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martes, 4 de octubre de 2016

Asís ficción

En nuestra modesta opinión, lo mejor sería que encuentros como el de Asís dejaran de realizarse. Pero si esto no se hiciera, al menos cabría pensar en una mejora. Imaginando esta posibilidad, algún Pontífice -difícilmente el actual- podría emitir un Motu proprio del siguiente tenor:
1.- La finalidad principal de estos encuentros es tratar acerca de la colaboración que puede prestar la Iglesia católica y otras confesiones religiosas a la paz mundial y al bien común internacional.
2.- Reafirmo con el Magisterio de la Iglesia, fiel a la revelación divina, que Jesucristo es el único mediador y el redentor universal, que fundó una única Iglesia de Cristo, que es la Iglesia católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, fuera de la cual no hay salvación.
3.- En todo encuentro inter-religioso en el cual intervengan miembros de la Iglesia católica deberá hacerse explícita mención de las dos puntos precedentes. Si algún obispo, o clérigo, las omitiere será penado con suspensión latae sententiae.
4.- Ordeno que en el día x-y-2020 en toda la Iglesia se celebre la Missa Votiva pro Pace. Terminada la Misa se rezará la siguiente oración:
Oh Dios por quien son santos los deseos, rectos los consejos y justas las obras, da a tus siervos aquella paz que no puede dar el mundo para que entregados nuestros corazones al cumplimento de tus mandatos y desapareciendo el temor del enemigo aparezcan tranquilos los días para tu protección Por nuestro Señor Jesucristo.
5.- Para evitar el peligro sincretismo y de abuso de lugares sagrados, los encuentros con los representantes de otras confesiones no se realizarán en lugares sagrados destinados al culto católico. 


viernes, 30 de septiembre de 2016

Encuentros de Asís



Sobre el encuentro juanpablista de Asís y los posteriores se ha discutido muchísimo. Conociendo las críticas al acto inter-religioso, el jesuita Michel Fédou intenta dar una justificación que parece interesante reproducir para luego apuntar algunas críticas:
“El segundo ejemplo tiene que ver con un acontecimiento de extraordinaria importancia: el encuentro que tuvo lugar en Asís el 27 de octubre de 1986.
Hay que recordar que el papa Juan Pablo II había invitado a los responsables de diversas religiones a encontrarse ese día para rezar por la paz: gesto sin precedentes en la historia de la Iglesia (5). Pero las dificultades no tardaron en surgir: ¿no se corría el riesgo de hacer creer que el cristianismo, no contento con repudiar las formas extremas
de intolerancia, relativizaba ahora su pretensión de ser la "religión verdadera"?
Sin duda, se trataba ante todo de una jornada de oración por la paz, lo que, de suyo, no hacía que apareciera la cuestión de las divergencias propiamente religiosas. Sin embargo, el solo hecho de ver en la televisión una reunión de cristianos, judíos, musulmanes, hindúes o budistas ¿no sugeriría que la religión cristiana hacía en aquel momento una concesión a otras creencias o que autorizaba una especie de fusión -de "sincretismo"- entre las diferentes tradiciones de la humanidad?
También Juan Pablo II quiso prevenir contra una interpretación semejante. El 22 de octubre de 1986, durante una audiencia general, explicó que no se trataría de "orar juntos", sino de "estar juntos para orar":
"Lo que sucederá en Asís no será cierto sincretismo religioso, sino sincera actitud de oración a Dios dentro del mutuo respeto. Y ésta es la causa por la que se ha elegido para
el encuentro de Asís la fórmula: 'estar juntos para orar'. No se puede, ciertamente, 'orar juntos', es decir, hacer una oración común.
Pero se puede estar presente cuando los otros oran. De esta forma manifestamos nuestro respeto por la oración ajena y por la actitud de los demás ante la divinidad. Mientras tanto, les ofrecemos el testimonio humilde y sincero de nuestra fe en Cristo, Señor del universo"(6).
De hecho, el 27 de octubre, los representantes de las religiones rezaron en primer lugar separadamente en los diversos lugares que les fueron asignados; e incluso después, cuando se encontraron en la parte inferior de la basílica, no pronunciaron juntos las mismas fórmulas, sino que escucharon sucesivamente la oración de cada grupo.
Bien entendido que esto no significaba que los creyentes de diferentes tradiciones nunca pudieran comulgar en profundidad en el mismo misterio del Absoluto. Pero la distinción de Juan Pablo II, situada en su contexto, tenía la ventaja de indicar a los cristianos una necesaria línea divisoria entre intolerancia y relativismo: "estar juntos para orar" significaba rechazar la intolerancia frente a otros creyentes; sin embargo, precisar que no se trataba de "orar juntos" suponía recordar las divergencias entre las religiones y poner en guardia contra el riesgo de relativismo.” (Cfr. Fédou, M. Las religiones según la fe cristiana, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000, pp. 17-18)
______________
(5) Era la primera vez que un papa tomaba una iniciativa semejante; en 1893 se reunió en Chicago el "Parlamento de las religiones", pero este encuentro fue organizado por la Iglesia presbiteriana y la Iglesia católica de los Estados Unidos (con la aprobación del papa León XIII).
(6) Texto en Ecclesia, n. 2.291 (I noviembre 1986) p. 1.505.A pesar de la precisión de Juan Pablo II, desgraciadamente algunos han continuado viendo en el encuentro de Asís una puerta abierta al relativismo o al sincretismo, ya sea porque ellos mismos admiten que "todas las religiones valen lo mismo'', ya sea, al contrario, por acusar a la Iglesia de haber roto aquí con la Tradición (a este último grupo pertenece especialmente la corriente integrista de Mons. Lefebvre).

El autor aplica una distinción que tiene fundamento real: hay una oración interreligiosa ("orar juntos") por la cual católicos y acatólicos rezan conjuntamente, empleando una fórmula común. Por ejemplo: católicos y luteranos rezan un padrenuestro. Estas oraciones inter-cristianas estaban autorizadas por Ottaviani antes del Vaticano II, aunque bajo condiciones estrictas. Y existe la oración multireligiosa (que es la oración no común, el "orar por separado") en virtud de la cual unos están presentes físicamente mientras otros rezan. Vale decir que cada uno utiliza su propia oración y no se reza en simultáneo una misma fórmula común a católicos y no católicos. Este sería el caso de los encuentros de Asís.
Los defensores de estos encuentros suelen limitar su defensa del acontecimiento a esta distinción. Pero a nosotros no nos parece una respuesta suficiente. De hecho, quisiéramos preguntarles: ¿el uso de la basílica de Asís para que representantes de religiones falsas expresen públicamente sus plegarias no constituye abuso de un lugar sagrado para fines contrarios a la santidad del lugar? ¿No es posible utilizar otros sitios para estos actos? ¿Acaso una oración multireligiosa no podría interpretarse como una especie de comunicación espiritual prohibida por ley divina? ¿No es una conducta pública que ofende la unidad de la Iglesia, lleva al error o al peligro de errar en la fe, es ocasión de escándalo y de indiferentismo, como dice el mismísimo Vaticano II (cfr. Orientalium Ecclesiarum, n. 26)?
En todo caso nos parece que los efectos de esta clase de encuentros son muy negativos. Porque se los ha tomado como ejemplares para la imitación. Y los símiles episcopales suelen ser mucho peores que el original. Lo habitual es que se los interprete como un gesto sincrético en un mundo sometido a la “dictadura del relativismo” y una Iglesia enferma de “ecumanía”.



