viernes, 3 de marzo de 2017

El olvido de la gracia actual


En una entrada ya publicada, ofrecimos nuestra traducción un de texto del obispo Castro Mayer que explica de manera sencilla cómo pueden salvarse quienes no pertenecen en acto a la Iglesia. Vale la pena volver sobre el tema pero con una visión más profunda. Intentaremos hacerlo siguiendo la obra del dominico Emilio Sauras (obra completa, aquí; para los puntos de esta entrada, cfr. ps. 632-659) de la cual reproducimos fragmentos en letra de menor tamaño.
La gracia actual se define como el influjo sobrenatural transeúnte de Dios en el alma que mueve al acto relativo a la santificación y a la vida eterna. La doctrina de la gracia es árida. La catequesis y la vulgarización teológica se ven obligadas a simplificar el tema para hacerlo más comprensible. Lo cual puede dar lugar a esquemas uninalterales y a veces mezquinos, como el que escuché una vez a un cura: - Maurras era agnóstico; no podía influir cristianamente en la sociedad francesaComo si la incredulidad hubiera corrompido su naturaleza incapacitándola para actos buenos en favor de los demás; como si la infidelidad fuera un impedimento para recibir gracias actuales... O el comentario que hizo otra persona sobre Solzhenitsyn: - No murió dentro de la Iglesia... Lo cual es verdad pero pudo recibir gracias actuales a lo largo de su vida que lo preparasen para gracias de última hora. 
Por cierto, no poseemos el "graciómetro" por lo que tenemos que limitarnos a lo que percibimos exteriormente. Pero considerar el papel de la gracia actual contribuye a distanciarnos de un manojo de errores pesimistas -algunos, verdaderas herejías- que nos acechan: corrupción total de la naturaleza; negación de la bondad natural de ciertos actos y de su contribución al bien de los demás; negación del bien oculto de las gracias actuales; defectibilidad de la Iglesia opuesta a la promesa de Cristo, etc. Son "demonios" que conviene exorcizar antes de que se adueñe de nosotros el mal de la acedia que causa ceguera para el bien.
- Cristo es redentor de todos y a todos ofrece su salvación.
“Dios quiere salvar a todos los hombres […]; Cristo es redentor de todos; todos tienen posibilidad subjetiva de salvarse; a todos llega próxima o remotamente la gracia suficiente, etc. Todas estas expresiones significan una misma cosa: que no hay hombre en el mundo que no esté conectado de alguna manera con Cristo, o que de alguna manera no reciba su influjo sobrenatural…
Excluir a alguien de este influjo divino ejercido mediante Cristo, redentor y cabeza, es correr peligro de caer en el error calvinista de que Dios crea a determinados hombres con un destino condenatorio…
…a todos llega el influjo sobrenatural de Cristo mientras están en el mundo. Pero no todos lo reciben en el mismo grado. La Teología, que asegura que nadie queda excluido del cuerpo místico de Cristo, asegura también que sus miembros se dividen en dos grandes grupos: miembros en acto y miembros en potencia”.
- Los miembros en potencia del cuerpo místico reciben un influjo sobrenatural de Cristo.
“Sería una equivocación pensar que los miembros en potencia no son, sino que pueden ser miembros. Esto equivaldría a decir que de hecho no reciben nada de Cristo, aunque pueden recibir. Lo cierto es que reciben algo y que pueden recibir más. Lo que reciben, aunque es un don gratuito y sobrenatural, no es suficiente para vivificarlos, y como el miembro en acto es el vivificado, de ahí que no sean miembros actuales. Son potenciales, porque lo que reciben no les vivifica, sino que les prepara para la vivificación, que obtendrán si utilizan debidamente lo que tienen”.
- Miembros actuales y potenciales.
“Todo el que reciba la gracia que santifica, y, por lo tanto, la caridad, es miembro que recibe la vida de Cristo; también la recibe quien recibe la fe o el conocimiento divino, aunque, si se limita a recibir esto solo, y no tiene la gracia que santifica, su vida será imperfecta. Todos cuantos tienen fe y caridad son, pues, miembros en acto. En cambio, quienes reciben dones sobrenaturales y gratuitos más imperfectos, que no dan ni el conocimiento sobrenatural de la fe ni la vida sobrenatural de la gracia, aunque preparan para adquirirlos, son miembros en potencia. Como se ve, ser miembro en potencia no quiere decir que no se recibe nada actualmente, aunque se pueda recibir; sino que no se recibe actualmente la fe ni la caridad, aunque sí otros dones que disponen y preparan para obtener éstos… y llegar a ser miembro en acto”.
- Los miembros en acto forman tres grandes grupos: bienaventurados, justos que poseen la fe informada por la caridad y pecadores que no tienen la gracia santificante, ni la caridad, pero conservan el hábito de la fe. Los miembros en potencia integran el denominado mundo infiel.
“…entendemos aquí por mundo infiel el que no tiene fe infusa. Hay en él dos grandes grupos: el de quienes tienen fe pero no es sobrenatural, ni infusa, sino solamente natural, como los herejes que conocen las verdades reveladas y las aceptan, y los racionalistas, que también pueden conocerlas todas o algunas, y aceptarlas en virtud de sus propias investigaciones y no por la autoridad reveladora de Dios ni por la proposición infalible de la Iglesia; y el pagano, constituido por quienes no han oído  hablar de las verdades reveladas o, si han oído, no las admiten...
Ninguno de éstos está unido a Cristo en acto, pues carecen de la gloria, de la caridad y de la fe, los tres elementos que actualizan la vida de la cabeza en los miembros. Y, sin embargo, todos están redimidos, a todos alcanza la voluntad salvadora de Dios…
…todos pueden alcanzar el fin sobrenatural, mientras vivan en este mundo. Solamente quedan excluidos los condenados…”
- Los infieles pertenecen al orden sobrenatural de la redención y reciben gracias actuales que los disponen para llegar a ser miembros actuales del cuerpo místico.
“La afirmación de que los infieles son miembros en potencia es común. Pero hace falta entenderla bien. Quizá alguien piense que la frase quiere decir que pueden tener la gracia el día de mañana, sin que en la actualidad posean nada. En cuyo caso estarían en condiciones parecidas a las de quien viviera en estado natural. Pero no, hemos dicho que, aunque caído, el hombre, todo hombre, pertenece al orden sobrenatural de la redención. Tiene, pues, algún principio, que le incardina a él y que, por tanto, le conecta con Cristo, de quien depende el orden divino reparado.
Este principio no es uno solo, ni, por lo tanto, es idéntico en todos los infieles. No es idéntico en los infieles que han oído ya la predicación del Evangelio o que han poseído la fe y la perdieron y en los que no saben nada de la revelación. Pero todos tienen algo que los incardina a Cristo, algo que no produce la vida divina ni en su grado más imperfecto, que es el de la fe con la que empieza el hombre a vivir de Dios, y que, al no producirla, no los hace miembros vivos o miembros en acto. Pero que más o menos remotamente, más o menos próximamente, les dispone para la fe y para lo que viene después de la fe.”
- El hombre caído no puede con sus fuerzas naturales disponerse convenientemente a recibir la gracia. Las disposiciones son de orden sobrenatural y absolutamente gratuitas. Hasta la simple remoción de obstáculos en orden a la gracia es un efecto de la gracia actual.
“Hay un principi0 que dice que «la potencia y el acto deben ser proporcionados», y no tenemos derecho a pensar que falle aquí. Y tratándose de actos sobrenaturales, como son los que constituyen la vida de Cristo en sus miembros […] los principios que constituyen la potencia que a tales actos conduce serán sobrenaturales también.”
- Dios quiere que todos los hombres se salven; de donde se sigue que todos los hombres reciben alguna gracia de Cristo para poder salvarse. Si así no sucediera la providencia divina sería defectuosa. Pero no todos aprovechan las gracias recibidas.
