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viernes, 21 de febrero de 2014

Gilad Atzmon: la religión del holocausto


Gilad Atzmon es un saxofonista de jazz, activista político, escritor y novelista nacido en Israel, de nacionalidad británica. En 1994 emigró al Reino Unido para realizar en la Universidad de Essex, una maestría en Filosofia y adquirió la nacionalidad britanica en 2002. Es un gran crítico del gobierno de Israel, lo cual manifiesta en sus escritos contra el sionismo, el judaísmo y la ocupación del territorio palestino. Ofrecemos hoy nuestra traducción de parte del capítulo 18 (pp. 203 y ss.) de su libro The Wandering Who? A Study of Jewish Identity Politics (Ed. Zero Books. Winchester, UK; Washington, USA, 2011) sobre la “religión del holocausto”. Un texto muy interesante.


Yeshayahu Leibowitz, el filósofo que fue un judío
ortodoxo y observante, me dijo una vez:
 “La religión judía murió hace dos cientos años.
Ahora no hay nada que unifique a los judíos
del mundo que no sea el holocausto”
Remember What? Remember How? Uri Avnery
19.3.05 (90)

El profesor Yeshayahu Leibowitz, de la Universidad Hebrea, un filósofo nacido en Letonia, fue probablemente el primero en sugerir que el holocausto se había convertido en la nueva religión judía. El filósofo israelita Adi Ophir ha señalado(91) también que, lejos de ser simplemente un relato histórico, “el holocausto” contiene numerosos elementos religiosos fundamentales. Tiene sus sacerdotes (por ejemplo Simon Wiesenthal, Elie Wiesel, Deborah Lipstadt) y profetas (Shimon Peres, Benjamín Netanyahu, que son los que advierten contra un judeocidio iraní por venir). Tiene mandamientos y dogmas (por ejemplo “nunca más”) y rituales (días del recuerdo, peregrinaciones a Auschwitz, etc.). Posee un orden simbólico-esotérico establecido (por ejemplo, los kapos, las cámaras de gas, chimeneas, cenizas, zapatos, los campos de prisioneros, la figura del Musselmann(91bis), etc.). También tiene un templo, Yad Vashem, y santuarios (los museos del holocausto) en las capitales del mundo. La religión del holocausto también está sostenida por una red global de recursos financieros, lo que Norman Finkelstein llama “la industria del holocausto”, e instituciones como el Holocaust Education Trust. Esta nueva religión posee suficiente coherencia como para definir a sus “anticristos” (negadores del holocausto) y tiene suficiente poder como perseguirlos (a través de las leyes que prohíben la negación del holocausto y los discursos de odio).
Me tomó muchos años comprender que el holocausto, la creencia central de la fe judía contemporánea, no era un relato histórico, porque las narraciones históricas no tienen necesidad de la protección de la ley y de los políticos. En cierto instante del tiempo, un capítulo horrendo de la historia de la humanidad recibió un estatuto excepcional, meta-histórico. Su “facticidad” ha sido sellada por leyes draconianas y sus razonamientos asegurados por instituciones sociales y políticas.
La religión del holocausto es judeo-céntrica hasta el tuétano. Define la raison d’être judía. Para los judíos sionistas, significa su cansancio total de la diáspora y considerar al goy como un asesino potencial e irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Podría ser la más siniestra religión conocida por el hombre, porque en nombre del sufrimiento judío, otorga licencia para matar, arrasar, aniquilar, emprender ataques nucleares, saquear, realizar limpiezas étnicas. Ha hecho de la venganza un valor occidental aceptable. Los críticos de la noción de “religión del holocausto” han sugerido que, si bien la veneración del holocausto tiene muchas características de una religión organizada, no ha establecido una divinidad exterior para adorar. No podría estar menos de acuerdo: la religión del holocausto encarna la esencia de la visión demo-liberal del mundo. Ofrece una nueva forma de culto, haciendo del amor de sí mismo una creencia dogmática, en la cual el fiel observante se adora a sí mismo. En la nueva religión, en vez del viejo “Yahvé”, “el judío” es el sujeto a quien los judíos adoran: un valiente e ingenioso sobreviviente del genocidio supremo, que emergió de las cenizas y dio un paso adelante para un nuevo comienzo.
En cierta medida, la religión del holocausto es la señal última del abandono del monoteísmo por parte de los judíos, porque cada judío o judía es potencialmente un dios o una diosa. Abe Foxman es el dios de la anti-difamación, Alan Greenspan es el dios de la “buena economía”, Milton Friedman es el dios del “libre mercado”, Lord Goldsmith el dios del “fuego verde”, Lord Levy el dios de la recaudación de fondos, Paul Wolfowitz el dios del “intervencionismo moral” norteamericano. La AIPAC (el American–Israel Public Affairs Committee) es el Olimpo americano donde los mortales, elegidos en los Estados Unidos, van a pedir misericordia, perdón por ser Goyim y un poquito de dinero. La religión del holocausto es el momento concluyente, final, de la dialéctica judía; es el fin de la historia judía, porque ella es la más profunda y la más sincera forma de “amor a sí mismos”. Más que llamar a un Dios abstracto para designar a los judíos como el pueblo elegido, en la religión del holocausto los judíos eliminan a este mediador divino y simplemente se eligen a ellos mismos. La política de identidad judía trasciende la noción de historia: Dios es el maestro de ceremonias. El nuevo dios judío, esto es “el judío”, no puede ser sometido a la ocurrencia de ninguna contingencia humana. Así, la religión del holocausto está protegida por las leyes, mientras que todas demás narrativas históricas se debaten abiertamente por parte de los historiadores, los intelectuales y la gente ordinaria. El holocausto se establece como una verdad eterna que trasciende el discurso crítico.