lunes, 23 de junio de 2014

Dejate bendecir

Toda bendición es alabanza a Dios y oración para obtener sus dones. Algunas bendiciones son verdaderos sacramentales, mientras que otras son simples oraciones que pueden ir acompañadas, o no, de gestos congruentes, pero que no son sacramentales en sentido estricto.
Los sacramentales propia y específicamente pueden definirse así: signos sagrados instituidos por la Iglesia para una cierta imitación de los sacramentos, de los cuales la misma Iglesia suele usar para obtener por su impetración efectos principalmente espirituales. Los sacramentales no fueron instituidos, de ley ordinaria, por Cristo, sino por la Iglesia. No obran «ex opere operato», como los sacramentos, pero su eficiencia no descansa tampoco en la mera disposición subjetiva del que hace uso de ellos, sino principalmente en la intercesión de la Iglesia, la cual, como esposa santa e inmaculada de Cristo, posee una particular eficacia intercesora. Si consideramos bien la índole del «opus operantis Ecclesiae», podremos afirmar que los sacramentales obran «quasi ex opere operato». Los sacramentales no confieren inmediatamente la gracia santificante, sino que únicamente disponen para recibirla. Los efectos particulares de los distintos sacramentales son diversos según el fin peculiar de cada uno.
¿Cuantos sacramentales hay? Los teólogos no se han puesto de acuerdo sobre su númeroActualmente sin embargo, se pueden establecer cuatro tipos de sacramentales (refiriéndonos únicamente a los que son autónomos de los sacramentos): a) bendiciones invocativas: son ceremonias o fórmulas con las que se pide el auxilio divino para el que usa la cosa bendecida o recibe la bendición; b) bendiciones constitutivas: son ceremonias por medio de las cuales una cosa profana se convierte en cierto modo en sagrada, pero sin el empleo de óleos sagrados; c) consagraciones: son ceremonias con las que alguna cosa se convierte de profana en sagrada de una manera más profunda, empleando los santos óleos; se le da el nombre de «dedicaciones» cuando se refieren a lugares y de «consagraciones» cuando se refieren a personas (aunque hay algunas excepciones); d) exorcismos: son admoniciones que se hacen en nombre de Cristo al demonio para que se aleje de una persona o cosa.
“De la definición establecida de los sacramentales se deduce que no deben ser referidos al número de estos sacramentales: α. la oración dominical, las oraciones de los fieles, el signo de la cruz, la limosna, la bendición con la cual los padres piden bienes para sus hijos [este supuesto debe reconsiderarse a la luz del actual Bendicional], etc., tanto porque no fueron instituidas por la Iglesia como porque no tienen su fuerza de la impetración de ésta; ß. tampoco son sacramentales las oraciones de la Iglesia, las ceremonias del sacrificio eucarístico, las genuflexiones, los golpes de pecho, etc., porque no producen sus efectos por la oración de la Iglesia, aunque hayan sido instituidas por ésta. Pues la obra que produce un peculiar efecto sobrenatural, o por su naturaleza, como la oración dominical, que por razón del autor (Jesucristo en persona), agrada extraordinariamente a Dios, o por una especial promesa divina, como la limosna, no pertenecen a los sacramentales, los cuales producen sus efectos en fuerza a la oración de la Iglesia.” (Noldin-Schmit)
Sólo la Sede Apostólica puede establecer nuevos sacramentales, interpretar auténticamente los que existen y suprimir o modificar alguno de ellos. En la confección o administración de los sacramentales, deben observarse diligentemente los ritos y fórmulas aprobados por la autoridad de la Iglesia. Es ministro de los sacramentales el clérigo provisto de la debida potestad; pero, según lo establecido en los libros litúrgicos y a juicio del Ordinario, algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos que posean las debidas cualidades. Dentro de los sacramentales que más frecuentemente pueden administrar los laicos como ministros por la eficacia de su sacerdocio común, del que han sido hechos partícipes por el bautismo y la confirmación, y por la facultad que les otorga el Derecho, están las bendiciones. Entre las que pueden realizar los laicos figuran las siguientes (se citan los números correspondientes del Bendicional): la de los esposos en los aniversarios de su matrimonio fuera de la Misa (116), la de los niños (137 y 159), la de los prometidos (199), la de la mujer antes y después del parto (219), la de los ancianos que no pueden salir de casa (261) y de los enfermos (291), la de un grupo reunido para la catequesis o la oración (385), la de los que van a emprender un viaje (490), la de una nueva casa (535), las de todo lo relacionado con desplazamientos humanos (723), la de algunos instrumentos técnicos (750), la de animales (803), campos, tierras de cultivo y terrenos de pasto (829), en la presentación de nuevos frutos (866), la del belén navideño (1246 y 1255), en la acción de gracias (1419) y en diversas circunstancias (1439).
Bendición de Isaac.
A la luz de las consideraciones precedentes cabe considerar una de las últimas “bergogliadas”. Hace una semana, Francisco recibió a Justin Welby, primado de la comunión anglicana, y permitió que el inglés le diera una bendición. En primer lugar, se debe afirmar que el anglicano no es ministro de los sacramentales pues no es un clérigo provisto de la debida potestad. Por tanto, no puede administrar ninguna bendición que sea sacramental en sentido propio. Pero, en cuanto bautizado, Welby puede pronunciar simples oraciones, acompañadas de gestos congruentes, que Dios podría tener en cuenta. Porque nunca ha enseñado la Iglesia que los acatólicos no puedan rezar ni que Dios no reciba sus oraciones. De hecho, Dios puede premiar con la Gloria el martirio de un cristiano no católico.
Del gesto de Francisco -en buena lógica, y a la luz de una reflexión teológica seria- no puede concluirse como hace un sitio incalificable (no es R.C. y preferimos no poner el enlace) que el Papa esté negando la enseñanza de la Iglesia sobre la invalidez de las órdenes anglicanas (cfr. Apostolicae curae, de León XIII). Porque no ha dicho nada al respecto y de una simple bendición no se sigue tal conclusión. Pero la equivocidad de la “bergogliada” de marras sí puede llevar a preguntarse si del gesto de inclinar la cabeza ante un acatólico que bendice no surge “peligro de errar en la fe” u “ocasión de escándalo y de indiferentismo” como dice la letra del Vaticano II (cfr. Orientalium Ecclesiarum, n. 26) al tratar acerca del ecumenismo.


