Hemos visto en entradas anteriores
(aquí y aquí) que el participar políticamente bajo un sistema electoral dentro
de un régimen constitucional más o menos liberal no siempre conlleva adhesión a
errores condenados por
San Ezequiel Moreno obispo de
Pasto (Colombia) es recordado por un célebre párrafo de su testamento:
“Confieso, una vez más, que el Liberalismo es pecado,
enemigo fatal de la Iglesia
y reinado de Jesucristo, y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar
esto, aun después de muerto, deseo que en el salón donde se exponga mi cadáver,
y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel
grande que diga: El Liberalismo es pecado”
(6-II-1905).
El partido liberal colombiano de aquellos
tiempos se mostró abiertamente hostil a la Iglesia , practicando un laicismo radical contrastante en este aspecto con la actitud del partido conservador.
Sin embargo, San Ezequiel estuvo
lejos del donatismo político, al menos de acuerdo con una de sus biografías,
que cita fragmentos de alguna carta pastoral* en la que anima a los fieles a
combatir también en el ámbito de la política partidaria:
“Describe el limo. Sr. Moreno, con la verdad y
vigor que acostumbra, los fines y medios del liberalismo, y dice en la Pastoral de que
hablábamos: «Pretenden los enemigos de Jesucristo que las naciones prescindan
de El, quitándole todo derecho en la organización social. Los diversos grados
del liberalismo sólo son diversos modos más ó menos acentuados de quitar
derechos á Jesucristo en la sociedad, y el liberalismo absoluto es la absoluta
supresión de esos derechos.— Se esfuerzan esos enemigos por secularizar el
Estado, la legislación, la enseñanza, la religión, la moral, las fiestas, la
beneficencia, el matrimonio, el nacimiento, la misma muerte, y aun la sepultura
del hombre; en todo y para todo quieren prescindir de Jesucristo y de su
Religión.— Esas aspiraciones de los enemigos de Jesucristo señalan lo que han
de hacer los católicos. Deben sostener los derechos de Jesucristo donde aun son
reconocidos, y restaurar esos derechos donde hayan sido conculcados. Deben luchar contra todos los errores
político-religiosos, que tantos daños causan á la Iglesia y á la sociedad,
hasta que lleguen á destruirlos.— Hoy,
entre nosotros, la revolución ha escogido el campo de batalla para la lucha (en
las elecciones); y en ese campo deben también luchar unidos los buenos
católicos, vigilando mucho no
entren en las filas falsos hermanos que sirvan al enemigo y faciliten su
triunfo.
«Únanse, concluye, los que no se han dejado
seducir, ni por sofismas que ilusionan, ni por ejemplos que arrastran, y firmes
en sus creencias, alzan resueltamente la bandera del Catolicismo, pero hermosa,
limpia y sin la menor mancha de error liberal, y la tienen desplegada enfrente
del enemigo, resueltos á defenderla á costa de su sangre y de su vida.» [Cfr. Minguella,
Toribio. BIOGRAFIA DEL ILMO. SR. D. FR.
EZEQUIEL MOREN O Y DÍAZ. Barcelona (1909), pp. 234-235]
* Nuestro agradecimiento al amigo colombiano que nos hizo llegar este texto que desconocíamos.