domingo, 12 de junio de 2011

De aquellos barros, estos lodos (III)


5. EL ARTE MODERNO.- Históricamente, la religión fue siempre madre de las artes: de ninguna puede afirmarse como de la nuestra. Pero, por esta solidaridad de todos los factores de la vida social, arte y religión se influyen mutuamente, hasta el punto de que pueda llamarse el arte el resonador de la vida espiritual social, y de que la religión se intensifique por el tributo del arte legítimo, o mengüe por sus aberraciones.

Por esta ley, que ha condicionado nuestro arte religioso, desde las Catacumbas al Renacimiento, el arte religioso moderno está decadente. Causa primera de ello es la falta de vida vigorosa en el orden religioso; sólo la fe, recia y profunda, como el patriotismo y el amor, puede dar adecuada visión del ideal y entusiasmo para realizarlo. Es el arte hijo del pensamiento; pero no frío y árido, sino incorporado a toda la vida. Vaciase el artista en su obra, tanto o más que el orador o el escultor; y aun cuando domine la técnica, no podrá infundir en su obra de arte un sentimiento de que carece.

Nuestros artistas no sólo no sienten las emociones del ideal religioso que se vive, condición esencial de su reproducción artística; tal vez empiecen por desconocer el dogma, la historia, la tradición del arte cristiano en los casos concretos.

Júntase la falta de sentimiento y de idea en nuestros artistas, y como consecuencia de ello, que sus obras son hijas no de la inspiración, sino del impresionismo y del convencionalismo. No sale la obra artística del fondo lleno de un alma saturada de ideal, robusta de convicción. Despáchanse las obras "de encargo" poniendo en ellos el esmero de los buenos oficiales, no el espíritu enamorado del artista. Es la sensación y las facultades ejecutivas lo que produce la obra, no el espíritu que avasalla y domina. De aquí lo baladí y "mercantil" de las obras de arte moderno. Todo un mundo las separa de las obras de los tiempos clásicos, a través de las cuales se adivinan los horizontes claros, anchurosos, en que se movió el espíritu de los artistas.

Diremos en disculpa de los artistas, que la decadencia del arte, no sólo del religioso, es mal de los tiempos. El pensamiento se ha hecho positivista, y el arte no puede desenvolverse sino en un ambiente de misterio, en la región, llena de luz y de enigmas, de lo ultramundano. Renán ha dicho que "no es posible la epopeya con la artillería"; antes que él, Chateaubriand, comentando a Pascal sobre nuestras contradicciones íntimas, veía al hombre en esta alternativa: "Si brilla por las ciencias, su imaginación se extingue; si es poeta, pierde su pensamiento". El racionalismo y la crítica, el análisis y el cálculo, han dejado al genio del arte un sector muy reducido en el campo de la vida espiritual moderna; en él no puede el artista moverse con holgura; ni se sustraen fácilmente los hombres a la universal corriente de su época.

La misma vida popular es causa del arte decadente: el artista no es más que un intérprete de los estados de la colectividad en la cual vive: ni siendo intensa la vida religioso-popular, falta la tierra en que arraigue la concepción del artista, y las mejores disposiciones se malogran.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hablando del arte al servicio de la liturgia, esto es lo que hay:

Transfiguration Church - Adoration Chapel, Marietta, GA

http://216.79.143.252/view/index.shtml

Inmaculate Heart oh Mary Church - Drumbo & Carryduff, Belfast, NI, UK

http://www.drumbocarryduff.ie/webcam/

El streaming no siempre está activo. Pero vale la pena intentarlo.

Un ronin católico dijo...

Yo tengo un argumento muy sencillo para el tema del arte moderno y la liturgia.

El misterio fundamental que se lleva a la liturgia y que la posibilita es el de la Encarnación de Nuestro Señor que se acerca hasta nosotros para incorporarnos a la vida divina por la gracia. Por eso, en virtud de la encarnación de la misma gracia increada, Dios creó los sacramentos donde la gracia se hace visible en signos sensibles compuestos de materia y forma.

¿Qué es el arte sacro? La adecuada combinación sensible de materia y forma de modo que complemente y adorne el signo que se produce en igual forma.

¿Qué es el arte moderno? La absoluta preeminencia de la forma sin las ataduras de la materia. Esto lo ha tratado bien desde un punto de vista tomista, por ejemplo, Etienne Gilson.

¿Puede prescindirse del ordenamiento material de modo que se de la primacía a la mera forma y no se desvirtue la esencia de la liturgia?

Pues ese es el argumento que prescinde de gustos y sensibilidades.

¿Se imaginan un bautizo donde la forma predominara sobre la materia de modo que a la mera invocación larguísima de una plegaria señalando al bautizado se dijera que se ha realizado el bautismo sin necesidad de agua alguna o haciendo este gesto del agua insignificante y apenas perceptible?