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sábado, 15 de abril de 2017

Es Víctor Delhez


Un trino de Edward Pentin (aquí) acerca de la tarjeta de saludos pascuales del Papa ha suscitado reacciones llamativas: la imagen sería “teológicamente errónea”, “Marvel”, “un pájaro, un aeroplano”, proveniente de un libro del Arzobispo Paglia, “horrible”, el joven “Bruce Willis”, “superman”, un Jesús de Paul Bunyan… Tal vez estos comentarios se deban a ignorancia sobre el artista. O se trate de personas acostumbradas al denominado "arte sulpiciano". Por supuesto que nadie debe gustar del grabado para "sentir con el Papa". Todo sugiere que se trata de una obra de Víctor Delhez, un artista belga-argentino, a quien el p. Castellani consideraba “un gran grabador”. Muy probablemente se haya tomado la imagen del libro Los Cuatro Evangelios de Nuestro Señor Jesucristo, publicado en 1956 en Buenos Aires por Guillermo Kraft.
Para los interesados en la obra de Delhez, recomendamos el siguiente trabajo de Castellani:


Más información en los enlaces de la excelente bitácora Castellaniana (aquí): 

lunes, 20 de marzo de 2017

Leticia es un mini-Vaticano II


Sobre Amoris laetitia y su problemático capítulo VIII se ha publicado hasta el punto de cansar al más paciente de los lectores. Más que agregar algo nuevo, esta entrada procura dar un panorama esquemático de las principales posiciones. Parece importante notar que acerca del capítulo mencionado se plantean los mismos problemas que respecto del Vaticano II. 
(1) No es magisterio en sentido propio. Que un documento del Papa sea o no magisterial depende, al fin y al cabo, de la intención expresada por el maestro auténtico que lo propone. Y se argumenta que, por el tenor de las palabras empleadas –deliberadamente ambiguas-, el Pontífice no quiere enseñar de modo vinculante; vale decir que la exhortación no se impone con firme autoridad doctrinal, sino que se propone a modo de opinión, en clima de diálogo y pluralismo eclesial. De este modo, el Papa no está ejercitando su autoridad docente, la cual se ejercita cuando el texto, siendo claro y preciso, define una verdad o una norma (aunque no sea ex cátedra); pues de-finir es delimitar, poner límites precisos en la expresión pronunciada o escrita (Iraburu).
 (2) Es magisterio en sentido propio. El tenor de las palabras usadas, la ambigüedad de los pasajes, no son suficientes para demostrar que el Pontífice no tenga intención de vincular a la Iglesia discente, sobre todo si se considera la naturaleza del documento, que es una exhortación apostólica. Sentada esta premisa, resulta necesario:
(2.1) Determinar a qué categoría magisterial pertenece. Nadie sostiene que se trate de un acto definitivo (infalible). Pero sí que se está ante unas enseñanzas doctrinales presentadas como verdaderas, o al menos como seguras; o bien ante aplicaciones prudenciales, sobre asuntos en los que se encuentran implicados, junto con principios seguros, elementos contingentes (Livi).
(2.2) Hacer una interpretación adecuada. Ubicado el cap. VIII en la categoría de magisterio pontificio ordinario (Pie i Ninot) y sometido a una exégesis teológica rigurosa se concluye que:
(a) No hay error. Tampoco contradicción con la enseñanza precedente. Sólo cierta ambigüedad, que no quita vigencia al magisterio anterior (Familiaris consortio, 84) ni modifica la disciplina (CIC, c. 915).
Otro modo de solucionar el problema de la ambigüedad es pedir al Papa que lo aclare, y hasta tanto esto no suceda, continuar con lo establecido por los papas anteriores. Tal es la propuesta de las dubia presentadas por los cuatro cardenales; aunque no es algo incompatible con (1), ya que la respuesta  pontificia podría ser que las novedades de Amoris laetitia no son vinculantes.
(b) Hay error. Se trata de un documento no infalible, que por definición puede contener errores; y de hecho se ha equivocado. Ningún católico consciente puede asentir intelectualmente a un error, de modo que la actitud de mínima es la “suspensión” del juicio. Corresponderá a un Papa, o un a Concilio Ecuménico, rectificar el error. Podrá hacerlo de modo explicito, reconociendo que se ha equivocado, o bien de modo implícito, para evitar el escándalo de los sencillos.