“Acabamos de decir que Dios ofrece y da a todos las gracias suficientes que necesitan para salvarse. No decimos si son próxima o remotamente suficientes. Para el caso que estamos estudiando, que es el de los miembros en potencia basta que sean gracia o que sean principios sobrenaturales. Si lo son, y son suficientes, bastan para que quien los posee pueda llegar, usándolos bien, a la justificación…”
- ¿En qué consiste la gracia que hace miembros en potencia del cuerpo místico a los integrantes del mundo infiel?
“La respuesta a esta cuestión no tiene, en realidad, gran interés. Lo que interesaba era que la gracia de Dios y de Cristo llegara a todos los infieles, y esto es cierto. ¿Qué es esta gracia? Creo que nadie puede determinarlo con certeza más que quien la da, Dios. Nosotros podríamos descansar en la condena de la proposición jansenista hecha por Alejandro VIII…”
“Vamos, sin embargo, a ver qué dice la teología sobre los auxilios que los infieles reciben de Dios y de Cristo. Pero antes advirtamos que hay varias clases de infieles: unos que no han oído nada del Evangelio, a quienes no se les ha predicado ninguna verdad cristiana, y que, por lo tanto, están en una posición completamente negativa en orden a la fe; y otros que han oído predicarlo, que incluso quizá. lo han aceptado y que después de aceptarlo perdieron la fe o después de oída su predicación permanecieron positivamente en su incredulidad. No podemos decir que sea idéntico el auxilio de Dios recibido por los primeros y por los segundos. Los primeros empezarán recibiendo auxilios suficientes, pero muy remotos; si los secundan, llegarán, por los caminos misteriosos de la providencia divina, a obtener la fe y con ella la caridad y, en consecuencia, a justificarse. Para llegar aquí pasarán por la etapa en la que empieza la gracia suficiente de los segundos. Los que ya conocen la doctrina revelada y no la aceptan han recibido ya de Dios la gracia próximamente suficiente de la predicación o del conocimiento de la verdad revelada, A pesar de no aceptarla, Dios les insta a que la acepten; y si secundan estas instancias, la aceptarán, recibirán luego la gracia santificante y se salvarán”
- Las gracias que reciben los paganos más alejados.
“La primera gracia que no falta a nadie es el auxilio que el hombre necesita para cumplir la ley natural. El hombre podría cumplir toda la ley natural sin necesidad de la gracia si su naturaleza no hubiera quedado malherida por el pecado del primer padre. Este pecado, además de quitarle la gracia, debilitó sus fuerzas morales naturales, y una naturaleza débil o enferma puede hacer algo, pero no puede hacer todo. De ahí que, aunque pueda por sí sola cumplir en cada caso determinados preceptos de la ley, no puede cumplir todos, ni tampoco los preceptos particulares más difíciles. Para ello necesita una ayuda divina que subsane su debilidad moral, ayuda que en la economía presente tiene que ser sobrenatural.
El cumplimiento de los preceptos de la ley urge; nadie esta dispensado de ellos. No cumplirlos es pecar. Y nadie peca necesariamente. Pecaría necesariamente quien no tuviera la gracia para poder cumplirlos. De donde se sigue que Dios pone esta gracia en manos de todos. Creemos que esta verdad es incuestionable…”
- Los paganos reciben gracias actuales para cumplir la ley natural que no justifican pero que los disponen para ulteriores gracias en orden a su salvación.
“¿Quiere esto decir que el cumplimiento de la ley natural justifica o que el hecho de no pecar basta para estar justificado? No. Esto quiere decir solamente que quien hace el bien natural en las condiciones que acabamos de señalar posee una gracia divina, gracia que no hemos dicho que sea santificante. Pero quiere decir, además, que, si se aprovecha debidamente esa gracia, Dios dará otra mayor, y por este camino se llegara a la justificación. Estamos hablando solamente del inicio, de lo que poseen los miembros más remotamente potenciales del cuerpo místico.”
- La gracia de ordenación de los actos naturalmente buenos al último fin sobrenatural.
“A esta gracia que reciben todos hemos de añadir otra: la ordenación de los actos naturalmente buenos a un fin sobrenatural. Acabamos de decir que estos actos naturalmente buenos son movidos por la gracia actual; solamente así tienen valor positivo ante Dios, o preparan para la justificación, o son remotamente suficientes para convertirnos […] La ordenación al fin sobrenatural de toda actividad moralmente buena que el hombre tiene es otra gracia que a nadie falta [cfr. In I Sent. Dist. 46 q. 1 a. 1]. Y es ordenación, que no se puede soslayar, es inherente al estado de naturaleza elevada y es consecuencia de la gracia actual…”
- Es una gracia actual que no requiere la fe teologal.
“Se dirá que esta ordenación al fin sobrenatural supone un conocimiento previo del mismo y que, por lo tanto, la gracia de esta ordenación supondría en el infiel el conocimiento de la fe que todavía no posee. Pero en realidad no hace falta este conocimiento de la fe. La ordenación de los actos naturalmente buenos al orden sobrenatural puede imponerla quien los hace y puede imponerla sólo la gracia actual con la que se hacen. Para lo primero es necesario algún conocimiento previo; para lo segundo, no. Y la segunda ordenación está en todo acto bueno de la presente economía hecho bajo el impulso de la gracia actual.
Admiten muchos teólogos, además, la ordenación hecha por quien realiza el acto. Para ello no es necesario tener fe sobrenatural. Sí es necesario un auxilio sobrenatural en el entendimiento, una iluminación de la inteligencia del infiel, por la que se propone a éste no una o muchas verdades reveladas, sino a Dios como un bien común y superior a todo cuanto él sabe y piensa. Esto no es fe sobrenatural, pero es iluminación con la que se intuye algo superior. Consiguiente a esta intuición, que ya es un auxilio sobrenatural inicial, recibido en el entendimiento, será la moción sobrenatural de la voluntad con la que intenta el infiel hacer lo que hace por ese fin. Estamos en el principio del camino de la salvación; se trata de gracias remotamente suficientes para adquirir la fe, con la que el infiel se prepara próximamente para justificarse. Muchos teólogos, a partir de Juan de Santo Tomás, ponen este auxilio sobrenatural en los infieles […] Para que el hombre ordene sus actos a un fin natural debe tener un conocimiento natural; para que los ordene a un fin determinadamente sobrenatural necesita un conocimiento determinado sobrenatural también, que es la fe; para que los ordene a un fin confusamente sobrenatural necesitará un conocimiento sobrenatural confuso, anterior a la fe y más imperfecto. Son las ilustraciones de que hablan los teólogos cuando hablan de las gracias remotamente suficientes."
- Desarrollo del proceso que se inicia con esta gracia.
“La gracia de que acabamos de hablar no es todo lo que el hombre necesita para salvarse. En otras palabras, quien sólo posea ésta no se salvará. Para salvarse hace falta la gracia santificante, que se recibe en el momento de la justificación, mientras que ésta se recibe en el momento en que se empieza a recorrer el camino de la salvación. Decir que basta para salvarse sería tanto como decir que quien empieza un camino, con sólo empezarlo llega ya al fin del recorrido... 
Este proceso es largo, y se llega infaliblemente al fin sumando la fidelidad a la gracia primera con la fidelidad a la segunda, que se dará por haber utilizado bien la primera, y añadiendo la tercera a la segunda. Y así sucesivamente…
Decir, por ejemplo, que quien hace lo que puede con las fuerzas naturales recibe de Dios la salvación como cosa debida a dichas obras, sería pelagianismo puro. Decir que da gratuitamente la gracia a quien hace bien lo natural, no por exigencia del bien natural que hace, sino porque su misericordia así libremente lo determinó, es dar una explicación ortodoxa al principio en cuestión.”


