martes, 10 de noviembre de 2015

El donatismo político

¿Qué es el donatismo político? Algo difícil de definir, pero existente. El punto de partida es bienintencionado: la búsqueda de coherencia cristiana en la vida política.
El donatista político
— es (difusamente) maniqueo: el orden temporal y político, si no es cristiano, está irremediablemente corrompido.
— cree (implícitamente) que las ideas son substancias. Y concibe la política prudencial como una batalla de ideas. 
— confunde la teoría con la praxis. Supone que los grupos sociales —que son todos prácticos, de conductas— son la encarnación substancial de unas teorías. De este modo, no puede distinguir ideología (que como toda idea es inmodificable desde su enunciación) de los movimientos políticos (que como todo grupo social puede mutar en función de las diferentes conductas de sus miembros).
— las fuentes de la moral ya no son las tradicionales: objeto, fin y circunstancias. El determinante primario es la propia sensibilidad compartida con un grupo de afines: si nos repugna, está mal. O lo decisivo radica en algunas circunstancias que de suyo no afectan la moralidad de los actos concretos: la presencia en un lugar, el contacto físico con pecadores públicos, gestos de urbanidad, fotos, vídeos… 
— es una forma de rigorismo. Confunde conciencia delicada con conciencia escrupulosa. Y hace del escrúpulo principio rector de la conducta.Ve pecado donde no lo hay; o falta grave en pecados leves. Lo simbólico tiene poder de contaminar el acto humano, aunque la voluntad no consienta en pecado alguno. Todo parece escandaloso; aunque sea un escándalo farisaico. Toda cooperación política se vuelve ilícita. El fenómeno recuerda a las "impurezas legales" del judaísmo.
Las consecuencias. Una, parálisis moral: no se hace el bien posible, por pequeño y modesto que sea, por miedo a cometer un pecado (imaginario, de "contaminación" por contacto con "el sistema"). Otra, la búsqueda temeraria de sucedáneos del martirio por medio de la provocación autocomplaciente (se reeditan, “aggiornados” y en pequeña escala, los errores de los circunceliones y otros provocadores del siglo IV).
El donatismo político está equivocado



20 comentarios:

Anónimo dijo...

Incivilizada dijo....no se trata de donatismo sino, que lo que propone montejano y compañía es inaceptable.Ese tipo de participación "democrática" para sacar a los k,si fuera lícita ,como dice el tal montejano ,también hace lícita la contraria para sacar al liberal capitalista macri.

Anónimo dijo...

Y votar a Macri también.

Anónimo dijo...

Sí, pero guarda la mecha, que las cosas no son tan claras.
Yo no estoy de acuerdo con lo del INFIP y estoy completamente de acuerdo con esta entrada.

Batman.

Redacción dijo...

Batman:
En efecto, se puede no estar de acuerdo con la opción de Montejano y reconocer el error del donatismo político. No por disentir con Montejano se cae en el donatismo político.

Redacción dijo...

Incivilizada:
¿Para quién es inaceptable? ¿Con qué argumentos teológicos justifica su aserto?
Y sí, es obvio, que se puede votar contra Macri ahora o cuando busque una reelección.

Anónimo dijo...

Sí, se puede estar de acuerdo con esta entrada y en contra de la declaración del INFIP. Estoy en contra del donatismo político, pero creo también que el espeso ambiente de la política del siglo XXI impide cualquier intervención, activa o pasiva, en un sistema que solo ofrece fracciones partidarias intercambiables entre sí que no se diferencian en nada en lo que toca a su profundo modernismo post cristiano.
O sea, son todos profundamente anticristianos. Sin vuelta atrás. ¿O acaso alguien cree que un futuro gobierno democrático vaya a derogar el putimonio, por ejemplo? Y de ellos saldrá, no tengo dudas, la gran persecución de los pocos cristianos que queden.
Me da por pensar que estamos en una época pre donatista (hablando del Donatismo real), o sea, en los primeros tres siglos del cristianismo, en los que los cristianos, lejos de participar en política o intentar inficionar el imperio romano y trabajar desde adentro, vivían ocultos profesando su fe y celebrando las misas en las catacumbas.
Una impresionante pintura de esta época la da Newman en su novela Calixta, en la que los cristianos eran una clase marginal, absolutamente excluida de la vida pública.
Los tiempos postreros se parecerán a los primeros. Y postrereando andamos.

Estamos, creo yo, en el punto que, al decir de Castellani, “nada queda por salvar”:

“Mis amigos, mientras quede algo para salvar, con calma, con paz, con prudencia, con reflexión, con firmeza, con imploración de la luz divina, hay que hacer lo que se pueda ser salvado. Cuando ya no quede nada por salvar, siempre y todavía hay que salvar el alma (…). Es muy posible que bajo la presión de las plagas que están cayendo sobre wel mundo, y de esa nueva falsificación del catolicismo que aludí más arriba, la contextura de la cristiandad occidental se siga deshaciendo en tal forma que, para un verdadero cristiano, dentro de poco no haya nada que hacer en el orden de la cosa pública. Ahora, la voz de orden es atenerse al mensaje esencial del cristianismo: huir del mundo, creer en CRISTO, hacer todo el bien que se pueda, desapegarse de las cosas, guardarse de las cosas criadas, guardarse de los falsos profetas, recordar la muerte. En una palabra, dar con la vida testimonio de la Verdad y desear la vuelta de Cristo. En medio de este batifondo tenemos que hacer nuestra salvación cuidadosamente (…) Los primeros cristianos no soñaban con reformar el sistema judicial del Impero Romano, sino con todas sus fuerzas en ser capaces de enfrentarse a las fieras; y en contemplarse con horror en el emperador NERÓN el monstruoso poder del diablo sobre el hombre. (A MODO DE PRÓLOGO. “Decíamos ayer”, pp. 31-32).”

