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domingo, 14 de junio de 2015

Educación Poética: John Senior, Dennis Quinn y Frank Nelick

Ofrecemos a nuestros lectores una estupenda selección de artículos traducidos gratuitamente por un bloguero amigo de nuestra bitácora.

A comienzo de los 1970, los profesores John Senior, Dennis Quinn y Frank C. Nelick inician en la Universidad de Kansas un programa llamado Pearson Integrated Humanities Program, IHP, (Programa Integrado de Humanidades Pearson). Los profesores eran católicos, pero el programa no. Su trabajo consistía en enseñar los clásicos y transmitir a sus estudiantes el amor por el conocimiento y el aprecio por el legado de la civilización occidental. Pero el IHP tuvo el efecto adicional de provocar un alarmante (para algunos) número de conversiones al catolicismo entre ateos, judíos, protestantes y católicos nominales, conversiones que produjeron frutos extraordinarios. Este programa, como era lógico, no era bien visto en ámbitos universitarios donde reinaba el relativismo cultural y un humanismo secularizado. Los tres profesores eran radicales en su doctrina: enseñaban a creer en lo real, a buscar la sabiduría más bien que el conocimiento, a buscar la Verdad, la Belleza y el Bien. “Éramos la generación de la televisión” —dice uno de los alumnos—. “Nuestras vidas estaban fragmentadas, nuestros pensamientos interrumpidos cada diez minutos por los comerciales. Los profesores trataron de tomar todos los fragmentos y formar una pintura completa.” Las conversiones fueron más de doscientas, y a ellas siguieron las de familiares y amigos. Varios de ellos ingresaron en la abadía benedictina Notre-Dame de Fontgombault, en Francia; otros, son sacerdotes religiosos o seculares; algunos se dedicaron a la enseñanza; un grupo se ha instalado en Gallup, un pequeño pueblo del desierto de Nuevo México, donde, alejados del espanto de la ciudad, viven manteniendo la fe de nuestros padres [Tomado de la traducción de “Wanderer” al primer capítulo del libro de John Senior, La restauración de la cultura cristiana].



lunes, 29 de diciembre de 2014

El aburrimiento y alumno posmoderno.