viernes, 24 de febrero de 2017

Wycliffe el precursor (y 2)

En la entrada anterior vimos que para Wycleff la posesión de la autoridad eclesiástica está ligada al estado de gracia y se ve anulada por el pecado mortal. Pero otra de sus tesis condenadas en el Concilio de Constanza se refiere a la potestad política:
15. Nadie es señor civil [...] mientras está en pecado mortal.
Esta tesis no es muy diferente de la explicada en el post anterior. Para W., el estado de gracia es condición necesaria para la titularidad del poder político, de modo que el gobernante que se encuentra en pecado manifiesto pierde su autoridad. 
Las consecuencias anárquicas de la tesis caen por su propio peso:
“…no podía dejar de encontrarse espíritus extraviados hasta el punto de decir: ¡si el pecado mortal hace perder la dominio, y la potestad, no debemos soportar a tal o cual superior, civil o eclesiástico, que, a nuestros ojos, está probado, que es un pecador! Comprendemos muy bien la exclamación del emperador Segismundo en Constanza, cuando le explicaron la doctrina de Juan Hus, copiada de Wyclif: Juan Hus, ¡nadie vive sin pecado!” (cfr. Cristiani, L. Wyclif, en DTC XV, col. 3592).
Al margen del potencial subversivo de esta afirmación cabe preguntarse por qué la Iglesia condenó también este aspecto político de la doctrina de W. Sin excluir otros motivos, lo cierto es que se opone a la S. Escritura: todos han de someterse a las potestades superiores porque no hay potestad que no esté bajo Dios, y las que hay han sido ordenadas por Dios. Por donde el que resiste a la potestad, resiste a la ordenación de Dios; y los que resisten se hacen reos de juicio” (Rom 13, 1-2). Como apuntaba Straubinger, en la nota correspondiente:
“El presente capitulo inculca los deberes para con la potestad civil, y es de señalar que S. Pablo escribió estas amonestaciones en tiempos de Nerón, perseguidor en extremo cruel de los cristianos. Obedecer a las autoridades es una obligación independiente de las cualidades personales de los mandatarios. Véase Mat. 22, 21; I Pedr. 2, l3·1 S; Juan 19, 11. Los Padres de la Iglesia procuraron con toda diligencia profesar y propagar esta misma doctrina: "No atribuyamos sino al Dios verdadero la potestad de dar el reino y el imperio" (S. Agustín). Vemos una elocuente confirmación de esta doctrina en Ef. 6, S ss. y en la sumisión de Pablo y de Pedro hasta la prisión y el martirio.”
Lo mismo enseñaba Santo Tomás (ver aquí) en su comentario a la Epístola: la obediencia a las autoridades civiles es una conducta debida “por necesidad de la salvación”.
La conclusión que se sigue de esta solemne condena de W. es que el pecado manifiesto del gobernante no lo priva de su potestad política, ni tampoco dispensa a los gobernados del deber de obediencia. Todo ello sin perjuicio de la posible resistencia a mandatos inmorales, en un proceso que puede llegar -en casos muy graves- al extremo de la rebelión violenta contra el tirano, su deposición y posterior castigo.

viernes, 17 de febrero de 2017

Wycliffe el precursor (1)

En esta entrada, y en la próxima, diremos algo sobre las doctrinas de Wycliffe, un heresiarca medioeval que influye en el presente más de lo que pudiera suponerse. No es posible exponer en un blog toda la doctrina de W., de manera que nos limitaremos a dos aspectos de su pensamiento, que permiten ubicarlo como un precursor del anarco-tradicionalismo.
En la raíz del pensamiento de W. se encuentra el dualismo platónico-agustinista y una profunda desilusión respecto del estado de la Iglesia visible:
“Nacido en North Yorkshire, Inglaterra, y educado en Oxford, donde más tarde enseñaría, John Wycliffe (Wycliff, o Wiclef) inició su producción académica como filósofo, volviendo al agustinismo frente al escepticismo dominante. En teología estuvo más influido por la Biblia y los Padres que por la escolástica. Su creciente desilusión con las instituciones de la Iglesia lo llevó, sobre la base de una filosofía platónica, a desarrollar una visión de la Iglesia en la que distinguía su ideal espiritual eterno de la Iglesia material visible. Esta última no tenía ninguna autoridad que no procediese de aquella Iglesia ideal. Más tarde aplicaría estas ideas a toda autoridad, tanto civil como eclesiástica.” (fuente)
Sabido es que en doctrina católica el Romano Pontífice tiene una potestad que se califica de ordinaria, suprema, plena, inmediata y universal; que puede siempre ejercer libremente. La adquiere en el momento de su elección y la pierde por muerte, renuncia y -según la mejor doctrina- cuando mediante sentencia de la Iglesia se determina con certeza que ha cometido el delito de herejía, cisma o apostasía.
Pero Wycliffe vincularía la potestad de jurisdicción del papa a la ausencia de pecado mortal. Esto consta en sus escritos y se desprende de dos de las proposiciones condenadas formalmente por el Concilio de Constanza:
8. Si el Papa es un precito [1] y malo y, por consiguiente, miembro del diablo, no tiene potestad sobre los fieles que le haya sido dada por nadie, sino es acaso por el César. 

15. Nadie es señor civil, nadie es prelado, nadie es obispo, mientras está en pecado mortal.
De acuerdo con esta teoría si un papa está en pecado mortal manifiesto (el fuero interno no es cognoscible externamente) pierde la potestad de jurisdicción. Lógicamente bastaría con que algunos/muchos cristianos considerasen al pontífice pecador para que perdiese su potestad.
Otra variante de esta doctrina -que puede inspirarse en W. aunque no sea del todo claro si el autor la sostuvo de modo explícito- es práctica: aunque el pontífice no pierda la potestad de jurisdicción, los súbditos se sienten eximidos de obedecerle bajo pretexto de su pecado manifiesto.
Este error, en sus dos modalidades, implica colocar una bomba anarquizante en los cimientos de la Iglesia. No se trata de la resistencia a mandatos inmorales, conducta legítima bajo condiciones estrictas, sino de negar la titularidad de la potestad de jurisdicción o de sustraerse a la obediencia debida a la Jerarquía. En tiempos calamitosos como el presente no viene mal recordar esta lección histórica para no caer en la tentación de revivir estos errores wyclefitas que, si son pertinaces, dejan fuera de la Iglesia a quien los sostiene.


