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viernes, 21 de abril de 2017

El Front Nacional y su transformación


Hace algunos días recibía un meme con la imagen de Marine Le Pen en el cual se leía: “la izquierda ha traicionado a los trabajadores y la derecha a la nación”; pocos días después se ponía en marcha la campaña de cara a las presidenciales del 23 de abril. Lo primero que podría llamar la atención era su radical cambio de imagen; en los carteles propagandísticos había desaparecido la tradicional llama tricolor que lo identificaba por una rosa de color azul. La propia candidata ha tratado de explicarlo: “He elegido la rosa porque durante mucho tiempo ha representado la esperanza de miles de trabajadores y trabajadoras francesas en un futuro mejor. Una rosa azul simboliza al mismo tiempo la esperanza de la izquierda -la rosa ha identificado durante mucho tiempo a la social-democracia en países como Francia y España- y los deseos de la derecha -referencia al azul usado por diversas agrupaciones conservadoras como color identificativo- porque mi propósito es unir a todos los franceses y francesas en un proyecto común de futuro”.
Desde que en el 2011 Marine llegase a la presidencia del FN ha tratado de romper muchas de las prevenciones existentes contra su padre, cuya imagen le situaba en el espectro más intransigente de la derecha francesa. Pese a los intentos de éste de representar el papel del “Reagan francés” -por su defensa del neoliberalismo económico y de algunos de los principios de la revolución conservadora- no podía escapar de ser -en realidad- el líder indiscutido de una plataforma electoralista de la extrema-derecha, marcado por un antisemitismo poco disimulado, un apoyo al nacionalismo árabe y la defensa a ultranza de los valores tradicionales del catolicismo.
Está claro que hay elementos de su programa que pueden que no hayan cambiado tanto; como “la defensa de identidad, valores y tradiciones de la civilización francesa”, que le ha llevado solicitar su particular Frexit, para que Francia recupere su “libertad y el control” en materias de orden económico o legislativo. O aquellos otros que afectan a la presencia de extranjeros en su suelo nacional, como el de establecer impuestos especiales a la contratación de trabajadores extranjeros con el objeto de asegurar la prioridad de loa nacionales en la búsqueda de empleo.
Pero sería el campo económico donde el nuevo FN pretende representar a una nueva Izquierda Nacional, convirtiéndose en el primer partido de la clase obrera. La política de captación de este importante segmento social proviene principalmente del abandono del neoliberalismo a favor de un mensaje keynesiano, defensor del Estado de Bienestar, y con abundantes medidas sociales para una ciudadanía depauperada, especialmente en aquellas zonas que han sufrido fuertes reconversiones industriales. Ya en el 2012 Marine Le Pen marcaba distancias a la hora de hablar de la recuperación de empleo con la derecha clásica al plantear que solo existían dos formas posibles de alcanzar ese objetivo: o se rebajaba los salarios, destruyendo el Estado de Bienestar, o se rechazaba el plan (aceptado por la derecha liberal y la socialdemocracia) de austeridad social impuesto por organismos foráneos.
El FN apuesta por una economía fuertemente proteccionista que permita “hacer frente a la competencia desleal de países con mano de obra de bajo coste” o “la instauración de una contribución social sobre las importaciones de un 3%”, medida esta última que serviría para aumentar en 200 euros los salarios por debajo de los 1.500. En la defensa del pequeño y mediano ahorrador no dudó, en su campaña del 2012, en solicitar la nacionalización parcial de los bancos de crédito hasta que sus activos fuesen saneados y los ahorros de los franceses asegurados
En lo que algunos llaman la defensa de lo valórico el FN, pese a esas celebraciones el 1 de mayo, bajo la atenta mirada de Santa Juana de Arco, abraza la laicidad del Estado, que le ha llevado a solicitar la prohibición de símbolos religiosos en los espacios públicos; pero que también a modificar su radical oposición al aborto y al matrimonio homosexual. En relación con el primero la diputada Marion Marechal (sobrina de Marine Le Pen) se ha mostrado como una destacada activista en defensa de la vida del no nacido desde el mismo momento de la concepción, oponiéndose a las reformas de la ministra socialista. Por el contrario, su estimada tía ha mantenido una posición ambivalente, lanzando mensajes aparentemente contradictorios, pero que en el fondo defendían una posición favorable a mantener determinados casos de permisibilidad. Para contentar a su tradicional electorado defiende la tesis de que el “derecho al acceso al aborto no debe ser restringido, pero no debe ser banalizado”; para sus nuevas masas electorales, asegura que “no deseamos modificar la capacidad de acceso a la interrupción voluntaria del embarazo”, lo que implicaría mantener una ley de casos... Eso sí tratando de promocionar medidas disuasorias.
En el tema del matrimonio homosexual la disputa interna es semejante; mientras que Gilbert Collard asegura con rotundidad que derogarían el matrimonio para todos; Florian Philippot relativiza el tema asegurando que abrir dicho debate es tan importante como el tratamiento del cultivo de los bonsáis. La presidenta del partido ha prometido la derogación de la Ley Taubira (en referencia a la ministra de Justicia Christiane Taubira) en caso de ser elegida. Pese a ello, y en este tema el FN mantiene una posición intermedia; Marine Le Pen también ha asegurado que propondría un Pacte Civil de Solidarité que afectara a las parejas del mismo sexo, otorgándoles algunos de los derechos asociados con el matrimonio, especialmente en materia económica y de sucesión; descartando -eso sí- la adopción.
Como bien dejaba escrito el politólogo Arnaud Imatz “la nueva línea política del FN es claramente republicana, jacobina, laica, social, popular y soberanista”, dejando atrás aquella otra más “indentitaria, etno-cultural, regionalista y europeísta”. A la actual formación lepenista se le podrá acusar tal vez de muchas cosas, pero de lo que no cabe duda es que su electorado no responde exactamente al que tradicionalmente vota por la extrema-derecha; su dirigencia no corresponde con la imagen que se tiene de los viejos líderes del sector; y su discurso -completamente remodelado- le aleja de aquel otro marcado por el anticomunismo de la Guerra Fría y la defensa de un capitalismo popular thatcheriano. Hoy en FN pretende ocupar el espacio abandonado por el gaullismo más social que en su día representara un André Malraux.
JOSÉ DÍAZ NIEVA
Visto en:


domingo, 29 de noviembre de 2015

¿Se equivocó León XIII? (y 2)


