jueves, 17 de octubre de 2013

Los decretos de Creonte no tienen ningún valor

El caso Priebke ha dado lugar a un interesante debate en la entrada anterior. Es un hecho que tres estados (Alemania, Italia y la Argentina) le niegan a los familiares del difunto la posibilidad de darle sepultura. Cosa que, desde los tiempos de Antígona, es revelador de tiranía. Dice el Vaticano II que la Iglesia puede “dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona”. El Concilio no dice que no ha de emitirse juicio moral cuando resulte políticamente incorrecto. Porque no sólo es cuestión de caridad sino también de justicia natural.
En cuanto a denegación de las exequias en casos de pecadores públicos, el tema admite un debate al que queremos contribuir con el texto que reproducimos a continuación. Lo tomamos del comentario exegético al Código de Derecho Canónico editado por EUNSA. En nuestra opinión, el comunicado de la FSSPX demuestra que en este caso ha actuado conforme al espíritu del derecho vigente. 
1. La denegación de exequias eclesiásticas.
a) La denegación de exequias eclesiásticas no excluye, desde luego, la posibilidad de ofrecer sufragios y oraciones en favor de cualquier persona difunta sea o no creyente, puesto que la norma se refiere únicamente en sentido específico a las exequias eclesiásticas, que como es sabido, difieren de los sufragios, y éstos, a su vez, son siempre posibles en favor de cualquier difunto.
Por otro lado, se trata de una materia delicada, como indican los autores, que supone una excepción al principio general del c. 1176, y que por ello ha de interpretarse estrictamente (c. 18). La sensibilidad del pueblo cristiano y el propio legislador favorecen la generosidad, y por ello se ha eliminado del CIC, de entre las penas canónicas, la privación de sepultura eclesiástica, por demasiado dura e ineficaz.
b) La privación de exequias responde, por una parte, al respeto a la voluntad de aquellos bautizados que no desean continuar en la comunión de la Iglesia, y así lo manifiestan de palabra o con actitudes claras, y, por otra, a la coherencia doctrinal y disciplinar de la Iglesia.
Se atiende, además, y se respeta cualquier manifestación de arrepentimiento hasta el último momento de la vida cesando en tal caso la denegación: «a no ser que antes de la muerte, dice el texto, hubieran dado alguna señal de arrepentimiento». Se entiende como señal de arrepentimiento, a modo de ejemplo, el pedir la confesión sacramental, pedir perdón a Dios de forma manifiesta, u otras actitudes de respeto religioso como insistir en la formación cristiana de los hijos, etc. En casos de personas gravemente enfermas, se considera suficiente el testimonio de algún testigo fidedigno de esas señales, pues se trata de una actitud que no causa perjuicio a terceros.
c) Esta interpretación, que era también norma de la legislación anterior, responde al espíritu de benignidad del Vaticano II, y en este sentido se pro nunciaba, antes del CIC, la SCDF por la circular Complures Conferentiae y el Decr. Patres Sacrae Congregationis, de 1973. Con ello atendía la Congregación a la súplica de muchos Obispos y Conferencias Episcopales en favor de peca dores públicos, accediendo a la posible concesión de sepultura eclesiástica, a pesar de la prohibición del c. 1240 del CIC 17 entonces vigente, y en especial a favor de los fieles que habían fallecido en circunstancias de matrimonio irregular. También otros anteriores documentos pontificios habían mitigado sucesivamente esta disciplina.
Esta concesión suponía, sin embargo, haber permanecido en la adhesión a la Iglesia, haber mostrado alguna señal de arrepentimiento y evitar el escándalo de los fieles. Escándalo que puede atenuarse, se añade, principalmente explicando a los fieles el sentido auténtico de la sepultura eclesiástica, y el recurso a la misericordia divina, así como a la razón de testimonio de fe en la resurrección, y divulgando también las señales de arrepentimiento que haya habido.
2. Casos de denegación de las exequias. Después de prolongada deliberación por la Comisión revisora, la norma actual prescribe la denegación de exequias en los tres casos concretos del canon, que explicamos brevemente (…) 
c) En cuanto al tercer supuesto, «los demás pecadores manifiestos», se establecen dos condiciones necesarias para la denegación: manifiesta situación de pecado, y producción de escándalo público de los fieles en caso de autorizar las exequias. Por tanto, si no se produce escándalo no habría lugar a la denegación, como tampoco si la situación de pecado no es manifiesta. 
d) Pero a pesar de todo, no resulta fácil, a veces, determinar estas condiciones, y de ahí surge la situación dudosa. Porque, por una parte, la situación objetiva de pecado no siempre coincide con la conciencia subjetiva de la persona, que puede encontrarse en circunstancia irreversible y de buena voluntad y no afectada entonces de culpabilidad. Y, por otra parte, la razón de escándalo es susceptible de atenuación, ilustrando adecuadamente a los fieles.
Por esto el legislador en caso de duda, establece la oportuna consulta al Ordinario, aplicable también en los supuestos anteriores, y el deber de atenerse a sus disposiciones. Con esto queda aliviada en el párroco la decisión de determinar quiénes son los pecadores públicos a quienes se han de negar las exequias. 
e) Otros supuestos sugeridos durante los trabajos de revisión del CIC, no fueron incorporados en el texto definitivo porque no resultaban esclarecedores, sino que engendraban más bien nuevos interrogantes (así, p. ej., excomunión notoria, adscripción a asociación adversa a la Iglesia, vida totalmente contraria a la práctica cristiana). También se omitieron, por las mismas razones, otras alusiones a asociaciones masónicas y ateísticas, suicidio y otros casos, de los que se ocupaba la legislación anterior.
Señalemos, finalmente, que sobre casos dudosos se habían ido produciendo con anterioridad diversas declaraciones, además de las citadas, que bajo ciertas condiciones resolvían las situaciones con sentido de benevolencia. 