domingo, 22 de junio de 2014

Cuando el ecumenismo fracasa

No muchas veces se puede encontrar en una web neocon como ReL algún cuestionamiento -siquiera remoto- al super-dogma del Vaticano II. Pero a veces hay excepciones. Tal parece ser el caso de un breve vídeo del padre Santiago Martín, fundador y superior de los Franciscanos de María, que reflexiona en Magnificat TV sobre un hecho singular: más allá de las buenas relaciones personales, cuanto más tiende la Iglesia su mano a otras comunidades cristianas, más se separan éstas de la Iglesia alzando muros infranqueables, como la ordenación de mujeres o la elección de obispos que practican abiertamente la homosexualidad. Ciertamente el franciscano no llega a reconocer que "los mismos textos conciliares tienen un enorme potencial de conflicto" (Kasper), pero al menos se da cuenta del fracaso de un optimismo buenista en relación con los cristianos separados. 


lunes, 30 de diciembre de 2013

Jesuita critica Evangelii Gaudium sobre el Islam

En la Evangelii gaudium el papa Francisco dicta las reglas de la relación con los musulmanes. El jesuita islamólogo Samir Khalil Samir las examina exhaustivamente una por una y denuncia los límites.
PUNTOS DE LA "EVANGELII GAUDIUM" QUE REQUIEREN ACLARACIÓN
por Samir Khalil Samir
1. Los musulmanes "adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso" (n. 252)
Tomaré con cautela esta frase. Es verdad que los musulmanes adoran un Dios único y misericordioso. Pero esta frase sugiere que las dos concepciones de Dios son iguales. Por el contrario, en el cristianismo Dios es Trinidad en su esencia, pluralidad unida en el amor. Es un poco más que la sola clemencia y misericordia. Tenemos dos concepciones bastante diferentes de la unicidad divina. La musulmana caracteriza a Dios como inaccesible. La visión cristiana de la unicidad trinitaria subraya que Dios es Amor que se comunica: Padre-Hijo-Espíritu Santo, o bien Amante-Amado-Amor, como sugería san Agustín.
Además, ¿qué significa también la misericordia del Dios islámico? Que Él practica misericordia con quien quiere y no la practica con los que no quiere. "Dios hace entrar en Su misericordia a quien Él quiere" (Corán 48:25). Estas expresiones se encuentran en forma casi literal en el Antiguo Testamento (Ex 33, 19). Pero no se llega jamás a decir que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 16), tal como se expresa san Juan.
En el caso del Islam, la misericordia es la del rico que se inclina hacia el pobre y le concede algo. Pero el Dios cristiano es Aquél que desciende hacia el pobre para elevarlo a su nivel; no muestra su riqueza para ser respetado (o temido) por el pobre: se dona a sí mismo para hacer vivir al pobre.
2. "Los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas" (n. 252)
Es verdad en un cierto sentido, pero puede ser también ambiguo. Es verdad que los musulmanes retoman palabras o hechos de los evangelios canónicos, por ejemplo, el relato de la Anunciación se encuentra casi literalmente en los capítulos 3 (la familia de 'Imr?n) y 19 (Mariam).
Pero más frecuentemente el Corán se inspira en los relatos píos de los evangelios apócrifos, y no extraen el sentido teológico que se encuentra en ellos y no dan a estos hechos o palabras el sentido que tienen en realidad, no por malicia, sino porque no tienen la visión global del mensaje cristiano.
3. La figura de Cristo en el Corán y en el Evangelio (n. 252)
El Corán se refiere a "Jesús y María [que] son objeto de profunda veneración". A decir verdad, Jesús no es objeto de veneración en la tradición musulmana. Por el contrario, en el caso de María se puede hablar de una veneración, en particular por parte de las mujeres musulmanas, que van voluntariamente a los lugares de peregrinación mariana.
La ausencia de veneración para Jesucristo se explica probablemente por el hecho que, en el Corán, Jesús es un gran profeta, famoso por sus milagros a favor de la humanidad pobre y enferma, pero no es igual a Mahoma. Sólo por parte de los místicos se puede notar una cierta devoción, ellos lo llaman también "Espíritu de Dios".
En realidad, todo lo que se dice de Jesús en el Corán es lo opuesto de las enseñanzas cristianas. Él no es Hijo de Dios: es un profeta y basta. No es ni siquiera el último de los profetas, porque por el contrario el "sello de los profetas" es Mahoma (Corán 33:40). La revelación cristiana es vista sólo como una etapa hacia la revelación última, traída por Mahoma, es decir, el Islam.
4. El Corán se opone a todos los dogmas cristianos fundamentales
La figura de Cristo como segunda persona de la Trinidad es condenada. En el Corán se dice en forma explícita a los cristianos: "Oh, gente de la Escritura, no se excedan en su religión y digan de Dios nada más que la verdad. El Mesías Jesús, hijo de María, no es más que un mensajero de Dios, una de sus palabras que Él pone en María, un Espíritu [que proviene] de Él. Crean entonces en Dios y en sus mensajeros. No digan ‘Tres’, ¡deténganse! Será mejor para ustedes. En verdad Dios es un dios único. ¿Tendría un hijo? Gloria a Él (Corán 4:171). Los versículos contra la Trinidad son muy claros y no tienen necesidad de tantas interpretaciones.
El Corán niega la divinidad de Cristo: "Oh, hijo de María, ¿eres tú quien dijo a la gente: 'tomadme a mí y a mi madre como dos divinidades además de Dios'?" (Corán 5:116). ¡Jesús lo niega!
Por último, en el Corán se niega la redención. Directamente se afirma que Jesucristo no murió en la cruz, sino que fue crucificado un doble: "No lo han matado, no lo han crucificado, sino que les pareció" (Corán 4:157). De este modo Dios salvó a Jesús de la malicia de los judíos. ¡Pero entonces Cristo no ha salvado al mundo!
En síntesis, el Corán y los musulmanes niegan los dogmas esenciales del cristianismo; la Trinidad, la Encarnación y la Redención. ¡Se debe agregar que éste es su derecho más absoluto! Pero entonces no se puede decir que "los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas". Se debe hablar simplemente del “Jesús coránico” que no tiene nada que ver con el Jesús de los Evangelios.
El Corán cita a Jesús porque pretende completar la revelación de Cristo para exaltar a Mahoma. En el resto, viendo cuánto Jesús y María hacen en el Corán, nos damos cuenta que ellos no hacen más que aplicar las oraciones y el ayuno según el Corán. María es ciertamente la figura más bella entre todas las presentadas en el Corán: es la Madre Virgen, que ningún hombre jamás ha tocado. Pero no puede ser la Theotokos; más bien es una buena musulmana.
LOS PUNTOS MÁS DELICADOS
1. Ética en el Islam y en el cristianismo (252)
La última frase de este parágrafo de la "Evangelii gaudium" dice, al hablar de los musulmanes: "También reconocen la necesidad de responderle [a Dios] con un compromiso ético y con la misericordia hacia los más pobres". Esto es verdad y la piedad hacia los pobres es una exigencia del Islam.
Pero me parece que hay una doble diferencia entre la ética cristiana y la musulmana.
La primera es que la ética musulmana no es siempre universal. Se trata a menudo de ayuda dentro de la comunidad islámica, mientras que la obligación de ayuda, en la tradición cristiana, es de por sí universal. Se nota, por ejemplo, cuando hay una catástrofe natural en alguna región del mundo, que los países de tradición cristiana ayudan sin considerar la religión de quien es ayudado, mientras que los riquísimos países musulmanes (los de la Península Arábiga, por ejemplo) no lo hacen en este caso.