Esto no es donatismo político.

Vladimir

Anónimo dijo...

Creo que sin ir a buscar referencias tan lejanas, se puede encontrar el origen de esta forma binaria de ver la realidad política en alguna rémora de ética kantiana que le viene al nacionalismo heredado desde sus orígenes en Fichte y el romanticismo decimonónico.

Un tomista, imbuido del principio metafísico de participación, sabe que en este mundo sublunar no existe lo perfecto sino grados de perfección; por lo que no se puede rechazar de plano sino lo que sea esencialmente perverso (perverso por su misma naturaleza), pero no lo que tenga algún grado de perversión/perfección.

Y, si lo de arriba es demasiado metafísico, leamos la epístola de San Pablo a los romanos escrita en medio de la persecución de Nerón.

*El Profesor de Moral*

Nicky el friqui dijo...

Por los años en que nació este blog, o poco antes, yo era uno de aquellos católicos españoles que todavía votábamos al PP, con repugnancia pero mansamente, porque así lo mandaban el cardenal Rouco y la influyente pléyade opusina (¡aquel artículo de Alejandro Llano de 2009!) Y recuerdo con agradecimiento que fue aquí, en Infocaótica, y en sitios parecidos (como Museros) donde me quitaron de los ojos la venda del mal menor. Por eso me sorprende mucho que los mismos que nos adoctrinaban a los niños españoles en el donatismo, ahora prediquen todo lo contrario a los argentinos:

—¡Vamos, niños, no sean donatistas! ¡Tápense la nariz y voten a Macri!

Vivir para ver.

Juan Argento dijo...

Estas consideraciones fueron aún más importantes en la primera vuelta, cuando se eligieron diputados y senadores.

Teniendo en cuenta que, en los temas "no negociables" para un católico (defensa de la vida, etc.), los principales partidos no votan en bloque sino que dan libertad a sus legisladores para que voten según su propia conciencia (o falta de ella), es claro que el criterio para preferir una lista de candidatos a legisladores sobre otra es básicamente estadístico: qué porcentaje de los legisladores de esa lista apoyará iniciativas de liberalizacion del aborto, etc. Lo cual es inferible de manera aproximada por el comportamiento pasado de los legisladores de ese partido. Al respecto, es claro que el promedio de los legisladores del FPV es de un gris bastante más oscuro que el promedio de los legisladores del FR y de Cambiemos. Entre estas dos últimas opciones, la presencia de Patricia Bullrich, quien hace unos veinte años propició con Fernández Meijide una iniciativa para despenalizar el aborto, como primera candidata a diputada de Cambiemos me motivó a votar a los diputados del FR.

En las elecciones legislativas considero deber grave votar la lista menos mala. Porque si uno no vota o vota en blanco, los cargos legislativos no van a ser ocupados por integrantes de la milicia celestial, sino que se contribuye a aumentar la probabilidad de que un nefasto adicional acceda a una banca. Lo cual es particularmente relevante cuando en la elección hay una lista de troskos o incluso una lista rosa (socialismo).

Juan Argento dijo...

En relación a lo que escribió Nicky el friqui, hay una diferencia esencial entre las elecciones de España y las de Argentina. En España existe al menos una opción 100% acorde a la doctrina católica, como muestra este informe que elaboró LFPB en 2014:

http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/1405081208-una-guia-de-voto-completa

Existiendo opciones electorales con esas características, votar al PP es moralmente inaceptable, porque es elegir un mal menor (aunque cada vez menos menor [*]) pudiendo elegir un bien. En contraste, en Argentina directamente no existen opciones políticas con esas características, de modo que, o se vota al mal menor, o no se vota y se contribuye por omisión a una mayor representación parlamentaria del mal mayor.

[*] http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=25284

Anónimo dijo...

GASTÓN: JUAN ARGENTO tiene razón. Existe esa opción en España.

Martin Ellingham dijo...

Nicky
España tiene un sistema parlamentario, a diferencia de la Argentina que tiene uno presidencialista. Esto obliga a tener cuidado con las comparaciones. En España tendría sentido votar a los carlistas, por ejemplo, porque podrían ser legisladores, y una minoría cohesionada podría obtener concesiones del PP a cambio formar gobierno. Tal vez un ministerio de educación…
En la Argentina, salvo para las legislativas, la cosa es muy distinta.
Saludos.

Anónimo dijo...

