viernes, 26 de abril de 2013

Clericalismo liberal


Alejandro Chafuen es un notorio promotor del liberalismo económico. Para tal fin, escribió un libro en el que trata de demostrar que la Escolástica Española es fundamento y antecedente del capitalismo liberal. Publicamos hoy parte de una reseña al libro de Chafuen, realizada por un especialista en el pensamiento económico de los escolásticos españoles, que da algunos elementos para prevenirse de una manipulación ideológica.
La Editorial Rialp, S. A., acaba de publicar el libro de Alejandro A. Chafuen, «Economía y Etica»: Raíces cristianas de la economía de libre mercado, con una Presentación de D. Rafael Termes y Prólogo de la edición original por Michael Novak. Se trata de la traducción del original inglés, cuyo título, exactamente, dice así: Christians for Freedom: Late Scholastic Economics, Ignatius Press, San Francisco 1986. Como puede apreciarse, el título inglés no coincide exactamente con el castellano, pues no es lo mismo estudiar el pensamiento económico de la última escolástica, sea éste cual fuere, que buscar en dicha escolástica «las raíces cristianas de la economía de libre mercado». Sin embargo, y como se nos dice en la Presentación del libro (p. 9), nos hallamos ante «un texto en castellano debido al propio autor, lo cual garantiza... la fidelidad al pensamiento original del escrito». Esta diferencia entre el título original y la traducción castellana me parece importante, por lo que la comentaré brevemente.
Que nos podemos referir a los escolásticos tardíos llamándoles «Christians for freedom» es algo sobre lo que no me cabe la menor duda, como tampoco pongo en duda que la defensa de la libertad esté presente en los análisis económicos de estos escolásticos. Lo que sí pienso que puede dudarse razonablemente es que, como se pretende en el libro que comento, esa defensa escolástica de la libertad coincida con la que hoy se hace del libre mercado como sistema económico. Ciertamente, el sistema de libre mercado es una forma de defender la libertad, pero no la única, y habría que demostrar que es esa forma la que desarrollaron los doctores escolásticos en sus escritos económicos. Naturalmente, se me podrá decir que no se defiende una coincidencia exacta, sino sólo la existencia en las obras de los doctores de las «Raíces cristianas de la economía de mercado». Esta explicación plantea un problema que en las últimas décadas se ha discutido mucho por los filósofos de la ciencia: el problema de si el pensamiento científico avanza en continuidad o por «revoluciones científicas».
El autor con a F. A. Hayek.
[Con los autores del pasado, a veces] Seleccionamos y reproducimos sus textos, sus palabras, pero cada uno las interpreta «según el mundo de imágenes que en él viven»; por eso las citas sirven más para la polémica ideológica que para avanzar en el conocimiento científico del pensamiento escolástico. Confieso que esa es la impresión que me ha producido la lectura tanto de la «Presentación», de D. Rafael Termes, como del «Prólogo de la edición original», de Michael Novak; se busca más la defensa del liberalismo económico actual que un conocimiento científico del pensamiento escolástico y su defensa de la libertad en el campo económico. Como se nos dice en la «Presentación», con la traducción se busca difundir «para los pueblos de habla hispana» la tesis de que «no hay incompatibilidad entre cristianismo y economía de libre mercado» (p. 10). También parece ser esta la intención del Dr. Chafuen al escribir el libro, puesto que, como él mismo reconoce, su estudio «está dirigido a todas aquellas personas, católicas o no, que creen que el libre mercado es incompatible con el cristianismo» (p. 25). Sin duda, ese es «el sentido y valor» que para los señores Termes, Novack y Chafuen tienen las palabras de los doctores escolásticos; y quizá por eso se ha traducido el libro al castellano tan rápidamente.
El Dr. Chafuen advierte que «El pensamiento económico de los autores católicos se halla íntimamente ligado a su pensamiento ético, filosófico y teológico», y me alegro de coincidir con él en esta observación; en lo que no puedo coincidir con él es en la conclusión que saca al afirmar: «Por tanto, al estudiar sus ideas económicas estaremos también estudiando parte de su ética, parte de su filosofía y parte de su teología» (p. 26). Mi opinión es exactamente la contraria: para estudiar las ideas económicas de los doctores escolásticos previamente hay que conocer su filosofía, su antropología, etc. De lo contrario corremos el riesgo de atribuir a los conceptos económicos significados distintos a los que tuvieron para los doctores. Pienso que es lo que sucede cuando, como veremos en el libro del Dr. Chafuen, se prescinde del «contexto» filosófico escolástico para entrar directamente en el pensamiento económico: ¿Es lo mismo el concepto de dinero para un autor nominalista que para otro empirista? ¿Tan claro es que el precio de equilibrio en el mercado es lo mismo que el precio justo de los doctores? ¿Acaso no se identifica el primero con un precio que necesariamente se alcanza en el mercado y el segundo con un precio que depende del uso que se haga de la libertad, y del que se hace responsable al individuo, no a las leyes necesarias de la economía?
En mi opinión, y también puedo estar equivocado, el Dr. Chafuen ha buscado en los doctores escolásticos respuesta a un problema que ellos no se plantearon: la compatibilidad entre cristianismo y libre mercado o, visto desde el otro extremo, entre cristianismo y socialismo. En los siglos XVI y XVII no podían pensar los doctores en términos de alternativa entre esos sistemas, pues aún no existían en la conciencia social como hoy existen. Sí se conocía la problemática sobre la libertad humana, sobre la propiedad privada, sobre el precio legal y el precio natural, sobre los impuestos, etc.; pero las controversias sobre esos problemas ni cuestionaban ni legitimaban el sistema socio-económico, sino la moralidad de unas determinadas conductas y la conveniencia o no de unas determinadas leyes. Melchor de Soria, por ejemplo, podía discrepar de Luis de Molina en cuanto a la conveniencia o no de tasar el precio del trigo, pero en ningún momento discute la necesidad de cambiar el sistema socio-económico. Sí se plantearon la posibilidad, e incluso necesidad, de matar al tirano que gobierna contra la sociedad, pero no porque en la autoridad personificaran un determinado sistema socio-económico, sino porque en ella veían una conducta extremadamente inmoral.
Tomado y adaptado de:

Gómez Camacho, F. "¿Raices cristianas de la economía de libre mercado?", en rev. ICADE, nº 23, Madrid, pp. 169-173.

31 comentarios:

Miles Dei dijo...

Supongo que este hombre se refiere a la segunda escolástica. Huerta de Soto ha tratado el tema en un artículo muy ilustrativo enfocado sobre la teoría bancaria que sirve para comparar:

http://www.ilustracionliberal.com/11/la-teoria-bancaria-en-la-escuela-de-salamanca-jesus-huerta-de-soto.html

En la nota 6 del artículo se da una muestra de los autores que han abordado el tema, incluyendo a Chauffen.

El problema es que ciertamente se puede encontrar en los escolásticos planteamientos de problemas nuevos respecto a la economía medieval que son los mismos que se darán después, pero de ahí a que sean los precursores o los promotores del libre mercado hay un trecho que es la trampa en la que nos mueven estos autores.

Martin Ellingham dijo...

Miles:
Totalmente de acuerdo. Conozco a un erudito estudioso de la Escolástica Española justamente indignado con este uso ideológico liberal.
Saludos.

Martin Ellingham dijo...

Me hace gracia la expresión "raíces cristianas". ¿Acaso un apóstata no tiene "raíces cristianas"? ¿Es que una mutación genética no puede hacer que un árbol dé frutos venenosos?

Anónimo dijo...

