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viernes, 19 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (y IV)


Mi querido Orugario:
Me dicen que has dado pasos importantes en la formación de un psicología de inquisidor en los tradis que nuestro Supremo te ha confiado. Y que has cumplido con el objetivo que te indicara en mi anterior.
¡No te duermas en los laureles! Todavía te queda mucho por hacer. No basta con que tus tentados hagan lo que tú les sugieres si luego se arrepienten o son inconstantes en su obrar. Debes lograr que su temperamento inquisitorial se perfeccione con la obstinación. Con palabras de nuestro Enemigo: que lleguen a ser «ciegos que guían a ciegos» (Mt. 15, 14).
El primer paso para que tus tradis devengan obstinados es la desobediencia. Debes llevarlos al límite de la contradicción inadvertida: que se opongan a la Iglesia y a la verdad que dicen querer salvar; que contradigan la fe en nombre de la defensa misma de la fe. A eso que el lenguaje vulgar ha sabido expresar con ser «más papistas que el papa»; y que, para gentes con preocupaciones doctrinales, podría equipararse a ser «más maestros que el Magisterio de la Iglesia». Ninguna distinción entre Teología y Magisterio; nada de diversas formas de adhesión a éste; que todo sea un «bloque» denominado Doctrina que se confunda con sus opiniones. Y si alguna vez sienten en la conciencia el dilema de tener que «obedecer a Dios antes que a los hombres», que sólo a sí mismos se concedan esta posibilidad, nunca a sus enemigos. Porque sólo ellos saben con seguridad lo que conviene a Dios y a la Iglesia, razón por la cual no pueden dar su brazo a torcer, pues esto sería defeccionar de la «santa causa» y traicionar el «combate contrarrevolucionario». Y el segundo paso, es el prurito de autoridad siempre por encima de la verdad. Por lo cual, si acusan a alguien de «heterodoxia», y la acusación es falsa, nunca se han de retractar, pues hay que «salvaguardar el principio de autoridad» que sólo ellos encarnan en la presente crisis. Y si vieran que una acusación grave carece de fundamento sólido, habrán de formular otros cargos menores, para que no se note su ignorancia afectada y enorme temeridad.
Una vez que hayas logrado que la mentalidad inquisitorial sea realmente obstinada, tu tarea como tentador habrá alcanzado los objetivos que me he propuesto con estas cartas. Sólo nos quedará esperar a que nuestro Enemigo no asista esos tradis con gracias especiales y que su Madre no desbarate nuestros planes.
Tu cariñoso tío,
Escrutopo.



lunes, 8 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (III)



Mi querido Orugario:
Me informan que todavía no has llegado a forjar la psicología del inquisidor en los tradis que te han sido encomendados. Tienes que ser más diligente en tu oficio. Ya sabes lo que te hará el Supremo si no tienes éxito…
Pero al menos has conseguido en ellos un celo espúreo, amargo y altanero, fruto de su búsqueda ególatra. Es un paso… Sin embargo, debes apuntar a más: fomentar en ellos la rabies theologica. Que la destemplanza en anatematizar al prójimo, que consideran «heterodoxo» y «traidor», sea vista como signo inequívoco de «virilidad» y «celo apostólico».
Si nuestro Enemigo quiere una verdad en caridad (Ef. 4,15), tú debes lograr que los tradis se guíen por esta máxima: verdad contra caridad. Con amargura y altivez, que la pasión se revista de celo; que la agresividad se libere de modo catártico; y que el temperamento inquisitorial encuentre en la «defensa de la santa fe» una excusa para justificar odios, calumnias y condenas sumarias. Que por el afán de vencer y humillar, ni siquiera en caso de duda se pongan en el lugar del «reo». Por el contrario que sintiéndose confirmados en gracia y ortodoxia presuman el error en los demás, sin que les importe saber si su sospecha tiene fundamento.
Ya sabes que «el temor de Dios» es para los hijos de nuestro Enemigo un «don». Pues bien, debes apuntar a que nuestros tradis quieran ocupar, inconscientemente, el lugar de nuestro Enemigo. Que siembren miedo en sus «reos»; que sientan el placer de ser temidos; y vivan ese temor como una forma de «poder» sobre sus adversarios, aunque sólo sea  un poder extorsivo.
En fin, que todos los medios se justifiquen con el pretexto de que se emplean para defender a Dios.
Tu cariñoso tío,

Escrutopo.

domingo, 30 de abril de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (II)


Mi querido Orugario:
Vamos al grano. Voy a describirte el proceso psicológico típico de toda tentación: la pendiente por la que las turbiedades más sutiles acaban llevando a infidelidades palmarias.
Dividiré mi relato de ese proceso en tres capítulos, que pueden titularse con frases del libro que contiene la palabra de nuestro Enemigo y que los humanos llaman Nuevo Testamento.
Dice nuestro Enemigo que «todos buscan su propio interés, y no el de Cristo» (Fil. 2,21). ¡Pues esto mismo es lo que debemos producir en nuestros inquisidores de bolsillo!
Ante todo, es fundamental que nuestros pequeños torquemadas tengan: primero, un profundo sentimiento de la absoluta necesidad de sí mismos y de su labor persecutoria; y, segundo, la convicción de que la Iglesia vive un estado de excepción, cuya urgencia les libera de toda clase de escrúpulos sobre los procedimientos a emplear. Escrúpulos no sólo respecto de los derechos de quienes son «reos» de sus denuncias, sino también de las enseñanzas y normas de la Iglesia.
Pero debes ser muy cuidadoso en este punto. Un sentimiento directo sería advertido con facilidad. Debes recubrirlo de ropajes más nobles. Y para ello te servirá el sentimiento de responsabilidad. Que si guarda el debido equilibrio es —para los humanos— una virtud. Pero tu objetivo —nunca lo olvides— es causar una responsabilidad exagerada y deforme, que se convierta en una forma sutil de egolatría. En suma, que se persuadan de que la salud de la Iglesia depende de que existan inquisidores a mano. Y que ellos, en esta tarea, son irreemplazables.
¿Lo entiendes? Insisto: deben llegar a la convicción de la propia necesidad para nuestro Enemigo y su Iglesia. Deben perder el sentido de la gratuidad: que no reconozcan que nuestro Enemigo les hace una gracia al servirse de ellos. Que crean que el Enemigo tiene «suerte» de que ellos sean defensores de su causa.
Finalmente, has de lograr que ellos —confundiendo la «causa de Dios» con su propia gloria— hagan del celo por la ortodoxia pretexto para descargar su agresividad. Y luego, una vez liberadas esas pulsiones, has de vincular su obsesión por la «buena doctrina» con un sentimiento de superioridad grupal. Esta será una de las cumbres de perfección de tu obra tentadora: la complacencia por pertenecer a un colectivo superior: familia, institución, cofradía, nación…
Tu cariñoso tío,
Escrutopo.  