Incivilizada dijo.....".Redacción :
¿Para quién es inaceptable? ¿Con qué argumentos teológicos justifica su aserto?".........Para mí es inaceptable.Y no necesito argumentos teológicos para pensar así.Me bastan los argumentos de la razón natural.Este sistema es claramente malo,"ya el pueblo encontró un tirano en la mayoría",como dijo uno. Por otro lado,la tan temida "tiranía" de los K,me da risa. Más le temo a la cultura de pacifistas castrados que traerá el tal Macri.

Anónimo dijo...

Incivilizada dijo: Nicky, un CAPO.

Julio Barbaro dijo...

Che incivil votalo a Nemo si no te gusta Mauricio y así nos evitás la cultura de pacifistas del PRO.

Flavio Infante dijo...

Parece excesivo comparar a los abstencionistas eleccionarios con los «provocadores» de aquellos siglos, capaces de derribar la estatua del emperador para provocar el martirio. No se ha visto, que se sepa, a abstencionistas que se lanzaran con teas encendidas sobre la veneranda urna, reclamándole así el garrote a las fuerzas del orden que velan para garantizar el desorden democrático.

Es suficiente, en todo caso y sin mayores patetismos, recordar la perversión inherente al régimen que otorga el mismo valor al voto del delincuente que al voto del hombre honrado, régimen fundado sobre la mentira universal del sufragio universal y la falacia de la "soberanía del pueblo". A cada nueva elección se nos da a elegir entre candidatos más abyectos, y es tal el riesgo de contagio, que hoy nos toca asistir a la opción católica por un tipejo que configuró a su ciudad sobre los planos de Sodoma, con tal de no ver triunfante al Mao vernáculo.

«La democracia sería una inocentada si no entrañase una blasfemia» (Nicolás Gómez Dávila). Cuestiones prudenciales, que les dicen...

Martin Ellingham dijo...

Estimado Flavio:
Me permito plantear un caso que podría darse en la China de hoy, con un régimen político de partido único (el comunista) y toda una legislación anticristiana. En ese contexto, se presentan dos candidatos, ambos comunistas, para un cargo público: Lin, partidario de tolerar a los católicos y a su culto público, por parecerles una minoría insignificante; Lan, favorable a una prohibición absoluta del catolicismo y del encierro de los fieles en campos de concentración.
1. ¿Qué debe hacer un católico en esas circunstancias? ¿Abstenerse para no ser cómplice del sistema perverso?
2. Si vota, ¿a quién debe votar? Los dos candidatos pertenecen al mismo partido, el comunista, que es oficialmente ateo e intrínsecamente perverso… La única diferencia es que Lin promete tolerancia y Lan persecución.
Saludos.

Flavio Infante dijo...

Estimado Martín:
queda claro que la respuesta a esta pregunta asoma en el artículo publicado a continuación: cooperación material y no formal con el candidato tolerante con los cristianos. No obstante, no me resulta para nada evidente la relación que pueda establecerse entre este caso y el de las elecciones en la Argentina.

El peligro, al abordar esta y otra cuestiones, estriba en aquello que para tantos estudiosos del tema ha sido la causa de la decadencia de la Escolástica: la reducción de la ciencia a técnica, vale decir, el libre discurso de la razón raciocinante sin el necesario y frecuente ajuste con las evidencias -lo que degenera en una especie de logicismo. Supongo que, para salvaguarda de esto, el Señor nos dio el símil del árbol y los frutos: para que, en el orden moral, la razón reconozca la causalidad implícita en unos efectos de notoria calificación.

En el caso argentino, consta la evidencia de los efectos de la democracia en varios sucesivos planos: la pérdida total de la soberanía económica, la devastación de la vida civil, la ruina de la identidad histórico-cultural. En tal sazón, abstenerse de votar y proclamar vehementemente la inconveniencia de hacerlo debe atribuirse más a rigor que a rigorismo -es decir: a coherencia con los principios. No veo que la prudencia nos mande escarbar entre los detritus.

Y le digo, en lo personal, que yo también ardo en deseos de que los delincuentes K sean desalojados del gobierno cuanto antes, pero por medios más legítimos que el voto.

Carlo dijo...

Flavio, una pregunta de curiosidad no más: qué medios más legítimos que el voto serían esos? No soy idólatra de la democracia y no creo que la legitimidad se base en obtener una mayoría de votos, pero tampoco veo ningún movimiento organizado y representativo que adhiera a los valores tradicionales. Ni siquiera hay un partido conservador en Argentina capaz de poner un candidato a presidente! En primera vuelta, se podía eligir entre un trotskista, una izquierdista "moderada" y nada menos que cuatro peronopopulistas (tres abiertamente, otro criptoperonista que muchos consideran "de derecha").

Anónimo dijo...

"Ni siquiera hay un partido conservador en Argentina capaz de poner un candidato a presidente"
Tienen mucho trabajo por delante...
Para derogar (o al menos pelear) esas leyes anticristianas del aborto y el gaymonio y para poner candados al populismo Argentina necesita una profunda reforma electoral. Para comenzar: prohibir la reelección directa e indirecta (cónyuge, hijos).
Si Macri ofrece esa reforma electoral, es Lin.