lunes, 13 de marzo de 2017

Cuatro años después: Reflexiones sobre un Pontificado sin precedentes


Cuatro años después: Reflexiones sobre un Pontificado sin precedentes
Por Steve Skojec . 11 de Marzo de 2017
El día 13 de Marzo de 2013, estaba en mi oficina, sentado, mirando hacia mi pantalla viendo cómo un nuevo Papa – un hombre a quien nunca había visto antes de ese momento – Salía a la logia de la Basílica de San Pedro. Yo nunca había oído hablar de él. Ni siquiera sabía su nombre. Como la mayoría de los católicos, que se había acercado al cónclave con un sentido anticipación de la esperanza. Pero la sensación que tuve cuando vi al hombre que la Curia había elegido era sorprendentemente fuerte. Era una sensación de miedo, de frío como el hielo. Mientras lo observaba, de pie, mirando a la multitud, escuché siete palabras en mi mente claramente, de forma espontánea: “Este hombre no es amigo de la Tradición”.
Era una frase extraña. Por extraño que sea su enunciado. Siempre lo supe, con tanta seguridad como cuando uno sabe que la voz de quien les habla en una habitación callada no es la suya, la seguridad de que este pensamiento no era mío, sino algún tipo de incitación externa. Sería imposible para mí incluso, el intentar hacer una evaluación de este tipo, ya que no sabía prácticamente nada sobre este hombre, este cardenal argentino Jorge Bergoglio.
Soy ajeno ciertamente a las minucias de un traje o vestimenta eclesiásticos. No puedo, por lo tanto, afirmar que este sentimiento arraigado se basaba en la observación de alguna desviación evidente a partir de los protocolos de la elección papal. No me di cuenta, por ejemplo, que optó por no llevar la mozetta papal. No estaba sacudido por su inusual saludo de la multitud con un “buenas tardes”, en lugar de algo espiritualmente más profundo. No puedo decir si recuerdo haber escuchado en esos primeros momentos, que se trataba de un jesuita. Para ser honesto, puede muy bien no haber notado estas cosas, incluso en circunstancias normales, pero estas no eran circunstancias normales. Mi impresión era de algo que se llevó a cabo a un nivel visceral en la elección de este hombre. Y la sensación era tan fuerte, que me distrajo de todo lo demás.
Había algo en su rostro. Algo en la forma en que se quedaba mirando a la multitud reunida ahí abajo. Había algo… malo en sus ojos. Lo que vi – lo que me pareció ver – era algo distinto, que sale a través de esa máscara difícil de descifrar. Una mirada algo triunfante, altiva, desdeñosa, mirando de reojo finalmente, mirando desde lo alto en un una batalla larga y reñida. Era muy extraño.
Cuando miro al pasado, en la foto de ese momento, puedo ver que no había ninguna expresión perceptible en su rostro. Lo que vi fue, creo, no tanto algo físico, sino más bien una visión espiritual. Me llamó la atención, y a riesgo de sonar redundante, era como una experiencia sobrenatural. Yo estaba tan nervioso, que hasta tuve que reprimir una oleada de ganas de vomitar.
Hice alusión a estas cosas, meses más tarde cuando empecé a escribir, después de haber hecho un gran esfuerzo para darle a Francisco el beneficio de la duda, acerca de por qué su papado ya estaba lleno de señales de advertencia. Muchos se burlaron de mí en aquel entonces, como si esto fuera sólo una fantasía que yo había conjurado (¿por qué razón habría querido hacer tal cosa?, no podía esperar para explicarlo.) Pero desde entonces he oído de muchas otras personas que también habían tenido la misma reacción inicial  tan inesperada extraña. Desde el primer momento, a pesar de que con dificultades he intentado hacer mis impresiones a un lado y dejar que prevalezca la razón, lo sabía, al igual que tantos otros católicos en lo que he llegado a pensar que es como una señal de la gracia. Una advertencia de Dios: esto será un papado de terribles consecuencias.
Cuatro años más tarde, me veo confirmado en el conocimiento de estas cosas. No a través de la persistencia de un sentimiento, sino por una preponderancia de la evidencia. Si 2016 fue el punto de inflexión, 2017 es el año de la ruptura. Amoris Laetitia subió la apuesta de la batalla por el alma de la Iglesia al nivel que incluso los ultramontanos más acérrimos – los honestos, – se ven obligados a admitir que nos encaramos ante un grave problema. Si considero algo tan significativo como una, discutiblemente herética, exhortación apostólica que da lugar a los sacramentos para dar la voz alarma, también ha habido innumerables ejemplos menos publicitados de la heterodoxia desde esa fatídica noche hace cuatro años que deberían despejar cualquier duda acerca la gravedad de la crisis. Nuestros intentos de documentar estas cosas aquí, aunque incompletos, han abarcado cientos de páginas. Queda más allá del alcance de un solo artículo el poder tratar un amplio resumen de los momentos más preocupantes de los últimos cuatro años, sin embargo trataremos de citar algunos de los eventos más memorables para la atención del lector a continuación. Francamente debe de estar por encima de cualquier recurso humano el poder causar tanta confusión y tanta distorsión en un período tan corto de tiempo. Ha sido el demonio tal vez, después de todo, no es una criatura de fuerza bruta, pero sí un maestro de la sutileza y la seducción, más que dispuesto a hacer uso de los instrumentos a su alcance.
Cualquiera que sea la procedencia de esta insurgencia en el seno mismo – y cabeza – de la Iglesia, nos encontramos en un momento de caída libre. Para aquellos que no están convencidos, es probable que no haya ninguna cantidad de pruebas que pudieran cambiar su opinión. Cada quien ha tomado su partido. Se dibuja la batalla. La fase inicial de engancharse ha concluido.
La escalada de una Agenda
Uno de los momentos más importantes de la revelación en el pontificado de Francisco tuvo lugar durante una entrevista con el amigo y escritor papal fantasma monseñor Víctor Manuel Fernández, en Mayo de 2015:
El Papa va lento porque quiere estar seguro de que los cambios tendrán un impacto profundo. Un ritmo lento es necesario para garantizar la efectividad de los cambios. Él sabe que hay quienes tienen la esperanza de que el próximo Papa pueda revertir todo. Si se va despacio es más difícil poder echar para atrás todo después. “El entrevistador entonces procedió a preguntarle si es imposible ayudar a sus adversarios cuando saben que Francisco dice que su papado podría ser corto. Fernández respondió: “El Papa debe tener sus razones, porque sabe muy bien lo que está haciendo. Él debe tener un objetivo que no entendemos todavía. Usted tiene que darse cuenta de que su objetivo es la Reforma, que es irreversible. Si algún día el Papa siente que se le está acabando el tiempo y que no tiene tiempo suficiente para hacer lo que el Espíritu le está pidiendo, puede estar seguro de que va a acelerar. [Énfasis añadido]
Estas observaciones, hechas hace casi dos años, presentaron una visión temprana de la estrategia que ha impulsado el programa hasta el momento. “Esa reforma es irreversible” es en sí mismo un tema que se ha repetido por otros colaboradores papales cercanos. El cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha utilizado estas mismas y exactas palabras en enero de 2015. Nos han estado diciendo sus intenciones. Muchos simplemente no han estado dispuestos a creer que en lo que dicen ellos. Lo que esta “reforma irreversible” ha resultado ser es nada menos que una grave e intencional distorsión doctrinal, un enfoque herético para la comprensión católica del pecado y de los sacramentos, la ruptura de las estructuras existentes, las normas, los límites y las instituciones, dando como resultado una confusión que produce cáncer en el Cuerpo místico de Cristo con consecuencias eternas para las almas.
Uno se ve forzado a preguntarse: Si Satanás en persona planeara un asalto desde el interior de la Iglesia, ¿Qué diferencia habría de lo que estamos viviendo hoy en día?
Hace dos años en aquel tiempo de esta entrevista, el arzobispo Fernández habló acerca de la respuesta favorable del público hacia la agenda de Francisco:
Primero, el Papa llenó de multitudes la plaza de San Pedro y entonces comenzó a cambiar la Iglesia. Cuando se le preguntó si el apapa estaba aislado en el Vaticano, respondió: “De ninguna manera, la gente está con él [Papa Francisco], y no con sus adversarios”.
Ya por la época de sus comentarios, sin embargo, las cosas empezaban a cambiar. En 2015, las multitudes papales ya comenzaban a disminuir en tamaño. Y mientras, aquí en Estados Unidos, al menos, que se ha demostrado que han movido la aguja en temas como el cambio climático y sentimientos favorables hacia el catolicismo liberal, no hay evidencia de que se haya atraído más gente a la Iglesia. La generación del milenio, en particular, siguen alejándose, incluso cuando expresan afecto por el enfoque de liberalización del Papa a la doctrina. Y la vida religiosa – no saludable en ninguna manera previo a la elección de Francisco – parece estar causando incluso daños más graves. El propio Papa ha lamentado la “hemorragia” de sacerdotes y monjas que se alejan de la Iglesia, pero parece completamente inconsciente de su propia responsabilidad en la salida de éstos – todo un historial que lo sigue desde su Argentina natal. Como el P. Linus Clovis de la familia dijo Vida Internacional en una conferencia en 2015:
El Efecto Francisco consiste en desarmar y silenciar a los obispos, sacerdotes y fieles católicos. Mantenerse firme en la doctrina y práctica católicas parece un acto de deslealtad al papa, sin embargo aceptarlo es traicionar a la Iglesia.
En un artículo de opinión en el New York Times en septiembre pasado, Matthew Schmitz llevó las cosas más allá::
[Francisco] Describe a los párrocos como “pequeños monstruos” que “arrojan piedras” a los pobres pecadores. Se ha dado a los funcionarios de la Curia el diagnóstico de “espirituales del Alzheimer.” Reprende a activistas pro-vida por su “obsesión” con el aborto. Ha dicho que los católicos que ponen énfasis en asistir a misa, frecuentan la confesión, y recitan oraciones tradicionales son “pelagianos” – personas que creen, heréticamente, que pueden ser salvadas por sus propias obras.
Tales acusaciones desmoralizan a los fieles católicos sin dar ninguna razón a los alejados para volver. ¿Por qué unirse a una iglesia cuyos sacerdotes son pequeños monstruos y cuyos miembros gustan de arrojar piedras? Cuando el mismo Papa pone estados de espiritualidad interior por sobre la observancia ritual, hay pocas razones para encaminarse a la confesión o despertarse para ir a misa.
Francisco a construido su popularidad, concluye Scmitz, “a expensas de la Iglesia que dirige”. Y parece que ahora, las reservas de buena voluntad se han agotado, esta es una realidad que lo ha alcanzado.
Con años de una resistencia en aumento que se ha esparcido desde las preocupaciones de algunos fieles hasta llegar a altos niveles dentro de la Iglesia, la situación de la realidad en el 2017 es por lejos my diferente de lo que era en 2015. Francisco ya no es ese “respiro de aire fresco” como se le percibió alguna vez. En cambio, su discurso imprudente en una cadena incesante de entrevistas y discursos altera a los fieles. Su regaño constante hacia aquellos que simplemente tratan de vivir devotamente su catolicismo se combina con una energía aparentemente ilimitada para la innovación, la auto-contradicción, y cambia a la gente que ha tratado de darle una audiencia justo sentido a lo que dice. Incluso algunos de los comentaristas católicos más pacientes han llegado a la ineludible conclusión de que este papado se describe más acertadamente como “desastroso”.
Por esta razón, hay que recordar que el objeto de nuestro trabajo no es más que el dominio de los asuntos humanos. Nada menos que el mismo Dios está calculando las fuerzas en esta batalla por la Iglesia Católica, y si no podemos ver a través de la niebla la guerra que ya está al alcance de nuestra mano, podemos confiar en nuestro Comandante omnisciente, quien nos dará la orden para marchar hacia la lucha que está por venir.
No se equivoque: los días de este papado están contados – y ya que se desvanece, el peligro que representa para la fe sólo aumentará. Tomará décadas para deshacer el daño que ya se ha hecho. Con menos que perder y mucho todavía por ganar, Francisco y sus aliados ya no pueden contenerse – sobre todo cuando no puede haber ninguna garantía de un sucesor de ideas afines en el próximo cónclave. El tiempo para cimentar un cambio irreversible en la Iglesia es ahora.
Atrás han quedado los días en que nuestra misión principal era convencer al mundo católico de que hay un problema. El problema ha sido reconocido por los que tienen ojos para ver, y como tal, a los guantes, debemos darnos cuenta que somos David para el enemigo, Goliat. Con cardenales oponiéndose a cardenales, obispos contra obispos – y los fundamentos de la creencia católica como objeto de discordia – la Iglesia como la conocemos, es poco probable que sobreviva en una sola pieza.
Prepárense. La verdadera guerra está a punto de comenzar.
Traducción de Como Vara de Almendro [aquí]


