sábado, 30 de junio de 2012

Newman en contexto (I)


La gran oleada de conversiones, a consecuencia del movimiento de Oxford, produjo un conflicto impen­sado entre los antiguos católicos y los conversos. És­tos veían a los primeros como intelectualmente retra­sados, apáticos y estancados. De hecho, desde la Re­forma y hasta la llegada de la oleada de conversiones, el laicado había estado aislado de la vida intelectual y pública de Inglaterra.
La brecha entre ambos se amplió en la década de 1850. La división alcanzó incluso al episcopado, siendo notorio el encolumnamiento del Cardenal Wiseman con los conversos y de su coadjutor Errington con los antiguos católicos.

Pero, a su vez, los conversos mismos estaban divi­didos. Por un lado, el partido representado por Faber, Ward y Manning, caracterizado por sus extravagancias litúrgicas romanizantes y su férrea concepción acerca de la obediencia a las autoridades eclesiásticas. El otro, menos numeroso, recibía su inspiración de Newman, y lo caracterizaba su preocupación por la formación intelectual, su énfasis en el papel del laicado y, dentro del respeto debido a las autoridades eclesiásticas, de la libertad de pensamiento y de investigación. Dentro de los oratorianos está situación se plasmó en la divi­sión de los oratorios de Birmingham y Londres, en correspondencia con sus dos máximas figuras, New­man y Faber.
En 1854, Richard Simpson, otro converso oxoniense, especialista en Shakespeare, comenzó a colaborar con la revista. Su presencia acentuó la inclinación de la publicación hacia lo que podríamos denominar la "izquierda católica". Asimismo, Simpson transmitió a la revista su particular espíritu polémico y desinhibi­do, carente de respeto humano. Las polémicas no tar­daron en hacerse presentes. Newman se mantuvo cer­ca de la publicación, ejerciendo una función modera­dora cuando los borradores de los artículos contenían doctrinas erróneas o, por lo menos, cuestionables en su formulación y peligrosas para los lectores. Desde siempre estuvo en contra de que laicos autodidactas escribieran acerca de teología.
En 1856, dada la deficiente salud de Capes, y pese a estar inmerso en una polémica por un artículo de dudosa ortodoxia sobre el pecado original, Simpson asumió como editor asistente.
Hacia 1858, Capes abandonó la publicación, Simp­son asumió como editor y se incorporó al staff el joven Sir John Acton. Todo esto significó un giro en la direc­ción de la revista. De ser inicialmente el órgano de los conversos, pasó a representar a un grupo dentro de és­tos: el de los católicos liberales, quienes sostenían que el Catolicismo no debía perderle pisada a los progresos de la razón y de la ciencia en un clima de libertad.
Es muy importante aclarar que, a diferencia de los modernistas de la generación posterior, ellos no pre­tendían cambiar los dogmas, los cuales consideraban el núcleo central de la fe, sino las formas teológicas de expresión y explicación de esos principios, de tal modo que fuesen compatibles con el pensamiento mo­derno.
Simpson y Acton tenían en gran estima a Newman; lo consideraban el símbolo de catolicismo inglés ilustrado al cual aspiraban. Por su parte, Newman también estimaba al Rambler, pero temía el desarrollo de sus tendencias y se propuso evitar el previsible conflicto con las autoridades eclesiásticas.
El choque tuvo lugar a mediados de 1858, con mo­tivo de un provocativo artículo de Acton en el que, de pasada, sostenía que Jansenio, tal como siempre había afirmado, efectivamente había extraído su doc­trina herética de la lectura de las obras de San Agustín. El artículo produjo una considerable polémica, la cual se vio incrementada por una carta de Ignaz Dóllinger el teólogo alemán, maestro de Acton, quien redobló la apuesta mostrando, con su tremenda solvencia histórico-científica, que en el ardor de la polémica antipelagiana, San Agustín había ido a veces demasiado lejos y sostenido doctrinas ajenas a la doctrina revelada, que incluso habían sido criticadas por teólogos en su mo­mento, y que Jansenio había abrevado en ellas para ela­borar su doctrina heterodoxa.
Como es de imaginar, esto originó una tremenda polémica en el seno del catolicismo inglés, llegando Faber a denunciar al Rambler ante el Santo Oficio. Wiseman tomó partido en contra de la revista, con la cual venía sosteniendo ríspidas relaciones, y lanzó en contra de la misma al ala ultramontana de la Iglesia, la cual enfatizaba el papel de la autoridad de la Iglesia como solución a las dificultades doctrinales y como guía en la conducta práctica.­

Tomado de:  Baliña, Carlos. Estudio preliminar. En: Newman, John Henry.  LOS FIELES Y LA TRADICIÓN. Ed. Pórtico. Buenos Aires, 2006, p. 13-16.

14 comentarios:

ucraniano por adopción dijo...

Ojalá, muchachos, tengan voluntad para tipearlo todo y lleguen a publicar completo este estudio del P. Baliña. Los que no lo han leído, esperen un poquito, que esto recién empieza. Pero al final verán claramente la cosa y cómo las conclusiones se desprenden naturalmente y sin necesidad de forzarlas.
El libro de Newman que tradujo y prologó el P. Baliña, es un gran libro. Diría yo: el libro anticlerical por excelencia. Pero el estudio preliminar te abre los ojos. Entrega la clave para comprender toda la obra de Newman, no solo Los Fieles y la Tradición. También la Iglesia de Pío IX, y estos lodos.
Para leerlo sin apasionamientos y usando la cabeza.

jack tollers dijo...

El P. Baliña actuó como inspirado.

Primero, le dio por traducir este folleto de Newman, más actual que nunca, imprescindible en las horas que corren, para iluminar las cosas que pasan.

Y luego, le hizo este impecable estudio preliminar (que leí dos o tres veces, lentamente) donde se hacen cientos de necesarias y muy finas distinciones.

Recomiendo fervientemente para los que tienen paciencia, quieren aprender alguna cosa y no se dejan enredar por el día a día.

Con un lápiz, por favor.

Y un poco de tabaco.

Jack Tollers.

Astigarraga dijo...

Cita: “Por un lado, el partido representado por Faber, Ward y Manning, caracterizado por sus extravagancias litúrgicas romanizantes y su férrea concepción acerca de la obediencia a las autoridades eclesiásticas”.

¿Tiene alguien más información sobre estas “extravagancias litúrgicas romanizantes”?

Muchas gracias

Astigarraga dijo...

Cita: “Por un lado, el partido representado por Faber, Ward y Manning, caracterizado por sus extravagancias litúrgicas romanizantes y su férrea concepción acerca de la obediencia a las autoridades eclesiásticas”.

¿Tiene alguien más información sobre estas “extravagancias litúrgicas romanizantes”?

Muchas gracias

Hermenegildo dijo...

Me sumo a la pregunta de Astigarraga.

jack tollers dijo...

Astigarraga y Hermenegildo.

Bueno, ya empezamos, me parece.

1) Hay que leer en el contexto en el que se dicen las cosas.

2) Para nosotros no puede haber ningún rito romanizante ni extravagante ni cosa parecida, pues el Rito Romanosiempre siempre rigió (o debió regir) en estos lares.

3) Otro es el cantar en Inglaterra, que tuvo el rito Sarum desde el s. XI hasta el XVI y luego un ritual acomodado (a medio camino entre el Sarum y el Romano).

4) Por eso, cuando los fervientes conversos Ward, Manning y Faber quisieron introducir arquitectura italiana y otras exterioridades romanas, a los viejos católicos ingleses eso les pareció una extravagancia.

5) No es tan difícil de entender: El DRAE trae dos primeras definiciones del vocablo: a) Que se hace o dice fuera del orden o común modo de obrar; y, b) Raro, extraño, desacostumbrado, excesivamente peculiar u original.

Pues eso.

Y nada más que eso.

Jack Tollers

Anónimo dijo...

Tal vez sea mejor y más preciso decir extravagancias litúrgicas italianizantes. El oratorio de Londres, dirigido por Faber se proponía transplantar sin más a Inglaterra la piedad italiana de la época. Newman, consciente de que había un genio propio de Inglaterra, quería de algún modo revivir la piedad de la "Merry England" anterior a Enrique VII, de la cual quedaban rastros en la High Church anglicana y en los antiguos católicos supérstites.

P.Carlos Baliña

Martin Ellingham dijo...

El estudio del P. Baliña es la mejor introducción al legado de Newman para la Iglesia de hoy que he leído.

Saludos.

Anónimo dijo...

Y ya se puede ir sacando una primera conclusión:

Si tradicionalista es quien guarda piadosamente las tradiciones religiosas, patrias o familiares, y era Newman quien se oponía a lo que era novedoso para Inglaterra por nuevo y venir del continente; el tradicionalista en esta disputa resultó ser Newman y no los del bando ultramontano.

Digo esto, porque en épocas como las nuestras, donde el progresismo arraza, por acto reflejo se tiende a ver como tradicionalistas a los que se limitan a sostener posturas "duras" y por su sola dureza. Y nada que ver.

Diría J. Winograd: "tradición mata a progres y barrocos".

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO: La caracterización de la figura del "católico liberal" que he encontrado en otros lugares no coincide con la que aquí se presenta. Según aquella a la que me refiero el católico liberal es el que está pendiente de la cambiante mentalidad del momento, detectando qué dosis de catolicismo está dispuesto a aceptar y tratando de imponer al resto de la Iglesia que se adecúe y no vaya más allá en sus pretensiones evangelizadoras.

Miles Dei dijo...

Muy inglés el asunto de Newman. De haber nacido este en el continente habría sido muy distinto, quizás otro Tamburini.

En definitiva, lo que nos enseña el asunto es que no todo católico liberal es un progresista hereje ni todo ultramontano un tradicionalista ortodoxo.

Anónimo dijo...

Ojo Miles, que Newman no era un católico liberal. Si se lo ve en contraposición con los ultramontanos resultaría que sí, de cara a la doctrina y la tradición, no.

Por eso, nunca tomar como parámetro a los "duros" es sumamente importante.

Pensemos nada más cuánto gustan del P. Faber los sedevacantistas yankis de hoy...

Anónimo dijo...

Podemos decir que Lord Acton era hereje? Su liberalismo, que muchos toman como ejemplo a seguir, no parece muy ortodoxo que digamos...

Néstor

Walter E. Kurtz dijo...

Excelente libro. Y excelente prólogo.

Igualmente, creo que este conflicto (no tan inglés como cree Miles) hay que verlo dentro del marco político y sociológico de la época, tanto en Inglaterra como en el Continente.

Sobre el marco inglés, algo dije aquí (perdón por la autocita).

Sobre lo que sucedía en el Continente en esos mismos años habría que analizar el giro de Lamennais desde la apologética fideísta hasta el ateísmo positivista; las vueltas del Partido Católico de Montalembert y su carta a Lamennais; Lacordaire "rescatado" del liberalismo por Ozanam y convertido en el "restaurador" dominico; Veuillot vapuleado a izquierda y derecha toda su vida; Pie relegado a un obispado de cuarta categoría; Dupanloup liderando el catolicismo liberal (¡con el beneplácito de Roma!), en Alemania las vueltas de Ketteler o las quejas de von Loe contra las políticas de Roma; o en la misma Italia que, en el contexto de la agresión sarda/garibaldina, llegó a ab-usar de los poderes espeirituales, dando mal nombre a la palabra latina "Propaganda".