lunes, 22 de mayo de 2017

Sebreli en su laberinto


Este artículo es respuesta a una afirmación de Juan José Sebreli durante una entrevista conducida por Pablo Gianera en enero de 2017 [1], con motivo de la reciente publicación del libro "Dios en el laberinto: Crítica de las religiones" [2]:
Gianera: Cuando uno lee tu libro parece que la vieja disputa entre la herencia ilustrada y la religión no está saldada todavía y que siguen siendo dos fuerzas que están en pugna.
Sebreli: Sí, yo creo que sí, porque es una cuestión que va más allá de los Papas. Es una cuestión filosófica, es decir, la razón, como cree la Ilustración, como único medio de conocimiento, y la fe, el dogma, los libros sagrados, la autoridad, son la base de la Iglesia. ¿Cómo se puede conciliar esas dos cosas? Es muy difícil conciliarlas.
Partiendo de la posición de agnosticismo débil de Sebreli [3], o sea de sostener no la existencia de Dios sino solamente la posibilidad de su existencia, demostraré que la creencia (nótese el verbo usado por Sebreli) de la Ilustración en la razón como único medio de conocimiento es irracional, por ser lógicamente inconsistente con esa posición.
Si existe el Ser Subsistente o absoluta plenitud del ser, absolutamente simple e infinito, al cual llamamos Dios, que creó y sostiene en el ser al universo visible, es evidente que Dios puede comunicarse con los hombres y revelarles verdades que la razón humana no podría llegar a conocer por sus propias luces pero que no la contradicen, esto es suprarracionales pero no irracionales, lo cual incluye la posibilidad de que de hecho lo haya realizado en el pasado. En ese caso el ser humano conocería con certeza absoluta esas verdades, no porque resultasen evidentes por sí mismas a la razón humana, sino por la autoridad de Dios que las ha revelado, Quien no puede engañarse ni engañarnos. Dado que creer en esas verdades reveladas por Dios es un verdadero medio de conocimiento, un intelecto humano que piensa de manera realmente racional no considera a la razón humana como el único medio de conocimiento, sino que está abierto a la adquisición de conocimientos revelados por Dios. Por lo que la posición racionalista (lo cual es distinto de racional) de la Ilustración, sostenida por Sebreli, es intrínsecamente irracional, y aunque pueda parecer una hipertrofia de la razón humana, es en realidad una reducción, una autolimitación de ésta. Notablemente, la irracionalidad del racionalismo, de la noción de la razón humana como único medio de conocimiento, es patente en la expresión usada por Sebreli "como cree la Ilustración".  Así como el "sola Scriptura" del protestantismo no es una noción basada en la Escritura y de hecho la contradice, así también el "sola ratio" del racionalismo no es una noción basada en la razón y de hecho la contradice.
Ahora bien, es tarea de la razón humana determinar si ha habido una Revelación de Dios a lo largo de la historia, lo cual equivale a identificar el medio original a través del cual Dios reveló en algún tiempo pasado y el medio próximo que en el tiempo presente contiene (si es un libro) o custodia (si es una institución) el "depósito" de lo que Dios reveló en el pasado y, en el caso de una institución, provee una interpretación divinamente asistida y autorizada del contenido de ese depósito. Esa identificación de los medios de la Revelación divina, tanto el original como el próximo, debe basarse en la presencia de motivos de credibilidad racionalmente aprehensibles asociados a esos medios.
Referencias
Transcripción resumida en:
http://www.lanacion.com.ar/1972753-juan-jose-sebreli-es-muy-dificil-conciliar-los-extremos-de-la-razon-y-del-dogma-religioso
[2] Juan José Sebreli, "Dios en el laberinto: Crítica de las religiones", Penguin Random House Grupo Editorial Argentina, 1 dic. 2016.

