miércoles, 22 de julio de 2015

Atrofia dialéctica (y 3)

Hemos visto que la Dialéctica es la parte de la lógica que regula el pensamiento que se mantiene como en movimiento en dirección a la verdad o que arriba a ésta sin certeza. Dicho en forma más breve, con una expresión de Aristóteles, es la lógica de lo probable, también llamada lógica tópica, lógica de lo razonable o lógica de lo opinable. Es un tratado especial dentro de la lógica que juzga en general la validez y corrección de las operaciones de la razón. La diferencia que específica a la Dialéctica es que se aplica en todo el ámbito de las proposiciones probables, las tesis opinables, es decir, meramente plausibles pero que no alcanzan una verdad cierta y definitiva; es decir que la Dialéctica se estructura en base a silogismos probables, que son diferentes de los silogismos necesarios
Para una explicación más didáctica de esta cuestión, conviene poner algunos ejemplos simples y comentarlos brevemente:
- Silogismo necesario. Silogismo por definición, o deducción necesaria. Se lo denomina también demostrativo, apodíctico o científico. Ejemplo:
Todo animal es sustancia
Todo hombre es animal
Luego, todo hombre es sustancia.
Las premisas son universales, necesarias y ciertas; por tanto la conclusión también lo es. Las verdaderas demostraciones, fruto de silogismos necesarios, son menos numerosas de lo que vulgarmente se cree. El asentimiento a las premisas es causa y razón suficiente del asentimiento a la conclusión; de manera que si las premisas son ciertas, la conclusión será igualmente cierta.
- Silogismo dialéctico o probable*. Según Aristóteles es el silogismo fundado sobre premisas probables. Ejemplo:
El cielo nublado indica probable lluvia.
Hoy está el cielo nublado.
Luego, hoy es probable que llueva.
El silogismo dialéctico tiene una o dos premisas probables, lo cual hace que de ellas se infiera una conclusión probable. Ya el mero hecho de tener una premisa probable determina una conclusión probable, porque la conclusión, según los principios argumentativos, sigue la parte peor o más débil, que en este caso es la probabilidad en comparación con la certeza. Esta argumentación no engendra ciencia, en sentido aristotélico, sino opinión. Por tanto, no se trata de una demostración sobre cosas que son necesariamente, y no pueden ser de otra forma, sino que se trata de lo posible y contingente, aquello que puede o no puede ser, puesto que se delibera sobre opiniones probables.
Hemos dedicado una entrada sobre lo probable en Teología, por lo cual es suficiente ahora dar el enlace. También nos hemos ocupado del sedevacantismo, tal vez con demasiada extensión. Sin embargo, nos parece importante insistir hoy en la gran deficiencia lógica que tiene el sedevacantismo especulativo en algunas de sus formulaciones usuales. En efecto, la premisa mayor de la que parte el sedevacantismo –posibilidad de un papa herético; nulidad iure divino de la elección pontificia por herejía antecedente- es siempre una proposición teológicamente probable, no cierta, como se puede constatar en todas nuestras entradas dedicadas al tema, con profusas citas de autores probados. Y de lo probable, sólo puede seguirse una conclusión probable. Esta conclusión produce opinión, u asenso opinativo, jamás certeza. Se han de rechazar, por tanto, todos los pretendidos "anatemas", a veces acompañados de calumnias, con los cuales desde algunas modalidades del sedevacantismo se ataca a quienes no aceptan una doctrina que enloquece opiniones teológicas discutibles, desnaturalizando su índole epistémica.
El sedevacantismo especulativo al que aludimos ofrece un ejemplo luminoso de atrofia dialéctica. Porque prescinde de la lógica aristotélica; busca a cualquier costo hacer cierta -a veces dogmática-, una conclusión que sólo puede ser probable, por la naturaleza de sus premisas. Esta atrofia dialéctica ciega para reconocer en este punto una materia opinable en Teología.
Sobre el sedevacantismo en su dimensión práctica, ya nos hemos ocupado aquí y aquí, por lo que no vale la pena dedicarle más palabras en esta entrada. Además, cabe recordar que, en el plano moral objetivo, valen las reglas tradicionales para resolver casos de conciencia dudosa, dejando el juicio último de las conciencias en manos de Dios.

