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viernes, 2 de septiembre de 2016

Salir de la madriguera


"Hace unos años, más o menos por el año 2003, estaba yo culminando un largo período de estudios sobre la vida religiosa cuando de repente caí en la cuenta de que el curso tomado por la Iglesia era mucho peor de lo que por ese entonces nos hacían creer los escritores católicos “conservadores”. Ese fue el incómodo momento en el que comprendí a los llamados “tradicionalistas”, y aunque jamás luego quise volver atrás y des-conocer lo que ahora sé, ese conocimiento no vino sin un costo. Ya nunca podría des-conocer lo que ahora conozco.
Yo me inicié creyendo en la simplificación de la realidad del relato conservador, que sería más o menos así: en el Concilio y luego de él, había habido un grupo de prelados “liberales” que había tratado de “desviar” los documentos conciliares y la praxis subsiguiente para sus propios propósitos. Estos prelados habían tenido bastante éxito en su cometido y las cosas habían estado bastante complicadas hasta los 80s y 90s, particularmente por los malos Obispos bajo Paulo VI. Pero luego un Papa “conservador” los coartó “limpiando” los seminarios, y convocando nuevos Obispos (mayormente) “conservadores”. El intento de “apropiarse” de la Barca había fracasado en gran medida, y las cosas iban volviendo lentamente al cauce natural de la Iglesia. Había muchos signos de que este joven movimiento “conservador sería el futuro, especialmente por su difusión entre los seminaristas. Algunos Colegios católicos nuevos se autoidentificaban como “Ex corde ecclesiae” mientras las parroquias y algunas diócesis se deshacían de los bongós, las guitarras, los muñecos y los globos en las Misas…todo parecía retornar a la normalidad.
Sonaba bien.  Los Buenos ganaban. El problema es que no era verdad. Los cimientos de lo “normal”, es decir, de la Ortodoxia, eran un piso falso. La realidad era que bajo ese piso falso yacía un enorme edificio, una Iglesia perdida que había sido enterrada y casi olvidada y de la que era estrictamente prohibido hablar.  Pero, para peor, ese falso piso era movible.
Había que enfrentarlo: existía una enorme grieta en la Iglesia Católica, una división de proporciones tales que constituía un cisma de facto. Una nueva y falsa religión se estaba desarrollando dentro de todas las instituciones de la Iglesia,  como la toxina de una infección bacteriana que enferma al cuerpo, y nadie parecía notarlo. Había un cisma oculto, que nadie parecía corregir, anidando desde el final del Concilio. El Neo-modernismo había tenido éxito en reemplazar las auténticas enseñanzas católicas hasta el punto en que el sostenimiento de ciertas doctrinas de la fe o su profesión eran suficientes para expulsar a cualquiera de este “revival católico conservador”. El Neo-Modernismo se había convertido de hecho en el nuevo conservadorismo.
 Trece años son un largo tiempo y desde entonces, y particularmente en estos últimos tres años, las falsas categorías “conservador/liberal de este simplificado relato  se fueron volviendo rápidamente obsoletas. Las contradicciones ya son finalmente inevitables para una gran cantidad de católicos. Y no comenzó con Francisco. Juan Pablo II impulsó este largo declive cuando (por ejemplo) aprobó el uso de mujeres servidoras en la Misa, y una gran cantidad de estos “conservadores", que venían clamando por la restauración de la norma, se vieron repentinamente desbancados por su querido Papa “conservador”
Este golpe a la imagen cuidadosamente construida  de Juan Pablo II como ícono “conservador”, fue devastador para ellos y se quedaron sin poder explicar la realidad. Entonces tomaron la única solución posible, que fue redefinir la ortodoxia de manera tal que incluyese cualquier novedad teológica o disciplinaria que cualquier Papa decidiera instalar. La Papolatría, o  Positivismo Papal, como comenzamos a llamarlo, había nacido. La persona del Papa, el hombre mismo, devino en la nueva ortodoxia, una especie de oráculo semi-divino que nos traería la nueva o la antigua doctrina según el humor, directamente desde la boca del “Espíritu” susurrante en sus oídos. Las “monaguillas” estaban bien, y cualquiera que pidiera su abolición sería un extremista reaccionario, tradi radical, cismático...etc….
Pero había una cosa (realmente una gran área de confluencia) que mantenía a los católicos “conservadores” del mismo lado que a los “Tradis”:
Lentamente, el piso en que se afirmaban  estos “neocatólicos” comenzó a moverse, hasta que les quedó el último metro cuadrado que era la enseñanza de la Iglesia sobre la moral sexual. El relato decía que mientras que el Papa continuara defendiendo y manteniendo estas tesis, no importaba cuantos Coranes besara. Todo eso podía debatirse. El sexo, el matrimonio y los bebés serían  la última línea. El problema es que esta “última línea” había sido escrita con tiza en el piso falso. Y Francisco ha empezado a borrarla. La posición “católica conservadora” había estado a salvo en la zona demarcada, al menos hasta la aparición de la Amoris Laetitia.
Disgresión: (Irónicamente, quizás, este compromiso de la ortodoxia católica vinculándola exclusivamente con las enseñanzas de la Iglesia sobre la moral sexual ha significado tomar la línea de los medios de comunicación: la moral católica solamente trata sobre las “cuestiones pélvicas”. Ni un católico neocón ni el editor de temas religiosos del New York Times han escuchado jamás mencionar el Reinado Social de Cristo Rey. Este enorme espacio en blanco en el que solía estar la Religión Católica es la razón por la que los apologistas del Novus Ordo continúan diciendo que a ellos “les simpatizan los Tradicionalistas” siempre que sean de la clase de los que prefieren la Misa Antigua. Los otros, esos que se la pasan mencionando el Syllabus, son llamados “católicos reaccionarios radicales”, porque desafían el paradigma completo. La buena clase de tradicionalistas son esos de los que habla Francisco: un grupo mitológico a los que les ocurre ser “adictos” a una estética anterior. En cambio, los malos prefieren vivir en una Iglesia completamente diferente, en ese edificio en ruinas y enterrado del que se supone que nadie ha escuchado hablar jamás)
 Me llevó mucho tiempo de lecturas, de conversaciones, y de pensar y visitar y aprender para comprender todo esto, pero cuando lo hice fue como si hubiera salido de la Matrix. El universo católico no tenía nada que ver con lo que había creído hasta ese momento.
Hay ciertamente muchos llegados al tradicionalismo que preferirían no saber lo que ahora sabemos. Es terrible e implica saber que muchas puertas se cerrarán para siempre, especialmente con respecto al trabajo y la vocación. Eso es particularmente duro de soportar. Pero allí fue donde la evidencia me llevó: no era posible esquivar la realidad. Sólo cuenta lo Real, aún cuando eso signifique no tener jamás lo más ambicionado en la vida. Aún cuando eso signifique que la dirección que toma  la vida propia, y para siempre, no hubiera sido jamás la que se hubiera  elegido. Pero esa es la razón por la que entendemos qué es lo que está pasando.
Resumiendo, Francisco no es una extraña e inexplicable anomalía. Francisco es la conclusión lógica de lo que ha estado pasando en la Iglesia desde 1965. No es una sorpresa. No es “confuso”. Ciertamente no es una desviación del camino glorioso en el que la Iglesia ha transitado desde la finalización del Concilio. Él es la corporización de todo lo que ha venido pasando desde que la Iglesia abrió las ventanas y dejó entrar al mundo post-ilustrado para que dirigiera las cosas hacia la degradación moral e intelectual. Esto incluye su aparente inhabilidad (y la de sus amigos y seguidores) para entender por qué una contradicción en los términos es un sinsentido (cuando menciono la “degradación intelectual”, me refiero precisamente a eso: a la pérdida de la capacidad de emplear los principios básicos del pensamiento racional)
Todo esto (lo sigo sosteniendo) está bien. No es un desastre salvo que empecemos a (no) pensar de ese modo. Más aún, todo esto será algo bueno al final, desde que en el mismo Francisco podemos ver a qué grotesca parodia de la fe y de la racionalidad nos lleva este camino. Francisco no es meramente la personificación del vaticanosegundismo:  mientras él se mueve rodeado de un aurea de blasfemia y herejía, mientras se toma selfies, haciendo gala de su irracionalidad, lo cierto es que constituye una muestra educativa del Mal Ejemplo. Alguien que personifica tan perfectamente  lo que es un mal padre que sirve de saludable lección para los hijos.
Desde el primer día de este Pontificado, he venido diciendo que este es el despertador que la Iglesia estaba necesitando tan desesperadamente. Esto era tan evidente que terminado el Cónclave  lo primero que un viejo amigo ateo me dijo fue “Bueno….parece que el Papa Francisco es muy popular entre los que no son católicos, no?”
He mantenido que la Iglesia, sangrando por miles de pequeñas heridas, no hubiera podido sobrevivir a otro papa “coservador”. Juan Pablo II y Benedicto tenían todavía el capital de siglos para gastar, pero ya no queda nada y hay que empezar de cero. Francisco no solamente va a hacer eso posible, sino que no dejará otra alternativa para los creyentes. Y eso es bueno.  Resumiendo: este pontificado era exactamente lo que hacía falta para forzarnos  a los Católicos a re-aprender nuestra fe, para poder defenderla,  no sólo del Mundo sino también de una jerarquía impregnada y adicta a sus pecados intelectuales y carnales.
Así que (Alleluya!) los restos que quedan de los creyentes católicos comienzan a darse cuenta. Aún aquellos que fueron infectados por el positivismo papal que fue la norma bajo Juan Pablo II han comenzado a cuestionarse las panaceas del novusordismo, es decir de esa serie de supuestos tácitos sobre el Catolicismo, que en realidad estaban en directa contradicción con la fe de nuestros Padres".
Visto en:

martes, 1 de septiembre de 2015

Una buena noticia ("filolefebvrista")

La cuestión del status canónico de la FSSPX ha dado lugar a varias entradas de nuestra bitácora. El defender determinadas opiniones en el plano doctrinal, y disciplinar, fue causa de que algunos medios nos pusieran el sambenito de “filolefebvristas”.
Los neoconservadores eclesiales han hecho uso y abuso del siguiente texto de Benedicto XVI:
 “Hasta que la Fraternidad [San Pío X] no tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia.”
Algunos interpretamos este pasaje de Benedicto XVI en armonía con las disposiciones del Derecho Canónico vigente desde 1983: como la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas, y los fieles tienen derecho a recibir los sacramentos para tal fin, se podía* recibir sacramentos en la FSSPX en base al c. 1335, 2.
Ahora nos encontramos con una novedad que -en cierto modo- confirma nuestras opiniones precedentes. En efecto, el Romano Pontífice ha dispuesto lo siguiente:
“Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.”
Por tanto, al menos durante el año jubilar, ningún medio neoconservador podrá aterrorizar conciencias sembrando dudas sobre la validez y licitud de las confesiones de la FSSPX. Esperamos que dichos medios no dejen de difundir la buena noticia.


* P.S.: se podía, y se puede, porque el canon 1335 -en la parte que dice que los fieles pueden pedir sacramentos a un ministro censurado, si la pena l.s. no ha sido declarada- no ha sido modificado por el Romano Pontífice. La nueva disposición puede aliviar algunas conciencias que se han guiado por los criterios de eclesiásticos neoconservadores. 

jueves, 18 de abril de 2013

¿Conversión de Kasper al filo-lefebvrismo?


El cardenal Walter Kasper hizo una declaración impresionante en las páginas de L’Osservatore Romano,el pasado viernes. Al ofrecer algunas reflexiones sobre los desafíos que enfrenta la Iglesia y el continuo problema (perpetuo) de la “verdadera aplicación del Concilio Vaticano II”, Kasper, hablando con referencia a los documentos del Concilio, declaró:
En muchos lugares, [los padres conciliares] tenía que encontrar fórmulas de compromiso, en las cuales, a menudo, las posiciones de la mayoría están ubicadas justo al lado de las de la minoría, diseñadas para delimitarlas. Por lo tanto, los mismos textos conciliares tienen un enorme potencial de conflicto, abren la puerta a una recepción selectiva en cualquier dirección. (Cardenal Walter Kasper, L’Osservatore Romano, 12 de abril de 2013)-
En las declaraciones del Cardenal, tenemos básicamente la afirmación de una tesis fundamental de Michael Davies y la mayoría de los tradicionalistas: que los documentos del Concilio tienen ambigüedades y están sujetos a una multitud de interpretaciones. Este concepto de ambigüedad Conciliar ha sido negad0 por muchos conservadores apologistas que insisten en que los documentos del Concilio son claros como el día y es sólo la malicia de los disidentes que empujan a una aplicación falsa la responsable de nuestra actual confusión.
Los tradicionalistas, sin embargo, e irónicamente, Kasper también, han insistido, sin embargo, que la destrucción que siguió al Concilio también se puede leer en los documentos mismos. Incluso si los padres conciliares no tenían la intención de causar la catástrofe que siguió al Concilio (y la mayoría coincide en que no la tenían), los documentos mismos fueron construidos de tal manera que se permitían interpretaciones progresistas cuando se ponen en manos de los teólogos u obispos progresistas . Contra el mantra conservador de “documentos perfectos – aplicación imperfecta”, afirma Kasper la crítica tradicionalista de “documentos imperfectos conducen a la aplicación imperfecta.” Benedicto XVI había hecho el mismo punto. Hay una íntima conexión entre los documentos y su aplicación.
Pero Kasper hace más que reconocer que “los mismos textos conciliares tienen un enorme potencial para el conflicto”, sino que continúa afirmando que estas ambigüedades, estos conflictos potenciales, formaban parte de un programa intencionado. No se limita a decir que los textos podrían ser objeto de diversas interpretaciones, sino que estos pasajes ambiguos eran “fórmulas de compromiso”, para aplacar a dos lados opuestos, de tal forma que pudieran ser interpretados de una manera ortodoxa, pero con la misma facilidad podían ser torcidos por los progresistas para prestar apoyo aparente a su vandalismo.
Se trata de lo que el difunto Michael Davies llama “bombas de tiempo” en los textos conciliares. Davies escribió: “Estas “bombas de tiempo” eran pasajes ambiguos insertados en los documentos oficiales por los peritos liberales o expertos. Pasajes que se interpretan en un sentido progresista no tradicional, una vez cerrado el Concilio” (Michael Davies, Liturgical Timebombs, Rockford, Ill: Tan Books, 2004, pg. 23). Davies tomó prestada la frase “bombas de tiempo” del libro de monseñor Lefebvre Un Obispo habla, que, básicamente, había presentado el mismo argumento.
En la entrevista de Kasper, tenemos nada menos que un reconocimiento de que no sólo eran bombas de tiempo, sino que fueron colocadas allí intencionalmente, y en esto él y Lefebvre están de acuerdo. Esta es una admisión asombrosa.
Kasper hizo otras muchas otras declaraciones que cuestionan otros aspectos de la narrativa conservadora acerca del Concilio. Por ejemplo:
Para la mayoría de los católicos, los desarrollos puestos en marcha por el Concillio son parte de la vida cotidiana de la Iglesia. Pero lo que están viviendo no es el gran nuevo comienzo ni la primavera de la Iglesia, que se esperaba en ese momento, sino más bien una Iglesia que tiene un aspecto invernal, y muestra claros signos de crisis.
Esto va contra el mantra imperante desde la época de Juan Pablo II, y que afirma que estamos experimentando una “nueva primavera” y una franca admisión de que hay en realidad una crisis, a pesar de que algunos, como el cardenal Timothy Dolan, siguen negando esta verdad lisa y llana. Esta simple admisión de hecho, que la Iglesia está en crisis y no está experimentando la primavera postconciliar prometida, es de gran importancia en el movimiento hacia adelante, y a pesar cualquier otra cosa que podamos pensar de Kasper, le agradecemos su sinceridad aquí.
Hablando de la confusión que se produjo después del Concilio, Kasper dijo:
Para aquellos que conocen la historia de los veinte concilios reconocidos como ecuménicos, esto [el estado de confusión] no será una sorpresa. Los tiempos post-conciliares eran casi siempre turbulentos. El Vaticano  [segundo], sin embargo, es un caso especial.
Este reconocimiento importante, que también encontramos en otras partes, realmente echa por tierra el discurso católico-conservador de que lo que estamos viviendo en la Iglesia moderna es normal, ya que “siempre hubo confusión después de un Concilio”. Eso puede ser cierto, pero Kasper señala que la confusión que siguió Vaticano II es “un caso especial”, diferente a la turbulencia de los períodos anteriores. Esto, también, es un punto en que se hace a menudo hincapié por los tradicionalistas, que ven en el Concilio Vaticano II no sólo otro acontecimiento eclesial con el nivel estándar de confusión después de los hechos, sino más bien un nuevo tipo de acontecimiento eclesial que no puede ser tan fácilmente clasificado junto con los Concilios del pasado.
¿El cardenal Kasper afirma las posiciones de Michael Davies, Lefebvre y los tradicionalistas? Estos son tiempos extraños, de hecho.

