sábado, 26 de julio de 2014

En lo opinable, libertad

En la Iglesia existe un ámbito de lo teológicamente opinable que es objeto de libre discusión. Aquí vale la expresión atribuida a san Agustín: In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas. Corresponde a un amplio conjunto de sentencias que los teólogos catalogan con notas tales como: más común, comunísima, más probable, probable, etc. El asentimiento una u otra sentencia es facultativo.  El disenso es legítimo y no puede aplicarse censura teológica alguna, siquiera la de temeridad. Disentir en estas materias no constituye de suyo pecado, ni delito, sino legítimo ejercicio de un derecho. La pluralidad de opiniones distintas en estas materias constituye una riqueza de la Iglesia que no es un sistema totalitario.
Reconocer el ámbito de lo teológicamente opinable puede ser especulativamente difícil, por efecto de una herencia intelectual ultramontana que empacha de certezas. El afecto desordenado por las certezas teológicas, en ámbitos que no las consienten, mata la acribia teológica y transforma a una ciencia -que además de certezas, también emplea probabilidades- en ideología.  Podemos ver ejemplos de no reconocimiento de la esfera de lo opinable en nuestras entradas sobre el sedevacantismo, el integrismo y el neoconservadurismo eclesial.
En la práctica, el respeto por la libertad de discusión en materias teológicas opinables depende del ejercicio de varias virtudes. Y como muchas veces nos falta virtud, podemos cometer errores e injusticias, tachando de heterodoxia opiniones legítimas; y todo ello bajo apariencia de “sí, sí; no, no” evangélico. No podemos arrojar la primera piedra.
Ofrecemos hoy nuestra traducción del capítulo IX de una libro de Sisto Cartechini, (DALL’OPINIONE AL DOMMA. VALORE DELLE NOTE TEOLOGICHE) que puede servir de introducción al tema. 
DE LA PROPOSICIÓN PROBABLE.
Una proposición se dice probable cuando se apoya sobre un motivo no del todo seguro pero bastante grave; tanto de modo absoluto, considerado en sí mismo, cuanto de modo relativo, si se compara con las razones de la sentencia opuesta. Por tanto una tesis probable también podría también ser falsa por sí; y si una tesis es solamente probable no se puede decir que la contradictoria sea ciertamente falsa.
Así también puede ocurrir que una opinión prudente sea de hecho errónea y que una opinión en apariencia imprudente sea de hecho verdadera. Dado que, en efecto, se trata de opinión, uno no puede estar nunca cierto de la verdad.
Ahora, también la Iglesia tiene sus opiniones, y no admite todo como si fuera de fe católica. ¿Acaso no hubo en los primeros siglos una opinión prudente sobre la inminencia de la Parusía? Sin embargo fue falsa. ¿No sostuvieron muchos, como sentencia probable, que fuera necesaria la Eucaristía por la salvación eterna de los infantes? Lo que fue falso.
Así también en siglos pasados hubo opiniones verdaderamente extrañas acerca de las obsesiones y la naturaleza de la extensión del acto demoníaco.
Por lo cual se ve cuan importante es darse cuenta de la nota teológica; porque, si aceptamos una tesis que creemos ser cierta e ignoramos que en cambio es sólo probable, nos exponemos al peligro de tener que revisar luego nuestra sentencia.
Está claro que cesa toda probabilidad de una proposición cuando la verdad de la opuesta se hace evidente por argumentos ciertos.
Y la probabilidad de una sentencia se acrecienta más que por la cantidad de argumentos por el peso de estos. Pero puede ocurrir que, aunque falte la evidencia de algo, se puedan aducir muchas y tan graves razones probables que, tomadas en conjunto, basten para demostrar que la sentencia es completamente cierta; de otro modo no se podría dar una razón suficiente de tantos motivos diversos y convergentes hacia un sólo punto. En esto consiste lo que se llama convergencia de las probabilidades.
El ser una sentencia más probable no impide que la sentencia opuesta también permanezca como probable. También puede darse el caso de dos proposiciones contradictorias que sean igualmente probables; por lo cual se puede dar la misma adhesión a una proposición y al mismo tiempo creer en la opuesta como realmente probable. Puede, en efecto, ocurrir que por la una y por la otra se den razones que, si se toman separadamente y de modo absoluto, sean graves; pero tomadas en conjunto, no siendo ciertas, no den la seguridad que decide el asentimiento de la inteligencia. También consta por experiencia que muchas proposiciones, opuestas de modo contradictorio, condujeron a sentencias opuestas a hombres sapientísimos. Así ha ocurrido sobre la predestinación antes o después de la previsión de los méritos, sobre la causa instrumental de la creación, sobre de la naturaleza del pecado original, sobre la naturaleza o esencia de la beatitud.
Aún más: alguien podría tener la opinión que una proposición sea verdadera y al mismo tiempo creer probable otra opuesta; al contrario, podría como opinión tener a una proposición por verdadera, teniendo graves y sólidas razones, y al mismo tiempo juzgar la opuesta más probable, siendo más graves las razones en contrario.
La tesis probable es lo mismo que la conclusión escolástica o propia de alguna escuela o sistema, deducidos de las verdades reveladas y de aquel sistema. Tal sería la tesis de los que sostienen que Dios no conoce los futuribles en el signo antecedente a su futurición.
Ejemplo, pues, de proposiciones mucho más probable es aquella tomada del tratado de los sacramentos, según la cual Jesucristo, que ha instituido -es dogma- todos los sacramentos, ha instituido algunos sacramentos sólo genéricamente, o sea no determinando en particular el rito a seguir en su administración, como por ejemplo en los sacramentos de la confirmación y el orden. Esto se demuestra con el hecho que en el curso de los siglos el ritual de estos dos sacramentos ha estado sujeto a mutaciones accidentales; lo que no se podría explicar si Cristo hubiera determinado el rito; este, en efecto, si Cristo lo hubiera establecido de modo particular, la Iglesia infalible no habría podido en ningún modo cambiarlo.
Notamos, en fin, que la probabilidad se dice intrínseca si procede de la misma naturaleza de la cosa de que se trata; extrínseca, en cambio, cuando apoya sobre la autoridad de otros. Por este motivo una proposición hoy evidentemente falsa no tiene alguna probabilidad, ni siquiera extrínseca, incluso si fue sostenida por grandes autores antiguos*.


