viernes, 2 de septiembre de 2011

La insoportable levedad de Monseñor Mariano Fazio


Monseñor Mariano Fazio Fernández, Vicario del Opus Dei en la Argentina, ha publicado un artículo en el diario Clarín, que glosamos a continuación.

El Papa nos dice que la vía es Jesús
20 de agosto de 2011
Clarín // Mons. Mariano Fazio
Todos los tiempos de la historia plantean un desafío a nuestra fe. Para nosotros, los cristianos del siglo XXI, radica en la apertura y la autenticidad. En reconocer y valorar la diversidad de dones y de formas de vivir la unión con Dios, y con sencillez dar testimonio de nuestro encuentro con Él, el testimonio vivencial de que Dios llena el alma de felicidad y redunda en bien de los que tenemos al lado. Una vida que incluye, que abre las puertas e invita a entrar; una Iglesia que refleje a Cristo que perdona y abre los brazos para recibir a todos: esa Iglesia debemos ser cada uno.
¿Por qué los desafíos son la apertura y la autenticidad y no otros? No sabemos las razones de esta reducción. Lo que sí nos parece claro es que apertura y autenticidad tienen suficiente vaguedad para no salir de las coordenadas de la corrección política.
La diversidad de formas de vivir la unión con Dios es un hecho verificable. Además de reconocerlo, nos gustaría conocer la valoración del autor. A nosotros, la Tradición nos ha enseñado que hay una religión verdadera y que las demás son falsas. Que el ideal contenido en la voluntad divina es que todos los hombres, y todas las sociedades, profesen la fe católica, única verdadera. Todo lo que se aleja de este ideal, no puede ser sino un mal objetivo, una carencia de verdad y de bien.
Quizá en otro tiempo, la luz de Dios resplandecía en las catedrales, las mitras, las cátedras, las leyes: hoy debe relucir en los cristianos comunes y corrientes. Juan Pablo II, siguiendo a Pablo VI, ha dicho que nuestra época necesita testigos antes que maestros, más poner el hombro que dar sermones. Para recuperar la luz de la fe, los demás deberían poder ver a Dios cuando miran a los ojos de los cristianos. Deberían encontrar paz, compresión, ánimo, ilusión, humildad, generosidad, alegría. 
Llama la atención que el autor deje para el pasado las realizaciones sociales de la impregnación del orden temporal contraponiéndolas al testimonio personal. Curioso porque ha sido el Vaticano II el que ha llamado a los laicos a la consecratio mundi, de todas las realidades terrenas. Jesucristo no es facultativo para las sociedades; la vocación de los cristianos al apostolado no debe confinarse a la esfera privada.
Toda potestad terrena se debe ordenar al bien temporal de modo que no sólo no dificulte sino que facilite la consecución del fin eterno y sobrenatural merecido por Cristo para todos los hombres. Esta es una verdad que no caduca nunca en la esfera de los principios; aunque por la malicia humana, que es la causa del pluralismo religioso, no se pueda actualizar fuera de las sociedades con unidad religiosa católica.
Vivimos días de búsqueda, en los que palabras como indignación, revuelta, manifestación, insatisfacción, poseen una especial resonancia. La sociedad de consumo no logra saciar al hombre, y los jóvenes lo denuncian. Ese es nuestro eclipse. Sin embargo, los hombres y las mujeres de hoy no renunciamos a los ideales grandes, queremos gritar con fuerza lo mismo que hace tantos años “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!”. No queremos ceder al cinismo o al conformismo.
Que un sacerdote de Jesucristo hable de «grandes ideales» en alusión a la revolución de 1789 —bañada en la sangre del genocidio de La Vendée— nos causa perplejidad e indignación. En primer lugar, porque vemos que «la Revolución ha conseguido hacerse amar por aquellos mismos de los cuales es su enemiga mortal», como lo diagnosticara oportunamente Joseph de Maistre. Y en segundo, porque nos parece muy triste leer a un sacerdote del Opus Dei renovando «volterianismos de peluca empolvada, o liberalismos desacreditados del XIX» (Camino, 849).
Benedicto XVI nos dice que Jesús es el camino para llenar estas expectativas: la vida cristiana es encuentro personal con Cristo. No es una ideología, una doctrina, un programa ético. Es diálogo, confianza, amor. “El hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti”. En medios de estas tinieblas, los cristianos debemos ser luz: este es el mensaje del Papa. Luz que haga brillar a los demás, con sus talentos y sus aportes.
Aquí el discurso piadoso silencia una premisa importantísima: Cristo es Dios. Lo demás, se sigue como consecuencia.
San Josemaría dejó escrito: “Estas crisis mundiales son crisis de santos”. ¡Qué distintos sería el mundo si más cristianos fuéramos santos! Si hubiera más Madres Teresas, más Juan Pablos II, más Ceferinos, más Juanes Bosco… personas como nosotros que reflejaron en su vida la vida de Jesús y fueron fuentes inagotables de paz y esperanza, dejando a su paso un sendero luminoso y alegre.
Sin dudas los santos son necesarios pero de hecho son poco numerosos. Siempre han sido una pequeña minoría. Distinto sería el orden temporal si los católicos, santos y pecadores, clérigos y laicos, no desistieran de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo para entrar en colusión con el mundo. Si no olvidaran el tradicional canto: «A Dios queremos en la enseñanza, en la familia, en la costumbres, Dios en el pueblo, Dios en la ley».
La juventud no es solo una cuestión de edad, es una cualidad del alma. El alma que tiene proyectos, que piensa que los sueños se pueden lograr, que se ilusiona con que un mundo mejor es posible. Benedicto XVI nos desafía a todos y nos muestra su juventud: un mundo distinto es posible, que tu vida no sea una vida estéril, que sea algo grande, depende de vos: si dejás entrar a Dios en ella, puede ser como la vida de Dios.
Pensábamos que el autor tenía la suficiente lucidez para no ingresar en los tópicos de la «juvenilización de la Iglesia », de acuerdo con la descripción de Romano Amerio. Parece que nos equivocamos… En realidad, la juventud es un proyecto de no-juventud y la edad madura no debe modelarse sobre ella, sino sobre la sabiduría de la madurez. Ninguna edad de la vida tiene como modelo su propio devenir hacia otra edad de la vida, propia o ajena. El modelo para cada una viene dado por la esencia deontológica del hombre, que debe ser buscada y vivida, y es idéntica para todas las edades de la vida. La conducta de la Iglesia hacia la juventud no puede prescindir de la oposición entre los siguientes elementos correlativos: quien es imperfecto ante quien es perfecto (relativamente, se entiende) y quien no sabe y por tanto aprende, ante quien sabe (relativamente, se entiende). Siendo la juventud una vida incipiente, es necesario que comprenda y le sea explicado el todo de la vida, es decir: el fin en el cual la virtualidad del incipiente debe realizarse, y la forma en la cual la potencia debe desplegarse. La vida es difícil, o si se quiere, seria.

29 comentarios:

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Parafraseando a Eliot,

This is the way the world ends,
this is the way the Opus ends,
Not with bang but with a whimper.

Rohenheimer, este tipo... whimpers.

Anónimo dijo...

Los curas que hoy reivindican la Revolución Francesa, en 1789 hubieran sido parte de los "juramentados"; como los actuales "ciudadanos que reclaman lo suyo" hubieran sido perfectos criminales.

La diferencia es que 200 años atrás la gente se mataba por lo que creía correcto, esté o no equivocada; y hoy no se matan ni por guita.

Esa es toda la canción.

Anónimo dijo...

"nuestra época necesita testigos antes que maestros, más poner el hombro que dar sermones"

¡Es la acción sobre la contemplación!

"Para recuperar la luz de la fe, los demás deberían poder ver a Dios cuando miran a los ojos de los cristianos"

¡Quita a la inteligencia su rol ante la fe anteponiendo la acción!

¡Excomulgalo, Benedicto! ¡Excomulgalo!

ALCIDES (y los Dados Negros).

Anónimo dijo...

¿Dónde se metió el erudito samurai? ¿Se fue de vacaciones? Una de las razones por las que entraba a esta página era leer buenos comentarios escritos en buen castellano, pero ahora está todo en lunfardo. Que vuelva Ronín.

Anónimo dijo...

¿Lunfardo? ¿Definiri potes?

Fr. Juan

Don Diego dijo...

Lunfardo es la jerga rioplatense (porteña, en verdad). El detalle es que algunos de los argentinos que comentamos aquí no somos rioplatenses, justamente. Yo estoy a unos 1.600 kms del Río de la Plata

Anónimo dijo...

Don Diego: no pretenda que un peninsular distinga el rioplatense del mendocino. También se lee mucho maracucho en esta página y hay que hilar muy fino para distinguirlo del llanero, a menos que se haya nacido por allá.

En algo sí se parece la mayoría de comentarios de este blog, sea castellano, canario, maracucho, rioplatense, porteño canalla, germanía sevillana, caló hampón, su jerga o dialecto: en que, a pesar de que se diga que "la vocación de los cristianos al apostolado no debe confinarse a la esfera privada", y en consecuencia, hayan salido redactores y comentaristas a hacer gala de su extraña vocación en este foro público, no parece que el objeto de su apostolado sea la fe en Jesucristo, sino más bien mostrar públicamente la manera en que un puñado de irreductibles tradis se esfuerza en alejar de la Iglesia al más leal.

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO: En esto es en lo que se está transformando el Opus Dei "«volterianismos de peluca empolvada, o liberalismos desacreditados del XIX» (Camino, 849)" Y si este es el prior ¡cómo serán los frailes!
Es la consecuencia de su oportunismo en todos los campos y también el religioso. Jamás marcarán distancias con el poder y ahí están las consecuencias. Y lo que venga...

Anónimo dijo...

Y ya sabemos que los más leales son los liberales como el cura Fazio o el kiko aguello

Anónimo dijo...

Me juego que el Anónimo 17:32 es Norberto el liberal de infracatódica.

Anónimo dijo...

Los del Opus no entienden que los ideales que propone la revolución no son compatibles con la Fe porque no tienen la formación suficiente para poder hacerlo. Además, se agrega el problema de una falta de autocrítica que no les permite cambiar su visión de las cosas.

Juan Carlos Rawson

Anónimo dijo...

Pues el anónimo de las 17:32 se equivoca, has perdido la apuesta, ¡paga perillán, badulaque!

Anónimo dijo...

Soy el anónimo de las 17:32, no me llamo Norberto y no puedo perder apuestas que no hice.

El anónimo de las 22:38 habla en castizo estándar, ¿no? así caulquiera...

Anónimo dijo...
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Pioquinto dijo...

No sé porqué Norberto, el hijo de infoneocónica me recordaba mucho a Mefistófeles, el del "Dr. Fausto". Los mismos procesos de pensamiento. Como dos gotas de agua. Aunque él y el miki Vinuesa también parecían clones. Como que crecen en maceta.

Respecto al tema del blog: Zafio, zafio, zafio. No el tema, sino el susodicho del opus night. Se conoce que el Opus lubricó bien los engranaje$$$$ de la oficina para la causa de los santos, para que su valedor, José María Escriba Albás, haya sido el primer turbobeato de la era moderna. Se movió cielo y tierra, se untaron manos y se doblaron voluntades para que el conde, duque o marqués de Peralta accediera a los altares. Ni el papa Pío XII, ni Isabel la Católica pudieron lograrlo. Y éso ya es decir mucho.

En cuanto a las declaraciones del p. Zafio, digo Fazio, creo que hablan por sí solas. Herejía pura, que en otro tiempo le hubieran encasquetado el sambenito, paseado en burro y si no se arrepentía, a garrote vil, "for good measure". No dudaría por un momento, que es uno de los allegados de msr. Bergoglio y me congratulo de que éste monseñor no haya llegado a la silla de Pedro, porque para allá iba.

Miles Dei dijo...

La obra tuvo un momento muy importante en el auge del tomismo en los estudios eclesiásticos y en revivir una teología seria. Los tiempos en que Carlos Cardona era el director espiritual del Opus Dei parecen ya muy lejanos. Ahora veo cada vez más claro como se renuncia a ese legado y como la fractura se agranda. No creo que todo sea falta de formación, sino también interés y estrategia.

En su día, hace lustros, la revista Palabra sacó un artículo riéndose de la jerga pseudognóstica eclesial construida a base de palabras sin mucho sentido que se repetían continuamente. En el siguiente número obligaron al autor a pedir perdón y rectificar lo que era una pura verdad. Todo sea por caer bien a los que mandan.

Miles Dei dijo...

Aunque igual es lo que dicen, muy poca formación en los numerarios. Muy poca lectura. Y lecturas que apenas ya dicen más que lo que el mismo piensa.

Miles Dei dijo...

Pero no nos engañemos. Lo mismo que en los 60-70 la intelectualidad de la Obra se adscribió a Cornelio Fabro y tomó un rumbo determinado, en los 80-00 Esta misma intelectualidad ha tirado por la vía del personalismo. Es la filosofía personalista la que ha puesto sobre la mesa los valores de la revolución franesa, de la modernidad, como propios y cristianizados. El análisis del viaje a la inmanencia lo han olvidado y pagarán el pato.

Anónimo dijo...

Miles, ¿está en Internet el artículo de Palabra sobre la jerga intereclesial? ¿Dónde se podría leer? Gracias.

Miles Dei dijo...

Es de hace unos veinte años. Quizás en alguna hemeroteca. Era muy simple, se titulaba algo así "Como decir una homilía sin decir nada" y construía una homilía a base de jerga de casi una página de longitud en la que no se decía nada salvo que todos éramos hermanos en el Señor.

Martín dijo...

Me parece que es una pena que un blog sacado adelante por quienes se dicen católicos fomenten la división, la crítica y la falta de caridad; este escrito no es más que difamación de un sacerdote católico; si tanto le escandaliza al crítico lo que escribió Mons. Fazio, se podría haber puesto en contacto con él para ponerse de acuerdo.
En cuanto a los ideales de la Revolución Francesa, sin querer reivindicar los actos sanguinarios de ésta, me parece que es muy lícito reclamar la "igualdad, libertad y fraternidad" que la persona humana necesita para su propia dignidad. Da lo mismo quién promulgó la sentencia: se trata de valores universales sin connotación política.

Anónimo dijo...

En cuanto a los ideales de la Revolución Francesa, sin querer reivindicar los actos sanguinarios de ésta, me parece que es muy lícito reclamar la "igualdad, libertad y fraternidad" que la persona humana necesita para su propia dignidad. Da lo mismo quién promulgó la sentencia: se trata de valores universales sin connotación política.
Martin, no son valores universales, son solo abstracciones que se usan de bandera para derribar lo heredado de nuestros ancestros.

Carlos

El autor de la entrada dijo...

Martin:

Su discurso "moralizante" y "caritativo" tiene un vicio radical: hay causa proporcionada. Lamento si en el círculo no se lo explicaron.

Si por un momento es capaz de dejar de repetir tópicos bobalicones, puede argumentar y un servidor contestará.

Anónimo dijo...

Podría explicarnos qué significa eso de la "causa proporcionada"?
Muchas gracias,
Néstor

Anónimo dijo...

CONSEJOS VENDO PERO PARA MÍ NO TENGO,

“¡Hombre! Ponle en ridículo. —Dile que está pasado de moda: parece mentira que aún haya gente empeñada en creer que es buen medio de locomoción la diligencia... —Esto, para los que renuevan volterianismos de peluca empolvada, o liberalismos desacreditados del XIX”. San Josemaría Escrivá, Camino, punto 849.

don José María (así, separado) dijo...

Mons. Escriba estaba en contra de los liberalismos del S XIX, pero estaba a favor de los del S XX.

Martín Vergara dijo...

Que pena, de vuelta lo digo, que haya gente que defiende el uso de la sotana y el latín en la misa, pero es incapaz de vivir la caridad de Cristo... Lo mío no es levedad ni utópico: es simplemente cristiano y evangélico, lo dice y vivió Cristo. Ser conservador por serlo no ayuda en nada. Lo peor de todo, es que Cristo pidió que vivamos la unidad, cosa que ustedes parecen no querer vivir, sino que pretenden tener la verdad, desacreditando a la Iglesia que Cristo fundó, y no ustedes. La solución es quedarse, rezar y reparar, no irse... me suena a cobardía. "Todo reino dividido contra sí perecerá", son palabras de Cristo.

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO dice a MARTÍN VERGARA: Lo que es una pena es dar gato por liebre como hace el Opus. Y queda patente en las declaraciones de Suseñor Facio (porque Mon no lo es) Y prevenir a los muchas posibles victimas es un acto de caridad: Enseñar al que no sabe. Y aquí nadie quiere descreditar a la Iglesia ni irse, ni nada parecido. Ponga un poco de sensatez en su vida que se deja Vd. llevar por las emociones.

beatriz pardo dijo...

Genio!