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[1] precito, ta. Del lat. mediev. praescitus 'réprobo', 'condenado', y este del lat. praescītus 'sabido de antemano'. 1. adj. Condenado a las penas del infierno, réprobo.

lunes, 13 de febrero de 2017

martes, 7 de febrero de 2017

Permanentemente lastimada


Al parecer, el artículo que publicamos traducido a continuación se conserva aún en la red gracias a alguien llamado John L. que colocó el texto en su totalidad en el área de comentarios de un sitio web. El título original era “Permanent Scars” y fue publicado por Daniel Mitsui en su blog “The lion and the cardinal”, en marzo de 2007.
Entre ciertos católicos existe una suerte de optimismo fácil acerca del futuro cercano de la Iglesia; una expectativa de que si las cosas alguna vez se vuelven demasiado malas, Dios hará surgir algunos nuevos santos y héroes y genios para hacer todo bueno de nuevo. Esta es una expectativa en la que eso sucederá como algo natural.
Pero la promesa contra las puertas del infierno fue una promesa de victoria final solamente, no de estabilidad y confort durante nuestras vidas. Si la Iglesia tiene que sobrevivir, lo hará en ocasiones como lo hizo en las catacumbas romanas, las cuevas del Líbano, los escondites de los recusantes ingleses o de las Islas Goto. A veces tiene que sobrevivir a pesar de las agobiantes carencias materiales en circunstancias desesperantes. La esperanza no sería virtud si fuera fácil.
Los optimistas son afectos a citar un capítulo de El Hombre Eterno de Chesterton referido a las cinco muertes de la Fe, y su inexplicable resurrección en cada ocasión. La conclusión, por supuesto, es que esto es lo que sucede siempre. Nunca pensé que éste fuera uno de los argumentos más convincentes de Chesterton; si él hubiese sido un asirio en vez de un inglés, podría haber corregido el capítulo, porque en Asiria la fe murió cinco veces sin nunca regresar a la vida.
Aunque decir esto no es exactamente justo; unos pocos asirios fieles existen hoy en día, y unos pocos buenos cristianos existieron en cada era de muerte identificada por Chesterton. Cuando habla de una muerte de la fe, nunca quiso decir que ésta cesó por completo, sino que dejó de estar sana, de ser vibrante e influyente. No fue una crisis del Cristianismo, sino de la Civilización Cristiana.
Pero nunca se nos hizo la promesa de que las puertas del infierno no prevalecerían contra la civilización cristiana. En Europa, la civilización cristiana fue resucitada cinco veces; no existe promesa de una sexta. El Cristianismo muy bien podría tener que sobrevivir sin civilización cristiana, como algo brutalmente perseguido, internamente conflictuado y socialmente irrelevante. Éste, en realidad, no es más que el estado normal del Cristianismo.
Tanto entre los Católicos como entre los Ortodoxos existe un deseo expresado abiertamente de retornar a los principios del Cristianismo del primer milenio. Es un deseo que comparto, en tanto creo que la continuidad con los Padres de la Iglesia es absolutamente indispensable, y que la Iglesia Romana y la Bizantina deben ser una. Pero ese deseo no nos debe engañar acerca de lo que fue realmente la Gran Iglesia del primer milenio.
En los dos siglos de la legalización del Cristianismo, la Gran Iglesia perdió dos de los antiguos patriarcados; en unos pocos siglos siguientes, perdió contra los mahometanos la mayoría de su territorio y de su gente, y nunca recuperó mucho de eso. La historia del Cristianismo del primer milenio es de un continuo fracaso y atrición; la Iglesia sufrió de herejías cristológicas y trinitarias unas tras otras, y con la misma facilidad con la que se podía alejar a la Iglesia de ellas una vez leídos los anatemas, todas estas herejías surgían en el interior de la Iglesia. Hubo un tiempo, antes de que fueran lanzados los anatemas, cuando cada una de las herejías todavía no había sido condenada, en el que eran profesadas abiertamente en todos los niveles de la Iglesia. Vivir como cristiano en el primer milenio, especialmente en alguno de los patriarcados orientales, la mitad de las veces significaba tener a herejes cristológicos o trinitarios por obispos y sacerdotes, y que los fieles en su mayoría profesaran también los errores o fueran demasiado cobardes o indiferentes para oponerse a ellos.
Durante los 61 años previos al Segundo Concilio de Nicea, y después del mismo durante otros 28 años, la Iglesia de Bizancio fue gobernada por emperadores iconoclastas y los sicofantes que ellos pudieron colocar en la sede patriarcal; las imágenes eran blanqueadas, los monjes torturados y asesinados, las reliquias lanzadas al mar, las devociones del santoral suprimidas. Fue la destrucción de la tradición más violenta jamás ocurrida en el interior de la Iglesia; sólo una muy pequeña cantidad de íconos anteriores a la crisis sobrevivió, la mayoría de ellos bajo la relativa seguridad del gobierno mahometano. Existe una considerable porción de memoria histórica del Cristianismo Bizantino con la que muchos de sus admiradores y conversos de occidente aún no han podido.  La iconoclasia aparece en su mente, y esto podría atemperar su jactancia; porque hubo un tiempo en el que la Ortodoxia Oriental también lo perdió todo.
Hay en esto una verdad tan simple que con frecuencia la olvidamos: Satanás es más listo que nosotros. Y es más fuerte que nosotros y más paciente que nosotros. Si no lo fuese, no tendríamos necesidad de un Salvador. No se nos prometió un paraíso en esta vida, sino un continuo ataque hasta que el Reino venga. Satanás destruiría, dividiría y degradaría a la Iglesia en cualquier forma que pudiera divisar. Lo haría con la herejía, el cisma y la guerra, en el saqueo de las hordas bárbaras y en el complot de las sociedades secretas. Obraría a través de la codicia de los príncipes, la lujuria de los reyes, el orgullo de los emperadores y la insensatez de los papas. Susurraría malas ideas en los oídos de hombres de buena voluntad. Atraería terremotos, fuego y plagas, y cualquier cosa que pudiera manipular de la buena tierra de Dios. Arruinaría la Iglesia desde adentro y desde afuera. Obraría en momentos horribles y en siglos de inadvertida degradación.
