lunes, 8 de mayo de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (III)



Mi querido Orugario:
Me informan que todavía no has llegado a forjar la psicología del inquisidor en los tradis que te han sido encomendados. Tienes que ser más diligente en tu oficio. Ya sabes lo que te hará el Supremo si no tienes éxito…
Pero al menos has conseguido en ellos un celo espúreo, amargo y altanero, fruto de su búsqueda ególatra. Es un paso… Sin embargo, debes apuntar a más: fomentar en ellos la rabies theologica. Que la destemplanza en anatematizar al prójimo, que consideran «heterodoxo» y «traidor», sea vista como signo inequívoco de «virilidad» y «celo apostólico».
Si nuestro Enemigo quiere una verdad en caridad (Ef. 4,15), tú debes lograr que los tradis se guíen por esta máxima: verdad contra caridad. Con amargura y altivez, que la pasión se revista de celo; que la agresividad se libere de modo catártico; y que el temperamento inquisitorial encuentre en la «defensa de la santa fe» una excusa para justificar odios, calumnias y condenas sumarias. Que por el afán de vencer y humillar, ni siquiera en caso de duda se pongan en el lugar del «reo». Por el contrario que sintiéndose confirmados en gracia y ortodoxia presuman el error en los demás, sin que les importe saber si su sospecha tiene fundamento.
Ya sabes que «el temor de Dios» es para los hijos de nuestro Enemigo un «don». Pues bien, debes apuntar a que nuestros tradis quieran ocupar, inconscientemente, el lugar de nuestro Enemigo. Que siembren miedo en sus «reos»; que sientan el placer de ser temidos; y vivan ese temor como una forma de «poder» sobre sus adversarios, aunque sólo sea  un poder extorsivo.
En fin, que todos los medios se justifiquen con el pretexto de que se emplean para defender a Dios.
Tu cariñoso tío,

Escrutopo.

3 comentarios:

Lefe Estepario dijo...

Abba Poimen y Simeón el Nuevo Teólogo decían que no servía edificar la casa del prójimo destruyendo la propia, pues a la larga no se construye nada.
Lo que la nueva pastoral denomina “espiritualidad intimista” o “autorreferncialidad” es en realidad el único camino para edificar al prójimo y llevarlo a la santidad. Si no pensamos en Dios y cuidamos nuestros pensamientos y actos cotidianos para den testimonio, lo demás es, en el mejor de los casos, burda teatralidad y en el peor, el fariseísmo odioso que Castellani combatió por años.

Fraile Medio dijo...

Los sutiles lazos del tentador se pincelan como en un cuadro impresionista.

Una serie de entradas muy recomendable para el examen de consciencia y el discernimiento espiritual.

Anónimo dijo...

Eso en la Argentina católica mistonga no existe.En el nacionalismo católico tampoco. En el tradicionalismo menos...La Caridad acompaña la Verdad y esta el respeto por la libertad de las conciencias. Si no pregunten por lo amable que fueron tratados esos calvinistas y cipayos del Instituto Acton hace dos semanas. Se les opuso a la agresión injuriosa la invitación a una noble Disputatío.Claro, ellos no aceptaron porque ya se sabe, con integristas no debaten. O recuerden la caridad con la cual hace años los Ku- Ku trataron a la FSSPX. O esta a Juan Pablo II. En fin, que esos demonios por aquí no han aparecido. Realmente estamos confirmados en gracia y ortodoxia desde el Congreso Eucarístico de 1934. Lastima que el Cura Loco dijera lo contrario. Pero ya se sabe, era un cura sabio... pero loco. Tanto que hasta tenía amigos zurdos...Hay de todo en la Viña del Señor...

Xavier De Bouillon