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jueves, 22 de marzo de 2012

Tres notas sobre el liberalismo (2)


Segunda entrada sobre el liberalismo. Abriremos los comentarios para el debate en la tercera entrega. 


Nos preguntábamos en la entrada anterior si hay algún rasgo de los “liberalismos” que los unifica y permite llamarles de esa manera. La apelación al nombre es útil para encontrar la nota definitoria: liberalismo proviene de libertadY ello es así porque la nota distintiva esencial está en el principio fontal de todos los liberalismos que sean relativamente coherentes: el principio libertadEl Cardenal Billot hablando del liberalismo religioso, se creyó obligado a “ascender” a este principio unificador; hagámoslo también nosotros con tan prestigiosa guía:
“La libertad es el bien fundamental, santo e inviolable del hombre, contra el cual es un sacrilegio atentar por medio de la coacción; y de tal modo esta misma irrestringible libertad debe ser puesta como piedra inconmovible sobre la cual se organice todo de hecho en la humana convivencia, y como norma inconmovible según la cual se juzgue todo de derecho, que sólo sea dicha equitativa, buena y justa la condición de una sociedad que descanse en el citado principio de la inviolable libertad individual; inicua y perversa, la que sea de otro modo”.
Pero, ¿qué libertad defiende el liberalismo? Sigamos con el mismo autor:
"La libertad de la que tratamos ahora no es... la facultad del libre albedrío, consistente en el dominio de la voluntad sobre sus actos... De esta libertad, que es libertad de necesidad intrínseca, que lleva consigo obligaciones de conciencia y que nos hace observantes de la ley moral, el liberalismo no se ocupa, y tanto no se ocupa que la mayor parte de sus secuaces son puros materialistas, que no reconocen en el hombre sino los principios del movimiento espontáneo, según el instinto y la determinación de la naturaleza. En todo caso, admitan o no el libre albedrío en su sentido propio y metafísico, no hacen de él en cuanto tal su ídolo, sino de la facultad de usar de la propia actividad, cualquiera sea ella, sin ninguna coacción exterior que impida su autónoma expresión”.
En resumen: la libertad axial para los liberales es la libertad de coacción externa sólo limitada por los derechos individuales de los demás. Bien lo expresa Alberto Benegas Lynch (h.) en el video que ilustra nuestra entrada: el liberalismo es el respeto irrestricto de los proyectos de vida de los demás, es decir a una esfera de autonomía intocable mientras no afecten los derechos de terceros. 

martes, 13 de marzo de 2012

Tres notas sobre el liberalismo (1)


Publicaremos tres entradas sobre el liberalismo. Dado que estas  tienen cierta unidad lógica  abriremos los comentarios para el debate en la tercera entrega.
El término liberalismo es polisémico. Puede significar ideas muy distintas. Los liberales lo saben, razón por la cual la polisemia les funciona como una herramienta de vulgarización, tanto para la manipulación de interlocutores como para la anulación de las críticas. Así, por ejemplo, tenemos la definición del DRAE: doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural. Es una definición que no compromete a nada. Hay muchos liberalismos posibles, porque el término puede designar nociones muy distintas: una ideología de cuño racionalista o empirista, que proclama una autoafirmación del individuo frente a la comunidad; una confianza ingenua en los efectos de la libertad externa en la vida social; la pretensión de limitar el poder arbitrario de la autoridad pública; una reacción ante los regímenes totalitarios; una cierta sensibilidad o temperamento favorable a la libertad personal más que una ideología, etc.
Es un recurso común de los liberales, por un lado, postular un conjunto de obviedades con las que nadie que esté en su sano juicio pueda discrepar; y por otro, señalar muchas proposiciones inadmisibles, a las que ninguna persona sensata se pueda oponer; para luego atribuir lo primero al liberalismo y lo otro a sus críticos. 
Es necesario decir lo que es el liberalismo. Y luego, considerarlo críticamente. Trataremos de hacerlo dentro de nuestras modestas posibilidades. Para evitar malentendidos comunes, primero diremos lo que no es liberalismo:
- La defensa de la existencia de la libertad como libre albedrío en el hombre. Esto es claro en los expositores más importantes de la doctrina (Mises, Hayek, etc.). La afirmación de la libertad exterior es paralela a la negación del libre albedrío como potencia natural.
- La designación de gobernantes mediante elecciones.
- Representación política a través de partidos.
- El capitalismo como sistema económico ya que puede no ser liberal.
- No es nota suya, definitoria por exclusiva, defender la necesidad de evitar un estatismo desorbitado o una socialización excesiva; o la mera afirmación de una cierta libertad en el mercado; o la existencia de éste o de la propiedad privada. Ha de tenerse presente que, como doctrina configurada en un momento histórico determinado, no puede definirse, por lo menos sin más aclaraciones, por la afirmación de principios o realidades o elementos conocidos y desarrollados durante el pre-liberalismo. Así, no podrá definírselo por “la existencia del mercado” a secas, sin otra precisión, si antes del liberalismo, por ejemplo en la Edad Media, existieron mercados.
- La transposición a fórmulas doctrinales de la economía real de los países económicamente más desarrollados.
- El rechazo del socialismo o del comunismo. Se puede no ser socialista o comunista y tampoco ser liberal.
- Una teoría económica implícita en la Escolástica Española.
Sin embargo, hay que preguntarse si es dable señalar un principio esencial, fontal, unificador, de los distintos tipos de liberalismo. Algo que sea común, un rasgo compartido por múltiples escuelas y corrientes liberales. Daremos respuesta al interrogante en la próxima entrega.

