lunes, 5 de septiembre de 2011

Las críticas a los movimientos (II): qué hacer.


Segunda entrega nuestro lector Ludovicus sobre las críticas a los movimientos. 

Sin ánimo de escribir una receta, arriesgo a vuelapluma algunos temperamentos. Buscan más que nada propiciar el debate para que la jerarquía tome cartas, de modo sistemático, en el asunto y no reaccione cual bombero ante el incendio. Lo que queda claro es que la inercia o la complacencia no es una opción. Tienen un costo humano y sobrenatural, como hemos explicado, que ninguna contabilidad resultadista podrá equiparar.

Si tuviéramos que cifrar la acción requerida en una palabra, diríamos “control”. Control teológico, control sobre todo de la praxis, control interdisciplinario (a la luz de la sociología y psicología) de las conductas, control económico. Y no sólo cuando salta la liebre. Y asociando al control a los Ordinarios.

1) Hay que relativizar los movimientos, en lo que tienen de coyunturales, en sus propias normas, costumbres y convicciones. El precio de apartarse de la tradición es jugar por libre, a nadie es lícito refrendar con la autoridad de la Iglesia una novedad. Ninguna congregación o movimiento surge como Atenea de la cabeza de Júpiter.   Toda organización humana, salvo la Iglesia que es de directa fundación divina,   no es más que un experimento, una tentativa falible de responder a la llamada de   Dios. Esta relativización es la base para poder corregir la organización, en lo   que tienen de heteroprácticas, de irracionales o de absurdas sus normas,   costumbres y convicciones. Al contrario, si se afirma que el Fundador ha   recibido del Espíritu Santo un combo completo y perfecto de reglas, es obvio que   cuestionar aspectos de la organización es cuestionar a Dios. Hay   mucho   repetidor mecánico de que “esto es obra indudable del Espíritu  Santo”.   Pues   todo lo que es bueno, en tanto bueno, es obra, en cierto modo, del Espíritu   Santo,   pero eso no autoriza a librar cheques en blanco a su cuenta o   convertirlo en   avalista de nuestras propias iniciativas e ideas personales.

Esto también implica revisar la barroca “teología del Fundador” y del “carisma   institucional”. Es decir, la idea, dicho bastamente,  de que Dios periódicamente   envía    nuevas revelaciones al mundo, cuyo vehículo o instrumento es un   iluminado que recibe   íntegra una visión y una misión que lo lleva a construir una   mini Iglesia, más Iglesia que la Iglesia, que no se puede corregir ni discutir so   pena de discutirle al Espíritu Santo. Caricaturizo pero no tanto. En estas   condiciones, claro que la crítica es una locura. La clave está, por un   lado, en   no matar la vitalidad de un movimiento en sus peculiaridades lícitas y   católicas, y por el otro, evitar que se desarrollen idiotismos y peculiaridades   sectarizantes o lo que es lo mismo, heteropraxis.
    
2) Reconocer la verdad de la heteropraxis, aislando las conductas. Una organización con tendencia sectaria tiende a esconder, reinterpretar, banalizar o desmentir las notas más  cuestionables. En el limite, el adepto dice que “no comprendes porque desconoces la organización”. Pues bien, hay que establecer claramente cuál sea la verdad de la organización en relación con conductas heteroprácticas. Hay que resistir la fácil afirmación: “no es así como dices” “es falso que ocurra tal cosa” “los rebotados y los resentidos mienten”. Puede haber calumnias, pero cuando las afirmaciones se reiteran, en diversos tiempos y espacios, una y otra vez, algo hay. Habrá que separar, cuidadosamente, hechos de interpretaciones. Dejar bien establecidos los hechos, y las interpretaciones benévolas para después. Para eso sirven y cómo, los ex.

La desviación interpretativa no necesariamente obedece a mala fe o simple   lavado de cerebro, sino a la reacción que genera la existencia de conductas   cuestionables o irracionales en toda   organización amada y valorada por sus   miembros, y al consecuente impulso de disimularlas. Es una reacción de   defensa   de la psiquis.  Para este reconocimiento, hace falta   un tercero ajeno a la   organización, que actúe como objetivador de las relaciones y las conductas. Y   obre todo, de las  “creencias internas”, que son invisibles al análisis de la   documentación pero se encuentran a buen resguardo en el disco rígido de todos   los miembros y  conforman, junto con el “buen espíritu” el núcleo vivo de   toda organización con heteropraxis. Volveremos sobre este tema en algún   artículo posterior.

Se cuidará sobre todo el lenguaje, evitando cuidadosamente el doble discurso, la   reserva o restricción mental, el maquiavelismo conceptual, la falta de amor a la   verdad, la manipulación, la contradicción y el absurdo y la doble vara de medir,   que son el humus del   sectarismo.

3) Autodetección. Al igual que enseñamos a las personas a prevenir ciertas enfermedades por medio del autoexamen, se debe instruir a los fieles a detectar las desviaciones de la correcta praxis católica o simplemente racional por medio de un entrenamiento sencillo. Bastará con enumerar los principales patrones de comportamiento sectario, que suelen ser constantes, y fomentar la sana actitud crítica a la luz de la razón iluminada por la fe. Sería de agradecer un documento o manual de algún dicasterio romano al respecto, al estilo del decálogo de Pete Vere sobre detección de tendencias sectarias o heteroprácticas. Se deberá calificar claramente qué medios son lícitos y qué medios son ilícitos, con prescindencia de la nobleza del fin procurado.
  El “buen espíritu”, que suele ser un prisma deformante que a veces usan los   miembros de una organización para asegurarse el control subjetivo y consolidar   las convicciones al margen de la letra escrita, debe   transformarse en   “espíritu objetivo” o “crítico”, no por ello menos “bueno”. La conformidad con   la “regula”, no sólo con la voluntad del superior, es la  garantía de la objetividad   y sanidad de la estructura.

4) Prohibición de documentación interna secreta. Publicación de todo lo que se lee en un movimiento. Y si no se puede publicar, pues que no circule tampoco. Pocas reglas, claras y objetivas. Acento en la ortopraxis respecto de la dirección espiritual, proselitismo, ingreso de menores, relacion con las familias de sangre, control de la intimidad y  egreso de los miembros.
¿Doctrina? La del Magisterio, sin perjuicio de la investigación teológica.
No se trata de reprimir la producción y creatividad intelectual de los integrantes   de la  organización, sino de limitar la “doctrina oficial” de la misma, para evitar   que se   transforme en un magisterio paralelo, con la fuerza presurizante del líder   y del movimiento, que desplaza de facto o reinterpreta al magisterio oficial.

5) Evitar los hechos consumados. Que ninguna organización ostente el marbete de    católica sin un control previo. Que toda regla vinculada con el control de conciencias, manejo de la intimidad, correspondencia, relaciones familiares, relaciones con los menores y en general todo lo que constituye peligro de parangón con el patrón sectario sea cuidadosamente examinada,  ex ante. Y si no se quiere pasar por este escrutinio, que se adopte sin más una regla universal, como se hace en Oriente.  Que no haya iniciativa litúrgica, conforme la regla vigente en la Sacrosanctum Concilium.  Que cualquier modificación de la pauta normal sea sometida en principio a Roma y sólo después adoptada. 

6) No a los Fundadores vitalicios. Revisión seria del rol del fundador, con miras a la “eutanasia” o “suicidio” de su personalidad en sus miembros. También al Fundador le cabe, máximamente, el mandato de negarse a sí mismo. El Fundador es el responsable del culto que recibe en la organización, con prescindencia de que lo quiera o no. Debe ser el principal enemigo de su dulía. Un buen Fundador debe aborrecer a los adoradores y a los clones, debe disminuir para que los miembros crezcan.

7) Instancias de apelación expedita a Roma por cuestiones internas, con vista a quien ejerza el control de la organización.

8) Todo lo anterior confluye en la necesidad de un control extrínseco y objetivo a la organización. Roma deberá gastar en Síndicos y Auditores. No otra cosa se exige a las empresas que hacen franchising de un producto. Aquí el producto es demasiado valioso para someterlo a controles de calidad posteriores, lentos y gravosos para quienes ya lo han consumido.

16 comentarios:

Cougar dijo...

Ludovicus: gracias por escribir aquello que tantos pensamos.

Infocaótica: gracias por publicar el escrito de Ludovicus.

Se trata de verdades de perogrullo que ninguna instancia eclesial se atreverá nunca a aplicar, a menos que se trate de una orden directa del Santo Padre.

Y esa orden no se producirá a menos que haya una causa muy importante como, por ejemplo, en el caso de los Legionarios de Cristo. Y, tomando el caso de los LC, viendo cómo se trata a quienes ahora mismo buscan la verdad y la renovación huyendo de todo comportamiento sectario, no creo que sea posible albergar otras esperanzas que las puramente sobrenaturales.

Desde un punto de vista natural, serán los fieles, los miembros de a pie, quienes acabarán poniendo las cosas y a cada uno en su sitio votando de la única forma que pueden hacerlo: con los pies. Entonces, y sólo entonces, es posible que llegue la curia y que, a moro bien muerto, dé una lanzada...

Por eso es tan importante el papel educativo de blogs como éste, y de quienes en ellos escriben y comentan: su misión es la de educar al pueblo fiel para que evite todo comportamiento sectario. Y si, a pesar de todo, alguien todavía deseara "disfrutar" de los comportamientos sectarios, pues nada ¡que los disfrute!. Pero seguro que le resultará cada vez más difícil imponerlos como algo "normal" y hasta deseable.

Genjo dijo...

Enhorabuena, Ludovicus. Particularmente resalto el punto
"3) Autodetección". Ese asunto no creo haberlo visto tratado por nadie. Qué buena vacuna y cuántos daños evitaría.

Anónimo dijo...

El análisis de este señor está muy bien, pero como comenté en el anterior, sigue sin demostrar por qué esto se aplica a los movimientos cuando pueden perfectamente entrar en esto cualesquiera realidades eclesiales de ayer y hoy.

Respecto al tema tradición, acaso las órdenes cenobiticas no rompían con la tradición anterior? Acaso no hacían lo propio las mendicantes en el siglo XIII? No había ruptura con la Compañía de Jesús? Y con tantas otras órdenes y congregaciones del pasado.

En cuanto al tema controles y Magisterio, acaso la Hermandad de San Pio X no encaja mucho mejor en esta descripción que cualquiera de los más grandes movimientos?

Respecto al "culto" al fundador, ya me referí a franciscanos, jesuitas y salesianos (por citar solo a las tres familias religiosas con mayor cantidad de miembros).

Lo siento pero sigo sin ver el quid, la esencia del asunto. Todo esto está muy bien pero se aplica a cualquier realidad humana.

Me parece que el autor hace puro voluntarismo cuando quiere aplicarlo únicamente a un tipo de realidades eclesiales solo porque no son del mismo "partido" que él.

Anónimo dijo...

Redacción, os estáis superando cada día con las fotos.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Anónimo de las 13.50, ya le contesté en su momento y usted dio la callada por respuesta. Lo que me hace pensar que no interviene para dialogar, sino para molestar. Ajo y agua.

Miles Dei dijo...

El motivo de adscrbirse a la jurisdicción de la Santa Sede por las grandes fundaciones era precisamente el escapar al control de ordinarios corrompidos y así evitar que estos interfirieran en lo que podía ser obra de reforma.

¿Ha sido eso un error para la Iglesia de modo que ahora haya que volver atrás y que los ordinarios vuelvan a tener el control sobre lo que es potestad de la Santa Sede discernir? No parece congruente ni adecuado. Mucho menos en el actual orden de cosas.

Miles Dei dijo...

Por otro lado lo que llamas el proceso barroco se debe en gran parte a ese afán de deshinibirse de la comunidad local para fundar la propia comunidad que sólo obedece al Papa. El beato obispo Manuel González explica, al menos en lo que fue la liturgia, como la aparición de las órdenes de predicadores con templos con derecho a homilía contribuyeron grandemente a la decadencia de la Misa Pontifical como la propia de la diócesis.

¿Estamos en un zugzwang canónico entre el carisma y la organización de la institución que no se puede resolver de manera general?

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Efectivamente, Miles, ese sustraerse a la jurisdicción del Ordinario conllevaba ventajas tanto para la Santa Sede como para las congregaciones. Como solución transitoria (pensemos hoy en el Ordinariato a los lefes) puede tener su lógica. Como medio habitual, lleva a un centralismo papal ficticio, en que nadie controla nada. El Papa es un saludo a la bandera, nada más. Uno de los rasgos de deriva sospechosa que nota Pete Veré es precisamente un declamado énfasis de la organización en la veneración al Papa. Es fácil, esta lejos y no se mete con la praxis ni podría meterse, porque no la conoce.

Anónimo dijo...

Al fin un análisis propositivo sobre el tema verdaderamente esencial: el CONTROL.

Anónimo dijo...

Ludovicus:
Genial!
Cosas que no me cierran del anterior y del presente:
1) Dio tantas reglas que parece caer en lo mismo que los movimientos.
2) Me sonó a falacia el acudir a la Regla como tabula de salvación, cual benedictino; no hay reglas (Lutero de lado), sólo prudencia, pues a veces será conveniente una figura fuerte del fundador, otras veces atenerse a la regla y otras tantas mandar a ambos al cuerno. Excesos de uno y otro lado hay a patadas...
3) Al final del 6 dice algo como: "que la figura del fundador decrezca para que crezcan sus miembros". Hubiera quedado mejor: "para que Cristo crezca en los miembros"; que es precisamente el gran problema que usted está tratando.
4) Control¿?????????? Creo que ésto es lo más objetable que alguna vez haya leido de usted, Control por quién? Si precisamente estos movimientos empiezan a pulular en el ambiente debido a la heterodoxia de los Príncipes "controlantes". Por Roma? una quimera.
In cor Iesu!
Dummy-nicus.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Dummy,

1) no son reglas, son sólo brainstorming para el debate
2) al decir "regula" no me refería a la Regla, sino al factor objetivizante de toda sociedad. En ese sentido, la conciencia y la prudencia (recta ratio vel regula agibile) son regulae supremae.
3) para que Cristo crezca en las personas, tiene que haber personas. No en sentido cronológico. Y para que haya personas maduras, hay que "matar" al Fundador.
4) que quiere que le diga, no pierdo la esperanza. Seré ingenuo, creo que Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber. Etiam romani.


Toto corde,

Martin Ellingham dijo...

Creo que en el "Informe sobre la fe", Ratzinger le dijo a Messori: la crisis doctrinal de la Iglesia es una crisis de obispos, porque son estos los que tienen que velar por la ortodoxia. Claro, pero ¿quién nombra obispos de dudosa ortodoxia? ¿Qué responsabilidad tiene el Vaticano sobre la ortodoxia de unas universidades pontificias romanas en las que moldearon sus cabezas los que luego fueron consagrados obispos?

El control de parte de los obispos tiene estas aporías. Será viable y eficaz cuando Roma sea muy exigente en la designación de los prelados. La descentralización funciona si cuenta con "recursos humanos" de calidad.

Saludos.

Miles Dei dijo...

Efectivamente, Martin, es la pescadilla que se muerde la cola. Por eso he hablado de zugzwang.

A mayor ansia de reforma, peor están las estructuras que han de posibilitar los cauces de la reforma, de modo que una reforma de la Iglesia siempre va de la mano con el riesgo de una mayor deformación.

Por eso ha de asumirse que todo periodo de nuevas fundaciones es un periodo lleno de deformaciones y cambios significativos. No hay que escandalizarse por ello, sino tomarlo con la sabiduría que se nutre de la providencia divina, viéndolo todo en el marco mayor de la historia de la Iglesia.

El problema son las almas atrapadas en el torbellino eclesial del momento. Un torbellino de cuyos remolinos no se libra ni siquiera esta crítica a los movimientos.

TFP-Azopardo dijo...

Ludovicus,

Qué piensa de la TFP? Y de Juan Clá?

Porque eran tradis que no aceptaron la misa nueva ni el Concilio pero con muchas cosas de secta neocona.

GRacias.

Anónimo dijo...

Gracias Ludovicus:
la n° 4 me sigue pesando en el cuore...qué se le va a hacer?
No veo salida humana posible.
In Domino!
Dummy.

Anónimo dijo...

Estimado TFP Azopardo,

sobre la TFP y el tinglado armado por Joao Papito Clá, puede consultar el link de la derecha de este blog. Hay un participante, Psicopompus, que a veces dice algo razonable.

BTW, ni la misa tradicional ni el rechazo al Concilio son garantías de no desarrollar esquemas sectarios. De hecho, Plinio armó una secta "tradicional" de manual.