Mostrando entradas con la etiqueta ACIPRENSA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ACIPRENSA. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de enero de 2014

"Gusanos" separados


El podcast puede escucharse aquí.
Alejandro Bermúdez Rossell es el director de ACIPRENSA un medio de (des) información, empeñado desde hace tiempo en difundir malas noticias sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y fomentar la hostilidad hacia sus miembros. Hace unos días, la agencia ACI informaba sobre la última entrevista al Prefecto de la CDF de la que extractaba unas declaraciones de Müller sobre la el “cisma sacramental” de la FSSPX. Pero como ACI no comparte los juicios laudatorios de Müller sobre Gustavo Gutiérrez, omitió mencionar las expresiones sobre la corrección doctrinal del peruano: “Gutiérrez siempre ha sido ortodoxo”. Un pequeño sesgo de selección... 
En continuidad con su estrategia de desinformación y hostilidad, Bermúdez ha calificado de "gusanos" a los miembros de la FSSPX. Un término que, por decir algo, no está muy en sintonía con el Vaticano II, cuya pastoral denomina "hermanos separados" a los cristianos no católicos. Nosotros no consideramos cismática a la FSSPX, y ya hemos dado los argumentos del caso, por lo que no vamos a repetirlos ahora.
En el audio que enlazamos en esta entrada el director de ACI tilda de "lefebvristas" a los hermanos Dimond. Lo cual es falso, porque estos sujetos -que no pertenecen a la Fraternidad- no sólo son sedevacantistas, sino que consideran herética a la institución fundada por el arzobispo Lefebvre. También alude a un amplio espectro de críticos del Papa, entre los cuales incluye, aunque sin nombrarla, a Lucrecia Rego de Planas. Y en un ataque de papolatría aguda, Bermúdez llega a sostener que no se puede criticar al Papa aunque se trate de cosas criticables. Por más que sea materia opinable, para Bermúdez, los fieles deben guardar silencio siempre para mejor sentire cum Ecclesia.
Es posible que un hombre mal informado razone mal. Pero cuando la ignorancia es tan crasa, y la amalgama de personas e instituciones tan burda, cuesta mucho salvar la intención de un “periodista católico” que incide en disparates como los del audio que encabeza esta entrada.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El documento más leído de los últimos 30 años


Alejandro Bermúdez, director de ACI Prensa, concedió una entrevista en vivo a la periodista Patricia Janiot del programa Nuestro Mundo que transmite la cadena de televisión CNN en Español, en la que explicó el contenido de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium.
El director de ACI Prensa consideró que la primera exhortación apostólica del Papa Francisco puede "ser el documento de los últimos 30 años más leído de un Pontífice, porque es muy fácil de entender y porque dice las cosas directamente".
Pruebas al canto:
222. Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.
¿Quién puede dudar de que es muy fácil de entender? ¿A quién se le ocurre cuestionar que así se dicen las cosas directamente? A los pepinillos en vinagre...
El paso tiempo permitirá tener una mejor perspectiva del pontificado de Bergoglio. Se dice que Dios escribe derecho con renglones torcidos. Porque los designios de su Providencia son un misterio. Tal vez, uno de los bienes que Dios quiera sacar de un pontífice no deseado, por nosotros al menos, y poco deseable, por lo que ha realizado hasta ahora, sea emitir un certificado de defunción para la papolatríaCosa que, esperamos, sea suficiente para convencer a los neoconservadores eclesiales. En las últimas semanas hemos visto algunos casos  (aquí, aquí y aquí) de personas que comienzan a despertar del sueño papolátrico y se atreven a decirlo. Aún al precio de ser censurados o cesados en sus trabajos. Dios quiera que sean más los despiertos, no los cesados.

jueves, 23 de mayo de 2013

Yo te perdono, Sodalicio


El tema de la deriva sectaria de los movimientos primaverales de matriz neoconservadora no es nuevo para los lectores de nuestra bitácora. La Iglesia vive una situación caótica determinada por un nuevo asociacionismo, que pareciera obtener como contrapartida por su adhesión absoluta y entusiasta al Vaticano II una suerte de "patente de corso" eclesial, en virtud de la cual la Jerarquía eclesiástica se muestra reticente en corregir las distintas heterorpraxis que florecen en el seno de los nuevos movimientos. La anterior afirmación, no obstante, debe matizarse para rendir un justo homenaje a Benedicto XVI, que al menos habilitó cierta depuración de “fundadores primaverales”. Una tarea inconclusa, sin dudas, pero que tuvo con el Papa Ratzinger su puntapié inicial, lo que contrasta con la inacción de los tiempos del Magno.
Transcribimos hoy una entrada de Martin Scheuch a quien no conocemos. Una mirada muy superficial a su bitácora nos indica que su visión de la Iglesia y del mundo es muy distinta, y a veces muy distante, de la nuestra. A pesar de que la identidad de nuestra bitácora es “tradicionalista” (independiente), no tenemos problemas en reproducir sus reflexiones. Porque su relato parece verosímil en cuanto a los hechos. La descripción de la estructura institucional y de la praxis del Sodalicio de Vida Cristiana concuerda con la de otras instituciones eclesiales semejantes sobre las que ya se ha hablado en nuestro blog. Esta entrada debe publicarse por caridad, justicia y solidaridad humana, pues aspira cuanto menos a expresar el deseo de una justa reparación del daño causado y su debida prevención para el futuro. De poco le sirve a la Iglesia que determinados personajes como Alejandro Bermúdez emprendan una labor “apologética” si no son capaces de ver el daño espiritual que pueden causar en las personas de carne y hueso determinadas prácticas institucionales de las que son solidarios.

YO TE PERDONO, SODALICIO
Por Martin Scheuch

Desde que comencé a escribir en este blog, hay varias personas vinculadas al Sodalicio y al Movimiento de Vida Cristiana que me han rogado que perdone y dé vuelta a la página. Lo cual implicaría como consecuencia que deje de escribir sobre mis experiencias y no siga revelando lo que sé del Sodalicio. Curiosamente, en el pasado, cuando todavía no había publicado nada, no se me pedía que perdonara, sino más bien que hiciera una autocrítica a fondo y reconociera mis faltas y mis errores. Pues en la ideología sodálite se parte del axioma de que la institución no puede estar mal, en base a una interpretación muy peculiar de lo que es el carisma o don especial del Espíritu Santo, según la cual se infiere que el Sodalicio es una obra querida por Dios y, por lo tanto, criticarlo equivale a criticar la voluntad de Dios. Fuera de que esto es mala teología, en el Sodalicio siempre se ha fomentado la autoinculpación de sus miembros, pues constituye una de las estrategias más eficaces para tener controladas sus mentes y sus voluntades. Y sirve de sustrato para ese miedo que tienen muchos de expresar libremente sus objeciones, e incluso de irse cuando su conciencia les dicta que dar ese paso es lo correcto. Ese miedo o angustia puede incluso acompañar durante años a aquellos que se han ido, a tal punto llega a ser profunda la huella que dejan los “metodos de formación” que se aplican en la institución, muy semejantes a las técnicas de control mental que implementan las sectas.
No han faltado quienes, antes mis observaciones críticas producto de una reflexión de años, hayan querido hurgar en mi vida personal y pretendido encontrar la raíz de esas críticas en “rupturas” interiores, crisis existenciales o “falta de reconciliación”, que es como se la llama en los ambientes de la Familia Sodálite. Y eso sin admitir la posibilidad de que los problemas pueden estar en el Sodalicio mismo, siendo así que el mensajero que evidencia esos problemas no tiene la culpa de que existan. “Matar al mensajero” es la consigna con la cual se puede resumir el proceder del Sodalicio, metáfora que significa que se buscará desacreditarlo, difamarlo, anularlo mediante el miedo, las amenazas veladas y el desprestigio social. A decir verdad, lo del desprestigio social puede que funcione en Lima, donde el Sodalicio sigue teniendo su sede central y el apoyo casi incondicional del inefable Cardenal Cipriani, arzobispo de Lima, además de una notable influencia en la clase burguesa y pudiente limeña así como en algunos medios de prensa, pero dudo de que tenga efectos en otras latitudes.
En el momento en que se me comienza a pedir que perdone, cambia la perspectiva, pues ello implica un tácito reconocimiento de errores que son merecedores de perdón. De hecho, casi nadie de entre aquellos que me han escrito ha cuestionado la veracidad de lo que yo expongo. Ciertamente, pueden haber inexactitudes en cuanto a detalles puntuales, pero nada de lo que relato es inventado, y la mayor parte corresponde a mis propias experiencias o lo he sabido de primera mano. Las inexactitudes que pueden haber se deben a falta de información adicional, lo cual es inevitable desde el mismo momento en que aquellos que está en situación de poder completar esa información no quieren hablar o han recibido la orden de no hacerlo, pues el Sodalicio es muy reticente en cuanto a proporcionar información, y prefiere acusarme de tergiversar los hechos, antes que desmentirlos presentando su propia versión de los mismos. Y como ya he señalado, se trata de algunos pocos detalles puntuales, pues en todo lo demás soy consciente de que me he esforzado en ser fiel a mi memoria y en contrastar la información con las fuentes de que dispongo, absteniéndome de relatar lo que no puede ser comprobado.
Tampoco han faltado quienes han querido elucidar las motivaciones por las cuales escribo, definiéndolas como una especie de venganza mediática por el hecho de que se me hizo oídos sordos a todas las críticas que manifesté en su momento. Reducir mis motivaciones a una especie de reacción insidiosa frente al hecho de que no me hicieran caso, no se ajusta a verdad. Durante década y media nadie me hizo caso en el Sodalicio, y nunca publiqué nada. Y nada va a cambiar ahora, porque tengo razones para suponer que tampoco me van a hacer caso. Tampoco pretendo que se me haga caso. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. El asunto es más grave. Se trata de ventilar los problemas estructurales que presenta el Sodalicio y que afectan a innumerables personas. Pues así cómo hay quienes se han acercado a la fe a través del Sodalicio, también hay quienes se han alejado de ella o han sido perjudicados psicológicamente por obra de la institución. Que se hable sobre el tema le puede hacer también mucho bien al Sodalicio. No hablar de lo que sé y aquí excluyo en la medida de lo posible los datos anecdóticos de la vida privada de las personas me haría cómplice de esa situación. ¿Voy a solucionar yo los problemas? No lo creo. Pero sí puedo contribuir a ayudar a muchas personas. Porque parto de la postura de un fiel creyente en la Iglesia, y no de la posición de alguien que, criticando al Sodalicio, aprovecha para criticar además a toda la Iglesia.
Debo dejar en claro que mi blog no es un blog sobre el Sodalicio, sino una ventana abierta donde busco dar testimonio de cosas que he vivido y que pueden ayudar a otras personas a comprender ciertas realidades. Es inevitable que hable sobre el Sodalicio, pues estuve oficialmente vinculado a él durante 30 años de mi vida. Describo lo que vi y viví por experiencia propia en en el Sodalicio y que ha sido ocultado pertinazmente por la institución. Y me refiero a doctrinas, estilos, prácticas, hábitos y costumbres, en fin, al sistema mismo. Yo no tengo la culpa de que el Sodalicio tenga o haya tenido las cosas que yo describo. Que se sepan a través de mí no me convierte en responsable de esas cosas. Y el daño que se pueda producir no es de responsabilidad del mensajero, sino de los verdaderos causantes de esas cosas. El daño se puede subsanar cambiando lo que se tenga que cambiar, no callando al mensajero.
Mis experiencias son subjetivas en el sentido de que las viví yo, pero no son fruto de mi subjetividad. Yo no he inventado nada y tampoco estoy mintiendo, y los datos que proporciono no son meras interpretaciones. Que pueden diferir de otra experiencias, lo admito. No por ello se hacen inválidas, sino que complementan lo que otros puedan haber experimentado. Y es interesante descubrir que mi experiencia es similar a la de otras personas, que por fin se atreven a hablar de lo que ellas mismas han vivido.
No le guardo rencor a nadie. Todo ya ha sido perdonado. Me siento a veces como una hoja al viento, que no está anclada a las cosas de este mundo. Y por eso mismo, con mayor libertad para dar testimonio. De todos modos, por si acaso alguien todavía tiene dudas, quiero dejar aquí constancia pública de todo aquello que he perdonado.
- Perdono que, entre 1978 y 1980, siendo todavía menor de edad, haya sido sometido a exámenes psicológicos efectuados por personas no profesionales sin el conocimiento ni consentimiento de mis padres. Se trataba de una práctica habitual en el Sodalicio. Las personas que me realizaron estas evaluaciones psicológicas fueron Germán Doig y Jaime Baertl, aunque me consta que también las realizaban el mismo Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio hasta el año 2010, además de Virgilio Levaggi, Alfredo Garland y José Ambrozic, entre otros.
- Perdono que se me haya permitido emitir una promesa formal mediante la cual me comprometía a seguir el estilo y la espiritualidad del Sodalicio y obedecer a sus superiores cuando sólo tenía 15 años de edad, sin que mis padres hubieran sido informados al respecto. Más aún, se me indicó expresamente que mis padres no tenían por qué enterarse de la promesa que había hecho y que no les dijera nada.
- Perdono que se me haya fomentado la desobediencia y el desprecio hacia mis padres, que debía ser sustituida por obediencia y respeto absolutos hacia las autoridades del Sodalicio. Sobre todo Luis Fernando Figari fomentaba un culto hacia su persona, de modo que se debía seguir sus órdenes sin chistar, se debía reflexionar continuamente sobre las cosas que le decía a uno personalmente, y aceptar como incuestionable todo lo que exponía en sus escritos y charlas, de modo que cualquier análisis crítico de lo que él decía era impensable, pues se exigía un sometimiento del pensamiento y la voluntad propias a su pensamiento y su voluntad. Recuerdo también cuando en en el verano de 1980 mi madre, en su desesperación, llamó por teléfono a Jaime Baertl y, entre otras cosas, le dijo: «Me están robando a mi hijo», a lo cual él respondió irónicamente: «Señora, el ladrón cree que todos son de su misma condición». Y así cómo él hizo uso de la ironía, también me recomendó que la usara con frecuencia para oponerme a mi madre, a quien designaba con el apelativo despectivo de “tu vieja”.
- Perdono que, desde mayo de 1978, en que asistí por primera vez a un retiro organizado por el Sodalicio, hasta 1993, cuando dejé de vivir en comunidades, se me haya exigido en reuniones grupales la apertura total de mi esfera privada y personal, e incluso se hubiera ejercido presión por parte de los encargados para que, al igual que otras personas presentes, revelara mis experiencias y sentimientos íntimos. Esto solía llevar a una situación de desamparo personal que, a efectos prácticos, permitía una manipulación de las conciencias, sobre todo generando una dependencia hacia quien ostentaba la autoridad.

- Perdono que no se me hubiera permitido ni siquiera salir a la calle a no ser para actividades que formaban parte del horario reglamentario o comunicarme telefónicamente con quien sea, incluidos mis padres, sin permiso expreso del superior. Estas medidas formaban parte de un sistema donde las comunicaciones con el mundo exterior eran controladas férreamente, lo cual a la larga, junto con otras medidas de control mental, terminó generando en mi interior una división entre el ambiente interno del Sodalicio y el mundo externo, hacia el cual se debía tener desconfianza y considerarlo en parte como un peligro para seguir la vocación sodálite en la vida consagrada. Se efectuó como una especie de secuestro de mi psique, que yo acepté al principio de buen grado, pero que a la larga causó en mi una disociación que se traducía en la división excluyente entre un mundo intracomunitario bueno contrapuesto a un mundo “salvaje” fuera de los límites de la comunidad, con el cual no era permitida ninguna componenda.
- Perdono los correazos que, por orden de Luis Fernando Figari, me fueron propinados en la espalda desnuda, sólo para que éste pudiera demostrar su tesis de que las mortificaciones corporales son inútiles, y de que la ascética basada en el dolor físico no tenía mucho sentido y fomentaba la soberbia.
- Perdono la aplicación constante de técnicas de control mental a que fui sometido, muy comunes entre los grupos de características sectarias, entre ellas:
·                      el agotamiento físico a través de ejercicios corporales intensos y prolongados, sumándose a ello la continua sustracción de horas de sueño, y dado que el hecho de quedarse dormido era sancionado con penitencias, sin importarle a nadie que uno estuviera cansado, ello me generaba miedo a quedarme dormido, lo cual a su vez producía un stress que me ocasionaba más agotamiento y tensión, y con ello más cansancio y sueño, en lo que era un círculo vicioso sin salida;
·                      el aislamiento de mis familiares y amigos no pertenecientes a la institución, aplicando las consignas dictadas por Luis Fernando Figari: «sólo un sodálite puede ser amigo de otro sodálite» y «en la Iglesia podemos tener compañeros de camino, pero amigos verdaderos sólo en el Sodalicio»;
·                      la anulación de la esfera privada, al hacer que todos los aspectos de la vida personal dependieran de la comunidad, sin serme permitido casi nunca tomar una decisión propia, además de ser forzado a confesar todos los aspectos de la propia vida íntima ya sea en reuniones grupales, con el superior o con el consejero espiritual, incluyendo aspectos referentes a la sexualidad, muchas veces aplicando dinámicas conducentes a este fin y violentando la libertad personal mediante la intimidación y la violencia verbal, si se consideraba necesario;
·                      la programación minuciosa de lo que uno debe hacer desde que se levanta hasta que se acuesta, incluyendo también el tiempo libre, sin dejar nada a la libre decisión de la persona;
·                      la amonestación y reprensión con un lenguaje agresivo ante preguntas incómodas o difíciles de responder, por más legítimas que fueran;
·                      el uso frecuente de un lenguaje agresivo e insultante; quien se quejaba del trato era tachado de susceptible, “hembrita”, débil, poco viril;
·                      la obligación de asistir por consigna a cualquier conferencia o charla del fundador, y apuntar minuciosamente todo lo que dijera, para luego estudiarlo y revisarlo durante horas;
·                      la aplicación desproporcionada de castigos severos y humillantes ante faltas que pueden ser consideradas ligeras. A manera de ejemplo, puedo mencionar que:
o                                             fui obligado por Germán Doig a pasar una noche en vela en la capilla de la Comunidad Nuestra Señora del Pilar (Barranco) en adoración del Santísimo, sólo por haber cabeceado durante una Misa en la Iglesia de San José situada en la Av. Dos de Mayo 259, Miraflores;
o                                             fui enviado durante una semana a vivir bajo un régimen estricto en una de las comunidades de formación de San Bartolo (bal nearioal sur de Lima) que eran mencionadas a veces de manera humorística entre los sodálites como “la Siberia”, sólo por haber hecho un par de preguntas incómodas de corte intelectual a Germán Doig durante una charla en el Centro Pastoral de San Borja, lo cual constituye también una falta de respeto a la legítima diversidad de opinión, pues en el Sodalicio sólo el hecho de preguntar podía ser motivo de amonestaciones, acompañadas de reproches por no haber aprendido o estudiado a fondo el pensamiento sodálite;
o                                             me fue vertido un vaso lleno de agua fría encima de la cabeza por orden del superior de turno de la Comunidad Nuestra Señora del Pilar entonces ubicada temporalmente en el barrio de La Aurora, Miraflores, sólo por haberme quedado dormido en una reunión muy cerca de la medianoche;
o                                             me fue prohibido participar de las reuniones recreativas de la comunidad por tiempo indefinido, debido a que grabé cassettes de música clásica para uso personal en el equipo de música perteneciente a Alfredo Garland, entonces superior de la Comunidad Nuestra Señora del Pilar en Barranco, sin su permiso. Debo indicar que los simples miembros de las comunidades teníamos entonces prohibido, por orden expresa de Luis Fernando Figari, escuchar todo tipo de música, salvo la que fuera de carácter religioso. Esa orden no se aplicaba a los superiores, que podían escuchar la música que creyeran conveniente. Un domingo, tarde en la noche, en que la comunidad tenia una actividad recreativa en la sala destinada a estos fines, de la cual yo estaba excluido, me eché un rato a descansar en mi cama debido al cansancio y me quedé dormido. Fui despertado violentamente por Alfredo Garland y José Antonio Eguren, y a modo de castigo, se me ordenó estar confinado en una habitación separada del resto de la casa, con prohibición de salir si no era para ir al baño, prohibición de hablar con cualquier miembro de la comunidad que no fuera Eguren, prohibición de leer cualquier otra cosa que no fuera la Biblia y los escritos de autores espirituales que se proporcionara para hacer un retiro espiritual que me hiciera cambiar de actitud y me llevara a corregir mis “malos comportamientos”.
- Perdono los abusos debido a excesos cometidos durante los ejercicios físicos que teníamos que realizar los miembros de las comunidades de formación de San Bartolo, poniéndose a veces en riesgo la integridad física de las personas sin medir las consecuencias. Yo junto con otros más fui obligado a hacer cuclillas con una bolsa de cemento, de unos 25 kilogramos, sobre los hombros. A consecuencia de ello, se me generó una dolorosa inflamación de los músculos dorsales, a tal punto que ni siquiera podía mover el cuello para mirarme los pies, tuve que usar una faja y necesité una semana para restablecerme. Otro sodálite, que sufría de dolencias en la columna vertebral, también fue obligado a hacer tales ejercicios, no obstante que le advertí al superior Emilio Garreaud que eso podía hacerle daño. Asimismo, fuimos obligados a ingresar al mar de noche, en un sitio donde reventaban olas y había muchas rocas filudas. Varios salieron del mar con arañazos, heridas y cortes. También hubo ocasiones en que se hizo nadar a algunos durante tanto tiempo en el mar, que cuando finalmente salieron, no dejaban de temblar debido a que la temperatura corporal les había descendido por debajo de los 36 °C y se les tuvo que dar vino caliente para subirles la temperatura. En la última época que pasé en San Bartolo (de diciembre de 1992 a agosto de 1993) yo tenía que levantarme todos los días a las cuatro de la madrugada cuando todavía estaba oscuro y meterme al mar junto con otro sodálite, fueran cuales fueran las condiciones climáticas, hubiera mar calma o brava, sin que hubiera nadie que por seguridad nos vigilara desde afuera.
- Perdono la mentalidad que se me inculcó, que establece una separación entre el Sodalicio y el resto del mundo, disponiendo que hay entregar toda nuestra confianza a los responsables de la institución y hay que mantener una cierta desconfianza hacia lo que se halla fuera del Sodalicio. Esta mentalidad es reforzada por el concepto rígido de obediencia que se maneja al interior de la institución, donde la crítica al superior aunque sea legítima es considerada como una falta grave, pues «el superior sabe mejor que tú lo que es bueno para ti» y «el que obedece, no se equivoca», lo cual en el fondo induce a una renuncia a la propia conciencia y responsabilidad. Además, esta mentalidad de separación entre el Sodalicio y el resto del mundo también se aplica al interior de la Iglesia. Pues durante mucho tiempo a mí se me inculcó que la espiritualidad y el pensamiento sodálites constituían una de las maneras más radicales y auténticas de vivir el cristianismo en la actualidad, junto con un menosprecio de muchos grupos y espiritualidades que forman parte de la diversidad eclesial, que eran calificados de mediocres. Había un particular desprecio por los grupos parroquiales, los carismáticos, los neocatecumenales, entre otros, y en particular por los partidarios de la teología de la liberación, aun en sus formas legítimas. Se nos inculcaba que el diálogo con personas que siguieran estas espiritualidades particulares no era una opción válida. Eso explica por qué se ha tenido una actitud muy agresiva e incluso se han tomado medidas represivas contra quienes tuvieran simpatía hacia la teología de la liberación. Quiero recalcar que superar esta mentalidad de separación intraeclesial entre el Sodalicio y los demás grupos me ha costado mucho esfuerzo, además de que los rezagos de esa mentalidad me han generado más de un problema durante mi reinserción en la vida normal en el mundo.

- Perdono la situación de angustia que se me generó durante los siete últimos meses que paseé en una de las comunidades sodálites de San Bartolo, en el año 1993, hasta el punto de que llegué a desear que me sobreviniera la muerte. Eso debe atribuirse al concepto estrecho de vocación que se ha manejado en el Sodalicio y que se inculca en las mentes, a saber, que a quien no sigue la vocación a la que Dios le ha llamado, le será muy difícil obtener la salvación eterna. Esto se traducía así: quien ha sido llamado por Dios al Sodalicio y se aparta de él, pone en peligro no sólo su felicidad temporal, sino también su salvación eterna, y debe ser considerado como un “traidor”. El hecho de que yo no me sintiera realizado ni a gusto en las comunidades sodálites era para mí un indicio de que yo no estaba llamado a la vida consagrada en comunidad, pero el haber seguido esa vida durante unos once años (desde diciembre de 1981) me hacía pensar que posiblemente ésa si pudiera ser mi vocación, y era yo el que estaba fallando y fracasando. El hecho de tener que tomar una decisión que, según lo que me habían inculcado, podía decidir mi destino eterno me angustiaba a tal punto, que hubiera preferido morir debido a alguna circunstancia fortuita, es decir, ya no me importaba seguir viviendo. Esa sensación que se prolongó durante casi todo el tiempo que estuve en San Bartolo, y que me llevaba a no importarme correr riesgos durante los ejercicios corporales incluyendo la natación en mar abierta alcanzó una gran intensidad debido a que, como no se me comunicó cuánto tiempo iba a estar en San Bartolo “discerniendo”, como se suele decir, sino hasta un mes antes de salir, vivía en una continua incertidumbre y desasosiego. En esa época se creía en el Sodalicio que había muy pocas razones legítimas para alejarse de él, y que quienes se alejaban por lo general habían traicionado el llamado de Dios y sus esperanzas de salvarse eran muy reducidas. Eso explicaría por qué algunos ex sodálites logran cierta paz cuando arrojan esa mentalidad por la borda, aunque muchas veces eso signifique también desprenderse de la fe.
- Perdono la desconfianza hacia mí que percibí en muchos sodálites consagrados, su falta de apoyo para reinsertarme en el mundo y el ostracismo que se me aplicó después de salir de comunidad, cuando poco a poco fui siendo apartado de manera imperceptible de actividades de formación y apostolado en el Sodalicio y el Movimiento de Vida Cristiana.
- Perdono que se me haya considerado loco, excéntrico o raro cuando comencé de buena fe a manifestar observaciones críticas ante varios aspectos del Sodalicio y del Movimiento de Vida Cristiana, o que se haya aceptado como ciertos rumores falsos sobre mi vida laboral y privada, sin verificación de ningún tipo.
Con todo lo dicho, el paso más importante para una reconciliación ya está dado. Y si algo he callado u olvidado, eso también queda perdonado y no se lo voy a tener en cuenta al Sodalicio. No voy a exigir disculpas, pues darlas es algo que debe partir de la libre iniciativa de los implicados y no una obligación. Pero si vienen, serán bienvenidas con el corazón abierto y la mano extendida.
El propósito de enmienda queda como un asunto entre Dios y los responsables del Sodalicio. Si quieren enmendarse, en buena hora. Y si no, arréglenselas con Dios y con el juicio de la historia. Pues ante Dios sí van a tener que responder de cómo administraron los talentos que se les confió, y qué hicieron con las personas que, por esos vericuetos del destino, se unieron al Sodalicio y pusieron su confianza en la institución, para luego ver sus esperanzas traicionadas.
Puedes irte, Sodalicio. No te condeno, ni te guardo rencor. Te bendigo y te deseo todo bien, no tanto por ti, sino por los seres humanos de carne y hueso que viven bajo tu sombra y que, al igual que yo, se sienten miembros vivos de la Iglesia, y a los cuales considero hermanos en la fe, aunque no compartamos la misma ideología. Pero sí compartimos la misma fe y estamos unidos en la esperanza y el amor, en ese misterio de comunión que llamamos Iglesia, en ese Pueblo de Dios donde la diversidad no sólo está permitida, sino que constituye uno de los mayores dones del Espíritu Santo.
Adiós, Sodalicio. Descansa en paz y que duermas bien. Por los siglos de los siglos.

Fuente:

miércoles, 2 de mayo de 2012

Otra vez ACAprensa

Alejandro Bermúdez Rossell es el el director de ACIPRENSA un medio de (des)información, "católico", empeñado desde hace tiempo en fomentar la mala información y la hostilidad hacia el tradicionalismo y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Tomamos esta entrada del blog Secretum mehum mihi.







FSSPX/SSPX en CISMA, lo dice S.S. Bermudez I

La posición de la Iglesia respecto de si la FSSPX/SSPX está en cisma formal o no, ha sido manifestada varias veces, de la más reciente de ellas dimos cuenta en su momento (aquí), pero hay supuestos católicos a los que les parece mejor seguir su criterio y parecer, como es el caso del director de la Agencia Católica de Información, de quien ya en otra ocasión (aquí) reseñamos su necedad al no sólo rechazar lo que ha dicho la Iglesia al respecto, sino de subvertir a otros haciéndoles creer que su posición al respecto es la verdadera.

Aquí un reciente trino en Twitter del aludido personaje en el que claramente expresa su posición; para él la FSSPX/SSPX esta en CISMA (así con mayúsculas lo escribe), lo que haya dicho la Iglesia parece importarle un bledo


Lo que el Sr. director de la Agencia Católica de Información piense en su fuero interno es cosa de él, pero que que se diga católico, falsifique la posición de la Iglesia y trate de imponer su personalísimo criterio es otra cosa.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

ACAprensa


En el norte de Argentina muchas palabras tienen una raíz quechua. Es el caso de "ÁCA" que significa: guano, mierda, nada, mezquino. A continuación reproducimos la entrada de otro blog,  que es una prueba más de la pésima cobertura informativa que suele realizar la agencia ACIPRENSA cada  vez que trata el tema de la FSSPX. Comprenderán nuestros lectores por qué preferimos rebautizarla como ACAPRENSA... Es debido a la nada de seriedad y a la mezquindad con la que informa sobre estos temas.



La imágen que encabeza esta entrada corresponde a la captura de pantalla de una nota publicada por agencia ACI, Sep-27-2011, de la cual les pedimos presten atención al texto que hemos destacado en rectángulos rojos. Dichos textos, segúnACI, corresponden a afirmaciones hechas por el Bernard Fellay, Superior General de la FSSPX/SSPX, respecto del «preámbulo doctrinal» entregado por la CDF a la FSSPX/SSPX en Sep-14-2011. ACI escribe: “Fellay dijo que...Asimismo aseguró que”, y acto seguido procede a entrecomillar unas palabras, lo que en teoría indicaría que estan citando verbatim a Fellay. Pero simplemente ello no es así; lo que ACI está citando corresponde a unos apartes de un post de Sep-26-2011 de un usuario (con el apodo de “Austremoine”) de un foro en francés llamado Fecit. Este usuario claramente hace la salvedad de que lo que escribe es “un breve resumen de memoria de los términos empleados” por Fellay. Aquí la captura de pantalla del foro aludido, en donde se ve claramente que todo lo escrito es de autoria de ese usuario y no es una cita textual de nadie, aunque el concepto principal permanezca.


Y como esa es la única fuente que se tiene como referencia de lo expresado por Fellay, lo lógico, responsable y honesto es citar esa fuente (como lo ha hecho por ej: Kreuz.net en alemán, Rorate Cæli en inglés, Fratres In Unum en portugués), pero no ocurre así con la nota de ACI. Por tanto, en este caso quiere decir que a la agencia ACI le consta la certeza objetiva de que esas son las palabras textuales dichas por Fellay, y de allí el entrecomillado.

Siéntense a esperar que ACI suministre la prueba de que en este caso concreto está suministrando una cita textual y verdadera.

¿Recuerdan que en otra entrada anterior sugeríamos que ante la posibilidad de un eventual acuerdo Roma-FSSPX/SSPX algunos oprimen el botón de pánico...?