Apenas unos pocos intelectuales judíos en Israel, y en el extranjero, aceptan la observación de Leibowitz. Entre ellos, encontramos a Marc Ellis, un prominente teólogo judío, con una mirada reveladora sobre la dialéctica de la nueva religión: “La teología del holocausto”, dice Ellis, “produce tres temas que existen en una tensión dialéctica: sufrimiento y empoderamiento, inocencia y redención, singularidad y normalización”(92). Si bien la religión del holocausto no ha reemplazado al judaísmo, le ha dado a la “judeidad” un nuevo significado. Proporciona una narrativa judía moderna, situando al sujeto judío dentro de un proyecto judío. El “sufriente” y el “inocente” marchan hacia la “redención” y el “empoderamiento”. Dios está fuera de este juego, ha sido expulsado, habiendo fallado en su misión histórica. Después de todo, no estuvo ahí para salvar a los judíos. En la nueva religión “el judío”, como nuevo dios judío, se redime a sí mismo. Los judíos adeptos a la religión del holocausto idealizan la condición de su existencia. Luego erigen una estructura para una futura lucha por el reconocimiento. Las siguientes tres “'iglesias” de la religión del holocausto asignan a los judíos un importante papel, con algunas implicancias globales: para los seguidores sionistas de la nueva religión, las implicaciones parecen relativamente duraderas. Ellos están ahí para arrastrar fatigosamente a la totalidad de los judíos del mundo hacia Sión, a expensas de un pueblo palestino indigente.
Para los marxistas judíos, el proyecto es ligeramente más complicado. Para ellos, la redención implica la construcción de un nuevo orden mundial, a saber, un paraíso socialista, un mundo dominado por políticos dogmáticos de la clase trabajadora, en el que judíos pasan a ser no más que una minoría entre muchas.
Para los judíos humanistas, los judíos deberían situarse en la vanguardia de la lucha contra el racismo, la opresión y el mal en general. (Aunque esto último suena prometedor, de hecho es problemático. En nuestro actual orden mundial, Israel y los EE.UU., están entre los principales opresores. Esperar que los judíos estén en la vanguardia de la lucha humanista los ubica en una pelea contra sus hermanos y la superpotencia que los apoya).
Como podemos ver, el holocausto funciona como una interfaz ideológica. Ofrece a sus seguidores un logos. En el nivel de lo consciente, sugiere una visión puramente analítica del pasado y del presente; sin embargo, no se detiene allí: también define la lucha por venir, la visión de un futuro judío. No obstante, como consecuencia de ello, se llena el inconsciente del sujeto judío con la mayor ansiedad: la destrucción del yo.
Huelga decir que un cuerpo de ideas que estimula la conciencia (ideología) y dirige el inconsciente (espíritu) es una muy buena receta para una religión exitosa. Esta unión estructural de la ideología y el espíritu es fundamental para la tradición judaica. El vínculo entre la claridad jurídica de la Halajá (ley religiosa, es decir, la ideología) y la naturaleza misteriosa de Jehová, así como las enseñanzas de la Cábala (es decir, el espíritu) hace del judaísmo una totalidad, un universo en sí mismo. El bolchevismo -movimiento de masas, más que teoría política- se basa en la misma estructura, en este caso, la lucidez de un materialismo pseudo-científico junto con el temor al apetito capitalista. La ideología neoconservadora también está en conformidad con la misma estructura fundamental, bloqueando al sujeto en un abismo entre la supuesta lucidez forense de las “armas de destrucción masiva” y el miedo inexpresable al “terror por venir”.
Este vínculo entre el consciente y el inconsciente trae a la mente la noción lacaniana de lo "real", o lo que no puede ser simbolizado (es decir, expresado en palabras). Lo real es lo inexpresable, es inaccesible. En palabras de Zizek, “lo real es imposible”, "lo real es el trauma". Sin embargo, este trauma da forma al orden simbólico y constituye nuestra realidad. La religión del holocausto encuadra muy bien en el modelo lacaniano. Su núcleo espiritual está arraigado profundamente en el dominio de lo inexpresable. Su predicación nos enseña a ver una amenaza en todo. Sin embargo, la narrativa principal -el trauma- es sagrada. Está protegida, es intocable, muy parecida al sueño. Usted puede recordar su sueño pero no puede cambiarlo. Curiosamente, la religión del Holocausto se extiende mucho más allá del discurso intra-judío. De hecho, funciona como una misión, y no sólo porque sus templos se construyen a lo largo y ancho del mundo, sino porque el holocausto se considera como un posible pretexto para bombardear con armas nucleares a Irán. Los líderes israelíes y los grupos de presión judíos de todo el mundo, parecen interpretar el proyecto de energía nuclear de Irán como un judeocidio en marcha. Claramente, la religión del holocausto sirve tanto a la derecha como a la izquierda dentro del discurso político judío, pero también hace un llamamiento a los goyim y, sobre todo, a los que instigan y avalan los asesinatos en nombre de la “libertad”, la “democracia” y “intervencionismo moral”.
Hasta cierto punto, todos estamos sometidos a esta religión: algunos de nosotros, como creyentes; otros, sólo están sometidos a su poder. Aquellos que tratan de revisar la historia del holocausto son sujetos de abusos de parte del alto clero de esta religión. La religión del holocausto constituye lo “real” de Occidente. No se nos permite tocarlo, ni estamos autorizados a mirar dentro. De modo muy semejante al de los antiguos israelitas, que debían obedecer a su Dios pero nunca cuestionarlo, estamos marchando hacia el vacío.
Los académicos que estudian el holocausto como una religión (en términos de teología, ideología e historicidad) se dedican principalmente a las formulaciones estructurales: sus significados, la retórica y la interpretación histórica. Algunos buscan la dialéctica teológica (Marc Ellis), otros a formulan los mandamientos (Adi Ofir); algunos indagan sobre su evolución histórica, otros exponen su infraestructura financiera (Norman Finkelstein).
La mayoría está comprometida con una lista de hechos que sucedieron entre 1933 y 1945; sin embargo ninguno de los estudiosos de la religión del holocausto han empleado algún esfuerzo en el estudio del papel del holocausto en el largo plazo del continuum judío. De aquí en adelante voy a sostener que la religión del holocausto estaba bien establecida desde mucho tiempo antes de la solución final (1942), mucho antes de la Kristallnacht (1938), las leyes de Nuremberg (1936) e incluso antes del nacimiento de Hitler (1889). La religión del holocausto es probablemente tan antigua como los judíos mismos.