sábado, 29 de abril de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (I)


Mi querido Orugario:
Quisiera decirte algunas cosas sobre la manera en que debes tratar a tus pacientes. En esta carta, y en otras por venir,  te daré algunos consejos a partir de mi prolongada experiencia como tentador.
Estos consejos te servirán para que puedas desviar a un grupito de católicos a los que llamaré —con repugnancia– tradis.
De momento, tengo que decirte que no pierdas más tiempo con tentaciones vehementes. No insistas con la ira, la avaricia o la lujuria. Ya tendrás oportunidad de atacar por esos lados.
Ahora tienes que aguzar el ingenio y concentrar tus esfuerzos en otra tarea más importante: crear en tus pacientes una mentalidad. Tienes que ayudarles a que se forjen un espíritu. Y no cualquier espíritu porque —no te olvides— debes engañar a tradis. Es que si se tratara progresistas el espíritu que deberías insuflarles sería muy distinto... Pero no, querido sobrino, estos quieren ser católicos a machamartillo, así que debes buscar sus puntos débiles en otras zonas de la miseria humana.
En resumidas cuentas, has de lograr que tus pacientes desarrollen lo que llamo mentalidad inquisitorial. Que se crean campeones de la ortodoxia; que se imaginen a sí mismos como torquemadas redivivos. Y que obren en conformidad con esta creencia. Pero, ¡cuidado! Debe ser para ellos una forma mentis inconsciente, no advertida. Pues saben bien que no existe hoy institución como la del medioevo. Así que nada de fuego, tortura y cárcel. En el presente, Internet da suficiente espacio para que la imaginación se nutra de la «realidad virtual».
Si alguno de tus pacientes advirtiera que tu propuesta es una nueva forma de fariseísmo, que «cuela el mosquito» para tragarse los camellos de la injusticia y la falta de misericordia, tendrías que hacer tus mejores esfuerzos para que tu táctica no fuera descubierta.
Sé que me repito, pero te insisto antes de despedirme: tienes que generarles una psicología insana.
Tu cariñoso tío,
Escrutopo. 