Satanás odia a la Iglesia y quiere que nosotros odiemos a la Iglesia. Y es lo suficientemente listo, fuerte y paciente para arruinar todo lo que hace fácil amar a la Iglesia. Fue lo suficientemente hábil para arruinar la aparentemente inmortal Edad Media, por lo que ciertamente es lo suficientemente hábil para arruinar el frágil movimiento tradicionalista de hoy. Y es lo suficientemente hábil para arruinar la ortopraxis y la estabilidad teológica del Oriente Cristiano. Si esto no fuese obvio como dato teológico, debería serlo como hecho histórico; él lo ha hecho antes.
Y la Ortodoxia Latina patrístico-medieval en la que deseo que se convierta el Catolicismo Romano, y a lo que dedicaré los esfuerzos de mi vida entera: él es lo suficientemente hábil para arruinar eso también. Esto es lo que necesita ser recordado por quienes buscan refugiarse del Modernismo en el Catolicismo Tradicional o en la Ortodoxia Oriental o en sus propias fantasías historicistas sobre cualquiera de ellos. No hay refugio en la Iglesia Militante. Si una Iglesia parece haber resistido al modernismo, simplemente significa que Satanás está esperando para afligirla con algún otro error tan pronto como pueda. Las antiguas Iglesias son vulnerables y han sido siempre vulnerables.
Al examinarlas, todas ellas llevan las cicatrices permanentes del ataque enemigo; las pérdidas y las rupturas y las traiciones de la antigua tradición. Si hubiese una Iglesia sin ellas, no tendría pretensión creíble de ser la verdadera Iglesia; sería algo tan poco amenazador para el principado de Satanás que ni siquiera se molestaría en prestarle atención. Una Iglesia que no es permanentemente lastimada no es el Cuerpo de Cristo.
Los apóstoles entendieron esto, y vivieron siempre como si el esjaton fuera inminente y el enemigo estuviera cerca. Dudo que alguno de ellos esperara que la sociedad de continentes enteros estuviera orientada hacia el Cielo por miles de años. Esto sería algo muchísimo mejor que lo que tenían algún derecho de esperar.
La civilización cristiana y todos sus tesoros eran un regalo; un inmerecido y extremadamente generoso regalo. Cuando un niño recibe un regalo precioso de su padre amado, lo aprecia y lo cuida, recordando siempre la generosidad de aquel que se lo dio. Sólo la más despreciable ingratitud haría que lo descuide, lo desfigure, que decida que ya no es de su agrado y lo arroje a la basura, o lo transforme en algo diferente. Esto es lo que han perdido de vista los apologistas del nuevo Catolicismo, quienes constantemente reivindican su validez sacramental como si eso fuera lo único que importa. El problema con la nueva liturgia, la música banal, las iglesias vacías no es que dañen la imagen de Dios, más bien ellas dañan la nuestra.
Pero algo diferente es perdido de vista por los tradicionalistas, quienes incesantemente se quejan de que los problemas no son arreglados con la suficiente rapidez, o quienes amenazan con dejar la Iglesia hasta que sean arreglados. Si el regalo es estropeado, el niño no tiene derecho a hacer berrinche y exigir que su padre lo repare o le compre uno nuevo inmediatamente. Porque no lo merecía, en primer lugar. El padre está en todo su derecho de retener su generosidad hasta que el niño aprenda su lección, o de decirle al niño que lo repare él mismo. No es nuestra prerrogativa exigir que los problemas en la Iglesia sean resueltos conforme a nuestra conveniencia. Tampoco que estos problemas sean necesariamente resueltos por alguien más.
Dios confió a los hombres el cuidado de su Iglesia en este mundo hasta la parusía. Edificándola en el territorio del enemigo es como participamos en la acción de la Providencia en la historia, y como somos santificados. Ciertamente Dios puede asistirnos de maneras extraordinarias; la notoria resiliencia de la Iglesia en ocasiones sólo puede ser explicada por intervención divina. Pero, en justicia, nada exige a Dios darnos de modo ordinario un nuevo grupo de santos y héroes y sabios para reparar todas las cosas. Cuando la Iglesia necesita santos, héroes y sabios, puede que nos tenga sólo a nosotros. Y la mayoría de nosotros estamos demasiado detestablemente orgullosos de nuestra falsa humildad como para al menos intentar la santidad heroica.
La situación actual de la vida cristiana, como siempre, es la de rezar entre ruinas; la de buscar entre los escombros de una iglesia largamente destruida en busca de piezas que reconozcamos; la de aferrarse a ellas y atesorarlas como nunca hicieron quienes las disfrutaron en su esplendor. Veneramos estos trozos de escombros, y los estudiamos para figurarnos de qué forma se ensamblaban y el significado que una vez tuvieron. Inducimos lo que podemos de los olvidados métodos de su construcción y del olvidado lenguaje de su simbolismo, y reconstruimos lo que podemos en el tiempo que se nos asigna. Construimos algo hermoso para Dios, de tal modo que la memoria de la antigua fe pueda sobrevivir para la próxima generación, hasta que las fuerzas del mal desbaraten, incendien y sepulten nuestras construcciones.
Y nosotros hacemos esto creyendo, no obstante toda tentación de desesperar, que la victoria ya ha sido obtenida, y que la liberación está cerca. Nos ha sido dada la tarea de modo que en ella podamos encontrar nuestro propósito y nuestro gozo y nuestra santidad. Y perseverando, heredaremos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde construiremos de forma permanente lo que a modo de pobre imitación hemos edificado en este mundo roto.
Tomado de:


viernes, 3 de febrero de 2017

La histeria continúa



Acabo de escribir en mi Muro de Facebook lo siguiente ante la ola de histeria y de indignación que se disparó, incluso entre algunos de mis amigos, tras que Proceso y Newsweek publicaran supuestos detalles de la conversación entre los Presidentes Trump y Peña Nieto, en la que supuestamente el primero amenazó al segundo con invadir México además de insultarnos como Nación:
"1.- Ya hubo un Presidente Norteamericano que metió agentes de la DEA y la CIA en México para supuestamente combatir al Narco: Barack Hussein Obama/Barry Soetoro o como en realidad se llame. Y también fue quien armó como nunca a los cárteles con su operativo "Rápido y Furioso" que no fue más que un corrupto negocio entre él y su compinche Erick Holder, entonces Procurador de EUA.
2.- Los medios tradicionales han declarado guerra abierta contra Trump lo mismo que varios intereses o "poderes fácticos" en EUA y otros países, los cuales se beneficiaron enormemente de la Globalización y están aterrados ante los cambios políticos que vemos:
- El resurgimiento de Rusia.
- El Brexit.
- El ascenso de la "Derecha Alternativa" en Europa.
- El Islamismo y los movimientos migratorios desatados por éste en Medio Oriente, que se les salieron de control.
- El poderío de China, el principal beneficiario de la Globalización, que está lejos de ser un ente amigable, China fue, ha sido, es y será un Imperio con todo lo que esto implica y que no quiere verse afectado por una alianza Putin-Trump.
3.- A todos los que han expresado su "apoyo" a México, (faranduleros, ONG's, lobbies, gobiernos y organizaciones "progresistas", la industria del sexo y del aborto), en realidad México les vale un cacahuate, quieren usarnos como pretexto para provocar una grave crisis política y constitucional en EUA, al estilo de la provocada en Rusia en 1991 que llevó a la caída del Gobierno de Gorbachov y del sistema soviético; esto lo que haría es prácticamente la caída de EUA de su puesto como potencia mundial y como líder del Mundo Occidental, lo que traería consecuencias desastrosas para América y Europa enteras. Esto no lo ven, pues se fijan sólo en sus intereses particulares.
4.- Tomando eso en cuenta, es muy probable que el supuesto contenido de la llamada, filtrado por "Proceso" y "Newsweek" sea falso o exagerado, dado el sesgo de ambas revistas: "Proceso" es de extrema Izquierda y su similar gringa ya hasta había sacado un número especial titulado "Madame President" que tuvieron que sacar de la circulación de inmediato al darse los resultados electorales de noviembre. Quizá en realidad de lo que hablaron fue de un esquema conjunto de seguridad en el que sí, probablemente, esté contemplada la entrada de agentes norteamericanos actuando en nuestro territorio.
No olvidemos la conveniente extradición del Chapo Guzmán un día antes de la toma de protesta, y que probablemente ahora está cantando como canario o Cecilia Bartoli en su prisión de Nueva York.
5.- Que Trump no ganó con el voto popular: primero habría que tomar en cuenta las denuncias de fraude electoral, con voto de migrantes ilegales, urnas electrónicas amañadas, trenes locos y carruseles o voto de ultratumba que organizaron los Demócratas en California y otros estados, y en segundo, que las reglas del juego están escritas en EUA desde fines del siglo XVIII, curiosamente, nadie había hablado, tras 227 años de vida del documento constitucional de reformarlas o cambiarlas hasta ahora que no favorecieron a Hillary; una actuación de civilidad y patriotismo implica aceptar que, de acuerdo con las leyes establecidas y vigentes el resultado fue ese y punto. Si llegara a haber alguna irregularidad o acto, --como lo hecho por Bill Clinton en convertir la Casa Blanca, la sede del Ejecutivo en su burdel privado-- existen los mecanismos legales previstos para actuar, como es el "impeachment".
6.- Las prohibiciones a los refugiados de ciertos países islámicos son perfectamente legales en el sistema norteamericano y no obedece a la religión, sino a la situación de esos países, y es algo muy común a nivel Internacional que se restrinjan o permitan la entrada de ciertos nacionales a uno u otro país por los riesgos probables, además ¿porqué esos refugiados no son aceptados por sus correligionarios de Arabia? En México, como somos "coladera" y todos pasan como Pedro por su casa, no entendemos eso.
7.- El Tratado de Libre Comercio debe ser renegociado, ni a México ni a EUA nos ha beneficiado del todo, destrozó el campo mexicano y destrozó la industria de EUA, hay abundantes sitios de Internet donde se explica esto, como: http://mexicoliberal.blogspot.mx/…/el-tlcan-realmente-nos-h…http://mexicoliberal.blogspot.mx/…/quien-realmente-pierde.h…
8.- Los gringos le llaman "America" a su país no por soberbia, sino por que no tienen otra forma corta de llamarle a su país y tener así un gentilicio que les de identidad, y no andar recitando la larga letanía de "United States of America", ni tendría sentido llamarse "staters" o algo así, América es lo único que denota identidad con un territorio.
Y tiene ese nombre porque originalmente eran 13 Estados diferentes que se separaron de la Corona Británica al mismo tiempo y coaligados que estaban en América, cada uno con un nombre y un gentilicio propio.
Escribo todo esto no porque me sienta gringo, sino en aras de objetividad y de calmar los ánimos para no caer en el juego de intereses extranjeros que alimentan el odio y que no tienen que ver con México y que nos quieren usar de pretexto para apoyar a sus intereses en los problemas políticos de otro país..."
Y aparte de todo también señalan que es un enfermo mental... hasta ahora, no he visto ningún desorden mental en sus medidas como Presidente, salvo que quizá se considere locura el pretender que el Estado vuelva a ejercer la plena Soberanía, que en su aspecto interno es la Supremacía y en el externo la Independencia respecto de poderes fácticos internos y externos, como ya lo definiera Jean Bodin en el siglo XVII, en un principio que luego fue básico para el Constitucionalismo.
¡Ah por cierto!, esto quizá busque también de parte de Peña desesperadamente el mostrarse como quien recibe los golpes pero se mantiene defendiendo el orgullo y la soberanía de México, para tratar de reducir su mala imagen.
Lo dicho: vivimos en tiempos interesantes.
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martes, 31 de enero de 2017

Juliano el apóstata





En la entrada anterior vimos que San Agustín mencionó la actitud de los cristianos ante el emperador Juliano el apóstata. Reproducimos unas páginas del historiador J. Lortz que nos dan una aproximación al perfil biográfico de Juliano y sus modos de atacar a la Iglesia. Un complemento para interpretar mejor el texto de San Agustín poniéndolo en su contexto histórico.

§ 22. EL EMPERADOR JULIANO Y LA REACCIÓN PAGANA
1. El paganismo no había muerto. Tradiciones antiquísimas no desaparecen sino poco a poco. Especialmente esos núcleos sociales en los que tales tradiciones suelen estar más arraigadas, las antiguas familias nobles, aún estaban adheridas a la vieja religión, bajo la cual había surgido la gloria del imperio. No se debe olvidar que bajo Teodosio († 395), que constituyó a la nueva fe en religión del Estado (§ 23), aún eran paganos la mitad de los súbditos del imperio.
También determinadas profesiones fueron centros de resistencia a la cristianización. Para los sacerdotes y los maestros superiores (también los artistas) estaba en juego su existencia. Justamente aquí demostró el nuevo Estado (en parte también por necesidad) una singular falta de lógica, que, por otro lado, trajo consecuencias ventajosas para el patrimonio cultural del Medievo: las más célebres escuelas superiores y la casi total instrucción de las clases más elevadas fueron dejadas en manos de maestros paganos (8) y durante cierto tiempo continuaron siendo provistos los cargos sacerdotales paganos. El esplendor sin igual de las obras culturales del paganismo siguió ejerciendo su maravillosa fuerza de atracción.
Del mismo modo que la eventual persecución sangrienta del paganismo contribuía por otra parte a provocar una resistencia más tenaz, así también las funestas escisiones ocasionadas por las herejías en el cristianismo (§§ 26 y 27) disminuyeron por otro lado su fuerza interna y su prestigio externo.
2. El paganismo recibió en el siglo III, especialmente entre las personas cultas, nuevo esplendor, renovada fuerza de atracción y un verdadero robustecimiento interior por medio del neoplatonismo(9). Se trata de una filosofía religiosa idealista o también de una religión filosófica, la última gran creación del genio griego. Reinterpretando y profundizando la antigua religión popular pagana, se logró otra vez un renacimiento real del paganismo. Su mayor éxito en concreto fue ganarse al emperador Juliano (también san Agustín pasó por este sistema).
3. Juliano el Apóstata (361-363). La brutalidad homicida que empaña la imagen de Constantino el Grande fue heredada por sus tres hijos. Arrastrados por el miedo a sus competidores, igual que su padre, eliminaron a sus parientes varones, excepto sus dos primos más jóvenes, Galo y su hermano Juliano. Cuando Constancio fue soberano absoluto, mandó matar también a Galo, al que él mismo primeramente había nombrado César, mientras que a Juliano, a instancias de la emperatriz, le fue perdonada la vida y pudo continuar su actividad en el servicio monástico eclesiástico, donde se le había confinado. Es comprensible que esta obligada profesión le hiciese no sólo antipática, sino hasta odiosa la religión a la que aquélla iba unida, la religión profesada por el asesino de su padre. Y, viceversa, pudo parecerle más simpática la religión pagana que aquél había perseguido. Además, el trajín de los obispos arrianos de la corte, así como la desunión de los cristianos, no hubo de causarle buena impresión.
Sin embargo, la causa principal de su distanciamiento del cristianismo (que por lo demás sólo conocía en la viciada forma del arrianismo) fue el influjo pagano de sus maestros. En particular el neoplatónico Máximo despertó su entusiasmo, siendo aún estudiante, por la antigua filosofía. A los veintidós años abjuró secretamente del cristianismo y se hizo iniciar en los misterios eleusinos. Llegó su hora cuando Constancio lo hizo César y lo envió a la Galia. Allí hizo cosas tan sobresalientes que sus tropas lo proclamaron Augusto. La lucha contra el odiado Constancio se hizo con ello inevitable. La muerte de éste, ocurrida antes del desenlace bélico, convirtió a Juliano en soberano absoluto.
Juliano, siendo emperador, apostató también públicamente. Se adhirió al paganismo y se propuso seriamente hacerlo renacer.
4. Juliano era lo bastante inteligente como para no provocar una persecución sangrienta, ya que los mártires sólo hubieran favorecido a la Iglesia. Sin embargo, llegó a haber martirios, debido al furor de la plebe pagana, al capricho de ciertos gobernadores y a la ira del emperador contra cristianos particulares. No menos vituperable es el modo ambiguo, insidioso y mezquino con que Juliano trató de conseguir subrepticiamente de los cristianos la adoración externa de los dioses so pretexto del culto debido al emperador.
Privó al cristianismo y a la Iglesia de todos los privilegios de que habían gozado desde Constantino y que, evidentemente, tanto habían favorecido su desarrollo. También trató de debilitar espiritualmente a la Iglesia, prohibiendo que en las escuelas cristianas se enseñara el patrimonio cultural del paganismo. Promovió todo lo que pudiera hacerle competencia a la Iglesia, fuesen sectas cristianas, fuese el judaísmo o el paganismo.
Fijó su atención principal en revivificar el paganismo. Su trabajo fue en este sentido un reconocimiento indirecto de la superioridad del cristianismo, al mismo tiempo que demuestra la seriedad moral con que se dedicó a dicha tarea. Lo que él perseguía era un paganismo cristianizado. En los templos paganos, tras su reapertura, debía oficiar un sacerdocio con altas exigencias de pureza, piedad, instrucción y amor al prójimo; el culto debía restaurarse con gran pompa y ser más fecundo religiosa y moralmente mediante la predicación, y otro tanto debía cuidarse la caridad. La orden dada por Juliano de reconstruir el templo de Jerusalén y promover el judaísmo en general fue una tentativa consciente de reducir ad absurdum las profecías cristianas. El mismo participaba todos los días en el sacrificio pagano y trató también de activar sus planes como orador y escritor.
 5. El ensayo de Juliano no pasó de ser un episodio. Ya en el año 363, apenas cumplidos los treinta y dos años, entró en guerra contra los persas. Nadie es capaz de imaginarse las inmensas dificultades que hubieran podido acarrear al cristianismo las «magníficas cualidades» del Apóstata, como dice san Agustín. Pero su aparición es sumamente instructiva para conocer la situación histórica de la Iglesia en aquel tiempo. Nos permite de un solo golpe de vista descubrir claramente los peligros que bajo aquellas condiciones religioso-culturales acechaban a la Iglesia.
Incluso en el caso de Juliano, nada nos autoriza a ver en él solamente lo erróneo y negativo y pasar por alto lo positivo. Como César de las Galias, levantó nuevamente esta provincia con medidas prudentes y justas, y como emperador implantó la austeridad, la justicia y la objetividad en la administración y legislación del imperio. Que a pesar de estos valores y de estas al menos parcialmente acertadas medidas no lograse imponer su criterio ni sofocar al cristianismo, demuestra mucho mejor la fuerza de la Iglesia de Cristo que si ésta hubiera tenido que resistir a un nuevo Nerón.
Fuente:
http://www.mercaba.org/IGLESIA/Historia/LORTZ/20_33.htm

viernes, 27 de enero de 2017

El pasado...


Ya se sabe que el franquismo es uno de esos pecados de incorrección política difíciles de perdonar. Lo correcto es ser anti-franquista. Y si el anti-franquismo ha sido circunstancial, moderado, hay que presentar los hechos para dejar la impresión de radicalidad… para no dar espacio siquiera a la sospecha. Don Angel Martín Rubio pone los hechos en su justo lugar.
Al exponer la trayectoria vital del recientemente designado Prelado del Opus Dei, D. Fernando Ocáriz Braña, en los medios de comunicación se ha dado relieve a la circunstancia de su nacimiento en París por ser hijo de un militar republicano exiliado o, como se afirma más discretamente, por ser hijo de una familia española exiliada en Francia por la Guerra Civil (1936-1939).
El dato ha sido objeto de referencia por parte del propio Mons. Ocáriz. Según el diario izquierdista El País :
Esta tarde, en su primera comparecencia ante los medios, Ocáriz agradeció a Dios y al Papa su nombramiento. Pero ante las preguntas de un periodista alemán sobre los supuestos vínculos del Opus Dei con el franquismo y el régimen de Pinochet, se salió un poco más del guión y quiso desmarcar a la obra y a si mismo de tales relaciones. “Personalmente nací en el Exilio. Mi padre era militar republicano, durante la guerra se tuvieron que marchar a Francia. Nunca he sido franquista, más bien al contrario. Aunque cualquiera puede ser lo que quiera, mientras sea compatible con ser católico”.
La web de la Oficina de Información del Opus Dei en España se pronunciaba en términos semejantes reproduciendo ayer,  25 de enero, un titular (Fernando Ocáriz: “El Opus Dei no es ni franquista ni no franquista. Esta organización no tiene ninguna relación con la política”) y una entrada del periodista Jesús Bastante, que ya no resulta accesible, pero que aún podía consultarse en caché cuando se redactan estas líneas:
El tercer sucesor de Escrivá de Balaguer es hijo de un militar republicano que se exilió en Francia tras la Guerra Civil. Preguntado sobre la cercanía de la Obra con el régimen de Franco, Ocáriz quiso ser tajante: “El Opus Dei no es ni franquista ni no franquista. Esta organización no tiene ninguna relación con la política. Las personas individuales pueden tener las ideas políticas que quieran, siempre que sean compatibles con ser católico”.
Ignoramos las circunstancias que impulsaron al Mayor veterinario D. José Ocariz Gómez a trasladarse a Francia y pocos detalles podemos dar de su carrera militar más allá de su solicitud al Gobierno republicano en virtud de la cual fue destinado a la Jefatura de Servicios Veterinarios del XVIII Cuerpo de Ejército en agosto de 1937 (Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional, nº 190, pág. 313). Hasta esa fecha se encontraba en situación “Al servicio de otros ministerios” porque, siendo Veterinario 1°, fue nombrado en diciembre de 1931 catedrático de Citología, Genética superior y Endocrinología, de la Escuela Superior de Veterinaria de Madrid.
Ahora bien, aunque pronto los biógrafos de Mons. Ocáriz nos precisarán estos y otros puntos, agradeceríamos también que junto con esta información se diera a conocer cuándo y en qué circunstancias tuvo lugar el regreso de D.José Ocariz a España, como lo da a entender el hecho de que falleciera en Madrid el 17 de septiembre de 1972 y que su esquela se publicara en el diario ABC con los títulos de “Ilustrísimo señor” y “Doctor Veterinario”. Años atrás, en julio de 1957, había firmado como testigo en el enlace matrimonial de su hijo D. José Ocariz Braña, del que se hicieron eco las crónicas de sociedad de la época, y en el que también desempeñó la misma función el entonces Ministro de Comercio, D. Alberto Ullastres, por no citar a otras autoridades.
No sabemos que es “lo contrario de ser franquista”, según se define al parecer Mons. Ocáriz, pero no dudamos que el nuevo prelado del Opus Dei (sin necesidad de acudir a otras referencias históricas) apreciará positivamente el hecho de que su padre pudiera volver a España en plena vigencia del régimen al que había combatido desde las filas del llamado Ejército Popular.
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martes, 24 de enero de 2017