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90. http://www.gushshalom.org/archives/article348.html
91. http://www.tikkun.org/article.php/20090617074540771
91. bis. N. de T.: término del argot de los campos de concentración que designa al prisionero que deja de luchar por su vida.
92. 30. Ellis, Marc H., Beyond Innocence and Redemption: Confronting The Holocaust and Israeli Power : Creating a Moral Future for the Jewish People , San Francisco, Harper & Row, 1990, p. ???

miércoles, 19 de febrero de 2014

Billuart : los judíos y la Trinidad

Como es sabido, los judíos no aceptan el dogma de la Santísima Trinidad. Hay que agradecer que en estos tiempos de ecumanía interrreligiosa y veleidades judaizantes, al menos algunos rabinos se expresen con claridad:  “...sobre la doctrina de Dios, un abismo separa irremediablemente al judaísmo del cristianismo”. “...Si el Dios que adoran los judíos y los cristianos (y se puede agregar a los musulmanes) es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, difícilmente podría ser de otra forma para creyentes que extraen su inspiración común de la Biblia. Si el Antiguo y el Nuevo Testamento veneran a Él, al Creador del universo y al Padre de todos los hombres, bien diferente, sin embargo, es el monoteísmo de los judíos (y de los musulmanes) al de los cristianos.” “La oposición entre la fe de Israel y la creencia de los cristianos aparece irreductible y sería en vano tratar de reducirla. Se pueden estimar puntos comunes de las doctrinas y de los principios semejantes de su moral, donde los judíos y cristianos se acercan a veces hasta llegar a ser idénticos. No se podría borrar, al contrario, ni siquiera animado por el espíritu más liberal, la diferencia capital entre el monoteísmo profesado por la sinagoga y el de la Iglesia. Esta diferencia permanece íntegra, aún cuando los fieles de las dos religiones invocan al mismo Dios, su Padre común, a menudo en los mismo términos, principalmente en los salmos.” “...el dogma trinitario agrava la oposición entre las creencias judías y cristianas divergiéndolas con otro misterio, el de la Encarnación.” “Tal concepción teológica es la negación de los principios fundamentales del judaísmo.”
Ofrecemos hoy la traducción de un fragmento del tomista Billuart. Esperamos contribuya al cese o la reducción de los contubernios judeo-cristianos y de otras prácticas rabinizantes.
“Aunque lo que hasta aquí hemos escrito ha sido tomado del Antiguo Testamento y vale también contra los judíos que lo aceptan, sin embargo, puesto que dicen que interpretamos mal las Escrituras, a fin de cortar esta objeción, argumento contra ellos de la siguiente manera:
Los judíos están obligados a reconocer que interpretamos correcta y legítimamente las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento si los rabinos anteriores al cristianismo lo interpretaron como nosotros. Pero esto es lo que sucede. Ergo.
La Mayor parecería que la deberían aceptar necesariamente: así como ellos no quieren aceptar a los nuestros como parte así tampoco nosotros a ellos; elíjanse pues jueces imparciales como son los doctores de entre su pueblo y religión que han interpretado las Escrituras antes que los cristianos.
Y si estos contradicen su fe ¿A quién van a citar? ¿A las Escrituras? Pero esto no es posible porque precisamente estamos discutiendo con ellos sobre su sentido. Además si los doctores más antiguos y principales de la ley Mosaica erraron en este principal misterio de la religión, entonces le hubiera sobrevenido tanto la sinagoga como al pueblo judío un peligro patentísimo de error contra la fe, lo cual parece del todo ajeno a la providencia y benevolencia que Dios tuvo para con este infeliz pueblo.
La menor la pruebo por el P. Galatino en su obra: “de Arcanis catholicae veritatis lib. 2 cap. 1.
1º Rabí Simeón, hijo de Joahi, en el libro llamado Zohac, comentando las palabras delDeut. cap. VI: “Oye Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Dios” o como dice el texto hebreo: “el Dios, Dios nuestro, es el único Dios”, dice: “Rabí Ibba dice: “Escucha Israel: Dios, que es el principio de todas las cosas, el antiguo entre los antiguos, el origen y la perfección de todas las cosas, es llamado Padre; nuestro Dios es la profundidad de los ríos y la fuente del conocimiento, que procede del Padre, y es llamado Hijo; este Dios es espíritu Santo que procede de los dos y es llamado la medida de la voz. Es uno, y uno con otro concluye y reúne; y ni uno puede dividirse del otro; y por eso dice: “Congrega Israel, este Padre e Hijo y Espíritu Santo, y haz de ella una esencia, una sustancia, puesto que lo que se encuentra en uno, está en el otro, todo estuvo y todo está y todo estará”. El mismo rabí Simeón dice en el mismo lugar: “Este arcano del Hijo no se revelará a todos hasta que venga el Mesías: puesto que entonces, como dice Isaías, la tierra estará repleta del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar”.
No hay palabras más claras y expresivas con las cuales los doctores Católicos puedan argumentar para probar la verdad de nuestra religión. Dice que este misterio recién será revelado a todos cuando venga el Mesías, y esto a causa de la propensión de los judíos a la idolatría, los cuales, al concebir tres personas en una esencia, podían tomarlos y adorarlos por tres dioses.
 El mismo rabí Simeón interpreta estas palabras de Isaías 6: “Santo, Santo, Santo es el Señor de los Ejércitos”, así: “Santo aquí es el Padre, Santo aquí es el Hijo, Santo aquí es el Espíritu Santo”.
3º Rabí Jonathas, hijo de Usielis, en la paráfrasis caldaica interpreta el mismo texto desta manera: “Santo el Padre, santo el Hijo, santo el Espíritu Santo”.
 El mismo Jonathas lee en caldeo estas palabras del Salmo 109: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra” así: “Dijo el Señor a su Verbo”.
Es cierto que no se lee así en la paráfrasis caldea de Jonathas, puesto que los judíos más recientes corrompieron el texto; pero Galatinus dice que lo leyó así en un viejísimo ejemplar por la cual tempestad fueron expulsados todos los judíos del reino de Nápoles por orden del rey católico. Lo mismo afirma Lyranus antes de su conversión del judaísmo, y muy versado en los libros de los judíos, al comentar las palabras del Salmo 109. Y finalmente en otro libro de los judíos llamado “Colección de sentencias”, se dice que el Targum, es decir la traducción caldea de Jonathas ben Usielis, traduce así: “Dijo Dios a su Verbo: sede a mi diestra”.
 El mismo Cristo al querer probar su divinidad a los judíos por medio del Salmo 109: “dijo el Señor, etc”, le dijo a los judíos:
Mt XXII: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es Hijo? Le dijeron: De David. Y Él les dijo: ¿Cómo, entonces David inspirado por el Espíritu, lo llama “Señor” cuando dice: “Dijo el señor a mi Señor: siéntate a mi diestra”?, si pues David lo llama “Señor”, ¿cómo es su hijo?” Y nadie, añade el Evangelista, pudo responderle nada.”
Ante el silencio de los Fariseos queda manifiestamente claro que en aquel entonces era una constante e indubitable opinión entre los judíos, que ese Salmo estaba compuesto por David, y que esas palabras fueron dichas sobre el Mesías o Cristo. Lo cual supone Pedro en Hech. 2, para probar por las mismas palabras la divinidad de Cristo, sin que ningún judío lo contradiga, aunque hoy en día nieguen ambas cosas. Así pues, supuesto esto, los judíos están obligados a reconocer que hay en Dios diversidad de personas, de forma tal que una está asociada a otra y sentada a la diestra de la otra”. (Billuart O.PTractatus de Trinitate, Proemio, art. II. )

