sábado, 26 de mayo de 2012

Bernanos y la esperanza


Nos han enviado un artículo sobre Georges Bernanos que compartimos con nuestros lectores. 


BERNANOS Y LA ESPERANZA
“...je mets ainsi le désespir au service de l'espir..”
Se dijo (J. Madaule) que los Dialogues des Carmélites eran, no sólo la síntesis más acabada de Georges Bernanos, sino también su mensaje póstumo y definitivo. Pero parece que no paran aquí los mensajes de ultratumba de Bernanos, pues se ha dado a conocer recientemente La Liberté, pour quoi faire?[1]. En octubre de 1950, su albacea literario, Albert Béguin, presentó una novela, Un mauvais rêve, reconstruída al cabo de pacientes trabajos en Brasil y Francia. En realidad, ya en el volumen dedicado a Bernanos por los "Cahiers du Rhône" se enumeraba su obra inédita y, entre otros cinco títulos, se hablaba de una Conférences (1946-48), es decir del presente libro. Efectivamente, agrúpanse aquí, en torno a cinco temas principales, varias conferencias que Bernanos dijo entre 1946 y 1948, año de su muerte. En algunos casos se poseía el texto completo; en otros, hubo que compulsar borradores y manuscritos y separar observaciones circunstanciales. De esto da cuenta Béguin en dos páginas aclaratorias que cierran el libro.
En 1938, profundamente desilusionado por la situación de Francia y de Europa, Bernanos se embarcó para el Paraguay con toda su familia -si no en busca del "Paraíso Terrestre", según decía él; o "del bon sauvage, como un ideólogo del siglo dieciocho", según dijo un crítico-, para realizar un sueño desde mucho antes acariciado. Muy poco tiempo estuvo en el Paraguay, pronto se radicó en el Brasil donde vivió hasta 1945. Sus proyectos sudamericanos no tuvieron éxito, pero Bernanos siempre habló con cariño de su estada en América y de la tierra que lo cobijó durante la guerra. A la ida, en agosto de 1938, pasó por Buenos aires y poco después envió algunas páginas a una revista argentina. Empezaban así: "No he encontrado Paraíso Terrestre, pero bien sé que no he terminado de buscarlo, que lo buscaré siempre, que buscaré siempre esa ruta perdida, borrada de la memoria de los hombres. Pertenezco probablemente por nacimiento al pueblo que espera, a la raza que no desespera jamás, para la cual la desesperación es un vocablo carente de significado, análogo al vocablo vacío. ¡Y somos nosotros quienes tenemos razón!" ("Sur", Nº 48, set. 1938).
Conviene recordar este párrafo porque, desde la publicación de Sous le soleil de Satan, se ha acusado a Bernanos de pesimista, de conceder en sus libros excesivo lugar a "ña part du Diable", de escribir novelas amargas, sombrías y enigmáticas como M. Ouine  y Un crime. El mismo prevé en La Liberté, pour quoi faire? esta acusación y se defiende contra ella. "¡Oh! Sé muy bien que no se me toma generalmente por un profesor de esperanza... Es verdad que no enseño esperanza. La esperanza no se enseña como la gramática. Es, como la fe, una gracia de Dios." Bernanos no es, precisamente, un escritor optimista ("Les optimistes écrivent mal", decía Valéry), pero lo pone fuera de sí cierto optimismo prefabricado e hiócrita de alguna boga actuall, sin apoyo en la realidad, y que no tiene nada que ver la con la virtud de la esperanza cristiana, memorablemente cantada por Pégury.
Bernanos tomó prestada de Lenín la frase que sirve de título a su libro. "¿Qué hacer con la libertad?" Ya el título implica un juicio de valor, sugiere una decadencia de la libertad, encubre (o ni siquiera encubre, atenúa) otra pregunta, ¿para qué sirve eso? Las causas que han llevado a los hombres a esta decadencia de la libertad son el progreso técnico y una paralela desespiritualización humana. René Guénon coloca al progreso entre las "ilusiones occidentales", y juzga que la idea de progreso ya es, de por sí, una idea decadente (Orient et Occident). Pero la sola técnica es incapaz de esclavizar al hombre. Para que tenga lugar ese sojuzgamiento es necesaria una desvalorización, una bdicación previa del hombre, la idolatría de la técnica. No es cuestión tampoco de clamar contra el automóvil, como lo hacía León Bloy a principios de siglo. Todo fue bien (es un decir) mientras la técnica se empleó en edificar y construir; pero luego se utilizaron las máquinas para destruir y entonces ya no sonaron tan descabellados los gritos de Bloy. El resultado del monstruoso culto a la técnica es la bomba atómica que, cada vez más perfeccionada y eficiente, amenaza terminar a breve plazo con este planeta en descomposición. Bernanos nos asegura seriamente que, si una bomba destruyera los dos tercios del mundo, en la fracción supérstite pronto se instalaría laboratorios para no interrumpir las investigaciones y experiencias atómicas; lo que lo refuerza en la opinión de que es el hombre, y no la técnica, quien está corrompido. Bernanods se interroga si la Historia tiene un sentido propio, o si es la técnica quien se lo da; "se trata de decidir si la Historia es la historia del hombre, o solamente la historia de la técnica". ¿La técnica está hecha para el hombre, o el hombre para la técnica?