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* «Dupliciter definitur syllogismus probabilis: 1° Argumentatio quae ex utraque vel alierutra praemissa probabili conclusionem infert. Quando utraque praemissa est probabilis tantum, conclusio nonnisi probabilis esse potest, ut liquet. Si autem una est probabilis, altera certa, conclusio peiorem sequitur partem. Cum enim una praemissa sit mere probabilis, comparatio cum medio non fit certo et necessario, sed contingenter et fallibiliter. Ergo etiam in conclusione est contingenter et fallibiliter atfirmanda. 
2° Definitur: Argumentatio quae opinionem tantum generare valet. Quae definitio est descriptiva; sicut enim demonstratio ex effectu definitur: Syllogismus faciens scire, ita syllogismus probabilis dicitur: Syllogismus faciens opinari.» (cfr. Hugon, OP. LOGICA MAIOR, SEU CRITICA, TRACT. III. Q. 1., p. 402)

miércoles, 15 de julio de 2015

Atrofia dialéctica (2)


Publicamos unos fragmentos de la obra de Joseph Pieper sobre la forma y el espíritu de la disputatio en Santo Tomás y la genuina tradición escolástica. Los apartados introductorios están tomados del índice del libro. Sirva como complemento del texto de Gambra y Oriol publicado en la entrada precedente.
[La disputación como elemento estilístico. Orígenes en el Diálogo platónico y en la Tópica aristotélica. La estructura del artículo en Tomás.]
No se tiene nocicia de una participación activa de Santo Tomás en las rivalidades provocadas por la política universitaria en París. Según todo lo que sabemos de Tomás es muy improbable que se lanzase a ese ruedo. Pero tomó parte con varios escritos en las disputas doctrinales acerca de la realización de la perfectio evangélica. Estos escritos son terminantemente polémicos y, por lo demás, no son tampoco los únicos que escribió Tomás; en los últimos cinco años de su vida hay que añadir aún algunos que se dirigen contra un adversario con el que todo el mundo acostumbraba a confundirle. Pero de ello se hablará más adelante. Como no era menos de esperar, el estilo de estos escritos es espontáneo, resuelto e incluso más agresivo de lo que es habitual en Tomás. «Este argumento es más digno de risa que de respuesta»… Santo Tomás no acostumbraba a hablar de esta forma…
El carácter polémico de tales obras es evidente. No obstante hay otra señal mucho más importante y también mucho más característica de Tomás. Ya hemos hablado de que a un lector ingenuo le puede pasar que lea, algo sorprendido y confuso, páginas completas que no contienen otra cosa que los argumentos contrarios formulados de la forma más convincente.
En la formulación no se reconoce en absoluto que Tomás los refute; no se encuentra el rastro de una indicación de la debilidad del argumento, ni siquiera el más suave matiz de una irónica exageración. Es el propio adversario quien habla; y se trata de un adversario que evidentemente es notable en la forma, tranquilo, objetivo, mesurado…
Todos estos argumentos, téngase presente, en la formulación del propio Tomás, parecen muy plausibles y razonables. Según el estilo acostumbrado de la polémica entre nosotros no se está preparado para algo así. Tan poco preparado se está para ello que no raramente se le atribuyen a Tomás los argumentos contrarios, dado que él los expone tan convincentemente y por lo visto —¡aparentemente!— está él mismo convencido.
En este proceder por el que no sólo se deja hablar al adversario con su opinión diferente o incluso opuesta, incluyendo la argumentación que la apoya, sino que expresamente se le trae a colación, tal vez incluso mejor, más clara y convincentemente que el propio adversario pudiera hacerlo, en esto se pone de manifiesto algo profundamente característico del estilo intelectual de Santo Tomás; el espíritu de la disputatio, de la oposición controlada, el espíritu de la auténtica polémica, que es lucha y no obstante también diálogo. Pero este espíritu caracteriza la estructura interna de toda la obra de Santo Tomás. Y estamos convencidos de que con ello también se pone de manifiesto lo ejemplar, lo modélico, lo paradigmático del Doctor Communis.