sábado, 26 de noviembre de 2016

El Papa elogia a Bernard Häring




Iraburu, J. Infidelidades en la Iglesia, pp. 4-5.

El «caso Washington»
Vengamos a un caso concreto, antes aludido, muy especialmente significativo. George Weigel, famoso por su biografía de Juan Pablo II, cuenta detalladamente cómo fue la crisis de la Humanæ vitæ en la archidiócesis de Washington, y concretamente en su Catholic University of America, donde, ya antes de publicarse la encíclica, se había centrado la impugnación del Magisterio (El coraje de ser católico, Planeta, Barcelona 2003,73-77).
«Tras varios avisos, el arzobispo local, el cardenal Patrick O’Boyle, sancionó a diecinueve sacerdotes. Las penas impuestas por el cardenal O’Boyle variaron de sacerdote a sacerdote, pero incluían la suspensión del ministerio en varios casos». Los sacerdotes apelan a Roma, y la Congregación del Clero, en abril de 1971, recomienda «urgentemente» al arzobispo de Washington que levante las aludidas sanciones, sin exigir de los sancionados una previa retractación o adhesión pública a la doctrina católica enseñada por la encíclica. Esta decisión, inmediatamente aplicada, fue precedida de largas negociaciones entre el Cardenal O’Boyle y la Congregación romana. «Según los recuerdos de algunos testigos presenciales, todos los implicados [en la negociación] entendían que Pablo VI quería que el “caso Washington” se zanjase sin retractación pública de los disidentes, pues el papa temía que insistir en ese punto llevara al cisma, a una fractura formal en la Iglesia de Washington, y quizá en todo Estados Unidos. El papa, evidentemente, estaba dispuesto a tolerar la disidencia sobre un tema respecto al que había hecho unas declaraciones solemnes y autorizadas, con la esperanza de que llegase el día en que, en una atmósfera cultural y eclesiástica más calmada, la verdadera enseñanza pudiera ser apreciada».
La disidencia tolerada

Casos como éste, y muchos otros análogos producidos sobre otros temas en la Iglesia Católica, enseñaron a los Obispos, a los Rectores de seminarios y de Facultades teológicas, así como a los Superiores religiosos, que en la nueva situación creada no era necesario aplicar las sanciones previstas en la ley canónica (Código de Derecho Canónico c.1371) a quienes en la docencia o en la predicación pastoral y catequética se opusieran a la enseñanza de la Iglesia. Más aún, todos entendieron que era positivamente inconveniente defender del error al pueblo cristiano con estas sanciones, si ello podía traer escándalos o aunque solo fuere tensiones y conflictos en la convivencia eclesial. También los profesores de teología, religiosos y laicos líderes aprendieron con estos acontecimientos que era posible impugnar públicamente temas graves de la doctrina católica sin que ello trajera ninguna consecuencia negativa. […].
La disidencia privilegiada
En pocos años la disidencia teológica, al menos dentro de ciertos límites, pasó de ser tolerada a ser privilegiada en bastantes medios eclesiales. Es la situación actualmente vigente en no pocas Iglesias del Occidente. En ellas es difícil que un teólogo sea prestigioso si no tiene algo o mucho de disidente respecto de «la doctrina oficial» de la Iglesia. El teólogo fiel a la doctrina y a la tradición de la Iglesia será generalmente estimado como adherente a una teología caduca, superada, meramente repetitiva, ininteligible para el hombre de hoy, creyente o incrédulo. Por el contrario, el haber tenido «conflictos con la Congregación de la Fe, el antiguo Santo Oficio», marcará en el curriculum de los autores un punto de excelencia. El P. Häring (1912-1998), por citar el ejemplo de un disidente próspero, se jubiló como profesor de la Academia Alfonsiana en 1987. Todavía en 1989, exigía que la doctrina católica sobre la anticoncepción se pusiera a consulta en la Iglesia, pues acerca de la misma «se encuentran en los polos opuestos dos modelos de pensamiento fundamentalmente diversos» («Ecclesia» 1989, 440-443). Efectivamente, fundamentalmente diversos e irreconciliables. Y aún tuvo ánimo para arremeter con todas sus fuerzas contra la encíclica Veritatis splendor (1993), especialmente en lo que ésta se refiere a la regulación de la natalidad: «no hay nada [...] que pueda hacer pensar que se ha dejado a Pedro la misión de instruir a sus hermanos a propósito de una norma absoluta que prohíbe en todo caso cualquier tipo de contracepción» («The Tablet» 23-X-1993). En la conmovedora página-web que la Academia Alfonsiana dedica a Bernard Häring como memorial honorífico, mientras se escucha el canon de Pachelbel, puede conocerse que a este profesor «le llovieron honores y premios» de todas partes, y que «es considerado por muchos como el mayor teólogo moralista católico del siglo XX». […]


