martes, 3 de abril de 2012

La Teología de Andrés Torres Queiruga






 Como hemos sabido, por las informaciones leídas los últimos días, el presunto teólogo Andrés Torres Queiruga ha sido puesto en entredicho por la Comisión Episcopal para la doctrina de la fe de la Conferencia Episcopal Española. En efecto, tal comisión, gracias a los denuedos y proclamas del Sr. Director de Infocatólica y sus sesudas reflexiones acerca de la teología del teólogo gallego, no ha podido sino concordar con la sublimidad de sus reflexiones teológicas y decidirse por fin a lanzar el fulminante anatema. Por los comentarios que se vierten en el portal vecino no podemos dejar de esperar que el siguiente paso sea el endosamiento del sambenito a Torres, para que, previamente al auto de fe presidido por consejo editorial de Infocatólica, se pasee por las calles de las principales ciudades españoles, con régimen de pan y agua, orejas de burro, la lectura de todas las entradas escritas ad hoc por el director de infocatólica, sin dejar de sostener como hombre anuncio, sendos carteles, en los lombos y el tórax que lleven impresa la dirección electrónica de Infocatólica.
   Nosotros, dado que no estamos en tales alturas de pensamiento, preferimos desgranar sintéticamente el pensamiento del “teólogo” para que cada cual pueda juzgar adecuadamente  la nota de la referida comisión episcopal., así como para ilustrar a los lectores que desconocen el pensamiento del teólogo en entredicho.
-Revelación y progreso humano: La tesis que sirve de gozne a las dos obras más características del teólogo (“La revelación de Dios en la realización del hombre” y “Creo en Dios Padre”) establece una equiparación entre el proceso de revelación por parte de Dios, y la asunción de una conciencia humana emancipatoria que se rebela contra todas aquellas situaciones que desdicen de la condición propiamente humana. La Revelación consiste en “descubrir” a Dios en todo proceso humano orientado hacia la constitución de lo humano, su progreso y su enfrentamiento contra todo aquello que en el hombre pueda ser considerado como “malo”. Ese proceso es denominado “mayéutico”.
-Mayéutica y presencia del mal: En las situaciones humanas de postración, se puede dar una reacción que anhela un plus de humanidad, tras descubrir la presencia del mal. Ese desarrollo de la conciencia es puramente inmanente. Es un proceso de desvelamiento, en palabras de Torres Queiruga un “caer en la cuenta”, un desarrollo de algo que implícitamente el ser humano ya tiene dentro, cuyo desarrollo se fundamenta en esa estructura potencial del ser humano hacia su realización. De ese modo en el éxodo, el pueblo judío “caería en la cuenta” que en el Éxodo, Dios se habría manifestado junto a su pueblo contra el mal, la esclavitud, y esa presencia la habría descubierto a través del desarrollo de ese mismo proceso liberador. Vemos que el mal tiene una importancia decisiva en el proceso de desvelamiento. ¿Qué es pues el mal? Torres Queiruga tras pasar revista a las distintas concepciones religiosas y filosóficas sobre el origen del  mal –entre la que sitúa la interpretación clásica del pecado original- plantea un dilema. O Dios es omnipotente o es bueno. Si es omnipotente, quiere positivamente el mal –dado que lo permite- y a pesar de las justificaciones que puedan darse a tal actitud, Dios no podría ser bueno. Si es bueno, entonces no es omnipotente, pues su bondad le llevaría a erradicar sin más el mal del mundo. Torres se decanta por la segunda posibilidad, estableciendo un argumento de clara génesis leibniziana: Dios no puede acabar con el “mal” puesto que el mal es una condición de posibilidad de la cración. Dios para crear algo perfecto tendría que re-crearse a sí mismo, lo cual es imposible. Toda creación de Dios es limitada, es finita, y es finitud es el origen de las imperfecciones y disfunciones. Esas disfunciones son las que los seres humanos categorizan bajo el término “mal”. Ahora bien, Dios al hacer la opción de crear, considera que es mayor el bien que van a recibir sus criaturas, los hombres, que el mal que van a padecer debido a las disfunciones inherentes al mundo. Además, Dios “está” contra el mal junto al hombre. Ahí es donde se aprecia más claramente en qué consiste el progreso de la Revelación.
-Pre-pascual y post-pascual: Siguiendo con lo anterior, en Jesucristo se daría la plenitud de ese “estar” de Dios contra el mal junto al hombre. Sería la plenitud de una conciencia de la que se habrían dado pasos desde la autoconciencia del pueblo judío como la de un pueblo que cuenta con Dios en los avatares de su historia. Jesucristo mostraría cómo Dios está con el hombre frente a todas las experiencias negativas que ponen en entredicho su propia realización. La cruz sería la respuesta definitiva al problema del mal, en cuanto el Dios que se revela promocionando la autonomía del progreso y su autodesarrollo inmanente frente a las experiencias del mal y del dolor. En este punto se hace necesario clarificar lo relativo a la naturaleza de Cristo. Cristo iría descubriendo su propia divinidad en cuanto plenitud de lo humano. En palabras del teólogo :”Siendo tan humano sólo se puede ser divino”. Cristo no sería inmediatamente consciente de su divinidad y tampoco sus discípulos. Tan sólo después de la experiencia de la muerte de Cristo, y del re-pensar su vida a la luz de la experiencia post-pascual de los discípulos, éstos “caerían” mayéuticamente “en la cuenta” que es desde la vida de Jesucristo desde la que se puede entender toda la Revelación. Así, en los textos evangélicos –en paralelo con la distinción del “Jesús de la historia” y el “Cristo de la fe”- habría que discernir los textos que obedecen a los reales acontecimientos históricos de Jesucristo de los que reflejan las experiencias “post- pascuales”de la primera comunidad cristiana. Desde ahí, la mayor parte de los milagros, los fragmentos relativos a su divinidad, los relatos de la propia Resurrección de Cristo y las apariciones post-pascuales a los discípulos serían elaboraciones de la comunidad cristiana primitiva. La Resurrección no sería un hecho histórico, pero no dejaría de ser real. Torres Queiruga al establecer tal distinción entre realidad/historicidad puede evadir dialécticamente la acusación de “negador” de la Resurrección.
-Cristianismo y religiones: El cristianismo sería por ello la plenitud de lo humano en cuanto Dios es capaz de comunicarlo al hombre. ¿Qué sucede con las otras religiones? El cristianismo sería en efecto, la religión por la que Dios habría transmitido el mayor potencial de realización humana, pero esto no obsta a la “verdad” de las demás religiones. Para Queiruga todas las religiones son igual de verdaderas, pero no son todas igual de “veraces”. La “veracidad” se evalúa en función de la capacidad de representar el verdadero desarrollo de lo humano.
  Sólo una breve reflexión. Teniendo en cuenta este desarrollo “teológico”, sorprende que esa “censura teológica” –tan comedida y suave en sus términos, aunque Luis Fernando y Cigoña quieran hacer otra lectura- llegue cuando Torres Queiruga se ha jubilado de su actividad docente. Sorprende más todavía la dificultad para encontrar errores doctrinales de bulto en su trabajo. Lo difícil es no encontrarlos. ¿O no es sorprendente? La distinción entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe la toma Queiruga de Bultmann y de J.Jeremias, ampliamente citados por la crítica bíblica católica contemporánea; la cuestión del análisis que Queiruga hace de aquellos textos pre-pascuales y post-pascuales está en dependencia de los estudios del biblista católico Boismard sobre la formación de los Sinópticos; el tema de los milagros tiene como base bibliográfica explícita los conspicuos escritos del cardenal Kasper sobre los “Milagros de Jesús”. En el tema de la Revelación, Queiruga cita a Henri De Lubac, cuyo estudio sobre “Lo sobrenatural” especifica como pertinente para poder desarrollar su tesis. El desarrollo de la “mayéutica” tiene como referente bibliográfico a Karl Rahner, siguiendo su tesis de la capacidad trascendental del hombre como “Oyente de la palabra”, del mismo modo que desarrolla la relación entre religión y religiones sobre la base de la tesis rahneriana de los “cristianos anóminos”. Sin olvidar lo que dice la Gaudium et Spes, 26 sobre la relación entre desarrollo humano y Reino de Dios. Latourelle , Pannemberg, Schillebeecx son otros teólogos ampliamente empleados por Queiruga en sus análisis. Todos ellos teólogos ampliamente citados y empleados en la enseñanza católica en los seminarios. Rahner, De Lubac, Kasper…; La dificultad de condenar esos aspectos de la teología de Queiruga quizá venga dada por ser desarrollos  de esos padres-gurús del Concilio-postconcilio. ¿Miedo de incluirlos a ellos en la condena? Repitamos el dicho clásico: tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias.

17 comentarios:

Guy Crouchback dijo...

En general, en los seminarios y los obispados se considera que estos teólogos son "de vanguardia" y las condenas funcionan como condecoraciones.

Sinceramente se los tiene como unos "incomprendidos" que van haciendo camino. Por lo que creo que todo este tipo de censuras no sirve realmente para nada, sino, por el contrario, para darles mayor fama de la que verdaderamente tienen. Lo que se necesita es un esfuerzo intelectual de envergadura para una batalla que, lamentablemente, la Iglesia de hoy no está en condiciones de dar. O que, incluso, no sé si vale la pena dar.

Jordi Morrós Ribera dijo...

Copio una expresión de este post.

"decidirse por fin a lanzar el fulminante anatema".

La realidad siempre se puede ver desde diferentes perspectivas, y por lo tanto se puede interpretar como nota aclaratoria o como fulminante anatema. De toda esta lamentable historia a mí me ha gustado leer la nota que hizo pública el teólogo dominico que jugó el papel de "abogado defensor" durante la entrevista que Andrés Torres Queiruga mantuvo con los miembros de la citada comisión.

http://nihilobstat.dominicos.org/articulos/el-legitimo-pluralismo-teologico-de-queiruga

Anónimo dijo...

De las deficiencias y más que deficiencias filosóficas de Rahner fue un laico alemán, Lakebrink, gran especialista en Hegel, el que levantó acta por primera vez allá por el año 67; luego llegó la crítica del gran Fabro; también el párroco Beer mostró las reminiscencias hegelianas de Rahner. Claro los teólogos y parte importante de la jerarquía piensa que esta gente pertenece a un pensamiento marginal. Así nos luce el pelo.

Anónimo dijo...

¿Y de qué se extrañan? Si la sopa que sale de todos esos genios "teológicos" (incluyendo el "su propia divinidad en cuanto plenitud de lo humano") es sostenida por el mismo BXVI (perdón, Ratzinger) en "Introducción al Cristianismo", siempre re-editada y nunca corregida...

Miles Dei dijo...

El giro antropológico de Karl Rahner, señalado por Fabro, tiene el mismo origen que los derrapes de la nueva teología y en el fondo de toda la teología universitaria (con muy pocas excepciones) que se vio en el mundo en el inmediato posconcilio. Toda la teología de los sesenta para acá es teología fundada sobre el principio de inmanencia con la aprobación tácita del magisterio de la Iglesia en la mayor inhibición de sus funciones que jamás se haya visto. Es lo que generalmente se conoce como la asunción de los principios de la modernidad en el magisterio contemporáneo a raiz del Concilio y luego de un dejar hacer todo lo que se pedía.

Esta inemrsión en la inmanencia incluía a gran parte del discurso del magisterio contemporáneo a todos los niveles del mismo en que se dio. Aún donde se proclamaba una verdad dogmática el discurso que la rodeaba y adornaba venía con esa misma inmersión. A los fieles le llegaba de manos de las deformaciones del sacerdote de turno.

Con el advenimiento de Juan Pablo II, ese modo de exponer el dogma rondando la inmanencia se hizo metódico adoptandose en los eclesiásticos una distinción análoga a la de la izquierda y derecha hegeliana. Progres lanzados a la acción mesiánica y transformadora y neocones enraizados en los dictados de la voluntad de poder. Era obvio que algunos tendrían que rebelarse algún día contra tal sinrazón ajena a los principios de la filosofía perenne y el modo en el que siempre había actuado la Iglesia en lo intelectivo.

Benedicto XVI es alguien formado en todo este ambiente moderno, que creo intuye que hay un gran error de fondo, pero que carece de las bases filosóficas necesarias para afrontar la situación porque él mismo asume ese extraño postulado inculcado por el Concilio de predicar desde la inmanencia.

No en vano el primer principio de este magisterio moderno es pensar la Iglesia en lugar de vivir para ella y a su servicio. Y así reflexionan sobre como creen los hombres de hoy en lugar de proponerles lo que han de creer. Piensan sobre los hombres en lugar de ofrecerles la salvación pensando en custodiar lo que han recibido y deben transmitir. Así la condena de los errores no son sino diálogos con los teólogos y un pensar sobre determinada teología en lugar de un señalar lo que está bien y mal en ella.

En fin, que el desmadre es muy profundo, de hondo calado y muy dificil solución.

Los Infocatólicos, son camisas pardas, que no entienden ni de Hegel ni de Marx ni Nietzche sino de servir a los principios de los que les mandan tomando la calle y punto. Un día tendrán sus noche de cuchillos largos cuando hayan terminado de servir a esos intereses.

Flipper dijo...

Buen análisis. Un gran servicio, puesto que leerse el tocho de "La revelación de Dios en la realización del hombre” y “Creo en Dios Padre” da bastante trabajo, no digamos analizarlo con calma desentrañando su pensamiento. Como filósofo de la religión-recordemos que Queiruga es -o era, me parece que se jubiló- vale. Pero "teólogo"...

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

está muy bien el análisis de Miles.

Mary Lennox dijo...

Este muchacho es Hegel reloaded....
a donde vamos a para con tanta Mediación!

Genjo dijo...

Me resultan de sumo interés el artículo y los comentarios. Particularmente resalto la alusión de Miles a Benedicto XVI, en el que ve una prevención contra el "gran error de fondo" y cierta incapacidad para desvelarlo y refutarlo. Esa observación me permite entender mejor la perplejidad que me producen algunas afirmaciones del Santo Padre. También abunda en lo mismo la observación de Redacción sobre "Bultmann y de J.Jeremias, ampliamente citados por la crítica bíblica católica contemporánea". El mismo Benedicto XVI se incluye entre los que buscan apoyo en estos dos autores, sin notas críticas claras a sus posiciones teológicas. Encontrarse estas citas en un libro como Jesús de Nazaret, supuestamente dirigido al gran público, puede originar graves confusiones en los lectores que, como yo, no cuenten con una sólida formación teológica... y que no tengan acceso a infocaótica o a Miles para prevenirse.

Cesar Augustus dijo...

Sobre lo que menciona Miles acerca del inmanetismo en la Iglesia, encontré este artículo que habla algo del tema:

http://www.latinmassmagazine.com/articles/articles_2001_SP_Ripperger.html

Miles Dei dijo...

Muy bueno ese artículo, César. Digamos que es un resumen básico del estado de la cuestión asumible a cualquiera un poco formado.

A mi modo de ver lo expuesto en ese artículo tiene tres líneas de profundización que nos llevarían a una visión más completa del momento eclesial.

1) El antecedente histórico del inmanentismo teológico, que no está en el inmediato modernismo del siglo XX ni en el lejano Descartes, sino que va mucho más allá en el tiempo y en el que podemos ver la influencia de la pérdida del ser en la historia de la metafísica que corre pareja a la filosofía asumida por la teología (la novedad de Santo Tomás en este aspecto no es Aristóteles, sino el recuperar el ser en la metafísica usando de los instrumentos filosóficos de su tiempo) ya desde las posiciones del agustinismo o anteriores -por ejemplo Orígenes- y que se van colando lentamente en la Iglesia de mano de grandes escuelas que aun siendo ortodoxas ante el magisterio y usando del método escolástico van marcando una deriva a los que son formados en ellas.

2. La importancia a este respecto de la escuela jesuítica. No es en vano que Descartes fuera formado con los jesuitas. No ya solo al nivel teorético que se impone con la asunción de Suárez como maestro obligado, sino a nivel práctico impuesto con la ratio jesuítica y el nuevo modo de vivir el catolicismo militante (el elefante barroco de Ludovicus).

3. A la lenta deriva metafísica le sigue pareja no solo la teológica, sino la teologal. El principal punto a estudiar es la teología de la gracia y el modo de vivir la libertad en el católico en su vida espiritual. En realidad este punto resulta claro tras la profundización en los dos anteriores y confrontarlos con el problema formado en pleno albor de la modernidad con el protestantismo. La controversia de Auxiliis nos ilustra perfectamente el punto muerto que aparece ya hace cinco siglos, tan lejos de la tradición de la Iglesia y del modo de proceder de los antiguos, al que se llega en las cuestiones de gracia. Ese punto muerto, solucionado a base de voluntarismo y un mirar a otro lado quedará camuflado en lo que fue posteriormente la controversia jansenista, que durará prácticamente hasta la aparición del modernismo. Hoy recibe un nuevo impulso de manos de la banaliación de la gracia entre el semipelagianismo rampante de los nuevos movimientos y la tendencia a lo carismático que no es sino un remedo de las posiciones de Auxiliis llevadas al extremo y arruinadas ya del todo por la inmanencia.

Dentro de lo teologal tenemos la importancia de la desaparición de la liturgia tradicional objetiva como fuente de gracia y elemento real de contención del mal en la vida del cristiano. La inmanentiazación de la misma y su consiguiente disolución en el subjetivismo no lo podemos entender sino como parte de la desaparición de la acción del katejón que ha dejado al mundo indefenso al cerrar a tantas almas las fuentes de la gracia que son los sacramentos bien vividos.

Con esta profundización evitamos ese tonto echar la culpa al Concilio de todo. El Concilio mismo es un efecto y no una causa. Un efeto potente en cuanto aval de un modo de proceder, pero efecto al fin y al cabo de cosas que ya estaban viéndose dentro de la Iglesia.

Miles Dei dijo...

Les recomiendo analizar atentamente la homilia de la Misa Crismal del Papa para comprender la mente de BEnedcito XVI en cuestiones de gracia y la contradicción que subyace en dicha homilía similar a la de los congruistas sobre dicho tema.

De paso, y en ese mismo punto y sitio, podrán ver el gran interés que ponen en los documentos papales los neocones y no neocones que se han tragado una de las tergiversaciones más grandes de los documentos de Benedicto XVI en la tradución al español por parte de la Santa Sede.

¡Felz Pascua de resurrección!

Anónimo dijo...

¿Cuál es esa tergiversación de documentos de que habla, Miles?

Miles Dei dijo...

Pues cambiar "movimientos" por "momentos", ¿parece poco?


"Mirando a la historia de la época post-conciliar, se puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en momentos llenos de vida y que hace casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo" (Español de la Santa Sede)

"Chi guarda alla storia dell’epoca post-conciliare, può riconoscere la dinamica del vero rinnovamento, che ha spesso assunto forme inattese in movimenti pieni di vita e che rende quasi tangibili l’inesauribile vivacità della santa Chiesa, la presenza e l’azione efficace dello Spirito Santo" (Italiano de la Santa Sede)

"Wer auf die Geschichte der Nachkonzilszeit hinschaut, der kann die Dynamik der wahren Erneuerung erkennen, die in lebendigen Bewegungen oft unerwartete Gestalten angenommen hat und die unerschöpfliche Lebendigkeit der heiligen Kirche, die Anwesenheit und die Wirksamkeit des Heiligen Geistes geradezu greifbar werden läßt." (El alemán de la Santa Sede)


En fin ustedes verán. El Papa sigue en su tónica carismática que ve en los "movimientos" la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Para algún traductor esto se convierte en "momentos" del Espíritu.

El congruismo rampante no deja de mostrar su contradicción entre esa humildad del grano de mostaza que dice ser el criterio y el premiar como algo del Espíritu a lo que conruentemente se muestra como una gran acción eclesial viva (grande y llena de prosélitos que funcionan a una según les mandan)

EL tema da mucho de sí, aparte de la tergiversación. Es la contradicción clásica de Auxiliis del don interno y los auxilios eficaces (el Papa habla de eficacia) de la gracia que se da a quien y como quiere con aquel que solo parece haberse dado a los que muestran gran acción externa en esta vida.

Muy carismático, muy ratzingeriano, muy juanpablista, muy congruista, muy jesuítico... Muy interesante para un análisis dogmático.

Y desde luego una pena como se leen los documentos papales sin formación alguna de modo que el trasfondo de palabras no llama la atención y con ellos se pretende hacer dogma de cosas que son totalmente opinables por mandato expreso de la Santa Sede (por ejemplo el no aceptar la doctrina congruista de la gracia sobre todo en orden a medir los frutos).

Miles Dei dijo...

Si alguno no entiende la sutilidad de hablar de "momentos" (del Espíritu) en "la dinámica de la verdadera renovación" eclesial pues que se vaya a dar un paseo por la filosofía de Hegel.


"Estas formas no sólo se distinguen entre sí, sino que se eliminan las unas a las otras como incompatibles. Pero, en su fluir, constituyen al mismo tiempo otros tantos momentos de una unidad orgánica, en la que, lejos de contradecirse, son todos igualmente necesarios, y esta igual necesidad es cabalmente la que constituye la vida del todo."

(Hegel, Fenomenología del Espíritu, prologo.)

Hay muchas implicaciones de fondo que permiten descubrir esa mente ratzingeriana capaz de juntar opuestos en el fluir eclesial de modo carismático. Quizás no sea tan tergiversado lo de haber elegido ahí momentos. Sino algo hecho con toda su intención.

Anónimo dijo...

"el presunto teólogo"..."seudas reflexiones".....sólo al leer el inicio del texto se puede notar la parcialidad y la falta de objetividad de quien lo escribe. El presbítero Andrés Torres no es "presunto", es un teólogo y sus reflexiones son tan válidas como las reflexiones de quienes lo critican...No está fijando doctrina ni juzga como falsa la doctrina oficial de la Iglesia, simplemente hace un ejercio de repensar la fe, lo cual es muy válido y respetable....

Anónimo dijo...

sin embargo más que teólogo parece un RETOR...