No es necesario hablar en detalle de en qué grado el diálogo es una forma básica de la vida comunitaria del hombre, el diálogo no sólo con el fin de dar una noticia, sino con el fin de explicar, buscar y alumbrar la verdad, el diálogo entre compañeros que, bien entendido, no son de entrada de la misma opinión. Parece que Platón afirmó precisamente que la verdad tiene lugar, como realidad humana, únicamente en el diálogo: «Mediante la mutua conversación frecuente y mediante prolongadas e íntimas tertulias sobre la cuestión se enciende de pronto una luz como de chispa que salta...». Platón incluso llama al pensar y conocer solitario, «un diálogo sin palabras del alma consigo misma». Sócrates, en cuya figurase encarna para Platón sin más el prototipo del buscador de la verdad y alumbrador del conocimiento, es el continuo experimentador de la charla y polémica consigo mismo y con sus compañeros. Esta actitud básica la introdujo el platónico Agustín en sus controversias con opiniones opuestas. Pero también Aristóteles, cuyo estilo mental no parece ser primariamente dialógico, sino de tesis y sistemático, dice que, si se quiere encontrar la verdad, primero hay que considerar la opinión de aquellos que piensan de otra forma; y habla de la obra en común de la disputación, para lo que es necesario ser un buen compañero y colaborador.
Esto se encuentra en los Tópicos de Aristóteles, en aquella parte del Organon que, por así decir, en un segundo empujón, como Lógica nova, fue conocido e igualmente comprendido y recogido en las Escuelas de Occidente en el siglo XII, como un impulso y una exigencia para la estructura de la disputación…
En las últimas décadas del siglo XII, la disputación llegó a ser algo totalmente usual en las Universidades de Occidente, algo más o menos obligatorio; domina el panorama de todo el sistema de estudios. De todas formas empieza también ya en el mismo momento la degeneración y el abuso, de tal forma que hombres prudentes se quejan de discusiones bizantinas y de sofisterías, de especulaciones puramente formalistas. «Esta gimnasia mental, pura exhibición y juego»; ésta es una conocida formulación de Hegel, acuñada para la Escolástica medieval en general, y en buena medida injusta e inexacta. Tales perversiones son inevitables. Los Diálogos platónicos informan exactamente de idéntica degeneración…
Cuando más tarde, hacia la mitad del siglo XIII, Tomás toma en sus manos el instrumento de la disputatio escolástica, ya bastante perfeccionado, para tocar en él su melodía, lo primero que tiene que hacer, sil embargo, es omitir, simplificar, recortar. El prólogo de la Summa theologica habla de la «desmesurada acumulación de cuestiones, artículos y argumentos inútiles »; y, como se puede leer en Grabmann, Tomás esconde enérgicamente bajo la mesa una enorme suma de sutilidades escolares ya entonces usuales. La Baja Escolástica las iría a recoger de nuevo y a extenderlas sobre la mesa en toda su suntuosidad.
Pero también en Tomás, como se ha dicho, la estructura de la polémica determina en general la forma de toda su obra escrita. El articulus, que es el elemento, la más pequeña piedra angular tanto de la Summa theologica como de las Quaestiones disputatae y de las Quaestiones quodlibetales, el aritculus formula en primer lugar la cuestión de la que se trata y no empieza a continuación el propio autor a hablar, sino que más bien se traen a colación las opiniones contrarias; sólo después de eso toma el autor por primera vez la palabra, ante todo para dar una respuesta de las cuestiones desarrolladas sistemáticamente, y luego para replicar a cada uno de los argumentos contrarios.
Si nos extrañamos de esta forma expositiva, es conveniente que examinemos más de cerca, con lupa, esta extrañeza. ¿Qué es exactamente lo que nos choca? Estimamos que, en primer lugar, la esquematización, lo formal, el estereotipo de la exposición; y, en segundo lugar, el hecho de que con bastante frecuencia no nos mueven interiormente los argumentos expuestos, de que no son nuestros argumentos. Pero ambos escándalos no tienen mucho que ver con el núcleo de la cuestión. El núcleo es que se trata de un diálogo. El articulus escolástico no se halla en el fondo muy lejos del Diálogo platónico. Y si se limpiara el articulus escolástico del polvo del pasado se convertiría en algo emocionante. Un problema actual que nos afecta se formula como pregunta; entonces aparecen las dificultades, expresadas precisa y brevemente, los argumentos contrarios reales, de peso; después una exposición clara, ordenada de la respuesta; finalmente, a partir de esta respuesta desarrollada sistemáticamente, una réplica precisa de los argumentos contrarios, y todo comprimido en el espacio de una o dos páginas, como ocurre la mayor parte de las veces en el articulus escolástico.
