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martes, 4 de octubre de 2016

Asís ficción

En nuestra modesta opinión, lo mejor sería que encuentros como el de Asís dejaran de realizarse. Pero si esto no se hiciera, al menos cabría pensar en una mejora. Imaginando esta posibilidad, algún Pontífice -difícilmente el actual- podría emitir un Motu proprio del siguiente tenor:
1.- La finalidad principal de estos encuentros es tratar acerca de la colaboración que puede prestar la Iglesia católica y otras confesiones religiosas a la paz mundial y al bien común internacional.
2.- Reafirmo con el Magisterio de la Iglesia, fiel a la revelación divina, que Jesucristo es el único mediador y el redentor universal, que fundó una única Iglesia de Cristo, que es la Iglesia católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, fuera de la cual no hay salvación.
3.- En todo encuentro inter-religioso en el cual intervengan miembros de la Iglesia católica deberá hacerse explícita mención de las dos puntos precedentes. Si algún obispo, o clérigo, las omitiere será penado con suspensión latae sententiae.
4.- Ordeno que en el día x-y-2020 en toda la Iglesia se celebre la Missa Votiva pro Pace. Terminada la Misa se rezará la siguiente oración:
Oh Dios por quien son santos los deseos, rectos los consejos y justas las obras, da a tus siervos aquella paz que no puede dar el mundo para que entregados nuestros corazones al cumplimento de tus mandatos y desapareciendo el temor del enemigo aparezcan tranquilos los días para tu protección Por nuestro Señor Jesucristo.
5.- Para evitar el peligro sincretismo y de abuso de lugares sagrados, los encuentros con los representantes de otras confesiones no se realizarán en lugares sagrados destinados al culto católico. 


viernes, 30 de septiembre de 2016

Encuentros de Asís



Sobre el encuentro juanpablista de Asís y los posteriores se ha discutido muchísimo. Conociendo las críticas al acto inter-religioso, el jesuita Michel Fédou intenta dar una justificación que parece interesante reproducir para luego apuntar algunas críticas:
“El segundo ejemplo tiene que ver con un acontecimiento de extraordinaria importancia: el encuentro que tuvo lugar en Asís el 27 de octubre de 1986.
Hay que recordar que el papa Juan Pablo II había invitado a los responsables de diversas religiones a encontrarse ese día para rezar por la paz: gesto sin precedentes en la historia de la Iglesia (5). Pero las dificultades no tardaron en surgir: ¿no se corría el riesgo de hacer creer que el cristianismo, no contento con repudiar las formas extremas
de intolerancia, relativizaba ahora su pretensión de ser la "religión verdadera"?
Sin duda, se trataba ante todo de una jornada de oración por la paz, lo que, de suyo, no hacía que apareciera la cuestión de las divergencias propiamente religiosas. Sin embargo, el solo hecho de ver en la televisión una reunión de cristianos, judíos, musulmanes, hindúes o budistas ¿no sugeriría que la religión cristiana hacía en aquel momento una concesión a otras creencias o que autorizaba una especie de fusión -de "sincretismo"- entre las diferentes tradiciones de la humanidad?
También Juan Pablo II quiso prevenir contra una interpretación semejante. El 22 de octubre de 1986, durante una audiencia general, explicó que no se trataría de "orar juntos", sino de "estar juntos para orar":
"Lo que sucederá en Asís no será cierto sincretismo religioso, sino sincera actitud de oración a Dios dentro del mutuo respeto. Y ésta es la causa por la que se ha elegido para
el encuentro de Asís la fórmula: 'estar juntos para orar'. No se puede, ciertamente, 'orar juntos', es decir, hacer una oración común.
Pero se puede estar presente cuando los otros oran. De esta forma manifestamos nuestro respeto por la oración ajena y por la actitud de los demás ante la divinidad. Mientras tanto, les ofrecemos el testimonio humilde y sincero de nuestra fe en Cristo, Señor del universo"(6).
De hecho, el 27 de octubre, los representantes de las religiones rezaron en primer lugar separadamente en los diversos lugares que les fueron asignados; e incluso después, cuando se encontraron en la parte inferior de la basílica, no pronunciaron juntos las mismas fórmulas, sino que escucharon sucesivamente la oración de cada grupo.
Bien entendido que esto no significaba que los creyentes de diferentes tradiciones nunca pudieran comulgar en profundidad en el mismo misterio del Absoluto. Pero la distinción de Juan Pablo II, situada en su contexto, tenía la ventaja de indicar a los cristianos una necesaria línea divisoria entre intolerancia y relativismo: "estar juntos para orar" significaba rechazar la intolerancia frente a otros creyentes; sin embargo, precisar que no se trataba de "orar juntos" suponía recordar las divergencias entre las religiones y poner en guardia contra el riesgo de relativismo.” (Cfr. Fédou, M. Las religiones según la fe cristiana, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 2000, pp. 17-18)
______________
(5) Era la primera vez que un papa tomaba una iniciativa semejante; en 1893 se reunió en Chicago el "Parlamento de las religiones", pero este encuentro fue organizado por la Iglesia presbiteriana y la Iglesia católica de los Estados Unidos (con la aprobación del papa León XIII).
(6) Texto en Ecclesia, n. 2.291 (I noviembre 1986) p. 1.505.A pesar de la precisión de Juan Pablo II, desgraciadamente algunos han continuado viendo en el encuentro de Asís una puerta abierta al relativismo o al sincretismo, ya sea porque ellos mismos admiten que "todas las religiones valen lo mismo'', ya sea, al contrario, por acusar a la Iglesia de haber roto aquí con la Tradición (a este último grupo pertenece especialmente la corriente integrista de Mons. Lefebvre).