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* N. de T.: este párrafo puede resultar confuso. No contamos con una edición original de la obra para consultar las notas del autor.

jueves, 24 de julio de 2014

Infovaticana





Infovaticana se comunicó con esta Redacción para incluir nuestra bitácora en tal sitio y aceptamos. Nuestro blog es de dominio público, por lo que cualquiera puede reproducir su contenido con toda libertad. Si cita la fuente cumple una norma de cortesía en la web. Pero si no lo hace, no nos importa. 
A partir de los próximos días publicaremos tanto en blogspot como en infovaticana con la finalidad de dar mayor difusión a nuestras entradas. 
Tenemos algunos problemas técnicos con el manejo de la nueva plataforma, pero esperamos solucionarlos en breve.
Infovaticana no impuso ni sugirió condición alguna a nuestra «línea editorial». Tampoco realizó ninguna sugerencia de modificar nuestra «independencia de criterio». Si lo hiciera, es obvio que no lo aceptaríamos.


miércoles, 23 de julio de 2014

Importante texto del cardenal Cañizares

Cuando el cardenal prefecto de la Congregación para el Culto Divino hace algo bien no tengo el menor problema en señalarlo y alabarlo. Es más, lo hago con muchísimo gusto. Como en esta ocasión con el prólogo que dedicó al libro del benedictino Alberto Soria.
Que os transcribo:



Tomado de:



domingo, 20 de julio de 2014

Evangelizan orando



Unión del apóstol activo y del alma solitaria para la eficacia del apostolado
Los miembros de Cristo, en el cuerpo místico de Cristo, necesitan estar más unidos y vivir más armónicamente que los miembros del cuerpo, pues tienen todos la misma vida: Jesús. Los misioneros activos y los contemplativos trabajan para amar a Cristo y hacerle amar de todas las almas, y unos y otros forman un solo perfecto apostolado; mutuamente se completan, y cuando falta uno de los dos no hay apostolado perfecto.
No pueden faltar nunca estos dos miembros; tan necesario es el uno como el otro, y los dos unidos son la vida de la Iglesia. Santa Teresa de Jesús decía a sus Carmelitas, retiradas, solitarias, descendientes de ermitaños, señalándolas el espíritu que habían de tener de Iglesia orante y expiadora: que no se tuviese por Carmelita la que no ofreciera todas sus oraciones y sacrificios para que Jesucristo fuera más amado y conocido y para que se extendiera la Iglesia.
Ni dejaba de recordarles su fin de que se ofrecieran al Señor por los sacerdotes y apóstoles que trabajaban en las almas, para que sean santos, porque han de ser ángeles y estar despegados del mundo los que tratan de convertirle. Y señalaba estos efectos de las almas muy abrasadas en el amor de Dios: «Da Dios a estas almas un deseo tan grandísimo de no descontentarle en cosa ninguna, por poquito que sea, ni hacer una imperfección, si pudiese, que por sólo esto, aunque no fuese por más, querría huir de las gentes, y ha gran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos. Por otra parte, se querría meter en mitad del mundo por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase más a Dios» (1).
Los que viven en soledad espiritual, si viven santamente y sólo para Dios, como es su fin, no pueden olvidarse de pedir y ofrecerse a Dios con instancia grande y no pequeños sacrificios por el florecimiento de la Iglesia, por la salvación y santificación de todas las almas, pues todas son criadas por Dios, redimidas por la sangre de Jesucristo y hermanas suyas; y muy especialmente por cuantos se dedican al apostolado externo. Y cuantos se consagran a este apostolado externo por el llamamiento divino, si son fieles y lo hacen, como deben, por verdadero amor de Dios, no pueden menos de poner todo su esfuerzo por tener oración y recogimiento y presencia de Dios, para vivir desprendidos de los bienes y amistades terrenas y muy sobre sí mismos en soledad espiritual, en perfecta soledad espiritual, tanto más necesaria cuanto están en más difíciles circunstancias; porque es heroico tratar con el mundo y estar desprendido de él; pero tanto más meritoria y santa será la obra cuanto más difícil. El hombre puede plantar y regar, hablar y moverse; pero sólo Dios da el incremento. Las gracias de la conversión y de la santificación sólo las puede dar Dios, y sin su gracia y la unción del Espíritu Santo, todas las palabras y todos los esfuerzos del apóstol serán estériles y vanos. Pero Dios se comunica por conducto de las almas santas, y todos tenemos que pedir al Dador de todo bien que envíe apóstoles santos a su Iglesia.
El apóstol externo, santo, el maestro de las almas, siente la necesidad de encomendarse a sí mismo y encomendar su obra para que el Señor la haga dar copioso fruto, y encomienda también a las almas santas que viven en la Iglesia, en los lugares que sea, y a todas las almas del mundo. Así, compenetrados y hechos uno solo, está el misionero externo santo y el alma solitaria santa, la Iglesia docente y la Iglesia que ora y expía, formando el único apostolado de Dios, pues en sustancia sólo hay un apostolado: el de la santidad y las virtudes, el de amar y hacer amar. El misionero sin santidad, sin la vida interior, sería un sol pintado, que, por bello que parezca, no da luz ni calor.
Vemos hoy que en las misiones colectivas de las ciudades, los misioneros dirigentes piden a los monasterios de clausura oraciones para que Dios derrame gracias especiales en esos días y bendiga los labios y los actos del apóstol, porque sólo hay un apostolado, y las diversas maneras de practicarlo han de converger en Dios, que es el hacedor de todo.
Jesucristo, con su ejemplo y con su palabra, nos mandó la oración permanente y la penitencia, y envió a los escogidos a predicar, desprovistos de bienes materiales, sin que nada les faltase, confiando en la divina Providencia, y sólo mediante la oración y el ayuno se arroja esta clase de demonios (2), les dijo al bajar del monte Tabor. También el apóstol de vida activa ha de ser necesariamente alma interior y vivir la soledad espiritual. La vivía San Pablo, el gran misionero, entre los apóstoles; la vivía entre las gentes y en la cárcel, y repetía la enseñanza fundamental del Divino Maestro: No queráis que vuestra vida sea   como la vida de los mundanos (3), y afianzando y enseñando la vida que ha de tener el cristiano, decía imperativamente: Vuestra vida esté escondida en Cristo (4).
El apóstol de vida externa no puede estar vacío interiormente, ni estar lejos de Dios, ni debe vivir sin tener mucho trato con Nuestro Señor. Ha sido llamado para ser mensajero de la vida espiritual, interior, de amor divino, y no puede llevarla, ni aun hablar consciente y experimentalmente de ella, si no la vive y va lleno de Dios, empapado en amor y reflejando santidad en sus obras lo mismo que en sus palabras. Ha de sembrar vida santa y no se efectuará la siembra si se carece de la semilla.
Y esta verdad no fue sólo para el apóstol de los primeros siglos de la Iglesia; lo es para todos los tiempos, como el Evangelio, y lo es en el momento presente. 
(…)
El apóstol es una hoguera de Dios y un sol en lo alto del firmamento, creado, puesto y alimentado por Dios para que dé luz y calor divino y derrita todos los hielos de la frialdad religiosa, de la ignorancia y del pecado.
Será mejor apóstol la hoguera más encendida, el sol más esplendoroso, el que caliente más almas y las inflame en amor. Esté donde quiera ese sol, siempre estará en el firmamento de Dios, en la amistad con Dios, en la soledad espiritual, y Dios le está dando la vida; cuanto más cerca y más lleno de Dios esté, más almas convertirá y santificará, esté en el desierto o esté en el mundo.
No hay discrepancia alguna en que el apóstol de Dios ha de vivir esa vida de Dios por la vida de oración. Habría discrepancias en el obrar, pero no en el pensar ni en el aconsejar.
Será el Papa, será un Santo antiguo o moderno o será un escritor eclesiástico cualquiera; todos, en una forma o en otra, enseñan esta verdad. Un autor de nuestros días nos dice: «Los Santos llevaron muchas almas a Dios, y los malos sacerdotes no llevan ninguna o las alejan» (8).
«No puede haber eficacia sobrenatural alguna sin una vida de oración auténtica. Si las exigencias de la vida moderna y de sus actividades múltiples se muestran incompatibles con la oración prolongada, caiga la actividad, cercénese, húyase de ella; todo menos cortar las alas a las almas y empobrecer su vida interior ...» «Sería gravísimo y peligrosísimo yerro si el sacerdote, dejándose llevar de falso celo, descuidase la santificación propia por engolfarse totalmente en las ocupaciones exteriores, por buenas que sean, del ministerio sacerdotal...»(9).«...No nos conformemos con esas orientaciones espirituales que llaman vida de oración a un cuarto de hora y parecen colocar el desideratum en la media hora al día. La gente del mundo, lo mismo que los directores, deben tener tiempo, deben buscarlo por todos los medios. No creo que nadie me contradiga si afirmo dos cosas: primera, que no hay alma, por ocupada que sea su vida, que queriendo, no acierte a encontrar tiempo suficiente para la oración; y segunda, que son inútiles todos los otros medios sin éste, sin una vida de oración, a la antigua» (10). 
_______________
(1) SANTA TERESA DE J ESÚS: Moradas Sextas. Cap. VI.
(2) MATH.: XVII, 20.
(3) SAN PABLO: A los Romanos, XII, 2.
(4) Ídem: A los colosenses, III, 3.
(…)
(9) Pío XII: Ad Catholici Sacerdotii.
(1O) CÉSAR VACA: Gulas de Almas. Cap. VIII.