Publicamos una versión actualizada por sugerencia del autor.
Todo desdichado y maltratado carne  de cañón de la última estupidez pedagógica (que por supuesto, sin ninguna posibilidad de que sea de otro modo, encontrará un gobierno y un ministerio de educación dispuestos a aplicarla), todo cobaya del iluminado de turno que se atreve a ponerse el sayo de “Profesor”, todo aquél que se atreve a pararse delante de una formación en batalla de adolescentes posmodernos, en el supuesto contexto institucional de un colegio, seguramente ha sentido el frío sudor correr por su espalda cuando el más cruel de sus antagonistas (estoy siendo generoso, ojalá fueran antagonistas en todo sentido) desenfunda el arma letal del “estoy aburrido” o, lo que es lo mismo, “su clase es aburrida”.
Ese es el Rubicón del profesor posmoderno. Si no lo cruza está condenado a ser definido por el alumno y a ser manejado como un títere por sus expectativas. Cual payaso sin vocación de payaso vivirá siempre frustrado a la cacería de la aprobación de la troupe, para convertirse, inexorablemente, en un payaso triste, o lo que es peor, en un triste payaso.
Si lo cruza, debe hacer suya la dantesca recomendación de  “Lasciate fuori ogni speranza o voi che entrate” (dejad fuera toda esperanza, oh vosotros que entráis),  al menos y con toda seguridad dejad fuera toda esperanza terrenal de compensación durante el mismo proceso de querer definir el propio rol de profesor sin vivir esclavo de la inmediatez del deseo del adolescente.
La espada flamígera del aburrimiento (de los alumnos y la consiguiente desconfirmación del propio rol) lo amenazará por el resto de sus días, tanto como el canto de sirenas del maquillaje de arlequín, de los zapatones y de la nariz de tomate.
Veamos entonces de qué se trata esta arma letal.
Aburrimiento viene del latín ab horrore, de ahí se deriva también el verbo ‘aborrecer’, y del lexema horrore se derivan las palabras ‘horror’ y ‘horrible’.
Horrore significa en latín erizarse, ponerse los pelos de punta o también estremecerse, tiritar, fenómenos ambos que muchas veces se dan asociados. Por metonimia el nombre se desplazó desde la consecuencia fisiológica al sentimiento que causa esos hechos y así comienza a significar el ‘horror’, el miedo.
Si tomamos el lexema ab en un esfuerzo simplista podemos reunir la multitud de significados de la partícula básicamente a dos, aunque ambos tengan origen en un mismo proceso que es la diferenciación y alejamiento de un punto de partida. Ese proceso puede ser visto de dos modos, en primer lugar en cuanto se aleja y produce una enajenación respecto del punto de partida, y en segundo lugar, en cuanto procede de tal punto de partida y reconoce en él su proveniencia, y, de algún modo, su origen causal.
Según el primer significado ab es una negación o alejamiento de aquello a lo que precede, así decimos que ‘abstemio’, de la unión ab y temetum (bebida espirituosa), significa quien no bebe alcohol.
El segundo significado es la indicación causal o metonímica a un punto de partida así por ejemplo el adjetivo ‘acartonado’, que procede, proviene o tiene las cualidades del cartón.
Según el segundo significado el aburrimiento procede y tiene su origen en el ‘horror’. ¿Horror a qué? Horror al esfuerzo, a la frustración, en fin, a todo lo que no sea goce inmediato. Toda dilación del goce, toda tolerancia a la frustración, es horrible, pone los pelos de punta y hace tremar la subjetividad del adolescente. En esto la profecía lacaniana se cumple a pie juntillas: “Como suele ocurrir habitualmente en la evolución concreta de las cosas, quien triunfó y conquisto el goce se vuelve completamente idiota, incapaz de hacer otra cosa más que gozar, mientras que aquel a quien se privó de todo conserva su humanidad”.
El deseo, cuando es totalmente satisfecho, o, para entendernos mejor, porque algunos negarán la posibilidad de satisfacción total del deseo, digamos cuando es ‘inmediatamente satisfecho’ implica la muerte del deseo. Muerte para todo aquello que no sea inmediatez. Aquí muchos, legítimamente convencidos, se calzan el traje de payaso, para tratar de aplacar la voracidad del goce inmediato, pero es una estrategia destinada al fracaso, la fuerza de gravedad del agujero negro del goce inmediato pone en sí mismo el eje estructurante de toda actividad. En eso no se deja sobornar y termina aplastando y poniendo de rodillas a sus propios criterios a todos los que se le acercan e intentan apagar el fuego con nafta.
Según el primer significado del prefijo ab aburrimiento llevaría en sí la semántica de una negación, la negación del ‘horror’, del ‘miedo’, la ausencia total. Esta variante interpretativa da de lleno con un aspecto fenomenológico del aburrimiento. El encresparse, el temblar, el estar trémulo, que conforman el punto de partida material del significado de abhorrore, sólo se produce frente a una grave amenaza al sujeto y a su vida. Todos estos síntomas son mecanismos de defensa fisiológicos que preparan al sujeto para un contraataque o para una huida. La negación total de estos mecanismos nos indica que el sujeto está en una situación y en una pretensión de placer y goce inmediato que no tiene nada en absoluto que temer, nada a lo cual enfrentar y atacar, y, finalmente nada de lo cual huir. En definitiva nada para conquistar, nada en lo cual crecer, nada para anhelar y que sea motivo y usina de la tensión propia de vivir. Eso es alguien aburrido. Alguien que ya no puede percibir el dramático y apasionante horror de estar vivo. Es el cumplimiento acabado de una conocida maldición china: “Ojalá encuentres lo que buscas”, o su traducción subjetiva “ojalá se cumplan todos tus deseos” (inmediatos, agregaría yo entre paréntesis, para ponerme a salvo de no caer fuera de la ortodoxia y poder convertir la maldición china en la aseveración evangélica de camellos que pasan por ojos de agujas, y de Lázaros y Epulones).