Visto en:


viernes, 19 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (y IV)


Mi querido Orugario:
Me dicen que has dado pasos importantes en la formación de un psicología de inquisidor en los tradis que nuestro Supremo te ha confiado. Y que has cumplido con el objetivo que te indicara en mi anterior.
¡No te duermas en los laureles! Todavía te queda mucho por hacer. No basta con que tus tentados hagan lo que tú les sugieres si luego se arrepienten o son inconstantes en su obrar. Debes lograr que su temperamento inquisitorial se perfeccione con la obstinación. Con palabras de nuestro Enemigo: que lleguen a ser «ciegos que guían a ciegos» (Mt. 15, 14).
El primer paso para que tus tradis devengan obstinados es la desobediencia. Debes llevarlos al límite de la contradicción inadvertida: que se opongan a la Iglesia y a la verdad que dicen querer salvar; que contradigan la fe en nombre de la defensa misma de la fe. A eso que el lenguaje vulgar ha sabido expresar con ser «más papistas que el papa»; y que, para gentes con preocupaciones doctrinales, podría equipararse a ser «más maestros que el Magisterio de la Iglesia». Ninguna distinción entre Teología y Magisterio; nada de diversas formas de adhesión a éste; que todo sea un «bloque» denominado Doctrina que se confunda con sus opiniones. Y si alguna vez sienten en la conciencia el dilema de tener que «obedecer a Dios antes que a los hombres», que sólo a sí mismos se concedan esta posibilidad, nunca a sus enemigos. Porque sólo ellos saben con seguridad lo que conviene a Dios y a la Iglesia, razón por la cual no pueden dar su brazo a torcer, pues esto sería defeccionar de la «santa causa» y traicionar el «combate contrarrevolucionario». Y el segundo paso, es el prurito de autoridad siempre por encima de la verdad. Por lo cual, si acusan a alguien de «heterodoxia», y la acusación es falsa, nunca se han de retractar, pues hay que «salvaguardar el principio de autoridad» que sólo ellos encarnan en la presente crisis. Y si vieran que una acusación grave carece de fundamento sólido, habrán de formular otros cargos menores, para que no se note su ignorancia afectada y enorme temeridad.
Una vez que hayas logrado que la mentalidad inquisitorial sea realmente obstinada, tu tarea como tentador habrá alcanzado los objetivos que me he propuesto con estas cartas. Sólo nos quedará esperar a que nuestro Enemigo no asista esos tradis con gracias especiales y que su Madre no desbarate nuestros planes.
Tu cariñoso tío,
Escrutopo.



miércoles, 17 de mayo de 2017

La moralina del boicot



Boicotear es realizar una medida de presión encaminada a impedir o entorpecer el ejercicio de una actividad, generalmente de tipo comercial, profesional o social. El boicot muchas veces se lleva a cabo mediante la abstención del consumo de un determinado bien o servicio, en la convicción de que con este modo de actuar se perjudica al vendedor o prestador boicoteado, causándole pérdidas patrimoniales y un desprestigio que no ha previsto.
"Una de las victorias más significativas que se han logrado mediante un boicot fue precipitar la abolición del apartheid en Sudáfrica, con el apoyo de las «desinversiones» desde la década de 1980. Se iniciaron boicots en todo el mundo contra ShellKellogg (compañía) y Coca Cola entre otras, para protestar contra las políticas racistas del gobierno sudafricano. Las compañías objeto del boicot promovieron decisiones de los accionistas exigiendo no operar en el país, acelerando la abolición del régimen segregacionista en 1994.
Un boicot tiene hoy muchas más posibilidades de éxito gracias a Internet, a través de sitios web, grupos de noticias o listas de correo. El efecto «bola de nieve» en Internet es muy rápido comparado con otros" (fuente).
Es frecuente que los católicos, individualmente o asociados con otros (ejemplos aquí), recurran a la práctica del boicot con diversidad de resultados. En principio, nada se opone a dejar de consumir determinado bien o servicio por un motivo de caridad. Podría ser ocasión de practicar la mortificación cristiana.
Hasta aquí, nada que objetar. Pero en el contexto de este apostolado del boicot pueden darse algunos errores que conviene apuntar. Los más serios podrían agruparse bajo un rótulo: moralina. ¿Qué es la moralina? Para el DRAE es una moralidad inoportuna, superficial o falsa. Por una formación superficial en los principios de la moral católica, podemos hacer juicios sobre conductas ajenas que –objetivamente- no merecen reproche. Vemos pecados objetivos (aunque supongamos un obrar subjetivamente inculpable) en acciones de los demás que, en rigor, no son tales a la luz de la doctrina católica. Esta moralina desconoce que el pecado material es un verdadero mal, un ultraje a Dios, un desorden introducido por la criatura (cfr. Vacant, DTC). Y por más que presumamos “buena fe” en el otro, al imputarle un pecado material que no existe en el orden objetivo, lesionamos su honor y cometemos una calumnia. Otra forma de moralina es tener juicios errados sobre la moralidad de los propios actos, es decir una conciencia deformada, en sentido rigorista o laxo. En la nota al pie damos algunos ejemplos un tanto exagerados con finalidad didáctica (1).
Hay dos modos de evitar esta moralina. El más simple, y accesible a todos, es abstenerse de emitir juicios morales sobre la conducta ajena. El segundo, es formarse rectamente para adquirir ciencia moral. Dado que las conductas en materia de boicots son alteritarias, pues se refieren a lo que se hace u omite en seno de la vida en sociedad, resulta indispensable tener recta doctrina sobre los actos humanos, la cooperación y el denominado principio de doble efecto. 



