sábado, 27 de mayo de 2017

A propósito del clericalismo

No conocemos al P. Davide Pagliarini (FSSPX). Por lo poco que hemos podido averiguar ha sido superior del Distrito de Italia y director del seminario de La Reja (Argentina). Pero en un breve artículo titulado «A proposito di clericalismo» dice verdades que merecen difusión.
«...los hombres de Iglesia de hoy se ocupan de todo, se pronuncian sobre todo, metiendo sus narices en cuestiones que no les conciernen directamente y para las cuales no tienen competencias específicas, ni, sobre todo, las gracias de estado.
Este neoclericalismo es tal vez el aspecto más significativo de la crisis del sacerdocio y el índice más evidente del malestar de un clero que no sabe más qué es la Iglesia y por qué existe.
La primera consecuencia es el necesario descrédito de la Iglesia, arrastrada a un terreno que no es el suyo: en efecto, siempre habrá hombres del mundo que conozcan los problemas terrenos mejor que quien, por su propia vocación, debiera ocuparse de otros asuntos.
En segundo lugar, la "nueva misión" sobre el mundo no necesariamente puede armonizarse con la tradicional de salvar las almas, y esto por un motivo muy simple: es imposible trabajar para este noble fin si el espíritu se ocupa también de otros, en cuanto este fin es plenamente asequible sólo si la consagración es total.
La Iglesia no tiene necesidad de sacerdotes ni de obispos que hablen de la contaminación, o de la promoción humana, y que se impliquen en la totalidad de los problemas de la crónica periodística más disparatada. A la Iglesia no le sirven estos sacerdotes...»
Tomado y traducido de:

viernes, 26 de mayo de 2017

¿Es usted anticlerical?

¿Es usted anticlerical?
Por Leonardo Castellani
Esta pregunta espinosa se puede satisfacer con una distinción muy sencilla: anticlerical que va contra el clero, NO; anticlerical que va contra el clericalismo, SÍ. Wicleff, de Oxford, fue anticlerical en el primer sentido; Chaucer, de Oxford, su contemporáneo y condiscípulo (1340-1400) sólo en el segundo. Y lo mismo podemos decir del Papa Gregorio XI, que respondió a los que acusaban al poeta inglés de «ir contra los religiosos»: «Quodsi improbis et idiotis adversatur, et ego adversor.» [Pero si se opone a los perversos y a los idiotas, también yo me opongo.]
Clericalismo es «el descenso de una mística en política», como lo definió muy bien Charles Peguy. No es simplemente un cura que se vuelve político, como el P. Filippo o el Cardenal Cisneros, eso no tiene importancia; es dentro de la misma religión donde se verifica este «décalage» -vale decir, cuando los fines específicos del sentimiento religioso se desvían a metas terrenales. Nuestros padres llamaron «santulones» a los que sufren de este desorden, cuando son gentecilla; cuando son Jerarcas, la cosa tiene otro nombre más feo, procedente del Evangelio.
Clericalismo ha habido siempre, y el de hoy no es invisible. Por ejemplo, cuando un Jerarca de la Iglesia se cree más infalible de lo que es, y aun más que el Padre Eterno, eso es alto-clericalismo; cuando un súbdito afecta creerlo, bajo-clericalismo. Hoy día es más castigado el que se atreve a decir que un Jerarca se equivocó, aunque eso sea patente, que el que dijera que la Santísima Trinidad tiene cuatro personas: Padre, Hijo, Espíritu Santo y el Obispo. A este último son capaces de condecorarlo los Canónigos Lateranenses, como a Constancio Vigil. Tal como anda hoy el mundo, por lo menos en este país, un mínimo de anticlericalismo es necesario para la salvación eterna.
Fuente:



martes, 23 de mayo de 2017

Bruselas y los últimos días de Occidente

Nuestra civilización va a morir de estupidez. La masacre de Bruselas es un buen momento para recordar que el enemigo de Occidente no está en las arenas de Oriente Medio, sino entre nosotros.
Una nueva matanza ha asolado Europa, esta vez en la capital de ese contubernio mundialista y buenista que es la UE, Bruselas, otra de las sucesivas masacres que no tienen absolutamente nada que ver con el islam, y cuya primera reacción entre nuestras masas bienpensantes no es la lógica de indignación y defensa, sino de temor a un brote de ‘islamofobia’. Que nadie, en ningún caso, use esto para frustrar la hermosa fantasía del #WelcomeRefugees. Aunque el Eurostat dejara claro que menos de un tercio de los que llegan lo hacen huyendo del IS, aunque el Estados Islámico presuma de que ha aprovechado el caos fronterizo para infiltrar operativos y la propia Interpol los calcule en unos 5.000.
Pero no teman, no es la novedosa ‘islamofobia’ -que podría definirse ya como rechazo a someterse al Islam- la enfermedad de la que va a morir nuestra civilización. Nuestra civilización va a morir de estupidez.
Un pueblo cuya primera reacción al ser atacado es disculpar al grupo del que salen sus atacantes está pidiendo a gritos la extinción, y después de leer en redes sociales y publicaciones decenas de soflamas en la línea de “no todos los musulmanes…” y/o “pues las Cruzadas…”, no me cabe apenas duda de que estamos en fase terminal.
Lo vivimos ya tras la atroz matanza del Bataclan en París. Fue muy aplaudida, al menos por la derecha, la fulminante determinación de François Hollande de lanzar inmediatamente un ataque contra posiciones del IS en Iraq. Y esa es la prueba de nuestra suprema cobardía y suma estupidez. Porque no es en las arenas de Mesopotamia donde está el peligro para nuestra civilización, sino en nuestra perpetua cesión, en nuestro masoquismo cultural. Y ahí no se tomó, no se toma, ninguna medida. Al revés, ante la avalancha de supuestos refugiados de Oriente Medio, el líder más poderoso de Europa, Angela Merkel, reaccionó con una invitación universal y abierta a la que se sumaron masas de progresistas postureantes al grito de ‘¡Bienvenidos, Refugiados!’, creando una crisis de seguridad -entre otras cosas- que habría que estar ciego para no ver.
Por lo demás, las aventuras de intervención bélica de Estados Unidos y sus aliados en el mundo islámico, desde Iraq y Afganistán hasta Libia y Siria, han proporcionado, sino la causa, al menos la ocasión perfecta para el drama que se desarrolla ahora en nuestras fronteras.
Todavía el estamento neocon americano y sus aliados españoles sostienen que acabar con Assad es el objetivo prioritario, por encima de la victoria sobre el IS. Produciendo, imaginamos, un resultado igual de halagüeño que el derrocamiento de Saddam en Iraq. Porque Occidente no puede soportar la visión de un tirano, esa es la consigna, democratizar el planeta.
Bueno, parte del planeta. A nadie se le pasa por la imaginación hacerle un feo a China por el nimio detalle de que sea una tiranía que ha aplastado cualquier disidencia.
O, más al caso que nos ocupa, Arabia Saudí, una teocracia arcaica y cruel a cuyo lado el denostado régimen iraní es un paraíso libertario. Pero los saudíes son intocables, aunque la vertiente islámica que está detrás de toda la yijad moderna, de todos los atentados masivos desde el 11 de septiembre, tenga allí su cuna y sea la única oficial y permitida en el Reino, no aunque esté financiando mezquitas y madrasas por todo Occidente que transmiten el mismo mensaje radical contra los infieles. Arabia es la fuente, junto con otras tiranías del Golfo como Qatar y Emiratos Árabes, cuyas camisetas llevan los jugadores de nuestros dos equipos de fútbol principales. Los negocios, supongo, son los negocios, y al igual que el emperador Vespasiano recordó a su hijo Tito que el dinero no huele, por lo visto tampoco retiene las manchas de sangre.
Me solidarizo, por supuesto, con todas las víctimas y sus familiares, pero espero que no se me juzgue insensible si digo que estos atentados brutales, como hacía décadas que no sufría Europa, son solo el aspecto más aparatoso de nuestra paulatina extinción. A la larga, son incluso innecesarios, incluso contraproducentes, para vencernos. Más aún: ni siquiera es el islam -yijadista o no, si les apetece hilar fino y establecer una distinción que ellos no hacen- el problema de Occidente.
El Islam es todavía muy frágil; Occidente es todavía muy poderoso. Bastaría una modesta dosis de sentido común, del instinto de conservación que es normal esperar en cualquier pueblo de la tierra, para que el peligro quedara inmediatamente conjurado. No, el verdadero enemigo, el enemigo implacable, peligroso, poderoso, no es el que escala los muros de la fortaleza, sino el traidor que les abre la puerta. Son nuestras élites, nuestros gobernantes, nuestros grupos de comunicación, nuestros mandarines culturales, nuestro sistema educativo, nuestros financieros. El estamento mundialista, en fin, que ha decidido que el mejor modo de gobernarnos es al viejo estilo, dividiéndonos, erradicando nuestras identidades nacionales tanto como nuestra antigua identidad europea, de modo que convertidos en átomos sin lealtades personales dependamos de nuestros amos para resolver nuestras rencillas.
A finales del siglo pasado, un progresista profesor de Sociología de Harvard, Robert Putnam, se propuso hacer un estudio en profundidad que probara los beneficios de la diversidad cultural y tomó como campo de pruebas el Los Angeles multicultural. Pero los resultados fueron tan contrarios a los esperados que su obra, ‘Bowling Alone’, recibió escasa publicidad.
Putnam comprobó que la diversidad cultural y étnica reduce drásticamente la cohesión social, la participación en actividades comunitarias y la confianza mutua y promueve la soledad y el desinterés por la cosa pública. Una comunidad así solo tiene el poder político como árbitro entre las distintas tribus en disputa, el sueño húmedo del poderoso. Y ese es el plan que, sin necesidad de conspiración alguna, se está imponiendo en Occidente y, muy especialmente, en Europa bajo los auspicios de Bruselas.
Occidente vive en una burbuja de prosperidad, paz y libertad sin precedentes que le hace pensar que sus valores son valores universales, que no somos una tribu más, sino la Humanidad, y que nuestra llegada a la escena mundial ha hecho desaparecer mágicamente los incentivos y mecanismos seculares que han movido a todos los pueblos a lo largo de la historia. Y más bien no.
El mundo es mucho más grande, cada vez más demográficamente en relación al menguante Occidente, y sabe de qué va la vaina. Sabe que ignorar al enemigo no le hace desaparecer, al contrario. Sabe que la debilidad no es una señal para proteger al otro, sino para atacarle.
En un sentido retorcido y siniestro, Occidente está enfermo de una moralina deformada y masoquista que pregunta siempre quién tiene razón y se responde siempre que cualquier otro, que somos lo peor y los más malos. Pero la historia no se mueve así. En la historia real, no en las historietas políticamente correctas, si un pueblo puede hacerse sin demasiado esfuerzo con el territorio, las riquezas y las mujeres de otro, lo hará.
Tarde o temprano Occidente tendrá que despertar a este hecho o resignarse a perecer, y no precisamente para disolverse en una utopía progresista. Porque no está lejano el día en que la pregunta ya no será cuál es tu opinión, sino cuál es tu pueblo.
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lunes, 22 de mayo de 2017

Sebreli en su laberinto


Este artículo es respuesta a una afirmación de Juan José Sebreli durante una entrevista conducida por Pablo Gianera en enero de 2017 [1], con motivo de la reciente publicación del libro "Dios en el laberinto: Crítica de las religiones" [2]:
Gianera: Cuando uno lee tu libro parece que la vieja disputa entre la herencia ilustrada y la religión no está saldada todavía y que siguen siendo dos fuerzas que están en pugna.
Sebreli: Sí, yo creo que sí, porque es una cuestión que va más allá de los Papas. Es una cuestión filosófica, es decir, la razón, como cree la Ilustración, como único medio de conocimiento, y la fe, el dogma, los libros sagrados, la autoridad, son la base de la Iglesia. ¿Cómo se puede conciliar esas dos cosas? Es muy difícil conciliarlas.
Partiendo de la posición de agnosticismo débil de Sebreli [3], o sea de sostener no la existencia de Dios sino solamente la posibilidad de su existencia, demostraré que la creencia (nótese el verbo usado por Sebreli) de la Ilustración en la razón como único medio de conocimiento es irracional, por ser lógicamente inconsistente con esa posición.
Si existe el Ser Subsistente o absoluta plenitud del ser, absolutamente simple e infinito, al cual llamamos Dios, que creó y sostiene en el ser al universo visible, es evidente que Dios puede comunicarse con los hombres y revelarles verdades que la razón humana no podría llegar a conocer por sus propias luces pero que no la contradicen, esto es suprarracionales pero no irracionales, lo cual incluye la posibilidad de que de hecho lo haya realizado en el pasado. En ese caso el ser humano conocería con certeza absoluta esas verdades, no porque resultasen evidentes por sí mismas a la razón humana, sino por la autoridad de Dios que las ha revelado, Quien no puede engañarse ni engañarnos. Dado que creer en esas verdades reveladas por Dios es un verdadero medio de conocimiento, un intelecto humano que piensa de manera realmente racional no considera a la razón humana como el único medio de conocimiento, sino que está abierto a la adquisición de conocimientos revelados por Dios. Por lo que la posición racionalista (lo cual es distinto de racional) de la Ilustración, sostenida por Sebreli, es intrínsecamente irracional, y aunque pueda parecer una hipertrofia de la razón humana, es en realidad una reducción, una autolimitación de ésta. Notablemente, la irracionalidad del racionalismo, de la noción de la razón humana como único medio de conocimiento, es patente en la expresión usada por Sebreli "como cree la Ilustración".  Así como el "sola Scriptura" del protestantismo no es una noción basada en la Escritura y de hecho la contradice, así también el "sola ratio" del racionalismo no es una noción basada en la razón y de hecho la contradice.
Ahora bien, es tarea de la razón humana determinar si ha habido una Revelación de Dios a lo largo de la historia, lo cual equivale a identificar el medio original a través del cual Dios reveló en algún tiempo pasado y el medio próximo que en el tiempo presente contiene (si es un libro) o custodia (si es una institución) el "depósito" de lo que Dios reveló en el pasado y, en el caso de una institución, provee una interpretación divinamente asistida y autorizada del contenido de ese depósito. Esa identificación de los medios de la Revelación divina, tanto el original como el próximo, debe basarse en la presencia de motivos de credibilidad racionalmente aprehensibles asociados a esos medios.
Referencias
Transcripción resumida en:
http://www.lanacion.com.ar/1972753-juan-jose-sebreli-es-muy-dificil-conciliar-los-extremos-de-la-razon-y-del-dogma-religioso
[2] Juan José Sebreli, "Dios en el laberinto: Crítica de las religiones", Penguin Random House Grupo Editorial Argentina, 1 dic. 2016.

Visto en:


viernes, 19 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (y IV)


Mi querido Orugario:
Me dicen que has dado pasos importantes en la formación de un psicología de inquisidor en los tradis que nuestro Supremo te ha confiado. Y que has cumplido con el objetivo que te indicara en mi anterior.
¡No te duermas en los laureles! Todavía te queda mucho por hacer. No basta con que tus tentados hagan lo que tú les sugieres si luego se arrepienten o son inconstantes en su obrar. Debes lograr que su temperamento inquisitorial se perfeccione con la obstinación. Con palabras de nuestro Enemigo: que lleguen a ser «ciegos que guían a ciegos» (Mt. 15, 14).
El primer paso para que tus tradis devengan obstinados es la desobediencia. Debes llevarlos al límite de la contradicción inadvertida: que se opongan a la Iglesia y a la verdad que dicen querer salvar; que contradigan la fe en nombre de la defensa misma de la fe. A eso que el lenguaje vulgar ha sabido expresar con ser «más papistas que el papa»; y que, para gentes con preocupaciones doctrinales, podría equipararse a ser «más maestros que el Magisterio de la Iglesia». Ninguna distinción entre Teología y Magisterio; nada de diversas formas de adhesión a éste; que todo sea un «bloque» denominado Doctrina que se confunda con sus opiniones. Y si alguna vez sienten en la conciencia el dilema de tener que «obedecer a Dios antes que a los hombres», que sólo a sí mismos se concedan esta posibilidad, nunca a sus enemigos. Porque sólo ellos saben con seguridad lo que conviene a Dios y a la Iglesia, razón por la cual no pueden dar su brazo a torcer, pues esto sería defeccionar de la «santa causa» y traicionar el «combate contrarrevolucionario». Y el segundo paso, es el prurito de autoridad siempre por encima de la verdad. Por lo cual, si acusan a alguien de «heterodoxia», y la acusación es falsa, nunca se han de retractar, pues hay que «salvaguardar el principio de autoridad» que sólo ellos encarnan en la presente crisis. Y si vieran que una acusación grave carece de fundamento sólido, habrán de formular otros cargos menores, para que no se note su ignorancia afectada y enorme temeridad.
Una vez que hayas logrado que la mentalidad inquisitorial sea realmente obstinada, tu tarea como tentador habrá alcanzado los objetivos que me he propuesto con estas cartas. Sólo nos quedará esperar a que nuestro Enemigo no asista esos tradis con gracias especiales y que su Madre no desbarate nuestros planes.
Tu cariñoso tío,
Escrutopo.



miércoles, 17 de mayo de 2017

La moralina del boicot



Boicotear es realizar una medida de presión encaminada a impedir o entorpecer el ejercicio de una actividad, generalmente de tipo comercial, profesional o social. El boicot muchas veces se lleva a cabo mediante la abstención del consumo de un determinado bien o servicio, en la convicción de que con este modo de actuar se perjudica al vendedor o prestador boicoteado, causándole pérdidas patrimoniales y un desprestigio que no ha previsto.
"Una de las victorias más significativas que se han logrado mediante un boicot fue precipitar la abolición del apartheid en Sudáfrica, con el apoyo de las «desinversiones» desde la década de 1980. Se iniciaron boicots en todo el mundo contra ShellKellogg (compañía) y Coca Cola entre otras, para protestar contra las políticas racistas del gobierno sudafricano. Las compañías objeto del boicot promovieron decisiones de los accionistas exigiendo no operar en el país, acelerando la abolición del régimen segregacionista en 1994.
Un boicot tiene hoy muchas más posibilidades de éxito gracias a Internet, a través de sitios web, grupos de noticias o listas de correo. El efecto «bola de nieve» en Internet es muy rápido comparado con otros" (fuente).
Es frecuente que los católicos, individualmente o asociados con otros (ejemplos aquí), recurran a la práctica del boicot con diversidad de resultados. En principio, nada se opone a dejar de consumir determinado bien o servicio por un motivo de caridad. Podría ser ocasión de practicar la mortificación cristiana.
Hasta aquí, nada que objetar. Pero en el contexto de este apostolado del boicot pueden darse algunos errores que conviene apuntar. Los más serios podrían agruparse bajo un rótulo: moralina. ¿Qué es la moralina? Para el DRAE es una moralidad inoportuna, superficial o falsa. Por una formación superficial en los principios de la moral católica, podemos hacer juicios sobre conductas ajenas que –objetivamente- no merecen reproche. Vemos pecados objetivos (aunque supongamos un obrar subjetivamente inculpable) en acciones de los demás que, en rigor, no son tales a la luz de la doctrina católica. Esta moralina desconoce que el pecado material es un verdadero mal, un ultraje a Dios, un desorden introducido por la criatura (cfr. Vacant, DTC). Y por más que presumamos “buena fe” en el otro, al imputarle un pecado material que no existe en el orden objetivo, lesionamos su honor y cometemos una calumnia. Otra forma de moralina es tener juicios errados sobre la moralidad de los propios actos, es decir una conciencia deformada, en sentido rigorista o laxo. En la nota al pie damos algunos ejemplos un tanto exagerados con finalidad didáctica (1).
Hay dos modos de evitar esta moralina. El más simple, y accesible a todos, es abstenerse de emitir juicios morales sobre la conducta ajena. El segundo, es formarse rectamente para adquirir ciencia moral. Dado que las conductas en materia de boicots son alteritarias, pues se refieren a lo que se hace u omite en seno de la vida en sociedad, resulta indispensable tener recta doctrina sobre los actos humanos, la cooperación y el denominado principio de doble efecto. 





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(1) Ejemplos de moralina del boicot:
- La plataforma háztelo mirar lanza una campaña para boicotear a los laboratorios Bayer por la venta de fármacos anticonceptivos y abortivos. Los promotores de la campaña dicen que es pecado (objetivo, de omisión) no adherir a esta.
- El director de un hospital realiza una compra millonaria de analgésicos fabricados por Bayer, pues considera que son los de mejor calidad. Al hacerlo, se afirma, favorece económicamente a una empresa que vende productos abortivos. Por tanto, es cómplice de los abortos y los pecados de contracepción que se cometerán con los productos Bayer.
- Un médico receta un medicamento de Bayer para curar un problema serio en el aparato reproductor su paciente, mujer, que tiene efecto secundario anticonceptivo. Así  coopera económicamente con el mal que realiza la empresa y además es cómplice del pecado contraceptivo de su paciente.


domingo, 14 de mayo de 2017

La imperfección del bien común temporal

Mejorable, pero existente
El bien común temporal es siempre contingente y, por lo mismo, imperfecto: siempre cabe imaginar formas más perfectas de su realización. Lo cual no es ningún óbice para efectuar un discernimiento prudencial sobre si es o no posible alcanzar el bien común en un determinado momento histórico, ni tampoco desdice en nada del bien común efectivamente realizado decir de él que es perfeccionable. La Castilla y el León de San Fernando o las Españas de Ysabel y Fernando son ejemplos de realización del bien común y, sin embargo, más allá de sus defectos en su aspecto de bien logrado, son esencialmente perfectibles. 
Es muy importante ver esto claro, pues de lo contrario, en épocas tan sombrías como la nuestra, cuando desde hace demasiado tiempo carecemos del rex que nos dirija y hasta de la más elemental amistad política, es fácil que en las almas de los buenos anide una letal ensoñación: la de pensar que el bien común es alguna de las realizaciones del mismo en nuestro glorioso pasado. Se permite así una castrante nostalgia política que no debe confundirse con el piadoso y estimulante cultivo del conocimiento y la veneración de las glorias pretéritas de nuestros reyes y de nuestro pueblo. Pero nosotros no aspiramos al bien común histórico (en cuanto histórico, no en cuanto bien, claro) que lograron Ysabel y Fernando, ni el emperador Carlos, ni Sancho el Mayor de Navarra [1]. No, porque mientras así soñamos, eludimos la verdadera urgencia del bien común, que es una urgencia, por natural, siempre acuciante en el presente, dolientemente acuciante en el hoy desamparado. En ese sentido, no debemos tener miedo de decir que hemos de reputar una traición a nuestra misión –única, irrepetible–, heredada, uno ictu junto con la civilización, de nuestros viejos, esa conducta melancólica y feminoide (que no femenil), que cultiva furtivos placeres solitarios de la imaginación dejando vacantes energías que nos son imprescindibles para responder, como podamos –la campana suena a rebato– a los desiguales desafíos que nos circundan. No será la mujer de Lot la que nos enseñe a amar nuestra historia, de la que por lo demás tanto tenemos que aprender (en hombría, en sacrificio, en racionalidad, en heroísmo).
J.A.U.



[1] La necesaria relatividad del bien común histórico no se opone a una identidad profunda, que subsiste en el tiempo. Es, sencillamente, su necesaria actualización, actuación. Esto, por oposición a una absolutización de la patria, el nacionalismo, los patrioterismos, que pueden tener su cierta lógica en el orden de la espontaneidad y de la pasión, pero carecen de sentido en el orden de la reflexión y de la fundamentación teórica, de la guía de la acción. El verdadero patriotismo (palabra originada en campo revolucionario), es la virtud de la piedad patria y en ese terreno no hay que ceder a la tentación del «cuanto más mejor», porque en esa línea se tiende a hipostasiar, a insuflar un espíritu de predominio y de rivalidad, de afirmación vacua por oposición, de exageración irritante. La virtud de la piedad patriótica es moral y por lo mismo se ve amenazada por exceso y por defecto.

Fuente:

viernes, 12 de mayo de 2017

El Jerónimo de Hispanoamérica


Nos comenta un amigo de nuestra bitácora que en el sitio web del p. Javier Olivera se pueden descargar versiones digitales de libros y artículos de Straubinger «gran biblista alemán, fiel a la Iglesia y comentador eximio de los textos bíblicos», además de su traducción de la Sagrada Escritura. Straubinger es un autor recomendable por la seguridad de sus interpretaciones en un contexto eclesial en el cual el racionalismo bíblico hace estragos. 
Ofrecemos la lista de obras del sitio del p. Olivera con los enlaces:
1) Biblia de Straubinger (Antiguo y Nuevo Testamento): pdfword,  mobi.
2) Biblia de Straubinger (Nuevo Testamento completo): pdfwordmobiepub; para descargar la aplicación para IOS (iPhone, iPod touch o iPad), ingrese aquí; para Android, aquí)
3) Biblia de Straubinger en google play para android
Para conocer acerca de su vida:
a. Vida de Mons. Straubinger por Mons. Carlos Ruta (mobipdf) y por el padre Néstor Sato (mobipdf)
b. Libros de Straubinger: 
2. El misterio del mal en Job (pdfmobi)
3. Espiritualidad bíblica (wordpdfmobi)
4.  Cien Testigos (pdfmobi);
5. Ester y el Misterio del Pueblo Judío (wordpdfmobi)
6. Los Fariseos (pdfmobi)
7. Revista Bíblica: 31 Artículos de Mons. Straubinger (zip)
c. Artículos relevantes de Revista Biblica (dirigida por Straubinger) nros 2 a 61; descargar aquí.



lunes, 8 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (III)



Mi querido Orugario:
Me informan que todavía no has llegado a forjar la psicología del inquisidor en los tradis que te han sido encomendados. Tienes que ser más diligente en tu oficio. Ya sabes lo que te hará el Supremo si no tienes éxito…
Pero al menos has conseguido en ellos un celo espúreo, amargo y altanero, fruto de su búsqueda ególatra. Es un paso… Sin embargo, debes apuntar a más: fomentar en ellos la rabies theologica. Que la destemplanza en anatematizar al prójimo, que consideran «heterodoxo» y «traidor», sea vista como signo inequívoco de «virilidad» y «celo apostólico».
Si nuestro Enemigo quiere una verdad en caridad (Ef. 4,15), tú debes lograr que los tradis se guíen por esta máxima: verdad contra caridad. Con amargura y altivez, que la pasión se revista de celo; que la agresividad se libere de modo catártico; y que el temperamento inquisitorial encuentre en la «defensa de la santa fe» una excusa para justificar odios, calumnias y condenas sumarias. Que por el afán de vencer y humillar, ni siquiera en caso de duda se pongan en el lugar del «reo». Por el contrario que sintiéndose confirmados en gracia y ortodoxia presuman el error en los demás, sin que les importe saber si su sospecha tiene fundamento.
Ya sabes que «el temor de Dios» es para los hijos de nuestro Enemigo un «don». Pues bien, debes apuntar a que nuestros tradis quieran ocupar, inconscientemente, el lugar de nuestro Enemigo. Que siembren miedo en sus «reos»; que sientan el placer de ser temidos; y vivan ese temor como una forma de «poder» sobre sus adversarios, aunque sólo sea  un poder extorsivo.
En fin, que todos los medios se justifiquen con el pretexto de que se emplean para defender a Dios.
Tu cariñoso tío,

Escrutopo.

viernes, 5 de mayo de 2017

¡El Index!






Ya comentamos en el pasado, de modo indirecto, sobre el significado que tenía la inclusión de una obra en el «Índice de los libros prohibidos». La reciente lectura de algunas páginas nos mueve a volver sobre el tema para hacer precisiones adicionales.
1. ¿Qué era el Index?
«El i. de libros prohibidos es el catálogo de los libros que la Sta. Sede ha condenado como perjudiciales para la fe o la moral y de los cuales, salvo especial dispensa, se prohíbe tanto la lectura como la posesión (v. Libros prohibidos). Es necesario por tanto que haya una guía, ya que muchas veces no basta tener un a conciencia recta e ilustrada para descubrir el error, sino que se precisa una autoridad que por su rectitud y ciencia esté en condiciones de dirigir las inteligencias y los corazones.» (Palazzini-Roberti)
2. ¿Qué significaba la inclusión de un libro en el Index?
2.1. Significado moral para los fieles.
«La Iglesia obra con suma prudencia en esta cuestión. Un libro no se pone nunca en el í. si antes no ha sido cuidadosa y profundamente examinado por varios hombres doctos en la materia de que trata el libro. […] Por lo cual podemos tener la certeza moral de que un libro es malo o al menos peligroso cuando se le incluye en el í. El juicio de la Iglesia es para un cristiano no sólo una advertencia, sino también un precepto al que debe obedecer todo fiel...» (Palazzini-Roberti).
Aunque parezca una obviedad, cabe señalar que la inclusión de un libro en el Index no era de suyo extensiva al resto de las obras de un autor sino una disposición para tal o cual libro concreto.
2.2. Significado respecto del autor y su obra.
«La prohibición de un libro no constituye de suyo una nota personal de infamia o reproche contra el autor, ni siquiera propiamente un juicio sobre el mérito intrínseco del libro; sino solamente una conclusión práctica sobre el peligro que de él se teme que pueda deducirse razonable y directamente para los fieles. Por esta razón la buena fama del autor y su ortodoxia no quedan comprometidas, cuando él cumple con su deber sometiéndose.» (Palazzini-Roberti).
3. ¿Un «juicio» sin derecho a la defensa?
«No es, por lo tanto, ni siquiera contra la justicia o el derecho proferir este juicio sin interrogar al autor y sin oír sus explicaciones; ni esto se puede comparar con la condena de un acusado sin escucharle, ya que no se pronuncia un juicio sobre el autor, sino sólo sobre el libro y sobre el efecto que puede producir en el ánimo de los lectores. Por la misma razón no se notifica al autor la sentencia, ni se publican los motivos, ni se citan los pasajes objeto de la condena.» (Palazzini-Roberti).
4. La simple inclusión era una medida revisable.
«Como puede verse en Acta Apost. Sedis, generalmente cuando el Santo Oficio prohíbe un libro suele mandar que se le incluya en el índice.
Según advierte V. MARTÍN [Les congrégations romaines. Chap. 2, p. 46. París, 1930] la simple inscripción en el índice, sin calificación doctrinal, no implica necesariamente que una obra sea mala en sí. Tal medida puede obedecer a que por circunstancias pasajeras resulte perjudicial su lectura; y una vez desaparecidas aquéllas, no habrá inconveniente en dejarla circular. De hecho, en varias ocasiones el Santo Oficio mandó retirar del índice algunas obras, que antes había incluido en él por razones de prudencia.» (Alonso Morán OP, Sabino. La prohibición de libros. En: Revista Española de Derecho Canónico (1959), nº 40, p. 11).



domingo, 30 de abril de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (II)


Mi querido Orugario:
Vamos al grano. Voy a describirte el proceso psicológico típico de toda tentación: la pendiente por la que las turbiedades más sutiles acaban llevando a infidelidades palmarias.
Dividiré mi relato de ese proceso en tres capítulos, que pueden titularse con frases del libro que contiene la palabra de nuestro Enemigo y que los humanos llaman Nuevo Testamento.
Dice nuestro Enemigo que «todos buscan su propio interés, y no el de Cristo» (Fil. 2,21). ¡Pues esto mismo es lo que debemos producir en nuestros inquisidores de bolsillo!
Ante todo, es fundamental que nuestros pequeños torquemadas tengan: primero, un profundo sentimiento de la absoluta necesidad de sí mismos y de su labor persecutoria; y, segundo, la convicción de que la Iglesia vive un estado de excepción, cuya urgencia les libera de toda clase de escrúpulos sobre los procedimientos a emplear. Escrúpulos no sólo respecto de los derechos de quienes son «reos» de sus denuncias, sino también de las enseñanzas y normas de la Iglesia.
Pero debes ser muy cuidadoso en este punto. Un sentimiento directo sería advertido con facilidad. Debes recubrirlo de ropajes más nobles. Y para ello te servirá el sentimiento de responsabilidad. Que si guarda el debido equilibrio es —para los humanos— una virtud. Pero tu objetivo —nunca lo olvides— es causar una responsabilidad exagerada y deforme, que se convierta en una forma sutil de egolatría. En suma, que se persuadan de que la salud de la Iglesia depende de que existan inquisidores a mano. Y que ellos, en esta tarea, son irreemplazables.
¿Lo entiendes? Insisto: deben llegar a la convicción de la propia necesidad para nuestro Enemigo y su Iglesia. Deben perder el sentido de la gratuidad: que no reconozcan que nuestro Enemigo les hace una gracia al servirse de ellos. Que crean que el Enemigo tiene «suerte» de que ellos sean defensores de su causa.
Finalmente, has de lograr que ellos —confundiendo la «causa de Dios» con su propia gloria— hagan del celo por la ortodoxia pretexto para descargar su agresividad. Y luego, una vez liberadas esas pulsiones, has de vincular su obsesión por la «buena doctrina» con un sentimiento de superioridad grupal. Esta será una de las cumbres de perfección de tu obra tentadora: la complacencia por pertenecer a un colectivo superior: familia, institución, cofradía, nación…
Tu cariñoso tío,
Escrutopo.  

sábado, 29 de abril de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (I)


Mi querido Orugario:
Quisiera decirte algunas cosas sobre la manera en que debes tratar a tus pacientes. En esta carta, y en otras por venir,  te daré algunos consejos a partir de mi prolongada experiencia como tentador.
Estos consejos te servirán para que puedas desviar a un grupito de católicos a los que llamaré —con repugnancia– tradis.
De momento, tengo que decirte que no pierdas más tiempo con tentaciones vehementes. No insistas con la ira, la avaricia o la lujuria. Ya tendrás oportunidad de atacar por esos lados.
Ahora tienes que aguzar el ingenio y concentrar tus esfuerzos en otra tarea más importante: crear en tus pacientes una mentalidad. Tienes que ayudarles a que se forjen un espíritu. Y no cualquier espíritu porque —no te olvides— debes engañar a tradis. Es que si se tratara progresistas el espíritu que deberías insuflarles sería muy distinto... Pero no, querido sobrino, estos quieren ser católicos a machamartillo, así que debes buscar sus puntos débiles en otras zonas de la miseria humana.
En resumidas cuentas, has de lograr que tus pacientes desarrollen lo que llamo mentalidad inquisitorial. Que se crean campeones de la ortodoxia; que se imaginen a sí mismos como torquemadas redivivos. Y que obren en conformidad con esta creencia. Pero, ¡cuidado! Debe ser para ellos una forma mentis inconsciente, no advertida. Pues saben bien que no existe hoy institución como la del medioevo. Así que nada de fuego, tortura y cárcel. En el presente, Internet da suficiente espacio para que la imaginación se nutra de la «realidad virtual».
Si alguno de tus pacientes advirtiera que tu propuesta es una nueva forma de fariseísmo, que «cuela el mosquito» para tragarse los camellos de la injusticia y la falta de misericordia, tendrías que hacer tus mejores esfuerzos para que tu táctica no fuera descubierta.
Sé que me repito, pero te insisto antes de despedirme: tienes que generarles una psicología insana.
Tu cariñoso tío,
Escrutopo. 



miércoles, 26 de abril de 2017

¿Hacia dónde va Trump?


TENSIONES: ¿HACIA DÓNDE VA TRUMP?
Los  últimos acontecimientos han dejado a todo mundo con la boca abierta, Donald Trump, que durante la campaña presidencial se manifestó en contra del belicismo de Obama --el Presidente norteamericano que más bombardeos ha ordenado y más toneladas de bombas ha arrojado sobre otros países-- y de la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton por el apoyo a las Primaveras Árabes, que redundaron en la orgía de anarquía y fundamentalismo islámico que vemos en Medio Oriente. 
¿Por qué entonces, el novel Presidente norteamericano ha iniciado esta semana una serie de acciones bélicas sin precedentes, que, como siempre, sus enemigos del mainstream media ahora catalogan de actos de provocación y que pueden llevarnos a la Tercera Guerra Mundial? Incluso, algunos de sus partidarios como Milo Yiannopoulos, han manifestado su desconcierto y rechazo ante estas medidas. O simpatizantes extranjeros, como el líder del UKIP: Nigel Farage, así lo han manifestado.
Vamos por partes: primero veamos cada una de las acciones desplegadas por Trump --también haremos un paréntesis ante la resurrección de la añeja rivalidad hispano-inglesa por Gibraltar-- y al final daré la opinión acerca de las razones del porqué de estas (aparentemente) disparatadas acciones... en realidad no lo son y no hay ninguna conspiración detrás de ellas, sino una lógica y coherencia con el discurso del mandatario neoyorkino. ¿Que es peligroso? Lo es, ¿Qué consecuencias tendrá? Están por verse. ¿Eran necesarias? En la lógica del poderío de las grandes potencias, se contesta con un rotundo SÍ. Ahora veremos porqué:
1.- Siria: ¿Empieza la Tercera Guerra Mundial?
El Presidente de EUA Donald Trump lanzó un ataque aéreo a la Base de la Fuerza Siria de Shayrat, en una acción que decía ser respuesta al presunto ataque con armas químicas que según se afirmó, realizaron las fuerzas leales al gobierno de Bashar El-Assad en la provincia de Idlib. Sin embargo, la historia oficial cuenta con diversos huecos e inconsistencias: ¿Para qué atacaría Assad con armas de destrucción masiva, mismas que son reservadas como último recurso: EUA utilizó las armas atómicas para forzar a la rendición de Japón y terminar con la II Guerra Mundial, y lo mismo utilizó el Napalm y el "Agente Naranja" a mansalva en Vietnam en la desesperada caza de las ubicuas guerrillas del Viet-Cong.
Assad, por el contrario, gracias al apoyo aéreo y sobre el terreno de fuerzas rusas e iraníes, así como de Hezbollah, se encuentra en camino de derrotar a sus opositores, tanto del ISIS como de la llamada "oposición moderada" como el Frente Al-Nusra, que en realidad es un brazo más de Al-Qaeda, por lo que el empleo de armas tan destructivas no es lógico, ni necesario. Por ello, el propio mandatario sirio y gran parte de la opinión pública en el mismo EUA y a nivel mundial aducen que se trató de un ataque de "falsa bandera" perpetrado por quién sabe qué intereses o con qué intenciones, señalando también la oscura actuación de los Cascos Blancos, organización de rescatistas cuyas alabanzas a su supuesta labor humanitaria mereció el Óscar a mejor documental del 2016, aunque ha sido también muy cuestionada como falsa.
Pero hay cosas curiosas respecto al ataque realizado con misiles tomahawk lanzados desde un destructor en el Mediterráneo: se lanzaron 59 de estos proyectiles y solo 23 dieron en el blanco, además, los daños fueron bastante leves y permitieron que la base continuara siendo operativa. De igual manera, parece que se dio aviso con antelación y los moscovitas pudieron evacuar a personal, aeronaves y equipos que se encontraban estacionados en el lugar.
¿Entonces qué fue? parece que no más que una advertencia, un aviso. Trump callaba así a la oposición demócrata y sus corifeos en los medios que le señalan como un pelele del Kremlin, mas así demostró que no le tiembla la mano en atacar a intereses directos de Rusia como es Siria y seguir señalando con el dedo a Bashar El-Assad, quien, admitámoslo, no es un demonio, pero tampoco un santo. Todo es parte de la lucha por el poder en una zona tan estratégica que ya desde hace 3,200 años las grandes potencias se la han disputado: en aquel entonces fueron Ramsés II de Egipto y Hattusilis III de los Hititas quienes lucharon por la posesión de Siria para garantizar su control sobre el Medio Oriente. Hoy, lo sabemos, Siria está en pugna entre el resurgente Irán y las potencias sunnitas: Turquía y Arabia, para así tener la supremacía sobre la zona, mientras Siria permanezca alineado con Irán y Rusia, persas y eslavos podrán tener amplia posibilidad de actuar y dirigir sus destinos.
[…]
Conclusiones:
¿Qué podemos descifrar de toda esta conducta de Trump en esta bélica semana? ¿Confirma que es un loco? ¿Que es más de lo mismo o que sucumbió finalmente a las presiones del complejo militar-industrial? Para empezar, Trump no es un loco, en segundo, quizá sí connive un tanto con el complejo militar-industrial, pero porque no tiene remedio más cuando se trata de demostrar que Estados Unidos de América sigue siendo la potencia dominante y no tiene intenciones de dejar de serlo en el corto plazo pese a todos los problemas en los que se encuentra.
Piénsese: EUA quedó en una posición muy débil a nivel internacional tras las dos desastrosas presidencias de Bush Jr. y Obama, la situación de caos derivada de las fallidas intervenciones en Afganistán e Irak tras los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, las Primaveras Árabes, la crisis económica iniciada en 2008 y no resuelta por la administración de Soetoro, las tensiones raciales y étnicas, y finalmente una campaña presidencial que desnudó como nada las divisiones y los problemas internos de EUA, con violencia postelectoral añadida, llevaron quizá a suponer a otros líderes, como Putin, que la república norteamericana se encontraba en el inicio de su declive, la generación de un vacío de poder y por tanto, la posibilidad de llenar el hueco y convertirse en amo único del Medio Oriente a fin de garantizar los intereses en materia de hidrocarburos a favor del gigante eslavo, a Kim, aquello le dio la oportunidad de pensar que, con una Corea del Sur inmersa en los escándalos de corrupción de la Presidenta Park, --la familia rival que se quedó con el sur de la península-- y un EUA distraído por su situación interna, podría hacer lo que quisiera con el consentimiento de una China que también se levantó amenazadora sobre Japón y el resto de los vecinos por sus ambiciones sobre los mares territoriales, mientras que los islamistas radicales podían darse el lujo de campear a sus anchas con el apoyo, inverosímil hasta hace poco, del gobierno de Washington, D.C. y llegar a provocar una severa crisis en Europa con la amenaza terrorista y la inmigración masiva.
Como dice el periodista español  Javier Esparza, en su comentario publicado en Actuall: Si el discurso de Trump es devolver a Estados Unidos su fuerza (el slogan Make America great again), y su rol de potencia hegemónica, las acciones militares emprendidas en estos días van por el camino correcto. El mensaje es claro, y cito textualmente al periodista:
"El mensaje de Trump ha sido 'estamos aquí, seguimos siendo los mismos, no se va a mover nada sin que lo sepamos, aquí pasará lo que nosotros dejemos que pase'”, en pocas palabras, que ni Putin, ni Xi, ni Kim, ni Assad, ni Rohani o cualquier otro, debe dar ya por sentado que EUA está en declive y ha dejado el trono del mundo vacante para que, como los diadocos tras la muerte de Alejandro Magno, luchen entre sí aquellos que se sientan ser los más aptos para tenerlo. Por el contrario, es un levantar la mano para que se recuerde que toda situación estratégica en el mundo no puede pasar sin que los intereses norteamericanos no sean tomados en cuenta.

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