Finalmente, la última interpretación la leí en algún lado atribuida a Maturana, según mi inverificable memoria de una citación ajena, en ella la partícula ab cobraría ella misma densidad sustantiva y comenzaría a significar por sí misma, dejando la negación de algo, para convertirse ella misma en la ‘nada’, entonces el aburrimiento sería el ‘horror a la nada’, el ‘miedo al vacío’, miedo a la soledad y a la ausencia, miedo que solamente se puede satisfacer con la ‘conexión’ permanente, con el estar en ‘contacto’, de un modo material e inmediato. Miedo a toda comunicación que no sea intuitiva, por imagen, inmediata, todo lo que no implique una conexión metonímica o metafórica automática de significado es aburrido, implica el esfuerzo de la abstracción, y la abstracción desconecta, desconecta del punto material y de partida, implica un abandono, un abandono material de la cosa a la cual estoy conectado y que me sostiene y me contiene. Me introduce en el mundo de las palabras, de la significación universal y de la sustitución del objeto material inmediato por la palabra. ‘Desconectarse’ implica ser parido, soltarle la mano al cálido seno materno del contacto inmediato para apropiar el mundo a otro nivel, a un nivel que hay que atreverse a decir sin complejos está un escalón más arriba en el desarrollo de la humanidad del hombre, si no queremos dejarlo, en el decir de Lacan, que se convierta en un ‘idiota’ e ‘incapaz’.
Y no jodan con el ‘desarrollan otras aptitudes’, son aptitudes desarrolladas en virtud de una pérdida enorme, son aptitudes ‘compensatorias’, son las aptitudes del ‘ciego’, por supuesto que desarrolla otras aptitudes, su tacto se entrena a niveles inimaginables para una persona que normalmente usa la vista para obtener la misma información. Y puede llegar hasta sorprendernos esas habilidades, dado que nos pensamos a nosotros mismos en función de la pérdida y sin el sobreentrenamiento compensador de la función subrogante. Pero no deja de ser una ‘compensación’, es decir un resarcimiento que la naturaleza intenta a nivel funcional, desde una potencia o sentido totalmente heterogéneo al que se ha perdido o anulado. La compensación jamás restaura el estado original de aquello que no se tiene o que se ha perdido, apenas intenta substituir la falta con algo totalmente heterogéneo a la misma que brinda ciertas cualidades dinámicas y funcionales que hace menos mala la situación de carencia. Casi del mismo modo que una compensación judicial, cuando, por ejemplo, en un accidente laboral nos pagan una suma enorme por haber perdido un brazo.
La abstracción es un viaje, hay que despedirse, aunque sea momentáneamente del contacto, de la experiencia inmediata de la cosa. En ese viaje el camino es árido y arduo, hay que pasar por el desierto de no verle el sentido al haber dejado el cálido seno material de la experiencia directa, del contacto. Y muchos se pierden en el viaje o porque tienen horror a la aridez del camino o porque al poco andar se vuelven desencantados al mundo del contacto inmediato. Son todos aquellos que ponen el emergente en ‘lo práctico’, en el resultado, en la acción, en el estar juntos. Hacen la crítica fácil, demagógica y canibalística (por usar el adjetivo robado a un amigo que hace referencia, de un modo muy preciso, al que destruye la propia institución que lo sustenta) de que la Universidad se ha vuelto un lugar de abstracciones, de personas alejadas de la realidad, lo que implica alejadas del contacto.
A algún nivel, tal vez tengan razón, sucede que hay muchos habitantes del desierto de la abstracción que juegan con los conceptos para darse corte de profundos, como decía Foucault: “Si escribiese tan claramente como tú, la gente en París no me tomaría en serio. Pensarían que lo que escribo es infantil e ingenuo”. Necesitan esconderse detrás del malabarismo pirotécnico de las abstracciones para parecer profundos. Lo peor es cuando son verdaderamente inteligentes y verdaderamente profundos, como el caso de Lacan, en el que en medio de la hojarasca de cripticismo voluntario uno encuentra intuiciones absolutamente deslumbrantes. Ahí se ha creado el pantano perfecto, del cual no se puede salir, al menos para quien nació en el pantano, los que vinimos de afuera con un arsenal teorético, al menos en lo filosófico ciertamente superior, podemos llegar a atravesarlo indemne. Pero el resto queda atrapado en la hojarasca, no en virtud de la hojarasca, sino en virtud de las intuiciones deslumbrantes que les hacen pensar que todo, inclusive la hojarasca, es ‘intuición deslumbrante’. Así se quedan a vivir en el árido desierto de las abstracciones, que tanto repulsa al mundo moderno del contacto y de la experiencia inmediata, y le dan elementos reales a sus críticos para defenestrar toda ‘abstracción’, inclusive la legítima.
Pero el viaje del conocimiento no se detiene en el árido camino de la abstracción.  Su objetivo, usando las palabras de Platón, es “llegar a una idea que, en visión de conjunto, abarcase todo lo que está diseminado, para que, delimitando cada cosa, se clarifique, así, lo que se quiere enseñar”. Esta función unificante del intelecto presenta claramente dos aspectos en primer lugar una especie de intuición del todo bajo una sola mirada: «συνοράω »[1] (sinoraw), que significa en el griego clásico «ver en conjunto», «al mismo tiempo», «ver todo de un vistazo», y que muy sugestivamente en el coiné posterior adquirió el significado «de darse cuenta», «volverse conciente»[2]. Esta visión unificante del todo es de corte netamente intelectivo y es el fruto de una actividad (la dinámica de la razón discursiva) que ha preparado dicha intelección guiada por una tensión dialéctica entre la intuición intelectual y los elementos del discurso. Esta visión intelectual unificante implica que todo lo múltiple y diseminado que se ha conocido, es conocido bajo una luz nueva, hay una especie de darse cuenta, de tomar conciencia o de retorno al fundamento último que está detrás de toda la realidad que se presenta como múltiple y diseminada, fundamento último que siempre sostuvo (y porque siempre la sostuvo el encontrarlo explícitamente se llama «retorno») la tensión dialéctica de la búsqueda entre la apariencia y «lo que es», estando presente por medio de la intuición intelectual, aunque sin una toma de conciencia explícita como la que ahora se lleva a cabo.
Esta es la meta del viaje abstractivo a la que pocos llegan y de la que pocos disfrutan, la «συναγωγή» (sinagogé) o visión de conjunto que nos remite de nuevo a la realidad del contacto que habíamos abandonado, para traducirse en otro nivel de contacto, el contacto con el fundamento unificante que está detrás de la disgregación irracional de la experiencia inmediata. Y si lo miramos desapasionadamente todo el proceso cognitivo humano se dirige en esta dirección. La ‘experiencia pura’, libre de toda elaboración unificante, no existe. Simplemente no existe. La percepción es un proceso unificante donde aparece una cualidad nueva, emergente y heterogénea de la suma de la disgregación sensitiva de partes que perciben nuestros sentidos tomados aisladamente, esa cualidad es la percepción del todo. Entonces, si toda la labor cognitiva impresa en la estructura organizante de la naturaleza humana se dirige hacia un proceso de unificación, de συναγωγή, cada vez más alto, ¿por qué detenernos en la mera percepción sensible?¿Por qué no avanzar en la dirección hacia la cual nuestra naturaleza indica que se encuentra la plenitud del hombre?¿Vamos a detenernos o renunciar a ese camino solamente porque algunos se quedaron haciendo malabares en el desierto de la abstracción? No, todo uso conlleva en sí mismo la posibilidad del abuso, y no por eso se renuncia al uso saludable de lo que fuere. Lo mismo sucede con nuestro proceso intelectual.
Renunciar a lo abstracto no es el único problema, también lo es renunciar a la clasificación jerárquica de conjunto, dicho de un modo más simple el renunciar a poder emitir un juicio de superioridad cualitativa, el no poder, no querer, o no tener el coraje de decir: “Esto es mejor que esto otro en la estructura de la naturaleza humana”. Esta posición de pretendida neutralidad implica que el ver todas las cosas en tercera persona es el último punto resolutivo y la garantía de imparcialidad absoluta de toda afirmación científica. Así el investigador se convierte en una especie de observador neutro que se observa a sí mismo incluido en la situación del experimento y juzga el todo desde el lugar imposible de no ponerse a si mismo en ningún lugar. De este modo, desde ese lugar sin lugar, todo lo que tenga el coraje de ser afirmado en primera persona, de decir ‘así están las cosas’, se convertirá o en ideología o en violencia metafísica.
Así no se puede ayudar al aburrido alumno posmoderno, porque se dirá de él ‘tiene cualidades distintas’, lo que implica que no se puede parangonar con nada, lo debemos tratar a se, está inmerso en una construcción cultural de la que no podemos pretender nada distinto de lo que es, porque sería violentarlo, sería, ¡Oh herejía!, pretender que cambie. Por supuesto, esto en razón de que no hay realmente ‘naturaleza humana’, ni mucho menos plenitud objetiva de esa naturaleza, sino pura ‘construcción cultural’.
El que está en ese pantano teórico, no puede ayudar a nadie, ni siquiera a sí mismo, mucho menos al aburrido alumno posmoderno.
Hay que tener el coraje de afirmar que hay cosas mejores que otras. Que poder superar el inmediatismo del hipercontacto, la hiperconexión, del mero estar todos juntos, del dejar de ser pseudópodos de la contención mutua para convertirnos en individuos pensantes es mejor que no hacerlo. El aburrimiento como ‘horror a la nada’ supone que el dejar de estar en contacto implica caer en la disgregación de sí, pero esto es así porque no se soporta estar solo, se es un parásito sostenido en la contención social. Es cierto que, como dice Aristóteles, el hombre es un animal social y sin el tejido social, hemos comprendido en la actualidad, dejaría de ser hasta hombre. Con Lacan hemos aprendido hasta que punto el otro nos construye en el proceso de elaboración de nuestra identidad. Sin embargo, el horror a la soledad implica la inconmensurable inmadurez de no haber construido una cosmovisión del mundo que vaya más allá del mero contacto, de no haber cumplido con el mandato genético (en todos los sentidos posibles: inscrito en nuestra naturaleza humana; perteneciente al Génesis bíblico; generador de identidad ) de dar nombre a las cosas, de construir un verbo interior que substituya el puro contacto, sin renunciar al contacto como fuente novedad para ese mismo verbo y sin convertir a ese verbo en sistema absoluto al cual la realidad y el contacto se tienen que subordinar.
Finalmente el horror a la soledad es una discapacidad adquirida, es la discapacidad de definir la propia identidad en el contacto con el otro, sin posibilidad alguna de trascendencia de ninguna naturaleza.
[1] συνορ-άω  f. &o,yomai: aor. 2 &ei/don, inf. &i²dei/n: cf. su,noida:-to see togetheror at the same time, Xen. II. to see in one view, see at a glance, whether with the eyes or mind, Plat., Dem.:-in speaking, to take a general view, Isocr., etc.» (Liddell and Scott’) [2] «συνορ-άω  in the NT of mental perception perceive, become aware of, learn about (AC 14.6)» (The Friberg Analytical Greek Lexicon, Electronic Version)


