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viernes, 27 de enero de 2017

El pasado...


Ya se sabe que el franquismo es uno de esos pecados de incorrección política difíciles de perdonar. Lo correcto es ser anti-franquista. Y si el anti-franquismo ha sido circunstancial, moderado, hay que presentar los hechos para dejar la impresión de radicalidad… para no dar espacio siquiera a la sospecha. Don Angel Martín Rubio pone los hechos en su justo lugar.
Al exponer la trayectoria vital del recientemente designado Prelado del Opus Dei, D. Fernando Ocáriz Braña, en los medios de comunicación se ha dado relieve a la circunstancia de su nacimiento en París por ser hijo de un militar republicano exiliado o, como se afirma más discretamente, por ser hijo de una familia española exiliada en Francia por la Guerra Civil (1936-1939).
El dato ha sido objeto de referencia por parte del propio Mons. Ocáriz. Según el diario izquierdista El País :
Esta tarde, en su primera comparecencia ante los medios, Ocáriz agradeció a Dios y al Papa su nombramiento. Pero ante las preguntas de un periodista alemán sobre los supuestos vínculos del Opus Dei con el franquismo y el régimen de Pinochet, se salió un poco más del guión y quiso desmarcar a la obra y a si mismo de tales relaciones. “Personalmente nací en el Exilio. Mi padre era militar republicano, durante la guerra se tuvieron que marchar a Francia. Nunca he sido franquista, más bien al contrario. Aunque cualquiera puede ser lo que quiera, mientras sea compatible con ser católico”.
La web de la Oficina de Información del Opus Dei en España se pronunciaba en términos semejantes reproduciendo ayer,  25 de enero, un titular (Fernando Ocáriz: “El Opus Dei no es ni franquista ni no franquista. Esta organización no tiene ninguna relación con la política”) y una entrada del periodista Jesús Bastante, que ya no resulta accesible, pero que aún podía consultarse en caché cuando se redactan estas líneas:
El tercer sucesor de Escrivá de Balaguer es hijo de un militar republicano que se exilió en Francia tras la Guerra Civil. Preguntado sobre la cercanía de la Obra con el régimen de Franco, Ocáriz quiso ser tajante: “El Opus Dei no es ni franquista ni no franquista. Esta organización no tiene ninguna relación con la política. Las personas individuales pueden tener las ideas políticas que quieran, siempre que sean compatibles con ser católico”.
Ignoramos las circunstancias que impulsaron al Mayor veterinario D. José Ocariz Gómez a trasladarse a Francia y pocos detalles podemos dar de su carrera militar más allá de su solicitud al Gobierno republicano en virtud de la cual fue destinado a la Jefatura de Servicios Veterinarios del XVIII Cuerpo de Ejército en agosto de 1937 (Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional, nº 190, pág. 313). Hasta esa fecha se encontraba en situación “Al servicio de otros ministerios” porque, siendo Veterinario 1°, fue nombrado en diciembre de 1931 catedrático de Citología, Genética superior y Endocrinología, de la Escuela Superior de Veterinaria de Madrid.
Ahora bien, aunque pronto los biógrafos de Mons. Ocáriz nos precisarán estos y otros puntos, agradeceríamos también que junto con esta información se diera a conocer cuándo y en qué circunstancias tuvo lugar el regreso de D.José Ocariz a España, como lo da a entender el hecho de que falleciera en Madrid el 17 de septiembre de 1972 y que su esquela se publicara en el diario ABC con los títulos de “Ilustrísimo señor” y “Doctor Veterinario”. Años atrás, en julio de 1957, había firmado como testigo en el enlace matrimonial de su hijo D. José Ocariz Braña, del que se hicieron eco las crónicas de sociedad de la época, y en el que también desempeñó la misma función el entonces Ministro de Comercio, D. Alberto Ullastres, por no citar a otras autoridades.
No sabemos que es “lo contrario de ser franquista”, según se define al parecer Mons. Ocáriz, pero no dudamos que el nuevo prelado del Opus Dei (sin necesidad de acudir a otras referencias históricas) apreciará positivamente el hecho de que su padre pudiera volver a España en plena vigencia del régimen al que había combatido desde las filas del llamado Ejército Popular.
Visto en:

lunes, 16 de marzo de 2015

Pablo VI y Franco (2): El fin de la confesionalidad del Estado español


¿CUÁNDO CESÓ LA CONFESIONALIDAD CATÓLICA DEL ESTADO ESPAÑOL?

Me refiero al artículo titulado, “Los verdaderos desencuentros de Pablo VI y Franco”, firmado por Don José Manuel Sánchez Flores en Siempre P’alante de 11-XI-2014, pág.10.

Vaya por delante mi felicitación y agradecimiento al autor por salvar del olvido esta puntita de un iceberg objeto de controversia. Con la máxima cordialidad, pues, quisiera presentar un asunto que me parece oscuro, a saber: ¿Cuándo y cómo dejó de estar vigente la Confesionalidad Católica del Estado presidido por Franco?

En la segunda columna, párrafo segundo, línea 17 de su artículo, Don José Manuel Sánchez Flores escribe: (Franco) “lo eliminó” (el artículo II de los Principios del Movimiento Nacional) el 10 de Enero de 1967 y aprobó la libertad religiosa. Pero surge la duda o contradicción con otras noticias algunas recogidas en estas páginas de que ese Principio Segundo estuvo vigente hasta la entrada en vigor de la Constitución de 1978. No es una cuestión baladí, porque entre las dos noticias está el Concilio. Nada menos que saber si la Iglesia después del Concilio siguió, o no, apoyando explícita o silenciosamente esa confesionalidad que, sin ninguna duda, aplaudió antes del Concilio.

Recordatorio.-Ese artículo Segundo, que en rigor se llama “Principio” dice: “La Nación Española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la Doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, Única y Verdadera, y Fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”.

En el artículo citado hay cierta mezcla o al menos proximidad entre ese artículo (o Principio) Segundo del Movimiento, que trata de la Confesionalidad del Estado, y la libertad religiosa, que son dos asuntos distintos. Esta confusión puede, además, ser debida a que la segunda y postconciliar redacción de la libertad religiosa (10-I-1967) empieza diciendo que: “La profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado Español, gozará de protección oficial. No se entiende que esto se dijera en la misma ley que, según el Sr. Sánchez Flores, elimina el artículo o Principio de la Confesionalidad del Estado.

Antes de seguir con informaciones de que ese Principio Segundo referente a la Confesionalidad siguió vigente después de la fecha señalada por el Sr. Sánchez Flores, quiero advertir del desorden y confusión de todas estas leyes, quizás deliberadamente establecida y no aclarada, a semejanza con otras cuestiones de la época. Recomiendo el libro de Don Rafael Gambra, Tradición o Mimetismo que trata ampliamente de estas cuestiones. Véase especialmente la pág.111.

La Ley Orgánica del 10-I-1967 relanza la Ley de Sucesión, y a bordo de ésta viajaron, “discretamente” (Gambra dixit), en su artículo 10, Los Principios del Movimiento Nacional, que fueron ninguneados en la prensa de aquellos días. Pero eso no es una derogación, sino una trampa. ¿Qué valor jurídico tiene la palabra “eliminación” empleada por el Sr. Sánchez Flores?

Por el contrario: En la ley orgánica hay una confirmación más de la supervivencia, gracias a ella, del Principio Segundo. Dice, a propósito de la modificación postconciliar de la libertad religiosa, que se hace, “en consonancia con el Segundo de los Principios del Movimiento Nacional, según el cual la Doctrina de la Iglesia habrá de inspirar nuestra legislación”. Luego no hay en esa fecha “eliminación”, sino confirmación.

Finalmente un argumento modesto pero que tiene su fuerza. Yo viví intensamente aquellos años y aquellas luchas. Y no recuerdo que se hubiera armado el menor jaleo a propósito de esa supuesta eliminación. Si eliminar en vez de señalar una trampa hubiera señalado una novedad tan importante como la derogación de la Confesionalidad, ¡la que hubiéramos armado!

de SANTA CRUZ, Manuel, “¿CUÁNDO CESÓ LA CONFESIONALIDAD CATÓLICA DEL ESTADO ESPAÑOL?” en Siempre P´alante, 730 (2014) 7. Tomado de su página en Facebook.