[Espíritu de la disputatio: escuchar al interlocutor; respetar su argumentación y su persona; dirigirse al otro; renunciar a la terminología caprichosa; aclarar, no hacer exhibiciones. La disputación como lugar de verificación de la universalidad]
Lo decisivo es naturalmente el espíritu que domina y da su sello a estas discusiones y que, por supuesto, no está ligado a la forma externa, aunque por otra parte se pueden dar las formas sin el espíritu. La cuestión es, pues, cómo se puede transcribir el ethos de la polémica más en detalle.
Ante todo se trata de lo siguiente: quien entienda el diálogo, la charla, la disputación, la polémica como una forma básica de la búsqueda de la verdad, presupone que la búsqueda de la verdad es evidentemente un asunto para cuyo dominio no bastan las fuerzas del individuo aislado; antes bien es necesario el esfuerzo común, tal vez de todos. Nadie es por sí solo suficiente y nadie es completamente innecesario; todos necesitan del otro; incluso el maestro necesita del discente como Sócrates siempre lo afirmó; en todo caso el discente, el discípulo aporta también algo en la charla con el maestro. Este convencimiento fundamental, cuando es auténtico, tiene que pesar tanto en la forma del escuchar como en la del hablar. La charla no sólo tiene lugar al hablar uno con otro, sino también en el escuchar uno a otro. El primer requisito es, pues, escuchar al compañero, tomar su argumentación o su aportación a la recherche collective de la vérité de la misma forma en que él mismo, el compañero, comprende su propia argumentación.
Había una regla de juego de la disputatio legitima que exigía sencillamente este escuchar: a nadie le era permitido contestar inmediatamente a una objeción de su interlocutor; antes bien tenía primero que repetir con sus propias palabras la objeción contraria y asegurarse expresamente de que el otro había querido decir exactamente eso mismo. Si imaginamos por un momento que tal regla se exigiese de nuevo hoy día, de tal forma que su incumplimiento fuese seguido automáticamente de descalificación, no podríamos ni siquiera darnos cuenta de la purificación de la atmósfera que ello podría significar para la discusión pública… No se trata de «decoro», ni tampoco de un cierto y vago «comedimiento», que ni existen en la Ética antigua ni en la cristiana; se trata exactamente de lo que Paul Valery expresó una vez: «Lo primero que tiene que hacer quien quiera refutar una opinión es apropiársela un poco mejor que aquél que la defiende». Se escucha, para poder darse cuenta de la fuerza propia del argumento contrario…
Pero naturalmente este escuchar no se agota en la comprensión del asunto. También se dirige al interlocutor como persona; vive del respeto por la dignidad del otro, incluso por el agradecimiento hacia él a causa del logro intelectual que hasta el error supone. «Hay que amar a ambos, tanto a aquellos cuya opinión compartimos como a aquellos cuya opinión rehusamos. Pues ambos se han esforzado en la investigación de la verdad y ambos nos han proporcionado ayuda con ello» [In Met. 12.9; n. 2566].
Los grandes maestros de la Cristiandad coinciden plenamente en este punto; todos se oponen conjuntamente al espíritu de la polémica estrecha, en la que no sólo suele faltar el respeto por la persona del oponente, sino también la total imparcialidad del corazón frente a la verdad de las cosas. La actitud formulada por Tomás, que naturalmente nada tiene que ver con un mero sentimentalismo, corresponde a la mejor y más legítima tradición. Citamos un párrafo de un escrito de Agustín contra los maniqueos…
Pero disputarlo no sólo quiere decir que hay que escuchar al otro, sino también que hay que hablar al otro. Quien participa en la disputación se declara dispuesto, mediante la propia participación, a tomar postura y a «mantener la palabra». Se expone a la corrección. Ciertamente se hace escuchar en primer lugar para que pueda darse aquello. Todo esto, es decir, que quien habla lo hace de tal manera que el otro pueda escucharle, de tal forma que el otro pueda entender lo más clara y completamente posible su argumento no es ni mucho menos obvio.
El que habla, basándose en el espíritu de la genuina disputación, aclarará primariamente el asunto. Esto significa la voluntad de hablar, por principio, comprensiblemente, lo que naturalmente no quiere decir que haya que tolerar una simplificación inadmisible del asunto. La terminología individual arbitraria es contraria al espíritu de la auténtica disputación.
Fuente:
Pieper, J. Introducción a Tomás de Aquino. Ed. Rialp, Madrid, 2006, pp. 91-104, passim.