El discernimiento es el elemento clave: la capacidad de discernimiento. Y estoy notando precisamente la carencia de discernimiento en la formación de los sacerdotes. Corremos el riesgo de habituarnos al «blanco o negro» y a lo que es legal.
Estamos bastante cerrados, en general, al discernimiento. Una cosa es clara: hoy en una cierta cantidad de seminarios ha vuelto a reinstaurarse una rigidez que no es cercana a un discernimiento de las situaciones.
Y eso es peligroso, porque nos puede llevar a una concepción de la moral que tiene un sentido casuístico. Con diferentes formulaciones, se estaría siempre en esa misma línea. Yo le tengo mucho miedo a esto.
Eso ya lo dije en una reunión con los jesuitas de Cracovia, durante la Jornada Mundial de la Juventud. Allí los jesuitas me preguntaron qué creía que podía hacer la Compañía y respondí que una tarea importante de la Compañía era la de formar a los seminaristas y sacerdotes en el discernimiento. Nuestra generación, quizás los más jóvenes no, pero mi generación y alguna de las sucesivas también, fuimos educados en una escolástica decadente. Estudiábamos con un manual la teología y también la filosofía.
Era una escolástica decadente. Para explicar el «continuo metafísico», por ejemplo — me causa risa cada vez que me acuerdo —, nos enseñaban la teoría de los «puncta inflata ». Cuando la gran Escolástica empezó a perder vuelo, sobrevino esa escolástica decadente con la cual han estudiado al menos mi generación y otras. Ha sido esa escolástica decadente la que provocó la actitud casuística.
Y, es curioso: la materia «sacramento de la penitencia», en la facultad de teología, en general — no en todos lados — la daban profesores de moral sacramental. Todo el ámbito moral se restringía al «se puede», «no se puede», «hasta aquí sí y hasta aquí no». En un examen de «audiendas», un compañero mío, a quien le hicieron una pregunta muy intrincada, con mucha sencillez dijo: «Pero Padre, por favor, eso no se da en la realidad! Y el examinador respondió: «Pero está en los libros».
Era una moral muy extraña al discernimiento. En aquella época estaba el «cuco», el fantasma de la moral de la situación… Creo que Bernard Häring fue el primero que empezó a buscar un nuevo camino para hacer reflorecer la teología moral. Obviamente en nuestros días la teología moral ha hecho muchos progresos en sus reflexiones y en su madurez; ya no es más una «casuística»
En el campo moral hay que avanzar sin caer en el situacionalismo; pero por otro lado hay que hacer surgir la gran riqueza contenida en la dimensión del discernimiento; lo cual es propio de la gran escolástica.
Cuando uno lee a Tomás o a san Buenaventura, se da cuenta de que ellos afirman que el principio general vale para todos, pero — lo dicen explícitamente —, a medida que se baja a los particulares la cuestión se diversifica y se dan muchos matices sin que por eso cambie el principio.
Ese método escolástico tiene su validez. Es el método moral que usó el «Catecismo de la Iglesia Católica». Y es el método que se utilizó en la última exhortación apostólica Amoris Laetitia, después del discernimiento hecho por toda la Iglesia a través de los dos Sínodos.
La moral usada en Amoris Laetitia es tomista, pero del gran santo Tomás, no del autor de los «puncta inflata». Es evidente que en el campo moral hay que proceder con rigor científico, y con amor a la Iglesia y discernimiento. Hay ciertos puntos de la moral sobre los cuales solo en la oración se puede tener la luz suficiente para poder seguir reflexionando teológicamente.
Y en esto, me permito repetirlo, y lo digo para toda la teología, se debe hacer «teología de rodillas». No se puede hacer teología sin oración. Esto es un punto clave y hay que hacer así.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Otro revés electoral para Francisco











No somos nadie para presagiar cómo serán las cosas bajo Trump, pero nos place ver vindicada la justicia más elemental al paso que el progre-clericalismo de Bergoglio experimenta su enésimo traspié, el de resonancias las más orbitales. Un papocesarismo redivivo en tan impropia hora, y en figura tan anodina, merecía ser desmentido en todas sus insolentes injerencias por aquel que el propio pontífice llamó, con rusoniano ditirambo, «el soberano» -supuesto el caso de que perviva ese sujeto colectivo que por inercia aún llamamos "pueblo" en este hacinamiento de átomos humanos. Se recordará que Bergoglio, fiel a su estratagema de zaherir sin nombrar, se había entreverado meses atrás en la puja electoral estadounidense fustigando a quienes -como Trump- proponen construir muros, que no puentes, y aquel que retiñe el consabido estribillo del "no juzgar" no dudó en descalificar como "no cristiano" al candidato que se oponía sin complejos a la invasión migratoria patrocinada por las élites financieras.
Mejor trato recibió de Francisco la candidata derrotada, maguer ésta se declarara a favor del aborto y la ideología de género, a más de amenazar con intervenir a "las religiones" para des-dogmatizarlas y a pesar de que recientemente se ventilara, con ocasión del llamado Wikileaks, la participación de su jefe de campaña en repugnantes happenings regados con efluvios humanos (sangre, esperma, leche materna), no menos que las incursiones de Hilaria con Bill su consorte en el escabroso mundo de la pedofilia a bordo de jets privados. Todo esto sin contar las decenas de muertes accidentales de allegados que sabían más de lo conveniente, y las evidencias bastante avanzadas de la práctica del satanismo. Diríase un menú que, revirtiendo sobre la figura de un complaciente Francisco, exhibe en éste -a falta del carisma de infalibilidad, que los papas "pastoralistas" del Vaticano II no han querido comprometer- la indefectibilidad de sus preferencias personales, siempre adscritas a lo peor de la marea gnóstica que está llevando al mundo a la irremontable locura y al suicidio.
De este hombre que gusta de hablar con su rostro, podemos imaginar aquel que compondrá, con arte y primor inigualables, con ocasión de la foto con el flamante presidente norteamericano cuando éste lo visite, apenas traspuestas las murallas vaticanas.
Visto en:


viernes, 14 de octubre de 2016

El poder politiquero en lo temporal


Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, dice el Evangelio. Pero el César no es Dios, sino criatura, por tanto también debe dar a Dios lo que se le debe. La comunidad política es sociedad jurídicamente perfecta en el orden natural, suprema o soberana en su género diría León XIII, aunque su fin se ha de subordinar al bien común sagrado, de modo que no debe poner obstáculos a su logro y debe favorecerlo positivamente. En virtud de esta subordinación se sigue que el Papa puede ejercer su potestad de jurisdicción sobre cuestiones temporales que tienen una relación de conexidad con la salvación de las almas (el denominado poder indirecto sobre lo temporal, en materias mixtas).
No somos colombianos y no estamos en condiciones de emitir un juicio de valor sobre el frustrado acuerdo con las FARC propuesto por el presidente Santos. Pero hay que decir que Colombia es un Estado soberano, sociedad perfecta en su orden, y que el acuerdo rechazado en un reciente referendo es una cuestión política que -si no se prueba que sea conexa con el fin de la Iglesia- se encuentran en el campo de lo meramente temporal, y por ello es ajena a la potestad pontificia. De modo que la pretensión papal de entrometerse en este asunto constituiría un abuso de poder típico del clericalismo.
Reproducimos hoy la carta abierta que el colombiano José Galat dirige al Papa sobre su intromisión en este delicado asunto. Dudamos de que Bergoglio esté al tanto del contenido del acuerdo, un mamotreto de 297 páginas. Pero lo que este caso sugiere, junto a otros precedentes, es que el Papa se cree investido de un poder sobre lo temporal no ya indirecto como enseñaron sus hermanos de orden Belarmino y Suárez, sino "politiquero"; no en razón de la conexión de la materia con el fin de la Iglesia, sino por su repercusión en las coordenadas de lo políticamente correcto y el deseo de "mundanidad".

