viernes, 9 de marzo de 2012

¿Los concilios "todos" e "íntegros"? Quæstio disputata

Uno de nuestros comentaristas siempre repite que si supiésemos más y mejor historia de la Iglesia, muchas de las discusiones que tenemos con los “neocons” no se producirían. Más allá de lo simplista que puede sonar la afirmación, el hecho es que en el tema de los concilios —como en otros—, conocer su historia, la historia menuda, es fundamental para poder evaluarlos correctamente.

La teoría es relativamente simple y se encuentra bastante bien explicada tanto en el Catecismo como en el Código de Derecho Canónico. Cualquier manual clásico de Teología, nos dice que para ser ecuménico un concilio debe cumplir con una serie de elementos constitutivos:

1)      Reunión convocada legalmente de acuerdo al Derecho Canónico vigente;
2)      Compuesta por miembros de la jerarquía de la Iglesia (obispos, etc.) provenientes de todo el mundo (ecumene);
3)      Presididos por el Papa o sus legados;
4)      Con el propósito de llevar a cabo funciones judiciales y doctrinales;
5)      Mediante la deliberación común;
6)      Resultando en la sanción de regulaciones y decretos investidos con la autoridad de toda la asamblea que, contando con la confirmación Papal, son obligatorios para todos los cristianos.

Ahora bien, lo que queda tan claro en teoría, no lo es en la práctica.

Algunos concilios que fueron ecuménicos por su convocatoria, luego no lograron su aprobación por parte de la Iglesia o del Papa, como por ejemplo el Latrocinio (o falso concilio) de Efeso de 449, el Sínodo de Pisa de 1409 o algunas partes de los concilios de Constanza y de Basilea.

Por otro lado, determinados sínodos generales, terminaron siendo aceptados por toda la Iglesia, y elevados, entonces, a la categoría de concilio ecuménico. Caso el de Constantinopla de 381, que recién fue aceptado por la Iglesia de Roma en 451, ¡70 años después!

Y, luego, existe una zona gris de concilios patriarcales, metropolitanos, primados y provinciales que, sin ser considerados ecuménicos, son con frecuencia citados por el Magisterio con una autoridad equivalente, como el III Concilio de Toledo o los Concilios de Cártago de 251 y de 397.

Otra dificultad es la histórica. La numeración de concilios ecuménicos es relativamente moderna y, en muchos casos, la misma surge por tradición escolástica pero no del Magisterio. Los primeros siete concilios, por ejemplo, recién fueron considerados como tales en el siglo XI. Y los concilios medievales lo fueron recién en el XVI, incluso cuando algunos no cumplen las condiciones antes referidas.

Existen, además, controversias. ¿El IV Concilio de Constantinopla es el del 869-870 ó el de 879-880? La primera fecha hace referencia al concilio que depuso al patriarca Focio y reinstalo a San Ignacio, aunque nunca fue declarado ecuménico por el Papa, sino así citado por los canonistas del siglo XI durante la Querella de las Investiduras. La segunda fecha, considerada por las iglesias ortodoxas de tradición bizantina, que restauró a Focio en la sede constantinopolitana tras la muerte de San Ignacio, sin embargo, sí fue un concilio aprobado por el Papa. Lo curioso es que el primer concilio (869-70) aparece como octavo concilio ecuménico en los anales, a pesar de sus deficiencias, y el segundo (879-880), no, a pesar de cumplir con los requisitos.

VII Concilio Ecuménico - Icono del siglo XVII, Monasterio Novodevichy (Moscú)

¿Qué podemos decir de las intenciones y de los participantes de los concilios? Algunos como el anti-concilio de Pisa de 1409 tuvieron las mejores intenciones y estuvieron formados por verdaderos santos preocupados por el estado general de la Iglesia en el tiempo del Gran Cisma de Occidente. Otros, por el contrario, que sí figuran como ecuménicos simplemente se ocuparon de cuestiones políticas como el “affaire” con los sucesivos Emperadores romano-germánicos.

Ni que hablar de concilios llenos de buenas intenciones y con grandes promesas de nuevas primaveras de la Iglesia y que quedaron en nada. De esto último, quizá el paradigmático sea el V Concilio de Letrán (1512-17). Sólo siete meses después de clausurado, un  fraile agustino alemán de nombra Martín Lutero, clavaba 95 tesis en la puerta de la iglesia de Todos los Santos en Wittenberg.

 No podemos tampoco evitar contar la cantidad de estos concilios ecuménicos que mandaron cruzadas que nunca se realizaron. Decían en nuestro portal amigo, “Los católicos, para ser católicos, hemos de ser todos tradicionales, como también hemos de ser al mismo tiempo bíblicos y fieles al magisterio apostólico de todos los Concilios y del Papa.” Reiteramos “todos los Concilios”. Y, en otro lado, va más lejos aún: “Los documentos… han de ser íntegramente recibidos por todos los hijos de la Iglesia”.

Ahora bien, nos preguntamos. ¿Eso incluye la prohibición absoluta, penada con excomunión, de la usura (incluso como mero interés), el uso del arco y la ballesta, la participación en torneos y justas, o el facilitar armas a los musulmanes? ¿Incluye la imposición de vestimentas especiales a los herejes, los judíos y otros infieles? ¿Incluye la obligación de todo gobernante católico a recuperar la Tierra Santa? ¿Incluye los beneficios a perpetuidad para los cruzados y sus familias?

Fácil es decir que debemos dar asentimiento a “todos los Concilios”, pero eso no nos exime de usar la cabeza y poder discernir qué de lo que dice un concilio forma parte del Depósito de la Fe y qué no, según la célebre regla de San Vicente: “quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est”, o como decían los viejos manuales, aplicar los principios de universalidad, antigüedad y unanimidad. O, si se prefiere, las siete notas de que habla el beato cardenal Juan Enrique Newman, para distinguir el desarrollo genuino de la corrupción de la doctrina: 1) preservación de su tipo; 2) continuidad de principios; 3) poder de asimilación; 4) secuencia lógica; 5) anticipación del futuro; 6) acción conservadora del pasado, y 7) vigor crónico.

Claramente, si aplicamos este proceso de cribado a los textos del Vaticano II, nos quedan bastante desech… subproductos. Por lo que no podemos asegurar que de aquí a unas décadas o siglos, este concilio que quiso ser un nuevo comienzo, no termine teniendo el mismo peso en la historia de la Iglesia que el que tiene hoy el V de Letrán.

jueves, 8 de marzo de 2012

Orlando Fedeli y la TFP

OrlandoFedeli fue un historiador y profesor universitario. Presidente de la Asociación Cultural Montfort, participó durante treinta años en Tradición, Familia y Propiedad (TFP), asociación de laicos iniciada por el Dr. Plinio Correa de Oliveira. Luego salió de esa entidad y publicó trabajos acerca de la deriva sectaria de la TFP y de los Heraldos del Evangelio, escisión de la TFP, fundada por el discípulo dilecto de Correa de Oliveira, el hoy Monseñor João Scognamiglio Clá DiasPromotor de la Misa Tradicional en Brasil, Fedeli empeñó buena parte de su vida en el combate contra las derivas sectarias en la Iglesia. 

