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domingo, 27 de abril de 2014

Iraburu y las canonizaciones

Decía el p. Castellani que “no se mueve libremente el que esgrime contra otro: depende del otro en sus movimientos” porque esto implica “una especie de imitación subconsciente”. Esta es la razón principal por la que decidimos renovar el diseño paródico de nuestra bitácora, gracias a la colaboración de un lector a quien mucho agradecemos por el trabajo que se ha tomado. Y por esta misma razón, la entrada de hoy será necesariamente breve.
El p. Iraburu ha publicado un artículo en su bitácora defendiendo la infalibilidad de las canonizaciones. A este artículo respondemos con dos críticas:
1ª. Presentación sesgada de la postura falibilista. El artículo del p. Iraburu encasilla a los autores que sostienen la no infalibilidad de las canonizaciones en sus categorías –falacias de hombre de paja- de "lefebvrianos" y "filolefebvrianos". Esta reducción constituye, en primer lugar, una adulteración de la historia de la Teología, pues el cuestionamiento a la tesis infalibilista está presente en obras anteriores al Vaticano II, y a Mons. Lefebvre, cosa que el lector podrá verificar leyendo el manual de Bernhard Bartmann publicado en 1932 (v. objeción planteada por Scheid). Además, este encasillamiento estigmatizador, no da cuenta de las opiniones de otros teólogos  y canonistas contemporáneos ajenos al tradicionalismo, que el p. Iraburu parce ignorar: F. A. Sullivan, P. De Vooght, A. Delooz, D. Ols, H. Misztal, etc. Asimismo, quien se tome la molestia de leer a estos autores estará en condiciones de enjuiciar críticamente la afirmación de Iraburu de que la infalibilidad de las canonizaciones es una doctrina “tan continua en la tradición de la Iglesia”.
2ª. Tergiversación de la “Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de la Professio fidei” (29-V-1998).  Es cierto que en esa Nota la CDF incluye entre los ejemplos de verdades conectadas con la revelación por necesidad histórica a la “canonización de los santos” que sería un “hecho dogmático” (Cfr. n. 11, titulado “Ejemplificaciones”). Pero el valor magisterial de la mencionada Nota fue objeto de un importante debate público. Y el Cardenal Razinger precisó al p. Ladislas Örsy el verdadero alcance magisterial de la misma, en los siguientes términos: “Me alegro de poder confirmar, al menos en un punto, las explicaciones del p. Örsy. Me refiero al ´Comentario doctrinal´. Es cierto que este texto, en su conjunto, fue elaborado por la Congregación, propuesto en sus distintas fases en presencia del Cardenal y finalmente aprobado por él. Recibió también la aprobación del Santo Padre. Pero se estaba de acuerdo en que este texto no debía ostentar una propia condición vinculante, sino que se ofrecería sólo como una ayuda para la interpretación y, por consiguiente, no debía publicarse en la forma de un documento con autoridad propia. Por otra parte, la forma escogida de su publicación se decidió para mostrar que no se trataba de un trabajo privado del Prefecto y del Secretario de la Congregación, sino de una ayuda autorizada para comprender el texto. Esto puede criticarse. Y el p. Örsy podría acaso decir aquí con derecho que tal género sí constituye algo nuevo. Y ¿por qué no? En todo caso, la conclusión que ha sacado el p. Örsy es exacta: por este texto los ejemplos aducidos no adquieren ningún valor que antes ya no tuviesen. Adrede se escogieron sólo ejemplos de cuyo rango constase o por documentos del magisterio o por el consenso de auctores probati. En este sentido, nadie ha de sentirse constreñido autoritariamente por este texto”.
En conclusión: la nota no es vinculante por lo que nadie debe sentirse autoritativamente obligado a prestar obsequio religioso a la tesis que sostiene la infalibilidad de las canonizaciones. En esta materia es legítimo para un católico ser falibilista o infalibilista.
Nuestra humilde sugerencia al p. Iraburu es que siga el consejo de Josemaría Escrivá de Balaguer admitiendo “mayor pluralismo (…) en las cuestiones teológicas opinables” que la Iglesia deja a la libre discusión de sus hijos. 

