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sábado, 26 de abril de 2014

Aporías del juanpablismo

Se acusa a Juan Pablo II de encubrir a Marcial Maciel. El encubrimiento es un delito doloso en la mayoría de las legislaciones penales. Vale decir que supone mala fe en el encubridor.  Se trata de una acusación gravísima, que requiere pruebas proporcionadas, cuya existencia no conocemos. Por tanto, no podemos aceptar semejante acusación contra nadie, a menos que se suministren las pruebas del caso. Otra conducta, distinta y menos grave que el encubrimiento, es la negligencia en investigar y sancionar comportamientos como los de Maciel. Lo que tampoco nos consta con certeza. En todo caso, la gravedad del hecho merece una rigurosísima investigación, cosa que suponemos se realizó en la causa de beatificación y canonización del papa Wojtyla. Sin embargo, la celeridad de este proceso, que se ha llevado adelante incluso abreviando los cortos plazos establecidos por las reformas juanpablistas, unida a otros elementos de juicio, nos hacen pensar que estamos ante una canonización inoportuna.
El "juanpablismo" es un movimiento cuya actitud fundamental es el entusiasmo. Al calor de esta actitud, los apologetas del juanpablismo se muestran inmunes al desaliento, sin demasiadas preocupaciones por mantener un discurso coherente, homogéneo e históricamente riguroso. Tal vez un buen ejemplo de juanpablismo estusiasta se encuentre en las recientes declaraciones de Navarro-Valls: “Juan Pablo II no tuvo en la mano el resultado de esta investigación [sobre Maciel] pero sabía que había comenzado el proceso, para ir a fondo en ese caso”. Vale decir que según Navarro-Valls, Karol Wojtyla fue informado de las investigaciones vaticanas conducidas contra el inmoral fundador, que se iniciaron durante su pontificado.
Sin embargo, tiempo atrás:
- El postulador de la causa de Juan Pablo II, Slawomir Oder dijo: "Ha habido una investigación específica sobre esto para llegar a la máxima transparencia. Del estudio de todos los documentos ha surgido una respuesta clara: no hubo ninguna implicación de Juan Pablo II en ese caso".
¿Cómo es posible que alguien que no tuvo “ninguna implicación” en el caso supiera que se había “comenzado el proceso” de investigación?
- El Cardenal Stanislao Dziwisz, secretario personal de Karol Wojtyla, declaró: "Lo sé yo también, pero razonando a posteriori, que el Santo Padre nunca debió haber recibido a ese individuo. Pero Juan Pablo II cuando lo encontró ¡no sabía nada, absolutamente nada!" "¡Para él era todavía el fundador de un gran orden religiosa y basta, ninguno le había dicho nada! ¡Ni siquiera de los rumores que corrían!
¿Cómo es posible que alguien que no sabía “absolutamente nada”, “ni siquiera de los rumores que corrían”, supiera que se había “comenzado el proceso” de investigación?
Tal vez algún día pueda haber una explicación bien articulada y consistente sobre la relación de Juan Pablo II y Marcial Maciel. Hasta el momento, no la conocemos, por lo que no podemos consentir en esa “apologética” que censurara lúcidamente el p. Castellani.

martes, 22 de abril de 2014

¿LAS CANONIZACIONES DE JUAN XXIII Y DE JUAN PABLO II SON INFALIBES?

