viernes, 12 de febrero de 2016

El «patriotómetro» descompuesto

El patriotismo es una virtud. Que tiene un tratamiento en Santo Tomás y en los moralistas. No es otra cosa que el amor y la piedad hacia la patria en cuanto tierra de nuestros mayores o antepasados. Como virtud, tiene sus principales manifestaciones: amor de predilección sobre las demás naciones; respeto y honor a la propia historia, tradición, instituciones, idioma, etc.; servicio, como expresión efectiva de amor y veneración; y, defensa de la patria. Al sano patriotismo se oponen dos vicios: 1º. Por exceso, el nacionalismo exagerado, que ensalza desordenadamente a la propia patria como si fuera el bien supremo y desprecia a los demás países con palabras o hechos, muchas veces calumniosos o injustos. El patriotismo es virtud cristiana si no se opone a la caridad y la justicia para con los demás pueblos y con los individuos que los forman; el "patrioterismo", que se agita fanática e injustamente contra los demás pueblos, es un partidismo degenerado. 2º. Por defecto, es el internacionalismo de los hombres sin patria, que desconocen la suya propia con el pretexto de que el hombre es ciudadano del mundo. Es un cosmopolitismo indiferente e insensible, que declama su amor a la “humanidad”, al cual nada le importa el bien del pueblo en que vive y que es su patria.
Las posibles manifestaciones concretas del patriotismo necesariamente variarán según las diversas circunstancias. Como principio general, el bien común de la patria ha de anteponerse siempre a las conveniencias personales o de grupo. Con este principio rector han de obrar gobernantes y gobernados. Pero en el plano socio-político, el patriotismo da lugar para un amplísimo campo de aplicaciones prudenciales variables y de soluciones técnicas diversas. 
Se dice que el patriotismo es un elemento esencial en el nacionalismo católico argentino. No hay nada que objetar a esta afirmación, siempre que sea rectamente entendida. La afirmación, sin embargo, puede encubrir desviaciones teóricas o prácticas. Sin ánimo de ser exhaustivos, mencionemos ahora dos:
- Complejo de superioridad moral. El patriotismo es una virtud, y por ello, un elemento esencial de toda naturaleza humana perfeccionada por las virtudes sociales. Por tanto, no puede entenderse como patrimonio exclusivo de un determinado movimiento cultural o grupo político. El complejo de superioridad moral patriótica promete a sus portadores una super-condición que la dura realidad en algún momento acabará por desmentir. Sin embargo, mientras perdura el complejo, se habla y se actúa como desde un púlpito invariable de superioridad ética, que se intenta ocultar con el desprecio a los demás grupos o movimientos, el aislamiento sectario en los propios microclimas y el echar la culpa a los demás de los propios errores.
- Dogmatismo en política prudencial. De la virtud del patriotismo, se pretende deducir more geometrico, una serie de propuestas políticas en materias esencialmente opinables y discutibles. Se trata de cuestiones de tipo prudencial, con implicancias técnicas muy complejas, que no están necesariamente determinadas por la virtud de la piedad patriótica. Para no pecar de exceso de abstracción, veamos un ejemplo:
“Contra la usura y el descontrol monetario: estatización total de la banca y el comercio exterior”
Esta propuesta, junto a otras, formaría parte de un modelo de “República Patriótica”. No queda del todo claro si a juicio de este grupo, se trataría de una exigencia necesaria de la virtud del patriotismo.
En todo caso, se debe señalar que la estatización de la banca y del comercio, no es más que una medida de orden político-prudencial con muchas complejidades técnicas. Quienes lo proponen, deben aceptar que no se trata de un “dogma político” sino de una opinión discutible como tantas otras. Tampoco pueden fundarla inmediatamente en una virtud moral, de modo que la estatización implique un grado de patriotismo superior al de otras propuestas de regulación de las mismas actividades económicas.  
En síntesis: no tenemos nada que objetar al patriotismo militante. Pero nos parecen errados el "patrioterismo", el “complejo de superioridad moral” y el “dogmatismo” en cuestiones políticas de naturaleza prudencial.

jueves, 11 de febrero de 2016

El nacionalismo según Alberto Ezcurra Medrano

Un amigo envía un texto de Alberto Ezcurra Medrano sobre el nacionalismo que publicamos en esta entrada.
“Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el desprecio por la patria de los liberales. Siempre fui patriota, como lo fue mi padre. No creo que el patriotismo sea un sentimiento que me sobre. Lo creo una virtud positiva. Me acompaña en esta opinión Santo Tomás de Aquino (…) Nunca pude ser conservador, como parecería destinado por mi nacimiento, porque el conservadorismo, en nuestro país, se proclama liberal y el liberalismo es una herejía, y en nuestro país, con frecuencia, una traición. No es de la esencia del conservadorismo ser liberal, ni del liberalismo ser traidor, pero, en nuestro país, se han dado esas coincidencias, que soy el primero en lamentar (…)
Tampoco pude ser conservador porque he visto siempre en el conservadorismo, y sobre todo en los conservadores, demasiado espíritu de clase, demasiada defensa de intereses, los he visto demasiado conserva duros, como les decían en España. Y yo, aunque personal y familiarmente aristócrata, como ciudadano argentino antepuse siempre los intereses del país a los míos propios. ¿Quijotismo político? No. Verdadera aristocracia, que es la que tiene el sentido de servir al bien común. La que mira primero por sí misma se transforma automáticamente en oligarquía.
Pero si pude ser nacionalista y no conservador, ello no significa que esté de acuerdo con ciertas corrientes nacionalistas donde se da a la nación o alestado un valor demasiado absoluto; donde con criterio materialista se acentúa demasiado la importancia de lo económico; donde se acepta laRevolución como hecho ineludible, al cual hay que plegarse. Para mí la Revolución es el Anticristo en marcha y galoparle al lado es engrosar su cortejo.
Mi nacionalismo es un nacionalismo “sui géneris”, de muy difícil encuadre fuera de “El Baluarte” y “Restauración”. Soy, más que nada, un “carlista” (Memorias, 1956 y Apéndice al Capítulo III, 1960)



