Un amigo envía un texto de Alberto Ezcurra Medrano sobre el
nacionalismo que publicamos en esta entrada.
“Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue
una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el
desprecio por la patria de los liberales. Siempre fui patriota, como lo fue mi
padre. No creo que el patriotismo sea un sentimiento que me sobre. Lo creo una
virtud positiva. Me acompaña en esta opinión Santo Tomás de Aquino (…) Nunca
pude ser conservador, como parecería destinado por mi nacimiento, porque el
conservadorismo, en nuestro
país, se proclama liberal y el liberalismo es una herejía, y en nuestro país, con
frecuencia, una traición. No es de la esencia del conservadorismo ser liberal,
ni del liberalismo ser traidor, pero, en
nuestro país, se han dado esas coincidencias, que soy el primero en
lamentar (…)
Tampoco pude ser conservador porque he visto siempre en el
conservadorismo, y sobre todo en los
conservadores, demasiado espíritu de clase, demasiada defensa de intereses,
los he visto demasiado conserva duros, como les decían en
España. Y yo, aunque personal y familiarmente aristócrata,
como ciudadano argentino antepuse siempre los intereses del
país a los míos propios. ¿Quijotismo político? No. Verdadera aristocracia, que
es la que tiene el sentido de servir al bien
común. La que mira primero
por sí misma se transforma automáticamente en oligarquía.
Pero si pude ser nacionalista y no conservador, ello no
significa que esté de acuerdo con ciertas corrientes nacionalistas donde se da
a la nación o alestado un valor demasiado absoluto; donde con
criterio materialista se acentúa demasiado la importancia de lo económico;
donde se acepta laRevolución como
hecho ineludible, al cual hay que plegarse. Para mí la Revolución es el
Anticristo en marcha y galoparle al lado es engrosar su cortejo.
Mi nacionalismo es un nacionalismo “sui géneris”, de muy difícil
encuadre fuera de “El Baluarte” y “Restauración”. Soy, más que nada, un “carlista”
(Memorias, 1956 y Apéndice al Capítulo III, 1960)