Tomado de:

viernes, 21 de marzo de 2014

Cicuta para Sócrates en la Siglo XXI

Cicuta para Sócrates en la Siglo XXI
Por Carlos D. Lasa.
El día 20 de marzo del presente año, en el diario La Voz del Interior, en una entrevista titulada “El alumno no tiene por qué sufrir en el proceso de aprendizaje”, la flamante Rectora de la Universidad Siglo XXI, María Belén Mendé, afirmó “Si un profesor cree, en pleno siglo 21, que el modelo socrático está vigente, estamos liquidados”.
Tamaña afirmación sería impensable en un mundo en el cual reinase el espíritu académico. Pero como la academia ha cedido su lugar a la empresa, ya no sorprende que un adiestramiento de personal idóneo para el mundo de los negocios quiera hacerse pasar por educación. Y todo en nombre del progreso. Analicemos brevemente la afirmación de la innovadora rectora.
El modelo socrático, nos dice nuestra rectora, está totalmente perimido, y si alguno estuviese tentado de ponerlo en práctica, la educación estaría liquidada. Pero, ¿en qué consiste el modelo socrático?, ¿qué ha legado Sócrates a la civilización occidental?
Esta pregunta no puede responderse sino a través de la mediación de las interpretaciones que han ofrecido autores como Jenofonte, Platón y Aristóteles. Estas fuentes nos dan a conocer como propiamente socrático el arte del definir. Toda definición de contenidos singulares (universidad, casa, mesa, economía, etc.) supone la capacidad inherente al espíritu humano de definir y, en consecuencia, de capturar lo universal.
Todo discurso humano descansa, precisamente, sobre lo universal. Sin esta capacidad de la mente humana de producir lo universal no sería posible asumir entidad alguna (derecho, hombre, educación, etc.) y, por lo tanto, todo discurso no tendría cabida. Sin esta capacidad de la mente humana de asumir mentalmente una entidad, no aparecería problema alguno (que es como decir, no aparecería pregunta o cuestión alguna). Y si no surgen las preguntas, tampoco sobrevienen, obviamente, las respuestas. Y como las preguntas y las respuestas son la urdimbre del acto de pensar, tampoco este último tendría cabida. Recordemos cuando Platón en el Teeteto, siguiendo a su maestro Sócrates, definió al pensar como el diálogo del alma consigo misma que consiste en preguntar y en responder.
Sócrates ha mostrado a Occidente la naturaleza del pensar y, con ello, ha puesto al hombre en condición de un verdadero progreso, el cual sólo es progreso en la verdad: verdad de sí mismo, de las cosas y de su sentido último. Y la verdad no es otra cosa que la respuesta que responde a la pregunta formulada de modo correcto. Sin este acto de pensar no habría conocimiento de sí mismo y, en consecuencia, la educación, como cultivo del mismo educando, no podría llevarse a cabo. Sin el espíritu socrático, las escuelas y las universidades podrán ser, ciertamente, un ámbito para adiestrar personal idóneo para el mundo de los negocios, pero de ninguna maneraacademias. El espíritu fenicio ha reemplazado al espíritu griego, los negocios al ocio, la acción a la teoría.
Siempre he sostenido que el método de la educación es el mismísimo pensar, y que cada clase de un verdadero maestro es una invitación a pensar. Es una invitación al alma de cada discípulo a formularse interrogantes y a buscar las respuestas adecuadas a los mismos. Considero que este acto docente es amoroso por cuanto está ofreciendo la llave, a cada discípulo, para iniciar un camino ininterrumpido de preguntas y de respuestas; camino, éste, plenamente humano por ser el acto más propio del hombre. El pensar, en cuanto acto del espíritu humano capaz de alcanzar la verdad, pone a todo hombre en condición de verdadero progreso el cual es, siempre, progreso en la verdad.
Sin pensar no hay posibilidad de ser diverso entre los iguales. El pensar perfora todo encapsulamiento a que se lo quiera someter al hombre. En este preciso momento estoy haciendo eso: me estoy quitando el corsé de homo oeconomicus que la Sra. Rectora quiere ponerme. Gracias, Sócrates, por tu método que me permite “liquidar” a todo discurso que no me deja ser hombre en plenitud.
El afán de la Sra. Rectora de la Universidad Siglo XXI de “liquidar” a Sócrates la ha conducido, inadvertidamente, a masacrar a la misma educación.
Fuente:

jueves, 10 de mayo de 2012

¿Cómo tarar a un niñ@?