Fuente:
Un carmelita descalzo. Al encuentro con Dios. Madrid (1958). Pp. 323 y ss.

jueves, 17 de julio de 2014

El pozo seco del slogan

El pozo seco del slogan
Por Nicolás de la Plaza *.

La foto de Bergoglio mostrando la remera "No al Fracking" da para muchas lecturas. No, no las da, posó con el único político opositor argentino de relevancia que se declara "admirador de Chávez" y supongo que por continuidad de Nicolás Maduro: el viejo Pino.
A Pino lo escuché en varias ocasiones hablando de fracking, gritando que es un "escándalo" e "inmoral", pero poco dice y sabe del asunto. Incluso hizo una película. No la vi pero imagino el testimonio de los mapuches, del criollo triste, la señora mostrando el vaso de agua sucia, la chiquita refregándose los ojos con pucherito diciendo que no le gusta Chevron, entre avergonzada y a la vez divertida.
Imagino en ese powerpoint demagógico las manos manchadas de petróleo del presidente de Ecuador, Rafael Correa (otro de sus ídolos), el mismo Correa que mantiene esa dolarización soñada a fuerza de petróleo y no de ingeniería espacial. Lo escucho a Piazzolla de lejos o un carnavalito, mientras la voz del viejo Pino dice algo así como "y así, de a poco, las fuerzas de nuestra tierra y nuestra gente se ven debilitadas y casi vencidas por el monstruo insolidario y ambicioso extranjero". Y un guanaco mirando fijo a la cámara.
Todo este juego de niños, tiene rating. Y Bergoglio quiere levantar su iglesia con signos y gestos. Como el peronismo. La solemnidad del discurso vacío que agrada a quienes ya abandonaron sus sueños. La señora que lava la vereda vestida de su abuela, el viejo que ve el TC en la cama fumando, el abogado corporativo que gana menos que un basurero. Ese público quiere escuchar: petróleo malo, dios bueno. Y no tanta historia.
Bergoglio, viejo zorro y peronista lo sabe. Pino también.
Iba a hablar de fracking, que puede ser inofensivo, que la manera de extracción convencional (normal, tradicional) de petróleo también contamina e incluso más porque se usan máquinas 50 años más viejas que las que se usan para hacer fracking. También que el fracking de Vaca Muerta se hace a varios cientos de metros de profundidad y que no hay forma de que se toquen las napas. Que el agua que se usa es siempre la misma y que sí, que esa agua se contamina, pero no vuelve a la Pachamama, se trata y se vuelve a usar. Que el petróleo es la fuente de absolutamente todo lo que usamos hoy en día, que la vida con tomatitos en el balcón es un entretenimiento de parisinos aburridos y millonarios.  
También iba a desafiar al Papa (osado!) y al viejo Pino a que definan una alternativa de combustible al petróleo por el que hoy Argentina paga 17 mil millones de dólares anuales importando, pero recuerdo que la idea de Pino y sus cumpas, y veo que también la de la Iglesia Catolica, es la "extracción familiar".
Extracción de petróleo familiar. La mamá con la palita excavando, el padre con la boina preparado con el balde para que salga el chorro de crudo, los chicos jugando a la pelota alrededor, los perros persiguiendo gallinas. El olor a eucalipto, el chaqueño Palavecino sonando de fondo, la pampa argentina productiva.

* Nicolás de la Plaza es abogado (UBA) y master en Derecho del Petróleo en The University of Oklahoma.

Fuente:

martes, 15 de julio de 2014

Pastoral matrimonial y nulidades



En los procesos de nulidad de un matrimonio está presente la figura del defensor del vínculo cuya función es proponer y manifestar todo aquello que pueda aducirse a favor de la validez del enlace y en contra de su nulidad. En este vídeo observamos la caricatura de un cura que en su afán por defender un vínculo llega a decir que lo que él ha unido en la tierra no lo separa ni Dios... Más allá de la broma, vale la pena pensar un poco sobre las dificultades prácticas que tienen propuestas encaminadas a facilitar la declaración de nulidad de un matrimonio. Y más en general, sobre cualquier propuesta de descentralización o desconcentración de funciones, que es una medida de gobierno que puede ser buena para la comunidad, pero que requiere como condición de eficacia contar con recursos humanos bien calificados.  No parece ser el caso de este cura...

