lunes, 11 de julio de 2011

CINCO CUESTIONES CONTROVERTIDAS SOBRE EL «OPUS DEI» (II)



En este segundo artículo, y enlazando con el artículo anterior, trataremos de seguir profundizando en los aspectos controvertidos del Opus Dei. Vamos a dar un paso más, yendo de lo canónico a lo teológico, más concretamente a lo eclesiológico en lo que se refiere al sacramento del orden. En román paladino, abordaremos de manera sumaria la cuestión del acceso al sacerdocio de los miembros numerarios (laicos) de la prelatura. En este caso el acercamiento afecta a la médula misma de lo que es el Opus Dei: el intento de inserción de su propio modelo espiritual en la Teología católica sobre el sacerdocio llegando, como veremos, a situaciones muy contradictorias; según lo que hemos visto en el artículo anterior, si apareciese en este momento otra Prelatura Personal conforme a lo establecido por la ley canónica, únicamente podría estar compuesta de clérigos y en consecuencia no constituiría en ningún caso una iglesia particular (en sentido canónico técnico) al estilo de una diócesis o un vicariato castrense . Esto es, lo contrario de lo que la Opus dice de sí misma que es.

Siendo el tema canónico mucho más que interpretable rozando claramente la irregularidad (consentida, no cabe duda) hay aspectos más graves. Nos detendremos en uno de ellos, tal como es el de la ordenación sacerdotal de miembros laicos pertenecientes a la Prelatura (numerarios, agregados), en donde la discrepancia con respecto a la Teología del sacramento del Orden es sobrecogedora.

Sintetizando mucho todo lo que es la Teología y la Ascética referente al Sacerdocio católico, establezcamos que en la Iglesia hay clérigos y laicos. La distinción entre los que son sacerdotes y los que no lo son, aunque participan del sacerdocio común de Cristo, no sólo es de grado, sino de naturaleza. Esto es algo que hay que comprender bien; para acceder al sacerdocio es precisa la elección divina, la “vocación”, que debe ser manifestada por el candidato y corroborada por la Iglesia. La Iglesia lleva a cabo su juicio de discreción a través de instituciones establecidas para este fin (seminarios, noviciados) para discernir los signos externos e internos de la posible vocación del candidato.

Más concretamente, si alguien quisiese acceder al sacerdocio, porque considera que tiene vocación, pero carece de la ciencia divina, tiene desdén por lo relativo al culto, o ideas contrarias a la Iglesia, la Iglesia puede indicar que la vocación no es verdadera, porque ésta exige aquéllo. Dado que la vocación sacerdotal es específicamente y ontológicamente distinta a la vocación común de todo bautizado, la Iglesia siempre se ha esmerado en que los candidatos adquieran el “modo de ser sacerdotal”, a nivel interno y externo.

Teniendo en cuenta todas estas condiciones, la Iglesia reconoce la vocación el día de la ordenación sacerdotal. Hace falta, por así decirlo, la llamada de Dios y la de la Iglesia. Alguien se puede sentir llamado, pero concurrir circunstancias que establezcan dudas sobre la veracidad de tal vocación. Síntesis muy sintetizada.

Pasemos al caso del Opus. Aquí la irregularidad es completa, y no es algo derivado de crisis postconciliar alguna, sino que es algo que está en el “espíritu fundacional”. Por activa, pasiva y perifrástica, el fundador de La Cosa ha repetido hasta la saciedad que en el Opus Dei la vocación de sacerdotes y laicos es la misma”. Se podría aceptar que sacerdotes y laicos participaran de un mismo carisma, espiritualidad o costumbres si se quiere, pero equiparar la vocación sacerdotal y la vocación cristiana derivada del Bautismo es una carga de profundidad contra la especificidad de la vocación sacerdotal con respecto a la bautismal y su diferencia en grado y naturaleza.

Asimismo, antes de unas ordenaciones sacerdotales de miembros laicos del marquesado, mons. Escrivá afirmaba: “estos hermanos vuestros se hacen sacerdotes porque les da la gana, que es la razón más sobrenatural”. Sin embargo esta razón parece la razón más estúpida; nadie se hace sacerdote porque le dé la gana, sino porque siente la llamada de Dios, la Iglesia lo ha discernido y lo ha considerado apto para la vida sacerdotal. Si alguien efectivamente tiene vocación sacerdotal, y es verdadera a juicio de la Iglesia, ha de llegar necesariamente a la convicción de su elección divina en el estado sacerdotal, en caso contrario, no ha de ordenarse por mucho “que le dé la gana”.

Las mismas experiencias vertidas por el Fundador son harto ambiguas. Él dice que se hizo sacerdote “porque creí que así sería más fácil cumplir la voluntad de Dios, que no conocía. Desde unos ocho años antes de la ordenación la barruntaba, pero no sabía lo que era, y no lo supe hasta 1928 (en referencia a la fundación del Opus). Por eso me hice sacerdote”. Jamás hemos oído esta expresión por parte de ningún escritor ascético sobre la vida sacerdotal, ni a ningún cura ni fraile que hable sobre estas cuestiones, sin hacer referencia a la vocación sacerdotal y a su importancia para el propio llamado y para la Iglesia. Incluye una cierta frivolidad y desdén hacia el estado sacerdotal. En el caso de monseñor Escrivá, el sacerdocio fue un medio de estar disponible para cumplir la voluntad de Dios, y el sacerdocio no es para eso. Precisamente porque Cristo instituyó el sacerdocio con unos fines muy distintos que los de estar disponible para un “discernimiento” de ulteriores mociones divinas.

Si pasamos al procedimiento seguido para que un laico del Opus llegue a sacerdote, la perplejidad es completa y la arbitrariedad manifiesta.

Cuando se inscribe uno en el Opus –según lo establecido en el fundador, ya analizaremos la pertinencia de la expresión “vocación a la Obra”- es por tener vocación al Opus, excluyendo explícitamente la vocación al sacerdocio y a la vida religiosa. Los estudios teológicos que se realizan durante los veranos en convivencias y similares carecen de una finalidad referente a la ordenación, sino según el Opus, a la formación doctrinal-religiosa. Unos cursos que por lo que he sabido dejan mucho que desear, y en donde hasta algunos copian en los exámenes ( y en lugares muy poco decorosos). Para aprobarlos hay que sacar como mínimo un nueve, y es la nota que todos suelen llevar. Así después se escucha lo que se escucha.

Remarcamos, los laicos no plantean su posible vocación sacerdotal, sino que son designados por “cooptación” por parte del Prelado que los “invita” (¿¿??) a acceder al Sacerdocio. Es una broma. Por una parte estos que acceden al sacerdocio no han manifestado jamás ninguna orientación por la vida religiosa; en segundo lugar el Prelado designa a gente que no conoce de nada; tercero, éstos pueden decir que sí o que no. Es decir lo importante no es tener vocación sacerdotal o no tenerla, sino estar disponible al Prelado o no estarlo.

La mayoría de los casos suele responder afirmativamente, con lo que nos encontramos: profesionales que jamás han tenido inclinación alguna por la vida sacerdotal, de un día para otro aparecen ordenados sacerdotes. Es realmente singular lo que dice el Fundador al respecto en un grupo de obras de uso interno llamado “Meditaciones”: “Para nosotros el sacerdocio es una circunstancia, un accidente, porque la vocación de sacerdotes y laicos es la misma” (Meditaciones, V, p. 479). ¿Es el sacerdocio algo ocasional, circunstancial, funcional? ¿No es lo mismo que decía Lutero?

¿Cómo se explica todo esto? Pues del mismo modo que muchas más incongruencias teológicas y eclesiales de este estilo. El razonamiento es extremadamente sencillo pero sutil y ladino:

1. La Obra ha sido fundada por inspiración divina;

2. El Espíritu Santo ha inspirado al Fundador todas las normas, prácticas, costumbres;

3. El Padre tiene gracia de estado para cumplir su misión;

4. Si el Padre invita a alguien a ordenarse y éste acepta es que Dios quiere que sea así.

Se mezclan toda una serie de conceptos tomados de la Teología católica clásica (gracia de estado, gracias actuales, inspiración) mezclados con apriorismos infundamentados que el Opus Dei expone como si fueran tan claros como el sol del verano (como decir que el Fundador “vio” como tenía que ser el Opus Dei, incurriendo en una falacia, que bien podría resumirse así: Dado que Dios le hizo ver al fundador como tenía que ser el Opus Dei, luego el Opus Dei es como Dios quiere; se trata de un razonamiento en “círculo”, curiosa coincidencia léxica por otra parte)

Es un planteamiento peligroso. Es una presunción de una revelación privada “al dictado” traducida con efectos institucionales, que trata de comprometer el juicio magisterial de la Iglesia. Y con el fin de impedir que se perciba el solapamiento entre esos dos aspectos, en la Opus funciona muy bien el doble lenguaje, según se hable para miembros o para gente “de fuera”.

Y para aquéllos que piensen que esto que decimos no fantasías o delirios de ex – miembros renegados ofrecemos un juicio de verificación: preguntarle a un sacerdote numerario por su vocación. Nunca hablará de su “vocación sacerdotal”, sino de su “vocación al Opus Dei”, lo cual es harto sospechoso. Para ver más en claro, debemos conectar lo dicho con otro tema, más peliagudo si cabe, de la “vocación al Opus Dei”, pero lo dejamos para otro momento.

31 comentarios:

Un ronin católico dijo...

Mucho se ha hablado de esto, pero en realidad creo que el pensamiento clave de San Josemaría está en la función social del sacerdocio, que dentro de una sociedad sólo hace servir a los miembros y por lo tanto se incluye como disposición en la misma vocación a la Obra. Así lo expresará el mismo tras una gran alabanza al caracter sacerdotal y a remarcar su diferencia con el sacerdocio común:

"El Orden Sagrado es el sacramento del servicio sobrenatural a los hermanos en la fe; algunos parecen querer convertirlo en el instrumento terreno de un nuevo despotismo."

El sacerdocio existe para la sociedad, tal como el matrimonio, no al revés. Por tanto es lógico que todo miembro de la obra capaz de ser sacerdote esté dispuesto a serlo para servir a sus hermanos sobrenaturalemente en ese desempeño si el llamado para ello y a la vez que no todos sean llamados pues se hará según la necesidad social de la Prelatura.

En este punto el anticlericalismo del Opus Dei y la rotura con la concepción clerical de la Iglesia que se ha fijado más en una llamada eterna que capacitaba a un individuo como algo superior, que en la diposición de un individuo al servicio de los hermanos provista por Dios en sus causas segundas para llevarlo al sacerdocio es tremenda.

Genjo dijo...

Pero Ronin, reiteras la doctrina del Opus Dei sobre el tema y te saltas el argumento del artículo. ¿Existe o no existe una vocación sacerdotal dirigida por Dios personalmente a cada individuo? ¿O la vocación es una llamada del Prelado a un servicio?
Por otra, si es cierto que para el clericalismo la condición superior del individuo sacerdote se basaba en la falsa interpretación de una llamada eterna, no lo es que esta se haya eliminado en el Opus Dei, en todo caso en la Prelatura lo de la llamada eterna de la que hablas se ha desplazado a los laicos, que basan en ella su complejo de superioridad.

Anónimo dijo...

No se puede decir que la vocación sea la misma. El Sacerdocio de Cristo es único. Pero la participación en ese Sacerdocio se realiza de modo esencialmente distinto en el ministro ordenado y en el fiel laico. Por ende, las vocaciones son esencialmente distintas. No puede haber una diferencia accidental de vocaciones, porque el Orden sagrado no es un simple modo de la vocación laical.

Un ronin católico dijo...

Sólo trato de comprender mejor el tema intelectivamente en lugar de rechazarlo alegremente llevado del sentimiento.

El asunto es que hay una vocación individual y dirigida personalmente a cada individuo cristiano a través de las causas segundas. Esto es lo que el modus operandi de la Obra pone de manifiesto. La doctrina de las causas segundas en la vocación específica de cada uno.

Esto es lo mismo que tradicionalmente se ha dicho como "suscitar vocaciones en la Iglesia" y ahí una parte es de Dios como causa primera de la vida sobrenatural y la otra parte se da a través de las causas segundas que promueven vocaciones.

Precisamente la praxis nefasta posconciliar ha sido el dejar de fomentar o promover entre jóvenes de piedad y aptos para el sacerdocio o la vida religiosa el que se planteen si Dios les llama a una vocación determinada. ¿Era nefasta esa praxis dirigida por santos sacerdotes desde los confesionarios? No. Pues tampoco puede serlo cuando se da por supuesta al que consta de algún modo que tiene vocación al Opus Dei según la necesidad de esta sociedad particular. Otra cosa es ya la manera en que se lleve a cabo de forma que el individuo no entienda bien la llamada y la considere como una prebenda que le otorga la Obra en préstamo y no una llamada individual de Dios. Eso es praxis aparte de la base teológica que es totalmente sana en este punto.

Cierto es que un abuso del papel de la causa segunda puede dar lugar a una desviación en cuanto usurpa el papel de Dios o al mismo entendimiento de la propia vocación, pero no es menos cierto que la causa segunda (desde el prelado que llama hasta el último ser que acercó a ese individuo al Opus Dei y al sacerdocio en él y la misma voluntad del individuo que acepta) son verdaderas causas dentro de su orden. Si perdemos de vista este principio la inferencia causal se rompe y todo nos parecerá sectario. Esto también ayuda a entender como no debemos confundir una ilación causal con la voz de Dios, de modo que si por determinadas causas uno no persevera su vida sobrenatural haya quedado destruida in aeternum. Todo lo contrario, la ilación causal sigue para esa persona de modo providente hasta el día de su muerte.

En cuanto al tema de la llamada de Dios y la propia psicología, es cosa de tener clara la teología de la revelación privada. Para el que tiene suficiente certeza de que la llamada que recibe es de Dios puede creerlo como algo de fe sin que eso suponga una desviación. Para el que no, simplemente es un juicio prudencial en algo que atañe a su fe. Supongo que esto bien asumido con el resto del dogma, sobre todo del tratado de gracia y el temer del propio estado salvífico, da lugar a distintos tipos de entender la propia vocación en la Iglesia fuera y dentro de la Obra. Lo que hay que tener muy claro es que malentender esto en personas con poca formación puede dar lugar a abusos graves. Por ejemplo el forzar la vocación de otro. De nuevo el problema es de índole práctica y no tanto teológico. Es ahí donde discrepo con el autor del artículo. No hay nada errado teológicamente en este punto, sólo en la praxis que puede variar mucho de unas circustancias a otras.

Y Ludovico sabe bien mi posición que esto no es algo propio de los nuevos movimientos, ni siquiera del elefante barroco, sino algo que desde siempre se ha dado en la Iglesia. A modo de ejemplo: ¿No fue un abuso sectario el hacer ingresar a un niño de cinco años como oblato en Monte Casino en el siglo XIII? ¿Es abuso el realismo sacramental mostrado por la Iglesia visigoda en el bautismo de los niños judíos? No es ni más ni menos que la explicitación de las causas segundas en la salvación de cada uno que puede dar lugar a muy distinto tipos de abusos o de acciones loables.

Un ronin católico dijo...

No se puede decir que la vocación sea la misma. El Sacerdocio de Cristo es único. Pero la participación en ese Sacerdocio se realiza de modo esencialmente distinto en el ministro ordenado y en el fiel laico. Por ende, las vocaciones son esencialmente distintas. No puede haber una diferencia accidental de vocaciones, porque el Orden sagrado no es un simple modo de la vocación laical.
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La vocación a la obra es la misma para todos y se basa en el caracter que otorga el bautismo. Luego en cuanto sociedad con fines propios el sacerdocio o el matrimonio se reciben como algo accidental respecto a esa vocación unida al caracter bautismal que consiste en la santificación por el trabajo ordinario.

Así lo entiendo. Sacerdotes y laicos tienen una misma vocación en cuanto fluye del bautismo y se muestra en su santificación en sus quehaceres ordinarios, que en el sacerdote de la prelatura pasa a ser un trabajo sobrenatural al servicio de los hermanos. Esa es la insistencia de Josemaría en ver la Misa como trabajo que ha de realizarse con perfección.

Coronel Kurtz dijo...

La vocación sacerdotal *no* es accidental, antes bien es esencial. El sacerdocio no es un trabajo ni un servicio, sino un estado de vida. Eso es lo que diferencia a un sacerdote católico de un ministro protestante. Hasta el Opus Dei lo sabe aunque en su praxis lo considere en otra forma.

Un ronin católico dijo...

El sacerdocio no es un trabajo ni un servicio, sino un estado de vida

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En teología los sacramentos con función social, o sea que se ordenan a la salvación de los demás son el orden y el matrimonio. Y claro que el sacerdocio es un trabajo, ya lo dice San Pablo: el que no trabaja que no coma.

El mismo catecismo recoge en el punto 1534 esta función social de estos dos sacramentos.

De hecho los sacramentos más importantes son los de la iniciación cristiana y centrados en la eucaristía a ellos se ordenan todos los demás. Y como diría Santo Tomás acerca de porqué son más importantes que el orden:

"Se tiene el poder de actuar en la medida en que se tiene la perfección del ser. Por eso los sacramentos que perfeccionan al hombre en sí mismo son anteriores al sacramento del orden, por el que el hombre perfecciona a los demás."

Al centrar la vocación cristiana en el bautismo confirmación y eucaristía, la esencia de la perfección no viene por el orden sagrado, sino por los sacramentos de iniciación dándole a estos, sobre todo a la eucarístía su correcta importancia como centro y raiz de toda vida interior. En este sentido la frase respecto a la accidentalidad es teológicamente correcta. No se trata de una minimización del sacerdocio, cosa que no encontrarán en el fundador de la Obra, sino de dar impotancia a la vocación bautismal que une ante Dios a todos los cristianos ante la eucaristía (para la cual se necesitan tanto sacerdotes que la generen como matrimonios que generen a los individuos, teniendo ambos un gran papel en la educación de la nueva prole eclesiástica). En la Obra se es importante no por ser sacerdote, sino por ser un bautizado que está llamado al Opus Dei y por tanto a santificarse en su vida ordinaria, sea de sacerdote, de profesor, de barrendero o de agricultor. Ante esto supongo que la concepción clerical de estados de vida (que otros transmutan ya en estados de perfección) no puede sino salir escaldada. La perfección cristiana reside en la vida de la propia vocación bautismal dentro del estado de vida y función al que cada uno ha sido llamado. Aún un pobre barrendero puede santificarse en su trabajo ordinario tanto como un cartujo en el trabajo de su vida de ermitaño en su celda y un párroco en su trabajo de cura de almas en la parroquia. Todos trabajan para santificarse y servir a Dios configurados con Cristo por el bautismo y además algunos lo hacen configurados con Cristo en su propia condición sacramental necesaria a la comunidad eclesiástica: orden o matrimonio.

Coronel Kurtz dijo...

Ronin: Ud. está utilizando la palabra trabajo en sentido analógico. Yo la estoy utilizando en sentido propio.

No se apure a responder si estamos hablando de cosas distintas.

El sacerdocio implica un trabajo del mismo modo que el ser madre de familia implica el cuidado de los niños pero la madre no es una "niñera". Es por esto que el sacerdote trabaja (en sentido analógico) 24 x 7 x 365, porque lo suyo es un estado. La madre es madre las 24 horas del día.

Lea el cap. 4º de la Ses. XXIII de Trento: el sacramento del orden imprime carácter. Por eso no se agota ni puede ser quitado, del mismo modo que el bautismo, y se distingue esencialmente del resto de los fieles (cf. S.Th. III, 63, 2). También Ses. VII, can. 9, C. Tridentino.

Martin Ellingham dijo...

Retomando la idea de un comentarista anónimo.

En sentido propio, estricto: el sacerdocio ministerial es distinto, con distinción real y esencial, del sacerdocio común. Luego, no se puede decir que ambas vocaciones sean la misma; porque son llamados a realidades esencialmente diversas. El sacramento del Orden imprime un cambio ontológico en quien lo recibe; y quien está llamado a ese cambio ontológico, tiene una vocación ontológicamente diversa.

Otra cosa es que ambos se nutran de una misma espiritualidad, carisma, etc.

Saludos.

Anónimo dijo...

Ronin: el presente trabajo no versa inmediatamente sobre la teología dogmática sobre el sacerdocio, el clericalismo o la relación entre sacerdocio ministerial y común. Se refiere a las contradicciones que se dan en la praxis del Opus entre las referencias a la doctrina tradicional y al modo concreto por el que los numerarios laicos acceden al sacerdocio.
Creo que en el artículo se ve claramente: algunos miembros laicos del Opus Dei acceden al sacerdocio. Miembros laicos que tienen una "vocación divina al Opus Dei", la cual es una vocación laical, que excluye -según los propios textos del Opus- la llamada a la vida sacerdotal y la religiosa. ¿Cómo es que en un momento dado, sin dicha vocación accede al sacerdocio? El Opus resuelve la papeleta diciendo que la vocación de numerario implia la posibilidad de ordenarse sacerdote. Sin referencia alguna a la vocación sacerdotal. Es decir, que es irrelevante que un numerario laico se ordene sacerdote o no; todo dependerá de las necesidades de la prelatura. ¿Dónde quedó la vocación sacerdotal, la manifestación de la misma por parte del candidato y el discernimiento y el juicio de la Iglesia? El Opus Dei suele responder que el prelado tiene gracia de estado para discernirlo. Algo así como que si el prelado lo decide, es porque Dios quiere que así sea. En román paladino, todo resulta muy irregular. Estas son las respuestas que el Opus suele dar, y que se pueden ver en sus declaraciones. Quien no quiera ver la irregularidad que no la vea, pero no vale irse por las ramas.

Fr. Juan de Santo Tomás

Anónimo dijo...

Lo único que debe importarle a un católico es que el Opus Dei ha sido aprobado y recomendado por el Santo Padre.

Estas "cuestiones controvertidas" no son más que chicanas de leguleyos resentidos. "Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la Ley."

Anónimo dijo...

¿recomendado? Espero que usted pertenezca al Opus Dei o asimilados,para no hacerse sospechoso de no seguir las "recomendaciones" (apórteme la recomendación, por favor) del Romano Pontífice.

Fray Juan de S.T.

Anónimo dijo...

¿Le parece ser leguleyo citar el Código de Derecho Canonico de 1983? ¿Sugiere que hay alguna contradicción entre el Código de Derecho Canónico y las inclinaciones del Papa?

Por cierto. En el "coetus" para la elaboración del Código, un tal cardenal Ratzinger se opuso a que el Opus fuese una prelatura personal. ¿Era un leguleyo resentido?

Fr. Juan de S.T.

Observador dijo...

De acuerdo con todo lo expuesto en el artículo, pero quisiera precisar un detalle. Se afirma en el texto que "el Prelado designa a gente que no conoce de nada".

Esto no es exactamente así; el Prelado no conoce a los designados personalmetne, pero sí los conoce a través de sus delegados, sus vicarios regionales...

Un ronin católico dijo...

A) Nadie está diciendo que el sacerdocio común sea idéntico al sacerdocio ministerial.

B) Obviamente son vocaciones distintas la de un sacerdote que la de alguien que no lo es...

C) Pero dentro de la vocación bautismal que les precede la santificación no viene por el hecho de ser (sacerdote, casado, religioso, o lo que sea) sino por el modo de ser lo que se es en cuanto vocación universal en el bautismo y que se ordena y vive desde la eucaristía.

El sacerdocio está ordenado a la sociedad que es la Iglesia, lo mismo que el matrimonio. El sacerdocio, palabras de Santo Tomás, antecede al matrimonio por ser "algo más espirtual" que el matrimonio pero todos se ordenan a los sacramentos de iniciación.

En la Obra la vocación raiz primigenia engarza en ese punto: la importancia de la vida ordinaria vivida desde la vocación bautismal y no tanto en base a un estado de vida que se escoge, como sería el caso de un religioso. ¿Realmente se escoge el estado de vida como algo venido desde la eternidad o es también una llamada que se vive y se ordena en esta vida fruto de causas segundas provistas por Dios? Eso es lo que deben contestar para entender porqué esto es factible y extensible a cualquier vocación eclesial.

Es simple, pero choca frontalmente con una concepción clerical de la Iglesia. En la praxis podrá expresarse mejor o peor pero teológicamente, que es la base a la que se quiere referir el autor del tema no se puede decir que sea errada.

Anónimo dijo...

Ronin: no le dé vueltas. En la Obra de lo que se trata es si se tiene "vocación a la Obra" o no, que es una "vocación específica" dentro de esa vocación bautismal a la que se refiere usted pero con la que no se identifica, por mas vueltas que usted le dé. Consulte la página web del Opus, o vaya al "centro de San Rafael más cercano" y espere que le propongan la admisión. Quizás lo comprenda mejor.
Y lo que se trata de dilucidar, es cómo es que la "posibilidad" de ordenarse sacerdote va incluida en una vocación que excluye la vocación sacerdotal y al mismo tiempo la posibilidad de ordenarse.

Fray Juan de S.T.

Martin Ellingham dijo...

Ronin:

De acuerdo en A), B) y C).


"...En la Obra la vocación raiz primigenia engarza en ese punto: la importancia de la vida ordinaria vivida desde la vocación bautismal y no tanto en base a un estado de vida que se escoge, como sería el caso de un religioso. ¿Realmente se escoge el estado de vida como algo venido desde la eternidad o es también una llamada que se vive y se ordena en esta vida fruto de causas segundas provistas por Dios? Eso es lo que deben contestar para entender porqué esto es factible y extensible a cualquier vocación eclesial.

No niego que la vocación bautismal sea común a sacerdotes y laicos. Tampoco lo de las causas segundas rectamente entendido. El punto es otro: la vocación-al-opus como elemento común puede significar carisma, espiritualidad, etc. comunes, pero no IDENTIDAD de vocaciones porque son REAL y ESENCIALMENTE DISTINTAS.

"Es simple, pero choca frontalmente con una concepción clerical de la Iglesia. En la praxis podrá expresarse mejor o peor pero teológicamente, que es la base a la que se quiere referir el autor del tema no se puede decir que sea errada."

Estoy bastante lejos de una concepción clerical. Y por supuesto que puede haber sacerdotes y religiosos que no se santifiquen a pesar de los medios que les proporciona su estado, mientras que muchos laicos que sí lo hagan.

Lo problemático es sostener que un sujeto tiene la vocación-al-opus ecluyente de la sacerdotal (en sus inicios) y luego, por una invitación del prelado, manteniendo la misma la vocación-al-opus, se ordena sacerdote (algo que estaba excluído desde el inicio del iter vocacional).

Lo más honesto, me parece, es que le digan al sujeto: con su decisión usted acepta la posibilidad de que, luego de x años, sea "invitado" a ordenarse cura. Si no está de acuerdo con esa posibilidad, busque otro camino.

Saludos.

Observador dijo...

En las órdenes y congregaciones religiosas, cuando alguien dice que tiene vocación de fraile dominico, o franciscano, tiene vocación de religioso, no de sacerdote; sólo con el tiempo, la propia Orden o Congregación, de acuerdo con el religioso en cuestión, si tiene cualidades para ello, determinará su ordenación de presbítero.

Observador dijo...

Por lo demás, conozco el caso de un ex numerario al que el responsable de enviarlos a Roma para ordenarse sacerdotes le advirtió que, mientras de él dependiera, este chaval no se ordenaría sacerdote por ser muy clerical, es decir, por manifestar inclinación hacia el culto y todo lo relacionado con el sacerdocio.

Anónimo dijo...

Sí. Y los que lo manifiestan deseos semejantes, es a los primeros a los que evitan que sean "invitados" a ordenarse. Todo muy obvio.

Fray Juan de S.T.

Un ronin católico dijo...

Lo problemático es sostener que un sujeto tiene la vocación-al-opus ecluyente de la sacerdotal (en sus inicios) y luego, por una invitación del prelado, manteniendo la misma la vocación-al-opus, se ordena sacerdote (algo que estaba excluído desde el inicio del iter vocacional).

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Creo que el tema es de discrección vocacional y hay que presentarlo adecuadamente no elevando a contraposición teológica lo que es un discernimiento (por favor dejemos aparte quejas sobre el modus operandi que llaman cooptación y demás)

El caso es que uno de los signos de vocación al Opus Dei (dejamos de lado a los sacerdotes agregados y seminaristas aspirantes a la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz) es que no se muestra una voacación específica al sacerdocio, sino a la vida laical. Por eso el que desea ser sacerdote se le considera que su lugar en la Iglesia está en otro lado, por ejemplo el Seminario. Es como si alguien con deseos de vida religosa acudiera al Opus Dei: ¿significa un rechazo de la vida en pobreza, castidad y obediencia el rechazar a alguien a la Obra porque quiere hacer votos a Dios de pobreza, castidad y obediencia que luego resultan en similares obligaciones teologales para los miembros de la Obra? No. Simplemente se discierne que el que quiere comprometerse por votos al modo religioso tiene otro camino en la Iglesia.

Esa vocación a la vida laical del que entra al Opus Dei no es por sí excluyente de un sacerdocio, porque una vez admitido el desarrollo de la vocación en el Opus Dei uno puede ser llamado a considerar si dentro de ese camino su vocación específica es la de ser sacerdote para servir a los hermanos de la prelatura. Está claro que en el primer caso el rechazo es similar a las condiciones por las que se disciernen las vocaciones de cualquier tipo y no se trata de una contraposición teológica. Todo lo contrario, un rechazo de un candidato no significa un rechazo de su vocación sacerdotal sino de la vocación al Opus Dei. Y en el segundo caso (el del numerario que es luego ordenado) se podría decir que habiendo discernido en las causas segundas la vocación a la Obra, además Dios en su providencia lo ha llevado al cumplimiento de un designio eterno como sacerdote mediante causas segundas. Y además como sacerdote en el Opus Dei, porque las vocaciones son distintas, pero unidas tal como lo es el sacerdocio de un cartujo o de un Dominico o de cualquier otro carisma.

Creo que hay que aplicar la doctrina de las causas segundas en toda su amplitud al tema vocacional so pena de creer que precisamente la vocación es una especie de revelación privada inefable que viene directamente de Dios. Al final lo que creen que es el neoconismo es lo que promoverían con tal visión.

Un ronin católico dijo...

Si quieren rizar el rizo comprueben como en los jesuitas se consideraba de mal espíritu el tener inclinaciones a la vida de religioso (sic) y se rechazaba a candidatos y novicios por ello.

Anónimo dijo...

Ronin, el que riza el rizo es usted. Los del Opus Dei lo tienen más claro que usted: si el prelado designa a un numerario para el sacerdocio, es porque Dios quiere que ese candidato sea sacerdote, y punto. Y con lo que dice de los jesuitas ¿Quién le ha contado a usted eso? ¿No será que confunde lo que usted dice con la puesta de obstáculos para entrar, lo cual es bien distinto?
Y la cosa es clara: si una "vocación" excluye el sacerdocio, y en un momento dado implica el acceso al sacerdocio, necesariamente exige que el sacerdocio no es algo esencial sino "accidental", como decía el texto de mons. Escrivá al que se hacía referencia. ¿Y por qué? Porque en el Opus la "vocación" al Opus es "como numerario", "como agregado" y "como supernumerario". ¿Y cómo va a tener un sacerdote y un casado la misma vocación? Sólo si se recurre a explicarlo diciendo que es lo mismo pero en situaciones distintas.
Cambie usted la designación del prelado por la de la "comunidad" y ahí tiene el protestantismo en estado puro. Y no ande por las ramas; esta contradicción ha sido intuida por gente muy notable.

Un ronin católico dijo...

si el prelado designa a un numerario para el sacerdocio, es porque Dios quiere que ese candidato sea sacerdote, y punto.

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Tal como lo piensa el joven que entra al seminario, que Dios quiere que sea sacerdote y punto.

Luego la teología lo explica por las causas segundas. En un caso llama la Iglesia por medio del obispo, en el otro por medio del Prelado.

Un ronin católico dijo...

Y la cosa es clara: si una "vocación" excluye el sacerdocio, y en un momento dado implica el acceso al sacerdocio, necesariamente exige que el sacerdocio no es algo esencial sino "accidental"

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Respecto a esa vocación a la hora de discernirla. Es lo que pretendo decir. Tal como sería un craso error que con deseos de ser sacerdote uno se hiciera fraile capuchino. Pues si en él lo esencial es la llamada al sacerdocio se puede decir que no tiene vocación de capuchino, sino de sacerdote secular. ¿O acaso deciden los novicios por encima de los superiores quienes van a ser sacerdotes de ellos y quienes no?

Un ronin católico dijo...

Respecto a los jesuitas corrijo: "espíritu de fraile" es la palabra. Los jesuitas no se consideran frailes y mostrar espíritu de fraile es muestra inequívoca de no tener vocación jesuítica. Algunos fueron rechazados a los votos por ello.

Anónimo dijo...

Ronin, ya me empieza a caer simpático. Le da igual lo que le escriban; usted siempre contesta lo que le da la gana, tenga o no que ver con lo que trata de criticar. Me ayuda a hacer ejercicios de respiración y a contar hasta 100 antes de responderle.

1. He dicho "si el prelado designa a un numerario para el sacerdocio, es porque Dios quiere que ese candidato sea sacerdote, y punto." Más concretamente; me refiero al que se siente llamado y se va a un noviciado o seminario. Después viene el juicio de la Iglesia. Pero usted responde -para no variar- a otra cosa que no tiene nada que ver pues dice : "En un caso llama la Iglesia por medio del obispo, en el otro por medio del Prelado". Eso es el juicio de la Iglesia. Que es absurda cuando un individuo ha tomado un camino por el que declina la vida sacerdotal.

2ª Me he referido al caso real, concreto y diario del Opus en que el que tiene una vocación laical, sin sentirse llamado al sacerdocio, ni manifestar signo externo alguno de vocación sacerdotal, acaba ordenándose sacerdote sin más mediación que la invitación del prelado. Usted responde -para no variar- elaborando especiosos argumentos de mundos posibles. Dice "Tal como sería un craso error que con deseos de ser sacerdote uno se hiciera fraile capuchino. Pues si en él lo esencial es la llamada al sacerdocio se puede decir que no tiene vocación de capuchino, sino de sacerdote secular. ¿O acaso deciden los novicios por encima de los superiores quienes van a ser sacerdotes de ellos y quienes no?". A ver, la cuestión no es ahora "lo que es esencial" sino de qué tiene vocación. Y si deciden los novicios, es evidente que no, a no ser que se hayan equivocado. Si un señor va a un monasterio cartujano y quiere ser carmelita, o bien tiene un problema de percepción o es que es imbécil de remate. Pero en este caso, a la entrada ya dice "MONASTERIO CARTUJANO", y no verá a los frailes de marrón, sino de blanco. Lo que sería raro es lo inverso, que es justamente lo que sucede en el Opus, a un profesor que le insisten en una vocación laical y secular, un dia le cuelgan un hábito, que es de lo que estaba hablando, antes de que usted se fuera por los cerros de Úbeda.
3º Y lo del "espíritu de fraile" que dice de los jesuitas se puede resolver con lo anterior. Si un señor tiene vocación de religioso contemplativo, y quiere ser profesor en un colegio religioso, lo mismo. Hay que orientarlo hacia lo que parece que es su vocación: eso es el discernimiento. Entre los jesuitas, muchos, por manifestar un espíritu distinto fueron reorientados a la vida monástica o conventual.

Por favor; si quiere contestar, en serio se lo digo, hágalo, pero antes léase mi respuesta antes de ponerse a escribir compulsivamente.

Fray Juan de S.T.

Un ronin católico dijo...

Mi discurso responde a las objeciones. Igual no se entiende bien.

A) Discernir una vocación no es la vocación.

B) Tener la vocación al Opus Dei implica obviamente que se pueda tener una vocación al sacerdocio, pero no es lo esencial de la vocación al Opus Dei, tal como no lo es para la vocación franciscana. De hecho, San Francisco no fue sacerdote ni quiso serlo y tampoco las clarisas ven mermado su espíritu franciscano.

Conjugando A y B tenemos que:

1) El discernimiento de la vocación al Opus Dei incluye el que el aspirante no manifieste una peculiar vocación al sacerdocio, sino a lo esencial de la vocación al Opus Dei. Esto no es despreciar el sacerdocio por lo dicho en A.

2) Todo aspirante al Opus Dei conoce desde un principio que hay sacerdotes incardinados en la Prelatura y que estos no crecen en los árboles, sino que salen de los miembros numerarios de la Prelatura. Una confusión aquí está en el orden práctico y no teológico.

3) La doctrina de las causas segundas implica que hay una llamada de la Iglesia a ese sacerdocio a través del Prelado y con Dios como causa primera. De nuevo una confusión aquí está en el orden práctico y no teológico. El que acepta la causa divina en la llamada del Prelado no se debe preocupar de lo que sienta o no respecto a su estado laical, sino de saber si su respuesta cumple o no con la voluntad de Dios fijada para él desde la eternidad. Esta es la doctrina tradicional en el tema de la vocación y para nada es algo sectario, so pena de llamar sectario al sacerdote que propone en el confesionario determinada vocación a un joven o a una jovencita. No hay obligación de aceptar lo que propone el Prelado, pero sí cargo grave de conciencia de sopesarlo tal como es el curso de la propia vocación. El que acepta o rechaza por motivos espúreos y sin el debido discernimiento pues comete una temeridad y seguramente un pecado (de nuevo cualquier problema está en el orden práctico y no en el teológico)

4) Dado que lo que se discierne es la vocación al Opus Dei tan absurdo resulta el plantearse en la misma si uno ha de ser sacerdote como si no ha de serlo. Simplemente se discierne si se tiene vocación al Opus Dei, el sacerdocio no entra en el discernimiento de la vocación al Opus Dei y si entra es que segurmaente no se tiene vocación a la Obra, a lo mejor sí como sacerdote agregado. La doctrina de la participación aplicada al sacerdocio común de los fieles debe explicar esta superposición de vocaciones en un fiel de modo que explicitan el espíritu al que está llamado, que se nutre de su bautismo y pueda en un futuo explicitar su estado de vida con el Espíritu del Opus Dei al que está llamado según otros sacramentos.

Como he dicho esto es similar al que se plantea entrar en religión pero quiere ser sacerdote y al final resulta que lo dejan de lego. ¿Se frustró su vocación?

Un ronin católico dijo...

En el fondo la novedad que supone el Opus Dei en este punto es que un sacerdote puede tener un espíritu laical sin dejar de ser sacerdote. En la historia de la Iglesia el clero secular ha sido habitualmente dirigido por el clero regular y eso forma parte de la mentalidad clerical de la que tantos están imbuídos. Basta ver a Santo Tomás equiparando los religiosos directamente al Obispo en cuanto a la perfección. El pobre clero secular que no tiene ese estado de perfección sólo puede aspirar a las migajas de la mesa de los nuevos señores que en el siglo XI quitaron ya la centralidad a la Misa del obispo con su presbiterio para mostrarse como el nuevo ejemplo de sacerdote a seguir. Los omnipresentes directores de almas dado su estado de perfección... Es ese un punto que hay que tener muy en cuenta. El Opus Dei, nacido bajo esas circustancias y con una clara conciencia de diferenciación y ruptura con este espíritu clerical no ha hecho sino poner de manifiesto que el estado de vida del sacerdote no tiene porqué ser el que se acostumbraba entre el clero religioso. No es de extrañar que las mayores oposiciones a la Obra vinieran en primera instancia de sacerdotes regulares acostumbrados a ser la élite del sacerdocio y a mangonear los fieles como les daba la gana.

Si quieren casos más extraños de explicar, pregunten a algún canónigo del Opus Dei si el vivir bajo la regla de San Agustín le impide vivir su espíritu.

Coronel Kurtz dijo...

Ronin: Discúlpeme nuevamente, pero no entiendo su metafísica. La doctrina de las causas segundas no tiene nada que ver con esto. Lo que nos dice en el caso de la vocación es que, de ordinario, Dios no comunica su llamado por medio de revelaciones particulares, sino a través de signos. Esto no quiere decir que alguien que manifestó -luego de un discernimiento- no tener vocación sacerdotal (requisito para ser numerario), luego sea "invitado" por sus superiores para ser sacerdote con el argumento de que sólo se trata de un cambio de trabajo.

serginho dijo...

A los que se atreven a criticar a una institución de la Iglesia Católica, por mucha doctrina (no he dicho buena doctrina) que tengan, deberían hacer examen de si tienen buena fe en los comentarios y en la crítica que realizan, no vaya a ser que como San Pablo cuando aun era Saulo, estén dando coces contra un aguijón.
A estos mismos "pseudo teólogos" les preguntaría si alguna vez han conocido a un sacerdote del Opus Dei (no Opus) que lo de Dei está por algo, a ver si se enteran, y digo conocer de verdad, si se han confesado con el, si le han pedido consejo....yo por mi experiencia de muchos años conociendo un gran número de ellos, puedo decir que para mi, el mayor tesoro del Opus Dei, son sus sacerdotes, y no hablo de oidas, sino de experiencia personal.....
Así como yo no me atrevo a criticar (Dios me libre), a ninguna institución de la Iglesia Católica, no considero de buen espíritu criticar de esa forma al Opus Dei, ya venga de un laico o de un religioso. Que cada uno se mire a si mismo y su conciencia y deje a los demás que quieran luchar por ser santos como dice el mandato de Jesucristo.