viernes, 2 de marzo de 2012

Censuran a Morillo

Manuel Morillo publicó ayer un su bitácora un artículo en defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y crítico de la postura del profesor Antonio Argandoña (IESE, Universidad de Navarra) a favor de la reforma laboral del PP. En poco tiempo, el artículo fue suprimido de su blog ReLTranscribimos la entrada desparecida:


Antonio Argandoña, en nombre de AEDOS, así lo rubrica, ha escrito un artículo sobre la últimas reformas del PP (que han sido las subidas de impuestos a las clases medias y la facilitación del despido)

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//aedos.png
Lo ha escrito desde un supuesto criterio de la DSI (AEDOS es el acrónimo de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia)

Pero todo el artículo es una justificación de las citada medidas tomadas por el partido progre de derechas siguiendo las órdenes de las instituciones mundialistas, como la UE y el FMI , viniendo a decir, con un criterio fatalista, que gusten o no gusten son las únicas medidas posibles, considerando la reforma como "adecuada". Así lo titula

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//Argandoña1.jpg

Antonio Argandoña es profesor de Economía y titular de la Cátedra ´la Caixa´ de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE (Universidad de Navarra),

Tanto por su pertenencia a AEDOS como por su carrera académica se le supone  conocimiento de la DSI como de la economía, y por ello de las consecuencias sobre los españoles de las medidas tomadas por el gobierno del PP.

Es decir que en sus opiniones no se puede alegar inocencia en las mismas, sino que son dolosas, pretendiendo convencer a sus lectores de que deben resignarse y aceptar las actuales políticas económicas y sus consecuencias laborales, con las repecusiones morales y familiares que tiene la precarización del trabajo, la pauperización de los salarios, etc.. mientras se apoyan las instituciones financieras.

Y lo ha escrito en la revista Alfa y Omega[*] , que es órgano impreso de la Fundación San Agustín dependiente del Arzobispado de Madrid. Tan dependiente que la publicación tiene un delegado episcopal.

Con lo que el artículo adquiere una percepción por parte de sus lectores como magisterio del pastor local, que por su posición en la CEE y la distribución de la publicación tiene una dimensión nacional.

Este artículo es otra mas de las acciones de propaganda subliminal (en este caso poco subliminal) al servicio del partido centroreformista y de su cosmovisión liberal relativista, a las que prestan altavoz y  tribuna los medios propiedad de la Iglesia, pero que manipulan la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente el Magisterio Pontificio sobre el tema  y que tanto preocupó a Juan Pablo Magno.

Los media dependientes de la Iglesia española nos van a obligar a luteranizarnos, y tener que acudir directamente a la  Sola scriptura y leer directamente los textos pontificios, sin fiarnos de sus interpretaciones fraudulentas distribuidas por la Iglesia local

¿Veremos pronto en algunos seminarios la sustitución de las catedra Leon XIII por la catedra FAES?

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[*] Toda una guasa y una contradicción en un número dedicado especialmente a Chesterton y su distributismo


sábado, 28 de enero de 2012

Liberal católico no sabe lo que es la libertad

El 12 de diciembre pasado asistí a la conferencia "Cristianismo y liberalismo", impartida por Mario Silar para el Centro Diego de Covarrubias (auspiciado por la ACdP) en el abarrotado gran salón de actos del Colegio Mayor San Pablo. Por lo que pone su CV online, el conferenciante es doctorando en filosofía, profesor de la Universidad de Navarra y, por lo que yo sé, se adscribe a la Escuela Austríaca. Dicho esto, y habiendo pasado un mes para borrar todo rastro de apasionamiento, ¿qué se dijo en aquella conferencia?

El conferenciante trató de hacer ver que el liberalismo había sido mal comprendido por la Iglesia Católica, y que las condenas de ésta iban dirigidas hacia un liberalismo de primer, segundo y tercer grado (véase la encíclica de Leon XIII "Libertas Praestantissimum") que nada tenía que ver con el liberalismo actual. Así pues, el liberalismo que él representa (el del Acton Institute, del que es miembro) sería plenamente compatible con el magisterio católico y con la doctrina social de la Iglesia.

Como no quiero darme el pisto o hacerme el lindo, iré al grano. El caso es que yo mismo fui liberal austríaco (Master en Economía de la Escuela Austríaca -con Huerta de Soto-) y conozco muy bien su pensamiento, pero el verdadero, no el que dicen tener. Por eso, al llegar el turno del público, le hice una pregunta muy sencilla:

¿Cómo define la libertad el liberalismo?

Respondió que cada liberal tiene un concepto diferente de la libertad y por tanto no se podía dar una definición concreta. Ante este argumento, no pude menos que hacerle notar que era absurdo llamarse liberal sin saber en qué consiste la libertad (en tal caso también un estalinista podría autodenominarse liberal), y que además afirmar tal cosa implica rechazar la idea de libertad definida por la doctrina católica (según San Agustín es "la facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien, mediante auxilio de la gracia, y el mal por la ausencia de ella"; también la tenemos en el punto 1731 del catecismo). Su contraargumentación fue que tal definición es un argumento de fe, no de razón... ¡¡¡y esto me lo dijo un doctorando en filosofía profesor de la Universidad de Navarra!!!

Luego hubo un piscolabis y allí pude hablar más de cerca con él, lo que ayudó a empeorar mi impresión sobre su capacidad intelectual. Me pregunto cómo el Opus Dei deja entrar a esta gente en sus universidades, aunque también me pregunto cómo es posible que yo fuera el único propagandista de la sala que le cantó las verdades del barquero a un conferenciante inane, pero al que nunca le faltarán el trabajo, el prestigio, las prebendas y la influencia.


lunes, 19 de septiembre de 2011

El soportable peso de Ángel López-Amo


Ángel López-Amo y Marín [Alicante 1917 - Washington 1956], fue Catedrático de Historia del Derecho en Valencia y Santiago de Compostela, y de Derecho Político en el Estudio General de Navarra (en la actualidad Universidad de Navarra), miembro de Opus Dei y preceptor del príncipe de España. El peso del texto que ofrecemos a continuación, contrasta con la levedad de las reflexiones de Monseñor Mariano Fazio.