Nos parece que León XIII se equivocó en el caso de Francia al  imponer a los católicos un combate legislativo que suprimía la oposición régimen republicano. También, que la política del ralliement fue un rotundo fracaso porque los diferentes gobiernos mantuvieron e incrementaron su hostilidad hacia la Iglesia y porque no se logró la deseada unión de los católicos, sino que se agudizó la división entre ellos.
Se podría objetar que sin el ralliement las cosas hubieran sido iguales o peores; que el papa no tuvo otra alternativa, etc. Se nos ocurre como respuesta que –tal vez- hubiera podido dejar la cuestión en manos de los laicos sin hacer juicios prudenciales y tomar decisiones políticas invasivas de lo puramente temporal, y por ende, ajenas al poder indirecto de la Iglesia.
Dicho lo anterior, cabe hacer algunas observaciones, que no son críticas al artículo de Gambra, sino fruto de conversaciones con amigos y algunas lecturas fragmentarias:
- Distinguir lo doctrinal de lo prudencial en León XIII. Las consecuencias del disenso. Un desacierto en lo prudencial para un caso no prueba –por sí mismo- que el error se repitiera en otros casos semejantes, pocos o muchos, y tampoco demuestra la existencia de errores en lo doctrinal. Hay que analizar cada situación particular y dar las pruebas antes de concluir precipitadamente.
En esta bitácora hemos criticado la hipertrofia magisterialista ultramontana. Pero no se puede perder de vista que León XIII formuló un corpus doctrinal en materia política en varios documentos dirigidos a la Iglesia universal. Ese corpus en parte es definitivo, y no por estar en el Denzinger, como se dice por ahí, sino porque se deriva de la revelación (Rom. 13, 1; 1 Petr. 2, 13-17; etc.). Y también en parte contiene enseñanzas que cuentan a su favor con el peso de la reiteración secular aunque no conste de modo manifiesto su definitividad. Nótese que este último punto es la base de uno de los argumentos centrales de la crítica de Mons. Lefebvre al Vaticano II: el peso de la reiteración secular frente a unas novedades que lucen heterogéneas. También el magisterio político leonino es un hito de singular importancia en una prolongada secuencia magisterial en materia política.
Si hay enseñanzas de León XIII que son reveladas, o secularmente reiteradas, no se las puede tomar a la ligera, por más que sean de un papa que se equivocó en el ralliement¿Se propone una relativización del magisterio político leonino, como la que hiciera en su tiempo J.C. Murray, aunque con otro sesgo político? En tal caso, se debe tener consciencia de las consecuencias de este disenso. 
- Francocentrismo. Francia fue conocida como hija primogénita de la Iglesia. Pero el francocentrismo sería una actitud semejante a la de los norteamericanos, contra la cual previno León XIII en Longincua oceani. Parafraseando al papa: se evitará creer erróneamente, como alguno podría hacerlo, que el modelo ideal de actuación política de los católicos hubiera de buscarse en el ralliement o en el contra-modelo de los monárquicos de Francia.
En cuestiones prudenciales no se puede presentar como principio inalterable una realidad histórica. Hay una unidad radical de los cristianos en el campo de los principios y también una legítima pluralidad de opciones temporales (siempre dentro de los límites que el derecho natural y la doctrina católica). Una solución conveniente para Francia puede ser inconveniente para Inglaterra o Japón.
- El contraste con Pío IX. A veces se encuentra el siguiente tópico: Pío IX se opuso tenazmente a cualquier forma de liberalismo católico, mientras que León XIII lo favoreció, no doctrinalmente, pero sí mediante el ralliement y otras medidas semejantes. Para llegar a esta conclusión, se necesitaría ignorar dichos y hechos de Pío IX. R. Aubert ha estudiado exhaustivamente la relación de Pío IX con el obispo Dupanloup a través de la correspondencia. El resultado de sus investigaciones puede caer a algunos como balde de agua helada: el papa Mastai Ferretti alentó de diversas maneras a Dupanloup, y a su catolicismo liberal de conveniencia, fundado en la distinción tesis-hipótesis, distinto del catolicismo liberal de convicción, como tesis de validez universal. Todo esto está ampliamente documentado desde hace décadas. Recordemos, además, el breve laudatorio del influyente comentario del Syllabus que hiciera el obispo de Orleans.
- Historia contrafactual. La historia contrafactual, historia alterna o historia virtual es el resultado de un ejercicio mental que responde a la pregunta “¿qué hubiera pasado si...?”. Se considera que un hecho fue causa determinante en un proceso histórico y se especula sobre lo que hubiera sucedido suprimiendo o modificando esa causa determinante. Por ejemplo, ¿qué hubiera pasado si León XIII no hubiera impuesto el ralliement? Aunque la premisa sea plausible, lo cierto es que la historia alterna es eminentemente conjetural, pues la libertad humana es un factor permanente de contingencia, que pone límites a cualquier intento determinista. Lo conjetural se ve potenciado cuando el ejercicio contrafactual se aplica a la historia de la Iglesia. La Providencia tiene designios muchas veces misteriosos, la gracia de Dios está garantizada a las personas en lo necesario para su salvación, pero no para el éxito político, y por efecto del pecado no existe correspondencia automática a la gracia.
- Institucionalismo determinista. Hay un debate en el seno del pensamiento social católico entre institucionalistas y culturalistas, que a veces termina en una contraposición un tanto artificiosa. El cristianismo está llamado a informar las instituciones políticas; es importante contar con un Estado y un Derecho cristianos, pues “de la forma dada a la sociedad conforme o no a las leyes divinas, depende y se insinúa también el bien o el mal en las almas” (Pío XII). Pero las instituciones cristianas han de ser expresión y fruto de una cultura cristiana, de un catolicismo social profundamente arraigado en la vida cotidiana de las naciones.
La Iglesia es indefectible por una promesa de Cristo (Mt. 16,18). Las cristiandades, en cambio, no lo son. No hay Estado y Derecho cristianos capaces de soportar por largo tiempo la descristianización de la sociedad que rigen. Más temprano que tarde, habrá formas vacías de contenido, cáscaras y apariencias, que se derrumbarán como un castillo de naipes. Si el modelo del ralliement fue un fracaso, nadie puede asegurar que otro modelo no hubiera tenido el mismo resultado, por efecto de la profunda descristianización de la sociedad. 