Nos ocupamos  en el pasado sobre la infalibilidad de las canonizaciones (ver aquí y aquí). Reproducimos hoy la traducción de una entrevista a Roberto de Mattei sobre las próximas canonizaciones de los pontífices Juan XXIII y Juan Pablo II. Añadimos al texto de la entrevista el enlace a un artículo de Mons. Brunero Gherardini sobre la no infalibilidad de las canonizaciones.
¿LAS CANONIZACIONES DE JUAN XXIII Y DE JUAN PABLO II SON INFALIBES? (Una entrevista a Roberto de Mattei)
Profesor de Mattei, las inminentes canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo segundo suscitan, por varios motivos, dudas y perplejidades. ¿Cómo católico y como historiador, cuál es su juicio?
Puedo expresar una opinión personal, sin pretensiones de resolver un problema que se presenta complejo. En líneas generales, estoy perplejo por la facilidad con la cual en los últimos años se llevan a cabo y se concluyen los procesos de canonización. El concilio Vaticano I definió el primado de jurisdicción el Papa y la infalibilidad de su Magisterio, con determinadas condiciones, perono ciertamente la impecabilidad personal de los Soberanos Pontífices. En la historia de la Iglesia hubo buenos y malos papas y es reducido el número de quienes fueron elevados a los altares. Yhoy parece que al principio de infalibilidad del Papa se lo quiere sustituir por el principio de su impecabilidad. A todos los Papas, o mejor dicho a los últimos, a partir del concilio Vaticano dos, se los presenta como a santos. Por cierto no es casualidad que las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II hayan postergado o dejado atrás la canonización de Pío IX y la beatificación de Pío XII, mientras avanza el proceso de Pablo VI. Casi parece que una aureola de santidad debiese envolver la era del concilio y del postconcilio, para “infalibilizar” una época histórica que ha afirmado el primado de la praxis pastoral sobre la doctrina.
¿Usted opina entonces que los últimos Papas no han sido santos?
Permítame expresarme sobre un Papa al que como historiador lo conozco bien: Juan XXIII. Habiendo estudiado el Vaticano II, profundicé en su biografía y he consultado las actas del proceso de su beatificación . Cuando la Iglesia canoniza un fiel no quiere solamente asegurar que el difunto está la gloria del cielo, sino que lo propone como modelo de virtudes heroicas. Según los casos, se tratará de un perfecto religioso, párroco, padre de familia, etc.En el caso de un Papa, para ser considerado santo debe haber ejercitado las virtudes heroicas en el cumplimiento de su misión como pontífice, como fue, por ejemplo, para San Pío V o San Pío X. Y bien, en lo que se refiere a Juan XXIII, alimento la meditada convicción de que su pontificado ha representado un daño objetivo a la Iglesia y que es imposible encontrar en santidad en él. Por lo tanto. Antes que yo lo afirmaba el dominico Innocenzo Colosio, uno de los mayores historiadores de la espiritualidad en los tiempos modernos, en un célebre artículo aparecido en la Rivista de Ascetica e mistica.
Si, como usted piensa, Juan XXIII no fue un Santo Pontífice y si como parece la canonizaciones son un acto infalible, nos encontramos frente a una contradicción. ¿No hay riesgo de caer en el sedevacantismo?
Los sedevacantistas atribuyen un carácter hipertrófico a la infalibilidad Pontificia. Su razonamiento es elemental: si el Papa es infalible y hace algo malo, la sede está vacante. La realidad es mucho más compleja y es errada la premisa según la cual cada acto del Papa es infalible. En realidad, si las próximas canonizaciones plantean problemas, el sedevacantismo plantea problemas de conciencia mucho mayores.
Sin embargo, la mayoría de los teólogos, y sobre todo los más seguros, los de la “escuela romana”, afirman que las canonizaciones son infalibles.
La infalibilidad de las canonizaciones no es un dogma de fe y esta es la opinión de la mayoría de los teólogos, sobre todo después de Benedicto XIV, que la expresó además como doctor privado y no como soberano pontífice . En lo que atañe a la “escuela romana”, el máximo exponente viviente es monseñor Brunero Gherardini, quien ha expresado en la revistaDivinitas todas sus dudas sobre la infalibilidad de la canonizaciones. Conozco en Roma distintos teólogos y canonistas discípulos de otro ilustre representante de la misma escuela, monseñor Antonio Piolanti, que tienen las mismas dudas de monseñor Gherardini. Ellos opinan que las canonizaciones no entran en las condiciones requeridas por el concilio Vaticano I para garantizar la infalibilidad de un acto pontificio.La sentencia de la canonización no es en sí misma infalible, porque faltan las condiciones de la infalibilidad, empezando por el hecho de que la canonización no tiene por objeto directo explícito una verdad de fe o de moral contenido en la Revelación, sino solamente un hecho indirectamente ligado con el dogma, sin ser propiamente un “hecho dogmático” .El campo de la fe y de la moral es vasto porque abarca toda la doctrina cristiana especulativa y práctica, el creer y el obrar humano, pero una precisión es necesaria . Una definición dogmática no puede jamás implicar la definición de una nueva doctrina en materia de fe o de moral. El Papa sólo puede explicitar en lo que es implícito en materia de fe y de moral y es transmitido por la tradición de la Iglesia. Lo que los Papas definen debe estar contenido en la Escritura y a la Tradición y esto es lo que asegura la infalibilidad del acto. Esto no es ciertamente el caso de las canonizaciones. Por cierto, ni los códigos de derecho canónico de 1917 y de 1983, ni en los catecismos, antiguos y nuevos, exponen la doctrina de la Iglesia sobre canonizaciones. Sobre el tema, además del citado estudio de monseñor Gherardini, hay un óptimo artículo de José Antonio Ureta en el número de marzo 2014 en la revista Catolicismo.
¿Usted opina que las canonizaciones han perdido su carácter infalible, como consecuencia del cambio querido por Juan Pablo en 1983 en el proceso de canonizaciones?