Fuente:

lunes, 17 de febrero de 2014

Winfrid Due: sobre el deicidio

En 2011 dejé un comentario con preguntas en el blog Ex Orbe referido al deicidio que D. Winfrid tuvo la amabilidad de responder. Para formular mis dudas me apoyé en una semejanza del deicidio con el pecado original. Para que se entiendan mejor de mis preguntas y las respuestas de D. Winfrid, he reelaborado aquel comentario, explicitando algunos conceptos previos:
(1) Pecado originante. Es el cometido por nuestros primeros padres en el origen del género humano, como se narra en la S. Escritura (Gen. caps. 2-3).
(2) Pecado originado. Es la transmisión del pecado de Adán toda su descendencia, inherente a cada hombre desde su concepción. Los teólogos, comentando este texto propusieron diversas opiniones sobre la esencia del pecado transmitido: un pacto hecho por Dios con Adán en calidad de cabeza moral del género humano, para que él pudiese transmitir tos dones sobrenaturales a sus descendientes, o perderlos para sí y para ellos; o también una transferencia de la voluntad de los descendientes a Adán en el acto del pecado, etc. La mejor explicación es la que da Sto. Tomás e ilustra Billot: a) Adán es cabeza y fuente, no moral sino ontológica del género humano: en él se hallaba toda nuestra naturaleza; b) la justicia original era en él como una perfección accidental de la especie humana, que ligaba ésta con Dios; c) Adán rompió voluntariamente este vinculo y despojó de aquella perfección accidental a la naturaleza contenida en él; d) la naturaleza destituida de esta forma, es decir, con el reato de culpa y con la mancha, pasa a la posteridad, que se encuentra por ello en un estado de pecado voluntario, no, por su voluntad, sino por la del acto pecaminoso puesto por Adán; e) el pecado de los descendientes consiste en la privaci6n de la gracia formalmente, y materialmente en la privaci6n de la integridad y, por lo tanto, en la concupiscencia; f) con el Bautismo se guita la mancha por la infusión de la gracia (elemento formal), pero la concupiscencia (elemento material) subsiste. El pecado original se propaga con la generación carnal.
(3) Efectos del pecado original. Consecuencias del pecado original en nuestros primeros padres: a) privación de los dones sobrenaturales (gracia y virtudes infusas) y preternaturales (integridad); b) estado de pecado con su reato y su mancha; c) débito de pena eterna; d) vulneración de la naturaleza, por la cual las pasiones se levantan contra la razón, impiden el libre ejercicio de la voluntad y dificultan la práctica del bien.

Las respuestas de D. Winfrid me han parecido más claras y matizadas que las del libro de David Núñez que más tarde encontré en internet.  

- Consulta de Martin Ellingham.
Sobre el pecado originado (2): ¿se propaga? ¿cómo se propaga? Porque los criterios de “judeidad” son variables.
Efectos del pecado (3): ¿qué efectos tiene? ¿afecta la potencia obediencial? ¿es una cuasi-reprobación en vida de los afectados?
Si puede dar una respuesta breve y esquemática estaré muy agradecido.
- Respuesta de Winfried Due.
M. Ellingham, yo diría que: Lo dicho al respecto en Nostra Aetate. ya es suficiente, y lo que parece decir el libro de J.Ratzinger depende o es consecuencia de lo dicho en la N.A. Ese pecado (tu dices 'originado') se mantiene, permanece y afecta a todo el corpus iudaicum post eventum - por decirlo de alguna manera - en cuanto que el judaísmo actual no se desdice de la condena a Cristo; entiendo, además, que no puede en cuanto que no tiene una 'capitalidad' reconocida, es decir, que no tienen ni Rey ni Sumo Sacerdote ni Sanedrín, puesto que la Sinagoga es, de hecho, una multiplicidad de sinagogas, e incluso de confesiones muy distintas dentro del propio judaísmo, en muchos casos con apenas un mínimun común identificativo (credo, prácticas religiosas, moral). El pecado desaparecería en cuanto se hiciese un acto (formal, puesto que la condena de Cristo fue un acto no sólo moral sino formal) de des-vinculación respecto a aquella condena. Han habido raras actuaciones: El estupendo ensayo de Josef Blinzler 'Der Prozess Jesu' comienza dando noticia de algunas iniciativas en ese sentido, entre ellas una petición formal hecha por un magistrado holandés en 1949 al ministro de justicia del recien constituído Estado de Israel (petición no resuelta, por cierto). De todas formas, pienso que subsistiría una insuficiencia real de legitimidad, en cuanto faltan actualmente las instituciones que pudieran justamente reconocerse como sucesoras de hecho y de derecho de aquellas antiguas instituciones judáicas que intervinieron en la condena del señor: Sacerdocio, Sumo Sacerdote y Sanedrín.
Por otra parte, ¿qué valor tendría una renuncia moral-personal-individual a la condena de Cristo hecha por un judío actualmente? Un valor absoluto, personal, que supondría un cierto praeambula fidei en cuanto conectaría de alguna manera con una parte real del Credo cristiano; aunque adoleciera de la necesaria confesión de Cristo Hijo de Dios encarnado y redentor, sería un paso que: 1º se separaría implícita y explícitamente de la voluntad condenatoria; 2º supondría una sincera aproximación a Jesucristo.
Para terminar: Entiendo (y vuelvo a usar el adversativo: a pesar de todo) que el asunto depende de la Providencia y de sus tiempos y momentos de gracia, que desconocemos, estando ensartado en esa serie de circunstancias que la Iglesia ha entendido que se relacionan con el fin de los tiempos y la Parusía. En este sentido, no se puede entender como un caso resoluble humanamente, sino dependiente del Señor. A no ser que la Iglesia ejerciera el poder de las llaves, de atar y desatar, sobre ese caso concreto. Pero volveríase al problema formal: ¿Sobre quién o quienes aplicaría la Iglesia la absolución? ¿Sobre aquellos, que no se arrepintieron? ¿Sobre el actual Israel? Para la absolución sería necesario un arrepentimiento que ¿existiría/podría existir? ¿cómo se haría aplicable esa absolución, con qué o cuáles fórmulas y/o requisitos? Por todo eso insisto en la posibilidad personal y dudo quasi-absolutamente de la institucional.
# el pecado originado persiste (yo no diría 'se propaga') en tanto en cuanto uno se reconozca/sea reconocido como parte de aquel Pueblo Judío (una identidad que sería, sobre todo y principalmente, de índole religiosa) considerado sin solución de continuidad. 

# los efectos serían una afectación según esa 'culpabilidad corportiva', si no se renunciase a ella, como he dicho, con un grado de imputación distinto y menor que el imputable a los protagonistas históricos de la condena, siendo ahora como una especie de pecado de 'intención', con cierta relación con el sacrilegio o la blasfemia, aunque convendría quizá definirlo como un pecado de contumacia, de obcecación en el pecado de sus mayores, un concepto que aparece reiteradamente (con otros significados) en la Sagrada Escritura 
# pero no entiendo que afecte a la capacidad de recepción de la gracia por:
- la necesidad absoluta de la misma gracia en orden a la salvación; la relativa imputabilidad material post eventum, que ahora sólo sería virtual (a no ser que se re-formalizase con algún acto al estilo de como se realiza una apostasía real y formal).
- el hecho constatado en el Nuevo Testamento de la conversión de muchos (sacerdotes, levitas y pueblo) luego de la Muerte y Resurreción del Señor, lo que demuestra un estadio de apertura a la gracia que se correspondería con la permanencia de las gracias patriarcales y el llamamiento a la salvación que toca por primogenitura a Israel, y por ende también a todos sus descendientes.
Como ves, no expongo esquemáticamente, soy prolijo; pero el tema, entiendo yo, está cargado de particulares necesariamente matizables.