viernes, 3 de marzo de 2017

El olvido de la gracia actual


En una entrada ya publicada, ofrecimos nuestra traducción un de texto del obispo Castro Mayer que explica de manera sencilla cómo pueden salvarse quienes no pertenecen en acto a la Iglesia. Vale la pena volver sobre el tema pero con una visión más profunda. Intentaremos hacerlo siguiendo la obra del dominico Emilio Sauras (obra completa, aquí; para los puntos de esta entrada, cfr. ps. 632-659) de la cual reproducimos fragmentos en letra de menor tamaño.
La gracia actual se define como el influjo sobrenatural transeúnte de Dios en el alma que mueve al acto relativo a la santificación y a la vida eterna. La doctrina de la gracia es árida. La catequesis y la vulgarización teológica se ven obligadas a simplificar el tema para hacerlo más comprensible. Lo cual puede dar lugar a esquemas uninalterales y a veces mezquinos, como el que escuché una vez a un cura: - Maurras era agnóstico; no podía influir cristianamente en la sociedad francesaComo si la incredulidad hubiera corrompido su naturaleza incapacitándola para actos buenos en favor de los demás; como si la infidelidad fuera un impedimento para recibir gracias actuales... O el comentario que hizo otra persona sobre Solzhenitsyn: - No murió dentro de la Iglesia... Lo cual es verdad pero pudo recibir gracias actuales a lo largo de su vida que lo preparasen para gracias de última hora. 
Por cierto, no poseemos el "graciómetro" por lo que tenemos que limitarnos a lo que percibimos exteriormente. Pero considerar el papel de la gracia actual contribuye a distanciarnos de un manojo de errores pesimistas -algunos, verdaderas herejías- que nos acechan: corrupción total de la naturaleza; negación de la bondad natural de ciertos actos y de su contribución al bien de los demás; negación del bien oculto de las gracias actuales; defectibilidad de la Iglesia opuesta a la promesa de Cristo, etc. Son "demonios" que conviene exorcizar antes de que se adueñe de nosotros el mal de la acedia que causa ceguera para el bien.
- Cristo es redentor de todos y a todos ofrece su salvación.
“Dios quiere salvar a todos los hombres […]; Cristo es redentor de todos; todos tienen posibilidad subjetiva de salvarse; a todos llega próxima o remotamente la gracia suficiente, etc. Todas estas expresiones significan una misma cosa: que no hay hombre en el mundo que no esté conectado de alguna manera con Cristo, o que de alguna manera no reciba su influjo sobrenatural…
Excluir a alguien de este influjo divino ejercido mediante Cristo, redentor y cabeza, es correr peligro de caer en el error calvinista de que Dios crea a determinados hombres con un destino condenatorio…
…a todos llega el influjo sobrenatural de Cristo mientras están en el mundo. Pero no todos lo reciben en el mismo grado. La Teología, que asegura que nadie queda excluido del cuerpo místico de Cristo, asegura también que sus miembros se dividen en dos grandes grupos: miembros en acto y miembros en potencia”.
- Los miembros en potencia del cuerpo místico reciben un influjo sobrenatural de Cristo.
“Sería una equivocación pensar que los miembros en potencia no son, sino que pueden ser miembros. Esto equivaldría a decir que de hecho no reciben nada de Cristo, aunque pueden recibir. Lo cierto es que reciben algo y que pueden recibir más. Lo que reciben, aunque es un don gratuito y sobrenatural, no es suficiente para vivificarlos, y como el miembro en acto es el vivificado, de ahí que no sean miembros actuales. Son potenciales, porque lo que reciben no les vivifica, sino que les prepara para la vivificación, que obtendrán si utilizan debidamente lo que tienen”.
- Miembros actuales y potenciales.
“Todo el que reciba la gracia que santifica, y, por lo tanto, la caridad, es miembro que recibe la vida de Cristo; también la recibe quien recibe la fe o el conocimiento divino, aunque, si se limita a recibir esto solo, y no tiene la gracia que santifica, su vida será imperfecta. Todos cuantos tienen fe y caridad son, pues, miembros en acto. En cambio, quienes reciben dones sobrenaturales y gratuitos más imperfectos, que no dan ni el conocimiento sobrenatural de la fe ni la vida sobrenatural de la gracia, aunque preparan para adquirirlos, son miembros en potencia. Como se ve, ser miembro en potencia no quiere decir que no se recibe nada actualmente, aunque se pueda recibir; sino que no se recibe actualmente la fe ni la caridad, aunque sí otros dones que disponen y preparan para obtener éstos… y llegar a ser miembro en acto”.
- Los miembros en acto forman tres grandes grupos: bienaventurados, justos que poseen la fe informada por la caridad y pecadores que no tienen la gracia santificante, ni la caridad, pero conservan el hábito de la fe. Los miembros en potencia integran el denominado mundo infiel.
“…entendemos aquí por mundo infiel el que no tiene fe infusa. Hay en él dos grandes grupos: el de quienes tienen fe pero no es sobrenatural, ni infusa, sino solamente natural, como los herejes que conocen las verdades reveladas y las aceptan, y los racionalistas, que también pueden conocerlas todas o algunas, y aceptarlas en virtud de sus propias investigaciones y no por la autoridad reveladora de Dios ni por la proposición infalible de la Iglesia; y el pagano, constituido por quienes no han oído  hablar de las verdades reveladas o, si han oído, no las admiten...
Ninguno de éstos está unido a Cristo en acto, pues carecen de la gloria, de la caridad y de la fe, los tres elementos que actualizan la vida de la cabeza en los miembros. Y, sin embargo, todos están redimidos, a todos alcanza la voluntad salvadora de Dios…
…todos pueden alcanzar el fin sobrenatural, mientras vivan en este mundo. Solamente quedan excluidos los condenados…”
- Los infieles pertenecen al orden sobrenatural de la redención y reciben gracias actuales que los disponen para llegar a ser miembros actuales del cuerpo místico.
“La afirmación de que los infieles son miembros en potencia es común. Pero hace falta entenderla bien. Quizá alguien piense que la frase quiere decir que pueden tener la gracia el día de mañana, sin que en la actualidad posean nada. En cuyo caso estarían en condiciones parecidas a las de quien viviera en estado natural. Pero no, hemos dicho que, aunque caído, el hombre, todo hombre, pertenece al orden sobrenatural de la redención. Tiene, pues, algún principio, que le incardina a él y que, por tanto, le conecta con Cristo, de quien depende el orden divino reparado.
Este principio no es uno solo, ni, por lo tanto, es idéntico en todos los infieles. No es idéntico en los infieles que han oído ya la predicación del Evangelio o que han poseído la fe y la perdieron y en los que no saben nada de la revelación. Pero todos tienen algo que los incardina a Cristo, algo que no produce la vida divina ni en su grado más imperfecto, que es el de la fe con la que empieza el hombre a vivir de Dios, y que, al no producirla, no los hace miembros vivos o miembros en acto. Pero que más o menos remotamente, más o menos próximamente, les dispone para la fe y para lo que viene después de la fe.”
- El hombre caído no puede con sus fuerzas naturales disponerse convenientemente a recibir la gracia. Las disposiciones son de orden sobrenatural y absolutamente gratuitas. Hasta la simple remoción de obstáculos en orden a la gracia es un efecto de la gracia actual.
“Hay un principi0 que dice que «la potencia y el acto deben ser proporcionados», y no tenemos derecho a pensar que falle aquí. Y tratándose de actos sobrenaturales, como son los que constituyen la vida de Cristo en sus miembros […] los principios que constituyen la potencia que a tales actos conduce serán sobrenaturales también.”
- Dios quiere que todos los hombres se salven; de donde se sigue que todos los hombres reciben alguna gracia de Cristo para poder salvarse. Si así no sucediera la providencia divina sería defectuosa. Pero no todos aprovechan las gracias recibidas.
