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jueves, 10 de noviembre de 2016

La dignidad humana



Ofrecemos hoy el audio de una conferencia del Dr. Félix Lamas sobre el concepto de dignidad humana. El término dignidad, referido a de la persona humana, a veces despierta logofobia. Sin embargo, si se precisa la noción, esta reacción no tiene justificación racional, pues dignidad es algo que pertenece a la esencia (S. Th. I-I, 42, 4). El ser humano se encuentra en la cumbre de perfección de los seres corpóreos, es un poco inferior a los ángeles. Dignidad significa la bondad de algo en razón de sí mismo; es el máximo valor relativo de algo que es bueno, secundum se. Y así como bueno se dice de muchas maneras, porque su concepto es analógico, también dignidad es concepto análogico. Por ende hay dignidades. Por ejemplo, hay dignidad ontológica, y en virtud de ella un demonio es más digno que un hombre santo. Y sin vulnerar la dignidad ontológica del demonio, Dios lo castiga con el infierno... Pero también hay dignidad moral, operativa, por la cual un demonio es abismalmente menos digno que un santo. La conferencia del Dr. Lamas es una estupenda introducción al tema de media hora de duración:

lunes, 25 de abril de 2016

Logofobia

Se ha escrito bastante sobre la manipulación por medio del lenguaje. Una táctica de manipulación frecuente es el empleo de palabras talismán. Se considera tales a ciertos términos que a lo largo de la historia se han cargado de prestigio, de un prestigio tal, que nadie en ese momento se atreve a ponerlas en tela de juicio (en el siglo XVII, la palabra orden, en el siglo XVIII, la palabra razón, en el siglo XIX, la palabra revolución, en el siglo XX y comienzos del XXI, la palabra talismán por excelencia libertad). También son palabras talismán en uso diálogo, consenso y no discriminación.
La contracara de la actitud respecto de estas palabras prestigiadas es la logofobia. Término que empleamos aquí no en el sentido de trastorno psíquico, sino más bien como síntoma de una forma un tanto superficial de criticar ideas. En el catolicismo, la logofobia parece hija de la manualística, tal como la describiera L. Bouyer:
            “…los manuales de filosofía de los seminarios, que todavía ayer, como quien dice, concentraban toda la atención de los seminaristas durante los primeros años de estudio; con ellos quedaremos suficientemente edificados. En ellos se presentaba a Descartes, Leibniz, Kant, Hegel, Bergson, etc., como una caterva de cretinos malhechores, que con un solo silogismo, o a lo más con un sorites, se podían liquidar sin más. ¿Marx? El hombre con el cuchillo entre los dientes. ¿Freud? Un viejo verde. ¿Blondel o Le Roy? Modernistas de una perversidad muy particular, pues persistían en seguir siendo católicos, aunque ponían en tela de juicio que los únicos razonamientos adecuados debieran formularse en bárbara o baralipton... Yo he visto y oído con mis propios ojos y mis propios oídos –y la cosa no es muy vieja– a un profesor de universidad pontificia, en un congreso internacional de apologética, demostrar que personas como Gabriel Marcel, que pretendían haber llegado a la fe por el camino del existencialismo, sólo podían ser hipócritas. (Recuerdo también, a Dios gracias, los rugidos de furor con que Étienne Gilson acogió tal estupidez. Se le dejó hablar porque nadie en aquella docta asamblea conocía a santo Tomás tan bien como él, pero de ahí a inclinarse ante sus razones había gran trecho.)”
La lectura manualística se aplica muchas veces a las condenas de la Iglesia y así se genera logofobia. Se rechazan de modo emotivo e irracional palabras, sin preocuparse demasiado por precisar su contenido lógico ni su referencia a la realidad.
Recuerdo ahora del caso de un amigo que le tenía fobia a la denominación pro-vida en uso por grupos católicos que se oponen al aborto. Hay que reconocer que la expresión no es la más precisa. Si se tratara de un uso académico, desde la Filosofía del Derecho habría que hablar de grupos pro-defensa-del-derecho-subjetivo-natural-de-la-persona-humana-inocente-a-la-conservación-de-la-vida-física. Premisa de la cual se sigue la oposición a la despenalización y legalización del aborto, entre otras cosas. Pero el sintagma que expresa esta premisa es largo y para abreviarlo se podría emplear una sigla tan disonante como DSNPHICVF... De manera que por una convención del lenguaje, lo razonable es usar pro-vida, hasta tanto se encuentre una expresión más precisa y eufónica.