domingo, 10 de mayo de 2015

Correo de un lector sobre "salesianizar" la tradición


Permítanme compartir con uds. algunas reflexiones al hilo de la publicación del post "Salesianizar laTradición", por la que les felicito y que considero muy oportuna. Son fruto de mi experiencia como sacerdote durante doce años en una diócesis española. Supongo que uds. ya saben todo esto, pero si les pueden servir a alguien más que a mí, estaré contento.
-"Es más fácil salir del error que de la confusión", (frase atribuida a Francis Bacon en relación al método científico). Aplicada al tema que nos ocupa, podríamos hacer una comparación diciendo que el que está en el error en un momento dado nota que su esquema de ideas religiosas con relación a la Iglesia, a los sacramentos, etc., está cojo, le falta algo, y no sabe qué es. Sin embargo cuando llega el momento dado, sabe reconocer su error cuando la gracia reconviene y madura su alma por medio de alguien que se lo hace ver-por ejemplo, un protestante devoto que llegue a convencerse de que el libre examen lleva a la extinción de la sociedad eclesiástica (entendida como agrupación visible y temporal de los fieles) y en el plano moral, a alejarse de los Mandamientos (por aquello de "peca fortiter, crede fortiter"). Esto que referido a la herejía protestante no se suele discutir, encuentra un escollo casi insalvable en los ámbitos católicos ordinarios no tradicionales.
En cambio, el que se encuentra confuso parece creer que está en la verdad y no encuentra puntos débiles o inatacables. Todo está bien, todo hay que verlo desde el lado positivo y providencialista (se suele argumentar, sobre todo en relación a la crisis de la Iglesia, que "todo es para bien", todo es obra del Señor, Dios escribe derecho con renglones torcidos, etc) y, aun cuando esta actitud pudiera tener alguna base en las recomendaciones de san Pablo en 1Cor 13 (el amor todo lo puede, todo lo aguanta, todo lo disculpa, etc), parece, intentado hacer un análisis imparcial, un optimismo desmesurado y un providencialismo maximalista. O, siendo menos elegantes, no deja de ser un tipo distinto de fanatismo.
-Sin duda, estaremos de acuerdo en que el error engendra el fanatismo, pues la falta de un principio explicativo satisfactorio a una laguna de fe (en el caso protestante que hemos puesto, la no creencia en la institución divina de la jerarquía eclesiástica), lleva a llenar ese vacío exagerando aspectos contrarios o colaterales (hipertrofia de la Palabra de Dios y del sacerdocio común frente a la Eucaristía, mera reunión de fieles, etc...). Ahora bien, a la hora de discutir o rebatir con un protestante sabemos de lo que estamos hablando. Podemos establecer una polémica objetiva sobre la institución de la Eucaristía, de la Jerarquía eclesiástica, de los sacramentos y de las traducciones de la Sagrada Escritura. Hay hechos, datos y problemas que se limitan a cada tema y uno se puede ceñir a eso. Tendremos más o menos éxito en el debate pero sabemos que es así, aun cuando no lo sepamos expresar bien. en el caso del católico no conectado con la Tradición pero "conservador", piadoso, quizá, de buena fe, que cree tener la fe y disciplina de la Iglesia de siempre y que no es consciente de los cambios sustanciales que ésta ha operado desde el post concilio, el debate se vuelve paradójicamente más difícil. Nos daremos cuenta de que tras una breve alusión a la crisis de la Iglesia, tras un comentario quizás desenfadado por nuestra parte, o tras una queja con fundamento (por ejemplo, los comentarios frívolos del Papa Francisco acerca de los gays, o las opiniones más recientes sobre el coito del sr. Obispo Munilla), formamos un muro infranqueable de cerrazón en aquella persona con la que a lo mejor hasta entonces estábamos en perfecta armonía y a la que queríamos hacer un bien (hacerle llegar la verdad de la doctrina católica en su integridad, etc.). Vemos cómo de repente hemos ganado casi un enemigo; que la desconfianza cae sobre nosotros desde ese momento. Vemos cómo cualquier comentario puede hacer saltar la chispa y empezar discusiones amargas. La susceptibilidad aparece y nuestro amigo/a se siente incómodo con nuestra presencia o nos mira de repente como si fuéramos extraños. Ya no nos conoce. ¿Qué ha pasado? ¿Acaso le hemos ofendido de manera tan grave? ¿O es que somos los que queremos difundir la Tradición peores que los pecadores públicos, con quienes se tiene mejor trato que nosotros en razón de la misericordia? Puede ser que al principio nos asalten estas y más dudas, o que incluso nos venga a la cabeza el pensamiento de que quizá, después de todo, no vaya a ser que estemos equivocados y lo nuestro sea una ideología, como con frecuencia se nos achaca, sobre todo porque gran parte de las discusiones vienen por los principios de aplicación de una política católica frente a la política parlamentaria liberal conservadora, con la que no suelen tener problema nuestros interlocutores.
-Ah, pero hemos de pensar que a lo mejor precisamente ése es el "sino" de nuestra condición tradicional: la cruz de sufrir en la Iglesia y por parte de la mayoría de la gente de Iglesia la no comprensión, la desconfianza, el considerarnos como cuasi enemigos e incluso la "inmisericordia". A Cristo quisieron despeñarle sus propios paisanos de Nazaret; aún sabiendo lo que iba a pasar no por eso dejó de echarles en cara su falta de fe. Así el católico tradicional se ve rechazado al recordar y echar en cara la falta de fe de la doctrina y de la disciplina actual, aun cuando lo haga con la mayor delicadeza y caridad posibles. Y pienso que de esto no podemos escaparnos. Hay que reconocer que somos diferentes. Que la Iglesia nos ve como un cuerpo extraño. Punto.
-"A quien mucho se le da, mucho se le exigirá", en frase del Evangelio y , así como Dios Nuestro Señor nos ha concedido esta gracia tan grande de conocer la Tradición y -más grande todavía- de comprenderla, más se nos exige en el plano moral de vivir las virtudes del cristiano con los católicos liberales y de aceptar, citando al personaje del cura loco del P. Castellani, esta "vida-que es lucha perdida-continua derrota" . Y aquí está -creo yo- el meollo de la cuestión de "salesianizar" la Tradición. A una doctrina más excelsa corresponde también una moral más excelsa. Y para esto -hemos de reconocerlo- no vale cualquiera, ni valen las soluciones fáciles del celo amargo. Exige una caridad, paciencia, constancia, prudencia, una fortaleza y un dechado de virtudes tan grande que sólo se puede alcanzar con el combate por el esfuerzo constante y generoso de la santificación personal quizá en un grado más alto que el comúnmente admitido para simplemente poder salvarse. Quizá la mejor muestra de caridad hacia quien se encuentra en la confusión es orar por su alma, desearle todo bien, y saber decir un lacónico "eso no es así" sin más respuesta cuando debamos defender ineludiblemente el honor de Dios. In patientia vestra posidebitis animas vestras.

Saludos. 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

GASTON: Gracias por el análisis tan certero y que refleja situaciones vividas muchas veces por un servidor.

Anónimo dijo...

En mi heterodoxa opinión, ni los católicos tradicionales ni los católicos en general, o a secas, tienen que hacer nada para atraer a las almas ni para hacer amable su Iglesia ni su Causa ni su Secta. No tienen que ser afables ni dulces para eso, y mucho menos ser caritativos. Si deciden imitar y servir a Cristo, tal vez consideren (si en su catecismo pone algo algo al respecto o en su movimiento les dan la consigna oportuna) que deben practicar la Caridad con el prójimo, como el Buen Samaritano. Y lo harán por amor de Dios, sin que la mano derecha sepa lo que hace la izquierda, y sin calcular el retorno que obtienen de su esfuerzo salesiano en términos de almas atraídas a la Iglesia, a la Causa, a la Logia o a la Secta. Esos cálculos utilitarios de eficiencia apostólica llevan en seguida a pensar que «de cien almas nos interesan las cien» pero unas más que otras, y a todas esas cosas que ya sabemos en qué acaban. Para que me etiendan los utilitaristas: acabamos por repeler a las almas, no vendemos nada.

Anónimo dijo...

Lo de "salesianizar" la "Tradición" para atraer a los fieles es puro pelagianismo. La Iglesia no se llena de prosélitos, sino de personas que Dios con su gracia ha convertido. Y es algo puramente humano, y por lo tanto perecedero, tratar de llevar a los fieles a mi cuerda: la "Tradición", un concepto que, por cierto, muchos tradies manipulan. No es más que la fosilización de la Iglesia en 1962, con el perfil post-tridentino. I-D-E-O-L-O-G-Í-A.

César Pozuelos dijo...

Buenos días. Comparto mucho de este artículo o comentario y por eso trato de repetir a mis hermanos de la Tradición: Si tenemos la verdadera doctrina, los verdaderos sacramentos, la Verdadera Misa, tenemos que tener, también, la verdadera caridad ... Es una gracia esta "conversión" a la Tradición, entender la problemática actual, pero como dijo san Pablo, se puede tener todo, pero sin caridad no somos nada. Muchas gracias ...

Anónimo dijo...

No sé si todo eso se desprende del artículo (la renuncia práctica a todo apostolado o la difusión de la Tradición en la Iglesia entendida more pelagiano). El apostolado es esencial a la Iglesia y todos pertenecemos a ella habitualmente de forma concreta y no abstracta. Y la Iglesia no es una ideología, cierto, pero las hay más cercanas al catolicismo y menos.

Anónimo dijo...

Perdon, pero no entiendo por que al referirse a tradicion nos ubicamos en la cabeza el chip lefebvrista. Cuando lei tradicion en el articulo, pense que se referia a la unica tradicion de la iglesia, la Tradicion sin mas! La unica espiritualidad de la Iglesia, a saber, la monastica! Por favor, la iglesia no es 50 años mas o menos! Son dos mil años los que cuentan! Estoy muy de acuerdo con el articulo.
Suceden esos choque entre amigos cuando se habla desde una forma mentis tradicional a una moderna.

Saludos y muchas gracias.



La chica que no sabe manejar dispositivos electronicos!

Anónimo dijo...

¿A que opinión sobre Mons. Munilla se refiere el autor?.