viernes, 14 de febrero de 2014

Straubinger: el problema judío


De acuerdo con una noticia aparecida en Newsweek en su versión española, 02-10-2013, Israel ya tendría listos los sacerdotes levitas para realizar los sacrificios veterotestamentarios, hasta hoy perimidos por la destrucción del templo. Ofrecemos como complemento a esta noticia un artículo de Mons. Juan Straubinger que hemos subido a nuestro estante de scribd. Dice el autor: 
“Según las Escrituras, los judíos son un pueblo extraordinario, al que Dios mantiene para cumplir sus promesas. Si hoy reclaman el país de sus antepasados y lo ocupan poco a poco, obedecen, sin darse cuenta, a la voz de Dios, que los congrega de nuevo en aquel pequeño territorio, para obrar en ellos el misterio predicho por San Pablo y los profetas del Antiguo Testamento. Nada sabemos sobre el modo de su realización, pero estamos seguros de que será la obra más estupenda entre la primera y la segunda venida de Cristo, y probablemente el acto preliminar de esta última.”
Agradecemos al amigo de nuestra bitácora que nos ha enviado el artículo del reconocido biblista.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

A san Vicente Ferrer no le darían el doctorado


Transcribimos un texto del historiador dominico Vicente Beltrán de Heredia sobre la costumbre medieval de predicar en las sinagogas y realizar controversias con los rabinos en tiempos de San Vicente Ferrer, un santo que es acusado de judeofobia, y que si viviera, hoy, difícilmente recibiría un doctorado honoris causa de la UCA o de la UCAM.

 La llamada del Santo predicador [Vicente Ferrer] por el papa Luna obedecía a la urgencia en proveer de sucesor al rey aragonés don Martín. En aquel mismo año de 1412 con el voto decisivo de San Vicente fue nombrado don Fernando de Antequera. Tanto él como Luna eran partidarios resueltos de activar por todos los medios lícitos la conversión de los judíos. El dominico en sus correrías de aquel año y del siguiente por Aragón, incluso cuando se dirigía a Caspe para asistir a la famosa reunión, del Compromiso, predicaba en las sinagogas del tránsito con abundante fruto. Las últimas investigaciones señalan su paso por Zaragoza, Teruel, Ainsa, Maella, Alcorisa, Castellote, Alcañiz, etc.
Pero esta labor era demasiado lenta, y todos tenían prisa en activarla.
Para ello Benedicto XIII, sin duda de acuerdo con el rey, decidió convocar a los rabinos de Aragón a un congreso de conferencias que se celebraría en Tortosa, donde unos y otros, los maestros cristianos y los judíos, habían de discutir sobre sus diferencias religiosas.
El Santo tomó parte activa en ellas. Entonces él mismo colaboró en la composición de un tratado Adversus judaeos, el cual versa acerca de la venida del Mesías y de la divinidad de Jesucristo, que solía ser el tema de sus sermones en las sinagogas.
Acudieron a las conferencias catorce rabinos de los más doctos de Aragón e infinidad de representantes de las aljamas. El fuerte de la discusión por parte de los cristianos recayó en Jerónimo de Santa Fe, un rabino convertido por el dominico valenciano, el cual, por tener profundos conocimientos del Talmud, era el más indicado para disipar los errores contenidos en él. Su elocuencia y la fuerza de sus razonamientos sorprendió a los rabinos allí presentes, quienes al cabo de varios meses de discusión empezaron a vacilar. Lo reconoce también el citado Amador de los Ríos cuando escribe: «Los más sabios maestros de la ley mosaica, llamados a Tortosa por el anhelo de salir a su defensa, sentían nacer y crecer la duda en sus corazones a medida que arreciaba el combate. El inspirado acento del converso disipaba al fin las tinieblas del espíritu, y creyeron en la venida del Mesías verdadero y adoraron al cabo como cristianos al Hijo del Hombre». Solo dos de los rabinos presentes permanecieron obstinados.
Las conversiones en algunas aljamas fueron numerosas. Se calcula que entre Aragón y Castilla hubo por estos años unas 200.000 Humillado así el orgullo judaico, que en los años de su prosperidad hallaba en ella pretexto para perseverar en sus errores, diciendo que la profecía de Jacob, «Non auferetur sceptrum de Juda», se verifica en España, donde ellos tenían el cetro del dominio y del gobierno, se creyó conveniente extender a Aragón las normas restrictivas adoptadas en Castilla.
Por su parte el papa Luna publicó en 1415 la bula Etsi doctoribus, en que, como medida profiláctica para alejar a los judíos del trato con los cristianos, refrena aun más la osadía de los israelitas en la propaganda de sus doctrinas, en el ejercicio de sus profesiones, en la ostentación de su culto, en la práctica de la usura, mandando que tres veces al año se les predique en sus sinagogas sobre la venida del Mesías, el cumplimiento de las profecías y la concordancia del Antiguo con el Nuevo Testamento.
Toda esta política, ordenada a reprimir la demasiada libertad y los excesos que a la sombra de ella habían cometido los judíos de España durante el siglo XIV, y a impedir su proselitismo entre los conversos, fue entonces y sigue siendo hoy duramente censurada por los maestros de la secta. Sus recriminaciones recaen en primer lugar sobre el pontífice Luna, el rey don Fernando de Antequera y la reina doña Catalina de Lancaster, y alcanzan también a los conversos Jerónimo de Santa Fe y Pablo de Santa María, y por supuesto, a nuestro Santo, como causantes principales de su ruina. En realidad casi todas esas medidas estaban ya acordadas en concilios anteriores, particularmente en el provincial de Zamora de 1313 y en las Cortes de Castilla “si bien por la gran influencia judía sobre nuestros monarcas no se cumplieron.”
Tampoco ahora tuvieron gran eficacia. Porque depuesto poco después el Papa Luna, sus mandatos perdieron toda fuerza. Y en cuanto al Ordenamiento de la reina Catalina, un testigo presidencial, Alonso de Espina, que escribía en 1460, dice que tampoco se guardaba, porque los judíos compraron con dones su libertad.
Pero interesa de modo particular defender a nuestro Santo del cargo de antisemita de que fue acusado por los antiguos y que repite en nuestros días el prestigioso historiador rabínico Baer, aduciendo como prueba la Cuaresma predicada por él en Valencia el año 1413. El autorizado hebraísta Millás y Vallicrosa ha recordado esa acusación; y previa una doble lectura de la referida Cuaresma, escribe: «Creemos que nuestro buen amigo el profesor Baer ha pecado de ligero al descubrir intenciones manifiestamente antisemitas en estos sermones cuaresmales. El problema judaico, uno de los más difíciles que se cernían en el horizonte español, está absolutamente ausente, de fondo y de forma, de dichos sermones». Y volviendo después sobre el tema añade que, lejos de aparecer allí tendencias antisemitas, se encuentra la más resuelta condenación de quienes las promovían y patrocinaban.
Y así tenía que ser. Las normas directrices de este apostolado vicentino eran las mismas que había dictado en su tiempo San Raimundo, o sea, la persuasión, para que vengan a la Iglesia no forzados, sino convencidos de su error. Lo reconoce también el israelita Samarián, reproduciendo como comprobante varios textos de los sermones catalanes.