La vara de los pecadores sobre la heredad de los justos

Emperador Juliano el apóstata.
Ante la realidad de gobernantes inicuos (infieles, apostatas, idólatras, etc.) los primeros cristianos tuvieron que enfrentar dos tentaciones no menores: una, sustraerse a la obediencia y el honor debidos a los poderes temporales; otra, desesperarse por la maldad y éxito mundano de los poderosos. San Agustín, en su Comentario al Salmo 182, sale al cruce de estas tentaciones.
- En el siguiente pasaje el obispo de Hipona da cuenta de la inquietud que provoca en los cristianos el hecho de estar bajo una potestad política perversa a la cual, sin embargo, la Escritura dice que se ha de obedecer (1 Pe 2, 13-17; Rom. 13). Inicia su reflexión partiendo de un ejemplo doméstico que luego traslada al ámbito político: 
«7. Porque no abandonará el Señor la vara de los pecadores sobre la suerte (la heredad) de los justos, para que los justos no alarguen sus manos a la iniquidad. Ahora ciertamente los justos sufren un poquito, y asimismo, de vez en cuando, los perversos dominan a los justos. ¿De qué modo? Consiguiendo algunas veces los inicuos los honores del mundo. Pues, cuando han alcanzado estos honores y han sido constituidos jueces o reyes, puesto que esto lo hace Dios por la enseñanza de su plebe y de su pueblo, no puede menos de acontecer que se preste el debido honor a los poderes. De tal modo ordenó Dios su Iglesia, que toda potestad establecida en este mundo debe ser honrada, y algunas veces lo es por los mejores. Pondré un ejemplo; de aquí conjeturad la naturaleza o condición de todos los poderes. La primera y la ordinaria potestad del hombre sobre el hombre es la del señor sobre su siervo. Casi en todas las familias se halla esta potestad. Hay señores y siervos; los nombres son diversos, pero hombres y hombres son iguales nombres. ¿Qué dice el Apóstol enseñando a los siervos a someterse a los señores? Siervos, obedeced a vuestros amos carnales; y lo dice así porque hay otro Señor en cuanto al espíritu. Él es el verdadero y eterno Señor; mas estos de la carne lo son temporalmente. A ti, andando en el camino, viviendo en esta vida, Cristo no quiere hacerte soberbio. ¿Te hiciste cristiano y tienes por Señor a un hombre? Pues bien, no te hiciste cristiano para quebrantar el yugo de la servidumbre. Cuando mandándote Cristo sirves al hombre, no le sirves a Él, sino a quien manda. Por esto dice el Apóstol: Obedeced a vuestros señores carnales con temor y temblor, con sencillez de corazón; no sirviendo a la vista, como queriendo agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, cumpliendo el querer de Dios con agrado y buena voluntad [Ef 6,5.6]. Ved que no hizo de siervos libres, sino de malos siervos, siervos buenos. ¡Cuánto no deben los ricos a Cristo, que les arregló la casa! De suerte que, si allí hay un siervo desleal, Cristo le convierte y no le dice: "Abandona a tu dueño." No le dijo: "Ya conociste al que es verdadero Dueño; quizás el carnal es impío e inicuo, tú ya eres fiel y justo; es indigno que el justo y el fiel sirvan al inicuo e infiel." No le dijo esto, sino más bien: "Sirve." Y para corroborar al siervo dijo esto: "Sirve a ejemplo mío, pues yo, antes que tú, serví a los inicuos." ¿De quién soportó en la pasión el Señor tantos tormentos sino de los siervos? ¿Y de qué siervos sino de los malos, puesto que, si hubieran sido siervos buenos, hubieran honrado al Señor? Pero, como eran malos siervos, le injuriaron. Y Él, ¿qué hizo a su vez? Devolvió amor por odio, pues dice: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen [Lc 23,34]. Si el Señor del cielo y de la tierra, por quien fueron hechas todas las cosas, sirvió a los indignos, rogó por los despiadados y enfurecidos, y viniendo se mostró como médico, pues los médicos, siendo mejores que los enfermos, les sirven con el arte y la curación, ¿cuánto más no debe desdeñarse el hombre en servir al señor de todo corazón, con todo empeño y con todo el amor aun siendo malo?»
- "Siervos, obedeced a vuestros amos carnales", es el mandato apostólico que San Agustín extrapola a los gobernantes temporales. Cita el ejemplo de Juliano el apóstata y destaca la actitud de los primeros cristianos ante este emperador romano.
«Ved que sirve el mejor al peor, pero temporalmente. Lo que dije del señor y del siervo, entendedlo de las potestades y reyes, de toda autoridad de este mundo. Algunas veces las potestades son buenas, temen a Dios; otras no le temen. El emperador Juliano fue infiel, apóstata, inicuo, idólatra; sin embargo, los soldados cristianos sirvieron a un emperador infiel; pero, cuando se presentaba la causa de Cristo, sólo reconocían por emperador a Aquel que estaba en el cielo. Cuando quería que adorasen a los ídolos, que les ofreciesen incienso, le posponían a Dios. Sin embargo, cuando les decía: "Aprestad el ejército, acometed a aquella nación", al momento le obedecían. Distinguían al Señor eterno del señor temporal y se sometían por el Señor eterno al señor temporal.»
- En el presente orden, los cristianos están sujetos a la contingencia de gobernantes perversos. Esta situación -fruto de la defectibilidad humana- se mantendrá hasta la segunda venida de Cristo.
«8. Pero ¿acontecerá siempre esto, que los inicuos manden sobre los justos? No será así. Oíd lo que dice este salmo. Porque no abandonará el Señor la vara de los pecadores sobre la heredad de los justos. Temporalmente se percibe la vara de los pecadores sobre la heredad de los justos; pero no se la deja allí, no será eternamente. Llegará tiempo en que se reconozca un solo Dios; llegará tiempo en el que, apareciendo Cristo en su esplendor, congregue delante de Él a todas las gentes y las divida, como el pastor divide las ovejas de los carneros, poniendo las ovejas a la derecha, y los carneros a la izquierda[Mt 25,32.33]. Allí veréis muchos siervos entre las ovejas, y muchos señores entre los carneros; y, asimismo, muchos señores entre las ovejas, y muchos siervos entre los carneros.»