martes, 14 de julio de 2015

Koba Bermúdez, el temible. La risa y Aciprensa


Acabamos de comprobar que la agencia ACI ha editado el audio del punto de vista de su director suprimiéndole 12 segundos en los cuales Bermúdez afirma que el Papa dijo “esto no está bien”, “nunca un papa -que yo sepa- ha dicho esto de un regalo, salvo frente a Evo Morales”. Los segundos eliminados pueden escucharse aquí:
Cabe aclarar que tenemos a nuestra disposición copia del audio completo del original ahora adulterado por la agencia ACI.
La damnatio memoriae fue práctica común en la Unión Soviética. Por lo cual nos llama la atención que Alejandro Bermúdez, que siempre se ha mostrado tan combativo contra el marxismo y la teología de la liberación, recurra a prácticas propias del régimen de Stalin o consienta en ellas.
La mejor manera de tomarse a estos personajes públicos es con una dosis de humor. Por ello el título de nuestra entrada, que es paráfrasis de un libro sobre Stalin (Koba el temible), quien a veces se refería a sí mismo como Koba, nombre de un héroe popular de Georgia.

lunes, 13 de julio de 2015

¿Arte de protesta?

Una muestra del arte de nuestros hermanos separados
(luteranos) no sabemos si de protesta o sumisión.
Después de tanta información y comentarios, la cuestión del regalo de Evo Morales a Francisco  y su significado, termina por aclararse en una rueda de prensa. La agencia ACI, y su director, siguen sin rectificar ni disculparse con sus lectores, pero no han podido dejar de publicar la entrevista.
Se pueden debatir muchas cosas sobre este asunto, pero hay un dato insoslayable: Bergoglio descalifica a quienes -de modo obsecuente y precipitado- llegaron hasta el punto de manipular información para “defender” al Papa. 
Lo cierto es que Francisco aceptó los obsequios de Evo Morales, tanto la condecoración de metal como la talla de madera, inspiradas en obras del jesuita Espinal. Y queda claro, además, que no reprendió al presidente boliviano por obsequiarle estos objetos. A continuación reproducimos parte de la entrevista:

¿Santidad, qué sintió cuando vio esa hoz y el martillo con el Cristo encima que le ofreció el presidente Morales? ¿Dónde está ese objeto ahora?
- Es curioso, yo no conocía esto y no sabía que el padre Espinal era escultor y poeta encima, lo supe en estos días. Cuando lo ví para mí fue una sorpresa. Segundo, se puede calificar como el género del arte de protesta.
Por ejemplo, en Buenos Aires, hace algunos años fue exhibida una muestra de un escultor bueno, creativo, argentino que ahora está muerto. Era arte de protesta y yo recuerdo uno que era un Cristo Crucificado sobre un bombardero que iba bajando. Era una crítica del cristianismo aliado con el imperialismo que bombardea. Entonces primero yo no sabía nada, segundo yo lo calificaré como arte de protesta que, en algunos casos, puede ser ofensivo.
Y tercero: el Padre Espinal fue asesinado en el año 80. Era un tiempo en el que la teología de la liberación tenía muchas ramas. Una de esas ramas proponía el análisis marxista de la realidad. Padre Espinal pertenecía a esto, eso lo sabía porque en esos años yo era rector en la facultad de teología y se hablaba mucho de esto. Cuáles eran las diversas ramas y quiénes pertenecían a ellas.
En el mismo año el general de la Compañía de Jesús mandó una carta a toda la Compañía sobre el análisis marxista de la teología. Un poco frenando y diciendo: esto no va, son cosas diversas, no es justo, no van.
Cuatro años después, en el 84, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el primer documento pequeñito, una primera declaración sobre la teología de la liberación que critica esto. Después vino el segundo que abrió las perspectivas más cristianas, estoy simplificando, ¿no? O sea, hagamos la hermenéutica en aquella época. Espinal era un entusiasta de este análisis de la realidad marxista y también de la teología usando el marxismo. De esto vino esta obra.
También las poesías de Espinal eran de ese género de protesta pero era su vida, era su pensamiento, era un hombre especial, con tanta genialidad humana y que luchaba. Él tenía buena fe. Haciendo una hermenéutica como esta lo comprendo. Para mí no fue una ofensa, pero tuve que hacer esta hermenéutica y lo digo a ustedes para que no existan interpretaciones.
-¿Dónde quedó la cruz?
- La traigo conmigo. El presidente Morales quiso darme dos condecoraciones, la más importante de Bolivia y la otro es la orden del padre Espinal, un nuevo orden. Jamás recibí una condecoración, no me viene. Él lo hizo con tanta voluntad, lo hizo con buena voluntad y con el gusto de darme un gusto y pensé que esto viene del pueblo de Bolivia y recé para saber qué hacer con esto.
Si me lo llevo al Vaticano irán a parar al Museo, terminará ahí y ninguno jamás las verá. Entonces pensé en dejárselo a la Virgen de Copacabana, la madre de Bolivia. En cambio el Cristo lo traigo conmigo.


viernes, 10 de julio de 2015

No está bien eso, Bermúdez...




Sobre el tema del regalo de Evo Morales a Francisco se ha publicado mucho en las últimas horas. Y sabemos que el exceso de información, produce desinformación y a la postre es útil para la manipulación. Esto en parte es inevitable en la sociedad actual. Sin embargo, es triste cuando medios “católicos” contribuyen con información falsa, inexacta o sesgada, a la confusión eclesial.
Un caso paradigmático de mal desempeño profesional lo tenemos en la agencia de noticias ACI, y de modo singular en su director, el miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, Alejandro Bermúdez. Una explicación muy documentada de la última mala práctica periodística de la agencia ACI, se encuentra en la siguiente entrada del blog secretum mehum mihi. Básicamente la agencia tituló de modo categórico que el Papa había reprendido a Evo Morales por el obsequio de un Cristo crucificado sobre la hoz y el martillo. Pero, poco después, vino la desmentida del P. Lombardi, unida a la difusión de vídeos con un sonido de mejor calidad. En vez de reconocer el error, y pedir disculpas a los lectores, la agencia ACI optó por retocar las noticias y disimular falsedades.
Por desgracia para ACI, en la era de Internet, reescribir la historia al modo soviético no resulta fácil. Porque hay archivos y rastros de casi todo. Alguien olvidó eliminar el archivo del punto de vista (a partir del minuto 3:20) de su director, Alejandro Bermúdez, en el cual no sólo repite una información falsa, sino que en base a la misma, no ahorra insultos para Evo Morales. Antes de que alguien practique la damnatio memoriae en beneficio de Bermúdez, un amigo de nuestra bitácora ha descargado el archivo y recortado los pocos segundos que prueban lo afirmado en nuestra entrada.
Pueden escucharlo en el siguiente enlace:

