domingo, 3 de agosto de 2014

Cuando san Pío X abandonó trece siglos de tradición

Es verdad que no se debe confundir la Tradición con las tradiciones (teológicas, litúrgicas, disciplinares, espirituales, etcétera). La primera es inmutable, mientras que las segundas pueden modificarse por la autoridad competente si el bien común realmente lo exige. Sin negar la potestad pontificia de alterar tradiciones reformables, siempre queda abierta una legítima discusión sobre el mayor o menor acierto de una reforma en estos ámbitos. Cabe pensar que un abandono ligero, abrupto, inmotivado o no bien fundamentado de tradiciones seculares en materia litúrgica, es al menos un signo revelador de esa arrogancia hodiernista por la cual nos creemos mejores que nuestros antepasados por el mero hecho de haber nacido después en el tiempo.
Se supone a menudo que papas muy respetuosos de la Tradición, como san Pío X, también lo fueron con las tradiciones recibidas. La Historia de la liturgia, sin embargo, desmiente esta suposición. Y un caso paradigmático lo tenemos en  algunas reformas del papa Sarto. En cuanto a los libros litúrgicos, reformó el Misal de san Pío V y, lo que es de nuestro interés ahora, el Breviario, que sufrió un cambio estructural.
«El día 1 de noviembre de 1911 publicaba la bula Divino afflatu, decretando una nueva forma de distribución del salterio en el Oficio Divino. El mismo había encomendado a los benedictinos la revisión de la Vulgata (1907) y había fundado el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (1909).
La Divino afflatu enfocaba dos objetivos: una distribución más ágil de la salmodia y la preeminencia del domingo, así como el predominio de la salmodia semanal, sobre los oficios del santoral y votivos que progresivamente habían invadido la casi totalidad de días a lo largo del año.
La prevalencia del oficio dominical y del tiempo, querida por san Pío V, quedaba ahora en teoría, pero no se daba de hecho en la práctica. Uno de los factores que influían en ello -digámoslo también- es que los oficios votivos resultaban más breves que el ferial.
La distribución del salterio según el oficio romano se había mantenido desde el s. VII hasta entonces. La nueva distribución de Pío X usa el método de fraccionar los salmos cuando resultan demasiado largos en comparación con la medida habitual. El método lo había usado ya la Regla benedictina para el Oficio de los monasterios. San Pío X mantenía el rezo del salterio completo en el curso de una semana y suprimía los oficios adicionales. Señalaba una nueva tabla de prevalencias e introducía el oficio mixto: en muchas celebraciones del santoral, dejando intacta la distribución semanal del salterio, los elementos referentes al santo ocuparían otras partes del Oficio. Algo parecido a lo que hacemos actualmente en las memorias de los santos.
La distribución de los salmos se mantendría hasta la promulgada por Pablo VI, el año 1971, fecha a partir de la cual ya no puede hablarse de "Breviario", sino de "Liturgia de las Horas"» (Aroztegui)
Para quienes no somos especialistas en liturgia la descripción pormenorizada de los cambios en el breviario puede resultar muy compleja. Pero hay un punto que salta a la vista: la distribución del salterio según el oficio romano se había mantenido desde el s. VII hasta la reforma de san Pío X. El papa Sarto decidió prescindir de una tradición litúrgica más que milenaria al introducir una distribución radicalmente nueva de los salmos. Y esta innovación no se introdujo en una devoción particular, como el Rosario, sino en el Oficio Divino, que integra el culto público y oficial de la Iglesia. 
Otro dato que a veces se olvida es que san Pío X modificó el breviario contrariando lo establecido “perpetuamente para lo sucesivo en la bula de san Pío V Quod a nobis (9-VII-1568) sobre el breviario tridentino. En efecto, dicha bula establecía que el “Breviario en ningún tiempo debe ser modificado, sea en su totalidad, sea en parte, y que no debe agregársele ni quitársele nada”. 
La reforma no insumió muchos años. Se realizó según el método habitual del papa Sarto, con una comisión especial que trabajó independientemente de la Congregación de Ritos. La forma de operar de la comisión, muchos de cuyos miembros carecían de la competencia necesaria, fue muy criticada por los especialistas (ver cap. 2). Monseñor Amann llegó a decir que el papa «creía fácilmente que todas las cuestiones, incluso las de arte o erudición, se solucionaban a través de la autoridad» (DTC, XII, col. 1738).
Los cambios del breviario se impusieron sin mucho diálogo. En la Divino afflatu se contenía una severa advertencia para rebeldes e infractores: indignationem omnipotentis Dei, ac beatorum Petri et Pauli, Apostolorum eius, se noverit incursurum
Recapitulando, tenemos el abandono de una tradición de más de un milenio, contrariando una bula perpetua (secundum quid), a impulsos de una comisión de dudosa competencia y mediante una imposición enérgica. ¿Fue un desarrollo orgánico de la liturgia? ¿Una concesión al espíritu del siglo impuesta bajo pretexto de «necesidades pastorales»? ¿Una infiltración de la mentalidad positivista imperante? Con la mejor de las intenciones, la reforma piana  sirvió de precedente para lo que luego haría Pablo VI bajo las influencias de A. Bugnini. 


P. S.: el siguiente cuadro comparativo aportado por un lector permite apreciar las diferencias entre dos versiones del breviario en cuanto a la recitación de salmos en un mismo día:




36 comentarios:

Miles Dei dijo...

Yo creo que no es que dejara la tradición de siglos, es que era uno de los pocos que rezaba siempre el breviario y trató de hacer que más curas lo rezaran sin poner excusas.

Junípero dijo...

Quisiera formular algunas precisiones:
1) La Bula de San Pío V, "Quod a Nobis" no puede considerarse irreformable de ninguna manera en TODO lo que manda; ni su texto lo impera a la manera tradicional ni su materia lo exigía.
2) De todas formas, lo principal de esta Bula es derogar el llamado "Breviario de Quiñones" -es el que se usaba en toda América- que guardaba cierta semejanza con el aprobado más tarde por Paulo VI, e imponer un modelo unificado -no único, atención- pero sin demasiado énfasis. Otra vez, déjanse intactas las costumbres inmemoriales y aquellas otras que no afecta la Bula, como las Orientales y las de las Órdenes.
3) Muy especialmente debe destacarse que ni San Pío V ni San Pío X, tocan o suprimen ningún texto litúrgico, esto es, del Psalterio ni la estructura de cada Hora del Divino Oficio, sino que se retoca (en algunos casos) el orden sucesivo en que deben ser rezados los Salmos, inspirándose en lo general en una antiquísima fórmula utilizada por los Benedictinos y que puede encontrarse en la Regla de San Benito; se arregla además el problema de las fiestas particulares, que ceden su lugar al formulario general. El Himnario Latino, inclusive, aunque no sea propiamente oración sagrada, también se mantiene intacto en ambras "reformas", así como la estructura general de cada Hora según he dicho. En general, todas las "reformas" -y también esta de ambos santos Píos- adoptan los criterios tradicionales de agrupar Salmos imprecatorios, Salmos penitenciales, de alabanza, proféticos, etc. para su distribución según la época del año y los tiempos litúrgicos. Las lecturas de los Nocturnos, debemos decir, No Son propiamente litúrgicas aunque formen parte de ella. Se pueden reformar, agregar, etc.
4) En la Bula de San Pío X no se impone un "nuevo" Breviario, sino que, utilizando nuevamente la fórmula que empleara San Pío V para sancionar el Misal y el Breviario por medio de la cual se conoce la irreformabilidad (rescatada por Benedicto XVI en 2007 en Summorum Pontificum), se mantiene la estructura esencial del Divino Oficio aunque se reordena la ubicación de los Salmos; es decir, se completa de alguna manera la intención implícita en la Bula de San Pío V. De todos modos, el orden del Psalterio no es esencial a la Liturgia (como no lo sería repartir la Sagrada Comunión a los fieles antes o después de la Bendición), pero sí es esencial rezar los 150 salmos -en una semana, según parece- y respetar cierto formulismo tradicional para cada hora, y por eso San Pío X lo hará obligatorio e irreformable. Hay que destacar que lo propio del Oficio Divino es la santificación de las horas del día mediante la recitación de los 150 Salmos, porque es tradición de la Iglesia que Cristo lo hacía así; no cualquier Salmo en cualquier momento, sino de preferencia aquellos que la Iglesia considera apropiados según una cierta afinidad temática con la hora del día que parece que jamás se ha alterado. Pero el orden de recitación seguramente es algo secundario y nunca ha sido tradición de la Iglesia ni intención de los Papas dejarlo inmóvil; San Benito, en su "Regla", parágrafo 18, después de indicar en qué orden deben rezarse los Salmos durante el día para completar 150 en una semana, afirma que "Advertimos especialmente que si a alguno no le gusta esta distribución de salmos, puede ordenarlos como le parezca mejor, con tal que mantenga siempre la recitación íntegra del salterio de ciento cincuenta salmos en una semana, y que en las Vigilias del domingo se vuelva a comenzar desde el principio..." Queda claro que el Santo considera que existe una porción pétrea y otra móvil en el Divino Oficio.
Continúa.....

Junípero dijo...

Continuación...
5) Ningún Papa, jamás, se atrevió a suprimir textos de los Salmos; eso no se puede hacer. Ningún Papa entendió, nunca, que una "reforma" le permitiría retocar, inventar o suprimir los textos litúrgicos, habiéndose limitado TODAS las reformas litúrgicas en la Historia de la Iglesia a modificar las rúbricas, o acaso el orden de las oraciones, las más atrevidas, o simplificar o agregar algunas fiestas. Pero repetimos: jamás se suprimió una oración tradicional ni del Misal ni del Breviario. Hasta Paulo VI.
6) Paulo VI, suprimió o modificó textos y párrafos completos de la Santa Misa inclusive los considerados de "tradición divina" (como algunas partes de la fórmula de la Consagración, o el Ofertorio todo entero, o el Embolismo), y agregó otros nuevos que nunca antes habían existido en ningún lugar del mundo católico, incluyéndose algunos que contienen graves errores teológicos, como ese Prefacio que promete que al fin de los tiempos veremos la salvación de todo el género humano sin excepción..., razonamiento muy del gusto balthasariano -o papiniano; del Breviario, no se limitó a suprimir el hasta entonces intacto Himnario Latino -supuestamente optativo pero abrogado de hecho, al no estar incorporado en los libros rituales- sino que se eliminaron Salmos enteros completos y los versículos o estrofas de muchos otros que quedaban, así, amputados y tergiversados; sospechosamente, la poda afectó en particular aquellas partes imprecatorias contra los judíos pérfidos o las invitaciones para su conversión o los considerados más proféticos... Más que una reforma, fué una destrucción sistemáticamente planificada de la Liturgia católica. No obstante, en varios pronunciamientos posteriores, la Sede Apostólica manifestó que era líciot y libre para los sacerdotes utilizar el Breviario de San Pío X con las reformas posteriores. En 2007, Benedicto XVI lo confirmó como una práctica sin condicionamiento alguno.
7) La distribución de los 150 Salmos a lo largo de un mes y no de una semana y la consiguiente disminución de Salmos en cada Hora del día no era una idea novedosa -la traía ya el Breviario de Quiñones, como hemos dicho, que derogó "para siempre" San Pío V y que tanto uso tuviera en la América castellana- ni tampoco puede afirmarse que esté objetivamente mal, pese a que la tradición de la Iglesia es rezar los 150 salmos en una semana; tampoco lo es la supresión o unificación de varias horas canónicas en una sola (a pesar de la cita del Profeta que hace San Benito en su Regla: "Te alabaré siete veces al día"), si no supone la elimininación definitiva de los Salmos respectivos. Lo que está mal es suprimir, en todo o en parte, textos litúrgicos de origen divino como son los Salmos, en particular aquellos que se consideran proféticos; o reformular su texto "traducido" para que pierda su sentido profético. (v. gr: Salmo 109 en la edición Castellana de la "Liturgia de las Horas") Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con las reformas de Paulo VI.
Continúa.....

Junípero dijo...

Continuación...
8) San Pío X manifiesta expresamente en "Divino Afflatu" que encomendó a una Comisión únicamente una "nueva distribución del Psalterio"; la cual, de todas formas, no tuvo en mira la reforma de la Liturgia sino la distribución semanal de las oraciones para que no se convirtieran en una pesada carga para los sacerdotes. A este fin intentóse distribuir una cantidad semejante de versículos para cada día (entre 360 y 490 por día), manteniéndose la afinidad de los Salmos entre sí y, sobre todo, sin suprimir ninguno ni ningún versículo. También, se intentó evitar la sobrecarga del obligado al rezo del Breviario con repeticiones inútiles. ¿Viola esto la prohibición de San Pío V? No lo creo ni por un instante, visto que lo que se retocó fueron partes esencialmente móviles y de libre disposición: el orden del salterio; al contrario y como he dicho más arriba, creo que radicaliza la intención del Papa Ghislieri de unificar aún más el rezo del Oficio Divino quitando la libertad implícita -mantenida por San Pío V- de modificar el orden de los salmos. Si muchas antífonas desaparecerán en la Reforma de San Pío X, hay que decir que se debe a la reordenación de los Salmos, que son la esencia misma del Oficio, y que muchas otras se mantendrán intactas. De hecho, para lograr la nueva distribución muchos salmos serán cortados en partes de extensión semejante que mantengan cierta unidad temática, como el bellísimo salmo 113. ¿Es esto una "abolición" del Breviario de San Pío V? No señor, en lo más mínimo. En cambio, ¿es el Misal de Paulo VI una abolición del Misal de San Pío V? Ninguna duda cabe. Si en ambos casos la intención del Papa Pío fue mantener intacta la Liturgia esencial, en el caso del Breviario de San Pío X es un fin indudablemente alcanzado, pero en el caso del Misal de Paulo VI, no. Pío X no suprimió ni agregó nada: cambió algunas cosas de lugar, sin suprimir la estructura interna de cada hora litúrgica, ni los Salmos, ni los Himnos, ni las preces, ni la lectura breve... Tanto en el Misal como en el Breviario de Paulo VI se suprimieron partes esenciales (en la Misa, porciones enteras del Cánon desaparecerán o serán reemplazadas, incluyendo partes de la fórmula de la Consagración; el Ofertorio será íntegramente suprimido y se introducirán novedades exóticas, como las "plegarias eucarísticas" nuevas o la "presentación de las ofrendas"; en el Breviario, se eliminaron Salmos enteros y versículos y estrofas enteras, se alteró completamente la estructura tradicional de cada Hora, se eliminaron y reemplazaron los Himnos antiguos, se introdujeron "preces" de contenido profano y cambiantes, etc. etc.)
9) Por todo lo cual, soy del parecer que el artículo presente no es fiel completamente a la verdad.
Gracias.

Redacción dijo...

Junípero:
Estamos de acuerdo en general.
Seguimos el orden de sus puntualizaciones:
1. La Bula puede leerse en el enlace de la entrada y más abajo aclaramos que es perpetua secundum quid (con otro enlace).
4. La bula impone la reforma piana al Breviario. Hay analogía pero no identidad de fórmulas entre breviarios y misales. El paralelismo formal no alcanza para una irreformabilidad absoluta. Es una materia muy delicada.
Está claro desde el inicio de la entrada que el orden de recitación no pertenece a la Tradición sino que fue una tradición secular.
5. De acuerdo, si definimos “oración tradicional”; caso contrario, nos encontraremos con sorpresas.
6. De acuerdo en general. Todos los autores favorables a la reforma de Pablo VI que hemos leído, citan como precedente las reformas pianas. Y luego, infaltables, los cambios durante el pontificado de Pío XII en la Semana Santa y el Salterio. No son tontos como para citarlas como de idénticos contenidos, sino sobre todo en cuanto al modo de la reforma.

Juan Pedro dijo...

La distribución de los salmos en el Breviario de San Pío X fue completamente nueva Sólo parcialmente se tuvo en cuenta la antigua tradición de la Iglesia, por ejemplo, el abandono de la serie de 12 salmos en maitines, una serie consagrada por una tradición que se remonta a los Padres del Desierto y expresamente estipula en la Regla de San Benito. Otro punto controversial en ese momento fue la supresión de la inmemorial y de uso universal de recitar los salmos 148, 149, y 150 al final de la Laudes diaria. Esto equivale a decir que el Breviario de San Pío X no tenía mucho en común con el de su predecesor y que los clérigos se inquietaron mucho en sus hábitos !

Maite C dijo...

Sin entrar en el tema del artículo, debo puntualizar algo que me choca desde hace algún tiempo en según que medios y personas.

No encuentro nada correcto escribir San en minúscula (san) esté o no permitido o aceptado.

Escribimos Excmo, Rvdmo, incluso Dr. Sr.D. por poner algunos ejemplos, con mayúscula. Con mayor razón debiera continuar escribiéndose San Pío X, Santa Teresa de Jesús, San Pío V etc. etc.

Gracias y un saludo.

Juan Pedro dijo...

San Pío X "destruyó el edificio antiguo" del breviario y "construyó otro, si bien con el material del cual estaba hecho el edificio antiguo".

Anónimo dijo...

Una breve comparación de salmos según el Breviario que se use para el día de hoy:

Breviario de San Pío V (1570):
Matutinum: 1, 2, 3, 4, 5, 8, 14, 20, 23
Laudes: 92, 99, 62, 66, (Canticum Trium Puerorum), 148, 149, 150
Prima: 53, 118 (2-16), 118 (17-32)
Tertia: 118 (33-48), 118 (49-64), 118 (65-80)
Sexta: 118 (81-96), 118 (97-112), 118 (113-128)
Nona: 118 (129-144), 118 (145-160), 118 (161-176)
Vesperae: 109, 112, 121, 126, 147
Completorium: 4, 30 (1-6), 90, 133

Breviario de San Pío X:
Matutinum: 13, 14, 16, 17 (1-16), 17 (17-35), 17 (36-51), 19, 20, 29
Laudes: 46, 5, 28, (Canticum David), 16
Prima: 23, 18 (1-7), 18 (8-15)
Tertia: 26 (1-6), 26 (7-14), 27
Sexta: 30 (1-9), 30 (10-19), 30 (20-25)
Nona: 31, 32 (1-11), 32 (12-22)
Vesperae: 109, 112, 121, 126, 147
Completorium: 4, 90, 133

Breviario de San Juan XXIII:
Matutinum: 13, 14, 16, 17 (1-16), 17 (17-35), 17 (36-51), 19, 20, 29
Laudes: 46, 5, 28, (Cánticum David), 16
Prima: 23, 18 (1-7), 18 (8-15)
Tertia: 26 (1-6), 26 (7-14), 27
Sexta: 30 (1-9), 30 (10-19), 30 (20-25)
Nona: 31, 32 (1-11), 32 (12-22)
Vesperae: 114, 115, 119, 120, 121
Completorium: 6, 7 (1-10), 7 (11-18)

Liturgia de las Horas de Pablo VI:
Oficio de Lecturas: 30 (2-9), 30 (10-17), 30 (20-25)
Laudes: 41, (Cántico del Eclesiástico), 18 (2-7)
Tercia: 118 (41-48), 39 (2-9), 39 (10-14, 17-18)
Sexta: 122, 123, 124
Nona: 125, 126,127
Vísperas: 44 (2-10), 44 (11-18), (Cántico de Efesios)
Completas: 85

Anónimo dijo...

El comentario anterior sobre la comparación de los diferentes breviarios de los santos Pío V, Pío X y Juan XXIII y Pablo VI es mío.


Xristoforos Theotokou

Anónimo dijo...

@Maite C:

6.8. Los tratamientos (usted, señor, don, fray, san(to), sor, reverendo, etc.), salvo que se escriban en abreviatura, caso en que se escriben con mayúscula: Ud., Sr., D., Fr., Sto., Rvdo. Solo cuando, por tradición, se han formado acuñaciones que funcionan como nombres propios, se escribirán estos tratamientos en mayúscula: Fray Luis, referido a fray Luis de León; Sor Juana, referido a sor Juana Inés de la Cruz; Santa Teresa, referido a santa Teresa de Jesús.

Diccionario panhispánico de dudas


Alguien

Hermenegildo dijo...

Junípero: ¿qué porciones enteras han desaparecido o han sido reemplazadas en el Novus Ordo?

Ἰουστινιανός dijo...

No soy experto en el Oficio Divino; sin embargo, no deja de chocarme cómo algunos hacen lo que sea necesario por lavar la imagen de los pontífices que les gustan y ensuciar aún más la de los que no les gustan:

La destrucción del salterio por san Pío X es una aberración tan grande como, amén de un precedente de la destrucción general de la Liturgia perpetrada por Pío XII y su pupilo Paulo VI. Pero claro, san Pío X es san Pío X, y qué más da que el papa antimodernista por excelencia diera muestras de modernismo exacerbado en materia litúrgica...

Por cierto: Junípero dice que el himnario no se tocó. Cierto, los himnos ya habían sido destruidos por obra de Urbano VIII en 1634. Lo cierto es que históricamente los papas fueron pésimos custodios de la Tradición, en lo que a la Liturgia se refiere.

Y otra vez con la cantinela de la irreformabilidad de los libros de 1570. Si así fuera, entonces no es comprensible cómo ya en 1604 Clemente VIII cambió sensiblemente algunas partes del ordinario de la Misa. Probablemente la prohibición de reformar los libros litúrgicos no estaba dirigida a futuros pontífices, sino a los obispos contemporáneos, quienes por medio de la imprenta habían alterado a su gusto los misales y breviarios de sus diócesis. Porque si aceptamos que un papa pueda obligar a obispos y reyes a abandonar liturgias milenarias (la hispana o la patriarchina del Véneto), y otras veces a "fijar" una de esas liturgias (como san Pío V), no entiendo cómo se pueden criticar las reformas del s. XX (dejo de lado ese empeño incomprensible de identificar una liturgia bastarda como la de 1962 con la Liturgia "tradicional").

http://civitas-dei.eu/cavendish.htm

Disculpen por el berrinche; no pretendí ofender a nadie. Pero estaría bien que el mundo tradicionalista empezase a desprenderse de algunos prejuicios absolutamente ideológicos que nada tienen que ver con la Tradición.

Kyrie eleison

Hermenegildo dijo...

Ἰουστινιανός: ¿qué partes del Ordinario de la Misa cambió Clemente VIII?

Maite C dijo...

Al Anónimo que firma Alguien.

No necesito que Vd. me repita sobre lo que ha leído en internet.

Continuo pensando exactamente lo mismo: no lo considero correcto.

Es más, continuo dirigiéndome a una persona de Vd. no de Ud.

Estos cambios sobre todo respecto a los santos no los considero oportunos, ya que me resultan inexplicables. Por lo tanto para mí siempre será San Pío X, San Pío V, San Pedro o Santa Teresa de Jesús (cuyo nombre tengo el honor de llevar) y así sucesivamente.

Tambien escribo substantivo no sustantivo, valga como ej. para otras palabras. Considero que el idioma hay que enriquecerlo, no empobrecerlo.

Maite C dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Y hubo algún modernista anterior que redujo el rezo de los 150 salmos diarios a unos menos distribuidos en 8 horas.
Menos mal que redujeron el oficio de lecturas. Digamos que el propósito de la salmodia es rezar y meditar al Crucificado, no castigar los ojos a altas horas de la madrugada. Si el objeto principal es rezar, entonces está muy bien que se vaya reformando; estar por estar, obedeciendo un propósito meramente histórico, es absurdo.
Maite C, su posición es totalmente subjetiva y caprichosa. Si objeta algo con argumentos insostenibles, no pretenda que no la corrijan. A nadie le interesa si Ud. usa arcaísmos más que a algún boina colorada chiflado.
Saluti.

Anónimo dijo...

En sintonía con Miles Dei, ¿le parece a usted que la reforma de San Pío X al breviario es negativa? Me parece que no, y si se amplía dicha cuestión, esto no tiene punto de comparación con lo que harán la Consilium y Paulo VI luego del Vaticano II

Anónimo dijo...

castigar los ojos que te reparió idiota pelotudo
cuando amas a Dios recitar los salmos no es un castigo

pero para los modernistas envenenados como vos todo lo anterior al vaticano segundo es castigo...

Anónimo dijo...

Ἰουστινιανός dijo...
No soy experto en el Oficio Divino;



entonces cállese la bocota imbécil
seguro es un idiota ortodoxo que odia todo lo romano o latino!

Anónimo dijo...

Ἰουστινιανός dijo...
No soy experto en el Oficio Divino;



entonces cállese la bocota imbécil
seguro es un idiota ortodoxo que odia todo lo romano o latino!

Anónimo dijo...

para los que odian a San Pío X
deben darse cuenta de la diferencia entre un cambio y el otro... caso contrario son unos ciegos sin par...


http://eccechristianus.wordpress.com/2013/01/24/el-concilio-vaticano-ii-y-el-derecho-canonico/?relatedposts_hit=1&relatedposts_origin=19434&relatedposts_position=1


El cardenal Coccopalmerio ha abierto su intervención recordando que el beato Juan XXIII en la alocución con la que anunció el Concilio Vaticano II en 1959 explicaba que la envergadura jurídica del Concilio llevaría a la esperada renovación del Código de 1917. “En su gran perspectiva, el Papa tenía muy claro que la revisión del Código tenía que guiarse por la nueva eclesiología surgida de una cumbre ecuménica y mundial como la del Concilio”. También el beato Juan Pablo II, bajo cuyo pontificado se promulgó el Código, reiteraba que “la estructura eclesiológica conciliar requería netamente una formulación renovada de las leyes”.

“La razón de la estrecha relación entre el Concilio Vaticano II y el Código de Derecho Canónico, como subrayaba Juan Pablo II al comienzo de la Constitución Apostólica “Sacrae leges disciplinae,” es que el Código de 1983 es, de alguna forma, la culminación del Vaticano II (…) de dos maneras: el Código, por un lado, acoge el Concilio y propone solemnemente las instituciones fundamentales y las innovaciones principales y, por otra, establece normas positivas para la actuación del Concilio

Redacción dijo...

Los cuatro comentarios anónimos precedentes (13:17, 13:19, 13:19, 13:23) son una muestra de la actividad de un troll al que por norma no le publicamos comentarios. Cualquier lector de buena fe comprenderá por qué no queremos más anónimos. Hay gente que no entiende que un blog no es lugar para manifestar psicopatologías que no estamos en condiciones de diagnosticar y de tratar.

Anónimo dijo...

Al trollo que insulta: evidentemente no tiene ni la más remota idea de lo que es rezar el Oficio Divino. Quizás alguna vez rezó Vísperas solemnes con órgano, capas pluviales y mucho incienso, y ahí quedó la cosa. Pero no.
Los salmos son uno de los medios más amorosos para alabar y adorar al Padre, y de dejarse recibir en sus brazos. De eso no cabe la menor duda. Ahora, le aseguro que no es siempre de color de rosa el rezo del Oficio; de hecho las horas canónicas estaban configuradas hasta cierto punto para ser casi una suerte de mortificación (ej: cortar la noche). Por supuesto, era una dimensión de las horas canónicas.
Yo le invito a rezar las 7 horas durante un mes solito, del oficio de lecturas en la madrugada a completas a casi medianoche y después me cuenta.
Coincido con lo que escribe la Redacción, pero por proscripción médica diocesana no puedo dar nombres, je.
Saluti.

interpretatio dijo...

El verbo "abandonar" en el título de esta entrada me parece injusto. San Pío X no abandó siglos de tradición sino que contribuyó a ella.

Jorge Rodriguez dijo...

Estoy de acuerdo con el comentario anterior ¿porque "abandonar" en el título? También se podría haber puesto: San Pio X perfeccionó trece siglos de tradición. Desde el título ya se baja un sesgo.

De todas maneras, me parecen legítimos los cambios impulsados por Pio X. Opino que un papa (un papa verdadero, no un antipapa) puede realizar cambios en la liturgia mientras no afecte el depósito de la fe y el sacramento signifique la gracia que opera.
Si no llegaríamos al absurdo de que los papas de tiempos posteriores están sometidos a los papas previos o tienen menos autoridad, cuando, en mi opinión, están todos sometidos en igual grado al depósito de la fe.

Redacción dijo...

DRAE:

Abandonar.

2. tr. Dejar una ocupación, un intento, un derecho, etc., emprendido ya.

En este caso, dejar un orden del salterio vigente durante 13 siglos. Se dejó una tradición litúrgica más que milenaria.

Si el cambio fue perfectivo o no, es materia discutida por los especialistas y discutible en sí misma.

Maite C dijo...

Al anónimo sin nombre ni pseudónimo que dice:

"su posición es totalmente subjetiva y caprichosa"

No señor, mi posición es real y absoluta. Lo que ocurre es que no me dejo manipular.

Me reitero firmemente en mi comentario en el sentido en que San siempre debe escribirse con mayúscula. No tiene ningún sentido pasarlo a minúscula si no es con una intención concreta. Y seguro que la hay, no lo dude.

Redacción dijo...

Maite:
Nosotros empleamos las minúsculas sin ninguna intención concreta.

Junípero dijo...

Dice Anónimo Hermenegildo dijo...
Junípero: ¿qué porciones enteras han desaparecido o han sido reemplazadas en el Novus Ordo?
No creo que este sea el lugar para informarle lo que su pregunta pretende. En todo caso, cualquier buen libro sobre el particular -se puede comenzar con "El Drama Litúrgico" de Augusto del Río- desquitará cualquier duda. A título ejemplificativo le diré que el Ofertorio completo ha desaparecido del Nuevo Misal de Paulo VI, siendo reemplazado por una oración de presentación o bendición de las ofrendas de origen hebreo; le bastaría procurarse un Misal para fieles antiguo y el ordinario del Nuevo Misal para verlo con total claridad y comprender hasta qué punto la "Reforma" de 1969 fue cirugía mayor y no una puesta al día. Las oraciones al pie del altar del comienzo de la Misa tradicional también han sido suprimidas. Muchos podrán decir -y hasta con razón- que las oraciones al pie del altar y el último Evangelio no formaban parte de la Misa. Pero formaban parte del Rito romano de la Santa Misa. El embolismo que seguía al Padrenuestro fue reformado para suprimir la invocación a la "Beatísima Siempre Virgen María" que decía el sarcedote y se le agregó en cambio una invocación dicha por el pueblo. Hay más, que seguramente, Ud. podrá conocer y comprender en alguna buena obra.

Otra cuestión, mas no la que tratamos aquí, es si alguna clase de reformas eran necesarias en la Liturgia. Y un segundo paso, si la Sede Apostólica tiene autoridad para crear un rito nuevo a partir de otro anterior tenido por tradicional, supuesto que esto hayan sido las reformas de 1969/1971, tal cual lo sostienen reputadísimos liturgitas, como Mons. Claus Gamber.
continúa::::

Junípero dijo...

continuación:::::Y por fin, una cuestión completamente ajena al asunto tratado es si a cada uno de nosotros nos agrada la reforma, o no, como una Anónimo sugiere por ahí arriba. No nos interesa vertir aquí nuestro juicio personal en lo estético o sobre la oportunidad o la conveniencia de cada reforma; ni siquiera nos interesa el asunto en pues sería un debate inútil y baladí, pues opiniones puede haberlas tantas como seres humanos hay, entendidos o no, y eso no concluiría nada.

Sin embargo, sí es pertinente defender la tesis principal, esto es, que la "reforma" de San Pío X no viola la integridad de la Liturgia establecida por su antecesor San Pío V, en cuanto el Papa Ghisleri permitió expresamente la superviviencia de breviarios cuya antigüedad fuera anterior a 200 años en los cuales permitía modificar el orden del rezo del Psalterio, tal como he demostrado con el texto de la Regla de San Benito. Nunca, en ninguna parte, se consideró esencial el orden que debía tener el rezo de los salmos -salvo, acaso, algunos días de Vísperas, la hora principal del día. Sí se consideró importante y posiblemente esencial, que las horas canónicas fueran 7, que estuvieran distribuidas en Laudes, Vísperas y Completas más tres horas intermedias y los Maitines, o que se recitaran los 150 salmos en una semana. Jamás fue esencial el recitado de las Lecturas, que se fueron agregando paulatinamente con textos tomados de los Padres; tampoco eran esenciales los Himnos de la liturgia romana (conservados en las reformas de San Pío V y San Pío X) como tampoco lo fueron el himnario hispánico o mozárabe, o el canterburiano o el oriental, por citar solamente unos ejemplos. Ni fue esencial la conformidad de los tiempos litúrgicos del Breviario con los del Misal. La noción de invariabilidad que tenemos hoy en día no es exactamente la misma que tenían nuestros antepasados -que, dicho sea de paso, no eran necios- sino que tenían en mira la intangibilidad de la Revelación y la identidad litúrgica, amenazadas por la Reforma protestante y el siempre asechante peligro de la judaización; la cual finalmente se dió por un medio impensado y muy "científico". Pero eso es otra historia. En síntesis, que lo que después de Paulo VI denominamos "reforma litúrgica" -una verdadera recreación, supresión e invención de formas y textos- no lo creían posible los hombres de los siglos anteriores ni lo llevaron jamás a cabo. Por más que se le cargue la romana a Clemente VIII no logrará nunca probarse que anduvo toqueteando los Textos Sacros; jamás podrá hacerse. Y por más que se intente defender a los papas recientes, jamás podrá probarse que no han hecho algo que no había sucedido jamás en la historia de la Iglesia: modificar los ritos e inventarlos "ex nihilo".
Es todo.

Redacción dijo...

Junípero:
No es cuestión de entrar en disquisiciones semánticas, pero si puede hablarse de la esencia del breviario, de sus propiedades y accidentes, la reforma Piana del salterio puedo dejar inalterada la esencia pero afectar propiedades y no meros accidentes. Es cuestión discutida.
Parece innegable que implicó una modificación parcial del breviario, en los términos de la bula de s. Pío V, lo cual en sí mismo no es bueno, ni malo, sino un acto de la potestad pontificia que puede valorarse dentro de las reglas de una sana crítica.
Por último, cuando se dice que un hecho histórico sirve de precedente para otro, se habla en sentido análogo. En este caso, las semejanzas están más en la forma de proceder a la modificación e imponerla a la Iglesia, que en los contenidos reformados. Ciertamente la reforma de Pablo VI fue mucho más radical que la de s. Pío X.

Redacción dijo...

Sobre las críticas a la reforma piana, puede verse el cap. 2 del siguiente libro de A. Reid:

http://books.google.com.ar/books?id=QCO3Oc9C87wC&lpg=PA78&ots=HZQGdIlUga&dq=Alcuin%20Reid%20%22The%20Organic%20Development%20of%20the%20Liturgy%22%20divino%20afflatu&pg=PA73#v=onepage&q&f=false

Anónimo dijo...

Y no os acordais de la reforma de los Himnos hecha por el Papa Urbano VIII que hizo decir a los buenos "Accesit Latinitas et recessit Pietas " Vino la latinidad y se fue la Piedad ,hasta tal punto quedo deformado el venerable Tesoro de la Tradicion himnica para agradar a los oidos humanistas. Y fue prcisamente en la reforma liturgica de Paulo VI cuando se volvio a la tradicion. Vease Felix Arocena LOS HIMNOS DE LA LITURGIA DE LAS HORAS.
Cesar Baronio

Junípero dijo...

Me perdonaréis tanto tiempo de silencio, pero baste decir que no fue una ausencia voluntaria.
He repasado algo del libro digital que recomienda la Redacción y no hallo ningún argumento concluyente a favor o en contra de la Reforma de San Pío X, sino juicios -la mayoría adversos- de escritores contemporáneos sin otro fundamento que los calificativos que propinan. A lo sumo, se defiende el Psalterio Galicano por que habría sido abandonado pero que es, de hecho, el que se utilizó para confeccionar el Breviario de Pío X; recién se abandonaría en 1971. Se cita a liturgistas contemporáneos a San Pío X que indudablemente han caído bajo la influencia de las grandes corrientes de "crítica histórica" bíblica, la cual afectaría gravemente el texto de muchos Salmos, como se vería años después con el Nuevo Psalterio corregido en tiempos de y aprobado por Pío XII.
El problema de los Salmos no es pequeño, pues como Oración Litúrgica repite textos bíblicos conocidos pero sobre cuya redacción supuestamente auténtica, "científicos" más interesados que sensatos han lanzado toda suerte de dardos peligrosísimos. La aparición de los Rollos del Mar Muerto y las certezas sobre la temprana escritura del Evangelio proporcionadas por el P. O'Callaghan, S.J., han descoyuntado casi todo el armatoste pseudo-científico alrededor de las "ediciones críticas" de las Sagradas Escrituras, cuyo fin parece no haber sido otro que ponerlas en duda perpetua como fuente fidedigna de la Revelación.
Los Salmos, como es de suponerse, ocupan un lugar preeminente en este sospechoso tinglado; por eso, los ataques que sufriera en vida la vigorosa defensa que hiciera el Papa Pío X respecto a la autenticidad de las Sagradas Escrituras, no es ajena a este asunto. Los autores franceses que se mencionan en la obra referida no proporcionan argumentos sólidos, solo conjeturas subjetivas sin fundamento sólido; llamo fundamento sólido a exponer qué partes concretas del "Psalterio tradicional" habrían sido "abolida" o "sumariamente suprimidas" por Pío X. Porque los Salmos están todos, íntegros y sin retoques, lo cual no puede decirse de la reforma de 1971. Los Himnos -antiguos o no tanto, después de todo son un agregado medieval- están todos ahí. Las antífonas también, en su inmensa mayoría. Como he dicho anteriormente, solamente se han redistribuido las lecturas de los Salmos para hacer su lección más ligera y accesible, siguiéndose las reglas impuestas por San Benito en el siglo V. Pero de la Tradición, no falta allí nada.
Que los clérigos y comentaristas franceses se hayan sentidos contrariados por que el modelo de Breviario anterior -o mejor sería decir "los modelos", pues estaban en uso, entre la Liturgia Occidental y la Oriental, más de 50 ó 60 Breviarios distintos- era el de uso en las Galias, es comprensible, pero no es una herejía, ni un desacierto ni una traición. Hay que comprender que si la Restauración Litúrgica emprendida por Dom Guéranger fue precisa, ha sido por muchos siglos de disgregación en esa esencial materia. Y no poca culpa podrá distribuirse en la galicanización de la Curia romana y de la espiritualidad católica en general, con la profunda huella del jansenismo que supone y de la cual, muy a duras penas y con severas bajas (como el puritanismo pseudo-católico), salvóse la porción hispana de la Cristiandad.

Junípero dijo...

Continuación:::
Por desgracia, el asunto es mucho más vasto de lo que aparenta y no puede juzgárselo así de simplemente un antecedente o, menos todavía, un precedente para lo que surgió en 1969, pues abarca cuestiones tan cruciales y aparentemente remotas como si el texto masorético es auténtico o es una falsificación creada por los rabinos; o si por contrapartida, la Biblia de los LXX es la más auténtica de las versiones existente. Recuérdese por otra parte que la "reforma litúrgica del Concilio" estaba prácticamente agotada en 1966 con las diversas innovaciones (lengua vulgar, cara "al pueblo", supresión de oraciones al pie del Altar y del último Evangelio y de las Oraciones para después de la Misa, ornamentos más ordinarios, etc.) adoptadas -la mayor parte sin permiso verdadero- por Conferencias Episcopales (organismo que en sí mismo era toda una novedad) u obispos audaces o simplemente ignorantes. Pero el capítulo consumado con la sorpresiva sanción del "Novus Ordo" estaba fuera de todo cálculo y, por lo tanto, caía más allá de cualquier clase de precedente válido. La inmediata y posterior reforma del Psalterio, con supresión de Salmos y de innumerables versículos, pasó inadvertida en medio del anonadamiento de la reforma de la Santa Misa. Pero fue igual de incisiva y destructiva.
Me ofrezco a debatir el asunto cuanto gusten, aportando, si fuera el caso, los documentos respectivos.