Hay una paráfrasis de los comentarios de Kasper aquí. Hasta el momento, L´Osservatore Romano no ha publicado los artículos de la semana anterior.

Visto en:

miércoles, 23 de mayo de 2012

Pequeños pasos hacia la desmitificación del Vaticano II


La Nostra Aetate no es vinculante, dice el Card. Bradmüller
Por ANDREA TORNIELLI

  "El Concilio Ecuménico Vaticano II no puede considerarse como aislado, sino que debe leerse en su contexto histórico. Usted no puede interpretarlo aparte de lo que lo ha precedido...". El Cardenal Walter Brandmüller, historiador de la iglesia, así comenzó la Conferencia de prensa de presentación del libro "Las Claves" del Papa Benedicto XVI en el Vaticano II, un folleto escrito junto con el arzobispo Agostino Marchetto y el teólogo don Nicola Bux, que pretende presentar el evento religioso más importante del siglo XX segun la "hermenéutica de la continuidad de la reforma» propuesto por el Papa Ratzinger.
   
    La presentación tuvo lugar ayer en la Radio del Vaticano y fue moderada por el padre Federico Lombardi, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. "Si un teólogo, para interpretar el Concilio Vaticano II, se limita sólo a los documentos, sin tener en cuenta el contexto histórico, podría no hacerlo correctamente", agrega Brandmüller, ya que son textos destinados para la Iglesia y el mundo en el momento de su formulación. Según el Cardenal alemán, ex Presidente de la Comisión Pontificia de las Ciencias Históricas, el enfoque histórico teológico permite preservar al Vaticano II de una ideologización.
   
    Brandmüller respondió a una pregunta sobre el diálogo de la Santa Sede con la Fraternidad San Pío X: "justamente la lectura del Concilio está en la base de la fractura con los lefebvrianos". Y explicó que se debe "tener en cuenta el carácter canónico diferente de los documentos conciliares". "Hay una gran diferencia -el cardenal continuó- entre las constituciones conciliares y declaraciones, como 'Dignitatis Humanae' sobre la libertad religiosa, que no tienen un contenido doctrinal vinculante. Debe tomarse en serio, como una expresión del magisterio vivo, pero sin obligar a toda la Iglesia a aceptar el texto con el que se expresan ". Brandmüller también admitió que algunos textos conciliares fueron superados por su demasiado optimismo.
   
    El Arzobispo Marchetto, diplomático, ex Secretario del Consejo Pontificio para los Inmigrantes de la Santa Sede, pero también historiador de la Iglesia y estudioso del Concilio, destacó la continuidad del Concilio Vaticano II con los Concilios que le precedieron, explicando que las "claves de lectura que Benedicto XVI propone en el libro son de hermenéutica correcta y de fe". El arzobispo dijo que los documentos del Concilio Vaticano II "han sido descontextualizados respecto a la Tradición, destacando la renovación y olvidando los elementos de continuidad. Así se transformó el Concilio en un super-dogma,  como ha dicho el entonces Cardenal Ratzinger a un grupo de obispos".
   
Marchetto hizo ver que muchas lecturas del Vaticano II han pasado por alto la cuestión del consenso, fruto del contraste y la comunión entre los padres. Fue particularmente importante el papel desempeñado, en este sentido, por el Papa Pablo VI, quien intervino varias veces para asegurarse de que los documentos conciliares se aprobaran casi por unanimidad. «El consenso y el compromiso como un punto de equilibrio y síntesis, sobre cuestiones relacionadas con la doctrina preliminar, era importante. Y las nuevas adquisiciones -destacó- no son inmutables en sí».

El Arzobispo, respondiendo a una pregunta acerca de las lefebvristas y sus críticas a algunos documentos conciliares, reafirmó el valor de los textos del Vaticano II y añadió: "aquellos que se oponen a las posiciones expresadas por el Concilio, aún permanecen dentro de la iglesia. El diálogo con el lefebvrismo debe tener en cuenta lo que hoy es la realidad de la iglesia". Una referencia al disgusto de los progresistas. Marchetto sin embargo ha reiterado que la Fraternidad San Pío X, para estar en plena comunión con Roma, debe aceptar el Concilio en su totalidad, aunque esto no significa que no se puedan discutir fórmulas individuales de documentos individuales.

Fuente:

miércoles, 9 de mayo de 2012

La sombra de Pedro

Un fiel lector y asiduo colaborador de esta bitácora nos comparte el siguiente texto del profesor argentino Roque Raúl Aragón, que ponemos a disposición de nuestros amigos.