P.S.: muy recomendable el artículo de Francisco José Soler, El Papa Francisco y la beatificación de Stalin.

martes, 7 de julio de 2015

Heraldos del Evangelio amenazan acción judicial para ocultar su pasado


COMUNICADO DE PRENSA
Por favor difundir
BEAVERTON, Oregón. 2 Jul 2015. Por medio de uno de sus abogados, José Antonio Millán Calvo, de Zaragoza, España, la Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio, Heraldos del Evangelio, ha amenazado acciones legales contra Alfonso Beccar Varela, administrador del blog "TFP, Heraldos y sectas eclesiales afines".
El Blog publica artículos de colaboradores varios que dan una versión "no oficial" de Tradición Familia Propiedad (TFP), los Heraldos del Evangelio y otros grupos surgidos en la segunda mitad del siglo XX (tales como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo), a los que considera "sectas eclesiales", ya que, pese a profesar fidelidad a la doctrina de la Iglesia Católica, mantienen prácticas (sobre todo puertas adentro) similares a las de muchas sectas o cultos no católicos.
Basado principalmente en la experiencia personal de Alfonso Beccar Varela y otros que militaron durante años en las filas de la TFP antes de la muerte de su fundador Plinio Correa de Oliveira en 1995, el Blog recoge recuerdos y apreciaciones personales sobre experiencias vividas, en su gran mayoría, hace más de 30 años en las filas de esa organización.
Pese a que la fundación de los Heraldos del Evangelio es posterior, tanto Joao Cla Scognamiglio Dias (fundador de los Heraldos), como la gran mayoría de los líderes de su organización, fueron miembros de la TFP, como queda claro en la lectura del Blog.
Es llamativo sin embargo, que este hecho ha sido cuidadosamente silenciado de la biografía del fundador en las publicaciones escritas o digitales de alcance masivo de los Heraldos del Evangelio, por motivos que se aún desconocen.
Como lo ve el abogado Millán Calvo, el Blog arriba mencionado, "se dedica de forma sistemática a dar  publicidad, (bien sea creando artículos o divulgado otros de autores anónimos), de noticias tendenciosas y por ende falsas sobre mis defendidos, que podrían ser constitutivas sino de un delito de injurias, si cuando menos claramente  atentatorias  contra su honor, con claro abuso y por ende extralimitación de  su derecho de libertad de expresión."
Los Heraldos del Evangelio exigieron entonces que el Blog de Alfonso Beccar Varela sea eliminado en su totalidad, sin citar (hasta la fecha al menos), un sólo ejemplo de que es lo que consideran "injurioso" en su contenido. Este pedido ha sido rechazado de plano, especialmente si se considera que muchas de las notas publicadas no mencionan siquiera a los Heraldos del Evangelio o a su fundador, el brasilero Joao Cla Scognamiglio.
Esta amenaza de "ejercer las acciones correspondientes contra usted, para la salvaguardia de los legítimos derechos de mis clientes", se encuadra en la estrategia de ocultamiento sistemático al público en general, del pasado de muchas personas en posiciones directivas dentro de los Heraldos del Evangelio. Este ocultamiento es tanto más grave cuanto no consta de forma pública que la organización haya formalmente abandonado (o al menos se haya distanciado de), muchas de las prácticas de culto a la personalidad del fundador, control mental, reclutamiento de menores y otras actividades cuestionables que los hace similares en su actuación a muchas sectas modernas.
Al difundir esta noticia, esperamos que las autoridades eclesiásticas bajo cuya jurisdicción actúan los Heraldos del Evangelio, investiguen las prácticas y creencias internas de la organización, y la inviten a desistir de usar su poder económico para silenciar a sus críticos, con amenazas de acciones legales que el administrador de un simple Blog no puede financiar.
Para más información, comunicarse con Alfonso Beccar Varela en abeccar@gmail.com.
Las personas que no estén de acuerdo con ver acciones legales de los Heraldos del Evangelio contra Alfonso Beccar Varela por este tema, además de dar a conocer esta noticia, pueden usar este formulario para indicar su apoyo y el tipo de adhesión que están dispuestos a manifestar.
Fuente:


lunes, 6 de julio de 2015

Atrofia dialéctica (1)