“Acabamos de decir que Dios ofrece y da a todos las gracias suficientes que necesitan para salvarse. No decimos si son próxima o remotamente suficientes. Para el caso que estamos estudiando, que es el de los miembros en potencia basta que sean gracia o que sean principios sobrenaturales. Si lo son, y son suficientes, bastan para que quien los posee pueda llegar, usándolos bien, a la justificación…”
- ¿En qué consiste la gracia que hace miembros en potencia del cuerpo místico a los integrantes del mundo infiel?
“La respuesta a esta cuestión no tiene, en realidad, gran interés. Lo que interesaba era que la gracia de Dios y de Cristo llegara a todos los infieles, y esto es cierto. ¿Qué es esta gracia? Creo que nadie puede determinarlo con certeza más que quien la da, Dios. Nosotros podríamos descansar en la condena de la proposición jansenista hecha por Alejandro VIII…”
“Vamos, sin embargo, a ver qué dice la teología sobre los auxilios que los infieles reciben de Dios y de Cristo. Pero antes advirtamos que hay varias clases de infieles: unos que no han oído nada del Evangelio, a quienes no se les ha predicado ninguna verdad cristiana, y que, por lo tanto, están en una posición completamente negativa en orden a la fe; y otros que han oído predicarlo, que incluso quizá. lo han aceptado y que después de aceptarlo perdieron la fe o después de oída su predicación permanecieron positivamente en su incredulidad. No podemos decir que sea idéntico el auxilio de Dios recibido por los primeros y por los segundos. Los primeros empezarán recibiendo auxilios suficientes, pero muy remotos; si los secundan, llegarán, por los caminos misteriosos de la providencia divina, a obtener la fe y con ella la caridad y, en consecuencia, a justificarse. Para llegar aquí pasarán por la etapa en la que empieza la gracia suficiente de los segundos. Los que ya conocen la doctrina revelada y no la aceptan han recibido ya de Dios la gracia próximamente suficiente de la predicación o del conocimiento de la verdad revelada, A pesar de no aceptarla, Dios les insta a que la acepten; y si secundan estas instancias, la aceptarán, recibirán luego la gracia santificante y se salvarán”
- Las gracias que reciben los paganos más alejados.
“La primera gracia que no falta a nadie es el auxilio que el hombre necesita para cumplir la ley natural. El hombre podría cumplir toda la ley natural sin necesidad de la gracia si su naturaleza no hubiera quedado malherida por el pecado del primer padre. Este pecado, además de quitarle la gracia, debilitó sus fuerzas morales naturales, y una naturaleza débil o enferma puede hacer algo, pero no puede hacer todo. De ahí que, aunque pueda por sí sola cumplir en cada caso determinados preceptos de la ley, no puede cumplir todos, ni tampoco los preceptos particulares más difíciles. Para ello necesita una ayuda divina que subsane su debilidad moral, ayuda que en la economía presente tiene que ser sobrenatural.
El cumplimiento de los preceptos de la ley urge; nadie esta dispensado de ellos. No cumplirlos es pecar. Y nadie peca necesariamente. Pecaría necesariamente quien no tuviera la gracia para poder cumplirlos. De donde se sigue que Dios pone esta gracia en manos de todos. Creemos que esta verdad es incuestionable…”
- Los paganos reciben gracias actuales para cumplir la ley natural que no justifican pero que los disponen para ulteriores gracias en orden a su salvación.
“¿Quiere esto decir que el cumplimiento de la ley natural justifica o que el hecho de no pecar basta para estar justificado? No. Esto quiere decir solamente que quien hace el bien natural en las condiciones que acabamos de señalar posee una gracia divina, gracia que no hemos dicho que sea santificante. Pero quiere decir, además, que, si se aprovecha debidamente esa gracia, Dios dará otra mayor, y por este camino se llegara a la justificación. Estamos hablando solamente del inicio, de lo que poseen los miembros más remotamente potenciales del cuerpo místico.”
- La gracia de ordenación de los actos naturalmente buenos al último fin sobrenatural.
“A esta gracia que reciben todos hemos de añadir otra: la ordenación de los actos naturalmente buenos a un fin sobrenatural. Acabamos de decir que estos actos naturalmente buenos son movidos por la gracia actual; solamente así tienen valor positivo ante Dios, o preparan para la justificación, o son remotamente suficientes para convertirnos […] La ordenación al fin sobrenatural de toda actividad moralmente buena que el hombre tiene es otra gracia que a nadie falta [cfr. In I Sent. Dist. 46 q. 1 a. 1]. Y es ordenación, que no se puede soslayar, es inherente al estado de naturaleza elevada y es consecuencia de la gracia actual…”
- Es una gracia actual que no requiere la fe teologal.
“Se dirá que esta ordenación al fin sobrenatural supone un conocimiento previo del mismo y que, por lo tanto, la gracia de esta ordenación supondría en el infiel el conocimiento de la fe que todavía no posee. Pero en realidad no hace falta este conocimiento de la fe. La ordenación de los actos naturalmente buenos al orden sobrenatural puede imponerla quien los hace y puede imponerla sólo la gracia actual con la que se hacen. Para lo primero es necesario algún conocimiento previo; para lo segundo, no. Y la segunda ordenación está en todo acto bueno de la presente economía hecho bajo el impulso de la gracia actual.
Admiten muchos teólogos, además, la ordenación hecha por quien realiza el acto. Para ello no es necesario tener fe sobrenatural. Sí es necesario un auxilio sobrenatural en el entendimiento, una iluminación de la inteligencia del infiel, por la que se propone a éste no una o muchas verdades reveladas, sino a Dios como un bien común y superior a todo cuanto él sabe y piensa. Esto no es fe sobrenatural, pero es iluminación con la que se intuye algo superior. Consiguiente a esta intuición, que ya es un auxilio sobrenatural inicial, recibido en el entendimiento, será la moción sobrenatural de la voluntad con la que intenta el infiel hacer lo que hace por ese fin. Estamos en el principio del camino de la salvación; se trata de gracias remotamente suficientes para adquirir la fe, con la que el infiel se prepara próximamente para justificarse. Muchos teólogos, a partir de Juan de Santo Tomás, ponen este auxilio sobrenatural en los infieles […] Para que el hombre ordene sus actos a un fin natural debe tener un conocimiento natural; para que los ordene a un fin determinadamente sobrenatural necesita un conocimiento determinado sobrenatural también, que es la fe; para que los ordene a un fin confusamente sobrenatural necesitará un conocimiento sobrenatural confuso, anterior a la fe y más imperfecto. Son las ilustraciones de que hablan los teólogos cuando hablan de las gracias remotamente suficientes."
- Desarrollo del proceso que se inicia con esta gracia.
“La gracia de que acabamos de hablar no es todo lo que el hombre necesita para salvarse. En otras palabras, quien sólo posea ésta no se salvará. Para salvarse hace falta la gracia santificante, que se recibe en el momento de la justificación, mientras que ésta se recibe en el momento en que se empieza a recorrer el camino de la salvación. Decir que basta para salvarse sería tanto como decir que quien empieza un camino, con sólo empezarlo llega ya al fin del recorrido... 
Este proceso es largo, y se llega infaliblemente al fin sumando la fidelidad a la gracia primera con la fidelidad a la segunda, que se dará por haber utilizado bien la primera, y añadiendo la tercera a la segunda. Y así sucesivamente…
Decir, por ejemplo, que quien hace lo que puede con las fuerzas naturales recibe de Dios la salvación como cosa debida a dichas obras, sería pelagianismo puro. Decir que da gratuitamente la gracia a quien hace bien lo natural, no por exigencia del bien natural que hace, sino porque su misericordia así libremente lo determinó, es dar una explicación ortodoxa al principio en cuestión.”


jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Confirmados en gracia y ortodoxia?



En una entrada precedente hablamos de la posibilidad de ser luteranos sin saberlo. Uno de los modos de “luteranizarnos” sería desdoblarnos e imitar a aquellos hombres decimonónicos que vivían la fe como un crede firmiter público -gesto retórico, apologético- más que como una auténtica disposición espiritual informada por la caridad e integrada en un organismo espiritual. 
No pocas veces esta tentación consiste no tanto en el crede firmiter como en combatir públicamente los errores. Podría describirse esta actitud como una opción fundamental contra el modernismo: se trata de ser un anti-modernista militante. Lo cual no es malo y, en algunos casos, va unido a un conocimiento suficiente de la buena doctrina; pero en otros, bastante frecuentes, apenas si se complementa con algunas ideas teológicas muy superficiales y mal asimiladas. Junto a esta falta de profundidad y de rigor, suele darse el hábito de lanzar anatemas sin fundamento, por logofobia
Esta actitud arranca de un olvido fundamental: mire, pues no caiga el que piensa estar en pie”, dice San Pablo (1 Cor 10,12). Y comenta Santo Tomás:
“...aquéllos, aunque favorecidos de Dios por sus beneficios, por tan mal agradecidos, y por sus muchos pecados, perecieron. "Así que, pensando en eso, quien juzga, por alguna conjetura, que esta firme, es a saber, que esta en gracia y caridad, mire, con solicita atención, no caiga, pecando, o haciendo a otros pecar. ¿Como caíste del cielo, Lucifer? (Is 14,12). Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra (Ps 90, 7). Por eso dice en Efesios: "mirad como camináis, de modo que lo que andáis lo andéis con tiento y cautela".
El cristiano no está confirmado en gracia y quien hoy es justo, simultáneamente es pecador en potencia, puede caer y serlo en acto. Y esta misma observación autoriza a sostener, correlativamente, que quien es actualmente pecador, también es potencialmente justo, pues sólo la muerte cierra la posibilidad de conversión y nadie está confirmado en el mal fuera de los demonios y condenados del infierno.
Lo mismo hay que decir de la ortodoxia. El católico anti-modernista militante no por ello está confirmado en la buena doctrina en todos los temas. Puede desviarse aunque no lo haga de modo consciente. En ambientes tradicionales puede haber un manojo de heterodoxias pesimistas en diversos campos: antropología, eclesiología, moral, espiritualidad, relaciones naturaleza-gracia, sacramentos, etc. Herejías que muchas veces ignoramos, porque suponemos de modo simplista que todos los heterodoxos son "progresistas", o "liberales", como si no hubiera herejías "de derecha"...
En fin, el anti-modernismo militante -incluso cuando es conforme a la verdad, y no lanza anatemas ridículos- no es una opción fundamental que nos confirme en gracia ni tampoco una vacuna que garantice una ortodoxia integral.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Dime de qué presumes

Dime de qué presumes y te diré de qué careces, dice un refrán muy usado. Suele suceder que quien alardea de algo precisamente carece de ello. Claro está que esto no pasa en todos los casos, de modo que no cabe aquí establecer una ley universal; y cuando esto sucede, tampoco hay una relación de causalidad necesaria entre el alarde manifestado y la carencia oculta.
Hay distintas explicaciones científicas de este mecanismo, que corresponden a los especialistas. El lego en Psicología, no obstante, puede quedarse en un nivel fenoménico e introspectivo.
Dicen los psicólogos que un síntoma característico de este mecanismo de presumir de lo que se carece es el hecho de enfatizar demasiado en ello, haciendo de un punto concreto bandera y hasta cruzada. Así, la persona que incurre en esta presunción se utiliza a sí misma, o a su grupo más inmediato de pertenencia, como modelo de lo que alardea. Aunque su intención no sea tanto convencer a otros, como persuadirse a sí misma de que esto es verdad. Por ejemplo, quienes desean comer hasta hartarse, pero temen engordar y ser rechazados, por lo cual se dedican en forma fanática a promover dietas y a asquearse de la comida chatarra.
En la Iglesia ha habido casos escandalosos de este tipo de conductas. Por lo general, la presunción se manifiesta diluida en la afirmación de “virtudes colectivas”. Así, por ejemplo, se ha dado el caso de un “fundador” que predicaba -con demasiado énfasis- dos cualidades de su grupo:
1. Fortaleza exterior. Esta nota venía afirmada por medio de prácticas de mortificación externa. El uso de cilicios y disciplinas era resaltado como señal de identidad colectiva, para “demostrar” el fervor del propio grupo, y contrastarlo así con la relajación de otros. Ciertamente la mortificación externa tiene un papel en la espiritualidad tradicional. Pero todos los santos, y autores espirituales, enseñan al mismo tiempo la enorme importancia de la mortificación interior. Porque el cuerpo humano puede acostumbrarse al dolor con mayor facilidad que el alma a la mortificación interna. Esta requiere muchas veces la renuncia de la propia voluntad por la obediencia, el control de la imaginación y de la memoria, la rectificación de los movimientos del amor propio, de la soberbia, del afecto desordenado, etc. Es mucho más trabajosa.
2. Heterosexualidad. Aunque la sola inclinación homosexual constituye un desorden mientras no se manifieste en actos voluntarios, no hay pecado. Quienes poseen esta tendencia desordenada deberán santificarse cargando con esta cruz.
La Iglesia tiene una experiencia secular para discernir, en estos casos, quiénes son ineptos para el sacerdocio o la vida religiosa. Lamentablemente no se han aplicado los criterios tradicionales de modo suficiente, al menos desde la década de 1950, lo cual ha causado grandes daños eclesiales y personales.
Pero lo que ha llamado la atención respecto de cierto “fundador” ha sido su insistencia –casi obsesiva- en presumir de heterosexualidad. En este caso, el alarde se ha visto desmentido por testimonios creíbles y finalmente por una condena de la autoridad eclesiástica. El “fundador” de marras no sólo tiene una tendencia homosexual sino que la ha puesto en acto, aprovechándose de su condición de sacerdote y superior religioso. Triste, lamentable, pero real...
También se observa que otras personas, a veces pertenecientes al estado laical, hacen alarde explícito y persistente, o dan por sobreentendido, que son heterosexuales y muy “machotes”. ¿Acaso presumen en exceso de lo que quisieran ser pero no son? ¿Alardean como un mecanismo de defensa? Es un misterio mientras quede en el fuero interno; los hombres no podemos juzgar con certeza de lo interior no manifestado, aunque a veces podamos sospechar sin temeridad.
En todo caso, hay que rezar por ellos para que, si tienen una tendencia desordenada, no la pongan en acto y correspondan a las gracias necesarias para llevar su cruz. Y también, si no tienen ese desorden, para que no olviden la sentencia paulina: El que crea estar seguro, mire no caiga (l Cor 10,12).