La segunda es que el Islam liga ética y legalidad. El que no ayuna durante el mes de Ramadán comete un delito y va a la cárcel (en muchos países). Si cumple el ayuno previsto, desde el alba hasta la puesta del sol, es perfecto, aunque luego de la puesta del sol come hasta el alba del día siguiente, más y mejor que lo que come habitualmente: "se comen las cosas mejores y en abundancia", como me decían algunos amigos egipcios musulmanes. Parece que no hay otro significado en el ayuno si no es el de obedecer a la ley mismo del ayuno. El Ramadán se convierte en el período en el que los musulmanes comen más, y comen las cosas más deliciosas. Al día siguiente nadie trabaja, dado que por comer nadie ha dormido. Pero desde el punto de vista formal todos han ayunado durante algunas horas. Es una ética legalista: si usted hace esto, usted está en lo justo. Es una ética superficial.
Por el contrario, el ayuno cristiano es algo que tiene como fin aproximarse íntimamente al sacrificio de Jesús, a la solidaridad con los pobres y no es el momento en el que se recupera cuanto uno no ha comido.
Si alguno aplica la ley islámica, todo está en orden. El fiel no pretende ir más allá de la ley. La justicia es requerida por la ley, pero no es superada. Por eso, no está en el Corán la obligación del perdón. Por el contrario, en el Evangelio Jesús pide perdonar de modo infinito (setenta veces siete, cf. Mt 18, 21-22). En el Corán la misericordia no llega jamás al amor.
Lo mismo vale para la poligamia: se puede tener hasta cuatro esposas. Si quiero tener una quinta, basta repudiar a una de las que ya tengo, quizás la más vieja, y tomar una esposa más joven. Al tener siempre sólo cuatro esposas estoy en la legalidad perfecta.
Está también el efecto contrario, por ejemplo, para la homosexualidad. En todas las religiones es un pecado. Pero para los musulmanes, es también un delito que debería ser castigado con la muerte. En el cristianismo es un pecado, pero no un crimen. El motivo es obvio: el Islam es religión, cultura, sistema social y político; es una realidad integral. Es claramente así en el Corán. Por el contrario, el Evangelio distingue claramente la dimensión espiritual y ética de la dimensión socio-cultural y política.
Lo mismo vale para la pureza, como lo explica en forma clara Cristo a los fariseos: "No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino que es lo que sale de su boca lo que contamina al hombre" (Mt 15, 11).
2. "Los fundamentalismos de ambas partes" (n. 250 y 253)
Por último, hay dos aspectos que querría criticar. El primero es aquél en el que el Papa pone juntos a todos los fundamentalismos. En el n. 250 se dice: “Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes”.
El otro es la conclusión de la sección sobre la relación con el Islam que termina con esta frase: "Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia" (n. 253).
Personalmente, yo no pondría los dos fundamentalismos en el mismo plano: los fundamentalistas cristianos no llevan armas; el fundamentalismo islámico es criticado ante todo y precisamente por los propios musulmanes, porque este fundamentalismo armado busca reproducir el modelo mahometano. En su vida, Mahoma libró más de 60 guerras; ahora bien, si Mahoma es el modelo excelente (como dice el Corán en 33:21), no sorprende que algunos musulmanes usen su violencia a imitación del fundador del Islam.
3. La violencia en el Corán y en la vida de Mahoma (n. 253)
Por último, el Papa menciona la violencia en el Islam. En el parágrafo 253 se lee: "el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia".
Esta frase es bellísima, y expresa una actitud muy benévola del Papa hacia el Islam. Pero me parece que ella expresa más un deseo que una realidad. Que la mayoría de los musulmanes puede ser contraria a la violencia también puede darse. Pero decir que "el verdadero Islam es contrario a toda violencia" no me parece cierto: la violencia está en el Corán. Decir además que "una adecuada interpretación del Corán se opone a toda violencia" tiene necesidad de muchas explicaciones. Basta recordar los capítulos 2 y 9 del Corán.
Sin embargo, es verdad cuanto el pontífice afirma sobre el hecho que el Islam tiene necesidad de una "adecuada interpretación". Este camino ha sido recorrido por algunos eruditos, pero no es lo suficientemente fuerte para contrastar la que recorre la mayoría. Esta minoría de eruditos busca reinterpretar los textos coránicos que hablan de la violencia, mostrando que ellos están ligados al contexto de la Arabia de la época y estaban en el contexto de la visión político-religiosa de Mahoma.
Si el Islam quiere permanecer hoy en esta visión ligada al tiempo de Mahoma, entonces siempre habrá violencia. Pero si el Islam – hay un buen número de místicos que lo han hecho – quiere encontrar una espiritualidad profunda, entonces la violencia no es aceptable.
El Islam se encuentra frente a una encrucijada: o la religión es un camino hacia la política y hacia una sociedad políticamente organizada, o la religión es una inspiración para vivir con más plenitud y amor.
El que critica al Islam a propósito de la violencia no hace una generalización injusta y odiosa: muestra las cuestiones presentes, vivas y sangrantes en el mundo musulmán.
En Oriente se comprende muy bien que el terrorismo islámico está motivado religiosamente, con citas, oraciones y fatwa por parte de imanes que fomentan la violencia. El hecho es que en el Islam no hay una autoridad central que corrija las manipulaciones. Esto hace que cada imán se crea un mufti, una autoridad nacional que puede emitir juicios inspirados por el Corán, hasta llegar a ordenar que se mate.
CONCLUSIÓN: UNA "ADECUADA INTERPRETACIÓN DEL CORÁN"
Para concluir, el punto verdaderamente importante es el de la "adecuada interpretación". En el mundo musulmán, el debate más fuerte – que es también el más prohibido – es precisamente el de la interpretación del libro sagrado. Los musulmanes creen que el Corán salió de Mahoma, completo, en la forma que conocemos. No existe el concepto de inspiración del texto sagrado, la cual da espacio una interpretación del elemento humano presente en la palabra de Dios.
Tomemos un ejemplo. En tiempos de Mahoma, con tribus que vivían en el desierto, el castigo para un ladrón era cortarle la mano. ¿Para qué servía? ¿Cuál era la finalidad de este castigo? No permitir que el ladrón siguiera robando. Ahora debemos preguntarnos: ¿cómo podemos salvaguardar hoy esta finalidad, es decir, que el ladrón no robe? ¿Podemos utilizar otros métodos en lugar del corte de la mano?
Hoy todas las religiones tienen este problema: cómo reinterpretar el texto sagrado, el cual tiene un valor eterno, pero que se remonta a siglos o a milenios.
Cuando encuentro a amigos musulmanes, saco a la luz el hecho que hoy en día es necesario interrogarse sobre la "finalidad" (maqased) que tenían las indicaciones del Corán. Los teólogos y los juristas musulmanes dicen que se deben buscar las “finalidades de la Ley divina” (maq?sid al-shar?'a). Esta expresión corresponde a lo que el Evangelio llama “el espíritu” del texto, en oposición a la “letra”. Es necesario buscar la intención del texto sagrado del Islam.
Varios eruditos musulmanes hablan de la importancia de descubrir “la finalidad” de los textos coránicos para adecuar el texto del Corán al mundo moderno. Me parece que esto está muy próximo a cuanto el Santo Padre intenta sugerir al hablar de "una adecuada interpretación del Corán".