viernes, 5 de abril de 2013

Otro hombre de paja


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El p. Iraburu arremete en una segunda entrega contra algunos medios tradicionales, después de la respuesta de Antonio Caponnetto. El artículo contiene muchos elementos para analizar y contrastar.
Dice Iraburu: “Si un hereje es elegido Papa, la elección es inválida, absolutamente nula: no es un Papa hereje, sino sencillamente no es el Papa”. Y más adelante, completa su pensamiento: “Si alguien niega o pone en duda la ortodoxia de un Cardenal que ha sido elegido Papa, niega o pone en duda la validez de su elección y entronización en la Sede Romana.”
Hay aquí dos aporías que queremos señalar:
1. La herejía. Alguna vez publicamos en nuestra bitácora una entrada sobre la torquemaditis que llama herejía a cualquier heterodoxia sin tomar en cuenta requisitos imprescindibles. 
Parece que algunos se imaginan a Dios como un juez obsesivo y sádico, que disfruta cada vez que un heterodoxo cae en la herejía, y conciben al Derecho Canónico como una máquina que expulsa herejes de la Iglesia. Olvidan que la salvación de las almas es la ley suprema y que la pena canónica tiene un fin medicinal antes que retributivo.
Recordemos que el hereje no rechaza totalmente la fe cristiana; sino que, permaneciendo cristiano, niega alguna verdad de fe divina y católica; en particular el hereje conserva, al menos, la fe en la divinidad y humanidad de Jesús. La noción de herejía viene expuesta en el canon 751 (CIC, 1983) al decir que se trata de la negación o duda pertinaz de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica por parte de un bautizado. En el c. 750 se indica cuáles sean las verdades de fe divina y católica.
Nos encontramos ante un requisito esencial para que pueda hablarse de herejía: la verdad negada o puesta en duda debe ser de fe divina y católica. Porque que “se aparta uno de la unidad de la Iglesia, ab Ecclesiae unitate deficere, por la herejía, y no por un error de menor gravedad” (Cfr.  Thils, G. La infalibilidad pontificia, Sal Terrae: Santander, 1972. Ps. 310-313). Es que así como existe una jerarquía de las verdades de fe expresadas en ciertas notas, también se dan diferentes censuras para designar el carácter heterodoxo de una proposición. La heterodoxia puede expresarse de muchas formas que no configuran herejía, a saber: próxima a la herejía (se opone a una sentencia próxima a la fe), con resabios de herejía o sospechosa de herejía, errónea (contraria a una verdad no revelada, pero conexa con la revelación y definitoriamente propuesta por el magisterio eclesiástico [error in fide eclesiástica]) o bien contraria a una doctrina reconocida generalmente como cierta por los teólogos [error theologicus], falsa (contraria a un hecho dogmático), temeraria (sin fundamento en la doctrina universal), ofensiva a los piadosos oídos (lastima el sentimiento religioso), malsonante (con expresiones equívocas), capciosa (insidiosa por su pretendida ambigüedad), escandalosa (que es ocasión de escándalo).
Por tanto, ¿qué decir de una heterodoxia que no afecta a una verdad de fe divina y católica? Que no es herejía, aunque sea un error menos grave.
Ahora bien, supuesto que una opinión heterodoxa negase una doctrina definida, no bastaría con ello para que estemos ante una herejía. Porque la negación puede deberse a un simple olvido, a ignorancia o inadvertencia, y entonces estamos frente a una herejía material, que no es culpable. Sólo una vez que ha mediado amonestación de parte la autoridad, si el hereje material persiste en su error, hay plena certeza jurídica de que se convierte en hereje formal. La contumacia es elemento constitutivo de la herejía como pecado y como delito.
Además, para que la proposición herética sea delito, la acción externa debe ser gravemente imputable. La gravedad de la imputabilidad se refiere ante todo al aspecto moral y también al legal penal. Donde falte la gravedad moral, falta también un presupuesto esencial para la constitución del delito. Donde no haya pecado grave no puede existir delito; si bien no siempre que se haya cometido pecado grave habrá necesariamente delito.
¿Qué pensar, por tanto, de quien dice una herejía sin contumacia? Que no es hereje formal.
Visto que no todo error es herejía, sino sólo el que cumple con muy estrictos requisitos objetivos y subjetivos, debemos señalar ahora un elemento de hecho que complica más el asunto. En efecto, quien tenga un poco de experiencia judicial conoce la enorme dificultad que hay para probar ciertos delitos. Algo análogo hay que decir del delito de herejía en sede canónica.
Los críticos del cardenal Jorge Bergoglio le han hecho acusaciones diversas. Pero no conocemos a ninguno que lo haya acusado de herejía formal y que haya ofrecido pruebas suficientes. Va de suyo, además, que todo acusado de delito tiene derecho a la defensa.
2. Validez de la elección del Papa Francisco. Si no cualquier heterodoxia configura herejía, si la herejía debe ser formal y su prueba es cosa harto difícil; si, por consiguiente, es falso que quien niega o pone en duda la ortodoxia de un cardenal lo considera hereje; para cuestionar la validez de la elección y entronización de un Papa también hace falta probar supuestos muy importantes.
Puede ser elegido Papa todo aquel que no sea incapaz. Es capaz, cualquier varón, bautizado, católico y con el uso de razón necesario para aceptar la elección y ejercer jurisdicción. Por el contrario, son incapaces las mujeres, los herejes y cismáticos, y los carentes del uso de la razón.
Además, como la Iglesia posee una larga experiencia histórica en cónclaves conflictivos, el Derecho ha limitado los motivos por los cuales se puede cuestionar un cónclave. Lo explica bien un canonista actual: “Para evitar incertidumbres y otros graves inconvenientes, los requisitos de validez del voto [en un Cónclave] están reducidos al mínimo: basta que el procedimiento sea secreto y dado con consentimiento naturalmente suficiente; por lo tanto, no lo hacen nulo el error, el miedo o la simonía” (Cfr. Hervada, J. Elementos de derecho constitucional canónico, 2ª ed., Eunsa: Pamplona, p. 268).
¿Cómo puede decir Iraburu que la eventual elección de un heterodoxo “…viene a ser como la nulidad de un matrimonio en el que… hay en el contrato sacramental un ´error in persona´ de tal magnitud, que por sí mismo hace nulo e inválido ese matrimonio”? No hay nulidad del voto en un cónclave por error asimilable al que vicia el consentimiento matrimonial. De manera que una de dos: o se trata de un hereje formal, incapaz de ser elegido Papa mientras se mantenga en su pertinacia, lo que supone que ha sido sentenciado o declarado tal antes de la elección (censuras que, además, se suspenden en el caso de un cardenal elector); o se trata de una elección válida, que no puede cuestionarse por error de los electores sobre las cualidades personales del electo. 
En conclusión, si alguien niega o pone en duda la ortodoxia de un Cardenal que ha sido elegido Papa, de ello no se sigue que niegue o ponga en duda la validez de su elección. Para llegar a esta conclusión hacen falta varios pasos lógicos que Iraburu se ha saltado olímpicamente. Se ha creado un “hombre de paja”, el “fantasmón sedevacantista”, tal vez con la finalidad de asustar a la gran parroquia de la ortodoxia infantil. Lamentablemente, los problemas complejos no tiene soluciones simplistas, que suelen no ser más que la negación de los problemas.

