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viernes, 5 de mayo de 2017

¡El Index!






Ya comentamos en el pasado, de modo indirecto, sobre el significado que tenía la inclusión de una obra en el «Índice de los libros prohibidos». La reciente lectura de algunas páginas nos mueve a volver sobre el tema para hacer precisiones adicionales.
1. ¿Qué era el Index?
«El i. de libros prohibidos es el catálogo de los libros que la Sta. Sede ha condenado como perjudiciales para la fe o la moral y de los cuales, salvo especial dispensa, se prohíbe tanto la lectura como la posesión (v. Libros prohibidos). Es necesario por tanto que haya una guía, ya que muchas veces no basta tener un a conciencia recta e ilustrada para descubrir el error, sino que se precisa una autoridad que por su rectitud y ciencia esté en condiciones de dirigir las inteligencias y los corazones.» (Palazzini-Roberti)
2. ¿Qué significaba la inclusión de un libro en el Index?
2.1. Significado moral para los fieles.
«La Iglesia obra con suma prudencia en esta cuestión. Un libro no se pone nunca en el í. si antes no ha sido cuidadosa y profundamente examinado por varios hombres doctos en la materia de que trata el libro. […] Por lo cual podemos tener la certeza moral de que un libro es malo o al menos peligroso cuando se le incluye en el í. El juicio de la Iglesia es para un cristiano no sólo una advertencia, sino también un precepto al que debe obedecer todo fiel...» (Palazzini-Roberti).
Aunque parezca una obviedad, cabe señalar que la inclusión de un libro en el Index no era de suyo extensiva al resto de las obras de un autor sino una disposición para tal o cual libro concreto.
2.2. Significado respecto del autor y su obra.
«La prohibición de un libro no constituye de suyo una nota personal de infamia o reproche contra el autor, ni siquiera propiamente un juicio sobre el mérito intrínseco del libro; sino solamente una conclusión práctica sobre el peligro que de él se teme que pueda deducirse razonable y directamente para los fieles. Por esta razón la buena fama del autor y su ortodoxia no quedan comprometidas, cuando él cumple con su deber sometiéndose.» (Palazzini-Roberti).
3. ¿Un «juicio» sin derecho a la defensa?
«No es, por lo tanto, ni siquiera contra la justicia o el derecho proferir este juicio sin interrogar al autor y sin oír sus explicaciones; ni esto se puede comparar con la condena de un acusado sin escucharle, ya que no se pronuncia un juicio sobre el autor, sino sólo sobre el libro y sobre el efecto que puede producir en el ánimo de los lectores. Por la misma razón no se notifica al autor la sentencia, ni se publican los motivos, ni se citan los pasajes objeto de la condena.» (Palazzini-Roberti).
4. La simple inclusión era una medida revisable.
«Como puede verse en Acta Apost. Sedis, generalmente cuando el Santo Oficio prohíbe un libro suele mandar que se le incluya en el índice.
Según advierte V. MARTÍN [Les congrégations romaines. Chap. 2, p. 46. París, 1930] la simple inscripción en el índice, sin calificación doctrinal, no implica necesariamente que una obra sea mala en sí. Tal medida puede obedecer a que por circunstancias pasajeras resulte perjudicial su lectura; y una vez desaparecidas aquéllas, no habrá inconveniente en dejarla circular. De hecho, en varias ocasiones el Santo Oficio mandó retirar del índice algunas obras, que antes había incluido en él por razones de prudencia.» (Alonso Morán OP, Sabino. La prohibición de libros. En: Revista Española de Derecho Canónico (1959), nº 40, p. 11).



sábado, 3 de diciembre de 2016

Blog no apto para todo público


El lndex librorum prohibitorum era una lista oficial de los libros cuya lectura se prohibía a los católicos sin el permiso de la autoridad competente bajo amenaza de una sanción canónica. Fue abolido en 1966, por diversas razones, una de las cuales -tal vez la más actual en la era de Internet y los libros digitales - es la imposibilidad de hecho de mantenerlo actualizado.
A partir de la abolición del Index algunos pensaron que un cristiano puede  leer cualquier cosa. Esto es un error.
“En unos pocos decenios parece haber cambiado bastante en Occidente la sensibilidad hacia la ortodoxia y hacia lo que la hiere. Un texto de Arturo de Iorio, publicado en 1951, puede ilustrarnos la afirmación anterior. Dice así: «Los fieles deben abstenerse de leer no sólo los libros proscritos por ley o decreto, sino todo escrito que les exponga al peligro de perder la fe y de depravar las costumbres. Es ésta una obligación moral, impuesta por la ley natural, que no admite exención ni dispensa. La gravedad de esta obligación es proporcional al peligro a que se expone el alma. Ahora bien, como los simples fieles raramente estarán en situación de apreciar el peligro en que se van a encontrar, es natural que la Iglesia, con oportunos avisos y prohibiciones, les mantenga alejados de las lecturas malas» (Indice dei libri prohibiti, en Enciclopedia Cattolica, Città del Vaticano 1951). Un texto como éste, que hace medio siglo era lo normal, ahora resulta apenas imaginable. Sin embargo, dice la verdad.” (Iraburu).
Ante esta situación, S. Josemaría Escrivá de Balaguer tomó la decisión de establecer un Index para uso interno del Opus Dei denominado Guía bibliográfica. La institución continúa actualizando esta guía cuyo contenido puede consultarse aquí. Es una medida prudencial, opinable, que no discutimos ahora. La guía contiene diferentes notas o censuras que expresan la valoración moral de distintas obras, que reproducimos a continuación:
¿Qué significan las valoraciones morales en las obras de pensamiento?
En el caso de obras de Pensamiento (P), agrupamos los títulos según el nivel de conocimientos que a nuestro juicio son necesarios para valorar las implicaciones de sus afirmaciones respecto al Evangelio.
P-A1 o P-A2: los libros presentan las cuestiones doctrinales atendiendo a la enseñanza común de la Iglesia, tal como se expone, por ejemplo, en el Catecismo de la Iglesia Católica, y evitando temas complejos o aún particularmente sujetos al debate teológico. Según den por supuesto o no un mínimo de formación cristiana previa, los subdividimos en:
P-A1: Público general.
P-A2: Lectores con cultura general o formación cristiana básica.
P-B1 o P-B2: en estas categorías incluimos libros que quizá precisen una formación cultural amplia (P-B1), o incluso universitaria en los argumentos tratados (P-B2), de cara a poder hacerse cargo de cómo se relacionan con la fe. Ocasionalmente, en estos libros (P-B2, sobre todo) se pueden dar por seguras posiciones muy difundidas contrarias a la fe, aunque son fáciles de reconocer por un lector con cierta formación cristiana que haya estudiado el tema (p.ej., tesis evolucionistas de corte materialista en manuales de filosofía o de historia).
P-B1: Requiere conocimientos generales de la materia.
P-B2: Lectores con formación cristiana y cultura específica sobre el tema.
P-C1, P-C2 o P-C3: las implicaciones de los temas tratados, o el conocimiento de las razones que invalidan algunas tesis expuestas en el libro, requieren siempre una profunda formación en el área de que se trate, ya sea universitaria (P-C1), o especializada (por ejemplo, un doctorado: P-C2): de ahí que, en estos casos, hayamos preferido que las explicaciones hagan hincapié en los contenidos objetivos del libro, más que en el posible público lector. La valoración P-C3 se reserva para libros que se dirigen a contradecir o negar algunos aspectos de la fe o de las enseñanzas del magisterio católico.
P-C1: Presenta algunos errores doctrinales de cierta entidad.
P-C2: Aunque la obra no se presenta como explícitamente contraria a la fe, el planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
P-C3: La obra es incompatible con la doctrina católica.
¿Qué tiene que ver esto con nuestra bitácora? Se nos ha reprochado publicar contenidos que no serían convenientes para las “masas de católicos”. Lo que significa, usando las categorías del índice opusino, que divulgamos contenidos que no pertenecen a la categoría P-A1/P-A2, contenidos que no serían aptos para un público general, ni tampoco para lectores con formación cristiana básica. Y esto es verdad respecto de muchas de nuestras entradas (p. ej., sobre la falibilidad de las canonizaciones), razón por la cual colocamos una cita de Castellani como aviso para navegantes desprevenidos. 
Si el fin principal de nuestra bitácora fuera llegar a esa “inmensa parroquia” de formación cristiana básica, no publicaríamos nada porque ya existen numerosas páginas “generalistas” aptas para todo público y no vale la pena repetir lo que otros explican mejor. 
Nuestro blog se dirige principalmente a lectores con conocimientos generales de teología o con formación cristiana y cultura específica sobre ciertos temas. Procura exponer la verdad católica con mayor profundidad, mostrando matices o aspectos olvidados, desconocidos, silenciados. 
Objetivamente no hay nada reprochable en hacerlo. Porque nada obliga a exponer la doctrina católica sin más profundidad que la de un catecismo elemental. Y si alguno se escandaliza, esto se debe no al contenido de las publicaciones, sino a la deficiente formación del escandalizado, que en todo caso debiera ser más prudente en sus lecturas a pesar de la abolición del Index. Tal vez puedan darse casos de lo que en el argot teológico se denomina escándalo farisaico. Pero, como enseñan los doctores, este tipo de escándalo es despreciable.



jueves, 20 de octubre de 2016

Hay libros digitales...





Una de las cosas buenas que ofrece internet –entre tantas malas o estúpidas- es la enorme cantidad de libros digitales y otros recursos de libre acceso. Esto facilita notablemente las posibilidades de adquirir una mejor formación doctrinal-religiosa. Por esta razón hemos puesto enlaces a bibliotecas digitales. Las cuales se pueden complementar con otros recursos audiovisuales.
Pero a veces pareciera que Dios le da pan al que no tiene dientes. No por Dios, claro está, que es Providente; sino porque nunca falta quien no quiere aprovechar las oportunidades que se le ofrecen. Más bien habría que decir, en algunos casos, que Dios da el pan a quien no quiere comerlo.
No tratamos de quienes desprecian el conocer las verdades necesarias para salvarse. Sino de aquellos que, conociendo su Catecismo elemental, tienen tiempo para escribir en bitácoras y comentar en foros, metiéndose en temas que requieren mayores conocimientos que las nociones básicas de la catequesis.
Si uno no sabe más que lo elemental, puede entrometerse en asuntos más complejos, e interactuar con otras personas, con buenas disposiciones: el deseo de conocer verdades, profundizar lo que se sabe de modo superficial, prevenirse contra posibles errores… buscando honestamente la verdad. Y es raro que con buenas disposiciones no encuentre a otro que quiera ayudarle a mejorar en sus conocimientos.
Pero uno puede hacer lo anterior con malas disposiciones. Y así incidir en distintas patologías virtuales. Como somos pecadores, no estamos para tirar piedras, ni primeras, ni últimas.
Todos podemos hacer algo para mejorar. Los libros digitales pueden ser una ayuda. Si antes de meterse en un tema teológico que se ignora, uno se toma la molestia de leer las voces elementales en algún diccionario teológico, seguramente podrá comprender mejor el significado de lo que otros dicen, evitar hacer comentarios lamentables o fastidiar una conversación interesante. Por ejemplo, en el sitio obrascatolicas hay dos diccionarios de Teología orientados a la divulgación (el de Dogmática, de Parente; y el de Moral de Roberti) que permiten informarse del estado de una cuestión antes del Vaticano II con la seguridad doctrinal de la Escuela Romana. Consultando estas obras no agotará el tema, pero al menos tendrá un mínimo común para dialogar.
¿Y qué pasa si uno no quiere hacer nada para mejorar su formación y demuestra que no está bien dispuesto? Lo menos que puede decirse es que no tendrá derecho a quejarse si no le publican sus comentarios o si nadie los responde. Como decía Castellani, el castigo para quien no ama la verdad es quedarse sin ella. Y si además de no amar la verdad, por las malas disposiciones, uno se cree en posición de lanzar anatemas y de poner etiquetas sin ningún fundamento teológico, inevitablemente hará el ridículo.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El DTC en línea


El célebre Dictionnaire de Théologie Catholique, conocido por como el DTC, está disponible en 30 volúmenes gracias al sitio de Brasil Obras católicas. Se trata de una obra de consulta para los  interesados en profundizar en cuestiones teológicas y afines. Al parecer, por razones de derechos de autor, no pueden consultarse todavía los índices. La obra se  encuentra aquí.

viernes, 6 de enero de 2012

Regalo de Reyes

Nuestros lectores nos han enviado material para la lectura: 

- Aránsolo, M. Cómo comulgar (41 ps.)


Nuestro agradecimiento a Francisco y Lalande.