El autor aplica una distinción que tiene fundamento real: hay una oración interreligiosa ("orar juntos") por la cual católicos y acatólicos rezan conjuntamente, empleando una fórmula común. Por ejemplo: católicos y luteranos rezan un padrenuestro. Estas oraciones inter-cristianas estaban autorizadas por Ottaviani antes del Vaticano II, aunque bajo condiciones estrictas. Y existe la oración multireligiosa (que es la oración no común, el "orar por separado") en virtud de la cual unos están presentes físicamente mientras otros rezan. Vale decir que cada uno utiliza su propia oración y no se reza en simultáneo una misma fórmula común a católicos y no católicos. Este sería el caso de los encuentros de Asís.
Los defensores de estos encuentros suelen limitar su defensa del acontecimiento a esta distinción. Pero a nosotros no nos parece una respuesta suficiente. De hecho, quisiéramos preguntarles: ¿el uso de la basílica de Asís para que representantes de religiones falsas expresen públicamente sus plegarias no constituye abuso de un lugar sagrado para fines contrarios a la santidad del lugar? ¿No es posible utilizar otros sitios para estos actos? ¿Acaso una oración multireligiosa no podría interpretarse como una especie de comunicación espiritual prohibida por ley divina? ¿No es una conducta pública que ofende la unidad de la Iglesia, lleva al error o al peligro de errar en la fe, es ocasión de escándalo y de indiferentismo, como dice el mismísimo Vaticano II (cfr. Orientalium Ecclesiarum, n. 26)?
En todo caso nos parece que los efectos de esta clase de encuentros son muy negativos. Porque se los ha tomado como ejemplares para la imitación. Y los símiles episcopales suelen ser mucho peores que el original. Lo habitual es que se los interprete como un gesto sincrético en un mundo sometido a la “dictadura del relativismo” y una Iglesia enferma de “ecumanía”.



domingo, 22 de junio de 2014

Cuando el ecumenismo fracasa

No muchas veces se puede encontrar en una web neocon como ReL algún cuestionamiento -siquiera remoto- al super-dogma del Vaticano II. Pero a veces hay excepciones. Tal parece ser el caso de un breve vídeo del padre Santiago Martín, fundador y superior de los Franciscanos de María, que reflexiona en Magnificat TV sobre un hecho singular: más allá de las buenas relaciones personales, cuanto más tiende la Iglesia su mano a otras comunidades cristianas, más se separan éstas de la Iglesia alzando muros infranqueables, como la ordenación de mujeres o la elección de obispos que practican abiertamente la homosexualidad. Ciertamente el franciscano no llega a reconocer que "los mismos textos conciliares tienen un enorme potencial de conflicto" (Kasper), pero al menos se da cuenta del fracaso de un optimismo buenista en relación con los cristianos separados. 


martes, 21 de enero de 2014

Hunwicke: FSSPX, ¿ecumenismo sí o no?

El padre John Hunwicke estudió y enseñó en Oxford. Clérigo anglicano, se hizo católico y hoy pertenece al ordinariato Nuestra Señora de Walsingham. Las entradas de su bitácora destacan por un agudo sentido del humor y un notable manejo de la ironía.
Lo que publicamos ahora es nuestra traducción de un par de entradas de Hunwicke sobre las relaciones entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Creemos que aporta al tema una perspectiva independiente, por cierto discutible en muchos aspectos, pero que señala el talón de Aquiles de muchas posturas oficiales u oficiosas respecto de la Fraternidad: se oponen a la letra y el “espíritu” ecuménicos del Vaticano II. Dicho de otro modo: vistos los antecedentes ecuménicos de las últimas décadas, no se comprende el maximalismo doctrinal de Roma en cuanto a la aceptación del Concilio. Aunque no somos deterministas, no compartimos -entre otras cosas- el optimismo del autor respecto de S.S. Francisco.
En la relación entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X, hay un enorme problema de fondo, que es tan obvio que pocas personas lo mencionan. Como miembro de un Ordinariato -otro exitoso esfuerzo ecuménico de Benedicto XVI- tengo un interés natural en esta cuestión y rezo por su solución. Este es el locus standi desde el que formulo la siguiente pregunta.
FSSPX y el Vaticano... ¿es esta una cuestión del ecumenismo o de disciplina interna de la Iglesia? ¿Es la FSSPX un grupo de amados hermanos separados con el que, nosotros, los católicos, debemos, en conformidad con el mandato del Concilio Vaticano II, “estirar cada uno de nuestros tendones” para alcanzar la unidad... porque, con su inmensa riqueza espiritual, tienen tanto que ofrecer a la Iglesia Católica; o es simplemente una porción de la Iglesia latina en una situación canónica irregular, que debe ser completamente aplastada en la cabeza, como los Franciscanos de la Inmaculada, hasta que se arrastre miserablemente?
Tanto la Santa Sede como la FSSPX, en efecto, conspiran para garantizar que se aplique el segundo modelo; Roma, a causa de su inclinación natural a ejercer el control total sobre la Iglesia latina; la FSSPX, ya que cree ser, no sólo una parte de la Iglesia latina, sino incluso la única parte verdaderamente sana y doctrinalmente sólida.
Pero ¿qué sucedería si Roma, al menos, probara el primer modelo? Supongamos que trataran los "problemas" que la FSSPX tiene con el Vaticano II del mismo modo en que Roma trata los "problemas" de los "nestorianos" o de los "monofisitas". Con ellos, Roma es feliz hasta el punto de la euforia firmando acuerdos cristológicos, sin exigirles la aceptación explícita de Éfeso o de Calcedonia. O tomemos a los anglicanos, a quienes, sin aceptar las verdaderas palabras de Trento, se les dijo de parte de varios dicasterios, incluso la CDF, que el último documento (denominado "Aclaraciones") del proceso de ARCIC, en su sección Eucaristía, significaba que "no era necesario trabajar más en esa materia”. O, para decirlo de otra manera: si el único obstáculo entre Roma y las Iglesias rusa y griega fuera Dignitatis humanae, ¿insistiría realmente Roma en que no hay nuevos avances posibles sin la sumisión explícita de los ortodoxos tanto a ese documento como a la "totalidad del Magisterio post-conciliar”?
 (Ahora que lo pienso, dado el afecto que los jerarcas griegos y rusos tienen hacia el concepto de Estado [confesional] ortodoxo, Bizancio redivivum, esta última fantasía mía no es una posibilidad tan inconcebible. ¿Ha leído usted acerca de la última propuesta cambio en la Constitución de Rusia? ¿Podría ser divertido que el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos pidiera a las venerables comunidades de la Santa Montaña [Athos] que elaboraran un comentario doctrinal sobre la Dignitatis humanae, que luego pudiera ser la base para el diálogo entre el Vaticano y FSSPX?)
Los burócratas de la Curia, entonces, tratan al mismo tiempo de conservar el pastel y comérselo. Cuando les conviene, tratan a la FSSPX como a sujetos desobedientes y no como a hermanos separados. Pero cuando las exigencias de la polémica lo requieren, como lo hicieron a finales del año pasado, se habla de la FSSPX como en estado de cisma, o incluso como excomulgada en algún sentido impreciso. Pero harían bien en pensar cuidadosamente acerca de las implicancias que tienen esta clase de declaraciones para el estatuto del diálogo con la Fraternidad. Porque si los miembros de la FSSPX son cismáticos excomulgados, entonces ellos califican para el tratamiento que Unitatis redintegratio prescribe para los hermanos separados (1).
O para decir lo mismo -nuevamente- aunque de otra manera: ¿la política vaticana consiste realmente en esperar un milenio, o medio, para consolidar y hacer cada vez más amarga la ruptura entre Roma y la FSSPX, y, una vez que la ruptura sea suficientemente amarga, definitiva y se haya consolidado en el largo plazo, sólo entonces, pasar a los gestos sentimentales y a los rituales afectuosos de “brazos abiertos”, “queridas iglesias hermanas”, [etc.,] como parte del proceso ecuménico? Sé que hay un viejo dicho que dice que Roma piensa en términos de siglos... ¿pero puede ser este realmente el plan?
¿Existe un plan?
Unitatis redintegratio del Vaticano II se concentra sabiamente en lo que era positivo; en lo que -con seguridad- puede decirse que la Iglesia Católica y otras confesiones tienen en común. (La misma actitud se adoptó hacia las religiones no cristianas.)
Esto era más bien como mirar el vaso de vino ortodoxo diciendo " ¡Qué bien! Está a tres cuartas partes (o más) lleno". Pero en el diálogo entre el Vaticano y la FSSPX, todo el tiempo se ha perdido en un regateo sobre si el vaso de la Fraternidad podría ser un mililitro o dos menos que lleno.
La “maquinaria” del moderno ecumenismo católico no le grita a la Ortodoxia: "ustedes deben aceptar cada palabra de los decretos de Florencia, y todo el Magisterio papal post-florentino". O, si lo hace, usa una voz demasiado baja como para que yo la haya escuchado. Un funcionario de la Curia ha dicho recientemente, de la FSSPX, que "tienen que cambiar su enfoque y aceptar las condiciones de la Iglesia Católica y del Sumo Pontífice". ¿Es esta la forma en que el Vaticano habla a los ortodoxos... o a los metodistas...?
Creo que la situación con respecto a la Fraternidad San Pío X es urgente. Aunque el arzobispo Lefebvre eligió sabiamente a hombres jóvenes para consagrarlos obispos, esos jóvenes tienen ahora 25 años más. Llegará el momento en que tendrán que enfrentar los problemas en torno a la consagración episcopal de sus sucesores. ¿Deberemos, realmente, cuando llegue ese momento, revisar todos los argumentos atrabiliarios e interminables sobre los estados de necesidad y las excomuniones latae sententiae? ¿Hay algún otro grupo eclesial para quien la Santa Sede recete una perspectiva tan lúgubre como camino a seguir para una gozosa reconciliación? ¿No fue Benedicto XVI quien cortó este peculiar nudo gordiano? ¿Y, al hacerlo, acaso no padeció las calumnias de los ignorantes y malintencionados?
El Papa Francisco tiene críticos que creen que su franqueza, su humildad, su deseo de recortar la burocracia, su preferencia por una Iglesia que hace algo, incluso si se cometen errores, no es más que “relaciones públicas”, todo imposturas. Creo que esos críticos no tienen razón. Pienso que es alguien sincero y lleno del espíritu de oración.
Pero la crisis que enfrenta es mayor de lo que se suele suponer. Si Roma simplemente no puede lograr un acuerdo con la FSSPX, con la que tiene en común todas las definiciones dogmáticas de todos los concilios ecuménicos, y también las definiciones ex cathedra de los romanos pontífices, ¿qué posibilidad real existe de que alguna vez vaya a avanzar con iglesias y comunidades cristianas doctrinalmente más distantes? La posibilidad misma de reconciliación eclesial, de redintegratio unitatis, está en juego. Si Roma puede llevarla a cabo con la FSSPX, entonces cualquier cosa puede suceder. Pero si no... Clío espera con ansiedad...
Puedo pensar en una poderosa razón por la cual Francisco es el hombre para concluir con este episodio. Si Benedicto lo hubiera hecho, todos los predecibles bobos de los medios católicos y no católicos habrían dicho que tal cosa sólo era una prueba más de su carácter ultra-reaccionario. Francisco, si lo resuelve, creará una confusión masiva entre los bobos predecibles, pero su reputación actual en los medios le permitirá, por así decirlo, salirse con la suya. Esta vez, a los inicios de su pontificado, es el momento, el kairos divino, para tal acción, que puede muy probablemente no volver a ocurrir. (Existe evidencia de que los comentaristas más perspicaces en los medios progresistas están empezando a ver a través de su persona.)
El Santo Padre tiene abierta la posibilidad de resolver el "problema" de la FSSPX en cuestión de días. El Romano Pontífice concede regularmente una audiencia, creo que el viernes por la noche, al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El próximo viernes, él podría dar sus órdenes al arzobispo Müller. Durante la próxima audiencia, podría firmar los documentos (2). El miércoles siguiente, en la audiencia general, al besar a los bebés y abrazar a los lisiados, podría abrazar en público a Su Excelencia Mons. Fellay y a los otros líderes de la FSSPX, frente a todas las cámaras del mundo y a los periodistas que se rascan la cabeza. Y, del mismo modo que electrizó al mundo con su elección de los pies para lavar y besar en su primer Jueves Santo, Francisco podría utilizar una docena de jóvenes clérigos de la Sociedad en el pedilavium de su segundo jueves Santo. (Después de todo, Pablo VI, cuando tenían en ​​Roma los festejos para celebrar la remisión de las excomuniones de 1054, desconcertó al pobre Metropolita Melitón buceando en el suelo y besando sus pies... la humildad... usted sabe que tiene sentido…).
Luego podría pronunciar un discurso sobre la reconciliación. Podría pasar a la historia como el discurso de la barba de Aarón.
O, si el Santo Padre no es lo suficientemente osado, o no es de igual modo su propio maestro, para ser capaz de llegar a esto, la remisión de la excomunión del arzobispo Lefebvre sería un primer gesto amigable.
Y cuanto más inanes o infantiles creas que son mis observaciones y opiniones, tanto más pienso que deberías dejar las risitas y hacer frente a las preguntas que planteé más arriba: ¿existe un plan, que no sea el de esperar que las próximas décadas se transformen en siglos y que la ruptura se vuelva una roca inamovible? Y: ¿es este el modelo de ecumenismo del Vaticano II?

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(1) Esto tiene también un aspecto pastoral y canónico. Los escritores anti-FSSPX comúnmente afirman que los matrimonios de la FSSPX no son válidos. Pero si FSSPX está fuera de la Iglesia, entonces son tan válidos como los matrimonios metodistas o luteranos. Y las absoluciones son tan válidas como praxis del Vaticano considere que lo sean las absoluciones de los ortodoxos. ¿No sería, de todos modos, un gesto pastoral admirable en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que Roma a concediera facultades en estas materias [sacramentales] a los sacerdotes de la FSSPX y emitiera una sanatio de todos los matrimonios anteriores de la FSSPX? Tendría misma grandeza, la misma generosidad, como la remisión de la excomunión por el Papa Benedicto XVI.
(2) Como han señalado a menudo observadores vaticanos, la solución obvia es garantizar a la FSSPX, precisamente, lo que, de facto, ya tiene. Esto preservaría la Santa Sede de la indignidad de una negociación, y reduciría considerablemente el riesgo de una división dentro de la FSSPX. Es preciso incluir dos disposiciones adicionales, tomadas de Anglicanorum coetibus: (1) requerir a la FSSPX la consulta  con los ordinarios locales sobre la evolución de su misión, pero sin dar a esos ordinarios ningún derecho de veto real; y (2) proporcionar para su eventual consagración como obispo, siempre a sugerencia de la Fraternidad, una terna de candidatos enviar a Roma, toda vez que se produzca una vacante episcopal. Así podría nominarse a un sustituto para el obispo Williamson.

Fuente:

lunes, 5 de agosto de 2013

El coste ecuménico del carnaval

El autor de la entrada que traducimos es el sacerdote ortodoxo Stephen Damick. Si el ecumenismo realmente se ordena a la reunión de todos los cristianos en la única Iglesia, habrá de tener en cuenta la visión de los acatólicos sobre lo que dificulta su regreso. 
Se dice que la reforma litúrgica de Pablo VI tendió un puente hacia los luteranos. Pero lo cierto es que su aplicación dinamitó otros puentes que nos vinculaban con los ortodoxos. Y a la vez reforzó sus prejuicios anti-romanos. 
El testimonio de  Damick es una muestra del "coste ecuménico" que implica el carnaval litúrgico unido a la estupidez pastoral. ¿Servirá como llamado de atención para los corifeos del optimismo compulsivo?
Obispos danzantes... Por el P. Andrew Stephen Damick, para Orthodoxy & Heterodoxy: Doctrine mattersTraducción exclusiva para Info-Caótica.


Incluso si, de alguna manera, pudiese convencerme de los dogmas exclusivos de Roma, cosas como la de arriba son la razón por la que nunca podría convertirme en católico romano. Me han dicho los defensores de Roma que cosas como éstas son en realidad "abusos" y que la "verdadera" cultura y culto romano no deberían ser así. Pero si un evento católico, global y de primer orden, como la Jornada Mundial de la Juventud (este video es de la JMJ 2013), tiene como protagonistas a los mismos sucesores de los apóstoles danzando así frente al mismísimo Papa, ¿dónde está exactamente la cosa oficial y verdadera? Esto que se ve me parece lo suficientemente oficial.
He conocido a más de una persona que se convirtió al catolicismo romano por lo que había leído y que, entonces, cuando vio este tipo de cosas (o, incluso, la insulsa liturgia cuasi-luterana que constituye la mayor parte del culto de los católicos actuales), terminó yéndose. Puedo entender a alguien que deja la religión después de experimentar el abuso (aunque preferiría verlo pasarse a alguna forma de religión no abusada), pero es difícil argumentar que la liturgia de Roma que uno ve en casi todos lados sea un abuso, particularmente cuando se muestra mundialmente con el visto bueno y oficial del Vaticano. La eclesiología romana, con su énfasis en el Papado, hace aún más difícil que el argumento contrario suene convincente. Si el Papa mismo lo consiente, es muy difícil argumentar que lo que se ve en este vídeo es un abuso.
Y también encuentro difícil preguntarse cómo podría Roma regresar a su antiquísima tradición litúrgica, la que San Juan de Shanghai y San Francisco, entre otros, dijeron "es mucho más antigua que cualquiera de las herejías".
Se puede leer más sobre este tema en Orthodoxy and Heterodoxy, la contribución del P. John Whiteford  con el título Unfortunate Trends in the Roman Catholic Church (Desafortunadas tendencias en la Iglesia Católica Romana).
Actualización: Aquí una crítica similar desde una perspectiva luterana.

sábado, 19 de enero de 2013

Ecumenismo a toda costa



Georg May, sacerdote desde 1951, renombrado canonista alemán, designado Protonotario Apostólico por Benedicto XVI, es el autor de este artículo sobre el ecumenismo. La traducción del italiano corresponde a un generoso lector de nuestra bitácora. 

Ecumenismo a toda costa
Por el Prof. Dr. Georg May
En Stoccarda-Hohenheim ha tenido lugar un Congreso sobre ecumenismo. Por parte católica, los ponentes fueron Heinrich Fries y Paul Wesemann; por parte protestante, Reinhard Slenczka y Friedrich Wilhelm Künneth… Parece necesario señalar algunos errores fundamentales de los dos oradores católicos, porque eran los consejeros oficiales de sus Obispos y tienen mucha influencia. Además, representaban, por decirlo de alguna manera, el ecumenismo puro, hasta el punto de que sus ideas pueden considerarse paradigmáticas.
La tesis más importante, presentada por Fries, reza así: no existe, a día de hoy, ninguna diferencia teológica que permita mantener el cisma (Kirchenspaltung), un término que puede aplicarse, añadimos nosotros, a las Iglesias Orientales cismáticas, pero no a las confesiones protestantes, cuya doctrina no sólo difiere de la doctrina católica, sino que también existe una diversidad de doctrina entre ellas. La tesis es falsa.
Antes de refutarla, prestemos atención a la imprecisión de la expresión de Fries. Confunde continuamente Teología y Fe. Parece querer decir que no hay diversidad en la Fe, en grado suficiente para dividir las confesiones. Pero debería decirlo claramente. Fe y Teología no son lo mismo. La Fe escucha obediente la voz reveladora de Dios; la Teología es la reflexión científica sobre la Revelación. La unión de la Iglesia no se basa, pues, en el acuerdo de la Teología, sino en la correspondencia de la Fe; esto es, los creyentes deben afirmar el idéntico contenido de fe. Por tanto no son las opiniones de los teólogos las que separan a los creyentes católicos de los creyentes protestantes, sino el contenido de la fe que profesan, la doctrina oficial y obligatoria. El disenso de los teólogos no es capaz de acabar con ella. La propuesta de Fries de que, al unirse las Iglesias, cada uno debería aceptar “todas las definiciones teológicas”, está bien, pero no oculta las dificultades reales. No se trata de aceptar “todas las definiciones teológicas”, sino de decir sí a todos los artículos de Fe, sin posibilidad de exceptuar ni uno solo, garantizados como están por la autoridad divina. Entonces, a ver qué hacemos con la Fe católica y con la doctrina protestante. ¡Aquí comienzan las dificultades! La Fe católica se puede precisar bastante bien, pero definir la doctrina protestante resulta arduo. En sentido teológico, la “Iglesia protestante” no existe (lo enfatizamos nosotros). Si se acepta, a estas alturas, también en el ámbito católico la poco clara expresión “Iglesia protestante”, se debe a una cierta amabilidad… o a escasa claridad. Se acepta el nombre que los protestantes dan a sus diversos grupos, pero no se trata de hecho de una calificación teológica. Además, el concepto de “Iglesia” no es aplicable a las agrupaciones de las confesiones protestantes, porque no disponen de Obispos en sucesión apostólica (…). Además, las comunidades protestantes no tienen Magisterio, hasta el punto de poder definir de manera obligatoria o al menos de enunciar en qué consiste la doctrina protestante. A lo sumo, podemos encontrar un cierto positivismo en una determinada “Iglesia” nacional, definido en Sínodos y Consistorios, a los que en alguna medida se ven sujetos los ministros.
Recordamos, sin embargo, que este positivismo no posee ninguna garantía de verdad, ni puede ser legitimado por los principios de la Reforma, sino que puede ser revocado en cualquier momento, o superado, según las relaciones mayoritarias que resultan en las votaciones finales. En última instancia, todo protestante habla sólo por sí, pronuncia solamente su actitud personal de fe de hoy, que podrá dejar sitio mañana a una opinión opuesta. Ni siquiera la teología protestante está en condiciones de definir claramente la doctrina protestante.  Sabemos muy bien que el protestantismo es un conglomerado de confesiones, de los Adventistas y de los Cuáqueros a los Viejos-Luteranos y a los Pietistas. Estas confesiones tienen divergencias tan profundas en puntos esenciales de doctrina, que  evitan, según el parecer de los propios fieles, la participación común en la Cena. Cada teólogo tiene su doctrina privada, es exégeta por su cuenta. Mañana podrá rechazar lo que ha enseñado hoy, y nadie tiene el derecho de acusarlo de carecer de fe.  No hará más que imitar al reformador Martín Lutero del que se sabe bien que dijo , en el 1517, cosas totalmente distintas de las propaladas en el 1521, y más todavía en el 1546. La “Reforma” progresa, nadie tiene el derecho de detenerla, y cada generación de teólogos protestantes se ve confrontada inmediatamente con Dios y con Su palabra (en resumen, se repite la tesis comunista de que ¡“la revolución nunca se detiene”!). Sería contrario al espíritu de la Reforma limitar esta libertad, y únicamente se explicaría desde un punto de vista táctico el intento de unir todas las fuerzas contra la Iglesia católica.
De todas las maneras, intentando formular la “doctrina protestante” –como hacen los manuales protestantes de teología sistemática- se reconoce fácilmente que la Fe católica se diferencia de aquella casi siempre. Las diferencias se refieren a cualquier objeto tratado, si bien tienen un peso y una importancia más o menos grande; respecto a la doctrina de Dios, como a la doctrina de la creación, a la cristología no menos que a la soteriología, a la doctrina de la Gracia, de la Iglesia, de los Sacramentos, así como a la doctrina mariana y de los novísimos. El punto de partida, casi siempre nominalista, de la teología protestante, produce casi en todas partes contrastes esenciales e insuperables con la Fe católica. Es falso creer que los hay únicamente en relación a creencias típicamente católicas. El concepto del Dios voluntarista del protestantismo es, por ejemplo, inaceptable para los católicos.
En la praxis, estas diferencias no resaltan menos que en la teoría, como demuestran siempre de nuevo los problemas ético-políticos. Es indispensable, en tal caso que la praxis siga a la teoría. Entre la ética social católica y la protestante se abre un abismo de contrastes. Sólo la ignorancia o la falta de honradez pueden negar estas diferencias esenciales. La Fe católica y la doctrina protestante no representan simplemente dos confesiones, son más bien dos Weltanschauungen que no van de acuerdo. (…).
Es verdad que desde el momento en que teólogos católicos, como sucede hoy, se aproximan a posiciones protestantes… se obtiene como resultado que la diversidad entre las confesiones resulta de poca entidad. Hay, hoy, teólogos católicos que defienden y adoptan doctrinas protestantes, pero siguen llamándose católicos. Llevan al engaño por la indiferencia actual del Magisterio, porque semejante contradicción no es manifiesta a los ojos de todos. En realidad, estos sedicentes teólogos “católicos” no son ya católicos y no dan testimonio de la verdad católica.
Para confirmar su tesis, Fries da mucha importancia al “Neues Glaubensbuch” (nuevo libro de la fe), publicado en 1973, en el que 35 teólogos, entre católicos y protestantes, presentan la fe común, -¡por así decirlo!- Pero ¿quién le da el derecho de dar tanta importancia a una obra privada, en absoluto oficial? No es este el lugar para criticarla severamente, como merece, (¡Como han hecho varios Obispos alemanes!). Desde el punto de vista científico, no merece confianza alguna. Constatamos, sin embargo, que se debería tener el derecho de exigir de los colaboradores católicos, que sean conocidos representantes de una Fe católica integra. ¡Pero no es este el caso! Entre otros Autores, que no cumplen esta necesaria condición, basta nombrar a Joseph Blank (Saarbrücken). Su libro “Jesús de Nazareth” pone de manifiesto inmediatamente, incluso a quien no lo lee con mucha atención, que se inspira en el protestantismo liberal, ¡y para nada en la doctrina católica!
Por parte protestante, la situación no es ambigua como por la católica. No conozco a un solo teólogo protestante que haya alcanzado cierta notoriedad, que se haya acercado a las posiciones católicas. El protestantismo espera por otra parte que los católicos vengan a unírsele, es decir, que se hagan protestantes. En Alemania, el protestantismo no ve en el ecumenismo otra cosa que un medio útil para volver el país totalmente protestante. Parece que ya haya obtenido un gran éxito en esta dirección, como lo demuestra la aportación de Fries y de Wesemann, al Congreso de Stoccarda. El protestantismo no está dispuesto a venir al encuentro… a lo sumo, algunos teólogos protestantes adoptan algunas formas católicas, externas, para volverlo más atractivo; elementos que integran, como enseña la experiencia, una parte del encanto de la Iglesia católica.  En definitiva, en la estrategia protestante, se trata de movimientos tácticos, intentos de vencer, también por tales medios, a la Iglesia “romana”.
Estas razones me inclinan a considerar el ecumenismo católico una ilusión peligrosa. Yo también deseo, por cierto, ardientemente la unión de los cristianes, pero tal reunión debe basarse en la Fe, la verdadera Fe católica. Todo depende de la verdad… El ecumenismo, tal como se practica actualmente, no sirve a la Verdad. Es más, destruye, en cuanto sea humanamente posible, los tesoros de la Iglesia y la vuelve menos atractiva, y esta es la causa de tantas crisis, de tantas apostasías de sacerdotes y de laicos, y precipita a la misma Iglesia en una crisis de identidad…
En su forma actual, el ecumenismo es un error gigantesco y una amenaza mortal. Pocos lo saben, sin embargo, y se necesita valor para decirlo. Los representantes de la teología permisiva están orgullosos de haber destruido muchos tabúes (¡verdaderos o considerados tales!), y mientras, han creado otros; tesis, movimientos, instituciones, que nadie tiene el permiso de tocar sin que los insulten y calumnien. El ecumenismo forma parte de los nuevos tabúes más importantes. Los partidarios eufóricos del Concilio lo aman; la teología permisiva ha hecho de él su principio supremo. ¡Ay del que lo toque! Es un hecho, es una regla que se observa por todas partes, que los autores más fanáticos del ecumenismo abandonan con frecuencia el servicio sacerdotal, y se casan, en un plazo más o menos largo, si directamente no se convierten al protestantismo. Pero este hecho, fácil de constatar, no ha aminorado la actividad ecuménica y, hasta ahora, no ha convencido a ningún Obispo para intervenir. El ecumenismo triunfa, convirtiéndose en el nuevo potentísimo tabú. Sin embargo, nosotros debemos seguir la voz de la conciencia, que es también la voz de la Verdad, de la Fe y de la razón, de la historia y de la experiencia…
Fries no se limita a consideraciones platónicas, sino que, como sus émulos Rahner y Küng, pasa a los llamamientos. Pide que los Obispos y los jefes protestantes concreten acciones comunes. Que consigan la unión de las Iglesias por la vía pastoral y organizativa.
¡Aquí asoma, de nuevo, la impericia científica del renombrado teólogo y consejero de Obispos, Fries! Se equivoca si cree que existe una unidad por encima de la Iglesia, donde se pudiesen reunir las Iglesias católica y protestante. La Iglesia católica forma la unidad más alta de una comunidad religiosa que se pueda pensar en la tierra. Otros grupos pueden unirse a ella, pero ella no puede desintegrarse en una comunidad que la supere… Fries propone, en resumen, una unión de bautizados sin el vínculo de la Fe común, claramente contraria a la voluntad de Cristo. ¿Está tan apegado a sus ideas que no alcanza a comprender que todos los católicos creyentes se ven obligados a responder con un decidido “non possumus” a las caóticas incertezas de su super-iglesia? Conoce, sin embargo, la aversión de los católicos que aún no han sido instrumentalizados a semejantes insinuaciones anti-católicas. Ha dicho, en Stoccarda, que la oposición contra sus ideas estaba creciendo en el pueblo de Dios. Pone de manifiesto su cinismo si solicita a los dirigentes que actúen rápidamente, antes de que la oposición aumente más; en definitiva, aconseja manipular a este pueblo de Dios tomándolo por sorpresa…
También las propuestas de Wesemann, que desea igualmente forzar la actividad ecuménica, son peligrosísimas. Según su parecer, los “dirigentes” eclesiásticos deberían preguntarse, antes de publicar cualquier orden, si el contenido ayuda o perjudica el ecumenismo. Este consejo demuestra que desconoce totalmente el papel de la Iglesia. La Iglesia debe modelar la propia vida según el espíritu de Cristo y los principios de su Fe, en vez de estar mirando sólo a la eventual susceptibilidad protestante, siguiendo en todo únicamente un criterio oportunista. ¡Pero no! ¡El aplauso o la crítica del mundo protestante se convierten en norma para el desarrollo de la vida eclesiástica! Semejante solicitud equivale a traicionar a Cristo y a la Verdad. ¡A qué excesos se llega cuando el ecumenismo se convierte en una idea fija!
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 A propósito de esto, he aquí el juicio de Urs von Balthasar que ha hablado también del peligro de una falsa unión, en una conferencia celebrada en Mónaco y en Ratisbona (Pseudoeinheit). Ciertas esperanzas, de una unión con las otras comunidades cristianas y con el comunismo, son utópicas, porque se trata de una rivalidad entre ideologías totalitarias (Rivalitát von Ganzheiten). “El diálogo no carece de peligro para los católicos, porque ya que deben defender puntos fuertes (Pluspunkte), se ven tentados, para unificar el nivel con otros, a rebajar el suyo”. Sería un retroceso si la Iglesia buscase restablecer la unidad de las Weltanschauungen, obviando las cuestiones controvertidas. La Iglesia debe recordar cual es el contenido de la doctrina de la que es portadora. Debido a que puntos esenciales de la doctrina católica han sido ya olvidados –a menudo pronunciando un “mea culpa” en lugar equivocado- está a estas alturas tentada de buscar la salvación en el Zen o en el Yoga, en Marx o en Hegel. “La falta de hombres espirituales en la Iglesia, capaces de mostrar el camino que conduce a Dios, hace que busquemos una guía fuera de ella”. (FELS, marzo 2 1974).
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¿Qué vía escoger, entonces? Según Wigand Siebel, hay una sola (que ha dado óptimos resultados en el pasado, particularmente en Inglaterra, en América y en Suecia, ¡donde todo se estanca ahora!). “Hay que volver la Iglesia Católica tan esplendorosa, atractiva, fuerte, como sea posible. Lo cual se consigue mediante la oración y la penitencia, la práctica de la virtud y el esfuerzo por santificarse, el cuidado de la verdad y de la caridad, la fidelidad a la Fe traicionada y el infatigable anuncio de esta Fe a los que han abandonado la casa del Padre. Tenemos que hacer todo para allanar el camino al cristiano no católico para que vuelva a la Iglesia”.
Publicado en la revista “Chiesa Viva”, Nº 371  (2005), pp. 6-8.

martes, 23 de octubre de 2012

Religiones falsas

Ya casi no se habla de religiones falsas. Razón por la cual ofrecemos un fragmento de una obra clásica, que puede aportar alguna luz sobre el tema. Notará el lector distinciones y matices que deben tenerse en cuenta  para no caer en exageraciones por exceso y por defecto. Esperamos que el texto sirva para aproximarse al tema no por el hábito mental de configurarse "en contra de" sino por amor a la verdad en su integridad. 
"Juzgada en su conjunto (como sistema de doctrinas y de ritos) es falsa toda religión que no sea cristiana; al menos en cuanto que no es la religión que Dios ha revelado y que quiere que sea practicada. Más aún, es falsa también cualquier secta cristiana no católica, en cuanto que no acepta ni realiza fielmente todo el contenido de la revelación.En cambio, considerada en sus elementos separados toda religión no cristiana y cualquier secta acatólica puede contener verdades mezcladas con errores.
Desde el punto de vista moral la cuestión de la verdad o falsedad objetiva de una religión y de sus elementos se complica con la de la culpabilidad con que un determinado individuo se adhiere a la religión y cumple con sus ritos. El que practica de buena fe una religión falsa está excusado evidentemente del pecado que cometería el que la practica de mala fe.
Esto no significa sin embargo que una religión falsa practicada de buena fe proporcione al sujeto los buenos efectos espirituales que proporciona la religión verdadera. Sin embargo, cuando un seguidor de un culto falso cumple con aquellos ritos especiales que no expresan falsedad, ni son inmorales, y en cambio están de acuerdo con los principios de la ley natural y de la religión natural, no parece que se haya de excluir que pueda recibir alguna utilidad espiritual.Aun más sutil y delicado es el problema de quién está de buena fe. La respuesta se ha de dar con referencia a la conciencia de cada individuo en particular…" (Graneris, G. Introduzione generale alla scienza delle religioni, Torino, 1952).

sábado, 9 de julio de 2011

Ecumanía




La noticia que nos trae ReL sobre la decisión de Su Eminencia, el Cardenal Gianfranco Ravasi, bien podría comentarse con unas páginas de Louis Bouyer.
El ecumenismo: verdaderamente el gran descubrimiento del catolicismo contemporáneo... Dios sabe hasta qué punto estaba herméticamente cerrado el catolicismo de ayer. No hace precisamente mucho que un prelado romano, de los más influyentes bajo Pío XII, me acogía en Roma con estas palabras: «Recuerde usted que en Roma no se ama a los protestantes. Se prefiere con mucho a los ateos. Y sobre todo no gusta que se conviertan, pues se tiene demasiado miedo al espíritu que podrían introducir en la Iglesia ...» y Dios sabe que esto no era verdad sólo en Roma. Hoy día, por el contrario, como lo decía a su vez un prelado anglicano, lo que más bien preocupa es el número y la rapidez de las conversiones católicas al ecumenismo.
Se comienza a sospechar que tantas gentes no han podido cambiar tan de prisa y tan completamente. Y efectivamente, cuando se mira de cerca aparece por lo menos dudoso que muchos, y de los más entusiastas, hayan comprendido siquiera de qué se trata. Quien dice ecumenismo, o no quiere decir nada o quiere decir realmente unidad cristiana. Pero uno se ve forzado a constatar que el ecumenismo de la mayoría de los católicos de hoy no revela el menor interés verdadero por el sustantivo, y hasta hay que preguntarse si lo tiene mucho más por el adjetivo.
(...) como observaba con tristeza irónica uno de los mejores ecumenistas protestantes contemporáneos: «El mayor peligro para el ecumenismo consiste en que los católicos acaben por entusiasmarse con todo aquello cuya perniciosidad hemos descubierto nosotros y que abandonen, en cambio, todo aquello cuya importancia hemos descubierto nosotros.» No es el deseo de unidad descubierto en los protestantes contemporáneos en particular, que seduce a los católicos y menos todavía su sentimiento de tener, en tanto que católicos, la responsabilidad frente a sus hermanos, de factores esenciales para esta unidad. Es más bien la laxitud de la unidad que poseían, la incapacidad de comprender su valor, junto con una curiosidad perversa, un gusto precipitado por el cisma y la herejía…" en el momento preciso en que los otros cristianos, que saben demasiado bien lo que hay que pensar sobre todo esto, han comenzado por fin a tratar en serio de salir de tal situación...
Pero esto no es lo más desolador. Es la incapacidad total de la masa de los católicos ecuménicos, de discernir y respetar lo más «específico» en el ecumenismo. No es sólo el hecho de tratarse de un movimiento hacia la unidad, que ellos parecen poco capaces de comprender. No se han dado todavía cuenta y se niegan obstinadamente a aceptar que es un movimiento cristiano: la búsqueda de la unidad de los cristianos, de la unidad cristiana. El programa de la mayoría de los ecumenistas católicos improvisados parece reducirse a la fórmula: «Cuantos más son los locos, más se ríe.» La intercomunión con los ortodoxos, los anglicanos, los luteranos, los reformados, etc., no les basta: la necesitan también, en pie de perfecta igualdad, con los budistas, los hinduístas, los síntoístas, los fetichistas, además de los israelitas y los musulmanes, como también con los marxistas, los existencialistas, los estructuralistas, los freudianos, los ateos, los libre-pensadores o masones de toda laya, y hasta con los pederastas. Pero quizá diga alguien: ¿cómo practicar la íntercomunión con gentes que no tienen comunión, que no quieren tenerla y que ni siquiera saben lo que es? Si usted hace tales pre guntas es que no ha abandonado todavía la mentalidad preconciliar...