lunes, 8 de febrero de 2016

Un síntoma de "senilidad" política

Esta entrada trata un tema absolutamente opinable, que no tiene relación directa con la doctrina católica que muchas veces ocupa un lugar en nuestro blog. No expresa, por tanto, más que la muy discutible opinión de su autor, quien ha decidido limitarse a comentar una anécdota y glosar un artículo del Dr. Eduardo Conesa (completo, aquí). La elección del artículo de Conesa no ha sido fruto del azar. Hace algunos lustros, o décadas, desde el “nacionalismo católico argentino” se leía y consultaba a los economistas Eduardo Conesa y Marcelo Lascano. Al parecer, en la actualidad se ha abandonado esta costumbre. Al menos, es lo que se nota a primera vista cuando se miran bitácoras y páginas de vanguardias, redes, lacebrones y otros grupos.
Conversando con un apreciado amigo nacionalista, le decía hace unas semanas que, a mi modo de ver, el “nacionalismo católico argentino” no logra salir de una crisis de identidad y misión. Pienso que los pocos nacionalistas que quedan hoy, no tienen del todo claro si quieren ser un “movimiento cultural” (dedicado a cultivar el revisionismo histórico, la historia de las ideas políticas, las letras, el folklore, etc.) o un “grupo político” volcado a la política agonal (a ejemplo del Frente Nacional en Francia, con propuestas concretas y viables, que han logrado instalar en la agenda pública del país galo). También le hacía notar al amigo que veo en el nacionalismo una suerte de senilidad política. Expresión que no quiere ser insultante, sino descriptiva de un síntoma característico de los ancianos que se van poniendo seniles: hablar en el presente, y de la actualidad, como si viviéramos en el pasado. Ya sabemos que la historia es importante, maestra de la vida, etc., pero es obvio que no estamos en la década de 1950, ni en la de 1980… El tiempo pasa, las circunstancias cambian, los problemas mutan, la evidencia empírica se acumula y las ciencias sociales tratan de ofrecer nuevas y mejores interpretaciones de los hechos. 
El artículo de Conesa ofrece un breve panorama de la historia económica argentina del siglo XX y llega hasta el año 2014. Creo que permite tener una descripción adecuada del fin del ciclo kirchnerista en lo económico y cómo se ha llegado al mismo por repetición de políticas desacertadas. Para entenderlo bien hay que manejar algunas nociones de Economía. No dice nada en materia cultural y religiosa. Quien espere algo parecido a un editorial de Cabildo se sentirá defraudado.
He aquí una sinopsis:
«Con fuerte inflación proveniente de aumentos nominales de salarios mucho mayores que el aumento de la productividad laboral, y su consecuencia de atraso cambiario, pero ahora además con falseamiento de las estadísticas, con cepo cambiario, con cierre de la economía, con un gran déficit fiscal, con un fenomenal atraso en las tarifas de servicios públicos y con un freno al crecimiento exportador. Y por encima de todo ello, con una enorme expansión del gasto público que llegó al 45% del PBI y que constituye actualmente un pesado lastre que impide correr la carrera del crecimiento. En consecuencia la gran pregunta es: ¿cómo salir de este atolladero? Ciertamente se puede, pero es muy difícil que una política económica tenga éxito sino inspira confianza y credibilidad. Estas son las premisas.»

viernes, 5 de febrero de 2016

Juicio a la Iglesia Católica

 Su Santidad, Papa Francisco
Ciudad del Vaticano
Enero del 2016
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Estimado Santo Padre,
Soy un judío. Tengo la seguridad, como la tuvo Menachem Mendel Schneerson de Crown Heights, Brooklyn, de la descendencia directa del Rey David por parte de mi padre (mi madre, me aseguraron, descendía de Hillel).
Tengo 74 años. Me convertí a la Iglesia Romana Católica a la edad de 17 en el último año del pontificado del Papa Pio XII. Lo hice porque estaba bajo la convicción de que tenía que aceptar y tener la fe de que Jesucristo era mi Salvador, y yo lo creí. Y creí que tenía que ser bautizado como miembro de Su Iglesia para tener la oportunidad de salvación. Así es que me convertí y fui bautizado en la Iglesia Católica y luego fui confirmado.
Con el paso de los años he contribuido con decenas de miles de dólares tanto al Óbolo de San Pedro (la tesorería del propio papa sobre la cual usted debe estar por supuesto muy familiarizado), como a mi propia parroquia y diócesis.
Durante ese tiempo he atendido a miles de misas, cientos de horas santas y novenas, he dicho miles de rosarios y he hecho cientos de viajes al confesionario.
Ahora en el 2015 y el 2016, he leído sus palabras y aquellas de su “Comisión Pontificia”. Usted ahora enseña que porque soy de raza judía, la Alianza de Dios conmigo nunca fue rota y que no puede ser rota. No califica la enseñanza especificando cualquier cosa que yo pudiera hacer que podría amenazar a la Alianza, que usted dice que Dios tiene para conmigo porque soy un judío. Usted enseña que es una Alianza imposible de romper. Ni siquiera dice que depende de que yo sea una buena persona. Lógicamente hablando, si la Alianza de Dios conmigo es irrompible, entonces un judío de raza como yo puede hacer lo que quiera, y aún así Dios mantendrá su Alianza conmigo, y yo iré al Cielo.
Su Comisión Pontificia escribió este pasado diciembre: La Iglesia Católica ni conduce ni apoya ningún trabajo de misión institucional específico dirigido a los judíos…de ninguna manera significa pues que los judíos estén excluidos de la salvación de Dios porque ellos no creen en Jesucristo como el Mesías de Israel ni como el Hijo de Dios.”
Usted es el Pontífice. Yo creo que su Comisión enseña bajo su bandera y en su nombre, y en lo que usted declaró durante su visita a la sinagoga en enero. Como resultado, ya no veo el sentido en levantarme cada domingo por la mañana para ir a misa, rezar rosarios o en irme al rito de reconciliación el sábado por la tarde. Todas esas cosas son superfluas para mÍ. Basado en su enseñanza, ahora que sé que todo se debe a mi superioridad racial a los ojos de Dios, no veo la necesidad de nada de ello.
Ahora no veo razón alguna por la cual fui bautizado en 1958. No había necesidad de que yo fuera bautizado. Ya no veo por qué había una necesidad para que Jesús viniera a la tierra tampoco, o que le predicara a los hijos judíos de Abraham de su día. Como usted cita, ya estaban salvados como resultado de su descendencia racial de los patriarcas bíblicos. ¿Para qué lo necesitarían a Él?
A la luz de lo que usted y su Comisión Pontificia me han enseñado, parece que el Nuevo Testamento es un fraude, al menos en lo que se aplica a los judíos. Todas esas prédicas y disputas a los judíos no tuvieron propósito alguno. Jesús tenía que saber esto, y sin embargo persistió en causar un montón de problemas para los judíos, insistiendo en que tenían que nacer nuevamente, que tenían que creer que Él fuera su Mesías, tenían que dejar de seguir las tradiciones de los hombres, y ellos no podrían llegar al Cielo a menos que creyesen que Él era el Hijo de Dios.
Su Santidad, usted y su Comisión me han instruido en el verdadero camino para mi salvación: mi raza. Es todo lo que necesito y todo lo que jamás he necesitado. Dios tiene una Alianza con mis genes. Son mis genes los que me salvan. Mis ojos están abiertos ahora.
Consecuentemente, le llegarán noticias de mi abogado. Voy a entablarle una demanda al papado y a la Iglesia Romana Católica. Quiero que me devuelvan mi dinero, con intereses, y estoy buscando daños compensatorios y punitivos por el daño psicológico que su Iglesia me causó, al hacerme creer que necesitaba algo, aparte de mi identificación racial elevada, para poder irme al Cielo después de que muera.
Estoy litigando también por el tiempo que malgasté, que pude haber utilizado trabajando en mi negocio, en vez de desperdiciarlo en adorar a un Jesús en el que ahora dice su Iglesia que no necesito creer para mi salvación. Sus prelados y sus clérigos me dijeron algo muy distinto en 1958. ¡Me han robado!
Sinceramente,
Pinchus Feinstein
2617646 Ocean View Ave.
Miami Beach, Florida 33239
P.D.: Estoy transmitiéndole esta carta a Hoffman, un ex-reportero de AP de Nueva York, con la esperanza que él atraerá la atención de aquellos de quienes deberían estar enterados de ella. Se lo estoy transmitiendo a él en forma de un sueño, pero, sin embargo, representa los sentimientos de muchas víctimas de su Iglesia ladrona.—Pinch
[Tradución de Tina Scislow. Artículo original]
Fuente:


jueves, 4 de febrero de 2016

El "nacionalismo" visto por Héctor Giuliano

El siguiente vídeo del Lic. Héctor Giuliano nos permite tener una aproximación a su pensamiento referido al "nacionalismo" en el sentido que se le da al término en la Argentina, muy distinto al usual en España.



No compartimos muchas de las tesis del autor sobre el Estado-Nación. Para entender los fundamentos de nuestro disenso, recomendamos la lectura del trabajo del Dr. Félix Lamas enlazado al final de la entrada.

«Patria, Nación y Estado, suelen designar en el lenguaje corriente una misma y única realidad1 . Sin embargo, tomados con precisión y atendiendo a su contenido semántico originario y sobre todo, a la razón de imposición del nombre, pueden significar aspectos distintos de esa misma realidad, o bien lisa y llanamente, cosas distintas. En el Derecho Internacional Público, por ejemplo, los conceptos de Estado y Nación son sujetos de atribuciones jurídico–normativas asaz diferentes. Cada uno de estos vocablos connota además contenidos emotivos propios, que se tornan especialmente perceptibles cuando entran en composición con la partícula ismo; así, es obvio que no es lo mismo, ni doctrinaria ni emocionalmente, “patriotismo”, “nacionalismo” y “estatismo”. La identificación, no ya vulgar sino reflexiva, de estas palabras y de sus conceptos correlativos, ha sido más bien fruto de ciertas corrientes del pensamiento político contemporáneo, sobre todo identificadas con el democratismo rousseauniano, el romanticismo, el fascismo y algunas formas de socialismo.» (Félix A. Lamas).

Fuente:

http://www.viadialectica.com/publicaciones/material/filosofia_estado/patria_nac_est_regimen.pdf

jueves, 28 de enero de 2016

Newman y la Inquisición


Se ha vuelto un lugar común presentar a Juan Enrique Newman como precursor del personalismo liberal. Reproducimos fragmentos de una documentada tesis de doctorado acerca de la teología de la historia de Newman, pero limitándonos a algunos párrafos relativos la Inquisición. El autor de la tesis ofrece una amplia selección de textos, que no reproducimos ahora por razones de brevedad, y su propia explicación. En disidencia con el autor no nos parece llamativo que Newman no viera contradicción entre la obligación de respetar las conciencias y la existencia de la Inquisición, porque la conciencia errónea invencible excusa ante Dios pero no ante los hombres. Así, p. ej., alguien puede creer con error invencible que no debe pagar impuestos (justos), o que debe difundir públicamente una herejía, y esa conciencia le excusa de pecado ante Dios, pero no obsta a que el Estado le imponga sanciones si no paga lo debido, o le impida divulgar su herejía. 