La sectarización de un grupo como la TFP contiene enseñanzas útiles para todo católico tradicional: recordar siempre el consejo paulino (I Cor. 10, 12), no creerse mejor que los demás y cuidarse de la soberbia colectiva. También debe servir como información preventiva para todos aquellos que tienen alguna responsabilidad en la formación ajena.

Ofrecemos a continuación nuestra traducción de dos fragmentos del último libro del Prof. Fedeli titulado No País das Maravilhas: a Gnose burlesca da TFP e dos Arautos do Evangelho: 

"Constatando que el culto al Dr. Plinio [Correa de Oliveira] y a su madre, que Juan Scognamiglio difundía en el grupo [TFP], continuaba y crecía, con la tendencia a sustituir a Nuestra Señora por Doña Lucila [madre de Plinio Correa de Oliveira], culto con el cual no podíamos concordar, resolvimos luchar. La situación era bien difícil, porque Scognamiglio era muy prestigiado por el Dr. Plinio. En 1982-1983, en plena crisis de nuestra ruptura, cuando estaban en juego puntos de doctrina católica así como la salvación de tantas almas y el destino de tantas vidas, cuando se discutía el profetismo y el culto al Dr. Plinio y a la liberal Doña Lucila, cuando se discutía si la TFP era o no una secta, el Dr. Plinio afirmó: "Yo estoy dispuesto a cualquier compromiso, siempre que no se toque a Juan" [Scognamiglio]. Frase espantosamente probatoria de que, para el Dr. Plinio, Juan Scognamiglio estaba por encima de las cuestiones doctrinarias. Por encima de la ortodoxia. Y por encima, sobre todo, de él mismo y de su madre. Ingenuos, considerábamos que Scognamiglio era quien fanatizaba a los jóvenes de la TFP, sin el permiso del pretendido profeta. Con el tiempo, fue haciéndose patente que el culto delirante que se rendía al Dr. Plinio tenía por fundamento la tesis alocada de que Plinio Correa de Oliveira era profeta inerrante. Y esa tesis absurda provino del propio Dr. Plinio. En aquel tiempo, no conocíamos sus conferencias en las que explicaba Quiénes somos nosotros, en simposios discretos…”
"Después de nuestra ruptura, gracias al testimonio de un ahijado del Dr. Plinio y ex miembro de la Siempreviva [sociedad secreta en el seno de la TFP], Luis Felipe Ablas, acabamos teniendo pruebas de aquello que, desde hacía tiempo, suponíamos que existía detrás del estandarte de la TFP: una secta secreta. Luis Felipe Ablas nos reveló la existencia, los rituales extraños, algunas tesis absurdas de la Siempreviva, la secta de los esclavos del Dr. Plinio, donde él se presentaba nada menos que como la encarnación del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María. Esa fue la denuncia que publicamos entonces para que la Iglesia, las autoridades y la opinión pública conociesen bien lo que era la TFP en realidad. Para que se viese que la bandera católica en la que la TFP se envolvía, enmascaraba una mentalidad sectaria, fanática y “gnosticizante”. El sectarismo, el fanatismo y el gnosticismo lo denunciamos y rechazamos. La bandera católica, la recogemos y la besamos con veneración”




Este vídeo contiene una conferencia del hoy monseñor 
João Scognamiglio Clá Dias
Es una exhortación a los miembros de la TFP 
para que cultiven la devoción 
al fundador (vivo en ese momento) y a su madre. 
A partir del minuto 2:20 se encuentran
 los fragmentos más delirantes. Llega a parafrasear a 
San Pablo: el Dr. Plinio vive en mí... 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Newman: Misión profética de la Iglesia

Cosa difícil, si las hay, gobernar la Iglesia Católica. Aquí Newman explica clarísimamente por qué: el Papa hereda de Cristo las incumbencias de Pastor (gobernante), Sacerdote (mediador entre Dios y los hombres) y Profeta (maestro). ¿Y bien? Y a veces, muy a menudo, como ilustra profusamente nuestro gran Cardenal, el desempeño de esos oficios parece oponer una cosa a la otra (por ejemplo, conviene decir esta verdad ahora, pero si la digo ahora, se me rebelan los de tal región; claro que si no digo nada los de tal región se quedan campantes, pero los de más allá están que trinan, etc...). Es como un número de juglaría con tres naranjas. Difícil muy difícil la tarea de manejar la barca de Pedro. En este ensayo Newman demuestra que las más de las veces no se hizo tan mal... 



El trabajo del beato Juan Enrique Newman, traducido por Jack Tollers, puede descargarse gratis en el siguiente enlace:



martes, 6 de marzo de 2012

Tópicos para el desarme cristiano (I)

La retórica acerca del «diálogo» y de la no «confrontación» —que son actitudes laudables en sí mismas cuando no se convierten en nuevos nombres de claudicación y mundanización— ha contribuido sin duda a un «desarme general» de los cristianos, que tiene pocos precedentes en la historia.Incluso el uso acrítico e indiscriminado de algunas frases, que empleadas en su sentido tienen validez, ha contribuido a la difusión del espíritu de derrota o al menos de confusión. Para no quedarnos en la vaguedad, citamos algunas a continuación.
-«Hay que distinguir entre el pecado y el pecador». Principio muy atinado, pero que hay que aplicar teniendo en cuenta dos advertencias: que en realidad la afirmación no se convierta en dejar ya de distinguir entre el error y la verdad; que se tenga en cuenta que, si la condenación del error no debe quedarse en una abstracción inútil, hay que poner también en guardia al pueblo cristiano ante quienes de hecho siembran el error, naturalmente sin dejar de querer su verdadero bien y dejando siempre a Dios el juicio sobre las intenciones profundas de las personas.
* Tomado de: Biffi, G. La bella, la bestia y el caballero. Ensayo de teología inactual. Ed. Encuentro. Ps. 40-41

lunes, 5 de marzo de 2012

Correo de Pedro Hispano

Pedro Hispano, un amigo de nuestra bitácora, nos ha enviado un correo que reproducimos a continuación.