jueves, 4 de junio de 2015

El doble juego de EE. UU. y Occidente


Cabe aclarar que rechazamos el pensamiento del autor de esta nota, en tanto se define como a-cristiano, aunque no anticristiano, porque reivindica el paganismo y acusa al cristianismo de ser un factor de decadencia de la cultura europea. Dicho esto, el presente artículo de política internacionales ofrece interesante reflexiones para debatir.
El doble juego de EE. UU. y Occidente.
Desde hace tiempo, Estados Unidos ha establecido en Oriente Medio una «estrategia del caos» destinada a derribar los regímenes laicos a favor de los movimientos islamistas, con el fin de desmantelar aparatos estatales y militares que no podían controlar, para remodelar seguidamente toda la región.
Por Alain de Benoist.
Varios videos se han convertido en virales en Internet. Uno de ellos es del general Wesley Clark, antiguo jefe de la OTAN; el otro, de George Friedman, presidente de Strafor, una sociedad privada de espionaje establecida en Tejas y notoriamente vinculada a la CIA. El primero está trastornado por el cinismo de la Casa Blanca; el otro lo reivindica lleno de orgullo. Es difícil en estas condiciones saber qué política pretenden desarrollar en Europa los Estados Unidos…
Y, sin embargo, esta política tiene el mérito de haber sido siempre la misma. Desde 1945 el objetivo de Estados Unidos es favorecer la Europa-mercado en detrimento de una Europa-potencia que pudiera convertirse en su rival. A ello se añade, desde la dislocación del sistema soviético, otro objetivo vital: impedir que Europa Occidental establezca una asociación con Rusia. George Friedman lo ha recordado después de que también lo hubiera hecho Brzesinski: como gran Potencia del Mar, el interés primordial de Estados Unidos consiste en impedir la unificación de la gran Potencia de la Tierra, es decir, del conjunto geopolítico eurasiático. EE. UU. controla todos los océanos del mundo, cosa que ninguna potencia mundial había hecho antes («La base de nuestro poder estriba en conservar el control del mar y del espacio»), pero EE. UU. no tiene la capacidad de ocupar Eurasia. Por tanto, debe dividir para reinar.
En un primer momento, suscitó en Europa del Este toda una serie de «revoluciones coloradas» gracias a las cuales intentó extender la OTAN hasta las fronteras con Rusia. Actualmente está intentando crear un «cordón sanitario» orientado en contra de Moscú, de forma que Europa quede cortada en dos desde el Báltico hasta el Mar Negro. Este proyecto «zona-tampón» cuenta con el apoyo de los Estados bálticos, Polonia, Ucrania y Bulgaria, pero se enfrenta con las reticencias o con la oposición de Hungría, Serbia y Austria. La instrumentalización del golpe de Estado producido en Kiev en febrero de 2014 se sitúa obviamente dentro de este marco, al igual que el actual intento albano-islamo-mafioso de desestabilizar Macedonia a fin de impedir que se realice el proyecto Turkish Stream, ya aprobado por el nuevo gobierno griego, lo cual permitiría a los rusos llevar su gas a Europa Occidental sin tener que pasar por Ucrania.
También dentro de esta óptica debe situarse el proyecto de Tratado Transatlántico, que tiene por principal finalidad diluir la construcción europea en un vasto conjunto interoceánico carente de toda base geopolítica, convirtiendo a Europa Occidental en el patio trasero de Estados Unidos e impidiendo a las naciones europeas controlar sus intercambios comerciales, favoreciéndose por el contrario las compañías multinacionales ampliamente controladas por las élites financieras norteamericanas.
El gran interrogante es Alemania. El mayor temor de EE. UU. estriba en la alianza de la tecnología y del capital alemanes con la mano de obra y los recursos naturales rusos. «Unidas —declara Friedman—, Alemania y Rusia representan la única fuerza que podría amenazarnos, lo cual hace que debamos asegurarnos de que no ocurra».De momento, Alemania parece inclinarse ante los diktats de Washington. Pero ¿será siempre así?
En Oriente Medio las cosas son tan complicadas desde hace algunos meses que muchos ya no entienden nada. ¿Qué papel Estados Unidos juega en la región?
Desde hace tiempo, Estados Unidos ha establecido en Oriente Medio una «estrategia del caos» destinada a derribar los regímenes laicos a favor de los movimientos islamistas, con el fin de desmantelar aparatos estatales y militares que no podían controlar, para remodelar seguidamente toda la región según planes establecidos mucho antes de los atentados del 11 de septiembre. Así es como los Estados Unidos, en el marco de la invasión de Irak, crearon el Estado Islámico (Daesh),el cual se volvió luego contra ellos. Fue entonces cuando Estados Unidos empezó a acercarse a Irán, lo cual suscitó la inquietud de las monarquías del Golfo, que temen por encima de todo la influencia regional de Teherán (de ahí, la actual operación lanzada en Yemen contra los rebeldes chiítas). Así pues, existen actualmente tres guerras en una: una guerra suicida contra Siria, en la que los occidentales son los aliados de hecho de los yihadistas; una guerra de Estados Unidos contra el Estado islámico; y una guerra de las dictaduras del Golfo y de Turquía contre el eje Beirut-Damás-Teherán, con Rusia al fondo.
¿Y qué pinta Francia en todo ello?
No pinta gran cosa. Reivindica la laicidad, pero privilegia sus relaciones con las petromonarquías más obscurantistas. Acerca de los inmigrantes que afluyen por miles desde el Mediterráneo —huyendo no de la miseria o de la tiranía, como se repite sin cesar, sino de la guerra civil y del caos que los occidentales han contribuido a engendrar en sus países—, le preocupa más que no se ahoguen que naufragar ella misma; le inquieta más acogerlos que impedirles entrar. Los alemanes ya miran con desdén a Francia, los españoles e italianos ya no esperan nada de ella, y los ingleses siguen considerando el French bashing [la denigración de lo francés] como un deporte nacional.
Por su parte, el Kremlin ya no se hace ilusiones: Francia ya no puede tener una política exterior digna de este nombre, puesto que inclina la cerviz ante los norteamericanos. La prueba más elocuente es la negativa francesa de entregar a los rusos los barcos Mistral que ya habían pagado, así como el escandaloso boicot de las ceremonias celebradas en Moscú con ocasión del 70.º aniversario de la derrota del Tercer Reich. Desde este punto de vista, hay una completa  continuidad entre Sarkozy y Hollande. La UMP se va llamar a partir de ahora «los Republicanos», mientras que el Partido Socialista ya no es más que un «partido demócrata» a la americana. Ya sólo queda por denominar «Casa Blanca» al Palacio del Elíseo ¡y todo estará más claro que el agua!
Visto en:


miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Profesor Perrin responde y corrige


Cumplimos en publicar los siguientes comentarios del Prof. Luc Perrin a nuestra traducción y publicación de la conferencia que ofrecimos aquí.