sábado, 3 de enero de 2015

Estado laico, dineros nacionalcatólicos

El Opus Dei dice no tener escuela teológica propia. Y es posible que no la tenga de iure, pero sí de facto. Porque en ciertas cuestiones sus teólogos y canonistas cierran filas para defender posiciones comunes. Sobre todo cuando estas interesan a la institución. Así, por ejemplo, no conocemos a ningún canonista del Opus Dei que se aparte de la opinión –minoritaria y casi exclusiva de los miembros de la Prelatura- que afirma que las prelaturas personales pertenecen a la estructura jerárquica de la Iglesia. En cambio, la doctrina sostiene con amplio consenso -incluido Ratzinger- que no son entes jerárquicos sino fenómenos asociativos.
En un tiempo en que los vientos vaticanos eran favorables a la confesionalidad católica del Estado, desde el Opus Dei se promovía esa doctrina. En ese contexto, se entiende la carta de Escrivá a Franco, del año 1958, con motivo de la aprobación de las Leyes Fundamentales. La carta fue silenciada por el Opus Dei, pero reproducida por la revista Razón Española y posteriormente divulgada por el sitio opuslibros. Ante esta realidad, los historiadores oficiales de la Prelatura reaccionaron minimizando el valor del documento: “Es sólo una carta de cortesía, como las que otros pastores de la Iglesia enviaron en ese momento al jefe del Estado”.
Después del Vaticano II, pero sobre todo a partir del cambio de régimen político ocurrido en España en 1978, el Opus Dei inició su proceso de desenganche. Una de sus consecuencias fue un progresivo olvido, tergiversación y hasta rechazo de la doctrina católica tradicional sobre las relaciones entre el Estado y la Iglesia, que sin embargo el Vaticano II declara dejar íntegra (cfr. Dignitatis humanae, n. 1). Esto último puede verificarse en numerosos trabajos publicados por autores pertenecientes al Opus Dei. Su común denominador es la defensa como ideal de una laicidad aconfesional de la comunidad política, teniendo como superada –por clerical o integrista– la doctrina tradicional acerca del Estado católico. Así presentan como ideal el “modelo norteamericano”, contra el magisterio de León XIII.
Además, no resulta extraño que el Opus Dei procure reescribir su historia institucional en función de lo que resulta política o eclesialmente correcto en determinadas circunstancias. Ya dimos cuenta en nuestra bitácora de las biografías edulcoradas de Álvaro del Portillo.
El sitio opuslibros ha dado a conocer la copia de una carta de Álvaro del Portillo, de 1949, dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco, pidiendo ayuda económica para la construcción del Colegio Romano de la Santa Cruz. Lo que no deja de ser al menos llamativo, dado que el pedido se realizó a un Estado confesional católico al que numerosos miembros de la Prelatura ahora califican de totalitario, cosa que la Iglesia nunca hizo.
Desde nuestra modesta bitácora felicitamos a opuslibros por dar publicidad a documentos silenciados que ayudan a conocer mejor la verdad histórica y disipar leyendas doradas producto del marketing institucional.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Pablo VI y Franco: Los verdaderos desencuentros


Los hechos que se relatan en el artículo titulado “Desencuentros Pablo VI – Franco”, publicado el 1/11/14 en la pág. 9 del nº 727 SP’, son muy anteriores y tienen muy poco que ver con las verdaderas raíces de ese distanciamiento existente entre el Papa Pablo VI y el General Franco.

Estimo como dato sobresaliente de esa disyunción la sopesada en agosto de 1953, previa a la firma del Concordato, cuando el embajador de España en la Santa Sede, Fernando María Castiella, informó a Pío XII que de su Secretaría de Estado salía información con destino a la URSS de los nombres y destinos de los sacerdotes que el Papa enviaba a la “Iglesia del silencio”, y que eran allí ejecutados. Confidencia desvelada por el espía Jesús Galíndez Suárez, que acusaba al jesuita Alighiero Tondi, secretario particular de Montini, de “ese soplo” y de montar la red de curas comunistas para operar en Hispanoamérica (como el hebreo Antonio Hortelano). Y aunque no se pudo probar la implicación directa de Montini, es vox populi, que sí existió una firme sospecha que obligó a Pío XII a apartarle de la Secretaría de Estado nombrándole Arzobispo de Milán.

Trascurridos diez años, otro desencuentro en abril de 1963, cuando tras un juicio sumarísimo se condenó a muerte al comunista Julián Grimau, y el entonces arzobispo de Milán, Cardenal Montini, pidió a Franco conmutar la pena, a lo que éste no accedió; Grimau fue fusilado el 20 de abril 1963, a pesar del “No hemos sido escuchados”, que pronunciara quien sería elegido Papa dos meses más tarde, el 21 de Junio. Elección que fue un duro golpe para el General Franco y gran parte del pueblo español.