Este texto viene a demostrar que, como dice nuestro lector, "por si acaso alguien todavía cree lo contrario: resulta ser que ser filo-lefe es algo así como ser católico, sencillamente."
La Sombra de Pedro

lunes, 23 de abril de 2012

De Prada y los pájaros carpinteros


A juzgar por el último artículo de Juan Manuel de Prada, tendríamos una razón más para incluirlo en la categoría de los malvados filolefebvristas que inventara Don José Mª Iraburu. Es que, además de dar lugar en su programa a pensadores  como Miguel Ayuso, De Prada viene a coincidir ahora con una opinión que motivó el nacimiento de esta humilde bitácora:  la  hostilidad de los sectores eclesiales conservadores hacia la FSSPX. He aquí unos párrafos del escritor y una imagen alusiva:
“…Muestras de este designio restaurador [de Benedicto XVI] las tenemos por doquier; a algunas no les prestan atención ni los propios curas, que se resisten, por ejemplo, a poner reclinatorios en la comunión. Pero tal vez la muestra más llamativa (e incomprendida por muchos, aun en el seno de la propia Iglesia) sean los esfuerzos de acogida que Benedicto XVI está mostrando con la fraternidad sacerdotal de San Pío X, fundada por Marcel Lefebvre… A simple vista, puede parecer un episodio menor; pero tal vez se trate del gran acontecimiento de este papado. A pesar de las intemperancias mostradas por algunos miembros de la Fraternidad, a pesar de las resistencias y desconfianzas de muchos prelados, a pesar de la animadversión furiosa que ciertos sectores eclesiásticos progresistas (y también, por cierto, conservadores, en paradójica alianza) exhiben ante los «lefebvrianos», el Papa no ha cejado en su voluntad explícita de propiciar la reconciliación definitiva con este grupo tradicionalista…

 


sábado, 24 de marzo de 2012

La "traición" de Pacopepe



Se ha presentado en Madrid el libro "Marcel Lefebvre: la biografía". Además de su autor, el obispo Bernard Tissier de Mallerais, se anunció la intervención de D. Juan Mª de Montagut, superior de la Hermandad Sacerdotal San Pío X en España, D. Ángel David Martín Rubio, historiador y sacerdote y D. José Miguel Gambra, profesor de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

A ese "aquellarre" de lefebrvistas y filolefebvristas asistió Francisco Fernández de la Cigoña. Lo hizo sin la licencia de Iraburu, a pesar de las continuas exhortaciones morales de Luis Fernando y contra el docto parecer del apologeta bolivariano José Miguel Arráiz. Por tanto, y de acuerdo con los criterios irraburritas, ha puesto en peligro su ortodoxia y plena comunión eclesial. Y para colmo de males lo ha hecho público en su bitácora. ¡Qué horror! Transcribimos las pruebas de la "traición" de Pacopepe (que obviamente no consideramos tal):

"Ayer estuve en un acto lefebvrista. Presidido por uno de los obispos consagrados por el arzobispo francés. Nada que ver con este aquelarre. Todo fue tranquilo, educado, sin el menor incidente. Y se estaba presentando una biografía de monseñor Lefebvre. Yo, que no soy lefebvrista, no me sentí molesto en lo más mínimo. A nadie se le ocurrió agredirme. Besé con respeto la mano del obispo, doblando la rodilla izquierda, conversé con el superior para España de la Fraternidad y con otro sacerdote de la misma, ambos agradabilísimos, y a ninguno se nos ocurrió nada de lo que desgraciadamente a vosotros se os ocurre todos los días. Estoy seguro de que cuando nos volvamos a encontrar será en el mismo tono. Y evidentemente no pensamos en todo lo mismo. También tengo el absoluto convencimiento de que si un día habláramos de nuestras discrepancias no íbamos a reñir por ello. Y sería con respeto recíproco.
No me he ocupado en el Blog de la hermosa carta que monseñor Bux acaba de dirigir a la Fraternidad y que suscribo íntegramente. Ese es el tono que debería imperar en nuestras relaciones con esos hermanos. Y no ese del que hacéis gala en el Blog."
Fuente:

Algunas fotos del "aquelarre":






viernes, 23 de marzo de 2012

Tolkien, filo-lefebvriano


En medios neocones se suele leer un poco de Tolkien, especialmente su obra ya clásica El Señor de los Anillos. Lectura que llega a ser tergiversada bastante de forma que ellos —los neocones— son como la Compañía del Anillo, los caballeros de Rohan o los últimos resistentes de Minas Tirith. Se lee en clave epopéyica con obvia identificación con “los buenos”.

Un poco como a Chesterton, los neocones usan y abusan de Tolkien para sus propios fines. Ved, sino, cómo aparece infinidad de veces para justificar cualquier cosa aquí. En los Estados Unidos, incluso llegaron a identificar a Irak con Mordor…

Pero así como no se ve cómo el socialismo dickeniano de Chesterton (o distributismo si preferís) puede encajar con un proyecto neoliberal como fue el de la revista Chesterton de Alex Rosal, José A. Fúster, César Vidal, Pío Mora, Pedro Trevijano, etc., gracias a Dios, ya desaparecida; tampoco vemos cómo los neocones pueden sumar para sí a quien pensaba de una forma tan radicalmente distinta, como el siguiente relato de uno de sus nietos, Simon Tolkien.

Recuerdo vívidamente ir a la iglesia con él [John Ronald Reuel Tolkien] en Bournemouth. Él era un católico devoto y fue poco después de que la Iglesia cambió la liturgia, del latín al inglés. Mi abuelo obviamente no estaba de acuerdo con esto y decía todas las respuestas muy alto en latín mientras que el resto de la asamblea respondía en inglés. Toda la experiencia me resultaba bastante torturante, pero mi abuelo no se inmutaba. Simplemente debía hacer lo que él creía era correcto. Heredó la religión de su madre, excluida de la familia posteriormente a su conversión y, luego, murió pobre cuando mi abuelo tenía sólo 12 años. [Simon Tolkien, “Mi abuelo”, The Mail on Sunday (23 de febrero de 2003).]

Lo que se agrega a numerosos testimonios de sus biógrafos.



Nota: Justo es decir que en uno de los movimientos primaverales neocones, el IVE, Tolkien es mala palabra, como dice su teólogo de cabecera aquí. Incluso, el susodicho llegó a afirmar en una nota posterior: “Al margen de todo esto sigo sosteniendo que… Tolkien… es incompatible, al menos en algunas cosas fundamentales, con la realidad histórica y la fe católica.” [Agradecemos al lector argentino E. que nos hizo estas precisiones.]

viernes, 16 de marzo de 2012

Situación Roma-FSSPX/SSPX, ¡cuidado de por qué medios te informas!

La bitácora Secretum mehum mihi informa sobre el reciente comunicado de la Santa Sede. Transcribimos la entrada completa. Recomendamos, asimismo, prestar atención a la entrada de Rorate caeli y a sus actualizaciones, pues como suele suceder cada vez que se informa sobre la FSSPX, los medios de comunicación agregan datos y consideraciones que no surgen de los textos oficiales y las atribuyen al Papa. 
____________________________________________________

Si estás acostumbrado a informarte sobre la situación Roma-FSSPX/SSPX por medios autodenominados católicos, algunos de los cuales incluso utilizan la palabra ‘católico(a)’ como parte de su nombre, y que suelen dar titulaciones tendenciosas como estas (a las cuales puedes acceder aquí y aquí):



...O como estas (a las cuales puedes acceder aquíaquí y aquí):




...Entonces te encuentras en un problema, porque si te has fijado bien, el vaticano ha emitido hoy mismo un Comunicado sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, es decir, la más reciente información oficial del Vaticano al respecto, que por ninguna parte y de ninguna manera sustenta y/o respalda la sensasionalista manera con que esos medios autodenominados católicos brindan ladesinformación. Dicho de otra manera: sencillamente te están engañando.