En entradas precedentes hemos hablado de achaques y manías del tradicionalismo católico. Hacer un catálogo exhaustivo de estos achaques sería una labor ímproba. Pero podemos apuntar hoy un achaque frecuente que denominamos atrofia dialéctica. En efecto, se puede decir que la mentalidad de no pocos tradicionalistas padece una atrofia (falta de desarrollo, según el DRAE) para la dialéctica en sentido aristotélico. Lo cual sucede a pesar de que muchos se dicen aristotélico-tomistas, pero en rigor sólo han recibido una versión deformada del realismo clásico, contaminada de un racionalismo que incapacita para distinguir entre opiniones (dialécticas) y certezas (científicas).
Sirva este texto de Gambra y Oriol, autores de un excelente libro sobre la Lógica de Aristóteles, como introducción al tema. En la próxima entrada, publicaremos algo sobre la tradicional disputatio medieval -tan ajena a ciertos manuales neo-escolásticos-, y por último, intentaremos hacer una explicación más simplificada de estas ideas generales con un ejemplo concreto de atrofia dialéctica.
8.17. La noción de Dialéctica.
Al principio de los Tópicos, la obra del Organon dedicada a la Dialéctica, Aristóteles la describe con estas palabras: la dialéctica es "un método que nos permite argumentar sobre todo problema propuesto partiendo de opiniones y de evitar, cuando sostenemos un argumento, decir nada que le sea contrario".
Todos tenemos la capacidad natural de discutir y lo hacemos con mayor o menor frecuencia y mayor o menor éxito. La discusión puede, desde luego, hacerse de manera irracional, tratando de vencer al oponente con la insistencia, los gritos, las amenazas o los insultos. Pero no es de ese tipo de discusión del que aquí se trata, sino principalmente de la disputa, que intenta vencer por medios racionales, es decir, razonando con el interlocutor en orden a mostrar las incoherencias y contradicciones que conllevan sus propias tesis. Eso, que todos hacemos sin entrenamiento ni reflexión, se convierte en un método y en una técnica cuando la disposición que tenemos para la disputa se encauza racionalmente, reflexionando sistemáticamente sobre la mejor manera de llevarla a cabo en orden a que alcance su fin. Por eso dice Aristóteles que la dialéctica es un método de discurrir o razonar. Pero no sólo dice eso, pues añade que permite hacerlo sobre cualquier problema, lo cual equivale a decir que es una técnica universal, no limitada a un ámbito de cosas.
La demostración científica tiene límites estrictos (…) puesto que de lo que no es necesario no hay ciencia.
La dialéctica, en cambio, faculta para razonar sobre todo género de cosas, incluidos los principios y lo contingente. Es decir, como señala la definición citada, permite argumentar sobre todo problema. La ausencia de los límites a que está sometida la demostración científica es lo que confiere universalidad a la dialéctica, que es útil para tratar de cualquier clase de objetos, pues no exige como la ciencia razonar sólo a partir de los principios propios... 
Esta amplitud de la dialéctica se debe a que no tiene que apoyarse en premisas necesarias conocidas como necesarias, ni tiene que partir de las premisas que manifiesten la causa de la conclusión. Para razonar dialécticamente no hace falta considerar la esencia de las cosas que entran en las premisas, para asegurarse de que el predicado de la conclusión se diga por sí de un término medio que, a su vez, se diga por sí del sujeto de la conclusión. Lo que se exige es que se concluya correctamente desde proposiciones admisibles por el adversario, es decir, desde lo que Aristóteles denomina las "opiniones" 
Las opiniones son aquellas proposiciones que tienen por verdaderas los miembros de nuestra sociedad, sean todos, sean unos pocos y selectos, y que por ello mismo el adversario admite, o se supone que debe admitir. El criterio, pues, para aceptar unas premisas es externo y ajeno a la esencia de las cosas que hacen de sujeto y predicado en la proposición: basta con que los sabios, el vulgo o una escuela determinada de pensamiento, entiendan que esas cosas se afirman o niegan la una de la otra, para que se pueda construir desde tales premisas un razonamiento dialéctico. Lo que diferencia, pues, esencialmente el silogismo dialéctico del demostrativo es el modo en que se conocen las premisas de que se parte. Pues, si en la ciencia las premisas han de ser conocidas por sí, con independencia de cualquier opinión, en la dialéctica se admiten consultando las autoridades u "opiniones". 
8.18. La técnica del dialéctico.
