En una entrada precedente
mencionamos en breve laudatorio de Pío IX dirigido al Obispo Dupanloup por su opúsculo
comentario del Syllabus: La Convention du 15 septembre et L’Encyclique du 8
Décembre, publicado en 1865.
A pedido de un lector y amigo de nuestra bitácora
subimos a nuestro estante de scribd el texto del opúsculo de Dupanloup en
castellano. Consta de unas veintitrés páginas consideradas fundamento de cierto "liberalismo católico de conveniencia" no
reprobado por Pío IX ni por los pontífices posteriores.
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lunes, 18 de enero de 2016
domingo, 6 de septiembre de 2015
El Syllabus es claro (y 3)
Cerramos con esta entrada la serie
dedicada a la claridad del Syllabus. El
obispo Dupanloup aplica una simple regla de hermenéutica a la célebre proposición
80. Si completamos esta sugerencia con la lectura de la fuente de dicha
proposición, podremos llegar a una interpretación fiel al espíritu del
documento.
Es otra regla de interpretación y
de sensatez aquella que indica que se debe estudiar y sopesar atentamente todos
los términos de una proposición condenada, para ver sobre qué recae o no recae
la condena.
¡Y bien! Es sobre todo esta regla, tan simple, tan evidente, a la cual
la ligereza de los periódicos y del publico parece no haber prestado aquí
ninguna atención. Sobre ello podría citar veinte ejemplos.
Así, el Papa condena la siguiente proposición: “El Pontífice romano
puede y debe reconciliarse y transigir con la civilización moderna”.
Luego, se concluye, el Papado se declara enemigo irreconciliable de la
civilización moderna.
Todo aquello que constituye la
civilización moderna es, según los periódicos, enemigo de la Iglesia , condenado por el
Papa.
Esta interpretación es,
simplemente, una absurdidad.
Las palabras que sería necesario
subrayar aquí son reconciliarse y transigir.
En aquello que nuestros adversarios designan bajo ese nombre tan
vagamente complejo de civilización moderna, hay cosas buenas, indiferentes, y
hay también cosas malas.
Decir que el Papa tiene que reconciliarse con lo que es bueno o
indiferente en la civilización moderna sería una impertinencia y una injuria,
como si uno le dijera a un hombre honesto: “reconcíliate con la justicia”.
Con lo que es malo, el Papa no debe ni puede reconciliarse ni
transigir. Pretenderlo sería un horror.
He aquí el sentido, muy simple, de la condenación dirigida contra la
proposición 80ª, sobre la cual, por otra parte, volveré a tratar.
Del mismo modo, en la misma
proposición 80ª existen otras palabras igualmente vagas y complejas como
progreso y liberalismo*. Aquellos que de bueno puede haber en esas palabras
y en esas cosas, el Papa no las rechaza; de aquello que es indiferente, él no
tiene por qué ocuparse; aquello que es malo, él lo reprueba; este es su derecho
y su deber.
Y, por otra parte, era oportuno y muy oportuno el hacer notar al mundo
cómo ciertos hombres confunden y desorientan con palabras altisonantes y mal
definidas, bajo las cuales, junto al bien, se encubren y se propagan tantos
errores funestos, intelectuales, religiosos, morales, políticos y sociales.
* N. de R.: sobre las dificultades
para definir al polisémico liberalismo tratamos en nuestra bitácora en tres entradas.
jueves, 27 de agosto de 2015
El Syllabus es claro (1)

El Syllabus es tan claro que no necesita interpretación. Esto es lo que muchas veces se dice. Pero la historia es rica en ejemplos de distintas interpretaciones, dentro y fuera del catolicismo.
Para ilustrar un poco el punto, se puede tomar un ejemplo a partir
de la proposición 63, que condena:
Negar la obediencia a los Príncipes legítimos, y lo que es más,
rebelarse contra ellos, es cosa lícita.
Una primera lectura daría lugar a
dos afirmativas:
1ª. Negar obediencia a
los gobernantes legítimos es ilícito.
2ª. Rebelarse contra los
gobernantes legítimos es ilícito.
¿Quiere esto decir que para Pío IX
hay que obedecer cualquier cosa que mande el gobernante y nunca es lícito
rebelarse contra un gobierno legítimo? ¿El Syllabus
defiende la “obediencia extrema” o servil a los gobernantes legítimos? ¿No dice la Escritura que a veces
hay que obedecer a Dios antes que a los hombres? ¿Y la resistencia? ¿Y Tomás Moro?
En su tiempo el obispo Dupanloup aplicó algunas reglas de interpretación al Syllabus. Una es que, en buena lógica, la condena de una
proposición no implica la afirmación de su contraria, sino de su contradictoria. Transcribimos la explicación del
obispo para que se entienda mejor:
“Es una regla elemental de interpretación que la condena de una
proposición, reprobada como falsa, errónea, e incluso como herética, no implica
necesariamente la afirmación de su contraria,
que podría ser frecuentemente otro error; sino solamente de su contradictoria.
La proposición contradictoria es aquella que simplemente excluye la
proposición condenada. La contraria es aquella que va más allá de esta
simple exclusión…
El Papa condena esta proposición: “Negar la obediencia a los Príncipes
legítimos, y lo que es más, rebelarse contra ellos, es cosa lícita” (Prop. 63)
Se finge que de allí se
concluye que, según el Papa, rehusar la obediencia no está permitido jamás, y
que siempre se debe inclinar la cabeza ante la voluntad de los príncipes. Esto
es dar un salto al último extremo de la contraria,
y hacer consagrar por el Vicario de Jesucristo el despotismo más brutal, y la
obediencia servil a todos los caprichos de los reyes. Esto es la extinción de
la más noble de las libertades, la santa libertad de las almas ¡Y he aquí lo
que lo se le hace afirmar al Papa!”
El Syllabus es un documento redactado por teólogos. Se necesita una hermenéutica teológica, la cual supone reglas de interpretación, distinciones y matices. Sin un mínimo de interpretación, del Syllabus se sigue cualquier cosa...
domingo, 23 de agosto de 2015
Dupanloup pero sin mitificaciones
La figura de Félix-AntoineDupanloup (1802-1878) es conocida para quienes de algún modo están
familiarizados con la
Historia de la
Iglesia del siglo XIX.
Dupanloup fue el autor de un
opúsculo que comenta al Syllabus: La Convention du 15 septembre et L’Encyclique du 8
Décembre, publicado en 1865. En su tiempo, e l
folleto fue un verdadero éxito editorial, la primera edición se agotó en dos
horas y tres semanas más tarde circularon 100.000 ejemplares, además de las múltiples traducciones. A diferencia del libro de Sardá -que no
tuvo el aval de ningún acto pontificio- el obispo de Orleáns recibió un acto
pontificio favorable a su folleto: el Breve de Pío IX, Ita, Venerabilis Frater (8-II-1865), que puede leerse en este
enlace (en latín y francés). El documento se incluyó en todas las reediciones del folleto y -de modo semejante a lo sucedido con la obra de Sardá- los partidarios del catolicismo liberal hicieron uso y abuso del Breve pontificio.
Además del éxito editorial, el opúsculo de Dupanloup tuvo importante recepción en la Iglesia. El
primer biógrafo del obispo dio gran importancia al Breve de Pío IX y recordó con actitud triunfalista las
630 cartas de felicitación que le enviaran obispos de distintos países. Pero
Yves Chiron señala que está pendiente de estudio el
contenido de esas cartas, muchas de las cuales podrían ser meras respuestas de cortesía.
Algunos ven hoy el Breve del Papa como una especie de
“cheque en blanco” para el liberalismo que profesan. Lo cual nos parece una
mitificación.
Pero también en los ambientes católicos tradicionales de nuestros días se dan reacciones extrañas ante un acto del Papa que resulta "indigesto". Hay autores que omiten mencionar la existencia del Breve cuando trazan el perfil biográfico de Pío IX o critican el papel del obispo de Orleáns. Otros silencian los elogios que contiene el documento y resaltan un párrafo en el cual el Papa habría sugerido que si bien Dupanloup defiende al Syllabus de las calumnias no expresa su verdadero sentido. Algún
sacerdote –tal vez prisionero de la camisa de fuerza ultramontana- se mete en un laberinto psicologista, y termina por forzar los hechos, para dejar bien parado al Pontífice. Quizás ignore otro Breve de Pío IX en apoyo de un libro de Mons. Fessler que pone límites al infalibilismo exagerado.
Recomendamos al lector interesado que se lea documento completo. Pero nos parece que hay algunas conclusiones objetivas que se imponen:
1ª. El Breve es un acto
pontificio. El libro de Dupanloup tiene en su favor un Breve; el
opúsculo de Sardá y Salvany no lo tiene. Guste o no, es un hecho.
2ª. No conocemos a ningún
historiador que sostenga que Pío IX estuviera coaccionado de algún modo para suscribir el Breve.
El Papa pudo no decir nada, pero lo hizo estampando su firma y sello. Nunca se retractó públicamente, ni mandó expurgar el libro, ni ordenó que se lo incluyera en el Índice.
3ª. Hay que atenerse a las palabras
del documento completo, sin sesgos de selección.
¿Qué valor tiene el Breve de Pío
IX? El documento laudatorio no implica
que la interpretación de Dupanloup fuera: oficial, única legítima, exhaustiva, la
más fiel a la letra y el espíritu del Syllabus. Del tenor de
las expresiones empleadas tampoco se puede concluir que el Papa diera
a su acto un peso magisterial importante. Pero implica un juicio general de ortodoxia equivalente a un nihil obstat pontificio.
¿Quisiéramos que no existiera este Breve? La primera ley de la historia es no mentir; la segunda es no temer decir toda la verdad...
¿Quisiéramos que no existiera este Breve? La primera ley de la historia es no mentir; la segunda es no temer decir toda la verdad...
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