domingo, 8 de septiembre de 2013

Nuevangelizadores Alpha



COLLATIONES.org es una web que selecciona recursos bibliográficos para quienes desean profundizar en la fe católica. Sus promotores son sacerdotes del Opus Dei. Que no digan los aludidos en esta entrada, por tanto, que estamos ofreciendo nuestra visión "filo-lefebvriana" de los cursos Alpha. Reproducimos a continuación una nota crítica que publica el sitio referida a este método nuevangelizador:
La idea general del curso parece buena, pues su finalidad es acercar el mayor número de personas, típicamente no practicantes o con escasa formación doctrinal, a conocer los temas centrales del cristianismo. Se trata, por tanto, de un curso introductorio, organizado de modo que se desarrolle en un ambiente sereno (pequeños grupos, después de una comida, etc.), y con el recurso al método dialógico. Por el método adoptado, la eficacia de las lecciones depende fundamentalmente de la formación religiosa del que lo dirige y su capacidad de orientar un diálogo constructivo.
No se trata de lecciones sobre la fe, dadas a nivel teológico o catequético. Se busca más bien fomentar un diálogo sobre algunas afirmaciones de la religión que se consideran centrales, en base a textos escriturísticos y algunas otras fuentes históricas, para examinar si lo que propone la religión es creíble. Por eso, los temas tratados se presentan en forma de preguntas: ¿quién es Jesús?, ¿murió realmente?, ¿es posible resistir el mal?, ¿qué se puede decir sobre la Iglesia?, ¿por qué y cómo leer la Biblia?, etc.
El curso adopta una perspectiva ecuménica, tomando como base temática las creencias aceptadas por las diversas tradiciones cristianas y explícitamente presentes en las fuentes bíblicas, que son las que principalmente se analizan. Por lo que se refiere a su extensión al ámbito católico, el programa prevé que, una vez terminado el curso, se puedan implementar otros con los temas específicos del catolicismo. En este punto, la orientación resulta problemática, pues se podría asimilar el catolicismo a una especie más de confesión cristiana, al que se añadirían otras verdades peculiares. En este sentido, se corre el peligro de desdibujar el significado de la "analogía de la fe", que implica la existencia de una profunda unidad entre todas las verdades reveladas, de modo que se iluminan mutuamente. Más en concreto, se abordan algunas cuestiones eclesiológicas y sacramentales de un modo deficiente: sólo se trata explícitamente el sacramento del Bautismo; el sacerdocio ministerial y la jerarquía están ausentes en la explicación de la estructura de la Iglesia; se enfatizan desproporcionadamente los fenómenos de tipo carismático; etc.
M.A.T. Septiembre de 2011
Agreguemos que Alpha tiene un activo promotor el la web ReL. Una de las características de este método es la insistencia en el kerygma. Se entiende por kerygma el anuncio de Jesucristo. La teoría del kerygma -en lo que tiene de legítimo- recuerda la centralidad de Cristo en la evangelización. El kerygma sería la dimensión o el momento de la acción misionera en el que se manifiesta el núcleo mismo del misterio cristiano: la persona de Jesucristo muerto y resucitado. Pero la unilateralidad con que el método Alpha insiste en el kerygma produce una “kerygmanía” que favorece la separación entre Cristo y la Iglesia. Ahora bien, entre Cristo y la Iglesia no hay ninguna división ni contraposición, aunque tampoco hay total identificación. ¿Cómo se conoce a Cristo sino por medio de la Escritura y la Tradición? ¿Quién nos garantiza la autenticidad de la Biblia sino la Iglesia? ¿Y quién fundó la Iglesia sino Cristo? “Según la bella expresión de San Agustín, eco fiel de San Pablo, Cristo no puede concebirse cumplidamente sin la Iglesia: son inseparables, del mismo modo que la cabeza es inseparable del cuerpo vivo. Cristo y su Iglesia forman un solo ser colectivo, el Cristo total. «El Cristo completo está formado por la cabeza y el cuerpo: el Hijo Unigénito de Dios es la cabeza, la Iglesia es su cuerpo»” (D. Columba Marmion).


lunes, 5 de agosto de 2013

El coste ecuménico del carnaval

El autor de la entrada que traducimos es el sacerdote ortodoxo Stephen Damick. Si el ecumenismo realmente se ordena a la reunión de todos los cristianos en la única Iglesia, habrá de tener en cuenta la visión de los acatólicos sobre lo que dificulta su regreso. 
Se dice que la reforma litúrgica de Pablo VI tendió un puente hacia los luteranos. Pero lo cierto es que su aplicación dinamitó otros puentes que nos vinculaban con los ortodoxos. Y a la vez reforzó sus prejuicios anti-romanos. 
El testimonio de  Damick es una muestra del "coste ecuménico" que implica el carnaval litúrgico unido a la estupidez pastoral. ¿Servirá como llamado de atención para los corifeos del optimismo compulsivo?
Obispos danzantes... Por el P. Andrew Stephen Damick, para Orthodoxy & Heterodoxy: Doctrine mattersTraducción exclusiva para Info-Caótica.


Incluso si, de alguna manera, pudiese convencerme de los dogmas exclusivos de Roma, cosas como la de arriba son la razón por la que nunca podría convertirme en católico romano. Me han dicho los defensores de Roma que cosas como éstas son en realidad "abusos" y que la "verdadera" cultura y culto romano no deberían ser así. Pero si un evento católico, global y de primer orden, como la Jornada Mundial de la Juventud (este video es de la JMJ 2013), tiene como protagonistas a los mismos sucesores de los apóstoles danzando así frente al mismísimo Papa, ¿dónde está exactamente la cosa oficial y verdadera? Esto que se ve me parece lo suficientemente oficial.
He conocido a más de una persona que se convirtió al catolicismo romano por lo que había leído y que, entonces, cuando vio este tipo de cosas (o, incluso, la insulsa liturgia cuasi-luterana que constituye la mayor parte del culto de los católicos actuales), terminó yéndose. Puedo entender a alguien que deja la religión después de experimentar el abuso (aunque preferiría verlo pasarse a alguna forma de religión no abusada), pero es difícil argumentar que la liturgia de Roma que uno ve en casi todos lados sea un abuso, particularmente cuando se muestra mundialmente con el visto bueno y oficial del Vaticano. La eclesiología romana, con su énfasis en el Papado, hace aún más difícil que el argumento contrario suene convincente. Si el Papa mismo lo consiente, es muy difícil argumentar que lo que se ve en este vídeo es un abuso.
Y también encuentro difícil preguntarse cómo podría Roma regresar a su antiquísima tradición litúrgica, la que San Juan de Shanghai y San Francisco, entre otros, dijeron "es mucho más antigua que cualquiera de las herejías".
Se puede leer más sobre este tema en Orthodoxy and Heterodoxy, la contribución del P. John Whiteford  con el título Unfortunate Trends in the Roman Catholic Church (Desafortunadas tendencias en la Iglesia Católica Romana).
Actualización: Aquí una crítica similar desde una perspectiva luterana.

sábado, 19 de enero de 2013

Ecumenismo a toda costa



Georg May, sacerdote desde 1951, renombrado canonista alemán, designado Protonotario Apostólico por Benedicto XVI, es el autor de este artículo sobre el ecumenismo. La traducción del italiano corresponde a un generoso lector de nuestra bitácora. 

Ecumenismo a toda costa
Por el Prof. Dr. Georg May
En Stoccarda-Hohenheim ha tenido lugar un Congreso sobre ecumenismo. Por parte católica, los ponentes fueron Heinrich Fries y Paul Wesemann; por parte protestante, Reinhard Slenczka y Friedrich Wilhelm Künneth… Parece necesario señalar algunos errores fundamentales de los dos oradores católicos, porque eran los consejeros oficiales de sus Obispos y tienen mucha influencia. Además, representaban, por decirlo de alguna manera, el ecumenismo puro, hasta el punto de que sus ideas pueden considerarse paradigmáticas.
La tesis más importante, presentada por Fries, reza así: no existe, a día de hoy, ninguna diferencia teológica que permita mantener el cisma (Kirchenspaltung), un término que puede aplicarse, añadimos nosotros, a las Iglesias Orientales cismáticas, pero no a las confesiones protestantes, cuya doctrina no sólo difiere de la doctrina católica, sino que también existe una diversidad de doctrina entre ellas. La tesis es falsa.
Antes de refutarla, prestemos atención a la imprecisión de la expresión de Fries. Confunde continuamente Teología y Fe. Parece querer decir que no hay diversidad en la Fe, en grado suficiente para dividir las confesiones. Pero debería decirlo claramente. Fe y Teología no son lo mismo. La Fe escucha obediente la voz reveladora de Dios; la Teología es la reflexión científica sobre la Revelación. La unión de la Iglesia no se basa, pues, en el acuerdo de la Teología, sino en la correspondencia de la Fe; esto es, los creyentes deben afirmar el idéntico contenido de fe. Por tanto no son las opiniones de los teólogos las que separan a los creyentes católicos de los creyentes protestantes, sino el contenido de la fe que profesan, la doctrina oficial y obligatoria. El disenso de los teólogos no es capaz de acabar con ella. La propuesta de Fries de que, al unirse las Iglesias, cada uno debería aceptar “todas las definiciones teológicas”, está bien, pero no oculta las dificultades reales. No se trata de aceptar “todas las definiciones teológicas”, sino de decir sí a todos los artículos de Fe, sin posibilidad de exceptuar ni uno solo, garantizados como están por la autoridad divina. Entonces, a ver qué hacemos con la Fe católica y con la doctrina protestante. ¡Aquí comienzan las dificultades! La Fe católica se puede precisar bastante bien, pero definir la doctrina protestante resulta arduo. En sentido teológico, la “Iglesia protestante” no existe (lo enfatizamos nosotros). Si se acepta, a estas alturas, también en el ámbito católico la poco clara expresión “Iglesia protestante”, se debe a una cierta amabilidad… o a escasa claridad. Se acepta el nombre que los protestantes dan a sus diversos grupos, pero no se trata de hecho de una calificación teológica. Además, el concepto de “Iglesia” no es aplicable a las agrupaciones de las confesiones protestantes, porque no disponen de Obispos en sucesión apostólica (…). Además, las comunidades protestantes no tienen Magisterio, hasta el punto de poder definir de manera obligatoria o al menos de enunciar en qué consiste la doctrina protestante. A lo sumo, podemos encontrar un cierto positivismo en una determinada “Iglesia” nacional, definido en Sínodos y Consistorios, a los que en alguna medida se ven sujetos los ministros.
Recordamos, sin embargo, que este positivismo no posee ninguna garantía de verdad, ni puede ser legitimado por los principios de la Reforma, sino que puede ser revocado en cualquier momento, o superado, según las relaciones mayoritarias que resultan en las votaciones finales. En última instancia, todo protestante habla sólo por sí, pronuncia solamente su actitud personal de fe de hoy, que podrá dejar sitio mañana a una opinión opuesta. Ni siquiera la teología protestante está en condiciones de definir claramente la doctrina protestante.  Sabemos muy bien que el protestantismo es un conglomerado de confesiones, de los Adventistas y de los Cuáqueros a los Viejos-Luteranos y a los Pietistas. Estas confesiones tienen divergencias tan profundas en puntos esenciales de doctrina, que  evitan, según el parecer de los propios fieles, la participación común en la Cena. Cada teólogo tiene su doctrina privada, es exégeta por su cuenta. Mañana podrá rechazar lo que ha enseñado hoy, y nadie tiene el derecho de acusarlo de carecer de fe.  No hará más que imitar al reformador Martín Lutero del que se sabe bien que dijo , en el 1517, cosas totalmente distintas de las propaladas en el 1521, y más todavía en el 1546. La “Reforma” progresa, nadie tiene el derecho de detenerla, y cada generación de teólogos protestantes se ve confrontada inmediatamente con Dios y con Su palabra (en resumen, se repite la tesis comunista de que ¡“la revolución nunca se detiene”!). Sería contrario al espíritu de la Reforma limitar esta libertad, y únicamente se explicaría desde un punto de vista táctico el intento de unir todas las fuerzas contra la Iglesia católica.
De todas las maneras, intentando formular la “doctrina protestante” –como hacen los manuales protestantes de teología sistemática- se reconoce fácilmente que la Fe católica se diferencia de aquella casi siempre. Las diferencias se refieren a cualquier objeto tratado, si bien tienen un peso y una importancia más o menos grande; respecto a la doctrina de Dios, como a la doctrina de la creación, a la cristología no menos que a la soteriología, a la doctrina de la Gracia, de la Iglesia, de los Sacramentos, así como a la doctrina mariana y de los novísimos. El punto de partida, casi siempre nominalista, de la teología protestante, produce casi en todas partes contrastes esenciales e insuperables con la Fe católica. Es falso creer que los hay únicamente en relación a creencias típicamente católicas. El concepto del Dios voluntarista del protestantismo es, por ejemplo, inaceptable para los católicos.
En la praxis, estas diferencias no resaltan menos que en la teoría, como demuestran siempre de nuevo los problemas ético-políticos. Es indispensable, en tal caso que la praxis siga a la teoría. Entre la ética social católica y la protestante se abre un abismo de contrastes. Sólo la ignorancia o la falta de honradez pueden negar estas diferencias esenciales. La Fe católica y la doctrina protestante no representan simplemente dos confesiones, son más bien dos Weltanschauungen que no van de acuerdo. (…).
Es verdad que desde el momento en que teólogos católicos, como sucede hoy, se aproximan a posiciones protestantes… se obtiene como resultado que la diversidad entre las confesiones resulta de poca entidad. Hay, hoy, teólogos católicos que defienden y adoptan doctrinas protestantes, pero siguen llamándose católicos. Llevan al engaño por la indiferencia actual del Magisterio, porque semejante contradicción no es manifiesta a los ojos de todos. En realidad, estos sedicentes teólogos “católicos” no son ya católicos y no dan testimonio de la verdad católica.
Para confirmar su tesis, Fries da mucha importancia al “Neues Glaubensbuch” (nuevo libro de la fe), publicado en 1973, en el que 35 teólogos, entre católicos y protestantes, presentan la fe común, -¡por así decirlo!- Pero ¿quién le da el derecho de dar tanta importancia a una obra privada, en absoluto oficial? No es este el lugar para criticarla severamente, como merece, (¡Como han hecho varios Obispos alemanes!). Desde el punto de vista científico, no merece confianza alguna. Constatamos, sin embargo, que se debería tener el derecho de exigir de los colaboradores católicos, que sean conocidos representantes de una Fe católica integra. ¡Pero no es este el caso! Entre otros Autores, que no cumplen esta necesaria condición, basta nombrar a Joseph Blank (Saarbrücken). Su libro “Jesús de Nazareth” pone de manifiesto inmediatamente, incluso a quien no lo lee con mucha atención, que se inspira en el protestantismo liberal, ¡y para nada en la doctrina católica!
Por parte protestante, la situación no es ambigua como por la católica. No conozco a un solo teólogo protestante que haya alcanzado cierta notoriedad, que se haya acercado a las posiciones católicas. El protestantismo espera por otra parte que los católicos vengan a unírsele, es decir, que se hagan protestantes. En Alemania, el protestantismo no ve en el ecumenismo otra cosa que un medio útil para volver el país totalmente protestante. Parece que ya haya obtenido un gran éxito en esta dirección, como lo demuestra la aportación de Fries y de Wesemann, al Congreso de Stoccarda. El protestantismo no está dispuesto a venir al encuentro… a lo sumo, algunos teólogos protestantes adoptan algunas formas católicas, externas, para volverlo más atractivo; elementos que integran, como enseña la experiencia, una parte del encanto de la Iglesia católica.  En definitiva, en la estrategia protestante, se trata de movimientos tácticos, intentos de vencer, también por tales medios, a la Iglesia “romana”.
Estas razones me inclinan a considerar el ecumenismo católico una ilusión peligrosa. Yo también deseo, por cierto, ardientemente la unión de los cristianes, pero tal reunión debe basarse en la Fe, la verdadera Fe católica. Todo depende de la verdad… El ecumenismo, tal como se practica actualmente, no sirve a la Verdad. Es más, destruye, en cuanto sea humanamente posible, los tesoros de la Iglesia y la vuelve menos atractiva, y esta es la causa de tantas crisis, de tantas apostasías de sacerdotes y de laicos, y precipita a la misma Iglesia en una crisis de identidad…
En su forma actual, el ecumenismo es un error gigantesco y una amenaza mortal. Pocos lo saben, sin embargo, y se necesita valor para decirlo. Los representantes de la teología permisiva están orgullosos de haber destruido muchos tabúes (¡verdaderos o considerados tales!), y mientras, han creado otros; tesis, movimientos, instituciones, que nadie tiene el permiso de tocar sin que los insulten y calumnien. El ecumenismo forma parte de los nuevos tabúes más importantes. Los partidarios eufóricos del Concilio lo aman; la teología permisiva ha hecho de él su principio supremo. ¡Ay del que lo toque! Es un hecho, es una regla que se observa por todas partes, que los autores más fanáticos del ecumenismo abandonan con frecuencia el servicio sacerdotal, y se casan, en un plazo más o menos largo, si directamente no se convierten al protestantismo. Pero este hecho, fácil de constatar, no ha aminorado la actividad ecuménica y, hasta ahora, no ha convencido a ningún Obispo para intervenir. El ecumenismo triunfa, convirtiéndose en el nuevo potentísimo tabú. Sin embargo, nosotros debemos seguir la voz de la conciencia, que es también la voz de la Verdad, de la Fe y de la razón, de la historia y de la experiencia…
Fries no se limita a consideraciones platónicas, sino que, como sus émulos Rahner y Küng, pasa a los llamamientos. Pide que los Obispos y los jefes protestantes concreten acciones comunes. Que consigan la unión de las Iglesias por la vía pastoral y organizativa.
¡Aquí asoma, de nuevo, la impericia científica del renombrado teólogo y consejero de Obispos, Fries! Se equivoca si cree que existe una unidad por encima de la Iglesia, donde se pudiesen reunir las Iglesias católica y protestante. La Iglesia católica forma la unidad más alta de una comunidad religiosa que se pueda pensar en la tierra. Otros grupos pueden unirse a ella, pero ella no puede desintegrarse en una comunidad que la supere… Fries propone, en resumen, una unión de bautizados sin el vínculo de la Fe común, claramente contraria a la voluntad de Cristo. ¿Está tan apegado a sus ideas que no alcanza a comprender que todos los católicos creyentes se ven obligados a responder con un decidido “non possumus” a las caóticas incertezas de su super-iglesia? Conoce, sin embargo, la aversión de los católicos que aún no han sido instrumentalizados a semejantes insinuaciones anti-católicas. Ha dicho, en Stoccarda, que la oposición contra sus ideas estaba creciendo en el pueblo de Dios. Pone de manifiesto su cinismo si solicita a los dirigentes que actúen rápidamente, antes de que la oposición aumente más; en definitiva, aconseja manipular a este pueblo de Dios tomándolo por sorpresa…
También las propuestas de Wesemann, que desea igualmente forzar la actividad ecuménica, son peligrosísimas. Según su parecer, los “dirigentes” eclesiásticos deberían preguntarse, antes de publicar cualquier orden, si el contenido ayuda o perjudica el ecumenismo. Este consejo demuestra que desconoce totalmente el papel de la Iglesia. La Iglesia debe modelar la propia vida según el espíritu de Cristo y los principios de su Fe, en vez de estar mirando sólo a la eventual susceptibilidad protestante, siguiendo en todo únicamente un criterio oportunista. ¡Pero no! ¡El aplauso o la crítica del mundo protestante se convierten en norma para el desarrollo de la vida eclesiástica! Semejante solicitud equivale a traicionar a Cristo y a la Verdad. ¡A qué excesos se llega cuando el ecumenismo se convierte en una idea fija!
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 A propósito de esto, he aquí el juicio de Urs von Balthasar que ha hablado también del peligro de una falsa unión, en una conferencia celebrada en Mónaco y en Ratisbona (Pseudoeinheit). Ciertas esperanzas, de una unión con las otras comunidades cristianas y con el comunismo, son utópicas, porque se trata de una rivalidad entre ideologías totalitarias (Rivalitát von Ganzheiten). “El diálogo no carece de peligro para los católicos, porque ya que deben defender puntos fuertes (Pluspunkte), se ven tentados, para unificar el nivel con otros, a rebajar el suyo”. Sería un retroceso si la Iglesia buscase restablecer la unidad de las Weltanschauungen, obviando las cuestiones controvertidas. La Iglesia debe recordar cual es el contenido de la doctrina de la que es portadora. Debido a que puntos esenciales de la doctrina católica han sido ya olvidados –a menudo pronunciando un “mea culpa” en lugar equivocado- está a estas alturas tentada de buscar la salvación en el Zen o en el Yoga, en Marx o en Hegel. “La falta de hombres espirituales en la Iglesia, capaces de mostrar el camino que conduce a Dios, hace que busquemos una guía fuera de ella”. (FELS, marzo 2 1974).
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¿Qué vía escoger, entonces? Según Wigand Siebel, hay una sola (que ha dado óptimos resultados en el pasado, particularmente en Inglaterra, en América y en Suecia, ¡donde todo se estanca ahora!). “Hay que volver la Iglesia Católica tan esplendorosa, atractiva, fuerte, como sea posible. Lo cual se consigue mediante la oración y la penitencia, la práctica de la virtud y el esfuerzo por santificarse, el cuidado de la verdad y de la caridad, la fidelidad a la Fe traicionada y el infatigable anuncio de esta Fe a los que han abandonado la casa del Padre. Tenemos que hacer todo para allanar el camino al cristiano no católico para que vuelva a la Iglesia”.
Publicado en la revista “Chiesa Viva”, Nº 371  (2005), pp. 6-8.