viernes, 11 de julio de 2014

EL DÍA QUE ME AVERGONCÉ DE SER JUDÍO


Aunque no compartimos todo el contenido de esta nota, que contiene algunos puntos que rechazamos de plano y otros muy discutibles, nos parece interesante reproducirla.
EL DÍA QUE ME AVERGONCÉ DE SER JUDÍO
por MIJAEL EVEN DAVID, Rabino.
Hoy nos hemos unido a los fuegos de la Inquisición. Quemamos personas vivas de una fe diferente a la nuestra y dijimos que es nuestro D’s que lo requiere. Hoy nos unimos a las hordas de los cosacos, con odio asesino y salvaje, sin ver al otro, sólo viendo que somos diferentes. Hoy nos unimos a los asesinos nazis, matando a un niño brutalmente por su raza y etnicidad.
Hoy dejamos de ser el Pueblo Elegido, porque para esto no fuimos elegidos. Tal vez necesitemos otros dos mil años de Exilio para recordar quiénes deberíamos ser. Hoy perdimos cualquier superioridad moral que queríamos creer que teníamos. Somos exactamente como ellos. También somos asesinos. Todos nosotros. Los que lo prendieron en llamas, los que gritaron “muerte a los árabes”, los que declararon que la Torá nos pide matar y asesinar y vengarnos. Aquellos que vieron todo esto y no hicieron nada, aquellos que mañana aún no harán nada.
Especialmente aquellos que tratan de encontrar paz para sus consciencias en las comparaciones: “ah, pero nosotros no celebramos asesinatos”, “nosotros no enseñamos a odiar en nuestras escuelas”, “nosotros no consideramos a los terroristas, héroes”. Pero no es sobre ellos, D’s Altísimo, ¡es sobre nosotros! Es sobre perdernos a nosotros mismos, sobre nuestro fracaso como nación. Evidentemente hemos fallado.
En el futuro, cuando estudien las leyendas sobre la destrucción de nuestra sociedad, de nuestro Estado, ellos leerán: “Por el asesinato, la quema, el salvaje homicidio de Muhammad Abu Jdeir, nuestro Templo fue destruido, nuestra Tierra fue desolada y fuimos exiliados entre las Naciones”.
Nunca la paz se vio más lejana. Nunca estuve tan avergonzado de ser israelí. Nunca estuve tan avergonzado de ser Judío
Fuente:


jueves, 10 de julio de 2014

Los orígenes apostólico-patrísticos de la Misa Tridentina


El amigo Flavio Infante ha traducido el trabajo «LOS ORÍGENES APOSTÓLICO-PATRÍSTICOS DE LA "MISA TRIDENTINA"» de Sor María Francesca Perillo, F.I. Reproducimos ahora su introducción y nos tomamos la licencia de publicar el artículo en nuestro estante de scribd.

Con la satisfacción del deber cumplido, ofrecemos la traducción de este extenso pero invalorable texto, correspondiente (con algunas añadiduras posteriores y profusión de notas al pie) a la ponencia de sor Maria Francesca Perillo, de la estigmatizada rama femenina de los Franciscanos de la Inmaculada, en el Tercer Convenio Summorum Pontificum celebrado en el Angelicum de Roma entre el 13 y el 15 de mayo de 2011. Para mayor comodidad de acceso al mismo, lo hemos adjuntado en la columna derecha del blogue, entre aquellos textos que integran la sección «Jugo de doctrina sobre fe y liturgia».
Nunca estará de más insistir en que la gravedad de la crisis de la Iglesia se funda muy principalmente en la llamada «cuestión litúrgica». Entre los autores hay amplia coincidencia en afirmar que el protestantismo impulsó su ruptura con la Tradición precisamente a través de significativos cambios en el culto, y entre los hallazgos más celebrados de dom Guéranger se cuenta el del reconocimiento de la existencia de una «herejía antilitúrgica» desde el jansenismo a nuestros días, mirante a debilitar la certeza de la fe.  De ahí lo dramático de los cambios que afectan a la vida de la Iglesia en el último medio siglo, cuyo carácter último e inspiración quedó suficientemente manifiesto por Paulo VI en la Audiencia General del 13 de enero de 1965, cuando dijo entre otras cosas que «es menester reconocer que una nueva pedagogía espiritual ha nacido con el Concilio: es ésta su gran novedad; y nosotros no debemos dudar en hacernos primeramente discípulos y luego sostenedores de la escuela de oración que está por comenzar. Podría ocurrir que las reformas toquen costumbres queridas e incluso también respetables; podría ocurrir que las reformas exijan algún esfuerzo para con éstas que no resulte agradable; pero debemos ser dóciles y tener confianza: el plano religioso y espiritual que se nos abre por delante merced a la nueva Constitución litúrgica es estupendo por profundidad y autenticidad de doctrina, por racionalidad de lógica cristiana, por pureza y por riqueza de elementos cultuales y artísticos, por correspondencia a la índole y a las necesidades del hombre moderno». 
Tampoco resultará difícil hacerse una idea de la tensión espiritual que acompaña a las circunstancias actuales si, después de la lectura de este trabajo, pasamos a considerar los principios expuestos recientemente por sor Fernanda Barbiero, dorotea, puesta al frente de las hermanas Franciscanas de la Inmaculada con motivo del comisariamiento que sufre la orden: «nosotras, las religiosas, hemos sido formadas en un tipo de fe y de espiritualidad que nos aparta de la razón. Es una espiritualidad congelada en la filosofía del ser, ya no más actual por la urgencia de construir una ética. Y ética quiere decir relación de vida, no razón [...] Nosotras debemos simplificar la religiosidad y volverla más cercana a las necesidades reales de los pobres. Hay mucho de "invisible", mucho arcano. La dirección de la vida religiosa parece demostrar que la santidad tiene su epicentro en el más allá, en lo invisible, o en una caridad mucho más cercana a la limosna que a la responsabilidad y al compromiso por un mundo más justo [...] Debemos reconciliarnos con la historia como único templo en el que Dios ha tomado rostro y casa».
Y con perdón de los lectores por preceder estas exquisitas páginas que siguen con comprobaciones tan amargas, dejamos ahora hablar a quien corresponde hacerlo. Si hii tacuerint, lapides clamabunt.

