lunes, 13 de marzo de 2017

Cuatro años después: Reflexiones sobre un Pontificado sin precedentes


Cuatro años después: Reflexiones sobre un Pontificado sin precedentes
Por Steve Skojec . 11 de Marzo de 2017
El día 13 de Marzo de 2013, estaba en mi oficina, sentado, mirando hacia mi pantalla viendo cómo un nuevo Papa – un hombre a quien nunca había visto antes de ese momento – Salía a la logia de la Basílica de San Pedro. Yo nunca había oído hablar de él. Ni siquiera sabía su nombre. Como la mayoría de los católicos, que se había acercado al cónclave con un sentido anticipación de la esperanza. Pero la sensación que tuve cuando vi al hombre que la Curia había elegido era sorprendentemente fuerte. Era una sensación de miedo, de frío como el hielo. Mientras lo observaba, de pie, mirando a la multitud, escuché siete palabras en mi mente claramente, de forma espontánea: “Este hombre no es amigo de la Tradición”.
Era una frase extraña. Por extraño que sea su enunciado. Siempre lo supe, con tanta seguridad como cuando uno sabe que la voz de quien les habla en una habitación callada no es la suya, la seguridad de que este pensamiento no era mío, sino algún tipo de incitación externa. Sería imposible para mí incluso, el intentar hacer una evaluación de este tipo, ya que no sabía prácticamente nada sobre este hombre, este cardenal argentino Jorge Bergoglio.
Soy ajeno ciertamente a las minucias de un traje o vestimenta eclesiásticos. No puedo, por lo tanto, afirmar que este sentimiento arraigado se basaba en la observación de alguna desviación evidente a partir de los protocolos de la elección papal. No me di cuenta, por ejemplo, que optó por no llevar la mozetta papal. No estaba sacudido por su inusual saludo de la multitud con un “buenas tardes”, en lugar de algo espiritualmente más profundo. No puedo decir si recuerdo haber escuchado en esos primeros momentos, que se trataba de un jesuita. Para ser honesto, puede muy bien no haber notado estas cosas, incluso en circunstancias normales, pero estas no eran circunstancias normales. Mi impresión era de algo que se llevó a cabo a un nivel visceral en la elección de este hombre. Y la sensación era tan fuerte, que me distrajo de todo lo demás.
Había algo en su rostro. Algo en la forma en que se quedaba mirando a la multitud reunida ahí abajo. Había algo… malo en sus ojos. Lo que vi – lo que me pareció ver – era algo distinto, que sale a través de esa máscara difícil de descifrar. Una mirada algo triunfante, altiva, desdeñosa, mirando de reojo finalmente, mirando desde lo alto en un una batalla larga y reñida. Era muy extraño.
Cuando miro al pasado, en la foto de ese momento, puedo ver que no había ninguna expresión perceptible en su rostro. Lo que vi fue, creo, no tanto algo físico, sino más bien una visión espiritual. Me llamó la atención, y a riesgo de sonar redundante, era como una experiencia sobrenatural. Yo estaba tan nervioso, que hasta tuve que reprimir una oleada de ganas de vomitar.
Hice alusión a estas cosas, meses más tarde cuando empecé a escribir, después de haber hecho un gran esfuerzo para darle a Francisco el beneficio de la duda, acerca de por qué su papado ya estaba lleno de señales de advertencia. Muchos se burlaron de mí en aquel entonces, como si esto fuera sólo una fantasía que yo había conjurado (¿por qué razón habría querido hacer tal cosa?, no podía esperar para explicarlo.) Pero desde entonces he oído de muchas otras personas que también habían tenido la misma reacción inicial  tan inesperada extraña. Desde el primer momento, a pesar de que con dificultades he intentado hacer mis impresiones a un lado y dejar que prevalezca la razón, lo sabía, al igual que tantos otros católicos en lo que he llegado a pensar que es como una señal de la gracia. Una advertencia de Dios: esto será un papado de terribles consecuencias.
Cuatro años más tarde, me veo confirmado en el conocimiento de estas cosas. No a través de la persistencia de un sentimiento, sino por una preponderancia de la evidencia. Si 2016 fue el punto de inflexión, 2017 es el año de la ruptura. Amoris Laetitia subió la apuesta de la batalla por el alma de la Iglesia al nivel que incluso los ultramontanos más acérrimos – los honestos, – se ven obligados a admitir que nos encaramos ante un grave problema. Si considero algo tan significativo como una, discutiblemente herética, exhortación apostólica que da lugar a los sacramentos para dar la voz alarma, también ha habido innumerables ejemplos menos publicitados de la heterodoxia desde esa fatídica noche hace cuatro años que deberían despejar cualquier duda acerca la gravedad de la crisis. Nuestros intentos de documentar estas cosas aquí, aunque incompletos, han abarcado cientos de páginas. Queda más allá del alcance de un solo artículo el poder tratar un amplio resumen de los momentos más preocupantes de los últimos cuatro años, sin embargo trataremos de citar algunos de los eventos más memorables para la atención del lector a continuación. Francamente debe de estar por encima de cualquier recurso humano el poder causar tanta confusión y tanta distorsión en un período tan corto de tiempo. Ha sido el demonio tal vez, después de todo, no es una criatura de fuerza bruta, pero sí un maestro de la sutileza y la seducción, más que dispuesto a hacer uso de los instrumentos a su alcance.
Cualquiera que sea la procedencia de esta insurgencia en el seno mismo – y cabeza – de la Iglesia, nos encontramos en un momento de caída libre. Para aquellos que no están convencidos, es probable que no haya ninguna cantidad de pruebas que pudieran cambiar su opinión. Cada quien ha tomado su partido. Se dibuja la batalla. La fase inicial de engancharse ha concluido.
La escalada de una Agenda
Uno de los momentos más importantes de la revelación en el pontificado de Francisco tuvo lugar durante una entrevista con el amigo y escritor papal fantasma monseñor Víctor Manuel Fernández, en Mayo de 2015:
El Papa va lento porque quiere estar seguro de que los cambios tendrán un impacto profundo. Un ritmo lento es necesario para garantizar la efectividad de los cambios. Él sabe que hay quienes tienen la esperanza de que el próximo Papa pueda revertir todo. Si se va despacio es más difícil poder echar para atrás todo después. “El entrevistador entonces procedió a preguntarle si es imposible ayudar a sus adversarios cuando saben que Francisco dice que su papado podría ser corto. Fernández respondió: “El Papa debe tener sus razones, porque sabe muy bien lo que está haciendo. Él debe tener un objetivo que no entendemos todavía. Usted tiene que darse cuenta de que su objetivo es la Reforma, que es irreversible. Si algún día el Papa siente que se le está acabando el tiempo y que no tiene tiempo suficiente para hacer lo que el Espíritu le está pidiendo, puede estar seguro de que va a acelerar. [Énfasis añadido]
Estas observaciones, hechas hace casi dos años, presentaron una visión temprana de la estrategia que ha impulsado el programa hasta el momento. “Esa reforma es irreversible” es en sí mismo un tema que se ha repetido por otros colaboradores papales cercanos. El cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha utilizado estas mismas y exactas palabras en enero de 2015. Nos han estado diciendo sus intenciones. Muchos simplemente no han estado dispuestos a creer que en lo que dicen ellos. Lo que esta “reforma irreversible” ha resultado ser es nada menos que una grave e intencional distorsión doctrinal, un enfoque herético para la comprensión católica del pecado y de los sacramentos, la ruptura de las estructuras existentes, las normas, los límites y las instituciones, dando como resultado una confusión que produce cáncer en el Cuerpo místico de Cristo con consecuencias eternas para las almas.
Uno se ve forzado a preguntarse: Si Satanás en persona planeara un asalto desde el interior de la Iglesia, ¿Qué diferencia habría de lo que estamos viviendo hoy en día?
Hace dos años en aquel tiempo de esta entrevista, el arzobispo Fernández habló acerca de la respuesta favorable del público hacia la agenda de Francisco:
Primero, el Papa llenó de multitudes la plaza de San Pedro y entonces comenzó a cambiar la Iglesia. Cuando se le preguntó si el apapa estaba aislado en el Vaticano, respondió: “De ninguna manera, la gente está con él [Papa Francisco], y no con sus adversarios”.
Ya por la época de sus comentarios, sin embargo, las cosas empezaban a cambiar. En 2015, las multitudes papales ya comenzaban a disminuir en tamaño. Y mientras, aquí en Estados Unidos, al menos, que se ha demostrado que han movido la aguja en temas como el cambio climático y sentimientos favorables hacia el catolicismo liberal, no hay evidencia de que se haya atraído más gente a la Iglesia. La generación del milenio, en particular, siguen alejándose, incluso cuando expresan afecto por el enfoque de liberalización del Papa a la doctrina. Y la vida religiosa – no saludable en ninguna manera previo a la elección de Francisco – parece estar causando incluso daños más graves. El propio Papa ha lamentado la “hemorragia” de sacerdotes y monjas que se alejan de la Iglesia, pero parece completamente inconsciente de su propia responsabilidad en la salida de éstos – todo un historial que lo sigue desde su Argentina natal. Como el P. Linus Clovis de la familia dijo Vida Internacional en una conferencia en 2015:
El Efecto Francisco consiste en desarmar y silenciar a los obispos, sacerdotes y fieles católicos. Mantenerse firme en la doctrina y práctica católicas parece un acto de deslealtad al papa, sin embargo aceptarlo es traicionar a la Iglesia.
En un artículo de opinión en el New York Times en septiembre pasado, Matthew Schmitz llevó las cosas más allá::
[Francisco] Describe a los párrocos como “pequeños monstruos” que “arrojan piedras” a los pobres pecadores. Se ha dado a los funcionarios de la Curia el diagnóstico de “espirituales del Alzheimer.” Reprende a activistas pro-vida por su “obsesión” con el aborto. Ha dicho que los católicos que ponen énfasis en asistir a misa, frecuentan la confesión, y recitan oraciones tradicionales son “pelagianos” – personas que creen, heréticamente, que pueden ser salvadas por sus propias obras.
Tales acusaciones desmoralizan a los fieles católicos sin dar ninguna razón a los alejados para volver. ¿Por qué unirse a una iglesia cuyos sacerdotes son pequeños monstruos y cuyos miembros gustan de arrojar piedras? Cuando el mismo Papa pone estados de espiritualidad interior por sobre la observancia ritual, hay pocas razones para encaminarse a la confesión o despertarse para ir a misa.
Francisco a construido su popularidad, concluye Scmitz, “a expensas de la Iglesia que dirige”. Y parece que ahora, las reservas de buena voluntad se han agotado, esta es una realidad que lo ha alcanzado.
Con años de una resistencia en aumento que se ha esparcido desde las preocupaciones de algunos fieles hasta llegar a altos niveles dentro de la Iglesia, la situación de la realidad en el 2017 es por lejos my diferente de lo que era en 2015. Francisco ya no es ese “respiro de aire fresco” como se le percibió alguna vez. En cambio, su discurso imprudente en una cadena incesante de entrevistas y discursos altera a los fieles. Su regaño constante hacia aquellos que simplemente tratan de vivir devotamente su catolicismo se combina con una energía aparentemente ilimitada para la innovación, la auto-contradicción, y cambia a la gente que ha tratado de darle una audiencia justo sentido a lo que dice. Incluso algunos de los comentaristas católicos más pacientes han llegado a la ineludible conclusión de que este papado se describe más acertadamente como “desastroso”.
Por esta razón, hay que recordar que el objeto de nuestro trabajo no es más que el dominio de los asuntos humanos. Nada menos que el mismo Dios está calculando las fuerzas en esta batalla por la Iglesia Católica, y si no podemos ver a través de la niebla la guerra que ya está al alcance de nuestra mano, podemos confiar en nuestro Comandante omnisciente, quien nos dará la orden para marchar hacia la lucha que está por venir.
No se equivoque: los días de este papado están contados – y ya que se desvanece, el peligro que representa para la fe sólo aumentará. Tomará décadas para deshacer el daño que ya se ha hecho. Con menos que perder y mucho todavía por ganar, Francisco y sus aliados ya no pueden contenerse – sobre todo cuando no puede haber ninguna garantía de un sucesor de ideas afines en el próximo cónclave. El tiempo para cimentar un cambio irreversible en la Iglesia es ahora.
Atrás han quedado los días en que nuestra misión principal era convencer al mundo católico de que hay un problema. El problema ha sido reconocido por los que tienen ojos para ver, y como tal, a los guantes, debemos darnos cuenta que somos David para el enemigo, Goliat. Con cardenales oponiéndose a cardenales, obispos contra obispos – y los fundamentos de la creencia católica como objeto de discordia – la Iglesia como la conocemos, es poco probable que sobreviva en una sola pieza.
Prepárense. La verdadera guerra está a punto de comenzar.
Traducción de Como Vara de Almendro [aquí]


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Con el debido respeto, por lejos, esta es la peor entrada que he leído en este blog. Puedo estar o no de acuerdo con lo que su autor opina acerca del papa Francisco y su gestión, pero creo que sus "visiones espirituales" y "experiencias sobrenaturales", acompañadas ellas con llantos e intentos de expulsión violenta y espasmódica del contenido del estómago, son conductas más propias de un vidente charlatán o de una esquizofrénica embarazada. El estilo lacrimógeno del autor no se condice para nada con la forma con que regularmente se tratan las materias en este lugar.
Saludos cordiales.
Marcelo.-

Man With No Name dijo...

a mi por el contrario este articulo me parece excelente por su demoledora argumentación sobre el espantoso pontificado de bergoglio. y por cierto, la cobarde falacia ad hominem como la usada por el anonimo del 14 de marzo de 2017, 5:40 no sirve para refutar inteligentemente planteamientos ajenos.

Nicky el friqui dijo...

Abundo en lo que dice Marcelo. La secta católica en la que yo me formé inhibía concienzudamente el uso natural de la razón entre sus adeptos, pero para compensar esta deficiencia, nos inculcaba la convicción de que estábamos dotados de un don del Espíritu Santo llamado «nariz católica», que nos asistía para discernir con facilidad y acierto cualquier espíritu que confrontásemos. Lo más importante de la «nariz católica» era que no guardaba relación alguna con la inteligencia, sino que actuaba mediante impulsos irracionales, quedando así de manifiesto su inspiración sobrenatural. El autor o autora de este texto parece muy segura de gozar de una asistencia divina de este tipo, pero ya no residenciada en la nariz, sino en en el estómago, o en una región aún más baja de su anatomía.

Esa manera de razonar, que otro comentarista llama «argumentación demoledora» merece figurar en el elenco de falacias lógicas con la designación de «argumento ad stomachum o ad úterum».

Por cierto que recientemente he tenido ocasión de oír a algún católico nasal (o uterino) que descalificaba al cardenal Burke con el inapelable argumento de que transmitía la imagen de un hombre «huraño, esquivo y esquinado». Un argumento muy semejante al utilizado aquí para impugnar a Bergoglio en función de los movimientos estomacales que experimentó esa vidente al verle aparecer en la loggia de San Pedro.

Pese a que yo no he sido bendecido con revelaciones privadas ni otras formas de inspiración divina, tampoco les quiero privar a ustedes del «testimonio» de mi propia experiencia en la fatídica buona sera del 13 de marzo de 2013. Aunque soy español, yo sí estaba por entonces bastante enterado de quién era Jorge Mario Bergoglio gracias a la lectura de medios católicos argentinos como el Wanderer, Panorama, Cabildo y este mismo blog. Sabía que era un hombre de mente modernista y progresista, perseguidor de la misa tradicional y del uso de la sotana entre su clero. Que había promovido sistemáticamente a los peores candidatos para las mitras y cargos de gobierno eclesiástico. Sabía algo de la intervención de las Hijas del Divino Salvador. Y del ambiguo papel que jugaba en la política de su país, desalentando siempre la acción de los católicos a favor de la vida y la Ley Natural. Así que cuando oí pronunciar su nombre al cardenal protodiácono, me formé una muy mala expectativa de lo que podía ser su pontificado. Una expectativa puramente racional que ha sido confirmada y superada por los hechos de estos cuatro años.

Martin Ellingham dijo...

Lo de la reacción visceral es una estupidez. No es argumento de nada. Pero si se trata de una simple anécdota personal que luego viene confirmada por argumentos racionales, la cosa toma otro color.
Saludos.

Anónimo dijo...

Yo sentí la misma reacción visceral cuando lo vi aparecer en la logia, y conozco varios que sintieron lo mismo, y no me parece ninguna estupidez.....

Anónimo dijo...

Confieso que sentí exactamente lo mismo. Con la única diferencia que yo sí sabía quien era ese hombre vestido de blanco que salió al balcón.

Alfonso

Anónimo dijo...

En qué interfiere para con el texto las ganas de vomitar del autor cuando ve aparecer la extraña y siniestra figura del fantoche? Ante la primera visión de Betgoglio es más comprensible tener ganas de vomitar que la de dar saltos de alegría. Hay gente que perciben el Mal y se ponen nerviosa. Y otros que se limitan a criticar esa visión.



Tigretón