domingo, 31 de marzo de 2013

Iraburu y el Prima Sedes



El p. Iraburu ha dicho en el n. 7 de su réplica a Antonio Caponnetto algunas cosas que merecen una breve reflexión. Para comenzar, señalemos que no se ha cumplido el vaticinio de Iraburu de que el Papa Francisco “mantendrá también en cuestiones menores una continuidad espiritual con las mejores tradiciones de la Iglesia”, y un claro ejemplo en contrario lo tenemos con lo sucedido en la Misa del Jueves Santo. La explicación del liturgista Adolfo Ivorra es clara y contundente, lo que nos exime de más comentarios.
Además, alude Iraburu al axioma Prima Sedes a nemine iudicatur que tiene una larga historia y un sentido diferente al que le atribuye el infocatólico. La prohibición de juzgar tiene base dogmática: el Papa no puede ser juzgado por nadie, porque no existe ningún juez en esta tierra que tenga potestad para hacerlo. Por lo que contra un acto definitivo del Papa no cabe apelación a ninguna instancia superior.
Hay una clara traducción canónica del principio: el Romano Pontífice Prima Sedes- no puede ser juzgado por ningún tribunal de la Iglesia (c. 1404), ya que todo poder judicial eclesiástico tiene como cabeza su potestad judicial. Por ello en caso de transgresión de esta norma, las actas y decisiones serían inexistentes, pro infectis habentur (c. 1406, 1). La falta de competencia de tales jueces es absoluta respecto del Papa.
Además, la Iglesia condena la apelación a un concilio universal, porque eso equivaldría a situar al concilio por encima del Papa. Razón por la cual el CIC (c. 1372) establece un delito que consiste en el recurso contra un acto del Romano Pontífice sea al Concilio Ecuménico o al Colegio de los Obispos. Y la doctrina es pacífica en admitir que el Papa goza de un privilegio de derecho divino que lo hace inmune al juicio de los gobernantes temporales.
Pero es evidente que no se puede hacer de esta inmunidad judicial una suerte de absoluto moral que impida cualquier juicio respecto de los actos de un papa. En primer lugar, porque la gracia supone la naturaleza y el acto de juzgar es connatural a la inteligencia humana. En segundo lugar, porque no hay modo de obedecer virtuosamente a un Papa sin un previo juicio sobre la moralidad del acto imperado, so pena de pecar contra la virtud de la obediencia y falsificarla mediante el servilismo. Un ejemplo: Alejandro VI, mediante una carta -publicada por el historiador Picotti- ordenó a su concubina retornar al lecho bajo amenaza de excomunión. ¿Debemos decir que tal mandato no debió ser juzgado por la mujer en virtud del principio Prima Sedes? ¡Absurdo! La mujer debió analizar la orden, juzgarla como inmoral –la fornicación y el sacrilegio son pecados graves-, considerar absolutamente nula la excomunión amenazada y resistir el mandato pontificio. Por último, cada vez que en Infocatólica se elogian o critican gestos del Papa Francisco se realiza un juicio previo a la opinión positiva o negativa.