Hola,

Perdonad que no hablo español, lo cual es una pena pero…


Cometí un error que un lector francés de Forum Catholique me señaló muy gentilmente. Se me escapó cuando escribí el primer borrador porque el I.B.P. no tiene presencia alguna en América del Norte.

Desde 2006 sí existe un seminario tradicional católico en Francia: es el del I.B.P. (Instituto del Buen Pastor) localizado en el pueblo de Courtalain (diócesis de Chartres). [Enlace aquí.]
No pretendo corregir al comentarista preocupado por dos expresiones que uso pero las explicaciones son simples:

-- Respecto a “ordenaciones cismáticas” de 1988, sólo estoy usando las palabras que la Iglesia ha utilizado en todos sus documentos. No era mi intención meterme en el debate, acalorado y espinoso, sobre lo legítimo o ilegítimo de los motivos del arzobispo Lefebvre.

-- Respecto a la O.A.S.: Lo dicho es un hecho. Nadie puede negar que la O.A.S. utilizó acciones terroristas para revertir el curso de la política de De Gaulle y que incluso aterrorizó a los pieds-noirs (“pies negros”) para que se quedasen en Argelia y continuaran la lucha. Las acciones de terror de la O.A.S. fueron rechazadas por la inmensa mayoría de la población francesa en ese tiempo. Esto no significa que el arzobispo Lefebvre haya de ninguna manera justificado los métodos terroristas de la O.A.S. Lejos de mí sugerir tal cosa.

La fe de errata es más importante que el resto y probablemente vuestros lectores conozcan mejor los detalles de 1988 y la O.A.S. 
¡Muchas gracias por vuestro trabajo! 


Bien cordialement vôtre in Christo, 

Dr. Luc Perrin

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El tradicionalismo católico desde una perspectiva francesa