Con esto sólo hemos destacado lo que de manera general distingue el razonamiento dialéctico del científico. Pero no se debe pensar que basta con partir de proposiciones avaladas por una autoridad cualquiera para haber cumplido todas las reglas del muy complicado arte de la Dialéctica. La Dialéctica enseña a razonar a partir de opiniones y razona sobre cualquier clase de problemas, pero no de cualquier manera, sino de modo que alcance el fin que se pretende. Y ese fin no es sólo uno, como en la ciencia que tan sólo pretende demostrar absolutamente, sino que puede ser de índole muy variable.
Veamos, a modo de ejemplo, cómo se desarrolla una contienda o diálogo agonístico, que constituye el uso más importante, pero no el único, de la técnica dialéctica. En ella se oponen dos contendientes, uno que pregunta y otro que responde, ante un público y un árbitro o juez. El fin del que pregunta consiste principalmente en refutar al que responde. Este, por su parte, debe arreglárselas para que el contrincante no le refute, es decir, para que no le lleve con sus preguntas y razonamientos a una contradicción. En líneas generales este tipo de diálogo se desarrolla conforme a los pasos siguientes: 
1) El diálogo empieza con una pregunta en forma disyuntiva, que contiene las dos partes de la contradicción, a la cual llama Aristóteles "problema". Por ejemplo "¿el placer es un bien o no lo es?". El contenido del problema está ya en cierto modo determinado o limitado por la opinión, pues no se debe discutir ni sobre lo que nadie admite, ni sobre lo que es para todos manifiesto, sino sólo sobre aquello acerca de lo cual o no hay opinión o hay opiniones contrapuestas.
2) El que responde acepta uno de los lados de la contradicción y lo hace suyo; pero no tiene que hacerlo manifestando sinceramente su opinión, sino atendiendo a las opiniones, pues no debe admitir ni lo que no es plausible, ni lo absurdo o lo depravado, ya que, al hacer suyas estas cosas ante un auditorio, se haría detestable.
3) Admitida, pues, una de las partes de la contradicción problemática por parte del que responde, el que pregunta presenta una nueva proposición, que ha de poder ser contestada con un sí o un no. Para ello, el que pregunta ha de considerar, por un lado, los puntos flacos de la tesis admitida, en orden a lograr una refutación y, por otro, las opiniones de los sabios o de la mayoría, pues conforme a ellas es de esperar que el contrincante responda. Considerados ambos extremos, el que pregunta intentará que el otro dé su asentimiento a unas proposiciones de las que pueda, luego, extraer silogísticamente una conclusión que contradiga alguna de las opiniones admitidas por el que responde.
4) Por su lado, el que responde, teniendo en cuenta otra vez las opiniones aceptables y previendo la refutación que el otro quiere hacerle, contesta afirmativamente, negativamente o pidiendo una aclaración.
5) El diálogo continuará por este camino hasta que el preguntador consiga refutar al respondedor (es decir, llevarle a admitir una contradicción) o hasta que se acabe el tiempo, siempre limitado, de la discusión, sin que la refutación se haya producido. En el primer caso habrá vencido el que pregunta y en el segundo su oponente.
8.19. La Dialéctica y la demostración.
Esta descripción somera permite vislumbrar el papel central que la consideración de las opiniones o autoridades tiene a la hora de disputar. Permite también observar que la técnica dialéctica no discurre ni mucho menos de manera paralela a la del científico que demuestra. Las ciencias parten de los principios, que son un cupo coherente y bien delimitado de proposiciones evidentes, desde las cuales puede establecer deductivamente las conclusiones denominadas teoremas. En cambio, el dialéctico parte de un enjambre incoherente de proposiciones de valor tan dispar como el conjunto de opiniones defendidas o conocidas en una comunidad. Dado este punto de partida, múltiple y heterogéneo, en el cual frecuentemente se da la contradicción entre las opiniones de fuente diversa, se comprende que el arte del dialéctico discurra por unos cauces diferentes a los de la demostración.
El científico, en efecto, tiene por tarea fundamental buscar, en el cuerpo de proposiciones de su ciencia, y básicamente entre los principios, el término medio adecuado que permite conocer como necesaria y por sí la conclusión. En cambio, el arte del dialéctico no consiste sólo en realizar deducciones a partir de un conjunto de premisas determinado, sino en seleccionar, entre el conjunto incoherente y relativo de opiniones, las que pueden servir para razonar con un fin concreto, como el de vencer en una disputa
Tomado de:
Gambra, J.M. – Oriol, M. LÓGICA ARISTOTÉLICA. Madrid (2008), p. 270 y ss.