miércoles, 16 de octubre de 2013

Al existente periférico, ni misericordia

La era Francisco se caracteriza por la misericordia. En sintonía con el argot fracisquista, hay que dejarse misericordiar por Dios y misericordiar al prójimo. Con una opción preferencial por las periferias existenciales. Sin miedo, por tanto, de llevar a Cristo a quienes parecen más lejanos, que podríamos denominar existentes periféricos.
Misericordiamos a nuestro prójimo de muchas formas, una de las cuales es mediante las las obras de misericordia. Y si el prójimo es un difunto, la obra de misericordia puede ser corporal (enterrarlo) y también espiritual (rezar por su alma).
Erich Priebke falleció en su residencia de la capital italiana el 11 de octubre de 2013, con poco más de cien años de edad. Condenado por graves crímenes, deberíamos considerarlo integrante de una periferia existencial y por ello sujeto privilegiado de nuestra misericordia. Sin embargo, el mundo no está dispuesto a practicar la misericordia con este difunto. El alcalde de la capital italiana, Ignazio Marino, decidió prohibir "el uso y la ocupación de cualquier espacio público" para semejante fin. "Haré lo que sea para impedir que Priebke sea sepultado en Roma", dijo, y agregó que Roma es una "ciudad antinazi y antifascista". Alemania, Italia y la Argentina, le niegan la posibilidad de obtener exequias y cristiana sepultura.
La familia Priebke solicitó a la FSSPX en Italia la celebración de exequias por el difunto. Un prolijo comunicado la Fraternidad da cuenta del pedido, poniendo el hecho en su contexto. Recuerda que la religión católica es la de la misericordia y el perdón, cualquiera hayan sido los pecados cometidos por un bautizado. El comunicado señala que la Fraternidad accedió a una ceremonia privada para evitar la manipulación política. Porque la misericordia no puede ser intermitente sino que debe guiar siempre a la Iglesia de Cristo. Sin embargo, la celebración se vio alterada por enfrentamientos de activistas políticos. Decenas de manifestantes intentaron obstaculizar con patadas y puñetazos el ingreso del ataúd al lugar a la sede de la Fraternidad. El cajón fue recibido con gritos de "¡Asesino!" y "¡Verdugo!" Ahora se espera que el ataúd permanezca en las instalaciones de la Fraternidad. No está claro dónde se lo enterrará.
Nos preguntamos si no sería conveniente alguna declaración de S.S. Francisco en favor de este existente periférico a quien se le niega misericordia. Mucho nos tememos que no habrá ninguna respuesta oficial.

martes, 15 de octubre de 2013

Nuestra alianza estratégica con Hazteoir

Nuestra bitácora se une en una alianza estratégica con la plataforma Hazteoir y participará de sus alertas y campañas. 


Ignacio Arsuaga anuncia la nueva alianza estratégica.

Ciudadanos defienden la confesionalidad católica frente a la embestida liberal.

[Pinche la imagen para ampliar]
Iniciativa Quas Primas.



lunes, 14 de octubre de 2013

Auspicia nuestra bitácora


Aunque las cuestiones "internas" de la FSSPX no nos interesan,
nos enteramos de la existencia de Castigat ridendo mores,
una bitácora con una buena dosis de humor. 