Concluyamos, pues, que nuestro Santo en esa campaña de apostolado por las sinagogas fue fiel continuador de cuantos, ganados por un celo de caridad, procuraron desinteresadamente la salvación de Israel. La crítica partidista de sus enemigos de siempre no ha podido privarle de ese mérito y de esa gloria.

jueves, 24 de enero de 2013

El cáncer de Israel

Gracias al jesuita Lombardi sabemos que es imposible hablar de los judíos como enemigos de la Iglesia. Ahora el escritor judío Juan Gelman nos informa que los judíos, si son negros, pueden ser enemigos del Estado de Israel, ya que este es como la granja de Orwell: "todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros."


Los judíos negros, el “cáncer” de Israel
Por Juan Gelman
Nadie sabe con certeza por qué existen antiquísimas comunidades de negros judíos en Africa, en Etiopía, Eritrea, Sudán, Zimbabwe. No hay registros de este hecho, pero abundan las hipótesis: se dice que podrían ser descendientes de Menelik I, presunto hijo del rey Salomón y la reina de Saba. O miembros de Dan, una de las doce tribus hebreas mencionadas en el Antiguo Testamento (Génesis, I 29-31), que se habrían establecido en Etiopía. Lo cierto es que los lemba de Sudáfrica practican la circuncisión, no trabajan un día a la semana que dedican a rezar, no comen carne de cerdo ni de hipopótamo, que consideran afín al cerdo (www.gentiuno.com, 24-2-07) y observan otras prácticas judías comunes.
Miles de ellos emigraron a Israel en tiempos recientes huyendo del sangriento campo de batalla y de hambre en que zonas de Africa se han convertido desde hace décadas. Se estima que su número se acerca a los 60 mil y provienen sobre todo de Etiopía, Eritrea y Sudán, también de Ghana y Nigeria. Empresarios israelíes han traído a no pocos a fin de que se ocupen de los trabajos más duros y despreciables para los israelíes blancos. La extrema derecha nacionalista de Israel los ha convertido en blanco fácil de su propaganda, en especial en estos meses preelectorales. Pero viene de antes.
Miri Regev es una de las líderes del movimiento que persigue la expulsión de los negros de Israel, aunque sean judíos como ella. Ex brigadier general del ejército, reiterada ocupante de una banca en el Knesset o Parlamento israelí y figura política destacada del Likud gobernante, organizó y encabezó un mitin en Tel Aviv demandando la expulsión de sus correligionarios sudaneses asilados en la Tierra Prometida, a los que calificó de “cáncer en el cuerpo” de Israel que se debe erradicar (www.huffingtonpost.com, 24-5-12). La aplaudían unos mil manifestantes que gritaban “infiltrados, fuera de nuestra casa”. Hay, al parecer, judíos infiltrados en Israel.
Miri Regev pidió disculpas en Facebook por el exabrupto y el gobierno israelí criticó la violencia que desataron los participantes en el mitin contra pasantes negros. Pero la realidad es otra. El año pasado, Haim Mual, 20 años, fue detenido por arrojar una bomba Molotov contra un orfanato para niños africanos. No lo consideraron un delincuente racista y la sentencia fue benigna: tres meses de arresto (The Jerusalem Post, 29-4-12). Miri insiste: “Dios prohíbe –dijo– que comparemos a los africanos con seres humanos” (//elec tronicintifada.net, 31-5-12). El mismo criterio que los conquistadores españoles aplicaron hace siglos a los pueblos originarios de América latina*.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, no está muy lejos del pensamiento de Miri. “Si no impedimos su ingreso (el de los africanos), el problema es que si hoy son 60 mil pueden llegar a 600 mil y esto amenaza nuestra existencia como Estado judío democrático... nuestra seguridad nacional y nuestra identidad nacional”, declaró en una reunión de gabinete (//mg.cpo.za, 21-5-12). Fueron declaraciones motivadas por delitos cometidos en un barrio de Tel Aviv de alta concentración migratoria africana. Pero según datos de la policía israelí citados por Hotline for Migrant Workers, la tasa delictiva de extranjeros en Israel fue del 2,04 por ciento en el 2010; la de los israelíes más del doble: se elevó al 4,99 por ciento (www.guardian.co.uk, 20-5-12).
Otros funcionarios y políticos piden la deportación de los africanos, aunque sean judíos, a países en los que la prisión o la muerte los espera. Al ministro del Interior, Eli Yishai, poco le importa: “No soy responsable de lo que pasa en Eritrea y Sudán, la ONU lo es” (www.haaretz.com, 20-5-12). El gobierno está construyendo un muro de 240 km de largo en la frontera de Israel con Egipto para bloquear la entrada de emigrantes futuros.
Un sector de la sociedad civil israelí se opone a esas políticas y ha llevado a cabo manifestaciones para condenarlas. Pero según los índices del Instituto de la Democracia en Israel correspondientes a mayo del 2012, un 52 por ciento de los israelíes encuestados coincidieron con las declaraciones oncológicas de Miri Regev y un arco del 30 al 40 por ciento se mostró particularmente molesto por la presencia en Israel de trabajadores de otros continentes. El porcentaje ascendió al 56,7 por ciento en el caso de los ghaneses y nigerianos y al 65,2 por ciento para sudaneses y eritreos.
Es notorio que muchos israelíes y sionistas califican de “antisemitas” y de “judíos que se odian a sí mismos” a personas del mismo origen que están totalmente de acuerdo con la existencia del Estado de Israel, pero critican las políticas que sus gobiernos perpetran contra los palestinos. ¿Qué cualidad habría que adjudicarle a Miri Regev y demás judíos israelíes que desprecian y humillan a otros judíos y se empeñan en expulsarlos de Israel?