Prof. Luc Perrin*

Existe una convicción muy arraigada entre los católicos franceses, y en particular entre los obispos franceses, de que el Tradicionalismo —o como es llamado de forma negativa, intégrisme (el integrismo)— no es más que… un problema francés conectado con episodios políticos desagradables de nuestra historia nacional en la primera mitad del siglo XX. Incluso académicos como Etienne Fouilloux, Philippe Levillain y Florian Michel constantemente están remachando esta idea.
Hoy aquí mi meta está ya cumplida puesto que ustedes, los estadounidenses, saben muy bien que viven en la tierra prometida del catolicismo tradicional. Voy a darles un par de ejemplos sobre esta transición de la vieja Europa al Nuevo Mundo: Dos parroquias personales y una casi-parroquial, la última en mi propia diócesis de Estrasburgo, se establecieron antes de Summorum Pontificum pero nada ha cambiado desde entonces; en cambio, en América del Norte el número de parroquias personales creció casi diez veces y una se fundó en Roma en 2008.
Al comienzo, la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro era casi totalmente francesa, aunque un sacerdote germano suizo hubiese sido nombrado como superior general, el Padre Bisig. Pero luego, el P. Devillers, un francés, fue designado superior general, incluso antes de que existiera un distrito estadounidense de la Fraternidad. Y, finalmente, en 2006, el Padre Berg, una estadounidense, fue electo a la cabeza de la FSSP.
Antes de dar una mirada al paisaje actual del tradicionalismo en Francia, apodado Tradiland, es necesario exponer su controversial legado histórico, puesto que aún hoy tiene efectos. Entonces sí vamos a sugerir algunas perspectivas para los años venideros.
Aunque Francia haya tenido su cuota en la red integrista original establecida por Monseñor Benigni (1) bajo los auspicios de San Pío X, llamada en clave La Sapinière o el Sodalitium Pianum, el catolicismo francés debe mucho más a Charles Maurras (1868-1952) y su movimiento, Action Française (Acción Francesa), principalmente a comienzos del siglo XX y hasta la década del ’40. Aún hoy apodar a los tradicionalistas franceses con el mote infame de Maurrassiens es la forma más común de enterrar sus legítimas preguntas y pedidos, lo mismo que el considerar las afirmaciones negacionistas del obispo Williamson como si fuesen la postura oficial de la Sociedad, o para usar la terminología en uso, la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. ¿Por qué?
Charles Maurras fue una luminaria intelectual de la extrema derecha apenas comenzado el siglo XX, cuando revivió el movimiento monárquico infusionándolo de un fuerte nacionalismo, del antisemitismo y de la pasión por la autoridad. Pero este admirador de la Iglesia era en realidad agnóstico y expresaba un fiero desprecio por las aspiraciones del llamado “Evangelio Social”, en relación a la encíclica de León XIII Rerum Novarum. Para demostrar esta influencia basta decir que el joven François Mitterand, futuro presidente francés socialista, criado en el seno de una familia muy católica, vivió en el París de la década del ’30 en una casa para estudiantes de la Acción Francesa; cuando se convirtió al catolicismo junto a su esposa Raïsa, el famoso filósofo Jacques Maritain militó en la Action Française hasta 1926. San Pío X había puesto algunas de las obras de Maurras en el Index en 1914 pero no quiso que se hiciera pública su decisión debido a que dicho movimiento era un precioso aliado en la lucha entre la Iglesia y la anticlerical Tercer República. En 1926 y 1927, Pío XI desenterró esta condena y agregó al Index al diario L’Action Française. En 1939 el movimiento fue prohibido por ley. Todo esto causó un gran trauma en las élites francesas católicas: familias divididas, el cardenal Billot privado de su birrete, el P. Le Floch CSSP expulsado como superior del seminario francés de Roma. Tanto Marcel Lefebvre como su hermano mayor René admiraban a Le Floch, aunque el futuro líder tradicionalista jamás perteneció a la Acción Francesa ni abrazó su filosofía.
Esta situación se vio empeorada por tres hechos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los maurrasianos se pusieron del lado del régimen del mariscal Pétain en Vichy, como el joven Jean Arfel (nombre real del ensayista Jean Madiran) o el abate Georges de Nantes, quien creía que el régimen colaboracionista de Pétain era el ideal del Estado católico según el modelo del Syllabus. Con la Liberación de Francia en 1944, Maurras fue enviado a prisión.
En los ’50 se produjo un fuerte debate entre los “integristas” anticomunistas y los “progresistas” que se veían atraídos por el comunismo, como el movimiento de sacerdotes obreros: era La Pensée Catholique contra Témoignage Chrétien, y el P. Congar OP se vio involucrado en esta controversia apasionante.
Pero aún, durante la guerra de independencia de Argelia (1954-1962), los “integristas” se encontraron con frecuencia del lado de los oponentes radicales del general de Gaulle. En 1962, cuando fue brevemente —por menos de 6 meses— obispo de Tulle, el arzobispo Lefebvre visitó a los líderes de la organización terrorista O. A. S., presos en su ciudad. También en Dakar manifestó alguna reserva sobre el proceso de paz —no en principio sino en la forma— que llevaba a la independencia de las colonias africanas francesas.
Este contexto político dio a la luz una red informal de clubes, asociaciones, periódicos, revistas y panfletos, y esta red vio en la oposición a las orientaciones del Vaticano II su rejuvenecimiento. Esto explica porqué el movimiento tradicionalista francés se formó muy temprano y forzadamente, si lo comparamos con el de América del Norte. A fines de 1964, se creó Una Voce Francia, sólo 6 meses después de la minúscula Una Voce Noruega, y la asociación francesa tuvo un rol muy activo en los ’60 y ’70, pero nada que hoy pueda compararse a la fuerza y la influencia que hoy tiene Una Voce Estados Unidos. El abate de Nantes y sus Hermanitos del Sagrado Corazón ya estaban en el frente de combate en 1963 y 1964, y fue penalizado canónicamente en 1966. Fue, asimismo, un pequeño grupo de seminaristas franceses de Roma, como el P. Aulagnier, durante mucho tiempo asistente del arzobispo Lefebvre en la Sociedad, quienes lo empujaron a lanzar el nuevo seminario tradicional, primero en Friburgo de Suiza y, luego, en Écône (1970).
Esta historia controversial hoy es ignorada casi por completo por la nueva generación de tradicionalistas y el nombre de Charles Maurras es poco conocido si acaso (2). El partido político de la extrema derecha, el Front National, siempre ha sido un partido secularista: la militancia de algunos tradicionalistas ha sido una historia individual, no masiva. Incluso menos ahora con la nueva presidente del partido, Marine Le Pen, que derrotó a un candidato católico para suceder a su padre. Lo mismo con Philippe de Villiers, un político más conservador que estuvo jugando la carta católica durante bastante tiempo pero que, finalmente, se distanció completa y agriamente de la Iglesia (y de la fe) el año pasado cuando dejó su vida política.
Aparte de eso, entre los tradicionalistas franceses afiliados al maurrasionismo o simplemente influenciados por Maurras, respecto a la Iglesia se han tomado elecciones muy distintas. El abate de Nantes nunca se unió a la Sociedad y hasta su muerte se mantuvo en una especie muy particular de disenso: muy crítico respecto a los Papas y al Concilio, sin embargo, no daba importancia a la oposición litúrgica y permitió que sus discípulos concurrieran a misas Novus Ordo cuando fuese necesario. El obispo Tissier de Mallerais es uno de los cuatro obispos consagrados en 1988 en la FSSPX y cuya excomunión fue retirada en 2009. Jean Madiran optó por la comunión plena con la Santa Sede luego de las consagraciones episcopales cismáticas de 1988. Tres católicos “maurrasianos”, tres opciones distintas.
Sobre todo, lo que actualmente empuja a una minoría de católicos en Francia a unirse a las filas del tradicionalismo no es ciertamente la reverencia hacia Charles Maurras, el amor a la dictadura o el antisemitismo de la Acción Francesa. Las principales razones las podemos encontrar dentro de la Iglesia más que en la afiliación o en los cuestionamientos políticos. Algunos lo hacen porque fueron educados en familias tradicionales y en una creciente red de escuelas tradicionalistas. Pero éstas no llegan a más de 10.000 alumnos, quizá menos, si sumamos todas las escuelas más o menos tradicionales. Sin embargo, la mayoría de las vocaciones sacerdotales en los seminarios de la Sociedad sí vienen de estas escuelas.
Pero la mayoría provienen del número creciente de católicos comunes de a pie que están cansados del caos litúrgico que está dominando la escena. El establishment litúrgico progresista (para el que se ha inventado el neologismo litnik) que aún está a cargo y que es apoyado por la mayoría de los obispos es el que provee la enseñanza litúrgica a los sacerdotes, seminaristas y a cada vez más grupos de laicos. Esto se combina con una mala instrucción catequética. El cardenal Ratzinger peleó con los obispos franceses a principios de los ’80 sobre el tema. Técnicamente, Pierres Vivantes (Piedras Vivas), el catecismo francés de los obispos, fue una mejora pequeña. Debemos tener en mente este episodio para entender porqué el mismo cardenal Ratzinger presionó por un Catecismo romano cuya editio princeps de 1992 fue escrita en… francés.