Una civilización ha sido siempre una especie de comprimiso entre el poder del Estado y la libertad del individuo. La civilización está conformada a la medida del hombre; no se puede exigir de ella más de lo que no es razonable exigir al hombre. El advenimiento de la era de las máquinas, en cuya insensata veneración coincidieron liberales y socialistas, trastornó el equilibrio y acrecentó el poder del Estado con mengua del individuo. Es el Estado moderno ("usurpador e impostor, emresa de explotación y policía desmesuradamente engrosada por todos los organismos sociales antes independientes"), es el Estado moderno quien ha adoptado el slogan de Lenín, ¿Para qué la libertad?, y acucia con él al individuo para absorberlo enteramente y evaporar de este modo las últimas gotas de libertadd. "No se trata de destruir las máquinas, se trata de comprender que la civilización de las máquinas favorece el lento pero seguro aplastamiento de los hombres libres por las masas, es decir por el Estado irresponsable..." Ni en las actuales democracias confía Bernanos: están convertidas en verdaderas dictaduras económicas, aparte de que la palabra "democracia", por su empleo abusivo, carece ya de sentido y en algún sitio llega a oponerse a la palabra "libertad". Y nadie, por otra parte, podría permitirse recusar a este testigo insobornable, tachándolo de "nazi" o de reaccionario, porque nadie ha olvidado su libro sobre la guerra española y su actitud ferviente contra los enegimos de su patria. "Cuando yo hablo así, los intelectuales marxistas me tratan -tímidamente, porque al din y al cabo escribí La Grande Peur des Bien-Pensants y Les Grandes Cimetières sous la lune- de reaccionario. Pero los reaccionarios son ellos." Y les señala la coincidencia del mundo marxista con el mundo liberal en la adoración del progreso y en la creencia absurda en un segundo paraíso terrenal.
En 1919 Paul Valéry comenzaba La crise de l'esprit con estas palabras: "Nosotras las civilizaciones, sabemos ahora que somos mortales. ...Bien sabíamos que toda la tierra visible está hecha de cenizas, que la ceniza significa algo." Bernanos escribe, en 1946, que las civilizaciones son mortales como los hombres pero que, a diferencia de éstos, no se corrompen después de muertas, sino antes: su descomposición es un síntoma, un anuncio de la muerte cercana. En cuanto a las cenizas, la experiencia de veinticinco años enseña que son la meta lógica de los afanes del progreso técnico; Bernanos llega a proponer que se declare al Miércoles de Cenizas efemérides universal... Y aquí viene la lúcida metáfora del gusano loco, que recorre el cadáver de una persona y dice que está viviendo una prodigiosa aventura, la más audaz, la más colosal de las aventuras, una experiencia irreversible. "El error del gusano, mientras el cadáver lo alimente, es hacer de la Historia una liquidación."
Luego de cuatro enfoques pesimistas e irrefutables -"La France devant le monde de demain", "La Liberté, pour quoi faire?", "Révolution et liberté", "L'Esprit européen"-, este fustigador nos habla de "Nos amis les saints". No deja de ser extremadamente interesante la opinión que tuvo sobre la santidad el inventor de Mouchette y de Mme. Alfieri, el hombre que describió con rara pericia la intervención diabólica yal lado de cuyas páginas el satanismo baudeleriano parece infantil y grotesco.
"La casa de Dios es una casa de hombres y no de superhombres. Los cristianos no son superhombres; los santos tampoco, o menos aún, porque son los más humanos de los hombres. Los santos no son sublimes, no necesitan de lo sublime: más bien lo sublime tendría necesidad de ellos. No son héroes, al modo de los héroes de Plutarco. Un héroe nos da la impresión de sobrepasar la humanidad, el santo no la sobrepasa, la asume, se empeña en realizarla de la mejor manera posible." "Es la Santidad, son los Santos quienes mantienen esa vida interior, sin la cual la humanidad se degradaría hasta perecer." "Podría creerse que ya no es más la hora de los santos, que ella ha pasado. Pero la hora de los santos suena siempre."
Y la pluma de Georges Bernanos, después de hacernos desesperar de las ilusiones humanas, evoca vigorosamente el ejemplo de esos arquetipos del cristianismo; pone así la desesperación al servicio de la esperanza...

                                                                                                                                               G. F.
[1] Georges Bernanos, La liberté, pour quoi faire?, París (Gaallimard), 1953.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Demasiadas verdades juntas como para que a nadie le interese recordarlo.

Cada uno parece tener sus propios motivos, empezando por el absurdo optimismo vaticanosegundista, siguiendo con los movimientos neoprimaverales iluministas, y terminando con los silentes escolios tradicionalistas, amable y férreamente amordazados gracias a "Ecclesia Dei".

Ayer, tras la clase de Educación para la Ciudadanía, el profesor de francés de mi hijo de 10 años se puso a defender las bondades de la "gloriosa Revolución Francesa". Lo particular fue que los alumnos le replicaran.

Se trata de un centro de Fomento Centros de Enseñanza. Entre los últimos recortes de prensa que el centro envía a los padres aparecen un artículo de Ángel Gabilondo y dos de José Antonio Marina.

Si, hoy en día, Bernanos fuera el abuelito de algún alumno de Fomento, mucho me temo, sería aún más cáustico y cenizo de lo que fue en 1948.

Lo que está claro es que es más probable que el mentado profesor de francés hable a sus alumnos antes de Talleyrand o Sieyès que de Bernanos.

Vamos bien...

Cougar.

Miles Dei dijo...

Para conmoción del "optimismo cristiano", que no es sino una mascarada carnavalesca e invertida de la virtud teologal de la esperanza, se va viendo poco a poco como nuevo signo de los tiempos la formación de la gran tormenta que va a desvastar la Iglesia. Ojalá un día este periodo se pueda llegar a estudiar en los lobros de historia, pero igual ya no queda historia.

Anónimo dijo...

Urge comentario sobre esto:

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2012/05/27/religion-iglesia-vaticano-exorcista-amorth-emanuela-orlandi-esclava-sexual.shtml

Amorth siempre me ha parecido un Fortea bis por su propensión a las payasadas. Pero esto ya sólo se puede resolver de dos maneras: o abriéndole un proceso a Amorth o abriéndoselo al Vaticano.

Anónimo dijo...

El p. Amorth recurre a la hipótesis menos problemática. Otra hipótesis habla de ejecución como aviso por el retraso del IOR en unos pagos.

Tras el examen forense de sus restos en 2002, la familia de Roberto Calvi logró en 2003 que la policía de Londres reconociera que no había ido a la City en 1982 para hacer puenting colgándose del cuello de uno de los arcos del Black Friars con los dos zapatos atados entre sí, un adoquín en cada bolsillo, y US$ 15.000 en la billetera.

Curiosamente, como supuesto miembro de la logia Propaganda-2, o "piduista", ubicada en una villa de Arezzo propiedad de don Licio Gelli, se conocía a Calvi como uno de los "frati neri". Curiosamente también, junto a los nombres de los jefes de tres servicios secretos italianos, en la lista de miembros hallada por la policía en los archivos de la casa de don Licio, también figuraba el nombre de Silvio Berlusconi, que acababa de crear Tele-5. Un informe realizado por el parlamento italiano en 1982 confirmó la veracidad de la pertenencia a la logia de la práctica totalidad de los 962 nombres de la lista.

Una vez obtenido el reconocimiento oficial de que don Roberto no se suicidó, que llevó aparejado el cobro de un seguro de vida de 10 millones de US$, la familia afirmó que había ido a la City para negociar los pagos de unas deudas contraídas por el Banco Ambrosiano con no se sabe quién por no se sabe qué motivos, pero a las que no pudo hacer frente porque, tras la transferencia de US$ 1500 millones al IOR, principal accionista del Banco Ambrosiano, había quedado descapitalizado y en bancarrota.

¿Por qué ésa transferencia de capitales del Ambrosiano al IOR? Se dice que para financiar las protestas del sindicato Solidaridad. El caso es que al acreedor no le debió hacer mucha gracia que el Banco Ambrosiano, a través del IOR, le hiciera alzamiento del capital adeudado, resultando fatal para Calvi y su secretaria, que el día anterior se había precipitado al vacío desde la quinta planta de la sede central del Banco, dejando atrás una nota en la que acusaba a Calvi de daños provocados al Banco y sus trabajadores.

Emanuela Orlandi desapareció en 1983. El mensaje dado a través de Calvi, su secretaria y Emmanuela Orlandi resultó efectivo porque en 1984, reconociendo haber recibido el capital transferido que provocó la descapitalización y quiebra del Banco Ambrosiano, el IOR aceptó su "responsabilidad moral" y pagó US$ 250 millones a algunos de los acreedores. Parece ser que aquel dinero salió de los bolsillos de una organización católica muy favorecida por Juan Pablo II gracias a los birlibirloques contables del laborioso holding empresarial de un empresario jerezano que, desde entonces, anda en apuros.

Como coda, en 1996, el confidente, o "petinto", Francesco di Carlo informó que los asesinos de Calvi fueron, por orden de Licio Gelli y del mafioso Giuseppe Calò, los miembros de la camorra Vicenzo Casillo y Sergio Vaccari, asesinados poco después. El 19 de julio de 2005, la justicia italiana notificó a Licio Gelli que, junto a su antiguo chófer y guardaespaldas, Silvano Vittor, el "empresario" de Cerdeña Flavio Carboni y los "mafiosi" Ernesto Diotallevi, capo di la Banda Romana della Magliana, y Giuseppe Calò, popularmente conocido como "Pippo Calò", estaba siendo investigado dentro del proceso de apertura de diligencias en el juicio por el asesinato de Roberto Calvi. Cuando finalmente se produjo la apertura del juicio en octubre de 2005, el nombre de Licio Gelli había desaparecido de los documentos de la fiscalía. El 6 de junio de 2007, dada la muerte, desaparición o negativa a declarar de la totalidad de los testigos presentados por la fiscalía, el tribunal desestimó todos los cargos presentados. El 7 de mayo de 2010, el Tribunal de Apelación ratifició la sentencia. Y el 18 de noviembre de 2011, en última instancia, el Tribunal de Casación la ratificó.