Dos décadas después, en 1974, Pablo VI, volvió a hacer gestiones para evitar la ejecución del anarquista catalán Salvador Puig Antich, pero Franco se negó a atender su llamada telefónica.

En 1965, con la excusa del Año Santo Compostelano, Pablo VI quiso peregrinar a España, pero el General Franco se lo impidió. Esta circunstancia está contenida en una carta personal que Montini, siendo ya Papa y a la clausura del Vaticano II, remitió al Franco. La carta fue publicitada en Brescia, localidad italiana donde nació Pablo VI, con motivo de un congreso sobre este pontífice que dirigió los destinos de la Iglesia católica entre 1963 y 1978. El papa Pablo VI vinculaba de algún modo su presencia en España a la renuncia, por parte del régimen español, del privilegio de la presentación de las candidaturas de obispos.

Aunque la renuncia no se llegó a formular personalmente, al margen de Concordato, entre 1965 y 1970, Pablo VI nombró más de 35 obispos auxiliares (¡y qué ejemplares!). En esta tarea participaron activamente el Nuncio Luigi Dadaglio (Nuncio entre 1967-1980) y su consejero Monseñor Dante Pasquinelli, “verosímilmente masónicos” según Ricardo de la Cierva. El Nuncio Antonio Riberi, aunque fue nombrado por Juan XXIII, era hombre de confianza del luego Pablo VI y con él comenzaron la renovación postconciliar del episcopado y las primeras jubilaciones de obispos; su brazo derecho en Madrid (1962-1965) fue Monseñor Benelli, luego Secretario de Estado asociado a negros rumores. Ese grandísimo disparate, entre otros, es el que iría arrastrado a España católica a la más brutal incredulidad y apostasía hoy reinante.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Pablo VI presionó de tal forma a Franco, tras ser sancionada por el Vaticano II la libertad religiosa, que incluso envió al Cardenal Carasoli (masón desde el 1957, según la listas de la P2), para que, al amparo de dicha promulgación, se exigiese la supresión del artículo 2º de los Principios del Movimiento Nacional que decía: “La Nación Española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”. Franco, obediente e hijo fiel de la Iglesia, lo eliminó el 10 de enero de 1967 y aprobó la libertad religiosa. Controversia que provocó limitaciones no solo a la Unidad Católica de España sino también a la Confesionalidad del Estado. Proceso que, a partir de entonces, dejó patente la secularización de 90.000 sacerdotes españoles y el vaciamiento de los seminarios diocesanos.

Por otra parte, no se entiende cómo se obligó a España a la renuncia del privilegio de la presentación de las candidaturas de obispos, en tanto que en Francia, en la región de Alsacia-Lorena, aún está vigente todavía el concordato napoleónico, en virtud del cual las autoridades republicanas mantienen el derecho de presentación sobre los obispos de dicha región.

Franco escribió una carta a Pablo VI el 29 de diciembre de 1972 en la que expresaba su preocupación por las actitudes políticas de una parte del clero e instaba al Papa a que hiciera lo posible por las buenas relaciones entre la Iglesia y el Estado. La respuesta de Pablo VI fue que “los indicios de subversión son más bien una admirable (muestra) de vitalidad espiritual del pueblo español” (ETA nació en un seminario, de Álvaro Baeza, pág. 12). De igual fuente (pág. 37) se desprende que Pablo VI previó la excomunión de varios miembros del Gobierno Español cuando el caso Añoveros (1974), así como en 1975, cuando los fusilamientos de etarras y miembros del FRAP, incluyendo en este caso al propio Franco y teniendo el Cardenal Tarancón en una mano el decreto firmado por el Papa, y en la otra los recibos que él y el Cardenal Bueno Monreal pagaban por el alquiler del despacho laboralista en Sevilla a Felipe González y Rafael Escudero (¡A saco! La cloaca española, De Álvaro Baeza, pág. 34).

Pablo VI, al igual que muchos hombres de Iglesia, se olvidaron de que Franco fue quien salvó la Iglesia en España. Y es que ya se sabe, de desagradecidos está el mundo lleno. No obstante, tengo entendido que Pablo VI se arrepintió de esos desencuentros y al final de su vida consideró, con toda humildad, que se había equivocado con Franco y con España. 

SÁNCHEZ FLORES, José Manuel.
“PABLO VI Y FRANCO, LOS VERDADEROS DESENCUENTROS".
En Siempre P´alante, 728 (2014) 10.

[Tomado del sitio en Facebook de la revista Siempre P'alante.]