lunes, 24 de abril de 2017

Pobre antes que esclava

La tesis de la confesionalidad católica del Estado es un principio de validez permanente, que no caduca, aunque no sea aplicable en determinadas circunstancias. Decíamos en una entrada anterior que es posible reducir a dos los principios que deben regir las relaciones Iglesia-Estado: la libertad de la Iglesia de poder ejercitar su misión; la cooperación, en virtud del cual los estados, sin dejar de ser tales ni perder su legítima autonomía, deben cooperar a que la Iglesia logre su fin. Estos principios admiten diversos grados de perfección en su puesta en práctica, razón por la cual se distingue entre tesis e hipótesis, y no deben concebirse como opuestos, radicalizando así una (falsa) dicotomía que termine en un nihilismo destructivo. 
Un amigo de nuestra bitácora nos ha enviado un párrafo de Vázquez de Mella que nos parece digno de publicarse. Puesto en la necesidad de elegir entre la pobreza, por falta de cooperación estatal, y la ausencia de libertad para la Iglesia, Mella manifiesta ser más tolerable la primera que la segunda.
«Un día decía Montalembert que estaba él en Irlanda y que en la cima de una colina había visto una capilla que se parecía mucho a una choza, que en ella se levantaba un altar, sobre el altar una pobre cruz de madera, y delante de la cruz de madera un sacerdote venerable [...] y Montalembert decía: ¡Qué Iglesia tan pobre; no tiene más que una choza y una cruz de madera; pero en medio de su pobreza es libre, y el pueblo rico en la fe! Y cuando más tarde, en los días de la corrupción de Luis Felipe, penetraba en las magníficas catedrales de su patria y veía entre el lujo y los esplendores palatinos de una corte escéptica los uniformes recamados en oro, las magnificencias del culto, mientras a lo lejos se percibía ya el rumor del torrente revolucionario próximo a desbordarse decía: ¡Qué Iglesia tan rica y tan esclava, y qué pueblo tan pobre en la fe! Por eso digo yo: Quiero antes a la Iglesia pobre que esclava, porque sé que el Salvador manejó las herramientas del trabajo en el taller de Nazaret, que fue perseguido, que sufrió sed, que fue flagelado en la columna, escarnecido en el pretorio, que sufrió el martirio y la afrenta, pero que no quiso nunca extender la mano para ser postulante del César» (Juan Vázquez de Mella, La separación de la Iglesia y del Estado, 13 de noviembre de 1906).


viernes, 21 de abril de 2017

El Front Nacional y su transformación


Hace algunos días recibía un meme con la imagen de Marine Le Pen en el cual se leía: “la izquierda ha traicionado a los trabajadores y la derecha a la nación”; pocos días después se ponía en marcha la campaña de cara a las presidenciales del 23 de abril. Lo primero que podría llamar la atención era su radical cambio de imagen; en los carteles propagandísticos había desaparecido la tradicional llama tricolor que lo identificaba por una rosa de color azul. La propia candidata ha tratado de explicarlo: “He elegido la rosa porque durante mucho tiempo ha representado la esperanza de miles de trabajadores y trabajadoras francesas en un futuro mejor. Una rosa azul simboliza al mismo tiempo la esperanza de la izquierda -la rosa ha identificado durante mucho tiempo a la social-democracia en países como Francia y España- y los deseos de la derecha -referencia al azul usado por diversas agrupaciones conservadoras como color identificativo- porque mi propósito es unir a todos los franceses y francesas en un proyecto común de futuro”.
Desde que en el 2011 Marine llegase a la presidencia del FN ha tratado de romper muchas de las prevenciones existentes contra su padre, cuya imagen le situaba en el espectro más intransigente de la derecha francesa. Pese a los intentos de éste de representar el papel del “Reagan francés” -por su defensa del neoliberalismo económico y de algunos de los principios de la revolución conservadora- no podía escapar de ser -en realidad- el líder indiscutido de una plataforma electoralista de la extrema-derecha, marcado por un antisemitismo poco disimulado, un apoyo al nacionalismo árabe y la defensa a ultranza de los valores tradicionales del catolicismo.
Está claro que hay elementos de su programa que pueden que no hayan cambiado tanto; como “la defensa de identidad, valores y tradiciones de la civilización francesa”, que le ha llevado solicitar su particular Frexit, para que Francia recupere su “libertad y el control” en materias de orden económico o legislativo. O aquellos otros que afectan a la presencia de extranjeros en su suelo nacional, como el de establecer impuestos especiales a la contratación de trabajadores extranjeros con el objeto de asegurar la prioridad de loa nacionales en la búsqueda de empleo.
Pero sería el campo económico donde el nuevo FN pretende representar a una nueva Izquierda Nacional, convirtiéndose en el primer partido de la clase obrera. La política de captación de este importante segmento social proviene principalmente del abandono del neoliberalismo a favor de un mensaje keynesiano, defensor del Estado de Bienestar, y con abundantes medidas sociales para una ciudadanía depauperada, especialmente en aquellas zonas que han sufrido fuertes reconversiones industriales. Ya en el 2012 Marine Le Pen marcaba distancias a la hora de hablar de la recuperación de empleo con la derecha clásica al plantear que solo existían dos formas posibles de alcanzar ese objetivo: o se rebajaba los salarios, destruyendo el Estado de Bienestar, o se rechazaba el plan (aceptado por la derecha liberal y la socialdemocracia) de austeridad social impuesto por organismos foráneos.
El FN apuesta por una economía fuertemente proteccionista que permita “hacer frente a la competencia desleal de países con mano de obra de bajo coste” o “la instauración de una contribución social sobre las importaciones de un 3%”, medida esta última que serviría para aumentar en 200 euros los salarios por debajo de los 1.500. En la defensa del pequeño y mediano ahorrador no dudó, en su campaña del 2012, en solicitar la nacionalización parcial de los bancos de crédito hasta que sus activos fuesen saneados y los ahorros de los franceses asegurados
En lo que algunos llaman la defensa de lo valórico el FN, pese a esas celebraciones el 1 de mayo, bajo la atenta mirada de Santa Juana de Arco, abraza la laicidad del Estado, que le ha llevado a solicitar la prohibición de símbolos religiosos en los espacios públicos; pero que también a modificar su radical oposición al aborto y al matrimonio homosexual. En relación con el primero la diputada Marion Marechal (sobrina de Marine Le Pen) se ha mostrado como una destacada activista en defensa de la vida del no nacido desde el mismo momento de la concepción, oponiéndose a las reformas de la ministra socialista. Por el contrario, su estimada tía ha mantenido una posición ambivalente, lanzando mensajes aparentemente contradictorios, pero que en el fondo defendían una posición favorable a mantener determinados casos de permisibilidad. Para contentar a su tradicional electorado defiende la tesis de que el “derecho al acceso al aborto no debe ser restringido, pero no debe ser banalizado”; para sus nuevas masas electorales, asegura que “no deseamos modificar la capacidad de acceso a la interrupción voluntaria del embarazo”, lo que implicaría mantener una ley de casos... Eso sí tratando de promocionar medidas disuasorias.
En el tema del matrimonio homosexual la disputa interna es semejante; mientras que Gilbert Collard asegura con rotundidad que derogarían el matrimonio para todos; Florian Philippot relativiza el tema asegurando que abrir dicho debate es tan importante como el tratamiento del cultivo de los bonsáis. La presidenta del partido ha prometido la derogación de la Ley Taubira (en referencia a la ministra de Justicia Christiane Taubira) en caso de ser elegida. Pese a ello, y en este tema el FN mantiene una posición intermedia; Marine Le Pen también ha asegurado que propondría un Pacte Civil de Solidarité que afectara a las parejas del mismo sexo, otorgándoles algunos de los derechos asociados con el matrimonio, especialmente en materia económica y de sucesión; descartando -eso sí- la adopción.
Como bien dejaba escrito el politólogo Arnaud Imatz “la nueva línea política del FN es claramente republicana, jacobina, laica, social, popular y soberanista”, dejando atrás aquella otra más “indentitaria, etno-cultural, regionalista y europeísta”. A la actual formación lepenista se le podrá acusar tal vez de muchas cosas, pero de lo que no cabe duda es que su electorado no responde exactamente al que tradicionalmente vota por la extrema-derecha; su dirigencia no corresponde con la imagen que se tiene de los viejos líderes del sector; y su discurso -completamente remodelado- le aleja de aquel otro marcado por el anticomunismo de la Guerra Fría y la defensa de un capitalismo popular thatcheriano. Hoy en FN pretende ocupar el espacio abandonado por el gaullismo más social que en su día representara un André Malraux.
JOSÉ DÍAZ NIEVA
Visto en:


martes, 18 de abril de 2017

Las causas sociales de la apostasía de España, según Borkenau

Cuando Franz Borkenau pone pie en España por primera vez acababa de comenzar la guerra civil. Era septiembre de 1936. Vienés de origen judío, educado en el catolicismo, había abandonado la fe y abrazado el comunismo. Para cuando llegó a España ya se había desilusionado con el Partido comunista, aunque seguía considerándose socialista. Traía con él su bagaje como investigador social y una vista aguileña para desentrañar procesos históricos.
A veces, un recién llegado advierte, con su mirada fresca, conexiones dentro del entramado histórico local que se escapan a los nativos. En 1937 publicó “El reñidero español”, libro en el que recoge su breve experiencia en la guerra de España. El libro está lleno de observaciones agudas. Una de ellas resulta particularmente sugestiva:
“Las masas españolas han abandonado a su Iglesia, no porque hayan perdido el fervor religioso tradicional de su raza, sino porque esa misma Iglesia española lo ha perdido”.
No se refiere el agnóstico Borkenau a devociones ni cultos. Explica que mientras las instituciones de la Iglesia, en su conjunto, fueron el primer terrateniente de España, las gentes del pueblo veían que los eclesiásticos compartían su misma suerte y sus mismos intereses. Ya desde la Constitución de 1837 el Estado se hizo cargo del mantenimiento del culto y del clero.  Cuando las desamortizaciones fueron avanzando, el Estado, además, fue ofreciendo compensaciones económicas, en forma de bonos principalmente. Otra cuestión es la de la cuantía, pero aun suponiendo una contrapartida muy inferior al valor de los bienes perdidos (y que muchas veces se cobraba tarde y mal) la cuestión es que a partir de la segunda mitad del siglo los curas ya tenían ingresos fijos a cargo de los presupuestos generales del Estado y las instituciones de la Iglesia dejaron de destinar sus nuevos ingresos a bienes raíces para invertirlos en bolsa. Hasta entonces, el pueblo había sostenido a sus clérigos y, en muchos casos, ese mismo pueblo se ganaba el pan laboreando en arriendo razonable las tierras del convento. 
Había una íntima solidaridad entre los intereses de los parroquianos y los de curas y frailes. Una mala cosecha significaba un año duro para unos y para otros. Una buena, tranquilidad y cierta holganza tanto para el pueblo como para el clero y la frailería pueblerinos. Pero cuando diócesis, cabildos, monasterios de clausura y conventos desposados con la dama pobreza confían sus remanentes dinerarios al juego del mercado de valores, inevitablemente sus intereses materiales dejan de ser solidarios con los de los precarios trabajadores y temporeros para encontrarse compartiendo preocupaciones con los potentados y caciques del gran mundo. Ahora ya no es espontáneo acompañar al paisano escrutando el cielo ante los nubarrones ni apremiarse a hacer rogativas para convocar la necesaria lluvia: ahora, si la bolsa sube, clero y conventuales ganan…
Empezó a ser corriente que órdenes mendicantes tuvieran participaciones, incluso mayoritarias, de grandes empresas. Prácticas que todavía hoy siguen en vigor. Ahora, las congregaciones, grandes y pequeñas, constituyen SICAV que administran sociedades financieras regidas por la lógica de la búsqueda de la mayor rentabilidad (vía por la cual, invierten en negocios odiosos antes que en eso que llaman inversiones éticas). Todo lo cual acentuó todavía más una forma de predicar la religión que ponía en el centro una concepción privada de la moralidad y que coqueteaba con un fatalismo social.
Borkenau, con su mirada neutral, entendió que el desafecto profundo de gran parte del pueblo hacia la Iglesia no provenía de la pérdida de fervor del pueblo, sino de la rebeldía ante aquel injusto divorcio de intereses temporales, decidido unilateralmente por la otra parte de aquel viejo desposorio. El pueblo percibía que las buenas palabras desde el púlpito no suplían la traición que suponía que su suerte material se jugase en una trinchera contrapuesta a la del predicador. 
El forastero no fue el único en este diagnóstico. En vísperas de la guerra en la que iba a morir mártir, el Padre Gafo atribuía también orígenes económicos al desafecto de las masas hispanas hacia la Iglesia. Ese distanciamiento es fruto de un conjunto de causas, pero la que señala Borkenau es una muy relevante. Raramente se la tiene en cuenta, pero ofrece luz para entender el devenir contemporáneo de la Iglesia en España.
Visto en:


sábado, 15 de abril de 2017

Es Víctor Delhez


Un trino de Edward Pentin (aquí) acerca de la tarjeta de saludos pascuales del Papa ha suscitado reacciones llamativas: la imagen sería “teológicamente errónea”, “Marvel”, “un pájaro, un aeroplano”, proveniente de un libro del Arzobispo Paglia, “horrible”, el joven “Bruce Willis”, “superman”, un Jesús de Paul Bunyan… Tal vez estos comentarios se deban a ignorancia sobre el artista. O se trate de personas acostumbradas al denominado "arte sulpiciano". Por supuesto que nadie debe gustar del grabado para "sentir con el Papa". Todo sugiere que se trata de una obra de Víctor Delhez, un artista belga-argentino, a quien el p. Castellani consideraba “un gran grabador”. Muy probablemente se haya tomado la imagen del libro Los Cuatro Evangelios de Nuestro Señor Jesucristo, publicado en 1956 en Buenos Aires por Guillermo Kraft.
Para los interesados en la obra de Delhez, recomendamos el siguiente trabajo de Castellani:


Más información en los enlaces de la excelente bitácora Castellaniana (aquí): 

viernes, 7 de abril de 2017

Iturrioz: autoridad del Vaticano II


Un amigo de nuestra bitácora nos ha enviado copia del artículo del p. Daniel Iturrioz, de la Facultad Teológica de Oña, titulado La autoridad doctrinal de las constituciones y decretos del Concilio Vaticano II, publicado en la rev. Estudios eclesiásticos (vol. 40, Nº. 154, 1965, págs. 283-300). Lo dejamos completo en nuestro estante de scribd (aquí). Publicamos sólo algunos párrafos que consideramos más destacables en letra de menor tamaño, con títulos nuestros para hacer más ágil su lectura.
El artículo del p. Iturrioz se relaciona con la entrada sobre la posición doctrinal de la FSSPX (aquí). Cabe aclarar que, ante la posibilidad de errores en un magisterio mere auténtico, el autor sólo contempla la denominada suspensión del juicio y la manifestación privada de perplejidad ante la Jerarquía. Sobre la resistencia pública se expresarían otros autores luego de la terminación del último concilio. Esta diversidad de pareceres en torno a las actitudes públicas que es dable asumir ha sido el fundamento de distintas posiciones dentro denominado «tradicionalismo» católico frente a las novedades del Vaticano II.
1. El Vaticano II excluyó la infalibilidad.
E1 16 de noviembre del pasado año 1964 notificaba Mons. Felici, secretario general del concilio, a los padres conciliares la declaración que, a petición de algunos de ellos, había formulado la comisión doctrinal, sobre la nota teológica, o sea, el grado de autoridad que había de informar la doctrina contenida en el esquema De Ecclesia propuesto ahora a la votación. 
Recordaba y repetía esta declaración la hecha ya antes ante una duda semejante, cuyo texto era el siguiente: 
«Conforme al uso conciliar, y conforme al fin pastoral del presente concilio, este santo sínodo establece que solamente cuando así lo declarare expresamente se han de tomar sus enseñanzas en materias de fe y costumbres como doctrina definitiva
Por lo demás, todos los fieles deben aceptar esta enseñanza como proveniente del supremo magisterio de la Iglesia según la mente del mismo sínodo que se reconocer por el tenor del documento, o por la naturaleza del asunto, según las normas sabidas por todos para la interpretación teológica.»
 Según esta notificación repetida en los momentos de máxima significación conciliar (votación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, y de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia) y expresamente recordada y mantenida por el Sumo Pontífice en su aprobación de la Constitución Dogmática De Ecclesia, sabemos que el Concilio no ha querido formular definiciones infalibles. 
Puede evidentemente el presente Concilio establecer tales definiciones si lo quisiera. Brillan en él, como en ningún otro Concilio, de la historia, las condiciones externas requeridas para estos actos del magisterio infalible. Pero no lo ha querido y, por lo tanto, no ha emitido fallo definitivo infalible sobre las materias tratadas.
La asistencia de infalibilidad, que no es ni revelación, ni inspiración, sino providencia singular, afecta al magisterio cuando éste formula el juicio supremo sobre una materia doctrinal, o sea, cuando quiere vincular la fe de los fieles a una enseñanza como contenida en el depósito de la revelación. Pero el que use de su autoridad en este grado supremo, o en uno inferior, depende naturalmente de su voluntad. Y por la declaración transcrita sabemos que el presente concilio no ha querido usar de su autoridad en grado definitorio.
2. No siendo infalibles, ¿qué autoridad doctrinal tienen los documentos del Vaticano II?
Ahora bien: no siendo el magisterio del presente concilio por voluntad expresa suya, infalible, ¿qué autoridad tienen sus decisiones, y por lo tanto qué obligación imponen a la Iglesia para aceptarlas? Los fieles, todos los hijos de la Iglesia, deben desde luego reconocer y aceptar la autoridad de la Iglesia para ejercitar el magisterio docente, recibida de Cristo N. S., y por lo tanto acatar lealmente sus decisiones doctrinales.
Cuando estas decisiones son infalibles no hay dificultad ninguna en entender la naturaleza y alcance de este acatamiento y sumisión. Al ejercicio del magisterio infalible responde el fiel con un acto de fe: creo firmemente cuanto la Santa Madre Iglesia me ha enseñado como doctrina de fe; sé que no puede equivocarse; sé que me enseña la verdad.
Pero surge el problema en muchos espíritus cuando este magisterio se ejercita en grado no infalible. Por definición no hay garantía absoluta de verdad en ese acto del magisterio. Por lo tanto, puede en absoluto caber error en su enseñanza: ¿Cómo y hasta qué grado estoy obligado yo a su aceptación? 
Según enseñanza reconocida de la teología este asentimiento debe ser:
Interno: no basta el silencio respetuoso con el que el fiel se abstendría de toda manifestación contraria a las decisiones de la Iglesia.
Cierto: es decir, que se acepta la decisión de la Iglesia no solamente como una doctrina probable o si se quiere la preferible entre los probables, sino llana y sencillamente según el sentido propio de la afirmación.
Religioso: motivado por la autoridad religiosa, no precisamente científica de la Iglesia.
Pero este asentimiento no es absoluto e irreformable. Es condicionado y dependiente de ulteriores posibles disposiciones del mismo magisterio.
Se admite sin dificultad por la mayoría de los teólogos que los fieles verdaderamente competentes en las materias que tratan este magisterio de la Iglesia podrían, si tuvieran razones serias para ello, disentir internamente, aunque su respeto a la autoridad de la Iglesia les retraería de manifestarse en contra de tales decisiones, y su amor a la misma les movería a poner en conocimiento del mismo magisterio de la Iglesia cuanto pudiese contribuir a un mayor esclarecimiento o a un conocimiento más perfecto de la materia 
3. ¿Pueden equivocarse? ¿Hay obligación de aceptar el error? ¿Es legítimo el disentimiento?
La segunda pregunta que surge espontáneamente ante el hecho del magisterio autoritativo no infalible podría formularse en los siguientes términos: Esta doctrina ¿no implica la posibilidad de un asentimiento obligatoriamente impuesto a una enseñanza objetivamente errónea?
Que tal magisterio pueda proponer doctrina objetivamente errónea lo damos por supuesto desde el momento en que por definición hablamos de magisterio no infalible. Pero respecto a la posible obligación a la aceptación del error objetivo por imposición de la Iglesia hemos de precisar los puntos siguientes:
1. No se da tal obligación de aceptar el error cuando éste es suficientemente reconocido como tal, como lo hemos notado cuando decíamos que los hombres, verdaderamente competentes, pueden disentir internamente de estas decisiones del magisterio, cuando razones serias les mueven a ello. 
2. El asentimiento que exige en estos actos del magisterio no es absoluto y definitivo, sino relativo y condicionado. Mientras la Iglesia no decida otra cosa. Tiene, pues, un carácter de provisionalidad, mientras la cuestión no aparezca definitivamente esclarecida a los ojos de la misma Iglesia. 
3. Por otra parte es de advertir que esta provisionalidad del asentimiento no afecta a las verdades fundamentales de fe. Todo lo fundamental lo sabemos y creemos con fe cierta y con asentimiento definitivo. 
4. Además, estas mismas materias que ahora propone la Iglesia con juicio provisional, las puede resolver definitivamente ella con su juicio infalible, cuando, según la providencia del Espíritu Santo, llegue al esclarecimiento de la doctrina, y estime ser conveniente dictar el definitivo fallo de la definición infalible. 
4. El asentimiento debe ser «diferenciado».
Estas son las características generales de este asentimiento a las enseñanzas del magisterio autoritativo pero no infalible. Como es manifiesto, autoridad y obligación de asentimiento son correlativas; por lo tanto a mayor autoridad vinculada al ejercicio docente, corresponde también mayor obligación. Las aplicaciones ya no interesan a nuestro asunto una vez esclarecido el principio. En el uso del magisterio pontificio se ha venido en indicar este diverso grado de autoridad por las características externas del documento.
Pero la doctrina vale igualmente para el magisterio del colegio episcopal, el cual, o por voluntad del mismo, que, pudiendo ejercitar el magisterio en grado infalible, quiere ejercitarlo tan sólo en forma autoritaria, o por su composición puede implicar mayor o menor autoridad.
Así, por poner un ejemplo: es distinta la autoridad de un concilio diocesano, de la de uno regional, y la de éste, de la del plenario o nacional. Pero no nos interesé ahora a nosotros el detenernos a calibrar exactamente el grado de autoridad, y su correspondiente obligatoriedad, en cada caso de esta gama de posibilidades. Nos basta haber expuesto la doctrina en sus términos generales.


martes, 4 de abril de 2017

La FSSPX y los matrimonios

El Papa ha decidido dar facultades para celebrar matrimonios a los sacerdotes de la FSSPX. Quienes pensamos que la Fraternidad es una institución católica de facto, que aún no cuenta con el reconocimiento y la estructura canónica que -en justicia- se le deben, no podemos sino alegrarnos con esta medida, a la vez que hacemos votos para que lo antes posible se concrete la regularización integral. ¿Para qué puede servir esta concesión de facultades para asistir matrimonios, que se añade a otra anterior relativa a las confesiones? Para tranquilizar las conciencias de fieles dubitativos sobre la validez de los dos sacramentos mencionados. Y ello es importante, porque el criterio tradicional es que en materia de validez sacramental hay que ser tucioristas. De modo que quienes pudieran verse inquietados cuentan ahora con un respaldo pontificio, que pueden oponer a las opiniones de obispos y sacerdotes que, por lo general, ignoran el estado de la cuestión o pretextan la carencia de facultades para alejar a la gente. Tomamos el resto de esta entrada del sitio Adelante la Fe.
El cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la Pontifica Comisión Ecclesia Dei, junto con el secretario Mons. Guido Pozzo, han hecho pública hoy una carta dirigida a los obispos y cardenales en la que se hace pública la decisión del Papa Francisco de conceder a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Mons. Lefebvre, las facultades necesarias para celebrar matrimonios con regularidad canónica, los cuales hasta ahora se estaban acogiendo al Derecho de necesidad.
Sin duda es un nuevo paso cara a la completa regularización, que parecería estar realizándose por etapas.

CARTA DE LA PONTIFICIA COMISIÓN «ECCLESIA DEI»
A LOS PRELADOS DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES INTERESADAS
ACERCA DE LA LICENCIA
PARA LA CELEBRACIÓN DE LOS MATRIMONIOS
DE LOS FIELES DE LA FRATERNIDAD DE SAN PÍO X
Eminencia:
Excelencia Rev.ma:
Como Vd. sabe, desde hace algún tiempo se están realizando encuentros e iniciativas para conseguir la plena comunión con la Iglesia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En concreto, recientemente el Santo Padre ha decidido conceder a todos los sacerdotes del mencionado Instituto las facultades para confesar válidamente (cf. Carta Apostólica Misericordia et misera, n. 12), asegurando la posibilidad de que la absolución sacramental de los pecados por ellos administrada sea recibida válida y lícitamente.
En la misma línea pastoral, que pretende tranquilizar la conciencia de los fieles –no obstante, que la situación canónica de la Fraternidad S. Pío X continúa siendo, por ahora, objetivamente  ilegítima– el Santo Padre, a propuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Ecclesia Dei, ha decidido autorizar a los Reverendísimos Ordinarios a que concedan las licencias para asistir a los matrimonios de fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad, según las siguientes indicaciones.
Siempre que sea posible, el Obispo delegará a un sacerdote de la Diócesis para asistir a los matrimonios (o bien, a un sacerdote de otra circunscripción eclesiástica con las debidas licencias) recibiendo el consentimiento de los cónyuges durante la celebración del matrimonio que en la liturgia del Vetus Ordo se realiza al inicio de la Santa Misa. Ésta la celebra, después, un sacerdote de la Fraternidad.
Allí donde ello no sea posible o no haya sacerdotes de la Diócesis que puedan recibir el consentimiento de las partes, el Ordinario puede conceder directamente las facultades necesarias a un sacerdote de la Fraternidad que celebrará también la Santa Misa, advirtiéndole de la obligación de hacer llegar cuanto antes a la Curia diocesana la documentación del matrimonio celebrado.
A los Prelados de las Conferencias Episcopales interesadas
Este Dicasterio confía en Su colaboración con la convicción de que con estas indicaciones no sólo se podrán remover los escrúpulos de conciencia de algunos fieles unidos a la FSSPX y la falta de certeza sobre la validez del sacramento de matrimonio, sino que al mismo tiempo, se avanzará hacia la plena regularización institucional.
El Sumo Pontífice Francisco, el 24 de marzo de 2017, en la audiencia concedida al Cardinal Presidente, ha aprobado la presente Carta y ha ordenado su publicación.
Dada en Roma, en la Sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe,  27 de marzo de 2017.
Gerhard Card. Müller
Presidente
Guido Pozzo
+ Arzobispo tit. de Bagnoregio
Secretario

Fuente:

viernes, 31 de marzo de 2017

La posición doctrinal de la FSSPX


Publicamos nuestra traducción de las conclusiones de un estudio del Distrito Italia de la FSSPX (Risposta al Rev. Padre Cavalcoli O.P. Albano Laziale, 05 de abril de 2011) que clarifica la posición doctrinal de la Fraternidad. En principio, se puede coincidir o disentir, total o parcialmente, con esta posición, ya que la Santa Sede no se ha pronunciado de modo definitivo sobre los puntos en debate. También es posible compartir materialmente las conclusiones pero sin tener certeza. En todo caso, el documento resulta de interés en la medida en que contribuye a precisar la posición institucional de la Fraternidad. Y al hacerlo, permite diferenciarla de posibles deformaciones (exageradas, como las del fraile al cual responde el documento) o de visiones personales que pueden pasar por institucionales sin serlo. Esperamos que en algún momento la FSSPX haga pública su posición mediante una exposición completa y actualizada, que incluya el resultado de los coloquios con la Congregación para la doctrina de la fe. Tal vez la regularización canónica -que sería inminente, de acuerdo con las últimas noticias- sea el momento oportuno para hacerlo.
«En teoría y a priori,
1) es posible que cuando no se presenten las condiciones necesarias para la infalibilidad exista un error en la enseñanza pontificia o episcopal, en casos raros y excepcionales;
2) que este error amenace gravemente el bien común de la Iglesia;
3) que algunos obispos, sacerdotes y fieles, se den cuenta con certeza de este error;
4) a lo cual es lícito oponerse con el debido respeto, pero con firmeza.
Concretamente,
5) es posible que existan errores en los textos del Concilio y en el "Magisterio" sucesivo puesto que no se ha ejercitado la prerrogativa de la infalibilidad;
6) que algunos obispos, sacerdotes y fieles se den cuenta con certeza de este error, recurriendo a un Magisterio,"más o menos anterior al actual", claro, constante e infalible;
7) que se opongan con el debido respeto pero con firmeza a las enseñanzas actuales por el bien común de la Iglesia y la profesión integral de la fe.
En cuanto a saber si las cosas son efectivamente así, las pruebas abundan en los cincuenta años de crisis...»
Tomado y traducido de:

miércoles, 29 de marzo de 2017

Castrillón: los lefebvrianos no hicieron nunca ningún cisma completo



El cardenal Castrillón Hoyos ha declarado:
"Siempre estuvimos de acuerdo en una cosa: ellos nunca entraron en el camino de la herejía. Tuvieron momentos de distancia, pero ellos no hicieron nunca ningún cisma completo ni una herejía, en términos técnicos. Por ejemplo, no crearon una jurisdicción aparte, porque poner una jurisdicción fuera de la jurisdicción de la Iglesia, eso sí es separarse”.
Las demás declaraciones del cardenal no nos parecen acertadas, porque en nuestra modesta opinión, los problemas del post-concilio no se deben -ni única, ni principalmente- a malas interpretaciones, sino que son un fenómeno multicausal, que obedece en buena parte a los textos conciliares que, en sí mismos, tienen un “enorme potencial de conflicto” (Kasper dixit).
En fin, el resto del vídeo no está mal, sobre todo si se tiene en cuenta la línea editorial neoconservadora de Rome Reports. 

Lutero, a 5 siglos de la gran catástrofe


viernes, 24 de marzo de 2017

Santo Tomás, como una abeja


«Esta originalidad y esta profundidad, que fueron en aumento pasando los años, no se ocultaron a sus contemporáneos, los cuales las hacen resaltar con frecuencia(2): ellas están a base de su espíritu, a la vez tradicional y progresista; porque aquella profundidad con que penetraba las cosas, junto con una grande amplitud de criterio y una laboriosidad inmensa con que buscaba la verdad en dondequiera se encontrase, aunque fuese de una manera fragmentaria, le daban un fondo de tradicionalismo por nadie superado ni igualado. Por otra parte aquella labor depurativa de los datos tradicionales filosóficos y teológicos a través de los primeros principios de la razón y de la fe, vistos en Dios y juzgados desde Dios natural y sobrenaturalmente considerado, hizo que las corrientes de la fe y de la razón, ya cristalinas, se deslizasen paralelas y fecundizasen los campos de la Filosofía y de la Teología. En eso consiste su profunda originalidad, no ya material y aparente, sino formal y realísima. “Santo Tomás -escribe Et. Gilson-, que condena tan secamente, como teólogo, las doctrinas que juzga falsas, es, por el contrario, apasionadamente curioso en lo tocante a extraer de las filosofías más diversas el alma de verdad que puedan contener” (1).
[…]
Santo Tomás, como verdadero amante de la verdad, no repara en medios para conseguirla. Por eso le vemos ir a estudiar en las fuentes, cosa tan rara en su tiempo, procurando se le hiciesen traducciones nuevas y directas de las obras de Aristóteles y de las de muchos Padres de la Iglesia(5); y en sus Comentarios sobre el Filósofo manifiesta tener presentes y muy leídas las exposiciones de Alejandro, de Simplicio, de Filopón; de Boecio y de Averroes, y lo mismo los tratados de Avicena y de algunos otros árabes. Aunque en esto es justo reconocer que debe su vocación y su iniciación al Beato Alberto Magno, el cual, según una frase feliz del padre Mandonnet, O. P., poniéndole sobre sus hombros, le hizo ver un inmenso horizonte por los campos de la FIlosofía (1). 
No resolvía el Angélico ningún problema filosófico ni teológico sin tener en cuenta todo lo que sobre él se había escrito y podía tenerse a la mano en su tiempo: Nullum fuit scriptorum genus -dice la Iglesia- in quo non esset diligentissime versatus (2). Persuadido de que la verdad completa no es monopolio de ningún hombre particular, sino que todos contribuyen de un modo o de otro a conquistarla y a esclarecerla, iba de uno a otro como abeja solícita y laboriosa, sacándoles el néctar en ellos contenido y elaborándolo en sí mismo, convirtiéndolo en propia substancia, para fabricar después ese panal de miel tan dulce y tan simétrico que admiramos en sus obras. Su Cadena de oro y sus Opúsculos de controversia con los griegos y con los enemigos de los mendicantes son un testimonio perenne de sus maravillosos conocimientos patrísticos, que tantos sudores le costaron, como él mismo lo confiesa ingenuamente (3).
Respetando siempre a las personas y tratánd0las con suavidad y dulzura, aun en las luchas más encarnizadas y a pesar de las provocaciones de sus adversarios rabiosos y de la exquisita sensibilidad del Santo Doctor, nunca se dejó llevar de afectos personales, ni de simpatías 0 antipatías, cuando se trataba de la verdad.»
Fuente:
Ramírez, S. ¿Qué es un tomista?, en rev: La Ciencia tomista, 27 (1923), pp. 272-301. (aquí

lunes, 20 de marzo de 2017

Leticia es un mini-Vaticano II


Sobre Amoris laetitia y su problemático capítulo VIII se ha publicado hasta el punto de cansar al más paciente de los lectores. Más que agregar algo nuevo, esta entrada procura dar un panorama esquemático de las principales posiciones. Parece importante notar que acerca del capítulo mencionado se plantean los mismos problemas que respecto del Vaticano II. 
(1) No es magisterio en sentido propio. Que un documento del Papa sea o no magisterial depende, al fin y al cabo, de la intención expresada por el maestro auténtico que lo propone. Y se argumenta que, por el tenor de las palabras empleadas –deliberadamente ambiguas-, el Pontífice no quiere enseñar de modo vinculante; vale decir que la exhortación no se impone con firme autoridad doctrinal, sino que se propone a modo de opinión, en clima de diálogo y pluralismo eclesial. De este modo, el Papa no está ejercitando su autoridad docente, la cual se ejercita cuando el texto, siendo claro y preciso, define una verdad o una norma (aunque no sea ex cátedra); pues de-finir es delimitar, poner límites precisos en la expresión pronunciada o escrita (Iraburu).
 (2) Es magisterio en sentido propio. El tenor de las palabras usadas, la ambigüedad de los pasajes, no son suficientes para demostrar que el Pontífice no tenga intención de vincular a la Iglesia discente, sobre todo si se considera la naturaleza del documento, que es una exhortación apostólica. Sentada esta premisa, resulta necesario:
(2.1) Determinar a qué categoría magisterial pertenece. Nadie sostiene que se trate de un acto definitivo (infalible). Pero sí que se está ante unas enseñanzas doctrinales presentadas como verdaderas, o al menos como seguras; o bien ante aplicaciones prudenciales, sobre asuntos en los que se encuentran implicados, junto con principios seguros, elementos contingentes (Livi).
(2.2) Hacer una interpretación adecuada. Ubicado el cap. VIII en la categoría de magisterio pontificio ordinario (Pie i Ninot) y sometido a una exégesis teológica rigurosa se concluye que:
(a) No hay error. Tampoco contradicción con la enseñanza precedente. Sólo cierta ambigüedad, que no quita vigencia al magisterio anterior (Familiaris consortio, 84) ni modifica la disciplina (CIC, c. 915).
Otro modo de solucionar el problema de la ambigüedad es pedir al Papa que lo aclare, y hasta tanto esto no suceda, continuar con lo establecido por los papas anteriores. Tal es la propuesta de las dubia presentadas por los cuatro cardenales; aunque no es algo incompatible con (1), ya que la respuesta  pontificia podría ser que las novedades de Amoris laetitia no son vinculantes.
(b) Hay error. Se trata de un documento no infalible, que por definición puede contener errores; y de hecho se ha equivocado. Ningún católico consciente puede asentir intelectualmente a un error, de modo que la actitud de mínima es la “suspensión” del juicio. Corresponderá a un Papa, o un a Concilio Ecuménico, rectificar el error. Podrá hacerlo de modo explicito, reconociendo que se ha equivocado, o bien de modo implícito, para evitar el escándalo de los sencillos.


viernes, 17 de marzo de 2017

Teología Nueva y Teología


Sobre la llamada Nouvelle Théologie se ha escrito muchísimo.
“…la controversia sobre la «nouvelle théologie» se desarrolla en dos fases: la primera, entre 1938 y 1946, está marcada, como hemos visto, por las publicaciones de los libros de los teólogos dominicos Chenu (1937) y Charlier (1938), que fueron sometidos a crítica sobre todo por teólogos romanos, tanto dominicos (Gagnebet y Cordovani) como jesuitas (Boyer y Zapelena); la segunda, entre 1946 y 1948, donde se habla más expresamente de «nouvelle théologie» tiene como protagonistas a teólogos dominicos (corno Labourdette y Garrigou-Lagrange), en calidad de críticos…” (Rossini)
Santiago Ramírez, OP fue una figura notable del tomismo en la España del siglo XX. En sintonía con sus hermanos de Orden, críticos de la llamada Nouvelle Théologie, el p. Ramírez dio una conferencia en el Ateneo de Madrid, que luego sería publicada. Un amigo de nuestra bitácora la ha digitalizado y la dejamos e nuestro estante de scribd. También puede descargarse aquí.

lunes, 13 de marzo de 2017

Cuatro años después: Reflexiones sobre un Pontificado sin precedentes


Cuatro años después: Reflexiones sobre un Pontificado sin precedentes
Por Steve Skojec . 11 de Marzo de 2017
El día 13 de Marzo de 2013, estaba en mi oficina, sentado, mirando hacia mi pantalla viendo cómo un nuevo Papa – un hombre a quien nunca había visto antes de ese momento – Salía a la logia de la Basílica de San Pedro. Yo nunca había oído hablar de él. Ni siquiera sabía su nombre. Como la mayoría de los católicos, que se había acercado al cónclave con un sentido anticipación de la esperanza. Pero la sensación que tuve cuando vi al hombre que la Curia había elegido era sorprendentemente fuerte. Era una sensación de miedo, de frío como el hielo. Mientras lo observaba, de pie, mirando a la multitud, escuché siete palabras en mi mente claramente, de forma espontánea: “Este hombre no es amigo de la Tradición”.
Era una frase extraña. Por extraño que sea su enunciado. Siempre lo supe, con tanta seguridad como cuando uno sabe que la voz de quien les habla en una habitación callada no es la suya, la seguridad de que este pensamiento no era mío, sino algún tipo de incitación externa. Sería imposible para mí incluso, el intentar hacer una evaluación de este tipo, ya que no sabía prácticamente nada sobre este hombre, este cardenal argentino Jorge Bergoglio.
Soy ajeno ciertamente a las minucias de un traje o vestimenta eclesiásticos. No puedo, por lo tanto, afirmar que este sentimiento arraigado se basaba en la observación de alguna desviación evidente a partir de los protocolos de la elección papal. No me di cuenta, por ejemplo, que optó por no llevar la mozetta papal. No estaba sacudido por su inusual saludo de la multitud con un “buenas tardes”, en lugar de algo espiritualmente más profundo. No puedo decir si recuerdo haber escuchado en esos primeros momentos, que se trataba de un jesuita. Para ser honesto, puede muy bien no haber notado estas cosas, incluso en circunstancias normales, pero estas no eran circunstancias normales. Mi impresión era de algo que se llevó a cabo a un nivel visceral en la elección de este hombre. Y la sensación era tan fuerte, que me distrajo de todo lo demás.
Había algo en su rostro. Algo en la forma en que se quedaba mirando a la multitud reunida ahí abajo. Había algo… malo en sus ojos. Lo que vi – lo que me pareció ver – era algo distinto, que sale a través de esa máscara difícil de descifrar. Una mirada algo triunfante, altiva, desdeñosa, mirando de reojo finalmente, mirando desde lo alto en un una batalla larga y reñida. Era muy extraño.
Cuando miro al pasado, en la foto de ese momento, puedo ver que no había ninguna expresión perceptible en su rostro. Lo que vi fue, creo, no tanto algo físico, sino más bien una visión espiritual. Me llamó la atención, y a riesgo de sonar redundante, era como una experiencia sobrenatural. Yo estaba tan nervioso, que hasta tuve que reprimir una oleada de ganas de vomitar.
Hice alusión a estas cosas, meses más tarde cuando empecé a escribir, después de haber hecho un gran esfuerzo para darle a Francisco el beneficio de la duda, acerca de por qué su papado ya estaba lleno de señales de advertencia. Muchos se burlaron de mí en aquel entonces, como si esto fuera sólo una fantasía que yo había conjurado (¿por qué razón habría querido hacer tal cosa?, no podía esperar para explicarlo.) Pero desde entonces he oído de muchas otras personas que también habían tenido la misma reacción inicial  tan inesperada extraña. Desde el primer momento, a pesar de que con dificultades he intentado hacer mis impresiones a un lado y dejar que prevalezca la razón, lo sabía, al igual que tantos otros católicos en lo que he llegado a pensar que es como una señal de la gracia. Una advertencia de Dios: esto será un papado de terribles consecuencias.
Cuatro años más tarde, me veo confirmado en el conocimiento de estas cosas. No a través de la persistencia de un sentimiento, sino por una preponderancia de la evidencia. Si 2016 fue el punto de inflexión, 2017 es el año de la ruptura. Amoris Laetitia subió la apuesta de la batalla por el alma de la Iglesia al nivel que incluso los ultramontanos más acérrimos – los honestos, – se ven obligados a admitir que nos encaramos ante un grave problema. Si considero algo tan significativo como una, discutiblemente herética, exhortación apostólica que da lugar a los sacramentos para dar la voz alarma, también ha habido innumerables ejemplos menos publicitados de la heterodoxia desde esa fatídica noche hace cuatro años que deberían despejar cualquier duda acerca la gravedad de la crisis. Nuestros intentos de documentar estas cosas aquí, aunque incompletos, han abarcado cientos de páginas. Queda más allá del alcance de un solo artículo el poder tratar un amplio resumen de los momentos más preocupantes de los últimos cuatro años, sin embargo trataremos de citar algunos de los eventos más memorables para la atención del lector a continuación. Francamente debe de estar por encima de cualquier recurso humano el poder causar tanta confusión y tanta distorsión en un período tan corto de tiempo. Ha sido el demonio tal vez, después de todo, no es una criatura de fuerza bruta, pero sí un maestro de la sutileza y la seducción, más que dispuesto a hacer uso de los instrumentos a su alcance.
Cualquiera que sea la procedencia de esta insurgencia en el seno mismo – y cabeza – de la Iglesia, nos encontramos en un momento de caída libre. Para aquellos que no están convencidos, es probable que no haya ninguna cantidad de pruebas que pudieran cambiar su opinión. Cada quien ha tomado su partido. Se dibuja la batalla. La fase inicial de engancharse ha concluido.
La escalada de una Agenda
Uno de los momentos más importantes de la revelación en el pontificado de Francisco tuvo lugar durante una entrevista con el amigo y escritor papal fantasma monseñor Víctor Manuel Fernández, en Mayo de 2015:
El Papa va lento porque quiere estar seguro de que los cambios tendrán un impacto profundo. Un ritmo lento es necesario para garantizar la efectividad de los cambios. Él sabe que hay quienes tienen la esperanza de que el próximo Papa pueda revertir todo. Si se va despacio es más difícil poder echar para atrás todo después. “El entrevistador entonces procedió a preguntarle si es imposible ayudar a sus adversarios cuando saben que Francisco dice que su papado podría ser corto. Fernández respondió: “El Papa debe tener sus razones, porque sabe muy bien lo que está haciendo. Él debe tener un objetivo que no entendemos todavía. Usted tiene que darse cuenta de que su objetivo es la Reforma, que es irreversible. Si algún día el Papa siente que se le está acabando el tiempo y que no tiene tiempo suficiente para hacer lo que el Espíritu le está pidiendo, puede estar seguro de que va a acelerar. [Énfasis añadido]
Estas observaciones, hechas hace casi dos años, presentaron una visión temprana de la estrategia que ha impulsado el programa hasta el momento. “Esa reforma es irreversible” es en sí mismo un tema que se ha repetido por otros colaboradores papales cercanos. El cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha utilizado estas mismas y exactas palabras en enero de 2015. Nos han estado diciendo sus intenciones. Muchos simplemente no han estado dispuestos a creer que en lo que dicen ellos. Lo que esta “reforma irreversible” ha resultado ser es nada menos que una grave e intencional distorsión doctrinal, un enfoque herético para la comprensión católica del pecado y de los sacramentos, la ruptura de las estructuras existentes, las normas, los límites y las instituciones, dando como resultado una confusión que produce cáncer en el Cuerpo místico de Cristo con consecuencias eternas para las almas.
Uno se ve forzado a preguntarse: Si Satanás en persona planeara un asalto desde el interior de la Iglesia, ¿Qué diferencia habría de lo que estamos viviendo hoy en día?
Hace dos años en aquel tiempo de esta entrevista, el arzobispo Fernández habló acerca de la respuesta favorable del público hacia la agenda de Francisco:
Primero, el Papa llenó de multitudes la plaza de San Pedro y entonces comenzó a cambiar la Iglesia. Cuando se le preguntó si el apapa estaba aislado en el Vaticano, respondió: “De ninguna manera, la gente está con él [Papa Francisco], y no con sus adversarios”.
Ya por la época de sus comentarios, sin embargo, las cosas empezaban a cambiar. En 2015, las multitudes papales ya comenzaban a disminuir en tamaño. Y mientras, aquí en Estados Unidos, al menos, que se ha demostrado que han movido la aguja en temas como el cambio climático y sentimientos favorables hacia el catolicismo liberal, no hay evidencia de que se haya atraído más gente a la Iglesia. La generación del milenio, en particular, siguen alejándose, incluso cuando expresan afecto por el enfoque de liberalización del Papa a la doctrina. Y la vida religiosa – no saludable en ninguna manera previo a la elección de Francisco – parece estar causando incluso daños más graves. El propio Papa ha lamentado la “hemorragia” de sacerdotes y monjas que se alejan de la Iglesia, pero parece completamente inconsciente de su propia responsabilidad en la salida de éstos – todo un historial que lo sigue desde su Argentina natal. Como el P. Linus Clovis de la familia dijo Vida Internacional en una conferencia en 2015:
El Efecto Francisco consiste en desarmar y silenciar a los obispos, sacerdotes y fieles católicos. Mantenerse firme en la doctrina y práctica católicas parece un acto de deslealtad al papa, sin embargo aceptarlo es traicionar a la Iglesia.
En un artículo de opinión en el New York Times en septiembre pasado, Matthew Schmitz llevó las cosas más allá::
[Francisco] Describe a los párrocos como “pequeños monstruos” que “arrojan piedras” a los pobres pecadores. Se ha dado a los funcionarios de la Curia el diagnóstico de “espirituales del Alzheimer.” Reprende a activistas pro-vida por su “obsesión” con el aborto. Ha dicho que los católicos que ponen énfasis en asistir a misa, frecuentan la confesión, y recitan oraciones tradicionales son “pelagianos” – personas que creen, heréticamente, que pueden ser salvadas por sus propias obras.
Tales acusaciones desmoralizan a los fieles católicos sin dar ninguna razón a los alejados para volver. ¿Por qué unirse a una iglesia cuyos sacerdotes son pequeños monstruos y cuyos miembros gustan de arrojar piedras? Cuando el mismo Papa pone estados de espiritualidad interior por sobre la observancia ritual, hay pocas razones para encaminarse a la confesión o despertarse para ir a misa.
Francisco a construido su popularidad, concluye Scmitz, “a expensas de la Iglesia que dirige”. Y parece que ahora, las reservas de buena voluntad se han agotado, esta es una realidad que lo ha alcanzado.
Con años de una resistencia en aumento que se ha esparcido desde las preocupaciones de algunos fieles hasta llegar a altos niveles dentro de la Iglesia, la situación de la realidad en el 2017 es por lejos my diferente de lo que era en 2015. Francisco ya no es ese “respiro de aire fresco” como se le percibió alguna vez. En cambio, su discurso imprudente en una cadena incesante de entrevistas y discursos altera a los fieles. Su regaño constante hacia aquellos que simplemente tratan de vivir devotamente su catolicismo se combina con una energía aparentemente ilimitada para la innovación, la auto-contradicción, y cambia a la gente que ha tratado de darle una audiencia justo sentido a lo que dice. Incluso algunos de los comentaristas católicos más pacientes han llegado a la ineludible conclusión de que este papado se describe más acertadamente como “desastroso”.
Por esta razón, hay que recordar que el objeto de nuestro trabajo no es más que el dominio de los asuntos humanos. Nada menos que el mismo Dios está calculando las fuerzas en esta batalla por la Iglesia Católica, y si no podemos ver a través de la niebla la guerra que ya está al alcance de nuestra mano, podemos confiar en nuestro Comandante omnisciente, quien nos dará la orden para marchar hacia la lucha que está por venir.
No se equivoque: los días de este papado están contados – y ya que se desvanece, el peligro que representa para la fe sólo aumentará. Tomará décadas para deshacer el daño que ya se ha hecho. Con menos que perder y mucho todavía por ganar, Francisco y sus aliados ya no pueden contenerse – sobre todo cuando no puede haber ninguna garantía de un sucesor de ideas afines en el próximo cónclave. El tiempo para cimentar un cambio irreversible en la Iglesia es ahora.
Atrás han quedado los días en que nuestra misión principal era convencer al mundo católico de que hay un problema. El problema ha sido reconocido por los que tienen ojos para ver, y como tal, a los guantes, debemos darnos cuenta que somos David para el enemigo, Goliat. Con cardenales oponiéndose a cardenales, obispos contra obispos – y los fundamentos de la creencia católica como objeto de discordia – la Iglesia como la conocemos, es poco probable que sobreviva en una sola pieza.
Prepárense. La verdadera guerra está a punto de comenzar.
Traducción de Como Vara de Almendro [aquí]