domingo, 6 de julio de 2014

El monje y el candelabro


Esta entrada tiene por finalidad servir de retractación pública a unos comentarios originados en la ignorancia y precipitación de quien esto escribe.
El candelabro de siete brazos que aparece en la imagen pertenece al Oratorio de San Felipe Neri en Londres. Según informaron los oratorianos a un amigo, el candelabro está en uso litúrgico desde mediados del siglo XIX.
P. Y el número siete en las lámparas, ¿qué simboliza? 
R. Aquí ya andamos en camino más plano. Dios mando hacer á Moisés, un gran candelabro con siete brazos, sosteniendo' siete lámparas que ardían con aceite purísimo de olivas. (Exod. XXV, 67). El profeta, Zacarías vio en otra ocasión, en una visión profética, otro candelero semejan te, con una gran lámpara en el vértice y un reservatorio del que bajaba el óleo á siete lámparas que, en el brazo sostenía (Zach. IV, 2), finalmente el apóstol San Juan, en capítulo IV de la Apocalipsis vio también siete lámparas ante el trono del Señor, en lo que hacía alusión, lo mismo que el candelabro del profeta Zacarías, al gran candelero Moisés. Ahora bien; este candelero con siete luces ardiendo siempre en el templo, explica el porque de las siete lámparas que manda el Ceremonial poner alrededor del altar en las iglesias catedrales.
P. Pero los candelabros figurativos, ¿nada simbolizan á su vez?
R.. Mucho simbolizan: unos los han tomado como símbolo de los dones del Espíritu Santo, que como luz alumbra la inteligencia, y como fuego inflama la voluntad; otros han visto significadas las siete dotes ó virtudes de la Divina Providencia que ilumina al mundo, y son: la sabiduría; fortaleza, beneficencia, justicia, paciencia, conminación y severidad; otros se afanan en ver representados los siete sacramentos, que iluminan, curan y nutren como el óleo, y cuatro de ellos hacen uso del óleo en la confección. Algunos lo reducen á simbolizar las siete órdenes, cuatro menores, y tres mayores, que dan ministros á la Iglesia de los cuales dijo el Señor que eran la luz del mundo; otros, por fin, como el Señor Segur, creen que las siete lámparas simbolizan aquellos siete luminosos espíritus de los que dijo el arcángel Rafael: «yo soy uño de los siete príncipes que asisten delante del Señor» (Tob. XII, 15). Y en efecto: los ángeles son espíritus de luz, como los demonios son espíritus de tinieblas, y aun a una de sus jerarquías le toca iluminar, como dice San Dionisio Areopagita. Y todas estas significaciones pueden adoptarse pues todas tienen grandes patrones y sólidos fundamentos (1). San Juan que vio siete lámparas ardiendo ante el trono añade luego que son siete espíritus de Dios (Apoc. IV, 5).”
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(1) Véase Alápide, Zach. IV. 6

Fuente:
Chávez, G. Catecismo de la Lámpara de Nuestro Amo. Historia y arqueología, liturgia y disciplina, simbolismo y piedad. México. Moderna Librería Religiosa (1903), pp. 34-36.

viernes, 4 de julio de 2014

Hagan lío... pero a lo Bruck

"Sueño con una juventud turbulenta, de la que serías tú, Jesucristo, el jefe y el héroe y la que, entre muchas otras cosas imaginativas, vendría a las iglesias todos los domingos para abuchear a cualquier predicador que se metiera a hablar de lo que no le concierne y que evitara hablar de la única cosa que interesa a un cristiano como tal, y a la Iglesia: de ti, de tu vida, tu pasión y tu resurrección, tus milagros, tu reino, tu enseñanza, los profetas que te anunciaron por anticipado, tus discípulos que has amado, los santos que te han amado. 
Cada vez que el predicador se alejara de este tema que es, en una iglesia, el único necesario, habría primero el zumbido de advertencia, luego el alboroto aumentaría hasta que todas las bocas vociferaran "letanías", las famosas letanías: ¡Jesucristo! ¡Jesucristo! Cuando un predicador fuera puesto así en vereda varias veces seguidas, se fijaría más antes de profanar tus santuarios con sus secreciones personales sobre temas políticos, sociológicos, etcétera.
Pues no hay que equivocarse. ¿Quién profanaría las iglesias, los que gritaran allí ¡Jesucristo! o, es el caso decirlo, los que continuaran haciendo allí sermones de pacotilla?" 
Tomado de:

Bruckberger, R. L. Carta abierta a Jesucristo, pp. 122-123.

miércoles, 2 de julio de 2014

Toda verdad procede del Espíritu Santo

Hay una frase del Aquinate Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est (toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo) que debería estar en el encabezado de nuestra bitácora. Porque expresa una realidad profunda y a la vez constituye una guía segura en la búsqueda, cultivo y difusión de la verdad. Muchas veces resulta oportuno recordar este dictum del Aquinate. Especialmente, cuando se desatan polémicas estériles o se encolerizan los frikis.
Santo Tomás puso en práctica el criterio en toda su obra, realizando una ardua labor de selección, asunción y depuración de elementos tomados de diversos pensadores. Un criterio aplicable a cualquier persona que diga una verdad. ¿Se aplica a los no católicos? Claro que sí, el Aquinate tomó muchas verdades de paganos como Platón y Aristóteles. ¿Se aplica a cristianos heterodoxos? También, en la Catena hay varios pasajes de Orígenes. ¿Y vale para los papas conciliares y postconciliares? ¡Sí! La fórmula dice a quocumque dicatur... Además, el criterio es válido para quien desee introducirse en autores que pueden tener un sistema de pensamiento radicalmente erróneo, pero con verdades parciales, como así también para otros autores con algunos elementos erróneos dentro de un sistema verdadero.
El olvido del omne verum… , que es un rasgo constante del espíritu cristiano, ha causado más de una equivocación. Es un rasgo muchas veces presente -no siempre, ni en todos- en lo que hemos denominado formas patológicas de tradicionalismo.
Ofrecemos hoy dos fragmentos que esperamos contribuyan a un crecimiento de la reflexión sapiencial:
4. Toda verdad procede del Espíritu Santo
En la obra tomasiana encontramos una proposición atribuida a san Ambrosio, que refleja un rasgo decisivo de la espiritualidad del teólogo dominico y que está íntimamente vinculada con la temática que venimos tratando: “Omne verum a quocumque dicatur a Spiritu sancto est” (61).
Esta máxima, en realidad, pertenece al Comentario a la Primera Carta a los Corintios de un anónimo que vivió en la segunda mitad del siglo IV, al que Erasmo llamó Ambrosiaster debido a que por mucho tiempo fue confundido con Ambrosio de Milán (62).  
El Aquinate cita dieciséis veces la proposición del Ambrosiaster a lo largo de su obra para apoyar la tesis del origen divino de toda verdad: las verdades creadas son participaciones de la Verdad increada, que es su causa primera en el orden de la eficiencia y de la ejemplaridad (63).  
En su Comentario al Evangelio de San Juan, nuestro autor señala un par de veces la radical dependencia de la creatura respecto de Dios en el orden del conocimiento. Esto le permite explicar, por ejemplo, en qué sentido Jesús puede declarar legítimamente que su enseñanza no es suya. En Juan 7,16, el Señor habla en cuanto hombre y desde esta perspectiva su ciencia creada, como la de toda otra creatura racional, proviene de Dios. De esta afirmación metafísica, Tomás extrae una lección moral contundente, pues –dice– allí tenemos un ejemplo de humildad que nos incita a reconocer con acción de gracias que todo nuestro conocimiento viene de Dios (64). Más adelante, a propósito de Juan 8,44, la misma tesis del origen divino de la verdad justifica la idea de que toda creatura cuando habla por sí misma (“ex propriis”), pero contando obviamente con la iluminación divina que sostiene toda su actividad noética, solo expresa mentiras. Esto vale particularmente para el demonio (65).

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(61) El Magisterio reciente se hizo eco de esa proposición, cf. Juan Pablo II, Encíclica Fides et ratio, n. 44.
(62) Pseudo-Ambrosio, Commentaria in epistolam ad Corinthios primam, c. 12, v. 3 (PL 17, col. 245 B; CSEL 81, 2, p. 132): “Dictum enim ipsum, quo significatur Dominus Jesus, non ab adulatione hominum, sicut et idola dii vocantur, sed Spiritus sancti veritate profusum est; quidquid enim verum a quocumque dicitur, a sancto dicitur Spiritu”. La mención del Espíritu Santo como fuente divina de la verdad distingue este enunciado de aquel de san Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus, q. 1 (ed. A. Mutzenbecher, 1975, p. 11): “Omne verum a veritate verum est […]. Est autem veritas Deus”.
(63) Cf. Tomás de Aquino, In Sententiarum, I, d. 19, q. 5, a. 2; De veritate, q. 1, a. 8; Cf. S.-Th. Bonino, “Toute vérité, quel que soit celui qui la dit, vient de l’Esprit-Saint. Autour d’une citation de l’Ambrosiaster dans le corpus thomasien”, Revue Thomiste 106 (2006) 101-147; A. Strumia, “Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”, Divus Thomas 34 (2003) 216–227.
(64) Cf. Tomás de Aquino, In Ioannem, c. 7, lec. 2, n. 1037.
(65) Cf. Tomás de Aquino, In Ioannem, c. 8, lec. 6, n. 1250.

Fuente:

Herrera, OP, Juan José. “El Espíritu Santo: Maestro Interior”, p. 12 y ss.


Los que han vivido según el Verbo, ya fueran paganos o judíos, han sido, pues, cristianos por definición, en tanto que quienes han vivido en el error y en el vicio, es decir, contrariamente a lo que les enseñaba la luz del Verbo, han sido verdaderos enemigos de Cristo desde antes de su llegada. Si es así, la suposición de San Pablo, aun permaneciendo materialmente la misma, se halla espiritualmente transformada, pues donde el Apóstol invocaba contra los paganos una revelación natural que los condena, San Justino admite en favor de aquéllos una revelación natural que los salva. Sócrates llega a ser un cristiano tan fiel, que no es sorprendente que el diablo hiciera de él un mártir de la verdad, y Justino no está lejos de decir con Erasmo: "¡San Sócrates, ruega por nosotros!"
A partir de ese momento decisivo, el Cristianismo acepta, pues, la responsabilidad de toda la historia anterior de la humanidad, pero también reclama el beneficio. Todo lo mal hecho se ha hecho contra el Verbo, pero puesto que inversamente todo lo bien hecho se ha hecho por el Verbo, que es el Cristo, toda verdad es cristiana por definición. Cuanto bien se ha dicho es nuestro… (7). He ahí, formulada ya en el siglo II, en términos definitivos, la regla eterna del humanismo cristiano. Heráclito es de los nuestros; Sócrates nos pertenece, puesto que ha conocido al Cristo con un conocimiento parcial, gracias al esfuerzo de una razón cuyo origen es el Verbo; nuestros son también los estoicos y, con ellos, todos los verdaderos filósofos en quienes brillaban ya las semillas de esa verdad que la revelación nos descubre hoy en su plenitud (8)
Para quien decide adoptar esta perspectiva sobre la historia, sigue siendo verdad el decir con San Pablo que la fe en Cristo dispensa de la filosofía y que la revelación la suplanta, pero la revelación no suplanta a la filosofía sino porque la perfecciona. De ahí un trastrueque del problema, tan curioso como inevitable. Si todo lo que había de verdadero en la filosofía era un presentimiento y como un esbozo del Cristianismo, quien posee el Cristianismo debe por eso mismo poseer todo lo que había de verdadero y todo lo que por siempre puede haber de verdadero en la filosofía. En otros términos, y por más extraño que esto pueda parecer, la posición racional más favorable no es la del racionalista, sino la del creyente; la posición filosófica más favorable no es la del filósofo, sino la del cristiano. Para cerciorarse de ello bastará con enumerar las ventajas que ésta presenta.
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(7) JUSTINO, IV Apologie, cap. X I I I . París, Picard, 1904, pág. 177. Para el fundamento de la doctrina véase V Apologie, cap. X L V I , págs. 94-97. Cf.: "Quisquis bonus verusque Christianus est, Domini sui esse intclligat ubicumque invenerit veritatem." San AGUSTÍN, De doctr. christiana, I I , 18, 28; Patr. lat., t. 34, col. 49.
8 JUSTINO, II' Apologie, cap. X, pág. 169, y cap. X I I I , págs. 177-179. Pueden confrontarse esas declaraciones de Justino con la fórmula de San Ambrosio, varias veces citada por Santo Tomás de Aquino: "Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"; cf. P. ROUSSELOT, L´intellectualisme de saint Thornos d'Aquin, 2ª edic. París, G. Beauchesne, 1924, pág. 228. Hay en eso un rasgo constante del espíritu cristiano, que escapa a muchos de sus intérpretes y cuyo desconocimiento ha causado más de una equivocación. Debido a ello es particularmente difícil comprender los vínculos profundos del Renacimiento con el Cristianismo medieval y antiguo. Se ha considerado como prueba manifiesta del paganismo de Erasmo su famosa exclamación: "San Sócrates, ruega por nosotros." Sin embargo, si es verdad que Sócrates fué cristiano y condenado a muerte por instigación del demonio a causa de su participación en el Verbo, ¿no fué un mártir? Y si fué mártir, ¿no es un santo? Se hallarán curiosos ejemplos de los estragos causados en la historia por ese olvido de las verdaderas tradiciones cristianas en el libro de J. B. PINEAU, Érasme, sa pensée religieuse. París, 1923. Haciendo constantemente decir a Erasmo lo que éste no ha dicho, ese historiador no siempre comprende lo que Erasmo dice. La fórmula de Erasmo: "Christi esse puta quidquid usquam veri offenderis" (op. cit., pág. 116), no tiene nada que no sea tradicional. Decir que "fortassis latius se fundit spiritus Christi quam nos interpretamur" (pág. 269), sería para Justino timidez, no atrevimiento. No se trata de negar que el humanismo de Erasmo tenga un carácter nuevo, pero habría que conocer el antiguo para saber en qué es nuevo el suyo. También seria menester no interpretar sus textos a contrapelo. J. B. Pineau hace decir a Erasmo, refiriéndose al Cristo: "Pero, ¿qué nos enseña que no se encuentre equivalentemente en los filósofos?" (op. cit., pág. 117), esto para introducir un texto de Erasmo que quiere decir: "La autoridad de los filósofos tiene poco peso, a menos que todo lo que digan, a pesar de que lo hagan con términos diferentes, esté prescripto por las santas Letras" (ibid., nota 96). Es, pues, exactamente lo contrario de la idea que se le atribuye. Tales métodos no están hechos para aclarar la historia. 

Fuente:

Gilson, E. El espíritu de la filosofía medioeval, p. 33 y ss.

martes, 1 de julio de 2014

No más anónimos


~ NO SE ACEPTAN COMENTARIOS 'ANÓNIMOS' SIN ALGÚN NOMBRE, FIRMA O NICK IDENTIFICATIVO ~

Decidimos no publicar más comentarios anónimos. Con los comentadores que tienen nicks registrados, como Miles Dei, Ludovicus, Sofronio, etc. seguiremos la práctica habitual de publicarles sin revisar. Lo mismo haremos con quienes usan seudónimos no registrados pero ya conocidos como PEDRO HISPANO, El Carlista, Fray Juan, Cura loco español, etc. A todos los conocidos y de confianza les publicaríamos sin aprobación si fuera técnicamente posible. A los trolls, una vez más, los animamos a buscar ayuda profesional...

lunes, 30 de junio de 2014

Respuesta a Sofronio

“Una [bitácora] no está viva sino cuando cada número
disgusta a una buena quinta parte de sus [lectores]…” (Charles Péguy).

Estimado Sofronio:
Respondemos a su comentario:
(I) Corresponde al Romano Pontífice, si lo considera oportuno, determinar la forma concreta de devociones privadas como el S. Rosario. No a nosotros, ni a Ud.: al Papa.”
¿Y eso afirmación de dónde la saca? Sólo puede extraerse de Pigius o de algún sedevacantista montaraz, jamás del verdadero Magisterio de la Iglesia, ni por supuesto de Santo Tomás de Aquino, de ninguna. Ni es doctrina infalible de la Iglesia, ni muchos menos ex cáthedra y ni siquiera doctrina común.
Nos sorprende mucho que diga estas cosas, porque la vinculación con el dogma es bastante próxima. La limitación de la potestad varía según la materia.
1. Potestad de la Iglesia sobre los sacramentos. Por razones de brevedad omitimos citar (Pío XII, León XIII, Trento y Florencia) y afirmamos que:
(a) el Romano Pontífice no dispone de poder alguno para cambiar la parte esencial de los sacramentos que se basa en la institución divina;
(b) pero  dispone de poder para mudar la parte ceremonial de los sacramentos.
La distinción entre parte esencial y parte ceremonial es magisterial (León XIII) y de aceptación común entre los teólogos: “…los ritos esenciales de los sacramentos, que se basan en la institución divina, y aquellas otras oraciones, ceremonias y ritos accidentales que con el correr del tiempo fueron introduciéndose por la costumbre o por una prescripción eclesiástica positiva…” (Ott).
Suponemos que Ud. acepta las dos tesis enunciadas y la distinción. Además, que distingue la Tradición de las tradiciones teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales, nacidas en el transcurso del tiempo. A partir de aquí, es cuestión de aplicar principios generales y recta analogía.
2. Potestad de la Iglesia sobre los sacramentales. Se aplican los principios generales relativos al Primado y por analogía los principios referidos a los sacramentos. Pero la tesis (a) no vale aquí: la potestad del Papa en este campo es mucho más amplia que en materia de sacramentos, pues los sacramentales son de institución eclesiástica, no de institución divina. El Papa puede alterar libremente la parte esencial de los sacramentales y también puede modificar la parte ritual, todo con una amplia libertad de determinación.
3. Potestad de la Iglesia sobre las devociones privadas y el Rosario. Si la potestad del Papa es amplia respecto de la parte ceremonial de los sacramentos, más extensa sobre la esencia y el rito de los sacramentales, es todavía mayor respecto de las devociones privadas. Sería absurdo reconocer al Papa potestad para cambiar la liturgia de los sacramentos, modificar o suprimir sacramentales, reformar el Oficio Divino (culto público y oficial) y a la vez limitar indebidamente esa misma potestad respecto de la forma de rezar el Rosario (que es un acto de culto no litúrgico a la madre de Dios). El Pontífice posee sobre las devociones privadas, las mismas potestades que respecto de los sacramentales: establecer nuevas, interpretar las que existen, modificarlas o suprimirlas.
Pero nos encontramos con algunos que dicen: el Papa se ha creído más sabio que la Virgen… ¿Cómo lo saben? ¿Tienen comunicación directa con la Virgen? Más importante: ¿se han puesto a meditarlo a la luz de la Revelación y de la Teología? ¿Comprenden la diferente obligatoriedad de una revelación privada para el vidente y para el papa? ¿Creen que una revelación particular, por aprobada y venerable que sea, limita al Primado en lo que es de su competencia propia? ¿Hace falta recordar que cualquier Papa tendría potestad hasta para suprimir el Rosario, mediante un acto legítimo -pecaminoso, probablemente- mientras que no podría legítimamente abolir la extremaunción, así como de modo semejante podría extinguir a los jesuitas y no podría abolir el Episcopado?
Lo que es de institución eclesiástica por naturaleza es reformable. La Revelación pública se cerró con la muerte del último Apóstol. No existen segundas revelaciones (Fátima, Lourdes, Salette, etc.) que divinicen lo eclesiástico y por ello impidan a un Papa su modificación.
Todo esto pertenece al perenne patrimonio teológico-jurídico-litúrgico de la Iglesia y de forma pacífica. Nos sorprende tener que repetirlo aquí y a una persona con sus conocimientos.
4. Los misterios luminosos. Siguiendo la analogía sacramental de Alastruey, en el Rosario hay una parte esencial compuesta de materia (preces vocales) y de forma (meditación de los misterios). Y ambos elementos esenciales se mantienen en los misterios luminosos. Quien tenía potestad para abolir el Rosario, o alterar obligatoriamente su parte esencial, se limitó a introducir un cambio de uso facultativo, que implica un cierto retorno, aunque parcial, al Rosario medioeval. ¿Sería legítimo que hubiera restaurado los 150 misterios? Sí, aunque inoportuno y de consecuencias previsibles.
¿Por qué lo hizo? Porque juzgó oportuno sugerir la meditación de “los misterios de la vida pública de Cristo” como complemento perfectivo. El documento contiene un apartado para justificar la innovación y su oportunidad. No es serio omitir leer los documentos criticados, como se evidenció en dos comentarios del anónimo.
5º. Sana crítica. Si los misterios de luz no tuvieran fundamento bíblico o patrístico alguno –hay otras devociones particulares que tampoco lo tienen-, la innovación merecería críticas fuertes. Si se impusieran obligatoriamente, también podría haber críticas severas. No es el caso, y no vale aquí cambiar de tema ejemplificando con otros actos lamentables de Juan Pablo II, como hizo el anónimo, para eludir la inconsistencia de los argumentos esgrimidos.
Podemos admitir sin dificultad críticas a la oportunidad del cambio, a su justificación teórica, a cierta pérdida de concordancia simbólica, etc. Pero, ¿qué resultado se espera de argumentos como “666” o la “fuente Valtorta”, sea que los enuncie Cardozo o nuestra vecina? Objetivamente, lo que se consigue es hacer del tradicionalismo irrisión de los católicos. No se puede hacer el mal para obtener un bien, tampoco se puede emplear malos argumentos –falsos, calumniosos, ridículos, disparatados- para defender buenas causas. Tratamos de evitarlo y lo criticamos. Aunque también podemos caer en estos defectos.
(II) Estoy viendo últimamente un sesgo preocupante en el blog. Tal vez a fuerza de imponer la equidistancia se pierde, con alguna frecuencia, en los árboles, perdiendo de vista el bosque. A veces se toma uno -no sólo le pasa a ustedes, también a mí- demasiados esfuerzos en encumbrarse a la cima de una escalera para otear sin estorbos el límpido y amplio horizonte, pensando que los demás no lo ven, y luego de una larga vida ascendiendo peldaño a peldaño, se llega a la cumbre o se piensa que ha llegado, para descubrir finalmente que había colocado la escalera en la pared equivocada.
Mantenemos la “línea editorial” y nuestras principales opiniones. La bitácora cuenta con entradas inéditas en carpeta (más de 150) y otras que se hacen en el momento para tratar algún tema de actualidad.
Nunca coincidimos con el sedevacantismo, ni con formas de tradicionalismo ideológico, radicalizado, a veces fanático y sectario. Quien espere un viraje en esa dirección, justificado por el “efecto Francisco”, terminará desilusionado. Lo mismo le ocurrirá a quien suponga que vamos a hacer causa común en una suerte de “frente popular antifrancisquista” o a integrar una  “red de bitácoras anti-Bergoglio”… 
Desde hace tiempo hemos pensado que nos gustaría escribir una serie de entradas titulada Achaques y manías del tradicionalismo. Básicamente sería plagiar a Wanderer desde sus orígenes.
Notamos que también Ud., Sofronio, ha cambiado algunas opiniones, y la forma de expresarlas, desde los primeros años de matercastissima.org hasta la actualidad. No emitimos juicio de valor al respecto.
En todo caso, seguiremos el camino del Omne verum (et bonum) tomasiano y mantendremos nuestra independencia de criterio. Y si Juan Pablo II, Francisco o Carlos Marx, dicen una verdad, omne verum tomasiano aunque algunos se enojen. 
(III) Lo digo por varias cosas y sólo voy a citar tres ejemplos:
1-La frecuente descalificación del adversario en la diatriba con palabrejas tale como frikis, etc., aparecen ene le blog, bastante usadas por la redacción.
2.-El uso de argumentos contra espantapájaros inventados para desahogarse contra él. El ejemplo es el debate mantenido con el anónimo, donde no les ha temblado la mano en colocar tesis en su adversario que él no ha sostenido, para de esa forma aparentar ganar la contienda.
1. Una crítica que aceptamos, en general, pero que olvida que ya dimos una definición de frikitradicionalismo. Muchas veces parecerá al lector que tenemos reacciones desproporcionadas. Todos los días tenemos que eliminar mensajes de dos anónimos, que se comportan como trolls, y que parece quieren jugar al campeonato de delirantes en nuestro blog.
2. Es posible que hayamos malinterpretado al anónimo o que él no se haya expresado con claridad. Ahora, si el primer mensaje que un anónimo deja en una bitácora sugiere un ad hominem para el redactor, que no se sorprenda si recibe un “palo” como primera respuesta. Además, si en el comentario, no queda del todo claro si asume, en todo o en parte, los argumentos de Cardozo, puede suceder que hagamos un espantapájaros por amalgama.
Pedimos perdón por cualquier maltrato injustificado.
(IV) 3.-La posición “anti” lo que ustedes piensan que son cuestiones dogmáticas, sin serlo.Toda la Historia de la Iglesia junto a toda la teología católica dice que no se puede ser ni “Blog antisedevacantista”, como dicen en su margen derecho, ni mucho un fiel antisedevacantista ¿Por qué? Por la cuestión de que la sede esté vacante es siempre una posibilidad, históricamente cierta y también un contigente futurible o actual. Luego, no comparece con su exquisita posición prudente, para mi excesiva, su cuestión “anti”. La cuestión de la sede vacante depende de una mayor revelada y una menor histórica, de la cuál se extrae una conclusión. Se puede diferir en la menor que depende, en parte, del conocimiento natural y por tanto en la conclusión; pero jamás se puede ser un “anti” de un ente (lo que tiene o puede tener ser). No hace falta recordarles detalles históricos de los que, no me cabe duda, sobreabundan en erudición,para hacerles caer en la cuenta de que todos estamos llenos de prejucios. Unos los fundamentan con la exuberancia de su ciencia y otros con las modestia de sus conocimientos. Y Aquí y en otros casos, se “ve el plumero”. No me venga la redacción a rebatirme conque ya publicó una serie sobre el tema. En efecto, numerosos artículos y algunos muy buenos, pero en casi todos ellos y en las introducciones subsistía el prejucio; es decir, el juicio previo; esto es, “anti”. Cada cual puede tener al respecto la posición que quiera, pero no se puede ser “anti” ante una conclusión teológica tan posible como la contraria, si se quiere mantener la honestidad. De cualquier forma, es sólo un ejemplo. (...)
Amigo, aquí incurre Ud. en una tergiversación de nuestra posición y en un error lógico. Lo primero, puede verificarlo en la primera y última entrada que dedicamos al sedevacantismo. Somos anti-sedevacantistas porque rechazamos el sedevacantismo en tanto doctrina que enloquece opiniones teológicas. No rechazamos la vacancia de la Sede como hecho, ni condenamos opiniones teológicas que la Iglesia no reprueba. Uno es anti cuando es opuesto o contrario a algo: ser antiliberal no es oponerse a la libertad sino al liberalismo.
Por más que se siga a autores como Bellarmino y Wernz, la premisa mayor del silogismo es teológicamente probable, porque la Iglesia no la ha definido, ni ha condenado la contraria, ni la ha prohibido como hipótesis para la discusión. Éste es el estatuto espitemológico tanto del "papa hereje" que perdería el pontificado como de la "herejía antecedente" que invalidaría la elección. Ahora bien, de una premisa mayor probable se sigue una conclusión siempre probable, por más que la premisa menor sea cierta. Lo que rechazamos es la “dogmatización” de la premisa mayor, o su indebida elevación al grado de certeza (lo probable, en Teología, es de libre asentimiento; sin censura alguna para el disidente), porque así se burlan los límites del silogismo dialéctico; y en este sentido -en cuanto rechazamos un error de epistemología teológica- somos y debemos ser anti-sedevacantistas, porque toda inteligencia debe amar la verdad y detestar el error.  
Además, la premisa menor (histórica) depende de los hechos –no de puros hechos- y ello agrega mayor incerteza a la conclusión. Asimismo, tenemos un motivo fundado por el cual nos oponemos al sedevacantismo práctico: la tradicional norma que impide dar a una opinión subjetiva un valor determinante de lo jurídico-eclesial. En este sentido -en cuanto rechazo de un error práctico proyectado al fuero externo- somos y también debemos ser anti-sedevacantistas, pues resulta un imperativo de conciencia.  
Esta respuesta ha sido larga. Pero como Ud. es un comentarista que valoramos y plantea cosas que pueden interesar a otros, se justifica la extensión de esta entrada.

En Cristo,

Redacción.