Decíamos al hablar de la libertad que es necesaria una limitación interior para que pueda el hombre gozar de la libertad exterior que apetece.
El sentido de su propia limitación es tan esencial al hombre, que cuando éste, lo pierde o lo combate se desnaturaliza. Cuando, por el contrario, lo siente y lo cultiva, el hombre se engrandece porque está en el plano de su genuina autenticidad. El hombre siente ante todo su limitación personal en la vida religiosa. La fe religiosa desarrolla su esperanza desde la limitación presente hasta la plenitud eterna, y da a su entendimiento limitado la plena verdad de la revelación.
El hombre siente su limitación personal en la misma vida privada y satisface su afán de perfección y de perpetuidad en la familia. El hombre es miembro y continuador de una familia, de la que recibe lo mejor de su personalidad, y es miembro y fundador de otra familia, a la que da también lo mejor de su personalidad, porque está tan ligado a su posterioridad como a su ascendencia. Por la formación que le da y la proyección que le presta, la familia perfecciona, en el espacio y en el tiempo, la limitación de su ser.
El hombre siente, por último, su limitación en la vida social y en ella encuentra de nuevo su plenitud temporal al integrarse en una comunidad de vida y de trabajo que produce y le proporciona valores materiales y valores de cultura y que le íntegra en una comunidad superior donde desarrolla todo su destino humano temporal y lo proyecta al futuro.
Así como en la vida religiosa el hombre se sabe criatura dependiente de Dios, en la vida familiar y social se sabe parte integrante de un todo. Los grupos sociales existen para el hombre, mas no para un individuo, sino para todos, y por eso cada uno está vinculado a los demás en las comunidades de que forma parte. El sentido del deber es en ellas, para el individuo, anterior al sentido del derecho. No está la familia para la utilidad de los padres, ni el dominio para la satisfacción del dueño, ni la industria para el enriquecimiento del empresario, ni la nación para las ambiciones de los gobernantes; pero tampoco están para el egoísmo de los hijos, de los trabajadores o de los ciudadanos. Como todas las comunidades están articuladas unas en otras, cada una de ellas encuentra en la superior el complemento de su propia imperfección, y por encima de todas, el Estado mantiene para ellas y para los individuos de todas ellas el orden de la justicia y de la máxima perfección social.
La revolución filosófica y política arrancó del hombre el sentido de su limitación esencial, desligó su entendimiento de la revelación y liberó al individuo de los grupos sociales. De la misma raíz surgieron en lo filosófico el racionalismo, en lo político el liberalismo y en lo social el socialismo. La primacía absoluta del entendimiento (que no deja de ser limitado por eso) conduce en la ciencia a la ilusión, de la que naturalmente no quedó exenta la ciencia política. La primacía absoluta del individuo condujo a la disolución del orden social, y con ella al hundimiento del individuo en la masa, y a la tiranía.
Una concepción individualista teme por los derechos del individuo solamente frente a los grupos sociales inferiores, no frente al Estado, porque ve en éste el supremo orden jurídico individual. Convierte al individuo en centro de todo, en la medida universal de valor, y le desliga de aquello que más próximamente le ata, para dejarle solo, sin trabas que limiten su libre desenvolvimiento individual, en una sola y amplísima comunidad política, el Estado, de la que son los individuos los fundadores y el soporte en todo momento.
Al convertirse el individuo en el centro de todo, se subvierte el orden natural de los deberes y de los derechos. El derecho a la felicidad personal es la base de la familia y destruye a la familia, que exige siempre el sacrificio personal. El individualismo en la familia suprime los hijos, disuelve el matrimonio o rompe por lo menos la comunidad familiar. El derecho a la riqueza y al placer es la base de la vida social y destruye la comunidad del trabajo, donde ya no habrá convivencia plena en la producción, sino coincidencia accidental de intereses, cuya balanza se inclinará del lado del más fuerte. El individualismo en la empresa económica rompe una comunidad de vida: en la producción buscan empresarios y trabajadores, cada uno por su lado, una utilidad material para vivir fuera de ella. El derecho al poder es la base de la vida política y destruye al Estado haciéndolo objeto de la lucha social, y de la dominación de clase. El individualismo en política conduce a la democracia, a la anarquía, al socialismo o a la dictadura. Pues el socialismo responde al deseo (legítimo después de todo) de extender a los desposeídos el derecho a la felicidad, al placer y al mando que el liberalismo limitaba a los poseedores.
Una sociedad religiosa, una sociedad orgánica, crea una cultura. Una sociedad intelectual, una sociedad individualista, crea tan sólo una técnica. La palabra civilización significaba en el siglo XVII tanto como secularización: reducir a la esfera de la vida civil lo que pertenecía hasta entonces a la vida espiritual o a la eclesiástica...
La civilización individualista tiene un marcado sello burgués. El portador originario del liberalismo es el hombre ilustrado de la ciudad, formado por ideas del humanismo. Representa el dinero frente a la propiedad fundiaria, la libertad frente a la vinculación, la religión de este mundo frente a la del más allá, el Estado utilitario frente a la ordenación divina.
La concepción orgánica de la sociedad está dominada por rasgos inconfundiblemente aristocráticos: la idea de servicio, de vinculación a la comunidad, la fidelidad, el honor…
Tomado de: El poder político y la libertad, Madrid, Rialp, 2ª edición, 1957, pp. 327-331.