lunes, 19 de septiembre de 2011

El soportable peso de Ángel López-Amo


Ángel López-Amo y Marín [Alicante 1917 - Washington 1956], fue Catedrático de Historia del Derecho en Valencia y Santiago de Compostela, y de Derecho Político en el Estudio General de Navarra (en la actualidad Universidad de Navarra), miembro de Opus Dei y preceptor del príncipe de España. El peso del texto que ofrecemos a continuación, contrasta con la levedad de las reflexiones de Monseñor Mariano Fazio.

Decíamos al hablar de la libertad que es necesaria una limitación interior para que pueda el hombre gozar de la libertad exterior que apetece.
El sentido de su propia limitación es tan esencial al hombre, que cuando éste, lo pierde o lo combate se desnaturaliza. Cuando, por el contrario, lo siente y lo cultiva, el hombre se engrandece porque está en el plano de su genuina autenticidad. El hombre siente ante todo su limitación personal en la vida religiosa. La fe religiosa desarrolla su esperanza desde la limitación presente hasta la plenitud eterna, y da a su entendimiento limitado la plena verdad de la revelación.
El hombre siente su limitación personal en la misma vida privada y satisface su afán de perfección y de perpetuidad en la familia. El hombre es miembro y continuador de una familia, de la que recibe lo mejor de su personalidad, y es miembro y fundador de otra familia, a la que da también lo mejor de su personalidad, porque está tan ligado a su posterioridad como a su ascendencia. Por la formación que le da y la proyección que le presta, la familia perfecciona, en el espacio y en el tiempo, la limitación de su ser.
El hombre siente, por último, su limitación en la vida social y en ella encuentra de nuevo su plenitud temporal al integrarse en una comunidad de vida y de trabajo que produce y le proporciona valores materiales y valores de cultura y que le íntegra en una comunidad superior donde desarrolla todo su destino humano temporal y lo proyecta al futuro.
Así como en la vida religiosa el hombre se sabe criatura dependiente de Dios, en la vida familiar y social se sabe parte integrante de un todo. Los grupos sociales existen para el hombre, mas no para un individuo, sino para todos, y por eso cada uno está vinculado a los demás en las comunidades de que forma parte. El sentido del deber es en ellas, para el individuo, anterior al sentido del derecho. No está la familia para la utilidad de los padres, ni el dominio para la satisfacción del dueño, ni la industria para el enriquecimiento del empresario, ni la nación para las ambiciones de los gobernantes; pero tampoco están para el egoísmo de los hijos, de los trabajadores o de los ciudadanos. Como todas las comunidades están articuladas unas en otras, cada una de ellas encuentra en la superior el complemento de su propia imperfección, y por encima de todas, el Estado mantiene para ellas y para los individuos de todas ellas el orden de la justicia y de la máxima perfección social.
La revolución filosófica y política arrancó del hombre el sentido de su limitación esencial, desligó su entendimiento de la revelación y liberó al individuo de los grupos sociales. De la misma raíz surgieron en lo filosófico el racionalismo, en lo político el liberalismo y en lo social el socialismo. La primacía absoluta del entendimiento (que no deja de ser limitado por eso) conduce en la ciencia a la ilusión, de la que naturalmente no quedó exenta la ciencia política. La primacía absoluta del individuo condujo a la disolución del orden social, y con ella al hundimiento del individuo en la masa, y a la tiranía.
Una concepción individualista teme por los derechos del individuo solamente frente a los grupos sociales inferiores, no frente al Estado, porque ve en éste el supremo orden jurídico individual. Convierte al individuo en centro de todo, en la medida universal de valor, y le desliga de aquello que más próximamente le ata, para dejarle solo, sin trabas que limiten su libre desenvolvimiento individual, en una sola y amplísima comunidad política, el Estado, de la que son los individuos los fundadores y el soporte en todo momento.
Al convertirse el individuo en el centro de todo, se subvierte el orden natural de los deberes y de los derechos. El derecho a la felicidad personal es la base de la familia y destruye a la familia, que exige siempre el sacrificio personal. El individualismo en la familia suprime los hijos, disuelve el matrimonio o rompe por lo menos la comunidad familiar. El derecho a la riqueza y al placer es la base de la vida social y destruye la comunidad del trabajo, donde ya no habrá convivencia plena en la producción, sino coincidencia accidental de intereses, cuya balanza se inclinará del lado del más fuerte. El individualismo en la empresa económica rompe una comunidad de vida: en la producción buscan empresarios y trabajadores, cada uno por su lado, una utilidad material para vivir fuera de ella. El derecho al poder es la base de la vida política y destruye al Estado haciéndolo objeto de la lucha social, y de la dominación de clase. El individualismo en política conduce a la democracia, a la anarquía, al socialismo o a la dictadura. Pues el socialismo responde al deseo (legítimo después de todo) de extender a los desposeídos el derecho a la felicidad, al placer y al mando que el liberalismo limitaba a los poseedores.
Una sociedad religiosa, una sociedad orgánica, crea una cultura. Una sociedad intelectual, una sociedad individualista, crea tan sólo una técnica. La palabra civilización significaba en el siglo XVII tanto como secularización: reducir a la esfera de la vida civil lo que pertenecía hasta entonces a la vida espiritual o a la eclesiástica...
La civilización individualista tiene un marcado sello burgués. El portador originario del liberalismo es el hombre ilustrado de la ciudad, formado por ideas del humanismo. Representa el dinero frente a la propiedad fundiaria, la libertad frente a la vinculación, la religión de este mundo frente a la del más allá, el Estado utilitario frente a la ordenación divina.
La concepción orgánica de la sociedad está dominada por rasgos inconfundiblemente aristocráticos: la idea de servicio, de vinculación a la comunidad, la fidelidad, el honor…
Tomado de: El poder político y la libertad, Madrid, Rialp, 2ª edición, 1957, pp. 327-331.

22 comentarios:

Pirulo de tapa dijo...

Está bueno yo pensé que eran todos liberales y ahora veo que tienen una mosca

Pirulo de tapa dijo...

Está bueno yo pensé que eran todos liberales y ahora veo que tienen una mosca blanca

Miles Dei dijo...

La concepción orgánica de la sociedad está dominada por rasgos inconfundiblemente aristocráticos: la idea de servicio, de vinculación a la comunidad, la fidelidad, el honor

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Muy clásico; muy tradicional; muy falangista es ese pensamiento ¿no?

Anónimo dijo...

La Obra da libertad en materia política. ¿Tan difícil es que lo entendáis?

Hasta Su Santidad dejó en claro que los principios de 1789 no son condenables per sé y que tienen un contenido católico innegable. ¿Acaso no proclamamos la libertad de los hijos de Dios, la fraternidad de todos como hijos adoptivos del Padre y la igualdad de todo hombre creado a imagen y semejanza Suya? ¿Más allá de los excesos de la Revolución Francesa, no es un éxito el reconocimiento legal de estos principios?

El problema es que ¡sóis unos carcas! Entonces seguid leyendo "El liberalismo es pecado" y toda esa parodia de catolicismo.

Cuando querráis aprender, haced el favor de leer en sus documentos cómo la Iglesia reaccionó con beneplácito ante la Revolución Francesa. (Excepto obviamente el ajusticiamiento de Luis XVI, por razones contextuales más que evidentes.)

Libertario católico

Anónimo dijo...

Libertario empiece a leer las Encíclicas de Pío VII, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, San Pío X o Pío XI. Y deje de decir patochadas.

Un autor como Chesterton ya decía que las ideas de la Revolución Francesa son ideas católicas desquiciadas. Podríamos decir con más precisión: son verdades católicas indebidamente trasladadas al orden natural, ideas que son verdaderas en el orden sobrenatural, con ciertos límites, pero que han sido traspoladas directamente al orden natural.

Si verdaderamente el Concilio Vaticano II tomó valores liberales y los corrigió, purificó y modificó, entonces se habría vuelto a hallar simplemente la verdad católica de siempre, ya que se trata de verdades cristianas deformadas. El liberalismo es una herejía cristiana, católica, según sus orígenes quiero decir.

Por otra parte, era temerario desear esta conciliación cuando el magisterio constante de los Papas, a lo largo de dos siglos y medio, había condenado estos supuestos valores: habían sido condenados en general y en particular. Había sido condenada no sólo la posibilidad de tal conciliación, sino también la necesidad de afirmar tal conciliación. Lo dice el Syllabus, lo dice Pío IX.

Deje ya "libertario católico" de convertir la Fe Católica en algo sujeto a su ideología. Al igual que ha hecho el marxismo.

Ronald

Andrés Thobas dijo...

El que firma como libertario católico es un ignorante o un boludo importante (ustedes perdonen, pero estas cosas me recalientan).

Que empiece a leer desde PíoVI hasta JuanXXIII. La condena al liberalismo arranca con la revolución de 1789 y se mantiene siempre en lo esencial.

Acá tiene para empezar
http://www.geocities.ws/catolicosalerta/liberalismo/liberalismo_1.html

Anónimo dijo...

Andrés, en cualquier caso Ud. debería argumentar más y no insultar en un idioma que ni siguiera entiende su destinatario. Tómese una tila.

Anónimo dijo...

Arraiz está como loco!!!
Ha salido a enfrentar nada menos que al Padre Angel Rubio! y habla de brote de histerismo lefebrista!

Savonarola dijo...

Estimado Libertario, su post deja muy claro el concepto en el que la moderna sociedad liberal tiene a la Iglesia Católia. Para ustedes, ésta se encuentra sometida a ciertos "valores" democráticos como la igualdad, la fraternidad y todas esas lindezas que usted menciona ¿No?, es decir, que en el fondo no crreen que sea la que porta a La Verdad, sino que la verdad se encuentra reoartidaa por todas las conciencias ¿No es así?.
Dice que debemos estudiar la reacción que tuvo la Iglesia ante la muy amigable revolución francesa que lo peor que hizo fué cortarle el cuello a un monarca absolutista, bien, estudie usted entonces sobre el genocidio de La Vendee, junto con todo el magisterio papal respecto al liberalismo, y luego venga a justificar ordenes sociales que atentan contra el hombre y contra Dios. ¿Dice que es de la Obra verdad? No hacé entonces mas que confirmar las tesis que se han manejado aquí hasta el cansancio.

Saludos desde la hoguera
David Martinsky

Miles Dei dijo...

Arraiz está como loco!!!
Ha salido a enfrentar nada menos que al Padre Angel Rubio! y habla de brote de histerismo lefebrista!
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Le propongo a la redacción que haga otra similar a este tema usando del texto de la GER (Gran Enciclopedia Rialp) en la voz magisterio:


"Adhesión debida al Magisterio eclesiástico. Conviene distinguir a este propósito entre los actos de un M. infalible y los actos de un M. meramente auténtico. Cuando el M. del Papa o de un Concilio propone de un modo infalible una verdad revelada por Dios, los fieles tienen obligación de poner un asentimiento absoluto de fe, porque consta de la asistencia eficaz del Espíritu Santo, que hace que dicho M. no pueda equivocarse.
Otra cosa distinta es cuando se trata de actos propios del M. meramente auténtico, es decir, cuando enseña, pero sin proponer su doctrina infaliblemente.

(...)


Es posible que en algunas ocasiones ocurran razones de tanto peso que justifiquen la suspensión del juicio del creyente y aun le induzcan a tener por verdadero lo contrario; no obstante, aun en estos casos, todos los fieles están obligados a observar las debidas normas de la prudencia y de la caridad en orden a la edificación del pueblo de Dios.

(...)

También sucede que los Obispos reunidos en Concilio se limitan, a veces, al uso del M. meramente auténtico. A este M. se le debe igualmente que al del Papa una sumisión religiosa. La obligación de aceptar su doctrina es grave para todos y cada uno de los fieles de la Iglesia universal, aun cuando esta doctrina no se imponga como definitiva e irreformable. Tal es el caso del Conc. Vaticano II, en el que no se ha querido imponer infaliblemente ninguna doctrina.

(...)

Si en un caso concreto hubiera razones serias para dudar de la verdad de la enseñanza del M. meramente auténtico, el trabajo personal, unido a la caridad que edifica el Cuerpo de Cristo, hará que con prudencia y discreción, se ilumine la verdad... En casos límites estará incluso eximido del asentimiento interno. De lo que no podrá eximirse es de la discreción y de la prudencia, que nacen de la caridad (cfr. J. Collantes, La Iglesia de la palabra, II, 184-185).




Y eso lo dice optando por una de las opiniones más restrictivas sobre la naturaleza del asentimiento al magisterio autentico. Otra es la opinión de de Francis Sullivan (maestro del cardenal Levada)

Sin embargo, los manuales corrientes de teología católica toman en cuenta el hecho de que una actitud de sumisión religiosa a la autoridad de enseñar no definitiva no siempre y en cada caso singular se traduce en asentimiento interior positivo a lo que se ha enseñado de este modo. Estos manuales autorizados reconocen que la falta de asentimiento interior a este tipo de enseñanza puede justificarse subjetiva, e incluso objetivamente, cuando, a pesar de los sinceros esfuerzos de otorgar un verdadero asentimiento personal, las razones que se oponen al particular punto de doctrina siguen siendo tan convincentes para el propio entendimiento que se es realmente incapaz de otorgarle un honesto asentimiento interior. La comisión teológica para el Vaticano II hizo referencia a esta enseñanza común de los teólogos católicos en la réplica a una enmienda propuesta por tres obispos, que habían invocado "el caso en el que una persona instruida, frente a una doctrina que no había sido infaliblemente propuesta, no pudiera, por razones bien fundadas, dar su asentimiento interior" (ASS III/8, 88).

Martin Ellingham dijo...

Miles:

Te cuento que varios intentamos hacerle entender a Arráiz lo que dice el propio Magisterio y disciplina actual sobre el asentimiento debido a lo que no es infalible, sea doctrinal o pastoral, y fue imposible.

Supongamos que Fulano rechaza una proposición del magisterio (magisterio no infalible) porque la ve equivocada. Esa persona podría cometer un pecado (de diversa índole las circunstancias), podría recibir alguna sanción canónica (si su conducta reuniera las graves condiciones que exige el CIC) pero no dejaría de ser católica.

Si el pecado expulsa de la Iglesia, como suponen algunos ex protestantes devenidos ahora en rigoristas, la Iglesia tiene millones de acatólicos entre sus miembros.

Saludos.

Miles Dei dijo...

Ya lo se, Arraiz además es tan obcecado y poco honesto en el debate que aplicará la guerra teocrática de los testigos de jehová como ha hecho otras veces, pero el asunto es que en casos extremos (y parece ser que este lo es a algunas conciencias bien formadas) ni siquiera es pecado el quitar el asentimiento al magisterio meramente auténtico. Una opinión similar es la del cardenal Dulles que además atisba sabiamente que es un modo de avanzar de la misma comprensión de la fe y de mejorar las formulas del magisterio.

A Arraiz no es que haya que convencerle, sino que alguien con autoridad sobre él debería mandarle a estudiar un curso de eclesiología fundamental bien provisto antes de dedicarse a decir diparates en público que atentan contra la enseñanza común admitida en el mismo aula conciliar como consta por la cita de las actas del padre Sullivan.


La Sacrae Theologiae Summa de los jesuitas justo antes delConcilio exponía tres o cuatro vertientes de autores en divergenia de opiniones sobre la naturaleza del asentimiento religioso de entendimiento y voluntad al magisterio auténtico de la Santa Sede. Eso lo considera lefebvrismo. Sin comentarios.

El ppadre Z en WDTPRS ha hecho una excelente acotación sobre la NO NOVEDAD de lo que dice el comunicado respecto a ese poder discutir legítimo y su continuidad con la doctrina de siempre explicada en las aulas. Para mí la novedad está en haberlo referido expresamente al concilio y el magisterio sucesivo (cosa que nunca se había hecho desde la Santa Sede) y en la explicación que dio el Prelado de la Santa Sede a Tornelli y que se desprende de todo este asunto: no va a hacer falta callar la disconformidad con algunos puntos del Concilio. Aunque queda todo pendiente de conocer el preámbulo, creo que es muy factible que se deje esa libertad a la Fraternidad admitiendo que lo del silencio respetuoso es una opinión más entre los criterios sobre la naturaleza del asentimiento al magisterio meramente auténtico, aunque igual al final prevalecen las tesis de Dulles sobre la discusión académica que no salte a los medios, a saber.

Martin Ellingham dijo...

Sí, Miles, porque lo que esta gente no entiende es que Dios es autor de la inteligencia humana, y la ha creado naturalmente apta para la verdad e inclinada hacia ella; con impecable conciencia podría un católico no poder asentir a un eventual error magisterial.

Tampoco pueden entender que el "disenso" tradicionalista no se puede equiparar al progresista, por la sencilla razón de que no se trata de la temeraria sustitución de un magisterio reiterado por la opinión discordante de algún teólogo, sino de una "cristalización" o "fijación" en el Magisterio preconciliar ante las dificultades que suscita el conciliar y posterior.

Saludos.

Miles Dei dijo...

Y más aún expresado en el hecho de referirse siempre a la sujección al Papa y el correctísimo trato en discutir el problema avalado por la vivencia de virtudes y de frutos teologales, aparte de una concepción coherente y digna de la liturgia de la Iglesia, que son las cosas que seguramente más han impresionado a la Santa Sede que debe contemplar con estupor el amplio abanico de abusos litúrgicos de toda especie, que el mismo Arraiz justifica para su parroquia.

No hay color. Y, seguramente, en una discusión académica tampoco lo habría ni con los progres ni con los mediocres de la neoconía.

Martin Ellingham dijo...

Arráiz termina coincidiendo con el dominico progre:

"...Que el Protocolo de acuerdo firmado por el cardenal Ratzinger el 5 de mayo de 1988 haya sido texto de referencia para la reintegración de los tradicionalistas resulta perturbador. Porque en el n. 2 del protocolo sólo se pide una aceptación explícita al núm. 25 de la constitución dogmática Lumen gentium, sobre la obediencia debida al magisterio eclesiástico. Acaso las demás enseñanzas fundamentales de la Lumen gentium y de los restantes textos sobre la Iglesia en el mundo, el ecumenismo, la libertad religiosa, ¿forman parte de esos «puntos enseñados por el Vaticano II o referentes a las reformas posteriores de la liturgia y del derecho, y que parecen difícilmente conciliables con la tradición» (núm. 3 de la misma declaración doctrinal)?"

Miles Dei dijo...

La conjunción Arraiz-Geffré parece un ad homimen, pero lamentablemente no lo es, sino un indicio claro de una fuerte deficiencia teológica.

Sería interesante un estudio de esas carencias en los progres y los neocones a ver si son las mismas y donde tienen su origen.

Coronel Kurtz dijo...

Oh, por Dios. ¿Sentire cum Ecclesia es "sentirse en la Iglesia"? Jajajajajajajaja...

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo

Es desopilante el artículo de Arraiz. Escribe así, "sentiré cum Ecclesia", y lo traduce "sentirse dentro de la Iglesia". A este muchacho jamás le presentaron a San Ignacio, ya no digamos un diccionario de latín. Y Luis F entra en comentarios y lo felicita. Etiam Vinuesam...

Coronel Kurtz dijo...

A ver, ¿pero ni siquiera se le ocurre buscar en Google?

Creo que es una señal más de su altísimo grado de necedad.

En cualquier momento, excomulga al Papa por no atenerse a su Manual de Apologética.

Miles Dei dijo...

¡Jope! y lo más triste es que es verdad.

Anónimo dijo...

Descontextualizando, típico de los tradis. Se entendería correctamente el texto si lo encuadrarais en el libro. López-Amo es furibundamente libertario, que nada tiene que ver con el liberalismo jacobino implantado en España y heredero de la Rev. Francesa.

Anónimo dijo...

Patrañas liberal-católicas, típicas de los opusinos de hoy que deben reinterpretar la historia personal y biográfica a impulsos del complejo de integrismo vergonzante que padecen.