 Tomado de:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-212234-2013-01-20.html



* N. de R.: una falsedad histórica del autor.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Un doctor "odoris causa"


Reproducimos parcialmente una declaración del Instituto de Filosofía Práctica sobre la reciente decisión de la Universidad Católica Argentina de otorgar el doctorado honoris causa al rabino Skorka. 
El segundo doctorado, no recoge, sino que lamentablemente desparrama. Hace tiempo, desde la época del rectorado de Monseñor Zecca, la UCA sufre un triste proceso de descomposición progresiva. Como lo hemos denunciado otras veces, el humo de Satanás parece haberla invadido. Grandes irresponsables prosperan sin escrúpulos, mientras demuelen lo que algún día pretendió ser una Universidad, herencia de los Cursos de Cultura Católica. Y ahora, premia a Skorka, por “su actividad sobresaliente en pro del desarrollo de la cultura”.
El actual rector Víctor Manuel Fernández, no deja inexactitud por decir cada vez que habla o escribe.
Así, organizó una muestra acerca de la “Dignidad de las Villas Miseria”, lugares que no dignifican a nadie sino que constituyen ámbitos de amontonamiento, masificación, promiscuidad, delito, corrupción, drogas. Podría haber leído a Charles Péguy que afirma: “antes de la instauración del mundo moderno, un hombre sin dinero era pobre, y estaba todo dicho; hoy es un ser miserable, es un ser disminuido… La miseria no sólo hace desgraciado al hombre, sino que provoca en él una decadencia; es el único mal incurable porque carece de sentido. La miseria niega la esperanza, niega el amor, niega la inteligencia; niega todos los valores espirituales a un ser rebajado a una categoría inferior a la de la bestia” (Daniel-Rops, “Péguy”, Difusión, Buenos Aires, 1946, ps.115/116.
Este Rector, en su lamentable cortedad natural, parece que nunca podrá entender la diferencia entre la pobreza, que puede dignificar y la miseria que degrada.
Así también, en un penoso artículo, publicado en un matutino, comparó al aborto con la conquista española en la cual afirmó que los españoles mataban a los indios por considerar que no tenían alma.
Y como si fuera tema de su competencia, apoyó la ley acerca de la venta de tierras a extranjeros, al ofrecer el discurso de apertura del Seminario sobre la ley de tierras, organizado por el Ministerio de Agricultura, (Conf. Félix Sanmartino, “El extranjero, un nuevo depredador de nuestra fauna” en La Nación, Buenos Aires, 6/10/2011). Esta ley, si hubiera existido en otra época, hubiera impedido que surgieran en la Argentina los grupos CREA y la empresa modelo Flandria, entre muchas otras realizaciones forjadas por hombres llegados de Europa, que hicieron por la Argentina mucho más que tantos argentinos; así, también por gestión de extranjeros, surgió la Aeroposta Argentina, que compró terrenos y construyó aeropuertos en toda la Patagonia, región que en tiempos de Saint-Exupéry y otros pioneros, con elementos muy precarios, estaba por vía aérea mejor comunicada que en nuestros días.
IV.-
El novel doctor Skorka hizo la apología del “ideal profundo del movimiento sionista”, sin la mínima referencia a sus entuertos, acusó a la Iglesia de antisemita y afirmó, con absoluta falsedad, que el antisemitismo nacional socialista tuvo raíces católicas. Podemos recomendar a este doctor en ignorancia, de perfil posmoderno, que lea los libros de Rohan Butler, profesor de la Universidad de Oxford, titulado “Las raíces ideológicas del nacional socialismo”, Fondo de Cultura Económica, México, 1943; del P. Julio Meinvielle, “Entre la Iglesia y el Reich”, Adsum, Buenos Aires, 1937 y de Enrique Rau, entonces pensador y sacerdote excelente, “El racismo nacional-socialista y el cristianismo”, Gladium, Buenos Aires, 1939.
Skorka convocó a revisar los Evangelios en su condena al fariseísmo y concluyó afirmando que “la enseñanza de Jesús sobre el amor ya estaba en el Talmud”. ¿En qué lugar de ese texto se encuentra el mandamiento nuevo, inventado por Cristo, que establece una norma muy superior a la regla clásica del amor al prójimo como a uno mismo: “Este es el mandamiento mío: que os améis unos a los otros como yo os he amado”? (Juan. 15, 12).
El novel doctor exaltó la figura de su colega Marshal Meyer, pedófilo y corruptor de menores, hechos comprobados por la Justicia por denuncias de la misma comunidad judía.
Y finalmente, se escuchó y aplaudió, en la Universidad Católica, la negación de la divinidad de Cristo, pues “estamos esperando al Mesías. Él va a venir cuando Dios lo disponga”. O sea que Jesús fue un gran impostor; un blasfemo, un gran mentiroso. Sin embargo, sigue resonando sus palabras en respuesta a la pregunta; “¿Tú eres el Hijo de Dios?... Vosotros lo decís; Yo soy” (Lucas, 22, 70). Y la afirmación de su identidad divina con Dios Padre: “el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado” (Juan, 12, 45). Porque quien ve a Jesús, ve al Padre. En esto creemos.
Luego, el largo aplauso de los tibios incapaces de decir ¡No! aunque sea para defender las verdades más elementales.
A Cristo nuestra adoración. A estos viejos y nuevos idólatras, falsificadores, mendaces, a todos los “perros mudos”, que por conservar sus canonjías y cargos docentes, todo lo callan, todo lo otorgan, nuestro desprecio.
Buenos Aires, noviembre 23 de 2012.
Bernardino Montejano 
Presidente 