lunes, 17 de octubre de 2016

Luteranos sin saberlo





El 31 de octubre próximo se cumplirá un nuevo aniversario de las 95 tesis de Lutero de 1517. Cuando se habla de Lutero uno suele tener en mente que se trató de un hereje que fijó los principios fundamentales del protestantismo: sola Escritura (con libre examen) y sola fe. Pero los errores luteranos son muchos más. Concentrémonos en dos que pueden acecharnos:
- Pesimismo radical. La naturaleza humana -según Lutero- quedó totalmente corrompida por el pecado original. De modo que es incapaz, por sus propias fuerzas, de llegar a cualquier conocimiento de la verdad religiosa y de realizar acciones naturalmente buenas (v. aquí§ 9). Un pesimismo radical en el orden antropológico y ético, reprobado por la Iglesia, diametralmente opuesto al “omneverum et omne bonum est a Spiritu sancto”. Aunque no seamos conscientes, este pesimismo radical puede nublar nuestra visión del pasado o de la actualidad.
- Crede firmiter, pecca fortiter. Cree firme y peca fuerte; porque la fe es lo que justifica. Ni siquiera son necesarias las buenas obras para la salvación de los adultos, bastando la fe. Se dirá que estamos muy lejos de este error. Pero podríamos desdoblarnos, como aquellos hombres decimonónicos que vivían la fe como un crede firmiter público -gesto retórico, apologético- más que como una auténtica disposición espiritual informada por la caridad e integrada en un organismo espiritual.
¿Cómo podría darse este desdoblamiento? Mediante una reducción del organismo sobrenatural a alguno de sus elementos. La vida sobrenatural que Cristo nos mereció consiste radicalmente en la gracia santificante. Ella es el principio y el fundamento de nuestra vida sobrenatural. Pero no es inmediatamente operativa, por lo cual Dios infunde energías sobrenaturales capaces de producir los actos sobrenaturales correspondientes (virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo). Con el nombre de organismo sobrenatural se designan esas energías sobrenaturales, es decir, la gracia con todas las virtudes y los dones que la acompañan y que, recibidos en el alma, hacen al hombre nuevo en Cristo. Se emplea la expresión organismo para indicar que esas fuerzas no son aisladas e inconexas sino que están íntimamente vinculadas entre sí. Este organismo sobrenatural se conserva y crece con el ejercicio de las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y de las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) perfeccionadas por los dones.
Una concepción mutilada del organismo sobrenatural podría conducirnos a este crede firmiter, pecca fortiter. Por poner énfasis unilateral en las virtudes teologales, por ejemplo, podríamos minusvalorar o ignorar a las virtudes morales.
“La existencia de las virtudes teologales es postulada por la naturaleza misma de la gracia santificante. No siendo ella inmediatamente operativa—como ya vimos—, necesita principios operativos sobrenaturales para crecer y desarrollarse hasta alcanzar su perfección. Ahora bien: entre estos principios, unos deben referirse al fin sobrenatural (virtudes teologales) y otros a los medios a él conducentes (virtudes morales infusas) […] Exigidas las virtudes teologales por la gracia santificante para ordenarse dinámicamente al fin sobrenatural, las virtudes morales infusas son exigidas, a su vez, por las teologales, porque estar ordenado al fin exige disposición con relación a los medios.” (Royo Marín)
Al descuidar gravemente las virtudes morales perderíamos el estado de gracia. Si el descuido fuera leve, no perderíamos la gracia, pero el organismo sobrenatural se debilitaría. Y de este debilitamiento podría sobrevenir más fácilmente la pérdida de la gracia.
Hay que recordar que el eje de la vida sobrenatural pasa por las virtudes teologales pero estas se integran armónicamente en un organismo que incluye a las cardinales y a los dones. La perfección de la vida cristiana exige todas las virtudes infusas relacionadas con la caridad y las virtudes morales adquiridas (que dan facilidad extrínseca). Quien no cultive de manera integral y armónica todas las virtudes tendrá un desarrollo anómalo en su vida espiritual. Y así podrá llegar a transformarse en un "luterano inconsciente", que suponga que el "pecar fuerte" se redime profesando públicamente su "catolicidad" y lanzando anatemas a machamartillo.