martes, 18 de diciembre de 2012

Quinientas entradas


Para festejar las quinientas entradas publicadas 
en nuestra bitácora, les presentamos a Warren Sánchez
Un retrato humorístico de los sujetos de la ecumanía imperante.


Más allá de la parodia, el vídeo contiene un mensaje
relacionado con los temas de nuestro blog.
Qui potest capere, capiat.


martes, 23 de octubre de 2012

Religiones falsas

Ya casi no se habla de religiones falsas. Razón por la cual ofrecemos un fragmento de una obra clásica, que puede aportar alguna luz sobre el tema. Notará el lector distinciones y matices que deben tenerse en cuenta  para no caer en exageraciones por exceso y por defecto. Esperamos que el texto sirva para aproximarse al tema no por el hábito mental de configurarse "en contra de" sino por amor a la verdad en su integridad. 
"Juzgada en su conjunto (como sistema de doctrinas y de ritos) es falsa toda religión que no sea cristiana; al menos en cuanto que no es la religión que Dios ha revelado y que quiere que sea practicada. Más aún, es falsa también cualquier secta cristiana no católica, en cuanto que no acepta ni realiza fielmente todo el contenido de la revelación.En cambio, considerada en sus elementos separados toda religión no cristiana y cualquier secta acatólica puede contener verdades mezcladas con errores.
Desde el punto de vista moral la cuestión de la verdad o falsedad objetiva de una religión y de sus elementos se complica con la de la culpabilidad con que un determinado individuo se adhiere a la religión y cumple con sus ritos. El que practica de buena fe una religión falsa está excusado evidentemente del pecado que cometería el que la practica de mala fe.
Esto no significa sin embargo que una religión falsa practicada de buena fe proporcione al sujeto los buenos efectos espirituales que proporciona la religión verdadera. Sin embargo, cuando un seguidor de un culto falso cumple con aquellos ritos especiales que no expresan falsedad, ni son inmorales, y en cambio están de acuerdo con los principios de la ley natural y de la religión natural, no parece que se haya de excluir que pueda recibir alguna utilidad espiritual.Aun más sutil y delicado es el problema de quién está de buena fe. La respuesta se ha de dar con referencia a la conciencia de cada individuo en particular…" (Graneris, G. Introduzione generale alla scienza delle religioni, Torino, 1952).

viernes, 19 de octubre de 2012

Preguntas tontas



Se dice que no hay preguntas tontas sino tontos que preguntan. Y este parece ser el caso de Luis Fernando Pérez de Bustamante. No por la pregunta en sí misma, que podría formularla cualquier católico consciente. Sino porque quien pregunta se presenta como campeón y defensor cerril del Concilio Vaticano II.
No vamos a reiterar nuevamente lo que ya señalamos en otra oportunidad. Tan sólo recordar que antes del Vaticano II, para el Código de Derecho Canónico de 1917, la comunicación en lo sagrado -activa y formal- estaba prohibida siempre, puesto que el c. 1258 la prohibía expresamente como regla bajo todas sus formas, porque se la consideraba profesión de un culto falso y negación de la fe católica, aparte de un escándalo. 
Además, establecía  el canon 2316:
Es sospechoso de herejía el que espontáneamente y a sabiendas ayuda de cualquier modo a la propagación de la herejía o participa in divinis con los herejes, en contra de  lo que prescribe el canon 1258.
Pero el último Concilio, y el Código de Derecho Canónico de 1983 dictado en su consecuencia, han alterado profundamente la doctrina y disciplina eclesial acerca de la intercomunión con acatólicos. El c. 1258 ha sido derogado y para la disciplina actual la comunicación en lo sagrado es lícita si hay justa causa (cfr. SÁNCHEZ-GIL, A. Voz Communicatio in sacris, en "Diccionario General de DerechoCanónico", Pamplona).
¿Qué hace el predicador de la Casa del Papa arrodillado ante un pastor protestante? La respuesta que podría dar el fraile Raniero Cantalamessa es obvia: es un gesto ecuménico. Y por si hubiera alguna duda, el predicador podría poner de ejemplo al Cardenal Jorge M. Bergoglio. 

Bergoglio recibiendo una multibendición.

sábado, 21 de abril de 2012

Una sorpresa para el obispo

El obispo diocesano de Teramo-Altri, Don Michele Seccia, estaba realizando una visita pastoral a la comunidad de Silvi, en la región italiana de Abruzzo. En el inicio de la primavera, el 21 de marzo, experimentó un “milagro luminoso” en aquella localidad. Al visitar la iglesia de la Asunción, confiada a los franciscanos, en los alrededores de Silvi Marina, una ciudad de veraneo en el Adriático, había unos niños musulmanes recitando suras del Corán en árabe. La representación insólita, que en muchos aspectos remite a una mentalidad pseudo-interreligiosa e ingenuamente encantadora, se desarrolló delante del sagrario. El obispo, que no participó del programa, se encontró con un hecho consumado, conforme informó el sitio Messa in Latino. No se sabe lo que el obispo comentó al respecto...