martes, 17 de enero de 2017

Realeza temporal de Jesucristo en cuanto hombre


Jesucristo es también en cuanto hombre, Rey de todas y cada una de las sociedades civiles en concreto existentes.
Esta afirmación se acomoda mejor con el sentido humano y político de los vaticinios mesiánicos.
Y vale para ella el argumento de la excelencia debida a la humanidad que se une hipostáticamente al Verbo.
También viene exigida por aquel "todo poder" que ha sido dado a Jesucristo Mt. 28,18.
Es defendida por teólogos como Sto. Tomás y Suárez (30).
Y es enseñada por el Papa Pío XI en la Carta En cíclica Quas Primas tratando ex profeso de la realeza de Cristo:
 "Crasamente por lo demás erraría (textualmente: "turpiter ceteroquin erret qui...") el que desposeyese a Cristo hombre de la soberanía de cualesquiera cosas civiles, ya que tiene del Padre el derecho absoluto sobre la creación de tal suerte que todo depende de su voluntad" (31).
Tal realeza la posee sin embargo tan sólo en el derecho o como se dice, en acto primero, pero por su ex presa voluntad no quiere que pase al hecho, al ejercicio o al acto segundo.
Esta dignidad regia no la transmitió a la Iglesia, de modo que el Romano Pontífice no la posee ni siquiera en el derecho. (32).
 Estas afirmaciones podemos comprobarlas en todo el relato de los evangelios donde Cristo aparece siempre despreciando tal suerte de poderes.
El milagro de la multiplicación de los panes produce un gran entusiasmo popular, sin embargo:
"Jesús, entendiendo que iban a venir para arrebatarle y hacerle Rey, se retiró de nuevo al monte él sólo" (Io. 6, 15).
Y dice a Pilato: "Mi Reino no es de este mundo" (Io. l, 36) refiriéndose a lo más propio de su dignidad regia y a la única trascendencia  práctica.
Por otra parte, reconoce la autoridad constituida, al aprobar el tributo al César: "Pagad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 22, 21).
Y los judíos no lograron poder persuadir a Poncio Pilato, que ejercía cuidadosa vigilancia sobre la Palestina de que Jesús era un agitador político anti-romano, como le acusaban.
Después de haberse Jesús afirmado en efecto como Rey, debió sin duda Pilato ver que no había en el acusado ninguna pretensión política peligrosa para la autoridad imperial de Tiberio a quien representaba ya que intentó libertar a Jesús con motivo de la amnistía de la Pascua y luego pretendiendo satisfacer a los judíos con la "admonitio" de los azotes.
El género de Reino que reivindicaba Jesús, el Reino de la verdad no preocupaba en lo más mínimo a Pilato que responde encogiendo los hombros: “¿Qué es verdad?" (Io. 18,38).
Por esto "Salió Pilato otra vez a fuera y les dice: Ved, os le traigo afuera para que conozcáis que no hallo en él delito alguno" (Io. 19,4).
Más adelante el mismo Jesús reconoce como legítima la autoridad del funcionario romano: "No tuvieras potestad alguna contra mí si no te hubiera sido dada de arriba" (Io. 19, 11).
Y Pilato cede a las exigencias de los enemigos de Jesús acompañando su claudicación con el simbólico gesto de la ablución de sus manos (Mt. 27,24).
Por todo lo cual continúa el Papa Pío XI, después de las palabras anteriormente citadas:
"Sin embargo mientras vivió en la tierra, se abstuvo por completo de ejercer tal dominio, y como despreció en otro tiempo la posesión y administración de las cosas humanas, así las concedió entonces y concede ahora a sus poseedores. Tratándose de lo cual, muy bellamente se dijo: "No arrebata las cosas perecederas el que da los reinos celestiales". (Hymn. Crudelis Herodis, in Off. Epif.)
Jesucristo en cuanto hombre es por titulo especial legitimo Rey de los judíos.
Tal afirmación está del todo acorde con las expresiones usadas con los vaticinios mesiánicos: el Mesías es Rey y Rey de los judíos como descendiente carnal de David (Jer. 23,5) del cual hereda los derechos a la monarquía judaica (33).
Son válidas asimismo en su grado las razones de la dignidad debida a la humanidad de Jesucristo, judío según la carne, y la de la plenitud de poder que 61 mismo testifica haberle sido dada por Dios.
Herodes era en efecto un Rey ilegítimo de los judíos, ya que se trataba de un gentil y puesto por los gentiles.
Tuvo, con todo, un pequeño grupo de partidarios, entre los judíos, los llamados herodianos.
Los más fanáticos e intransigentes pensarían seguramente más bien en algún descendiente de los Macabeos: eran los "zelotes".
La casa de David había perdido su esplendor había sido absorbida en la masa del pueblo sin significación aparente.
Había llegado el momento en el que como habla profetizado Isaías (11, 1) del tocón inadvertido de lo que antes había sido el majestuoso árbol de la familia de David, retoñaría una rama fragante de savia que había de des plegarse en flor (34).
Tal fue Jesús naciendo de María, descendiente de David y desposada legítimamente con el artesano José, descendiente asimismo de la real familia davídica (35).
Jesús en efecto es llamado "hijo de David" en el evangelio por unos ciegos aprobando él con su acción tal calificativo (Mt. 9,27; Mc. 10,48 ; Lc. 18,39).
También consta por el evangelio que los judíos esperaban realmente el Mesías como hijo de David:
"Hallándose reunidos los fariseos, interrogóles Jesús diciendo: ¿Qué os parece del Mesías? ¿De quién es hijo? Dícenle: De David" (Mt. 22, 41-42)
El ángel que anuncia a María su maternidad mesiánica llama a David "su padre", refiriéndose a Jesús:
“Este será grande y será reconocido como hijo del altísimo y le dará el Señor Dios el trono de David su padre" (Lc. 1,32).
Y S. Pablo con su vigor habitual, habla de Jesucristo como de “el que nació de la estirpe de David según la carne" (Rom. 1, 3).
Cuando Jesús entra por última vez en Jerusalén cumpliendo la profecía de Zacarias:
"Alégrate grandemente, Hija de Sión, canta con júbilo, Hija de Jerusalén, mira a tu Rey que viene a ti justo y salvador. Es pobre y monta en una asna, y sobre el jumentillo de asna" (9,9).
La turba le recibe agitando ramas de árboles Y tendiendo a su paso sus propios mantos, exclamando al mismo tiempo:"¡Hosanna al Hijo de David!" (Mt. 21, 4-9. 15-1).
Los mismos argumentos aducidos en la cuestión anterior prueban "a fortiori" que Jesús no quiso tampoco que sus derechos reales pasasen al ejercicio; y tampoco fueron, en forma alguna, transmitidos.
Sobre el palo vertical de la cruz fue fijado el "titulus" de la condena de Jesús: "Había también por encima de él una inscripción, escrita en letras griegas, latinas y hebreas: Este es el Rey de los judíos" (Lc. 23,38).
Los judíos sin embargo protestaron ante Pilato de la inscripción: "No escribas el Rey de los judíos, sino que él dijo Rey soy de los judíos". Pero Pilato les responde con desprecio: "Lo que he escrito, escrito esta (lo. 19, 21-22).
Como canta un himno antiguo de la liturgia de Viernes Santo: "Regnavit a ligno Deus". En efecto, aquel "titulus" puesto por las autoridades romanas para indicar la causa de aquella ejecuci6n declaraba literalmente la Realeza judaica de Jesús, la Realeza universal sobre todos los pueblos por el uso de todos los idiomas del mundo entonces conocido, y el mismo Jesús coronado de espinas, bajo la púrpura de su propia sangre, proclamaba con la desnudez de su cuerpo y con sus brazos extendidos una realeza más alta, sublime, trascendental: su Realeza espiritual sobre las almas de todos los hombres.

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(30) De Regim Princ. c.22 s.; Opera Onmia, Vivés, París,1870, t. 18, p. 466 y ss.
(31) Quas primas AAS. 17 (1925) 600.
(32) Nada tiene que ver con esta dignidad real de Jesús el derecho papal a la independencia política y posesión del Estado Pontificio: le compete al Papa como cosa sumamente conveniente para el libre ejercicio de su soberanía espiritual y de su derecho divino-positivo de inmunidad civil. Ni tampoco simplemente con el llamado poder indirecto sobre lo temporal, del que se ha tratado en la nota 26. Véase sobre los orígenes de los Estados Pontificios: Schnürer, G. La Iglesia y la civilización occidental en la Edad Media, M'adrid, 1955, p. 445 ss.
(33) Véase el Ps. 86 y 131.
(34) Véase también Is. 4, 1; 6,13; 10, 19;11, 16; 53,2; Ier. 3 3; 30, 7 etc. Y principalmente Ezequiel 22 - 24.
(35) Véase las genealogías de Jesús que traen San Mateo y San Lucas. Según algunos las dos son genealogías de José y basta su paternidad "legal" de sólo padre "putativo", para que Jesús reciba de su padre José el ser vástago de la propágine de David y heredero del mismo. Así Schmaus Teología dogmática , Madrid, 1959 p. 190. Véase sin embargo en Suárez cómo la procedencia de David le viene a Jesús no de su padre adoptivo sino de María: Misterios de la Vida de Cristo, BAC, Madrid,1948, T I, p. 46-55. Véase también Suma Teológica BAC, Madrid, 1955, t.XII, pp. 91-92.

viernes, 13 de enero de 2017

Realeza espiritual de Jesucristo en cuanto hombre



"Pero cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios en vio a su Hijo hecho hombre de mujer, hecho bajo la ley" (Gal. 4,4).
Rigurosas palabras de S.Pablo que, por la preexistencia que suponen en el enviado de una parte, y la expresión "hecho de mujer" de otra, declaran admirablemente la naturaleza del compuesto teándrico, y señalan el momento culminante de la Historia Universal la "plenitud del tiempo", la realización de la Promesa el comienzo de la Era mesiánica.
No son menos profundas las expresiones que siguen:
“…para redimir a los que estaban bajo la ley y para que recibamos la adopción filial” (Gal. 4,5)
Jesús viene a sustituir la ley y viene a establecer a adopción filial, es decir, el Reino de Dios. La esencia de la predicación, de la doctrina de Jesús puede expresarse usando las palabras de S. Mateo 4, 23: "Evangelium Regni”.
Jesús viene a tender sobre la humanidad los vínculos paterno-filiales entre Dios y los hombres, a constituir la familia de Dios, a hacer a Dios padre de todos y a los hombres hermanos entre si. Tal es el “Reino de Dios”. Dios tiene providencia de los hombres como el padre respecto de sus hijos.
Dios se da a si mismo en el cielo a titulo de participación filial en la herencia paterna. Tal es la consumación del Reino de Dios del Reino de los cielos.
Lo principal es el cumplimiento de la voluntad del Padre. Las riquezas y los honores son inferiores a este cumplimiento, más aún, la pobreza y la humillación son en sí preferibles por el Reino de Dios. El Reino de Dios es instaurado por el triunfo en la cruz sobre el pecado, el demonio y la muerte.
La congregación de los hijos de Dios es la Iglesia sociedad espiritual universal, perenne, existente en el mundo que se consuma en el otro, cuyo fundamento es Cefas, al cual y a los demás apóstoles, subordinados a S. Pedro, transmite Jesús su misión sacramental docente y jurisdiccional hasta el fin de los tiempos (11).
Ahora bien Jesús es el Rey supremo de este Reino espiritual.
En la magnifica descripción que hace el mismo Jesús del juicio final identifica al "Hijo del hombre", término con que él se designa siempre, con el "Rey" glorioso que se sienta en trono de majestad, y que rodeado de ángeles congrega ante sí a la humanidad, para juzgar de ella según sus obras de misericordia. Presentándose por tanto a si mismo como rey universal y absoluto de un reino de orden espiritual del que hace participes a los colocados a su diestra: "Entrad en posesión del Reino” (Mt. 25, 31-46).
Sin embargo la afirmación más explícita de su realeza espiritual la hace el mismo Jesús en su diálogo con el Procurador romano Poncio Pilato.
El tribunal religioso había declarado a Jesús reo de muerte por el máximo delito religioso la blasfemia al proclamarse Jesús Mesías e hijo de Dios; pero los dominadores romanos habíanse reservado la ratificación y ejecución de la última pena, por ello los sinedritas se ven obligados a llevar a Jesús ante el tribunal civil de Pilato.
Por esto Pilato interroga a Jesús:
“¿Tú eres el Rey de los judíos?".
Jesús responde afirmativamente, eliminando cuanto de peligroso puede haber en la proclamación de su realeza:
“Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi Reino, mis ministros lucharían para que yo no fuera entregado a los judíos. Mas ahora mi Reino no es de aquí".
Ante tal afirmación Pilato insiste:
"¿Luego Rey eres tú?".
Y Jesús responde del modo más directo y rotundo:
 "Tú dices que yo soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad oye mi voz." (Io. 18, 33-38).
Palabras por las que Jesús se proclama efectivamente Rey, pero no Rey de un reino material y terreno: "mi reino no es de este mundo". El reino de Jesús es el reino de la verdad, es decir, el reino espiritual universal, de la doctrina que ha predicado, de su evangelio del Reino de Dios.
Tal es la médula del mesianismo. El Mesías es principalmente rey espiritual como Rey que es del Reino de Dios.
Mas para llegar a esto, para poner al descubierto cual era la índole más profunda del reino mesiánico y sus bienes; y por lo tanto el carácter más principal de la realeza del Mesías, Jesús tuvo que emprender un paulatino pero enérgico trabajo de purificación de las concepciones mesiánicas excesivamente crasas y materiales que se habían formado los judíos, entre los cuales, en progresiva deformación los motivos políticos del Reino habían pasado al primer plano (12).
El Mesías histórico, personal, rebasó todas las esperanzas y ponderaciones, pues era esperado generalmente como un hombre, aunque del todo extraordinario, y sin embargo fue a la vez verdadero Dios. Yahveh mismo, hecho hombre (13).
Los bienes escatológicos, sobre todo la "visión de Dios cara a cara" de que habla S.Pablo (I Cor. 13,12) la visión de Dios "como Él es" de S .Juan I (Mc. 3,2) sobrepujaron toda expectación y toda hipérbole literaria (14).
Cesó la santificación legal y exterior que obraban por sí mismas las instituciones del A.T. y comenzó la santificación interior por la gracia supremo bien del alma (15).
Rompiéronse los límites del nacionalismo judío y el Espíritu difundióse por todos los pueblos capacitan do a la humanidad para integrarse en la mística unidad del mismo cuerpo del Mesías (16).
Sin embargo es claro que el sentido de las profecías al referirse al Mesias-rey, sin negar otra cosa -más aún, insinuándola- es de que se trata de un "hombre" extraordinario y asimismo parece claro que entre los bienes del Reino mesiánico se cuenta aun en sentido propio con una mayor afluencia de bienes temporales y una mayor prosperidad terrenal para la humanidad.
Esta razón de la "humanidad" del Mesías, junto con otras que expondremos a continuación, será precisamente argumento para probar que la realeza espiritual de Jesucristo, la principal de su regia dignidad, le compete en cuanto hombre.
Horas antes de su Pasión, dijo Jesucristo:
"Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera. Y yo, cuan do fuere levantado de la tierra, a todos arrastrar hacia mí. Esto decía significando con qué muerte había de morir (Io. 12,31-33).
Y en efecto, el Juicio mesiánico por el que Cristo triunfó definitivamente sobre los grandes enemigos de su Reino, el pecado el demonio y la muerte; y con ello la instauración del Reino de Dios del nuevo Testamento, de la obra mesiánica, fue el sublime momento situado en el vértice de la historia, en el que Jesús exclamó como sacerdote: "Está consumado", y como víctima "inclinando la cabeza, entregó el espíritu" (Io. 19,30).
El mesianismo llega a su plenitud esencial cuando se realiza el cruento sacrificio de la cruz, verifican do los antiguos vaticinios sobre el Siervo de Yahveh, y dando realidad a la más sagrada institución del A.T., la Pascua del Señor (17).
Ahora bien, el sacrificio de la cruz, que supone el nuevo pacto definitivo entre Dios y Jesús en nombre de la humanidad, sellado con su propia sangre, sólo puede ser verificado por Jesucristo como hombre, ya que como Dios no puede ni padecer ni morir.
Jesucristo, en virtud de su humana naturaleza, por la gracia substancial de su unión con el Verbo, queda constituido sacerdote y víctima es decir capacitado para el sacrificio redentor de valor infinito, único por el que podía aportar efectivamente en la cruz la plenitud de todos los bienes mesiánicos. Y aplicando un principio profundo en su sencillez: "es natural que quien adquiere algunos bienes para otros, sea él mismo quien se los distribuya", podemos concluir que, radicando en su poder sacerdotal brotan asimismo en Jesús como hombre otros tres derechos llamados: poder de santificar de enseñar y de regir (18).
Por el poder de santificar es Jesús quien actúa, en los sacramentos, el Sacrificio y en la Iglesia en cuanto ella misma es un gran sacramento y cuerpo místico.
Por el poder de enseñar, anuncia Jesús la doctrina revelada a toda la humanidad, doctrina encaminada a la salud espiritual de todos los hombres.
Por el poder de regir, Jesús instituye y legisla autoritativamente ejecuta y juzga a toda la humanidad, en cuanto conduce como medios "necesarios" al logro del bien espiritual de toda la sociedad humana.
En este último sentido propia y formalmente, Jesús es Rey universal y absoluto de un Reino espiritual y precisamente en cuanto hombre.
Es de notar que el Sacrificio y los Sacramentos instituidos por Jesús y su doctrina se imponen obligatoria y auténticamente por la potestad de regir del mismo Jesús. Y según esto, en sentido material puede decirse que Jesús reina por sus Sacramentos y por su doctrina (19).
En la fundación de la Iglesia intervienen los tres poderes: funda Jesús la Iglesia con potestad de santificar, en cuanto es esencialmente cuerpo místico, la funda con poder de enseñar en cuanto es esencialmente sociedad doctrinal, la funda con el poder de regir en cuanto es esencialmente sociedad perfecta, y medio necesario para la salud.
Jesucristo en cuanto hombre es el fundador de la Iglesia. Jesucristo en cuanto hombre es Rey espiritual de toda la humanidad. De esta realeza espiritual universal es de la que el Papa es supremo vicario en la tierra, pues esta es la que Jesucristo transmitió al papado y al episcopado católico subordinado (20).
A esta razón aducida para probar la realeza espiritual de Jesucristo en cuanto hombre podemos añadir otra:
A la humanidad de Cristo unida hipostáticamente al Verbo, le corresponde por esto mismo ser dignificada en todo lo posible, en virtud de una necesidad de suma congruencia.
Ahora bien, es indudable que poseer como propio derecho la realeza espiritual universal es sumamente dignificante para la humanidad de Cristo y en sí mismo posible. Por tanto Jesús en cuanto hombre es Rey universal y espiritual.
Además antes de la Ascensión dijo Jesús:
"Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" Mt. 28,18).
Ahora bien, en sentido obvio a Jesús sólo puede habérsele "dado" algo en cuanto hombre, ya que como Dios lo posee en si mismo todo.
Por tanto se le da todo poder en cuanto hombre. De donde debemos atribuir a Jesús todo poder como antes, le atribuíamos más en general, toda excelencia que no se pruebe positivamente disconvenirle. Y como tal no ocurre con la realeza universal espiritual debemos atribuirla a Jesús en cuanto hombre (21).
Es de notar que Jesús dice también al Procurador romano que "ha nacido" para su reino espiritual insinuando con esto que le compete como a hombre (Io. 18 38).
A estas razones que podemos decir que dan a la humanidad de Jesús un derecho "natural" a la realeza universal espiritual se añade otra que le da un derecho "adquirido" o de conquista, ya que con su sacrificio logra Jesús, en cuanto hombre, el rescate de la humanidad, que por lo tanto con todo derecho en cuanto hombre le pertenece.
El sentido humano del Mesías-rey propio de los vaticinios del A.T., la relación entre el sacerdocio de Cristo y su poder de extender el fruto de su sacrificio en forma autoritativa y obligatoria, la razón de suma excelencia debida a la humanidad de Cristo, la misma afirmación de Jesús entendida en su sentido obvio, y finalmente el derecho de conquista que el sacrificio de Jesús le da a él sobre toda la humanidad son razones intrínsecas que prueban que Jesús, precisamente en cuanto hombre, es Rey Espiritual.
Tal es asimismo el sentir unánime de los PP. y teólogos (22).
Y principalmente la enseñanza del Papa Pío XI a toda la Iglesia tratando expresamente de esta materia, en su carta encíclica “Quas Primas":
"Es menester que el nombre y poder de Rey, por cierto en sentido propio sea reivindicado para Cristo hombre..." (23).
Con este documento instituía el Papa la festividad litúrgica de Cristo Rey para toda la Iglesia con el rito más solemne, quedando de manifiesto en el Prefacio de qué género de realeza se trata:
"Regnum veritatis et vitae: Regnum sanctitatis et gratiae: Regnum iustitiae, amoris et pacis".
Lo mismo había enseriado León XIII en su Carta Encíclica "Annum Sacrum" con motivo de la consagración del mundo al Sagrado Coraz6n de Jesús:
Mas he aquí que León XIII por esta misma encíclica prescribió con su autoridad la consagración del mundo a Cristo Rey universal y espiritual, verificando con ello un acto de extraordinaria trascendencia ya que a los motivos existentes de la realeza de Cristo naturales y adquiridos añadió uno nuevo: el de la libre y afectuosa elección de la humanidad.
"Dada su bondad y caridad suma no rehuye (Jesucristo) que le demos lo que es suyo, como si nos perteneciese; y no sólo no lo rehuye, antes ahincadamente lo pide: "Hijo mío, dame tu corazón". Podemos pues ciertamente acceder a sus deseos con la voluntad y afecto. Pues consagrándonos a él, no sólo reconocemos y aceptamos abierta y gustosamente su Imperio, sino también testimoniamos prácticamente que si fuese nuestro lo que le regalamos se lo daríamos gustosísimos, y que le pedimos que no lleve a mal recibir de nosotros eso mismo, aunque sea total mente suyo. Este es el significado del acto de que tratamos, esta la idea expresada con nuestras palabras".
Este Reino espiritual es, según todas las fuentes aducidas, absolutamente universal sin restricción de ninguna clase en su orden, y subordina toda otra potestad posible.
Tales son los derechos de Cristo Rey, tales los de la Iglesia depositaria de estos derechos.
El ideal cristiano o mesiánico se realizará el día en que el Reino de Dios, de derecho se adecue con el Reino de Dios de hecho. Tal es la ley de toda la dinámica apostólica, en la Iglesia.
El Reino espiritual de Jesucristo se extiende a todos los individuos, ni se detiene en ellos en cuanto tales sino que alcanza a las mismas sociedades humanas en cuanto tales. Así lo han enseñado repetidamente aun en nuestro tiempo los Papas especialmente desde León XIII. Baste citar las palabras de Pío XI tratando expresamente de esta cuestión en la Carta Encíclica "Ubi Arcano":
"Pues en esto se encierra lo que en pocas palabras llamamos Reino de Cristo. Ya que reina Jesucristo con sus enseñanzas en las mentes de los individuos, reina en las almas con la caridad, reina en la vida toda de los hombres con la observancia de  su ley e imitación de sus ejemplos. Reina el mismo en la familia cuando formada ésta por el sacramento del matrimonio cristiano, permanece intacta como una cosa sagrada... Reina finalmente el Señor Jesús en la sociedad civil, cuando tributados en ella los supremos honores a Dios, del mismo modo se van a buscar en el origen y derechos de la autoridad, para que no falten o la norma de mandar o el deber y dignidad de obedecer; y además se coloca a la Iglesia en aquel grado de dignidad en que fue  puesta por su mismo fundador, conviene a saber en el lugar de sociedad perfecta, y de maestra y guía de las de más sociedades; de modo, claro está, que no menoscabe el poder propio de ellas, pues son legítimas cada una en su orden, mas las perfecciona oportunamente como la gracia a la naturaleza. De donde las mismas sociedades, sean de poderosa ayuda a los hombres para la consecución del último fin, que es la bienaventuranza eterna, y con más seguridad haga prosperar la vida mortal de los ciudadanos" (24).
Estas últimas palabras de Pío XI nos llevan a tratar de un último aspecto de nuestra cuestión.
Es indudable que en el numeroso conjunto de vaticinios el Mesías-rey y los bienes mesiánicos revisten manifiestos caracteres de dominación política y de prosperidad terrenal.
Tales expresiones pueden ser consideradas como imágenes adoptadas por los profetas, muchas veces como Isaías altísimos poetas orientales, de las instituciones del A.T. por la proporción que pueden guardar los "bienes" materiales como símbolo de los espirituales (25).
Lo que se refiere al dominio político del Rey-mesías queda asimismo substancialmente verificado por el dominio directo en lo espiritual propio de la Iglesia sobre la sociedad civil nacional e internacional y por el consiguiente dominio indirecto aun en lo puramente civil y material que puede conferirle la posible necesidad y conveniencia que en estas cosas pueda haber para el bien espiritual es decir religioso-moral que es el propio y específicamente suyo (26).
Sin embargo aun en el orden de los mismos bienes espirituales no deja de haber fundamento robustecido por ciertas esperanzas manifestadas por los papas, para esperar una época de mayor triunfo espiritual de la Iglesia que como redundancia aportará una mayor copia de bienes terrenos y de prosperidad material especialmente la Paz.
Tal conexión de la realización de los derechos expansivos de la iglesia con la prosperidad material de la misma sociedad civil la afirman aun independientemente de toda suposición los mismos Papas:
"Entonces (en el pleno reino de hecho de la Iglesia) finalmente se podrán sanar tantas heridas (se refiere a las de la sociedad civil), entonces todo derecho esperará volver a recobrar la antigua autoridad y brillará de nuevo el esplendor de la paz y caerán de las manos las espadas y las armas cuan do todos acepten gustosos el imperio de Cristo y le obedezcan y confiese toda lengua que el Señor Jesucristo esta en la gloria de Dios Padre" (León XIII, Annum Sacrum).
"Así donde la ley cristiana presida todas las cosas y no encuentre impedimento alguno conservase espontáneamente el orden establecido por la divina providencia, de lo que resulta la prosperidad junto con la incolumidad... Es preciso que Cristo Señor nuestro sea restituido a la sociedad, como posesión suya, y recabar que todas las partes y miembros del estado, les códigos de las leyes, las instituciones populares, los centros de enseñanza, el derecho conyugal y la sociedad familiar, los palacios de los ricos, las oficinas de los operarios, saquen de Cristo la vida que de él procede y se empapen de ella. Ni se le pase a nadie por alto que de esto de pende muy principalmente la civilización de las naciones, que con tanta vehemencia se desea, la cual por cierto se nutre y acrecienta no tanto de las cosas que se refieren al cuerpo, como las comodidades y abundancia de bienes, cuanto de las que son propias del alma, es decir de las costumbres laudables y del cultivo de la virtud" (León XIII, Tametsi Futura) (27).
"De lo cual (de la tendencia a establecer relaciones oficiales con la Santa Sede). Nos gozamos con razón, no solo por la honra de la autoridad de la Iglesia, sino también por el mayor esplendor de su beneficencia y por la patente experiencia de su virtud verdaderamente maravillosa de la que sola la Iglesia de Dios está dotada, para procurar a la humana sociedad toda prosperidad aun la civil y terrena... Pues, aun cuando por ordenación divina directamente tiende a los bienes espirituales y no a los perecederos, sin embargo como todos ellos están ligados entre si e íntimamente unidos, de tal manera favorece a la prosperidad aun terrena ya de los individuos ya de la misma sociedad, que no pudiera favorecerla más, si hubiera sido absolutamente establecida para el desenvolvimiento de los mismos". (Pio XI Ubi Arcano).
"El reconocimiento de los derechos reales de Cristo y la vuelta de los particulares y de la sociedad a la ley de su verdad y de su amor son la única vía de salvación ¡Qué torrentes de bienes inundarían al mundo, qué luz , qué orden, qué paz se seguiría para la vida social, cuántas energías insustituibles y preciosas podrían contribuir a promover el bien de la humanidad, si en todas partes se concediese a la Iglesia, maestra de justicia y de amor , aquella posibilidad de acción a que tiene sagrado e incontrovertible derecho en fuerza del mandato di vino!" (Pío XII, Summi Pontificatus).
[…]
Podemos por consiguiente concluir con toda seguridad que aun ahora el Reino de Cristo, atendiendo a su intrínseca virtualidad, cumple ya, con su aportación al mundo de los bienes así espirituales como temporales, las promesas que, bajo formas por otra parte simbólicas, se mencionan en los oráculos mesiánicos.
Y que si en efecto el Reino de Cristo alcanzase la difusión expansiva a la que tiene pleno derecho, su interna virtualidad sobre lo temporal debería por necesaria consecuencia hacerse experimental en todas las esferas de la sociedad humana.
Los motivos para poder esperar que el Reino de Cristo haya de alcanzar en el futuro la plenitud de sus derechos los expondremos más adelante en la fuerza que tengan.
Tal ha de ser por lo menos para el cristiano el objeto luminoso de sus deseos de su plegaria y de su actividad apostólica (29).
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 (10) Este carácter regio del Mesías se repite constantemente en los otros salmos mesiánicos: Salmos 21,44,63,74,88 92, 95, 96,97,98 109 131, 144, 149.
(11) Jesús predica para la realización de su Reino: Mc. 1,14; 4,1-20; Luc. 9,2; 11,2; 17,20-25; 7,31-36; 16,15; Mt. 10, 7;12,28; 16,18; 25,34. Reino espiritual: Io. 18,36; Luc. 18,42; Mt.7, 22; 47-50; 26, 5-12; Mc, 10, 15-23. Reino universal- Mt. 28,18; 24,14; 13,31-32; 8,11; Mc. 16,15; 13, 10; Io. 12,32;10,16. Doctrina de la renunciación: Mt. 19,21; 19 2;Lc. 23,59. Parábolas del Reino: Lc. 14,16-24; Mt. 22,2-14; 1 47-50; 13, 44; 13,45-46; 9,16; 13,33; Mc. 4,31-32 Mt. 20, 1-16; Mc. 21,33-44; 13, 24-30; 9,17. Véase Grandmaison, Jesucristo, Barcelona, 9327P • 627s.
(12) Sobre la idea de los judíos acerca de la redención mesiánica por la sangre de Jesús, véase Grandmaison, Jesucristo, Barcelona 1932, p. 886-888.
(13) El Mesías era esperado como procedente por generación carnal: "ex semine" de Abraham (Gen. 12,1) de Jacob (Gen. 28, 14); de judía, (Gen. 49,8-10) de David (Is.11 1; Ps. 88). También S.Pablo Rom. 1,3; 9, 4-5. Se le atribuye también una filiación extraordinaria sobrehumana: Isaias 7,14; 6,8. 10; 9,5; 35,4; Miqueas 5, 1; Dan. 7,13-14; Ierem. 23 5-6;i-s. 2.
(14) D.530 : Benedicto XII, Constitución Benedictus Deus De visione Dei beatifica.
(15) Gal. 4,9-10
(16) Ezequiel 11 19; 36, 26. Zacarías,12, 10. Joel, 2,28- 38; Io. 7,39; Act. 2,2-5; 14,-21. En general todo el libro de los Actos puede considerarse como la expresión de la realización de la profecía de Joel sobre la difusión del Espíritu Santo. Véase también Rom. 8,15; Gal. 4,6; I Cor. 12, 12-13; Encicl. "Mystici Corporis" de Pío XII. La entrega del Espíritu Santo es el don supremo del mesianismo.
(17) Is. 50,6; 52,13; 53, 1-12; célebre profecía llamada la Pasión según Isaías. Ex. 12; Is. 53,7; ler. 11, 29; Ioann. 1,29; 19, 36 • Act. 8,26-35; I Petr. 1,19; I Cor. 5,7; Apoc. 5,12; 17, 14; 21, 9; 19, 7; I Clem. ; I Apolog. lust.; Prefacio de la Misa de Resurr.
(18) Formulado por Sto. Tomás en "Compendium S.Theologiae" . c. 241.
(19) Nótese la conexión entre el Sacerdocio y la Realeza de Cristo, tan claramente expresados por ejemplo en Ps.108. Prefacio de la Misa de Cristo Rey, etc. y cómo la .j ieale . za viene exigida por la forma de realizar los bienes mesiánicos.
Rey y Sacerdote son los atributos fundamentales del Mesías. Véase Suárez, Misterios de la Vida de Cristo, BAC, Madrid 1948, t.I, p.430-431.
(20) Su imperio en efecto no se extiende tan solo sobre los católicos, o sólo sobre los que debidamente purificados por el Santo Bautismo, pertenecen sin duda en estricto derecho a la Iglesia, aunque o el error los descarríe o el cisma los separe de la Caridad, sino que abraza también a cuantos no participan de la Fe cristiana, de tal suerte que todo el género humano está verdad bajo el poder de Jesucristo? de Annum Sacrum, repetido textualmente en Quas Primas. Jesucristo transmite a la Iglesia su 'Soberanía espiritual en toda su amplitud. De hecho sin embargo solo son súbditos de la Iglesia los agregados a ella por la válida recepción del Bautismo. C.I.C. cn. 87. En este ilimitado poder se funda la legitimidad de la Consagración hecha por el Papa León XIII de todo el género humano aun de los no católicos. Ya que todos los hombres están bajo la jurisdicción pontificia: los bautizados de Derecho y de hecho, los no bautizados en cuanto existe en ellos verdadera "obligación" de recibir el Bautismo en virtud de la profunda realidad que supone ser miembro del Cuerpo Místico en potencia. De aquí también el derecho y el deber de la Iglesia de la propagaci6n de la Fe, hedí apostolado y las Misiones.
(21) Véase en I Cor. 27-28, donde en un texto parecido es claro tratarse de Cristo Rey en cuanto hombre ya que se habla de él como inferior a Dios.
(22) Sto. Tomás trata de la Realeza de Cristo en 3 58, a. 1,c.; a. 3 c; q.59 a. 4 ad 1. Sobre la doctrina de Sto.Tomás acerca de la realeza de Cristo , véase J. Leclerc, 0.S.B. "La Realeza de Cristo en las obras de Sto.Tomás", Ciencia tomista,59 (1940) 144-156. Véase también F.Manuel Cuervo C.F. en la Introducción a la q. 25, Suma Teológica, BAC, Madrid, 1960 . 845. S.Agustin trata de la Realeza de Cristo en Enarr.in Ps. 75 n.1 : (MI) 36,95E9 ;Tract. in Io. tr. 51 n- 4 (14L 35,1765). Sobre la doctrina de S .Agustin acerca de la Realeza de Cristo, véase: E. Negrete "La Realeza de Cristo según S.Agustin. Religión y Cultura, 14 (1931) 161-178; 331 350. Realeza de Cristo en los P.: Policarbo: Quasten Patrologia, 3AC, Madrid, 1961, p.83; Carta a Diogneto: Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, BAC, Madrid, 195 0 , 852-853.
(23) Quas primas, trata expresamente de la Realeza de Cristo en cuanto hombre: p. 596.
(24) "Ubi Arcano" 14 (1922) 673-700.
(25) Aun en el N.T. Jesús compara su Reino con un banquete Lucas 22, 29-30 Mt. 26,29; Lc. 14, 15-24. Véase Isaias 25, 6; 65,13. Immortale Dei: Len ; San Agust : De Civitate Dei L. V, c. 24; Sto. TomEls" De Reg. Princ. "Lib. 1,c. 14; L.3,c.9.;Suárez;"Defensio 'Fidel" L.3, c.5, c.21, c.22, c.23; Belarmino, 3 Controversia generalis de Sumo Pontifice, L. 5,c. 4 y 6; Francisco de Vitoria Reelectio de Indis"; Taparelli,"Ensayo de Derecho Natural"; Francisco Segarra,"Iglesia y Estado"; Ramiére, "Soberania social de Jesucristo".
(26) Por esta potestad suprema espiritual que incluye esencialmente un poder indirecto sobre lo temporal, propia de la soberanía espiritual de Jesucristo y la única propia de la Iglesia como participada de Jesucristo, nada puede "directamente" ni Jesucristo ni la Iglesia sobre los soberanos temporales o civiles. Son dos esferas perfectamente cerradas y completas en sus respectivos órdenes y fines.
Con todo  el origen de la autoridad civil esta en Dios, es decir, Dios autor de la naturaleza quiere cuanto la naturaleza exige para su perfección; ahora bien: ésta exige que el hombre constituya sociedad civil y esta exige a su vez la presencia de la autoridad. De donde la autoridad civil o temporal es querida por Dios; resistir a ella es resistir al orden establecido por Dios: I Petri 2,18; Rom. 13, 1; Prov. 8,15. La Autoridad civil depende en su existencia de Dios, en El reside el más alto titulo de su dignidad y de su eficacia. Pues bien, en este sentido depende también de Jesucristo , pero en virtud de la Realeza que le compete en cuanto Dios. Véase De Civitate Dei, 1.V, c.1 L. II,c. 1: Obras de 6.A61.1 tin, SAC, Madrid 1958.
(27) Tametsi futura ASS. 33(1900) 273-285.
(28) Mater et Magistra, AAs.(1961) 461 - 463.
(29) Véase Ejercicios espirituales de San Ignacio [95-98]

domingo, 8 de enero de 2017

Jesucristo es rey, en cuanto hombre


Israel fue en un principio una rigurosa teocracia, Dios era quien gobernaba directa e inmediatamente a su pueblo; las grandes figuras populares, los caudillos como Moisés, los jueces como Gedeón, los profetas como Samuel ejercen sus funciones totalmente en nombre de Dios como meros mandatarios y ejecutores de sus designios.
Pero llega un momento en que el pueblo desea tener un rey visible en medio de si; y por esto dice Dios a Samuel: "atiende la voz del pueblo en todo lo que te digan pues no te recusan a ti sino que a mi es a quien rechazan para que no reine sobre ellos" (I Sam.8,7-9) (5).
Seguirá siendo Israel una teocracia, pues los reyes son elegidos directamente por Dios, pero se perderá aquella inmediatez absoluta de la realeza de Dios sobre su pueblo.
El profeta Samuel unge por Rey a Saúl derramando sobre él óleo y diciendo: "He aquí que Yahvé te ha ungido por príncipe sobre su pueblo, Israel, y tú dominarás en el pueblo de Yahvé y Io librarás del poder de sus enemigos de alrededor" (I Sam.10 1).
De modo semejante es ungido David con derecho a transmitir la realeza a sus sucesores: "Tomó pues Samuel el cuerno del óleo y lo ungió en medio de sus hermanos, y el espíritu de Yahvé invadió a David desde aquel día en adelante" (I Sam.16,13).
El Sacerdote Sadoc unge con óleo del altar a Salomón y exclamó el pueblo: "Viva el Rey Salomón" (III Reg.1, 39).
Todos los reyes de Israel fueron en adelante " ungidos" de este modo, y por ello son llamados por Dios “mis cristos" o "ungidos" (6). Es decir, que encontramos en el A.T. unidas la idea de "ungido", o de "cristo" en lengua griega, o de Mesías" en lengua hebrea, con la de Rey.
A esto debe de añadirse que todo el A.T. con el mismo pueblo de Israel y sus grandes instituciones, y por tanto la Realeza, eran prefiguraciones del Mesías por antonomasia según el principio de S.Pablo: "Y estas cosas todas les acaecían figurativamente" (I Cor. 10,11).
Ahora bien, nada hay tan nuclear en la historia del pueblo de Israel como la ordenación de todo él hacia el Futuro.
La historia de Israel es la historia de una Promesa, y la de la Iglesia la de la realización perenne e indefectible de esta misma Promesa. La Promesa fue hecha a Abraham y con ello quedó constituido Padre de los creyentes de todos los tiempos.
Más adelante se dio a Moisés la Ley, ordenada a la custodia temporal de la Promesa (7). Estas dos instituciones, la Promesa y la Ley, fueron la esencia misma del A.T. La Promesa, perenne; la Ley, defectible.
La Ley antigua cedió su paso a la Ley nueva, pero la Promesa siguió siendo en su realidad viviente el centro del N.T.
El Pacto de Abraham, en el N.T. se cumple; el de Moisés, se substituye.
Tales son las grandes y fundamentales verdades que constituyen el tema principal de las cartas dogmáticas de S. Pablo a los Romanos, a los Gálatas y a los Hebreos.
San Pablo interpreta el "semen" de Abraham al menos como Tipo del Mesías concreto y personal Cristo Jesús Gal. 16-17). Asimismo San Pedro, (Act. 3,25).
 Cristo es la realización de la Promesa: (II Cor.7,1; Rom.16,25-27). Y el fin de la Ley: (Ga1.2,19; 3,24; Rom.13,8).
La sustitución del A.T. por el N.T. son enseñados en Rom.3,19-31; Hebr. 9; Ga1.3,28-29. San Pablo considera realizado por Jesucristo el pacto o Nueva Alianza anunciado principalmente por Jeremías: 8,8-43.
Según Jeremías el pacto es con Israel pero no precisamente con toda la progenie de Israel; a esto alude S. Pablo en Rom.11, diciendo que no todos los israelitas han sido rechazados; quedaron las reliquias. (Véase también Rom .9 1 27-29). Y aun Israel como pueblo, sigue siendo el Pueblo de Dios. Su temporal defección ha sido ocasión de que entrasen los gentiles- a quienes hubiese estorbado el nacionalismo judío, pero los gentiles a su vez inspirándole celos (Rom. 10,19) serán la ocasión de la conversión de Israel acontecimiento de extraordinaria importancia para la Iglesia (Rom. 11 15, 25).
El mismo pacto de que habla Jeremías, 31-3b, y otros textos de Óseas (2, lb-19) y Ezequiel 4, 25- 30), hablan de una conversión definitiva de Israel como pueblo.
En Rom. 3, 24-31, se ve como el pacto comprende a todas las naciones.
Ahora bien "la Promesa", que recorre en forma de Profecía adquiriendo progresivamente casos mas concretos, toda la historia de Israel desde su primer germen que es Abraham significaba para los judíos el advenimiento del "Mesías" por antonomasia, por el cual Yahvé sería conocido y adorado por todos los pueblo., y el pueblo de Israel, exaltado sobro todas las naciones instaurándose así el Reino de Dios, universal visible y fecundo en bienes espirituales y materiales; y todo ello mediante un Juicio que debía separar los buenos de los malos.
Con esto se ve de que forma tan esencial y nuclear se halla la idea de la realeza en la entraña misma del A.T.
En efecto, desde las primeras profecías mesiánicas en el Génesis hasta las últimas páginas del Apocalipsis, en forma elemental o pormenorizada, emerge la visión real del Mesías.
[…]
_____
(5) Las citas en castellano de la Sda. Escritura se toman de Bover-Cantera, Sagrada Biblia, BAC, Madrid, 1953
(6) II Sam. 1,13-16; I Par. 3 22; Ps. 104, 15.
(7) Gen. 12 1 1.7; 15,5-18; 28,1 3; Ex. 24,8; Zach. 6,7-8 Bar. 2,35; ler. 31,31-34.


lunes, 2 de enero de 2017

Realeza de Jesucristo

Hace poco un lector de nuestra bitácora comentaba en privado sus dificultades con la doctrina de la Realeza social de Cristo. Por circunstancias que no es del caso explicar ahora, nos decía que hay muchos puntos que no comprende de este tema. En esta entrada, y las que siguen, procuraremos clarificar más esta doctrina sirviéndonos de textos ajenos que, esperamos, sirvan para una mejor comprensión. Los tomamos de la tesis del p. Ramón Mª Fondevilla, sj. La realeza de Cristo y el corazón de Jesús, Salamanca, 1961-2 (disponible, aquí).
Jesucristo es Rey. Una verdad de capital importancia, olvidada y poco predicada en el presente. Uno de los más sólidos fundamentos del Derecho Público Cristiano. Algo no siempre bien entendido en todas sus facetas y matices. 
Es Rey la persona singular que en nombre propio tiene derecho a conducir a los miembros de una sociedad perfecta a su fin, por medio de leyes, del poder de hacer cumplir estas mismas leyes y de juzgar sobre su observancia.
En este sentido afirmamos que Jesucristo es Rey en primer lugar como Dios y también como hombre.
Es rey, en cuanto Dios, con una realeza que supera y trasciende todas las demás. Es rey, en cuanto hombre, de la sociedad sobrenatural espiritual que es la Iglesia. En el derecho y en el hecho.
Es rey en cuanto hombre de la sociedad civil es decir de todas y cada una de las sociedades en concreto. Sólo en el derecho.
Es rey, en cuanto hombre, por nuevo titulo añadido al anterior, de una sociedad en concreto particular cual es el pueblo judío. Sólo en el derecho.
Estas afirmaciones son las que vamos a desarrollar a continuación.
[I] Jesucristo Rey en cuanto Dios
 La idea del supremo dominio de Dios recorre de arriba a abajo la Sagrada Escritura, transfundiéndose en todo. Dominio absoluto y universal que arranca de la creación del Universo "ex nihilo" (1) y se manifiesta en una Providencia y Gobierno que alcanza hasta los mas minimos y triviales sucesos de la existencia (2).
Dios es proclamado Rey en las Escrituras y en la Tradición cristiana del modo más explícito y solemne (3) La realeza de Dios accesible en absoluto por la razón humana en sus especulaciones sobre la causa primera, es afirmada rotundamente por la Revelación Sobrenatural. Dios es causa primera y fin último de todas las cosas, todas fueron creadas por él y para él, y él mismo las conduce, suave pero firmemente l a su fin con absoluta independencia y efectividad. Su esencia es, en último término, el fundamento de la ley eterna, universal e inmutable, que debe regular todos los actos de las criaturas y creables. Dios es por consiguiente Rey universal y absoluto. Tal prerrogativa compete a la Divina Naturaleza y es por tanto común a las Tres Divinas Personas. El Verbo consubstancial al Padre es como él Rey de todas  las cosas. Jesucristo Verbo de Dios es, por tanto, en cuanto tal, Rey universal y absoluto de todas las cosas, todas caen bajo su Dominio Soberano y a todas se extienden en sus derechos, su ley y su gobierno ineludible. Al Símbolo de Nicea que definió solemnemente la consubstancialidad de Cristo con Dios se añadió en el Símbolo Niceno-constantinopolitano aquella otra verdad correlativa "cuyo Reino no tendrá fin" (4). La realeza divina de Jesucristo, es decir, la afirmación de que Jesucristo es Rey en cuanto Dios pertenece por tanto a la Fe Divina y Católica.
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(1) Gen. 1,1; II Mach. 7,28; MAtth. 11, 25; Io. 1,3; Rouet de Journel: 85, 445, etc.; Conc. Vaticano, Denzinger: 1783.
(2) Sap. 8,1; At. 6 25-33; 6, 30; Conc. Bracarense D.239; Conc. Vaticano D.1784. Vease: Grandmaison, Jesucristo, Barcelona, 1932, P. 352 s.
(3) Ps. 9,4; IV Reg. 19, 15; I Tim. 6, 15.
(4) C.A. Maly S.S. "De verbis Symboli Nicaeno-Constantinopo litano "Cujus regni non erit finis" "Pont. Univ. Greg. Manchen, 1939.- Símbolo del Conc. Nic. Const. D.86 .- León XIII "Annum Sacrum", Pio XI "Quas primas". En la liturgia hay continuas alusiones a la realeza de Cristo y de Dios.

lunes, 26 de diciembre de 2016

lunes, 19 de diciembre de 2016

Cristiandad y laicidad

Hay palabras de diversos significados cuyo uso es problemático y a veces suscita confusión. Un caso paradigmático es el término laicidad. En efecto, a menudo se lo emplea en sentido opuesto a confesionalidad, para calificar la posición de un Estado respecto de la Iglesia: aconfesional, religiosamente neutro, separación Iglesia-Estado, “Iglesia libre en Estado libre”, etc. Así, se dice que España es un Estado laico, porque ninguna religión tiene carácter oficial. Si se hace de esta situación de hecho un principio por el cual Estado debe ser aconfesional, en tesis, se termina en uno de los errores de Maritain.  
Sin embargo, no es este el único significado que puede tener el término laicidad. El arzobispo M. Lefebvre (aquí) registró otro de importancia:
“2. Distinción de la Iglesia y del Estado. El Estado, que tiene por fin directo el bien común temporal, es también una sociedad perfecta, distinta de la Iglesia y soberana en su dominio. Esta distinción es lo que Pió XII llama la laicidad legítima y sana del Estado (2), que no tiene nada que ver con el laicismo, error que ha sido condenado. ¡Atención entonces de no pasar del uno al otro! León XIII expresa bien la distinción necesaria de las dos sociedades:
Por lo dicho se ve como Dios ha dividido el gobierno de todo el linaje humano entre dos potestades: la eclesiástica y la civil; ésta que cuida directamente de los intereses humanos; aquélla de los divinos. Ambas son supremas, cada una en su esfera; cada una tiene sus límites fijos en que se mueve, exactamente definidos por su naturaleza y su fin, de donde resulta un como circulo dentro del cual cada uno desarrolla su acción con plena soberanía. (3)
3. Unión entre la Iglesia y el Estado. ¡Pero distinción no significa separación! ¿Cómo los dos poderes se ignorarían, ya que recaen sobre los mismos súbditos y frecuentemente legislan sobre las mismas materias: matrimonio, familia, escuela, etc.? Seria inconcebible que se opusieran, cuando al contrario su acción conjunta es requerida para el bien de los hombres.”
_________
(2) Alocución a los habitantes de las Marcas del 23 de marzo de 1958.
(3) Encíclica Immortale Dei, en E. P., pág. 326, n. 11, cf. Dz. 1866
Aquí laicidad -calificada como legítima y sana- tiene un significado distinto de laicismo y de aconfesionalidad. Significa que el Estado, también cuando es confesional y católico, no deja de ser sociedad perfecta, una realidad distinta, aunque no separada de la Iglesia, una comunidad suprema en su orden, soberana, con naturaleza y fin propio no opuesto sino subordinado al fin de la Iglesia. De modo que un Estado católico es también laico, en este sentido sano y positivo, pues no se confunde con la Iglesia y posee una esfera de acción propia.
Quien esté interesado en profundizar este tema puede leer un valioso trabajo de Dr. Carlos Arnossi (completo, aquí). Reproducimos un fragmento de sus conclusiones:
“…contrariamente a lo que muchos piensan, Pío XII no opone legítima sana laicidad a Cristiandad. Por el contrario, las identifica al enseñar que la laicidad, cuando es legítima y sana es distinción mas no separación entre la Iglesia y el Estado. Y este tipo de unión se da en la comunidad política que es verdaderamente católica en cuanto tal, es decir, la Cristiandad…”.
  

jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Confirmados en gracia y ortodoxia?



En una entrada precedente hablamos de la posibilidad de ser luteranos sin saberlo. Uno de los modos de “luteranizarnos” sería desdoblarnos e imitar a aquellos hombres decimonónicos que vivían la fe como un crede firmiter público -gesto retórico, apologético- más que como una auténtica disposición espiritual informada por la caridad e integrada en un organismo espiritual. 
No pocas veces esta tentación consiste no tanto en el crede firmiter como en combatir públicamente los errores. Podría describirse esta actitud como una opción fundamental contra el modernismo: se trata de ser un anti-modernista militante. Lo cual no es malo y, en algunos casos, va unido a un conocimiento suficiente de la buena doctrina; pero en otros, bastante frecuentes, apenas si se complementa con algunas ideas teológicas muy superficiales y mal asimiladas. Junto a esta falta de profundidad y de rigor, suele darse el hábito de lanzar anatemas sin fundamento, por logofobia
Esta actitud arranca de un olvido fundamental: mire, pues no caiga el que piensa estar en pie”, dice San Pablo (1 Cor 10,12). Y comenta Santo Tomás:
“...aquéllos, aunque favorecidos de Dios por sus beneficios, por tan mal agradecidos, y por sus muchos pecados, perecieron. "Así que, pensando en eso, quien juzga, por alguna conjetura, que esta firme, es a saber, que esta en gracia y caridad, mire, con solicita atención, no caiga, pecando, o haciendo a otros pecar. ¿Como caíste del cielo, Lucifer? (Is 14,12). Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra (Ps 90, 7). Por eso dice en Efesios: "mirad como camináis, de modo que lo que andáis lo andéis con tiento y cautela".
El cristiano no está confirmado en gracia y quien hoy es justo, simultáneamente es pecador en potencia, puede caer y serlo en acto. Y esta misma observación autoriza a sostener, correlativamente, que quien es actualmente pecador, también es potencialmente justo, pues sólo la muerte cierra la posibilidad de conversión y nadie está confirmado en el mal fuera de los demonios y condenados del infierno.
Lo mismo hay que decir de la ortodoxia. El católico anti-modernista militante no por ello está confirmado en la buena doctrina en todos los temas. Puede desviarse aunque no lo haga de modo consciente. En ambientes tradicionales puede haber un manojo de heterodoxias pesimistas en diversos campos: antropología, eclesiología, moral, espiritualidad, relaciones naturaleza-gracia, sacramentos, etc. Herejías que muchas veces ignoramos, porque suponemos de modo simplista que todos los heterodoxos son "progresistas", o "liberales", como si no hubiera herejías "de derecha"...
En fin, el anti-modernismo militante -incluso cuando es conforme a la verdad, y no lanza anatemas ridículos- no es una opción fundamental que nos confirme en gracia ni tampoco una vacuna que garantice una ortodoxia integral.