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(1) Ejemplos de moralina del boicot:
- La plataforma háztelo mirar lanza una campaña para boicotear a los laboratorios Bayer por la venta de fármacos anticonceptivos y abortivos. Los promotores de la campaña dicen que es pecado (objetivo, de omisión) no adherir a esta.
- El director de un hospital realiza una compra millonaria de analgésicos fabricados por Bayer, pues considera que son los de mejor calidad. Al hacerlo, se afirma, favorece económicamente a una empresa que vende productos abortivos. Por tanto, es cómplice de los abortos y los pecados de contracepción que se cometerán con los productos Bayer.
- Un médico receta un medicamento de Bayer para curar un problema serio en el aparato reproductor su paciente, mujer, que tiene efecto secundario anticonceptivo. Así  coopera económicamente con el mal que realiza la empresa y además es cómplice del pecado contraceptivo de su paciente.


domingo, 14 de mayo de 2017

La imperfección del bien común temporal

Mejorable, pero existente
El bien común temporal es siempre contingente y, por lo mismo, imperfecto: siempre cabe imaginar formas más perfectas de su realización. Lo cual no es ningún óbice para efectuar un discernimiento prudencial sobre si es o no posible alcanzar el bien común en un determinado momento histórico, ni tampoco desdice en nada del bien común efectivamente realizado decir de él que es perfeccionable. La Castilla y el León de San Fernando o las Españas de Ysabel y Fernando son ejemplos de realización del bien común y, sin embargo, más allá de sus defectos en su aspecto de bien logrado, son esencialmente perfectibles. 
Es muy importante ver esto claro, pues de lo contrario, en épocas tan sombrías como la nuestra, cuando desde hace demasiado tiempo carecemos del rex que nos dirija y hasta de la más elemental amistad política, es fácil que en las almas de los buenos anide una letal ensoñación: la de pensar que el bien común es alguna de las realizaciones del mismo en nuestro glorioso pasado. Se permite así una castrante nostalgia política que no debe confundirse con el piadoso y estimulante cultivo del conocimiento y la veneración de las glorias pretéritas de nuestros reyes y de nuestro pueblo. Pero nosotros no aspiramos al bien común histórico (en cuanto histórico, no en cuanto bien, claro) que lograron Ysabel y Fernando, ni el emperador Carlos, ni Sancho el Mayor de Navarra [1]. No, porque mientras así soñamos, eludimos la verdadera urgencia del bien común, que es una urgencia, por natural, siempre acuciante en el presente, dolientemente acuciante en el hoy desamparado. En ese sentido, no debemos tener miedo de decir que hemos de reputar una traición a nuestra misión –única, irrepetible–, heredada, uno ictu junto con la civilización, de nuestros viejos, esa conducta melancólica y feminoide (que no femenil), que cultiva furtivos placeres solitarios de la imaginación dejando vacantes energías que nos son imprescindibles para responder, como podamos –la campana suena a rebato– a los desiguales desafíos que nos circundan. No será la mujer de Lot la que nos enseñe a amar nuestra historia, de la que por lo demás tanto tenemos que aprender (en hombría, en sacrificio, en racionalidad, en heroísmo).
J.A.U.



[1] La necesaria relatividad del bien común histórico no se opone a una identidad profunda, que subsiste en el tiempo. Es, sencillamente, su necesaria actualización, actuación. Esto, por oposición a una absolutización de la patria, el nacionalismo, los patrioterismos, que pueden tener su cierta lógica en el orden de la espontaneidad y de la pasión, pero carecen de sentido en el orden de la reflexión y de la fundamentación teórica, de la guía de la acción. El verdadero patriotismo (palabra originada en campo revolucionario), es la virtud de la piedad patria y en ese terreno no hay que ceder a la tentación del «cuanto más mejor», porque en esa línea se tiende a hipostasiar, a insuflar un espíritu de predominio y de rivalidad, de afirmación vacua por oposición, de exageración irritante. La virtud de la piedad patriótica es moral y por lo mismo se ve amenazada por exceso y por defecto.

Fuente:

viernes, 12 de mayo de 2017

El Jerónimo de Hispanoamérica


Nos comenta un amigo de nuestra bitácora que en el sitio web del p. Javier Olivera se pueden descargar versiones digitales de libros y artículos de Straubinger «gran biblista alemán, fiel a la Iglesia y comentador eximio de los textos bíblicos», además de su traducción de la Sagrada Escritura. Straubinger es un autor recomendable por la seguridad de sus interpretaciones en un contexto eclesial en el cual el racionalismo bíblico hace estragos. 
Ofrecemos la lista de obras del sitio del p. Olivera con los enlaces:
1) Biblia de Straubinger (Antiguo y Nuevo Testamento): pdfword,  mobi.
2) Biblia de Straubinger (Nuevo Testamento completo): pdfwordmobiepub; para descargar la aplicación para IOS (iPhone, iPod touch o iPad), ingrese aquí; para Android, aquí)
3) Biblia de Straubinger en google play para android
Para conocer acerca de su vida:
a. Vida de Mons. Straubinger por Mons. Carlos Ruta (mobipdf) y por el padre Néstor Sato (mobipdf)
b. Libros de Straubinger: 
2. El misterio del mal en Job (pdfmobi)
3. Espiritualidad bíblica (wordpdfmobi)
4.  Cien Testigos (pdfmobi);
5. Ester y el Misterio del Pueblo Judío (wordpdfmobi)
6. Los Fariseos (pdfmobi)
7. Revista Bíblica: 31 Artículos de Mons. Straubinger (zip)
c. Artículos relevantes de Revista Biblica (dirigida por Straubinger) nros 2 a 61; descargar aquí.



lunes, 8 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (III)



Mi querido Orugario:
Me informan que todavía no has llegado a forjar la psicología del inquisidor en los tradis que te han sido encomendados. Tienes que ser más diligente en tu oficio. Ya sabes lo que te hará el Supremo si no tienes éxito…
Pero al menos has conseguido en ellos un celo espúreo, amargo y altanero, fruto de su búsqueda ególatra. Es un paso… Sin embargo, debes apuntar a más: fomentar en ellos la rabies theologica. Que la destemplanza en anatematizar al prójimo, que consideran «heterodoxo» y «traidor», sea vista como signo inequívoco de «virilidad» y «celo apostólico».
Si nuestro Enemigo quiere una verdad en caridad (Ef. 4,15), tú debes lograr que los tradis se guíen por esta máxima: verdad contra caridad. Con amargura y altivez, que la pasión se revista de celo; que la agresividad se libere de modo catártico; y que el temperamento inquisitorial encuentre en la «defensa de la santa fe» una excusa para justificar odios, calumnias y condenas sumarias. Que por el afán de vencer y humillar, ni siquiera en caso de duda se pongan en el lugar del «reo». Por el contrario que sintiéndose confirmados en gracia y ortodoxia presuman el error en los demás, sin que les importe saber si su sospecha tiene fundamento.
Ya sabes que «el temor de Dios» es para los hijos de nuestro Enemigo un «don». Pues bien, debes apuntar a que nuestros tradis quieran ocupar, inconscientemente, el lugar de nuestro Enemigo. Que siembren miedo en sus «reos»; que sientan el placer de ser temidos; y vivan ese temor como una forma de «poder» sobre sus adversarios, aunque sólo sea  un poder extorsivo.
En fin, que todos los medios se justifiquen con el pretexto de que se emplean para defender a Dios.
Tu cariñoso tío,

Escrutopo.

viernes, 5 de mayo de 2017

¡El Index!






Ya comentamos en el pasado, de modo indirecto, sobre el significado que tenía la inclusión de una obra en el «Índice de los libros prohibidos». La reciente lectura de algunas páginas nos mueve a volver sobre el tema para hacer precisiones adicionales.
1. ¿Qué era el Index?
«El i. de libros prohibidos es el catálogo de los libros que la Sta. Sede ha condenado como perjudiciales para la fe o la moral y de los cuales, salvo especial dispensa, se prohíbe tanto la lectura como la posesión (v. Libros prohibidos). Es necesario por tanto que haya una guía, ya que muchas veces no basta tener un a conciencia recta e ilustrada para descubrir el error, sino que se precisa una autoridad que por su rectitud y ciencia esté en condiciones de dirigir las inteligencias y los corazones.» (Palazzini-Roberti)
2. ¿Qué significaba la inclusión de un libro en el Index?
2.1. Significado moral para los fieles.
«La Iglesia obra con suma prudencia en esta cuestión. Un libro no se pone nunca en el í. si antes no ha sido cuidadosa y profundamente examinado por varios hombres doctos en la materia de que trata el libro. […] Por lo cual podemos tener la certeza moral de que un libro es malo o al menos peligroso cuando se le incluye en el í. El juicio de la Iglesia es para un cristiano no sólo una advertencia, sino también un precepto al que debe obedecer todo fiel...» (Palazzini-Roberti).
Aunque parezca una obviedad, cabe señalar que la inclusión de un libro en el Index no era de suyo extensiva al resto de las obras de un autor sino una disposición para tal o cual libro concreto.
2.2. Significado respecto del autor y su obra.
«La prohibición de un libro no constituye de suyo una nota personal de infamia o reproche contra el autor, ni siquiera propiamente un juicio sobre el mérito intrínseco del libro; sino solamente una conclusión práctica sobre el peligro que de él se teme que pueda deducirse razonable y directamente para los fieles. Por esta razón la buena fama del autor y su ortodoxia no quedan comprometidas, cuando él cumple con su deber sometiéndose.» (Palazzini-Roberti).
3. ¿Un «juicio» sin derecho a la defensa?
«No es, por lo tanto, ni siquiera contra la justicia o el derecho proferir este juicio sin interrogar al autor y sin oír sus explicaciones; ni esto se puede comparar con la condena de un acusado sin escucharle, ya que no se pronuncia un juicio sobre el autor, sino sólo sobre el libro y sobre el efecto que puede producir en el ánimo de los lectores. Por la misma razón no se notifica al autor la sentencia, ni se publican los motivos, ni se citan los pasajes objeto de la condena.» (Palazzini-Roberti).
4. La simple inclusión era una medida revisable.
«Como puede verse en Acta Apost. Sedis, generalmente cuando el Santo Oficio prohíbe un libro suele mandar que se le incluya en el índice.
Según advierte V. MARTÍN [Les congrégations romaines. Chap. 2, p. 46. París, 1930] la simple inscripción en el índice, sin calificación doctrinal, no implica necesariamente que una obra sea mala en sí. Tal medida puede obedecer a que por circunstancias pasajeras resulte perjudicial su lectura; y una vez desaparecidas aquéllas, no habrá inconveniente en dejarla circular. De hecho, en varias ocasiones el Santo Oficio mandó retirar del índice algunas obras, que antes había incluido en él por razones de prudencia.» (Alonso Morán OP, Sabino. La prohibición de libros. En: Revista Española de Derecho Canónico (1959), nº 40, p. 11).