Otra de las críticas posibles al discurso apologético de Newman en relación con la Inquisición es que, si bien es cierto que reconoce los errores, crueldades y atropellos que excepcionalmente se dieron en la Iglesia católica, señala al mismo tiempo que los protestantes, los anglicanos y los ilustrados fueron mucho más crueles y sanguinarios que los católicos.
Aunque en ninguna de sus obras Newman estudia la Inquisición de modo sistemático, podemos encontrar varios escritos en los que se refiere a esta polémica cuestión. La mayoría de las alusiones son más bien escuetas y accidentales, pero hay unas pocas en las que Newman se detiene brevemente y expresa sus opiniones. Son sobre todo estos pasajes, escritos ya como católico, los que nos proporcionan las claves para entender su visión sobre la Inquisición y su apologética en relación con este tema (…) No hay duda de que los textos en los que Newman nombra a la Inquisición varían mucho en extensión e importancia, pero el conjunto nos permite extraer algunas ideas sobre la apologética de Newman en relación con la Inquisición. Entre los errores y las faltas que Newman imputa a la Iglesia católica siendo todavía anglicano, predominan lo que él considera desviaciones doctrinales (el culto a la Virgen y los santos, la doctrina sobre el Purgatorio, etc.); pero en ningún momento Newman recrimina a la Iglesia católica la actuación de la Inquisición. Este modo de proceder no se puede decir que sea fruto del desconocimiento, ya que la referencia a la obra de Limborch [1] nos demuestra que, por lo menos, Newman conocía un estudio sobre la Inquisición. La cita de Limborch no nos permite concluir que Newman leyera toda la obra; pero es suficientemente específica como para que nos atrevamos a afirmar que Newman leyó con cierto detenimiento algunas de sus partes. No parece demasiado audaz suponer que las fuertes críticas que Newman hizo a la Inquisición española, ya como católico, pueden tener su origen en la lectura de Limborch. 
Otro de los temas que han aparecido en nuestro recorrido por las referencias de Newman a la Inquisición, es la cuestión del uso de la fuerza y los castigos físicos a los herejes. Como ya vimos en la nota de los Historical Tracts of St. Athanasius, Newman parece aceptar el uso de la fuerza contra los disidentes siempre que se den ciertas condiciones:
– Que se trate de una causa buena (por ejemplo la defensa de la verdadera religión). Ésta se reconoce en el hecho de que su subsistencia no depende del uso de la fuerza.
– Que el empleo de la fuerza sea el último recurso.
– Que se procure mantener, en la medida de lo posible, el rechazo natural del hombre a la violencia.
– Que sea la autoridad civil la que aplique los castigos y recurra al uso de la fuerza cuando sea necesario –teniendo en cuenta que es impropio de los eclesiásticos el empleo de armas seculares–.
Por lo que respecta a esta última condición, las afirmaciones de Newman parecen un poco contradictorias. En la nota de los Historical Tracts of St. Athanasius, Newman señala que las autoridades eclesiásticas no deben recurrir al uso de la fuerza y los castigos corporales sino que éstos –si son necesarios– deben ser aplicados por las autoridades civiles. En cambio, en su carta a Lord Acton, Newman afirma que las autoridades eclesiásticas pueden castigar con la espada si tienen capacidad para ello y resulta conveniente.
No queda claro si al utilizar la expresión «castigar con la espada» Newman se refiere a la imposición de un castigo físico, que posteriormente es aplicado por la autoridad civil, o a un uso directo de la fuerza por parte de las autoridades eclesiásticas. Suponiendo este último caso habría que concluir que, con el paso de los años, Newman experimentó un cambio de opinión. Llama fuertemente la atención el hecho de que Newman, que siempre dio gran importancia a la conciencia e insistió en que ésta nunca debía ser violentada, no alce en ningún momento su voz en defensa de la libertad de las conciencias [2]. Sin duda Newman veía los castigos a los herejes como un medio para preservar la verdadera fe y evitar la difusión de errores y herejías; pero resulta sorprendente que, al tratar el tema de la Inquisición y las persecuciones religiosas, no perciba el uso de la fuerza contra los disidentes como un medio que se opone frontalmente a la obligación de respetar las conciencias –aún cuando éstas se hallan en el error–.
Ya vimos como para Newman el empleo de la fuerza constituye el último recurso. Antes de llegar a este extremo la Iglesia debe tratar de convencer a los que están en el error; pero si éstos se obstinan en sus equivocaciones, y pasan a constituir un peligro para la Iglesia, Newman considera que es lícito que la Iglesia les aplique castigos temporales.
En definitiva, no cabe duda de que Newman desaprobaba los métodos de la Inquisición (sobre todo de la española), y de que al hablar de castigos temporales pensaba más en destierros y obligación de guardar silencio que en penas capitales; pero es llamativo no encontrar un texto en el que denuncie abiertamente las prácticas de la Inquisición como un grave atropello de la libertad de las conciencias de los herejes –que en muchos casos se vieron forzados a renunciar a lo que creían de buena fe–.
Esta argumentación –que Newman parece adoptar siguiendo a Balmes– resulta insuficiente; se trata de una defensa en la que se pone el acento más en el ataque al contrario que en la explicación de la propia posición. Al subrayar la mayor gravedad de las faltas del contrario se da la impresión de querer atenuar los propios errores –que no por ser menores dejan de ser graves e injustificables–. Una de las ideas que se repite en los textos de Newman sobre la Inquisición es la distinción entre la Inquisición romana y la española. En su opinión, los excesos y actos sanguinarios que popularmente se atribuyen a la Inquisición son hechos que se dieron de modo casi exclusivo en la Inquisición española. Newman critica con frecuencia y contundencia a la Inquisición española, pero al mismo tiempo subraya –citando a un destacado historiador protestante–, que ésta fue ante todo una institución de carácter político al servicio de la monarquía española. Aunque vista desde el punto de vista material –y teniendo presente que su creación fue aprobada por el Papa Sixto IV– la Inquisición española era una institución católica, Newman insiste en que su forma de actuar y su espíritu fueron terrenos y seculares.
Muy relacionada con la explicación anterior está la importante distinción que aparece en una de las cartas de Newman a su sobrino:
No es lo mismo reconocer la existencia de errores y faltas cometidos por los católicos a lo largo de la historia, que afirmar que estos mismos errores y faltas proceden de la Iglesia –lo cual implica poner en duda su carácter divino–. Newman se muestra dispuesto a aceptar lo primero, pero niega categóricamente lo segundo. 
La sexta y última idea que queremos comentar se refiere al uso de la historia que hace Newman en su apologética sobre este tema: Dentro de este campo creemos que merece la pena destacar las alusiones que hace a historiadores no católicos como Ranke, Guizot, Gibbon, Voigt, Hurter, Waddington, Bowden y Milman. Estas alusiones –que reflejan un cierto dominio de las obras de dichos historiadores– nos hablan de la gran amplitud de miras de Newman. Siendo todavía anglicano citó y estudió a los historiadores católicos; y, ya como católico, no tuvo problemas para reconocer los méritos y aprovechar las aportaciones valiosas de historiadores protestantes y anglicanos. Entre los ejemplos de uso apologético de la historia que aparecen en los textos de Newman sobre la Inquisición se podrían distinguir dos tipos: Ejemplos históricos concretos –como la descripción de las medidas que adoptó el Papa para frenar los excesos de la Inquisición española–, que van acompañados de numerosos datos y denotan un conocimiento de la materia no pequeño. Ejemplos históricos más generales, que abarcan grandes periodos históricos, y en los que Newman no desciende a detalles –un ejemplo sería la descripción de las grandes aportaciones de la Iglesia católica a la humanidad, que encontramos en la segunda carta a su sobrino–. Tanto en uno como en otro caso Newman demuestra saber utilizar los datos históricos para defender a la Iglesia; y para poner de manifiesto la falsedad y la exageración que con frecuencia acompañan a las acusaciones que recibe. 

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Notas de la Redacción:
[1] Limborch, Ph., The History of the Inquisition. London, 1816. Autor protestante, profesor de teología de Amsterdam que murió a comienzos del siglo XVIII.
[2] No tiene nada de sorprendente que Newman adhiriese a la doctrina católica tradicional acerca de la tolerancia e intolerancia en materia religiosa: “Para los no católicos, la Iglesia aplica el principio reproducido en el Código de Derecho canónico: «Ad amplexandam fidem catholicam nemo invitus cogatur, y estima que sus convicciones constituyen un motivo, aunque no el principal, de tolerancia.” (cfr. Pío XII, 7 de septiembre de 1955).


Tomado de: 

Bujalance Fernández-Quero, J. Newman, Teólogo de la historia. Extracto de la Tesis Doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, Pamplona (2011), p. 469 y ss.

viernes, 22 de enero de 2016

Se hace del lavatorio un “gesto” políticamente correcto


Una lamentable noticia en el contexto de un pontificado calamitoso: El Papa dispone que no sean solo hombres los elegidos para el lavatorio de los pies en la Liturgia del Jueves Santo. Tema sobre el cual publicamos una entrada en 2014:

miércoles, 20 de enero de 2016

El papa hereje en Domingo de Soto

Respecto de la hipótesis del papa herético, en su momento explicamos por qué -en nuestra opinión -nos parece mejor seguir a la escuela dominicana que sostiene que si el Papa cayera en herejía (formal y notoria) sería necesaria una sentencia de la Iglesia que así lo declarase, al menos como precondición para la pérdida del pontificado. La cuestión es disputada y como es sabido hay dos posiciones en torno a la relación entre herejía y potestad de jurisdicción. 
Dentro de la tradición dominicana, cabe mencionar a la Escuela Española que, en sus miembros más insignes, supo ser ortodoxa sin “papolatrías”, especialmente en las figuras de sus célebres teólogos-juristas. En esta entrada buscamos dar a conocer la opinión de Domingo de Soto sobre la hipótesis del papa herético. El texto latino original puede consultarse aquí. No es de fácil lectura y carecemos de una edición moderna. Por lo cual transcribimos la explicación del p. Venancio Carro, OP con textos de Soto en las notas al pie. Un aporte importante del maestro segoviano a las exposiciones de otros dominicos es la integración del derecho natural en sus reflexiones sobre el tema. En efecto, señala que un papa imputado de herejía tiene derecho natural a defenderse. La condena de un inocente es contraria a la ley jurídica natural, de la cual Dios mismo es Autor, por lo cual, si se declarase que un Papa ha perdido automáticamente el pontificado por herejía, sin derecho a defenderse, se cometería una grave injusticia, y si el condenado no fuera hereje formal, no habría pérdida del pontificado. Además del derecho a la defensa del pontífice acusado, apunta Soto que también la Iglesia tiene derecho natural a defenderse de un papa hereje así como la comunidad política tiene el mismo derecho respecto de un tirano. 
Por último, agreguemos a esta pequeña introducción dos méritos adicionales de Soto -que comparte con el resto de su escuela-: primero, logra dar solución a la hipótesis del papa herético como persona particular (nunca en definiciones ex cathedra) sin incurrir en los errores del conciliarismo; segundo, concibe a la Iglesia como un cuerpo armónico, no reducida sólo a su cabeza, el Romano Pontífice.
«Examinando luego la doctrina de nuestro teólogo, al tratar de la excomunión, nos confirmamos en estas ideas. Se pregunta Domingo de Soto si es posible excomulgarse a sí mismo (182). Surge luego el caso del Papa, cabeza de la Iglesia, subordinada a Cristo, verdadera cabeza y piedra angular. Si la fuerza coercitiva que incluye la excomunión no puede ejercerse sobre sí mismo, el Papa no podrá ser excomulgado por nadie, siendo él la autoridad suprema. Con esto vuelve a plantearse la enojosa ("molesta") controversia sobre la superioridad del Concilio sobre el Papa, que —escribe Soto— defendió Almain (183). Aparte de esto, tenemos el caso del Papa hereje. ¿Qué debe hacer la Iglesia en esta circunstancia? Desde antiguo, los mismos defensores exagerados del Papado eran rigurosos con él, en caso de herejía particular. Es más, no reparan demasiado en procedimientos. Nuestro teólogo expone la solución de Almain y la contrapone a la de Torquemada y Cayetano. Para el primero, a fuer de conciliarista, el Concilio puede citar a juicio al Papa, sentenciar, condenar y deponerlo. Los dos cardenales dominicos conceden la intervención, no por ser superior, pero sí per potestatem ministerialem Ecclesiae, al decir de Domingo de Soto. ¿Qué solución da nuestro teólogo?
El caso de herejía particular, por parte de la persona del Papa, era un caso agobiante para todos los teólogos. Domingo de Soto llega a la solución de un modo gradual. "En primer término —escribe— debemos suponer, como conceden todos los de sano juicio, que fuera del caso de herejía y apostasía manifiestas, de ningún modo puede ser excomulgado el Papa a iure vel ab homine." Prescindiendo de la controversia en torno a la supremacía del Papa sobre el Concilio, es cierto que el Concilio, con su potestad ordinaria, no puede dar ninguna ley sin el Papa que lo preside, como cabeza de la Iglesia, y, por tanto, toda ley del Concilio imponiendo la pena de excomunión, no ligaría más al Papa que la dada por él mismo. De esto se infiere que en el caso de caer, como particular, en herejía, no incurre ipso facto en la pena de excomunión, y sería necesario que antes se le condene. En las leyes ordinarias, aunque el Papa debe atenerse a lo decretado por el Concilio, del cual es cabeza, este deber no se le impone a sí mismo con fuerza coercitiva, sino como norma directiva, al modo que se imponen las leyes civiles a los Reyes (184). Que el Papa, como persona particular, puede errar y caer en herejía, lo admiten casi todos, aunque algunos modernos lo nieguen. No está libre de caer en pecado, como persona particular, y tampoco en el error. Es, sí, infalible en cuanto Papa, es decir, definiendo y estableciendo como artículo de fe una verdad para toda la Iglesia, pues el Espíritu Santo no permitiría el error en este caso (185). 
Esto supuesto, concluimos—afirma Soto— que el Papa puede ser excomulgado en el caso de herejía manifiesta. ¿Qué autoridad puede hacer esto? He aquí el proceso del razonamiento. Al ser hereje público, no deja de ser Papa ipso facto, pero sí se hace indigno de ser cabeza de la Iglesia y debe ser depuesto. Ahora bien: nadie puede ser condenado sin juicio, ni pierde su autoridad por la existencia de un pecado. De otro modo, se podía dudar de toda la Jerarquía. Es, pues, necesario el juicio, en el que el Papa pueda defenderse. La necesidad de no tolerar al Papa hereje es evidente. El hereje, al perder la fe, deja de ser miembro de la Iglesia, y menos podrá ser digna cabeza de ella. En este caso es necesario intervenga el Concilio, como representante de toda la Iglesia, para deponerlo, si lo merece: no por las armas materiales, sino con las espirituales y propias de la Iglesia. ¿En qué funda Domingo de Soto este poder del Concilio? La razón es clara: por derecho natural toda República puede defenderse del tirano y prescindir de él. En este caso propuesto puede decirse, como quieren algunos, que el Concilio es superior al Papa, y, por tanto, puede juzgarlo y deponerlo. De no admitir esto —como hace Cayetano—, el Concilio ejercería este poder por ministerio de la Iglesia (186). En suma, Domingo de Soto, sin pronunciarse expresamente sobre la supremacía del Papa sobre el Concilio, destruye todos los principios y argumentos de los conciliaristas, y sólo concede el enjuiciamiento y deposición del Papa en caso de herejía pública y contumaz. Bajo este aspecto sigue la doctrina común desde siglos anteriores. Las diferencias se cifran en el procedimiento elegido por unos y por otros y en las razones teológico- jurídicas alegadas para justificar esta deposición del Papa hereje.
Domingo de Soto recurre a los derechos de legítima defensa por parte de cualquier República, pensando, sin duda, en que la gracia no destruye la naturaleza, ni sus derechos. Notemos, para terminar, que Domingo de Soto sólo reconoce a los decretos del Concilio el valor de normas directivas, pero no el de definiciones dogmáticas, intangibles para el Papa. Luego el Papa es superior al Concilio.
La actitud de Vitoria es muy semejante. Como Domingo de Soto, no sentencia en la cuestión del Papa y del Concilio; pero de hecho aniquila los principios del conciliarismo». 
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(182) Domingo de Soto, op. cit., dist. 22, q. art. 2. La respuesta es negativa, porque excomulgar implica "vim coercitivam", que no se ejerce sobre sí mismo. 
(183) Ibíd. "Haec autem quaestio aliam non minus prolixam, quam molestant submovet, de comparatione Papae et Concilii, utrius sit maior potestas." Ya antes, dist. 20, q. I, art. 4, escribió: "Nihil hic dicere molimur de illa molesta lite, utrum Concilium sit supra Papam, quoe causa est, ut nunquam Concilia eo candore fceliciter celebrentur, quo antiquitus."
(184) Ibid. "Attamen alterutra pars (conciliaristas y anticonciliaristas) teneatur, omnes fatentur Papam saltern in casu, quo vehementer haeresis laboraret infamia, excommunicari posse. " Almain y demás conciliaristas, por reconocer superioridad al Concilio, Torquemada y Cayetano dicen que "id non posse nisi per potestatem ministerialem Ecclesise. Hie autem in primis supponendum confessionem esse omnium sane loqucntium prccter casum haeresis et apostasiae nullatcnus excommunicari posse, vel a iure, vel ab homine. Nam quidquid sit de auctoritate Concilii supra Papam quando inter ambas potestates dissidium aliquod existit, tamen cum Concilium potcstatc ordinaria millain ferat legem, nisi Papa, qui supremum est Ecclesioe caput, presidente, quamquam Concilium legem edat sub excommunicationis censure, nulla tamen potest Papam ligare, magis quam ilia, quae ab ipso Papa conderetur. Quapropter licet esset haereticus, non ¡ncurrere et ipso facto sententia excommunicationis, sed opus esset, ut prius de haaresi condemnaretur. Nam in legibus ordinariis quamvis ipse, ut pars Concilii, nam caput pars est, tenetur stare legibus Concilii per vim directivam, sicut Princeps tenetur stare suis legibus: quia ratio eum ad id dirigit, non tamen per vim coactivam". 
(185) Ibid. "Veruntamen quamvis nonnulli doctores nostri temporis «intendant Papam nullatenus posse esse haereticum, nihilominus communis sententia a parte contraria Stat. Quamvis enim in quantum Papa errare non possit, hoc est, statuere errorcm nequcat tanquam articulum fidei, quia Spiritus Sanctus id no» pcrmittet, tamen ut singularis persona errare in fide potest, sicut alia peccata committere. quia non est impecabilis." 
(186) Ibid. "Hoc autem supposito palam hoc discursu colligitur, quod possit excommunicari. Papa eo ipso, quod est hsereticus, non est depositus, et est indignus qui sit caput Ecclesise : ergo est deponendus... " " Depositio enim et privatio sententiam praeriquirit..." "Quod autem sit deponendus sic constat. Caput est membrum, imo excellentissimum membrum corporis : ergo qui non est membrum, indignus est, ut sit caput : per amissionem antem fidei homo prsescinditur a corpore Ecclesise, et desinit eius esse membrum : ergo fit dignus ut declarctur non esse caput..." "Hinc deducitur assertio nostra Papa tunc est deponendus, et non vi et armis, sed ordine et iudicio : ergo aliquis est, qui facultatem habeat ad eius depositionem procedendi: hoec autem potestas non est nisi in tota Ecclesia, qaam Concilium roepresentat: ergo potest..." "Sive hoc sit quia in illo peculiari casu Concilium sit superius, sive quod hire naturoe unaquoeque Respublica potest se a tyranno dejendere. illumque a se praescindere : sive quod Concilium, ut ait Caietanus, ministerium Ecclesiae, atque adeo tunc Pontificis exerceat, quod quidem ministerium non potest tunc Pontifex a Concilio divellere. Non tamen vacat nunc locus haec pressius disserendi." 

Fuente:
Carro, Venancio. DOMINGO DE SOTO Y SU DOCTRINA JURÍDICA. Estudio teológico-jurídico e histórico. Madrid: 1943. Ps. 419-423.

lunes, 18 de enero de 2016

Dupanloup: comentario al Syllabus

En una entrada precedente mencionamos en breve laudatorio de Pío IX dirigido al Obispo Dupanloup por su opúsculo comentario del Syllabus: La Convention du 15 septembre et L’Encyclique du 8 Décembre, publicado en 1865. A pedido de un lector y amigo de nuestra bitácora subimos a nuestro estante de scribd el texto del opúsculo de Dupanloup en castellano. Consta de unas veintitrés páginas consideradas fundamento de cierto "liberalismo católico de conveniencia" no reprobado por Pío IX ni por los pontífices posteriores.  

jueves, 14 de enero de 2016

Inmigrantes violadores. El silencio de los medios


Durante varios días después de la Nochevieja, los medios de comunicación tanto alemanes como internacionales han tratado de esconder los hechos, como lo suelen hacer con las agresiones sexuales o de otra índole cometidas por los inmigrantes. Pero esta vez el asunto era demasiado gordo. Eran ya 150 denuncias las interpuestas en Colonia el 6 de enero, a las que se tienen que sumar varias decenas más en Hamburgo, Francfort, Stuttgart, Düsseoldorf, Bielefeld, etc. (Y a las que se suman, según noticias de última hora, agresiones parecidas realizadas en Zurich y Helsinki.)
El pasado miércoles, Bild, el principal periódico alemán de sucesos, planteaba la cuestión de la actitud de los medios de comunicación alemanes, haciendo observar que son muchos los alemanes que se preguntan por qué les ha hecho falta tanto tiempo para ocuparse del asunto. El antiguo ministro del Interior, Hans Peter Friedrich (CSU) habla incluso de “conjura de silencio”.
Invocando informes de la policía del 1.º de enero, los medios de comunicación de Colonia incluso habían llegado a afirmar que la Nochevieja había transcurrido sin problema alguno. Sin embargo, los rumores que empezaron a circular en las redes sociales les obligaron a modificar las cosas ya desde el 1º de enero por la noche, cuando empezaron a publicar testimonios de mujeres agredidas. El constante alud de denuncias también obligó a la policía a admitir que la Nochevieja se había desarrollado mal, y el 3 de enero por la mañana la edición regional del Bild ya hablaba de 30 mujeres víctimas de agresiones sexuales.
El escándalo adquirió dimensiones nacionales cuando el gran periódico alemánFrankfurter Allgemeine Zeitung se decidió finalmente a publicar artículos el lunes 4 sobre las agresiones sexuales masivas cometidas por masas de extranjeros, visiblemente “árabes y norteafricanos”. Sin embargo, el lunes por la noche, la televisión pública ZDF, que disponía por fin de un reportaje y de informaciones confirmadas, se negó a abordar el tema en su telediario de la noche. Ahora ya ha presentado sus excusas a los teleespectadores, pero sólo como consecuencia del alud de críticas llegadas a su web y desarrolladas en las redes sociales. El martes 5 la información sobre las agresiones sexuales en Colonia y Hamburgo ya formaba parte de los titulares de la web del Bild.
En realidad, ya hace meses que los medios de comunicación alemanes están silenciando las informaciones sobre las numerosas violaciones y agresiones sexuales que tanto las alemanas como las propias solicitantes de asilo sufren por parte de los inmigrantes, principalmente hombres jóvenes y musulmanes, de los cuales llegaron este año más de un millón a Alemania, habiendo ido a parar a Colonia unos diez mil.
En España, por otra parte, “la  conjura de silencio” aún es más... clamorosa si cabe. Nada dicen los titulares de la prensa sobre el origen de los agresores sexuales. Tiene uno que leer detenidamente los artículos para enterarse, como ayer en el El Mundo, de que “cerca de un millar de hombres jóvenes, supuestamente inmigrantes, robaron y agredieron sexualmente a decenas de mujeres”. Supuestamente, supuestamente..., en efecto. El silencio de los colectivos feministas o hembristas es asimismo igual de... clamoroso.
Fuente:


lunes, 11 de enero de 2016

Dios no es un mercachifle

Pablo Gines, autor del artículo.
No es la primera vez que encontramos en ReL, una web neoconservadora, un artículo de este tenor. Que parece un intento de hacer “teología de la prosperidad” con barniz católico.
Ha muerto el 5 de enero, con 87 años, el millonario galés Albert Gubay. En 2010, creó una fundación en la Isla de Man con 470 millones de libras esterlinas y el encargo de dedicar los beneficios anuales (unos 20 millones al año) a beneficiencia, especificando que la mitad de ese dinero anual debía emplearse en obras señaladas por la Iglesia Católica y la otra mitad a obras caritativas que decidiesen los patronos.
Gubay se quedó con 10 millones de libras para sus últimos años de ancianidad, dejando que el resto generase buenas obras. 
Padre judío, madre irlandesa católica
Gubay nació en 1928 en Rhyl, Gales, en una familia humilde. Su padre era un judío iraquí y su madre una católica irlandesa. Ya millonario y anciano, explicó en una entrevista que su padre era blando con sus dos hermanas y muy duro con él, y que le hacía trabajar en su tienda al salir del colegio, cada día, y también todo el fin de semana. 
Desarrolló los hábitos de un trabajadicto austero. Los periodistas de la BBC, cuando le entrevistaban, señalaban como ejemplo que este millonario usaba una sola bolsita de té para dos tazas, y que él mismo decía: "¿para qué desperdiciar si con una basta?"

Mucha suerte, recortar gastos y Dios
Cuando le preguntaban por las recetas de su éxito, respondía que se debía a "mucha suerte" y a una serie de reglas para recortar gastos. Y también a un pacto que hizo con Dios siendo un joven sin dinero y con una familia que mantener. Explicó en 1997 a la televisión irlandesa que le dijo a Dios: "Hazme millonario y quédate con la mitad del dinero". Cuando llegó la riqueza siempre lo recordó y fue generoso en sus obras de beneficiencia. Al final, como hemos visto, entregó mucho más que la mitad al crear su fundación. 
Empezó su carrera vendiendo caramelos sin azúcar al acabar la Segunda Guerra Mundial,cuando el azúcar estaba racionado y la confitería era muy limitada. En 1965 creó su primer supermercado barato Kwik Save, que se convirtió en una cadena, la cual vendió por 14 millones de libras en 1973. 
Luego, recuperándose de un accidente, se le ocurrió crear una cadena de gimnasios, Total Fitness, que llegó a tener 21 locales en Irlanda y el noroeste de Inglaterra, y 150.000 clientes. Vendió la cadena en 2004 por 70 millones de libras. El resto de su negocio fue financiero y de compra de propiedades. 
La Isla de Man: leyes peculiares en fisco y prensa
Se estableció en la Isla de Man, una isla con leyes y gobierno propio a mitad de camino entre Irlanda y Gran Bretaña, 33 millas de largo, 13 millas de ancho, 76.000 habitantes yun régimen fiscal más que especial. Hubo cierta ocasión en que se enfadó con la Administración local y amenazó con irse a Suiza pero enseguida se esforzaron en aplacarlo. En 2004 un periodista satírico en una web de la isla lo acusó de negocios turbios (sin pruebas) y Gubay lo acosó judicialmente aprovechando las leyes más que antiguas de Isla de Man que no protegen a los periodistas como en Inglaterra y que establecen medidas draconianas para castigar el "libelo". 
Cuando creó el fondo benéfico de 2010 anunció que esperaba que muchos filántropos internacionales se fijasen en los beneficios legales de crear este tipo de fundaciones y disposiciones desde la Isla de Man.
Financiar iglesias y peregrinaciones a Lourdes
Antes de crear su millonario fondo benéfico de 2010, ya era generoso en muchas acciones, de las que se han divulgado unas pocas. 
Por ejemplo, pagó la ampliación de la parroquia de Our Lady of Nativity en Leixlip, Irlanda, en memoria de su madre, que era del lugar. Y financió el santuario de San Antonio en Isla de Man, con un gran viacrucis, reforzando además su gruta del estilo de Lourdes. 
Pagaba la peregrinación anual del clero de la diócesis de Liverpool al santuario de Lourdes en Francia, y ayudaba al mantenimiento de muchas iglesias en esta diócesis. 
En Isla de Man creó con el gobierno local un sistema de becas para enviar estudiantes de la isla a las mejores universidades del mundo, y también para mantener los estudios de los jóvenes deportistas más prometedores.
Caballero pontificio
Gubay acudía a pocos eventos sociales, pero el 23 de febrero de 2011 hizo una excepción para ser investido Caballero Comandante con Estrella de la Orden de San Gregorio Magno,por designación del Papa Benedicto XVI y de manos del arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, una condecoración pontificia que ostentan muy pocas personas. 
Gubay falleció el 5 de enero, pero su fundación seguirá dedicando esos 20 millones de libras anuales a beneficiencia. En el Santuario de San Antonio, en Oncham, Isla de Man, una vidriera de Cristo caminando sobre la Bahía de Douglas que él encargó se ha convertido en un punto de interés local.
Visto en:

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Los amargos y la materia venerable

