jueves, 24 de noviembre de 2011

Puritanos eclesiales


En la furia antilefebvriana desatada por Arráiz y sus seguidores resulta frecuente el empleo tópicos como "no pertenecen a la Iglesia", "están fuera de la Iglesia", "no son católicos", "no pueden ser católicos", etc., como si estas sentencias fueran la consecuencia necesaria de cualquier divergencia doctrinal o el efecto ineludible de la imposición de una sanción canónica. Desde la eclesiología tradicional, es posible enjuiciar estos tópicos como un exceso de simplificación, que además bien podrían calificarse de puritanismo eclesial. Transcribimos unos fragmentos del p. Sauras, OP que resultan esclarecedores.

Que los fieles que viven en pecado mortal pertenezcan al cuerpo místico es una verdad fuera de toda duda. Abundan los datos positivos en su abono, y la teología explica cómo sucede esto. La fe informe es un don gratuito, sobrenatural, que une con Cristo a quien la posee, aunque esta unión no sea tan perfecta que llegue a justificar.

Periódicamente se ha suscitado la cuestión de quiénes pertenecen a la Iglesia, y no han faltado soluciones que pudiéramos llamar rigoristas o puritanas, que excluyen de ella a los pecadores, soluciones que siempre han sido condenadas. Es, pues, cierto, que pertenecen a ella. Quizá acordándose alguien de la distinción entre el cuerpo y el alma de la Iglesia llegue a pensar que los pecadores pertenecen al cuerpo porque están bautizados y poseen el carácter sacramental. Así es, pero no es esto todo; en algún sentido pertenecen también al alma, porque, además del carácter, tienen la fe, que no desaparece con los pecados mortales, y la fe es un elemento sobrenatural inicialmente vivificador. Quien la posee está ya en conexión con el alma de la Iglesia.
El hecho de la pertenencia de los pecadores al cuerpo místico lo encontramos afirmado de muchas maneras. Negativamente, en la condenación de las doctrinas que afirmaban que solamente los buenos forman parte del cuerpo místico; positivamente, en algunas expresiones de la Escritura y de los Padres. (…)
El caso de los excomulgados es complejo; en parte coincide con el de los pecadores, en parte es más grave, en parte puede ser menos. Los excomulgados son miembros en acto del cuerpo místico, a pesar de su excomunión, siempre que no sean reos de un pecado de infidelidad. Si están excomulgados por algún pecado externo grave, que no es de infidelidad, están unidos a Cristo en acto por la fe. Y si poseen la fe, pueden ponerse en trance de conversión y unirse a la Cabeza con los otros principios de que hemos hablado en el párrafo anterior, pues de la fe parten la esperanza, el amor inicial de Dios y el odio al pecado.
La dificultad aparente surge de la misma palabra excomulgados, que quiere decir fuera de la comunión, o de la unión, o de la comunidad. Y como la unión o la comunidad eclesiástica es, fundamentalmente, espiritual, parece que deban estar fuera de ella y, por lo tanto, que no sean miembros actuales del cuerpo místico.
La excomunión es una censura con la que el excomulgado queda excluido de la comunión de los fieles. Se da a determinados delincuentes, pues es una pena eclesiástica, y la pena supone falta. Por lo que, en la estimación de quien excomulga, el excomulgado está en pecado grave.
Pero es necesario distinguir bien los dos aspectos: el de pecado y el de censura. Por el primero, el excomulgado carece de la gracia santificante, que perdió al pecar; por el segundo carece de la comunión espiritual de los fieles; privación a la que le somete la Iglesia por haber pecado. Pero ya se comprende que esta sanción no causa en él la carencia de la gracia santificante, sino que la supone. La única carencia que causa es la de la ayuda que el sujeto en cuestión podría percibir de los fieles.
¿En qué medida se desconectan los excomulgados de los bienes espirituales que acabamos de nombrar? De la gracia santificante totalmente. Ningún pecado mortal es compatible con ella. Pero esto no quiere decir que el pecador se desconecte totalmente de Cristo (…). Los excomulgados que están en verdadero pecado mortal, caso de no ser pecado de infidelidad, están conectados con Cristo mediante la fe, y, si se ponen en trance de conversión, pueden conectarse también con la esperanza informe, con el amor inicial de Dios y el dolor de atrición. Todo esto son principios sobrenaturales que producen en él una vida sobrenatural lánguida, insuficiente para justificar, pero vida al fin.
Puede darse el caso incluso de que los excomulgados estén más unidos a Cristo que los pecadores; puede ser que se le unan en caridad. Sucedería esto cuando la excomunión se impusiera por un delito grave, probado en el foro externo, pero inexistente en el foro interno. La Iglesia está sujeta a fallo en estos asuntos externos, y se da la posibilidad de que excomulgue a un inocente. Y aun en el caso de que esta contingencia no sucediera nunca, puede suceder esta otra: el excomulgado no está desconectado de Cristo; se une a El mediante la fe, y puede unírsele también mediante los otros principios que disponen próximamente para la justificación. A la disposición próxima sigue la infusión de la gracia, y el excomulgado quedaría justificado. Es cierto que para la justificación es necesaria la confesión y que los excomulgados no son admitidos a la recepción de los sacramentos. Todo esto es discurrir a base de lo que sucede siguiendo la vía ordinaria de la infusión de la gracia.
Pero hay vías extraordinarias por las que la gracia santificante llega al hombre. Este se puede justificar con un acto de contrición, que lleva implícito el voto del sacramento de la penitencia. En este caso tendríamos un individuo justificado sujeto a excomunión, pues por el voto de la penitencia no se levanta la censura. Como se advierte, a pesar de ser excomulgado, a pesar de tener la censura, que le separa de la comunión de determinados bienes espirituales con los fieles, poseería la comunión perfecta con Cristo; se uniría a El como los justos, con la unión perfecta de la caridad.
* Tomado de: SAURAS, E. El Cuerpo Místico de Cristo. BAC, Madrid, p. 618 y ss.