Finalmente, algunos católicos están enojados con la timidez de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF) sobre asuntos críticos. Difícilmente los obispos franceses hablen claro y fuerte de forma que puedan avergonzar al gobierno, tanto sea de derecha como de izquierda. La CEF emitió, con los obispos estadounidenses, una guía para que los ciudadanos católicos pudiesen votar a conciencia en 2012, pero su tono es más suave que en el caso americano y los temas controversiales y específicos (como el aborto, la eutanasia, la investigación con células madre, etc.) están enunciados pero cuidadosamente mezclados con otros donde hay mayor consenso. De acuerdo con algunas fuentes, la versión inicial era más dura y más “ratzingeriana”, pero fue aguada. Los obispos se mantuvieron al margen, por ejemplo, en la reciente imposición de la teoría de género en los programas escolares, aún cuando ochenta organizaciones de padres decidieron protestar. Un puñado de obispos se unió físicamente a la Marche Pour La Vie (Marcha por la Vida) —apenas un 10% apoyó de palabra la marcha de 2010—, organizada en conjunto por los tradicionalistas y los neoconservadores wojtilianos cada año, y pocas diócesis tienen una oficina pro-vida en su burocracia. Cuando los católicos decidieron protestar contra una obra teatral donde el rostro de Cristo era cubierto de excrementos y lapidado, el cardenal Vingt-Trois, arzobispo de París y presidente de la CEF, condenó… a los católicos que protestaban, diciendo que eran “des idiots sympathiques” (idiotas útiles) manipulados por la Sociedad y, oh horror, … maurrasianos. Más tarde, el arzobispo de Rennes, una diócesis importante, apoyó directamente la obra teatral con una afirmación sorprendente: “Castelluci n’est-il pas un de ces «chercheurs de Dieu», dont a parlé Benoît XVI à Assise?” (3). Ya en 2002, el arzobispo Rouet y el obispo Louis apoyaron Piss Christ de Andrés Serrano. El contraste entre Francia y los Estados Unidos es impresionante cuando se trata de reprender a los políticos que abiertamente defienden propuestas que contradicen la doctrina católica y se dicen católicos en público. La Sra. Bachelot, una católica miembro del gobierno de Sarkozy, por ejemplo, defiende el matrimonio gay y personalmente apoyó la participación de Planned Parenthood en las escuelas secundarias estatales. Nunca ha sido disciplinada en público, ni siquiera advertida, por su obispo. Recientemente, Frédéric Mounier, de La Croix, el periodista católico más conocido en Francia, propuso la postura tímida de la Iglesia Católica francesa de los últimos años como el modelo para todos los católicos en una Europa secularista. Este paradigma nicodémico moderno, para usar la frase de Mounier,  es exactamente lo que no sólo los tradicionalistas, sino también los católicos juampablistas y benedictinos rechazan: convertirse en el complemento humanitario de una Europa desalmada, en pocas palabras: dejar de lado el Via Crucis. He aquí la principal fuerza que empuja el crecimiento del tradicionalismo francés.
La pregunta más difícil es ¿cuántos tradicionalistas hay en Francia? De acuerdo con una encuesta reciente, existen 64% de católicos que así se declaran entre toda la población francesa. Veinte años atrás, eran el 80%. Pero los católicos practicantes están entre el 5% y el 8% de ese 64%. Una estimación realista nos daría que hay unos 50.000 tradicionalistas, que representan, por lo tanto, el 1%... ¡de los católicos practicantes! A nivel local, la cuasi-parroquia de Estrasburgo (4) de San José de Koenigshoffen tiene un máximo de 500 personas para las celebraciones principales y un promedio de 200 los domingos. En toda la diócesis de Estrasburgo, sólo existen dos lugares donde oficialmente se celebra la Misa tradicional.
Casi todas las sociedades de sacerdotes tradicionales tienen representación en Francia, desde la pionera FSSPX, que cubre el 60% de las diócesis, hasta la Fraternidad de San Pedro (25%), pasando por el Instituto de Cristo Rey, la pequeña asociación de sacerdotes diocesanos Totus Tuus aparecida luego del Motu Proprio. Además están las órdenes religiosas como las abadías benedictinas de Le Barroux, Triors, Randol…, la Fraternidad dominicana de San Vicente Ferrer en Chémére-le-Roi y los Hermanos de Avrillé (cercanos a la Sociedad), un par de congregaciones de hermanas dominicas en torno a la Sociedad, los Canónigos de la Madre de Dios en Lagrasse y su contraparte femenina… y todo esto demuestra una mayor variedad que en los EE. UU. En la diócesis de Toulon-Fréjus, existe al menos un reconocida Sociedad de la Misericordia (P. Loiseau).
A diferencia de los EE. UU., los monasterios tuvieron un rol importante en el crecimiento del movimiento tradicionalista en los ’70 y ’80, en particular cuando Dom Gérard Calvet (1927-2008) era el abad de Sainte-Madeleine de Le Barroux. De ahí la reacción de los tradicionalistas francesas cuando el nuevo abad de Fontgombault (5), Dom Pateau, señaló su apoyo a la concelebración y a la versión híbrida de la Misa tradicional de 1965. En 2001 el cardenal Ratzinger aprovechó un simposio que tuvo lugar en dicha abadía para lanzar su “Nuevo Movimiento Litúrgico”, explicando poco después que se trataba de una vuelta desde el Novus Ordo al misal de 1962, y no lo contrario como algunos benedictinos franceses parecen haberlo entendido. Por diversas razones, estos monasterios benedictinos, aunque siguen siendo prósperos, ya no son los faros del tradicionalismo francés que supieron ser en el pasado.
Existen, además, otras tres diferencias principales entre el tradicionalismo de América del Norte y el de Francia. Los sedevacantistas son, a veces, muy ruidosos (como en las webs ligadas a Louis-Hubert Rémy…), pero nunca han sido realmente significativos. La proporción de gente que sigue al finado P. Guérard des Lauriers OP y su tesis de Cassiciacum es la más grande del mundo —excepto México— probablemente porque este dominico, que luego se autoproclamó obispo en 1981, era francés y estuvo enseñando por breve tiempo en el seminario de la Sociedad en Écône.
También el número de sacerdotes independientes, aquéllos cuyas credenciales son más o menos dudosas según el caso, ha sido muy bajo en Francia, comparando con América del Norte, al menos desde los ’80 con la gradual extinción de los pocos párrocos que inicialmente se rehusaron a celebrar el Novus Ordo. Las sociedades sacerdotales han tomado la posta.
La última diferencia es llamativa: con Winona y Nuestra Señora de Guadalupe en Denton (Nebraska), los Estados Unidos tienen dos grandes seminarios para sacerdotes tradicionales, ¡mientras que no existe ni uno en Francia! La sección francesa de la FSSP se entrena en Wigratzbad (Alemania), el ICRSP tiene su seminario en Gricigliano (Italia) e, incluso, el seminario de la Sociedad en Flavigny (diócesis de Dijon, Francia) no ofrece el curso completo. Un intento de seminario tradicional comenzó el año último en Lyons, sólo la etapa vocacional y el primer ciclo, bajo la autoridad del obispo auxiliar Batut y la asociación Totus Tuus. Pero hasta ahora es un fracaso con tan sólo dos candidatos y ninguna garantía de que, si llegasen a ordenarse, pudiesen tener un destino relacionado con la Misa tradicional. Existe también un seminario diocesano bastante tradicional en La Castille, bajo el obispo Rey (Toulon-Fréjus), y el obispo Aillet (Bayonne, ex vicario general del anterior) dijo que iba a abrir uno.
Junto al obispo Centène (Vannes), estos tres son los únicos obispos amigos de la tradición en toda la Conferencia Episcopal Francesa (compuesta por más de 120 obispos) y ninguno tiene a cargo una diócesis importante, aunque Toulon-Fréjus ha cobrado cierta notoriedad primero con el obispo Madec y luego con el obispo Rey, ambos nombrados por Juan Pablo II. La falta de apoyo de los obispos franceses se ilustra perfectamente en lo que yo llamo política extraoficial de contención frente a la implantación de Summorum Pontificum. Aunque existan unas pocas diócesis sin una sola Misa tradicional oficial, aunque desde 2007 se haya visto un aumento notable (alrededor de 40%) de lugares que ofrecen la Misa tradicional, aún estamos lejos de cumplir no ya las expectativas sino los requerimientos oficiales de los fieles. No en pocos casos, los obispos se han reservado la decisión final, implementando… Ecclesia Dei Adflicta de 1988, y con demasiada frecuencia han tomado la iniciativa en contrario antes de dejar a los párrocos hacer uso de su derecho. Un párroco de París que se tomó esta “libertad” tuvo que refugiarse en la diócesis del obispo Rey, luego de que el cardenal arzobispo no le renovase su nombramiento. En este punto es muy poco lo que puede esperarse de la instrucción Ecclesiae Universae de 2011 porque la política de contención es más sutil que una simple confrontación. La renovación del episcopado es decisiva y la diferencia entre América del Norte (o Australia) y Europa Occidental (más allá de Francia) es alarmante: por un lado, una política firme iniciada por Juan Pablo II y activamente alentada por el Papa actual; por el otro, un puñado de prelados “nueva evangelización” designados entre un montón de obispos moderados “espíritu del Concilio”. Sin la americanización, por llamarlo de algún modo, del colegio europeo de obispos, la actual perspectiva pesimista es la que va a prevalecer.
Luego de esta imagen gris del tradicionalismo francés, quiero ofrecer unas palabras de conclusión con algunos elementos prometedores.
Entre el catolicismo de cafetería, que envejece y declina rápidamente, Tradiland ofrece una cara nueva de numerosos laicos activos. El éxito de webs tradicionalistas como Le Forum Catholique o Le Salon Beige, es tan obvio que tuvo que ser reconocido por la Santa Sede este mismo año, para vergüenza de La Croix (periódico semi-oficial). Las comunidades tradicionales en Francia son, como en otros lados, cuna de vocaciones religiosas y sacerdotales. Las diócesis progresistas francesas (como Poitiers) son desiertos vocacionales; en Estrasburgo, de cerca de 40 seminaristas hace menos de 10 años, hoy tenemos 14 y sólo uno nuevo este año. Se estima con frecuencia que, sobre la base de las estadísticas actuales, los institutos tradicionales serán cerca del 20% de los sacerdotes franceses hacia 2015. Más aún, cuando no se los obliga a irse, los seminaristas cercanos al tradicionalismo (sino ya tradicionalistas convencidos) son un número creciente en los seminarios diocesanos que aún sobreviven.
Para toda la Europa Occidental, las comunidades tradicionales, más los movimientos “ratzingerianos”, están llamados a convertirse en pequeños baluartes de la Fe católica, una diáspora de católicos dispersos en un continente secularizado como los primeros cristianos en el mundo pagano.
Desde un punto de vista católico, a pesar del crecimiento lento en Europa y espectacular en América del Norte del tradicionalismo, es necesario para todos considerar que, sobre la base de las estadísticas vocacionales, el futuro de la Iglesia en este siglo está en Africa y Asia, los dos continentes donde el movimiento tradicionalista es más débil. Si los católicos tradicionales podrán transmitir su celo misionero en Africa y Asia, será una pregunta clave para el catolicismo de fines del siglo XXI.

El profesor Perrin (derecha) junto al Dr. Lorenz Jaeger (izquierda),
otro de los disertantes en el ciclo y cuya conferencia próximamente compartiremos aquí.

NOTAS:
* Luc Perrin es profesor de la Universidad de Estrasburgo II “Marc Bloch”, donde enseña Historia de la Iglesia. Está especializado en la historia contemporánea de la Iglesia, en particular el período pre- y post-conciliar y la “cuestión tradicionalista”. Se doctoró en la Sorbona (1994) con una tesis sobre “Las parroquias parisinas y el Concilio Vaticano II (1959-1968)”, bajo la dirección de Jean-Marie Mayeur. Es autor de L’Affaire Lefebvre  y de Paris à l’Heure de Vatican II, además de colaborar en publicaciones colectivas y revistas especializadas. Miembro de la Asociación Francesa de Historia Religiosa Contemporánea, de la Junta de Historia Religiosa, y del Grupo de La Bussière de Historia Religiosa. Esta conferencia que aquí traducimos tuvo lugar el pasado 24 de septiembre de 2011 en la sede de la Sociedad de San Hugo de Cluny, en Norwalk (Connecticut, Estados Unidos).
1. Emile Poulat, Catholicisme, démocratie et socialisme : le mouvement catholique et Mgr Benigni de la naissance du socialisme à la victoire du fascisme, Turnhout, Casterman, 1977.
2. Hay un renacer del interés en la investigación científica, aunque sólo sobre bases meramente históricas. Cf. M. Leymarie et J. Prévotat, L’Action française : culture, société, politique, Presses universitaires du Septentrion, 2008.
3. El arzobispo d’Ornellas —durante mucho tiempo mano derecha del cardenal Lustiger— se pregunta: “¿Es Castellucci uno de los que buscan a Dios de que habló Benedicto XVI en Asís?” (Declaración del arzobispo en la web oficial de la diócesis: http://catholique-rennes.cef.fr/?Sur-le-concept-du-visage-du-fils, November 3, 2011). Otro obispo, éste con el cargo de monitorear la arena cultural, Wintzer, sacó una Nota aplaudiendo la obra teatral y considerando que toda obra de arte es esencialmente buena incluso cuando provoca la Fe católica. Afortunadamente, el obispo Brincard (de Le Puy) se animó a decir la verdad obvia: “la pièce de Castellucci est – et je pèse mes mots – violente, pénible et inutilement provocante” (http://catholique-lepuy.cef.fr/Quelques-propos-au-sujet-d-une.html) [La obra de Castellucci es —y mido con cuidado mis palabras— violenta, irritante y provocadora sin necesidad.]
4. La ciudad con sus alrededores tiene más de 400.000 habitantes.
5. La abadía de Clear Creek, en Oklahoma, es hija de Fontgombault.
Copyright 2011 by Luc Perrin
© de la trad. Grupo InfoCaótica http://info-caotica.blogspot.com/
Se permite la reproducción citando la fuente y la dirección en internet.

martes, 1 de noviembre de 2011

Tontos útiles


Tintín, corresponsal en París de Info-Caótica

El pasado jueves 20 de octubre se estrenaba en el Théâtre de la Ville una obra de Romeo Castelluci, “Sur le concept du visage du fils de Dieu” (Sobre el concepto del rostro del Hijo de Dios); obra blasfema, obscena, repugnante, asquerosa por lo que no vamos a entrar en detalles. Una vez más, financiado con dineros públicos y bajo la protección policial, se permitía alegremente lo que nunca se hubiese tolerado contra judíos, musulmanes, budistas o paganos: la burla a Nuestro Señor Jesucristo.