La intervención de Don José Antonio Sayés Prieto en post titulado: ¿Objeción de conciencia? Me parece que merece una ampliación ya que no es que lo que dice no sea fundamentalmente cierto pero, a pesar de eso, hay un fallo fundamental en la exposición de tan benemérito teólogo: no va a la raíz de los problemas.
Que se invite a dimitir a políticos corruptos es una ingenuidad. Otra cosa es que se trate simplemente de incompetentes, que, además de incompetentes, sean del número, desgraciadamente escaso, de católicos que se confiesan. ¿Pero es esa la solución a los males de España? Algunas correcciones muy atendibles le ha hecho en su comentario Juanito Neocón pero yo creo indispensable añadir que el fondo de los problemas de la aún en parte católica España no está en los malos políticos sino en los malos eclesiásticos. Es a ellos, por muy encumbrados que estén, a los que habría que exigir la dimisión porque son ellos el fondo del problema y lo que paraliza cualquier intento de solución.
Ellos y la crisis que ellos llevan consigo y que ni siquiera con frecuencia quieren reconocer ni mucho menos afrontar sino que se limitan a tratar de ocultar con castillos de fuegos artificiales como el que preparan próximamente para Barcelona siguiendo las directrices del impresentable Fisichella.
 Me resulta embarazoso corregir aquí a alguien como Don José Antonio Sayés  pero creo que si los eclesiásticos no se atreven a llamar las cosas por su nombre y se limitan a dirigir los tiros, por otra parte más que justificados, a los malos políticos pueden dar una impresión de corporativismo a ultranza que sólo puede traerle descrédito a la Iglesia.
Y por aquello de donde se confirma lo dicho con algunos ejemplos remito a quien le interese al documentado artículo que el 03.09.09 nos ofrecía Germinans sobre la corrupción de los Kennedy -¡y de cuantos más Dios mío!- por obra de teólogos progresistas. Es claro que ese ejemplo concreto no se puede aplicar sólo a USA sino que es perfectamente trasladable a cualquiera de los países otrora católicos. Es la crisis de la Iglesia la que corrompe a la sociedad y si de verdad se quiere el remedio hay que comenzar por casa.