martes, 30 de agosto de 2016

El donatismo histórico

En una entrada precedente barruntamos una caracterización del donatismo político (al cual llamamos donatismo por analogía, con denominación extrínseca). Ahora, nos parece interesante exponer algunos rasgos del donatismo histórico, movimiento cismático, sectario y al finalmente herético.
No pocas veces se reduce el donatismo a un problema teológico-sacramental. Por lo cual haremos una breve descripción general del donatismo, mencionaremos algunas de sus tesis teológicas fundamentales y otras relativas a la vida política. No vamos a trazar una comparación con el donatismo político. Queda en cada lector interesado buscar semejanzas y diferencias, si le interesa.
Para la caracterización del donatismo histórico tomamos textos de la introducción de Pedro Langa a los Escritos antidonatistas de San Agustín (BAC, Tomo XXXII).
I. Historia.
- El donatismo (en adelante, D.) fue un fenómeno multicausal de la cristiandad primitiva:
El parecer de los estudiosos data los orígenes donatistas entre los años 306-307 y 311-312…
Los orígenes de ese complejo fenómeno religioso y madre de todas las divisiones que fue el D. responden a causas múltiples, próximas y remotas. Por un lado, el contexto geopolítico de una historia a la vez etnográfica, social, económica, cultural y política, cuyo término clave es romanización. Este movimiento provoca en África del Norte, frente a claras adhesiones de las capas altas de la sociedad, sentimientos de protesta y rebeldía a cargo de la gente humilde y proletaria, indígenas o bereberes del campo, en su mayor parte decididos a sacudirse el yugo fiscalizador de Roma…
- Pero un factor importante, no siempre tenido en cuenta, fue el político, la relación de la Iglesia con el Imperio Romano:
[el D. tenía una] indisimulable fobia contra las autoridades de Roma...
[no obstante,] lo verdaderamente novedoso del caso es que los donatistas apelan a Constantino de tal modo que desde el principio sus diferencias reciben el tratamiento de un proceso civil y no eclesiástico, puesto que los tribunales están integrados por eclesiásticos delegados del emperador, y la sentencia será no contra cismáticos, sino propiamente hablando contra auténticos calumniadores. Así empieza el contencioso. Andando el tiempo asomarán los delitos de cisma y de herejía…
- El recurso al brazo secular contra los donatistas fue contraproducente:
Constantino procedió contra los donatistas dictando una severísima ley en la primavera del 317, que, si bien no llegó a afectar más allá de los límites cartagineses, golpeó duro a la secta. Se ordenaba en ella la confiscación de iglesias donatistas y el exilio para sus obispos. Las comunidades donatistas cartaginesas fueron el blanco principal, pero el partido, lejos de venirse abajo con tan dura medida, salió reforzado. En no pocos casos, las víctimas de la represión consiguieron ser equiparadas a las del 303, cuando Diocleciano.
- Uno de los “éxitos” más resonantes del D. fue presentarse ante el pueblo sencillo como una “Iglesia de los mártires”, una comunidad de puros, que no entra en componendas con el poder político corrupto. Pero el D. fue, en realidad, un grupo de victimarios que desplegó una estrategia victimista:
A primera vista da la impresión de encontrarnos ante una Iglesia mártir, perseguida dentro de su mansedumbre. La realidad, sin embargo, impone aclarar que el D. jamás se caracterizó por nutrir sentimientos pacifistas, y que precisamente este capítulo jurídico pertenece a uno de los momentos de más despiadada persecución anticatólica, a la postre extensiva a quienes, ya dentro, ya fuera, no comulgaran con las ideas del partido
- Esta “Iglesia de los mártires” terminaría en un claro espíritu sectario.
II. Algunas notas.
- Un fenómeno polifacético:
No es cosa fácil interpretar el D. Constituye un argumento complejo, de muchas ramificaciones y, en consecuencia, significados que todavía hoy suscitan opiniones encontradas. Destacan en él, fundamentalmente, dos aspectos, el histórico y el teológico. Pero está claro que tanto el uno como el otro vienen a ser, insisto, como ríos con muchos afluentes. Dentro de la teología van el martirio, los sacramentos, la eclesiología, la sinodalidad, la paz y la unidad, con matices ecuménicos, por cierto, de gran resonancia en los momentos actuales. Junto a la historia, es preciso nombrar la sociología, las relaciones Iglesia-Estado, el poder civil, la trascendencia del error en cuestiones religiosas, las intrigas políticas, los grandes intereses nacionales y hasta la moralidad del recurso a la fuerza armada.
- Los circunceliones reflejan el aspecto económico-social del D.
Qué representasen los circunceliones dentro del D. es algo aún por ver en sus justos límites. Ocurre otro tanto con su verdadera condición. ¿Monjes vagabundos? ¿Bandoleros incontrolados? ¿Matones a sueldo? ¿Por qué una alianza entre donatistas y circunceliones y quiénes fueron los primeros en dar tal paso? ¿Sólo hubo en ello razones políticas?”
[hubo relación entre donatistas y circunceliones] pero ésta es compleja a la hora de su estudio. Compleja por las semejanzas con el D., en el que es dable advertir: 1) una religión centrada en el culto a los mártires, que a veces empuja a verdaderos suicidios, incluso colectivos; 2) una mentalidad sectaria, con su típica intransigencia y el simplismo en la estrategia de oposición. Pero, al propio tiempo, compleja también por las disparidades: 1) es difícil sostener que los donatistas se preocuparan de reivindicaciones sociales al estilo de los circunceliones; 2) tampoco parece que los donatistas pusieran especial énfasis en vengar de las humillaciones de los oprimidos, por ejemplo, usurpando tierras a los terratenientes, que era otro de los puntos muy comunes de los circunceliones
- En cuanto al uso de la fuerza, los circunceliones demuestran "mentalidad" y “síntomas de cruzada, pues a menudo responden a represalias típicas de guerra santa.” Pero su belicosidad está impulsada por profundos errores teológicos.
- Perversión ideológica del martirio:
La célebre frase tertulianista sangre de mártires, semilla de cristianos, de perlas en el ministerio pastoral de San Cipriano, no tardó en ser cuidadosamente usufructuada por el partido, cuya teología convirtió el martirio en señal de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. El afán por relacionar estrechamente al Espíritu Santo con el martirio pone de manifiesto, en fin, el decidido propósito de sacarle el máximo provecho a la represión imperial, auto-proclamándose los cismáticos de este modo herederos directos de la Iglesia de los mártires, o sea, quienes encarnaban la verdadera Iglesia de Cristo.
III. Católicos y donatistas ante la Iglesia y el Imperio Romano.
- Una forma mentis sectaria:
El espíritu sectario que no tiene, como es obvio, domicilio fijo, conlleva en quienes lo practican la convicción de ser los puros y elegidos; con frecuencia, el complejo persecutorio, la sensación de ser siempre víctimas, y correspondientemente la seguridad de llevar la razón contra todo el mundo, y más, por supuesto, si ese mundo se llama autoridad. De hombres heridos por este espíritu siniestro cabe esperar el desdén hacia los demás, un carácter inflexible y monolítico en las apreciaciones y, por resumirlo en una sola frase, la conducta fanática en las ideas y en los hechos. 
- Errores teológicos y anacronismo histórico:
Se enfrenta el D. a la Católica no ya sólo por juzgar a ésta unida al poder lo cual sería a fin de cuentas una razón política, sino porque obedece a líneas teológicas distintas. Si los católicos integran la Iglesia de los Santos Padres, los donatistas se remitirán a la Iglesia de los mártires. Discurren al margen de los Padres, puesto que se resisten rotundamente a enfocar el mundo y plantear las cosas sobre la forma dual del poder político y la cultura filosófica… Todo el afán de los donatistas será siempre permanecer en las condiciones vividas por la primitiva Iglesia de los mártires, o sea, nada de cambiar; comportarse como si no hubieran transcurrido años de grandes transformaciones en la sociedad, como si a los encrespados oleajes en el mar de la historia eclesiástica no hubiera sucedido la calma y soplado los vientos propicios para la barquilla de la Iglesia. 
Su animosidad contra un Estado agente del diablo, que podría servir, en un Imperio pagano, de inquina persecutoria, no se tiene en pie con la paz constantiniana. Tal vez este aspecto a que me acabo de referir sea uno de los que mejor revelan la conducta anacrónica de los donatistas, aferrados a sus viejas tesis de repudio y oposición al poder temporal. Una razón de peso para explicar el por qué del fenómeno reside en el espíritu sectario. El hace que los donatistas se conviertan en Iglesia absolutamente cerrada, de espaldas por completo a componendas con el Estado, la sociedad, la cultura y, naturalmente, quienes establezcan algún acuerdo con ese Estado, esa sociedad abierta y esa cultura plural. Por consiguiente, también contra la Católica, que se relaciona y hasta colabora con el poder.
- La aversión del D. hacia el poder político:
Explica también este espíritu sectario la hostilidad de los donatistas con las autoridades civiles, de las que intentarán aprovecharse siempre que las circunstancias se lo brinden. Serán Iglesia de los mártires mientras las cosas rueden mal para sus intereses de partido, siempre que salgan condenados de los tribunales, lo que denota una incoherencia que ciertos especialistas apenas advierten. Por mucho que se declaren hostiles al poder de Roma, ellos son los primeros en recurrir a Constantino. 
- El D. siempre tiene razón:
Los D. tenían siempre la razón; sus oponentes, el error, como es de ley en esta lógica sectaria. Con ellos, puros; fuera de ellos, traditores. Y no había manera de salir de ahí. Todo intento de diálogo estaba condenado al fracaso. Contaban con personalidades de relieve, de gran capacidad organizadora, oradores y hasta dialécticos de la altura de Petiliano, por ejemplo, pero su dogmática dejaba que desear 
Toda la discusión con los católicos se centraba en lo siguiente: nosotros somos la Iglesia; vosotros, los traditores, o si no los cómplices lejanos de aquellos primeros traditores, y en última instancia los que ahora colaboráis con los que nos persiguen. Dada esta premisa, la conclusión era pura lógica deductiva, rígida como las matemáticas…
Penosa discusión la que se entablara con ellos; propia de oídos sordos. Parapetados detrás de un talante monolítico, rebeldes a matices y distingos, con el simplismo característico del temperamento africano, probablemente muy del gusto de un pueblo llano, poco exigente de racionalidad y, en consecuencia, campo de cultivo para la intransigencia cismática, los donatistas se hacían intratables con ese negarse en redondo a cualquier diálogo sereno.
- Una teología rudimentaria, con mala filosofía de base:
Hasta el discurso propiamente teológico encontraba dificultades al no querer ellos distinguir entre realidad espiritual y corporal, lo que, traducido a principios morales, significaba no contentarse con la separación espiritual de los pecadores, propugnando incluso la corporal. Tampoco diferenciaban entre pecados personales y étnicos, sino que preferían atenerse a las taras de grupo. Y, por último, se les hacía incomprensible una acción espiritual de Cristo que no se identificara con la corporal del ministro…
- Finalmente, el D. cae en la tentación del fariseísmo:
Naturalmente que las conclusiones de tales postulados afectaban a la doctrina de la Iglesia, de los sacramentos y de la unidad. Por lo que atañe a la mentalidad eclesiológica del D., el carácter elitista y sectario se dejó sentir asimismo en la contumaz pretensión de reivindicar para ellos la nota de catolicidad y en la ambicionada identificación de las exigencias de plenitud con su pureza eclesial, entendida a su manera dentro del discurso teológico.