¿Cómo tarar a un niñ@?
Por Damián Ruiz

Estimados amig@s:
Hoy vamos a mostrar algunos preceptos, imprescindibles y necesarios, para conseguir tarar un niñ@. Todos sabemos que es condición sine qua non para poder finiquitar, de una vez por todas, nuestra civilización y en pocos años.
La tara de niños viene practicándose desde hace ya algún tiempo y con gran habilidad por parte de la progresía, especialmente en su corriente pedagógica aplicada en el modelo escolar.
Conseguir tarar un niñ@ en edad temprana es indispensable para que posteriormente sea un fracasado escolar o social, alcohólico o drogadicto. Además es ineludible para que sea incapaz de sostener cualquier estructura de responsabilidad familiar o de pareja con un mínimo de perseverancia.
He aquí los puntos básicos para una buena tara:
1. No poner límites. El niño debe vivir como un mono sin más ataduras que las que estos tienen en un parque zoológico. Debes entender que cualquier capricho del niño debe ser inmediatamente satisfecho y cualquier reproche debidamente atendido.
2. Convertirse en su esclavo. El niño debe saber desde edad temprana que tú estás a su servicio y que sus deseos son órdenes.
3. Retirar a los abuelos para que no molesten. Sabido es que los abuelos a edad avanzada son competencia directa de los infantes. -Pueden llegar a pelearse por el mismo cacharro-. Y dado que los abuelos ya han hecho su servicio, y de no poder quedarse al cargo de los niños, lo lógico es ponerlos en algún geriátrico al que nunca se debe llevar al niño, dado que estos deben permanecer en su mundo Disney sin fisura alguna.
4. Enseñarle a despreciar su civilización. Esto es requisito fundamental. Debes hablarle todo lo mal que puedas de la historia de tu país o de tu cultura. Debes conseguir que el niño entre pronto en un estado neurótico, de tal modo que le repela toda la arrogancia y conquistas de su nación. Esto solo es válido para europeos. Si algún día te pregunta cómo se consiguió este nivel de civilización en nuestro continente debes tirar balones fuera no sea que empiece a sentir orgullo de nuestra historia y dé al traste con tus intenciones.
5. El cristianismo es malo. El Papa, los curas, la Iglesia Católica deben convertirse, sin duda, en la peste negra particular de la criatura. Debes procurar que “en apareciendo” el Papa por televisión salga despavorido a esconderse tras cualquier mueble de la casa.
6. Elogio del multiculturalismo. El mismo desprecio que debes enseñarle a sentir por el cristianismo debes convertirlo en amor por las otras culturas, especialmente por aquellas que representen valores medievales de los que tú, aún sin haberlos vivido directamente, te sientes tan exóticamente atraído.
7. Defensa de la tolerancia. Todo aquello que esté en contra de la propia cultura o de la propia tradición no solo debe ser tolerado sino exaltado y promulgado. Es absolutamente necesario que le convenzas de la necesidad de combatir lo propio al tiempo que defiende lo ajeno.
8. Conversación infinita. No debes utilizar jamás la palabra “no”. Aunque el niño tenga tres años debes convencerle mediante la razón de lo inadecuado de sus actos. Por ejemplo si antes de comer quiere un helado, no se te ocurra decirle que no. Lo adecuado es buscar en la wikipedia o en una enciclopedia nutricional los argumentos alimentarios que le convenzan de que eso no es bueno para su salud. En caso de que no logres que entre en razón debes ceder ante su demanda.
9. En caso de conflicto matrimonial chilla delante de @l. No hay nada mejor para un crío que oír a sus padres dar berridos como si estuvieran a punto de asesinarse mutuamente. Si lo repites cada día conseguirás que su sistema nervioso se altere tanto que no hará falta mucho más para cumplir el objetivo deseado.
10. Conviértele en el centro de atención total. Imagina que captas que el niño está a punto de tirarse un pedo. Aunque estéis en una reunión de adultos y hablando de temas interesantes debes hacer callar a todos con el fin de que atiendan y escuchen la flatulencia con la debida compostura y admiración. Posteriormente un aplauso generalizado es lo mejor que puede ocurrir.
11. Peléate por no quedártelo un fin de semana. Si estás separado procura hacer lo imposible para no tenerlo contigo cuando te corresponda. Negocia a gritos con tu ex, déjaselos a tu madre, o mételos en un centro de colonias de fin de semana. Cualquier cosa para no estar con @l.
12. Si estás divorciado/a procura hablar muy mal de su madre o padre, así como de su familia. Hazlo con continuidad y perseverancia, procurando que le acabe odiando. Eso le garantiza un grado de inestabilidad considerable.
13. Conviértelo en tu confidente. No importa que tenga seis o siete años, hazle partícipe de todos tus problemas, explícaselos detalladamente, consigue que te comprenda.
14. Incúlcale valores laxos. Procura hacerle tan débil que en caso de invasión (reglada o no) lo único que pueda hacer es sonreír y adaptarse ante los invasores.
15. Fomenta la igualdad-promiscuidad sexual. Especialmente si es una adolescente y tú eres feministo/a procura que se descarrile todo lo que pueda, eso sí, con condón. Usa el activismo político-ideológico para que rompa con la tradición machista del “ser cortejada”. Procura, a través de tus enseñanzas, que no pierda la oportunidad de tener sexo con todo varón que se le ponga por delante. Llegará liberadita al matrimonio, y el matrimonio durará tres años. Con lo cual la desestabilización se perpetuará en las próximas generaciones.
Queridos amig@s estos puntos, que van calando cada vez más en nuestra maravillosa sociedad, son indispensables para desestructurar la mente de un niño o mejor dicho para tararlo.
Si todavía no se ha apuntado a la moda impuesta en las últimas dos décadas, no pierda la oportunidad de hacerlo, no vaya a ser que su hijo o hija se convierta en una persona sensata, madura, responsable y con una clara identidad cultural. Tárelo antes de que se quede desubicado socialmente.