La República de Venecia tuvo dificultades con la Santa Sede. Se reunieron los teólogos de dicha República y emitieron varias proposiciones. De éstas, la proposición n. 10 decía: La obediencia al Papa no es absoluta. Esta no se extiende a los actos donde sería pecado obedecerle. Estas proposiciones fueron sometidas al examen de san Roberto Bellarmino. He aquí la respuesta el Santo: “No hay nada que decir contra la proposición diez, pues está contenida expresamente en la Sagrada Escritura”. 
Decía Chesterton que para entrar en la Iglesia hay que quitarse el sombrero pero no la cabeza. Ser católico nunca puede significar una amputación de la inteligencia en su capacidad de juzgar, ni la anulación de la conciencia moral y su reemplazo por una "obediencia extrema". 


miércoles, 8 de febrero de 2012

Suenan campanas (II)

En esta serie recogeremos diversas visiones acerca de las últimas noticias referentes a la FSSPX, así como su tratamiento por parte de los distintos blogs. Presentamos hoy la visión de Terzio, que expone en la última entrada de su blog ex orbe:


"El noticiario eclesiástico de la semana ha sido surtido y ameno, tocando varias de las interesantes teclas de la más llamativa actualidad, desde el caso Viganó-Bertone hasta la insurrección del clero de Austria. 


Lo de las corruptelas vaticanas no es novedad. Si se hiciera un monográfico sobre el particular el primer capítulo (o prólogo, si se quiere) tendría que referirse a las sisas de Judas Iscariote, que dice San Juan que metía mano, habitualmente, en la bolsa común del Colegio Apostólico. Conque los particulares del caso Viganó-Bertone son sólo la actualización de una repetición, pecaminosa y lamentable pero recurrentemente presente. Todos los males de la Santa Sede fueran como esos, y me daría con un canto en los dientes. Son 'escándalos' que escandalizan, ciertamente, pero también es cierto que es un fango facil de limpiar. Sixto V lo hacía muy bien. Nihil novum sub sole.

Lo de Austria, la Pfarrer initiative, es peor, mucho peor, una insurrección de hecho con un cisma implícito que nadie se atreve a reconocer (aquí una referencia en una web española; y aquí las desafiantes declaraciones de su promotor). El gestor de la crisis, el primado de Austria, Cardenal Schönborn, se ha demostrado incapaz, confusamente irresponsable, e incluso culpablemente contemporizante. Desde que el asunto comenzó ha ido rodando como una bola de nieve pendiente abajo, cada vez más voluminosa e imparable. Schönborn - entiendo yo - es uno de los responsables de que la situación se haya vuelto alarmante.

El tercer foco de atención, después de lo de Viganó y Austria, ha sido el contencioso FSSPX, desde varios frentes, todos aireando negativas, cerrazones, trabas y handicaps. En el fondo late la tensión por la respuesta aun no conocida al preámbulo (desconocido también) propuesto como conclusión de las conversaciones entre los representantes de la Santa Sede y los delegados de la Fraternidad. Sobreabundan las conjeturas, más o menos bien fundadas, pero en realidad se sabe apenas nada que esté bien probado y testado. Con estos supuestos, no es de extrañar que el rumor de mentidero se haya vuelto el recurso para los titulares en algunos medios.

Yo, por mi parte, escojo este:


En esta breve nota-comentario que enlazo, se subraya la insistente actitud contraria y negativa de importantes e influyentes prelados franceses, alemanes y suizos a cualquiera de las inicitivas reconciliadoras decididas por voluntad explícita de Benedicto XVI, un indiscutible buen conocedor de todo el proceso de génesis, afirmación, evolución y actualidad de la obra de Mons. Marcel Lefebvre y la FSSPX. Reconocer que la actitud del Papa Ratzinger ha cambiado sustancialmente la valoración ad intra y ad extra de la Fraternidad, es una evidencia significativamente elocuente.




Hace poco comenté que no me cabe absolutamente ninguna duda sobre la catolicidad y la canonicidad de la FSSPX con respecto a la Iglesia. Si en la Iglesia Católica se incluyen grupos degenerados de des-catolicismo radical como los consentidos en Austria, sería aberrante sostener que la FSSPX no está, de hecho, en la Iglesia a la que representan con toda integridad, sin merma de doctrina ni de esencia.

Es decir, que se puede dudar justamente de la catolicidad y canonicidad de lapfarrer initiative y sus alrededores, pero, por lo mismo, sería contradictorio suponer 'fuera' de la comunión a la FSSPX.

¿Que existen 'problemas' canónicos? Sí. Pero si Roma 'resiste' los muy graves problemas de la pfarrer initiative, los problemas canónicos planteados por la FSSPX son, por comparación, una piedrecita en el zapato, un contencioso que luego del motu proprio Summorum Pontificum, el levantamiento de las excomuniones y las reuniones bilaterales ha sido marcado con un antes y un después irreversibles. Podríamos decir que la nueva situación, tal como parece vislumbrarse, si no se llegara a una más o menos inmediata solución canónica, sería la de un interim sine die abocado, más pronto o más tarde, a una solución beneficiosa para todos.

- Para la Iglesia, porque significaría el comienzo efectivo de su regeneración post-traumático-conciliar

- Para la FSSPX, porque vería reconocida su causa y afluirían a ella vocaciones desde todos sitios

- Para el Papa, porque contaría con una fuerza auxiliar que consolidaría su ministerio devaluado por el colegialismo postconciliar

No digo que esto sea lo previsible, estoy diciendo que esto es lo que ocurriría. También digo que, de tener éxito esta saludable reconciliación, la ruptura interna de la Iglesia quedaría más patente, con todas sus contradicciones.

Llegado a este punto, bajo estos considerandos, parece que la pelota está, más bien, en el tejado de la FSSPX, que no está claro si consentiría compartir espacio (uno y el mismo) con las variopintas realidades, algunas de ellas decididamente transgresoras, que forman el confuso mosáico del Catolicismo postconciliar. ¿Una FSSPX conviviendo - por ejemplo - con la Pfarrer initiativede los austriacos, con las neo-liturgias comunitarias, con las iniciativas pastorales de la nuevangelización?

Opino que el tiempo corre a favor de la FSSPX, cuya consolidación marchará en paralelo al declive sectorial (digámoslo así) de la Iglesia. Un declive que es efecto de todo aquello a lo que se opone la FSSPX.

¿La no-reconciliación y el ralentizamiento de los contactos y relaciones podría conducir a un sedevacatismo declarado? Lo dudo, porque sería el fin de la misma FSSPX, que desde su origen hizo del romanismo más clásico una de las señas de su identidad más profunda, cuya renuncia desvirtuaría los fundamentos de la FSSPX. Hoy por hoy, la acusación sedevacantista no es más que una ofensiva sospecha lanzada desde foros neo-católicos manifiestamente auto-desacreditados.




Todo esto acontece en un marco sombriamente descrito por Benedicto XVI en su reciente alocución a los miembros de la Sgdª Congregación para la Doctrina de la Fe:


"...Nos encontramos ante una profunda crisis de fe, una pérdida del sentido religioso que constituye el desafío mayor para la Iglesia de hoy. Por tanto, la renovación de la fe debe ser la prioridad en el empeño de la Iglesia entera en nuestros días."


Lo discutible es si las tendencias que han propiciado esta crisis dentro de la misma Iglesia van a ser capaces de regenerar lo que degeneraron. No parece probable, ni posible siquiera. No se cosechan higos de una mata de espinos.

En la reseña de esa audiencia del Santo Padre, se cita la intervención del Cardenal Prefecto, William J. Levada, expresando su satisfacción por los frutos logrados por la constitución apostólica Anglicanorum coetibus, con la reciente erección de dos ordinariatos personales, uno en Inglaterra y Gales y el otro en los Estados Unidos. Concluyó el Emmº. Cardenal Prefecto subrayando el"...importante trabajo que desarrolla la Pontificia Comisión Ecclesia Dei que, en estricta colaboración con este dicasterio, sigue los desarrollos del diálogo con la Fraternidad sacerdotal San Pío X". (ver la reseña aquí)

A pesar de la frialdad reticente (o combativa) de muchos prelados, la impresión es que cada vez son más los católicos conscientes que desearían (¡volumus!) una integración efectiva, ampliamente acomodada, que permitiera a la FSSPX su 'espacio' canónico. Cuanto antes, mejor."

P.D. Agradecemos a Terzio que nos haya permtido reproducir su artículo en nuestra bitácora.


sábado, 4 de febrero de 2012

Suenan campanas



  Repican campanas de júbilo para quienes quieren tener bien lejos de la Iglesia todo eso que se ha dado en llamar “tradicionalismo”. Infocatólica remarca bien claro que monseñor Fellay ha dicho no a la Iglesia católica. La noticia exige alguna reflexión. El que esto escribe se va a limitar a esbozar algunas líneas de análisis que abran el camino a la opinión de los habituales –y doctos- comentadores.

1) Percibo una contradicción en la noticia tal como ha sido expuesta por el portal vecino. Allí se dice que Ecclesia Dei “, pide a los lefebvrianos que acepten los puntos controvertidos del Concilio(puntos ambiguos sobre los que hay discrepancias), como el ecumenismo y la libertad religiosa, que deben ser interpretados siguiendo la doctrina perpetua de la Iglesia”. Si eso es así, resulta que tenemos un problema. Porque no se entiende que el hecho de mantener la doctrina perpetua de la Iglesia sobre tales materias, tal como lo pretende hacer la FSSPX, sea un obstáculo para una regularización canónica. A mi modesto entender cabrían dos opciones: a) La doctrina perpetua de la Iglesia sería  incompleta y exigiría  las aportaciones del último Concilio Vaticano; b) Esos aspectos controvertidos estarían incluidos en la doctrina perpetua de la Iglesia, por lo que, dado que lo menor se incluye en lo mayor, y la consecuencia no puede ser –según se decía- anterior ni mayor que la causa, habiendo aceptado las premisas se obviaría la exigencia de aceptación de las consecuencias. Dándose estas circunstancias –que hemos de sospechar que no se dan- obsta en contra del argumento, lo simplemente empírico, como es el hecho de que esa doctrina perpetua de la Iglesia que se pretende subsumir en esos puntos controvertidos no es asumida en absoluto en la praxis, teología y pastoral de la Iglesia. Al menos de modo mayoritario. Tal es así que en la práctica totalidad de los noviciados, seminarios y Facultades de Teología esos puntos controvertidos se presentan como auténticas novedades que dejan sin efecto tal doctrina perpetua. Para quienes de la vida real de la Iglesia no saben prácticamente nada como es el caso de algunos comentatores de Infocatólica. Los que hemos comido, cenado y convivido con algunos obispos y asistido a alguna plenaria de cierta Conferencia Episcopal y compartido de vez en cuando claustro con alguna que otra Facultad de Teología sabemos que es así. Ustedes dirán.

2) La apelación de protestantes a la FSSPX resulta objeto de estudio. Los que somos cristianos viejos, y nunca hemos mantenido, predicado ni colaborado con tal herejía carecemos de elementos de juicio para sostener esa afirmación. Desentrañarla sería tarea de un psicólogo o de un médium. Habría que pensar sin embargo, que la postura católica tradicional a quien más obstina y confunde es a los demonios y a los protestantes. Que sin duda gozan ante la deriva doctrinal, pastoral y espiritual de la Santa Iglesia. Ustedes dirán.

3) Algunos tradicionalistas muestran el gesto dolorido, penitente, orante y sufriente por tal herida malcurada. Moliére hubiese tenido con ellos abundante material de trabajo para dar vida a nuevos Tartufos. Les parece que por tener “su misa” tradicional capitalina de clase media alta de barrio céntrico pequeñoburgués ya están situados en la aristocracia de la Iglesia; a ello, cultos, distinguidos, afables y de buena cuna, ¿Qué menos les podría dar la Iglesia?. Les han dado su gallinero para poner huevos con una buena verja para evitar que entren los zorros. Y les parece que eso es la gran restauración católica. Los demás católicos sería una especie de massa damnata que se tendrían que conformar con las migajas que caen de la mesa de su amo. Es la falsa caridad, la falsa piedad y la hipocresía más cruel. Los tesoros de la Iglesia –su liturgia, su música, su idioma, su doctrina- son para los pobres. Se les podrían aplicar las palabras del Salvador: se han quedado con la llave del saber. Ustedes dirán.

4) El principio de no-contradicción nos dice que una afirmación y su negación no pueden ser verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. La opción por los neocatecumenales con su interpretación de la historia de la Iglesia, con su desdén hacia toda forma doctrinal y litúrgica que se asemeje a la de la doctrina perpetua de la Iglesia, no es compatible con la afirmación y defensa de tal doctrina. Esa idea de la Iglesia como Confederación de espiritualidades diversas solamente conciliables por el apoyo jerárquico, se vuelve insostenible cuando desde alguno de esos puntos se afirme que hay una interpretación católica correcta. Desde ese momento no es posible sostener al mismo tiempo y en el mismo sentido que la regla de la fe no aparece hasta el Vaticano II o que lo que media entre el edicto de Milán y el último concilio es una Edad oscura, y los que niegan tal interpretación. Simplemente no es posible. A no ser que se asuma un corporativismo relativo que permita parcelar la Iglesia en compartimentos que se autodesarrollen de manera autónoma siempre que se favorezca el corporativismo episcopal.  Ustedes dirán.

5) No deja de ser llamativo el ideario Infocatólico. Se nos opone al modelo tradicionalista el de una Iglesia en que los sacerdotes visten con su traje eclesiástico, se celebra el novus ordo con dignidad y ajustado a las rúbricas y las únicas defecciones doctrinales son las de algunos teólogos retro que realmente no lee nadie y –como olvidarlo- el gran problema que es el arzobispo de Barcelona, a cuyos críticos –con razón o sin ella, o con la misma que habría para hacerla en el 96 % de las diócesis mundiales- le ceden un espacio.  Lo llamativo es que esa Arcadia idílica en la que idealmente se asientan sólo existe en sus cerebros, pues en la mayor parte de las diócesis, no llegaría a representar un 3%. ¿Dudas al respecto? Vaya usted, querido lector, en la ciudad en que se encuentre y asista a la misa de 12,00 o 12,30 de la iglesia más cercana. Probablemente no nos equivocaremos. Se dirá que el problema es que falta obediencia, o que hay sacerdotes mal formados. Error fatal. Son sacerdotes bien formados. Según la ratio sacerdotalis aplicado en el seminario diocesano. Con un obispo vigilante formado en esa pastoral, liturgia y teología. ¿De qué se asustan? Ese tipo de situaciones van in crescendo simplemente porque hoy hay menos curas conservadores que hace veinte años. La demografía es como las termitas.  Pero ellos de esto no saben apenas nada. ¿No sabemos que el nivel de los seminarios es cada vez más bajo, donde incluso se acepta a seminaristas sin lo requerido para el acceso a la universidad?¿No sabemos que la mención de Santo Tomás de Aquino se limita a una lección anual, que a lo sumo se extiende a calibrar la ejemplaridad ascética del Santo Doctor cuando contradictoriamente su estudio en el ciclo teológico está totalmente erradicado?  Esperemos que sus posturas sean derivadas de falta de ilustración, y no por la necesidad de tener abierto su particular kiosko. Y dicho sea de paso. ¿El problema de la Archidiócesis de Barcelona es porque está entregada al progresismo o porque es nacionalista? Porque los problemas que de allí se critican son extrapolables a muchas más diócesis sobre las que se guarda un respetuoso silencio.  Ustedes dirán.

6) Las contradicciones que reseñábamos al principio son señal de una crisis de onda larga. Una crisis cuyas ramificaciones salen a la luz a medida que el deterioro se va haciendo más notable, que es el momento en que la reflexión puede brotar. Sin embargo, los estereotipos, las etiquetas, el corporativismo ideológico ( y muchas veces socio-politico) impide que salgan a la luz las contradicciones y disensos, siendo preferible neutralizarlos con baños de masas o apelaciones a desdeñar lo difícil, pues parece que no queda más remedio. Solvitur in excelsis, pero en cualquier caso, nos queda la duda: a un obispo, clérigo o fiel anterior al Vaticano II y sus puntos controvertidos ¿Se le exigiría una nueva confesión de fe?. Ustedes dirán.

Última hora: La FSSPX niega haber dado una segunda respuesta al preámbulo doctrinal. Puede leerse aquí. Intuimos que los vecinos no consignarán esta aclaración. Parece que algunos han sido investidos de la patente de corso para sabotear lo que les plazca. Junto con la conmiseración de los presuntamente apenados pero con la daga florentina en el bolsillo.

miércoles, 4 de enero de 2012

Del iraburrimiento por incoherencia

Dice D. José María Iraburu: 
"No escuchen la llamada de quienes declaran extraviados al Papa y a los Obispos. Aléjense de ellos como del veneno. Únanse más que nunca al Papa y a sus propios Obispos en esta hora tan difícil para los creyentes"
Compartimos las palabras y –de acuerdo con el dictamen de nuestra recta conciencia— estamos dispuestos a poner en práctica dichos consejos.

Siguiendo la línea de argumentación moralizante de D. Iraburu, debemos recordar que el pecado de cisma afecta la unidad entre los fieles que es efecto propio de la caridad no sólo en relación con el Papa, sino también respecto de los restantes "miembros de la Iglesia a él sometidos" (CIC, c. 751). Y el cardenal Lluís María Martínez i Sistach es un miembro de la Iglesia sometido al Papa... Por tanto, podría cometerse pecado de cisma respecto del Arzobispo de Barcelona en cuanto cabeza de una Iglesia local, razón por la cual, sin abusar de la paráfrasis deberíamos decir: 
"No escuchen la llamada de quienes declaran extraviado [al cardenal Sistach]. Aléjense de ellos como del veneno. Únanse más que nunca al Papa [y al cardenal Sistach] en esta hora tan difícil para los creyentes"
¿Cómo se explica que Germinans Germinabit arremeta contra Sistach, con justicia o sin ella, con moderación o sin ella, pero en forma sistemática y frecuente? ¿Acaso los curas que redactan esa bitácora pueden invocar un estado de necesidad aprobado por D. Iraburu?

El problema de fondo en el planteamiento de Iraburu es una incoherencia no reconocida. En efecto, si el infocatólico está completamente de acuerdo con la teoría y práctica del ecumenismo, su modo de expresarse respecto de la HSSPX es por completo inactual:  el reloj pastoral de don Iraburu atrasa más de medio siglo. Y si en verdad no está de acuerdo con el ecumenismo vigente, que lo diga sin tapujos, y se dedique a lanzar anatemas con toda tranquilidad. Desde aquí le sugerimos que comience llamando cismáticos y herejes a los representantes de las confesiones cristianas que asistieron al último encuentro de Asís. 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Iraburre


Transcribimos las reflexiones que nos llegan de parte de Pedro Hispano sobre el último -Deo volente- articulete de Iraburu. El carácter soporífero del mismo se deriva de lo de siempre: lo que Iraburu dice del P. Gleize, en su respuesta a Ocáriz, lo podría también decir de monseñor Gherardini. Sin embargo no lo ha dicho. Es a dicha "forma mentis" a la que nuestro lector parece hincar el diente.

 “El rayo que no cesa”
Vuelve Don José Mª Iraburu al ataque contra los lefebvrianos. Es curioso que lo haga precisamente el dia de los Inocentes. Pero hay que comenzar reconociendo que en este tiempo no ha dejado de hacer algún progreso. Por ejemplo: se ha enterado de que existe Mons. Brunero Gherardini y su libro de análisis crítico del Vaticano II. Y hasta habla del libro con cierto respeto exonerándole de los errores que afirma pululan en los escritos de los seguidores de Mons. Marcel Lefebvre.
El caso es que, curiosamente, el libro del canónigo vaticano se difunde en los centros lefebvrianos, como puede comprobar cualquiera que se acerque a uno de ellos.
Hace aguas por más sitios el articulo en cuestión así como las respuestas que da a los comentarios supervivientes a la censura infocatólica. Pero dejo su análisis a otros para centrarme en su reiterada y calumniosa acusación de cisma.
¿Existe un cisma lefebriano?
En realidad la pregunta podría ser si en la actuales circunstancias de Iglesia puede existir cualquier tipo de cisma. Porque no puede haber estrictamente cisma si no hay un reducto o perímetro bien definido en lo doctrinal y lo disciplinar y los que lo abandonan serían cismáticos frente a los auténticos católicos que serían tales porque permanecen dentro del perímetro y en comunión con él. Se puede estar fuera o dentro de un recinto cuando éste tiene unos límites precisos. Pero, cuando el recinto no tiene de tal más que el nombre porque no tiene tales límites sino que se confunde con los demás territorios y los penetra y es penetrado por ellos, decir que alguien está fuera o dentro de él es por lo menos arriesgado. Y cuando afecta a personas, en muchos casos beneméritas –como aquellas a las que Iraburu ataca- es también injusto y calumnioso.
Hoy –nunca lo lamentaremos bastante- ¿donde están los límites precisos y en la práctica (1) de lo que es correcto o no en doctrina, liturgia y disciplina en el seno de la Iglesia Católica? Porque si de hecho Walter Kasper puede ser cardenal, el papa que besa el Corán beatificado y las monja que defiende y hace propaganda del aborto seguir –aparentemente, al menos- tan tranquila, ¿dónde está el recinto religioso con unos límites concretos de modo que se pueda decir que alguien está dentro o fuera de él? ¿Hay un perímetro eclesial bien definido cuando la más alta autoridad eclesiástica alaba públicamente “la experiencia religiosa de Lutero”, cuando el actual arzobispo de Sevilla se hace acolitar por monaguillas o cuando la Universidad Notre Dame (USA) conserva el título de “católica” después de conceder el doctorado Honoris causa al abortista Obama?
Este es uno de los fallos fundamentales de Don José María Iraburu: que pretende afrontar esta crisis de vértigo a base de definiciones atemporales con las que elabora textos tan rotundos como alejados de la realidad. Y la realidad –la tristísima realidad- es que hoy la Iglesia no se presenta al mundo como un reducto con límites precisos sino como un magma ecuménico.
En conclusión: Una rémora.
Por eso la obra de Iraburu en cuanto se sale de ciertos límites se convierte en una rémora porque ante las mentes de los que le dan crédito, que en estos temas no merece, debilita la posición de quienes luchan por recuperar la Tradición católica. Le guste o no hace el juego Iraburu a los demoledores de la Iglesia enseñando ese obedientismo ciego que ha hecho que llevemos más de 40 años celebrando Misa con la fórmula de la Consagración mal traducida y contemplando sin reaccionar desastres tales como la destrucción del catolicismo romano. ¡Allá él con su conciencia! Pero al menos que no falten –no faltemos- quienes muestren a todos estos errores y los daños que han producido y pueden producir.



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(1) insisto: en la práctica que es lo que la gente vive y lo que configura o más bien desfigura la mentalidad católica.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Índices comparados


Ofrecemos a nuestros lectores un cuadro con los criterios de calificación y censura de libros de la Guía bibliográfica de la web www.almudi.org en contraste con el index infocatólico (suponemos que algo existe, aunque no sea más que un conjunto de criterios). 



Calificación


Guía bibliográfica del O.D.



Index infocatólico

P-A1
Público general.
Apto para católicos primaverales, juanpablistas, con afiliación o simpatías por los movimientos neoconservadores.

P-A2

Lectores con cultura general o formación cristiana básica.

Apto para católicos de a pie que no tienen relación con los movimientos neoconservadores.


P-B1

Requiere conocimientos generales de la materia.

Peligro de cripto-filolefebvrismo.

P-B2

Lectores con formación cristiana y cultura específica sobre el tema.

Peligro de filo-lefebvrismo.

P-C1

Presenta algunos errores doctrinales de cierta entidad.

Al criticar a los movimientos neoconservadores se opone al Espíritu Santo.


P-C2


Aunque la obra no se presenta como explícitamente contraria a la fe, el planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.


Aunque la obra no tiene nada contrario a la fe, ni a la doctrina católica, el planteamiento general, o sus tesis centrales, se oponen a la línea editorial trazada por el p. Iraburu.

P-C3


La obra es incompatible con la doctrina católica.


La obra es incompatible con las opiniones del director de Infocatólica.