Así que, ¡cuidado de por qué medios eliges para desinformarte sobre este asunto en particular!

viernes, 10 de febrero de 2012

Apuntes sobre el magisterio



A modo de respuesta a la nueva andanada autorreferencial del canónigo Iraburu, tomamos del Arcón de la bitácora Wanderer [lamentablemente perdido por obra y gracia del FBI y la ya famosa Ley SOPA] unas notas sobre el Magisterio de la Iglesia de autor (por obvias razones) anónimo que, desde una perspectiva canónica, encuadra el debate tradicionalista. 
Es un trabajo introductorio serio, completo, no exhaustivo, que expone el tema sin apriorismos unilaterales. 
Un hallazgo digno de mencionarse es la remisión a Georg Gänswein. 
Nos interesa recalcar de las conclusiones lo siguiente:

“Creo que estas líneas por lo menos nos permiten sentar ciertos puntos de debate como aceptados comúnmente por la doctrina segura:
1. No hay que confundir magisterio ordinario con magisterio no infalible. Existe un Magisterio Ordinario (el MOU) que sí goza de infalibilidad.
2. Es doctrina común que hay posibilidad de error en documentos magisteriales no investidos del carisma de la infalibilidad prometida por NSJC a la Iglesia. Serían los pronunciamientos meramente auténticos.
3. Es doctrina común que un fiel puede llegar a suspender su asentimiento acerca de esa enseñanza o proposición.
4. Dicha suspensión no configura, para la doctrina, un "derecho a la disidencia".
5. Es doctrina común que el Concilio Vaticano II no compromete la infalibilidad de la Iglesia per se.
6. A la fecha no hay pronunciamiento magisterial que dirima las observaciones presentadas por los autores llamados "tradicionalistas".
7. Si dichos postulados no conllevan la obligatoriedad de asentimiento de Fide, quien lo conteste no puede ser tratado de hereje.”


N. de R.: publicamos a continuación el trabajo completo con traducción de las citas en italiano y en francés gracias al amigo Medrugo.



ALGUNAS CUESTIONES ACERCA DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Siglas: RP [Romano Pontífice], PÆ [Pastor Aeternus], LG [Lumen Gentium] NEP [Nota Explicativa Previa], DF [Dei Filius], ME [Mysterium Ecclesiae], ATF [Ad Tuendam Fidei], CIC [Codex Iuris Canonici].

Introducción
Salvo los ángeles, nuestros primeros padres, los Patriarcas y los Profetas, los Apóstoles y los Evangelistas, todos los demás hombres hemos recibido la fe no inmediatamente de Dios [lo que excluye de tratamiento las revelaciones privadas inmediatas] sino de manera mediata. En cuanto nuestra fe es de revelación mediata, exige necesariamente de una proposición y explicación humanas.

El órgano dotado de autoridad infalible para proponer y explicar la Revelación es la Iglesia.

La infalibilidad es una prerrogativa sobrenatural en base a la cual el RP y el Colegio Episcopal por fuerza de una particular asistencia divina no pueden estar en el error al proclamar una doctrina como revelada ya sea por medio de un acto definitivo ya sea cuando enseñan - en el ejercicio cotidiano de la Fe - bajo ciertas circunstancias. Es un carisma basado en una particular asistencia del Espíritu Santo.

El magisterio de la Iglesia tiene así por fin propio y específico la conservación, exposición y transmisión del depósito revelado. Esta afirmación tiene como presupuesto que nuestra fe es una fe mediata no en cuanto al objeto sino en cuanto al sujeto.

La autoridad de la Iglesia es inferior a la autoridad de Dios y de los Apóstoles respecto de nuevas revelaciones, pero con relación a las explicaciones de todo el contenido real del depósito ya revelado, la autoridad de la Iglesia es la misma autoridad divina, es una prolongación auténtica y permanente del magisterio de NSJC y de los Apóstoles.

Cabe con relación al Depósito un progreso de conocimiento por medio de las conclusiones teológicas que adquieren su grado de proposición contenida en el Depósito sólo por la definición como tal por parte de la Iglesia. De allí la importancia del trabajo de los teólogos que especulan sobre el dato revelado ayudados de la recta razón y de los principios de la filosofía perenne.

La Revelación se cerró con la muerte del último apóstol, y por ello la Iglesia no puede completar o perfeccionar el depósito en sí: todo lo definible como dogma de fe está realmente revelado. Lo contrario, es decir la definición de nuevas doctrinas, no sería evolución homogénea del dogma sino transformismo. Se dice que el depósito se perfecciona en cuanto su explicación, más no en cuanto a su substancia.

La infalibilidad dada por Dios a la Iglesia no lo es para nuevas revelaciones, no es para doctrinas no incluidas aunque sea virtualmente en la Revelación, sino sólo y exclusivamente para la conservación íntegra y exposición fiel – que incluye la explicitación, de la Divina Revelación o Depósito recibido de los Apóstoles por medio de la Tradición y de las Escrituras.

Por ello la infalibilidad de la Iglesia no es un concepto absoluto o de extensión indefinida como sí lo es la infalibilidad de Dios: está limitado a la conservación y exposición de la Revelación y de la Fe y su campo no puede extenderse más que a los campos de la Fe y las costumbres.

Cuando la Iglesia define una sentencia infaliblemente como revelada no hay novedad en relación a la doctrina antigua sino simplemente novedad de aplicación de la doctrina antigua y siempre idéntica.

Es a la autoridad de la Iglesia a quien compete el anunciar el Evangelio con autoridad. Es lo que se llama el Munus Docendi, la función de Enseñar, recibida por la participación en el Sacerdocio Profético de Cristo (LG 21 y NEP) cabeza de la Iglesia. Esta función tiene, como ya dije, dos puntos de vista o finalidades: la difusión y la conservación, y es en la conservación donde se manifiesta el modo autoritativo de interpretar el Depósito.

La institución de la Jerarquía en la función magisterial constituye la garantía visible y externa de la comunión en la Fe y de la autenticidad e integridad del único depositum fidei en la Iglesia de todos los tiempos y en todos los lugares.

El deber de los fieles de obedecer al Magisterio se funda en el deber fundamental de permanecer en comunión en la Fe de la Iglesia.

Tipología del Magisterio
Las diversas tipologías corresponden a las elaboraciones del mismo magisterio, salvo algunas que han sido elaboradas por los teólogos. Los principales documentos en esta materia son PÆ, LG y ME.

Se puede hablar del magisterio según el 1) grado de certeza, 2) según el sujeto, 3) según el objeto y 4) según su solemnidad.