APENDICE:
23:25:51, por Germinans,

Cómo teólogos modernistas desviaron la carrera de un político católico.
El pasado 25 de agosto, murió Edward Moore Kennedy, más conocido por su diminutivo Ted, a sólo dos semanas del fallecimiento de su hermana Eunice Kennedy Shriver. De esta manera, ha vuelto a saltar a la actualidad el clan más famoso de los Estados Unidos, al cual siempre se lo ha considerado lo más cercano a una familia real que tiene ese país. Lástima que, como sucede con gran parte de las antiguas dinastías europeas, la irlando-americana de los Kennedy haya perdido la consciencia de sus obligaciones históricas y morales, cuyo cumplimiento fue en otro tiempo su timbre de gloria y la razón de su encumbramiento. ¿Cómo es posible que los que llegaron a ser hijos predilectos de la Iglesia se hayan convertido en promotores de causas contrarias a las enseñanzas del magisterio católico? El propio senador Kennedy, que fuera en la primera época de su vida un firme defensor de la vida desde el instante mismo de la concepción terminó sus días apoyando la opción que en los Estados Unidos se llama “pro-choice”, es decir la que defiende la completa libertad de la mujer para controlar su fertilidad y decidir la continuación o la interrupción de su embarazo (lo cual implica el aborto libre). Desgraciadamente, la tercera generación Kennedy sigue sus pasos: el gobernador de California Arnold Schwarzenegger, marido de Maria Owings Shriver (hija de Eunice Kennedy Shriver), es también un abanderado de la opción “pro-choice”, y Caroline Kennedy Schlossberg, hija del asesinado presidente Kennedy, ambiciona el puesto de senadora por Nueva York, dejado vacante por Hillary Clinton, defendiendo, entre otras cosas, el aborto y los “matrimonios” homosexuales.
Ted Kennedy escribió poco antes de morir una carta a Benedicto XVI, que Barack Obama entregó personalmente al Papa durante su visita del 10 de julio pasado. En ella, el senador afirmaba: “Siempre traté de ser un católico fiel, Su Santidad, y aunque mis debilidades me hicieron fallar, nunca dejé de creer y respetar las enseñanzas fundamentales de mi fe”. Todos los Kennedy se confiesan igualmente católicos, pero no parecen tener escrúpulos de conciencia por su defensa de ciertos principios contrarios al magisterio de la Iglesia. Se les ve en misa, en compañía de prelados y clérigos, presiden obras de caridad y beneficencia católicas… ¿cómo se compadecen conductas tan contradictorias? Quizás la respuesta esté en una reciente declaración de la ya citada Maria Shriver, que dijo considerarse una “Cafeteria Catholic” (“católica a la carta”). Es ésta una expresión que define a aquellos fieles que seleccionan las enseñanzas de la Iglesia en las que quieren creer y rechazan otras, normalmente las relativas a la Moral (que suelen ser las más incómodas porque exigen una coherencia de fe y vida, una traducción de las creencias en las conductas, cosa no siempre fácil, sobre todo cuando se es un personaje público, sujeto a la atención de la opinión pública y a los discutibles imperativos de los políticamente correcto).
El “catolicismo a la carta” no es sino el resultado del llamado “progresismo”, que hizo fortuna en el catolicismo norteamericano desde mediados de los años Sesenta del siglo pasado, época de grandes cambios en lo religioso, político y cultural y de importantes convulsiones sociales, propicia a los activismos de toda clase. Lo explica muy bien Patrick W. Carey en su libro Catholics in America: a history. La aplicación del Concilio Vaticano II y sus reformas comenzó a transformar la conciencia de la comunidad católica, pero su impacto se vio amplificado por los movimientos reivindicativos de aquellos años: las protestas radicales contra la guerra del Vietnam, los disturbios raciales, la rebeldía estudiantil, las campañas para la emancipación sexual y la liberación de la mujer, etc. Sacerdotes, religiosos, monjas y seglares se vieron involucrados en ellos. Se dio un verdadero giro a la izquierda en las élites católicas. ¿Cómo se llegó a esto?
Cuando en 1960 John Fitzgerald Kennedy llegó al poder, convirtiéndose en el 35º presidente de la Unión, se rompió un prejuicio reinante en la sociedad norteamericana: “en una América democrática una religión autoritaria como la católica es cosa extraña”. Fue realmente un gran impacto el que un católico romano pudiera gobernar un país de mayoría protestante, impacto incluso mayor que el que ha tenido la elección de Barack Obama, un afroamericano, como presidente de un país en el que hasta hace cuarenta años se practicaba el segregacionismo. Kennedy era, sin embargo, el resultado del gran desarrollo experimentado por la Iglesia Católica desde el último tercio del siglo XIX y durante la primera mitad del XX, gracias, sobre todo, a dos factores fundamentales: la importante inmigración católica y una sabia organización, que la convirtieron en la minoría religiosa más influyente y eficaz de la sociedad norteamericana. Buena parte del mérito corresponde al cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, que supo aprovechar inteligentemente a favor de la Iglesia el principio de libertad religiosa consagrado en la Constitución norteamericana. Roma vio con gran complacencia el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, que pudo comprobar personalmente el entonces cardenal Pacelli (futuro papa Pío XII) en viaje privado a todo lo largo y ancho del país en 1936, durante el cual, por cierto, trabó conocimiento y amistad con Joseph P. Kennedy, el patriarca del clan Kennedy.
Durante el pontificado pacelliano la jerarquía católica estadounidense fue un ejemplo de fidelidad a Roma y de gobierno ejemplar: en este capítulo quedan nombres como el del cardenal Edward Mooney, arzobispo de Detroit (gran benefactor de las clases trabajadoras); el del cardenal Samuel Stritch, arzobispo de Chicago (para quien Pío XII tenía importantes planes, truncados por una prematura e inesperada muerte); el del cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York (gran amigo del papa Pacelli) y su obispo auxiliar Fulton J. Sheen (excelente comunicador de masas); el del cardenal James Francis McIntyre, arzobispo de Los Angeles (decisivo impulsor de las escuelas católicas); en fin, el del arzobispo (más tarde cardenal) Richard Cushing de Boston (amigo de la familia Kennedy, a varios de cuyos miembros bautizó). Pero esto era el panorama externo del catolicismo estadounidense. En esos mismos años, ya antes del Concilio Vaticano II, se incubaba el germen del cambio.
El jesuita John Courtney Murray (1904-1967), profesor de Filosofía de la Universidad de Yale, lanzó durante el curso 1951-1952, en colaboración con Robert Morrison MacIver, de la Universidad de Columbia, un proyecto para garantizar la libertad académica y la enseñanza religiosa en las universidades públicas. El principio era en sí positivo y pretendía contribuir a una mejor preparación de las élites católicas para la acción (típico objetivo jesuita), pero la libertad académica se tradujo en la realidad en un progresivo distanciamiento del magisterio oficial de la Iglesia. El mismo Murray tuvo problemas con el Santo Oficio, siendo interpelado por el cardenal Ottaviani por sostener que una nueva verdad moral había emergido fuera de la Iglesia y que todo ciudadano, por su dignidad como persona, tenía derecho a asumir el control moral sobre sus propias creencias. El jesuita renunció en 1954 a seguir escribiendo sobre libertad religiosa, pero ya había creado escuela. Su principio de libertad académica sería más tarde invocado por teólogos como Charles Curran, Robert Drinan y Hans Küng para justificar su oposición a la doctrina católica oficial, a la cual oponían su “fiel disenso”. Ahora se puede comprender cómo pudo ser posible el giro a la izquierda de las élites católicas en los años Sesenta al que nos referíamos líneas atrás.
La postura del P. Murray –según la cual se ha de distinguir entre los aspectos morales de una cuestión y la viabilidad de promulgar legislación acerca de tal cuestión– fue decisiva durante el coloquio que tuvo lugar en Hyannisport (Massachusetts), en el cuartel general de verano de los Kennedy, en el verano de 1964. En él participaron los ya mencionados Charles Curran y Robert Drinan, como también los jesuitas Joseph Fuchs, John Giles Milhaven, Richard A. McCormick y Albert R. Jonsen. El momento era importante porque Robert Kennedy, que no gozaba de la confianza de Lyndon B. Johnson, iba a dejar en septiembre la Fiscalía General de los Estados Unidos para presentarse como candidato a senador por Nueva York en las elecciones de noviembre, con la perspectiva de presentarse a las presidenciales de 1968. Por su parte, Ted, que había cobrado mayor importancia en la familia tras el asesinato de su hermano el Presidente, era senador por Massachusetts desde noviembre de 1962 y se preparaba a mayores responsabilidades. Ahora bien, ambos Kennedy, si querían que sus carreras políticas prosperasen, debían contar con el apoyo del electorado demócrata y del electorado católico liberal, ambos favorecedores de las reivindicaciones más en contraste con el magisterio oficial de la Iglesia, especialmente la del aborto. Los teólogos reunidos en Hyannisport dieron a los Kennedy y a sus asesores y aliados la justificación para poder aceptar, dado el caso, la promoción de una política abortista con tranquilidad de conciencia.
Robert Kennedy se ocupó preferentemente de los derechos civiles y los derechos humanos (de los que ya se había ocupado como Fiscal General) siendo asesinado en plena campaña para las elecciones presidenciales en junio de 1968. No se sabe qué actitud iba a adoptar frente al aborto. Su hermano Edward, convertido en jefe de la familia (su anciano padre Joseph se hallaba impedido por una parálisis), veía así ante él desplegado el camino hacia la presidencia, pero en julio del año siguiente ocurrió el accidente de Chappaquidick con resultado de muerte para su secretaria Mary Jo Kopechne, cuyas extrañas circunstancias suscitaron una controversia que acabó con las posibilidades de elección del senador, al menos por el momento. El hecho es que todavía en 1971, Ted Kennedy se manifestaba contrario al aborto, como queda documentado por una carta de respuesta al activista de la Liga Católica de New York Tom Dennelly, en la cual se leen frases como las siguientes:
“Creo que la vida humana, incluso en sus etapas más tempranas, tiene ciertos derechos que deben ser reconocidos: el derecho a nacer, el derecho a amar, el derecho a envejecer”. 
“Una vez la vida ha empezado, sin importar en qué estadio de desarrollo se encuentre, creo que no se puede decidir que termine por un mero deseo”. 
“Cuando la Historia vuelva los ojos hacia esta época, debería reconocer a esta generación como la que se preocupó por los seres humanos lo suficiente como para acabar con la práctica de la guerra, para ofrecer una vida decente a cada familia y para cumplir con sus responsabilidades frente a sus hijos desde el momento mismo de la concepción”.
Sin embargo, en los Ochenta el senador Kennedy emprendió una activa campaña contra la política de Ronald Reagan, haciéndose abanderado del feminismo y de los derechos de los homosexuales. ¿Y el aborto? El P. Milhaven, que había participado en el coloquio de Hyannisport de 1964, informó que veinte años después, en 1984, hubo otra reunión de teólogos en la misma localidad. Se trataba de una sesión informativa para el grupo Catholics for Free Choice (Católicos para la libre elección), en la que participaron varios miembros del clan Kennedy (entre ellos Ted y su cuñado Sargent Shriver, esposo de Eunice), a cuyas preguntas sobre varios puntos controvertidos respondieron los teólogos. Éstos, en palabras del P. Milhaven, “aunque disintieron en muchos puntos, coincidieron en uno básico y fue éste: que un político católico podía en buena conciencia votar a favor del aborto” (citado por Ann Hendershott en la edición del The Wall Street Journal del 2 de enero de 2009). Desde entonces fue cuando Edward Kennedy se mostró abiertamente favorable a la política pro-choice, de la cual no se distanció el resto de su vida, ni siquiera en la carta a Benedicto XVI a la que hemos hecho referencia.
Sin pretender disminuir la innegable responsabilidad personal de este político en la promoción del aborto hay que decir que, en última instancia, la culpa es del “catolicismo a la carta” propiciado por los que tenían la grave responsabilidad de educar a las élites católicas norteamericanas. Y es que cuando los guías son ciegos, ¿a dónde van los guiados? Es una pena que una familia católica como la de los Kennedy, que pudo haber influido decisivamente en la sociedad estadounidense a favor de los valores predicados por la Iglesia, perdiera tan tristemente el rumbo. Y es tanta más lástima si se considera que tuvieron el excelente ejemplo de su devota matriarca: Rose Fitzgerald Kennedy, que llegó a sacrificar su afecto maternal antes de aprobar la unión ilícita desde el punto de vista católico de su hija Kathleen y que nunca desmintió su profunda religiosidad. Ted Kennedy, además, tuvo el privilegio de recibir la primera comunión de un santo: Pío XII (fue durante un viaje con su familia a Roma, siendo su padre embajador de los Estados Unidos en el Reino Unido). Quiera Dios en su Misericordia que la intercesión de Eugenio Pacelli y la de Rose Fitzgerald Kennedy, en unión de las plegarias que pidió a Benedicto XVI hayan logrado que el senador Edwrad Moore Kennedy, contrito de sus pasados errores, tuviera una buena muerte


viernes, 2 de marzo de 2012

Censuran a Morillo

Manuel Morillo publicó ayer un su bitácora un artículo en defensa de la Doctrina Social de la Iglesia y crítico de la postura del profesor Antonio Argandoña (IESE, Universidad de Navarra) a favor de la reforma laboral del PP. En poco tiempo, el artículo fue suprimido de su blog ReLTranscribimos la entrada desparecida:


Antonio Argandoña, en nombre de AEDOS, así lo rubrica, ha escrito un artículo sobre la últimas reformas del PP (que han sido las subidas de impuestos a las clases medias y la facilitación del despido)

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//aedos.png
Lo ha escrito desde un supuesto criterio de la DSI (AEDOS es el acrónimo de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia)

Pero todo el artículo es una justificación de las citada medidas tomadas por el partido progre de derechas siguiendo las órdenes de las instituciones mundialistas, como la UE y el FMI , viniendo a decir, con un criterio fatalista, que gusten o no gusten son las únicas medidas posibles, considerando la reforma como "adecuada". Así lo titula

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//Argandoña1.jpg

Antonio Argandoña es profesor de Economía y titular de la Cátedra ´la Caixa´ de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE (Universidad de Navarra),

Tanto por su pertenencia a AEDOS como por su carrera académica se le supone  conocimiento de la DSI como de la economía, y por ello de las consecuencias sobre los españoles de las medidas tomadas por el gobierno del PP.

Es decir que en sus opiniones no se puede alegar inocencia en las mismas, sino que son dolosas, pretendiendo convencer a sus lectores de que deben resignarse y aceptar las actuales políticas económicas y sus consecuencias laborales, con las repecusiones morales y familiares que tiene la precarización del trabajo, la pauperización de los salarios, etc.. mientras se apoyan las instituciones financieras.

Y lo ha escrito en la revista Alfa y Omega[*] , que es órgano impreso de la Fundación San Agustín dependiente del Arzobispado de Madrid. Tan dependiente que la publicación tiene un delegado episcopal.

Con lo que el artículo adquiere una percepción por parte de sus lectores como magisterio del pastor local, que por su posición en la CEE y la distribución de la publicación tiene una dimensión nacional.

Este artículo es otra mas de las acciones de propaganda subliminal (en este caso poco subliminal) al servicio del partido centroreformista y de su cosmovisión liberal relativista, a las que prestan altavoz y  tribuna los medios propiedad de la Iglesia, pero que manipulan la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente el Magisterio Pontificio sobre el tema  y que tanto preocupó a Juan Pablo Magno.

Los media dependientes de la Iglesia española nos van a obligar a luteranizarnos, y tener que acudir directamente a la  Sola scriptura y leer directamente los textos pontificios, sin fiarnos de sus interpretaciones fraudulentas distribuidas por la Iglesia local

¿Veremos pronto en algunos seminarios la sustitución de las catedra Leon XIII por la catedra FAES?

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[*] Toda una guasa y una contradicción en un número dedicado especialmente a Chesterton y su distributismo


jueves, 1 de marzo de 2012

Bandera roja para el Yunque


El tema del Yunque ha suscitado muchos comentarios, algunos publicados y otros recibidos por correo privado. Esta entrada no admitirá nuevos comentarios.  Quien desee aportar algo con fundamento, o basado en alguna experiencia personal, puede enviar un correo, y a juicio de los redactores, se publicará como post independiente.

Nuestra opinión sobre el tema puede sintetizarse en los siguientes puntos:

I. Al ser oculta la estructura asociativa, los objetivos y las estrategias del grupo, la información disponible contiene hechos ciertos, medias verdades y falsedades completas. El resultado es la confusión general: todos podemos comprar pescado podrido.

II. No pensamos que sea malo en sí pertenecer a una sociedad reservada. En el caso de México, fue un instrumento de legítima defensa frente a la persecución estatal. Pero fuera de circunstancias extraordinarias los cristianos debemos ser hijos de la luz  en nuestras acciones (cfr. I Tes. 5, 5).

III. El problema práctico central del Yunque es el secretismo, es decir, la ocultación de lo que -en circunstancias ordinarias- debiera ser público.

IV. En España el carácter oculto del grupo despierta mayores reservas que en Iberoamérica pues el artículo 22, 5 de la constitución prohíbe las asociaciones secretas.

V. Por fuentes directas, conocemos casos de captación secreta de adolescentes y jóvenes. Lo que preocupa a las familias, por la similitud que guarda con los procedimientos sectarios.

VI. El Yunque tiene otras prácticas que, cuando están teñidas de secretismo, resultan inquietantes: acción reticular, creación de asociaciones pantallas, infiltración en otros grupos, cooptación de dirigentes de otras instituciones, el recurso a personalidades destacadas del ámbito académico o profesional para dar prestigio a entidades pantallas. La consecuencia de estos procedimientos es la instrumentalización de personas que no pertenecen al grupo, a quienes se hace cooperar para fines que ignoran aprovechándose de su buena fe.

VII. El carácter secreto de su modus operandi lo hace muy distinto de la acción capilar propugnada por Jean Ousset y la Ciudad Católica.

VIII. No nos consta que haya miembros de la FSSPX vinculados al Yunque. Parece raro que el Yunque quiera infiltrarse en la Fraternidad, porque la falta de reconocimiento canónico la coloca lejos de posiciones de poder. 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Correo de lector sobre el Yunque

En el día de ayer hemos recibido de un lector argentino el correo que reproducimos a continuación. Es largo pero creemos que vale la pena para tener otra campanada. 

Por obvias razones no podemos comprobar la veracidad lo que aquí se afirma. Así que, como siempre, tomar con cuidado y leer con criterio. Hemos corregido un poco la redacción y la ortografía. Lo resaltado es nuestro.


Estimados Sres. de Infocaótica,

En referencia a su entrada del pasado sábado 25 de febrero, intitulada “El informe confidencial sobre El Yunque”, quisiera acercarles algunas reflexiones puesto que considero que mucho de lo que se ha publicado al respecto (incluído el Informe) está lleno de “pescado podrido” (información provista por la misma organización para desorientar).

Durante más de 15 años he estado investigando a esta “sociedad secreta” (o reservada, como dicen ellos). He leído distintos libros, informes, entradas en bitácoras, aportes en foros, videos y notas televisivas. Logré contactar con yunquistas, en actividad o “apagados”; primero en Méjico, pero también en España y la Argentina. Es en base a todo eso que digo lo que sigue.

Como sabrán los que han leído sobre los Cristeros mejicanos, la persecución a los católicos no cesó con los Acuerdos de 1929: los principales líderes cristeros fueron aislados por la Jerarquía mejicana y literalmente cazados por el gobierno, al mismo tiempo que los sacerdotes que habían apoyado el levantamiento cristero fueron trasladados o se vieron obligados a exiliarse. Es sobre este contexto, durante la década del ’30, que aparece toda una red de sociedades secretas católicas; una de las cuales, surgida ya en 1930 fue el Yunque. Pero no fue la única ni la de mayor peso. De hecho, durante sus primeras décadas de vida, el Yunque limitó su actividad al Estado de Jalisco y a su capital, Guadalajara.

Estas sociedades secretas actuaban de forma semi clandestina, tenían vínculos con sacerdotes y obispos, se financiaban con católicos europeos o estadounidenses, poseían brazos políticos o, incluso, servicios de orden más o menos violentos (recordemos que hasta la Segunda Guerra Mundial, a nivel mundial la política consistía fundamentalmente en “ocupar” la calle, y defenderse de los grupos antagonistas que querían evitar que se “ocupara”). Como suele suceder en estos casos, no todos los que eran útiles para estas sociedades, eran concientes de pertenecer al grupo. Es importante recordar esto para no caer en acusaciones injustas.

La primera acción importante del Yunque en Méjico de que se tiene constancia fue la organización de una serie de manifestaciones de los estudiantes católicos de Jalisco en los ’30 y que culminó con la fundación de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Un porcentaje ínfimo de los manifestantes era de yunquistas, pero su accionar en esta “crisis” para obtener la autorización para la universidad sería característica de la forma de actuar del grupo.

En ese tiempo, el gobernador de Jalisco se encontraba enfrentado con Ciudad de Méjico, y los yunquistas le hicieron entender que aplacando las manifestaciones de estudiantes y cediendo en la fundación de una universidad, se podría ganar el apoyo de los católicos de la región en su enfrentamiento con el gobierno central.

Pero había otro problema: fundar una universidad confesional (católica) estaba prohibido por ley. Nuevamente el Yunque encontró la solución: sería una fundación autónoma, pero controlada “oficialmente” por una familia de catolicismo reconocido —los Cuesta Gallardo—, pero “extraoficialmente” por el mismo Yunque que proveería el nexo necesario entre la Jerarquía y los profesores.

Es importante entender esto. Más allá de ritos de iniciación —que pueden o no existir, y que son más o menos irrelevantes— la característica más importante del Yunque es su metodología de acción, que alguno dirá cuasi masónica, y otros, simplemente discreta según el mandato de Cristo (“prudentes sicut serpentes et simplices sicut columbae”, es el lema no oficial del Yunque)… Y es esta metodología lo que han exportado desde Méjico a nuestros países y lo que los distingue al día de hoy.

Pero volvamos un instante sobre el tema de las sociedades secretas mejicanas. En esas primeras décadas posteriores a la Cristiada, mucho más relevante que el Yunque fue la Base. Con sede en el Estado de Guanajuato y su capital, León, la Base impulsó un movimiento político que, en determinado momento, llegó a poner en jaque a todo el sistema. Me refiero al Sinarquismo.

No debemos confundir al sinarquismo mejicano con la famosa “conspiración sinarquista”, que tanto ha dado que hablar a complotistas y paranoicos en todo el mundo. En Méjico el término —del griego “syn” (con) y “archía” (gobierno)— era utilizado como opuesto a democracia, monarquía u oligarquía, todos ellos sistemas que habían traído guerra y desunión a los mejicanos. El Movimiento, en cambio, decía proponer un gobierno donde hubiese armonía entre las diversas corporaciones y clases sociales. Resumiendo mal y pronto, diríamos que el sinarquismo fue el modo mejicano del fascismo.

Eventualmente, el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría pondría fin al sinarquismo, dividido entonces entre tercermundistas y pro-yanquis. De más está decir que en esta división, mucho tuvo que ver la Base, cuyas fuentes de financiamiento principales se encontraban entre los católicos de los Estados Unidos.

Para ese tiempo, década del ’50, el Yunque se traslada hacia el Oriente mejicano, al Estado de Puebla, de la mano de un combativo profesor universitario —Ramón Plata Moreno— y un ardoroso jesuita —Joaquín Sáenz Arriaga—. También se fundará tiempo después un Yunque en el norte, en el Estado de Sonora, con su capital Hermosillo.

El Yunque de Occidente, los “tecos” de Guadalajara, se convertirán en los ’50 en duros luchadores anticomunistas, con fuertes vínculos con los Estados Unidos y propagadores de toda clase de denuncias sobre infiltraciones y conspiraciones con el “nom de plumeMaurice Pinay.

Por su parte, el Yunque de Oriente, y su líder Ramón Plata, se verá influenciado por los escritos de Jean Ousset y Plinio Correa de Oliveira, y toda la literatura de contrainsurgencia de la hoy conocida como Escuela Francesa —incluso se han denunciado vínculos con la OAS—. Así fundaron numerosas “pantallas” que abrían diversos frentes de combate. En el ámbito universitario, entonces muy convulsionado, el Yunque organizó el Frente Universitario Anticomunista de Puebla o el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación de Méjico (mejor conocido como “el Muro”), que combatían en el terreno de las ideas y la propaganda la mayoría de las veces, a los puños, otras, contra los grupos marxistas enquistados en la universidad mejicana.

Si bien las orientaciones, entonces, eran distintas, fue el Concilio Vaticano II el que trajo la ruptura definitiva.

Es imposible entender la fuerza del tradicionalismo mejicano clásico, tan peculiar en su estilo —poco predispuesto a distinguir matices y siempre dado a las conspiraciones—, ya sea sedevacantista o filo-sedevacantista, sin considerar lo que fue Guadalajara, como centro intelectual de la resistencia al postconcilio, sufriendo incluso atentados terroristas y, posiblemente, provocando otros.

Por su parte, el Yunque de Ramón Plata, sin cesar en sus denuncias a las infiltraciones en la Iglesia, se declaró sumiso a la Santa Sede y combatió al de Guadalajara como “falsa derecha”. Por su parte, los tecos acusaron a Plata Moreno de “lacayo de Ousset” e “infiltrado de Plinio” y, posiblemente, fueron quienes denunciaron a los alumnos y profesores yunquistas que fueron expulsados de la Universidad Autónoma de México en 1968.

Es entonces que estos yunquistas exiliados de la Ciudad de Méjico fundan la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Del mismo modo que dos décadas antes se había hecho en Guadalajara, el Yunque “negocia” con el gobernador poblano que buscaba mejorar su base de popularidad frente al gobierno federal. Nuevamente no se crea una “universidad católica”, sino una controlada por el Yunque que hace de nexo con entre la Jerarquía y los profesores, a la vez que los controla.

En un suceso poco claro, miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) de Guadalajara que participaban de una peregrinación al monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete se enfrentan a los tiros con miembros del Muro, muriendo dos tapatíos. Por su parte, Ramón Plata Moreno sufre un atentado en su vehículo, al que, por poco, sobrevive. Éste aseguró, al menos en su visita a la Argentina, donde se reunió con miembros de la TFP y de la Ciudad Católica, que había sido atacado por tecos —finalmente, en 1979, lograrían asesinarlo—.

Casi no hay dudas de que el Yunque estuvo involucrado en el planeamiento y la ejecución del viaje relámpago y sorpresa del Papa Juan Pablo II a Méjico durante la celebración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Se organizan grandes manifestaciones para ver al Papamóvil que, a propósito, recorre grandes extensiones. El hábil Papa polaco, rápidamente, toma las riendas de las reuniones de los obispos latinoamericanos y, fortalecido con el apoyo popular que dejaba boquiabiertos a los prelados, deja de lado los textos que impulsaba el poderoso sector tercermundista. Como reconocieron éstos, Puebla fue un “retroceso” respecto a Río de Janeiro y Medellín.

Para terminar con Méjico, vale decir que no hay dudas de las vinculaciones del Yunque con los Cruzados de Cristo Rey, con los Legionarios de Cristo y otras congregaciones e institutos. Tampoco hay dudas sobre la participación de yunquistas en la cúpula de los más grandes conglomerados empresariales mejicanos. Y la actividad del Yunque en el seno del Partido Acción Nacional (PAN), fue reconocida públicamente por Manuel Díaz Cid (profesor de la UPAEP, miembro fundador del Yunque de Puebla y asesor de Fox).

Pero como decimos antes, no todos los que les son útiles al Yunque son miembros de esta organización. Aunque Lenin haya acuñado el término, los “idiotas útiles” no son privativos del marxismo.

Ahora bien, ¿qué hay del Yunque en España y en la Argentina de que hablé al comienzo? De nuevo, como dije antes, el Yunque no es tanto una organización como una metodología.

En los comienzos del portal HazteOír.org, se habló de la “línea mexicana” de actuación: influir en la sociedad desde arriba, desde las élites políticas, económicas y sociales… y, también, eclesiásticas. El secretismo no se da tanto sobre la pertenencia al catolicismo —incluso, en ocasiones, se trata de gente de Misa tridentina—. Lo secreto son los fines de las “pantallas” que crean.

Cuando el Yunque comenzó a operar en España, en el período de la Transición, formaba jóvenes con lecturas como el “Para que Él reine” de Ousset, “Revolución y contra-revolución” de Plinio o “Doctrina de la acción contrarrevolucionaria” de Chateau-Jobert, salidas al campo, prácticas de tiro y artes marciales, también lecturas más seculares sobre liderazgo, personalidad, marketing personal, etc.

En general los jóvenes yunquistas eran reclutados de fuentes muy diversas: algunas de las Falanges, del Carlismo o de Fuerza Joven, pero también de grupos juveniles de parroquias conservadoras o movimientos católicos más o menos tradicionales (incluyendo el Opus Dei). Pero eran la élite y “los mejicanos” los entrenaban para un nuevo tipo de guerra.

La idea de haber sido elegidos, de contar con información confidencial y “entender” realmente lo que está en juego, de ser los “comandos católicos” o los “007” de la Iglesia, les daba cierta cohesión, espíritu de pertenencia y de propósito compartido, aún actuando “tras líneas enemigas” o “in partibus infidelium”.

En nuestro tiempo, esos otrora jóvenes han participado de la creación y organización de los Congresos de Católicos y Vida Pública, la cadena Cope, el portal HazteOír.org, la plataforma Profesionales por la Ética, etc. ¿Quiere decir que estos grupos son “la cara” del Yunque, o sus portavoces o sus “tapaderas” —como dice el Informe que Uds. publicaron—? No necesariamente. No trabaja así el Yunque.

Por eso, aunque Luis Fernando Pérez Bustamante hubiese hecho la pregunta de oro que no hizo a Ignacio Arsuaga en su tan extensa como inútil entrevista del 3 de febrero pasado, “¿Es Usted miembro del Yunque?”, la respuesta del presidente de HO podría haber sido tranquilamente: “No”. Puesto que el Yunque, como tal, no existe.

Existe una metodología de acción, una serie de entidades intermedias (fundaciones, ONGs, plataformas, portales de internet) que operan en red —lo que llaman “brazos de Dios”—, una tendencia a la concertación con grupos afines que realmente puedan incidir en la sociedad —aún cuando en un 99% de los temas se escapen de la doctrina católica—. Y existen sí yunquistas infiltrados y que operan en organizaciones de todo tipo y calidad, religiosas o seculares, políticas o económicas, mayoritarias o elitistas, pero que “misteriosamente” tienden a coincidir en la oportunidad de sus planteos, en la forma de presentarlos, etc.

¿Y en la Argentina? El Yunque existe y también desde la década del ’70, sino antes. Sabemos de pequeñas células en las Fuerzas Armadas, de yunquistas individuales en lo que fue la Ciudad Católica (IPSA) en su momento de mayor apogeo y extensión geográfica y de ciertos contactos en la cúpula de la Universidad Católica Argentina y, en algún momento, sus Cursos de Cultura Católica que se daban por todo el país (luego escindidos y puestos bajo la protección de una fundación sin fines de lucro).

Al día de hoy, sabemos de al menos cuatro grupos que hacen uso de la metodología yunquista en la Argentina (infiltración, concertación, uso de organizaciones pantalla, formación de élites, etc.), incluso con la cooperación de institutos religiosos conservadores, pero sin ser parte del Yunque —y, en algunos casos, en abierto enfrentamiento con “los mejicanos”—. Aunque en ocasiones colaboren con ellos… y es que los yunquistas consiguen auspiciantes, intercambios y apoyos internacionales, edición y publicación de libros, viajes y conferencias, etc. Vale decir que los que hacen uso de esta “metodología” en estos grupos de que hablamos, tienen también vínculos con La Reja (me refiero no sólo a “lefes” muy conocidos en el ambiente, sino también a profesores del Seminario).

De nuevo, no se trata de que estas personas escondan su catolicismo —si diéramos nombres, una mínima búsqueda en Internet nos daría suficiente información sobre su actividad—, sino lo que esconden es su metodología e intenciones en los lugares en los que operan; sean del Yunque o de cualquier otra de estas redes a que me refiero en el párrafo anterior.

Pero, cada tanto, el Yunque cruza límites que provocan su condena pública. En julio de 2009, el P. José Luis Torres-Pardo, “padre fundador” del Instituto de Cristo Rey (una escisión argentina de los Cooperadores Parroquiales), denunciaba públicamente en una carta la infiltración del Yunque (y sus filiales, “la Organización” y “la Empresa”) en su rama laical, la Legión de Cristo Rey, y prohibía a sus miembros pertenecer a dicha sociedad secreta.

Pero aún, al día de hoy, hay quien sigue dudando de que el Yunque exista. Pero, como las brujas, haberlo, haylo.

Felicidades por su blog.

Erwin

PD: Por razones obvias, si por alguna de esas cosas de la vida llegasen a publicar este mail, por favor no pongan mi nombre verdadero ni mi correo. Gracias.-

martes, 28 de febrero de 2012

¿Objeción de Conciencia?


Fragmento del programa televisivo Lágrimas en la Lluvia. [Visto en el blog El Matiner Carlí.]

Tercera Peregrinación anual a Luján (Argentina)

Un amigo de nuestra bitácora nos comunica esta noticia que difundimos con mucho gusto.

Los días 28, 29 y 30 de abril se llevará a cabo la 3ª Peregrinación anual a Luján, bajo el amparo de Nuestra Señora de la Cristiandad. Los Peregrinos partirán de Rawson (Prov. Bs. As.), recorriendo en 3 días un poco menos de 100 km

El objetivo de esta peregrinación es la santificación del alma a través de las gracias pedidas a Nuestro Señor, por intercesión de la Virgen María, ofreciéndole las penitencias, sacrificios y oraciones de los 3 días. El peregrinar es una práctica que todo cristiano debe procurar hacer para el aumento de la gracia en su alma.

Más información aquí

lunes, 27 de febrero de 2012

Los que no pertenecen a la Iglesia

El obispo Antônio de Castro-Mayer ha sido una personalidad pública de la Iglesia en el siglo XX. Traducimos unos fragmentos de su Instrucción pastoral sobre la Iglesia (2-III-1965) referidos al bautismo in voto y al valor de las confesiones no católicas para la salvación de sus integrantes. 

“Normalmente, la persona debe pertenecer a la Iglesia, ingresando en ella mediante el bautismo, profesando en ella la fe católica, según la cual debe vivir, Este es el camino ordinario de salvación. Cuando decimos ordinario, queremos significar que fuera de él, aunque la persona puede salvarse, la salvación puede considerarse más rara. Pero incluso aquellos que no pertenecen a la Iglesia y por la Misericordia de Dios se salvan, sólo consiguen la entrada al Paraíso mediante una relación con la Iglesia de Cristo. Tal relación es habitual en los catecúmenos, que movidos por el Espíritu Santo, aspiran a ingresar en la Iglesia y se preparan para el bautismo. Y también hay una relación en aquellos que, siempre movidos por el Espíritu Santo, mantienen en su corazón un amor sobrenatural a Dios Nuestro Señor, deseosos de realizar todo cuanto Él manda. Tales personas, si conociesen a la Iglesia de Cristo, ciertamente entrarían en ella. Conservan, por tanto, un deseo implícito de adherir a la verdadera Iglesia
Por otro lado, la gracia de pertenecer a la Iglesia de Dios no justifica, en modo alguno, un desinterés por los que no pertenecen a ella, o, mucho menos, un desprecio por sus personas (…) Dios quiere la salvación de todos los hombres y a todos busca con los designios de su Misericordia. Así, la Tradición considera como preparación del Evangelio los restos de verdad y de bien que sobreviven en las religiones paganas. De estos se sirve el Espíritu Santo para despertar en esos pueblos deseos de posesión integral de la verdad y el bien que sólo la Revelación proporciona…
Lo mismo se da con las religiones llamadas cristianas, que se constituyeron en virtud del abandono de la Casa paterna. En ellas, también la Misericordia de Dios mantiene riquezas dispersas —como Sacramentos, sucesión apostólica, Sagradas Escritura— que pertenecen a la verdadera Iglesia, y que deben servir como punto de partida para el retorno al seno de la familia.”

* Tomado de: Castro-Mayer, A. Por un cristianismo auténtico. Ed. Vera Cruz, 1971. Ps. 235-237.

sábado, 25 de febrero de 2012

El informe confidencial sobre El Yunque


La Organización Nacional del Yunque o simplemente El Yunque es el nombre de una sociedad secreta mexicana que se ha difundido en varias naciones y en los últimos años de modo singular en España. En marzo-abril de 2010 se publicó el informe titulado Análisis del asociacionismo de los laicos cristianos españoles y la intromisión del Yunque, que fue entregado a los obispos españoles. Más información sobre el polémico informe aquí y aquí.

Ofrecemos a nuestros lectores el informe que puede leerse aquí y bajarse aquí