jueves, 29 de mayo de 2014

La ruleta "francisquista"


Todos, de una manera u otra, tendemos a buscar una explicación monocausal para los distintos fenómenos que percibimos. Esto se debe, en parte, al pecado original y a uno de los capitales: la pereza. Por lo que nadie está exento del vicio de simplificar en exceso acerca de los factores que concurren como causas de un hecho. Además, muchas veces inciden en nosotros doctrinas que pretenden explicarlo todo en términos monocausales y que procuran ganarse la lealtad de gente más empeñada en gastar tiempo defendiéndolas, y atacando a sus rivales, que dedicándose a una investigación original. La verdad es que la explicación completa de algo es muchas veces multicausal. Con todo, es cierto también que muchos hechos simples pueden reducirse a una sola causa, que opera como la principal y más relevante, pues tampoco es razonable embarcarse en profundas investigaciones sobre cada uno de los acontecimientos que conocemos en nuestra vida cotidiana.
Parece cosa evidente que la Iglesia tiene enemigos. Una parte importante de esos enemigos se encuentra en los medios de comunicación masiva. Los medios enemigos con muchísima frecuencia manipulan la información relativa al Papa. Tergiversan hechos y dichos con un sesgo determinado por sus ideologías e intereses. O lo hacen por ignorancia y temeridad. Las motivaciones son diversas y las disposiciones pueden estar en la buena o mala fe de las personas que informan y opinan.
Debemos admitir que, no pocas veces, la manipulación periodística es un hecho simple, que puede atribuirse a una sola causa. Otras veces, esta manipulación se produce por multitud de factores. Una tarea importante de los medios católicos es suministrar información verdadera y disipar la confusión creada por la manipulación de medios que, o son abiertamente enemigos de la Iglesia, o carecen de la formación religiosa necesaria para informar adecuadamente sobre cuestiones eclesiales.
Sin embargo, un defecto recurrente en los medios de comunicación católicos es la tendencia a disipar la manipulación periodística por medio de explicaciones insuficientes. Por afán apologético pareciera que tienen una ruleta de explicaciones prefabricadas. A veces, la ruleta cae en la explicación monocausal; otras, admite varias causas; pero nunca incluye entre sus números, como un factor posible, sea único o concurrente con otros, el error, la imprudencia o la ambigüedad de parte del Romano Pontífice. Se cae así en el fetichismo africano.
Veamos una lista, no exhaustiva, de los números de esa ruleta de explicaciones:
1. Deficiente traducción.
2. Palabras fuera de contexto.
3. Cuando dijo X es claro que probablemente quiso decir Y.
4. La fuente no es confiable.
5. La información no es de primera mano.
6. Debemos mirar el asunto desde la perspectiva cultural argentina.
7. Los medios deformaron lo que dijo.
8. No puede ser verdad, porque contradice lo que dijo en oportunidades anteriores.
9. El p. Lombardi lo desmiente.
A veces esta ruleta acierta en dar una explicación adecuada a la realidad. Sin embargo, toda inteligencia católica puede preguntarse si, además de estos factores enumerados, que pueden ser verdades parciales, la confusión eclesial no se debe también a otro factor: Francisco con sus “bergogliadas” (gestos) y sus “bergoglemas” (dichos). En nuestra opinión, se debe buscar siempre la verdad, de forma completa, sin prejuicios monocausales, inspirados en la papolatría (“amiga”) o en la papofobia (“enemiga”). Res sunt, ergo cognosco.  

5 comentarios:

Psique y Eros dijo...

"Todos, de una manera u otra, tendemos a buscar una explicación monocausal para los distintos fenómenos que percibimos. Esto se debe, en parte, al pecado original y a uno de los capitales: la pereza". Una pequeña corrección que no viene al caso, extemporánea y fuera de lugar. Por nuestro modo natural de entender, en el primer estadio de nuestro entendimiento de la realidad, siempre lo hacemos sobre un patrón de causalidad lineal. Esto está en la base de la comprensión de toda realidad. El defecto no borra lo fundamental de la función. Que la realidad sea una complejidad infinita de causalidades múltiples, y a veces, sobre todo en lo humano, de causalidades mutuas, no quita que el hilo básico por medio del cual es posible entender el entramado total de la alfombra sea la causalidad lineal. El defecto está en detenerse en la causalidad lineal sin complejizarla, es decir haciendo de ella la única explicación posible de lo que sucede.

Flavio Infante dijo...

Acá va un ejemplo de obsecuencia extremosa, desfiguradora de los dichos y hechos del Francisco como para batir un récord. Ni las focas son capaces de aplaudir así:

http://www.hispanidad.com/Editorial/francisco-al-borde-del-precipicio-donde-debe-estar-20140529-163108.html

Tinopaz Engasa dijo...

Ojo, que nuestro natural modo de entender sea monocausal esta precisamente causado por la propia naturaleza del pecado original, por eso su corrección es errónea aunque no extemporánea ni fuera de lugar porque si venia al caso. Cuando los infocatolicos introducen la pereza como causa del pensamiento monocausal advierten precisamente que lo es "en parte", luego lo explicitan aunque no del todo, posiblemente por propia pereza. En todo caso felicito a Psique y Eros por sus observaciones porque lo relevante era explicitar a los lectores lo defectivo de nuestra inteligencia por la pereza infocatolica de no explicitarlo suficientemente. También felicito a los infocatolicos por lo acertado del texto. Y pido perdón si por pereza o por inteligencia defectiva no he sido capaz de transmitir un juicio veraz sobre esta cuestion .:-)

Daniel Huntington dijo...

Como explica Piepper, la virtud sobrenatural de la prudencia está entre los extremos de la impureza y la avaricia.
Bergoglio ha demostrado no tener prudencia sobrenatural.
Resta discernir cual es el extremo que le cabe.

Daniel Huntington

Psique y Eros dijo...

Tino, en primer lugar una distinción, no asumo su lenguaje de “pensamiento monocausal” porque así dicho, como un hecho consumado, es en sí ya un defecto, es un intento reduccionista de leer una complejidad desde una causalidad única y por eso, justamente, es monocausal, al poner el “mono” como factor intrínseco de distinción ya presupone en contraposición, o en contraluz, la policausalidad, y , por ende, la complejidad. Así dicho, estamos de acuerdo, la reducción monocausal de una realidad es en sí un defecto simpliciter.
Sin embargo, si usted observa el cambio de semántica, yo uso ‘causalidad lineal’, que es el elemento básico de todo pensamiento humano, relación directa, monodireccional (aquí el ‘mono’ se opone a ‘bi’) de causa y efecto, donde la causa produce el efecto. Esta es la estructura atómica básica del pensamiento la cual está presente siempre en todo tejido ulterior de un grado de complejidad mayor, y, lo hace posible. Así tomada no hay ningún defecto en este punto de partida primigenio de todo pensamiento, el defecto está en reducirlo todo a este modo único de pensar eso es justamente la ‘monocausalidad’, ahí está el reductivismo o reduccionismo.
Pero esta estructura atómica está destinada a componer intrínsecamente moléculas mayores de pensamiento, como la policausalidad, la realidad compleja o la causalidad circular. Con cualidades emergentes que subsumen en sí misma a la causalidad lineal pero que expresan riquezas y realidades totalmente nuevas que la causalidad lineal de suyo no puede expresar, y no da razones de ellas, sino que presentan el material para que la inteligencia capte un emergente que sobrepasa cualitativamente al elemento básico (digo esto para que no crea que sostengo una especie de “asociacionismo casual” reduccionista, en base al cual de lo inferior sale lo superior).
En nuestro estado caído, sí o sí, tenemos que construir nuestra concepción policausal, compleja o circular de una realidad determinada pasando por entender primero, no solo cualitativamente sino también en el tiempo, por un estadio atómico inferior, la causalidad lineal. A este punto me invade la pereza de ir a repasar la prima pars para ver como se supone, según Sto. Tomás, que entendía el hombre en estado de gracia original. Pero en favor de la discusión supongamos que pudiese instantáneamente entender realidades complejas, causales o circulares, sin necesitar el despliegue pormenorizado de las causalidades lineales que componen dichas realidades, aún así, supongo que el hombre en ese estado de gracia original podría hablar y comunicarse mediante el lenguaje, un lenguaje que supongo hecho de palabras sonoras, al menos en cuanto sonido similares a las nuestras, bueno, en ese caso, tendría que decodificar esa realidad que comprendió de un modo directo y complejo, en sus componentes, con el prosaico fin de poder ‘decirla’, supongamos a un otro. El lenguaje es un hermoso sistema de causalidades circulares, donde todo influye en todo, pero compuesto atómicamente por frases u oraciones y palabras con relaciones lineales entre sí bastante claramente identificables. Por eso, incluso en ese caso, la causalidad lineal, en tanto que tal, no constituiría un defecto.