1) Según su grado de certeza, se distingue entren doctrinas infaliblemente propuestas y doctrinas que no alcanzan el máximo grado de autoridad, y de allí que se distinga entre magisterio infalible y magisterio auténtico (aunque todo magisterio es auténtico). Por ello la clasificación adecuada es: magisterio infalible y magisterio meramente auténtico [Bernard LUCIEN sostiene que la expresión “magisterio auténtico” surge en el siglo XIX para distinguir de las enseñanzas de la jerarquía en cuanto doctores privados. Esta última afirmación no está totalmente probada]

2) Según el sujeto: Se distingue entre el Magisterio de la Suprema Autoridad (Romano Pontífice y Colegio Episcopal) del Magisterio de los obispos individualmente considerados (o reunidos en concilios particulares o conferencias episcopales). Con relación al Magisterio de la Autoridad Suprema hay que distinguir entre el Magisterio del Romano Pontífice individualmente considerado, el Magisterio del Concilio Ecuménico reunido bajo la autoridad del Romano Pontífice y el Magisterio del Cuerpo de los Obispos dispersos por el mundo bajo la autoridad del Romano Pontífice.

3) Con relación al objeto se puede distinguir entre lo concerniente al mismo depósito de la Fe y lo que es necesario para que ese depósito pueda ser debidamente conservado y expuesto, es decir enunciados que aunque no están contenidos en las verdades de fe son y están íntimamente conexas con él [de allí la distinción entre credenda / tenenda, que veremos más adelante al tratar del MP Ad Tuendam Fidei].

4) Según la solemnidad se puede distinguir entre el magisterio ordinario y magisterio extraordinario. Lo distintivo son las circunstancias, el aparato, las fórmulas y rituales que acompañan al pronunciamiento.

Así, según esta tipología se puede distinguir pues entre:

a) Magisterio ordinario del RP (Magisterio Pontificio mere authenticum)
b) Magisterio extraordinario del RP (la definición ex cathedra) [PÆ, LG 25 y canon 749 § 1 CIC 1983]
c) Magisterio ordinario del Colegio Episcopal disperso por el orbe (al menos con unanimidad moral) [DF 3, Tuas Libenter, [Dz 1683] y LG 25] también llamado Magisterio Ordinario Universal [MOU].
d) Magisterio extraordinario del Colegio Episcopal (Concilio Ecuménico) [DF 3, LG 25].
e) Magisterio Episcopal mere authenticum:[LG 25, ATF, canon 752 § 2 CIC 1983].

Infalibilidad del Magisterio con relación al objeto, el sujeto y el modo
Ahora bien, con relación al grado de certeza tenemos que [b)] y [c)] forman parte del magisterio infalible ex se siempre (Concilio Vaticano I Constitución Dei Filius y Pastor Æternus), mientras que [d)] puede serlo, aunque no todas las veces [Los Concilios suelen tener documentos disciplinares o aún doctrinales que en sí no comportan una definición y no tienen en sí la garantía de la infalibilidad]. Los tipos [a)] y [e)] son los ejercidos de modo habitual y según algunos autores (Bernard LUCIEN por ejemplo) en este supuesto tampoco puede haber error tratándose de puntos ya explicitados en el pasado [opinión libremente discutida con relación a [a)] conflictiva con relación a [e)].

De todos modos, caber recordar que las definiciones infalibles son raras, rarísimas como observaba el Cardenal VAN ROSSUM. Por ello la Iglesia, sabiamente, ha enseñado que mientras que no conste de manera manifiesta, no debe tenerse a una sentencia como infalible [nisi id manifeste contisterit, canon 749 § CIC 1983].

Como ya señalara, los sujetos de la infalibilidad son el RP y el Colegio Episcopal. En el caso del RP, el Concilio Vaticano I es claro al indicar las condiciones bajo las cuales goza de este carisma:

a) Actuar como Pastor y Doctor Supremo de todos los fieles.
b) Proclamando que una determinada doctrina en materia de Fe y Costumbres debe ser aceptada con asentimiento de Fe.
c) Declarándolo con un acto formal claro, inequívoco y solemne. La misma fórmula es la que da la pauta para saber que se está frente a un acto de tal naturaleza.
Cuando se trata del Colegio Episcopal, las condiciones son las siguientes:
a) Deben ejercitar la función magisterial como Doctores y Jueces de la Fe y las Costumbres.
b) Deben declarar la Doctrina Pro Universa Ecclesia.
c) La declaración debe estar referida a la Fe o a las Costumbres
d) Esta declaración debe ser tenida en modo definitivo por la Iglesia

El Colegio Episcopal puede actuar infaliblemente de modo ordinario [la unanimidad moral del Episcopado dispersa por el mundo en comunión con el RP, encontrándose de acuerdo en que tal sentencia debe tenerse como de Fe o definitiva] o de modo extraordinario [reunidos en Concilio Ecuménico]. Pero hay que recordar que esta formalidad no siempre es signo de infalibilidad, ya que la solemnidad no siempre es signo de estar en presencia de una enseñanza definitiva e irreformable.

Al ejercer la Función de Enseñar, el RP y el Colegio Episcopal [sub et cum Petrus] enseña la doctrina transmitida, la preserva de las interpretaciones erróneas, juzga las nuevas doctrinas propuestas y propone nuevas interpretaciones.

Otro aspecto a considerar con relación a la modalidad de ejercicio del Magisterio y del alcance de sus proposiciones o sentencias, es el atinente al objeto y al carácter vinculante de las proposiciones:

1) aquello que debe ser creído con fe divina y católica;
2) aquello de deber ser aceptado y tenido como necesario para explicar y custodiar fielmente el Depósito;
3) aquello que se enseña con relación a la Fe y a las Costumbres pero sin llegar a ser propuesto de manera definitiva

[La gradación surge de los cánones 750/752 que transcribo a continuación]:
Canon 750:
§ 1. Se ha de creer con fe divina y católica todo aquello que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida por tradición, es decir, en el único depósito de la fe encomendado a la Iglesia, y que además es propuesto como revelado por Dios, ya sea por el magisterio solemne de la Iglesia, ya por su magisterio ordinario y universal, que se manifiesta en la común adhesión de los fieles bajo la guía del sagrado magisterio; por tanto, todos están obligados a evitar cualquier doctrina contraria.
§ 2. Asimismo se han de aceptar y retener firmemente todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas de modo definitivo por el magisterio de la Iglesia, a saber, aquellas que son necesarias para custodiar santamente y exponer fielmente el mismo depósito de la fe; se opone por tanto a la doctrina de la Iglesia católica quien rechaza dichas proposiciones que deben retenerse en modo definitivo.

El segundo parágrafo del canon fue establecido por el Motu Proprio Ad Tuendam Fidei, de Juan Pablo II el 18 de mayo de 1998. Se trata de doctrinas definitivas del Magisterio atinentes a la Fe y a las Costumbres, en las cuales el depositum fidei no viene declarado como su elemento formal, sino como necesario para la conservación. Pero estas doctrinas no debe ser “creídas”, como las indicadas en el primer parágrafo, sino “aceptadas y retenidas”. Este distingo trae consecuencias no sólo en el plano de la comunión en la doctrina, sino también en el campo del derecho penal: mientras la negación de las primeras acarrea a tenor del canon 1364 § 1 la excomunión latae sententiae, la negación de las segundas no acarrea penas automáticas, pero impone la necesidad de aplicación de penas adecuadas según el nuevo canon 1371 § 2 CIC 1983 (justa poena puniatur).

Este Motu Propio establece una suerte de “jerarquía de verdades” o gradación indicando que no todas las doctrinas con carácter definitivo implican un mismo modo de adhesión de parte de los fieles. Así lo explica una autoritativa Nota Doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe comentando el Ad Tuendam Fidei [OR 30/VI/1998].

Canon 751:
Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos.
Canon 752:
Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres, aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio; por tanto, los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente con la misma.