No nos olvidemos del asunto del préstamo con interés contemplado como usura:

"Usury in Christendom. The mortal sin that was and now is not."

http://revisionisthistorystore.blogspot.com.es/2010/03/michael-hoffmans-online-revisionist.html

Michael A. Hoffman habla de su libro:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=UpzwLSun_Zo

Así pues, León X, Benedicto XIV, Pío VIII, y Benedicto XV (Código de Derecho
Canónico de 1917) habrían sido los principales responsables de que las
leyes canónicas hubieran ocultado que la ganancia de dinero producto de
la especulación con dinero es pecado mortal.

Ante el avance del socialismo y del capitalismo salvaje, León XIII ordenó preparar la redacción de "Rerum Novarum". Durante más de siete años, un nutrido grupo de afamados catedráticos del Imperio Austro-Húngaro redactaron la encíclica, en la que incluyeron el
magisterio tradicional de que la ganancia de dinero producto de la
negociación con dinero es un acto comparable al asesinato y, en todo
caso, pecado mortal. León XIII ordenó eliminar toda referencia a ese
Magisterio.

Y así llegamos al IOR.

Cougar.

Remedios vendo dijo...

Es que vosotros no entendéis nada.
Necesito de una justificación para pagar lo que pago a mi chacha. Así que lo que diga el mercado es lo justo y punto pelota.

Anónimo dijo...

La intención de este libro es precisamente «servirse de nuestra Madre la Iglesia, mezclándola en banderías humanas.»

Favila dijo...

Cuidado con Michael A. Hoffman y en general con todos los que se denominan revisionistas. Cuidado con todo lo que viene de Estados Unidos. Este Hoffman sostiene que fue la "pérfida" Iglesia católica la que introdujo la usura y que, por el contrario, el calvinismo surgió como una meritoria reacción frente a tal deriva; es decir, la Historia contada al revés. Hoffman es un frikinazi protestante que intenta infiltrarse en el tradicionalismo para vender su mercancía averiada.

Miles Dei dijo...

Benedicto XIV es el último Pontífice que hace un acto de magisterio universal afirmando la usura del préstamo con interés y que no tiene universal justificación la afirmación de títulos externos al contrato de préstamo.

Anónimo dijo...

En la parábola de los talentos Cristo parecería decir que cobrar un interés no es una opción inaceptable.

"debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses"

Mi problema con el capitalismo es que no creo que exista.
Si hace 1500 años un persa compraba x cantidad de seda por 10 monedas de oro a un chino en Samarkanda, y luego se la revendía a un sirio en Damasco por 30 monedas de oro, no estaba haciendo ese hombre capitalismo?

Es lo natural en las civilizaciones con moneda y propiedad privada.

Ex Luterano

Kurdo dijo...

La Iglesia no ha reprobado a todo capitalismo. Ha condenado al capitalismo liberal. Porque no le pone límites al mercado y lo convierte en un ídolo.

Esta gente del opus que se dice tan laical necesita de un fraile del siglo xvi para calmar su conciencia?

genjo dijo...

Algunas cosas que a mí me parecen de sentido común:
Que no cualquier préstamo con interés debe considerarse usurario, en el sentido negativo del término. Es decir, que no todo préstamo con interés es ilegítimo. Por ejemplo, los préstamos para establecer o llevar adelante empresas, cuando el prestatario precisa del capital para implementar una idea empresarial.
Que hay préstamos con interés que, sea cual sea el importe de éste, son abusivos. Por ejemplo, los préstamos para cubrir necesidades graves de subsistencia.
Que un “mercado libre” es un instrumento de gran ayuda para determinar del modo más aproximado el precio justo de las cosas, tomando aquí el término mercado en su sentido más amplio, como el ámbito de los intercambios económicos entre los hombres.
Que en los préstamos y en los pagos no sólo se ejercita la virtud de la justicia sino también la caridad, a la que la ley humana no puede obligar.
Que así como en el mercado “opera” el abuso, el engaño…, también “opera” la caridad, la generosidad…
Que el adagio maximum ius maxima iniuria se aplica a la ley justa, y que una ley que pretendiera evitar tal paradójico efecto en los contratos, sería por sí misma injusta, ya que habría de inclinarse por una de las partes.
Que siendo la ley principio general es imposible que pueda establecer ésta, de modo justo, las condiciones concretas de los contratos, como en tantas ocasiones se propone hacerlo el Estado, o pretenden muchos que lo haga. Lo más que podrá hacer la ley será establecer los marcos generales que permitan a los particulares realizar contratos equitativos y libres.
Que a veces los contratos equitativos no son viables por las condiciones subjetivas de los contratantes. En tal caso, no debe encontrarse en tal circunstancia justificación para predeterminar universalmente los contratos, sino que deben buscarse otros procedimientos que eviten los abusos sin eliminar la libertad en los contratos, por ejemplo mediante procedimientos de tutela, la cual nunca puede reducirse a una actividad burocrática.
Que la avaricia y la disposición fraudulenta no se puede dar sólo en la parte fuerte que interviene en el contrato, sino también en la supuestamente débil, y que la ley que busca directamente favorecer al débil, en ocasiones –no infrecuentes- ampara el fraude de esta parte.
Que dependiendo la justicia y la caridad en los mercados de las disposiciones morales de los que intervienen en ellos, como Maestra de moral, tiene la Iglesia la obligación de orientar privada y públicamente a los hombres para que tengan presentes responsablemente la justicia y la caridad en las relaciones entre ellos, no limitándose a remitirlos al cumplimiento de una hipotética ley justa, cuya aplicación automática no siempre establece relaciones de justicia, y en ningún caso de caridad.

Martin Ellingham dijo...

Con el tema de la usura hay una reacción a la crisis europea que, me parece, cae en un exceso rigorista.
Además, no puede olvidar que existen los títulos extrínsecos. En la Argentina tenemos una inflación del 25% anual. Prestar sin ajuste por inflación implica perder un cuarto del capital.
Además, es bastante frecuente que se ponga como ejemplo de ley tolerante justa la que no impide pequeños abusos en los contratos para impedir con mayor eficacia los grandes abusos.
Saludos.

Miles Dei dijo...

Lo de la parábola de los talentos es de risa. Precisamente el símil no se da en la gestión monetaria, sino en la gestión de la gracia que Dios da.

En términos linguísticos: no se puede tomar el tenor de la metáfora por el vehículo expresado.

Por las mismas si una madre dice a su hijo, eres tan rico que estás para comerte, el tenor es el encanto del niño, el vehículo el acto de comer y el fundamento el amor que se tiene a quien tiene encanto que es tan fuerte como las ganas de comer.

En ningún caso se puede decir por ello que la madre desea comerse literalmente al hijo, sino expresar su amor.

En la parábola de los talentos, el tenor es los dones que ha dado Dios, el vehículo la gestión monetaria y el fundamento la obligación de conservar y hacer crecer el patrimonio de la gracia en manera similar a como lo haría un banquero con las monedas. Pero de ninguna manera se quiere decir que el interés o la gestión bancaria con interés sea lícita o lo querido por Cristo.

Este es otro engaño de los liberales que sólo confunde a los tontos. Lean a los Santos Padres en estos pasajes y verán.


Miles Dei dijo...

Cuando descubras lo que causa la inflación, que no es sino la inmensa deuda creada por la creación de masa monetaria verás que fácil se desmonta todo y se cae el otro cuento liberal de los títulos extrínsecos en todo lugar y tiempo, que es algo que condenó Benedicto XIV. Ahora bien, ponerle el cascabel al gato puede ser traumático hasta para un conjunto de naciones.

Anónimo dijo...

Los moralistas reconocieron siempre en teoría los títulos extrínsecos, es decir, el lucro cesante (lucrum cessans) o el ocurrir de un daño (damnum emergens). Y cuando se fue generalizando desde la tardía Edad Media la nueva economía dineraria y crediticia, se hizo más difícil mantener estrictamente el punto de vista primitivo. Y así los moralistas -aunque no faltaron polémicas- fueron reconociendo también en la práctica esos títulos, aunque lentamente, quizá por estar frenados por el insuficiente conocimiento de las transformaciones económicas y comerciales de la sociedad.

http://mercaba.org/Rialp/U/usura_teologia_moral.htm

Anónimo dijo...

Ex luterano ¿y el traslado de Samarkanda a Damasco? usted no tuvo en cuenta eso. Flete le dirían hoy.

Anónimo dijo...

¿A que se puede aplicar esta cita en lo espiritual?


"debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses"

Anónimo dijo...

Transforma"siones" anónimo14:28. De como esos fuerzan lo ficticio del mercado.

Anónimo dijo...

Muy interesante los datos que manejan. ¿Porque no enseñan todo esto en el secundario?

Miles Dei dijo...

Precisamente de lo que nos quieren convencer fue de lo que condenó Benedicto XIV en la Vix Pervenit.

Pero hay que advertir diligentemente que falsa y sólo temerariamente se persuadirá uno que siempre se hallan y en todas partes están a mano ora otros títulos legítimos juntamente con el préstamo, ora, aun excluido el préstamo, otros contratos justos, y que, apoyándose en esos títulos o contratos, siempre que se confía a otro cualquiera dinero, trigo u otra cosa por el estilo, será licito recibir un interés moderado, por encima del capital salvo e integro. Si alguno así sintiere, no sólo se opondrá sin duda alguna a los divinos documentos y al juicio de la Iglesia Católica sobre la usura, sino también al sentido común humano y a la razón natural.

Walter E. Kurtz dijo...

Algunas aclaraciones.

1, la Iglesia condena el capitalismo. Punto. Así se expresan los textos pontificios y de los mejores teólogos. Ahora si queremos usar el término para designar cualquier otra cosa, es otro asunto. Pero eso no será estrictamente capitalismo (el régimen económico basado en el capital financiero).

2, la Iglesia siempre ha condenado lo mismo, la usura, el interés como beneficio. No hay rigorismo en recordarlo. Ni la compensación por el lucro cesante, ni por la inflación, etc. son interés, ni usura, ni -por supuesto- beneficio o ganancia. De hecho, estos conceptos no son ganancia en ningún balance desde los tiempos de Fray Lucas Paccioli. La ratio de la condena de la usura es la esterilidad del dinero en sí, que por tanto no puede ser retribuido por el mero paso del tiempo. Si el financista quiere recibir compensación legítima, debe asumir el riesgo subyacente, dejando por tanto de ser un préstamo de dinero en sentido estricto y convirtiéndose en una inversión. Pero estamos ahora en otra cosa.

Kurdo dijo...

Don Kurtz,

El capitalismo como propiedad privada de los medios de producción y trabajo asalariado no ha sido condenado. La propiedad privada no debe ser sin límites, sino con una función social limitante y el salario del obrero ha de ser justo, no dejado al arbitrio de la ley de la oferta y la demanda.

Anónimo dijo...

Miles Dei

Eso se entiende, la cuestión es que muchos suponen que Cristo no habría utilizado un vehículo inmoral para su parábola, y que por eso darle dinero al banquero para que luego te lo devuelva con un interés debe ser aceptable.


No estoy seguro, ya que castrarse para no pecar como hizo Origenes está mal a pesar del "Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo"

Saludos

Ex Luterano

Miles Dei dijo...

El sistema actual está basado sobre la conversión del dinero en mercadería. De modo que la creación de dinero es una deuda. Con eso se pretende hacer universal a todo tiempo y lugar de modo intrínseco al dinero lo que antes eran justificaciones extrínsecas. Eso está condenado por la Vix Pervenit, que cité en un mensaje que no ha salido. La tremenda inmoralidad del sistema monetario actual es patente y directamente proporcional a esa insistencia en que el sistema funciona a pesar de la injusticia social que crea y mantiene para su funcionamiento.

Miles Dei dijo...

a cuestión es que muchos suponen que Cristo no habría utilizado un vehículo inmoral para su parábola

Por las mismas supongo que usted considera moral echar a un invitado suyo porque no lleva traje de fiesta.

O que no se tenga caridad con los que no se han preparado comprando suficiente aceite y se les deje fuera de la boda.

O supongo que es muy moral eso de mandar secar una higuera por el mero hecho de no encontrar frutos en ella cuando no era tiempo de higos.

Los vehículos no tienen que ver nada con la moralidad o la inmoralidad. De hecho que una madre quiera comerse a su hijo es una inmoralidad llamada canibalismo. Los vehículos se usan en función del fundamento. O sea, aquella parte que se quiere poner de manifiesto.

Como digo, los liberales sólo engañan a los tontos en su neoevangelio.

Miles Dei dijo...

Podemos apurar el asunto y acabar pensando que es lícito prender fuego a todo porque Cristo dijo que quería que todo estuviera ya ardiendo (Lc 12,49) Luego mañana vamos y le prendemos fuego a los bancos y banqueros para seguir con el neoevangelio liberal.

Cougar Puma dijo...

Fávila:

Demuestre que los textos magisteriales que cita Hoffman son inexactos, están sacados fuera de contexto, o no tienen el valor magisterial que el autor dice que tienen.

La verdad es la verdad, dígala el Papa o un friki. La opinión de Hoffman no vale por sí misma sino por los argumentos que desgrana a lo largo de más de 300 páginas.

Cougar.

Cougar Puma dijo...

Favila:

Hoffman desarrolla su opinión a lo largo de más de 300 páginas, basándose en quince siglos de textos magisteriales.

No fueron los protestantes quienes introdujeron la usura en el cristianismo sino la curia renacentista, plagada de venalidad. Una venalidad que mantuvo estrechos lazos con la simonía y la venta de indulgencias.

Venta de indulgencias contra la que reaccióno el primer protestantismo, tal y como queda patente en muchos de los comentarios de la Biblia de Génova.

Así pues, efectivamente, hubo una época en la que clérigos católicos pecadores toleraban las prácticas usurarias mientras herejes cismáticos las rechazaban.

Cougar.

Miles Dei dijo...

La revisión del «banco vaticano» no es una prioridad del Papa Francisco

Ya lo saben. Todo es reformable menos eso. Bernardino Nogara es lo más grande que le ocurrió a la Iglesia Católica después de Jesucristo y punto.

Miles Dei dijo...

En Huerta de Soto encontramos una crítica muy fundada del sistema actual de banca de reserva fraccionaria. Aunque acepta como natural que la Iglesia ha evolucionado en su doctrina sobre la usura hasta aceptar el interés a nivel jurídico (el interés legal), la siguiente cita es muy interesante:

"la tesis que mantiene el padre Bernard W. Dempsey S.J., que en su notable libro Interest and Usury (American Council of Public Affairs, Washington D.C. 1943) concluye que, aunque se acepte la legitimidad del interés, puede considerarse que el sistema de banca con reserva fraccionaria incurre en una «usura institucional» especialmente
dañina para la sociedad, pues genera una y otra vez booms artificiales, crisis bancarias y recesiones económicas (p. 228)."

Miles Dei dijo...

Cito a Dempsey en su original:

"The modern situation to which theorists have applied the concepts of divergence of natural and money interest, divergences of saving and investment, divergences of income disposition from tenable patterns by involuntary displacements-all these have a sufficient common ground with late medieval analysis to warrant the expression, "institutional usury,"
for the movements heretofore described in the above expressions."


Para los interesados subo el libro de Dempsey a mi cuenta de Scribd:

http://es.scribd.com/doc/138347161/Bernard-W-Dempsey-1903-1960-Interest-and-Usury-With-an-Introduction-by-Joseph-a-Schumpeter-1948