miércoles, 28 de marzo de 2012

La Filosofía da a los alumnos una mejora en clase


La Filosofía da a los alumnos una mejora en clase.
Por Andrew Denholm, corresponsal de educación.
[Escocia, The Herald, 31 de diciembre de 2011]  

Un estudio realizado por investigadores escoceses demuestra que los alumnos que toman parte en lecciones de filosofía desarrollan más rápidamente habilidades de escucha, pensamiento y cuestionamiento más complejas que aquéllos que no.
La investigación de la Universidad de Strathclyde encontró que alumnos tan jóvenes como de cinco años demostraron también tomar decisiones más sofisticadas luego de un programa de ocho semanas.
Los exámenes realizados en más de cien alumnos de ocho escuelas diferentes en la zona central de Escocia --incluyendo algunos alumnos secundarios-- obtuvieron que en promedio mejoraban un 20% en el puntaje que evaluaba la comprensión de dilemas morales simples.
Si bien existió una clara correlación entre la edad de los niños y su rendimiento, el informe encontró que "el patrón de mejora se da consistentemente en todas las franjas de edades".
La Dra. Claire Cassidy, una de los autores del estudio y profesora en la Facultad de Educación de la Universidad de Strathclyde, llamó a un uso más extendido de la filosofía en las escuelas.
"Existe todo un cuerpo de evidencias que demuestra que los alumnos se benefician mucho más al explorar cuestiones filosóficas simples y al conversar sobre ello y escucharse unos a otros.
"Entendemos que puede ser difícil para las escuelas introducir filosofía puesto que exige inversiones de tiempo y esfuerzo por parte de maestros que ya están muy ocupados.
"También puede haber resistencia a ello debido a que los beneficios no son fácilmente mensurables y son difíciles de encarar.
"Sin embargo, en la investigación que realizamos pudimos ver claros beneficios en la manera en que los alumnos podían pensar acerca de cuestiones y llegar a juicios razonados."
En los últimos años, la filosofía ha tenido un papel cada vez más protagónico en las escuelas, con un mayor estudio de la obra de los grandes filósofos como Descartes, Platón o Aristóteles, que han tenido algo así como un renacimiento en el nivel educativo más alto.
Hace casi diez años, el Consejo Escolar de Clackmannanshire fue pionero al enseñar la llamada "búsqueda filosófica" en las escuelas primarias, cuando la materia fue introducida en algunas de las áreas geográficas más humildes.
Un inicio de estudio realizado en el ciclo 2003-2004 demostró que los niños de cinco a once años a los que se les enseña filosofía muestran una "ganancia" de inteligencia de más de siete puntos en el coeficiente intelectual.
Otro estudio demostró que estas "ganancias" se mantuvieron años después, incluso cuando los niños ya no tenían acceso al programa.
En el estudio más reciente realizado por la Universidad de Strathclyde, grupos pequeños de alumnos recibían al comienzo de cada sesión un "estímulo" en la forma de un poema, un artículo de diario, una fotografía, un fragmento de un video o una pieza de música.
Luego, los alumnos eran llamados a hacer las preguntas que se les ocurrían motivados por el estímulo. A continuación, el maestro seleccionaba una pregunta para ser debatida por el grupo.
Tras el proyecto de ocho semanas, se otorgaron puntajes que valoraban la habilidad de los alumnos para discutir un asunto, con mejores notas para quienes pudiesen justificar su postura o que pudiesen empatizar con los otros.
Las sesiones de evaluación con los alumnos fueron particularmente positivas, con todos los niños involucrados diciendo que las sesiones de filosofía los habían hecho pensar "más difícil" o "más profundo".
El informe concluye: "Ciertamente, los niños ven un vínculo entre su participación y su habilidad para tomar decisiones. Para algunos, la filosofía les ayudó a pensar antes de actuar.
"Les gustó la oportunidad de tener que escuchar perspectivas distintas e, incluso, disfrutaron el poder verse desafiados por otros o desafiar ellos mismos las ideas de otros. Nunca se les comunicó que debieran estar todos de acuerdo todo el tiempo o que el estar de acuerdo fuese algo buen en sí."

lunes, 2 de enero de 2012

Para padres y educadores: la plaga del constructivismo



Sobre la a-logicidad del constructivismo.