sábado, 12 de octubre de 2013

Bergoglemas publicitarios


Así como hay un Concilio real, expresado en sus textos auténticos, hay un “espíritu del Concilio”, que va más allá de los textos mismos y forma un para-Concilio. También hay un Concilio real frente a un Concilio de los medios. Todo esto es verdad, aunque no es toda la verdad. Porque otra parte de la verdad es que “los mismos textos conciliares tienen un enorme potencial para el conflicto” (Kasper).
De modo semejante, es posible hablar de Francisco y del “espíritu de Francisco”, o de un Francisco real y un Francisco de los medios. Un error frecuente de algunos tradicionalistas que critican al Papa es no hacer estas distinciones y desgastarse en el combate contra una representación irreal. Pero todo esto es también sólo una parte de la verdad. Otra parte la suministra el propio Francisco con gestos y opiniones de inquietante ambigüedad. Lo ocurrido esta última semana resulta revelador. Y que no se diga que no se ha podido prever la repercusión periodística de la entrevista con Scalfari, porque es tomar por tonto a medio mundo. 
El p. Julio Meinvielle esbozó su hipótesis de la "iglesia de la publicidad". Esperamos que proporcione elementos para la reflexión y el consuelo en tiempos difíciles. La hipótesis no afecta el dogma de la indefectibilidad, ni es fruto de una "eclesiología deficiente" como se dice por ahí. 
¿Franciso es un papa de la publicidad? ¿Se comporta como anticipo y figura de otro, u otros, que lo serán más gravemente? La respuesta para estos interrogantes habrá de ser realista. Culpar de todos los equívocos a la mala fe de los enemigos de la Iglesia, o a la ligereza del periodismo, resulta una excusa insuficiente y pueril. Dejarse llevar por una fobia irracional que da por buena cualquier crítica al Papa reinante tampoco parece una respuesta sana. 
«Cómo se hayan de cumplir, en esta edad cabalística, las promesas de asistencia del Divino Espíritu a la Iglesia y cómo se haya de verificar el portae inferi non prevalebunt, las puertas del infierno no han de prevalecer, no cabe en la mente humana. Pero así como la Iglesia comenzó siendo una semilla pequeñísima [Mt., 13, 32.], y se hizo árbol y árbol frondoso, así puede reducirse en su frondosidad y tener una realidad mucha más modesta. Sabemos que el mysterium iniquitatis ya está obrando [2 Tes., 2, 7]; pero no sabemos los límites de su poder. Sin embargo, no hay dificultad en admitir que la Iglesia de la publicidad pueda ser ganada por el enemigo y convertirse de Iglesia Católica en Iglesia gnóstica. Puede haber dos Iglesias, la una la de la publicidad, Iglesia magnificada en la propaganda, con obispos, sacerdotes y teólogos publicitados, y aun con un Pontífice de actitudes ambiguas; y otra, Iglesia del silencio, con un Papa fiel a Jesucristo en su enseñanza y con algunos sacerdotes, obispos y fieles que le sean adictos, esparcidos como “pusillus grex” por toda la tierra. Esta segunda sería la Iglesia de las promesas, y no aquella primera, que pudiera defeccionar. Un mismo Papa presidiría ambas Iglesias, que aparente y exteriormente no sería sino una. El Papa, con sus actitudes ambiguas, daría pie para mantener el equívoco. Porque, por una parte, profesando una doctrina intachable sería cabeza de la Iglesia de las Promesas. Por otra parte., produciendo hechos equívocos y aun reprobables, aparecería como alentando la subversión y manteniendo la Iglesia gnóstica de la Publicidad.La eclesiología no ha estudiado suficientemente la posibilidad de una hipótesis como la que aquí proponernos. Pero si se piensa bien, la Promesa de Asistencia de la Iglesia se reduce a una Asistencia que impida al error introducirse en la Cátedra Romana y en la misma Iglesia, y además que la Iglesia no desaparezca ni sea destruida por sus enemigos [Las promesas están contenidas de modo particular en: Mt., 16, 13-20; 28, 1820; Juan, 14, 16-26.]Ninguno de los aspectos de esta hipótesis que aquí se propone queda invalidado por las promesas consignadas en los distintos lugares del Evangelio. Al contrario, ambas hipótesis cobran verosimilitud si se tienen en cuenta los pasajes escriturarios que se refieren a la defección de la fe. Esta defección, que será total, tendrá que coincidir con la perseverancia de la Iglesia hasta el fin. Dice el Señor en el Evangelio: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” [Lc., 18, 8].San Pablo [II Carta a los cristianos de Tesalónica, 2, 3.]  llama apostasía universal a esta defección de la fe, que ha de coincidir con la manifestación del “hombre de la iniquidad, del hijo de la perdición”.
Y esta apostasía universal es la secularización o ateización total de la vida pública y privada en la que está en camino el mundo actual.La única alternativa al Anticristo será Cristo, quien lo disolverá con el aliento de su boca. Cristo cumplirá entonces el acto final de liberar a la Historia. El hombre no quedará alienado bajo el inicuo. Pero no está anunciado que Cristo salvará a muchedumbre. Salvará sí a su Iglesia, “pusillus grex” [Lc.,2,32], rebañito pequeño, a quien el Padre se ha complacido en darle el Reino”.» (De la cábala al progresismo, Editora Calchaquí, Salta, 1970, pp. 461-463.)
«El misterio de iniquidad consiste precisamente en que el "Aparato publicitado de la Iglesia" que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirva en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio. Aquí está el "misterio de perversidad": Que la sal se corrompa y deje de salar (Mt. 5, 13). Fíjese bien el lector que no decimos que la Iglesia deje de llevar las almas a Jesucristo. La Iglesia es indefectible y durará como tal hasta el fin. Pero la Iglesia de Jesucristo puede no identificarse con el ''Aparato publicitado de la Iglesia". La Iglesia de Jesucristo puede mantenerse en las almas fieles a la doctrina que se conservaría en algunos sacerdotes y obispos adheridos a la Cátedra del Pontífice de Roma, mientras que el Aparato mismo de lo que el mundo conoce como Iglesia puede seguir otra doctrina y otra pastoral elaborada por la soberbia de los grandes y publicitados teólogos de la nueva teología.» (Prólogo al libro de Pierre Virion, La Masonería dentro de la Iglesia, editorial Cruz y Fierro, Buenos Aires 1968, p. 9).

jueves, 10 de octubre de 2013

Gnocchi & Palmaro: este papa no nos gusta


A fuerza de combatir, la lucha se vuelve más cuesta arriba y arrecia la tentación de desistir. Jesús fue tentado cuando llegaba al término de su cuaresma, y no falta la lección de aquellos santos que debieron enfrentar las más arduas pruebas -la llamada «noche del espíritu»- cuando ya entreveían la cima, el día pleno. Según consta por tan admirables ejemplos, es entonces cuando más urge la perseverancia.

En la situación de anomalía sin descuentos en que se encuentra la Iglesia, no nos está siendo ahorrada -incluso entre las voces críticas de este pontificado, tan dolorosamente singular- alguna que otra señal de cansancio. Al fin de cuentas el sol sigue saliendo cada día, y un papa proclive a escandalizar en cada parada no alcanza a detener la costumbre rotatoria de los astros. Y entonces se cierne la tentación de absorber la anomalía en la regla, y de atenuar la horrísona verba papal por el recurso a alguna que otra dicción correcta, y de reconocerle incluso algunas virtudes -que, sin duda, las ha de tener. Estas cosas no atemperan nada; en rigor, no hacen más que confirmar el tenor de las falencias que, exhibidas como triunfos, acaban por herir gravemente la dignidad papal en el hombre que de momento la inviste.
Para provecho y aliento en la contienda, ofrecemos la traducción de un artículo aparecido ayer en el diario Il Foglio y reproducido en varios sitios italianos. Ellos nos recuerdan que hay un contexto aún más amplio que el párrafo del que se entresaca alguna afirmación malsonante de Francisco, y que incluso el párrafo que se trae en su defensa puede ser un testigo comprometedor. Que de nada sirve meter el sensus fidei en el alambique para ahorrarle mortificaciones, y que el análisis urge la síntesis, sin escapatorias.
ESTE PAPA NO NOS GUSTA
por Alessandro Gnocchi y Mario Palmaro
Cuánto haya costado la imponente exhibición de pobreza de la que el papa Francisco fue protagonista el 4 de octubre en Asís, no es cosa que se sepa. Cierto es que, en tiempos en los que está tan de moda la simplificación, se nos ocurre que la histórica jornada ha tenido muy poco de franciscano. Una partitura bien escrita y bien interpretada, si se quiere, pero privada del quid que hizo que el espíritu de Francisco, el santo, resultara único: la sorpresa que desaira al mundo. Francisco, el papa, que abraza a los enfermos, que se apretuja con la multitud, que bromea, que improvisa discursos, que asciende al Panda, que abandona a los cardenales durante el almuerzo con las autoridades para ir a la mesa de los pobres, era cuanto menos descontado que pudiera esperarse, y ocurrió puntualmente. Naturalmente con gran concurso de prensa católica y para-católica lista a exaltar la humildad del gesto y soltando un suspiro de alivio porque, esta vez, el papa habló del encuentro con Cristo. Y de la prensa laica diciendo que, ahora sí, la Iglesia se pone a tono con los tiempos. Toda buena mercadería para el titulador de medio calibre que quiere cerrar de prisa el diario y mañana se verá.
No hubo ni siquiera la sorpresa del gesto clamoroso. Pero incluso ésta sería bien poca cosa, en vistas de cuánto el papa Bergoglio ha dicho y hecho en sólo medio año de pontificado concluido con los guiños a Eugenio Scalfari y con la entrevista a Civiltà Cattolica.
Los únicos que se vieron derrotados, en este caso, habrían sido los "normalistas", aquellos católicos que se esfuerzan patéticamente en convencer al prójimo, y aún más patéticamente en convencerse a sí mismos, de que nada ha cambiado. Es todo normal y, como de costumbre, es culpa de los diarios que tergiversan al papa a gusto, el cual diría sólo de manera distinta las mismas verdades enseñadas por sus predecesores.

Aunque el periodismo sea el oficio más antiguo del mundo, resulta difícil dar crédito a esta tesis.«Santidad», pregunta por ejemplo Scalfari en su entrevista, «¿existe una visión única del Bien? ¿Y quién la establece?». «Cada uno de nosotros», responde el papa, «tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a cada uno a dirigirse a lo que piensa que es el Bien». «Usted, Santidad» acosa jesuíticamente Eugenio, a quien no le parece real, «ya lo escribió en la carta que me mandó. La conciencia es autónoma, dijo, y cada uno debe obedecer a la propia conciencia. Creo que esta es una de las frases más valientes dichas por un Papa». «Y aquí lo repito»,confirma el papa, a quien tampoco le parece cierto: «cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo».
A Vaticano II ya concluido y a post-concilio más que aviado, en el capítulo 32 de laVeritatis Splendor Juan Pablo II escribía, refutando a «algunas corrientes de pensamiento moderno» que «se han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, que decide categóricamente e infaliblemente acerca del bien y el mal (...), al punto que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral». Incluso el "normalista" más antojadizo debiera encontrar difícil conciliar el Bergoglio 2013 con el Wojtyla 1993.
En presencia de un tal cambio de ruta, los diarios hacen su honesto y descontado trabajo. Retoman las frases del papa Francisco en evidente contraste con aquello que los papas y la Iglesia han enseñado siempre y las transforman en titulares de primera página. Y entonces el "normalista", que dice siempre y doquiera aquello que piensaL' Osservatore Romano, sacan el contexto a colación. Las frases extrapoladas del bendito contexto no reflejarían la mens de aquel que las pronunció. Sin embargo -y es la historia de la Iglesia quien así lo enseña-, ciertas frases de sentido completo tienen sentido y son juzgadas con prescindencia del contexto. Si en una larga entrevista alguien sostiene que «Hitler ha sido un benefactor de la humanidad», difícilmente podrá evadirse ante el mundo invocando el contexto. Si un papa dice en una entrevista «yo creo en Dios, no en un Dios católico», es que el pastiche se ha consumado sin atenuantes. Hace dos mil años que la Iglesia juzga las afirmaciones doctrinales aislándolas del contexto. En 1713, Clemente XI publica la constitución Unigenitus Dei Filius, en la que condena 101 proposiciones del teólogo Pasquier Quesnel. En 1864, Pío IX publica en el Syllabus un elenco de proposiciones erróneas. En 1907, san Pío X adjunta a la Pascendi dominici gregis 65 frases incompatibles con el catolicismo. Y son sólo algunos ejemplos para decir que el error, cuando se encuentra, se reconoce a ojos vista. Un repasito al Denzinger no haría mal.
Por otro lado, en el caso de las entrevistas de Bergoglio, el análisis del contexto puede incluso empeorar las cosas. Cuando, por ejemplo, el papa Francisco le dice a Scalfari que «el proselitismo es una solemne tontería», el "normalista" explica de prisa que se está hablando del proselitismo agresivo de las sectas sudamericanas. Lamentablemente, en la entrevista, Francisco dice a Scalfari «no quiero convertirlo». Se sigue que, en la interpretación auténtica, cuando se define "solemne tontería" el proselitismo, se entiende el esfuerzo hecho por la Iglesia para convertir a las almas al catolicismo.
Sería difícil interpretar el concepto de otra manera, a la luz de las bodas entre Evangelio y mundo, que Francisco bendijo en la entrevista de Civiltà Cattolica. «El Vaticano II», explica el papa «supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a la luz de una situación histórica completa. Sí, hay líneas de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible». Así, justamente: no más el mundo medido a la luz del Evangelio, sino el Evangelio deformado a la luz del mundo, de la cultura contemporánea. Y quizás cuántas veces tendrá aún que ocurrir, a cada vuelta del cambio cultural, emplazando cada vez la relectura precedente: no otra cosa que el "concilio permanente" teorizado por el jesuita Carlo Maria Martini.
Suguiendo este surco se va elevando sobre el horizonte la idea de una nueva Iglesia, el «hospital de campaña» evocado en la entrevista a Civiltà Cattolica donde resulta que los médicos, hasta el día de hoy, parecen no haber cumplido bien su oficio. «Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto», continúa diciendo el papa. «Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?». Un discurso construido sabiamente para ser rematado con una pregunta después de la cual se vuelve al comienzo para mudar argumento, casi destacando la incapacidad de la Iglesia para responder. Un pasaje desconcertante si se piensa que la Iglesia satisface desde hace dos mil años tal dilema con una regla que permite la absolución del pecador, con la condición de que esté arrepentido y que se esfuerce en no permanecer en el pecado. Y sin embargo, subyugadas por la desbordante personalidad del papa Bergoglio, legiones de católicos se han tragado la fábula de un problema que en realidad no ha existido jamás. Todos allí, con sentimiento de culpa por dos mil años de presuntas supercherías a expensas de los pobres pecadores, a agradecerle al obispo venido desde el fin del mundo, no el haber resuelto un problema que no existía, sino el haberlo inventado.
El aspecto inquietante del pensamiento subentendido en tales afirmaciones es la idea de una alternativa insanable entre rigor doctrinal y misericordia: si está el uno, no puede estar la otra. Pero la Iglesia, desde siempre, enseña y vive exactamente lo contrario. Son la percepción del pecado y el arrepentimiento por haberlo cometido, junto al propósito de evitarlo en lo futuro, los que hacen posible el perdón de Dios. Jesús salva a la adúltera de la lapidación, la absuelve, pero la despide diciendo «vete y no peques más». No le dice: «vete, y date por segura de que mi Iglesia no ejercitará ninguna injerencia espiritual en tu vida personal».
Visto el consenso prácticamente unánime del pueblo católico y el enamoramiento del mundo, contra el cual y no obstante el Evangelio debiera poner sobre aviso, diríase que seis meses del papa Francisco han cambiado una época. En realidad se asiste al fenómeno de un líder que dice a la multitud aquello que la multitud quiere que se le diga. Pero es innegable que esto se ejecuta con gran talento y mucho oficio. La comunicación con el pueblo, que se ha convertido en pueblo de Dios allí donde de hecho no hay más distinción entre creyentes y no creyentes, es sólo -en una pequeñísima parte- directa y espontánea. Incluso los baños de multitud en la plaza San Pedro, en la Jornada Mundial de la Juventud, en Lampedusa o en Asís, son filtrados por los medios de comunicación que se encargan de suministrar los acontecimientos juntamente con su interpretación.
El fenómeno Francisco no se substrae a la regla fundamental del juego mediático sino que, más aún, se sirve de él casi hasta volvérsele connatural. El mecanismo fue definido con gran eficacia a comienzos de los años ochenta por Mario Alighiero Manacorda en un provechoso librito con el provechosísimo título de El lenguaje televisivo. O la loca anadiplosis. La anadiplosis es una figura retórica que, como ocurre en este renglón, hace empezar una frase con el término principal contenido en la frase precedente. Tal artificio retórico, según Manacorda, se ha convertido en la esencia del lenguaje mediático. «Estos modos puramente formales, superfluos, inútiles e incomprensibles en lo tocante a la sustancia» decía, «inducen al oyente a seguir la parte formal, es decir la figura retórica, y a olvidar la parte sustancial».
Con el tiempo, la comunicación de masas ha terminado por sustituir definitivamente el aspecto formal por el sustancial, la apariencia a la verdad. Y lo ha hecho, en particular, gracias a las figuras retóricas de la sinécdoque y de la metonimia, con las cuales se representa el todo por la parte. La velocidad crecientemente vertiginosa de la información impone descuidar el conjunto y lleva a concentrarse sobre algunos particulares elegidos con pericia para dar una lectura del fenómeno complexivo. Cada vez más a menudo, diarios, tv, sitios de internete, resumen los grandes eventos en un detalle.
Desde este punto de vista, parece que el papa Francisco estuviera hecho para los mass media y que losmass media estuvieran hechos para el papa Francisco. Basta sólo con citar el ejemplo del hombre vestido de blanco que desciende por la escalera del avión llevando un andrajoso bolso de cuero negro: perfecta utilización de sinécdoque y metonimia a la vez. La figura del papa resulta absorbida por aquel bolso negro que anula la imagen sacral transmitida por siglos para devolver otra completamente nueva y mundana: el papa, el nuevo papa, está todo presente en aquel particular que exalta la pobreza, la humildad, la entrega, el trabajo, la contemporaneidad, la cotidianidad, la proximidad a cuanto de más terreno se pueda imaginar.
El efecto final de tal proceso lleva a disponer el concepto impersonal de papado como telón de fondo, y a la contemporánea salida a escena de la persona que lo encarna. El efecto es tanto más detonante si se observa que los destinatarios del mensaje asumen el significado exactamente opuesto: exaltan la gran humildad del hombre y piensan que éste le da lustre al papado.

Por efecto de sinécdoque y de metonimia, el paso sucesivo consiste en identificar la persona del papa con el papado: una parte por el todo, y Simón ha destronado a Pedro. Este fenómeno logra ciertamente que Bergoglio, aun expresándose formalmente como doctor privado, transforme de hecho cualquiera de sus gestos y cualquiera de sus palabras en un acto de magisterio. Si luego se piensa que aun la mayor parte de los católicos está convencida de que todo lo que dice el papa sea sólo y siempre infalible, el juego está completo. Por más que se pueda protestar que una carta a Scalfari o una entrevista a quien sea valgan incluso menos que el parecer de un doctor privado, en la época mass-mediática el efecto que producirán resultará inconmensurablemente mayor que el de cualquier pronunciamiento solemne. Es más: cuanto más formalmente pequeños e insignificantes resulten el gesto o el discurso, tanto mayor efecto tendrán y serán considerados como irreprochables e irrecusables.
No por caso la simbología que sostiene este fenómeno está hecha de pobres cosas cotidianas. El bolso negro llevado en la mano en el avión es un ejemplo de escuela. Pero también cuando se habla de la cruz pectoral, del anillo, del altar, de los objetos sagrados o de los paramentos, se habla del material con el que están hechos y ya no más de lo que representan: la materia informe le ha sacado ventaja a la forma. De hecho, Jesús ya no se encuentra más en la cruz que el papa lleva al cuello porque la gente es inducida a contemplar el hierro con el que el objeto fue producido. Una vez más la parte se engulle al Todo, que acá se escribe con T mayúscula. Y a la «carne de Cristo» se la busca en otra parte y cada uno acaba por identificar donde quiere el holocausto que más le viene a gusto. En estos días, en Lampedusa; mañana, quién sabe.
Es el éxito de la sabiduría del mundo, que san Pablo rechazaba como estulticia y que hoy es empleada para releer el Evangelio con los ojos de la tv. Pero ya en 1969 Marshall McLuhan escribía a Jacques Maritain: «los ambientes de la información electrónica, que han sido completamente etéreos, nutren la ilusión del mundo como sustancia espiritual. Éste es un razonable facsímil del Cuerpo Místico, una ensordecedora manifestación del anticristo. Al fin de cuentas, el príncipe de este mundo es un destacadísimo ingeniero electrónico».
Más tarde o más temprano tendremos que despertarnos del gran sueño mass-mediático y volver a cotejarnos con la realidad. Y será también necesario aprender la verdadera humildad, que consiste en someterse a Alguien más grande, que se manifiesta a través de leyes inmutables incluso por el Vicario de Cristo. Y será necesario recobrar el coraje de decir que un católico sólo puede sentirse turbado ante un diálogo en el que cualquiera, en homenaje a la pretendida autonomía de la conciencia, sea incitado a caminar hacia una suya y personal visión del bien y del mal. Porque Cristo no puede ser una opción entre tantas. Al menos para su Vicario.
Tomado de:

http://in-exspectatione.blogspot.com.es/2013/10/este-papa-no-nos-gusta.html



lunes, 7 de octubre de 2013

Estos son mis principios...

La primera ley de la historia es no atreverse a mentir, la segunda, no temer decir la verdad. ¿Y la primera ley del periodismo? Depende...
De acuerdo con infocatólica:
Según informa el National Catholic Regiser, el contenido de la entrevista entre Scalfari y el Papa, que fue publicada en el diario italiano La Repubblica, no fue ni grabado ni transcrito literalmente por parte el periodista. Scalfari ni siquiera tomó notas de su charla con el Santo Padre. Por tanto, todo lo que se publicó formaba parte de su recuerdo de las palabras del Papa. El cofundador de La Repubblica asegura que envió el texto para que Francisco diera el visto bueno, pero en la Santa Sede no tienen nada claro que el Papa leyera detenidamente lo que finalmente se ha publicado. De hecho, en una nota publicada por la Santa Sede, se explica que la entrevista es una re-construcción de la charla del periodista con el Papa y hay riesgo de que se hayan perdido detalles clave o se hayan fundido en un solo texto diversos momentos de la conversación.
Pero el blog Secretum mehum mihi, hace unos días ofrecía la traducción de unas palabras del p. Federico Lombardi, en las que afirmaba claramente que en la entrevista concedida al director de La Repubblica, Eugenio Scalfari, y luego publicada, se ha respetado el “sentido” de las palabras del Papa :
La afirmación proviene del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, quien en la mañana del Jueves, Oct-03-2013, lo ha aclarado a los periodistas en rueda de prensa. Escribe la agencia informativa de la Conferencia Episcopal Italiana, SIR (traducción de Secretum Meum Mihi):
En cuanto a la entrevista en cuestión, también publicada en “L'Osservatore Romano”, el padre Lombardi ha puntualizado que “no es un documento escrito del Papa, ni revisado por él”. Sin embargo, “el sentido de lo que se ha expresado es de confianza”, porque quien lo ha escrito “es una persona autorizada y responsable que ha publicado el contenido de una conversación, autorizada por el Papa”.
En el día de ayer, o sea, Oct-03-2013, el texto de la entrevista se encontraba disponible en italiano en el sitio de internet del Vaticano. Ya el día de hoy, o sea, Oct-04-2013, aparece la misma disponible en español.
Por tanto, lo que pretendió decir Francisco a Eugenio Scalfari, lo ha dicho en “el sentido” en el que se ha conocido y así debe entenderse. Lo ha aclarado su portavoz.
El blog incluye las capturas de pantalla del sitio del Vaticano, que hemos de pensar que no se presta a semejantes chapuzas informativas. Es posible que Francisco no revisara la entrevista. Pero, ¿por qué hemos de dejar de creer al vocero oficial del Vaticano, p. Lombardi, cuando afirma que la entrevista ha respetado el “sentido” de lo dicho por el Papa, aunque tal vez no su letra, y que su contenido se ha publicado con autorización del Romano Pontífice?
En la lógica, según Piergiorgio Odifreddi, existe una expresión -jocosa, suponemos- que se llama "verdad jesuítica", que significa decir la verdad mintiendo o mentir diciendo la verdad. En fin, parece que estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros

P.S.: de próxima aparición:




El Riachuelo es el tercer río más contaminado del mundo.

El error doctrinal del papa Juan XXII

Juan XXII fue el más importante de los papas de Aviñón. Su biografía ofrece luces y sombras. Una de las sombras de su pontificado, de la que poco se habla por efecto de la papolatría, es el error doctrinal de este papa. Las interpretaciones teológicas que han trabajado sobre las fuentes, permiten arribar a dos conclusiones seguras: primera, el error fue una "herejía material", no formal, por falta de una definición dogmática y ausencia de pertinacia; segunda, el Papa no tuvo intención de obligar a un asentimiento respecto de su opinión.
Veamos el análisis de dos autores contemporáneos:
 “Este papa [Juan XXII] había pronunciado, en 1331 y 1332, tres sermones para los cardenales de la curia. En ellos había sostenido que las almas de los difuntos, incluso las muertas en gracia, quedaban todas en espera de entrar en el cielo hasta la segunda venida de Cristo, confortadas solamente con la visión de la humanidad santísima de Cristo. Esas almas estarían, en cierta manera, colocadas debajo del altar (cf. Ap. 6,9), como queriendo decir que estaban en expectativa, como en una especie de limbo de los justos. En 1333 llegó incluso a publicar un opúsculo defendiendo estas tesis. Esto produjo una gran inquietud en los cardenales, que se reunieron con el papa varias veces. Entonces el papa declaró que aquella opinión suya la había dicho como autor privado. Además, poco antes de morir rectificó los puntos de vista.” (Ilanes, J. Historia de la teología.  P. 99).
 “..A finales del año 1331 y comienzos de 1332 tuvo tres homilías en las que afirmó que las almas de los santos, antes del juicio final, están en el cielo y contemplan la Humanidad de Cristo, pero no ven la esencia divina; los condenados no irán al infierno hasta que los bienaventurados entren en posesión de la vida eterna (es decir, después de la resurrección y el juicio final); mientras tanto están en este aire tenebroso donde también están los mismos demonios, los cuales precisamente porque no están todavía en el infierno, sino en este aire tenebroso, pueden tentarnos. Sin duda, Juan XXII no pretendía en aquellas homilías hablar autoritativamente (mucho menos, definitoriamente); él mismo, que llamaba a su doctrina «opinión», decía al final de la homilía segunda: «Por tanto, no veo todavía que las almas vean la divinidad hasta después del juicio, pero digo con Agustín que si me engaño, aquel que sabe más, me corrija. A mí no me parece otra cosa, a no ser que se adujera una definición de la Iglesia en sentido contrario o una autoridad de la Sagrada Escritura, las cuales dijeran esto más claro que lo dicen los testimonios arriba indicados». Por esto, no es extraño que el mismo Sumo Pontífice mandara a los teólogos investigar sobre esta cuestión; a este fin, convocó a obispos, teólogos y otros, y en el consistorio de 28 de diciembre de 1333 les manifestó que quería «que sobre la cuestión arriba indicada deliberasen atentamente y le manifestasen qué les parecía según los testimonios de la Sagrada Escritura». Añadió además: «Y si acaso en los sermones y pláticas ya dichos hubiera o pareciera haber algunas cosas opuestas a la Sagrada Escritura o a la fe ortodoxa, decimos y afirmamos que tales cosas han sido proferidas por Nos inintencionadamente, y las revocamos expresamente, no teniendo intención de adherirnos a ellas ni de defenderlas en el presente ni tampoco en el futuro».
c) Juan XXII murió el 4 de diciembre de 1334. El día antes de su muerte hizo leer, delante del Sacro Colegio Cardenalicio, una declaración que tenía propósito de publicar en forma de bula, por la cual revocaba la posición expresada en las homilías.
2. La solución definitiva por el magisterio eclesiástico.
a) En realidad, la solución, que iba a ser definitiva, se encuentra ya en la bula preparada por Juan XXII, y que su sucesor Benedicto XII hizo publicar: «Confesamos, pues, y creemos que las almas purificadas, separadas de los cuerpos, están en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso y reunidas con Cristo en el consorcio de los ángeles, y ven a Dios por ley común, y la esencia divina cara a cara en cuanto lo padece el estado y condición de alma separada».
b) La doctrina fue definida solemnemente en la constitución Benedictus Deus, del papa Benedicto XII.” (Pozo, C. Teología del más allá. Pp. 224-226).
Repare el lector en la clase de documentos que contenían el error: sermones a los cardenales de la Curia y un opúsculo. Los primeros, en apariencia, podrían considerarse actos pontificios de naturaleza magisterial, pero ello no es posible habida cuenta de la ausencia manifiesta de voluntad de imponer una enseñanza de modo vinculante. El opúsculo, en cambio, encuadra más claramente en la categoría de las opiniones de un papa como doctor privado o persona particular.
La Historia es maestra de la vida. Las lecciones del pasado de la Iglesia debieran servir para iluminar nuestro presente. Dios nos conceda esa gracia en tiempos tan turbulentos.


viernes, 4 de octubre de 2013

Otra vez el "orgullo friki"


Una semana muy movida en la web debido a la última entrevista de Bergoglio. Un fenómeno digno de mención es la publicación de algunas opiniones críticas en medio de una agobiante marea del francisquismo, más bobo y fanático que el juanpablismo. En general, los medios de comunicación confesionales han guardado silencio sobre artículos como el de Sandro Magister.
En nuestra bitácora criticamos mucho la papolatría, porque nos parece un mal de nuestro tiempo de tristes consecuencias. Pero por combatir un defecto habría que evitar caer en otro: la papofobia. Ciertamente no es sano idolatrar al Papa reinante, pero tampoco es saludable rechazar por pura fobia irracional todo lo que dice y hace Bergoglio.
Sin entrar en una estéril polémica entre blogs, en esta entrada vamos a analizar brevemente una expresión de Bergoglio que ha dado lugar a una reacción disparatada de parte de un sitio friki-tradi, cuyo nombre es mejor no mencionar. Lo más llamativo del caso es que los frikis en cuestión se suponen ortodoxos, pero su crítica implica una grave heterodoxia: el panteísmo. O  bien incapacidad para comprender textos. Quizás, las dos cosas.
El texto criticado es el siguiente:
Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios.”
Por sus efectos, una frase que mejor no hubiera enunciado. Porque lo dicho es recibido en un contexto de relativismo religioso, que estas expresiones no ayudan a superar.
Pero, en sí misma, la frase es metafísica y teológicamente verdadera. Veamos:
Dios no tiene religión. Puesto que no es un ser ligado, ontológicamente dependiente de otro superior; no es una creatura, sino el ser Increado; no debe re-ligarse como consecuencia de su inferioridad ontológica. Dios no tiene ser superior que lo cree, conserve y gobierne. Si Dios tuviera religión, no sería Dios sino creatura. Creer en un Dios que tiene religión sería confundirlo con las creaturas, lo que implica panteísmo.
Dios no es católico. “Católico” se define (según san Roberto Bellarmino) por tres vínculos: bautismo, profesión de fe y sujeción a la jerarquía eclesiástica. La Trinidad no ha recibido el sacramento del bautismo, ni lo necesita como nosotros, no tiene fe teologal y tampoco está sometida a la jerarquía eclesiástica. Si la Trinidad tuviera alguno de estos vínculos que definen la catolicidad, no sería Dios, sino un ser creado. Y esto es panteísmo. 
No hay que presumir la mala fe de los frikis. Además, debemos tratar de comprender situaciones de perplejidad. No obstante, algunos deberían enfriar un poco sus cabecitas y ponerse a estudiar filosofía y teología, antes de lanzar “anatemas” estúpidos y “desagravios” patéticos. De lo contrario, además de repetir la historia de “Pedro y el lobo”, harán profesión pública de fatuidad.

P. S.: con lo de "orgullo" friki aludimos a esto.

P.P.S.: una crítica a nuestra entrada, aquí.


jueves, 3 de octubre de 2013

Tres modos de entender el proselitismo


Bergoglio se queja de las entrevistas porque sus palabras son malinterpretadas. Pero no ha vacilado en dar otra entrevista más desconcertante que la anterior. Hablamos de "Bergoglio" porque es claro que las entrevistas no son actos pontificios, aunque sí actos de un papa. Uno de los puntos de la última entrevista que ha despertado alarma en muchos es el tema del proselitismo. ¿Qué entiende Bergoglio por proselitismo? En verdad, no lo sabemos. Pero algo podemos conjeturar.
Un significado posible es el siguiente:
Entendemos por proselitismo la acción encaminada a obtener adeptos a un credo religioso violando su libertad.
Se suele decir que proselitismo es la actividad con miras a conquistar prosélitos, que implica un celo indiscreto que mueve a ganar a otros para las propias convicciones; que es la búsqueda inmoderada de adeptos por el sólo propósito de aumentar el número y con la ayuda de medios deshonestos y antievangélicos, abusando por ejemplo de la pobreza, comprando adhesiones, o ejerciendo presiones injustificadas, intimidando mediante alienaciones psicológicas y control cerebral; se dice que es la corrupción del testimonio, que es hacer prevalecer el éxito de una Iglesia a través de la calumnia y la mentira, la imposición del seguimiento incondicional, la ausencia de diálogo, la violación de la libertad del adepto, la destrucción de la adhesión libre a la fe, la destrucción de la dignidad de la persona humana en el campo fundamental religioso, la contradicción plena al acto de fe.” (J. Lozano Barragán)
En este sentido, el proselitismo viene cualificado por la inmoralidad de los medios. Se subrayan a este respecto dos elementos: indiscreción y ganancia; esto es, celo indiscreto para atraer a alguien y exclusiva finalidad de ganar adeptos, con abstracción de la necesaria libertad del sujeto.
Otro significado de proselitismo, puede ser:
“...celo apostólico por anunciar la fe e incorporar nuevos fieles a la Iglesia..." "…la acción de invitar y favorecer que otras personas –no cristianas o, en otro nivel, cristianas no católicas– se incorporen a la plena comunión en la Iglesia católica…” (F. Ocáriz).
Pero el artículo de Ocáriz del que hemos tomado la definición no trata el proselitismo de las instituciones eclesiales neoconservadoras. Es decir, el celo indiscreto por reclutar miembros para una institución, o movimiento, con falta de respeto a los criterios tradicionales requeridos para un discernimiento vocacional serio. Una realidad que, sin embargo, aparece retratada en un libro del cardenal Bergoglio:
…se multiplicaron unos pequeños grupúsculos restauracionistas; yo los llamo fundamentalistas. Como usted dijo, en este cúmulo de incertezas les dicen a los jóvenes: «Hacé así y asá». Entonces un pibe o una chica de diecisiete o dieciocho años se entusiasman, le meten para adelante en directivas de rigidez y, en verdad, les hipotecan la vida y a los treinta, explotan. Porque no los prepararon para superar las mil y una crisis de la vida, incluso los mil y uno fallos que uno tiene, las mil y una injusticias que uno comete. No tienen elementos para conocer o entender lo que es la misericordia de Dios, por ejemplo. Ese tipo de religiosidad, bien rígida, se disfraza con doctrinas que pretenden dar justificaciones, pero en realidad privan de la libertad y no dejan crecer a la gente. En gran parte terminan en la doble vida.”
La descripción parece ajustada al reclutamiento vocacional de varios neo-movimientos. Pero no sabemos, en concreto, a qué grupos alude. 
En fin, mucho nos tememos que esta nueva entrevista de Bergoglio provocará más desconcierto que la anterior.

martes, 1 de octubre de 2013

Rotary Club


Se viene discutiendo en algunas bitácoras sobre el Rotary Club, su naturaleza y fines, y la licitud de la vinculación de un católico con esta institución. Parece conveniente clarificar un poco el estado de la cuestión antes del Vaticano II, como punto de partida para reflexionar objetivamente. Durante la vigencia del Código de Derecho Canónico de 1917, se distinguía el delito de pertenencia a la masonería (c. 2355), penado con excomunión, de la afiliación al Rotary Club, prohibida para los clérigos, pero no para los laicos, salvo lo establecido por cada obispo para su diócesis (c. 684*). Las razones del legislador parecen claras: mientras resulta manifiesta la incompatibilidad de la masonería con la fe católica, no puede decirse lo mismo del Rotary Club en toda circunstancia. 
No obstante el criterio de la doctrina canónica, parece prudente mantener prevenciones respecto de un grupo que puede funcionar como organización pantalla o campo de reclutamiento masónico.
Reproducimos un fragmento que puede contribuir a un mayor esclarecimiento del tema.
El Rotary Club.- Un Decreto recientemente publicado (100) establece no ser lícito a los clérigos pertenecer a los “Rotary Club” o asistir a sus reuniones. Al mismo tiempo, ordena a los seglares que se regulen en cuanto a los clubs rotarios por el canon 684.
En esta materia es fácil excederse en el comentario, tanto por pecar de excesivo rigor como de laxitud. Para ello, remitimos al lector a la interpretación dada oficiosamente en un artículo publicado en "L´Osservatore Romano" (101).
Limitémonos a subrayar que la prohibición se limita a los clérigos, y para éstos vale en todo el mundo, ya que al menos se trata de asociaciones que por sus fines no encuadran con la actividad clerical, que ha de ser ajena a los negocios puramente humanos. En cuanto a los seglares, hay que atenerse al canon 684, y allá los Ordinarios en cada diócesis determinarán la actitud que hayan de tomar sus diocesanos, según sea la naturaleza de los Rotary Club.
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* N. de R.: Can. 684. Fideles laude digni sunt, si sua dent nomina associationibus ab Ecclesia erectis vel saltem commendatis; caveant autem ab associationibus secretis, damnatis, seditiosis, suspectis aut quae studeant sese a legitima Ecclesiae vigilantia subducere.
(100) AAS, 43, 1951, 91.
(101) "L'Osservatore Romano", 27 enero 1951.

Tomado de:

Revista Española de Derecho Canónico. 1951, volumen 6, n.º 17. Página 673.

P.S.: Más información sobre el Rotary, aquí.