viernes, 21 de febrero de 2014

Gilad Atzmon: la religión del holocausto


Gilad Atzmon es un saxofonista de jazz, activista político, escritor y novelista nacido en Israel, de nacionalidad británica. En 1994 emigró al Reino Unido para realizar en la Universidad de Essex, una maestría en Filosofia y adquirió la nacionalidad britanica en 2002. Es un gran crítico del gobierno de Israel, lo cual manifiesta en sus escritos contra el sionismo, el judaísmo y la ocupación del territorio palestino. Ofrecemos hoy nuestra traducción de parte del capítulo 18 (pp. 203 y ss.) de su libro The Wandering Who? A Study of Jewish Identity Politics (Ed. Zero Books. Winchester, UK; Washington, USA, 2011) sobre la “religión del holocausto”. Un texto muy interesante.


Yeshayahu Leibowitz, el filósofo que fue un judío
ortodoxo y observante, me dijo una vez:
 “La religión judía murió hace dos cientos años.
Ahora no hay nada que unifique a los judíos
del mundo que no sea el holocausto”
Remember What? Remember How? Uri Avnery
19.3.05 (90)

El profesor Yeshayahu Leibowitz, de la Universidad Hebrea, un filósofo nacido en Letonia, fue probablemente el primero en sugerir que el holocausto se había convertido en la nueva religión judía. El filósofo israelita Adi Ophir ha señalado(91) también que, lejos de ser simplemente un relato histórico, “el holocausto” contiene numerosos elementos religiosos fundamentales. Tiene sus sacerdotes (por ejemplo Simon Wiesenthal, Elie Wiesel, Deborah Lipstadt) y profetas (Shimon Peres, Benjamín Netanyahu, que son los que advierten contra un judeocidio iraní por venir). Tiene mandamientos y dogmas (por ejemplo “nunca más”) y rituales (días del recuerdo, peregrinaciones a Auschwitz, etc.). Posee un orden simbólico-esotérico establecido (por ejemplo, los kapos, las cámaras de gas, chimeneas, cenizas, zapatos, los campos de prisioneros, la figura del Musselmann(91bis), etc.). También tiene un templo, Yad Vashem, y santuarios (los museos del holocausto) en las capitales del mundo. La religión del holocausto también está sostenida por una red global de recursos financieros, lo que Norman Finkelstein llama “la industria del holocausto”, e instituciones como el Holocaust Education Trust. Esta nueva religión posee suficiente coherencia como para definir a sus “anticristos” (negadores del holocausto) y tiene suficiente poder como perseguirlos (a través de las leyes que prohíben la negación del holocausto y los discursos de odio).
Me tomó muchos años comprender que el holocausto, la creencia central de la fe judía contemporánea, no era un relato histórico, porque las narraciones históricas no tienen necesidad de la protección de la ley y de los políticos. En cierto instante del tiempo, un capítulo horrendo de la historia de la humanidad recibió un estatuto excepcional, meta-histórico. Su “facticidad” ha sido sellada por leyes draconianas y sus razonamientos asegurados por instituciones sociales y políticas.
La religión del holocausto es judeo-céntrica hasta el tuétano. Define la raison d’être judía. Para los judíos sionistas, significa su cansancio total de la diáspora y considerar al goy como un asesino potencial e irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Podría ser la más siniestra religión conocida por el hombre, porque en nombre del sufrimiento judío, otorga licencia para matar, arrasar, aniquilar, emprender ataques nucleares, saquear, realizar limpiezas étnicas. Ha hecho de la venganza un valor occidental aceptable. Los críticos de la noción de “religión del holocausto” han sugerido que, si bien la veneración del holocausto tiene muchas características de una religión organizada, no ha establecido una divinidad exterior para adorar. No podría estar menos de acuerdo: la religión del holocausto encarna la esencia de la visión demo-liberal del mundo. Ofrece una nueva forma de culto, haciendo del amor de sí mismo una creencia dogmática, en la cual el fiel observante se adora a sí mismo. En la nueva religión, en vez del viejo “Yahvé”, “el judío” es el sujeto a quien los judíos adoran: un valiente e ingenioso sobreviviente del genocidio supremo, que emergió de las cenizas y dio un paso adelante para un nuevo comienzo.
En cierta medida, la religión del holocausto es la señal última del abandono del monoteísmo por parte de los judíos, porque cada judío o judía es potencialmente un dios o una diosa. Abe Foxman es el dios de la anti-difamación, Alan Greenspan es el dios de la “buena economía”, Milton Friedman es el dios del “libre mercado”, Lord Goldsmith el dios del “fuego verde”, Lord Levy el dios de la recaudación de fondos, Paul Wolfowitz el dios del “intervencionismo moral” norteamericano. La AIPAC (el American–Israel Public Affairs Committee) es el Olimpo americano donde los mortales, elegidos en los Estados Unidos, van a pedir misericordia, perdón por ser Goyim y un poquito de dinero. La religión del holocausto es el momento concluyente, final, de la dialéctica judía; es el fin de la historia judía, porque ella es la más profunda y la más sincera forma de “amor a sí mismos”. Más que llamar a un Dios abstracto para designar a los judíos como el pueblo elegido, en la religión del holocausto los judíos eliminan a este mediador divino y simplemente se eligen a ellos mismos. La política de identidad judía trasciende la noción de historia: Dios es el maestro de ceremonias. El nuevo dios judío, esto es “el judío”, no puede ser sometido a la ocurrencia de ninguna contingencia humana. Así, la religión del holocausto está protegida por las leyes, mientras que todas demás narrativas históricas se debaten abiertamente por parte de los historiadores, los intelectuales y la gente ordinaria. El holocausto se establece como una verdad eterna que trasciende el discurso crítico.