Bogotá D.C. Septiembre 30 de 2016

Su Santidad:
En estos momentos definitivos para Colombia, cuando el domingo 2 de octubredebemos ir a las urnas para aprobar o no el acuerdo FARC-Gobierno de la Habana, es claro que todos los colombianos de bien anhelamos la paz.
Según publicaciones de diarios nacionales, al conocer sus recientes declaraciones sobre este acuerdo, que cito textualmente:
“Santos está arriesgando todo por la paz, pero hay otra parte que está arriesgando todo por continuar la guerra”.
Y, continúa usted: “Yo prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito y sea reconocido internacionalmente, yo estaré en Colombia para enseñar la paz”.
Respetuosamente me siento en el deber patriótico de decirle su santidad, que a usted le es lícito así como esperado, que inste a los colombianos a que votemos en conciencia en el plebiscito, pero no lo es, el que usted intervenga personalmente para fijar una decisión única en esta opción bipolar que se le presenta a un pueblo soberano, en su mayoría católico. Sugiere usted que se debe votar por el SÍ, cuando deja ver, que piensa, erróneamente, que quienes no están con el presidente Santos y su acuerdo con las FARC, estamos en favor de la guerra.
Frente a sus declaraciones, su santidad, le planteo respetuosamente estas dos preguntas:
1- ¿Usted leyó ya este acuerdo de 297 páginas? Mire bien, ¿este mamotretro que le estoy mostrando?
Como votante y como creyente creo que:
Creo con todo respeto santidad, que vemos que la prensa mundial y usted mismo, han caído en la trampa de creer que en Colombia en este momento se vota por la paz o por la guerra, sus palabras así lo dejan ver y le aclaro santidad, que votamos simplemente por un acuerdo, mas no por la paz o por la guerra, como así lo ha hecho ver la falsa publicidad gubernamental.
Santidad, no sé su usted sepa, como defensor de la familia que debe ser, que este acuerdo, entre otras aberraciones, legaliza e institucionaliza la “ideología de género” que tanto usted ataca, como política a implementar en nuestra patria, luego de este acuerdo.
Los fieles de Colombia, es decir, la gran mayoría de los votantes, anhelan su visita a nuestra patria, pero creo que es desafortunado y condicionante decirles, que solo si votan con el SÍ y blindan ese acuerdo con las FARC en el próximo plebiscito, contaremos con el regalo de su presencia.
2- ¿Podemos inferir que con base en el conocimiento de este acuerdo, su santidad ya tomo una postura, y es por el SI, la misma que quiere que todos los colombianos sigamos?
• Si usted no conoce el entero contenido de este acuerdo y lo está recomendando, entonces, acepte que ha cometido un acto de inaudita imprudencia y que obró de forma irresponsable.
• Pero si usted lo conoció y supo de todas las consecuencias e implicaciones que él conlleva, entonces acepte que usted ha cometido un acto malévolo contra la justicia, contra la verdad y contra Colombia.
Y en ambos casos, ya sea que usted haya conocido el acuerdo, o ya sea que lo desconozca, su intervención, que busca terciar en favor de una opción determinada y no permite que en conciencia pueda darse la otra, es un acto de abuso de poder inadmisible para los colombianos.
Santidad no sé si usted sepa que la injusticia y la impunidad protagonizan este malhadado acuerdo.
Santidad, no si usted sepa que las FARC no han mostrado señales legítimas de arrepentimiento por los secuestros, la extorsión, el derramamiento de sangre inocente, y por sus delitos de lesa humanidad, y que se han limitado únicamente a hacer una comedia propagandística al respecto.
Santidad, no sé si usted sepa que detrás de este acuerdo, está el Socialismo del Siglo XXI aspirando al poder total en Colombia, ese que ya naufragó antes en la Unión Soviética, en la mitad de Europa oriental y aquí en América, en el Salvador, en Cuba y estruendosamente ahora en Venezuela, pues es el mismo sistema clasista, estatista, ateo e injusto, sistema fracasado que rabiosamente los líderes de las FARC, quieren imponer en Colombia, cuando ya perdió vigencia en el resto del mundo.
Santidad, no sé si usted sepa que en Colombia, a pesar de ser un país casi unánimemente católico y cristiano, los negociadores de este acuerdo no han hecho ninguna referencia a Dios, Quien en definitiva es el dueño y el Señor de la paz.
Santidad, no sé si usted sepa que aún hay alrededor de 400 personas secuestradas, en poder de las FARC y su suerte no se ha definido aún.
Santidad, no si usted sepa que la gran mayoría de colombianos está de rodillas suplicando a Dios porque impere la paz verdadera, fruto de la verdad y de la justicia.
Santidad, sus palabras como Vicario de Cristo en la tierra, ¿son esa respuesta que estamos esperando? o, ¿son fruto de sus posiciones personales, y de una información sesgada por la teología de la liberación?
Asombrados registramos, que ésta es la primera vez en la historia de un papado, que un pontífice hace declaraciones a la prensa mundial, que pretenden manipular a los votantes de una nación, para inducirlos a una votación determinada, que al no dejarle opciones diferentes, por lo mismo, elimina realmente su libertad de conciencia.
Por eso respetuosamente le digo, que como católico y colombiano, que anhela la genuina paz, que es paz en el amor, en la verdad y en la justicia, me resisto a seguir el consejo que hoy nos da, de votar por el Sí, para que continuemos la guerra por otros medios que nos llevarían en un futuro no muy lejano, a un estado dictatorial, sin verdad, sin paz y sin justicia.
Cordialmente, 
José Galat.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Si Francisco es peligroso para tu fe

Veo a muchas personas en busca de una razón para adherir finalmente a la creencia de que Francisco es un antipapa. ¿Por qué? ¿Por qué esto es tan importante para ti? ¿No es suficiente con saber que está equivocado y que busca vías -formas astutas, dentro de los confines de su oficio papal- para llevar a los fieles por mal camino?
Respondí a esta preocupación en los comentarios de esta mañana, con algo que voy a compartir de nuevo aquí.
Francisco es casi seguro un hereje material. Si él es un hereje formal, no nos corresponde demostrarlo. Sus opiniones -no sus enseñanzas, ya que es muy cuidadoso de no ejercer un magisterio auténtico que requiera asentimiento- incita a la gente al pecado, y, finalmente, al infierno.
Pero él sigue siendo, por todos los parámetros mensurables, el Papa.
La fe cristiana está llena de paradojas, escollos, y frases duras. Hemos tenido papas en la historia que tenían creencias heréticas; otros que permitieron el florecimiento de la herejía, y por lo tanto fueron cómplices. Otros que vivieron una vida tan escandalosa que ciertamente -absolutamente y sin lugar a dudas- indujeron a otros al pecado, y probablemente el infierno.
Pero fueron papas.
Deja de intentar resolver esto por ti mismo. ¿Es esta tu Iglesia, o la Iglesia del Señor? Deja de pensar que la tempestad se hundirá la Barca; déjate amonestar como los apóstoles: "Oh, hombres de poca fe ..."
Él puede calmar los vientos y los mares con una palabra.
Dios permite que esto suceda. Y Dios ha establecido una estructura de autoridad en la Iglesia a la cual debemos ser dóciles, en tanto seamos capaces dentro de los dictámenes de una conciencia bien formada.
Si Francisco es realmente un antipapa, ¿cómo cambia tu vida diaria? ¿Dejas de rezar tus oraciones? ¿Ya no asistes a Misa? ¿Quieres abandonar tu lectura espiritual? ¿Vas a renunciar a tu fe?
Ciertamente importa en el largo plazo si es o no un papa auténtico, o uno falso y diabólico. De todas maneras, claramente está al servicio del príncipe de este mundo, no del Rey de Reyes.
¿Te escandaliza? Bueno. Él debería. Si tienes fe, reconocerás que quiere destruirla. Resiste firme en la fe.
Dios lo permite por una razón. ¿Confiamos en Él o no? ¿Es tan importante que conozcamos toda la verdad ahora para lograr la salvación?
Durante el papado de Aviñón, San Vicente Ferrer apostó por el caballo equivocado. Pensó que Clemente era el Papa, mientras que Santa Catalina respaldó a Urbano (que en realidad era el verdadero Papa.) De cualquier manera, ambos son santos.
Atiende a las cosas del cielo. Busca tu santidad y salvación. Deja de preocuparse demasiado acerca de este hombre que roba tu paz. Sí, tenemos que saber lo que está haciendo en nombre de la Iglesia, pero no hay que desesperar. Las Escrituras enseñan la falibilidad de Pedro en todo menos en su magisterio [ex cátedra] por una razón muy clara. Dios sabía que íbamos a enfrentar estos tiempos. Ten ánimo. Ten fe.
Tomado y traducido de:

martes, 21 de junio de 2016

La burbuja se pinchó


Si algo ha signado el pontificado de Francisco es el intento de cambiar la imagen de la Iglesia a impulsos de diversas estrategias de marketing. Un proyecto que contó con asesores de imagen y comunicadores. Y que se apoyó decididamente en la veta populista que caracteriza a Bergoglio.
Al principio, la estrategia fue exitosa. La popularidad de Francisco, el papa latinoamericano, que recibe a todos, que se deja fotografiar con cualquiera, que se desvive por tener gestos hacia  personajes públicos y dirigentes populistas e izquierdistas, alcanzó niveles pocas veces vistos en la sociedad argentina.
Pero las burbujas, económicas o publicitarias, en algún momento se desinflan. O se pinchan. Bergoglio pareció entusiasmarse demasiado con la estrategia publicitaria. Y en su afán de prestigiar  su pontificado mostrándose carismático, comenzó a tener gestos de apoyo hacia dirigentes que formaron parte del gobierno del matrimonio Kirchner. Aunque no se trató sólo de marketing, pues en el trasfondo de su kirchnerismo tardío está una voluntad de poder, el más rancio clericalismo. Bergoglio ha intentado erosionar a Macri presentándose como el padrino del kirchnerismo residual.
Lo que tal vez Francisco no pudo prever es que la estrategia de kirchnerismo tardío resultaría extemporánea y contraproducente. La velocidad de los acontecimientos ha superado el cálculo político bergogliano. La súbita revelación de escandalosos hechos de corrupción protagonizados por funcionarios del anterior gobierno está haciendo cada día más difícil que la imagen del Pontífice no quede asociada con una banda de impresentables que saqueó a la Argentina durante la década robada.
En la Argentina al menos, el humor social ha pasado del francisquismo entusiasta y supersticioso al derrumbe en la popularidad del Pontífice. Se respira hoy una cada vez menos contenida bronca hacia el Papa y, por asociación, hacia la Iglesia en su conjunto. Ya se vuelven a repetir clásicos tópicos anticatólicos silenciados durante los primeros años del papado de Bergoglio.
Sic transit gloria mundi. Dios quiera que el fracaso de la estrategia publicitaria sea ocasión de un cambio en la dirección de este pontificado calamitoso.

sábado, 4 de junio de 2016

Misericordia sesgada

Reproducimos una carta de lectores enviada al diario La Nación de Buenos Aires. Colocamos algunos enlaces para que pueda ser mejor comprendida por lectores que no están enterados de los pormenores de la política argentina, en la cual Francisco se entromete con grosero clericalismo.

Leí con atención el reciente artículo del padre Guillermo Marcó. Tuve el privilegio de colaborar un tiempo con él en la labor de prensa del Arzobispado de Buenos Aires y allí alternar con el arzobispo. Conocí entonces a un hombre sabio, enigmático, de pocas palabras, preocupado por la política de Néstor Kirchner, que a su entender "promovía la división social" y nos podría llevar hasta a un "enfrentamiento sangriento". El tiempo pasó y aquel padre Jorge, ya devenido en Papa, me mostró una faceta que hasta hoy día me tiene desconcertado: si en Buenos Aires nos manifestaba su preocupación mayor por ancianos, niños y gente privada de su libertad, en Roma parecería que ha decidido darle la espalda a un aspecto de aquella preocupación. Integro la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, ONG que se ocupa de asistir legal, moral y espiritualmente a militares y civiles presos por haber tenido alguna función en la época de la guerra sucia de los 70 (en su mayor parte detenidos sin condena o con sentencias aberrantes, ya que el delito que ahora se les enrostra es "tenía que saber", pues no existen más los partícipes directos, aquellos que fueron juzgados durante el gobierno de Alfonsín y que hoy en su gran mayoría han fallecido). Ya envié cuatro cartas al padre Bergoglio -que sospecho nunca leyó-. La última invocando el Año de la Misericordia y pidiéndole haga llegar a estos ancianos presos, y muriendo por las condiciones en las que los jueces federales obligan a mantenerlos (muchas veces rechazando el pedido de mayor atención invocado por los médicos penitenciarios, que procuran en vano cumplir con sus hipocráticos deberes) una palabra de aliento, una carta o un Rosario - como el que le envió a Milagro Sala- . Nada de ello ha sucedido. Sólo a pedido de nuestra asociación accedió a recibir a sus dirigentes en audiencia en el "corralito de los miércoles", donde los "atendió" por un minuto y medio (por la tarde recibió en Santa Marta a una dirigente K[irchner]). Ahora invoca, por medio de las enigmáticas cartas enviadas a amigos (artificio político que usa para que su descargo ante los ataques mediáticos que recibe sea luego difundido) su obligación como Padre de la Iglesia, de recibir o atender, especialmente en este Año de la Misericordia, a quien se lo pida, así lo haya denostado en el pasado. Disiento parcialmente con Marcó: para este Papa, por lo menos en el país que lo vio nacer, la misericordia es tan sesgada o parcial como los derechos humanos K[irchner] y aplicada para los que, en sus intrusiones en la política local, considera son los únicos dignos de ella, como Hebe de Bonafini. Para los demás, el silencio o el "ninguneo". Los más de 360 ancianos muertos en prisión y sus deudos, a los que ignora sistemáticamente, aún esperan su mirada o atención benévola. Creo que esperan en vano.

Edgardo Frola

DNI 04.403.415

lunes, 23 de mayo de 2016

Derecho penal, caridad y sensiblería


«La concepción cristiana está ligada a este criterio de justicia. Un Derecho penal que no respete las exigencias de la justicia no puede ser un Derecho penal cristiano. La caridad no debe desterrarse de la esfera de las leyes penales, pero no es criterio que pueda sustituir a la justicia como fundamento de las leyes mismas. Nada más anticristiano que esa actitud corrosiva respecto de las fundamentales exigencias de justicia del Derecho penal, que esa que en nombre de una caridad o de una misericordia invocada fuera de lugar, querría dar las bases racionales para anclar el Derecho penal en el lábil terreno del sentimiento. Caridad y misericordia deben manifestarse en el respeto de la ley y de la justicia, nunca sustituirla para minar las bases del fundamentó racional de la pena. Que tenga que reconocérseles amplia cabida en la concepción penal, es afirmación que no puede ser puesta en duda, salvas las fundamentales exigencias de justicia. Hoy se habla mucho de la necesidad de "humanizar" el Derecho penal, mas tal humanización sólo puede entenderse en el cuadro de una concepción de justicia, que es la única que salva el valor moral del individuo de todo arbitrio, sea en su contra, como también en su favor. La justicia es rota, y el orden violado, no sólo en los casos en que se hace pagar al individuo más de lo que en concreto merece, sino también en la hipótesis en que se le haga pagar menos o se le condone completamente la deuda, cuando esto es contrario a una fundamental exigencia social. El Derecho penal es relación entre exigencias sociales, por un lado, y exigencias individuales, por el otro, no entre individuo e individuo. No hay que olvidar que el delito es tal sólo en cuanto viola el orden social, por lo que el Estado, que es su garante, tiene la obligación de intervenir con una disposición de justicia. Sólo cuando esto haya sido realizado, caridad y misericordia pueden cumplir su obra salutífera y benéfica.»

Tomado de:

Bettiol. G. El problema penal. Bs. As. (1995), pp. 82-83.

viernes, 15 de abril de 2016

El error en la raíz de la heterodoxia en la reciente exhortación pseudoapostólica



Es esencial, para identificar el origen del movimiento heterodoxo que campea a sus anchas en la Iglesia Católica desde febrero de 2014, notar el protagonismo de Kasper como influencia sobre Francisco en dos momentos clave:

- El viernes 21/02/2014, en el cierre del consistorio de cardenales preparatorio del primer Sínodo sobre la Familia, cuando Francisco elogió la relación de introducción leida por Kasper el día anterior, al final de la cual Kasper proponía readmitir a la Eucaristía a algunos divorciados vueltos a casar que cumpliesen ciertos requisitos, en estos términos:

"Ayer, antes de dormir, pero no para dormirme, he leído – he vuelto a leer – el trabajo del cardenal Kasper y quisiera darle las gracias porque he leído teología profunda, también un pensamiento sereno en la teología. Es agradable leer teología serena. Y también he encontrado eso que San Ignacio nos decía, ese 'sensus Ecclesiae', el amor de la Madre Iglesia. Me ha hecho bien y me ha dado una idea – discúlpeme eminencia si le causo turbación –, pero la idea es que esto se llama 'hacer teología de rodillas'. Gracias. Gracias." [1]

- El domingo 17/03/2013, en la alocución de su primer Ángelus como Papa, cuando Francisco elogió el libro que Kasper había publicado en 2012, "La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana", en estos términos:

"En estos días, he podido leer un libro de un cardenal —el Cardenal Kasper, un gran teólogo, un buen teólogo—, sobre la misericordia. Y ese libro me ha hecho mucho bien. Pero no creáis que hago publicidad a los libros de mis cardenales. No es eso. Pero me ha hecho mucho bien, mucho bien." [2]

Dado que sobre la propuesta de Kasper en su presentación del 20/02/2014 ya se ha dicho todo lo que hay que decir [3], me enfocaré sobre el libro de 2012. Para lo cual creo necesario ponerlo en el contexto de dos obras anteriores de Kasper.

La primera es el artículo de 1967 "Dios en la historia" ("Gott in der Geschichte") [5], donde escribió:

“The God who is enthroned over the world and history as a changeless being is an offence to man. One must deny him for man’s sake, because he claims for himself the dignity and honor that belong by right to man…. We must resist this God, however, not only for man’s sake, but also for God’s sake. He is not the true God at all, but rather a wretched idol. For a God who is only alongside of and above history, who is not himself history, is a finite God. If we call such a being God, then for the sake of the Absolute we must become absolute atheists.”
[6]

En el plano puramente filosófico, es difícil admitir que alguien no entienda que el Absoluto Infinito, la absoluta plenitud del Ser, es necesariamente inmutable. Pero aún si un católico no pudiese ver esto claramente por la razón, lo debe creer firmemente por la fe, ya que la inmutabilidad divina es un dogma de fe definido por dos Concilios Ecuménicos: Letrán IV y Vaticano I.

Concilio Ecuménico Letrán IV (1215). Constitución 1. De fide catholica.

"Creemos firmemente y confesamos simplemente que uno solo es el verdadero Dios, eterno e inmenso, omnipotente, inmutable, incomprensible e inefable, Padre e Hijo y Espíritu Santo, tres personas pero una esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple (simplex omnino)."

Concilio Ecuménico Vaticano I (1870). Constitución Dogmática "Dei Filius".

"La Santa Iglesia Católica Apostólica Romana cree y confiesa que uno es el Dios verdadero y vivo, Creador y Señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en intelecto, voluntad y en toda perfección; que siendo una sustancia espiritual singular, absolutamente simple (simplex omnino) e inmutable, debe ser declarado distinto del mundo en realidad y esencia (re et essentia),..."

La segunda obra es el libro de 1974 "Jesús el Cristo" ("Jesus der Christus"), sobre el cual el difunto profesor de la Univ. de Navarra y eminente teólogo Lucas F. Mateo Seco publicó en 1979 una crítica [7] en la cual, si bien se refiere a Kasper en términos muy respetuosos en lo académico, a mi juicio demasiado respetuosos, pone en evidencia la incompatibilidad de sus tesis con la doctrina de la Iglesia. (Para quien no tenga tiempo de bajar y leer la extensa crítica de Mateo-Seco, las páginas referenciadas [6] contienen una muy breve reseña de la heterodoxia en ese libro.)

En este punto uno se enfrenta a otros hechos difíciles de admitir, cuales son que el autor de estas obras haya sido hecho obispo (1989) y cardenal (2001), así como secretario (1999) y luego presidente (2001) del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos.

Llegamos así a la obra tan elogiada por Francisco en su primer Ángelus, sobre la cual podemos preguntarnos: ¿habrá Kasper dejado atrás en ella la heterodoxia de 1967, la cual habría quedado como un pecadillo de juventud ya superado? La respuesta está en la página resultante de buscar "apathetically" en la versión online en inglés del libro:

https://books.google.com/books?id=GDArAwAAQBAJ

Ahora Kasper es más cuidadoso y empieza diciendo: "la determinación metafísica de la esencia de Dios [...] de ninguna manera debe ser fundamentalmente cuestionada", pero después sigue: "dentro de los parámetros de los atributos metafísicos de Dios escasamente hay lugar para un concepto de misericordia", para llegar finalmente al tema del escrito de 1967: "El punto de partida metafísico tradicional de la doctrina de Dios trae consigo un problema adicional para hablar acerca de la misericordia divina. Concretamente, si Dios es el Ser Mismo, entonces la absoluta perfección del ser de Dios sigue de esta absoluta plenitud de ser. Tal perfección implica la incapacidad de Dios de sufrir, porque el sufrimiento debe ser entendido como una deficiencia." En realidad implica todavía más que eso, la imposibilidad de cambiar, pero en principio hasta ahí todo va bien ¿Se habrá vuelto ortodoxo? Sigamos leyendo: "Sobre la base de su punto de partida metafísico, la teología dogmática tiene dificultad de hablar de un Dios compasivo. Tiene que excluir la posibilidad de que Dios sufre con sus criaturas en un sentido pasivo; puede hablar solamente de piedad y misericordia en el sentido activo de que Dios se opone al sufrimiento de sus creaturas y les provee asistencia. La pregunta que subsiste es si esto corresponde satisfactoriamente al entendimiento bíblico de Dios, que sufre con sus creaturas, que como misericordioso tiene un corazón con el pobre y para el pobre. ¿Puede un Dios que es concebido tan apatéticamente ser realmente com-pasivo?" (En inglés "sympathetic", pero "simpático" en castellano es otra cosa.)

La última pregunta fue contestada en la afirmativa hace siglos, por ejemplo por Santo Tomás en ST I, q.21, a.3. ¿Mencionará esa respuesta Kasper? Lamentablemente no:

"Pastoralmente, esta concepción de Dios es una catástrofe. [...] la proclamación de un Dios que es insensible al sufrimiento es una razón por la que Dios ha pasado a ser ajeno y finalmente irrelevante para muchos seres humanos."

No, cardenal, no. Incluso desde la perspectiva estricta de mi necesidad, yo necesito que Dios entienda los males que me amenazan o afligen y sea capaz de librarme de ellos, no que Él mismo esté expuesto a padecer! Más aún, si Él estuviese expuesto a padecer no sería el Absoluto Infinito, la absoluta plenitud del Ser, con las consecuencias de que no podría mantenerme en el ser y hacerme ser en plenitud, no proveería una explicación metafísica de la realidad, y su adoración sería una idolatría. Es la concepción de Dios como mutable la que hace a Dios finito, tal que ya no sería el Dios verdadero sino un ídolo.

Por lo tanto Kasper permanece a todos los efectos prácticos en la herejía de 1967, sólo que ahora, tal vez por haber adquirido habilidades diplomáticas que le permitieron permanecer y ascender en la estructura eclesial en contraste con heterodoxos abiertos como Hans Küng, en vez de negar abiertamente la doctrina que le molesta se enfoca en superar sus implicancias a nivel "pastoral".

Esto es tristísimo, porque la cuestión se soluciona precisamente a partir de la ortodoxia metafísica y bíblica. Ante todo, lo que el hombre necesita es la liberación del mal, no del sufrimiento. El sufrimiento es consecuencia del mal, que es privación del bien, que a su vez es disminución del ser o en caso extremo pérdida del ser. Lo que yo necesito y quiero es ser mantenido en el ser y ser en plenitud, y eso puede hacerlo solamente el Ser Subsistente, en lo cual concuerdan la metafísica y la Escritura: Dios puede darme el ser, mantenerme en el ser y hacerme ser en plenitud, incluso más allá de las limitaciones intrínsecas a mi propia naturaleza haciéndome partícipe de la suya (2 Pe 1:4), porque en Sí mismo es la absoluta plenitud del Ser, "Yo Soy", Ehyeh (Ex 3:14), y quiere hacerlo porque para nosotros es "Él hace ser", YHWH vocalizado Yahweh (Ex 3:15) [8].

En resumen, el teólogo favorito de Francisco la hizo completa:
1967: niega la verdad sobre Dios.
1974: niega la verdad sobre Jesucristo.
2014: niega la verdad sobre el hombre y sobre la acción de Dios en el hombre.

El último ítem se refiere a negar la indisolubilidad del matrimonio y la posibilidad que Dios nos da por su gracia de vivir de acuerdo a esa verdad.

El conjunto de su obra, en vez de una Suma Teológica, es una Resta Teológica.

Ya el elogio de Francisco al libro "Misericordia" era un signo ominoso de los tiempos que venían para la Iglesia. Porque si yo estoy leyendo un libro y encuentro que el autor se refiere a la inmutabilidad divina diciendo "Pastoralmente, esta concepción de Dios es una catástrofe.", inmediatamente dejo de leer ese libro y lo envío a reciclaje. El elogio al libro era indicio claro de lo que se podía esperar en este pontificado y ahora estamos viendo.

Por otro lado, esa afirmación muestra nítidamente el error intelectual en la raíz de todo este "lío" iniciado por la presentación de Kasper del 20/02/2014, amplificado por las sesiones del Sínodo de 2014 y 2015 y rematado por la reciente exhortación pseudoapostólica: la disociación del bien y la verdad. Para Kasper, el bien de la gente puede procurarse solamente si se deja de lado la verdad, tanto la inmutabilidad divina como la indisolubilidad del matrimonio.

Posición exactamente contraria a: "conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." (Jn 8:32), así como a la súplica de Jesús al Padre: "Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad." (Jn 17:17).

Referencias

[1]http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350729?sp=y

[2]http://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2013/documents/papa-francesco_angelus_20130317.html

[3]http://www.ignatius.com/Products/RTC-P/remaining-in-the-truth-of-christ.aspx
Citas en: http://sspx.org/en/remaining-truth-christ

[4]https://books.google.com/books?id=2FsjkfV9VL4C, p. 10.

[5] Walter Kasper, “Gott in der Geschichte”, in "Gott heute: 15 Beiträge zur Gottesfrage", edited by Norbert Kutschki (Mainz: Matthias-Grünewald-Verlag, 1967).
Una descripción del artículo puede leerse en las pp. 7-10 de este libro favorable a Kasper:http://books.google.com/books?id=2FsjkfV9VL4C

[6] Cita de: http://www.dici.org/en/documents/the-new-pastoral-approach-of-cardinal-kasper-to-the-divorced-and-remarried/
También en: http://sspx.org/en/news-events/news/kaspers-new-pastoral-approach-marriage-3886

[7] http://dadun.unav.edu/handle/10171/13392


Visto en: