuicio al honor virginal de María la apertura del seno materno.
A continuación estudian los testimonios patrísticos de los primeros siglos y concluyen diciendo que, hasta finales del siglo IV, la tradición patrística ha afirmado el nacimiento virginal, pero lo consideraba sometido a las condiciones normales del nacimiento humano. Más aún, la apertura del seno materno por el niño era considerada como algo honroso para María y para su virginidad.
El cambio se produce en la controversia entre Joviniano y S. Ambrosio. Cuando Joviniano en su oposición al ascetismo de las vírgenes, niega el parto virginal de Jesús, S. Ambrosio reacciona afirmando que el nacimiento de Cristo tuvo lugar sin la apertura del seno materno. Tesis sostenida por la literatura apócrifa de los siglos precedentes. A partir de S. Ambrosio esta tesis se hace doctrina común.
Hay pues, según estos autores, una base común en toda la patrística, que es la afirmación de la virginidad de María en el nacimiento de Jesús, pero hay dos formas diversas de considerar el modo del nacimiento: hasta finales del siglo IV es de modo normal; a partir del siglo V se sostiene que el modo del nacimiento es prodigioso. Este es el motivo por el que el Magisterio no se haya pronunciado en cuanto al modo del nacimiento, ya que no es una cuestión definitivamente zanjada."
(...)
"Procuraremos seguir el mismo orden que se ha tenido en la exposición de las tesis innovadoras sobre la virginidad en el parto.
A) Muchos teólogos salieron al paso del planteamiento dicotómico de la patrística respecto a la virginidad en el parto, en el que se afirmaba —como ya hemos visto— que hay dos formas diversas de considerar el modo del alumbramiento de Jesús: hasta finales del siglo IV los Padres afirmaron que el nacimiento de Jesús se realizó de modo normal y a partir del siglo V se ha sostenido de forma generalizada que el parto fue prodigioso.
Para estos autores no es correcta esa conclusión, porque después de estudiar los innumerables testimonios patrísticos sobre este hecho, se comprueba la casi total unanimidad en la afirmación de un parto prodigioso, de tal forma que se puede hablar de una tradición dogmática y de una realidad que pertenece al depósito de la fe.
He aquí las conclusiones de Laurentin en su exhaustivo estudio patrístico:
a) En esta materia la Tradición se presenta como un bloque compacto de una densidad y de una homogeneidad raras tanto en el Oriente como en el Occidente;
b) la diversidad de formas de presentar esta verdad ponen de relieve la semejanza de todas las doctrinas: son como distintas perspectivas ligeramente decaladas de un estereoscopio;
c) todos los géneros literarios están representados y en especial aquellos que ofrecen más garantías;
d) a partir del siglo V diversos textos pontificios (algunos de primer orden) han asumido la doctrina afirmada por la tradición.
Y su contestación a las tesis de Mitterer se resume en estos puntos:
1. virginidad en el parto es para la Tradición un prodigio, un milagro que exige en nosotros un acto de fe. Los Padres multiplican los argumentos y las analogías para facilitarnos este acto de fe;
2. dos aspectos del milagro: la integridad corporal y la ausencia del dolor no están deducidos uno del otro, sino elaborados de datos dogmáticos diferentes: «están reintegrados en la fórmula virgo in partu y no deducidos de esta fórmula»;
3. la integridad corporal es desde muy antiguo un tema predominante en los padres latinos; entre los padres orientales es menos tratado, en ellos se acentúa el tema de la alegría;
4. la ausencia del dolor, a partir de los datos de la tradición, no está atestiguada de una forma tan densa y tan autorizada.
En sus investigaciones estos teólogos salen al paso de las posibles objeciones de que la virginidad en el parto tiene su origen en la literatura apócrifa, o procede del docetismo, o tiene base maniquea. Sostienen, además, que en la Tradición de los primeros siglos hay varios Padres (por ejemplo Tertuliano) que desconocen o niegan el nacimiento virginal, pero esas ausencias no son ni más numerosas, ni más graves, ni más prolongadas que las de la virginidad post partum y la perfecta santidad de María. Estas tres vacilaciones fueron eliminadas al mismo tiempo, y de alguna forma solidariamente, entre finales del siglo IV y mediados del V.
Por ello si algunos Padres han pensado lo contrario, la línea histórica de la evolución homogénea del dogma ha excluído para siempre esa posición por habérsela descubierto insostenible frente a la afirmación dogmática. A partir del siglo V se constata que en la patrística no han existido disidentes. Ahora bien, esta interpretación mantenida sin excepción multisecularmente ofrece caracteres ciertos de ser obligatoria de la fe en la virginidad in partu, pues nos está mostrando el sentido determinado del dogma y, por tanto, no puede separarse de la misma verdad sin modificarla esencialmente.
Se podría sintetizar con estas palabras el resultado de las investigación patrística sobre la virginidad de María en el parto: el milagro físico de la integridad virginal es un dato de la Tradición. Es decir, para los Padres, talis decet partus Deum."

* Tomado de: Bastero de Eleizalde, Juan Luis. La "virginitas in partu" en la reflexión teológica del siglo XX. Rev. Scripta theologica, Vol. 32, Fasc. 3, 2000 , págs. 835-864.
N.B.: por un error enlazamos a otro artículo del mismo autor. Los enlaces para consultar el trabajo son los siguientes:


http://es.scribd.com/doc/39596648/La-Virginodad-Perpetua-de-Maria


http://www.unav.es/tdogmatica/profesores/juanluisbastero/

jueves, 24 de noviembre de 2011

Puritanos eclesiales


En la furia antilefebvriana desatada por Arráiz y sus seguidores resulta frecuente el empleo tópicos como "no pertenecen a la Iglesia", "están fuera de la Iglesia", "no son católicos", "no pueden ser católicos", etc., como si estas sentencias fueran la consecuencia necesaria de cualquier divergencia doctrinal o el efecto ineludible de la imposición de una sanción canónica. Desde la eclesiología tradicional, es posible enjuiciar estos tópicos como un exceso de simplificación, que además bien podrían calificarse de puritanismo eclesial. Transcribimos unos fragmentos del p. Sauras, OP que resultan esclarecedores.

Que los fieles que viven en pecado mortal pertenezcan al cuerpo místico es una verdad fuera de toda duda. Abundan los datos positivos en su abono, y la teología explica cómo sucede esto. La fe informe es un don gratuito, sobrenatural, que une con Cristo a quien la posee, aunque esta unión no sea tan perfecta que llegue a justificar.