Estas verdades, sentencias y doctrinas propuestas auténticamente obligan a un asentimiento religioso [religiosum obsequium]. Son las doctrinas del llamado “magisterio meramente auténtico”.

Sentado está que hay diversas clases de Magisterio y que no todas obligan del mismo modo, aunque en principio y como norma habitual en el ejercicio cotidiano de la Fe siempre hay que adherir a las doctrinas propuestas magisterialmente, incluidas aquellas que no forman parte del depósito.

Veremos ahora si como caso excepcional puede afirmarse que se ha encontrado un error en un pronunciamiento del Magisterio de la Iglesia, sea del RP sea del Colegio Episcopal.

¿Puede haber error en un documento del Magisterio de la Iglesia?
En este punto seguiré las reflexiones de Mons. Georg GANSWEIN, ordinario de Munus Docendi en la Universidad de la Santa Cruz, quien señala que para tratar este tema hay que recurrir al binomio ordinario/extraordinario que «se refiere al grado de solemnidad, y el otro [infalible/no infalible], al grado de obligatoriedad. Como es lógico, la solemnidad puede ser señal de obligatoriedad ―por ejemplo, cuando el Romano Pontífice habla ex cathedra―, pero no lo es necesariamente. Por ejemplo, muchas enseñanzas solemnes de un Concilio Ecuménico pueden no pretender ser definitivas ni por tanto infalibles: así ocurrió en el último Concilio». (Cfr. Disciplina canonica del Munus docendi (Roma, PUSC, 2000), p. 35.)

Uno de los riesgos ―apunta el autor― es el siguiente: «Hay que determinar bien el alcance de las doctrinas no infalibles, evitando confundirlo con el de las definiciones no solemnes, lo que implica excluir el campo ―tan amplio y relevante― de las doctrinas infaliblimente propuestas por el magisterio ordinario universal.» (p. 72).

Esta posibilidad de error en documentos magisteriales fue ampliamente tratada por los autores clásicos, en particular por los moralistas. Quien quiera conocer un amplio espectro de autores puede consultar con provecho el objetivo trabajo de Arnaldo VIDIGAL XAVIER DA SILVEIRA "La Nouvelle Messe de Paul VI: Qu'en penser?" (1975) Chiré, Parte Segunda, caps. IX y X). Las posiciones varían y no todos son contestes en cuanto a la suspensión del asentimiento frente al supuesto error en un pronunciamiento magisterial (los Cardenales BILLOT y FRANZELIN, por ejemplo, no admiten la suspensión de asentimiento, ya que consideran casi imposible que un error pueda deslizarse en un documento magisterial).

 Mons. Ganswein aclara: «Los defensores del derecho a disentir en la Iglesia procuran confirmar la continuidad de sus elaboraciones teológicas al respecto con las doctrinas clásicas de auctores probati de teología fundamental anteriores al Concilio Vaticano II (nota 179), los cuales ―ante la hipótesis excepcional de que un fiel considerase en conciencia que no podía asentir internamente a una enseñanza no infalible del magisterio― afirmaban la legitimidad de una suspensión del asentimiento, es decir: un obsequiosum silentium. No cabe duda alguna de que este tipo de situaciones pueden ocurrir». (p. 71). La nota señalada indica: «179.- Se cita a menudo la respuesta de la Comisión Teológica del Concilio que ―al rechazar la propuesta de introducir en la LG, n.º 25, una alusión explícita al caso de que una persona por graves razones no diese su asentimiento interno a una determinada declaración del magisterio no infalible―, se remitió a lo expuesto por tratados teológicos aprobados (cf. Acta Synodalia Sacrosancti Oecumenici Vaticani Secundi, III/8, Typis Polyglottis Vaticanis, 1976, n.º 159, p. 88).

[Excursus: Cuando habla de los «defensores del derecho a disentir en la Iglesia» se refiere especialmente a quienes contestan el magisterio en materia de moral conyugal, médica y sexual y no a los tradicionalistas].

Visto lo cual, lo que queda por lo menos claro es que sí existe para la mayoría de los autores contemporáneos y antiguos la posibilidad de error en un documento del magisterio no infalible: «No todos los actos magisteriales gozan del carisma de la infalibilidad. En ellos, por tanto, podemos hallar limitaciones y deficiencias. Ante tal realidad, ¿se puede afirmar que existe un derecho del fiel a disentir del magisterio en los aspectos en los que se muestra deficiente?» (p. 71). Añade el autor que «ciertamente es posible que un fiel encuentre en un acto magisterial reformable algún aspecto no del todo verdadero según su juicio privado. Tal juicio presupone una profunda formación que le capacite para formularlo y deberá estar bien fundado en razones graves concernientes a la misma fe.» (p. 73).

Aquí el autor elegido puntualiza la disciplina actual y las orientaciones prácticas ante tal supuesto: «Si se llegase a encontrar en tal situación, ¿cómo deberá proceder el fiel? Después de haber estudiado seriamente la cuestión con todos los medios a su alcance ―incluyendo la consulta de expertos―, el camino tradicionalmente indicado y recordado por la Instrucción Donum Veritatis (n.º 30), es recurrir a la misma autoridad magisterial para someterse a su juicio.» (p. 73).

Aclara, no obstante, que «cuando por desgracia el desacuerdo y la oposición a la autoridad jerárquica se convierte en una bandera pseudoeclesial, la Iglesia debe actuar con firmeza, usando todos los medios ―incluso jurídicos― en defensa de la conservación de la palabra de Dios y del derecho de los fieles a una verdadera paz eclesial, fundada en la libre adhesión común a la única fe de Cristo. Una tal crisis de fe requiere sobre todo una absoluta claridad en la respuesta, que se extienda a las consecuencias de índole disciplinar, que en el fondo son también medios de clarificación práctica en la Iglesia.» (p. 74).
El caso del magisterio conciliar y post-conciliar
Planteados estos extremos sería menester ir a lo concreto: ¿qué documentos son cuestionables o fueron cuestionados? ¿Qué doctrinas se reputan incompatibles con las enseñanzas del magisterio tradicional?

En este punto, con reservas que serían interminables de señalar, se pueden traer a colación los "Liber Accusationis" (1973 y 1985) del Abbé DE NANTES, las Dubia que presentó Mons. LEFEBVRE a la Congregación para la doctrina de la Fe y las observaciones realizadas por el Dr. DÖRMANN en el II Simposio Teológico de "Si Si, No No", por señalar los más relevantes.

A la fecha, que yo sepa, no ha habido pronunciamiento magisterial definitivo que dirima la cuestión. Ello no obsta a que siempre se debe tener un trato filial y respetuoso con la Autoridad y un profundo sentido eclesial. Tampoco obsta que ante la falta de respuestas concretas, quienes comparten la postulación tradicionalista, insistan ante la Autoridad Suprema y en el ámbito teológico y canónico, mantengan vivo el diálogo y el debate (uno no excluye al otro). Vale la pena recordar que tanto las sanciones al Abbé Georges DE NANTES como las sanciones a Mons. Marcel LEFEBVRE y el Motu Proprio "Ecclesia Dei" no dirimen la cuestión doctrinaria. Como mucho, en el último documento se invoca una "imperfecta" y contradictoria" noción de Tradición, lo que no significa bajo ningún punto de vista una condena formal de las proposiciones sostenidas por los tradicionalistas.