24 comentarios:

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Lo gracioso, lo paradójico, lo sangrante, lo calentante, es que quienes expulsan de la Iglesia lo hacen motivados por la no aceptación por parte de los expulsados de la doctrina de que no hay expulsados fuera de la Iglesia, de que existen "Iglesias particulares" que no responden al Papa... que es precisamente lo que reprochan a los lefes.
Silogismo bicornuto: Demócrito jura que todos los abderitanos son mentirosos, pero Demócrito es de Abdera.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Y en esto, los que no somos lefes comprometemos algo más hondo que la fe, puesto que es la mismísima facultad con la que creemos: la razón, la inteligencia. No podemos tragar contradicciones, ni aunque baje un ángel del Cielo. No podemos decir que el cielo es verde, ni la pared blanca si es negra. Y tampoco podemos delegar nuestra inteligencia en nadie para coexistir con una contradicción, eso no es el obsequio de la razón, eso es la aniquilación de la razón. Arráiz está desarrollando sutilmente una teoria del relativismo gnoseológico "quién eres para decir qué es tradíción, quién eres para decir qué es fe, tienes que delegarlo". No. Cristo encargó a Pedro la misión de "confirmar" en la fe, no la de "confeccionar" la fe.

Miles Dei dijo...

Es la irracionalidad del sentirse en la Iglesia. Es el modo calvinista. Estás en la Iglesia según sea el éxito y aceptación que tengas en la comunidad. Es así. La teología del éxito y del poder. Voluntad de poder que se muestra en el voluntarismo irracional que acata todo lo que otro le dice sin mirar qué le dice. El que asiente internamente sin poner su interior, olvidando que precisamente lo que piden es un asentimiento del entendimiento y la voluntad, que obviamente es certeza condicionada, tal como aquella por la que suponemos que estamos en gracia y no actuamos como los protestantes.

Miles Dei dijo...

Por cierto, el problema del texto de Sauras -que es un maravilloso texto lleno de sapiencia- es que nada va a decir al que ya no entiende caridad como "amor de Dios en acto", sino que fruto del naturalismo de corte neopelagiano, ha ido confundiendo la caridad con la obra buena con el prójimo y más deformemente la concreta en actos de afabilidad y buenas maneras, en actos de benevolencia y beneficencia sin tener relación alguna a ese hacer todo por amor de Dios, poniendo en la intención el amor de Dios en cada acto humano, tal como recomendaban los autores espirituales.

Para estos criptoherejes de la gracia: El excomulgado es alguien que externamente ha roto, ha caído, no ha tenido éxito. Es un caso más grave que el mero pecador, porque su "fallo" no es ya reparable de cualquier manera y aunque lo fuera quedaría marcado para siempre (mucho más que el pecador) Su carrera ante el Señor no es limpia y debe saldar las deudas y el daño hecho con la desconfianza perpetua de la comunidad eclesial y su intolerancia.

Es esa una actitud que ha corrido pareja siempre a la correcta praxis eclesial de la pena medicinal para bien de las almas y la recreación capaz de que es la gracia. En el protestantismo se agudizó y se hizo la confirmación del propio destino (Calvinismo que predestina al Infierno) como contrapartida el mundo liberal predestina al fracaso y a la ignonimia a aquellos en que no ve ejemplares y prósperos ciudadanos de la comunidad.

Es eso la aberración de la comunión cristiana tal como está expresada en el Evangelio y de forma práctica en la carta de Santiago (repudiada por Lutero y pervertida por estos herejes de la gracia que siguen sentando a los ricos en los primeros asientos y aún siguen relegando a los pobres en los templos y comunidades con diferentes excusas sectarias)

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Es así, Miles. Y a su vez, es una Iglesia, la de los neocones, que no tolera ser "excomulgada" por el mundo, "exmundanizada", "apartada del medio", "fracasada", reducida a la irrelevancia política y mediática.

Unlector dijo...

No tengo tiempo de seguir todas las incidencias de estos celos anti"lefebvrianos", aunque tras los artículos de Iraburu, constaté ser más filolefebvriano (no en la versión cachufla, tramposona, del P. Iraburu) de lo que suponía.

Decía Castellani que Cristo luchó contra el fariseísmo.

Alude el "copete" de este artículo, al frecuente empleo respecto de la FSSPX de "no pertenecen a la Iglesia", "están fuera de la Iglesia", "no son católicos", "no pueden ser católicos", cuando tales afirmaciones son falsas, para quien quiera enterarse. Quien quiere enterarse, puede.

Por lo tanto, paradójicamente para el sentido común actual, estimo que mayoritario, quienes dicen tales cosas
"no pueden pertenecer a la Iglesia"
"están en cisma", "el cisma lefebvriano", "¡no son católicos!", están adoptando posturas aggiornadamente (ya q´stamo) farisaicas.

Ellos (para sí mismos, "nosotros los buenos") deciden quiénes están dentro de la Iglesia, con prescidencia de las situaciones objetivas en las que "están insertos" o a las que adhieren, y que los identifican.

Al final, con mayores sonrisas, y con actitudes propias del contexto cultural, "epocal" actual, actúan de una manera bastante farisaica, llegando al culmen de definir quiénes están dentro de la religión, y quiénes no.

Cosas veredes Sancho... (sobre todo que quienes se expresan así, suelen impugnar a los tradicionalistas, o a los fraternitarios de fariseísmo, cuando se les intenta hacer entrar en razones. Es que, son taaaan buenos...)

Miles Dei dijo...

Cierto Ludovicus, es el final de la progresión naturalista: aggiornarse o morir en el anonimato. O ser Iglesia publicitada, mediática y con apariencia de enormitud o ser Iglesia fiel, sacra y nada mundana y pequeña grey de Cristo.

O triunfar en el mundo como mesías político y rey terrenal o asumir la cruz y la nada del abandono en la voluntad de Dios cuando el mundo quitará todo lo corporal que pueda quitar.

Juancho dijo...

Que importante estudiar con los maestros! Hay tanto burro con aires de sabio diciendo pavadas! Y otra legión que escucha y asiente.

Gracias Redacción por acercarnos estos textos.

Juancho.

Genjo dijo...

Miles:
aquí es pertinente el texto de San Agustín que trajiste hace unos días, relativo a la salvación del que está injustamente excomulgado.

Anónimo dijo...

Buen artículo:

http://www.cfnews.org/1001questions.htm

Anónimo dijo...

Todo este rollo para hacernos creer que Lefevbre no está en el infierno.
Pues vale aceptamos pulpo como animal de compañía, esta en el cielo sentado a la derecha del Padre porque como tiene más razón que nadie ha expulsado a Jesucristo de su trono y ahora manda él.Dios padre Lefebvre y el Espíritu Santo, iros a cagar!!

Coronel Kurtz dijo...

Esos del artículo de CFNews "me robaron". El otro día escribí eso aquí mismo.

Anónimo dijo...

Si, opero todas usan pantalones

Fidel Castro Mayer

Sofronio dijo...

Para anónimo de 21 de septiembre de 2011 22:40:

Además de un lenguaraz, es usted un blasfemo; y aunque es probable que si se tratara de atacar a Lefrebve de esa forma tan grosera, los de infobeep le admitirían su suciedad con mucho gusto, dudo que, por muy neocons que sean le admitiesen su blasfemia ¡Hasta ahí me consta que no llegan! Seguramente aquí se le habrá pasado al administrador borrarle su comentario lleno de odio y bilis y pus, y espero que lo elimine en cuanto advierta su pecado contra el Espíritu Santo.

Martin Ellingham dijo...

Sofronio, no sé lo que hará la Redacción, pero creo que el mensaje que ud. critica podría ser una buena muestra del grado de (de)formación y fanatismo que impera en algunos movimientos.

Saludos.

Miles Dei dijo...

Cuenta Royo Marín de aquel santo varón, sacerdote de muchas virtudes al que le pararon el proceso y casi para siempre sólo porque se demostró que asistiendo a un asesino condenado que iba a ser guillotinado y siendo este réprobo y blasfemo hasta el último momento, a pesar de las súplicas del pobre sacerdote, se le ocurrió decir al pueblo que asistía a la ejecución mientras el verdugo enseñaba la cabeza "Mirad el rostro de un condenado".

Tercio de Lombardía dijo...

No conocía a este fulano. No quiero ser soez, pero además de bruto y fanático, tiene una cara de b*ludo importante.

Ricardo de Argentina dijo...

Este Sauras marea la perdiz. El que obedece nunca se equivoca mientras que el desobediente está fuera de la Iglesia.

Anónimo dijo...

Coincido con Ricardo de la Argentina. El que obedece nunca se equivoca.

Heinrich Himmler.

Anónimo dijo...

"El que obedece nunca se equivoca"

Era mi lema preferido, ¿cómo creen que me mantuve al frente de la Legión 40 años?

Marcial Maciel

Anónimo dijo...

El que obedece al Papa nunca se equivoca.

César Borgia.

Miles Dei dijo...

¿Si el Papa en el desempeño de su suprema potestad solicita a alguien bajo obediencia se equivoca el que le desobedece?

Fray Eusebio de Lugo O.S.H. dijo...

La obediencia recta, hablando con propiedad, nunca es ciega. Para ser virtuosa, examina primero si el mandato es conforme a la Ley de Dios, y si no contradice el mandato de una autoridad superior.
En segundo lugar, acomoda los medios a los fines, para cumplir el mandato.
Únicamente en los mandatos moralmente indiferentes, puede la obediencia ser ciega, es decir, indiferente sobre estar o no de acuerdo con el mandato.
La obediencia a la que nos quieren obligar los conciliares es una obediencia monstruosa y para nada católica, sino típica de una secta.

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO: Hay un ejemplo claro de este absurdo de proclamar como modelo la obediencia ciega. Cuando en grupos de presión de centro europa se comienza la comunión en la mano el Papa lo reprueba. No hacen ni caso. En un segundo momento el Papa -Pablo VI- hace una consulta a todos los obispos del mundo sobre el tema. La mayoría se declara contraria a la comunión en la mano. No hacen ni caso. Y Pablo VI hace un documento en el que recogiendo ese mayoritario sentir episcopal -y otras razones- insiste en mantener la comuniín en la boca. Claro que en el mismo documento admite la posibilidad de excepciones. Con lo cual destruye su propia autoridad. Y como los desobedientes siguieron sin hacer ni caso al final el abuso quedó "oficializado" y millones de obedientes acabaron dando la comunión y comulgando en la mano. Es decir, que debido al modo de proceder de una autoridad débil lo que sucedió es que, gracias a la obediencia, todos terminaron haciendo lo que querían los grupos de presión