Apenas unos pocos intelectuales judíos en Israel, y en el extranjero, aceptan la observación de Leibowitz. Entre ellos, encontramos a Marc Ellis, un prominente teólogo judío, con una mirada reveladora sobre la dialéctica de la nueva religión: “La teología del holocausto”, dice Ellis, “produce tres temas que existen en una tensión dialéctica: sufrimiento y empoderamiento, inocencia y redención, singularidad y normalización”(92). Si bien la religión del holocausto no ha reemplazado al judaísmo, le ha dado a la “judeidad” un nuevo significado. Proporciona una narrativa judía moderna, situando al sujeto judío dentro de un proyecto judío. El “sufriente” y el “inocente” marchan hacia la “redención” y el “empoderamiento”. Dios está fuera de este juego, ha sido expulsado, habiendo fallado en su misión histórica. Después de todo, no estuvo ahí para salvar a los judíos. En la nueva religión “el judío”, como nuevo dios judío, se redime a sí mismo. Los judíos adeptos a la religión del holocausto idealizan la condición de su existencia. Luego erigen una estructura para una futura lucha por el reconocimiento. Las siguientes tres “'iglesias” de la religión del holocausto asignan a los judíos un importante papel, con algunas implicancias globales: para los seguidores sionistas de la nueva religión, las implicaciones parecen relativamente duraderas. Ellos están ahí para arrastrar fatigosamente a la totalidad de los judíos del mundo hacia Sión, a expensas de un pueblo palestino indigente.
Para los marxistas judíos, el proyecto es ligeramente más complicado. Para ellos, la redención implica la construcción de un nuevo orden mundial, a saber, un paraíso socialista, un mundo dominado por políticos dogmáticos de la clase trabajadora, en el que judíos pasan a ser no más que una minoría entre muchas.
Para los judíos humanistas, los judíos deberían situarse en la vanguardia de la lucha contra el racismo, la opresión y el mal en general. (Aunque esto último suena prometedor, de hecho es problemático. En nuestro actual orden mundial, Israel y los EE.UU., están entre los principales opresores. Esperar que los judíos estén en la vanguardia de la lucha humanista los ubica en una pelea contra sus hermanos y la superpotencia que los apoya).
Como podemos ver, el holocausto funciona como una interfaz ideológica. Ofrece a sus seguidores un logos. En el nivel de lo consciente, sugiere una visión puramente analítica del pasado y del presente; sin embargo, no se detiene allí: también define la lucha por venir, la visión de un futuro judío. No obstante, como consecuencia de ello, se llena el inconsciente del sujeto judío con la mayor ansiedad: la destrucción del yo.
Huelga decir que un cuerpo de ideas que estimula la conciencia (ideología) y dirige el inconsciente (espíritu) es una muy buena receta para una religión exitosa. Esta unión estructural de la ideología y el espíritu es fundamental para la tradición judaica. El vínculo entre la claridad jurídica de la Halajá (ley religiosa, es decir, la ideología) y la naturaleza misteriosa de Jehová, así como las enseñanzas de la Cábala (es decir, el espíritu) hace del judaísmo una totalidad, un universo en sí mismo. El bolchevismo -movimiento de masas, más que teoría política- se basa en la misma estructura, en este caso, la lucidez de un materialismo pseudo-científico junto con el temor al apetito capitalista. La ideología neoconservadora también está en conformidad con la misma estructura fundamental, bloqueando al sujeto en un abismo entre la supuesta lucidez forense de las “armas de destrucción masiva” y el miedo inexpresable al “terror por venir”.
Este vínculo entre el consciente y el inconsciente trae a la mente la noción lacaniana de lo "real", o lo que no puede ser simbolizado (es decir, expresado en palabras). Lo real es lo inexpresable, es inaccesible. En palabras de Zizek, “lo real es imposible”, "lo real es el trauma". Sin embargo, este trauma da forma al orden simbólico y constituye nuestra realidad. La religión del holocausto encuadra muy bien en el modelo lacaniano. Su núcleo espiritual está arraigado profundamente en el dominio de lo inexpresable. Su predicación nos enseña a ver una amenaza en todo. Sin embargo, la narrativa principal -el trauma- es sagrada. Está protegida, es intocable, muy parecida al sueño. Usted puede recordar su sueño pero no puede cambiarlo. Curiosamente, la religión del Holocausto se extiende mucho más allá del discurso intra-judío. De hecho, funciona como una misión, y no sólo porque sus templos se construyen a lo largo y ancho del mundo, sino porque el holocausto se considera como un posible pretexto para bombardear con armas nucleares a Irán. Los líderes israelíes y los grupos de presión judíos de todo el mundo, parecen interpretar el proyecto de energía nuclear de Irán como un judeocidio en marcha. Claramente, la religión del holocausto sirve tanto a la derecha como a la izquierda dentro del discurso político judío, pero también hace un llamamiento a los goyim y, sobre todo, a los que instigan y avalan los asesinatos en nombre de la “libertad”, la “democracia” y “intervencionismo moral”.
Hasta cierto punto, todos estamos sometidos a esta religión: algunos de nosotros, como creyentes; otros, sólo están sometidos a su poder. Aquellos que tratan de revisar la historia del holocausto son sujetos de abusos de parte del alto clero de esta religión. La religión del holocausto constituye lo “real” de Occidente. No se nos permite tocarlo, ni estamos autorizados a mirar dentro. De modo muy semejante al de los antiguos israelitas, que debían obedecer a su Dios pero nunca cuestionarlo, estamos marchando hacia el vacío.
Los académicos que estudian el holocausto como una religión (en términos de teología, ideología e historicidad) se dedican principalmente a las formulaciones estructurales: sus significados, la retórica y la interpretación histórica. Algunos buscan la dialéctica teológica (Marc Ellis), otros a formulan los mandamientos (Adi Ofir); algunos indagan sobre su evolución histórica, otros exponen su infraestructura financiera (Norman Finkelstein).
La mayoría está comprometida con una lista de hechos que sucedieron entre 1933 y 1945; sin embargo ninguno de los estudiosos de la religión del holocausto han empleado algún esfuerzo en el estudio del papel del holocausto en el largo plazo del continuum judío. De aquí en adelante voy a sostener que la religión del holocausto estaba bien establecida desde mucho tiempo antes de la solución final (1942), mucho antes de la Kristallnacht (1938), las leyes de Nuremberg (1936) e incluso antes del nacimiento de Hitler (1889). La religión del holocausto es probablemente tan antigua como los judíos mismos.