martes, 29 de diciembre de 2015

Ya no existe el jansenismo...

La entrada que reproducimos hoy está tomada de otra bitácora, cuya lectura poco nos interesa porque suele concentrarse en los problemas internos de la FSSPX y en la escisión de Williamson & c.
Con un poco de sentido común católico, y buena fe, cualquiera puede tomar conciencia de la ridiculez del ataque del blog Syllabus y de la inocencia de la foto censurada.
Ahora bien, ¿qué mentalidad subyace a las preguntas retóricas del crítico? ¿Cuáles son las deformaciones intelectuales que inciden en estas torceduras del juicio moral?
Los artículos de Pithod pueden ayudar. 

El pasado 19 de diciembre hubo una ordenación sacerdotal en el seminario de La Reja. Su nuevo sitio web da cuenta del solemne suceso, ofreciendo una amplia cobertura fotográfica.



Pero acerquémonos más en detalle a la última fotografía. Un objeto aparece colocado delante del grupo de sacerdotes que sonríe a la cámara. Hay algo que llama la atención. ¿Qué es eso?



Sí, señores, es una botella de vino (según parece vacía), que aparece infelizmente, como un mensaje dado por los mismos sacerdotes y seminaristas de la foto pues ellos son todos de la provincia argentina de Mendoza, tierra llamada “del buen sol y del buen vino”. Imaginamos que si mañana es ordenado un sacerdote cordobés, harán una foto con una botella de fernet adelante, si el nuevo sacerdote es español, habrá en el piso una botella de jerez, y si el ordenado es mexicano, aparecerán los sacerdotes mexicanos con una botella de tequila (previamente escanciada, por supuesto). Y quizá hasta alguno se anime a sostenerla en la mano, como muestra de lo bien que se está y disfruta ser parte de la Neo-FSSPX. En fin, no nos importa “quién se ha tomado todo el vino”, como canta horriblemente un desaforado músico de cuartetos, sino cómo se ha llegado a esa ligereza que cae en la irreverencia y hasta lo sale a mostrar en el sitio oficial de la congregación. ¿Acaso son sacerdotes de Baco y la botella ha sido parte de un rito? ¿Es la botella y la copa de vino un nuevo atributo de los paladines de la Tradición? Quizás así tímidamente comenzó otro sacerdote de la Neo-FSSPX, que terminó dando charlas sobre  degustación de vinos. En fin, es la Neo-FSSPX, tómela o déjela.



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