Esta tesis es sostenidaen elCourrier de Rome por una excelente teólogo,el padre Jean-Michel Gleize. Por otra parte, el padreLow, en la voz Canonizaciones de la Enciclopedia Cattolica, fundamenta la tesis de la infalibilidad , es la existencia de un poderoso complejo de investigaciones y verificaciones, seguido por dos milagros, que preceden a la canonización. No hay dudas de que después de la reforma del procedimiento querida por Juan Pablo II, este proceso de verificación de la verdad es mucho más frágil y que ha sido un cambio en el mismo concepto de santidad. no obstante el argumento no me parece decisivo porque el procedimiento de las canonizaciones fue modificado a través de la historia. Cuando un siervo de Dios es declarado santo por la fuerza de una veneración secular La proclamación de la santidad de Ulrico de Augsburgo, hecha por Juan XV en el 993, que es considerada como la primera canonización pontificia en la historia, fue proclamada sin ninguna investigación por parte de la Santa Sede. El proceso de investigación profundizada se remonta sobretodo a Benedicto XIV: a él se debe,por ejemplo, la distinción entre canonización formal según todas las reglas canónicas y canonización equivalente, .cuando un siervo de Dios es declarado santo por la fuerza de una veneración secular. La Iglesia no exige un acto formal y solemne de beatificación para calificar un santo.
Santa Hildegarda de Bingen recibió y el Papa Gregorio IX, desde 1233, inició una investigación para la canonización. No obstante, nunca hubo canonización formal, ni siquiera Santa Catalina de Suecia, hija de Santa Brígida fue canonizada. Su proceso se desarrolló entre 1446 y1489, pero nunca se terminó y fue venerada como Santa sin siquiera estar canonizada.
¿Qué piensa usted de la tesis de Santo Tomás, también expuesta en el artículo canonizaciones del “Dictionnaire de Théologie catholique”, según la cual si el Papa no fuese infalible en una declaración solemne se engañaría asimismo y a la Iglesia?
Es preciso disipar primeramente un equívoco semántico: un acto no infalible no es un acto equivocado que necesariamente engaña, sino un acto sometido a la posibilidad del error. De hecho este error podría ser rarísimo o nunca sucedido.Santo Tomás, siempre equilibrado su juicios, no es un “infalibilista” a ultranza. Como está justamente preocupado por salvaguardar la infalibilidad de la Iglesia,lo hace con un argumento razón teológica, a contrario. Su argumento puede ser recibido en sentido lato, pero admitiendo la posibilidad de excepciones. Estoy de acuerdo con él sobre el hecho de que la Iglesia, en su conjunto, no puede errar cuando canoniza. Pero esto no significa que cada acto de Iglesia sea en sí mismo infalible, como tampoco lo es en sí mismo infalible el acto de canonización. El asentimiento que se brinda a los actos de canonización es de fe eclesiástica, no divina. Esto significa que el fiel cree porque acepta el principio según el cual la Iglesia normalmente no se equivoca. La excepción no cancela la regla. Un acreditado teólogo alemán, Bernhard Bartmann, en su manual de Teología dogmática, (1962), compara el culto rendido a un falso santo con el homenaje rendido al falso embajador de un rey El error no quita el principio según el cual el rey tiene verdaderos embajadores y la Iglesia canonizar verdaderos santos.
¿En qué sentido entonces se puede hablar de infalibilidad de la Iglesia en las canonizaciones?
Estoy convencido de que sería un grave error reducir la infalibilidad de la Iglesia al magisterio extraordinario del Romano Pontífice. La Iglesia no es infalible solamente cuando enseña de manera extraordinaria, sino también en su Magisterio ordinario . Pero así como existen condiciones de infalibilidad para el magisterio extraordinario existen condiciones de infalibilidad para el magisterio ordinario. Y la primera de ellas es su universalidad, que se verifica cuando una verdad de fe o de moral, es enseñada de manera constante a través del tiempo. El magisterio puede enseñar infaliblemente una doctrina con un acto definitorio del Papa o con un acto no definitorio del Magisterio ordinario, a condición de que esta doctrina haya sido constantemente conservada y mantenida por la Tradición, y haya sido trasmitida por el Magisterio ordinario y universal. La instituciónAd Tuendam Fidem de la Congregación para la doctrina de la fe, del 18 mayo de 1998(n.2) lo confirma. Por analogía, se podía sostener que la Iglesia no puede equivocarse cuando confirma constantemente del tiempo verdades conexas a la fe, hechos dogmáticos, usos litúrgicos. También las canonizaciones pueden entrar en este grupo de verdades conexas. Se puede estar seguro de que santa Hildegarda de Bingen está en la gloria de los altares y puede ser propuesta como modelo, no porque haya sido solemnemente canonizada por un Papa, porque en su caso nunca existió una canonización , sino porque la Iglesia reconoció su culto, sin interrupción, desde su muerte. Con mayor razón, para los santos que tuvieron canonización formal, como San Francisco o Santo Domingo, la certeza infalible de su gloria nace del culto universal, en sentido diacrónico, que la Iglesia les ha tributado y no de la sentencia de canonización en sí misma. La Iglesia no engaña en su magisterio universal, pero se puede admitir un error de las autoridades eclesiásticas circunscrito en el tiempo y el espacio.
¿Quiere usted resumir su posición?
La canonización de Juan XXIII es un acto solemne del Soberano Pontífice, que proviene de la suprema autoridad de la Iglesia y que debe ser recibida con el debido respeto, pero no es una sentencia en sí misma infalible. Para usar un lenguaje teológico, no es una doctrina de tenenda fidei,sino de pietate fidei. No siendo la canonización un dogma de fe, no existe para los católicos una obligación positiva de prestar asentimiento. El ejercicio de la razón, respaldado por un rigoroso reconocimiento de los hechos, demuestra con toda evidencia que el pontificado de Juan XXIII no ha sido beneficioso para la Iglesia. Si se debiese admitir que el Papa Roncalli ha ejercido de modo heroico las virtudes, cumpliendo su rol de Pontífice, se minarían las bases de los presupuestos racionales de mi fe. En la duda me atengo al dogma de fe establecido por el Concilio Vaticano I, según el cual no puede existir contradicción entre la fe y la razón . La fe sobrepasa la razón y la eleva, pero no la contradice, porque Dios, verdad por esencia, no es contradictorio. En conciencia, mantengo todas mi reservas sobre este acto de canonización”
Texto original en
traducción italiana en
Los subrayados son de CATAPULTA
Fuente:

martes, 30 de abril de 2013

La propieda privada



Eulogio López publicó una entrada en su página en la que sostiene que “el liberalismo económico, la doctrina alumbrada por Adam Smith, defiende exactamente lo mismo que la DSI: la propiedad privada.” Ciertamente, no dice algo original. El liberalismo católico posee un amplio repertorio de concordismos falaces e ilusiones político-religiosas. No está de más reiterar en esta entrada que la Iglesia y  el liberalismo entienden la propiedad de diversa manera. Porque tienen nociones distintas de propiedad. No defienden exactamente lo mismo.
Muchos juanpablistas son liberales en lo económico. Pero no deja de ser una presentación sesgada de las enseñanzas sociales de Juan Pablo II —gusten o no— suprimirles las críticas al capitalismo liberal y su énfasis en la necesidad de que la economía tenga un marco jurídico (por tanto, integralmente justo e impuesto coercitivamente por el Estado) y no sólo  un marco ético articulado con un Estado mínimo (como postulan algunos liberal-católicos).

Hemos visto cómo Santo Tomás distingue dos aspectos o relaciones del hombre con los bienes exteriores: a) la potestad de gestión y disposición y b) la de uso y goce.
La primera relación constituye el derecho natural de propiedad en cuanto al dominio. Comprende la facultad de disponer, hacer circular, producir o intercambiar los bienes, respetando siempre el dominio absoluto de Dios y no ensoberbeciéndose, creyendo que son propios, como pretendió el rico del Evangelio (Santo Tomás usa el verbo latino "procurandi" que evoca la figura jurídica del procurador o mandatario; así se hallan los poseedores de bienes terrenos respecto de la Providencia divina). Esta facultad de gestión y disposición es el mejor medio para que se cumpla con el destino universal de los bienes.Respecto de la segunda relación, es decir, la del uso, comprende la fruición, goce, usufructo y consumo de los bienes; es el uso de aplicación con el cual se apaga y extingue la necesidad humana.Bajo el primer aspecto, el de gestión y disposición, se hace referencia a un fin individual de la persona, bajo el segundo, el carácter es netamente social. Escribe Santo Tomás: "Otra cosa también le compete al hombre respecto de los bienes exteriores y es el uso de los mismos. Y en cuanto a esto el hombre no debe poseer las cosas exteriores como propias, sino como comunes: afín de que fácilmente las comunique en la necesidad de los otros".
Esta comunicabilidad con el prójimo, modernamente se la ha denominado "función social" de la propiedad. El tema con esta expresión ha sido introducido por el jurista León Duguit, en un contexto conceptual netamente positivista. Fue Pío XI, en la Quadragesimo Anno y luego sus sucesores, quienes lo enmarcaron dentro de la concepción católica tradicional.Juan Pablo II, como hemos ya referido, en el Discurso inaugural de la Conferencia de Puebla, Méjico (1979), introdujo una nueva terminología pero de igual significado:"Es entonces —dijo— cuando adquiere carácter urgente la enseñanza de la Iglesia, según la cual sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social”.
El Santo Padre apela a la figura jurídica del derecho real de garantía, denominado "hipoteca"; ésta no suprime el dominio del bien, al contrario, lo supone, pero lo compromete seriamente, condicionando su existencia al cumplimiento de una obligación. Análogamente, los bienes exteriores que legítimamente se poseen, en dominio propio y privado, están condicionados al cumplimiento de una obligación social: participar con los demás su uso y goce, según las necesidades y las circunstancias de lugar y tiempo.
Precisando, pues, el concepto de "función social", "uso común" e "hipoteca social", se habrá de retener:
• El hombre debe usar las cosas como "comunes" no significándose con ello un comunismo en el dominio, como pretenden las corrientes socialistas y comunistas.
• La comunicación del uso no se refiere al objeto del derecho de propiedad, sino al sujeto del mismo, quien deberá cumplir con los preceptos de la justicia y de la caridad social...
• La obligación de comunicar reconoce ciertas prioridades: en primer lugar, tienen derecho preferente al uso el titular de dominio y su familia: "nadie está obligado a vivir de un modo que no convenga a su estado". "Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra".La obligación de compartir el uso (comunicar) surge del destino universal de los bienes, por lo cual es una obligación natural a la que alude la justicia social. Modernamente muchos deberes de la justicia social han sido incorporados a las legislaciones positivas, pasando a constituir obligaciones para obras sociales, pago de impuestos, contribuciones para mejoras. Sin embargo, siempre quedará un ancho margen para la caridad. Escribe Pío XI: "Respetar santamente la división de los bienes y no invadir el derecho ajeno traspasando los límites del dominio privado, son mandatos de la justicia que se llama conmutativa; no usar los propietarios de sus propias cosas sino honestamente, no pertenece a esta justicia, sino a otras virtudes".El mismo Pontífice, luego de señalar que los Santos Padres constantemente declaran con clarísimas palabras que los ricos están obligados por el precepto de ejercer la limosna, la beneficencia y la magnificencia, cita el ejemplo de aquellos que crean fuentes de trabajo, como un sistema moderno y adecuado para ejercer en alto grado la comunicación de los bienes en cuanto al uso... 
Hoy, en Latinoamérica, la prédica marxista y prosocializante, ha logrado masificar el concepto de que el "empresario privado" siempre es un individuo que camina en la "cuerda floja" y que defrauda al fisco y al pueblo "con guantes blancos". Que algunos lo sean, no caben dudas; que siempre es así, por tratarse de un sistema en sí pecaminoso, es falso y contrario al sentido común y a la ética católica; en sentido positivo y conveniente para el desarrollo de los pueblos hay bastantes ejemplos.
• El no uso social o mal uso de los bienes no hace perder el dominio, como han sostenido algunos equivocados intérpretes de los Santos Padres. El dominio no se confunde con el uso. Claramente lo enseña Pío XI: "Afirman sin razón, por consiguiente, algunos, que tanto el dominio como el uso se contienen en los mismos límites, y mucho más se apartan de la verdad, los que sostienen que por el abuso o no uso perezca o se pierda el derecho de propiedad".
• Expropiación: en la hipótesis anterior de no uso o mal uso de los bienes por parte del propietario, surge para el Estado un derecho superior al derecho privado del propietario, con miras al bien común y dentro de sus límites, para corregir el uso. Este derecho lo ha de ejercer la autoridad pública, guiada por la prudencia política, a través de impuestos, contribuciones y aun, en casos extremos, expropiando el bien, previa indemnización al propietario, por cuanto éste no pierde el dominio por el mal uso; su derecho es anterior a la sociedad civil, pero ésta lo compulsa obligatoriamente a transferirle el dominio por razones del bien común y utilidad general prevalente sobre el bien particular…
• Caso de necesidad: se dan hipótesis de extrema urgencia en el uso de un bien, bajo peligro de vida, sustentación necesaria o de salud. En estos casos, si no se puede subvenir a la necesidad con medios normales, cede el derecho de propiedad secundario al derecho primario del destino universal de los bienes.
Argumenta Santo Tomás: "Por otra parte, en caso de necesidad las cosas son comunes, por tanto, no constituye pecado (de hurto o de robo) el que uno tome una cosa de otro, porque la necesidad la hace común (...) por esta razón, los bienes superfluos que algunas personas poseen son debidos, por derecho natural, al sostenimiento de los pobres (...). Mas, puesto que son muchos los indigentes y no se puede socorrer a todos con la misma cosa, se deja al arbitrio de cada uno la distribución de las cosas propias para socorrer a los que tienen necesidad. Sin embargo, si la necesidad es tan evidente y urgente que resulte manifiesta la precisión de socorrer la inminente necesidad con aquello que se tenga, como cuando amenaza peligro a la persona y no puede ser socorrida de otro modo, entonces, puede cualquiera lícitamente satisfacer su necesidad con las cosas ajenas, sustrayéndolas, ya manifiesta ya ocultamente. Y esto no tiene propiamente razón de hurto ni de rapiña".
• Lo superfluo y la caridad: se ha de tener en cuenta que es prácticamente imposible dar una definición válida para todos los hombres y circunstancias del concepto de "superfluo", al que aluden el Evangelio y los documentos pontificios…
"Ser pobre" para un norteamericano es no poseer un automóvil, un freezer; para un latinoamericano, en cambio, es no ganar lo indispensable para el sustento mensual de la familia. Sin embargo, León XIII da un criterio orientador: "A nadie se manda socorrer a los demás con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que él mismo necesita para conservar lo que convenga a su persona y a su decoro: 'nadie debe vivir de manera inconveniente'. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. 'Lo que sobra dadlo de limosna'. No son éstos, sin embargo, deberes de justicia (stricto jure), salvo en los casos de necesidad extrema, sino de caridad cristiana" (...) "la cual ciertamente no hay derecho de exigirla por ley".Se abre así, para el cristiano, el ancho campo de la caridad y de las obras de misericordia, cuyo juicio final queda reservado a Dios quien juzgará la caridad hecha o negada a los pobres, como hecha o negada a Él.Hoy cobran actualidad las palabras de León XIII, pues algunos pretenden minimizar la virtud de la caridad y las obras "pías" de la Iglesia, exigiendo la transferencia al Estado de estos servicios, como dueño y señor del dominio y uso social de los bienes. Pablo VI proyectó a nivel internacional la doctrina de "lo superfluo". Escribe: "Hay que decirlo una vez más: lo superfluo de los pueblos ricos debe servir a los países pobres. La regla que antiguamente valía en favor de los más cercanos, debe aplicarse hoy a la totalidad de las necesidades del mundo".

Palumbo, C. Guía para el estudio sistemático de la Doctrina Social de la Iglesia, Pp. 302-307.

domingo, 5 de junio de 2011

Post iucundam iuventutem, molestam senectutem



ROUCO.
"La Jornada Mundial de la Juventud de Madrid tendrá una naturaleza especialmente misionera y en ella se dará un fuerte impulso al compromiso apostólico de los jóvenes bajo el signo de la nueva evangelización que Benedicto XVI ha relanzado", subraya el cardenal arzobispo de Madrid.
El cardenal Rouco pronostica -en un adelanto de la entrevista enviado por la revista a ZENIT- que "el número de jóvenes que se moverá por Madrid entre el 15 y el 21 de agosto estará entre el medio millón y el millón", aunque "en los grandes actos centrales de la JMJ se superará con mucho ese número". Frente a quienes sugieren que los frutos de la JMJ no son duraderos, el arzobispo de Madrid señala que "esa afirmación no responde a la verdad" y que, por ejemplo, de las JMJ "ha surgido en estas dos últimas décadas una nueva juventud en la Iglesia".
Anticipa que los abundantes frutos de la JMJ "se van a ver superpotenciados en la Jornada de Madrid: en vocaciones; en la formación espiritual, cultural e intelectual de los jóvenes; en el campo de la familia y de la universidad; y se traducirá también en la potenciación de las nuevas realidades eclesiales, que estarán muy presentes aquí".
Concluye afirmando que si "tras la JMJ de Santiago se habló del comienzo de una nueva etapa en la relación de la Iglesia con los jóvenes de Europa y del mundo", después de la JMJ de Madrid se hablará de otro nuevo Pentecostés en la Iglesia.
AMERIO.
"La conducta de la Iglesia hacia la juventud no puede prescindir de la oposición entre los siguientes elementos correlativos: quien es imperfecto ante quien es perfecto (relativamente, se entiende), y quien no sabe y por tanto aprende, ante quien sabe (relativamente, se entiende). No puede dejarse de lado la diferencia entre las cosas y tratar a los jóvenes como maduros, a los proficientes como perfectos, a los menores como mayores, y en último análisis al dependiente como independiente.
Siendo la juventud una vida incipiente, es necesario que comprenda y le sea explicado el todo de la vida, es decir: el fin en el cual la virtualidad del incipiente debe realizarse, y la forma en la cual la potencia debe desplegarse. La vida es difícil, o si se quiere, seria. En primer lugar, porque el hombre es una naturaleza débil, en combate con su finitud en medio de la finitud de los otros hombres y de la finitud de las cosas (que tienden a invadirse recíprocamente).
Hoy se le presenta la vida a los jóvenes, de un modo no realista, como alegría, sustituyendo la alegría de la esperanza que serena el ánimo in via por la alegría plena que lo apaga solamente in termino. Se niega o disimula la dureza del humano vivir, descrita en tiempos como valle de lágrimas en las oraciones más frecuentadas...
Si se diviniza a la juventud se la conduce al pesimismo, porque se la obliga a desear una perpetuación imposible. La juventud es un proyecto de no-juventud, y la edad madura no debe modelarse sobre ella, sino sobre la sabiduría de la madurez. Ninguna edad de la vida tiene como modelo su propio devenir hacia otra edad de la vida, propia o ajena. En realidad el modelo para cada una viene dado por la esencia deontológica del hombre, que debe ser buscada y vivida, y es idéntica para todas las edades de la vida. También aquí el espíritu de vértigo impulsa al dependiente hacia la independencia y a lo insuficiente hacia la autosuficiencia."

miércoles, 4 de mayo de 2011

El beso del Corán



Todos sabemos que un gesto es un movimiento corporal que expresa diversos estados interiores. Coincidimos con D. Iraburu en que, por lo general, los gestos pueden ser más equívocos que las palabras, pues un mismo gesto exterior puede tener significados opuestos: en los evangelios tenemos el beso de Judas y el beso de la pecadora a los pies del Señor; en la cultura occidental el eructo de un comensal se interpreta como una falta de cortesía, mientras que en países de origen árabe no se interpreta así, significando saciedad. En lo que diferimos de nuestro vecino infocatolico es en el subjetivismo con que interpreta los gestos pontificios.
Se suele clasificar los gestos en emblemáticos, que son aquellos que tienen una clara intención que los receptores comprenden perfectamente, porque conocen ya de antemano su significado; e ilustrativos que son los que se utilizan intencionalmente junto a una expresión oral a la que acompañan, y cuyo significado refuerzan. Así, el significado objetivo de un gesto emblemático le viene principalmente de las circunstancias en que se realiza. En cambio, el significado objetivo de un gesto ilustrativo, deriva principalmente de la expresión oral a la que acompaña.
Dado que no tenemos certeza de que el beato Juan Pablo II empleara el beso del Corán como gesto ilustrativo de sus expresiones, ni conocemos declaraciones interpretativas autorizadas, lógico es suponer que se trató de un gesto emblemático. Tenemos a mano el primer tomo de la más completa biografía del reciente beato (G. Weigel. WITNESS TO HOPE. Harper Collins Publishers, 2001), un verdadero campeón del juanpablismo, y ninguna de las 1038 páginas explica el gesto de besar el Corán. El libro trata in extenso sobre las relaciones con los musulmanes, el encuentro con los jóvenes mahometanos en Casablanca (1985), etc. Pero acerca del ósculo, nada de nada… ¿Por qué? Doctores tiene el juanpablismo que nos sabrán responder...
Ante un gesto emblemático del beato Wojtyla, hay que considerar las circunstancias. Y como la Iglesia es una sociedad tradicional, lo primero es indagar en su historia. ¿Alguna vez, en el pasado, un papa (beato) besó el Corán? Sinceramente, lo ignoramos.
Además, hay que reflexionar sobre las circunstancias que acompañaron al gesto del nuevo beato. Por los datos que tenemos, el beso fue un acto breve, fuera de lugares de culto, con un efecto de repercusión pública mundial. Y esta última circunstancia es la más delicada, porque las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran. A millones de cristianos, que viven en un mundo relativista, se les mostró a un Romano Pontífice besando el libro sagrado de una religión falsa. Un gesto que para los católicos, además, evoca el beso litúrgico del Evangelio y del Altar.
Para D. Iraburu, la una única explicación posible no es más que un juicio de intenciones, en verdad incognoscibles porque no fueron explicitadas. Para nosotros, sería mejor incluir el ósculo del Corán en la petición general de su testamento:
…A todos les pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad.”

sábado, 30 de abril de 2011

Beatificación de Juan Pablo II y juanpablismo



DEFINICIONES. La canonización es la sentencia definitiva del Romano Pontífice, por la cual se declara solemnemente que un siervo de Dios goza de la gloria celestial y, por consiguiente, se recomienda a todos los fieles de la tierra el culto de dulía en su honor. En cambio, la beatificación es una sentencia auténtica, de carácter previo, declarando la santidad y la gloria de un siervo de Dios en orden tan sólo a un lugar particular, y de una manera restringida. Es lo que dicen...

NUESTRA ACTITUD. Coincidimos con Terzio dejando "...constancia de la obediente obsequiosidad con la que el que esto escribe acogerá/acatará al beato súbito (y al santo, si llega). Pero conste también que a los Santos en particular se les tiene devoción libre y concreta, sin obligación de encenderles velas a disgusto. Así que, supongo, al beato súbito le profesaré devoción global, sumaria, en el totum de la Communio Sanctorum."

JUANPABLISMO. Veremos y leeremos las manifestaciones del entusiasmo juanpablista en las formas más extravagantes. Una legión de papistas, papólatras, papanatas, obsecuentes, ignorantes, tontos, fatuos... dirán sandeces a granel. Que si venció al comunismo, que si fue un gran deportista, que si su obra de teatro fue la mejor de todas, que fue el más grande filósofo del siglo XX, que fue un gran comunicador...

DE SU TESTAMENTO, tomamos unas palabras:

"Doy las gracias a todos. A todos les pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad."

"Expreso mi más profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad, el Señor me conceda todas las gracias necesarias para afrontar, según su voluntad, cualquier tarea, prueba y sufrimiento que quiera pedir a su siervo, en el transcurso de la vida. Confío también en que no permita nunca que, a través de cualquier actitud mía: palabras, obras u omisiones, traicione mis obligaciones en esta santa Sede de Pedro."

ADDENDUM. Unas muestras de juanpablismo:

"que fue elegido Papa después de cuatro siglos de papas italianos y que fue el Papa más universal y más conocido de todos los tiempos" (Ramón Jaúregui)

"Una bomba teológica y sexual, un catecismo, mujeres sabias... Juan Pablo II, maestro del siglo XXI" (Pablo Ginés/La Razón)

"el mundo le debe su contribución a la caída del muro de Berlín" (Juan Luis Lorda, La Razón)

"Persona y acción es la obra cumbre del pensamiento filosófico de Karol Wojtyla y uno de los textos antropológicos decisivos del siglo XX. El modo genial en que concilia la filosofía del ser y de la conciencia, la fenomenología y el tomismo desde una perspectiva personalista, la convierten en una obra de referencia insoslayable". (Juan Manuel Burgos, Aceprensa)

y un poco de sentido común cristiano:

"no significa la reivindicación de su pontificado entero, ni pone un aval definitivo sobre el mismo, sino que afecta a la persona" (Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid)

domingo, 13 de marzo de 2011

Experiri in re: el cura Pousa, una excepción

Nuestros hermanos neocones ( y tócate…) esporádicamente piden que se intervenga para censurar a pintorescos eclesiásticos de variado pelaje a través de la autoridad eclesiástica. Y no está mal. Pero de ahí para arriba, ya no. Y eso se enmarca en una determinada retórica “juanpablista” de la Iglesia actual: no podemos estar mejor de lo que estamos, ni con las mejores estructuras, ni con los mejores medios; simplemente hay que corregir unos pocos abusos que no constituyen la norma habitual. Simplemente hay que aplicar las instrucciones –maravillosas- que existen al respecto y ya está. La arcadia.
  No es que todo funcione bastante bien. No. Es que todo está funcionando muy mal. Y esos casos esporádicos, no son la excepción, sino sólo la punta del iceberg de algo mucho más incrustado y con causas más profundas. Siguiendo el sistema de estímulos y respuestas del neocon medio, se esperaría que el que esto escribe comenzase a despotricar contra el último concilio, o a decir que el Papa es liberal, o cosas así. Como que no me interesa esa vía, sino más bien la del análisis práctico de la hermenéutica de la continuidad. Muy bien traída al respecto por su Santidad BXVI, pero que desconfío que todos entiendan. Hermenéutica es una palabra que significa interpretación, y esa llamada del Papa es a pensar la Iglesia presente no en situación de ruptura sino de continuidad armónica. Pero el hecho de que así se deba interprete no quiere decir que de hecho así sea. Porque no lo es. Si lo fuera, tampoco haría falta la llamada de atención del Papa.
  Aquí se nos plantea un difícil problema de entendimiento con los neocons, que por lo habitual se manejan en el ámbito de las abstracciones, de la conciliación entre principios, de la yuxtaposición –como una nueva catena aurea- de citas de documentos magisteriales de diversa índole. Pero siempre en el orden ideal. Y no es raro, porque habitualmente no pisan tierra. El día a día de la vida real de la Iglesia lo suelen desconocer. Cuando se trata de laicos, suelen estar incardinados en sus movimientos neoprimaverales. En ese remanso de comunión fraterna, todo es perfecto. Todos se quieren, se tratan bien, se corrigen, se ayudan, se sablean; se recuerdan constantemente lo estupendos que son, cuánto el Papa les estima, y la fidelidad que le deben, ya que son la “aristocracia de la Iglesia”. En relación al “resto” de la Iglesia, lo habitual son frases hechas y estereotipadas, “cada cual tiene su camino”, “hay muchos carismas”, aún en el fondo pensando la vulgaridad de una vida cristiana normal, y lo escaso de su exigencia. Con respecto a los clérigos, si están incardinados en algún movimiento neoprimaveral, es como si estuviesen en la luna de Valencia. Si son diocesanos, seguramente aúpados por algunos de sus cofrades habrán estudiado en Salamanca o en Roma, y en su vida pisarán una parroquia. A lo sumo, un “cargo pastoral” de fin de semana, y poco más.
 Pero la vida real de la Iglesia es muy compleja; no hace falta ir a Pousa. Vayamos a los grupos de cáritas, ¿qué cosas se escuchan allí? A las escuelas de catequistas ¿Qué tipo de catolicismo es el que se enseña?  A los consejos de pastoral (menudo caos), sin entrar a mencionar las escuelas de teología. Se puede empezar por el celibato de los curas, la misa participada, el preservativo y acabar con que la Iglesia es retrógrada, machista y reaccionaria. Me contó en una ocasión un profesor de teología bastante progresista que en una convivencia de una de esas escuelas de teología, le rayaron tanto la cabeza contra el Papa que hasta experimentó por vez primera un rauto de adhesión y defensa del Romano Pontífice. Los fieles que no participan en estas cosas han acogido toda la dialéctica de ruptura, o con resignación o con indiferencia. La idea es que estamos en una revolución permanente al estilo trotskista. Y los mismos fieles podrían responder que, en su relación a la vida cristiana, la ruptura ha sido total, en las formas y en el fondo. Tanto es así, que suelen ser los fieles los primeros que resisten formas de restauración por pequeñas y nimias que sean: asumieron demasiado bien la ruptura postconciliar.  La frase es habitual, como un ritornello “la Iglesia se modernizó bastante, pero debería hacerlo todavía más”. Y esto lo repiten gentes que no han estudiado una línea de teología. Sólo les ha hecho falta observar.
 ¿Y los seminarios? Se dijo que en Iberoamérica gracias a Juan Pablo II se cortó la teología de la liberación. Pues allí teología de la liberación es lo que se enseña, en distinto grado. ¿En España? El nivel ha caído tan bajo que ver fotos de familia de seminaristas con sus formadores es lo más semejante que uno puede encontrar en la vida real a la familia monster. Y no es casual. ¿Cómo se puede permitir ingresar a un seminario a quien no ha completado los estudios secundarios o de bachillerato? En ocasiones los cargos de “superior” (ahorita le dicen “formador”) de seminario no son sino un trampolín para otros puestos. Y ya se sabe, “si en la Iglesia quieres trepar, oír, ver y callar”. Y es un cargo que exige decisiones drásticas y desagradables, si no quiere hacer un perjuicio tanto a la Iglesia como a los que sienten la vocación sacerdotal. Pues nada, aquí paz y después gloria. Le oí a un profesor que no era clérigo, que daba filosofía en un seminario de España, que tras un examen de cultura general, algún seminarista había respondido que América se había descubierto en 1789. De la formación espiritual ni hablar. Puras fórmulas voluntaristas, cuando no meramente psicologistas al estilo de Nouwmen, que tanto daño han ocasionado. Y todo ello unido a una visión dulzona de la existencia y del mundo moderno. Y claro, cuando se percibe la hostilidad a la Iglesia tantos neopresbíteros se ven inermes y rompen, por un sitio o por el otro.  Dice Chautard (¿y ese quien eees?) en el “alma de todo apostolado”, que el apóstol cuando no vibra por la caridad de las almas cae en el más sucio de los fangos (no tangos). O algo así. Y es lo que vemos día tras día. Sobre esto no se escucha ninguna crítica ni ninguna llamada de alarma. No se puede pretender tener fieles católicos y sacerdotes que sepan lo que son, si absolutamente nadie pone remedio a la situación que se padece. ¿Y los documentos de la Santa Sede? Preciosos, muy bien escritos. Nunca se escribieron tantos documentos como ahora, en perjuicio de tantos árboles inocentes. Pero claro, hay que dar una imagen, y estas cosas no se pueden decir, ni siquiera “ad intra”. También es verdad que hay que saber de lo que se habla y no limitarse a denunciar los casos cuando ya han salido a la luz pública.O No será así. No.No.Es que todo está bien. El problema es que nos falta oración ¿seguro?