Poco antes, AGRIF (Association contre le racisme anti-blanc et anti-chrétien, Asociación contra el Racismo Antiblanco y Anticristiano) había instado un recurso de urgencia para impedir la representación de este nuevo insulto a la Fe católica. Curiosamente, el juez Binoche que entendió en la causa utilizó argumentos tomados de clérigos católicos y publicaciones católicas progresistas para desestimarla y permitir esta nueva muestra de cristianofobia.

Acto seguido, el Institut Civitas organizaba una campaña de concientización sobre la gravedad de esta nueva agresión anticatólica y llamaba a los fieles a manifestarse pacíficamente en la puerta del teatro para hacer ver nuestro descontento.

No más iniciarse la función, 15 jóvenes de Renouveau Français subieron al escenario y desplegaron una pancarta que decía “Christianophobie, ça suffit!” (¡Basta ya de cristianofobia!). Agredidos verbalmente, escupidos, empujados y manoseados por los custodios del teatro y miembros de la producción, los heroicos muchachos resistieron sin dejarse provocar hasta que llegó la policía antidisturbios, obligándolos a salir y deteniéndolos.



Fuera del teatro, jóvenes de Action Française se habían encadenado en las escalinatas. Dos o tres jóvenes lanzaban huevos en las inmediaciones. Otro grupo, con mujeres y niños, se arrodillaba y rezaba. Con notable brutalidad, la policía cargó todos ellos. Tirados en el suelo, los católicos fueron esposados y allí uno de AF resultó gravemente herido cuando un vehículo policial dio marcha atrás sobre su pierna.

El joven herido fue evacuado de urgencia al Hôtel-Dieu y los otros 17 detenidos quedaron demorados por 24 horas. Se presentaron cargos de resistencia a la autoridad contra tres y de robo contra uno (por una gorra policial que desapareció en la refriega).

Al día siguiente, nuevamente se produjo una concentración. En esa ocasión quedaron detenidos otros 14 militantes de Action Française.

Los monjes de la abadía de Santa María Magdalena del Barroux llamaron a todos los franceses a rezar a Santa Juana de Arco por el éxito de las gestiones de Civitas para organizar una red de abogados que puedan defender a los detenidos y procesados.

El 25 tuvo lugar una manifestación en la plaza de Châtelet frente al teatro. En esta ocasión se lograron reunir más de 150 católicos, a pesar de los ya detenidos y las amenazas del alcalde de París de que no dudaría en reprimir si se intentaba el ingreso al teatro. Al menos 140 católicos resultaron detenidos, entre ellos, 4 sacerdotes de la FSSPX.



Al día siguiente, el 26, hubo más de 700 personas en la manifestación que siguió, de acuerdo con información proporcionada por el curioso sacerdote Guy Gilbert, de Radio Notre Dame.

Por su parte, el abate Guillaume de Tanoüarn, del Instituto del Buen Pastor, sintetizaba las razones del éxito de la manifestación del 26: “El asunto fue abordado con método. Ésta es la primera razón del éxito actual y de los 700 jóvenes presentes este día en la Place du Châtelet. La segunda razón de éxito es que los grupos de cristianos, surgidos espontáneamente de las redes sociales, se sometieron en última instancia a una disciplina general…” Vale decir que el “éxito” al que se refiere el sacerdote es que los manifestantes católicos, ¡en tan alto número!, se hubiesen negado a emplear la violencia que, en justicia, les hubiese correspondido para defenderse de la agresión policial.

Entre las curiosidades del día 26, se pudo ver al abate Beauvais, de la Fraternidad de San Pío X, disfrazado de ¡jeque árabe!, en claro desafío a la policía antidisturbios que lo había detenido el día anterior.

Para sostener a los militantes católicos que resultaron heridos y/o detenidos, además de los que perdieron sus trabajos o deberán pagar multas gravosas casi con toda seguridad, se creó la web-organización Soutien aux militants.

Con excepción de los medios tradicionalistas, la prensa “católica” oficial en español ha mirado para otro lado. Y cuando se ha referido al asunto, como el ABC el día 26 (citando a EFE), ha sido para imprimir cosas como esto:

“La Iglesia Católica en Francia condena las violencias perpetradas durante los recientes espectáculos”, declaró la Conferencia Episcopal en un comunicado en el que destaca que aquella es “promotora del diálogo entre la cultura y la fe” y “reacciona, cuando es necesario, con determinación, y siempre por medios pacíficos”.

Porque, aunque el comunicado del vocero de la Conferencia Episcopal Francesa es vergonzoso, no llega a la “condena” de que habla el periódico conservador español. Más bien, la C.E.F. dijo que “apela a una libertad de expresión respetuosa de lo sagrado… La Iglesia católica en Francia no es integrista ni oscurantista. Los católicos aspiran, como ciudadanos, a ser respetados en aquello que es el centro de su fe.” De nuevo, vergonzoso y vergonzante, pero no hay condena.

Mientras tanto, los medios franceses (todos ellos anticristianos) han utilizado a mansalva el latiguillo de “fundamentalistas” para referirse a las más de mil personas involucradas en las manifestaciones contra la cristianofobia, vinculándolos así a personajes nefastos como el “loco de Utoya”. Curiosamente (o no tanto), el mismo epíteto fue luego utilizado por Zenit (de los Legionarios de Cristo) en su edición en francés.



Finalmente, aparecieron los “neocon” hispanos. El pasado 30 de octubre Religión en Libertad reproducía un fragmento de una entrevista de Radio Notre Dame al cardenal Vingt-Trois. En esas lamentables declaraciones, el Cardenal Veintitrés (¿o será Treinta y Tres?) decía que, a su juicio, el espectáculo de Castelluci “no tiene ánimo de provocación” (¿arrojar excremento al rostro de Cristo no es provocador, Su Ilustrísima?). Finalizaba diciendo que las personas de buena fe que acudieron a las manifestaciones eran “tontos útiles”, por estar siendo instrumentalizados —según el Cardenal— por el Civitas Institut, “un grupúsculo vinculado al movimiento lefebvrista” (sic).

Ah, ahora entendemos el silencio de Info-Católica. Si esto es ser “tontos útiles”, sí, somos TONTOS UTILES… al servicio de Cristo y su Iglesia.



ANEXOS: