El lndex librorum prohibitorum era una lista oficial de los libros
cuya lectura se prohibía a los católicos sin el permiso de la autoridad
competente bajo amenaza de una sanción canónica. Fue abolido en 1966, por
diversas razones, una de las cuales -tal vez la más actual en la era de
Internet y los libros digitales - es la imposibilidad de hecho de mantenerlo
actualizado.
A partir de la abolición del Index algunos pensaron que un cristiano
puede leer cualquier cosa. Esto es un
error.
“En unos pocos decenios parece haber cambiado bastante en
Occidente la sensibilidad hacia la ortodoxia y hacia lo que la hiere. Un texto
de Arturo de Iorio, publicado en 1951, puede ilustrarnos la afirmación
anterior. Dice así: «Los fieles deben abstenerse de leer no sólo los libros
proscritos por ley o decreto, sino todo escrito que les exponga al peligro de
perder la fe y de depravar las costumbres. Es ésta una obligación moral,
impuesta por la ley natural, que no admite exención ni dispensa. La gravedad de
esta obligación es proporcional al peligro a que se expone el alma. Ahora bien,
como los simples fieles raramente estarán en situación de apreciar el peligro
en que se van a encontrar, es natural que la Iglesia , con oportunos avisos y prohibiciones,
les mantenga alejados de las lecturas malas» (Indice dei libri prohibiti, en Enciclopedia Cattolica, Città del
Vaticano 1951). Un texto como éste, que hace medio siglo era lo normal, ahora
resulta apenas imaginable. Sin embargo, dice la verdad.” (Iraburu).
Ante esta situación, S. Josemaría
Escrivá de Balaguer tomó la decisión de establecer un Index para uso interno del Opus Dei denominado Guía bibliográfica. La institución continúa actualizando esta guía
cuyo contenido puede consultarse aquí.
Es una medida prudencial, opinable, que no discutimos ahora. La guía contiene diferentes
notas o censuras que expresan la valoración moral de distintas obras, que
reproducimos a continuación:
¿Qué significan las valoraciones morales en las obras de
pensamiento?
En el caso de obras de Pensamiento (P), agrupamos los
títulos según el nivel de conocimientos que a nuestro juicio son necesarios
para valorar las implicaciones de sus afirmaciones respecto al Evangelio.
P-A1 o P-A2: los libros presentan las cuestiones
doctrinales atendiendo a la enseñanza común de la Iglesia , tal como se
expone, por ejemplo, en el Catecismo de la Iglesia Católica ,
y evitando temas complejos o aún particularmente sujetos al debate teológico.
Según den por supuesto o no un mínimo de formación cristiana previa, los
subdividimos en:
P-A1: Público general.
P-A2: Lectores con cultura general o formación cristiana
básica.
P-B1 o P-B2: en estas categorías incluimos libros que
quizá precisen una formación cultural amplia (P-B1), o incluso universitaria en
los argumentos tratados (P-B2), de cara a poder hacerse cargo de cómo se
relacionan con la fe. Ocasionalmente, en estos libros (P-B2, sobre todo) se
pueden dar por seguras posiciones muy difundidas contrarias a la fe, aunque son
fáciles de reconocer por un lector con cierta formación cristiana que haya
estudiado el tema (p.ej., tesis evolucionistas de corte materialista en
manuales de filosofía o de historia).
P-B1: Requiere conocimientos generales de la materia.
P-B2: Lectores con formación cristiana y cultura
específica sobre el tema.
P-C1, P-C2 o P-C3: las implicaciones de los temas
tratados, o el conocimiento de las razones que invalidan algunas tesis
expuestas en el libro, requieren siempre una profunda formación en el área de
que se trate, ya sea universitaria (P-C1), o especializada (por ejemplo, un
doctorado: P-C2): de ahí que, en estos casos, hayamos preferido que las
explicaciones hagan hincapié en los contenidos objetivos del libro, más que en
el posible público lector. La valoración P-C3 se reserva para libros que se
dirigen a contradecir o negar algunos aspectos de la fe o de las enseñanzas del
magisterio católico.
P-C1: Presenta algunos errores doctrinales de cierta
entidad.
P-C2: Aunque la obra no se presenta como explícitamente
contraria a la fe, el planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos
o se oponen a las enseñanzas de la
Iglesia.
P-C3: La obra es incompatible con la doctrina católica.
¿Qué tiene que ver esto con nuestra bitácora? Se nos ha reprochado
publicar contenidos que no serían convenientes para las “masas de católicos”.
Lo que significa, usando las categorías del índice opusino, que divulgamos
contenidos que no pertenecen a la categoría P-A1/P-A2, contenidos que no serían
aptos para un público general, ni tampoco para lectores con formación cristiana
básica. Y esto es verdad respecto de muchas de nuestras entradas (p. ej., sobre
la falibilidad de las canonizaciones), razón por la cual colocamos una cita de
Castellani como aviso para navegantes desprevenidos.
Si el fin principal de nuestra bitácora fuera llegar a esa
“inmensa parroquia” de formación cristiana básica, no publicaríamos nada porque
ya existen numerosas páginas “generalistas” aptas para todo público y no vale
la pena repetir lo que otros explican mejor.
Nuestro blog se dirige principalmente a lectores con conocimientos
generales de teología o con formación cristiana y cultura específica sobre
ciertos temas. Procura exponer la verdad católica con mayor profundidad,
mostrando matices o aspectos olvidados, desconocidos, silenciados.
Objetivamente no hay nada reprochable en hacerlo. Porque nada
obliga a exponer la doctrina católica sin más profundidad que la de un
catecismo elemental. Y si alguno se escandaliza, esto se debe no al contenido
de las publicaciones, sino a la deficiente formación del escandalizado, que en
todo caso debiera ser más prudente en sus lecturas a pesar de la abolición del Index.
Tal vez puedan darse casos de lo que en el argot teológico se denomina escándalo
farisaico. Pero, como enseñan los doctores, este tipo de escándalo es despreciable.