No hay un sólo tipo de constructivismo. Existen constructivismos pedagógicos (Piaget, Maturana, Vigotsky), gnoseológicos (Kant), existencialistas (Sartre), sociales (ingeniería social), políticos (marxismo), sexuales (teoría de género), etc. Pero, lo que unifica el concepto de constructivismo respecto de todos los tipos, es el supuesto de que NO HAY UNA REALIDAD DADA que uno deba conocer y respetar antes de actuar. No hay una naturaleza de las cosas ni menos un Creador de esa naturaleza. Por lo tanto, uno puede construir lo que quiere: construye los tipos de relación sexual que quiere, los tipos de familia que quiere, etc.
En lo pedagógico, la idea es que el chico saque TODO de su cabeza, o sea que invente, que cree, porque no hay nada real para conocer, no hay nada dado que aprehender ni nada que aprender de otros.
Es algo muy profundo de la cultura contemporánea, por eso es tan difícil luchar con esa influencia en los chicos. Aparece con el pseudo valor "tolerancia" mal entendida; aparece en "sé creativo". Y lo que es muy, muy grave, en la educación sexual. Se hace creer o por lo menos tolerar, que el sexo se hace con cualquiera, siempre que no sea forzado y previendo enfermedades -incluído el embarazo entendido como una enfermedad-; se hace creer que la identidad sexual se construye libremente y por eso se inventó el uso de la palabra “género”.
También aparece en la enseñanza de la historia porque se crea una historia que se desea acepten los futuros ciudadanos con la idea de cambiar el sentido común y lograr objetivos de ingeniería social. Pero se ve en general en todo tipo de materia, desde matemáticas hasta religión.
De ahí la importancia adjudicada a la escolarización obligatoria. No puede cumplirse con el objetivo de ingeniería social si no hay posibilidad moldear integralmente a los chicos. Esto se logra con contenidos transversales respecto de un curso y con materias -como educación sexual o construcción de ciudadanía- que se dictan desde jardín a 5º del secundario. Se consigue promoviendo algunos valores, como ‘tolerancia’, y no otros, como ‘verdad’. Se promueve haciendo ver toda afirmación como inducida por alguna ideología, o sea como creencia (si se afirma que el embrión es persona será porque es católico, si se afirma que el alma es inmortal será que se es creyente, etc). Se promueve también a través del relativismo cultural.
Además, así como puede decirse que “el medio es el mensaje”, también el método pedagógico constructivista es en sí mismo el que moldea en esta mentalidad. El constructivismo es el mensaje. Incluso, si pasando el tiempo, con métodos constructivistas los niños llegaran aparentemente a los mismos contenidos cognoscitivos al que llegarían por otros métodos, no tendrían conciencia de que son contenidos reales. Es decir, la matriz constructivista deja su huella. Eso lo palpamos los docentes universitarios desde hace tiempo. Y los padres cada vez más.
El constructivismo representa en el fondo una profunda negación del logos, o sea, de la auténtica racionalidad. En este sentido también el racionalismo, en la medida en que es constructivista, también es a-lógico. Benedicto XVI sostuvo en Ratisbona (13-09-2006) que “no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios”, señalando los peligros del voluntarismo y del fideísmo. También enseñó que el mal es “ilógico”. “El mal no es lógico. Tan sólo Dios y el bien son lógicos, son luz.”. (Audiencia 3-12-2008) Es decir que el Papa detectó la raíz profunda de los males contemporáneos: la irracionalidad, o mejor, la a-logicidad porque ésta representa la arbitrariedad constructiva.
El concepto clásico de “conocer” como “hacerse otro en tanto otro”, implica ser capaz de aprehender la realidad, lo otro, tal cual es, y la propia naturaleza tal cual es. El método constructivista es un vicio intelectual que interfiere con la tendencia natural de la inteligencia a “recibir de la realidad” el contenido del conocimiento. El maestro debería ser el que ayuda a conocer lo real colaborando con la naturaleza racional del niño. Pero sucede lo contrario. La escuela en general sirve para crear el vicio constructivista. Y este vicio intelectual se vuelve también vicio moral cuando impide “obrar según la razón”, u “obrar según la naturaleza”. Dada la apertura de la razón y de la afectividad racional y sensible para generar hábitos, es imposible evitar que estos surjan en el niño. Por eso es que si no se generan virtudes, se construirán vicios. El constructivismo como mentalidad es un vicio intelectual opuesto a la ciencia.
El resultado es que los padres no saben por qué sus hijos van progresivamente adquiriendo una mentalidad que los predipone a abandonar la fe, tampoco saben cómo es posible que se vuelvan resistentes a los valores familiares, ni cómo es posible que habiendo pasado 12 o más años en la escuela, aproximadamente 8 horas diarias, se encuentren tan mal preparados para la universidad. De esto se asombran muchos padres cristianos. Pero en general, los problemas que presenta la escuela hoy, como violencia escolar, acoso, tribus, fracaso escolar o fracaso universitario, etc., son problemas globales que afectan más allá de los círculos creyentes.
Si los alumnos que concurren 8 horas diarias a los colegios más caros, necesitan maestros particulares o apoyo familiar para aprender lo que no aprendieron en la escuela; y si los padres no se sienten respetados en sus creencias religiosas, o en sus convicciones morales, o incluso políticas, no es de extrañar que el homeschooling se presente como la solución.
El avance sin pausa del homeschooling en todo el mundo -incluso en los países donde era desconocido este sistema de enseñanza-, es el principal testigo del rechazo progresivo por parte de las familias que van tomando conciencia del problema, a la ingeniería social y cultural de los enemigos del orden natural y cristiano.