____________________
90. http://www.gushshalom.org/archives/article348.html
91. http://www.tikkun.org/article.php/20090617074540771
91. bis. N. de T.: término del argot de los campos de concentración que designa al prisionero que deja de luchar por su vida.
92. 30. Ellis, Marc H., Beyond Innocence and Redemption: Confronting The Holocaust and Israeli Power : Creating a Moral Future for the Jewish People , San Francisco, Harper & Row, 1990, p. ???

miércoles, 19 de febrero de 2014

Billuart : los judíos y la Trinidad

Como es sabido, los judíos no aceptan el dogma de la Santísima Trinidad. Hay que agradecer que en estos tiempos de ecumanía interrreligiosa y veleidades judaizantes, al menos algunos rabinos se expresen con claridad:  “...sobre la doctrina de Dios, un abismo separa irremediablemente al judaísmo del cristianismo”. “...Si el Dios que adoran los judíos y los cristianos (y se puede agregar a los musulmanes) es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, difícilmente podría ser de otra forma para creyentes que extraen su inspiración común de la Biblia. Si el Antiguo y el Nuevo Testamento veneran a Él, al Creador del universo y al Padre de todos los hombres, bien diferente, sin embargo, es el monoteísmo de los judíos (y de los musulmanes) al de los cristianos.” “La oposición entre la fe de Israel y la creencia de los cristianos aparece irreductible y sería en vano tratar de reducirla. Se pueden estimar puntos comunes de las doctrinas y de los principios semejantes de su moral, donde los judíos y cristianos se acercan a veces hasta llegar a ser idénticos. No se podría borrar, al contrario, ni siquiera animado por el espíritu más liberal, la diferencia capital entre el monoteísmo profesado por la sinagoga y el de la Iglesia. Esta diferencia permanece íntegra, aún cuando los fieles de las dos religiones invocan al mismo Dios, su Padre común, a menudo en los mismo términos, principalmente en los salmos.” “...el dogma trinitario agrava la oposición entre las creencias judías y cristianas divergiéndolas con otro misterio, el de la Encarnación.” “Tal concepción teológica es la negación de los principios fundamentales del judaísmo.”
Ofrecemos hoy la traducción de un fragmento del tomista Billuart. Esperamos contribuya al cese o la reducción de los contubernios judeo-cristianos y de otras prácticas rabinizantes.
“Aunque lo que hasta aquí hemos escrito ha sido tomado del Antiguo Testamento y vale también contra los judíos que lo aceptan, sin embargo, puesto que dicen que interpretamos mal las Escrituras, a fin de cortar esta objeción, argumento contra ellos de la siguiente manera:
Los judíos están obligados a reconocer que interpretamos correcta y legítimamente las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento si los rabinos anteriores al cristianismo lo interpretaron como nosotros. Pero esto es lo que sucede. Ergo.
La Mayor parecería que la deberían aceptar necesariamente: así como ellos no quieren aceptar a los nuestros como parte así tampoco nosotros a ellos; elíjanse pues jueces imparciales como son los doctores de entre su pueblo y religión que han interpretado las Escrituras antes que los cristianos.
Y si estos contradicen su fe ¿A quién van a citar? ¿A las Escrituras? Pero esto no es posible porque precisamente estamos discutiendo con ellos sobre su sentido. Además si los doctores más antiguos y principales de la ley Mosaica erraron en este principal misterio de la religión, entonces le hubiera sobrevenido tanto la sinagoga como al pueblo judío un peligro patentísimo de error contra la fe, lo cual parece del todo ajeno a la providencia y benevolencia que Dios tuvo para con este infeliz pueblo.
La menor la pruebo por el P. Galatino en su obra: “de Arcanis catholicae veritatis lib. 2 cap. 1.
1º Rabí Simeón, hijo de Joahi, en el libro llamado Zohac, comentando las palabras delDeut. cap. VI: “Oye Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Dios” o como dice el texto hebreo: “el Dios, Dios nuestro, es el único Dios”, dice: “Rabí Ibba dice: “Escucha Israel: Dios, que es el principio de todas las cosas, el antiguo entre los antiguos, el origen y la perfección de todas las cosas, es llamado Padre; nuestro Dios es la profundidad de los ríos y la fuente del conocimiento, que procede del Padre, y es llamado Hijo; este Dios es espíritu Santo que procede de los dos y es llamado la medida de la voz. Es uno, y uno con otro concluye y reúne; y ni uno puede dividirse del otro; y por eso dice: “Congrega Israel, este Padre e Hijo y Espíritu Santo, y haz de ella una esencia, una sustancia, puesto que lo que se encuentra en uno, está en el otro, todo estuvo y todo está y todo estará”. El mismo rabí Simeón dice en el mismo lugar: “Este arcano del Hijo no se revelará a todos hasta que venga el Mesías: puesto que entonces, como dice Isaías, la tierra estará repleta del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar”.
No hay palabras más claras y expresivas con las cuales los doctores Católicos puedan argumentar para probar la verdad de nuestra religión. Dice que este misterio recién será revelado a todos cuando venga el Mesías, y esto a causa de la propensión de los judíos a la idolatría, los cuales, al concebir tres personas en una esencia, podían tomarlos y adorarlos por tres dioses.
 El mismo rabí Simeón interpreta estas palabras de Isaías 6: “Santo, Santo, Santo es el Señor de los Ejércitos”, así: “Santo aquí es el Padre, Santo aquí es el Hijo, Santo aquí es el Espíritu Santo”.
3º Rabí Jonathas, hijo de Usielis, en la paráfrasis caldaica interpreta el mismo texto desta manera: “Santo el Padre, santo el Hijo, santo el Espíritu Santo”.
 El mismo Jonathas lee en caldeo estas palabras del Salmo 109: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra” así: “Dijo el Señor a su Verbo”.
Es cierto que no se lee así en la paráfrasis caldea de Jonathas, puesto que los judíos más recientes corrompieron el texto; pero Galatinus dice que lo leyó así en un viejísimo ejemplar por la cual tempestad fueron expulsados todos los judíos del reino de Nápoles por orden del rey católico. Lo mismo afirma Lyranus antes de su conversión del judaísmo, y muy versado en los libros de los judíos, al comentar las palabras del Salmo 109. Y finalmente en otro libro de los judíos llamado “Colección de sentencias”, se dice que el Targum, es decir la traducción caldea de Jonathas ben Usielis, traduce así: “Dijo Dios a su Verbo: sede a mi diestra”.
 El mismo Cristo al querer probar su divinidad a los judíos por medio del Salmo 109: “dijo el Señor, etc”, le dijo a los judíos:
Mt XXII: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es Hijo? Le dijeron: De David. Y Él les dijo: ¿Cómo, entonces David inspirado por el Espíritu, lo llama “Señor” cuando dice: “Dijo el señor a mi Señor: siéntate a mi diestra”?, si pues David lo llama “Señor”, ¿cómo es su hijo?” Y nadie, añade el Evangelista, pudo responderle nada.”
Ante el silencio de los Fariseos queda manifiestamente claro que en aquel entonces era una constante e indubitable opinión entre los judíos, que ese Salmo estaba compuesto por David, y que esas palabras fueron dichas sobre el Mesías o Cristo. Lo cual supone Pedro en Hech. 2, para probar por las mismas palabras la divinidad de Cristo, sin que ningún judío lo contradiga, aunque hoy en día nieguen ambas cosas. Así pues, supuesto esto, los judíos están obligados a reconocer que hay en Dios diversidad de personas, de forma tal que una está asociada a otra y sentada a la diestra de la otra”. (Billuart O.PTractatus de Trinitate, Proemio, art. II. )

Fuente:

lunes, 17 de febrero de 2014

Winfrid Due: sobre el deicidio

En 2011 dejé un comentario con preguntas en el blog Ex Orbe referido al deicidio que D. Winfrid tuvo la amabilidad de responder. Para formular mis dudas me apoyé en una semejanza del deicidio con el pecado original. Para que se entiendan mejor de mis preguntas y las respuestas de D. Winfrid, he reelaborado aquel comentario, explicitando algunos conceptos previos:
(1) Pecado originante. Es el cometido por nuestros primeros padres en el origen del género humano, como se narra en la S. Escritura (Gen. caps. 2-3).
(2) Pecado originado. Es la transmisión del pecado de Adán toda su descendencia, inherente a cada hombre desde su concepción. Los teólogos, comentando este texto propusieron diversas opiniones sobre la esencia del pecado transmitido: un pacto hecho por Dios con Adán en calidad de cabeza moral del género humano, para que él pudiese transmitir tos dones sobrenaturales a sus descendientes, o perderlos para sí y para ellos; o también una transferencia de la voluntad de los descendientes a Adán en el acto del pecado, etc. La mejor explicación es la que da Sto. Tomás e ilustra Billot: a) Adán es cabeza y fuente, no moral sino ontológica del género humano: en él se hallaba toda nuestra naturaleza; b) la justicia original era en él como una perfección accidental de la especie humana, que ligaba ésta con Dios; c) Adán rompió voluntariamente este vinculo y despojó de aquella perfección accidental a la naturaleza contenida en él; d) la naturaleza destituida de esta forma, es decir, con el reato de culpa y con la mancha, pasa a la posteridad, que se encuentra por ello en un estado de pecado voluntario, no, por su voluntad, sino por la del acto pecaminoso puesto por Adán; e) el pecado de los descendientes consiste en la privaci6n de la gracia formalmente, y materialmente en la privaci6n de la integridad y, por lo tanto, en la concupiscencia; f) con el Bautismo se guita la mancha por la infusión de la gracia (elemento formal), pero la concupiscencia (elemento material) subsiste. El pecado original se propaga con la generación carnal.
(3) Efectos del pecado original. Consecuencias del pecado original en nuestros primeros padres: a) privación de los dones sobrenaturales (gracia y virtudes infusas) y preternaturales (integridad); b) estado de pecado con su reato y su mancha; c) débito de pena eterna; d) vulneración de la naturaleza, por la cual las pasiones se levantan contra la razón, impiden el libre ejercicio de la voluntad y dificultan la práctica del bien.

Las respuestas de D. Winfrid me han parecido más claras y matizadas que las del libro de David Núñez que más tarde encontré en internet.  

- Consulta de Martin Ellingham.
Sobre el pecado originado (2): ¿se propaga? ¿cómo se propaga? Porque los criterios de “judeidad” son variables.
Efectos del pecado (3): ¿qué efectos tiene? ¿afecta la potencia obediencial? ¿es una cuasi-reprobación en vida de los afectados?
Si puede dar una respuesta breve y esquemática estaré muy agradecido.
- Respuesta de Winfried Due.
M. Ellingham, yo diría que: Lo dicho al respecto en Nostra Aetate. ya es suficiente, y lo que parece decir el libro de J.Ratzinger depende o es consecuencia de lo dicho en la N.A. Ese pecado (tu dices 'originado') se mantiene, permanece y afecta a todo el corpus iudaicum post eventum - por decirlo de alguna manera - en cuanto que el judaísmo actual no se desdice de la condena a Cristo; entiendo, además, que no puede en cuanto que no tiene una 'capitalidad' reconocida, es decir, que no tienen ni Rey ni Sumo Sacerdote ni Sanedrín, puesto que la Sinagoga es, de hecho, una multiplicidad de sinagogas, e incluso de confesiones muy distintas dentro del propio judaísmo, en muchos casos con apenas un mínimun común identificativo (credo, prácticas religiosas, moral). El pecado desaparecería en cuanto se hiciese un acto (formal, puesto que la condena de Cristo fue un acto no sólo moral sino formal) de des-vinculación respecto a aquella condena. Han habido raras actuaciones: El estupendo ensayo de Josef Blinzler 'Der Prozess Jesu' comienza dando noticia de algunas iniciativas en ese sentido, entre ellas una petición formal hecha por un magistrado holandés en 1949 al ministro de justicia del recien constituído Estado de Israel (petición no resuelta, por cierto). De todas formas, pienso que subsistiría una insuficiencia real de legitimidad, en cuanto faltan actualmente las instituciones que pudieran justamente reconocerse como sucesoras de hecho y de derecho de aquellas antiguas instituciones judáicas que intervinieron en la condena del señor: Sacerdocio, Sumo Sacerdote y Sanedrín.
Por otra parte, ¿qué valor tendría una renuncia moral-personal-individual a la condena de Cristo hecha por un judío actualmente? Un valor absoluto, personal, que supondría un cierto praeambula fidei en cuanto conectaría de alguna manera con una parte real del Credo cristiano; aunque adoleciera de la necesaria confesión de Cristo Hijo de Dios encarnado y redentor, sería un paso que: 1º se separaría implícita y explícitamente de la voluntad condenatoria; 2º supondría una sincera aproximación a Jesucristo.
Para terminar: Entiendo (y vuelvo a usar el adversativo: a pesar de todo) que el asunto depende de la Providencia y de sus tiempos y momentos de gracia, que desconocemos, estando ensartado en esa serie de circunstancias que la Iglesia ha entendido que se relacionan con el fin de los tiempos y la Parusía. En este sentido, no se puede entender como un caso resoluble humanamente, sino dependiente del Señor. A no ser que la Iglesia ejerciera el poder de las llaves, de atar y desatar, sobre ese caso concreto. Pero volveríase al problema formal: ¿Sobre quién o quienes aplicaría la Iglesia la absolución? ¿Sobre aquellos, que no se arrepintieron? ¿Sobre el actual Israel? Para la absolución sería necesario un arrepentimiento que ¿existiría/podría existir? ¿cómo se haría aplicable esa absolución, con qué o cuáles fórmulas y/o requisitos? Por todo eso insisto en la posibilidad personal y dudo quasi-absolutamente de la institucional.
# el pecado originado persiste (yo no diría 'se propaga') en tanto en cuanto uno se reconozca/sea reconocido como parte de aquel Pueblo Judío (una identidad que sería, sobre todo y principalmente, de índole religiosa) considerado sin solución de continuidad. 

# los efectos serían una afectación según esa 'culpabilidad corportiva', si no se renunciase a ella, como he dicho, con un grado de imputación distinto y menor que el imputable a los protagonistas históricos de la condena, siendo ahora como una especie de pecado de 'intención', con cierta relación con el sacrilegio o la blasfemia, aunque convendría quizá definirlo como un pecado de contumacia, de obcecación en el pecado de sus mayores, un concepto que aparece reiteradamente (con otros significados) en la Sagrada Escritura 
# pero no entiendo que afecte a la capacidad de recepción de la gracia por:
- la necesidad absoluta de la misma gracia en orden a la salvación; la relativa imputabilidad material post eventum, que ahora sólo sería virtual (a no ser que se re-formalizase con algún acto al estilo de como se realiza una apostasía real y formal).
- el hecho constatado en el Nuevo Testamento de la conversión de muchos (sacerdotes, levitas y pueblo) luego de la Muerte y Resurreción del Señor, lo que demuestra un estadio de apertura a la gracia que se correspondería con la permanencia de las gracias patriarcales y el llamamiento a la salvación que toca por primogenitura a Israel, y por ende también a todos sus descendientes.
Como ves, no expongo esquemáticamente, soy prolijo; pero el tema, entiendo yo, está cargado de particulares necesariamente matizables.

viernes, 14 de febrero de 2014

Straubinger: el problema judío


De acuerdo con una noticia aparecida en Newsweek en su versión española, 02-10-2013, Israel ya tendría listos los sacerdotes levitas para realizar los sacrificios veterotestamentarios, hasta hoy perimidos por la destrucción del templo. Ofrecemos como complemento a esta noticia un artículo de Mons. Juan Straubinger que hemos subido a nuestro estante de scribd. Dice el autor: 
“Según las Escrituras, los judíos son un pueblo extraordinario, al que Dios mantiene para cumplir sus promesas. Si hoy reclaman el país de sus antepasados y lo ocupan poco a poco, obedecen, sin darse cuenta, a la voz de Dios, que los congrega de nuevo en aquel pequeño territorio, para obrar en ellos el misterio predicho por San Pablo y los profetas del Antiguo Testamento. Nada sabemos sobre el modo de su realización, pero estamos seguros de que será la obra más estupenda entre la primera y la segunda venida de Cristo, y probablemente el acto preliminar de esta última.”
Agradecemos al amigo de nuestra bitácora que nos ha enviado el artículo del reconocido biblista.

lunes, 10 de febrero de 2014

Sólo la Jerarquía puede... y los kikos también


Un lector de nuestra bitácora nos ha hecho llegar un dato preocupante. Sabemos de la "creatividad" litúrgica del Camino Neocatecumenal. Sin dudas, en la valoración de los diversos abusos litúrgicos hay una jerarquía que se basa en un criterio objetivo que surge de la importancia del rito alterado. En la tabla que insertamos a continuación, puede apreciarse, una parte de la fórmula de la Consagración de la Santa Misa. En la primera columna, en rojo, el texto latino; en la segunda, en color negro, la traducción castellana aprobada; y en la tercera, en azul, la traducción kika. 


Hoc facite in meam commemorationem


Haced esto en conmemoración mía

Haced esto como mi memorial

La versión kika aparece en un cancionero del Camino Neocatecumenal para uso litúrgico. Del texto y del contexto se desprende que los sacerdotes del Camino cantan la Plegaria Eucarística con esta traducción.
La fuente es una publicación oficial: RESUCITÓ. CANTOS PARA LAS COMUNIDADES NEOCATECUMENALES. CENTRO NEOCATECUMENAL DIOCESANO – C/ BLASCO DE GARAY 8 – 28015 MADRID. © Kiko Argüello, 2010. Printed in Spain – Impreso en España. XIX Edición revisada y corregida por el autor. I.S.B.N.: 84-288-0378-1. Depósito Legal: 1511-1982
Se puede verificar lo que denunciamos en la página 177 del cancionero aquí y también aquí. 
Recordemos que “sólo la Jerarquía puede introducir cambios en la Liturgia. §1. La reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; ésta reside en la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el Obispo… §3. Por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia.” (Conc. Vaticano II. Sacrosantum concilium, n. 22). “Para reeditar libros litúrgicos o partes de los mismos así como sus traducciones a la lengua vernácula, es necesario que conste su conformidad con la edición aprobada, mediante testimonio del Ordinario del lugar en donde se publiquen.” (Código de Derecho Canónico, c. 826, § 2).
¿Acaso la traducción kika cuenta con la aprobación y conformidad de alguna autoridad eclesiástica? No lo sabemos y mucho nos tememos que la respuesta sea negativa.


sábado, 8 de febrero de 2014

Cría cuervos


Discurso de Pablo VI en la ONU (1965): "3. Nuestro mensaje desea ser ante todo una ratificación moral y solemne de esta augusta Organización. Este mensaje nace de nuestra experiencia histórica. Es como "experto en humanidad" que aportamos a esta Organización el sufragio de nuestros últimos predecesores el de todo el episcopado católico y el nuestro, convencidos como estamos de que esta Organización representa el camino obligado de la civilización moderna y de la paz mundial"
Discurso de Juan Pablo II en la ONU (1995): "1. Es un honor para mí tomar la palabra en esta Asamblea de los pueblos, para celebrar con los hombres y mujeres de todos los países, razas, lenguas y culturas, los cincuenta años de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas. Soy plenamente consciente de que, hablando a esta respetable Asamblea, tengo la oportunidad de dirigirme, en cierto sentido, a toda la familia de los pueblos de la tierra. Mi palabra, que quiere ser signo de la estima y del interés de la Sede Apostólica y de la Iglesia Católica por esta Institución, se une de buen grado a la voz de quienes ven en la ONU la esperanza de un futuro mejor para la sociedad de los hombres"
El portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi en un comunicado publicado hoy ha indicado que “no se puede hablar de un “choque entre la ONU y el Vaticano” y recuerda que la Santa Sede siempre ha dado “un fuerte apoyo moral a la Organización de las Naciones Unidas, como lugar de encuentro entre las naciones”.
Y el punto más grave es que las observaciones del Comité parecen superar sus competencias propias, al interferir en las posiciones doctrinales y morales de la Iglesia católica, dando indicaciones que implican evaluaciones morales sobre la contracepción y el aborto, o la educación en las familias, o la visión de la sexualidad humana, a la luz de una propia visión ideológica de la sexualidad.

jueves, 6 de febrero de 2014

La Legión necesita pronunciarse sobre la figura del fundador

Reproducimos hoy un artículo interesante con el que no estamos en todo de acuerdo. En primer lugar, porque pensamos que la Legión de Cristo no tiene "carisma" en sentido estricto, aunque pudiera tenerlo en un sentido amplio (=fin, misión, cometido apostólico); y porque carisma es un término que convendría no usar para esta singular congregación, a menos que se procediera a reformarla radicalmente cambiándole hasta el nombre. En segundo lugar, porque compartimos la opinión que Marcial Maciel no fue propiamente un fundador sino un simple organizador material. Y en tercer lugar, porque llamar "obra de Dios" a esta congregación -de institución eclesiástica y no divina- resulta inconveniente habida cuenta de los turbios orígenes del instituto. A pesar de nuestro desacuerdo, el artículo de Gaxiola tiene algunos puntos interesantes y supera en contenido y estilo las habituales apologías voluntaristas de otros legionarios.

P.S.: parece que hay alguna novedad de parte de la L.C.
(Javier Gaxiola, LC).- La gente como yo aprende con el tiempo a tragarse palabras. Me explico. Por personalidad, tendemos a decir lo primero que se nos viene a la mente. A menudo decimos cosas que no pretendíamos decir. A lo largo del tiempo vas aprendiendo que la mejor forma de mejorarlo es callarte una que otra vez. Nunca llegas a lograr el absoluto control, pero por lo menos aprendes a pensar dos veces antes de hablar.
La lectura de un artículo reciente me ha animado a compartir mi punto de vista sobre la Legión. Confieso que este escrito es en parte desahogo de muchos años de silencio, pero creo que es mejor así. El tiempo me ha permitido discernir mejor y hacer una lectura de la historia desde Dios, liberándome de juicios parciales y fáciles, no siempre constructivos y sanos. Lo hago desde dentro, como uno más que ha vivido todo esto en primera fila. Comparto las reflexiones que han ido madurando a lo largo de los últimos años de historia de mi Congregación. Repito: soy un legionario más, que nadie conoce o por lo menos muy pocos. Soy un religioso con votos perpetuos y ni siquiera soy sacerdote aún.
¿Qué hay en mi corazón? Ahora paz y descanso después de tantos años de borrasca y tensión. Escribo después de momentos de sufrimiento, confusión e incertezas. Quisiera decir tantas cosas, y que a la vez todo esto tuviera un cierto orden. Lo hago sin pretender dar una opinión institucional sino personal, y en un contexto de Capítulo General que está siendo celebrado actualmente en la ciudad de Roma. Tampoco soy un experto en el tema de los carismas en la Iglesia, sino todo lo contrario. Comienzo sin más la lista, esperando que pueda expresar lo que ha ido creciendo dentro de mí en estos últimos años.
1) Perdón: yo también pido perdón. Lo hicieron algunos superiores, lo hizo recientemente el Padre Juan Sabadell, padre capitular,y lo hago también yo. Primero porque sé que el fundador no lo hizo con quienes ofendió y a quienes abusó, y había gente que lo esperaba. Segundo porque yo también soy parte de una Legión pecadora, a la que he contribuido con mi pecado personal y mis actitudes poco cristianas en tantas ocasiones. Créanme que me esfuerzo por vivir el Evangelio todos los días, busco con sincero corazón reparar mis pecados y desagraviar el Corazón de Cristo y de tantos hermanos míos que han sufrido y siguen sufriendo por nuestra causa. Perdón por no creerles a tiempo, perdón por criticarles en el pasado, perdón por mis favoritismos y mi poco espíritu evangélico que en ocasiones reflejé en la pastoral vocacional y juvenil.
2) Pronunciamiento sobre el fundador: estoy también de acuerdo con la opinión de que la Legión necesita pronunciarse sobre la figura del fundador y tomar una postura institucional clara. La Legión necesita iluminar la oscuridad que existe sobre su historia y a la vez disponerse a cerrar el tema para poder seguir avanzando en su proceso. En parte lo ha hecho, pero no es suficiente. Personalmente confío esta tarea al Capítulo General en el que toda la congregación participa a través de sus representantes elegidos por votación. Tengo esperanza en que Dios nos ayudará a arrojar luz sobre el tema, pues hasta ahora estuvimos en años de silencio al respecto: en parte por la investigación, por la obvia complejidad del caso y en parte también por un evidente estancamiento inicial debido a fuertes tensiones entre nosotros, que defendíamos diferentes puntos de vista sobre el tema. Hoy siento que, en general, los legionarios coincidimos en este punto concreto, y de hecho ya ha sido anunciado como primer punto de análisis del capítulo, en la parte del examen de conciencia y el compromiso penitencial. Me consta que muchos padres capitulares lo llevaban como punto de partida en sus anotaciones personales, en parte por petición de la base.
3) El carisma existe: me permito hacer unas observaciones a un artículo reciente que sostiene como tesis que el carisma de la Legión de Cristo es un enigma. Entiendo que el fundador haya hecho sufrir a mucha gente y me apena profundamente. Entiendo también que la Legión cometió muchos errores, que los legionarios cometimos y seguimos cometiendo errores. Pero el salto de ahí a la deducción de que no hay carisma es mortal yno tiene fundamento.
4) La palabra carisma no se usa en el derecho canónico: la afirmación sobre el carisma del Cardenal De Paolis, delegado del Papa para el proceso de renovación de la congregación, en su entrevista sobre el capítulo, no es incorrecta: el derecho canónico actual no menciona la palabra carisma cuando habla de los institutos de vida religiosa. Decir que prefiere hablar de patrimonio espiritual en lugar de carisma no es necesariamente porque crea que la Legión no lo tiene, sino que simplemente habla como un canonista. Otra razón obvia es que la palabra carisma se suele usar para referirse a los fundadores, lo cual en la Legión no sólo es dañino, sino que es lo contrario a lo que se busca. En el fondo los términos son intercambiables.
5) La Legión sí tiene carisma. El hecho de que no hayamos llegado a la redefinición exacta no quiere decir que no lo haya. La dificultad es grande porque la definición del carisma y la vivencia del mismo se tenía y tiene que purificar de desviaciones, vicios, psicopatías y pecados del fundador y de tantos legionarios que han y hemos contribuido a esa desviación. Pero una cosa es la redefinición del carisma y muy distinta su existencia. Más aún: me atrevería a decir que hay que distinguir entre carisma fundacional y carisma del fundador. En la Legión el carisma del fundador no existió. Sin embargo se coló en las estructuras. El proceso de renovación y purificación no ha sido otra cosa que buscar detectar con sinceridad y espíritu evangélico aquellos puntos en los que el carisma fundacional de la orden fue contaminado por el fundador y distanciarse de ellos. No ha sido fácil. El discernimiento también produce tensiones. Considero un milagro que hayamos llegado a un cierto consenso sobre el tema.
6) El carisma no es estático: no nos debe sorprender que la formulación del carisma cambie. De hecho los grupos carismáticos pasan a lo largo de su vida por un proceso de identificación que no siempre es lineal y progresivo. La evolución de un carisma fundacional que se extiende en el tiempo es un fenómeno normal en la Iglesia. Los capítulos Generales son precisamente para adecuar el carisma a los tiempos y lugares. Posteriormente, la Iglesia universal y local tiene la autoridad dada por Cristo para discernir si un carisma le es evangélicamente útil en un momento concreto. El caso de la Legión es obviamente distinto y el capítulo actual es de hecho extraordinario. La Legión ha sido acompañada por la Iglesia para renovarse y la Iglesia misma discernirá la utilidad evangélica de la nueva Legión.
7) Para ser carisma no se necesita novedad doctrinal. El hecho de que una congregación tenga como carisma un aspecto ya existente en la espiritualidad de la Iglesia, no quiere decir que no es un auténtico carisma. De hecho, el carisma de las congregaciones no se inventa nada. Es un don que el Espíritu da a su Iglesia para enriquecerla, resaltando un modo de vivir el Evangelio y la vida cristiana que surge de alguno de los misterios revelados de Cristo.
8) Caso sin precedentes. Efectivamente, como ha dicho más de alguno, estamos ante un caso sin precedentes (al menos de lo que yo conozco) en la Iglesia. Estamos ante una congregación que ve la necesidad de desvincularse de la figura de su fundador por todo lo que se sabe, y que en ese mismo distanciamiento busca descubrir con más pureza el propio carisma. No lo considero tan problemático, si entendemos que el carisma fundacional es distinto al del fundador, y que una obra puede seguir adelante mientras Dios así lo quiera, manifestándose a través de la tradición legítima de la Congregación y el discernimiento de la Iglesia universal o local.
9) Espíritu nuevo y nueva Legión: el Card.De Paolis nunca dijo que los problemas de la Legión se resolverían con el Capítulo General extraordinario, ni con las nuevas Constituciones o los nuevos superiores. Sería una aberración teológica, y pretender una perfección imposible en la contingencia de una obra conformada por hombres. De hecho, en su última homilía a la comunidad de Roma, se atrevió a afirmar que no era suficiente para renovarnos tener nuevas Constituciones y nuevo gobierno y que era necesario que los legionarios viviéramos esta nueva etapa con un espíritu nuevo. Dijo también que nuestra memoria histórica se debía remontar no a la época del fundador (por razones que ya sabemos) sino al proceso de renovación que hemos vivido, con todo lo que hemos descubierto, con las heridas que han sido expuestas, las víctimas que han sufrido, la reparación y la acción purificadora y renovadora de Dios de la que hemos sido testigos los que la hemos vivido y experimentado.
10) Libertad interior y ejercicio de la autoridad: es mentira que nos manipulan y nos esconden información. Sé que antes se hizo, y está muy mal, aunque hay que entender los contextos (no justifico; sólo digo que era comprensible por la estructura que había creado el P. Maciel). Ya no es así, tenemos acceso a la información necesaria, libertad de expresar las opiniones que queramos y de confrontarnos en fraternidad y verdad. La autoridad está siendo también ejercida de un modo diferente. Se respetan las indicaciones de la división de fueros y se promueve un espacio de libertad interior y discernimiento personal. El proceso es lento pero sí se ha avanzado y veo con mucha esperanza el comienzo de un ejercicio de una autoridad más caritativa y más pastoral.
11) Obra de Dios: Yo sí me atrevo a afirmar con certeza que la Legión es una obra de Dios. Primero porqué veo un claro carisma. Como dije antes, el Capítulo General en el que nos encontramos se encargará de formularla. Después de estarlo reflexionando comunitaria mente durante los últimos 4 años, para mí (no soy el único) es vivir el Misterio de Jesús que anuncia el Reino, un Reino que se instaura desde la humildad de la Cruz. Ante ese Jesús los legionarios y miembros del Reino cerramos filas.
No soy ingenuo. Sé que hay muchos retos por delante, muchos problemas que resolver y muchas heridas que cicatrizar. Sé que el proceso de cambio de mentalidad en la praxis será lento y a muchos nos gustaría que se acelerara un poco el ritmo. Independientemente de las opiniones sobre la velocidad del proceso, tengo esperanza en Dios. Soy de los que creen que Dios actúa en la historia, que Él puede levantar al caído y que su Misericordia no se cansa de perdonarnos. Por ello me lanzo con entusiasmo al futuro, aceptando mi pasado, nuestro pasado, confiándolo en las manos de Dios y poniendo los medios para disponernos a recibir de Él una verdadera conversión. Confío en que la gracia prevalecerá sobre el pecado y el mal mientras en la Legión haya frutos de santidad y corazones que lo busquen con sincero corazón.
Fuente:

martes, 4 de febrero de 2014

Sentido literal y literalismo


En un comentario a esta entrada que no fue publicado se decía -entre otras cosas- que los pecados son personales, lo cual es verdad, tachando por heterodoxa la noción de “pecados colectivos” (que se usa en sentido analógico, tal como se explica en el artículo ya enlazado). Cada día que pasa nos convencemos más de los estragos que causa en la inteligencia de los católicos la ausencia de un pensar analógico. Lo que se traduce en una hermenéutica literalista de la Sagrada Escritura, que podría llevar a resultados como el del vídeo que ilustra esta mini-entrada. Una entrada que no tiene por finalidad discutir complejos problemas exegéticos ni pretende adentrarse en los singulares carismas conferidos por Cristo a los Apóstoles, sino que se limita a ilustrar las consecuencias más extravagantes del univocismo/literalismo en el mundo protestante. 

Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia enemiga, y nada os dañará.” (Lc. X, 19)
“Estos poderes que Cristo les dio para que pudiesen realizar su misión están expresados por la metáfora de diversos animales venenosos (Sal 90, 13), lo mismo que contra «toda potencia enemiga», por la que se significan los poderes demoníacos.” (García Cordero).
“El sentido literal es el que el autor humano quería que su receptor captase. Por tanto, es inseparable de su intención. Está dado en el género literario o el giro convencional usado por el autor. No debe confundirse con el sentido "literalista" (que comúnmente llamamos "literal" o "a la letra"). El sentido literalista de la expresión "se conmovieron las entrañas de José a causa de su hermano" (Gén 43, 30) es que sus órganos internos (entrañas) se convulsionaron. Pero el sentido literal es que tuvo compasión: "entrañas" es usado metafóricamente, como era común antaño (IRe 3,26; Is 16,11; 63,15; Jer 31,20; Lam 2,11; Hab 3,16). El sentido literal se determina por sus contextos literario, cultural e histórico, y los usos convencionales lingüísticos de la época -por eso era comprensible a su lector.” (Arens).

lunes, 3 de febrero de 2014

La inoperancia de los “meaculpismos”.

En nuestra opinión muchas veces resulta necesario pedir perdón públicamente por los pecados personales y también por los denominados “pecados colectivos”. E incluimos en esta última categoría a los pecados que son fruto de las estructuras de instituciones como el Opus Dei y otros grupos semejantes. Sin embargo, todo ello no debe implicar una actitud que se puede denominar meaculpismo, emparentada con el canibalismo institucionalTranscribimos en esta entrada un artículo sobre el meaculpismo en la empresa. Las reflexiones del autor pueden extrapolarse –mutatis mutandis- a la Iglesia y a sus instituciones.

La inoperancia de los “meaculpismos”.
Por Juan José García.
Vivimos en una sociedad rica en contrastes. Uno de los que más llama la atención es que mientras algunos se empeñan en decir que no se arrepienten de nada y que si tuvieran que volver a vivir no cambiarían ninguna de sus decisiones, otros suelen adoptar una postura casi como si fueran víctimas de ellos mismos, asumen una especie de “meaculpismo” generalizado: todo lo hicieron mal. Confiesan que no supieron advertir señales que les enviaban las circunstancias, que se equivocaron a la hora de descifrar los acontecimientos, que actuaron obnubilados por algún objetivo que erróneamente consideraron como el más importante… Como si buscaran la absolución por parte de la opinión pública. Y la mayoría de las veces la consiguen. Lo que no queda tan claro es si se trata de una oportunidad para rectificar el rumbo, o de una estrategia para continuar actuando negligentemente para volver a pedir perdón al cabo de los años.
Esto también ocurre muchas veces en las empresa. Algunas veces es el gerente general quien asume una postura de víctima principal de sus propios errores ante la línea inmediata de subordinados, buscando una especie de compasión que los haga postergar sus propios intereses dañados; otras son los gerentes medios ante sus pares para eludir un juicio demasiado duro.
Se trata de algo bastante generalizado porque en el fondo no es tan costoso reconocer que nos equivocamos, que lo hicimos mal, todo mal. Lo que no deja de tener algún mérito, si fue realmente así. Pero se trata de un mérito mínimo, porque no hay nadie que pueda presumir de no haberse equivocado nunca: el error es connatural a la condición humana. Si nadie puede quedar al margen del error, tampoco yo, se podría pensar. Y además ¡lo reconozco públicamente! Sólo falta el aplauso para el héroe. ¿Por qué entonces considerar escaso el mérito? Esa generalización de los propios errores, sin puntualizar en qué consistieron ni descender al reconocimiento de cómo se podría, y se debería, haberlos evitado, es muy dañino para la salud de la empresa, concretamente para el “tono” –la sana tensión– que es conveniente que impregne el clima laboral. Los meaculpismos que no puntualizan los fallos ni determinan quiénes son los responsables suelen instalar un clima de indulto generalizado donde todos somos culpables. Lo que resulta “cómodo” en tanto que nadie asume el costo. Y entonces comienzan a aflojarse los resortes de la responsabilidad individual porque si nadie va a pagar los platos rotos ¿para qué esforzarse en lo sucesivo por evitar que se rompan? El problema es que lo que resulta muy cómodo a corto plazo acaba generando notables incomodidades no mucho más tarde.
Ese meaculpismo generalizado resulta inoperante porque es desmoralizador, aniquila la moral de victoria que implica superar muchas dificultades que la mayoría de las veces provienen de los errores de quienes se han propuesto lograr determinada meta. Esto obliga a reconocer la responsabilidad personal en esas fallas; una responsabilidad que admite una gama muy variable porque las circunstancias y el hecho de trabajar en equipo pueden atenuar mucho los descuidos. “Un error es un tesoro”, acuñaron los japoneses. Pero lo será siempre que no nos quedemos en el diagnóstico sino que busquemos una solución. Es decir, si identificamos los errores concretos para rectificarlos. En este sentido es frecuente que las mejores empresas de servicio sean aquellas en las que más errores quedan registrados. A primera vista podría parecer todo lo contrario: si hay más errores es que son peores. Pero no es así: como tienen conciencia de trabajar bien, y su intento es hacerlo cada día mejor, no tienen ningún inconveniente en dejar registradas las fallas para superarlas. En cambio las que no están dispuestas a ese empeño ocultan sus deficiencias, y por eso “aparentemente” pueden dar la impresión de que son mejores. Quizá una parte importante de la fortaleza que exige la tarea directiva sea la valentía para atreverse a actuar, porque eso equivale a decir atreverse a cometer errores. Y reforzar entonces esa actitud valiente no amparándose en la posible indulgencia general de los otros ante la propia confesión de ineptitud. Sino reconocer qué se hizo bien, qué se debió hacer mejor y se hará en adelante para evitar que se repita ese error, y qué cosas, aunque no estén decididamente mal, cabría mejorar.
Siempre es más difícil pedir perdón por haber sido impuntual a quienes están esperando (por no haber dejado de mirar el correo diez minutos antes tal como teníamos planificado, por poner un ejemplo trivial), por mínima que sea esa impuntualidad, que hacer una pequeña escena diciendo “ya me conocen, siempre me pasa lo mismo”,etc., etc.
Por el contrario qué tonificante resulta un reconocimiento sincero de los errores concretos que podamos haber cometido. ¿Qué hice mal? ¿Dónde me equivoqué? ¿Qué puedo aprender de este error para evitarlo en lo sucesivo? ¿Qué debía haber hecho, porque estaba a mi alcance, y no lo hice? ¿Fue negligencia, pereza, desconocimiento, falta de experiencia?
¿Qué debo hacer en el futuro para sacudirme esa especie de modorra que me impide enfrentarme conmigo mismo para salir de esa nebulosa en la que todos los gatos son pardos? Esto exige pensar, enfrentarse con uno mismo, en definitiva: asumir la gestión de sí mismo que es la primera tarea a la hora de dirigir. 

Fuente:

http://www.ieem.edu.uy/prensa/143_la-inoperancia-de-los-meaculpismos/