viernes, 31 de mayo de 2013

Un monje: opción preferencial por los pobres


Cómo responde exquisitamente a la pedagogía de Dios enseñarnos este lenguaje, como un analfabeto accede a dibujar una a o una efe. Este abecedario nos permite leer lo divino, tan escondido. Cristo vino a enseñarnos este alfabeto —siendo Él su Alfa y si Omega, sus vocales y sus consonantes— y por eso, en el acontecimiento de hoy, asume montar sobre el asno real y acepta le alfombren el paso con palmas y flores.
Su Reinado no es de este mundo, pero es en este mundo y ha de expresarse al modo de este mundo.

Una Iglesia, que en un rapto de iconoclasia, anulara este abecedario, elegiría insólitamente ser analfabeta del misterio. El perfume del óleo, el flamear de olivos, el trenzado de palmas, la nube del carísimo incienso —con el que se podría dar de comer a cientos de desnutridos— cirios llameantes, íconos relucientes, conforman la poesía del pobre, la lustrosa égloga del simple, la lírica más encumbrada del indocto, que recibe de su Madre, la Iglesia, el feliz idioma de los signos para aclamar al Rey de la Gloria montado sobre el ínfimo asno del sacerdote celebrante…
Quien le quitara al pobre este derecho, esta fortuna, ésta, su única riqueza, agravia gravísimamente sus derechos. Los ricos seguirán teniendo sus anaqueles abarrotados de libros, y los doctos, sus pomposos títulos… pero al pobre le habrán quemado su único lenguaje: el del signo sagrado.





6 comentarios:

Isaac García Expósito dijo...

Así es.

Antoine de Tounens dijo...

Unas fotos estupendas.

Anónimo dijo...

La pluma parece del athonita cuyano...
Genial, como siempre.

Anónimo dijo...

Estuve en una misa católica de rito oriental y recibí la comunión en una cucharita, pero impresiona, no se si me animaría a recibirlo de nuevo asi.

genjo dijo...

Las fotos pueden ser estupendas, pero el texto es glorioso. Repasen: "la poesía del pobre, la lustrosa égloga del simple, la lírica más encumbrada del indocto, que recibe de su Madre, la Iglesia, el feliz idioma de los signos para aclamar al Rey de la Gloria montado sobre el ínfimo asno del sacerdote celebrante".
Aunque yo pondría: "el ínfimo asno encumbrado a la condición de sacerdote celebrante".

Ἰουστινιανός dijo...

El desprecio de los traidores a la Tradición hacia el pueblo es notorio y manifiesto, aunque nos vendan continuamente lo contrario. Y la liturgia es un buen ejemplo de ello.

Pero lo que subyace a todo eso no es más que el odio a todo lo que refleje la majestad divina, todo lo que recuerde al hombre su pequeñez ante Dios. La majestad del culto es intolerable para la religión del hombre (tan extendida, por desgracia, entre nuestros clérigos).

Kyrie eleison