Decía Ignacio Anzoátegui que el católico –laico o sacerdote- no tiene que poner cara de «drogadicto de la virtud». Pero algunos olvidan que la eutrapelia es una virtud, que se ubica en un justo medio entre el espíritu de relajación lúdica y el exceso en la seriedad. Sin eutrapelia, falta equilibro y madurez en el cristiano.
El exceso en la seriedad, típico del jansenismo, no sólo tiene una dimensión moral, sino que es preludio o expresión de mala salud psíquica. Cuando uno es incapaz de toda relajación lúdica, no es temerario predecir que en algún momento sufrirá un quiebre psicológico o moral.
Aristóteles llama agroikía a la diversión viciosa por defecto (que algunos creen es «gravedad»). El agroico, que el Filósofo llama también duro o rústico, es aquél para quien toda diversión es inútil, o sospechosa de pecado, y no se permite bromear bajo ningún concepto, ni tolera que los demás lo hagan en su presencia. Santo Tomás los llama «agrii», es decir, «amargos». La palabra «rusticidad», que en castellano remite a la persona sencilla, poco sofisticada, pero no necesariamente viciosa, no hace justicia a la noción de agroicismo; será más exacto hablar de «dureza» o «amargura».
Una idea implícita -no pocas veces- en los agroicos es cierto maniqueísmo que pone bajo sospecha de mal a la materia. Pero lo malo no es la materia, sino el desorden que introduce el pecado en el uso de los bienes materiales. El vino, que es materia, es cosa buena. Y su uso -ordenado- incluso llega a ser objeto de una sana virtud, la eutrapelia. 
Los agroicos tienden a menospreciar la materia en aras de la espiritualidad, la trascendencia y la gravedad. Como si no fuese posible llegar a lo espiritual por lo material, alcanzar a Dios por la materia, a ese Dios que precisamente se ha hecho hombre, se ha hecho materia. No sin razón, San Juan Damasceno, comentando un texto de San Basilio, decía que si queríamos unirnos a Dios sólo con la mente, entonces era menester renunciar a todas las cosas materiales, las luces, el incienso, las oraciones vocales, los sacramentos mismos, que se confeccionan a partir de la materia, sea ésta pan, vino u óleo. Todas esas cosas constan de materia. Decía San Juan Damasceno por que la Encarnación Dios «se dignó habitar en la materia y obrar nuestra salvación a través de la materia». Y es autor de un texto que constituye una suerte de himno jubiloso a la materia:
«Vilipendias la materia y la declaras vil; los maniqueos hicieron lo mismo. Pero la Sagrada Escritura la proclama buena porque dice: "Dios vio lo que había hecho y todo eso era muy bueno" (Gen 1, 31). Por tanto la materia también es obra de Dios, y yo la proclamo buena; pero tú, si la declaras mala, debes confesar, o que no viene de Dios, o que Dios es el autor del mal. Pues bien, escucha lo que dice la Santa Escritura de la materia que tú miras como despreciable: "Moisés habló a toda la asamblea de los hijos de Israel y dijo: He aquí lo que el Eterno ha ordenado: Tomad de lo que os pertenece una ofrenda para el Eterno. Todo hombre cuyo corazón esté bien dispuesto aportará una ofrenda al Eterno: de oro, de plata y de bronce; telas teñidas de azul; madera de acacia; aceite para el candelabro; aromas para el óleo de unción y para el incienso aromático; piedras de ónice y otras piedras para el adorno del efod y el pectoral. Cuantos de entre vosotros sean hábiles, venid y realizad todo lo que el Eterno ha ordenado: el tabernáculo" (Ex 25, 1 ss.). He aquí, pues, que la materia es honrada, por despreciable que sea para vosotros. No adoro la materia, pero adoro al autor de la materia, que por mí se hizo materia, habitó en la materia, y realizó mi salvación por la materia. Porque "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14). Nadie ignora que la carne es materia y que ha sido creada. Yo venero, pues, y reverencio la materia mediante la cual se ha realizado mi salvación. La venero, no como Dios, sino como llena de eficacia y de gracia divina. ¿No es acaso materia aquel afortunadísimo y fecundísimo leño de la Cruz? ¿No es acaso materia el monte venerando y santo, el lugar del Calvario? ¿No es acaso materia, piedra madre y vital, monumento santo, la fuente de nuestra resurrección? ¿Acaso no son materia la tinta y las hojas del libro de los Evangelios? ¿No es acaso materia aquella mesa que nos da el pan de vida? ¿Acaso no son materia el oro y la plata con que se hacen las cruces, las patenas sagradas y los cálices? ¿No es acaso materia, de lejos más excelente que todo lo dicho hasta aquí, no es materia el cuerpo y la sangre de mi Dios? Quita el culto y la adoración de todas estas cosas, o acepta, según la tradición de la Iglesia, que las imágenes consagradas con el nombre de Dios y de sus amigos, y por tanto divinas, fecundas por la gracia del Espíritu, sean veneradas» (De imaginibus oratio I, PG 9 II, 14: 1300. Traducción de Alfredo Sáenz, tomada de su libro El Icono esplendor de lo sagrado, Bs. As. (2004), pp. 96-97)-

martes, 29 de diciembre de 2015

Ya no existe el jansenismo...

La entrada que reproducimos hoy está tomada de otra bitácora, cuya lectura poco nos interesa porque suele concentrarse en los problemas internos de la FSSPX y en la escisión de Williamson & c.
Con un poco de sentido común católico, y buena fe, cualquiera puede tomar conciencia de la ridiculez del ataque del blog Syllabus y de la inocencia de la foto censurada.
Ahora bien, ¿qué mentalidad subyace a las preguntas retóricas del crítico? ¿Cuáles son las deformaciones intelectuales que inciden en estas torceduras del juicio moral?
Los artículos de Pithod pueden ayudar. 

El pasado 19 de diciembre hubo una ordenación sacerdotal en el seminario de La Reja. Su nuevo sitio web da cuenta del solemne suceso, ofreciendo una amplia cobertura fotográfica.



Pero acerquémonos más en detalle a la última fotografía. Un objeto aparece colocado delante del grupo de sacerdotes que sonríe a la cámara. Hay algo que llama la atención. ¿Qué es eso?



Sí, señores, es una botella de vino (según parece vacía), que aparece infelizmente, como un mensaje dado por los mismos sacerdotes y seminaristas de la foto pues ellos son todos de la provincia argentina de Mendoza, tierra llamada “del buen sol y del buen vino”. Imaginamos que si mañana es ordenado un sacerdote cordobés, harán una foto con una botella de fernet adelante, si el nuevo sacerdote es español, habrá en el piso una botella de jerez, y si el ordenado es mexicano, aparecerán los sacerdotes mexicanos con una botella de tequila (previamente escanciada, por supuesto). Y quizá hasta alguno se anime a sostenerla en la mano, como muestra de lo bien que se está y disfruta ser parte de la Neo-FSSPX. En fin, no nos importa “quién se ha tomado todo el vino”, como canta horriblemente un desaforado músico de cuartetos, sino cómo se ha llegado a esa ligereza que cae en la irreverencia y hasta lo sale a mostrar en el sitio oficial de la congregación. ¿Acaso son sacerdotes de Baco y la botella ha sido parte de un rito? ¿Es la botella y la copa de vino un nuevo atributo de los paladines de la Tradición? Quizás así tímidamente comenzó otro sacerdote de la Neo-FSSPX, que terminó dando charlas sobre  degustación de vinos. En fin, es la Neo-FSSPX, tómela o déjela.



Fuente: