lunes, 4 de marzo de 2013

Newman contra la «papolatría»

La renuncia de Benedicto XVI ha dado lugar a toda clase de comentarios. Algunos, ciertamente imbuidos de una «papolatría» práctica que canoniza en vida los actos del Romano Pontífice. Tomemos del b. Newman la vacuna contra el virus papolátrico.

Si el Papa hablara contra la conciencia, en el verdadero sentido de la palabra, cometería un suicidio. Provocaría el hundimiento del suelo bajo sus pies. Su misión es proclamar la ley moral, proteger y asegurar «esta luz verdadera que, viniendo a este mundo ilumina a todo hombre» (Jn. 1, 9). Sobre la ley de la conciencia y sobre su carácter sagrado, se funda a la vez su autoridad teórica y su poder práctico (...).
La defensa de la ley moral es la razón de ser del Papa. Su misión, en realidad, es responder a las quejas de los que sufren la insuficiencia de luz natural; y la insuficiencia de esta luz que justifica su misión (...). La Iglesia, el Papa y la jerarquía, según el plan divino, responden a una necesidad urgente. Por seguras que sean las bases y las doctrinas de la religión natural para los espíritus reflexivos y serios, necesita, para influir de verdad en la humanidad y vencer al mundo, que la Revelación la sostenga y complete (...).
He aquí otra observación: la conciencia es una regla práctica; por ello, sólo es posible una oposición entre ella y la autoridad del Papa cuando éste promulga leyes, o da órdenes especiales, u otros preceptos de este tipo. Pero un papa no es infalible en sus leyes ni en sus mandamientos, ni en sus actos de gobierno, ni en su administración, ni en su conducta pública (...). ¿Fue infalible san Pedro en Antioquía, cuando san Pablo se le resistió? ¿San Víctor fue infalible cuando excluyó de su comunión a las Iglesias de Asia ? ¿ O Liberio cuando excomulgó a Atanasio ? Y acercándonos a una época más reciente, ¿lo fue Gregorio XIII cuando hizo acuñar una medalla en honor de la matanza de la noche de san Bartolomé? ¿ O Paulo IV en su conducta con Isabel (de Inglaterra)? ¿O Sixto Quinto cuando bendijo la Armada? ¿O Urbano VIII cuando persiguió a Galileo? Ningún católico pretendió jamás que estos papas fueran infalibles al obrar así. Puesto que la infalibilidad podría entorpecer el ejercicio de la conciencia, y puesto que el Papa no es infalible en el dominio en que la conciencia posee la autoridad suprema, ningún callejón sin salida (como el contenido en la objeción a la que contesto), puede acorralarnos para escoger entre la conciencia o el Papa.
Pero vuelvo a repetir, por miedo a que mi pensamiento sea mal interpretado, que cuando hablo de la conciencia, me refiero a la conciencia que merece ser llamada así. Si tiene derecho a oponerse a la autoridad del Papa, cuando ésta es suprema pero no infalible, debe ser algo distinto de ese miserable falso semblante que, como ya he dicho, toma ahora el nombre de conciencia. Si, en un caso particular, debe tomarse por guía sagrado y soberano, sus órdenes —para prevalecer contra la voz del Papa— deben haber estado precedidas de una seria reflexión, de oraciones y de todos los medios posibles para llegar a una opinión verídica sobre el asunto en cuestión. Además, la obediencia al Papa está, como se dice, «en posesión», es decir, que el onus probandi de establecer pruebas contra él, igual que en todos los casos de excepción, pertenece a la conciencia (...). Prima facie, es un deber necesario, aunque no sea más que por la lealtad, creer que el Papa tiene razón, y obrar conforme a sus preceptos.
Alejandro VI.
El cristiano debe sobreponerse a ese espíritu vil, estrecho, egoísta y ramplón que le impulsa—cuando se le da una orden eventual— a oponerse al superior que ha dado esa orden, a preguntarse si no se excede en sus atribuciones y a regocijarse por poder mezclar cierto escepticismo en cuestiones de moral práctica. No es necesario que haya decidido voluntariamente el pensar, hablar u obrar, exactamente a su capricho(...).
Si esta regla indispensable se observara, los choques entre la autoridad del Papa y la autoridad de la conciencia serían muy raros.
Por otra parte, dado que para los casos extraordinarios, la conciencia de cada uno es libre, tenemos la garantía y la certidumbre (si necesitamos tenerla) de que ningún papa podría forjar nunca para sus fines personales una falsa ley de la conciencia (...).
Una palabra más. Si después de una comida, me viera obligado a lanzar un brindis religioso —lo que evidentemente no se hace—, bebería a la salud del Papa, creedlo bien, pero primeramente por la conciencia, y después por el Papa.
Tomado de:
Newman, J.H. Pensamientos sobre la Iglesia. Textos presentados por O. Karrer. Ed. Stella, Barcelona, 1964, pp. 119 y ss.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace un tiempo quitaron el blog devoción católica, ahora también Santa Iglesia Militante!!! será posible, porque hacen eso!!!????

Anónimo dijo...

Excelente el post-cita de Newman. Sería prudente también que prestemos atención a las advertencias que lanza contra aquéllos que sospechan de toda acción papal, y se creen en posición de criticar todos los actos pontificios sin conocer circunstancias y demás elementos que sí conoce el Papa al momento de tomar ciertas decisiones. El caso de la renuncia es paradigmático: sin caer en la denunciada papolatría que canoniza el hecho como una de valentía heroica sin saber nada de nada, tampoco se debe condenar a la ligera, justamente porque no sabemos nada de nada. Por lo de "in dubio pro reo", al menos...

Saludos.

Martin Ellingham dijo...

A Santa Iglesia Militante lo dio de baja su autor.

sofronio dijo...

Parece que, incluso Dom Prosper Guéranger, restaurador de la Liturgia desde Solesmes que hizo todo lo posible para que el dogma de la infalibilidad papal se definiera, lloró después de la proclamación. Presagiaba, en efecto, el abuso de los papadolatras que usarían el dogma en detrimento de la verdadera fe; el llanto de Dom P. Gueranger fue profético ya que por una equivocada obediencia pudieron 'suprimir el Rito de la Misa Tradicional'; rito que, según el fundador del Instituto Litúrgico de Ratisbona, Klaus Gamber, el Papa no tiene potestad para modificar subtancialmente, como ocurrió. Por cierto, Klaus Gamber
jamás fue condenado por esa tesis que mantuvo hasta el final de sus días.

Anónimo dijo...

una lástima ¿alguien sabe porque?

Anónimo dijo...

Incluso tengo la impresión por lo que he leído que utilizaron el trabajo de Dom Guéranger como trampolín y excusa para cambiar todo. El trabajo de el fue genial pero lo retorcieron.

Anónimo dijo...

Tengo entendido que San Pío X algo modificó del Rito Romano ¿me pueden explicar ese tema? ¿que cambió y porque?

Anónimo dijo...

Esto de la paolatría hace tiempo que me tiene enfrascado en una cuestión que nadie resuelve. Se quiere canonizar a Juan Pablo II. Bien, ¿pero puede alguien explicar que durante el papado de un santo se taparan a los sacerdotes pedófilos? ¿Cómo justifican los juanpablistas acérrimos este hecho que se dió durante décadas y al que puso fin Benedicto XVI?

Si alguien puede explicar que JPII obró así por ignorancia, que lo explique, porque si no, me es imposible entender su canonización.

Anónimo dijo...

Tapar a los pedófilos es solo la punta del iceberg hay mucho mas debajo con los desastres de juan pablo. El cambió también el proceso de canonización asi que ahora se les hace mas fácil manipular el tema. Ahora hacen lo que quieren.

Anónimo dijo...

Juan Pablo II suprimió la figura del abogado del diablo. Pero Benedicto XVI aún fue más allá eliminando los plazos para llegar a la beatificación de supredecesor.
Creo que la única explicación posible de todo esto es que ni ellos mismos pretenden ejercer un acto de magisterio infalible. La explicación es del P. Calderón e iria en la linea del concilio pastoral y no dogmático, creo yo.

Anónimo dijo...

"Tapar a los pedófilos es solo la punta del iceberg hay mucho mas debajo con los desastres de juan pablo"

¿Qué más desastres soterrados hay de JPII? Mayor que ocultar esa monstruosidad ya sería....

Fray Agrícola dijo...

Felicitaciones por este escrito de Newman. La papolatría es un mal que abunda en muchísimos católicos.