miércoles, 4 de julio de 2012

Sionismo a la parrilla


Desiderio Parrilla Martínez es doctor en filosofía, catedrático, miembro del Camino Neocatecumenal y posee una bitácora en Religiondigital. Ha publicado una entrada titulada Dios bendiga al Estado de Israel, ilustrada con el escudo del estado sionista, de la que extractamos algunas ideas centrales para comentarlas aquí:
1. La revelación evangélica de la Pasión de Jesucristo ha supuesto un cambio histórico sin precedentes respecto de la defensa de las víctimas inocentes. El sufrimiento de los inocentes se ha convertido desde entonces en una categoría moral de primer orden. Con este título, El sufrimiento de los inocentes, el Camino Neocatecumenal presenta una sinfonía este mes de mayo en los EEUU, apoyado por algunas de las autoridades máximas del pueblo hebreo.
2. Frente a esta acogida de la víctima, el Anticristo supone para la Tradición una vuelta al revés de esta Revelación. El Demonio es “la mona de Dios” que imita a la Santísima Trinidad para obtener en su remedo su justo contrario. En el Apocalipsis esta perversidad se expresa con la subversión del victimismo. Según el texto joánico el Anticristo toma la Revelación evangélica para darle enteramente la vuelta y obtener su caricatura perversa.El término Anticristo sólo se encuentra en las Epístolas de Juan (1 Jn 2, 18,11; 4, 3; 2 Jn 1, 7). El Anticristo aparece como quien se opone a Cristo y, por consiguiente, a Dios. El Anticristo es una categoría escatológica cuya esencia consiste en el engaño acerca de la identidad de Cristo. El Anticristo aparece tratado bien como persona bien como mentalidad, queda asociado a Satanás y define un movimiento profano y secular contra la Revelación cristiana en su intento de gobernar las naciones del mundo.
3. La rehabilitación de las víctimas por parte del cristianismo encuentra su versión satánica en este victimismo anticristiano. Sólo en una sociedad cristiana, regida ontológicamente por el sacrificio de Cristo, la víctima inocente es defendida como valor sagrado; en la sociedad pagana la defensa del inocente perseguido resultaba, por tanto, incomprensible. La versión anticristiana de este maltrato a la víctima, sin embargo, no cabe identificarse con la antítesis de la crueldad pagana sino con su sutil parodia satánica. Esta parodia reside en el victimismo y consiste en el acto por medio del cual el agente moral se presenta como víctima para así mejor justificar su persecución contra sus adversarios. De este modo, el malvado se sube a la cruz para mejor poder crucificar a sus víctimas. De hecho este victimismo es uno de los rasgos del Anticristo (Zc 11, 17; Ap 13, 2-3. 14).
4. Actualmente asistimos a una perversión todavía más complicada y barroca de este victimismo anticristiano. Se riza el rizo acusando de victimario a la víctima con un discurso victimista. Esta hiper-victimización o “Anticristo secular extremo”, llamémoslo así, consiste en acusar a las víctimas reales de nuestra injusticia de ser victimistas para así mantener la agresión que nosotros ejercemos contra su inocencia. Acusamos al otro de ser culpable de ser victimista; esta acusación permite prolongar impunemente nuestra violencia anticristiana sobre él. Ejemplo de esta nueva victimización es la persecución que sufre el Estado de Israel. El núcleo de la verdad es que Europa necesita repetirse a sí misma que Israel no sólo es culpable sino que, además, es victimario. Así aplaca sus propias culpas por la inmisericorde destrucción del pueblo judío que viene perpetrándose en occidente durante siglos. Esta es la obsesión europea. No sólo acusa a Israel de violento sino denuncia que Israel “va de víctima por la vida” cuando, en realidad, es “uno de los peores verdugos de la historia”. Es decir, Europa está obsesionada por demostrar que el Estado de Israel opera con los rasgos apocalípticos del Anticristo; más aún: que el Estado de Israel, como en el medioevo los “judíos pérfidos y deicidas”, son el mismo Anticristo. Como vemos, esta obsesión delata una judeofobia extrema que supone una secularización del antisemitismo medieval.
5. Esta obsesión, sin embargo, manifiesta la estructura de ese anticristianismo satánico de la hiper-victimización. Occidente acusa de victimista al Estado de Israel para legitimar toda la violencia que pueda arrojar contra este Estado y lesionar su soberanía. ¿Por qué está Europa empeñada en hurgar solamente los pecados de Israel, un diminuto país que, a diferencia de todas los demás naciones, más o menos pecadoras, era indispensable para salvar millones de vidas de las garras europeas? ¿No cabe preguntarse por qué los defectos de Israel son magnificados con lupas y las vilezas de sus enemigos (y del mundo entero) son omitidas o aun aprobadas?
Concluye el autor con una exhortación: “rehabilitemos las víctimas inocentes frente a los ´anticristos secularizados´. Dios bendiga a Israel.”

jueves, 21 de junio de 2012

Separados y desiguales: contra el mito de las tres culturas


Si hemos de recibir íntegramente todos los documentos de todos los concilios, como dicen algunos neocones, debería aplicarse hoy, por ejemplo, el olvidado Cuarto Concilio de Letrán, que estableció en sus cánones sobre los judíos la prohibición de practicar la usura, la obligación de llevar una ropa especial, su exclusión de los cargos públicos y, tras su conversión al cristianismo, la imposibilidad de practicar los antiguos ritos. Las consecuencias sociales de esta disciplina conciliar, que dan por tierra con el mito "buenista" de las tres culturas, las describe el historiador Joseph Pérez:
 “Los judíos de España constituían una comunidad separada, desde el punto de vista jurídico, al lado de otras dos, la cristiana y la musulmana. Eran una microsociedad paralela a la sociedad cristiana, escribe Luis Suárez Fernández. La fórmula es muy acertada; da cuenta de lo que fue la realidad histórica: lo mismo que los mudéjares -o sea, los musulmanes que vivían en tierras cristianas, sometidos a señores-, los judíos formaban en efecto una microsociedad, con sus logros y sus defectos, al fin y al cabo una comunidad distinta de las demás y relativamente autónoma. Estas tres comunidades -cristianos, moros y judíos- no estaban en plano de igualdad, ni mucho menos: la cristiana era la dominante en todos los conceptos; las otras dos siempre fueron consideradas y tratadas como minorías toleradas, en el sentido negativo que, como hemos visto, ya tenía aquella palabra en la España musulmana: tolerar, entonces, era permitir algo que no era lícito, sin castigo del delincuente. Esta es la posición que la reina Isabel reafirmaba dos años antes del decreto de expulsión, en una carta fechada en 12 de agosto de 1490: «De derecho canónico y según las leyes de estos nuestros reinos, los judíos son tolerados y sufridos, y Nos les mandamos tolerar y sufrir que vivan en nuestros reinos, como nuestros súbditos y vasallos». En esta frase, las voces tolerados y sufridos vienen a ser equivalentes. Ello suponía una situación de inferioridad con respecto a los cristianos y dicha inferioridad justificaba los impuestos que recaían sobre sus miembros, muchísimo más elevados que los que debían pagar los cristianos.” (Cfr. Pérez, J. Los judíos en España, Ed. Marcial Pons, Madrid, 2005, ps. 65-66).


martes, 24 de abril de 2012

Jaque mate a los judaizantes


Los comentarios a un reciente artículo de D. Ángel David Martín Rubio motivan esta entrada. El vídeo que la encabeza contiene las respuestas del rabino Gutman Locks a un pastor protestante que lo interroga sobre Jesucristo. El rabino dice lo que es doctrina común de los judíos desde los tiempos de Nuestro Señor. Pero las veleidades de algunos "teólogos" y las ambigüedades judaizantes de ciertos movimientos conducen a que se oscurezca lo principal: la divinidad de Cristo.

"No hay escape: o Cristo era Dios, tal como lo dijo, o era un loco de atar (no vengan con que era un gran hombre, etc., eso no tiene sentido). Los únicos que parecen zafar de esta alternativa de hierro son los "teólogos". Como explica Kreeft: "La primera vía de escape consiste en el ataque de los exégetas a las Escrituras, poniendo en duda su confiabilidad histórica. A lo mejor Jesús nunca reclamó para sí ser divino. A lo mejor todos esos molestos pasajes fueron invención de la Iglesia primitiva (decir “la comunidad cristiana”—suena tanto más moderno)." Y todavía hay otra vía de escape más. Pero, como habrán adivinado, son evasiones falsas a la lógica más consistente. Al final les espera un jaque mate. " (Jack Tollers)

Digamos algo más: si Cristo no era Dios y tampoco era un loco, entonces era un impostor y un criminal para las leyes de la época. Pero Cristo es Dios.

Recomendamos el trabajo de Peter Kreeft, Jaque mate, en traducción de Jack Tollers. Se descarga aquí