Para aquellos que señalan una vertiente verdaderamente herética o cismática en quienes objetan algunos de los pronunciamiento actuales encuentro muy relevante la afirmación de Mons. Brunero GHERARDINI, profesor emérito de Eclesiología, de Misionología y de Ecumenismo en la Universidad de San Juan de Letrán, académico pontificio y consultor de varias Congregaciones romanas: «Creo que ha llegado el momento de repetir de manera abierta y firme lo que ya reiteradamante se declaró en el pasado reciente y lejano sobre la necesidad de liberar al papado de esa especie de papolatría, que ciertamente no contribuye a honrar al papado ni a la Iglesia. No todas las declaraciones papales son infalibles, ni todas están al mismo nivel dogmático. De hecho, la mayor parte de los discursos y documentos papales ―incluso cuando tocan el ámbito doctrinal― contienen enseñanzas comunes, orientaciones pastorales, exhortaciones y consejos que, por su forma y contenido, quedan muy lejos de la definición dogmática. Ni ésta podría darse sin los requisitos establecidos por el Vaticano I.»". (Chiesa Viva nº 354, n. 3, pag. 6). Hay, pues, una "papolatria" (GHERARDINI dixit) que debe ser rechazada en honor al Papado y a la Iglesia.

El caso del Concilio de Florencia. El Decreto “Pro Armenis”
Como caso cierto en la historia de Iglesia de error deslizado en un documento conciliar traigo a colación la cuestión de la esencia del sacramento del Orden y el decreto pro Armenis promulgado en el Concilio Ecuménico de Florencia, caso paradigmático, al entender de los que saben.

En dicho concilio el Papa Eugenio IV y los obispos enseñaron - siguiendo a Santo Tomás de Aquino - que la esencia del sacramento del Orden era la porrección de los instrumentos (cáliz y patena) y no la imposición de las manos. Pero esta sentencia no se armonizaba ni con los primeros mil años de praxis eclesiástica ni con la praxis vigente en aquel momento en la iglesia de Oriente, lo cual generó un amplio debate teológico acerca de los alcances del decreto pro Armenis que se extendió hasta entrado el siglo XX (NB: más de quinientos años de indefinición magisterial! para los que a veces nos desesperamos!).

El cardenal VAN ROSSUM, uno de los grandes teólogos de principio de siglo analizó la cuestión desde una impostación histórico - teológica, llegando a la conclusión que el Concilio de Florencia había errado en su enseñanza, nada más y nada menos que acerca de las condiciones esenciales de validez de un sacramento.

El Padre DE GUIBERT, otro eminente teólogo trató el caso en un documentado trabajo monográfico, señalando en sus conclusiones:

«Otros sostienen la doble tesis de la inmutabilidad absoluta de las condiciones de validez establecidas por Cristo para los sacramentos, y por tanto que solo la imposición de manos constituye la materia [del sacramento del Orden], pero en vez de retorcer el texto de Eugenio IV, reconocen llanamente que contradice su tesis y admiten que se trata de un decreto dogmático que "doctrinam exhibet tum temporis magis in Ecclesia receptam" [que presenta la doctrina generalmente admitida en la Iglesia por aquel tiempo], pero que "valorem documenti ab ordinaria Magisterii auctoritate conditi non excedit" [no tiene más valor que un documento emitido con la autoridad ordinaria del magisterio]. En vista de ello concluyen que, como el texto no es infalible, se puede ―por razones muy graves― impugnar lo que enseña, y consideran que es razón lo bastante grave para ello la necesidad de salvaguardar la doctrina de la inmutabilidad absoluta de la materia esencial de los sacramentos. Es la posición que adoptó el Cardenal Van Rossum en su notable disertación De essentia sacramenti ordinis (1914, pp. 154-187), posición cuya premisa básica se puede discutir pero que no deja de ser perfectamente científica y coherente. 

»Queda sentado, pues, que el Concilio quiso explicar la verdadera doctrina católica sobre los sacramentos y que ―aunque esta doctrina tiene sin duda muchas consecuencias prácticas― la declaración que hizo sobre ello constituye un documento de carácter esencialmente dogmático. Pero no es ―como se ha creído a menudo― una definición: la prueba es que en ninguna parte nanifiesta claramente la intención de definir, y sobre todo que la Iglesia ―como acertadamente señala el cardenal Van Rossum― ha dejado a los teólogos discutir algunas afirmaciones de este documento, e incluso impugnarlas, algo que no habría podido permitir tratándose de una definición. 

»Una de dos: o bien admitimos ―con Arcadius, Lugo, Gutberlet y otros― que la Iglesia puede cambiar dentro de ciertos límites las condiciones de validez de un sacramento, y concluimos que el Concilo expresó una doctrina exacta sobre la materia del Orden en la Iglesia latina y la Iglesia armenia ―a las que iba dirigido el documento―, o bien convenimos con Suárez en negar a la Iglesia semejante poder, ya que afectaría a la sustancia de los sacramentos, y concluimos ―como el cardenal Van Rossum― que el Concilio expresó una doctrina corriente en su tiempo pero errónea. En ambos casos, la conclusión no podría ser más interesante: en el primero, tendríamos una manifestación ―la más clara tal vez― del poder de la Iglesia sobre los sacramentos, potestad cuya discusión constituye la cuestión dominante en la parte positiva de la teología sacramental; en el segundo, tendríamos un ejemplo ―no menos claro y tal vez único― de un error en una declaración dogmática doctrinal de un Concilio Ecuménico. A priori la cosa es posible, ya que no se trata de una definición, y no sería menos interesante como caso concreto a examinar en el estudio del magisterio eclesiástico y de su funcionamiento». (P. Joseph DE GUIBERT, S.J., «El decreto del Concilio de Florencia para los armenios: su valor dogmático» en Bulletin de littérature ecclésiastique, 1919, pp. 81-95, 150-162 y 195-215.)

Finalmente el Papa PÍO XII zanjó la cuestión en la Const. Apostólica Sacramentum Ordinis DEFINIENDO que la materia esencial del orden era la imposición de manos. Nada dice la mencionada constitución acerca del Concilio de Florencia y la cuestión magisterial. Define ex nunc, sin pronunciarse sobre las cuestiones del pasado, dando la sensación de que el Papa Pío XII no deseaba entrar a zanjar la cuestión hoy en el tapete.

Conclusiones

Creo que estas líneas por lo menos nos permiten sentar ciertos puntos de debate como aceptados comúnmente por la doctrina segura:

1. No hay que confundir magisterio ordinario con magisterio no infalible. Existe un Magisterio Ordinario (el MOU) que sí goza de infalibilidad.

2. Es doctrina común que hay posibilidad de error en documentos magisteriales no investidos del carisma de la infalibilidad prometida por NSJC a la Iglesia. Serían los pronunciamientos meramente auténticos.

3. Es doctrina común que un fiel puede llegar a suspender su asentimiento acerca de esa enseñanza o proposición.

4. Dicha suspensión no configura, para la doctrina, un "derecho a la disidencia".

5. Es doctrina común que el Concilio Vaticano II no compromete la infalibilidad de la Iglesia per se

6. A la fecha no hay pronunciamiento magisterial que dirima las observaciones presentadas por los autores llamados "tradicionalistas".

7. Si dichos postulados no conllevan la obligatoriedad de asentimiento de Fide, quien lo conteste no puede ser tratado de hereje.