Periódicamente se ha suscitado la cuestión de quiénes pertenecen a la Iglesia, y no han faltado soluciones que pudiéramos llamar rigoristas o puritanas, que excluyen de ella a los pecadores, soluciones que siempre han sido condenadas. Es, pues, cierto, que pertenecen a ella. Quizá acordándose alguien de la distinción entre el cuerpo y el alma de la Iglesia llegue a pensar que los pecadores pertenecen al cuerpo porque están bautizados y poseen el carácter sacramental. Así es, pero no es esto todo; en algún sentido pertenecen también al alma, porque, además del carácter, tienen la fe, que no desaparece con los pecados mortales, y la fe es un elemento sobrenatural inicialmente vivificador. Quien la posee está ya en conexión con el alma de la Iglesia.
El hecho de la pertenencia de los pecadores al cuerpo místico lo encontramos afirmado de muchas maneras. Negativamente, en la condenación de las doctrinas que afirmaban que solamente los buenos forman parte del cuerpo místico; positivamente, en algunas expresiones de la Escritura y de los Padres. (…)
El caso de los excomulgados es complejo; en parte coincide con el de los pecadores, en parte es más grave, en parte puede ser menos. Los excomulgados son miembros en acto del cuerpo místico, a pesar de su excomunión, siempre que no sean reos de un pecado de infidelidad. Si están excomulgados por algún pecado externo grave, que no es de infidelidad, están unidos a Cristo en acto por la fe. Y si poseen la fe, pueden ponerse en trance de conversión y unirse a la Cabeza con los otros principios de que hemos hablado en el párrafo anterior, pues de la fe parten la esperanza, el amor inicial de Dios y el odio al pecado.
La dificultad aparente surge de la misma palabra excomulgados, que quiere decir fuera de la comunión, o de la unión, o de la comunidad. Y como la unión o la comunidad eclesiástica es, fundamentalmente, espiritual, parece que deban estar fuera de ella y, por lo tanto, que no sean miembros actuales del cuerpo místico.
La excomunión es una censura con la que el excomulgado queda excluido de la comunión de los fieles. Se da a determinados delincuentes, pues es una pena eclesiástica, y la pena supone falta. Por lo que, en la estimación de quien excomulga, el excomulgado está en pecado grave.
Pero es necesario distinguir bien los dos aspectos: el de pecado y el de censura. Por el primero, el excomulgado carece de la gracia santificante, que perdió al pecar; por el segundo carece de la comunión espiritual de los fieles; privación a la que le somete la Iglesia por haber pecado. Pero ya se comprende que esta sanción no causa en él la carencia de la gracia santificante, sino que la supone. La única carencia que causa es la de la ayuda que el sujeto en cuestión podría percibir de los fieles.
¿En qué medida se desconectan los excomulgados de los bienes espirituales que acabamos de nombrar? De la gracia santificante totalmente. Ningún pecado mortal es compatible con ella. Pero esto no quiere decir que el pecador se desconecte totalmente de Cristo (…). Los excomulgados que están en verdadero pecado mortal, caso de no ser pecado de infidelidad, están conectados con Cristo mediante la fe, y, si se ponen en trance de conversión, pueden conectarse también con la esperanza informe, con el amor inicial de Dios y el dolor de atrición. Todo esto son principios sobrenaturales que producen en él una vida sobrenatural lánguida, insuficiente para justificar, pero vida al fin.
Puede darse el caso incluso de que los excomulgados estén más unidos a Cristo que los pecadores; puede ser que se le unan en caridad. Sucedería esto cuando la excomunión se impusiera por un delito grave, probado en el foro externo, pero inexistente en el foro interno. La Iglesia está sujeta a fallo en estos asuntos externos, y se da la posibilidad de que excomulgue a un inocente. Y aun en el caso de que esta contingencia no sucediera nunca, puede suceder esta otra: el excomulgado no está desconectado de Cristo; se une a El mediante la fe, y puede unírsele también mediante los otros principios que disponen próximamente para la justificación. A la disposición próxima sigue la infusión de la gracia, y el excomulgado quedaría justificado. Es cierto que para la justificación es necesaria la confesión y que los excomulgados no son admitidos a la recepción de los sacramentos. Todo esto es discurrir a base de lo que sucede siguiendo la vía ordinaria de la infusión de la gracia.
Pero hay vías extraordinarias por las que la gracia santificante llega al hombre. Este se puede justificar con un acto de contrición, que lleva implícito el voto del sacramento de la penitencia. En este caso tendríamos un individuo justificado sujeto a excomunión, pues por el voto de la penitencia no se levanta la censura. Como se advierte, a pesar de ser excomulgado, a pesar de tener la censura, que le separa de la comunión de determinados bienes espirituales con los fieles, poseería la comunión perfecta con Cristo; se uniría a El como los justos, con la unión perfecta de la caridad.
* Tomado de: SAURAS, E. El Cuerpo Místico de Cristo. BAC, Madrid, p. 618 y ss.

El caso Thiberville


El caso del p. Michel ha encontrado una solución. No ha sido un resultado óptimo pero finalmente la resistencia de los fieles ha logrado neutralizar al impresentable obispo Nourrichard. Una amplia cobertura de la noticia se encuentra en este blog del que tomamos el siguiente extracto:  
Una pequeña iglesia en un pueblo pequeño, pero sólo un par de kilómetros al suroeste de la antigua iglesia parroquial. El padre Francis Michel, el héroe de Thiberville , se convertirá en el rector de la iglesia más pequeña de su diócesis, en Le Planquay (a 5 km de Thiberville, Eure/27, Normandía). Su resistencia dio sus frutos. La intervención directa de la Congregación para el Clero, a través del mediador designado (Obispo Boulanger, de Bayeux / Lisieux), aseguró que el obispo local Nourrichard no fuera capaz de alejar al padre Michel más que una corta distancia de su querido rebaño.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Extraordinaria pero no excepcional


En la iglesia de los padres del Oratorio de San Felipe Neri de Brimingham, congregación introducida en Inglaterra por el cardenal John Henry Newman, la Santa Misa en la forma extraordinaria se ha vuelto forma ordinaria. A causa del limitato número de sacerdotes era necesario hacer una opción en la supresión de la celebración de las misas dominicales: ¿Vetus Ordo o bien Novus Ordo? No hubo dudas para los padres oratorianos, de acuerdo con la arquidiócesis: el número de asistentes a la Misa tridentina era demasiado grande para suprimirla. El resultado ha sido auspicioso: no se ha hecho de la denominada forma extraordinaria un rito excepcional y por ende fácilmente prescindible.


martes, 22 de noviembre de 2011

Sobre el humor



"Tener sentido del humor es un buen signo de salud mental. Porque el humor, del que brotan la sana ironía, la risa fresca, la alegre carcajada, implica la percepción de lo absurdo, de lo contradictorio, de lo desproporcionado, de lo deforme. Y es condición imprescindible para esta percepción el ser dueño de un intelecto sano, capaz de contemplar y comprender al ser en su armonía y en el resplandor de su belleza. Por eso el humor verdadero es un privilegio del pensamiento realista. El mundo moderno, sumergido en el devenir heraclitiano, se ha vuelto incapaz de percibir lo absurdo, lo contradictorio. Su inteligencia ha roto el orden del ser, cerrada en su propia conciencia, ha apostatado de los primeros principios, negado su evidencia inmediata...
Dios se ríe del impío, dice la Escritura. Quien combate el buen combate de la Verdad, necesita del humor como de un ingrediente imprescindible para la salvaguarda de su equilibrio intelectual, psíquico, e incluso hepático. Porque el mal, manifestado en el error, en la mentira, en el pecado, no sólo es trágico y perverso: es cómico, es ridículo. Sería sólo trágico si el principio del mal fuera un Dios malo, como el de los maniqueos o el de los persas. Pero el diablo es una creatura a la que su absurda soberbia lleva a querer igualarse con el Creador. Es el “mono de Dios” y, a la larga, su imitación deviene una parodia lamentable. La Edad Media tomaba muy en serio al Adversario. Pero también sabía burlarlo y burlarse de su jeta siniestra y deforme.
Todo lo que es falso y pecaminoso lleva el sello de lo satánico y, por lo mismo, participa irremediablemente de su carácter simiesco. Quien no sea capaz de comprenderlo, podrá combatir por el Bien y la Verdad, pero su combate adquirirá el tono oscuro y amargo propio del calvinismo o de los jansenistas. En el buen combate es menester combatir con alegría; no la alegría ruidosa y superficial que nace de un optimismo tan ciego como estúpido, sino aquélla otra serena y profunda, propia de quien lleva en su alma como una semilla la incoación de la gloria, la paz, y el gozo de la victoria final. Quien lucha por la Verdad con amargura, transforma la Verdad en una cosa amarga, que repele y que repugna. No basta luchar por la Verdad: hay que amarla y hacerla amar. Porque la verdad, que es Bien y es Belleza suprema y armonía, es en sí misma e infinitamente amable" (P. Alberto Ezcurra).

lunes, 21 de noviembre de 2011

Índices comparados


Ofrecemos a nuestros lectores un cuadro con los criterios de calificación y censura de libros de la Guía bibliográfica de la web www.almudi.org en contraste con el index infocatólico (suponemos que algo existe, aunque no sea más que un conjunto de criterios). 



Calificación


Guía bibliográfica del O.D.



Index infocatólico

P-A1
Público general.
Apto para católicos primaverales, juanpablistas, con afiliación o simpatías por los movimientos neoconservadores.

P-A2

Lectores con cultura general o formación cristiana básica.

Apto para católicos de a pie que no tienen relación con los movimientos neoconservadores.


P-B1

Requiere conocimientos generales de la materia.

Peligro de cripto-filolefebvrismo.

P-B2

Lectores con formación cristiana y cultura específica sobre el tema.

Peligro de filo-lefebvrismo.

P-C1

Presenta algunos errores doctrinales de cierta entidad.

Al criticar a los movimientos neoconservadores se opone al Espíritu Santo.


P-C2


Aunque la obra no se presenta como explícitamente contraria a la fe, el planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.


Aunque la obra no tiene nada contrario a la fe, ni a la doctrina católica, el planteamiento general, o sus tesis centrales, se oponen a la línea editorial trazada por el p. Iraburu.

P-C3


La obra es incompatible con la doctrina católica.


La obra es incompatible con las opiniones del director de Infocatólica.






domingo, 20 de noviembre de 2011

Orar con los salmos


1  La Oración es Misterio. No es un lugar común esta frase, sino una verdad descuidada, urgida de vindicación. La oración es Dios mismo en nosotros. Por eso no se trata de construirla sino de sumergirse en ella. De entrar en su atmósfera, que es la del mundo divino…
La Lectio divina es madre y surgente de toda plegaria. Ella nos ubica en la verdad crucial de la oración: Dios me habla y yo escucho y respondo. Pero, ¿cómo respondo si no sé tratar con Él como conviene?
El mismo Dios viene en nuestro auxilio, no sólo para iniciar el diálogo, sino para completarlo también. El Salterio —Libro de oraciones inventadas por Dios— es tal vez el regalo más grande que nos hiciera su Condescendencia.
3  Surge, no obstante, una sombra o inquietud sobre el asunto: se supone que la Sagrada Escritura entera —como insistimos tanto en la Lectio— es Dios hablándome; Dios dirigiéndose al Hombre. Una carta de Dios a la humana creatura. Ahora bien, los Salmos —a la vista está— tienen a Dios por destinatario más que remitente. Parecen más bien expresiones del Hombre a Dios. Lícitamente surge entonces la inquietud: ¿son Palabra de Dios o a Dios?
4  Hay que contestar que sí, a ambas cosas. Es de Dios y a Dios. Pero, ¿quién podrá asumirla entonces sin caer en una impostación? Como el vidente del Apocalipsis también ante el Salterio cabe la angustiosa pregunta: ¿quién, quién Señor podrá romper y abrir sus sellos y rezar con autenticidad los Salmos? ¿Quién puede tener a Dios por sujeto y objeto? Las posibilidades, en sana lógica, se reducen a una sola: a alguien que fuera a la vez, al unísono verdaderamente Dios y hombre...
Es Cristo, el Único. Él es Palabra de Dios, y los salmos son Palabra de Dios: Él es el divino Salterio. Y el es el Nuevo Adán, el hijo de María, que asume íntegramente las vísceras humanas, el pulso más hondo del gemido del hombre: suya, genuinamente suya es la voz de cada salmo, voz de hombre clamando a Dios.
Los salmos —cada salmo, cada versículo psálmico— son voz y timbre, identidad y contenido del Único Cristo, el divino-humano Orante.
5  Cuando a los de Emaús les explica que los salmos “hablan de Él”, en verdad —en la redacción griega “perí”— está diciendo que es Él quien habla en los salmos; que es Él quien camina, recorre y anida en cada salmo... A los de Emaús les “abrió las Escrituras” (más que “explicó”, como traducen por lo general). Les abrió la Palabra y les mostró su centro, su corazón: el pulso cordial de la Biblia entera, que es el latir de cada salmo.
6  Hay que decir muy escuetamente algo importante aquí respecto a la relación entre ambos Testamentos: no sólo el AT se entiende a la luz cenital del NT: también se da la inversa, y de un modo magnífico: el AT —en su anchura y detalle y abundancia— arroja luz, ilumina desde abajo, las realidades del Nuevo. El Salterio no sólo se entiende desde Cristo. Sino que Cristo —su intimidad, su secreta plegaria— se entiende, se revela, se muestra en el Salterio.
Los Salmos son tanto prefiguración como cumplimiento —sombra, figura y lumbre— de la Oración de Cristo.
7  Cristo ora los salmos en sí (como Cabeza) y en mí (como su Cuerpo). Pero ante todo: en los días de su carne mortal los entonó a todos, cientos, miles de veces. Y se identificó con ellos. Percibió que ellos hablaban de Él, lo expresaban cabalmente.
Los rezó con María y José.
Los rezó en la Sinagoga.
Los rezó con sus Apóstoles.
Los rezó solo en la noche palestina.
Los rezó desde la soledad del patíbulo y el Calvario.
Entró al mundo de la mano del Salmo 39 —aquí estoy Señor— y salió del mundo bajo el aliento del Salmo 21 y 30 —Dios mío, Dios mío,,, en Tus manos encomiendo mi espíritu—.
 Por eso hoy, asomarse a un salmo es asomarse al corazón orante de Cristo.
Si san Jerónimo puede decir que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo, uno puede, concéntricamente, decir: los salmos es ignorar el Corazón orante de Cristo.
 8   Hay que habilitar la vida interna de cada salmo: su mundo, su atmósfera. Vale lo que los ingleses —Lewis y Tolkien sobre todo— insistían respecto a los mitos, los cuentos de hadas y las sagas fantásticas: sólo hace falta el presupuesto de entrar en ellas; tras eso, todo es absolutamente cierto y real. No son metáforas, sino realidades a habitar por dentro de sí. Internarse en el paisaje sálmico y soltar amarras. Dios abre su Mundo, yo lo aspiro hondamente y soy embargado por él.
9   Sentir con el salmo: es dejarse embeber de su temperatura interna: su pasión específica y acoplar mi vida, mis dramas, mis anhelos y conflictos al timbre y pulso del salmo, más íntimo a mi mismo que yo mismo.
Esto admite un doble movimiento: tanto el de acoplar mis sentimientos a los del salmo y sacralizarlos así, como, a la inversa, dejar actuar el sentir del salmo sobre mi sentimiento, modelándolo, rectificándolo. San Atanasio aconseja esto: modelar los propios afectos por el sentir del salmo.
10  Pero no sólo hablan de Cristo-Cabeza. Sino de su Cuerpo. Concentran la plegaria eterna de la Jerusalén celeste: de los Patriarcas y Profetas hasta la mía y los por-venir. Liberar al Cristo que ora en mí, es toda la tarea del cristiano orante. Los salmos son esa misma liberación; son el flujo mismo de ese dique que levanta su compuerta para derramar el torrente de aguas contenidas.
La oración no se inventa. La oración no se construye babélicamente. La oración se descubre, se recibe y se habilita: se deja fluir. Todo salmo es una variación sobre un mismo Tema: el gemido inefable con que el Espíritu del Hijo dice Abba, Padre.
 El orante del salterio puede decir, de un modo genuino y literal: no oro yo, es Cristo que ora en mí.
11   Los salmos y la oración del Nombre de Jesús: dirá san Anselmo que el Nombre —el que está sobre todo nombre; el único en quien somos salvados, aquel nombre en el que se nos mandó pedir al Padre— pues ese Nombre está presente en todo el AT, cual un enfrascado perfume cerrado: nuestro es el secreto para abrirlo y habilitar su fragancia.
De un modo eminente cabe decirlo del Salterio: quien desenrosca la tapa de esta fragancia, permitirá que cada salmo exhale el precioso aroma de Cristo…

D. de J.