viernes, 28 de octubre de 2011

Ratzinger le responde a Iraburu


Desde nuestra humilde bitácora hemos apuntado que la eclesiología neocon se apoya, por lo general, en una concepción exagerada e hipertrofiada de la indefectibilidad de la Iglesia que termina por envolver los momentos oscuros del magisterio en una leyenda aúrea y vela un diagnóstico realista de la crisis actual en toda su extensión y gravedad. Al parecer, es este infalibilismo exagerado el que impulsa a D. José Mª Iraburu a negar la posibilidad de que la Conferencia Episcopal Italiana dijera que la Iglesia Católica no tiene intención de obrar activamente por la conversión de los judíos. 

Sin embargo, Joseph Ratzinger, al analizar la crisis arriana, menciona el hecho, también verificado por John H. Newman,  que durante un tiempo considerable la jerarquía casi completa pareció sucumbir a tendencias arrianizantes:
"Hay algo así como una infalibilidad de la fe en la Iglesia universal, en virtud de la cual esta Iglesia no puede caer nunca totalmente en el error. Ésta es la participación de los laicos en la infalibilidad. Que a esta participación le convenga a veces una significación sumamente activa, se demostró en la crisis arriana, en que temporalmente la jerarquía entera parecía haber caído en las tendencias arrianizantes de mediación, y sólo la infalible actitud de los fieles aseguró la victoria de la fe nicena. Éste es también el motivo por el que la teología actual reconoce de manera creciente la fe de la Iglesia universal en cada caso como criterio válido de la verdad católica, porque la fe no es privilegio de los jerarcas, sino dote de toda la esposa de Cristo, y la Iglesia entera es la presencia viva de la palabra divina y, por tanto, no puede nunca descarriarse como Iglesia universal." (Cfr. EL NUEVO PUEBLO DE DIOS. BARCELONA, HERDER, 1972, P. 168. La bastardilla nos pertenece).
Si semejante catástrofe eclesial pudo ocurrir en aquel tiempo, ¿por qué no es posible que en el momento presente haya una situación parecida en Italia y tal vez en otras iglesias particulares? ¿Acaso la Iglesia ha adquirido por el paso del tiempo una indefectibilidad más intensa que la recibida de Cristo?

20 comentarios:

R_Arévalo dijo...

Los lefes piensan igualito que Iraburo siempre que sean cosas de pio ix a pio xii.

El Eremita dijo...

Estimados infocaóticos,

Hace unos pocos días manteníamos un debate similar en otra web. Hay varias distinciones que es necesario realizar antes de intentar transpolar la crisis arriana a nuestros tiempos.

Además de realizar primero una correcta lectura histórica de dichos acontecimientos (es evidente que Newman y Ratzinger exageran ciertos puntos para mejor explicar el sensus fidei fidelium), luego hay que comprender que es ilícito juzgar privadamente que "estamos en una gran crisis" y por eso no dar a los pronunciamientos magisteriales el grado de asentimiento que debe dárseles.

Quien suponga que estamos en una gran crisis, debe en todo caso aferrarse a los dogmas (de fide credenda) y doctrinas definidas de manera irreformable (de fide tenenda). El error de gran parte del lefebvrismo es aferrarse cual dogmas a sentencias magisteriales reformables, o a pronunciamientos que ni siquiera son dogmáticos sino pastorales. Muchas veces caracterizan como doctrinas apostólicas o "inmemoriales", posiciones que solo aparecen en el magisterio a partir de Gregorio XVI con Mirari Vos. Pero para jugar a ser San Atanasio hay que estar muy curtido en teología dogmática, y creer, por dar un ejemplo común entre los lefebvristas, que cada palabra del Syllabus es ex cathedra o irreformable, ya demuestra que se hace agua en cuestiones básicas.

Eso por un lado.

Con respecto al comunicado de la CEI, aquí está una vez más la cuestión de la evangelización de los judíos. ¿Hay aquí un principio dogmático subyacente o estamos hablando de meras orientaciones pastorales?

Si los obispos estuviesen diciendo que la antigua alianza aún es válida, entonces estarían claramente diciendo una herejía. Por otro lado, si estuviesen diciendo que la conversión de los judíos "como pueblo" solo será obrada por Dios al final de los tiempos, entonces no estarían mas que reafirmando aquello que ya sabemos.

Pero el pronunciamiento es ambiguo: Si están diciendo que la Iglesia no debe emprender acciones que tengan por finalidad la conversión de los judíos como pueblo, ahí estamos en una zona gris... sabemos a priori que tales esfuerzos serán infructuosos (ya se lo dijo San Bernardo de Claraval al Papa Eugenio III). Deducir de eso que la Iglesia no debe perseguir la conversión de los judíos "como pueblo" es una opinión teológica que, hasta donde yo se, nunca ha sido condenada. La ha propuesto Joseph Ratzinger como teólogo privado en su libro Jesús de Nazareth (en el segundo volumen).

Ahora bien, un débil de mente y/o liberal podría interpretar que por eso no debe buscarse la conversión de los judíos en cuanto individuos, o ir mas lejos aún y pensar que la antigua alianza sigue siendo válida.

En fin, para eso existe la Dominus Iesus o la condenación de las teorías de Jacques Dupuis. Y sin ir más lejos, la nueva oración por los judíos el Viernes Santo (según el rito tridentino): "Que Dios ilumine sus corazones para que reconozcan que Jesucristo es el salvador de todos los hombres".

Entonces, ¿confusión? Si. ¿Magisterio ejercido de forma subóptima? Seguro, ya dijo Pío XI que el lenguaje tomista no podía abandonarse sin grave daño. ¿Pero tanto como para decir que todo el magisterio es herético y que estamos en una situación comparable a la crisis arriana? Si queremos no caer en juicios temerarios, me parece que no.

Anónimo dijo...

No entiendo lo de traer a Ratzinger para refutar a Iraburu sobre la CEI. Precisamente Benedicto XVI en "Luz del mundo" sostiene la misma opinión que la CEI acerca de judíos y su conversión.

Martin Ellingham dijo...

Eremita:

Yo no sé si estamos en una crisis equivalente a la arriana. Lo que nunca he leído hasta ahora es un argumento consistente en virtud del cual se demuestre que la reiteración de una crisis como la arriana sea un imposible. Y tampoco he leído al p. Iraburu una explicación de por qué es imposible que la CEI pudiera errar como parece desprenderse del texto citado.

Saludos.

Gaspar dijo...

I. ¿Conversión escatológica de Israel?

Videtmur: La conversión de TODO Israel es futura, e incluso escatológica (según Rm 11,25).

Sed contra: Pedro exige la conversión presente (Hch 2,38.40; 3,19.26). Pablo parece exigir lo mismo (el tercer «nyn» en Rm 11,31 está bien atestiguado: Nestle contra Aland)

Resp.: Nada impide que Pablo contemple una futura conversión de la mayor parte de Israel, aunque le invite desde AHORA a la conversión.

II. El momento de la conversión de Israel.

Videtur: Se sitúa dentro de la historia temporal.

Sed contra: La conversión sólo puede ser escatológica (E. Petersen), porque de lo contrario el paulinismo perdería su valor definitivo (G. Fessard), se volvería al quiliasmo (defendido por Moltmann).

Resp.: Yo me inclinaría por la segunda solución; pero advirtiendo que las dos mantienen la esperanza de la salvación de Israel, puesto que Cristo ha muerto por todos (Nostra Aetate, 4) e incluso «primero por vosotros» (Hch 3,26).

Martin Ellingham dijo...

Como la conversión de Israel como pueblo será esjatológica ¿habría que concluir que se pierde el tiempo rezando por ellos y procurando evangelizarlos, aunque el fruto sean conversiones personales? Porque si la respuesta es afirmativa, Edith Stein se equivocó al hacerse cristiana y luego carmelita...

Saludos.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Como la conversión de Israel será escatológica, no los evangelicemos, no sea cosa que nos escatologicemos...

Miles Dei dijo...

Complexión histórica:

Cuando Pablo predica sobre la conversión de Israel, todavía existe la nación y el segundo templo y el mismo sanedrín. Por tanto Pablo espera que se cumpla en la casa de Israel los castigos anunciados por los profetas y ratificados por Jesucristo respecto al templo.

Cuando Israe vuelve a ser nación (aunque sea emergiendo de su pecado contra la gracia de Dios -sionismo incapaz de reconstruir el templo-) se hace suscpetible de la promesa escatológica en cuanto tal nación anunciando los tiempos finales en los que es posible el signo desu conversión.

Por tanto la predicación de San Pablo no supone ningún problema a este respecto en los tiempos en que vivimos.

Miles Dei dijo...

Eso como nación entre las naciones. A nivel individual cualquier judío puede encontrar el templo reconstruido en Cristo resucitado y recibir la gracia de la conversión.

Anónimo dijo...

EREMITA dice: "El error de gran parte del lefebvrismo es aferrarse cual dogmas a sentencias magisteriales reformables, o a pronunciamientos que ni siquiera son dogmáticos sino pastorales. Muchas veces caracterizan como doctrinas apostólicas o "inmemoriales", posiciones que solo aparecen en el magisterio a partir de Gregorio XVI con Mirari Vos"
PEDRO HISPANO:No sé con qué fundamento dice Vd. que "es evidente que Newman y Ratzinger exageran ciertos puntos..." pero lo que sí es evidente que los lefebvrianos -a quienes me honro en pertenecer- se empeñan en un frente doctrinal muchos más amplio que el por Vd. enunciado. Y ya me dirá Vd. de dónde saca eso de que los lefebvrianos hayan dicho alguna vez -salvo algún exaltado que no es lo mismo- que "todo el magisterio es herético" Mons. Lefebvre, por citar un ejemplo, cubrió de elogios el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI. Y no me parece muy propio de alguien "muy curtido en teología dogmática" esa tajante distinción entre dogma y orientaciones pastorales que, sin ánimo de ofender, me parece disparatada. Aunque fuera ampliamente utilizada en el Vat. II para colar proposiciones ambigüas o lo que Michel Davies llamara "bombas de tiempo"

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO a EREMITA: Como bien dice MARTIN: "Yo no sé si estamos en una crisis equivalente a la arriana". Ni tampoco veo mucho sentido en discutirlo. Creo que tenemos recursos más actuales y para nada sujetos a ese tipo de polémicas históricas en las expresiones de Pablo VI sobre "el humo de Satanás" (Alocución 29 de junio de 1972)"Autodemolición de la Iglesia"(Idem 7 diciembre de 1968 o/y discurso al seminario lombardo el 11-sept.-1974). Sin olvidar la que en su dia publicó la Croix del futuro cardenal Congar (dicha con intención elogiosa) "La Iglesia ha hecho pacíficamente su revolución de octubre" o que el Vat. II era 1789 en la Iglesia. (Como Vd. sabe 1789 es la fecha de la revolución francesa, o sea que el Vaticano II era -según Congar creado cardenal por Juan Pablo II- una revolución por partida doble)
Creo que estas frases -y más que se pueden citar- bastan para situarnos en nuestro momento histórico y sus exigencias para todo católico sin perdernos en polémicas históricas innecesarias.

El Eremita dijo...

Estimado señor Ellingham,

Ciertamente que es posible que una crisis cómo la arriana se repita. La pregunta es cómo debe comportarse un fiel cuando ciertos actos del magisterio lo escandalizan. Ahí hay una cuestión muy profunda.

Con respecto a lo de Iraburu, cláramente tiene una visión un tanto naïve de los obispos. En mi opinión, interpreto los dichos de la CEI como la tesis ratzingereana (a saber, que la Iglesia no tiene la obligación de realizar esfuerzos de evangelización orientados a los judíos como pueblo) expresada de forma confusa y poco feliz. Pero no descarto que estuvieran refiriéndose a los judíos en cuanto individuos y por ende incurriendo en herejía material. Sin embargo, tampoco creo que Iraburu crea que una Conferencia Episcopal goza de una suerte de infalibilidad en sus declaraciones.

Con respecto a su pregunta retórica acerca de si tiene sentido orar por los judíos o procurar evangelizarlos si uno adopta la visión ratzingereana del asunto, por supuesto que si. Esta tesis no niega que Dios pueda conceder a uno o muchos judíos la gracia de la conversión. Ratzinger mismo escribió la nueva plegaria por ellos para el Viernes Santo que cité anteriormente.

Lo que no tendría sentido sería crear, por ejemplo, un Pontificio Consejo pro-Conversión de los Judíos, o cosas semejantes. Incluso que el Papa fuese a la sinagoga de Roma a proclamarles el capítulo 3 de los Hechos de los Apóstoles tendría, en mi humilde opinión, poco sentido.

Le extiendo un cordial saludo.

El Eremita dijo...

Don Pedro Hispano, le contesto punto por punto:

"No sé con qué fundamento dice Vd. que "es evidente que Newman y Ratzinger exageran ciertos puntos..."

Mire, tampoco es que soy experto en Historia de la Iglesia, pero la visión histórica mas común de la controversia arriana nos dice que la Iglesia de Roma nunca fue cooptada por el arrianismo, nos muestra las actitudes ejemplares de Obispos como Hilario de Poitiers, los padres Capadocios, los legítimos pastores de la Iglesia de Alejandría, Pablo I de Constantinopla... en fin, a mi me parece que, si bien en aquellas Iglesias Particulares donde el obispo era arriano, el sensus fidei fidelium salvó la Fe, desde la perspectiva de la Iglesia universal, no fue el único factor.

"lo que sí es evidente que los lefebvrianos -a quienes me honro en pertenecer- se empeñan en un frente doctrinal muchos más amplio que el por Vd. enunciado."

No me cabe duda. Mis críticas iban mas que nada a ciertas objeciones que se hacen, por ejemplo, al documento Dignitatis Humanae, que toman ciertas frases del magisterio del siglo XIX como irreformables cuando cláramente no lo son.

"Y ya me dirá Vd. de dónde saca eso de que los lefebvrianos hayan dicho alguna vez -salvo algún exaltado que no es lo mismo- que "todo el magisterio es herético""

Primero que nada, sepa que cuando digo "magisterio" me refiero a la acepción común de la palabra (El Papa y los Obispos en comunión con él) y no a los pronunciamientos magisteriales. Segundo, yo no decía que toda la SSPX sostuviese que todos los obispos son herejes. Mi comentario surgía del hecho de que hay gente dentro del "tradicionalismo" que habla del Papa como un "hereje hegeliano", que habla de la "Roma Apóstata", la "Roma Modernista", la "Neo Iglesia", etc. A esas personas me refería.

En si, mis críticas a la SSPX se basan mas que nada en dichos de aquellos que son comunmente llamados "anti-acuerdistas".

"Y no me parece muy propio de alguien "muy curtido en teología dogmática" esa tajante distinción entre dogma y orientaciones pastorales que, sin ánimo de ofender, me parece disparatada. Aunque fuera ampliamente utilizada en el Vat. II para colar proposiciones ambigüas o lo que Michel Davies llamara "bombas de tiempo""

Yo tampoco digo ser un experto, pero se equivoca usted al pensar que la distinción entre lo doctrinal y lo pastoral es un invento del CVII. Si usted va al Denzinger, verá que no contiene la totalidad de los documentos magisteriales, sino solo aquellos que son considerados doctrinales (o aquellas secciones que son consideradas como tales).

Finalmente, en su último comentario usted menciona "nuestro momento histórico y sus exigencias para todo católico". Bien, aquí está el centro de la cuestión. ¿Que nos exige el momento actual? No piense que yo creo que "está todo bien"... seminarios vacíos, liturgia destruida, lenguaje confuso... creo que cualquier católico que piense un poco puede verlo... sin embargo ¿justifica esto estar separado del Sucesor de Pedro? ¿Persiste aún la perplejidad que sin dudas justificó casi todo lo obrado hasta ahora por la fraternidad?

Habrá que esperar a que se resuelva todo esto del preámbulo doctrinal y la "propuesta canónica" para hallar algunas respuestas.

Saludos cordiales.

Cougar dijo...

Si el Syllabus es "reformable" (cosa que no niego) entonces queda claro que la mayor parte del magisterio conciliar y posconciliar, ecumenismo incluido, también lo es.

Sin embargo, es precisamente esa la posición que dificulta la regularización canónica de la SSPX.

Coronel Kurtz dijo...

Si usted va al Denzinger, verá que no contiene la totalidad de los documentos magisteriales, sino solo aquellos que son considerados doctrinales (o aquellas secciones que son consideradas como tales).

¡¿Cómo?! El Denzinger es un vademecum, una compilación, que no tiene mayor valor magisterial que las patrologías de Migne.

¿Ahora va a ser que Depósito de la Fe es el Denzinger?

La verdad que pedir "estar muy curtido en teología dogmática" y luego soltar estas cosas...

Anónimo dijo...

El interrogante que rigió al siglo XIX fue el "por qué": y resultaron así los grandes inventos.
El del siglo XX y XXI, fue "el por que no", y resurgieron de este modo los grandes errores y perversiones.
Son los siglos de la "gran rebeldia", que a veces se disfraza de ortodoxia católica y deviene en una mixtura refritada de catolicismo y protestantismo:"protestantolicismo"tradi.

Eremita, impecable lo suyo.

Anónimo dijo...

EREMITA: Ante todo le agradezco su respuesta y el tono de ella.Aunque queden muchas cuestiones abiertas y se dejara de lado a Osio.
Pero creo que tiene Vd. toda la razón cuando dice: que este es "el centro de la cuestión. ¿Que nos exige el momento actual?" Y ahí es dónde Vd. -algo así como Iraburu- plantea una cándida cuestión: "¿justifica esto estar separado del Sucesor de Pedro?" Porque pasando por alto -y no es poco pasar- lo del beso al Corán, la denigración de la Iglesia histórica, la alabanza pública a Maciel y muchos más ejemplos que me repele tener que recordar pero que ahí están, incluyendo el último Asís, con los que los actuales sucesores de Pedro no facilitan precisamente la unión con ellos sin romper con 20 siglos de catolicismo Vd. olvida DE HECHO que la "unión" con el Papa en la caótica situación actual no supone entenderse directamente con Benedicto XVI. Hay que pasar a través de toda una serie de mediaciones en muchos casos corrompidas. Un católico austriaco o canadiense (si quiere le largo una amplia cita al respecto) que quiera mantener esa "unión" con el Papa tiene que pasar ya sea a través de una conferencia episcopal en abierto estado de cisma, la primera, o a través de otra a la que su homónima peruana le ha pedido públicamente que deje de financiar los grupos que promueven el aborto en Perú. Sabe Vd. bien que desgraciadamente podría aumentar el nº de ejemplos aunque no quisiera que fuera así. Me revienta tener razón en este caso concreto. Por eso su pregunta: "¿justifica esto estar separado del Sucesor de Pedro?" en las actuales circunstancias resulta ingenua. Porque si para esa unión tengo que pasar -y de hecho hay que pasar- por aceptar a gentuza como la citada claro que sí lo justifica. Entre el derecho canónico -por muy respetable que sea, que los es- y la Fe la opción es clara.
PEDRO HISPANO

El Eremita dijo...

Don Coronel Kurtz, no me malinterprete, a lo que yo iba era al criterio con el cual Denzinger y quienes le siguieron realizaron dicha compilación.

Este libro es considerado unánimemente como una herramienta fundamental en la teología dogmática de los últimos 150 años. ¿Sería así si omitiese pronunciamientos doctrinales de importancia?

Con esto no quiero decir que "si no está en el Denzinger no forma parte del Depósito de la Fe", lejos de mi. Pero cada doctrina (su grado de certeza, el tipo de asentimiento que exige, etc.) puede ser estudiada con la metodología de la teología dogmática. Parte de dicha metodología es estudiar cuál es el consenso de los teólogos con respecto a la autoridad que tienen los distintos pronunciamientos magisteriales. Y si un teólogo de la talla de Denzinger o quienes prepararon la sucesivas ediciones del famoso compendio, omitieron tal o cual pasaje de tal o cual documento, es porque evidentemente, a sus ojos, este tiene menos "peso" que los que si están. De nuevo, ateniendonos a la metodología de la teología dogmática.

Muy cordiales saludos.

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Cougar, un pronunciamiento magisterial ha de considerarse siempre como perteneciente al magisterio ordinario a menos que explícitamente se presente como ex cathedra o irreformable. Si quedan dudas acerca de esto siempre se puede recurrir a la Santa Sede solicitando aclaración.

Yo en lo personal, no veo por qué la SSPX no podría aceptar al Concilio Vaticano II y al magisterio de los Papas post-conciliares como parte del magisterio ordinario. Ya se sabía (y ahora con el preámbulo mas que nunca) que el Concilio puede discutirse teológicamente, y en dicho ámbito teológico pueden resolverse también los demás problemas doctrinales.

Las famosas "discusiones" fueron un primer paso, ahora resta que un círculo mas amplio de teólogos tome la posta y discuta todo aquello que suscite dudas.

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Don Pedro Hispano,

Con respecto a este punto estamos de acuerdo: Sin la jurisdicción, el reconocimiento canónico no es mas que un formalismo sin valor. Con lo cual, por mas que el Papa otorgue reconocimiento canónico, si la concesión de jurisdicción siguiese dependiendo de los obispos "del lugar", entonces la fraternidad sigue estando en la misma (algunos obispos la darán, otros no).

Personalmente, no creo que un Papa que ha levantado las excomuniones a los cuatro obispos y "liberado"la Misa Tridentina, niegue a la fraternidad una solución canónica adecuada a su realidad... pero si no es así... entonces creo que podrían postergar el tiempo del acuerdo hasta obtener un resultado mas favorable, pero nunca dejando de sostener que la unión con el Sucesor de Pedro es imprescindible.

Le extiendo un cordial saludo.

Miles Dei dijo...

Las famosas "discusiones" fueron un primer paso, ahora resta que un círculo mas amplio de teólogos tome la posta y discuta todo aquello que suscite dudas.
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No hay honestidad suficiente en la Iglesia para recoger el guante de Gherardini, y donde la hay no hay valentía para hacerlo. Simplemente eso. El Concilio es más una cuestión política que teológica.

Hay una concepción teológica perversa enquistada ideológicamente en la más alta jerarquía de la Iglesia. Tan perversa como en su tiempo fue la inmoralidad enquistada en la misma por puro vicio. Teología viciada y viciosa ¿se podría decir así?, que lleva por ejemplo a ver normal el acto idolátrico del brujo africano en sagrado y ante el Papa y el colegio cardenalicio.

Por tanto es muy apropiado hablar de una analogía con la crisis arriana. Personalmente creo que la supera por circustancias agregadas que no existían en aquel tiempo.

Miles Dei dijo...

Y si le quieren dar nombre a uno de los problemas dogmáticos es el del naturalismo pelagiano. Un problema presente por el cierre en falso de lo que realmente se ponía en juego en su día en De Auxiliis, que no era sino la inmanencia aplicada a la teología a raiz del envite Luterano y ya presente en el fin de la gran escolástica.

Esto se ha desarrollado por tres o cuatro siglos hasta acabar por viciar el mismo pensamiento teológico. Quizás la única vez que la Santa Sede tomó cartas en el asunto fue con San Pio X y las famosas XXIV tesis, pero ya era demasiado tarde para ello. No les falta razón a los que ven en la línea jesuítica suareciana uno de los bastiones de tal intrusión de la inmanencia filosófica a la teología. Pero el tema radica algo más atrás, por ejemplo en las cuestiones no resueltas del agustinismo, que rebrotan siempre con fuerza.

Un pequeño error al principio del arroyo se convierte en un río que da a un mar de errores. Hace falta un detenido estudio de la historia de la teología y de la filosofía para entender el momento presente y lo grave del mismo.