Algunos comentarios publicados en esta entrada nos
llevan a pensar que es necesario recordar nociones que deberían ser conocidas y
aplicadas por los católicos. Se refieren a la naturaleza del demonio y sus
posibilidades de dañar a la humanidad redimida.
La idea de una conspiración infalible supone
-implícitamente al menos- el maniqueísmo, el determinismo, la oposición a la
realidad de la Providencia divina y la negación de la gracia actual. Esta
infalibilidad no puede aceptarse porque implica verdaderas herejías. Ahora, si
por conspiración se entiende un plan diabólico
esencialmente falible para que la humanidad se condene, que deja
abierto el resultado por la indeterminación fruto de la libertad de los seres
humanos y la gracia, entre otros elementos, entonces no hay dificultad
en admitir esta conspiración. La existencia de este «plan maestro» que Satanás
procura actualizar -mediante su acción ordinaria y extraordinaria- es una
verdad católica. Pero en este último caso, también hay que advertir sobre un error gnóstico que,
bajo pretexto de «Teología de la historia», pretende descubrir en la Revelación
contenidos que Dios no ha querido manifestar, pues no ha revelado un plan
detallado que podamos conocer en sus pormenores históricos. Las aplicaciones
concretas de las grandes verdades reveladas sobre el sentido de la historia que
cada uno pueda hacer, siempre tendrán el estatuto epistémico-teológico de
simples opiniones y serán discutibles por su naturaleza.
"Los puntos fundamentales de la doctrina católica
acerca del diablo son: a) Dios creo los Angeles , que son
buenos por naturaleza, pero muchos de ellos pecaron y se hicieron
malos deliberadamente; b) no es el diablo quien ha creado la materia
y los cuerpos; c) Satanás y sus secuaces han sido castigados por Dios
con el infierno, desde donde ponen asechanzas, tientan y persiguen
a los hombres en tanto en cuanto Dios se lo permite;d)
los demonios, como todos los Ángeles, son espíritus puros, dotados de
entendimiento y de voluntad; e) los Ángeles fueron hermoseados por la
gracia desde el primer instante de su creación: muchos de ellos
cayeron en un pecado de soberbia y se perdieron irremediablemente, porque
en virtud de su naturaleza espiritual su libre elección entre el bien
y el mal queda inmutable una vez hecha y por lo tanto sin lugar
a arrepentimiento; f) el demonio perdió
con su pecado los dones sobrenaturales, pero conserva su
naturaleza espiritual ricamente dotada de inteligencia y de
tenaz voluntad para el mal; g) los demonios odian a los hombres
destinados a reemplazarlos en la gloria." (Parente).
"…en sentido estricto, en la doctrina católica la
tentación es propia del diablo, el cual, como dice S. Ambrosio, «semper invidet ad meliora tendentibus». Es verdad de fe
divina que el demonio tienta a los hombres al mal; y el mismo Jesús
en el Padrenuestro nos hace pedir entre otras cosas que Dios no nos deje
caer en la tentación […] La tentación de más desastrosas consecuencias
fue la de Satanás en forma de serpiente, que tan graves males trajo a
nuestros Progenitores y a toda la humanidad (Gen. 3). […]
Santo Tomas prueba que el diablo puede influir
en el entendimiento humano, no provocando directamente los
pensamientos, sino excitando la fantasía y, por lo tanto, los
fantasmas, sobre los cuales trabaja el entendimiento. El diablo puede
influir sobre la voluntad por dos caminos indirectos, a saber: por
modo de persuasión, presentando a través de la fantasía y
del entendimiento un objeto apetecible, o también excitando las pasiones,
que mueven y desorientan la voluntad. Todo esto es
externo, ya que internamente es siempre y solamente Dios quien mueve.
Bajo cualquier influjo diabólico la voluntad no pierde su libertad,
por lo que el hombre tentado es siempre responsable de su pecado.
Con la gracia divina puede y debe resistir, como enseña la Iglesia,
contra las falsas doctrinas de Molinos (DB, 1237, 1257, 1261 ss.). […]Después
del pecado original la naturaleza humana resiste con más dificultad a
las tentaciones, sobre todo a las más graves; pero Dios concede al
hombre de buena voluntad la gracia proporcionada a su necesidad y no
permite que sea tentado por encima de sus fuerzas, como afirma S.
Pablo (I Cor. 10, 13)." (Parente).
La Teoría de la Conspiración es
atractiva, pero peligrosa para la salud mental.
Es atractiva porque satisface
nuestra sed de sentido, de racionalidad. Nos sitúa en un universo en el que
todo sucede por una razón comprensible, por un motivo racional y abarcable. Y
es peligrosa porque es falsa.
¿Hay conspiraciones? ¡Por
supuesto! No hay nada más fácil ni probable. Pero si existen conspiraciones, no
puede existir LA conspiración como la conciben los conspiracionistas: mundial,
infalible, omnicomprensiva y duradera.
Contradice toda nuestra
experiencia de la realidad humana, donde hay coincidencias, accidentes,
absurdos, errores, chapuzas y despistes. Imperfección, en suma, inseparable de
nuestra naturaleza.
Los ‘malos’ -porque se da casi por
supuesto que los conspiradores no actúan por nuestro bien-, a pesar de serlo,
son cuasi divinos: no yerran, no pasan nada por alto, no dejan, en fin, que un
solo gorrión caiga de la rama sin su aquiescencia. Son, en suma, una versión
invertida de Dios.
Sobre todo, estos personajes, a
los que hay que suponer sumamente ambiciosos y taimados, despliegan una
insólita solidaridad. Ninguno se carga la conspiración por querer más poder que
el otro. Tampoco hay ninguno que se arrepienta, en una visión muy calvinista de
todo el asunto. Nadie se va de la lengua, ni en su lecho de muerte. Además,
tratándose de una conspiración a largo plazo, hay que creer que los poderosos
de una generación siguen fielmente las instrucciones de las precedentes, que no
envejecen, al parecer, ni suenan obsoletas, raras o inútiles a los nuevos.
Pero probablemente el efecto más
pernicioso de creer en esta conspiración universal es que implica creer que el
mal es más poderoso que el bien. Y nos desanima a cambiar nada y a desconfiar
de todo. Total, ‘ellos’ siempre van a ganar. Son más inteligentes,
disciplinados, virtuosos, porque toda esta incesante y providente actividad
exige extraordinarias dosis de virtud.
Acabo de leer el excelente libroAmos
del Mundo,del
periodista, ensayista y traductor español Juan Carlos Castillón (arriba, imagen
de la portada) que resulta bastante esclarecedor para nuestros actuales tiempos
en los que han adquirido gran popularidad las tesis de la Conspiración,
simplemente, tras la desaparición famosa del avión de Malasia Airlines a
inicios de marzo de este año, ahora se maneja en forma viral por el Internet la
idea de que el avión fue de algún modo derribado para beneficiar al banquero
inglés de ascendencia judía Simón Rotschild, a quien además, se le enjareta ser
el propietario de las Bancas Centrales de todo el mundo con excepción de 9,
mismos que curiosamente resultan ser los países contrarios a los intereses
norteamericanos: Rusia, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, China, Irán, Siria y
algún otro; la verdad, revisando el marco jurídico y la forma en que funciona
la banca central en nuestro país, el Banco de México, no encuentro la manera en
que un banquero británico de ya muy lejanos ancestros hebreos, si es que alguna
vez los tuvo y no es descendiente de kházaros conversos en el siglo VIII, y hoy
más anglosajón que nada tras una sucesión inveterada de matrimonios con
aristócratas de dicha etnia y totalmente secularizado, y cuya familia fue dueña
de empresas que en el siglo XIX fueron muy poderosas, pero que hoy no aparece
en los primeros lugares de la lista Forbes, sea el verdadero dueño de un
organismo constitucional autónomo que es parte de nuestro inmenso sector
público ni que éste tenga deudas personales con ese señor o su familia, como si
fuera a pedírsele dinero a Don Simón el tendero de la esquina y agiotista de
afición.
Aunque no se pueda estar al
100% de acuerdo con las ideas vertidas por Castillón en su obra, --por ejemplo,
en considerar a la Masonería como algo inocuo, casi inocente, o el tener una
óptica demasiado optimista sobre la Modernidad, un gran desprecio por la
Religión o una fascinación exacerbada por EUA y sus modelos políticos y
económicos, algo por cierto muy común en cierta "Derecha" española
como la representada por José María Aznar-- tiene puntos muy interesantes y
certeros: para empezar, que muchos de los cambios que vemos al día de hoy o
muchas situaciones que vienen definiendo al mundo desde 1789 a la fecha no surgieron
de secretos conciliábulos en oscuros escondrijos, sino se originaron de
procesos históricos complejos y de situaciones sociales que orillaron a la
aplicación de determinadas doctrinas políticas o filosóficas en las que se
buscó una solución; muchas veces, el efecto o la consecuencia de ello escapó a
todo control y superó las expectativas deseadas.
Es evidente que existen lobbies o
hay personajes que pueden tener influencia, pero, como el mismo autor lo
describe, el conspiranóico le atribuye a esos grupos de presión, o a tal o cual
personaje, una infalibilidad y una permanencia de siglos, una unanimidad
increíble y una buena fortuna que evita que siquiera el simple azar trastoque
los planes ideados, más aparte, pone el dedo en uno de los puntos más débiles
de las tesis conspiranóicas: los acusados siempre son los mismos: los Judíos,
los Masones, los Iluminati, --pese a pruebas de que su fundador Adam Weisphaut
murió reconciliado con la Iglesia-- los Banqueros ingleses, los Jesuitas... y a
todos ellos, Castillón los coloca dentro del mismo saco: fueron grupos que, o
se beneficiaron de la Modernidad, como en el caso de los Judíos, que salieron
de los guetos para convertirse en financieros, científicos o activos
participantes en política, aprovechando la igualdad con independencia de credos
decretada por la Revolución y las Constituciones, o sus promotores, como en el
caso de la Compañía de Jesús, que abonó al desarrollo de la Educación y la
Ciencia que desembocó en la Revolución Industrial. Esto provoca que, por
ejemplo en América Latina, o México en específico, exista cierto prejuicio
antijudío ("antisemitismo" es una incorrección) --recordemos los
paranóicos libros de Salvador Borrego-- pese a que, en el caso de nuestro país,
sean los Libaneses, encabezados por Carlos Slim Helú la comunidad de
inmigrantes que prácticamente se han adueñado del mundo de las empresas y las
finanzas y los Judíos constituyan una minoría marginal, situada más
dentro de las clases medias y muy integrada a la cultura nacional.
En mucho, la idea de la
conspiración surge de aquellos que no fueron beneficiados por la Modernidad o
de plano, perjudicados directamente por ella y que no supieron aprovecharla, en
mis navegaciones por las redes sociales, encuentro mucho de esto en los
Argentinos, por ejemplo, quienes no encuentran una explicación para entender
porqué hacia 1900 eran la quinta economía del mundo y hoy son un país que no
puede salir del subdesarrollo y la permanente crisis económica; sobre sus
desgracias, es muy común entre ellos el culpar a una megaconspiración
Anglo-judeo-masónica, que se evidencia sobre todo en la situación de las Islas
Malvinas, y se atribuyen a Churchill citas en que se refería a la necesidad de
pararle los pies al país sudamericano antes de que se convirtiera en una
Superpotencia (!), si hay pruebas del tan comentado ego argentino que es objeto
de chistes y burlas, eso son las tesis conspiratorias que se esgrimen como
justificación para el tercermundismo rioplatense en el que loschésse describen como desgraciadas
víctimas de la envidia del mundo, lo que pasa por alto que los gobiernos
argentinos fueron muy indolentes para industrializar el país, al que creyeron
capaz de sostener dedicados a meras actividades primarias como la agricultura,
la ganadería y las minas, la enorme corrupción desatada en su clase política, y
el colmo de todo ello que fueron los gobiernos de Juan Domingo Perón, quien con
su demagogia y populismo mató el desarrollo que hasta su llegada al poder había
mantenido el país de las pampas (y quien, sin embargo, sigue siendo venerado
por la enorme mayoría de los argentinos de cualquier signo político),
para después pasar por Dictaduras Militares que pese a su retórica conservadora
y patriotera no fueron más que verdaderas pandillas delincuenciales que
saquearon al país sin cumplir con una labor constructiva como sí hicieron
Franco en España y Pinochet en Chile.
Sin embargo, todo esto refleja que
en los tiempos actuales existe una gran inconformidad con la Modernidad y sus
consecuencias: desigualdad, degradación ambiental, deshumanización, Estados
burocráticos gigantes y costosos y una infelicidad galopante. No en balde
tenemos en los terrenos literarios, además de las tesis conspiranóicas, el gran
éxito que está teniendo el género fantástico: desdeHarry
PotteroPercy
Jacksona obras de
mucho mayor calidad como la saga deEragono sobre todo laCanción
de Fuego y Hielode
George R.R. Martin, o el renovado interés en las obras de Tolkien o de C.S.
Lewis, o en la música popular el éxito del Rock pesado fusionado con música
medieval o sinfónica, las versiones fílmicas o televisivas de esas historias
que nos conectan directamente con visiones medievales o la nostalgia de la
Civilización Clásica como es el repunte delPéplumque se ha dado desdeGladiadorhace 14 años y que hoy se
mantiene en las pantallas con300y
su secuela.
Entre tanto, la Ciencia Ficción,
género que surgió en el siglo XIX en medio de la Revolución Industrial de la
mano de Mary Shelley y Julio Verne, con una visión optimista del futuro y de
los avances técnicos y científicos, que llegó a su esplendor a mediados del
siglo XX con Asimov, Dick, Bradbury o Clarke, se encuentra en cierta forma en
decadencia, estancado ante la falta de nuevos y originales autores, y lo que se
escribe en el género o se ve, sea en el cine, TV o videojuegos, es pesimista:
un futuro apocalíptico, de miseria, de sometimiento o extinción de la raza
humana, el surgimiento de dictaduras feroces, desigualdades y horrores: de losJuegos
del HambreaElysiumtenemos muestras claras de
ello; es decir, existe una gran desconfianza hacia el futuro que la tecnología
y la Ciencia, ambas hijas de la Modernidad, nos ofrecen, por el
contrario, existe un gran deseo de regresar al pasado medieval, pre-moderno, a
concepciones más humanas y espirituales o hasta al pensamiento mágico de los
tiempos antiguos.
La Modernidad está en crisis; la
gente ya está harta de ella, aunque no quiere desprenderse de sus
"beneficios": la tecnología, la comunicación, la medicina, el acceso
a los placeres, las frivolidades y los lujos, todo ello que nos ha hecho tener
un nivel de vida mucho mayor al de épocas pretéritas, pero a un costo muy
elevado como lo he dicho ya: simplemente, de pensar cuántos automóviles se
producen al año en todo el mundo, y cuántos se han producido, pensemos, desde
1900, es de preguntarse en la cantidad de recursos naturales y humanos que han
sido sobreexplotados para lograrlo y las consecuencias que ello tendrá; las
transformaciones sociales y económicas han destrozado los tejidos más delicados
de nuestra naturaleza: la familia y la identidad de las personas. Los daños
serán enormes, mucho más allá de lo ecológico. La Modernidad Liberal: el Fin de la Historiaproclamado por Fukuyama hace
veinte años es una utopía, y todas las utopías terminan en tragedias; una
expresión de esa utopía la encontramos en el inquietante filmeNetworkde 1976, en el que se anuncia
la tendencia hacia la Globalización:
Pero hoy, ante los
acontecimientos de Ucrania parece que el mundo aguanta la respiración, Vladimir
Putin parece estar gestando una Revolución Pre-Moderna, no lo hace, estoy
seguro, por que haya sido iluminado en el camino de Damasco ni mucho menos por
ser un santo; lo hace por el interés de Rusia y porque Rusia fue traicionada
por la Modernidad, como dije en otro post, él tiene el potencial para ser unPachacutec, alguien que
"pondrá la Tierra de cabeza", o como dice Juan Manuel de Prada, para
regresar alprincipio de la Historia. Como sea, es muy
posible que estemos ante la gestación deotro mundo, al final, la
Postmodernidad no será otra cosa más que el cumplimiento del ciclo del eterno
retorno, delouroboroshacia un punto inicial anterior al
mundo moderno en el que hemos estado viviendo desde hace quinientos años; ¿cómo
será? Quien sabe, lo más probable es que no tendrá nada que ver con las
fantasías post-apocalípticas que tanto hemos visto.
Adjunto copia
del retrato que me hicieran recientemente, en mi gabinete de estudios.
Últimamente he estado muy ocupado en descifrar el mensaje oculto en la
uña del pie izquierdo de Ana Catalina Emmerich. Las conclusiones de mi estudio
son asombrosas. Asimismo, he logrado formular la única hipótesis capaz de
explicar los cambios en la dentadura de Sor Lucía, la vidente de Fátima. Lo que
ayuda a confirmar, de manera irrefutable, el hecho de que el cardenal Giuseppe
Siri, el ex Arzobispo de Génova, Italia, fue electo papa durante los cónclaves
de 1958, 1963 y posiblemente en el de 1978.
Sin otro
particular, los saluda cordialmente,
Aparicio
Nista.
Bromas aparte, quien esté interesado en informarse sobre el valor
de las revelaciones privadas y otros fenómenos análogos puede consultar con
provecho esteartículo.