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viernes, 2 de septiembre de 2016

Salir de la madriguera


"Hace unos años, más o menos por el año 2003, estaba yo culminando un largo período de estudios sobre la vida religiosa cuando de repente caí en la cuenta de que el curso tomado por la Iglesia era mucho peor de lo que por ese entonces nos hacían creer los escritores católicos “conservadores”. Ese fue el incómodo momento en el que comprendí a los llamados “tradicionalistas”, y aunque jamás luego quise volver atrás y des-conocer lo que ahora sé, ese conocimiento no vino sin un costo. Ya nunca podría des-conocer lo que ahora conozco.
Yo me inicié creyendo en la simplificación de la realidad del relato conservador, que sería más o menos así: en el Concilio y luego de él, había habido un grupo de prelados “liberales” que había tratado de “desviar” los documentos conciliares y la praxis subsiguiente para sus propios propósitos. Estos prelados habían tenido bastante éxito en su cometido y las cosas habían estado bastante complicadas hasta los 80s y 90s, particularmente por los malos Obispos bajo Paulo VI. Pero luego un Papa “conservador” los coartó “limpiando” los seminarios, y convocando nuevos Obispos (mayormente) “conservadores”. El intento de “apropiarse” de la Barca había fracasado en gran medida, y las cosas iban volviendo lentamente al cauce natural de la Iglesia. Había muchos signos de que este joven movimiento “conservador sería el futuro, especialmente por su difusión entre los seminaristas. Algunos Colegios católicos nuevos se autoidentificaban como “Ex corde ecclesiae” mientras las parroquias y algunas diócesis se deshacían de los bongós, las guitarras, los muñecos y los globos en las Misas…todo parecía retornar a la normalidad.
Sonaba bien.  Los Buenos ganaban. El problema es que no era verdad. Los cimientos de lo “normal”, es decir, de la Ortodoxia, eran un piso falso. La realidad era que bajo ese piso falso yacía un enorme edificio, una Iglesia perdida que había sido enterrada y casi olvidada y de la que era estrictamente prohibido hablar.  Pero, para peor, ese falso piso era movible.
Había que enfrentarlo: existía una enorme grieta en la Iglesia Católica, una división de proporciones tales que constituía un cisma de facto. Una nueva y falsa religión se estaba desarrollando dentro de todas las instituciones de la Iglesia,  como la toxina de una infección bacteriana que enferma al cuerpo, y nadie parecía notarlo. Había un cisma oculto, que nadie parecía corregir, anidando desde el final del Concilio. El Neo-modernismo había tenido éxito en reemplazar las auténticas enseñanzas católicas hasta el punto en que el sostenimiento de ciertas doctrinas de la fe o su profesión eran suficientes para expulsar a cualquiera de este “revival católico conservador”. El Neo-Modernismo se había convertido de hecho en el nuevo conservadorismo.
 Trece años son un largo tiempo y desde entonces, y particularmente en estos últimos tres años, las falsas categorías “conservador/liberal de este simplificado relato  se fueron volviendo rápidamente obsoletas. Las contradicciones ya son finalmente inevitables para una gran cantidad de católicos. Y no comenzó con Francisco. Juan Pablo II impulsó este largo declive cuando (por ejemplo) aprobó el uso de mujeres servidoras en la Misa, y una gran cantidad de estos “conservadores", que venían clamando por la restauración de la norma, se vieron repentinamente desbancados por su querido Papa “conservador”
Este golpe a la imagen cuidadosamente construida  de Juan Pablo II como ícono “conservador”, fue devastador para ellos y se quedaron sin poder explicar la realidad. Entonces tomaron la única solución posible, que fue redefinir la ortodoxia de manera tal que incluyese cualquier novedad teológica o disciplinaria que cualquier Papa decidiera instalar. La Papolatría, o  Positivismo Papal, como comenzamos a llamarlo, había nacido. La persona del Papa, el hombre mismo, devino en la nueva ortodoxia, una especie de oráculo semi-divino que nos traería la nueva o la antigua doctrina según el humor, directamente desde la boca del “Espíritu” susurrante en sus oídos. Las “monaguillas” estaban bien, y cualquiera que pidiera su abolición sería un extremista reaccionario, tradi radical, cismático...etc….
Pero había una cosa (realmente una gran área de confluencia) que mantenía a los católicos “conservadores” del mismo lado que a los “Tradis”:
Lentamente, el piso en que se afirmaban  estos “neocatólicos” comenzó a moverse, hasta que les quedó el último metro cuadrado que era la enseñanza de la Iglesia sobre la moral sexual. El relato decía que mientras que el Papa continuara defendiendo y manteniendo estas tesis, no importaba cuantos Coranes besara. Todo eso podía debatirse. El sexo, el matrimonio y los bebés serían  la última línea. El problema es que esta “última línea” había sido escrita con tiza en el piso falso. Y Francisco ha empezado a borrarla. La posición “católica conservadora” había estado a salvo en la zona demarcada, al menos hasta la aparición de la Amoris Laetitia.
Disgresión: (Irónicamente, quizás, este compromiso de la ortodoxia católica vinculándola exclusivamente con las enseñanzas de la Iglesia sobre la moral sexual ha significado tomar la línea de los medios de comunicación: la moral católica solamente trata sobre las “cuestiones pélvicas”. Ni un católico neocón ni el editor de temas religiosos del New York Times han escuchado jamás mencionar el Reinado Social de Cristo Rey. Este enorme espacio en blanco en el que solía estar la Religión Católica es la razón por la que los apologistas del Novus Ordo continúan diciendo que a ellos “les simpatizan los Tradicionalistas” siempre que sean de la clase de los que prefieren la Misa Antigua. Los otros, esos que se la pasan mencionando el Syllabus, son llamados “católicos reaccionarios radicales”, porque desafían el paradigma completo. La buena clase de tradicionalistas son esos de los que habla Francisco: un grupo mitológico a los que les ocurre ser “adictos” a una estética anterior. En cambio, los malos prefieren vivir en una Iglesia completamente diferente, en ese edificio en ruinas y enterrado del que se supone que nadie ha escuchado hablar jamás)
 Me llevó mucho tiempo de lecturas, de conversaciones, y de pensar y visitar y aprender para comprender todo esto, pero cuando lo hice fue como si hubiera salido de la Matrix. El universo católico no tenía nada que ver con lo que había creído hasta ese momento.
Hay ciertamente muchos llegados al tradicionalismo que preferirían no saber lo que ahora sabemos. Es terrible e implica saber que muchas puertas se cerrarán para siempre, especialmente con respecto al trabajo y la vocación. Eso es particularmente duro de soportar. Pero allí fue donde la evidencia me llevó: no era posible esquivar la realidad. Sólo cuenta lo Real, aún cuando eso signifique no tener jamás lo más ambicionado en la vida. Aún cuando eso signifique que la dirección que toma  la vida propia, y para siempre, no hubiera sido jamás la que se hubiera  elegido. Pero esa es la razón por la que entendemos qué es lo que está pasando.
Resumiendo, Francisco no es una extraña e inexplicable anomalía. Francisco es la conclusión lógica de lo que ha estado pasando en la Iglesia desde 1965. No es una sorpresa. No es “confuso”. Ciertamente no es una desviación del camino glorioso en el que la Iglesia ha transitado desde la finalización del Concilio. Él es la corporización de todo lo que ha venido pasando desde que la Iglesia abrió las ventanas y dejó entrar al mundo post-ilustrado para que dirigiera las cosas hacia la degradación moral e intelectual. Esto incluye su aparente inhabilidad (y la de sus amigos y seguidores) para entender por qué una contradicción en los términos es un sinsentido (cuando menciono la “degradación intelectual”, me refiero precisamente a eso: a la pérdida de la capacidad de emplear los principios básicos del pensamiento racional)
Todo esto (lo sigo sosteniendo) está bien. No es un desastre salvo que empecemos a (no) pensar de ese modo. Más aún, todo esto será algo bueno al final, desde que en el mismo Francisco podemos ver a qué grotesca parodia de la fe y de la racionalidad nos lleva este camino. Francisco no es meramente la personificación del vaticanosegundismo:  mientras él se mueve rodeado de un aurea de blasfemia y herejía, mientras se toma selfies, haciendo gala de su irracionalidad, lo cierto es que constituye una muestra educativa del Mal Ejemplo. Alguien que personifica tan perfectamente  lo que es un mal padre que sirve de saludable lección para los hijos.
Desde el primer día de este Pontificado, he venido diciendo que este es el despertador que la Iglesia estaba necesitando tan desesperadamente. Esto era tan evidente que terminado el Cónclave  lo primero que un viejo amigo ateo me dijo fue “Bueno….parece que el Papa Francisco es muy popular entre los que no son católicos, no?”
He mantenido que la Iglesia, sangrando por miles de pequeñas heridas, no hubiera podido sobrevivir a otro papa “coservador”. Juan Pablo II y Benedicto tenían todavía el capital de siglos para gastar, pero ya no queda nada y hay que empezar de cero. Francisco no solamente va a hacer eso posible, sino que no dejará otra alternativa para los creyentes. Y eso es bueno.  Resumiendo: este pontificado era exactamente lo que hacía falta para forzarnos  a los Católicos a re-aprender nuestra fe, para poder defenderla,  no sólo del Mundo sino también de una jerarquía impregnada y adicta a sus pecados intelectuales y carnales.
Así que (Alleluya!) los restos que quedan de los creyentes católicos comienzan a darse cuenta. Aún aquellos que fueron infectados por el positivismo papal que fue la norma bajo Juan Pablo II han comenzado a cuestionarse las panaceas del novusordismo, es decir de esa serie de supuestos tácitos sobre el Catolicismo, que en realidad estaban en directa contradicción con la fe de nuestros Padres".
Visto en:

lunes, 28 de marzo de 2016

Carta de un lector

La táctica de victimizarse para convertirse luego en victimario es muchas veces exitosa. 
En el mundo real existe la revisión por pares que los autores sensatos agradecen. En algunos ambientes, tal vez no se haga una lectura crítica por obsecuencia, temor reverencial, tempe-ramento, admiración, conmilitancia o amistad personal. Son motivaciones comprensibles. Pero no menos comprensible es la posición de quienes no abdican de su juicio crítico, porque piensan que es una deriva sectaria colocar a un escritor en el lugar de gurú incuestionable o de Duce que siempre tiene razón.
Publicamos hoy esta carta de un lector. Sin  abrir los comentarios, porque sobre este tema ya se ha dicho lo necesario y bastante más. Es momento de pasar página
Como algunos lectores están interesados en estos temas, trataremos de decir algo en entradas posteriores, pero de manera abstracta y sin personalizar.  

"Neoconismo caponnettiano"
Este neologismo compuesto da cuenta de un fenómeno que se ha manifestado con particular énfasis en estos últimos tiempos, con posterioridad a la difusión del anticipo en versión digital del libro del Dr. Héctor Hernández (H.H.) y la respuesta en forma de carta del Dr. Antonio Caponnetto (A.C.).
Hay una mentalidad que parece coincidir -es más, hasta identificarse- y es la de los más acérrimos seguidores, defensores y justificadores de A.C. y la de los miembros de los grupos neoconservadores ("neocones"). Una nota fundamental de estos grupos es colocar a la autoridad por sobre la verdad (como certeramente sentencia y resume un amigo) y una consecuencia natural es la generación sistemática de "círculos cuadrados", que van surgiendo al intentar dar una justificación a lo no justificable racionalmente.
En un caso, la autoridad cuyos pronunciamientos son siempre y en todo momento infalibles es -fundamentalmente, y en resumidas cuentas- el Papa, obispos y algunos otros como el superior, el director espiritual, etc. En el otro, el lugar del infalible, la "boca de la verdad" es ocupado por A.C.
No es admisible el error en sus pronunciamientos, sea una sentencia heterodoxa propiamente dicha o bien un error menor. No. Hay infalibilidad absoluta y los críticos parten de un sofisma, un engaño, una interpretación maliciosa. Aún los cuestionamientos respetuosos de los textos son vistos como actos de irreverencia y mala fe. Sin importar que los pronunciamientos sean confrontados con otros textos y se prueben errores e incoherencias. Las rebuscadas hermenéuticas estarán a la orden del día para justificar lo que sea, con tal de que no se cuestione la autoridad.
El pecado es disentir, el pecado es objetar. Quien lo hace, se aparta de la "comunión" del grupo, se convierte en cismático o filo-cismático.
En definitiva, para el neoconismo, sea eclesial o en su muy actual vertiente caponnettiana, la autoridad fabrica y expresa la verdad, olvidándose que es su deber servirla.


lunes, 11 de enero de 2016

Dios no es un mercachifle

Pablo Gines, autor del artículo.
No es la primera vez que encontramos en ReL, una web neoconservadora, un artículo de este tenor. Que parece un intento de hacer “teología de la prosperidad” con barniz católico.
Ha muerto el 5 de enero, con 87 años, el millonario galés Albert Gubay. En 2010, creó una fundación en la Isla de Man con 470 millones de libras esterlinas y el encargo de dedicar los beneficios anuales (unos 20 millones al año) a beneficiencia, especificando que la mitad de ese dinero anual debía emplearse en obras señaladas por la Iglesia Católica y la otra mitad a obras caritativas que decidiesen los patronos.
Gubay se quedó con 10 millones de libras para sus últimos años de ancianidad, dejando que el resto generase buenas obras. 
Padre judío, madre irlandesa católica
Gubay nació en 1928 en Rhyl, Gales, en una familia humilde. Su padre era un judío iraquí y su madre una católica irlandesa. Ya millonario y anciano, explicó en una entrevista que su padre era blando con sus dos hermanas y muy duro con él, y que le hacía trabajar en su tienda al salir del colegio, cada día, y también todo el fin de semana. 
Desarrolló los hábitos de un trabajadicto austero. Los periodistas de la BBC, cuando le entrevistaban, señalaban como ejemplo que este millonario usaba una sola bolsita de té para dos tazas, y que él mismo decía: "¿para qué desperdiciar si con una basta?"

Mucha suerte, recortar gastos y Dios
Cuando le preguntaban por las recetas de su éxito, respondía que se debía a "mucha suerte" y a una serie de reglas para recortar gastos. Y también a un pacto que hizo con Dios siendo un joven sin dinero y con una familia que mantener. Explicó en 1997 a la televisión irlandesa que le dijo a Dios: "Hazme millonario y quédate con la mitad del dinero". Cuando llegó la riqueza siempre lo recordó y fue generoso en sus obras de beneficiencia. Al final, como hemos visto, entregó mucho más que la mitad al crear su fundación. 
Empezó su carrera vendiendo caramelos sin azúcar al acabar la Segunda Guerra Mundial,cuando el azúcar estaba racionado y la confitería era muy limitada. En 1965 creó su primer supermercado barato Kwik Save, que se convirtió en una cadena, la cual vendió por 14 millones de libras en 1973. 
Luego, recuperándose de un accidente, se le ocurrió crear una cadena de gimnasios, Total Fitness, que llegó a tener 21 locales en Irlanda y el noroeste de Inglaterra, y 150.000 clientes. Vendió la cadena en 2004 por 70 millones de libras. El resto de su negocio fue financiero y de compra de propiedades. 
La Isla de Man: leyes peculiares en fisco y prensa
Se estableció en la Isla de Man, una isla con leyes y gobierno propio a mitad de camino entre Irlanda y Gran Bretaña, 33 millas de largo, 13 millas de ancho, 76.000 habitantes yun régimen fiscal más que especial. Hubo cierta ocasión en que se enfadó con la Administración local y amenazó con irse a Suiza pero enseguida se esforzaron en aplacarlo. En 2004 un periodista satírico en una web de la isla lo acusó de negocios turbios (sin pruebas) y Gubay lo acosó judicialmente aprovechando las leyes más que antiguas de Isla de Man que no protegen a los periodistas como en Inglaterra y que establecen medidas draconianas para castigar el "libelo". 
Cuando creó el fondo benéfico de 2010 anunció que esperaba que muchos filántropos internacionales se fijasen en los beneficios legales de crear este tipo de fundaciones y disposiciones desde la Isla de Man.
Financiar iglesias y peregrinaciones a Lourdes
Antes de crear su millonario fondo benéfico de 2010, ya era generoso en muchas acciones, de las que se han divulgado unas pocas. 
Por ejemplo, pagó la ampliación de la parroquia de Our Lady of Nativity en Leixlip, Irlanda, en memoria de su madre, que era del lugar. Y financió el santuario de San Antonio en Isla de Man, con un gran viacrucis, reforzando además su gruta del estilo de Lourdes. 
Pagaba la peregrinación anual del clero de la diócesis de Liverpool al santuario de Lourdes en Francia, y ayudaba al mantenimiento de muchas iglesias en esta diócesis. 
En Isla de Man creó con el gobierno local un sistema de becas para enviar estudiantes de la isla a las mejores universidades del mundo, y también para mantener los estudios de los jóvenes deportistas más prometedores.
Caballero pontificio
Gubay acudía a pocos eventos sociales, pero el 23 de febrero de 2011 hizo una excepción para ser investido Caballero Comandante con Estrella de la Orden de San Gregorio Magno,por designación del Papa Benedicto XVI y de manos del arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, una condecoración pontificia que ostentan muy pocas personas. 
Gubay falleció el 5 de enero, pero su fundación seguirá dedicando esos 20 millones de libras anuales a beneficiencia. En el Santuario de San Antonio, en Oncham, Isla de Man, una vidriera de Cristo caminando sobre la Bahía de Douglas que él encargó se ha convertido en un punto de interés local.
Visto en:

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Blowback

Los neoconservadores (políticos) se indignan cuando algunos afirman que el intervencionismo militar norteamericano, pasado y presente, es factor de hostilidad en el mundo musulmán, facilita el reclutamiento de terroristas por parte de organizaciones como Al Qaeda o Isis, y puede contribuir a la comisión de atentados en las naciones de Occidente. La palabra “blowback” (tiro por la culata), acuñada por la CIA para uso interno, ahora es bastante común en el campo relaciones internacionales. Se refiere a las repercusiones no buscadas de políticas clandestinas por lo general, que no son de público conocimiento. El “blowback” es uno de los factores del terrorismo. Hacerlo explícito no implica, como es lógico, justificar o excusar a unos asesinos salvajes.

Financiamiento opaco o Blowback
¿Cómo es que una organización como EI [Estado Islámico], que reniega de la modernidad y sus avances de todo tipo, puede llegar a tener los alcances presentes? En este punto se abre una tangente que suele ser ocultada por gran parte de los medios de información masivos. El Estado Islámico de Iraq y Siria no se trata de un grupo que tomó por sorpresa a EEUU y sus aliados en la región. Se trata de una realidad mucho más compleja que esa visión naive.
El ascenso relámpago del EI, en gran parte, es la consecuencia de una estrategia con largo historial sostenida por Estados Unidos y sus aliados en la región (las monarquías salafistas árabes) que consiste en financiar secretamente grupos de este tipo para desestabilizar gobiernos que no están alineados con las pretensiones del establishment económico y militar estadounidense ni de sus socios sobre recursos naturales tan preciados y rentables como el petróleo o el gas.
Esta política de “dividir para reinar” ha proliferado en la región del medio oriente y el Magreb durante el desarrollo de la llamada “primavera árabe”, EEUU, a través de la OTAN, así como las monarquías de Arabia Saudita y Qatar y el Estado turco se han servido de la región como un tablero de ajedrez, provocando injerencias continuas en los sucesivos estallidos sociales que han tenido lugar en Egipto, Libia, Siria. Iraq, por supuesto, no ha sido ninguna excepción. La intervención ha sido indirecta por medio financiamiento a grupos de fundamentalistas yihadistas a través de petrodólares. Entre esos grupos se encuentra el EI.  (4)
Las monarquías como Arabia Saudita y Qatar son fundamentales en este esquema. Llevando a cabo un juego de doble rasero que los beneficia. Exportan fanáticos a otros países para que no causen problemas en casa. Estos difunden su visión yihadista, compatible con el salafismo institucionalizado de esas naciones absolutistas, en países de la región donde no predomina esa postura. Así como también los financia a través de dinero, recursos y armas. (5)
Lo que sucede con esta dinámica es que, durante la última década ha escapado del control estadounidense. Estos grupos utilizan el financiamiento mencionado para sus propios planes de reducir la influencia estadounidense y occidental en la región, aunque sin tocar a sus mentores monárquicos. Ya sucedió con Al-Qaeda, ahora sucede con EI. Que rompió las alianzas mantenidas con gran parte del arco de grupos fundamentalistas a causa de divisiones que responden a las ambivalentes relaciones entre Arabia Saudita y Qatar. Quienes siguen sus propios juegos de poder en la región. La actual postura en contra de los saudíes hacia el Estado Islámico es una señal elocuente de que este grupo es financiado en forma opaca por la monarquía qatarí.
El Gobierno de EEUU, luego de mantener una postura pasiva de apoyo indirecto a los grupos fundamentalistas que tomaron el poder en Libia y la resistencia en Siria, ha enviado fuerzas militares nuevamente a Iraq ante la avanzada del Estado Islámico de Iraq y Siria sobre recursos estratégicos que amenazan intereses estadounidenses en ese país.
Visto en:

lunes, 23 de febrero de 2015

Gallofas peperas


Por Juan Manuel de Prada
¡Ay, los sacrificios que los peperos tienen que hacer por esos ultracatólicos casposos!
GALLOFA se llamaba en la literatura clásica al hueso roído o mendrugo de pan mohoso o troncho de berza podrida que se entregaba al mendigo a modo de desmayada limosna. Y, más que entregarse, se arrojaba desde cierta distancia, pues no convenía acercarse en demasía al mendigo, que tal vez escondiera entre los harapos alguna buba o escrófula purulenta. De este modo, a la vez que acallaba su mala conciencia, el reticente benefactor evitaba el contagio.
A modo de gallofa, el Gobierno pepero ha arrojado a su electorado más zombi el hueso roído de una grotesca restricción que impediría a las menores de edad abortar sin el consentimiento de sus papaítos. Lo ha hecho, además, de la forma más desganada posible, disimulando a duras penas el tedio y la repugnancia que le provoca ese electorado zombi (¡ultracatólicos casposos!) al que, de buena gana, mandaría a tomar por retambufa; pero al que tiene que seguir camelando y dando pomada, para evitar desgarros. Además, esta vez el Gobierno no se ha conformado con arrojar la gallofa guardando una distancia prudencial por temor al contagio, sino que ha mandado como recaderos a sus diputados, pues la gallofa estaba tan podre que temía que su fetidez se le quedase prendida indeleblemente de las ropas, impidiéndole luego desenvolverse en sociedad y pavonearse ante su electorado más molón y moderno. ¡Ay, los sacrificios que los peperos tienen que hacer por esos ultracatólicos casposos! Y encima, los muy ingratos, no se los agradecen; y hasta hay algunos que, hartos de gallofas tan podres, ni siquiera doblan el espinazo para recogerlas. ¿Dónde se ha visto tamaña desfachatez?
Pero, aunque esos ingratos no recojan los huesos roídos y mendrugos mohosos que les arrojan, los peperos podrán caminar con la cabeza bien alta. Pues nadie podrá acusarlos de no haber cumplido con su papel, que no era otro sino engañar a su electorado más zombi, haciéndole creer que iban a derogar la ley del Aborto, cuando de lo que se trataba era de consolidarla, según la misión que Balmes dixit la dinámica revolucionaria ha asignado a los partidos conservadores, que no es otra sino «conservar» los intereses creados de la revolución. A la revolución del mundialismo le interesaba mucho que los peperos arrojasen esta última gallofa podre a su electorado más zombi, por una razón bien sencilla: una ley que permite abortar alegremente a las menores puede resultar demasiado brutal para las conciencias farisaicas; en cambio, una ley que exige a las menores consentimiento de los papaítos, además de tranquilizar las conciencias farisaicas, refuerza la consideración del aborto como acto de disposición de la voluntad, que sólo exige para poder realizarse plena capacidad legal o, en su defecto, una autorización de los papaítos que la supla, como comprarse un piso o abrir una cuenta bancaria. Mediante esta gallofa, se contribuye a la normalización del aborto como «derecho civil» y al eclipse de la conciencia, que ya no es capaz de enjuiciar la naturaleza criminal del aborto, sino que se conforma con imponer grotescos requisitos de capacidad legal a la mujer que lo perpetra; consecuencia inevitable de considerar el aborto una «tragedia para la mujer» (como tanto gustan de repetir los zombis), en lugar de un crimen contra la vida más inerme. La revolución mundialista no podrá decir que los peperos no han cumplido con ardor la misión que les ha sido asignada.
Quejarse ahora de que la gallofa está podre es como llorar ante la leche derramada. ¡Conque a doblar el espinazo y a recogerla agradecidamente, leñe, que las elecciones están a la vuelta de la esquina y vienen los podemonios!

jueves, 6 de noviembre de 2014

Al obispo "chantinga"


Las recientes noticias sobre disposiciones episcopales con amenazas de “excomunión” para los fieles que piden sacramentos a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X merecen un análisis a la luz del Derecho Canónico. Ofrecemos hoy nuestra traducción de la nota de un especialista, publicada por la bitácora Rorate Coeli. Esperamos que el obispo Oscar Sarlinga recapacite y deje sin efecto una norma que es propia de un "chanta".
A la luz del dictamen canónico de nuestro Capellán Nacional y Asesor Canónico, Mons. Gordon Lee, la Latin Mass Society desea aclarar algunos principios canónicos en relación con las recientes declaraciones del obispo Semeraro de Albano, Italia, y el obispo Sarlinga, de Zárate-Campana en Argentina, no sea que los malentendidos se extiendan a otras diócesis del mundo.
1. Basar un argumento canónico en el supuesto de que la Sociedad de San Pío X (SSPX) no tiene ningún estatus canónico en la Iglesia, y que sus sacerdotes se encuntran suspendidos después de la ordenación sin letras dimisorias, no tiene como consecuencia que el pedir los sacramentos sea un acto de cisma formal por parte de los fieles laicos.
a. Tal conclusión, entra en conflicto con el levantamiento de la excomunión de los obispos de la Fraternidad San Pío X realizada por el Papa Benedicto XVI en 2009: sería incongruente que el legislador levantara la excomunión a los obispos y la impusiera o mantuviera para los fieles laicos a quienes estos administran los sacramentos.
b. También entra en conflicto con lo dispuesto en el Derecho canónico sobre los efectos de la suspensión o excomunión de un sacerdote, que se levantan cuando alguien se acerca al sacerdote sujeto a la pena a fin de recibir un sacramento (canon 1335)*.
2. Sólo se puede incurrir en excomunión por adhesión al cisma cuando hay tanto una intención cismática como un acto externo (canon 1321).
a. Está claro, pues, que no se incurre en excomunión por quienes piden los sacramentos a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, sin una intención cismática.
b. Si un fiel incurre en excomunión por una intención cismática, esto es un asunto del foro interno (el confesionario), y no del foro externo público.
c. Los menores de dieciséis años no pueden en ningún caso incurrir en dicha pena (canon 1323.1); esto se aplica a los menores de esta edad que recibieron el bautismo o la confirmación.
3. La actitud de la Santa Sede siempre ha sido que los fieles laicos que reciben los sacramentos de sacerdotes de la Fraternidad San Pío X no están excomulgados. Ejemplos son los siguientes:
a. En 1991, el obispo Joseph Ferrario de Honolulu declaró que seis laicos católicos fueron excomulgados por cisma en razón de haber recibido la confirmación de un parte de un obispo Fraternidad San Pío X. Estos apelaron a la Santa Sede que, a través del cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, declaró que el decreto era inválido, debido a que la acción, aunque censurable, no constituía cisma.
b. El 5 de septiembre de 2005, la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, afirmó que "los fieles que asisten a las misas de la Fraternidad antes mencionada no están excomulgados, y los sacerdotes que los celebran tampoco lo están, aunque que los segundos están, de hecho, suspendidos" (Protocolo n.55 / 2005, firmado por el entonces Secretario de la PCED, monseñor Camille Perl).
c. El 27 de septiembre de 2002 –citando y reafirmando lo mismo el 18 de enero de 2003- la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, declaró que "en el sentido estricto puede cumplir con su obligación dominical asistiendo a una misa celebrada por un sacerdote de la Sociedad de San Pío X" (Cartas firmadas por Monseñor Camille Perl).

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* N. de T.: “Si la censura prohíbe celebrar los sacramentos o sacramentales, o realizar actos de régimen, la prohibición queda suspendida cuantas veces sea necesario para atender a los fieles en peligro de muerte; y, si la censura latae sententiae no ha sido declarada, se suspende también la prohibición cuantas veces un fiel pide un sacramento o sacramental o un acto de régimen; y es lícito pedirlos por cualquier causa justa”.

Tomado y traducido de:


domingo, 5 de octubre de 2014

El Papa y su potestad


En la bitácora de Wanderer se ha publicado una entrada sobre la potestad del papa y sus límites. Aunque el fenómeno de hipertrofia de la potestad del Romano Pontífice tiene una larga historia, en el presente, a impulsos del entusiasmo francisquista, adquiere dimensiones pocas veces vistas en la Historia. Conviene, por tanto, recordar la naturaleza de la potestad del Papa y también sus límites, pues no se trata de un poder "absoluto". Reproducimos en esta entrada unas páginas de un canonista del Opus Dei, difícilmente tachable de "filolefebrismo", que pueden contribuir a clarificar un poco más el tema. En cuanto a los límites de la potestad pontificia, el autor enuncia principios generales pero no desciende a sus aplicaciones concretas. Hemos introducido al texto dos notas para matizar algunas afirmaciones de Hervada. 


LA POTESTAD DEL PAPA. Según el c. 331 el Romano Pontífice tiene «potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede ejercer siempre libremente».
a) Se dice que tiene potestad ordinaria y propia, porque la posee en virtud del oficio; siendo este oficio de derecho divino, el Papa adquiere su potestad directamente de Cristo, no por delegación de la Iglesia, de los fieles o del Colegio episcopal.
b) Por ser suprema la potestad del Papa, no la hay superior, por lo que no cabe apelación ni recurso a otra autoridad —tampoco al Concilio ecuménico— contra una sentencia o mandato del Papa (c.333, § 3). El Romano Pontífice por ninguna autoridad es juzgado, sino sólo por Dios («Sancta Sedes a nemine iudicatur»). El Papa es el supremo Prelado —Pastor con jurisdicción—, ejerce la suprema vigilancia —por sí y por sus legados— y es el supremo juez.
c) La potestad del Papa recibe el apelativo de plena, porque abarca todas las materias propias de la potestad eclesiástica, tanto de fuero externo como interno; incluye tanto lo que pertenece a la fe y a las costumbres, como lo propio de la disciplina y el régimen de las personas y de la Iglesia en general. Esta plenitud lleva consigo la infalibilidad magisterial [1], como la indefectibilidad en lo que atañe a la disciplina y al régimen (esto es, que las leyes y normas generales, sin ser necesariamente las mejores, no contienen nada que redunde en daño grave para la Iglesia)[2].
d) Por inmediata se quiere afirmar que la potestad del Papa no es sólo potestad sobre la Iglesia en cuanto cuerpo social, sino que también se ejerce sobre cada uno de los fieles, sobre cada una de las Iglesias particulares y sus agrupaciones y sobre todos y cada uno de los Pastores (cfr. c. 333, § 1).
e) Se entiende por universal dos cosas. Extensivamente es universal porque se extiende a toda la Iglesia. Intensivamente se dice universal porque abarca todos los asuntos posibles.
f) De la potestad del Papa se dice también que es vere episcopalis. Por tal se entiende, por un lado, que no se trata de un oficio no episcopal —de naturaleza distinta— sino del primado de un obispo sobre toda la Iglesia, tal como antes dijimos; el Papa es un obispo con potestad suprema, plena, inmediata y universal sobre toda la Iglesia. Por ello recibe el nombre de Obispo universal u Obispo de toda la Iglesia. Por otro lado, se dice que es vere episcopalis, porque, al extenderse a toda la Iglesia con las características de universal, inmediata y plena, el Papa puede intervenir en el gobierno de una diócesis y suplir al obispo.
g) Por último, dícese de la potestad del Papa que es libre. Esto es, el Papa puede ejercerla siempre y en todo lugar con independencia de cualquier autoridad eclesiástica o civil. No está sujeto al consentimiento de ningún órgano, concilio o persona.
LÍMITES DE LA POTESTAD DEL PAPA. La potestad del Papa no es ilimitada; está circunscrita por ciertos límites. De entre éstos, deben distinguirse los límites para la validez de los límites para la licitud.
Son límites para la validez: a) el derecho natural; b) el derecho divino positivo; y c) la naturaleza y el fin de la Iglesia.
Es obvio que el Papa no puede ir contra el derecho divino, natural o positivo. El derecho divino pertenece tan sólo a Dios y a él está sujeta toda potestad humana; también lo está la del Papa, que, habiendo recibido la potestad directamente de Cristo y siendo ésta teológicamente vicaria, nada puede contra lo establecido por Cristo. En cambio, tiene concedidos algunos poderes —la potestad llamada vicaria— en relación a materias de derecho divino: dispensa de votos y juramento, disolución del matrimonio rato y no consumado, etc.
Dentro del derecho divino merecen especial mención la institución del episcopado y los derechos fundamentales de los fieles. El Papa debe ejercer su plenitudo potestatis de modo que quede íntegra la función de los obispos en su diócesis y la colegialidad episcopal.
Como dice el c. 333, § 2: «Al ejercer su oficio de Pastor supremo de la Iglesia, el Romano Pontífice se halla siempre unido por la comunión con los demás obispos e incluso con toda la Iglesia; a él compete, sin embargo, el derecho de determinar el modo, personal o colegial, de ejercer ese oficio, según las necesidades de la Iglesia».
Asimismo, por ser de derecho divino, el Papa debe respetar los derechos fundamentales de los fieles, cuya lesión constituiría una extralimitación que podría afectar incluso a la validez de los actos pontificios.
También es requisito de validez ceñirse a los asuntos propios de la Iglesia. No tiene el Papa potestad en las materias seculares —salvo lo que se refiere a su dimensión moral— en las que la Iglesia —y por lo tanto el Papa— es incompetente.
Respecto de la licitud, son requisitos de ejercicio de la potestad pontificia: a) la prudencia, que es la principal virtud del gobernante; y en concreto la prudencia pastoral; b) el deber de obrar para la edificación de la Iglesia y de las almas y no para su destrucción.
Se suelen señalar también dos límites de hecho. Por un lado, el espíritu de mansedumbre que Cristo prescribió a los Apóstoles y la índole de los tiempos (requisito este último que se integra en la prudencia pastoral). Al espíritu de mansedumbre se oponen la prepotencia y el avasallamiento, pero no la energía ni la valentía para oponerse a los abusos; ambas son virtudes excelentes del Pastor. Asimismo, la índole de los tiempos exige una acomodación a los signos de los tiempos y al estado de las almas, de modo que se podría quebrantar la prudencia pastoral si se produjese la llamada iniuria temporum.
Pero esto no significa allanarse a los vicios o desviaciones de los tiempos; por el contrario, es tarea del buen Pastor combatirlos.
CONTENIDO DE LA POTESTAD DEL PAPA. El conjunto de materias que están reservadas al Papa —el contenido de su potestad— recibe el nombre genérico de causas mayores. De entre ellas, unas son permanentes y otras son variables.
Son permanentes aquellos asuntos que por su naturaleza competen al Papa necesariamente: 1.º Los que pertenecen a la unidad de la fe y, entre ellos, los que postulan la infalibilidad que es prerrogativa personal e incomunicable. En tal sentido corresponden al Papa, las definiciones dogmáticas, la declaración de doctrinas que han de tenerse como definitivas, la condenación de las herejías, la vigilancia en toda la Iglesia, etc. 2.º Los que atañen a su condición de supremo Pastor: dar leyes universales, derogarlas, abrogarlas y dispensarlas, convocar y presidir los Concilios ecuménicos, la función de juez supremo, etc. 3.º Los referentes a la unidad de culto: ordenación de la sagrada liturgia, fijación de los elementos esenciales de los sacramentos salva illius substantia, etc.
Son variables aquellos asuntos que por su naturaleza caen también bajo la potestad de los obispos diocesanos u otros prelados (patriarcas, primados, arzobispos, etc.), pero que el Papa se reserva para sí. El número de estas causas depende de la prudencia del Papa y de la índole de los tiempos, de modo que puede haber una mayor o menor centralización.
Tomado de:
Hervada, J. ELEMENTOS DE DERECHO CONSTITUCIONAL CANÓNICO. 2ª ed., pp. 263 y ss.
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[1] N.de.R: ver aquí
[2] N. de R.: ver, aquí


jueves, 2 de octubre de 2014

El derecho a la vida y el meapilismo pepero


En una web de información, análisis y opinión, encontramos un artículo un tanto polémico. El autor parece escandalizarse por expresiones como: «la defensa a ultranza del derecho a la vida es simple y llanamente ideología»; «sólo existe una verdad católica absoluta: "tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo unigénito para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16)»; «las demás verdades -incluida la vida y el derecho a la vida- son relativas. Esta es la única manera de evitar que los creyentes caigan en el fundamentalismo, sea éste del signo que sea». El problema radica en que estas expresiones, aunque podrían formularse mejor, no son erróneas. Porque el derecho a la vida –en rigor, el derecho a la conservación de la vida física- no es un derecho absoluto, sino que se subordina a otros bienes de índole superior. Otra cosa es que a partir de estas expresiones se quiera anestesiar las conciencias del «meapilismo pepero»* o defender tópicos del liberal-catolicismo, lo que sí nos parece criticable.
La lucha por la defensa de la vida humana inocente, y en consecuencia contra el crimen del aborto, es un objetivo social noble para todo cristiano. Pero la absolutización del derecho a la vida no es compatible con una filosofía cristiana del Derecho y puede convertirse en ideología «vitalista» y burguesa.
Ofrecemos hoy unas páginas de una obra de divulgación que pueden contribuir a poner las cosas en su justo lugar.
4. La vida no es el valor más alto.
(Ni el derecho al respeto a la vida el derecho supremo)
Pero esta exaltación del valor sagrado de la vida no debe reducir la moral católica a la moral burguesa, sin horizonte supra-temporal y trascendente, que termina haciendo en la práctica, muchas veces, precisamente de la vida el valor más alto. Esto se liga también a la concepción hedonista: la vida está para gozarla; la dignidad del hombre consiste en que puede "gozar los derechos", y no gozaría ningún derecho si no tuviera la vida, etc. Sobre esto recomiendo la lectura directa de Veritatis Splendor, a partir de n° 89, p. 136 (v. 2a. parte, preg. n° 20).
Precisamente, como consecuencia de la existencia de actos intrínsecamente malos que por nada del mundo se pueden realizar, aparece la necesidad de "dar la vida" (y si se da la vida quiere decir que preservar la propia vida no es el valor moral más alto), como alternativa normal del cristiano, antes que realizar aquellos actos (VS, n° 90, p. 138). De ahí que el Papa (repito, en la encíclica anterior, VS), comience allí la apología del martirio (pp. 139 y ss.):
Trae los ejemplos de Susana, "es mejor para mí caer en vuestras manos [morir dilapidada]... que pecar delante del Señor" (Libro de Daniel, 13, 22); Juan el Bautista (muerto por el tirano al denunciarle su adulterio -Marcos, 6, 17-19); Esteban (Hechos, 7, 60); Apóstol Santiago, Hechos, 12, 1); Juan Nepomuceno y María Goretti, que "prefirieron la muerte antes que cometer un solo pecado mortal: traicionar el secreto de confesión o fornicar, respectivamente. "...El amor implica obligatoriamente el respeto de sus mandamientos, incluso en las circunstancias más graves, y el rechazo a traicionarlos, aunque fuera con la intención de salvar la propia vida'' (p. 140/1). Sigue nombrando mártires, que son verdaderamente modelos y no grandes insensatos: Ignacio de Antioquía (p. 141). En esta doctrina se continúa la enseñanza del propio pagano Juvenal: "Considera el mayor crimen preferir la supervivencia al pudor y, por amor de la vida, perder el sentido del vivir" (p. 143).
5. Una pequeña reflexión sobre esto
A la luz de lo que decimos, júzguese cómo tenemos que reaccionar cuando en el almacén, en el café, en el trabajo, en la calle, en la escuela, en los medios de educación, se dice: "lo principal es la salud"; "lo peor es la muerte", etc... Eso no es cristiano. Ni es verdadero.
Santo Tomás justifica la muerte del ciudadano por su república, en cuyo caso, si su conducta es referida a Dios, estamos ante un verdadero mártir: II-II, 124, 5, ad 3 [El bien de la república es el principal entre los bienes humanos. Pero el bien divino, que es la causa propia del martirio, está por encima del bien humano. Sin embargo, como el bien humano puede convertirse en divino si lo referimos a Dios, cualquier bien humano puede ser causa del martirio en cuanto referido a Dios.] 
Francisco de Vitoria enseñaba: "Como dicen los mejores filósofos el varón fuerte debiera sacrificar su vida por la república, aunque después de esta vida no hubiera ninguna felicidad" (De la Potestad de la Iglesia, I, q. V, n° 29, p. 302 ed. BAC, versión Urdánoz). 
Fuente:
Hernández, H. «Valor sagrado de la vida y “cultura de la muerte”. (Contenido y significado de dos recientes encíclicas)», en AA.VV. Valor de la vida. Cultura de la muerte, 2ª Ed., CENTOLIAR, Santa Fe (Argentina), 1998, ps. 61 y ss.


* P.S.: sobre este tema hemos incluido un enlace a un artículo de Juan Manuel de Prada que vale la pena leer.  También resulta interesante la entrevista que puede leerse aquí.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Hiperinflación conciliar

No existe una lista oficial y definitiva de los concilios ecuménicos. Por lo general, se aceptan veintiún concilios incluyendo al Vaticano II.
En una interesante entrada de la bitácora Wanderer, se describe un fenómeno eclesial moderno:
“Si tomamos el Denzinger, los primeros trece siglos de la Iglesia, vgr. hasta la muerte de Santo Tomás, sólo cubren un quinto del total de las intervenciones del Magisterio. Y podemos seguir añadiendo datos significativos: la palabra Magisterium no aparece en el Concilio de Trento. La noción comienza a tomar forma a partir de Stapleton a fines de siglo XVI y sobre todo en los tratados del siglo XVIII: Mayr, Gotti y Billuart. En este sentido, el fenómeno puede describirse como un progresivo incremento de la cantidad de documentos magisteriales.”
Este fenómeno moderno se ha dado en llamar inflación magisterial. Se verifica en el magisterio pontificio especialmente a partir de Gregorio XVI. Pero también en el análisis cuantitativo de los concilios ecuménicos. En general, la tendencia ha sido pasar de los breves cánones de los concilios antiguos y medievales a documentos más extensos de género literario expositivo. El Concilio de Trento marcó un hito en la tendencia al crecimiento cuantitativo, al superar las 5 mil líneas de documentación aprobada. El Vaticano I fue más breve que el tridentino, pero recordemos que este concilio fue suspendido por Pío IX. El siguiente cuadro proporciona los datos cuantitativos (líneas de documentación aprobada) de todos los concilios ecuménicos:

La inflación magisterial también se manifestó en el Vaticano II. Puede observarse en el siguiente gráfico comparativo:


El Vaticano II equivale al 47,6 % del total del magisterio conciliar ecuménico precedente. Siguiendo con la analogía monetaria, deberíamos decir que el último concilio representa un período de hiperinflación magisterial: se produjo en tres años casi la misma cantidad de textos que la mitad de todos los concilios celebrados durante diecinueve siglos. Autores ajenos al tradicionalismo no dejan de reconocer que el último concilio tiene textos de tipo «genérico y vago» (Bassett), con «lagunas y ambigüedades» (Walf); lo cual, a nuestro entender, ha contribuido no poco a generar la presente crisis eclesial. Cantidad no es sinónimo de calidad.

sábado, 26 de julio de 2014

En lo opinable, libertad

En la Iglesia existe un ámbito de lo teológicamente opinable que es objeto de libre discusión. Aquí vale la expresión atribuida a san Agustín: In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas. Corresponde a un amplio conjunto de sentencias que los teólogos catalogan con notas tales como: más común, comunísima, más probable, probable, etc. El asentimiento a una u otra sentencia es facultativo.  El disenso es legítimo y no puede aplicarse censura teológica alguna, siquiera la de temeridad. Disentir en estas materias no constituye de suyo pecado, ni delito, sino legítimo ejercicio de un derecho. La pluralidad de opiniones distintas en este ámbito constituye una riqueza de la Iglesia, que no es un sistema totalitario.
Reconocer el ámbito de lo teológicamente opinable puede ser especulativamente difícil, por efecto de una herencia intelectual ultramontana que empacha de certezas. El afecto desordenado por las certezas, en ámbitos que no las consienten, mata la acribia teológica y transforma a una ciencia -que además de certezas, también emplea probabilidades- en ideología. Podemos ver ejemplos de no reconocimiento de la esfera de lo opinable en nuestras entradas sobre el sedevacantismo, el integrismo y el neoconservadurismo eclesial.
En la práctica, el respeto por la libertad de discusión en materias teológicas opinables depende del ejercicio de varias virtudes. Y como muchas veces nos falta virtud, podemos cometer errores e injusticias, tachando de heterodoxas a opiniones legítimas; y todo ello bajo apariencia de “sí, sí; no, no” evangélico. No podemos arrojar la primera piedra.
Ofrecemos hoy nuestra traducción del capítulo IX de una libro de Sisto Cartechini, (DALL’OPINIONE AL DOMMA. VALORE DELLE NOTE TEOLOGICHE) que puede servir de introducción al tema. 
DE LA PROPOSICIÓN PROBABLE.
Una proposición se dice probable cuando se apoya sobre un motivo no del todo seguro pero bastante grave; tanto de modo absoluto, considerado en sí mismo, cuanto de modo relativo, si se compara con las razones de la sentencia opuesta. Por tanto una tesis probable también podría también ser falsa por sí; y si una tesis es solamente probable no se puede decir que la contradictoria sea ciertamente falsa.
Así también puede ocurrir que una opinión prudente sea de hecho errónea y que una opinión en apariencia imprudente sea de hecho verdadera. Dado que, en efecto, se trata de opinión, uno no puede estar nunca cierto de la verdad.
Ahora, también la Iglesia tiene sus opiniones, y no admite todo como si fuera de fe católica. ¿Acaso no hubo en los primeros siglos una opinión prudente sobre la inminencia de la Parusía? Sin embargo fue falsa. ¿No sostuvieron muchos, como sentencia probable, que fuera necesaria la Eucaristía por la salvación eterna de los infantes? Lo que fue falso.
Así también en siglos pasados hubo opiniones verdaderamente extrañas acerca de las obsesiones y la naturaleza de la extensión del acto demoníaco.
Por lo cual se ve cuan importante es darse cuenta de la nota teológica; porque, si aceptamos una tesis que creemos ser cierta e ignoramos que en cambio es sólo probable, nos exponemos al peligro de tener que revisar luego nuestra sentencia.
Está claro que cesa toda probabilidad de una proposición cuando la verdad de la opuesta se hace evidente por argumentos ciertos.
Y la probabilidad de una sentencia se acrecienta más que por la cantidad de argumentos por el peso de estos. Pero puede ocurrir que, aunque falte la evidencia de algo, se puedan aducir muchas y tan graves razones probables que, tomadas en conjunto, basten para demostrar que la sentencia es completamente cierta; de otro modo no se podría dar una razón suficiente de tantos motivos diversos y convergentes hacia un sólo punto. En esto consiste lo que se llama convergencia de las probabilidades.
El ser una sentencia más probable no impide que la sentencia opuesta también permanezca como probable. También puede darse el caso de dos proposiciones contradictorias que sean igualmente probables; por lo cual se puede dar la misma adhesión a una proposición y al mismo tiempo creer en la opuesta como realmente probable. Puede, en efecto, ocurrir que por la una y por la otra se den razones que, si se toman separadamente y de modo absoluto, sean graves; pero tomadas en conjunto, no siendo ciertas, no den la seguridad que decide el asentimiento de la inteligencia. También consta por experiencia que muchas proposiciones, opuestas de modo contradictorio, condujeron a sentencias opuestas a hombres sapientísimos. Así ha ocurrido sobre la predestinación antes o después de la previsión de los méritos, sobre la causa instrumental de la creación, sobre de la naturaleza del pecado original, sobre la naturaleza o esencia de la beatitud.
Aún más: alguien podría tener la opinión que una proposición sea verdadera y al mismo tiempo creer probable otra opuesta; al contrario, podría como opinión tener a una proposición por verdadera, teniendo graves y sólidas razones, y al mismo tiempo juzgar la opuesta más probable, siendo más graves las razones en contrario.
La tesis probable es lo mismo que la conclusión escolástica o propia de alguna escuela o sistema, deducidos de las verdades reveladas y de aquel sistema. Tal sería la tesis de los que sostienen que Dios no conoce los futuribles en el signo antecedente a su futurición.
Ejemplo, pues, de proposiciones mucho más probable es aquella tomada del tratado de los sacramentos, según la cual Jesucristo, que ha instituido -es dogma- todos los sacramentos, ha instituido algunos sacramentos sólo genéricamente, o sea no determinando en particular el rito a seguir en su administración, como por ejemplo en los sacramentos de la confirmación y el orden. Esto se demuestra con el hecho que en el curso de los siglos el ritual de estos dos sacramentos ha estado sujeto a mutaciones accidentales; lo que no se podría explicar si Cristo hubiera determinado el rito; este, en efecto, si Cristo lo hubiera establecido de modo particular, la Iglesia infalible no habría podido en ningún modo cambiarlo.
Notamos, en fin, que la probabilidad se dice intrínseca si procede de la misma naturaleza de la cosa de que se trata; extrínseca, en cambio, cuando apoya sobre la autoridad de otros. Por este motivo una proposición hoy evidentemente falsa no tiene alguna probabilidad, ni siquiera extrínseca, incluso si fue sostenida por grandes autores antiguos*.


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* N. de T.: este párrafo puede resultar confuso. No contamos con una edición original de la obra para consultar las notas del autor.